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AVES PORTEÑAS 100

Paisaje y biodiversidad urbana

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Paisaje y biodiversidad urbana

Fabio Márquez

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Lo maravilloso de la naturaleza presente en la ciudad, es que pese a las condiciones adversas del hábitat urbano, posee la fuerza de la sobrevivencia ante lo inerte. De los elementos que podemos encontrar en la diversidad biológica que tiene la Ciudad de Buenos Aires, indudablemente el grupo de las aves es uno de los más dinámicos. Con sus diferentes colores, gorjeos, vuelos, formas y presencias estacionales o permanentes, alegran nuestra vida sorprendiéndonos con sus comportamientos o escuchando sus cantos a la distancia. Seguimos con la vista sus vuelos entreteniéndonos, cuando nos permitimos un momento de calma en el trajín cotidiano. Esquivas o atrevidas las aves son protagonistas de la ciudad, conviviendo simpáticamente con nosotros.

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¿Has oído el canto de ese pájaro?

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El discípulo se quejaba constantemente a su maestro zen:

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No haces más que ocultarme el secreto último del zen. Y se resistía a creer las consiguientes negativas del maestro. Un día, el maestro se lo llevó a pasear con él por el monte. Mientras paseaban, oyeron cantar a un pájaro.

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¿Has oído el canto de ese pájaro? Le preguntó el maestro. 0

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Sí. Respondió el discípulo. Bien, ahora ya sabés que no te he estado ocultando nada. Sí. Asintió el discípulo. Si realmente has oído cantar a un pájaro, si realmente has visto un árbol .., deberías saber (más allá de las palabras y los conceptos). 100

¿Qué decís? ¿Que has oído cantar a docenas de pájaros y has visto centenares de árboles? Ya. Pero lo que has visto, ¿era el árbol, o su descripción?

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Cuando mirás un árbol y ves un árbol, no has visto realmente al árbol. Cuando mirás a un árbol y ves el milagro, entonces, por fin, has visto un árbol. ¿Alguna vez tu corazón se ha llenado de muda admiración cuando has oído el canto de un pájaro?

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Foto de tapa: hornero (Furnarius rufus), construyendo el nido.

Foto de contratapa: churrinche (Pyrocephalus rubinus), en Reserva Ecológica Costanera Sur.

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(Antigua parábola zen)

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AVES PORTEร‘AS Paisaje y biodiversidad urbana Fabio Mรกrquez

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Esta publicación tuvo una versión inicial realizada en el año 2007, que circuló en formato digital a través de internet. Con correcciones, se logró concretar en formato impreso a través de financiamiento colectivo por medio de Ideame (http://idea.me), en campaña realizada en los meses de octubre a diciembre de 2013.

MAR 598

Márquez, Fabio Aves Porteñas - Paisaje y biodiversidad urbana / Fabio Márquez - Buenos Aires

64 p. ; 15x15 cm

Febrero 2014

Contacto: marquez.fabio@gmail.com www.fabiomarquez.com.ar

Imagen de retiración de tapa: ave de la Cultura La Aguada. 2


Mejor cien volando que pรกjaro en mano.

A Charo y Lena.

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ÍNDICE Introducción

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Historias

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Descripción

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Paisaje

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Fichas

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Bibliografía

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Créditos de imágenes

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Agradecimientos

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Tero en vuelo sobre el parque Indoamericano.

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PRESENTACIÓN Para mucha gente las aves en la ciudad son un elemento de la naturaleza que parece mágico, y también hay personas que perdieron la capacidad de verlas ante el trajín cotidiano. Misteriosamente las aves están allí, aunque desconozcamos la manera en que llegaron, ni lo que hicimos para tenerlas o cómo sobreviven ante la tremenda actividad urbana. Pero no es magia, ni una cuestión sin trascendencia. Las aves son una parte sustancial de la diversidad biológica de cualquier ecosistema y mucho más del ecosistema urbano que constituye la Ciudad de Buenos Aires. Su presencia en cantidad y variedad está íntimamente vinculada a la existencia de otros elementos vivos, especialmente los árboles, indicándonos en gran parte la calidad ambiental del lugar donde vivimos. Nuestra ciudad posee una importante riqueza de avifauna, la cual nos permite disfrutar de numerosas especies que forman parte del paisaje urbano, de manera sorprendente. Conocerlas para sensibilizarnos positivamente, es el camino para apreciarlas ambiental y paisajísticamente, ya que si nos lo permitimos son parte de la alegría de la vida, con su multiplicidad de colores, formas, vuelos, cantares y comportamientos. Esta publicación es un acercamiento necesario para informarnos, sobre uno de los elementos imprescindibles de la biodiversidad porteña, para aprender a valorarla, apoyar su protección y promover su presencia. Mejorando nuestra percepción sobre la calidad de nuestro hábitat y la manera en que podemos vivir en una ciudad, que en este caso nos permita ampliar las posibilidades de cambiar nuestra demanda de más y mejores arboledas, espacios verdes públicos, para entre otras cosas permitan ofrecer cobijo de las aves autóctonas de Buenos Aires.

Picabuey en el monumento a Manuel Belgrano, en la Plaza de Mayo.

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INTRODUCCIÓN Este cuaderno acerca información introductoria sobre las aves presentes en la Ciudad de Buenos Aires, para valorarlas y comenzar a reconocerlas al encontrarlas en parques, plazas, jardines o árboles de las calles porteñas. Las aves son uno de los indicadores visibles y evidentes de la situación ambiental de un hábitat. En el ecosistema urbano nos manifiestan la tozudez de la naturaleza por sobrevivir en un ambiente artificial, expresado en la diversidad y cantidad de especies que encontramos, manifestándonos el nivel de calidad ambiental del lugar donde vivimos. Indisolublemente ligadas a la vegetación y los espacios verdes tanto públicos como privados, las aves se presentan y movilizan en función de la forestación existente, siendo los árboles su principal soporte, fundamentalmente como cobijo, más no el único. La vegetación de menor envergadura en espacios ajardinados también es de suma importancia para su sobrevivencia, en este caso más como proveedores de alimento, como también los espacios con agua (lagos y ríos). A pesar de la descomunal envergadura del desarrollo urbano de Buenos Aires muy poco sostenible, con sus consecuencias ambientales negativas, podemos encontrar muchas especies diversas de aves atractivas. De manera distinta de lo que sucede con la vegetación existente en la ciudad, donde las plantas exóticas son abrumadora mayoría, son muy pocas las aves introducidas de otras geografías por el hombre. Por ello la vinculación de flora y fauna nativas es de suma importancia, ya que en la medida en que la ciudad vaya incorporando especialmente forestación autóctona, la fauna se verá favorecida, en especial las aves, ya sea en calles, plazas, jardines o balcones de departamentos. Aumentando la cantidad y variedad de especies vegetales mejoramos el paisaje porteño y la presencia de aves.

Picaflor libando néctar de una flor de borla de obispo (Calliandra tweedii).

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HISTORIAS Las aves siempre han fascinado a la especie humana, especialmente por su capacidad de volar, pero también por sus cantos, colores, comportamiento y variedad. En la mitología de todas las civilizaciones las aves siempre han estado presentes y en la cultura popular surgen en todo tipo de historias. En nuestro país hay infinidad de relatos, fábulas y cuentos que son parte de las tradiciones locales. Según la apariencia, el canto o los hábitos de las distintas aves, se les adjudican procederes humanos que concluyen en moralejas. Un cuento aleccionador relata el origen de los pirinchos (les dicen también urracas), contando que un grupo de niños se escapa al monte para matar pajaritos y romper nidos, terminando despeinados, sucios y convertidos en urracas -que hasta el día de hoy se quejan continuamente por semejante castigo-, como aviso de lo que puede pasar a quienes repitan sus travesuras. En el Litoral, la llegada de un picaflor se considera de buen augurio y por el contrario trae mala suerte espantarlo del jardín. Si revolotea en torno de una persona, es una señal de la llegada de visitas o buenas noticias. Una creencia guaraní, refiere que si muere un niño o una persona que ha cumplido con las normas divinas, su alma se esconde en una flor. Al llegar un picaflor, es tomado por el ave para trasladarlo al paraíso. En la región pampeana, la calandria ha llamado siempre la atención del hombre en dos aspectos: el hecho de que no vive en jaula y su destreza como cantora. Lo primero está íntimamente ligado al sentimiento de libertad, elemento clave en la existencia del gaucho. Por ello admiraban a este pájaro y así quedó reflejado en su refranero (un estilo de decir

Benteveo sobrevolando una laguna en la Reserva Ecológica Costanera Sur.

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las cosas a las cuales eran tan afectos), por ejemplo: libre o muerto, como calandria y calandria y gallina, jamás unidas, en clara alusión a dos estilos de vida contrapuestos. La afición por los frutos del árbol chal-chal (Allophylus edulis), ha originado el nombre común de zorzal chalchalero. De allí también surge el nombre de “Los Chalchaleros”, del famoso conjunto folklórico salteño de extensa trayectoria en la segunda mitad del siglo XX. Pero ha sido su canto melodioso lo más llamativo para el hombre, hasta tal punto que se denomina “zorzal criollo” a Carlos Gardel, la máxima expresión popular del tango. Una leyenda criolla explica el don de los zorzales para el canto. Cuenta que un muchacho cantor y guitarrero, se había enamorado de una joven, hija de un poderoso señor que no aprobaba la relación. Perseguido, el novio tuvo que refugiarse en el monte. Pero al acercarse nuevamente a su amada, fue atacado por sorpresa por el padre de la joven y escondido en el bosque muere. Allí queda su guitarra, que es empleada para hacer su nido por una pareja de zorzales. Los pichones crecen con las melodías que salen del instrumento al pasar la brisa entre sus cuerdas y así adquieren sus habilidades de grandes cantores hasta hoy. Un romance anónimo entrerriano refiere una extensa historia que empieza así: el jilguero y la calandria, eran dos que se querían, temerosos de un desprecio, ninguno se descubría. Cuando el jilguero se decide a declarar su amor a la calandria, aparece un trampero que los espanta y termina por encerrarlo. La calandria hará lo imposible para sacarlo de su prisión, buscará la ayuda del chingolo y luego del carpintero. Finalmente tomará ella las herramientas y logrará liberarlo para vivir junto a su amado.

