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Fundación Vizcaína Aguirre

1907 - 2007

AGUIRRE BASAGOITI

PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE

PEDRO Y DOMINGO

LOS HERMANOS

P E D R O D E I C A Z A Z A B Á L B U R U - Á LV A R O C H A P A I M A Z

Fundación Vizcaína Aguirre

LOS HERMANOS

PEDRO Y DOMINGO PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE

AGUIRRE BASAGOITI 1907 – 2007

Fundación Vizcaína Aguirre


LOS HERMANOS

PEDRO Y DOMINGO PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE

AGUIRRE BASAGOITI 1907 - 2007


Ă?ndice


3 Prólogo 5 7 13 17

El Solar de los Aguirre Vizcaya en el S. XIX La Anteiglesia de Berango La familia Aguirre

31 33 37 43

La Nueva España Méjico Nayarit La Casa Castaños y J. A. de Aguirre

49 51 67 87 103

La Casa Aguirre Los hermanos Pedro y Domingo en Tepic Trabajo en equipo La Consolidación La Casa D. G. Aguirre

133 Muerte de los hermanos Aguirre 135 Domingo 145 Pedro 161 La huella espiritual de los hermanos Aguirre 171 Las Fundaciones 183 Ocaso y final

1


Pr贸logo


E

n el año 1907 morían en Bilbao, en apenas cuatro meses, los hermanos Pedro y Domingo de Aguirre Basagoiti, tras una esforzada vida de trabajo en el lejano Tepic, tierra de Nayarit, república de Méjico. Al cumplirse el centenario de su muerte, la Fundación Vizcaína Aguirre pretende, mediante esta publicación, recuperar su memoria mostrando a través de su correspondencia familiar, la faceta más íntima y humana de su existencia. El fondo documental del que partimos está compuesto, efectivamente, por cartas cruzadas entre los hermanos Aguirre, sus familiares, amigos y altos empleados que trabajaban con ellos en el desarrollo de la Casa Aguirre, sociedad que aglutinó durante un siglo (1850 – 1950) el poderío de su espíritu empresarial. Este epistolario, los copiadores de cartas, las fotografías y algunos documentos contables, que forman parte del archivo familiar, son una joya preciosa que dan noticia de una tierra lejana y que nos informa de las dificultades políticas y económicas que los Aguirre tuvieron que penar en su periplo americano. Este fondo documental, por otra parte, nos permite conocer acontecimientos familiares referidos a sus padres, hermanas y sobrinos y nos habla de sus inquietudes y esperanzas frente a la vida y, sobre todo, nos transmite el amor y la armonía familiar como objeto vital, que se resume en una frase que Domingo manifiesta: Somos diferentes cuerpos con el mismo corazón. Recogemos, claro está, también, noticias que reflejan aconteceres de la Casa Aguirre, nombre genérico por el que fueron conocidas las sucesivas sociedades que operaron los negocios de Tepic, sin pretender hacer una historia pormenorizada de la misma. Hay que tener en cuenta que la historia que estas cartas nos transmiten es una historia subjetiva, que narra acontecimientos y situaciones vistas desde el ángulo de quienes las sufrieron o disfrutaron con toda la carga emotiva de quienes, en su momento, las escribieron. Queremos, por último, situar la narración en el espacio y tiempo histórico de ambos lados del mundo en donde se desarrolla la vida de estos preclaros varones, terminando por dar testimonio de su huella espiritual, esto es, de las Fundaciones que fueron instituidas en su recuerdo, presentes, un siglo después de su muerte, en la tierra que les vio nacer. Fundación Vizcaína Aguirre

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CapĂ­tulo 1: El solar de los Aguirre


V I Z C AYA E N E L S I G L O X I X

Vista de la ría Óleo de P. Gonzalbo Colección BBVA Año 1857

V

izcaya es una tierra antigua situada en el norte de España y asentada a orillas del mar Cantábrico. Desde los inicios del siglo XIV su carácter estuvo presente en el imaginario colectivo

peninsular, tanto es así que la estela de su desarrollo influyó decisivamente en la configuración de la España contemporánea. El temperamento del país de los vizcaínos se debe a dos elementos geográficos que configuran su modo de ser, el mar y la montaña, ambos paralelos al ecuador. Quizá por este motivo sus ríos son de escaso recorrido, pues su cuna se encuentra a pocos kilómetros de la desembocadura, siempre en el mar Cantábrico, en el denominado desde hace varios siglos golfo de Vizcaya, al sur de la vieja Europa. Parte importante de la tierra vizcaína es elevada, asentándose en sus alturas bosques hasta hace poco tiempo centenarios, más unas reducidas praderas destinadas al pasto. En la vieja provincia, durante muchísimos siglos, la actividad económica consistió en la explotación maderera, el pastoreo tradicional del ganado vacuno y la extracción minera asociada a una incipiente metalurgia ribereña, en la margen izquierda del Nervión todavía afloran hoy recuerdos de las antiguas minas de hierro. Las tierras más bajas, en cambio, recogían los principales asientos humanos y los diseminados caseríos aislados del mundo, salvo del arte de laborar los trabajos agrícolas y ganaderos. La costa, adornada por unas pocas aldeas marítimas, era amparo

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del trasiego de las rutas del mar, y testigo del ir y venir de las flotas de cabotaje y otras embarcaciones dedicadas a la pesca. Este modo de vivir, los tradicionales que nunca cambiaron, fueron los característicos de los vizcaínos hasta finales del siglo XVIII, momento en el que la incipiente industrialización trastocó radicalmente con sus profundos cambios la vida y la actividad de sus gentes. La capital de Vizcaya, Bilbao, era una pequeña ciudad dominada por el influjo del mar y la influencia del río Nervión. La ciudad se asienta a doce kilómetros de la costa, y su perímetro queda encajonado entre colinas de escasa altura, pero suficiente para dificultar desde la fundación de la Villa su desarrollo urbano. Bilbao y Vizcaya están estructurados por dos valles de reducidas dimensiones; el del río Nervión, que sigue la trayectoria de sur a norte, y el del Ibaizábal, derivando sus aguas de este a oeste. Los dos pequeños ríos se encuentran pocos metros al sur de iniciar su único recorrido por Bilbao, lugar en el que las aguas se convierten en ría bajo el influjo de las mareas oceánicas. Entre Bilbao y la desembocadura de las aguas en la mar, el Nervión separó dos espacios que con el paso de los siglos se hicieron mundos distintos. La 8

ribera izquierda aglutinó en su formación montañosa los yacimientos de hierro que aceleraron el desarrollo de Vizcaya, y en la margen derecha, la preciosidad de unos valles amplísimos, jugosos y tenues, perfectos para la vida rural y favorecer el silencio de sus habitantes. Es el caso de la Anteiglesia de Berango y otras más de la tierra llana de Vizcaya. El siglo XIX vizcaíno, el más apresurado de todo su pasado, se caracterizó por ser un período de profundas transformaciones económicas y sociales. El principal motor del cambio vino de la mano del desarrollo tecnológico aplicado a la minería, y especialmente a la fabricación del hierro. La llegada del convertidor Bessemer (1856), inventado y patentado con extraordinario éxito en Inglaterra, así como posteriormente de otros como los hornos Martin–Siemens, permitió la fabricación de acero barato en cantidades industriales, siempre que se utilizara mineral de hierro de bajo contenido fosfórico, presente especialmente en las minas vizcaínas y en yacimientos a cielo abierto muy cercanos al mar. El cambio legislativo en la regulación y explotación minera, de inspiración liberal, hizo posible la simplificación de los procesos administrativos en la compra–venta y explotación de las minas. Estos hechos se desarrollaron en la ría del Nervión y sus cercanías mediante el encuentro del mineral de hierro con el carbón mineral, venido por vía marítima hasta los mismos muelles. En muy poco tiempo se produjo una


demanda extraordinaria de mineral favorecedora de la presencia de capitales extranjeros. Por este motivo, una parte importante de los beneficios produjeron la primera concentración de capital local a gran escala, ayudada también por la llegada de otras remesas del resto de España deseosas de obtener sustanciosos beneficios. En muy poco tiempo Vizcaya dio un salto económico desconocido hasta la fecha, creado fundamentalmente por las principales sagas industriales vizcaínas y sus capitanes de industria.

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a extracción minera hizo posible la construcción de los tinglados portuarios en la ría, con cargaderos unidos ferrovialmente o por cangilones aéreos a las minas. La autoridad portuaria estableció un

canon por cada tonelada exportada capaz de sufragar las obras de los fondeaderos y parte de la financiación de las costosísimas obras de la rada del Abra. Hasta no hace muchos años los trabajos empezados en aquella época estuvieron tan bien dimensionados que sirvieron hasta bien mediado el siglo XX. El fin de la última guerra carlista (1876) abrió un largo período de casi cuarenta años ausente de conflictos, y en su quietud y al calor de la industria minera nacieron las grandes industrias siderúrgicas vizcaínas, cuyo origen fue la fábrica de Santa Ana de Bolueta que, en 1841, instaló el primer alto horno del país. En los años inmediatos al fin de la guerra se fundaron: San Francisco de Mudela (1878), La Vizcaya (1882) y Altos Hornos de Bilbao, cuyo origen era la factoría Nuestra Señora del Carmen, creada en 1855. El momento cumbre de este proceso se fecha en 1902 cuando Altos Hornos de Bilbao se fusiona con La Vizcaya y La Iberia para dar paso a los Altos Hornos de Vizcaya, buque insignia y mito del proceso industrializador de Vizcaya al que a partir de 1921 se incorpora también la factoría de San Francisco de Mudela. Antes de mediados del XIX el trasporte del mineral de hierro se realizaba en su mayor medida en barcos de bandera extranjera. Los buques trasladaban la vena a los mercados de Asturias e Inglaterra, principalmente, y casi sin tiempo para descansar, eran fletados de nuevo para transportar carbón desde estos puertos a las factorías de Bilbao. Entrado el último cuarto del XIX comenzó a cambiar el enfoque y los navieros locales constituyeron sociedades con flotas capaces de sustituir estos buques. A partir de 1900 el puerto de Bilbao sería el que ostentara la mayor cifra de tonelaje matriculado de toda España. A rebufo del sector del acero surgió una potente industria naviera presente de un modo incisivo en la economía nacional hasta bien mediado el siglo XX, así como la creación de una tupida red de pequeñas empresas metalúrgicas situadas en la conurbación de la ría, encargadas de servir las necesidades de la gran industria.

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LA ANTEIGLESIA DE BERANGO

(Página anterior) La Anteiglesia de Berango. Año 1920 Vista del barrio Landaida–Moreaga, con los caseríos Landaida Barri (delante) y Landaida Abadena, y sus heredades y pertenecidos. Año 1901

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os últimos doce kilómetros de la ría del Nervión separaban por razón orográfica –especialmente desde mediados del XIX– dos mundos diferentes. Si la margen izquierda recogió en su seno el espíritu más intenso de la actividad fabril, a la margen derecha no le quedó más remedio que continuar con las actividades agrícolas y ganaderas conocidas desde antiguo, es decir, el desarrollo de una economía rural pobre e incapaz de dar de comer a tantas bocas. Si no fuera por la actividad industrial, la historia moderna de Vizcaya hubiera estado doblemente lastrada por un largo período de penurias. Berango, el solar de los Aguirre, es una pequeña porción de tierra de casi nueve kilómetros cuadrados situada al este del río Nervión. Sus lindes por el norte casi tocan el mar, facilitando la influencia marítima en la configuración de su clima y paisaje. Las lluvias son una característica de su paisaje, haciendo de Berango una tierra capaz de facilitar la agricultura de los climas atlánticos en los meses del estío. La abundancia de sus precipitaciones se concentra en las estaciones de otoño e invierno, para dar paso a una primavera lúcida y especialmente soleada en el verano. El clima de Berango siempre facilitó una comarca afable y sonriente para sus habitantes. Una parte importante de su tierra son valles suaves y planos, ocupando casi el cuarenta por ciento de la actual superficie de la Anteiglesia, atravesados por tres o cuatro pequeños arroyos, como el Gobela o el Itza, que actuaron hace mucho tiempo de energía motriz en los molinos locales. El resto del paisaje es una sucesión de suaves y redondeadas colinas de reducida altura;

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la cota máxima no llega a doscientos veinte metros, aunque desde su cima se ve la cercana amplitud del mar y las llanadas rurales en la que asienta la mayoría de la población. La vegetación actual de Berango dista completamente de la que pobló su paisaje antes de la edad moderna. En aquellos lejanos años los bosques de robles y encinas uniformaban el país, desapareciendo paulatinamente por la necesidad de contar con amplias tierras roturadas, carbón vegetal para las ferrerías, o madera de calidad para la construcción de buques. Desde entonces, las masas arbóreas autóctonas trocaron por las plantaciones de pinos y eucaliptos, de crecimiento más rápido, pero de peor calidad. Hoy no quedan casi recuerdos de las antiguas formaciones arbóreas. La tierra de Berango nunca fue ajena al modo de vivir de sus vecinos. Por este motivo su agricultura y trabajos de la huerta se asemejaron a la practicada en la generalidad de la costa cantábrica, consistente en un laboreo de autosuficiencia. Los manzanos y viñas, materia primera de la sidra y el vino local –chacolí–, así como los castaños, estuvieron siempre presentes en sus tierras, pues de sus frutos y otros laboreos –fundamentalmente maíz y productos de la huerta– conseguían parte de los componentes de su dieta. La explotación de la ganadería nunca fue de 15

Torre de Ochandategui. Año 1920 Antigua casa/caserío Berangoeta, en la actualidad Casa Cultural.

grandes cabañas, ya que una reducida recua vacuna proporcionaba los principales alimentos, así como la fuerza motriz para roturar las tierras. La población de Berango tuvo un crecimiento paulatino y muy reducido hasta mediados del siglo XX. Puede decirse que la densidad media entre los siglos XVII y XIX no superó los sesenta habitantes por kilómetro cuadrado, advirtiendo de esta manera el perfil rural del municipio que no abandonará hasta la década de los sesenta del siglo XIX. Los censos demográficos indican que en 1704 los berangueses no pasaban de 280 almas; a mediados del siglo XVIII sumaban cien más y, a comienzos del XIX, 530, para disminuir a 441 en 1810. En 1825 había 71 casas y 445 habitantes que aumentarían a 556 en el año 1857.


L A FA M I L I A A G U I R R E

Francisco de Aguirre y Mari Cruz de Basagoiti. Año 1857

E

l linaje de los Aguirre es uno de los más antiguos de la Anteiglesia de Berango. Su casa solariega se remonta a finales del S. XV. La presencia documental más antigua de los Aguirre data de 1586, y se

refiere a la nominación de Francisco de Aguirre como apoderado en las Juntas Generales de Guernica. Este hecho indica que Francisco de Aguirre nació y era propietario –los miembros de la Cámara tenían que ser propietarios y, además, saber leer y escribir– del caserío de idéntico nombre, vocablo que a su vez fue tomado del topónimo pastizal, como sustantivo que aglutinaba geográficamente la zona. Se conocen, después, testimonios escritos del primer tercio del siglo XVII que confirman la presencia de María Bañez de Aguirre, heredera de la casa solariega de su linaje y que casó con Marcos de Ochandategui, hijo de Ordoño de Ochandategui y María Ochoa de Menchaca. Mediante esta unión, los Aguirre emparentaron con la familia más notable de Berango, la titular del linaje y casa torre de los Ochandategui (1275), cuyo escudo de armas es utilizado en la actualidad como enseña por el Ayuntamiento de Berango, por ser el blasón más antiguo de la localidad. Pero como quiera que el marido de María, Marcos de Ochandategui, no heredó el solar de sus mayores, el nuevo matrimonio pasó a vivir a la casa de los Aguirre. Por este motivo, Gonzalo, descendiente del nuevo matrimonio, tomó, según costumbre, como primer apellido el de la casa en la que nació, es decir, el de su madre y que heredaría a la muerte de sus padres.

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MARÍA OCHOA DE MENCHACA

ORDOÑO DE OCHANDATEGUI

MARCOS DE OCHANDATEGUI

CATALINA GARRAMUÑU BEREÑO

MARÍA BAÑEZ DE AGUIRRE

CATALINA OCHANDATEGUI/AGUIRRE GARRAMUÑU

GONZALO DE AGUIRRE

FRANCISCA VILLAVERDE 1651

MARÍA ANTONIA AGUIRRE VILLAVERDE

MARÍA SAEZ AGUIRRE VILLAVERDE

JUAN BAUTISTA AGUIRRE VILLAVERDE

FRANCISCA AGUIRRE VILLAVERDE

MARCOS AGUIRRE VILLAVERDE

MARÍA BAÑEZ AGUIRRE VILLAVERDE

MARÍA MARTÍN AGUIRRE VILLAVERDE

PASCUALA AGUIRRE VILLAVERDE

MA AG VILLA

ANTONIA ZAVALA/LARRAONDO HORMAZA 1686

MARÍA ANTONIA AGUIRRE ZAVALA/LARRAONDO

JUAN BAUTISTA AGUIRRE ZAVALA/LARRAONDO

FRANCISCA AGUIRRE ZAVALA/LARRAONDO

JOSEFA AGUIRRE ZAVALA/LARRAONDO

ASENC AGUIRR ZAVALA/LARR

MARÍA SAEZ MAIDAGAN ARTEGA

FRANCISCA ARTEGA-MURUA SALSIDUA 1722

FRANCISCO AGUIRRE ARTEGA-MURUA

FRANCISCA AGUIRRE MAIDAGAN

JUAN ANTONIO AGUIRRE MAIDAGAN

JUAN BAUTISTA AGUIRRE MAIDAGAN

JUAN BAUTISTA AGUIRRE MAIDAGAN

MANUELA AGUIRRE MAIDAGAN

JUAN BASAGOITI ARANA

RAMONA AGUIRRE MAIDAGAN

MARÍA BAUTISTA AGUIRRE BASARTE

JUAN BAUTISTA AGUIRRE MAIDAGAN

FRANCISCO AGUIRRE BASARTE

RAMÓN AGUIRRE MAIDAGAN

RAMONA AGUIRRE BASARTE

ANTONIA AGUIRRE MAIDAGAN

JUAN BUATISTA AGUIRRE BASARTE

JUAN B AG BAS

JUAN ANTONIO AGUIRRE ZUBIAGA

JUAN B AG ZUB

JOSEFA GORRONDONA YNCHAURRAGA

JUAN BASAGOITI GORRONDONA

Mª CRUZ BASAGOITI GORRONDONA

ALEJO BASAGOITI GORRONDONA

TOMÁS BASAGOITI GORRONDONA

PEDRO BASAGOITI GORRONDONA

FRANCISCA LARRONDO GORRONDONA

FRANCISCO AGUIRRE ZUBIAGA 1829

Mª BAUTISTA LARRONDO GORRONDONA 1854

TOMÁS BASAGOITI LARRONDO

JACOBA OXANGOITI ZUMARAN

MAR BASA GORRO

1867

JUAN BASAGOITI LARRONDO

ANTONIO BASAGOITI LARRONDO

LUIS BASAGOITI LARRONDO

CONCEPCIÓN CALZADA

JUAN VÍCTOR AGUIRRE OXANGOITI

PEDRO PASCASIO AGUIRRE BASAGOITI

JOSEFA ANTONIA AGUIRRE

LEONA AGUIRRE BASAGOITI

DOMINGO HORMAECHEA ARANCIBIA 1861

Árbol genealógico de los Aguirre desde principios del siglo XVII. Familiares que trabajaron en la Casa Aguirre

BERNARDINO HORMAECHEA AGUIRRE

DOMINGO HORMAECHEA AGUIRRE

JESUSA HORMAECHEA AGUIRRE

PE IC AG


MARIAN AGUIRRE VILLAVERDE

ASENCIA AGUIRRE LA/LARRAONDO

FRANCISCO AGUIRRE ZAVALA/LARRAONDO

FRANCISCA AGUIRRE MAIDAGAN

NIA RE GAN

MARTÍN AGUIRRE MAIDAGAN

JUAN MANUEL AGUIRRE MAIDAGAN

TERESA BASARTE HORMAZA 1761

JUAN BUATISTA AGUIRRE BASARTE

MANUELA AGUIRRE BASARTE

JUAN ANTONIO AGUIRRE BASARTE

MARÍA FRANCISCA AGUIRRE

JUAN MARTÍN AGUIRRE BASARTE

JOSEFA ANTONIA AGUIRRE ZUBIAGA

DOMINGO AGUIRRE ZUBIAGA

LEÓN AGUIRRE ZUBIAGA

MARÍA SIMONA AGUIRRE BASARTE

GERVASIA AGUIRRE BASARTE

JOSEFA RAMONA ZUBIAGA ECHEANDIA

JUAN BAUTISTA AGUIRRE ZUBIAGA

FRANCISCO AGUIRRE ZUBIAGA

MARÍA CRUZ BASAGOITI GORRONDONA

ALDAY 1829

A RE OITI

TOMASA AGUIRRE BASAGOITI

DOMINGO G. AGUIRRE BASAGOITI

JACOBA VALENTINA AGUIRRE

BENITA LEONA AGUIRRE ALDAY

MARÍA MERCEDES AGUIRRE

PEDRO ICAZA MÚGICA

ESTEBAN GANGOITI UGALDE

1861

PEDRO ICAZA AGUIRRE

JOSÉ RAMÓN ANSOLEGA ALDECOA

1874

ESTEBAN GANGOITI AGUIRRE

GONZALO GANGOITI AGUIRRE

MARÍA GANGOITI AGUIRRE

MERCEDES GANGOITI AGUIRRE

CONCHA GANGOITI AGUIRRE

JESUSA GANGOITI AGUIRRE

TERESA GANGOITI AGUIRRE

MANUEL ANSOLEGA AGUIRRE

JOSÉ LUIS ANSOLEGA AGUIRRE


1.

