Page 18

Centro Histórico

D

el repertorio de ejercicios urbanos y arquitectónicos producidos en Oaxaca para la agenda de modernización porfiriana (1896-1911)1, el realizado por el ingeniero militar Rodolfo Franco Larraínzar en el Instituto de Ciencias y Artes del Estado (ICAE), particularmente en la composición de la fachada oriente, donde ubica al Observatorio meteorológico central2, destaca no sólo por resolver pertinentemente el problema de su actualidad mediante la asimilación de algunos procesos constructivos importados y la caracterización de una tipología novedosa en el medio local; ante todo, el Observatorio se distingue porque a través de la resolución compositiva de un espacio expuesto en el perfil urbano –y que hasta entonces no contaba con un sitio fijo habilitado ex profeso para su operación–, muestra el registro material de un maridaje poco común en la proyectación edilicia: la fusión que se da entre los símbolos que solicita el grupo comitente y las formas tectónicas que prevalecen como cartabones estéticos de una época. Aunque desde que el Instituto se trasladó del ex convento de San Agustín al inmueble que ocupaba el Seminario de Pontificio (Ca. 1960), eventualmente se realizaron algunas mejoras en los interiores, la primera intervención realizada con planes de borrar algunos rasgos del carácter anterior del edificio se verificó en 1899, durante la administración gubernamental del General Martín González, por iniciativa del Jefe político del Centro, Don Prisciliano Benítez.3 Las obras comprendieron la reconstrucción del cuerpo de la fachada principal, continuada en la esquina por algunos metros. Fundamentalmente, se alteró la tendencia robusta que tenía el Seminario a través de la repetición de elementos que se proyectan desde el basamento y recorren toda la vertical del alzado. Así, se colocaron pilastras emplomando la fachada y se coronaron con acróteras fitomórficas sobre un pretil que ampliaba la altura anterior. También se jerarquizó el cuerpo central con un ático que presenta el emblema del águila de la República sobre la leyenda “Instituto de Ciencias y Artes”; los cerramientos festonados del acceso y el balcón principal se cambiaron por arcos; el de la entrada por uno rebajado, con resonancia en los frontones triangulares sobrepuestos a los vanos de la planta baja –en cuyos tímpanos hay altorrelieves que enaltecen la ciencia y el arte–; y el del mirador, por un arco de medio punto haciendo eco en los tamba-

nillos de vuelta redonda de los ventanales del primer piso. Estos últimos acentuaron su verticalidad con diferentes elementos superpuestos: platabandas con festones sostienen la moldura de un cimacio abierto y agotado en lóbulos que ciñen una tarja uncida en una voluta invertida a manera de cresta. Aún con el cambio radical de la fisonomía novohispana, el cuerpo completo y los interiores se conservaron. Fue hasta la gestión administrativa del licenciado Emilio Pimentel que se realizó una segunda intervención (1905-1908), concebida como un proyecto de mayor envergadura y que como muchos de los proyectos impulsados durante la sacrificada estabilidad política y económica del periodo administrativo del General Porfirio Díaz, no se concluyó. La primera etapa de estos trabajos, se condujo a marchas forzadas desde los últimos meses del 1905 hasta los primeros de 1906, pues se había dispuesto inaugurar el 21 de marzo, dentro de las actividades conmemorativas del primer centenario del natalicio de Benito Juárez.4 Aún cuando en 1908 se inauguró una segunda sección –la última que llegó a completarse–, en la primera fecha ya se habían terminado la fachada oriente, los gabinetes de física y química, el salón de actos y el observatorio meteorológico central. Este último ya realizaba notables trabajos de monitoreo sísmico y climatológico desde su fundación (1885), pero no fue sino hasta 1905 que se incorporó plenamente al partido arquitectónico del ICAE. Acerca de la base ideológica sobre la que se fraguó el proyecto del Instituto, el doctor Ramón Pardo –sucesor del doctor Aurelio Valdivieso en la dirección de la institución–, escribiría algunos años más tarde en un opúsculo conmemorativo: El decreto del año de [18]85 formulado por los Sres. Lics. Emilio Rabasa, Emilio Pimentel y Dr. José Antonio Álvarez, inició el periodo científico [en el Instituto]; inspirado en los principios del Baldwin y Wickersham tuvo por punto de mira, lograr una cultura completa y la mejor preparación para las necesidades de la vida práctica, con el estudio de la ciencia y según el orden del desarrollo intelectual alcanzado por la edad y el progreso de la cultura intelectual. […] el conocimiento científico coordinado es el resumen de las verdades que posee el hombre sobre sí mismo y sobre todo lo que le rodea, y

Fotógrafo no identificado. Perspectiva de la fachada sur y oriente del Instituto de Ciencias y Artes del Estado, tomada de sur a norte desde la esquina entres las

Sagrario (ahora Valdi8ª de Independencia, Oaxaca, ca 1889. Fondo Fundación Cultural “Bustamante Vasconcelos”, A. C. (FFCBV), carpeta V, 892. En esta imagen se observa que el ICAE aún conserva la fachada del Seminario de la Santa Cruz antes de la intervención realizada en 1890. Se denota la estructura robusta que tiene a lo horizontal y se adivicalles del

vieso) y la

nan los ámbitos interiores con una concepción espacial novohispana.

que la investigación de estas verdades, debe basarse en la comprobación de los hechos y en el estudio de las relaciones y leyes derivadas de la conveniente interpretación de los mismos.5

La intención del grupo de élite oaxaqueño por consagrar un espacio para divulgar en forma asequible la única forma de conocimiento considerada como válida, tiene registros más amplios que el puramente ideal. El historiador mexicano Elías Trabulse,6 desvela las entrelíneas del impulso de la ciencia en el territorio nacional por el grupo de la burguesía, ya que éste apoyó la empresa científica, cuando

Revista Facdearq 8  

Revista de alumnos y exalumnos de la Facultad de Arquitectura 5 de mayo de la UABJO, Oaxaca, México http://facdearq.wordpress.com/