Nidos de cotorras en Puerto Madero.

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En Argentina está extendida una adaptación de la leyenda medieval europea de la paloma, el zorro y el alcaraván. Aquí la protagonista es la torcaza u otra paloma silvestre, a la cual la ayuda el hornero o el chingolo. En el relato, el zorro convence a la torcaza que anida sobre un árbol, que le entregue un huevo a cambio de no acabar con toda la nidada. Luego aparece el ave amiga que le advierte a la torcaza la imposibilidad de que el zorro trepe hasta el nido. Cuando regresa el zorro por otro huevo, la torcaza lo increpa por su engaño anterior y el predador se escapa y jura vengarse del pájaro consejero. Así, los más débiles aleccionan al poderoso, un motivo habitual en los relatos populares. La capacidad del tero de cuidar su territorio celosamente y delatar la llegada de intrusos, le ha valido el reconocimiento popular de “centinela del campo”. Un ave tan notable ha originado adivinanzas bien precisas: galán caballero, chaleco blanco, sombrero negro, o cuál es el ave, que engaña al viajero, que en una parte echa el grito y en otra pone el huevo. Se lo considera un referente para anticipar el tiempo, por ejemplo las tormentas y crecidas: si el tero deja el río y va a la loma, la creciente asoma. En la cultura popular campesina de la Argentina, el carpintero está asociado a la desgracia y la muerte. Un mito de los matacos explica la mancha roja en la nuca, distintiva de la especie. Relatan que en una pelea entre la chuña y varias aves, ésta se defendió con una honda. Una pedrada impactó en la cabeza del carpintero, que sangró y la coloreó de rojo hasta el día de hoy. Las aves son y seguirán siendo parte entrañable de nuestra cultura, inspirando relatos, fantasías, poesías y fábulas.

Chiflón (Syrigma sibilatrix) en el parque Indoamericano.

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DESCRIPCIÓN Equipados para el vuelo Las aves son una clase de vertebrados de sangre caliente, caracterizados por tener el cuerpo recubierto de plumas, un pico sin dientes y las extremidades anteriores modificadas como alas. Descienden evolutivamente de los dinosaurios, con los que conforman, junto a los actuales cocodrilos, el grupo de los arcosaurios. Se conocen más de nueve mil especies de aves en el mundo. Las aves poseen huesos con aire o neumáticos que se conectan con el sistema respiratorio. De esta manera sus huesos son relativamente más livianos respecto a los de otros animales y esto les facilita el vuelo. Aunque hay algunas excepciones, como los cormoranes, que no poseen huesos neumáticos, lo que les permite sumergirse en el agua para buscar su alimento. Excepto el cuello, la columna vertebral no tiene movilidad, formando así una especie de fuselaje. La zona de la nuca (cervical) posee un mayor número de vértebras que en los mamíferos, éstas suman de trece a veinticinco. Las últimas vértebras (caudales), se fusionan formando el pigostilo (característica que también aparece en algunos dinosaurios). El esternón de las aves tiene forma de quilla, ya que allí se insertan los poderosos músculos de las alas (pechugas). Cuanto más voladora es un ave, más profunda será la quilla para poder tener músculos más desarrollados. En el caso de aves corredoras como el ñandú, la quilla está ausente. Las aves presentan mandíbulas, sin dientes, denominadas comúnmente picos. Esta es una adaptación más al vuelo, ya que el peso de un aparato masticador en esta zona del cuerpo lo dificultaría. Al no tener dientes, las aves deben tragar su alimento entero, por lo cual

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el aparato digestivo está adaptado para cumplir las funciones de estómago y mandíbula al mismo tiempo. Ésta también es una adaptación al vuelo ya que les permite tomar su alimento y salir volando. Tal vez lo más llamativo en las aves sea la presencia de sacos aéreos, especies de bolsas que se encuentran conectadas a los pulmones. Estos sacos aéreos ayudan a alivianar el peso relativo del cuerpo, sirven como reservas de aire y ayudan a eliminar calor (el vuelo insume gran cantidad de energía a las aves, gran parte de la cual se pierde como calor). Por la presencia constante de aire en el sistema respiratorio, tanto al inspirar como al expirar, el intercambio gaseoso entre la sangre y el oxígeno del aire se produce en forma continua. Esto hace que las aves tengan uno de los sistemas respiratorios más eficientes. Plumas y colores La presencia de plumas diferencia a las aves del resto de los seres vivos. Contribuyen a la manutención del calor corporal y la ejecución del vuelo. Hay diferentes tipos de plumas. Las más rígidas se encuentran en las alas y la cola y son las que sirven para volar. El resto de las plumas, llamadas cobertoras, sirven como eficaces aislantes térmicos. Los pichones están recubiertos por plumas especiales llamadas plumones. Las aves nocturnas tienen las puntas de las plumas de las alas desflecadas, no haciendo ruido al volar. Las aves pasan una buena parte del día acicalando sus plumas, ya que es necesario que se encuentren en buenas condiciones para que cumplan exitosamente su función. Los colores de las plumas nos ayudan en la identificación de las especies. Estos colores pueden ser de pigmentación o estructurales.

Pareja de benteveos custodiando su nido sobre un plátano (Platanus x acerifolia) en Plaza de Mayo.

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Los de pigmentación están constituidos por melaninas y por carotenos. La melanina es una sustancia producida por el organismo que otorga los colores pardos, negros y grises. La falta de melanina produce el color blanco (albinos). Los carotenos son adquiridos por las aves en la ingestión de ciertos alimentos. Da a las aves los colores rojos, amarillos, naranjas y verdes. Aves criadas en cautiverio, por ejemplo flamencos, pierden los rojos y rosados de sus plumas, al no ingerir los crustáceos que contienen estos carotenos. Los colores estructurales están producidos por la propia estructura de la masa queratínica, que actúa a modo de prisma de modo que la luz que incide en ellas se refracta y les otorga colores metalizados, como rojos, azules, verdes, amarillos, negros. Son los conocidos reflejos metálicos de varios tordos o los destellantes colores de los picaflores. En general, las aves de ambientes selváticos suelen ser más coloridas, mientras que las de ambientes abiertos suelen tener colores apagados que las mimetizan con el medio. Dimorfismo sexual En muchas especies el macho y la hembra tienen colores totalmente diferentes. Generalmente el macho poseerá tonos llamativos, mientras que la hembra tendrá colores apagados. Una explicación de esta diferencia sería los distintos roles que cumple cada sexo. El macho, con su vistoso plumaje y sus cantos, tendrá a su cargo el cuidado y la defensa del territorio frente a otros machos y posibles predadores. La hembra se confundirá con el entorno evitando llamar la atención mientras se encarga de la incubación y la cría de los pichones. Estos últimos, ya sean machos o hembras, tendrán el plumaje poco vistoso semejante al de la hembra.

Zorzal colorado bañándose en un charco de agua en el parque de Flora Nativa Benito Quinquela Martín.

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Reproducción Han desarrollado un comportamiento reproductor más complejo que la mayoria de los vertebrados. Esta complejidad se pone de manifiesto sobre todo cuando llega la época de reproducción, durante la cual estos animales hacen una serie de rituales, algunos de ellos muy elaborados, como el cortejo del macho para aparearse con la hembra, o la construcción de nidos para llevar a cabo la puesta de huevos. Se reproducen mediante fecundación interna y ponen huevos provistos de una cubierta calcárea dura (el cascarón). Los progenitores los incuban para mantener el embrión del interior a la temperatura adecuada. Cuando el embrión completa su desarrollo, rompe el cascarón y sale al exterior. Desde ese momento ha de ser alimentado y protegido por sus progenitores hasta que se pueda valer por sí mismo. El canto Los sonidos que emiten las aves son variados y cargados de significados disímiles que comunican información hacia propios y extraños. Un mismo llamado puede atraer a una hembra tanto como ahuyentar a otro macho. Generalmente las aves que cantan son machos, especialmente demarcando territorio. Pero los sonidos que producen las aves pueden transmitir peligro ante un predador, hallazgo de alimento, lugar para anidar, además de identificar al emisor, ofreciendo los datos de especie, sexo, intenciones o ubicación, también los pichones pían reclamando alimento. El órgano fonador de las aves es la siringe, ubicada en la parte baja de la tráquea, y es el equivalente a nuestras cuerdas vocales. Al pasar el aire por este órgano, vibran sus paredes produciendo el sonido.

Calandria sobre artefacto de iluminación en la ex Cervecería Munich de Puerto Madero.

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PAISAJE Como ya se mencionó anteriormente, las aves son un elemento integrado a la biodiversidad de la ciudad, donde interactúan con otros componentes vivos naturales, desarrollando condiciones ambientales que aportan a la calidad de vida en la ciudad. Pero las aves también son un integrante del paisaje urbano. Es imposible imaginar una plaza sin aves, no estaría completa. Son el elemento más dinámico y con mayor cantidad de recursos, ya que aporta colores, sorpresa, variedad, sonidos, movimiento y en muchos casos interacción con las personas. Las aves silvestres que viven en la ciudad se han adaptado a un ambiente que no les es propio, especialmente aprovechando la forestación existente en calles y parques, a pesar de que esa vegetación es casi toda exótica y no es precisamente el mejor soporte para contenerlas. La presencia de aves es casi siempre posible por la existencia de espacios verdes públicos o privados, donde la planta que da cobijo por excelencia es el árbol. Aún así, hay especies que han aprendido a sobrevivir ingeniosamente en lugares donde la construcción domina el paisaje. Anidando en huecos de edificios, alimentándose de restos de comida humana y sorteando mil y un obstáculos en lugares tan apretados de edificación, tránsito vehicular y polución como el microcentro porteño. En los sectores de la ciudad más hacinados, donde las veredas angostas no permiten árboles y donde no hay pulmones de manzana, es más difícil encontrar diversidad, pero igualmente veremos aves. Casi seguro que palomas caseras y gorriones allí estarán presentes. Estas dos especies traídas en el siglo XIX desde Europa, son prácticamente las únicas especies exóticas y de mayor adaptación al rigor de la ciudad (otra es el estornino pinto, Sturnus vulgaris, de aparición reciente). No por nada han sido

Verdón (Embernagra platensis) sobre cortadera (Cortaderia selloana), en Reserva Ecológica Costanera Sur.