1. Pedro de Aguirre Basagoiti. 1830–1907 2. Josefa de Aguirre Basagoiti. 1834–1909 3. Leona de Aguirre Basagoiti. 1836–1910 4. Domingo de Aguirre Basagoiti. 1841–1907 5. Jacoba de Aguirre Basagoiti. 1843–1925 6. Mercedes de Aguirre Basagoiti. 1847–1915 7. Domingo Hormaechea Arancibia. 1824–1901 (Esposo de Josefa) 8. Pedro de Icaza Múgica. 1834–1867 (Esposo de Leona) 9. Esteban Gangoiti Ugalde. 1849–1890 (Esposo de Mercedes)

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Los Aguirre siempre estuvieron presentes en la vida política y administrativa de Berango. Destacan entre otros el antedicho Gonzalo de Aguirre como apoderado en las Juntas Generales de Guernica en 1657 y 1677 representando a su Anteiglesia. Un hijo de Gonzalo, Marcos de Aguirre Villaverde (1664), fue apoderado en la misma sede en 1699. El que un miembro de los Aguirre representara a su aldea comenzó a formar costumbre, de tal manera que Juan Bautista Aguirre Zavala (1690), hijo del anterior, fue igualmente apoderado en los años 1734, 1742, 1754. Juan Bautista fue también alcalde de Berango en 1752. Otro Juan Bautista –Aguirre Villaverde– fue cura beneficiado de la parroquia de Berango. La permanencia de Juan Antonio de Aguirre Basarte (1775) en la alcaldía en los años 1800, 1810, 1813, 1817, 1823, 1826, 1832 y apoderado en el año 1800, manifiesta la calidad de su reputación entre sus vecinos. El último de los Aguirre miembro de las Juntas Generales y alcalde de Berango fue Francisco de Aguirre Zubiaga (1805), hijo del anterior y padre de Pedro y Domingo de Aguirre Basagoiti. A partir de entonces y durante el siglo XIX, muchos Aguirres dirigieron sus esfuerzos a ganarse la vida en negocios lejos de la tierra llana de donde provenían, llevando a miles de kilómetros de distancia el espíritu emprendedor de sus mayores. 22

El nuevo giro en sus actividades comenzó con Juan Antonio de Aguirre Zubiaga (1800), el personaje que en virtud de su acelerada y viajera vida, facilitó la presencia de varios miembros de la familia en las lejanas tierras de Méjico. Juan Antonio fue el primer hijo del mencionado Juan Antonio de Aguirre Basarte y de Josefa Ramona Zubiaga Echeandía, nacidos ambos en Berango en 1775. Fueron seis hermanos, cinco varones y una mujer, de los cuales, cuatro tomaron la ruta del mar para encontrar el sustento bien alejado de la agricultura. Posiblemente la salida a la aventura de varios varones Aguirre de Berango se deba a que los años finales del siglo XVIII y casi la totalidad del XIX fueron especialmente convulsos para el país. Las guerras de la Convención (1793–1795) entre la Francia revolucionaria y España, continuando con la de la Independencia (1808–1813), y las guerras carlistas que no terminaron hasta 1876, dejaron, entre otras cosas, como triste recuerdo una economía lastrada y agotada. A los desastres de la guerra hubo que añadir la deficitaria estructura económica del agro vizcaíno, formada por unidades de producción de dimensiones muy reducidas. La necesidad de mantener las tierras indivisibles para no llegar a una atomización absurda, facilitó y fomentó la emigración a tierras desde donde llegaban noticias de bonanza. Se sabía en el imaginario colectivo local del siglo XVIII que variedad de vizcaínos ostentaron cargos preeminentes en la vida mercantil chilena y mejicana y que, al mismo tiempo, ocuparon cargos públicos locales relacionados con el comercio general. La fundación en 1592 y en la ciudad de Méjico de la poderosa Casa de Contratación, compuesta mayormente por comerciantes vizcaínos, dio buena fe del dinamismo de los vascos emigrados al nuevo mundo.


S

eguramente Juan Antonio, imbuido del espíritu del nuevo siglo y animado por el criterio de sus padres, estudió en la incipiente escuela de Santurce los saberes de Piloto de la mar océana. Desconocemos cuánto tiempo dedicó a los estudios reglados, porque con apenas diecisiete años realizó por primera vez la derrota de las Indias, la que le llevaría por recomendación de un pariente suyo –Manuel Antonio de Arteaga Aguirre– a la ciudad de Santiago de Chile para trabajar como dependiente en un comercio de la capital, iniciándose, así, en los misterios de la actividad mercantil. Los disturbios revolucionarios de la independencia de la colonia (1818) enrarecieron su futuro decidiendo, entonces, enrolarse en un buque inglés que realizaba la ruta del Pacífico. Bajo el tutelaje del capitán terminó de aprender el arte de marear, el que no pudo aprender completamente en la escuela de su Vizcaya natal. Mientras tanto, en la tierra de sus mayores, casi todos sus hermanos seguían igualmente la ruta del mar. De Juan Bautista (1803), el segundo, poco se sabe, salvo que murió en 1829, soltero, con veintiséis años, en algún remoto lugar de las costas de África. Domingo (1812), el cuarto, murió en la ciudad mejicana de Tepic (1871) con cincuenta y nueve años, también soltero, trabajando en los negocios que impulsó Juan Antonio, y finalmente, León (1815), el benjamín, realizó igualmente la travesía atlántica hacia Méjico para trabajar con su hermano, volviendo años después a su Berango natal, en donde casaría con Vicenta Alday. Falleció en 1883. Sólo uno de los varones, Francisco (1805), –el tercero– permaneció en el solar de Berango cuidando de las tierras y posesiones de la familia, consolando al mismo tiempo con su cariño y el de su hermana Josefa (1808) la nostalgia de unos padres anhelantes de la presencia de sus hijos. Josefa contrajo matrimonio con Juan Antonio Sustacha, otro marino, cuyo hijo mayor, Juan Antonio, pasó también a Cuba. Francisco, llegado el momento, matrimonió (1829) con María Cruz de Basagoiti Gorrondona, descendiente del caserío Manene, sito en la cercana aldea de Sopelana, limítrofe por el este con el linde de Berango. Del fruto de este enlace nacerían Pedro y Domingo, que continuarán hasta límites insospechados el empuje empresarial de su tío Juan Antonio, como se verá más adelante. Francisco de Aguirre y María Cruz de Basagoiti comenzaron sólidamente su proyecto personal en lo tocante a los bienes materiales. El nuevo matrimonio recibió por parte de Aguirre el caserío Landaida Abadena con sus pertenecidos y tierra para construir otro, según contrato matrimonial de 1829. Así mismo, recibieron en donación la viña Laveaga y el monte Jauncoerreca. Los Basagoiti dotaron a su hija con los medios suficientes para construir una nueva casa que se llamó Landaida Barri, la Nueva, en la que vivieron y nacieron sus siete hijos. Francisco dedicó su vida a la administración de sus posesiones beranguesas, ocupándose,

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además, de las de su hermano ausente, Juan Antonio, y las de otros parientes de Sopelana que realizaban las rutas de los mares. Es de resaltar que el padre y cuatro de los cinco hermanos varones de María Cruz de Basagoiti también dedicaron gran parte de su existencia a realizar las Américas, como capitanes de barco, o a trabajar en diversos oficios en las indias occidentales. Juan, Alejo, Tomás y Pedro emigraron a Cuba, pasando este último a Tepic en el año 1856. Sus tres hijos, Juan, Antonio y Luis, trabajarían más adelante también en la Casa Aguirre, lo mismo que su primo Tomás. Es enternecedor leer más de doscientos años después las notas de Juan de Basagoiti Arana, el padre de María Cruz, consignando cómo iba aparejando el buque en el que iniciaría una nueva singladura: Memoria de los que le voy poniendo al barco nombrado San Joseph ... Yo patrón, Juan Antonio de Basagoiti, en el año de 1772, es como sigue. Primeramente doscientas ochentas libras de cobre, y un barril de alquitrán, y cuarenta y un libras de estopa, y el gasto de los compañeros, y para componer velas, y cuatro manojos de hilos, y para componer el compás, ... y así hasta completar lo necesario para realizar un largo y peligroso viaje de varios meses.

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Francisco trabajó duro toda su vida, entre otras razones para mejor dotar a sus cuatro hijas –la quinta, Tomasa, murió de niña– para sus futuros matrimonios. En el testamento otorgado conjuntamente en Bilbao en el año 1871, el matrimonio Aguirre Basagoiti manifiesta claramente ésta preocupación: Que tenían 6 hijos legítimos llamados Pedro, soltero, Josefa, casada con don Domingo de Hormaechea, Leona, viuda de don Pedro de Icaza, Domingo, soltero y Jacoba y Mercedes. Que su hija Josefa percibió para su citado matrimonio los bienes que tuvieron por conveniente donar a la misma, que su hija Leona recibió también los dones que mandaron para su consorcio. Que eran dueños de las casas rústicas nombradas Landaida Abadena, Landaida la Nueva, de la llamada Berangoeta y de sus pertenecidos radicantes unos y otros en el Barrio de Moreaga de la Anteiglesia de Berango; que además les correspondían varios montes arbolares y terrenos de pan para sembrar, en la jurisdicción de la misma Anteiglesia de Berango; que no tenían deuda ninguna y sí diferentes créditos que resultarían de sus apuntes y documentos en su poder. Donan y mandan a sus dos hijos solteros las tres fincas indicadas, mandándoles también los montes y terrenos sueltos, así como la piperia, prensas y demás útiles para beneficiar chacolí. Esta donación la causaron bajo las cláusulas y circunstancias siguientes: Que a sus hermanas y nuestras dichas hijas Jacoba y Mercedes han de entregarle Pedro y Domingo la misma cantidad en metálico y efectos que donamos y mandamos vía dote y arreo a nuestras otras dos hijas Josefa y Leona. Que mientras no contraigan matrimonio las mismas Jacoba y Mercedes tendrían derecho a vivir en la casa Landaida la Nueva para lo que se les faculta local correspondiente así como terreno para laborarlo y aprovecharlo para atender a su sustento.


Estas propiedades, constituyentes del capital del matrimonio, en su conjunto, sobrepasan holgadamente una treintena de hectáreas, superficie notable para la fragmentada organización del terreno en Vizcaya. En los años veinte del pasado siglo, contando las aportaciones de Jacoba Oxangoiti y las compras de terrenos que Pedro de Icaza Aguirre y Juan Víctor de Aguirre hicieron en Berango, las propiedades conjuntas de los Aguirre eran de 1.257.010,83 metros cuadrados, o sea casi 126 hectáreas. Francisco de Aguirre vivía en la casa caserío Landaida Barri, por él construida. Su distribución era sencilla y suficiente. En la parte frontal se ubicaba la sala y, contiguo Entrada a la casa Landaida Barri.

a ella, un pequeño gabinete. En el otro extremo estaba la amplia cocina, con despensa y bodega, y un comedor por el que se accedía a un pasillo que comunicaba con la sala y a cuyos lados estaban las habitaciones. Disponía de dormitorio principal y cuatro más para los hijos, además de dos cuartos de baño. Por una empinada escalera se subía al desván que ocupaba toda la planta, que se utilizaba como trastero y camarote. Haciendo escuadra con la parte trasera de la casa, se encontraban la vivienda del casero y la cuadra. Por la dimensión de ésta y la disposición de los pesebres, tendrían, al menos, cuatro cabezas de ganado vacuno, que utilizarían como tracción animal en las labores del campo, asegurándose, además, la leche y tres o cuatro novillos al año, que engordarían para vender. Criaban también dos cerdos –en la cuadra había dos pocilgas– probablemente uno a medias con los caseros. Adosado a la cuadra había un cobertizo en el que se guardaban los aperos de labranza donde estaba instalado el horno de pan y el gallinero. Cercano a la huerta había un prado con árboles frutales. El cultivo de legumbres y hortalizas, patatas y maíz, de las viñas y la fruta, aseguraban la alimentación básica, completada por la carne y el pescado, adquirido en la cercana localidad de Algorta. El resto de sus propiedades eran explotadas económicamente en arrendamiento. El caserío Landaida Abadena constaba de tres viviendas, dos en la planta baja y una arriba. La cuadra y los terrenos estaban divididos entre los tres colonos que pagaban el arriendo correspondiente.

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a casa Berangoeta, restaurada por Francisco en el año 1851, cercana a la Iglesia parroquial, hoy en día Casa Cultural, también tenía tres viviendas o habitaciones como se decía en la época. Durante mucho tiempo, dos de ellas estuvieron alquiladas al Ayuntamiento como sede de la corporación. La tercera vivienda, el antiguo caserío, estaba alquilada a un labriego que además arrendaba parte de las heredades de la finca. En algún momento una de las habitaciones tuvo como inquilino al párroco Juan Bautista Gangoiti, tío del Doctor Gangoiti que casaría con Mercedes, la hija pequeña de Francisco y Mari Cruz. Otros ingresos se obtenían del arrendamiento de las heredades sueltas a diversos inquilinos, y explotaban también los montes, vendiendo leña y argomales, que también utilizaban para uso propio. Además, se cobraba al ayuntamiento de Guecho un canon por el uso del manantial de agua del monte Fauco–erreca. Las viñas plantadas en las heredades “Aranalde”, “Artechute”, “Labaestarta” producían hasta 750 azumbres, esto es, unos 1.500 litros de chacolí, que vendían y utilizaban para consumo propio. Producto de los montes era también la explotación de las canteras Artechute, Achandi o Ventachu oeste, ubicadas en sus cerros y que arrendaban al mejor postor. El beneficio llegaba del cobro de un canon por Nombramiento de alcalde de Francisco de Aguirre. Año 1845

metro cúbico extraído de sillería o de mampostería. El pueblo de Berango era bien conocido por su industria canteril: muchos edificios y chalets de Bilbao y Guecho, construidos con piedra arenisca, utilizaban material berangués: el edificio de la Diputación de Vizcaya, en Bilbao, y la casa de Lezama–Leguizamón, en Guecho, fueron construidos con la piedra de las canteras de Berango. Con piedra de Artechute se construyó la Escuela Superior de Enseñanza de los Jesuitas en Deusto, y con la de Achandi, la Casa Ampuero. Además de administrar de sus propiedades y la de algunos parientes emigrados, Francisco dedicó parte de su tiempo al servicio público como alcalde de Berango los años 1852, 1857 y 1868, y apoderado en las Juntas de Guernica los años 1848, 1852, 1854, 1858, 1859, 1860 y 1868. Vivían, pues, los Aguirre Basagoiti una vida sosegada, y desahogada, como notables rurales en su Berango natal. Mientras tanto, su hermano Juan Antonio continuaba alejado de los suyos ganándose la vida en la costa del Pacífico con diversa fortuna. Navega de aquí para allá en diferentes barcos dedicados al comercio de cabotaje, hasta que recaló en una misión española de California quedándose a vivir en ella durante un largo año. Al término, volvió a buscar un golpe de suerte que diera sentido a los sinsabores padecidos desde tiempo atrás, y embarcó rumbo a los mares de China. La diosa fortuna tampoco le sonrió en esta ocasión, y regresó de nuevo a las costas del Pacífico americano, a

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las rutas que conocía desde hacía años por trilladas. Recaló en el puerto chileno de Valparaíso, ciudad que para entonces se había convertido en un importante centro de importación de productos europeos, afanándose en el comercio con Acapulco y el pujante puerto de San Blas en la costa mejicana. Ganó una importante suma de pesos que volvió a incrementar para convertirse en 80.000. No sabemos cuándo Juan Antonio empezó su relación mercantil con José María Castaños Llano, oriundo de Portugalete y residente en Guadalajara –Méjico– desde 1810. Probablemente el paisanaje tuvo algo que ver. La cuestión es que aquél depositó el beneficio de sus últimas operaciones marítimas a la custodia e inversión de Castaños, titular de una próspera casa comercial en la ciudad mejicana de Tepic, y regresó a España en 1840, con cuarenta años de vida experimentada y veintitrés de ausencia de los verdes y suaves campos de Berango. Su vuelta a casa debió ser feliz y una continua fiesta, entre otras razones principales, porque pudo abrazar de nuevo a sus ancianos padres y al resto de su familia y, desde luego, porque conoció a la que sería su mujer. Juan Antonio se fue a vivir a Bilbao, a casa de Domingo Soparda Aguirre, escribano y pariente suyo, quizá para estar más cerca del puerto y de la 28

casa de contratación comercial de la ciudad más próspera del norte de España. En la capital de Vizcaya conoció a Jacoba de Oxangoiti Zumaran, hija de Cayetano de Oxangoiti y Ochandategui, natural y residente en la Villa, prima tercera suya y joven de veinticuatro años de edad, a quien propuso en matrimonio a pesar de las dificultades que encontraron para formar la unión debido a su consanguinidad. En las capitulaciones matrimoniales del 9 de septiembre de 1842, año de la boda, se explica que los padres del nuevo matrimonio dijeron: que mediante la Divina voluntad y para su santo servicio habían tratado que los enunciados, sus hijos, contrajeran matrimonio según orden de nuestra Santa Madre Iglesia Católica Apostólica Romana y, efectivamente, a su virtud y del poder que doña Jacoba confirió a don Juan Antonio de Aguirre y Zubiaga por necesitar de la dispensa de la Santa Sede en atención al parentesco que tiene, pasó a Roma, y obtenida en la forma que previenen los cánones, lo celebró en aquella capital del catolicismo, por poder, el día veintisiete de junio último... Mediante las siguientes capitulaciones: Que los presentados don Juan Antonio de Aguirre Basarte y doña Josefa Ramona de Zubiaga le donan, ceden y contratan a su citado hijo don Juan Antonio de Aguirre y Zubiaga para el matrimonio contraído con doña Jacoba de Oxangoiti y Zumaran e hijos de bendición que de él tuviesen la casa y caserío titulado de Aguirre. Los padres de la novia cedían a su hija la casa y casería solar Torre de