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introducidas exitosamente en todas las regiones del mundo. En el caso de la paloma casera en realidad no fue introducida directamente a la naturaleza por el hombre, sino que es una especie escapada o soltada de planteles domésticos. La paloma casera está sujeta a un debate sobre si en realidad no se la debe considerar plaga, por los problemas de suciedad que genera, como la transmisión de psitacosis a través de sus deyecciones, que también producen deterioro en las edificaciones, entre otras cosas. El gorrión en cambio, fue implantado en Buenos Aires con la intención de que se disperse por nuestra geografía, por imitación de las ciudades del viejo continente. El industrial Emilio Bieckert es a quien se debe su introducción desde Europa, alrededor del año 1870 y no a Domingo Faustino Sarmiento como se suele adjudicar popularmente. El hornero es la especie que fue declarada ave nacional, por una encuesta popular entre escolares realizada por el diario La Razón en 1928. Sus peculiares características de comportamiento le dan un valor especial desde la mirada humana. La fidelidad de las parejas, la laboriosidad para construir su nido y la costumbre de anidar en lugares habitados, genera la simpatía de la gente. Nativo de nuestra región, sus nidos tan increíbles le dan su nombre vulgar y decoran el paisaje, ya sea sobre un árbol, una columna de alumbrado público o la escultura de algún monumento. Esos nidos son siempre atractivos para los niños, que tienen suma curiosidad por saber cómo es el interior del “horno de barro“. Digamos que no todas las aves son pájaros, aunque habitualmente se utilicen estas palabras como sinónimos. Se llaman pájaros a los integrantes del orden Paseriformes, que abarcan en esta zona a la mitad de las especies, como hornero, benteveo, chingolo, zorzal,

Pareja de horneros armando el nido sobre una luminaria del parque de Flora Nativa B. Quinquela Martín.

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calandria, tordo, entre otros. Este orden fue bautizado así por el nombre científico del gorrión (Passer domesticus). Sus adaptaciones al medio son muy variadas y complejas, comprendiendo determinados tipos de canto a formas de construir nidos. El canto de las aves es un elemento protagónico del paisaje porteño, sobre todo en los barrios más tranquilos donde el ruido del tránsito automotor no es tan dominante. Escuchar los sonidos de las aves en una tarde de fin de semana, acompaña la tranquilidad deseada y predispone a la siesta. Cuando llueve, el cantar de las aves se apaga, pero cuando acabó el aguacero, el piar masivo nos indica que las aves tenían mucho que comunicarse. Asimismo el silencio de la noche se rompe con el amanecer, donde cantan con más energía que durante el resto del día. Los mejores momentos para observarlas son el amanecer, el atardecer y después de una lluvia, que es cuando mayor es la actividad. En las últimas décadas gratamente se ha ido reduciendo la lamentable costumbre de tener aves silvestres en jaulas, como mascotas hogareñas. Esta práctica se ha ido modificando con la divulgación de información naturalista y ecológica, que permitió sensibilizar a la población sobre el maltrato que significa tener un ave enjaulada, sólo para satisfacer el capricho de ver sus colores o escuchar su canto apresado en una jaulita, cuando está hecha para surcar el cielo con sus vuelos. Los lugares de la ciudad más interesantes para observar aves son las Reservas Ecológicas Costanera Sur y Ciudad Universitaria, los parques 3 de Febrero, Avellaneda, Del Centenario, de Flora Nativa Benito Quinquela Martín, Roca, Gral. Paz, el predio de las Facultades de Agronomía y Veterinaria de la UBA, y la orilla del Riachuelo, entre los más destacados.

Garzas blancas frente a la Costanera Norte con el Río de la Plata en bajante.

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FICHAS El criterio de elección de estas fichas de identificación ha sido priorizar las especies más observables en la ciudad (organizadas en orden alfabético por su nombre vulgar), especialmente en su sistema de parques y plazas. No todas las aves que describimos se encuentran juntas, ni en todos los barrios, pero las podremos hallar por la ciudad. En nuestro país se encuentran unas mil especies diferentes de aves que, para tener una idea de la riqueza de esta presencia, podemos compararla con la de los Estados Unidos donde hay unas setecientas especies distintas. En la Ciudad de Buenos Aires hay un lugar privilegiado para la observación de avifauna, que es la Reserva Ecológica Costanera Sur. Allí se ha registrado la observación de unas trescientas especies diferentes de aves. Pero si adquirimos el ejercicio de la observación y escucha, veremos que vamos a descubrir muchos más pajaritos que no percibíamos cotidianamente, por el lugar donde vivimos y frecuentamos. Las descripciones han sido redactadas para la fácil comprensión del público en general y de forma tal que permitan reconocer fisonómicamente a estas aves, así como sus hábitos y comportamientos. Si bien este libro no busca ser una guía de identificación, el deseo de esta publicación es que sea útil para jugar a reconocer las aves que habitualmente encontramos en la plaza, en el jardín o que se aproximan a las plantas del balcón. La observación de aves es un pasatiempo didáctico que nos enseña a comprender los ciclos biológicos de la naturaleza, maravillándonos con las acciones divertidas y sorprendentes que generan las aves en su vida diaria. Es una actividad para compartir en familia o con amigos, que nos lleva a espacios exteriores donde saludablemente se pueden pasar momentos entretenidos, reveladores y a veces hasta mágicos.

Gorrión sobre un banco de plaza San Martín.

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Nombre vulgar: Benteveo Nombre científico: Pitangus sulphuratus Familia: Tyrannidae Peso: 70 g Largo del cuerpo: 23 cm Largo del pico: 3 cm Hábitat:

Común en barrios y parques. Con frecuencia se lo observa cerca de espejos de agua, donde captura insectos que flotan en la superficie.

Descripción:

Dorso pardo, ventral amarillo, visible antifaz oscuro, entreceja y garganta blancas. Pico robusto. Voces fuertes y agudas.

Comportamiento: De extensa distribución por América, desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de la Patagonia. Su pico fuerte, recto, con un gancho insinuado en su punta nos indica que estamos ante un cazador de insectos. Pero, su dieta también incluye frutos, semillas, caracoles, lombrices y vertebrados chicos: crías de aves, renacuajos, ranas, lagartijas y peces. Las técnicas de caza que utiliza son variadas e incluye suspenderse en el aire (halconeo), para localizar su comida y hasta zambullidas rápidas para sacar del agua pececillos. Para buscar pareja, los machos despliegan las plumas amarillas que tienen ocultas en la cabeza, con un impactante movimiento de agachar la cabeza ante la hembra. Luego, ambos estarán construyendo su nido, que demanda cinco a seis semanas. El nido es esférico, del tamaño de una pelota de básquet, con entrada lateral, hecho con palitos y los más diversos materiales, con plumas a la vista, aspecto bastante desprolijo. El interior está tapizado con elementos suaves. Allí la hembra pone cuatro a cinco huevos de tonalidad crema con manchas de distintos colores en uno de sus polos; la incubación dura unos 16 días. El macho vigila el territorio cercano al nido. Ambos padres cuidan de los pichones.

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Nombre vulgar: Biguá Nombre científico: Phalacrocorax brasilianus Familia: Phalacrocoracidae Peso: 1 a 1,5 kg Largo del cuerpo: 63 cm Largo del pico: 7 cm Hábitat:

Reserv as Ec ológi ca Costanera Sur y Ciudad Universitaria, espejos de agua de los grandes parques como Del Centenario, 3 de Febrero y Roca.

Descripción:

Negruzco con brillo verdoso o azulado. Pico recto y ganchudo, grisáceo a negruzco. Iris turquesa. Patas negras. En época reproductiva la cabeza y el cuello es negro lustroso con plumitas blancas en la base del pico, el naranja de la bolsa gular es más encendido.

Comportamiento: Nadan algo sumergidos y bucean a menudo (son cormoranes), luego extienden las alas para secarlas al sol por largo rato, ya que no tienen glándulas excretoras de grasa bajo las plumas, característica de las anátidas como los patos, que les permiten impermeabilizar sus plumas. A los biguás es común verlos posados sobre postes o estructuras en lagos de poca profundidad, siempre cerca o sobre el agua. Su dieta consiste de peces pequeños, pero también comen renacuajos, ranas e insectos acuáticos. Buscan alimento zambulliéndose debajo del agua, mientras se propulsan con sus patas. Son monógamos y procrean en colonias. El nido es una plataforma de ramitas con una depresión en el centro. Ponen hasta cinco huevos blanquecinos, azulados y blancos. Ambos sexos incuban durante aproximadamente 25–30 días, y ambos padres alimentan los jóvenes hasta alrededor de 11 semanas. A la duodécima semana los pichones son independientes. Tiene una camada de cría por año.

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Nombre vulgar: Cabecita negra Nombre científico: Carduelis magellanica Familia: Fringillidae Peso: 12 g Largo del cuerpo: 12 cm Largo del pico: 0,9 cm Hábitat:

Frecuente en terrenos donde prosperan los cardos, como bordes de vías de ferrocarril. También en las arboledas de fresnos, que constituyen la mitad del arbolado de veredas de la ciudad.

Descripción:

El macho tiene plumaje amarillo con dorso oliváceo. Banda alar amarilla, notable en vuelo. Capuchón negro. La hembra no tiene capucha, su cabeza es grisácea, tiene el dorso más pálido y por debajo más verdosa que amarilla. Los juveniles son parecidos a la hembra.

Comportamiento: Viven en grupos de cinco, seis a doce individuos. Son inquietos, recorren arboledas y pastizales en busca de comida mientras efectúan sus reclamos cortos y gorjeos agudos, en una sucesión de notas rápidas, alegres, variadas y agradables. Consumen con avidez los frutos de los cardos, que sacan con destreza de las inflorescencias al tirar desde sus cerdas. También comen las semillas del fresno americano, tomando con el pico cada fruto, lo retienen con la pata sobre la rama y con precisos picotazos sacan la semilla para engullirla con rapidez. También consumen semillas de casuarina, liquidámbar y plátano, por lo que resulta frecuente que se instalen en la copa de estos árboles. Anidan en primavera y verano sobre los árboles, en la espesura del follaje. Tiene forma de taza prolija, formada por pajitas y recubierto en su interior con cerdas y algodones vegetales, plumas y pelos animales. Ponen tres a cinco huevos blancoceleste pálidos, a veces con dos o tres pintas marrones en el polo obtuso.

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Nombre vulgar: Calandria Nombre científico: Mimus saturninus Familia: Mimidae Peso: 60 g Largo del cuerpo: 25 cm Largo del pico: 1,7 cm Hábitat:

En parques con césped corto, y en los barrios frecuenta jardines y veredas.

Descripción:

Dorso estriado y ventral blancuzco, ceja blanca notable, con el ojo cubierto con una faja oscura (antifaz), hasta el pico. Cola larga, que suele levantar, con los ángulos en la punta blancos.

Comportamiento: Habitan las regiones templadas y cálidas del este y sudeste de América del Sur, abarcando la mayor parte de la Argentina. Su alimento está constituido por insectos, lombrices y frutos caídos. Viven en parejas o grupos familiares en territorios definidos, que defienden ante la llegada de intrusos. Hacia la primavera, los machos sin parejas realizan despliegues y cantan casi todo el día para atraer a las hembras. Ambos sexos colaboran en la elaboración del nido, que tiene la forma de una taza y está hecho con todo tipo de palitos y pajitas, generalmente en la horqueta de un árbol bajo o un arbusto de follaje tupido. Allí la hembra pondrá entre tres y cinco huevos, celestes verdosos con manchas rojizas, y será ella quien realice la incubación, que dura unos 13 a 15 días. Por temporada, pueden llegar a tener hasta tres puestas. Es común que los nidos sean parasitados por el tordo renegrido, por lo cual las calandrias terminan criando los pichones de tordo. Las jóvenes en dos semanas de vida están en condiciones de abandonar el nido y permanecer un período similar en sus inmediaciones, ocultas, mientras ensayan el vuelo. En esta etapa de su vida son fáciles de distinguir de los adultos por su cola más corta y el pecho con pintas.

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Nombre vulgar: Carancho Nombre científico: Caracara plancus Familia: Falconidae Peso: 1,1 kg Largo del cuerpo: 55 cm Largo del pico: 6 cm Hábitat:

Se lo puede ver en todos los barrios, incluso los más densamente construidos. Siempre sobrevolando en las alturas, posado en antenas de telefonía móvil, en torres de alumbrado de autopistas, tanques de agua o en la cima de la copa de los árboles más altos de un parque.

Descripción:

Abdomen y notable corona, negruzcos. Dorso y pecho con líneas transversales. Garganta ocrácea. Cola blancuzca con ápice negro. Gran zona blanca en la base de las alas primarias. Cara rojiza. Pico y patas amarillas.

Comportamiento: Habita en gran parte de América del Sur y se lo puede encontrar en toda la Argentina. Emite un gutural y ápero krrok … con la cabeza volcada hacia atrás. Si bien es carroñero, es habitual verlo cazando palomas domésticas. Vuela a gran altura y se posa en la cumbre de los árboles más altos en parques, o en la cima de edificios oteando el entorno. Es una de las aves rapaces más caminadora. Esta especie construye su nido en árboles o matorrales utilizando ramas, pasto y pelos. El aspecto del nido suele ser muy desordenado, es por ello que existe un dicho que dice “desordenado como nido de carancho”. Puede ocupar el mismo nido en más de una temporada de cría, donde deposita 3 ó 4 huevos ocres muy manchados de marrón, castaño y negro. Los dos padres participan en la incubación que toma de 28 a 32 días. Ambos padres atacan a todo animal o persona que se acerque al nido.

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Nombre vulgar: Cardenal Nombre científico: Paroaria coronata Familia: Thraupidae Peso: 23 g Largo del cuerpo: 17 cm Largo del pico: 1,6 cm Hábitat:

Plazas y parques. Especialmente en espacios verdes de amplias superficies, con arbustos y espacios de césped.

Descripción:

Copete erecto y capuchón hasta el pecho rojos, en los jóvenes se presenta parduzco. Dorso plomizo. Ventral blanco. Pico blancuzco, con la característica de que el maxilar superior sobresale al maxilar inferior. No hay dimorfismo sexual evidente.

Comportamiento: Distribuido en gran parte del país desde el límite norte de la Patagonia, exceptuando regiones andinas. Es confiado. Se lo ve en parejas y grupos a veces en el césped, incluso compartiendo espacio con los tordos renegridos. Es caminador y suele pasar gran parte del día a los saltitos.También tiene presencia en arbustos. Se alimenta de semillas, frutas e insectos. Genera varias voces y algunas gorjeadas o silbidos. El nido del cardenal tiene forma de copa y los construyen en los arbustos. La hembra empolla hasta 3 huevos, y son de color blancuzco o verdoso, con pintas y manchas pardas y lilas. Realizando por temporada unas tres nidadas. Los cardenales son codiciados para comercializarlos en jaulas y venderlos como mascotas, requeridos por su canto y belleza física, siendo ésta su principal amenaza. Probablemente en nuestro país esta ave sea la que más sufre esta situación. Enrique Hudson escribió un cuento sobre este pájaro, “El cardenal. Historia de mi primer pájaro enjaulado”, que es un alegato a dejar a las aves en libertad.

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Nombre vulgar: Carpintero real Nombre científico: Colaptes melanochloros Familia: Picidae Peso: 150 g Largo del cuerpo: 28 cm Largo del pico: 3,5 cm Hábitat:

Presente en plazas y jardines. Se lo ve en árboles de veredas, parques y en la Reserva Ecológica Costanera Sur.

Descripción:

Cara blanca con frente y corona negras continuada en nuca roja. El macho con una banda roja que continúa el dibujo del pico. En las hembras es negra con estrías blancas. Pico fuerte, recto y agudo. Trepadores de troncos, se apoyan con su cola dura

Comportamiento: Habitan el centro y este de Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y la Argentina hasta el norte de la Patagonia. Trepan hábilmente y se mantienen con el cuerpo vertical, adosado a los troncos. Mientras se sujetan con sus patas, las plumas de la cola les dan apoyo. En esta posición pican la corteza buscando larvas para alimentarse. Tienen una lengua larga que introducen en los huecos que realizan. Suelen posarse en el suelo buscando hormigas, también comen frutos. Tienen varios tipos de vocalizaciones, como un kit seco y espaciado y otro chorr. La comunicación entre ellos incluye el tamborileo que efectúan picoteando sobre troncos. Acercándose la primavera, el macho construye uno o varios huecos para anidar en árboles. Luego efectúa un repiqueteo,en busca de una hembra. El nido es un hueco vertical de 50 a 60 cm, de 10 cm de diámetro, con aserrín y restos de madera. La hembra pone cuatro o cinco huevos, blancos, brillantes, que el macho incubará. Luego de la incubación (se desconoce cuántos días abarca), nacen los pichones, que alimentan ambos padres.

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Nombre vulgar: Cotorra Nombre científico: Myiopsitta monachus Familia: Psittacidae Peso: 120 g Largo del cuerpo: 27 cm Largo del pico: 1,5 cm Hábitat:

Es habitual oírlas o verlas en grupos volando bajo, por parques y calles. Sus nidos y dormideros los construyen en eucaliptos y palmeras, inclusive en Plaza de Mayo, sobre una fénix al lado de la Casa Rosada.

Descripción:

De color verde, con el pecho ceniciento y parte de las alas azules. Pico anaranjado. Se la ve en bandadas bullangueras. Grandes nidos de palitos.

Comportamiento: Son típicos habitantes de las zonas templado cálidas de la mitad austral de Sudamérica. El pico fuerte y en gancho es una herramienta muy precisa para manipular y abrir frutos. Indudablemente son los árboles un elemento importante en la vida de las cotorras. Sobre ellos se juntan, descansan y es el sitio adecuado para construir sus nidos gigantescos, comunales, con varias docenas de cámaras, una para cada pareja. Se ven como grandes masas de ramas entrecruzadas y con numerosas entradas. A veces, a falta de árboles, utilizan también torres de electricidad. Son los únicos loros que hacen su nido con palitos. Lo utilizan durante todo el año como refugio. Hacia agosto las parejas nuevas inician el armado de su nido, con lo cual se incrementa la actividad de transporte aéreo de materiales. La etapa reproductiva se da en primavera. Ponen entre cuatro y ocho huevos blanco mate, que son incubados durante 31 días. Las crías recién nacidas son muy indefensas; a los diez días abren los ojos y a los 35 a 40 días de su eclosión están en condiciones de volar.