Ochandategui y todos sus pertenecidos honores, sepulturas y asientos de varón que tiene en esta iglesia parroquial de la memorada Anteiglesia de Berango, donde radican; con más, una sepultura en la iglesia de la Anteiglesia de Guecho y las tres casas y casonas de Echévarri, Urchubi y Landaida Aurrecoa con todos sus pertenecidos de tierras, heredades, montes sitos en la Anteiglesia de Berango. La dote de Jacoba tenía más componentes, como el Patronato de la Capellanía fundada por Águeda de Monreal, así como el mantenimiento del entonces su capellán Ramón de Ochandategui, tío de la novia. Los derechos de parte de una casa segregada en la Anteiglesia de Lujua, el molino de Duo Errota con sus pertenencias radicadas en la Anteiglesia de Lauquíniz; la casa de Ibarchue con sus tierras y montes situada en la misma Anteiglesia. Sus padres también quisieron donarle un tercio de la casa nº 130 de la calle Murguía de la ciudad de Cádiz, junto a otras propiedades. Las capitulaciones son un reflejo de en dónde se encontraba el valor material de una familia acomodada vizcaína mediado el siglo XIX. Este concierto de carácter público en el que los esposos ajustaron el carácter económico de su sociedad conyugal informa también de las actividades americanas de Juan Antonio, ya entonces prósperas después de muchos años en busca de la fortuna. Don Juan Antonio de Aguirre y Zubiaga dijo que a su salida del Reino de Méjico hace dos años, poco más o menos, contaba por su capital adquiridos con su industria de comercio sin parte de dependencia de otra persona, de ochenta mil pesos fuertes, o sea, un millón seiscientos mil reales de vellón, pero que habiendo después emprendido dos expediciones de bastante consideración para San Blas, la una en la barca inglesa nombrada Janet, y la otra en la barca española La Jacoba, cuyos resultados definitivos aún no se pueden señalar exactamente; y que lo mismo será la que arrojen las cuentas de sus encargados o comisionados, reservándose para entonces el hacer la manifestación justa a continuación de esta misma escritura para la mayor utilidad de fijar como dicho con exactitud. Al poco tiempo de inaugurar el nuevo matrimonio, Juan Antonio recibió noticias pesarosas de sus negocios mejicanos. Un conocido suyo, Agapito Somellera, le hizo saber que en el puerto de Cádiz había desembarcado un ciudadano de Tepic, advirtiéndole de que la Casa Castaños pasaba por malos momentos económicos y financieros. Juan Antonio, abrumado por la noticia, viaja al puerto sureño para confirmar la información y evaluar la gravedad de los problemas de la firma en la que había depositado todo su patrimonio. Era cierto. Si más dilación deja a su familia en Bilbao y emprende viaje a Méjico vía Londres.

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Capítulo 2: La Nueva España


MÉJICO

Tepic, la calle Llano.

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l virreinato de Nueva España, antecedente histórico del cual surgió Méjico, fue la nominación dada por la administración colonial española a la región del continente americano, comprendida, principal-

mente, por el Méjico actual, más los estados de América del norte bañados por los océanos. A su vez, sumaba la Capitanía General de Guatemala, reunida por las actuales naciones de Belice, Costa Rica, El Salvador, Honduras y Nicaragua, más Cuba y el Archipiélago filipino. La capital del virreinato se fundó en la ciudad de Méjico en 1535, siendo su primer virrey Antonio de Mendoza. El nombre de Nueva España surgió del parecido climático encontrado por los primeros colonizadores de esta enorme área con España. La importancia del virreinato y el interés de la metrópoli por su expansión estribó en su papel como principal productor de plata, bien escaso y de gran demanda en la Europa del siglo XVI. La búsqueda de minas, “El Dorado”, y la evangelización, “Las Misiones”, fueron el motor de la primera fase colonizadora que tuvo en la encomienda un primer esquema de la organización y división de la tierra. Más adelante, la Corona fue proporcionando títulos legales de propiedad a cambio de pago de servicios prestados o simplemente dinero, con lo que la encomienda se consolidó en la “hacienda” como base de la organización del campo.

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ero tan importante como estas figuras, minas, religión y campo, es la del comerciante–financiero, que luego sería también industrial, que acumula capital en el comercio monopolista atlántico,

estableciendo unas redes de intereses por todo el país. El Consulado de Méjico se establece en 1592 dominando la vida económica novo hispana de tal forma que, se podría decir que, junto con la Audiencia y la Iglesia, eran los máximos exponentes del asentamiento español, proporcionando los vínculos que mantenían unido este vasto territorio en expansión. Durante los siglos XVII y XVIII el debilitamiento del poder español, envuelto en conflictos y guerras europeas, en donde se gastaba la plata americana, hizo que las relaciones con la colonia fueran cambiando hasta tal punto que españoles y americanos residentes en Méjico tenían la sensación de estar abandonados por la metrópoli. Más adelante, en el siglo XIX, los nuevos aires emancipadores y liberales nacidos de la reciente revolución francesa hicieron ver a los criollos, privados de participar en la toma de decisiones, que ellos también podían ser los actores principales, los nuevos conductores de las colonias, constituidas en 34

naciones independientes. La primera eclosión independentista estuvo basada en el indigenismo, sin apoyo criollo, e iniciada tras el “Grito de Dolores” por el cura Hidalgo. Tuvo un carácter de guerra de razas, con cierto tinte religioso. Después de fusilado Hidalgo (1811), otro sacerdote, José María Morelos, continuó la lucha, siendo derrotado por Iturbide, e igualmente pasado por las armas en 1814. A partir de 1817, el espíritu del nuevo siglo se hace de nuevo políticamente presente en las Américas. Después de la revolución liberal española de 1820, el pronunciamiento de Riego –dirigido a evitar que las tropas españolas embarcaran rumbo a las colonias para zanjar definitivamente las revueltas independentistas– se convirtió en el espaldarazo definitivo para la independencia americana. En esta segunda etapa, el virreinato de Nueva España siguió su propio curso, hasta desgajarse de la corona para convertirse definitivamente en Méjico. El general español Agustín de Itúrbide, a quien el virrey Apodaca


había mandado acabar con los grupos independentistas que habían resurgido en las provincias del sur al mando de Guerrero, se puso de acuerdo precisamente con ellos en el llamado “plan de Iguala”, mediante el cual se proponía la separación pacífica y amistosa de la metrópoli –1 de mayo de 1821–, conservando hacia ella respeto, veneración y amor... Había llegado la hora de los criollos mejicanos, los que consiguieron cohesionar las fuerzas aglutinadoras para formar la nueva nación. El virrey de Méjico aceptó extrañamente también las conclusiones de Iguala, haciendo ver con la anuencia del documento la gran confusión reinante en aquella época. El 21 de septiembre de 1821 se proclamaba oficialmente la independencia mejicana. La Junta Gubernativa nacida con la constitución de la nueva nación, transfirió todo su poder al general Itúrbide, casi un año después –en mayo de 1822–, con el título de Emperador y con el nombre de Agustín I. El experimento imperial no duró mucho tiempo, entre otras razones porque otro joven general, llamado Antonio López de Santa Ana, manifestó a Agustín su 35

El cura Hidalgo. Año 1849 Mapa de la República Mejicana, destacado, el estado de Nayarit. Año 1913

disconformidad con la inaugurada estructura de gobierno mediante una serie de cuartelazos que le retiraron temporalmente. Itúrbide no quiso pelear más y abandonado por su ejército se embarcó en Veracruz con destino a Italia e Inglaterra, dejando de nuevo en el desconcierto a la joven nación. En marzo de 1823 se instauró la República mejicana bajo la presidencia de Guadalupe Victoria.


N AYA R I T

Territorio de Tepic. Año 1913

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ediado el siglo XIX, Nayarit –la tierra de los Aguirre durante más de medio siglo– se convirtió en un importante territorio de la costa occidental mejicana, y comarca en la que residió durante unas cuantas décadas un reducido grupo de vascos. En 1525 se detectó por vez primera la presencia de españoles en la región del actual Nayarit pero, al no establecer ningún asentamiento, se considera la incursión como una expedición exploratoria. Fue en 1531 cuando Nuño de Guzmán estableció en Tepic la cabecera del territorio, denominada Nueva Galicia, aglutinando los estados actuales de Jalisco, Nayarit, Aguas Calientes, Durango y San Luis de Potosí. Desde Tepic partieron las primeras avanzadas de españoles fundadores de las ciudades de Guadalajara y Jalisco. No fue fácil la conquista de este territorio ya que los nativos, conocedores del terreno, hostigaban continuamente a los invasores. Esta hostilidad hizo que Nuño de Guzmán tuviese que abrirse paso hacia el Norte a sangre y fuego, proceder que le dio fama de cruel y sanguinario y que más tarde le trajo problemas con la Corona española. Las diversas tribus del territorio no fueron del todo sometidas por los españoles, refugiándose, alguna de ellas, en las montañas, resistiéndose a la autoridad y a la labor evangelizadora de los franciscanos. La actual comarca de Nayarit no siempre fue conocida por este nombre. En 1824 era nominada como el Séptimo Cantón, período en el que perteneció al distrito de Jalisco; en 1867 era Distrito Militar, y respondía a la clasificación de Territorio de Tepic en 1884. En 1917 el territorio es reconocido como Estado y toma su nombre, Nayarit, de un valeroso indio de la tribu Cora llamado Nayar.

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ayarit está situada en la franja limítrofe con el océano Pacífico. Al norte limita con las comarcas de Sinaloa y Durango, la denominada Nueva Vizcaya en el período colonial. Las fronteras del este lindan con las tierras de Zacatecas; el sur hace frontera con Jalisco, y la marca del oeste termina en su encuentro con el mar. Su extensión actual es 28.371 kilómetros cuadrados, siendo el Estado más reducido de Méjico. La geografía es el resumen de una tierra privilegiada por su clima cálido y húmedo favorecedor de una vegetación exuberante. Nayarit está enclavado en un valle templado de tierra kárstica, rica en minerales que propician el desarrollo de una abundante agricultura intensiva. El río Mololoa, llamado también Tepic, atraviesa la comarca regando con sus aguas la planicie más fecunda del valle. En sus riberas surgió el corredor industrial que dio paso a la primera industrialización de la región a mediados del siglo XIX. El cuantioso caudal del río permitió emplear el agua como fuerza motriz para mover las máquinas de vapor de la época. La ausencia de carbón mineral en la zona hizo que fuera necesario utilizar leña para alimentar la maquinaria, acabando con los bosques de la zona.

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Las reformas borbónicas emprendidas por el rey Carlos III propiciaron el desarrollo agrícola en la región, favoreciendo un incipiente capital local. El pistoletazo de salida para la acumulación de riqueza en Nayarit y el impulso definitivo para el establecimiento en la zona de grandes haciendas agrícolas y ganaderas y otras industrias fue la apertura del puerto de San Blas (1718) en la costa del Pacífico. San Blas fue fundado como base española de los establecimientos coloniales de California y el Pacífico, pero en realidad alcanzó la mayoría de edad en el largo período emancipador. Los insurgentes, comandados por Morelos, bloquearon a partir de 1813 el puerto de Acapulco, impidiendo la llegada del comercio colonial con el resto de América, Filipinas y China. De esta manera tan circunstancial, San Blas, el puerto de Nayarit, se convirtió en el único puerto y principal motor de la comarca y, al mismo tiempo, en la puerta del eje Guadalajara–Tepic, el catalizador del oeste mejicano. En el año 1650, Fray Antonio Tello nos describe la fundación de la ciudad: A veintiséis de julio (1540) se hizo lista de vecinos, y fueron cien castellanos los que avecindaron y el gobierno les dio encomienda para perpetuarlos, aunque no tan aventajados como quisiera. En la misma época, los franciscanos fundaron un convento en Almacatlan. En el siglo XVII la actividad principal de la mayoría de la población era la agricultura que en las haciendas que empezaron a formarse se acompañaba de la ganadería, dada la riqueza de pastos naturales. Las minas de plata y oro de la región atrajeron también a mucha gente, fortaleciendo la actividad económica. En el siglo XIX la población de Tepic se había incrementado notablemente. A finales de siglo se llegó a quince mil habitantes.


En la historia industrial de Nayarit, su costa –distante de Tepic setenta kilómetros– ocupó desde siempre una página relevante. Desde antiguo su laboreo se destinó al cultivo del tabaco. Mediado el siglo XIX surgió un nuevo negocio en la zona basado en la siembra del algodón. Hasta entonces, el algodón destinado a los telares locales se adquiría en Ecuador, pero a partir de 1850 los nuevos algodonales de la costa de Nayarit comenzaron a surtir las fábricas, recientemente instaladas. Paralelamente, el desarrollo agropecuario experimentado en Tepic a mediados del siglo XIX no conoció precedentes. En el auge de Nayarit mucho tuvieron que ver un grupo de vascos que recalaron por aquellas tierras a mediados del siglo XIX y que, junto con otros Puerto de San Blas. Año 1875

españoles, ingleses y alemanes, hicieron de la región una pujante sociedad, basada en el duro trabajo y en la esperanza de encontrar prosperidad para ellos y

(Página siguiente) Plaza de Armas, Tepic. Año 1909

los suyos. Estas colonias de emigrantes llegaron a formar un entramado de relaciones de todo tipo –familiares, laborales, comerciales e industriales–, fundamentadas sobre todo en la ayuda mutua y en la confianza y que se autoalimentaba y crecía reclamando a parientes y amigos de su tierra originaria. Sólo en la Casa Aguirre, como ejemplo, nos encontraremos con empleados, directores de fábrica, administradores y apoderados, apellidados: Arana, Sarría –Pablo, Julián, Gervasio–, Aras, Ibarra, Ariño –Antonio, Gregorio–, Otamendi, Beitia, Irazusta, Aramburu, Hochoteco, Mondragón, Lanzagorta –Juan, Jesús–, Careaga, Uribarrena, Bustingorri, Oroz, Berecoechea, Galdeano, Maisterrena, etcétera; y a los parientes directos: Aguirre, Gangoiti, Basagoiti, Hormaechea y Ansoleaga. Otras casas importantes de la región relacionadas con vascos fueron la de Sucesores de Maisterrena, de origen Navarro; la de Juan Ramón Menchaca, natural de Algorta; la de Francisco Martínez Negrete, originario de Lanestosa; y la de Manuel Fernández del Valle. Fue precisamente en esta última Casa, en la hacienda de Mojarras, en la que trabajó, llegando a ser mayordomo, Félix de Unamuno y Larraza, natural de Vergara, padre de Miguel de Unamuno, nuestro ilustre filósofo y poeta. No nos olvidamos, por supuesto, de la Casa de José María Castaños, que fue la primera de dimensión relevante y origen, en cierto modo, de toda nuestra historia.

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L A C A S A C A S TA Ñ O S Y J U A N A N T O N I O D E A G U I R R E

Retrato de Juan Antonio de Aguirre Zubiaga. Año 1873 (Página siguiente) Fábrica de Bellavista en Tepic. Año 1858

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osé María Castaños arribó a Guadalajara, Méjico, en el año 1810 desde su Santander natal, donde había estudiado también Piloto de Altura. Era oriundo de Portugalete y pariente del General Castaños, que por aquel entonces bregaba contra Napoleón en tierras hispanas. Empleose como agente comercial de varias casas de Guadalajara y Tepic, siendo en esta ciudad donde contactó con la poderosa firma inglesa Barron y Forbes, fundada en 1823, a quien prestó su servicio, en calidad de capitán de barco, por el mar Pacífico. Castaños asentó su posición casando, en 1824, con Gabriela Lazcano, natural de Tepic y heredera de su padre, Antonio Esteban, próspero comerciante en la ciudad. Sus relaciones comerciales y mercantiles le permitieron, en los comienzos de los años veinte, reunir alguna fortuna que al poco tiempo le dio la capacidad para hacer sus propios negocios comerciales, que incluían operaciones de préstamo, fundando en Tepic la Casa Castaños. La vida de Castaños estuvo llena de éxitos mientras se mantuvo en el sector del comercio y el transporte marítimo. En 1834, la Casa Castaños poseía una flotilla de tres barcos que realizaban la derrota de San Blas–San Francisco y surcaba igualmente los mares de China. Su afán por encontrar nuevos negocios le llevó en los años treinta a asociarse con Ignacio Fletes para formar la sociedad mercantil Castaños–Fletes, y participar en la naciente industria textil, fundando una

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modernísima factoría con tecnología belga, la fábrica de Bellavista, que inaugura en el año 1841. No contento con esto, instala al año siguiente, impulsado por su inquieta iniciativa, un ingenio azucarero y una destilería de aguardiente en la hacienda de Puga, previamente adquirida. Su aventura industrial fue entendida como una intromisión por la poderosa Casa Barrón y Forbes, su antiguo patrón, que entre sus numerosos negocios era titular desde 1838 de la primera fábrica de paños de la región, denominada Jauja. Entre ambas firmas se declaró, entonces, una guerra comercial en la que el portugalujo llevó la peor parte, acuciado por problemas financieros y por una guerra sucia en la que los Barrón removieron sus influencias políticas acusando a Castaños de contrabando. Cuando Juan Antonio regresó, asustado, a las tierras de Méjico en 1844, la Casa de su amigo Castaños se hallaba en entredicho, hasta el punto que el año 1846 se declaró en quiebra, año en el que, así mismo, muere el emprendedor José María.

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Ante tal situación, Juan Antonio de Aguirre decidió acudir con su numerario a la solución establecida por los acreedores de Castaños para salvar su patrimonio. Los que tenían derecho a reclamar deudas, conformaron en 1847 una sociedad denominada Empresa Industrial de Bellavista y Puga con los bienes del finado. La firma tenedora de bienes se mantuvo en activo cinco años. Al constituirse la nueva sociedad, los propietarios tuvieron a bien nombrar a Juan Antonio de Aguirre como director general de la nueva empresa para que pusiera cuanto antes en marcha los fines de la nueva razón, que no eran otros que liquidar las deudas. Desde esta posición empresarial y gerencial, más el conocimiento adquirido mediante la nueva red de relaciones, Juan Antonio de Aguirre alcanzó su mayoría de edad profesional y se dispuso a poner los cimientos de la Casa más importante que nunca se dio en toda la historia de Nayarit.


CapĂ­tulo 3: La Casa Aguirre


LO S H ERMAN O S PE DRO Y D OM I N GO E N TE PI C

Título de Piloto de Altura de Pedro de Aguirre. Año 1844

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ientras la vida de Juan Antonio de Aguirre se mantenía alejada de la existencia de su familia en los mares del Pacífico, algunos de sus parientes encararon la propia siguiendo

también la estela de la mar. Pedro Pascasio de Aguirre Basagoiti, sobrino de Juan Antonio por ser hijo de su hermano Francisco, comenzó igualmente temprano su vida andariega muy lejos de su Berango natal. El 23 de septiembre de 1830 vio por primera vez la luz de la mañana sin saber que quince años después se alejaría, hasta su postrera madurez, del solar familiar. Después de realizar los estudios primarios en el colegio de Humanidades de Vizcaya, Pedro inició con catorce el aprendizaje básico de pilotaje en la Escuela de Plencia, muy cercana a Berango, bajo la dirección de Antonio Arrate, consiguiendo el certificado de Piloto de Altura en 1844. La Escuela de Plencia era una de las varias que formaban pilotos de altura bajo la dirección de capitanes y pilotos retirados, para con posterioridad, completar su formación mediante dos años de prácticas en la mar. Efectivamente, Pedro, recibida la instrucción teórica con Arrate, inició tiempo después, con quince años, su primer viaje de prácticas en el bergantín Euscalduna, rumbo a Cuba, bajo las órdenes del capitán Juan de Ugarte. La isla del Caribe fue un descubrimiento para el joven marino, y pronto quedó captado por la exuberancia de una naturaleza llena de luz y de vida nunca antes imaginada en su estrenada juventud. La fascinación de la isla hizo que

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se quedara en ella al amparo de su tío Alejo de Basagoiti –Sopelana, 1808–, presente en la misma desde 1825. El viaje que realizara Pedro por la derrota atlántica, posiblemente se encuadre en las singladuras de los últimos grandes veleros desaparecidos a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Desde entonces, aquellos viajes del mar, la antigua mar, se convirtieron en evocaciones melancólicas de unos tipos humanos y de unas formas de vida que ya sólo fueron historia para los narradores de novelas románticas y aventuras. Casi sin tiempo para descansar de tan larga singladura, Pedro comenzó a trabajar como meritorio en la tienda de abarrotes de su tío Alejo, denominada Fonda del Castillo. En 1847, y perfectamente asentado en las costumbres de la isla, cambió de ocupación para pasar a trabajar como mayordomo en un ingenio de azúcar; tenía diecisiete años. La factoría situada en la comarca de Cárdenas, provincia de Matanzas, era conocida como el Ingenio de Alcancía. Cuando se hizo cargo de su nueva responsabilidad habían transcurrido cuatro años de las revueltas de esclavos declaradas en el mismo ingenio, y que tanta repercusión tuvieron en la isla. Fueron años muy duros y de intenso trabajo que no terminaron de cuajar en lo tocante a una futura 52

estabilidad profesional en Cuba. Mientras la incertidumbre laboral se hacía presente en la vida del joven Pedro, continuó el cruce de cartas entre los miembros de su familia. En octubre de 1847, Pedro escribió a su padre en Berango preguntando por su tío Juan Antonio, perfectamente instalado en Tepic en la responsabilidad de sacar adelante la sociedad de acreedores de la quiebra de Castaños. Pedro desconocía la dirección de su tío y solicitaba a su padre que le diese noticia de mi tío Juan Antonio y que doña Jacoba –su mujer– me escribiera para evaluar qué posibilidades tendría de acomodo laboral en los negocios de su pariente. Pasaron muchos meses antes de que tuviera cumplida respuesta. En febrero de 1849 pudo leer del puño y letra de Juan Antonio las primeras noticias suyas en las que le manifestaba su interés por contar con su presencia en Méjico: con motivo de la quiebra de don José María Castaños,–le explicaba– que en algo estarás informado de estos asuntos, tengo a mi cargo un establecimientos de hilados y tejidos de algodón y una buena hacienda de caña, que este año proporcionará 40.000 pesos; en esta hacienda se elabora el azúcar por el aparato Derosme. Desearía –escribía ya con evidente petición de ayuda a su sobrino– que te dedicaras con empeño a aprender el método y la dirección de aparatos, y que tan pronto como estuvieses en actitud de poder desempeñar, vinieses a esta por lo que podrías sacar buenas ventajas. Así mismo te encargo te dediques a la siembra de caña con todo tu empeño, por lo que de este modo podrías desempeñar todo y me evitarías muchos disgustos con tantos empleados que actualmente tengo que ocupar…


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uvo que pasar un largo año para que Pedro se reuniera definitivamente con su tío Juan Antonio. Hasta que éste no diera la orden del comienzo del viaje se dieron en Tepic variedad de

acontecimientos societarios. Posiblemente por este motivo, y para que la primera carta que recibió desde Tepic no cayera en el olvido, Juan Antonio escribió a su mujer animándole a que pusiera unas letras a Pedro que reforzaran la sinceridad de su petición. Jacoba le hacía ver a Pedro que hago a usted estas letras para copiarle el párrafo que de 3 de febrero de este año me pone su tío de usted y mi esposo, a consecuencia de haberle manifestado los buenos sentimientos de gratitud y afecto que usted me demostraba en su apreciada de hace hoy un año y es como sigue: Como me tienes dicho que mi sobrino Pedro se halla en la isla de Cuba colocado en una hacienda de caña como mayordomo, te escribo hoy Carta dirigida a Cuba en 1850.

encargándote se aplique a la elaboración de azúcar por un nuevo aparato, el cual tiene Puga, porque de esto puede sacar ventajas de mucha consideración y ojalá que hoy estuviese en estado de poder desempeñar ese cargo, que podría ganar muy bien un sueldo de 1500 a 2000 pesos anuales. Estuviese bien que le escribas encargándole me escriba de todo lo que tuviese adelantado en este giro o en otro. Se hacía evidente la urgencia que sentía Juan Antonio en contar con el concurso de personas de su confianza para sacar adelante su proyecto empresarial y, al mismo tiempo, las dificultades que estaba sufriendo. Hoy sigue llamando la atención la positiva actitud de los protagonistas en la administración del silencio, esos largos períodos de tiempo ausentes de la información necesaria para poder decidir sobre su futuro con algo de éxito. El cruce de epístolas entre Güines, ciudad cabecera del valle de mismo nombre en la que vivía Pedro, Tepic y Berango, no se interrumpió hasta el inicio del definitivo viaje. En julio de 1850, Pedro escribe a su tía exaltado por la bonanza de sus recientes noticias: Mi siempre apreciable tía; casi con una alegría incomparable doy principio a esta para hacerle a usted sabedora de la que el día 20 del corriente recibí de mi protector y tío, y de su esposo, ordenándome me ponga inmediatamente en camino para su residencia, encargándome algunos encargos en solicitud de autores de maquinaria y adelanto de estas para la elaboración de azúcar, cumplidos los cuales pienso ponerme en camino, que será a fines del mes entrante –agosto de 1850–.

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Más adelante veremos como fue una constante en la Casa Aguirre de Tepic, el concurso de los mejores instrumentos que la época pudiera dar para explotar con el mejor rendimiento sus industrias manufactureras. Y al mismo tiempo Pedro manifestaba –en esta carta anunciadora de su viaje al Méjico–, que era un hijo de su tiempo y que los anhelos emancipadores de los cubanos encajaban perfectamente en su mentalidad moderna de un muchacho de veinte años. A su tía le hacía ver que partía con alegría e ilusión, ya que la isla se haya hoy en la situación más crítica que figurarse pueda; considere por un lado el cólera, que aunque no se ha propagado mucho, ha hecho sus horrores entre la Habana y Matanzas; por otro lado, la revolución o asalto que dio el general López de Cárdenas con objeto de quitar el yugo tiránico del gobierno español y formar una república. Desconocemos qué cara puso su tía Jacoba al leer por primera vez el criterio político de su querido sobrino sobre la presencia española en el Nuevo Mundo a mediados del siglo XIX. Sus tíos Basagoiti seguramente fueron a despedir a su sobrino Pedro al puerto de la Habana con la congoja de una pena inevitable, a pesar de que el acontecimiento, en última instancia, era esperado y deseado por su familia. Ellos no sabían que al darse el último y franco abrazo se separaban también Premio del Colegio de Humanidades de Vizcaya concedido a Pedro de Aguirre. Año 1842

para siempre, pues Tomás y Alejo de Basagoiti murieron en la isla en donde vivieron parte de su fecunda vida –1855 y 1867, respectivamente���. Alejo escribió el 9 de septiembre de 1850 una escueta carta a Berango, dirigida a su cuñado Francisco de Aguirre, comunicando que su hijo salió el 25 del próximo pasado para Veracruz para unirse con su tío en el rellano de Méjico, pues ha sido llamado por otras dos cartas para que vaya a dicho punto y lleve algunas instrucciones de las siembras de caña, que es con lo que se hace el azúcar. Considero que para el 19 del presente mes deberá estar en unión de su tío, si no tiene ningún contratiempo en el camino, pues desde Veracruz hay que caminar por tierra en las diligencias, que sólo el pasaje de la diligencia le cuesta sobre 60 pesos fuertes, y de la Habana a Veracruz otro tanto; en este país gastar es muy fácil, pero el ganar cuesta mucho trabajo. Y así era, el coste del ganar hizo que un nuevo Aguirre buscará todavía más lejos el sustento para su joven vida. El 25 se embarcó en la goleta Carísima gobernada por el capitán Iturrioz, llegando a Veracruz el 3 de septiembre. Desde ésta continuó ya en carruaje hacia Puebla, llegando el día 8. A Méjico capital tardó sólo un día, para llegar sin solución de continuidad a Querétaro el día 14. El 16 vio por primera vez la ciudad mejicana de Salamanca, para llegar el 17 a Guanajuato, el 19 a San Juan, el 22 a la populosa Guadalajara, el 30 a Tequila, el 1 de octubre a El Tajo, y definitivamente a su destino tepiqueño el 4 de octubre de 1850. Toda una agotadora travesía de un mes y once días.

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El encuentro en Tepic entre tío y sobrino debió asemejarse a la presentación que se hace entre dos desconocidos, de hecho lo eran, si es que el abrazo que se dieron no estuviera mediado por los lazos misteriosos que nacen de formar parte de una historia común. Nada más llegar Pedro a Tepic, Juan Antonio encarga a su sobrino la dirección y responsabilidad última del ingenio azucarero de Puga, manteniendo al mismo tiempo a Manuel Aras, oriundo igualmente de Vizcaya, en la dirección de la fábrica de Bellavista. Con seguridad Juan Antonio hizo un acto de fe en las dotes organizativas de Pedro y en su capacidad para llevar adelante la complejidad de un ingenio azucarero. Pedro tenía sólo veinte años y una reducida experiencia como gestor de fábrica, pero es que no contaba con nadie más que le asegurara la lealtad a su proyecto y a su persona, cualidad imprescindible en aquel lugar y en aquel momento para que su aventura empresarial llegara a buen puerto.

P

edro de Aguirre se encontró con un entramado industrial complejo y nada claro de vaticinar. Aquella sociedad denominada Empresa Industrial de Bellavista y Puga, tenedora de los bienes de

la quiebra de Castaños y dirigida por Juan Antonio de Aguirre, iba de mal en peor. Los socios más importantes comenzaron a manifestar disparidad Pedro de Aguirre Basagoiti, a los 21 años de edad. Óleo de C. Párraga.

de criterio en la gestión de la sociedad, de tal manera que se hacía inviable. Este fue el ambiente en el que Pedro de Aguirre hizo sus primeras armas como director de una fábrica y la escuela en la que se formó para construir posteriormente, junto a su hermano Domingo, el mayor emporio que se diera nunca en la región de Nayarit. El resultado de la controversia se concretó en la constitución de una nueva sociedad en 1852, denominada Compañía Tepiqueña. Dicha compañía estuvo formada por cuarenta socios, siendo los principales: E. R. Langivontly de Manchester, H. J. Blume de Hamburgo y Barrón–Forbes y Compañía, que tenían créditos refraccionarios, además de Juan Antonio de Aguirre, Manuel Antonio de Luzárraga, los hermanos Fernández Somellera y J. A. Mota, entre otros. Esta reunión de compañías formaban lo más granado de las firmas operantes en Tepic, Guadalajara y el oeste mejicano. Pedro, espectador atento de cuanto sucedía, escribió a su tía Jacoba en febrero de 1853 poniéndole al corriente de la aventura empresarial de su marido, también desde hacía tres años, suya, y de las dificultades con las que se estaban enfrentando: Mi muy querida tía: He recibido la muy desconsoladora carta de usted, fecha 24 de noviembre pasado, en la cual veo lo mucho que usted padece por la larga ausencia de su esposo, mi tío; pero, en cambio, tengo el placer de decirle que quizás esta no sea ya tan larga como usted pudiera temerla. Me explicaré. Ya usted debe estar enterada del compromiso que contrajo en el

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año 50 en la fábrica de Bellavista; esto es, que se hizo cargo de la tercera parte por término de 4 ó 5 años; pues bien, acabado el tiempo que tenía de compromiso en la dirección de estas fábricas y demás bienes de la testamentaria de don Manuel Castaños, se disolvió la Compañía Industrial de Bellavista y Puga, que se componía de todos los acreedores de dicho Castaños y, en consecuencia, se pusieron en pública subasta los dichos bienes, no sin haber tenido alguna oposición y trastornos por parte de los hijos del finado Castaños: el resultado fue que se remató y figuran como los rematantes mi tío, el señor don Guillermo Forbes, el señor don Enrique Blumen y el señor don Juan Antonio Mota como apoderado y representante de unas casas de comercio de París. Las bases sobre que se formó esta Compañía las ignoro absolutamente, y se titula Compañía Tepiqueña. Instalada esta Compañía se observó desde luego que dos de los tres socios lo querían trastocar todo: en efecto, para que mi tío siguiera de director le pusieron varias condiciones, que no podía aceptar, hablaron a troche y moche de él y de nosotros y nos hicieron y nos están haciendo pasar muchos sin sabores; el resultado fue que agotada nuestra paciencia hicimos dimisión de nuestros destinos, él, don Manuel Aras y yo desde noviembre pasado. En consecuencia, don Manuel me entregó la administración de esta Hacienda pero por consideraciones a mi tío nos está acompañando, pues bien 58

conocerá usted que siendo estos dos destinos bastante para dos, era difícil los pudiese soportar yo solo. En cuanto a Bellavista, trataron los socios de cerrar la fábrica, como en efecto lo hicieron; pero mi tío era imposible que pasase por esta determinación puesto que cerrada o abierta tenía que pagar lo mismo la renta, y así es que trató de que siguiera trabajando por su cuenta como en efecto siguió. Al ver esto los socios le han cedido las otras dos terceras de la fábrica en arriendo por el término que tenía de compromiso con la primera tercera parte, que tenía ya por su cuenta, de suerte que ya ahora puede trabajar sin temor de que los socios le interrumpan. Según las cuentas que me ha mostrado el director de Bellavista, que es mi compadre, dan una utilidad cuarenta a cincuenta mil pesos por el año: esto es satisfactorio. Volviendo a hablar de mí, diré a usted que hace tres semanas estoy esperando día por día quién me reciba esta hacienda y quizás dentro de poco tenga el gusto de anunciarle mi separación: tengo entendido que después quiere mi tío llevarme a su lado para ayuda de los trabajos que son los siguientes: al cargo de una fábrica como Bellavista, ya él debe conocer de lo que soy capaz: también debe haberle hablado a usted algo de mi comportamiento en esta hacienda; hoy día tengo a mi cargo el destino de maquinista y director, que por cierto, cada uno de por sí es una carga bastante pesada, sin embargo, ambos los estoy soportando, pudiendo decir que nunca Puga ha hecho tanto azúcar por semana como lo estoy haciendo al presente, pues bien: ¿Qué extraño sería que después de haberme impuesto


bien de todos los negocios, haberme relacionado con sus corresponsales y puéstome al corriente de todo una vez me dejase en esta y fuera para esa. Creo que [Juan Antonio de Aguirre] desea comprar de una vez la fábrica y yo lo deseo muy vivamente: aseguraría de este modo una cuantiosa renta y, en tal caso, no habría inconveniente en que usted pase a esta [venga a Méjico] o él [Juan Antonio] fuera para esa [Bilbao]... La carta continuaba haciéndole ver que Juan Antonio penaba la ausencia de su mujer e hijo. Se habían cumplido diez años desde su separación y el estado anímico del primero de los Aguirre en Méjico estaba al borde de la desesperación. Su tía se encontraba en idéntica situación dolorosa, al tenor de la información que ésta le manifestaba. Por este motivo, Pedro le hacía ver que si el desarrollo de los negocios no sufría nuevas contrariedades, en poco tiempo podrían encontrarse de nuevo. A continuación, consideraba en voz alta la eventualidad de que su tía se fuera a vivir a Méjico, pero duda por falta de datos de esta posibilidad. Apenas he podido hablarle con respecto a usted, pero si usted considera que pudiera hacerlo, no tiene más que señalarme el camino que yo lo allanaré. Varias veces he pensado que sería conveniente pasase usted a esta pero ignorando si sería o no del agrado de usted, que esto me sería muy satisfactorio, pues podría contar en este caso con el cariño de una madre. 59

Desde mi última, he tomado un sin fin la pluma para escribir a usted, pero otras tantas la he soltado por no poder dar a usted si quiera un consuelo, hoy que he visto la de usted y veo su desconsuelo no la he podido menos decir lo que siento, con la convicción de que tengo fundadas para creer conveniente para todo cuanto llevo dicho. El tío Domingo [Aguirre] está navegando en el Pacífico y en cuanto tenga oportunidad le haré presentes sus recuerdos estando seguro de que se los agradecerá pudiendo devolvérselos en su nombre, pues no soy extraño al afecto que a usted le profesa. Los comentarios que hacía ver Pedro sobre la posible solución a la sociedad resultante de la quiebra de Castaños se cumplieron perfectamente. La explotación azucarera de Puga pasó al dominio de Barrón, y Juan Antonio de Aguirre se quedó en arriendo con la fábrica de hilados de Bellavista. Respecto a su situación laboral, Pedro nos viene a decir que a pesar de haberse despedido, junto a su tío y Aras, se mantiene en Puga a la espera de entregar la dirección a la casa Barrón que se había hecho cargo de la explotación de dicho ingenio. En 1854 Juan Antonio compra 2/9 de Bellavista a los herederos de Fletes, continuando con el arrendamiento del resto. Siendo esta la nueva situación, Juan Antonio traslada a su sobrino Pedro a la oficina administrativa de la empresa textil para que se fuera haciendo con todos los resortes comerciales y financieros de la nueva aventura. Igualmente, Juan Antonio hizo ver a


Manuel Aras que ahora necesitaba que se ocupase del trapiche que había adquirido en 1849 para producir azúcar y aguardiente llamado La Escondida, que con el tiempo se convirtió en el ingenio más importante de azúcar en la región. La Escondida fue la primera compra que realizara Juan Antonio de Aguirre de un conjunto de sucesivas fincas y ranchos que se unieron en 1879 a La Escondida, formando una única hacienda de gran extensión, como veremos con posterioridad.