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Nombre vulgar: Chimango Nombre científico: Milvago chimango Familia: Falconidae Peso: Largo del cuerpo: Largo del pico:

300 g (hembras) 290 g (machos) 37 a 43 cm 4 cm

Hábitat:

En predio de las Facultades de Agronomía y Veterinaria, Reservas Ecológicas Costanera Sur y Ciudad Universitaria, orillas del Riachuelo.

Descripción:

Pardo, ventral ocráceo, cola blancuzca con líneas leves y faja apical negruzco. Zona alar ocrácea. Jóvenes con filetes alares blancuzcos. Patas blancuzcas, celestes en los jóvenes. Las hembras ligeramente más grandes que los machos, con similar aspecto en coloración y marcas.

Comportamiento: Natural de América del Sur, se encuentra en Argentina, Chile y Uruguay, llegando hasta Bolivia, Paraguay y extremo sur de Brasil. Emite un áspero y fuerte ieeé ... menor que el carancho y más pálido, con silueta en vuelo de cuello más corto. Carroñero y oportunista que ataca pequeñas aves inmaduras en sus nidos, también roedores e insectos son parte de su alimentación. Anidan solitarios y en colonias. Comienzan a criar en septiembre a diciembre, siendo octubre el mes de mayor producción. Demuestran una preferencia por construir el nido sobre alguna vegetación, donde tenga cierta protección del sol y la lluvia. La altura de la vegetación, tipo y localidad no aparenta ser importante. La nidada consiste de dos a tres huevos con machas rojas, aunque pueden llegar a cinco. La incubación toma de 26 a 32 días y a las 5 semanas los pichones se van del nido. Ambos géneros comparten todas las responsabilidades del nido: construcción, defensa, incubación y alimentación de los polluelos.

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Nombre vulgar: Chingolo Nombre científico: Zonotrichia capensis Familia: Emberizidae Peso: 20 g Largo del cuerpo: 12 a 16 cm Largo del pico: 1 cm Hábitat:

Frecuente en espacios verdes como en predio de las Facultades de Agronomía y Veterinaria, el parque 3 de Febrero y Reserva Ecológica Costanera Sur. En barrios con arboledas y jardines se lo ve en pulmones de manzana.

Descripción:

Copete grisáceo con líneas negras, garganta blanca y dos pequeñas solapas negras que se continúan en manchas canelas sobre los flancos del cuello. El resto es pardo grisáceo con vetas negras sobre el dorso, blancuzco en lo ventral.

Comportamiento: Presente desde la cordillera de los Andes hasta los pastizales pampeanos y bosques del Chaco y el Delta. No desconfían del hombre y suelen ser vistos junto a las casas. El canto, corto y dulce termina con un trino, pueden escucharse también en la noche. La dieta es de semillas e insectos. Solo, en parejas o en grupos reducidos, buscan granos sobre el suelo, a veces formando bandadas con otras especies. Los machos delimitan territorios que mantendrán con firmeza ante la invasión de intrusos, que serán expulsados con dureza. En primavera, los machos se pavonean para atraer a las hembras, desplegando alas y cola. Emiten su canto armonioso y en breve, las chingolas preparan un nido simple de pajitas revestida por dentro con plumas, de unos 9 cm de diámetro; por lo general, lo hacen entre plantas sobre el suelo. Depositan de dos a cuatro huevos celestes con manchitas marrones. La incubación dura 13 días, que efectúa la hembra. Los pichones son alimentados por ambos padres.

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Nombre vulgar: Golondrina doméstica Nombre científico: Progne chalybea Familia: Hirundinidae Peso: 280 g Largo del cuerpo: 31 cm Largo del pico: 2,9 cm Hábitat:

Común en toda la ciudad, frecuente en torno a los sitios elegidos para nidificar.

Descripción:

Tiene el dorso negro azulado (hembra más parduzca), y ventral blanquecino. Cola terminada en dos puntas triangulares. Cuello, patas y picos cortos. Bandadas en vuelo rápido y ágil.

Comportamiento: Es una especie migratoria, que en primavera y verano vive en el este y norte del país, donde se reproduce. En otoño e invierno viaja al norte de Sudamérica. Fuera de la época reproductiva, forma grandes concentraciones que pueden efectuar acrobacias en el aire, asentándose al atardecer en árboles empleados como dormideros, en la ciudad por lo general son plátanos de calles y plazas. También se posan en cables y antenas. Vuelan con destreza, con largos planeos con las alas extendidas, ganando altura considerable (más que otras golondrinas). En picadas veloces atrapan abejas, moscas, libélulas. Emiten reclamos fuertes, cortos, vibrantes churruit ... churruit ... y gorjeos guturales, trinados. Llegan al sitio de cría con las parejas formadas. El nido lo ubican en edificios (techos, puentes, galerías), en colonias. Suelen cerrar parcialmente con barro la entrada. Ponen de tres a cinco huevos blancos. La hembra incuba los huevos tardando dos semanas en eclosionar. Las crías la alimentan ambos padres, realizando repetidos viajes con comida. Se van con los sacos de excrementos para mantener la limpieza del nido. En 18 a 21 días abandonan el nido. Los padres pueden volver a tener una segunda camada una vez completada la crianza.

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Nombre vulgar: Gorrión Nombre científico: Passer domesticus Familia: Passeridae Peso: 26 g Largo del cuerpo: 14 cm Largo del pico: 1,6 cm Hábitat:

Infaltable en plazas y jardines. Se lo encuentra por toda la ciudad, en calles, parques, estaciones de ferrocarril y balcones.

Descripción:

Macho con barbero negro y collar rojizo en la nuca, la hembra sin estos dos detalles. Pico grueso. Andan a saltitos por el piso. Grupos bulliciosos.

Comportamiento: Con amplia distribución en Europa, de donde son originarios, han invadido todo el continente americano. En Argentina fueron introducidos en Buenos Aires a fines del siglo XIX y en pocas décadas estaban presentes en todo el país, incluso las islas Malvinas. Son típicos habitantes de poblados, siempre cerca del hombre. En grupos unidos, bullangueros, buscando semillas, restos de comida e insectos. Realizan una vocalización fuerte, corta, con variaciones, que repiten incesantemente chiip o chirp. Los machos pelean por la posesión de las hembras, en combates en vuelo y posados. La cópula se realiza muchas veces seguidas. Nidifican en primavera y verano, pero pueden hacerlo en cualquier momento del año. El nido lo construyen ambos padres, es una esfera de hierbas y palitos que completan con papeles, plásticos u otros objetos, tapizado en la parte inferior con plumas. Tiene entrada lateral y lo ubican en una cavidad natural (tronco, palmera, nido de hornero) o en construcciones humanas. Colocan tres huevos blancos salpicados de una tonalidad café. En 12 a 14 días de incubación nacen los pichones que alimentan ambos padres. Abandonan el nido a los 15-24 días. Los juveniles son de color similar a la madre.

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Nombre vulgar: Hornero Nombre científico: Furnarius rufus Familia: Furnariidae Peso: 54 g Largo del cuerpo: 21 cm Largo del pico: 1,8 cm Hábitat:

Parques y plazas de la ciudad. Luminarias, estatuas o recodos de edificios son empleados como soporte para ubicar sus nidos.

Descripción:

Color pardo rojizo, con el vientre más claro, la garganta blanquecina y la cola bien roja. Caminador, canta a dúo y hace un nido de barro.

Comportamiento: Es una especie propia de formaciones arbóreas de la mitad austral de Sudamérica, con una clara preferencia por habitar cerca del hombre. Se alimentan de lombrices, arañas e insectos. Viven en parejas, que suelen realizar un canto a dúo, ofreciendo un contrapunto de notas estridentes característico, más frecuente en la época reproductiva (primavera). La construcción del nido demanda el esfuerzo del macho y la hembra, que trabajan con afán durante una semana para levantar su típico horno de barro. Juntan porciones de tierra húmeda, con más pajitas que palitos y diversos materiales para darle mayor fortaleza, incluyendo saliva. El resultado es un nido esférico, de unos 20 a 25 cm de ancho, que puede pesar cuatro o cinco kilogramos. Lo realizan sobre los más variados soportes, tanto naturales como construcciones y materiales del hombre. Posee una antesala, que da a una cámara central, reparada por un tabique interno. Sólido, puede durar varios años a la intemperie, siendo con frecuencia reutilizado por otras aves. La hembra pone unos cuatro huevos blancos. Tras 16 a 17 días de incubación, nacen los pichones. Alimentados por ambos padres, en dos semanas ya están en condiciones de abandonar su hogar y ensayar el vuelo.

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Nombre vulgar: Garza blanca Nombre científico: Ardea alba Familia: Ardeidae Peso: 900 g Largo del cuerpo: Hasta 1 m de altura Largo del pico: 11 cm Hábitat:

En lugares con presencia de agua, Riachuelo, Río de la Plata, Reservas Ecológicas Costanera Sur y Ciudad Universitaria, parque Roca.

Descripción:

Blanca, pico amarillo y patas negruzcas, aunque el pico puede tornarse más oscuro y las patas más claras en la estación de cría. Plumaje nupcial con egretes (largas plumas) en dorso y pecho.

Comportamiento: Posee un vuelo lento, con el cuello retraído. Se alimenta en aguas poco profundas principalmente de peces, ranas, pequeños mamíferos, y ocasionalmente aves pequeñas y reptiles, atrapándolos con su pico largo y afilado, la mayor parte del tiempo quedándose quieta y dejando que la presa se acerque hasta poder alcanzarlas con el pico, que utiliza como arpón. A menudo esperará inmóvil a la presa, o caminará lentamente hacia ella. A fines del siglo XIX se usaban sus egretes de adorno en sombreros femeninos, lo que generó la caza de estas aves. Atrapándolas en sus nidos sin preocuparse por los pichones, que eventualmente también perecían. Cerca de extinguirse, la salvó el cambio de la moda. Se reproduce en colonias en árboles cercanos a lagos de juncos o humedales. Forma el nido con palos pequeños secos, entrelazados con juncos y totoras, colocando generalmente entre 3 y 5 huevos de color celeste claro, de 42 x 31 mm. La incubación lleva 25 días y es efectuada por los dos padres. Los pichones empiezan a salirse del nido a los 21 días y se valen por sí mismos a las 6 semanas.