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esconocemos la fecha exacta de constitución de la casa comercial que giraba bajo el nombre Juan Antonio de Aguirre. Probablemente iniciaría su actividad a finales de los años cuarenta al quedarse, en

el remate de los bienes de Castaños, alquilando 1/3 de Bellavista y adquiriendo el trapiche de La Escondida. Su conformación estuvo llena de dificultades debido a la competencia, que ya arruinó a Castaños, con la potente firma Barrón y Forbes, propietaria de la fábrica textil de Jauja y que tenía a su cargo también la explotación de Puga, llenando de sinsabores a Juan Antonio y el joven Pedro. La absorbente dedicación de Pedro a la Casa Aguirre no le impidió, desde la lejanía, ocuparse de su familia. El 19 de febrero de 1853 escribió a los suyos manifestando que se encargaría de sufragar los gastos de la educación de

Domingo de Aguirre Basagoiti, a los 21 años de edad. Óleo de C. Párraga.

su hermano Domingo –Berango, 1841–, el pequeño de los varones, al que llevaba once años. La noticia tuvo inmediata respuesta con carta encendida de su tía Jacoba: Mi querido sobrino Pedro: Contesto a tu grata del 19 de febrero diciendo que me diste mucha satisfacción con la resolución que has tomado de hacerte cargo de la educación de tu hermano Domingo, porque es una prueba más de tus buenos sentimientos. He dado varios pasos para informarme sobre el colegio en que se podrá ponerle, y vista la explicación de diferentes personas que tienen en él sus hijos, nos hemos decidido por el de un tal Barnera, yerno del difunto Ansuátegui, tanto por el buen trato y cuidado esmerado con que parece atienden, cuanto porque según aseguró su catedrático y persona de nuestra confianza, son los discípulos que generalmente salen más adelantados en los exámenes. Desde el primer momento y para el caso de Domingo, no se vio necesario que se formara en las artes de la mar, ciencia que aquilataba los saberes matemáticos, pero no así los rudimentos necesarios para el trabajo comercial. Es posible que su hermano Domingo pasara a residir con su tía Jacoba en Bilbao, ya que sus padres seguían viviendo en el caserío solar de Berango. Domingo comenzó sus estudios el primero de mayo con un coste de siete reales al día, más los gastos de vestirle correctamente, siempre más gravosos que la indumentaria que llevaba en la aldea. El año 1853 fue intenso en la formación del pequeño de los Aguirre y a esta tarea se dedicó con esmero, pues ya sabía que al término de los estudios

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primarios viajaría a Méjico para reunirse con su hermano. Domingo sintió la necesidad de hacer ver a Pedro su agradecimiento, participándole de sus esfuerzos e ilusiones ante el futuro que se le aventuraba. Por mi señora tía Jacoba –escribió a Pedro en diciembre de 1853 y contando doce años–, supongo sabrás que desde el primero de octubre estoy dedicándome a las matemáticas en el Instituto, y habiendo acabado la aritmética voy a principiar después de fiestas con el álgebra, sin perjuicio de continuar en el colegio con la geografía y el analizar en la gramática castellana. El señor maestro y dicha tía opinan que no debo principiar en el francés, tanto por afirmarme en la lengua propia, como por no recargarme de lecciones... Y si Pedro realizaba esfuerzos por formar a su hermano, él hacía lo propio tomando clases de inglés en Tepic, seguramente intuyendo que su tío Juan Antonio no tardaría mucho tiempo en regresar a España, quedándose él al frente de la Casa Aguirre. Las noticias que Pedro recibía desde España sobre el aprovechamiento de su hermano le tranquilizarían lo suficiente para considerar que ese frente y la continuidad de los negocios estaban bien cubiertos. En cambio, la situación interina de Méjico se complicaba cada día más. Como consecuencia de la guerra de Méjico contra los Estados Unidos y la Calificaciones del Instituto Vizcaíno concedidas a Domingo de Aguirre en matemáticas. Año 1855

pérdida de los territorios de la frontera del norte, se restableció la República Federal con la atomización de conjunto de Estados gobernados por cámaras elegidas por una pequeña minoría. La anarquía se apoderó del país. En 1852 explotó una revuelta en Guadalajara capaz de acabar, por su virulencia, con la segunda República Mejicana. El golpe de estado se conoció como Plan del Hospicio. La situación era tan complicada que los partidos políticos no tuvieron más remedio que llamar nuevamente al general Santa Ana; otra vez el militar ocupó la presidencia de Méjico bajo el perfil de una dictadura centralizadora. Su gestión no debió ser del agrado de los partidos liberales que acabaron uniéndose en 1854 para derrocar nuevamente a Santa Ana al cabo de año y medio. La inestabilidad se apoderó también de la economía penalizando a todas las empresas del país. Méjico no terminaba de despegar. Mientras se desarrollaban estos acontecimientos, Domingo se preparaba para embarcar e ir al encuentro de su hermano y tío en los primeros meses de 1856. Mientras tanto, Jacoba Oxangoiti animaba a su sobrino ante las noticias que llegaban de la situación política mejicana y hacía ver por carta a Pedro –24 de diciembre de 1854– que tu hermano está loco con la idea de pasar a tu lado, y no dudo que saldrá joven de provecho y te gustará; verdad es que la suerte le favorecerá con el porvenir que se le presenta, y las comodidades con que va a hacer su viaje, bien distinto de lo que principiasteis tu buen tío y tú. Seguramente estas expresiones serían un buen lenitivo para aliviar la pesadumbre más allá del Atlántico.

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El encuentro emocionado de los dos hermanos se produjo en junio de 1856, tras once años de larga separación. El viaje que realizó Domingo se asemejó al de su hermano en una única cuestión: ambos contaban quince años cuando se despidieron de sus padres en Berango. Pero en este caso Domingo inició su nueva vida acompañado por el vizcaíno Manuel Aras, el empleado fiel de los Aguirre en la industria azucarera tepiqueña, y presente en la villa del Nervión por motivos de descanso desde diciembre de 1855. Fue Aras quien se acompañó de Domingo a su regreso a Méjico. La situación política de la República Mejicana y sus derivaciones económicas retrasó una vez más el viaje de Juan Antonio de Aguirre a Bilbao para reunirse con su familia. Jacoba, dolida por la noticia, ya no podía ocultar su frustración cercana a la desesperación. Por este motivo, Juan Antonio envía a su sobrino Pedro a Bilbao en busca de su familia; el 13 de enero de 1857 volvió a encontrase con los suyos después de doce años de ausencia. La estancia de Pedro en Berango y Bilbao fue comprensiblemente reducida ante los problemas que dejaba en Tepic. Además, su tía Jacoba, decidida a viajar a Méjico con su hijo Juan Víctor, nacido en Berango en 1843 y su sirvienta Isidora, urgía a ponerse con Pasaporte. Año 1857

celeridad en marcha. Así lo consignaba Pedro en carta a su tío en marzo de 1857: Estimado tío: a pesar de lo que le escribí a usted con fecha del 24 de enero desde Bilbao, de que nuestro viaje sería por Cádiz, tuvimos que desistir de este propósito por causas que a nuestra vista explicaremos a usted, y en consecuencia tomamos la vía de los paquetes ingleses, habiendo salido para ello de Bilbao el 16 de febrero... Nos embarcamos en Southampton el 2 del corriente en el vapor Atrano y llegamos a Santo Tomás el 14; de este puerto salimos para la Habana el 18 y llegamos el 22. Últimamente habiendo salido de este puerto el 24, entraremos en el puerto de Veracruz... Es increíble lo felices que hemos dado nuestra navegación, puesto que hasta los capitanes de los vapores dicen no haber hecho nunca un viaje con unos tiempos y mares más hermosos y bonancibles. Si bien, no obstante, han pasado mi tía y primo unos cuantos días pesados por el mareo, pasados los cuales han seguido muy bien y sobre todo Juanito, que ha engordado y se ha hecho tanto a la mar que hoy está como si toda su vida hubiera andado en ella. El lunes próximo debemos salir de Veracruz en la diligencia, caso que podamos conseguir los asientos, para lo cual pienso hacer lo posible, pues que antes de desembarcar equipajes y ninguna otra cosa, procuraré saltar a tierra y asegurarlos. En Méjico estaremos dos o tres días para descansar y en seguida nos pondremos en camino para Guadalajara. Quince años después de su boda volvieron a encontrase de nuevo.

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TRABAJO EN EQUIPO

Hacienda La Escondida. Año 1900 (Arriba) Agenda de Pedro de Aguirre Basagoiti. Año 1859

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uvieron que pasar todavía varios años más antes de que la Casa Aguirre tomara velocidad de crucero. El incipiente impulso que supuso la gestión de Bellavista y la compra de La Escondida se vio

en muchas ocasiones aminorada por la situación política y económica general, más el estilo de la gerencia de la Casa en particular. Algunas de estas dificultades fueron reflejadas por Pedro en una nota dirigida a su amigo Francisco Goiri. En ella realiza un somero resumen de algunos aspectos de la empresa en los últimos años y de la ocupación que consumía sus días. A mi vuelta para esta [Tepic], que fue en el 57, me traje conmigo a mi tío [Pedro Basagoiti] que yo tenía en Güines, y a la señora de mi tío de Bilbao. Desde esa fecha no me he movido de aquí, donde me tiene como mula vieja de tahona, dando vueltas en un círculo sin fin. El año 53 nos separamos todos de la hacienda de Puga y a su tiempo me hice cargo de los libros de mi tío, que tomó por su cuenta una fábrica de hilados y tejidos llamada Bellavista. Posteriormente ha formado una pequeña hacienda de caña que ya produce cosa de 20.000 arrobas de azúcar, y yo sigo siempre con mis libros. Pero la principal preocupación de quienes estaban en la menudencia del negocio se refería al riesgo que con frecuencia acometía Juan Antonio de Aguirre. Manuel Aras, alto empleado y amigo preocupado de la Casa, trasmitió a Pedro, en mayo de 1857, con absoluta sinceridad que las cosas no iban nada bien y que podían ir mucho peor: Mi estimado amigo Pedro: No sé lo que me pasa porque no acierto a explicar, pero es el caso que algo

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extraordinario pasa por mí. Necesito pues desahogarme para no reventar. Tu tío insistiendo siempre en su idea de explotación, vuelve de nuevo a la carga con remache, como si para devengarse de lo infructuoso de sus exploraciones, no fuera bastante lo de la Casualidad, los Negros, Acuitapilco y la Constancia, en cuyas minas por las manos impuras de cuatro bribones se le han ido de seis a ocho mil pesos, cifra de la que se resiente esta pobre y descuidada finca que por ahora casi marcha hacia el ocaso... ¿Qué es lo que piensa? Tú no lo sabes ni yo tampoco, pero si es que debía economizar hasta el claro de la manteca, como dicen por aquí y estar más sobre la verdadera mina. Con tales despilfarros, ¿será posible que luzca cualquier negocio? No. Y qué no habrá pensado en la consecuencia que puede tener un mal eco en todos los que se han interesado por él o tienen relaciones. Días pasados fue a Temaeche en comisión con don Carlos Edson, para ver una nueva veta recientemente descubierta y según explicación que me dio, fue infructuoso su viaje y nada de nuevo obtuvo que fuese de guía. Estoy en el temor de que tu tío se comprometa de nuevo y esta será la quinta edición de la casualidad, que en tal caso será injustificable precediendo tan recomendables desengaños. Pedro de Aguirre estaba ciertamente preocupado por la obsesión minera de 68

su tío, intranquilidad que nunca puso en duda el cariño que le profesó durante su vida. Tres años antes había considerado la posibilidad de separarse definitivamente del mayor de los Aguirre para montar con un amigo un negocio independiente, entre otras razones, porque sus emolumentos de asalariado eran con frecuencia insuficientes para su gasto. Ante la petición que su padre le hizo de ayuda económica, para que ayudara a sus hermanas en Berango, le respondió lacónicamente con un intente colocarlas bien –casarse–, ya que poco puedo hacer al no tener ni un solo peso. Tanto Aras como Pedro de Aguirre tuvieron que acudir al carácter de doña Jacoba para que hiciera recapacitar a su marido y limitara el gasto en aventuras profesionales de alto riesgo. La conversación del matrimonio se produjo en este pormenor y Aras encontró de nuevo la tranquilidad. Olvidada la aventura minera, Juan Antonio, concentra de nuevo sus esfuerzos en la industria textil. A finales del año 1857, Juan Antonio, no contento con los 2/9 de Bellavista, la fábrica de hilados, que compró en 1854, adquiere a la Compañía Tepiqueña los dos tercios de Bellavista que ésta poseía y que ya tenía en arriendo desde 1853. El precio de la compra se escrituró en 55.000 pesos, pagaderos en dos plazos de uno y dos años. Asumía, así mismo, la deuda que la Compañía Tepiqueña tenía con la Casa Luzárraga de Guayaquil, Ecuador, suministrador de algodón de la fábrica textil. En garantía de este pago, hipoteca, en el mismo documento, la propiedad a favor del proveedor ecuatoriano.


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a deuda hipotecaria era tal que redujo considerablemente las posibilidades de otros créditos para la firma. Era necesario imponer una férrea mano que controlara el gasto. Y en estas estaban. Parte de

la solución a estos y otros problemas gerenciales vino de la confianza que Juan Antonio siempre tuvo en su sobrino Pedro; el 11 de octubre de 1859 Juan Antonio otorgó a Pedro poder universal, en la ciudad de Tepic, para que llevara, en su nombre, todos los asuntos de su sociedad. Las deudas contraídas para la adquisición de Bellavista y otros bienes, seguramente hubieran ahogado a los Aguirre si la familia Somellera no hubiera acudido en su auxilio abriéndoles en 1859 la necesaria línea de crédito hasta una cantidad de 50.000 pesos. Los Somellera, oriundos de Limpias, Cantabria, eran viejos y buenos amigos de Juan Antonio. Poseían una prestigiada y solvente casa de comercio en Guadalajara y Mazatlán, capaz de poner en el mercado la producción de la Casa Aguirre, entre otras. La década de 1850 a 1860 fue especialmente caótica y peligrosa para todos los habitantes de la comarca de Nayarit. No hay carta en este período en el que no se refieran noticias sobre el estado social, presentando a menudo situaciones dramáticas para la familia Aguirre y sus allegados. La guerra y revueltas entre liberales y conservadores fueron de tal calibre que propiciaron más de una noticia en la prensa local de Bilbao, llenando de inquietud los corazones de quienes las leían. Pedro de Aguirre relata en noviembre de 1859 a Manuel Leal, amigo comerciante, los cambios que se han producido en Tepic, y no tiene miedo a exagerar los contenidos de su crónica: Amigo: para relatar a usted el cambio de esta ciudad desde su salida hasta la fecha sería menester escribir un poema épico, lo cual no está a mi alcance, por lo mismo sólo apuntaré a usted los hechos de más bullo. El día de la entrada de Coronado, después que con un cañón abrieran la casa de Menchaca, que la destrozaron, y después que fusilaron a algunos en la plaza, se dirigieron a mi casa unos ochenta soldados con el mismo Coronado a la cabeza y con un cañón, con intención de destrozarla y saquearla, bajo pretexto de que de la casa se les había hecho fuego... Ocho días después, nuevamente Pedro escribía a Cayetano Oxangoiti, padre de su tía Jacoba, presentando la irracionalidad de la situación política derivaba en guerra abierta: Desde junio a la fecha parece que la Providencia ha querido que Tepic fuese teatro de los sucesos más varios y desastrosos que pueda sufrir una población. En la primera fecha estuvo esta plaza ocupada por la fuerzas conservadoras; fue atacada y tomada por los liberales. A fines de mes fue recuperada por los conservadores. En septiembre entraron de nuevo los liberales y, a principios del corriente, estamos ya otra vez con los conservadores. Y no crea usted que ninguno de ellos ha abandonado ni una sola vez sin haberse resistido, sino que unos y otros al abandonarla han sido a su turno derrotados, saliendo siempre victorioso el que ha atacado... naturalmente se creerán ustedes en esa que si los que han atacado han

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vencido siempre, será porque al atacar (como parece regular), tendrían más fuerza los de dentro; pero por más increíble que parezca, siempre ha sucedido al revés... terminaba ironizando Pedro, no sin amargura. Tanto despropósito facilitó en última instancia que las autoridades de aquí empiezan a hacer alcaldadas..., quieren prohibir la salida de buques, así que el último que salga será el Guillermo desde el puerto de San Blas. La situación no terminó de estabilizarse hasta muchos meses después. Mientras tanto, los tepiqueños vivían en vilo al albur de cualquier arbitrariedad como, por ejemplo, el secuestro de Fernando Menchaca, cuyo rescate costó 56.285 pesos, sufragado por su familia, empleados, amigos y vecinos, entre los que se encontraban los Aguirre. Pedro de Aguirre contaba a su padre –30 de octubre de 1860– que los bandidos asediaban los caminos y las calles de la ciudad, en tal medida que no puede usted imaginarse el estado de Tepic. Esta noche a las siete y media he andado casi medio pueblo y no he encontrado más que un viejo y un muchacho; no hay 70

una casa abierta, ni una luz, los pasos míos casi me daban pavor y parecía que caminaba entre tumbas o en medio de una de esas ciudades arruinadas que se encontraban en el oriente y, sin embargo, después de la salida de Rojas, no ha habido desórdenes porque ayer a cosa de las tres de la tarde entraron trece lozadeños que empezaron a hacer de las suyas; pero antes de las cuatro estaban ya aquí don Carlos, don Jesús y otros que empezaron a recorrer las calles, recoger a los que andaban dispersos; les quitaron lo que habían robado y lo devolvieron a sus dueños y quedó todo en orden. Hoy los han despachado a todos para San Luis y no queda aquí ningún lozadeño, así es que hay orden y el silencio no es por temor, sino porque no hay habitantes. Todos los alrededores de Tepic están devastados por el fuego. Puga parada. Bellavista y Escondida siguen bien. Las demás haciendas y ranchos completamente abandonados. Como siga este estado de cosas se acaba de minar Tepic... La fábrica de Bellavista estaba bien, es cierto, como comentaba Pedro, pero después de estar parada casi once meses a consecuencia de un incendio fortuito. El accidente les supuso una pérdida de 32.000 pesos más lo contabilizado en la materia prima de algodón. Pedro y todos los familiares Aguirre en Tepic hacían votos para que ahora no nos molesten y tengamos más desgracias, para que podamos trabajar y veamos el rumbo de dejar cuanto antes esta tierra que ya me está cansando con tantas revueltas.