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Nombre vulgar: Jilguero Nombre científico: Sicalis flaveola Familia: Emberizidae Peso: 14 g Largo del cuerpo: 12 cm Largo del pico: 0,9-1 cm Hábitat:

Frecuenta los grandes espacios verdes y los barrios más tranquilos y vegetados de la ciudad.

Descripción:

Amarillo con dorso oliva veteado de negro y frente anaranjada (macho), plumaje estriado, dorsal pardo y ventral blanquecino (hembra). Canto variado y agradable. En parejas.

Comportamiento: Presentes desde Panamá hasta el centro de Argentina. Antes de la invasión del gorrión, era el ave urbana más frecuente. Efectúan cantos melodiosos, incluso en vuelo, con una secuencia inicial de preludio agudo y una serie de chillidos que continúan con una nota larga y grave o una serie más bajas. Son notables las vocalizaciones del macho en primavera y verano. La dieta se basa en semillas e insectos. En primavera, el macho corteja a la hembra con batidos frenéticos de sus alas. Luego inician la búsqueda de un sitio para anidar, prefiriendo los nidos del hornero y el leñatero. Si todavía están ocupados por sus dueños, se instalan en sus inmediaciones para intimidarlos. Ante un descuido entran a inspeccionarlo, ocasionando persecución de sus dueños. Se alejan y vuelven continuando su guardia. A veces, logran expulsarlos por cansancio. También usan nidos abandonados y huecos de construcciones humanas. La hembra arma un lecho en forma de taza poco profunda, con hierbas, crines, ramitas. Coloca allí cuatro huevos gris celestes pálido, con pintas rojo amarronadas, incubados por ella (13 a 14 días). El macho en una rama cercana ensaya gorjeos y trae comida a la hembra. Las crías las alimentan ambos.

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Nombre vulgar: Músico Nombre científico: Agelaioides badius Familia: Icteridae Peso: 43 g Largo del cuerpo: 18 cm Largo del pico: 1,6 cm Hábitat:

Habita grandes espacios verdes como las Facultades de Agronomía y Veterinaria o la Reserva Ecológica Costanera Sur.

Descripción:

Color gris parduzco, con las plumas del ala rojizas, notable en vuelo. Parecido al tordo. En bandadas que vocalizan en coros desalineados, cantando con tonos variados.

Comportamiento: Presentes en Argentina y países limítrofes (salvo Chile). Durante la época reproductiva andan en parejas y el resto del tiempo en bandadas de siete a quince ejemplares. Se alimentan de semillas e insectos, también consumen néctar de flores. Emiten cantos agradables con variaciones, uno empieza y se suman otros hasta formar un coro desorganizado. Recorren las arboledas y los pastizales en busca de granos, manteniendo vocalizaciones de contacto, un cherck o tchep bajo y otros similares, esporádicos, que se contestan uno al otro. Los coros son especialmente audibles durante el atardecer, cuando se acomodan para dormir en la copa de un árbol y al amanecer. Ocupan nidos ajenos de hornero, espinero y leñatero los que acondicionan o construyen el propio, con palitos y pajitas. Colocan cuatro huevos blanco grisáceos con líneas y pintas liláceas. A veces, dos o tres hembras ponen huevos en un mismo nido. Es usual que los tordos pico corto y renegrido agreguen furtivamente sus huevos para ser empollados y criados por los músicos. Los pichones de los músicos y los tordos parásitos son muy parecidos, diferenciándose al pasar del plumaje juvenil al adulto.

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Nombre vulgar: Paloma casera Nombre científico: Columba livia Familia: Columbidae Peso: 300 g Largo del cuerpo: 31 cm Largo del pico: 1,9 cm Hábitat:

En toda la ciudad. Varias plazas céntricas tienen concentraciones importantes de ellas. Casos típicos: Plaza de Mayo y Plaza Congreso.

Descripción:

Color gris azulado con brillos en el cuello. Bandadas con plumajes variados. Abundante en plazas.

Comportamiento: Oriundas de Eurasia y el norte de África, hoy son una especie que está en todo el mundo. En la Argentina fueron introducidas en la época colonial y hoy habitan todo el país, prefieren las ciudades y pueblos. Consumen granos y desperdicios que obtienen en plazas y calles. El nido es de palitos u otros diversos materiales, sobre plataformas de excrementos que tras reiterados usos pueden formar columnas de más de diez centímetros de alto. Los ubican en cualquier moldura que les de un mínimo de reparo. Ponen dos huevos blancos; la incubación dura 16 a 19 días y la realizan ambos sexos. Los polluelos permanecen en el nido 35 a 37 días. Pueden nidificar todo el año y tener varias posturas por temporada. Es habitual la tenencia de palomas mensajeras, ya que cuentan con aficionados que tienen palomas en sus terrazas, que entrenan liberándolas para ejercitarlas en el vuelo. Las palomas caseras causan problemas al emplear como dormideros o sitios para anidar las molduras y ventanas de edificios, a los cuales ensucian con sus excrementos. Se emplean sistemas de espantamiento, como el cubrimiento de las oquedades con mallas o el agregado sobre los soportes de series de alambres en punta, que impiden que las aves se posen.

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Nombre vulgar: Picabuey Nombre científico: Machetornis rixosa Familia: Tyrannidae Peso: 45 g Largo del cuerpo: 17 cm Largo del pico: 1,7 cm Hábitat:

Zonas abiertas, siempre en la cercanía de algún montecito o arboleda. Lugares típicos: parques Centenario, Avellaneda, 3 de Febrero, Facultad de Agronomía y hasta en Plaza de Mayo.

Descripción:

Cabeza gris cenicienta, con una línea oculta roja en la corona, que muestra sólo cuando se alarma. Espalda parda clara, alas y cola de un pardo más oscuro, garganta, pecho y vientre amarillos pálidos. Patas y pico negros.

Comportamiento: Distribuido por América del Sur, excepto Ecuador, Perú y Chile. En Argentina desde el norte del país, hasta el norte de la Patagonia. Muy confiado y casi totalmente terrícola. Se alimenta de insectos que atrapa mediante carreritas en el suelo. Suele capturarlos, también, con un vuelo corto, para luego caer al piso nuevamente. Queda atento a que el animal que está siguiendo espante a otro para cazarlo. Ocupa por lo general nidos semidestruidos de otras aves, a menudo de leñatero y hornero, también huecos de árboles o en edificaciones humanas. Construye una semiesfera de pastos secos y hojas. En su interior coloca raicillas, plumas, y pelos. Pone 3 a 5 huevos crema con muchas pintas, manchas y líneas rojizas, grises y violáceas. La incubación dura unos 17 días. Los pichones permanecen en el nido alrededor de 16 días; son alimentados por ambos padres. Sus poblaciones son estables y se adaptó perfectamente a vivir en la cercanía del hombre.

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Nombre vulgar: Picaflor común Nombre científico: Chlorostilbon aureoventris Familia: Trochilidae Peso: 4g Largo del cuerpo: 10 cm Largo del pico: 2 cm Hábitat:

Una presencia habitual en jardines y arboledas con flores. En invierno, parte de la población migra hacia el norte.

Descripción:

Diminuto, de color verde brillante. Pico fino y largo, rojo, con punta larga. La hembra tiene la parte ventral gris claro y una ceja ancha blanquecina

Comportamiento: Distribuídos por el oriente de América del Sur, desde el nordeste brasileño hasta el centro de la Argentina. Con sus alas cortas, realizan entre 37 y 39 batidos por segundo, imperceptible para el ojo humano. Pueden efectuar corridas veloces y detenerse en un instante frente a una flor, mantenerse suspendidos en un punto, maniobrar hacia un lateral e incluso retroceder, lo que ninguna otra ave puede hacer. De día visitan las flores para libar su néctar. Son agentes polinizadores. Al terminar cada libación, suelen efectuar un sonido corto. Los machos destinan buena parte de su tiempo a cuidar su territorio, principalmente de otros picaflores. Completan su dieta insectos y arañas. En primavera, cada hembra escoge un macho, que desplegará un cortejo aéreo para impactarlas con sus tonos coloridos y relucientes. La hembra construirá el nido, también se hace cargo de la incubación y el cuidado de las crías. El nido tiene forma de canasta colgante, de 2,5 cm de diámetro y 3 a 5 cm de alto, en el extremo de una ramita, en un sitio sombrío. Emplean fibras, raíces y musgos entretejidos por telas de araña, el interior tiene algodones vegetales. Colocan dos huevos blancos y en dos semanas de incubación eclosionan. A los 16 días, las crías ya están emplumadas empezando a practicar el vuelo.

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Nombre vulgar: Pirincho Nombre científico: Guira guira Familia: Cuculidae Peso: 115 g Largo del cuerpo: 40 cm Largo del pico: 3,5 cm Hábitat:

Típico habitante de barrios tranquilos con veredas arboladas y casas con jardines. Se lo observa en parques y en la Reserva Ecológica Costanera Sur.

Descripción:

De cola larga (20 cm), con una faja negra terminada en blanco. Lomo blanquecino, copete despeinado. Esbelto, pecho estriado.