La fábrica de Bellavista estaba dirigida desde 1860 por Domingo de Aguirre, después de pasar un período de aprendizaje en las oficinas centrales de la Casa en Tepic. Domingo también sufrió en carne propia los excesos de la guerra y casi le costó la vida en el período que se hizo cargo directo de Bellavista. Pedro escribía en abril de 1861, todavía asustado, que para corroborar las tristes noticias de la última diré a usted que los serranos anduvieron toda la semana pasada por estos alrededores en un número como de setecientos hombres. Entraron en Bellavista (en la ranchería) como sesenta, los cuales mataron a tres infelices operarios e hirieron de gravedad a otros dos, hasta llegaron a tenderle un fusil a mi hermano Domingo, pero no le tiraron... Gran parte de los sinsabores padecidos en este período fueron mitigados en gran medida por las noticias que recibían de España. Sus cuatro hermanas habían crecido y tomaban la pluma para conversar con sus hermanos desde la distancia, y participarles sus inquietudes y las importantes menudencias que formaban parte de sus vidas. Siempre fueron conscientes de los peligros que acecharon a sus familiares, y cuando las noticias de América escaseaban, les hacían ver con gran compresión que estaba con ellos: sin ninguna de vosotros, os escribo ésta con muchísimos deseos de tener la vuestra cuanto antes, para quedarnos satisfechos sobre la causa o motivo de Regadío en una plantación de caña.

no escribirnos en estos tres paquetes, redactaba Josefa, la mayor de las chicas, en marzo de 1858. La tía –Jacoba– también ha escrito muy corto por esa revolución de Méjico y sé que estáis todos con salud. A continuación explicaba que el invierno berangués había sido más duro de lo esperado: Ya hemos pasado la nuestra con dichosas enfermedades, Leona, Mercedes y yo, las tres a un tiempo. La chiquitina –once años– la ha tenido pocos días y Leona también se levantó al de dieciocho días, pero la mía bastante larga con tres recaídas; en la primera treinta días de cama. Un poco de sopa es el alimento que tengo después que llevo ya sesenta y ocho días; es una enfermedad muy cansa para facultativos y para todos los de casa. La madre no pudiendo atender, y sin descansar en las noches hasta que vino la tía de Manene, que hizo tres semanas. La salud y la seguridad personal era el tema constante de sus preguntas. La primera, porque eran concientes de que el clima y la topografía centro mejicana eran propicios a facilitar la incubación de enfermedades. El calor de la comarca se convertía en el mejor caldo de cultivo para que se desarrollaran infecciones para las que todavía no había medicamentos. La segunda cuestión venía derivada de la propia guerra. Por eso, saber que estaban bien conmovía a sus familiares. Mis muy queridos hermanos, hemos recibido la vuestra con muchísimo placer del 19 de mayo pasado (1858); vemos por ella que disfrutáis de una completísima salud en compañía de vuestros tío, la tía, Juanito y todos, que es lo más esencial. Nosotros disfrutamos del mismo beneficio. No os escribe el padre porque hoy hace

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doce días que está en la Juntas Generales de Guernica, y nuestra hermana Leona y Jacoba en los baños de Villaro que también hace ocho días que marcharon, les trasmitía Jacoba. Las respuestas, muchas veces, podían perecer banales, porque nada de su familia les era indiferente pero, en realidad, demandaban en silencio los recuerdos de la juventud, las tradiciones en las que fueron formados, los sabores de su casa, las remembranzas de sus vidas enmarcadas en una familia lejana y feliz. Pedro, el día de la Navidad de 1860, escribía a su padre desde la soledad de su habitación contemplando que hoy es el día del Señor, la fiesta en la que se reunían todos al calor del hogar y, quizá para aliviar la emoción que le atenazaba, se preguntaba retóricamente si en la mesa de la noche santa habría besugo, castañas y buen rioja, los alimentos más preciados de su memoria. Pedro se respondía que aquí carecemos de todo y hoy hemos almorzado con un mal pescado de río, que llaman mojarra, que suple al besugo como una pelota a un cañón. En lugar de rioja un vinillo cualquiera con el nombre de Pedro Jiménez, y en lugar de castañas, nada. Meses después, escribiendo a Josefa –16 de abril de 1861–, se hizo eco de que su tío Alejo había recibido en la Habana un cajón de dulces peras enviado desde Berango, pero aquí –le hace ver– estamos en el último rincón del mundo, y nadie nos manda nada. 72

En abril de 1861, Josefa trasmite a sus hermanos su futuro matrimonio con Domingo de Hormaechea, compañero de estudios de Pedro en la Escuela Náutica de Plencia, y entiende que su felicidad también será la suya: me supongo que os alegráis mucho de esto, dentro de muy pocos días. Hoy día viernes, pasado mañana domingo y último de proclamas, y el día de las bodas jueves o sábado a más tardar; ¡ay, cuánto siento, no podéis figuraros, que en este día qué tristeza no habrá en mi corazón de estaros ausentes! La preocupación de los hermanos Aguirre por el bienestar de los suyos les llevaba a sugerirles que abandonaran los paisajes rurales de Berango para que se trasladaran a la cercana Algorta, municipio entonces ocupado en su primera expansión urbana y dotada de servicios ciudadanos que hacían más cómoda la vida, pero la madre era renuente a abandonar su casa solar, a pesar de que Pedro se haría cargo de los gastos que ocasionara el traslado. El tiempo iba pasando y pesando en la mente del mayor de los hermanos. No veía el momento de regresar a casa, y cuando alguno de sus conocidos decidía volver para siempre se llenaba de melancolía: Aras se embarcará el 24 del próximo mes [1862] para Europa; también se va don Lino Arisqueta con la familia, ¡qué envidia les tengo!, ¿quiere usted creer que ya me estoy cansando aquí? Ahora que voy a ser tío (se me han casado dos hermanas y ambas están de aumento) se me está despertando un no sé qué, que me hace suspirar por mi tierra, por la paz que allí se disfruta y, después de todo esto, el deseo que tengo ya de descansar. Tendrían que pasar todavía mucho tiempo para que se viera cumplido su deseo.


Manuel Lozada, indígena, precursor de las revueltas agraristas.

Transcurrieron varios años antes de que se estabilizara la situación política y el despegue comercial de la Casa Aguirre. Desde Mazatlán –ciudad en la que se cobija Jacoba con su hijo y servicio durante la revuelta–, Pedro escribía a Aras a Bilbao en abril de 1863 haciendo un balance de los últimos tensos y peligrosos meses. La situación es dantesca. Lozada, cansado de los continuos ataques que daba a Tepic y, sobre todo, por la incesante alarma en que tenía al cantón Ramón Corona [enemigo de siempre de Lozada], resolvió atacarle en Santiago y el 27 de enero lo hizo con tan buen éxito que derrotó completamente la fuerza, le quitó toda la artillería y se apoderó de casi todo su armamento; fue horrorosa la batalla, pudiendo asegurar que murieron más de quinientos hombres. Ramón Corona no se halló presente por estar casualmente en arreglos del Servicio en la Puesta de Platanares. El alcance siguió hasta Acaponeta y ya puedes considerar los estragos que harían por aquel rumbo estos lobos carniceros. Incendiaron Santiago que se quemó con todo, es decir, menos las cuadras de las plazas y la fábrica; Tuxpan, Rosamorada y casi todas las demás poblaciones y rancherías –desde Navarrete a Acaponeta–, fueron saqueados, quemados; el 29, dos días después de la batalla, estuve en Santiago y salí para Tepic horrorizado. A consecuencia, pues, del levantamiento de Lozada –en junio–, y la continua guerra en que después ha estado con Sinaloa y Jalisco, el supremo gobierno decretó la clausura del puerto de San Blas, y ya nos tienes sin salida para nosotros ni para nuestros efectos. El diez de febrero me puse en marcha para San Blas, primero, para examinar y tratar de componer el camino y los puentes todos que estaban rotos; segundo, para recibir y despachar azúcar y manta que me remitían desde Tepic tan pronto como el camino estuviese transitable, y tercero (y el más peliagudo), para despachar los efectos de San Blas y hacer que en Mazatlán nos los recibiesen a pesar del decreto de clausura. Después de seguir contando variedad de sinsabores, embargos, corrupciones administrativas, etcétera, Pedro concluye que el resultado de mis viajes ha sido satisfactorio después de mil sinsabores, unas veces con esperanza, otras abatido, cuando creyendo en una promesa y cuando desconfiando de obtener mi objeto, te aseguro que he pasado días bien pesados, pero al fin, el 31 de marzo obtuve permiso y salieron el “Guillermo”, la “Angélica” y el “Garibaldi” para San Blas a cargar azúcar y mantas. La dirección pormenorizada de un negocio de manufactura y comercio de ciclo completo, exigía la presencia constante y total dedicación de sus administradores a la firma, por eso ahora extraña menos que los Aguirre realizaran tan escasos viajes a España para descansar y estar con los suyos.

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La revuelta mejicana continuaba desarticulando y destrozando el país como si se tratara de una nación ajena a los propios mejicanos. La descripción que hizo Pedro, a finales de 1864, a su amigo Juan de Alzueta, sobre los bienes propios y sobre la evolución de la competencia y todo el sector en general, manifestaba un hartazgo que puso a prueba su paciencia: Desde el año 1859 hasta la fecha no han entrado en San Blas más que dos expediciones de Europa. La casa Ragapurg tuvo que levantar el campo, y lo mismo los de Ranhart. La casa de Barrón Forbes está en liquidación y sin negocios. Otras que estaban preparadas para instalarse tuvieron que desistir. Quiebras: J. R. García, Araya, Sequero, Sequero Hilaturas, Lavín e Igual. Suspenso en pagos: Loreto Corona y porción de comerciantes en pequeño; en resumen, no hay una sola casa que haya quedado en pie; no hay a quién se le pueda vender mil a fiado. Haciendas: Puga está arruinada. Este año no ha llegado a ocho mil arrobas de azúcar de su cosecha, antes eran cuarenta mil; en sólo cinco años lleva pérdida según las cuentas que ha pasado más de cien mil pesos. Mora está abandonada; ya no tiene ni siembra de caña, sus edificios y sus trenes, así como todo el ganado vacuno y caballar están destruidos. Mojarras, de Barrón Forbes, lo mismo o peor que Mora puesto hasta parte de los terrenos les han quitado. Tetitlán quemado y por el suelo todo, es más perdido todo el ganado y parte de los terrenos. San Cayetano quemado y en Parte lateral de la casa de La Escondida. Año 1909

ruinas. En fin, para no cansar más le diré que haciendas y ranchos todos están en ruinas y abandonados. Mi tío es el único que ha podido salir adelante y salvar la mayor parte de sus intereses, pues si quiera el ranchito de azúcar ha quedado en pie y mejorado algo. Bellavista está trabajando, aunque poco. Usted puede suponerse si para tales resultados se habrá necesitado sacrificios de toda clase: dineros, peligros, sustos, sinsabores de toda clase, nada se ha omitido, nada hemos esquivado; pero amigo mío, no pudimos salir completamente ilesos; lo que no nos hizo la revolución ni los revolucionarios, nos lo hizo el diablo o la mala estrella... Calcule usted pues, si hemos sufrido hasta las penas y congojas del infierno en tal caos; ruina, destrucción, incendios, sin contar los innumerables peligros, las amenazas y extorsiones que a cada paso padecíamos entre y con la gente más granada y guapa de la República Mejicana. Pedro de Aguirre, de facto se había convertido en el motor de la empresa y sobre él caía la solución práctica de todos los problemas, por eso necesitaba alejarse urgentemente de Méjico para descansar y de paso evaluar la compra de la maquinaria más precisa para el despegue de La Escondida y del resto de los negocios. El 3 abril de 1865 inició un largo periplo de varios meses por Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania que le dejaron como nuevo. Nada más llegar a Nueva York el día 27, participó a su tío la impresión que le supuso los recientes sucesos americanos incursos en la guerra de secesión: Aquí nos hemos encontrado con grandes novedades: el asesinato de Lincoln,

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los conatos contra Leward y otros, la evacuación de Richmond, la rendición de Lee con todas sus fuerzas, la huida de Jeff. Los sucesos de estas han causado una sensación indescriptible, al menos si se atiende a las demostraciones de esta ciudad en particular. Me aseguran de todo el Norte en general; los establecimientos, casas particulares, casas públicas, farolas, coches, árboles, todo tiene alguna señal de luto. Los particulares nacionales y extranjeros todos andan con crespón en el brazo, en fin, creo que es imposible hacer más alarde. Los retratos de Lincoln se han multiplicado hasta el infinito, fotografías para álbumes, sortijas, broches, pendientes, bustos de yeso, de mármol, fierro, maderas, no sé qué más, pero en todas partes no se ve más que Lincoln. Buen partido está sacando la novelería yanqui. Seguidamente Pedro se centra en lo nuclear de sus negocios y explica que el algodón, como consecuencia de estos sucesos, sufre grandes alternativas. [Ayer] bajó a veinte céntimos; después, por un juego del gobierno, ha subido hasta cincuenta; y hoy, siete más; cerró a cincuenta y siete céntimos, pero todos creen que pasados unos cuantos días bajará de nuevo porque se asegura que en Europa hay lo suficiente para cubrir las necesidades. El 30 de abril comenzó la visita las ciudades de Búfalo, el paisaje de las cataratas del Niágara y, finalmente, Boston, antes de regresar de nuevo a Nombramiento de Vicecónsul de España en Tepic. Año 1865

Nueva York desde donde partirá a Europa el 6 de mayo. Desembarcó en Corves once días después. Tras visitar a su amigo, el banquero Murrieta instalado en Londres, surca el estrecho en pocas horas, para recalar en París el día 26. Parte del sentido de viaje se cumple al evaluar correctamente en la fábrica Derosme&Cail una máquina nueva, la Sucette, “la Chupadora”, –costó a la Casa 8.000 francos–, como traduce por carta a su tío, para impulsar la producción de La Escondida. La renovación de este ingenio debió ser muy complicada, agravada por el traslado de la maquinaria a Tepic, que tardó dos años en llegar. Finalmente, Pedro llegó a Bilbao el día 2 de junio. El Bilbao que se encuentra tras ocho años de ausencia le llena de asombro por la vitalidad de sus habitantes. Es cierto que la jovialidad de sus vecinos estaba a flor de piel a causa de los meses del estío, pero su asombro se refería también a la mejora urbana y cultural consecuencia de la primera industrialización nacida de la explotación minera. Escribe varias cartas a sus parientes en Méjico haciendo ver que Bilbao ha mejorado mucho en todos los sentidos y está muy hermoso; se nota mucho el espíritu de empresa, pero aún más de lujo con la construcción de casas de campo y de recreo. La mayor parte de las gentes de aquí no piensa más que en vivir, y eso con lujo de comodidades. En agosto tendremos aquí grandes fiestas con motivo de la venida de la reina. Habrá corridas de toros, para las cuales se están preparando ya estos bilbainos; para las diversiones se vuelven locos. Como Pedro trasmitía más arriba, le llamó mucho la atención la expansión de Bilbao hacia las campas de Albia, en la margen izquierda de la ría, donde han

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formado cerca de la estación una huerta a la que han dado el nombre de Campos Elíseos y que es muy bonita. Los domingos y fiestas hay bailes de costureras y dueñas; los sábados por la noche de la aristocracia. Estos días ha habido viajes de recreo entre Bilbao y Santander. Primero han ido como trescientas cincuentas personas de aquí a Santander, y después han venido otros tantos de ahí; el viaje se hace en el día. Todas las noches se forma en el Arenal un hermoso y lucido paseo, suele estar tan hermoso y está tan agradable en esta estación, que desisto de ir al teatro por gozarlo; el alumbrado, el arbolado, todo está hermoso, encantador. Hace tiempo que estamos tomando muy buenas guindas, cerezas y fresas. Ahora empiezan las peras de San Juan y las ciruelas, es decir, tesoros con sabores de infancia que no podía encontrar en ultramar. En las cartas que escribió a Méjico es una constante su asombro porque Bilbao ha adelantado mucho, pero sobre todo en lujo y vicios; Albia, Deusto y Olaveaga están desconocidos con casas de campo, fábricas. Algorta es un pequeño Biarritz con hermoso casino, muchos bañistas de Bilbao y del interior y mucho movimiento de coches y de diligencias. Berango, como siempre –se duele con tristeza–, adelantando para atrás en lo material. En resumen, aquí se vive bastante bien y los que vienen de esa –Méjico, América en general–, aunque traigan poco, se procuran una vida Nombramiento de Diputado del Tribunal de Minería. Año 1868

tranquila cuando no en una población de primer orden, en las secundarias como Durango, Portugalete, Olaveaga, Algorta. ¡Cuánto pienso en hacer modo de dejar antes esa vida agitada de peligros y sinsabores! Terminado el fin del viaje llegó el momento de la despedida. Pedro lo hizo por carta redactada en Bilbao el 6 de octubre de 1865, quizá para evitar las escenas emocionadas que acompañan a toda separación, y seguramente también adelantando la fecha prevista. Comenzaba el viaje esperanzado en volverse a ver de nuevo ya para siempre: Esta vez, mediante Dios, creo que la separación no será muy larga, y que cuando tengamos el gusto de volvernos a ver será ya para estar siempre cerca los unos de los otros. Consideren que cuatro o cinco años se pasen como quiera y que mi propósito es no tardar más de ese tiempo. Consuélense, también, con la idea de que pronto volverán los tíos, y algo más tarde Domingo, y que entre una cosa y la otra se pasará sin pensar el tiempo hasta mi vuelta. Sabemos que no fue así; su regreso definitivo se produjo casi diez años después. Jacoba, su hermana, no tuvo inconveniente en contarle cuatro días después el desgarro que produjo la noticia de su partida: Ayer vino el tío a esta [Berango] y a la noche nos dio tus tristes noticias de despedida. La madre se quedó hecha una estatua, aunque no estaba desengañada. El padre no podía leer una palabra derecha, y Josefa no dijo nada, lloraba como desesperada. ¡Qué triste estoy hermanito y qué petardo nos diste el viernes diciendo que aún nos veríamos antes de tu despedida. Aunque no te creí del todo, me callé, porque al hablarte de despedida no hubiese podido contener las lágrimas.

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Pedro llegó a Tepic el 9 de diciembre, por la ruta más rápida, dos meses después de abandonar Bilbao. En su ausencia Pedro nunca dejó de atender los grandes números y la evolución de los negocios en el lejano Méjico. Su hermano Domingo con frecuencia le ponía al día sobre las noticias más importantes que afectaban a la producción de las haciendas, y lo hacía con datos reales que reflejaban su buena gerencia; aquí seguimos trabajando y hacemos novecientas y pico de piezas [mantas] semanales. Creo que de esta manera acabaremos el algodón con el año, y acto seguido empezará la obra para la colocación de la nueva rueda. Estamos más animados respecto al resultado de este año. El tiempo fue pasando y al regreso de Pedro a Tepic, su tío Juan Antonio interiorizó definitivamente que tenía sesenta y cinco años, muchos deseos de descansar y la responsabilidad de devolver a su familia directa, mujer e hijo, al Bilbao de donde partieron. 80

Llegó el momento de delegar la responsabilidad legal de los negocios en sus sobrinos y partir definitivamente a Europa para retirarse de su ajetreada vida. Un mes antes de que se despidiera de Méjico para siempre, puso por escrito una nota certificadora de su voluntad y del libramiento de una suma considerable de dinero a favor de su sobrino Pedro: Mi estimado Pedro: Como te tengo prevenido verbalmente, cargarás a pérdidas y ganancias todo lo que estuviera a tu cargo en los libros de mi casa hasta el 31 de diciembre pasado de 1865. Al dar principio a los negocios de la casa desde uno de enero del presente año, abonarás a tu cuenta particular la suma de veinticinco mil pesos, como correspondiente a tu trabajo durante el tiempo que has estado a mi servicio. Antes de regresar a Bilbao, y para dar una más firme continuidad a los asuntos, decide constituir una nueva sociedad, denominada Juan Antonio de Aguirre y Compañía. En esta nueva sociedad Juan Antonio de Aguirre seguiría como único socio capitalista aportando a la misma como capital la hacienda La Escondida y 2/9 partes de la fábrica de Bellavista. Los hermanos Aguirre serían socios industriales con participación en beneficios: un 25% para Pedro y un 15% para Domingo. Por lo que se ve, no están incluidos, en su aportación de capital, los dos tercios de Bellavista que se adquirió a la Compañía Tepiqueña en 1857 y que estaban hipotecados a Luzarraga. Esto significa que Luzarraga, en algún momento entre el año 1857 y 1866, ejecuta la hipoteca, haciéndose con la propiedad de los tercios en cuestión, que a su vez cede, nuevamente, en arriendo a la Casa de Juan Antonio de Aguirre.

Membrete de carta de la nueva sociedad Juan A. de Aguirre y Cía. Año 1866


En el mismo documento de constitución se declaraba que los dos hermanos se obligaban a permanecer en la sociedad un mínimo de nueve años. Pedro, por otra parte, se exigía legalmente a quedarse en Tepic cinco años más, como mínimo.

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a nueva situación societaria y económica, de la que Juan Antonio venía hablando con sus sobrinos tiempo atrás, permitió que Pedro escribiera a su padre en enero del mismo año, dictando nuevas disposiciones para él y sus hermanas, en las que se hacía cargo del futuro de los suyos. Querido Padre: Ya se ha aclarado un poco mi situación respecto a intereses, aunque todavía no se ha formalizado ningún arreglo. Desde el primero de este año seguimos mi hermano y yo como socios en los negocios de mi tío, en consecuencia Domingo ha venido de Bellavista y vive aquí con nosotros. De aquí en adelante ya sabemos a qué atenernos. Por la de usted quedo impuesto del estado que guarda respecto a intereses, en vista de lo cual le repito mis propósitos, y deseo como le tengo dicho que arriende las casas de Berango y pasen a vivir a Algorta, dejando si usted quiere las viñas a su cuidado para que tenga en qué entretenerse. Creo que este cambio será conveniente también para las hermanas que estarán mejor que en Berango y podrán colocarse mejor. Creo ya de fijo que el tío se irá para esa esta primavera, y a él daré orden de que suministre a usted lo que necesite para vivir en Algorta, así como también para la colocación de las hermanas; no se apure pues por nada y haga usted lo mismo que mi madre, por pasar lo más descansadamente posible y por alargar los años que les quede de vida. Mercedes que vaya a Bilbao por algún tiempo, y si Jacoba necesita más tiempo, que vaya también, pues no quiero que carezcan de instrucción.

El 31 de marzo 1866 Juan Antonio y su familia salían de Tepic, embarcaron en San Blas rumbo al puerto de Acapulco, en donde de nuevo el 6 de abril embarcaron en el vapor Constitución, para seguir la derrota del sur, hasta Panamá cuyo istmo atravesarían por tierra. La situación mejicana no permitía atravesar el país en diligencia camino del puerto de Veracruz, como posiblemente hubieran hecho en condiciones normales. El viaje fue un horror, según calificación de Jacoba, porque la navegación se desarrolló con muy mala mar y exceso de viento. En la costa caribeña de Panamá siguieron el plan de viaje hasta recalar en Nueva York, en el vapor Arizona; apuntaron que tardaron diecisiete días en llegar al puerto neoyorquino, y que desembarcaron en tal situación por la penalidades del viaje, que se quedaron cinco días a descansar, hasta que su equilibrio y bienestar físico se normalizara completamente. El día 6 de mayo retomaron la singladura y desembarcaron definitivamente en el puerto europeo de Brest, el 17 de mayo de 1866, en la comarca más occidental de la Bretaña francesa. Es posible que Juan Antonio y los suyos quisieran olvidar con cierta premura los recuerdos revolucionarios mejicanos, y para conseguirlo se acercaron a la burguesa París y darse un completo baño de cosmopolitismo capaz de

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reconciliarles de nuevo con el mundo. El 4 de junio se encontraron de nuevo con Bilbao y Berango, tras una ausencia de casi diez años. Juan Víctor de Aguirre escribió ese verano a sus primos haciéndoles ver que el viaje de vuelta a casa había concluido y que notaba que le costará algún trabajillo hacerme a las costumbres de esta, aunque conozco que son preferibles a las de ese país. Es casi seguro que no le penara especialmente aclimatarse a su nueva ciudad, como así lo reflejaba en carta a su primo Pedro: no te desanimes, que pronto pasarán los cuatro años que te quedan en ese infierno para venir a descansar a este limbo, que buena falta te hace. Juan Víctor continuó la correspondencia con sus primos, demostrando la confianza depositada en aquellos que se mantenían al otro lado del mundo llevando los negocios y que durante nueve años habían sido sus compañeros y amigos, animándoles en los momentos duros como el 29 de septiembre de 1867: Mi confianza en vosotros es ilimitada, así ya me pintes situaciones haches o erres, me da igual, pues estas no están bajo nuestro imperio y sé que para salvarlas haréis cuanto esté en vuestra parte. O echándoles de menos como el 25 de noviembre de 1867: Todos mis deseos y ambiciones se reducen a esto, a teneros aquí para no volvernos a separar. Si vieras qué proyectos formo en conversación con mi capote, para cuando llegue esta feliz época. Ya me 82

imagino que formanos una casa de comercio, pues no cabe duda que algo tendremos que hacer. Pasaba luego a describir cómo era su vida: por el momento, mi vida en Bilbao te la contaré en cuatro palabras, es la siguiente: Me levanto a las nueve, tomo una taza de té. A las once almuerzo y enseguida salgo a dar una vuelta al Arenal. A las dos a casa y vuelta a escribir o a jugar con los chiquitos del tío. A las cinco a comer y a las seis a pasear hasta las diez, hora en que me acuesto. Esta función es la de todos los días, salvo alguno de romería o toros. Más allá del Atlántico las cosas comenzaron a evolucionar en cuanto los excesos revolucionarios se fueron apaciguando. La entrada de los hermanos como partícipes industriales de la Casa facilitó, además, que se involucraran todavía con una doble intensidad en sus responsabilidades, adquiriendo en poco tiempo un conocimiento asombroso de las mejoras que pudieran aplicarse en sus haciendas. Es numerosa la correspondencia con casas europeas y norteamericanas pidiendo información técnica sobre nuevos telares, sistemas de regadío de última hora, alambiques, maquinaria en general, es decir, todo aquello que permitiera producir más y mejor con la eficiencia técnica más moderna. Y, por lo tanto, cartas de parecida índole en la que se manifiestan pedidos, comentarios a esos encargos y otros considerandos que demostraban el conocimiento cabal de cuanto tenían en sus manos. Al mismo tiempo que la reputación de la Casa se iba consolidando en el entramado social de Nayarit, el trabajo de Pedro se fue incrementando de la


misma manera, ya que fue nombrado, al igual que su tío, Vicecónsul de España. Los cargos de carácter público comenzaron a llegar acorde su posición empresarial, como por ejemplo el nombramiento como Diputado Propietario del Tribunal de Minería, entre otras responsabilidades. En menos de dos años, los hermanos Aguirre recibieron noticia de la muerte de tres sobrinos suyos, todos hijos de Leona, a causa de las fiebres de tifus y viruela que asoló durante esos meses a la población de Bilbao. El desgarro que produjo en la madre de las criaturas fue tal que, a alguno, se le ocurrió que viajaran a Méjico una temporada para facilitar que recuperara la alegría del alma. Enterado Pedro del posible viaje a Tepic escribió a su hermana para que cambiara inmediatamente de idea: Leona, querida hermana mía... Yo no me atrevía a decirte los inconvenientes que había para que Pedro [Icaza, su marido] pudiera venir a estas tierras, porque temía lo tomases a mi poca voluntad. Por eso le indiqué que sería bueno te pusieras de acuerdo con mis tíos, y mucho me alegro que ellos hayan tenido la suficiente franqueza de decirte todo. En efecto, esta tierra es por su Retrato de Juan Víctor de Aguirre. Año 1887

temperamento muy fuerte y cruel y es menester ser de fierro para aguantarlo. Tú has visto que el tío Pedro [Basagoiti] tuvo que retirarse por falta de salud; Careaga que se fue con el tío Pedro, se fue tan malo que fue a morir a Bilbao. Los Uribarrenas que tenemos en casa casi siempre están malos. Todos los que llegan a sentirse de pecho mueren muy pronto, y estos años han muerto una porción de españoles y mejicanos. Un francés que teníamos en La Escondida se sintió de pecho y a los tres meses se nos ha muerto. Esto sucede en Tepic y te aseguro que en la costa es peor, porque no hay en todo este lado más que un puerto que sea regularmente sano y es Guaymas. Todos los demás son tan enfermizos que sus habitantes se retiran al interior por seis meses al año; además, es muy difícil hallar colocación en ningún lado; navegación de altura no hay, y de cabotaje está tan arruinado que el tío Domingo [Aguirre Zubiaga] no gana ni para comer, y a los demás todavía les va peor... Seguían pasando los años y con estos se fue aminorando la juventud de Pedro de Aguirre y el impulso que le llevó a abandonar su Berango natal. En 1868 estaba a punto de alcanzar la cuarentena de edad, de los cuales cerca de veinticinco transcurrieron bien lejanos de los mares de su comarca. Con la nueva madurez se hizo patente también que su salud iba

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mermando poco a poco, y que los males reflejados en las letras enviadas a su hermana se apoderaban igualmente de su persona. Padeció complicaciones en la boca solventadas con una nueva dentadura, dolores intensos en sus entrañas tratados con la medicina de la época mediante lavativas y purgas sanguíneas que únicamente le debilitaron más. Padeció una intervención quirúrgica, posiblemente en el recto, de la que le costó mucho tiempo reponerse. Aunque la situación de la Casa Aguirre comenzó a mejorar algo con respecto a la situación anterior, los problemas de financiación no desaparecieron en bastante tiempo. Aún así, en el año 1868, tuvieron la oportunidad de adquirir otro noveno de Bellavista que todavía pertenecía a la familia Fletes, por lo que se convierten en firmes propietarios del tercio de la fábrica, manteniendo el arrendamiento de los dos tercios propiedad de Luzarraga.

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Pedro tomó entonces la decisión de abandonar Méjico y regresar a España para curarse de sus dolencias. La decisión la meditó con su hermano Domingo pausadamente, mientras éste comenzaba a ocuparse más detenidamente de los negocios y, especialmente, de relanzar la producción en Bellavista y La Escondida. Pero el viaje a Europa no fue inmediato, tuvieron que pasar casi dos años antes de que se pusiera en camino. A finales de año 1870 llegó por fin a Bilbao pero con la salvedad de que su agotamiento no le permitió pasar la Navidad con los suyos: Querido padre: Mucho sentimiento he tenido también yo –escribía el 3 de enero de 1871 desde Bilbao– en no haber podido acompañar a ustedes para pasar juntos en familia los días de gabon, gabonzar y urteberri. Mucho gusto he tenido en saber, aunque poco, tuvo usted su parte en la lotería de Navidad, ¡enhorabuena! Haré un esfuerzo para estar con ustedes el día de Reyes y espero en Dios que me conceda este gusto. Estos días no he sufrido tanto como en anteriores, y si continuo así es posible que el miércoles vaya a Algorta y si puedo a casa por la noche. Mucho quisiera dar a ustedes este gusto y gozarlo yo al mismo tiempo, ya que en estos veinticinco años no lo he logrado. Y así fue, pocos días después pudo reunirse con los suyos en un emocionado encuentro.


LA CONSOLIDACIÓN

Fábrica de Bellavista. Estado actual. Año 2000

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espués de llevar casi veinticinco años bregando por el Nuevo Mundo, los hermanos Aguirre en 1868 no estaban todavía seguros de la posible continuidad de los negocios en Méjico. La situación política intensamente caótica en todos los extremos, más las dificultades para cumplir sus compromisos financieros adquiridos para renovar las factorías, fueron una losa pesadísima que posiblemente a otros emprendedores les hubiera hecho abandonar su proyecto años atrás. A esta situación penosamente estructural hasta finales de los años sesenta se sumó la idea de su tío Juan Antonio, residente ya en Bilbao, de adquirir a Manuel Luzarraga las dos terceras partes que todavía poseía de Bellavista. La suma en la que se valoró ese porcentaje daba auténtico pánico a los hermanos Aguirre, pues consideraban que su desembolso ahogaría irremediablemente a la sociedad. Así se lo hizo saber Pedro a su tío animándole a que la prudencia fuera su mejor consejera: antes de contraer ningún compromiso con Luzarraga mire usted bien, por Dios, lo que hace. Ahí tiene usted todos los datos que pueda desear para juzgar el aspecto de los negocios; mire usted todas las cuentas y verá que no tenemos ni un peso de qué disponer; debemos a los Somellera; debemos a los Mechers, y no tenemos de qué echar mano. Pero Juan Antonio de Aguirre no hizo caso a los consejos de sus sobrinos y, en junio de 1869, compró, mediante escritura pública elevada en Bilbao, la parte de la fábrica que todavía no estaba consolidada en los libros de la Casa Aguirre. A la postre se vio que la operación fue un éxito pero

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entonces eso no lo sabían, aunque Domingo tuvo que sudar lo suyo para cuadrar los números y sacar adelante la sociedad. En la Navidad de 1871 escribía: Cuando vean el balance verán el gusano que tanto nos roe… hemos sacado 85.000 pesos de ganancia y entre el inglés y otras dos cuentas se llevan 50.000. La mejoría de la salud de Pedro hizo que los dos hermanos se reunieran de nuevo en Tepic en 1872. Pedro realizó un viaje de vuelta azuzado por la urgencia, ya que llevó a cabo la travesía del Atlántico en pleno invierno. Para evitar la singladura marítima de las costas americanas tomó el ferrocarril en Nueva York rumbo a San Francisco, inaugurado poco tiempo antes, pero puede decirse que casi fue peor la alternativa, ya que estuvo a punto de morir de frío, como sucedió con otros pasajeros, al quedar el tren detenido varios días a causa de colosales nevadas. Fue un viaje de regreso a todas luces muy duro, entre otros motivos porque tuvo que abandonar el incipiente amor que sintió por una muchacha de la villa y con la que tenía deseos de formalizar matrimonio. Seguramente las palabras de su hermana Mercedes fueron incapaces de consolar su abatimiento y sensación de que la vida se le escapaba a chorros: Espero para ahora, querido hermano, que habrás echado las tristezas y 88

abatimientos a un lado, y que asistirás a las reuniones y tertulias de las pollitas de esa, y que te divertirás mucho [23 de junio de 1872]. En este mismo año, Pedro tomó de nuevo el timón de la empresa y Domingo se tomó un descanso y viajó al fin a Berango tras dieciséis años de ausencia. El reencuentro con su familia fue todo un acontecimiento. Partió con quince juveniles años por imperativo de la vida, y se encontró con una familia nueva en lo referido al desarrollo de nuevos caracteres y personalidades de sus hermanas. Fue un descubrimiento para todos. Sus hermanas se admiraron de encontrarse con un hermano atractivo por su jovialidad y modo de ser, tanto que, nada más conocerle, comenzaron a sufrir por su regreso; cuán agradable se nos hizo la venida de nuestro querido Domingo –escribía Mercedes a Pedro en octubre de 1872– sobre todo el buen humor y la alegría de él, y lo consolado que se ríe. Da gusto y vale más que todos los intereses del mundo; quiera Dios que siga así... La admiración y cariño renovado fue mutuo, encendiendo una necesidad imperiosa para que todos se juntaran de nuevo sin nuevas separaciones. Querida hermana Leona –comenzaba Domingo su última carta antes de salir nuevamente de España– mañana salgo para Méjico, voy triste pero pronto se me pasará porque voy con ganas de trabajar mucho en cuatro años para que con la ayuda de Dios vuelva para vivir siempre a vuestro lado. La gran satisfacción que llevo es que he conocido buenas hermanas; sí querida, tú eres buena hija, buena madre y buena hermana y voy muy agradecido de tanto cariño como he recibido. Ten confianza y fe en Dios; ya verás cómo tu hijo crecerá bien y será


buen hombre. Te suplico que cuides mucho a nuestros queridos padres, que des buenos consejos a las hermanas menores y que viváis como hasta ahora, queriéndoos mucho y con mucho cariño. Ya le digo al padre que cuando necesite dinero que pida a Juan [Aguirre Oxangoiti], y lo mismo te digo a ti; lo que tenemos nosotros es vuestro. Y con estas recomendaciones llenas de sinceridad partió de nuevo al otro lado del Atlántico, sin saber muy bien cuándo volvería a escuchar el sonido alegre de sus voces. Pedro, como es sabido, se quedó al frente de los negocios tepiqueños sorteando como podía las inestabilidades producidas en los últimos meses del gobierno de Lozada. El 9 de abril de 1872 participaba a su amigo Agapito Somellera, residente en Guadalajara, que Jalisco está plagado de partidas y, por lo mismo, los caminos inseguros, el comercio está muerto y la miseria ganando terreno. Nuestro distrito por contra está perfectamente bien y no se conocen partidas de revolucionarios; hay seguridad en los caminos y se trabajan los campos pero, en cambio, consecuencia natural del estado de los distritos que nos rodean es que no tenemos movimiento ni vida comercial. Y si no había comercio no había manera de dar salida a la producción de azúcar y menos a la manufactura de mantas y otros productos textiles, por buenas que hubieran sido las cosechas de los dos últimos años. La Casa Aguirre pudo solventar a trancas y barrancas los estertores y tropelías de bandidos y revolucionarios, pero no así otras firmas que cerraron definitivamente su negocio, como fuera el caso de José María Larrauri, oriundo también del norte de España. El regreso de Domingo, en marzo de 1873, tras el merecido descanso a las tierras de ultramar, actuó como un lenitivo en los negocios de la Casa Aguirre. Tras un período de varios meses alejado de Tepic, se encontró con un paisaje desusado en el ámbito de sus preocupaciones, ya que la bonanza en las cosechas de meses atrás, así como la incipiente llegada de la paz en el castigado Méjico aventuraban las mejores esperanzas. En el orden interno el paisaje político de Nayarit se clarificó lo suficiente con la desaparición de Lozada ante un pelotón de fusilamiento –el 19 de julio de 1873–, debido a sus excesos y a la llegada al poder en 1876 de Porfirio Díaz después de derrotar al presidente Lerdo de Tejada. La llegada de Porfirio inauguró un período de treinta y cinco años de paz, completamente desconocidos en Méjico, capaces de introducir a la comarca de Nayarit, y al país en general, en pleno siglo XX mediante un amplio desarrollo económico sustentado en la modernización de las vías de comunicación y en la recepción y movimiento de capitales extranjeros. Quizá por la actual situación de bonanza en la comarca, castigado su cuerpo por diversos males y, seguramente, también, porque los años iban pasando, Pedro decidió regresar definitivamente a España en 1874, a

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pesar de recibir una halagadora oferta de administrar otra casa comercial en Mazatlán. El balance que hacía de su aventura americana era positivo y con ese bagaje volvía definitivamente a casa: Dices que mi suerte siempre me ha deparado muchos trabajos y grandes peligros, bien [escribía a su hermana Leona en 1874], pero Dios ha querido, y de ello doy infinitas gracias, que todo haya salido bien al cabo del andar. No creo que me atrapen mis amigos de Mazatlán por grandes que sean las ventajas que me ofrecen; estoy cansado y necesito retirarme. Ya que este año no ha podido ser espero que sea el venidero para que tengamos el gusto de vivir cerca unos de otros. Y partió mediado julio en su último viaje postrero. Al cabo de dos meses llegó al sur de Europa pero tuvo que dilatar una larga temporada más el encuentro con los suyos. España estaba inmersa desde 1872 en la última guerra carlista, y el País Vasco y Navarran sufrían la presencia de veinticuatro mil soldados del pretendiente real. Pedro recaló en Bayona a la espera de mejores circunstancias para atravesar la frontera, encontrándose en el sur de Francia con sus tíos y su primo Juan Víctor huidos de la guerra.