Comportamiento: De América Austral al sur de la selva amazónica, hasta el norte de la Patagonia. Conviven en bandadas de diez a veinte. Al amanecer se apiñan con la espalda al sol, las plumas erizadas con las alas y cola caídas. Se desplazan de manera peculiar: un primer ejemplar vuela hasta posarse en otro lugar no muy distante; luego, lentamente uno a uno repetirán la escena agrupándose nuevamente. Caminan con soltura hurgando el terreno buscando alimento como insectos y arañas. También comen ranitas, lagartijas, culebras y lauchas. De vocalizaciones llamativas, se identifican nueve tipos de llamadas que no llegan a ser un canto. Es típico un silbo quejumbroso que emiten en el vuelo y la serie de cuatro o cinco notas aflautadas, ásperas, que van disminuyendo en intensidad. En primavera forman parejas que enseguida construyen el nido en un árbol, sencillo, desprolijo, con ramitas, en forma de plato hondo de 23 cm de diámetro externo cubierto con hojas. Ponen cinco a siete huevos de 42 x 32 mm, azul verdosos o turquesas, recubiertos por una malla calcárea. De hábitos reproductivos variables, a veces varias hembras ponen los huevos en un mismo nido. A los 15 días nacen los pichones, que en unas dos semanas abandonan el nido.

51


Nombre vulgar: Ratona Nombre científico: Troglodytes aedon Familia: Troglodytae Peso: 7g Largo del cuerpo: 12 cm Largo del pico: 1,1 a 1,5 cm Hábitat:

Frecuenta jardines y balcones con vegetación tupida, en cualquier punto de la ciudad. Se la ve en parques y plazas con canteros densos de hierbas y arbustos.

Descripción:

Coloración pardusca, poco llamativa. Pico fino, cola recta, erecta. Pequeña e inquieta. Canto variado.

Comportamiento: Distribuidos por toda América, en Argentina habitan desde las selvas del norte hasta la estepa y los bosques patagónicos. Viven cerca de las casas. Su reclamo chrrrrc... es señal de su presencia. También entonan cantos variados y agradables terminando en un trino largo. Son los machos los que cantan, marcando su territorio y notificando a las hembras su presencia. La hembra efectúa reclamos cortos y chillidos de varios tipos. Al fin del invierno, los machos toman posesión de sus territorios para atraer a las hembras. Ocupan año tras año los mismos sitios. En lo alto de una rama ensayan sus melodías, que también sirven para indicar los límites a otros machos. El macho ubica el nido en huecos naturales y los más insólitos agujeros. El nido es globoso hecho con fibras y los más variados elementos. Ante la aproximación de una hembra, trata de conducirla hasta los nidos que posea. La hembra los analiza y acepta a su pareja cuando coloca materiales para tapizar el nido. A los 5 días de la cópula, la hembra pone cuatro a cinco huevos blancos o rosados cubiertos de finas pintas pardo rojizas. A los 12 o 13 días de la postura eclosionan. La incubación la hace la hembra y la pareja alimenta a los pichones (entre 15 y 18 días).

52


Nombre vulgar: Tero Nombre científico: Vanellus chilensis Familia: Charadriidae Peso: 280 g Largo del cuerpo: 31 cm Largo del pico: 2,9 cm Hábitat:

Sectores amplios de pasto corto, tranquilos, que todavía pueden encontrar en el predio de las Facultades de Agronomía y Veterinaria o en el parque Roca. También frecuenta ambientes acuáticos, por ejemplo en la Reserva Ecológica Costanera Sur.

Descripción:

Pecho y copete en la nuca negros. Dorso parduzco y ventral blanco. De tamaño grande. Caminador. Típico grito teu ... teu ...

Comportamiento: Presentes de Panamá a Tierra del Fuego. Andan en parejas y en invierno forman grupos. Se alimentan de langostas, escarabajos, lombrices, culebras pequeñas y hormigas. Sus gritos los emiten volando y posados. Sus exclamaciones de alarma son típicas. Se mantienen alerta todo el día e incluso antes del amanecer. Los machos atraen a las hembras haciendo un cortejo a su alrededor. El nido es una concavidad en el terreno con tallitos y hierbas cortas. La hembra pone cuatro huevos verde oliva con manchas negras. La incubación la realizan ambos padres. Ante la cercanía de un intruso, realizan vuelos rasantes con gritos fuertes o avanzan con la cabeza en alto y las alas bajas exponiendo el espolón. En 26 a 27 días de incubación nacen los pichones, que cuidan ambos padres, siendo habitual la ayude de un tercer adulto, posiblemente un hijo mayor. Enseguida abandonan el nido y caminan con destreza. Ante un peligro, responden al grito de alarma de los padres aplastándose contra el piso donde estén, confiando que su plumaje moteado los confunda con el entorno.

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Nombre vulgar: Torcacita Nombre científico: Columbina picui Familia: Columbidae Peso: 45-59 g Largo del cuerpo: 15 cm Largo del pico: 1,2 cm Hábitat:

Es común verlas en veredas y patios con arboledas cercanas, donde se refugian y anidan. Se las ve más en barrios tranquilos. Suelen caminar por el suelo desnudo o con poca hierba en busca de semillas.

Descripción:

Pequeña, caminadora. De color grisácea, más clara en lo ventral, tiene cabeza y cuello ceniciento (la hembra es más parduzca). Sobre el ala cerrada se ve un reborde inferior negro con una faja blanca por encima. Las plumas laterales de la cola son blancas y las centrales negras.

Comportamiento: Viven en ambientes arbolados de gran parte de la Argentina, al norte de la Patagonia y al este de los Andes. Frecuentemente se las observa en parejas, pero fuera de la época reproductiva pueden reunirse en bandadas de 20 ejemplares o más. El canto consiste en una sucesión de cuú... monótona y no muy fuerte, pero agradable, contestándose unas a otras. Durante las tardes calurosas de verano es una de las melodías habituales a la hora de la siesta. Hacia la primavera arman un nido sencillo en forma de plato, desprolijo, donde pondrán dos huevos blancos, a veces tres. Anidan en árboles bajos y arbustos. Si la temporada es favorable tendrán dos camadas e incluso una tercera hacia comienzos del otoño. Ambos padres realizan la incubación, que dura 11 a 13 días, y participan en la alimentación de los pichones, que consumen la papilla que regurgitan los adultos.

54


Nombre vulgar: Torcaza Nombre científico: Zenaida auriculata Familia: Columbidae Peso: 120 g Largo del cuerpo: 26 cm Largo del pico: 1,5cm Hábitat:

Común en toda la ciudad, es una de las aves más frecuentes de observar en vuelo. Prefiere los parques grandes, con césped para buscar su comida y árboles donde refugiarse.

Descripción:

Paloma de tamaño mediano. Color gris con rosado. Manchas negras en el ala.

Comportamiento: Amplia distribución desde Centroamérica hasta Tierra del Fuego. De carácter nómada, exploran en vuelo buscando sitios con semillas de gramíneas y frutos de compuestas, que son la base de su dieta. En viajes diarios desde sus dormideros, aprovechan lugares con oferta alimenticia. Están capacitados para reproducirse en cualquier momento, en cuanto la disponibilidad de comida sea abundante, pero lo natural es en primavera y verano. Es usual que tengan tres camadas anuales. Si la hembra está posada en el suelo, para cortejarla el macho camina a su alrededor, pero si está posada en una rama, efectúa un vuelo sonoro, mientras golpea las puntas de sus alas al unirlas sobre su espalda. Eligen diversos sitios para armar el nido, desde ramas altas de un árbol o cerca del piso de un arbusto, a veces en el suelo inclusive, también en construcciones humanas. El nido lo arman con pajitas y palitos, en forma de plato desprolijo, de unos 10 cm de diámetro. Depositan dos huevos blancos, que eclosionan tras incubarse 14 días. Cuidados por ambos padres reciben la “leche de buche”, una sustancia nutritiva que segregan las palomas. Paulatinamente van incorporando semillas pequeñas regurgitadas por los padres y luego granos enteros.

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Nombre vulgar: Tordo renegrido Nombre científico: Molothrus bonariensis Familia: Icteridae Peso: Largo del cuerpo: Largo del pico:

45 g (hembras) 57 g (machos) 19,5 cm 2 cm

Hábitat:

Espacios verdes con césped corto, donde se los ve caminar. Duermen en grandes grupos en las copas de los árboles.

Descripción:

Color negro con violeta (macho) o gris pardusco (hembra). Pico cónico, recto, agudo. Canto agudo y variado. En bandadas.

Comportamiento: Presente desde Panamá hasta el norte de la Patagonia. Forma bandadas con predominio de machos. La dieta es de semillas e insectos. Emiten un canto variado y agudo. El comportamiento más llamativo es que las hembras ponen sus huevos en nido ajeno. Por lo que la especie no tiene necesidades de cuidar territorios para obtener comida para las crías, ni construir el nido. En primavera los machos cortejan a las hembras con cantos y despliegues. Luego de la cópula, las hembras buscan nidos activos donde se ha iniciado la postura de huevos, aprovechando un abandono momentáneo del nido para entrar, dejar su huevo y picar el resto. Habitualmente parasitan a calandrias, horneros y chingolos. Como el período de incubación es un poco más corto (12 días), que la mayoría de los pájaros, tienen chances de eclosionar antes que sus hermanastros. Los huevos son blanco puros o manchados, con fondo claro y pintas castañas. Los padres sustitutos cuidan a las crías del tordo como propias, viéndose escenas de alimentación de un pájaro bien distinto a su cría parásita. Llama la atención si el pichón es más grande que el supuesto progenitor, por ejemplo cuando los padrastros son el chingolo o la ratona.

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Nombre vulgar: Zorzal colorado Nombre científico: Turdus rufiventris Familia: Turdidae Peso: 70 g Largo del cuerpo: 25-26 cm Largo del pico: 2 cm Hábitat:

Abundante en jardines y parques con césped y árboles. Se refugia en pulmones de manzana vegetados.

Descripción:

Dorso pardo, ventral rojo anaranjado. Párpado amarillo. Garganta con fino estriado pardo sobre fondo blanquecino. Pico casi recto, en los machos amarillo.

Comportamiento: Amplia distribución desde el oeste de Bolivia, todo Paraguay y Uruguay, parte de la región austral brasileña hasta el centro y norte de Argentina. En Buenos Aires se extendieron durante la segunda mitad del siglo XX. Frecuentan tanto las copas de los árboles como el suelo. Buscan frutos carnosos y lombrices que son de su especial predilección, entre otros invertebrados que completan su dieta. Hacia fines de invierno antes de amanecer ensayan su canto melodioso y reiterativo. En la ciudad, resultan notables sus vocalizaciones, que alcanzan una particular sonoridad en el silencio matinal, antes de iniciarse el bullicio urbano. Para agosto las parejas inician la construcción de su nido. Eligen una altura de 1,5 a 2,5 m del suelo, habitualmente una rama horizontal en la espesura de un árbol, arbusto o enredadera leñosa. El nido es circular, abierto, con forma de taza con bordes anchos, de unos 13 a 15 cm de diámetro externo y 6 a 7,5 cm de alto. Está construido con fibras vegetales, tapizado en su interior con ramillas finas y hierbas tiernas. Allí colocan tres a cuatro huevos celestes con pintas marrones. A los 14 días de incubación, nacen las crías. En temporadas favorables, los zorzales pueden tener hasta tres camadas en su estación reproductiva.

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BIBLIOGRAFÍA · Aves de Argentina y Uruguay - Guía de identificación - Edición Total, Tito Narosky y Darío Yzurieta. Ed. Vázquez Mazzini, Buenos Aires, año 2010. · Aves de la Ciudad de Buenos Aires - Guía para su reconocimiento, Tito Narosky y Christian Henschke. Ed. Vázquez Mazzini, Buenos Aires, año 2005. · Observando aves en los bosques y lagos de Palermo, Diego G. Zelaya y Juan H. Pérez. Ed. Athene, Buenos Aires, año 1998. · Aves silvestres, del predio de las Facultades de Ciencias Veterinarias y Agronomía, Norberto H. Montaldo y Juan Alberto Claver. Edición del Centenario, Facultad de Ciencias Veterinarias - UBA, Buenos Aires, año 2004. · Aves Silvestres, del Parque Avellaneda, Manlio Landolfi y Juan H. Pérez. Mesa de Trabajo y Consenso del Parque Avellaneda - Aves Argentinas, Buenos Aires, año 2006. · Aves comunes de la ciudad, trabajo monográfico de Eduardo Haene, Aves Argentinas, Buenos Aires, año 2005. · ABC de las aves y su observación, trabajo monográfico de Eduardo Haene, Aves Argentinas, Buenos Aires, año 2005. · Riqueza de aves a lo largo de un gradiente de urbanización en la Ciudad de Buenos Aires, artículo de la Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, Ana Faggi y Pablo V. Perepelizin, Buenos Aires, año 2006. · Los vertebrados exóticos introducidos en la Argentina, artículo de la Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, Jorge R. Navas, Buenos Aires, año 2006. · http://www.avesargentinas.org.ar · http://www.wikipedia.org Macás grandes (Podiceps major) en Vuelta de Rocha, Riachuelo.

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CRÉDITOS DE IMÁGENES Página Tapa  4  6  8  10  12  14  16  18  20  22  24  26  28  30  32  33  34  35  36  37  38  39 

Autor R. Moller Jensen J. Freitas F. Márquez R. Moller Jensen M. de la Serna F. Márquez F. Márquez F. Márquez F. Márquez F. Márquez F. Márquez P. Conte F. Márquez F. Márquez F. Márquez F. Márquez F. Márquez F. González Táboas F. Márquez F. González Táboas A. Lukides F. González Táboas F. González Táboas

Nido de teros en el parque Indoamericano.

Página Autor 40  F. Márquez 41  F. Márquez 42  S. Preisz 43  F. Márquez 44  F. Márquez 45  F. Márquez 46  F. González Táboas 47  F. González Táboas 48  F. Márquez 49  F. Márquez 50  F. González Táboas 51  F. González Táboas 52  F. Márquez 53  F. Márquez 54  F. Mollo 55  F. González Táboas 56  C. del Águila 57  F. Márquez 58  F. Márquez 59  J. Freitas 63  F. Márquez 64  F. Márquez Contratapa  F. González Táboas 61


AGRADECIMIENTOS Un agradecimiento especial a Aves Argentinas, personalizado en Eduardo Haene, ya que su colaboración ha sido esencial para la producción de este cuaderno, como también a los fotógrafos que facilitan imágenes para su banco de imágenes institucional (de donde provienen varias fotos que están en esta publicación).

Aves Argentinas / Asociación Ornitológica del Plata

Representante de

Desde 1916, Aves Argentinas / Asociación Ornitológica del Plata a través de actividades de difusión, educación, gestión e investigación intenta generar una mayor conciencia en la sociedad acerca de la importancia de conservar la biodiversidad y en particular las aves ya que, como indicadores del estado de salud del ambiente, pueden ayudarnos a mejorar nuestra calidad de vida. Aves Argentinas dicta cursos de observación de aves silvestres en libertad y diseño del paisaje con plantas nativas, además de la Escuela Argentina de Naturalistas con 25 materias que se pueden cursar de manera independiente, como Educación Ambiental, Ecología, Comportamiento Animal, Botánica de Campo, entre otras. Matheu 1246/8 - CP (C1249AAB) - Buenos Aires - Argentina Tel/Fax: +54 (11) 4943-7216 al 19 info@avesargentinas.org.ar www.avesargentinas.org.ar

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Muchas gracias a los 112 colaboradores que aportaron para la publicación de este libro a través de Ideame, entre ellos a: Armando Ledesma, Pablo Quiroga, Walter Daule, Jorge Escribaniche, Alejandra Lanza, Bruce Campbell, Soledad Gioia, Horacio Márquez, Hernán Álvaro Fernández, Pulpería Quilapan, Norma Daglio. Y como colaboradores destacados: Antolín Magallanes, Claudia, Francisco González Táboas, Francisco Ripoll, Mariana Campili de Warren, Roxana Reguera O’Harra. La ayuda de Lena Márquez fue muy valiosa.

Club de Observadores de Aves de Twitter @COAtuiter - COAtuiter@gmail.com

Naranjero (Thraupis bonariensis) al vuelo en la Reserva Ecológica Costanera Sur, en un birdwatching tuitero.

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Gavilán planeador (Circus buffoni) en la Reserva Ecológica Costanera Sur, en un birdwatching tuitero.

Fabio Márquez nació y vive en la Ciudad de Buenos Aires, es Licenciado en Diseño del Paisaje, especializado en espacios verdes y gestión pública, con posgrado en Patrimonio y Turismo Sostenible. Asesor de organismos públicos, consultoras y estudios privados. Recibió premios internacionales. Docente y autor de publicaciones sobre Paisaje, Patrimonio y Biodiversidad Urbana. Conferencista en eventos nacionales y del extranjero. Desarrolla metodologías para la participación social en el diseño de plazas y parques.

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Planificación, diseño y gestión participativa del paisaje, Márquez, Fabio. Ed. Nobuko, Buenos Aires, 2011. Librería Técnica CP67, Florida 683, local 18. Ciudad de Buenos Aires. Tel: (54-11) 4314-6303. http://www.cp67.com

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¿Has oído el canto de ese pájaro?

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El discípulo se quejaba constantemente a su maestro zen:

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No haces más que ocultarme el secreto último del zen. Y se resistía a creer las consiguientes negativas del maestro. Un día, el maestro se lo llevó a pasear con él por el monte. Mientras paseaban, oyeron cantar a un pájaro.

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¿Has oído el canto de ese pájaro? Le preguntó el maestro. 0

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Sí. Respondió el discípulo. Bien, ahora ya sabés que no te he estado ocultando nada. Sí. Asintió el discípulo. Si realmente has oído cantar a un pájaro, si realmente has visto un árbol .., deberías saber (más allá de las palabras y los conceptos). 100

¿Qué decís? ¿Que has oído cantar a docenas de pájaros y has visto centenares de árboles? Ya. Pero lo que has visto, ¿era el árbol, o su descripción?

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Cuando mirás un árbol y ves un árbol, no has visto realmente al árbol. Cuando mirás a un árbol y ves el milagro, entonces, por fin, has visto un árbol. ¿Alguna vez tu corazón se ha llenado de muda admiración cuando has oído el canto de un pájaro?

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Foto de tapa: hornero (Furnarius rufus), construyendo el nido.

Foto de contratapa: churrinche (Pyrocephalus rubinus), en Reserva Ecológica Costanera Sur.

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(Antigua parábola zen)

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Paisaje y biodiversidad urbana

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Paisaje y biodiversidad urbana

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Lo maravilloso de la naturaleza presente en la ciudad, es que pese a las condiciones adversas del hábitat urbano, posee la fuerza de la sobrevivencia ante lo inerte. De los elementos que podemos encontrar en la diversidad biológica que tiene la Ciudad de Buenos Aires, indudablemente el grupo de las aves es uno de los más dinámicos. Con sus diferentes colores, gorjeos, vuelos, formas y presencias estacionales o permanentes, alegran nuestra vida sorprendiéndonos con sus comportamientos o escuchando sus cantos a la distancia. Seguimos con la vista sus vuelos entreteniéndonos, cuando nos permitimos un momento de calma en el trajín cotidiano. Esquivas o atrevidas las aves son protagonistas de la ciudad, conviviendo simpáticamente con nosotros.

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Aves Porteñas - Paisaje y biodiversidad urbana  

Vista de algunas páginas interiores del libro Aves Porteñas - paisaje y biodiversidad urbana. Edición impresa 2014.

Aves Porteñas - Paisaje y biodiversidad urbana  

Vista de algunas páginas interiores del libro Aves Porteñas - paisaje y biodiversidad urbana. Edición impresa 2014.

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