Casa en la que se instaló Pedro de Aguirre en Bilbao, en el año 1874. Fotografía actual.

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principios de septiembre de 1874 escribió a su padre –seguramente por algún discreto conducto–, participándole de su llegada de Méjico, al tiempo de hacerle ver que todos los parientes y amigos de aquí me están diciendo que no debo llegar a Algorta y menos a Berango, pues que mi llegada podría ser motivo para que si me cogiesen por esos pueblos, quisieran obligarme a coger el fusil o pagar un buen rescate cuanto menos. Me dicen también que mi presencia podría dar lugar a que les molestasen a ustedes con contribuciones o que, al no poder cogerme, no sería remoto que les pidieran mi rescate o cometiesen algunas tropelías. Todo esto como puede suponerse me alarma, no por mí, ciertamente, sino por lo que le podría suceder a usted. El encuentro con la última guerra carlista no fue una sorpresa para él, ya que tenía amplias noticias desde un año antes del conflicto armado a través de la prensa y, principalmente, de las cartas de su familia. En 1873 su hermana Jacoba les escribía alarmada que el pasado día 29 [agosto] todos salimos de casa al monte dejando la casa sola porque vinieron cuatro mil soldados por Lejona a Portugalete, y decían que venían a Algorta y Berango, y que iban a robar todo y después incendiar las casas. Un mes después las noticias no mejoraron nada ya que esto está peor que nunca, no tiene trazas de arreglarse, va a durar Dios sabe hasta cuándo. Esta fue la tónica de la guerra para la población civil; dolor, pánico, incertidumbre y pocas noticias como consecuencia del enclaustramiento: qué tristes he pasado cerca de dos meses sin salir de casa oyendo los cañonazos que tiraban a Portugalete, que le hacían temblar a la casa con todo y puertas. Ahora sí que estamos algo más tranquilas, porque desde aquí no se oye el tiroteo de Bilbao.

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Mientras se desarrollaba la guerra y especialmente la tragedia del sitio de Bilbao causado por las tropas carlistas, Pedro viajó a París para acudir a la consulta de su médico y entrevistarse con antiguos contactos profesionales. Finalmente pudieron reunirse todos, una vez restablecida la Villa de los desmanes de la contienda. Fue en 1876 cuando Pedro regresó de Bayona a la casa que tenía alquilada desde 1870 en la calle de la Estufa, 1, de Bilbao, y pudo trasladar allí a sus hermanas Leona –viuda de Icaza, con su hijo Pedro–, y a Jacoba. La alegría de compartir casa con los suyos se sumó a la presencia en el mismo edificio de su tío Juan Antonio y de su buen amigo Manuel Aras, retirado ya desde 1862, compañero de aventuras y trabajos en el lejano Méjico. La situación en España era lo suficientemente grave para preocupar a Domingo por el bienestar de los suyos, de tal manera que Pedro en sus cartas le hacía ver que todos seguían bien, especialmente después del 2 de mayo, fecha en la que se levantó el sitio de Bilbao. Estas cartas fueron acompañadas de otras más en la que Pedro comentaba con su hermano el desarrollo de los negocios tepiqueños, pulsando siempre los balances, los pedidos y las expectativas de los proyectos empresariales. Al mismo tiempo, esa correspondencia manifiesta la gran confianza que siempre tuvieron entre ellos, unida a una enorme compresión por el trabajo que realizaba cada uno. Pedro, sabedor de los esfuerzos que exigía ser el 92

motor de la Casa, se vio sinceramente urgido a manifestar a su hermano que ahora el responsable en Méjico debería recibir mayores retribuciones acorde con su labor. En septiembre de 1874 le hacía ver desde Bilbao que aún formaré yo parte de la Casa, pero habiendo yo de vivir aquí sin tener parte en los trabajos, afanes, sinsabores y hasta peligros consiguientes a esa situación, me parece racional, conveniente y hasta necesario que modifiquemos nuestras respectivas representaciones y, en consecuencia, como más llano y hacedero, creo razonable proponerte lo siguiente. La representación de ambos en la Casa es del cuarenta por ciento. Deduciremos el importe de los gastos personales que aparezcan en nuestras cuentas, así como lo que hagamos con nuestra familia en dotes y cualquiera otro concepto, y el resto líquido final será divisible a medias. Por supuesto que el cuarenta por ciento se entiende desde el principio de la sociedad, y para nada consideraremos la parte que el contrato nos señala a cada uno, que como se sabe era más ventajoso para Pedro. La respuesta de Domingo tardó en llegar dos meses, el tiempo mínimo que ocupaba el cruce de cartas de un océano a otro, y fue igual de magnánima que la de su hermano Pedro: ya sabes que no hay cosa que yo mire con más indiferencia que la cuestión de intereses cuando se está en familia. Yo vivo persuadido que mientras cualquiera de vosotros tenga un peso, a mí no me ha de faltar de nada, y, sé también, que lo que yo pueda tener tan es vuestro como mío. Somos diferentes cuerpos con el mismo corazón.


Pedro, con la serenidad que le concedía vivir ya sin sobresaltos y bajo la sombra de una ciudad industriosa y experta en el mundo de las altas finanzas, comenzó a invertir ventajosamente su patrimonio que poco a poco iba llegando de Tepic. A pesar de estar retirado en su tierra natal, siguió recibiendo reclamos para que se ocupara de nuevos negocios en Méjico. Casi a finales de 1876, tuvo que responder a su amigo Faustino Somellera declinando la invitación de ocuparse en nuevos asuntos con el argumento de que todo negocio requiere constancia y asiduidad. El negocio de importación ha sido y es mi cuerda, en él he trabajado mucho y he hecho mis pocos cuartos, pero estoy viejo y cansado y no quiero trabajar más, ni emprender más viajes al extranjero. Si pues usted, a pesar de todo lo expuesto, quiere entrar en el negocio, yo que al seguir en ellos y trabajar en participación con usted, llevo por principal objeto ayudar a mis primos y sobrinos a alcanzar una regular posición social. Matrícula de los hermanos Hormaechea en el Holly Mount College, Tottington. Año 1877 (Página siguiente) Plantaciones de caña de azúcar, en la hacienda La Escondida. Año 1897

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en este empeño se afanó con denuedo. Propició que sus sobrinos Hormaechea Aguirre cursaran el bachillerato elemental en Bilbao y posteriormente, estudiaran en el colegio inglés de Holly Mount College, de Tottington (Lancashire), con idea de que al cumplir los quince años se formaran laboralmente en las haciendas de Tepic para dar continuidad a los negocios familiares. Esta última idea, trasladada por carta, a Domingo no le gustó en absoluto: ya ahora que de muchachos se trata –escribía a Pedro en diciembre de 1875– no pienses ni por un momento en que alguno de nuestros sobrinos ha de venir a este país. Ve cómo se van educando y piensa en lo que se podrán ocupar en ese continente, bien entendido que prefiero verlos de soldados; es cuanto puedo decir, a que tengan que pisar este país que tantos españoles han regado con su generosa sangre. La referencia dramática a la sangre se refería al asesinato de varios empleados de la Casa Aguirre en una de las últimas revueltas de la comarca antes de que llegara la paz de Porfirio y, en concreto, a la muerte de su primo Tomás Basagoiti Larrondo de 19 años: Con el corazón partido de dolor –trasmitía a la familia de Bilbao el 2 de julio de 1875– te comunico la irreparable pérdida que acabamos de sufrir con la muerte de nuestro primo Tomás. Antes de ayer, a las ocho de la mañana, salió de La Escondida para ésta con objeto de herrar mi caballo Rosilla, que le había dejado para que montara. Al llegar al agua–zarca, cerca de los cuartos blancos de Jauja, dos hombres montados que iban de ésta, rumbo a Bellavista, le asesinaron vilmente y de la manera más cruel y cobarde, dándole un balazo a quemarropa y una puñalada.

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edro se dolió intensamente de la muerte de su primo, pues sabía cuánta soledad se padecía en aquellas lejanas tierras como para morir, además, sin el consuelo de los seres amados. Por otra parte, los hermanos Aguirre veían en la mocedad de Tomás el futuro apoyo y la cabeza de los intereses que allí tenían depositados, ilusión que se vio truncada de un balazo; tendrían que buscar otra solución. A la espera de que los sobrinos alcanzasen una edad que les permitiese responsabilizarse de los asuntos de la Casa, había que pensar en alguien en quién confiar en caso de ausencia o necesidad. Domingo pensó en su amigo y gran conocedor de la región, Faustino Somellera, por ser hombre capaz y experimentado en negocios de parecida índole. El nombramiento y aceptación de Somellera como apoderado se produce en el año 1876, que coincide, por otra parte, con el inicio de la quietud social y económica que supuso la asunción de Porfirio Díaz a la presidencia de Méjico. Este mismo año experimentan y plantan nuevas semillas de algodón que les permitirá elaborar una hilaza más fina y sutil, de cuya manufactura saldrán productos de mejor encaje en el mercado. El año estaba siendo extraordinariamente bueno. En lo tocante a la estructura de la Casa, en 1876 culminaron los compromisos y las deudas contraídas, dando el espaldarazo definitivo a la viabilidad de la idea y a la consolidación de la Boletín de la Exposición Municipal de Tepic. Año 1879

Casa. El saneamiento de la sociedad y el posible interés de Agapito Fernández Somellera, tío de Faustino, por comprar la Casa, les permitió por primera vez pensar en la venta del negocio y regresar definitivamente a España. En el supuesto de que el interés de aquél por sus propiedades no se concretara en la compra, los hermanos Aguirre hicieron ver a su tío y socio capitalista de la Casa Aguirre que deberían acompasar la nueva realidad en otra fórmula societaria, ya que la actual tenía una viabilidad de nueve años, y estos se habían cumplido sobradamente. Pedro escribía a su hermano en diciembre de 1877: En la previsión de que no fuera posible llegar a una cuerdo con Agapito sobre venta de fincas y con el propósito de determinar con mayor precisión nuestra respectiva posición actual, así como el de constituirnos todos solidarios para lo futuro en los riesgos que pudieran correr esas fincas, ha formulado Juan un nuevo proyecto de Sociedad en que entraríamos nosotros con la mitad del capital social. Las fincas figurarían como parte de capital y nosotros en consecuencia como dueños de la mitad de ellas. Tú examinarás el asunto y darás tu opinión, yo ninguna objeción tengo que hacer. Domingo contestaba dos meses después: Como estoy en días de salir de aquí para Guadalajara solamente me he concentrado en leer a la ligera las bases de la nueva sociedad que deseáis se forme en caso que Somellera no compre las fincas. No puedo pues dar una opinión, pero desde ahora doy mi conformidad a lo que acordéis sea de la manera que fuere.

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reviendo la venta de la Casa realizaron el inventario general de los bienes con valor de diciembre de 1877, por un sumando de 231.000 pesos, desglosado de la siguiente manera. Los edificios de las

haciendas y de la casa de Tepic se consideraban en 44.500; los aparatos mecánicos y otros ingenios en 19.600; el valor de los campos en 57.450; las obras y mejora en 12.600; las herramientas y otros utensilios para el laboreo en 6.400. A este acumulado había que incluir el valor de las plantas en 73.900, más 18.300 referidos a los muebles, para terminar el total con la valoración de las existencias en 17.300 pesos mejicanos. La venta no se llevó a cabo y la constitución de una nueva organización societaria se dilató en el tiempo como consecuencia del fallecimiento en Bilbao, abril de 1878, de Juan Antonio de Aguirre Zubiaga a la edad de setenta y ocho años. Pedro: tomo la pluma para comunicarle –a Faustino

Somellera– la desgracia que nos ocupó el siete del corriente con el fallecimiento de mi tío, dejándonos sumidos en una honda pena y con un vacío difícil de llenar. Ya no existe, pues, el fundador y jefe principal de nuestra Casa, sin embargo, de lo cual ninguna alteración sufrirán por ahora las condiciones de su modo de ser, proponiéndonos que siga con todos sus negocios como hasta el presente. 98

La muerte de Juan Antonio motivó a Domingo a emprender viaje a España después de dejar órdenes precisas a Faustino. Por primera vez en treinta y tres años la familia se reuniría al completo. La presencia de Domingo en Bilbao y en su Berango familiar no se destinó sólo al descanso. Sin duda se reuniría con asiduidad con su hermano Pedro, su primo Juan Víctor y la madre de éste, doña Jacoba, comentando los negocios de Méjico y, sobre todo, los cambios estatutarios y de accionariado que se habían barajado con anterioridad a la muerte del tío. Desde la capital del Nervión inició variados viajes profesionales para calibrar la calidad en la fabricación de azúcar en otras comarcas y contemplar si algún nuevo método de trabajo se podría introducir en las haciendas. En febrero de 1879 anotaba a Pedro desde un lugar del Mediterráneo español, que acabo de llegar de la Vega después de haber visitado las fábricas de azúcar La Concepción y la de Heredia. Hay otra más, la de Welley, que no me he apurado por verla porque me han dicho que tiene menos importancia que las dos anteriores y la misma clase de maquinaria. Por supuesto, como no podía ser menos en España, vi que los maquinistas y otros empleados eran ingleses y franceses. Hablé con ellos, les hice preguntas; fueron bastante claros, hablaron con algún desprecio de las Antillas; nada les repliqué, pero a mi vez, cuando ya dentro del coche me puse a reflexionar, sentí cierto placer y orgullo al ver claro que en las orillas del Pacífico, en la abrasada Méjico, en un


rincón desconocido, en La Escondida, en fin, por españoles, se fabrica el azúcar mejor que aquí, como no he visto en ninguna parte y como dudo que trabajen mejor y en ningún país. Saqué la cabeza, vi las cañas y se me figuraron pequeñas junto a los que hemos visto en aquella finca. Ciertamente, las fábricas de los Aguirre se podían comparar con lo más granado en su sector por el empleo de la mejor tecnología internacional. Para estas fechas las haciendas poseían complicados y eficaces sistemas de riego, saltos de agua y conducciones para llevar el agua a los molinos y otras maquinarias. Desde luego, tuvieron que sentir una intensa alegría al comprobar que sus intuiciones y penas alcanzaban un sentido: eran muy buenos, Lista de pasajeros del Britannic, en la que aparece D. G. Aguirre.

francamente buenos. Domingo se sentía orgulloso y satisfecho de la transformación conseguida en fábricas y haciendas en los últimos años. Aquella primera reticencia de Domingo en que los jóvenes Hormaechea Aguirre se abstuvieran de pisar Méjico, dio paso a su consentimiento para su inclusión en los trabajos de Tepic. Bernardino y Domingo, de diecisiete y quince años, después de terminar sus estudios en Inglaterra, embarcaron en el vapor Gurtubay con idea de realizar la derrota directa entre Bilbao y Nueva York. Tras una espera de una semana por no haber suficiente calado en la barra de Portugalete, salieron del Abra el 15 de octubre de 1879 rumbo también a las Américas, siguiendo la estela de su familia. La singladura estuvo a punto de convertirse en una tragedia ya que estuvieron a punto de perecer en el banco de Terranova. Ya llevaban cuatro días de mal andar, hechos pedazos por la furia del temporal, y se creían perdidos aquél mismo día, cuando aparece un vapor que los salvó y los trajo a Amberes. Ahora están comprando ropa y preparándose para seguir viaje, como así relato Domingo de Aguirre en carta a Méjico. Los jóvenes hermanos Hormaechea, seguramente, quedarían impresionados de por vida de su aventura, capaz de curtirles el alma para lo que pudieran encontrar en Méjico. A su abuelo le explicaban por carta desde Amberes:

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Ya sabrás de nuestro desgraciado naufragio y nuestra inesperada salvación, pues ya estábamos sumergiéndonos y no nos restaban más que una o dos horas de vida, cuando fuimos inesperadamente salvados por un vapor belga titulado Nerderland. No salvamos absolutamente nada, pues salimos completamente desnudos, y gracias a los maquinistas, quienes nos trataron como hermanos y tuvieron la amabilidad de cubrir nuestras carnes con un pantalón y un interior. Con tristeza les digo que muchísimos barcos se han perdido, y muchos se han salvado como nosotros. El treinta vimos a un barco desarbolado y un vapor muy grande en llamas; creo que ninguno se salvó del vapor –25 de noviembre de 1879–. Iniciado 1880, se encontraron por fin en el nombrado Méjico. Su primer destino fue durante una temporada Mazatlán, bajo el padrinazgo de la familia Somellera, para pasar a trabajar dos años después a los almacenes de la Casa Aguirre –Bernardino– y al escritorio en Tepic –Domingo–. Domingo desarrolló una actividad intensa viajando por Europa y América antes de regresar a Méjico, haciéndose con nuevas experiencias técnicas para mejorar la fábrica de mantas y refinado del azúcar. A finales de marzo de 1880 se encontraba otra vez en Nueva York camino de Filadelfia 1. Bernardino de Hormaechea Aguirre. 1862 2. Domingo de Hormaechea Aguirre. 1864 3. Juan de Basagoiti Larrondo. 1868

para estudiar nuevos telares. Tras el viaje concluyó que los telares americanos eran mejores que los ingleses y que a estas firmas

4. Antonio de Basagoiti Larrondo. 1871

encargarían las nuevas máquinas. Estaban decididos a mejorar la fábrica

5. Luis de Basagoiti Larrondo. 1878

y deseaban, tras los nuevos aportes técnicos, poder confeccionar 1.500

6. Esteban Gangoiti Aguirre.1875 7. Gonzalo Gangoiti Aguirre. 1877

mantas a la semana por cada telar quitando el turno de noche. Su idea era comprar más de cien telares. En octubre de 1880, Domingo se incorporó de nuevo a Tepic para hacerse cargo directo de la renovada empresa. Desde Bilbao, Pedro seguía encargándose de la formación de su familia llevando a cabo su tutelaje. Esta vez dispuso que Juan de Basagoiti Larrondo, primo del asesinado en Tepic, continuara sus estudios en Catterick, con idea de pasar al término de su formación a las posesiones de Méjico. En esta misma década de los ochenta sus hermanos Luis y Antonio seguirían los mismos pasos, y más adelante los hijos de su hermana Mercedes, los Gangoiti Aguirre. Era necesario dar continuidad a la empresa de sus mayores y por ello también se ocupó de que otros muchachos del entorno berangués se formaran para ir a Méjico, tal y como le comentaba a su hermano: He mandado ya a Inglaterra al primo Basagoiti. Sarriá irá a practicar de azucarero a “Coulomiers” a principios de octubre; después practicará maquinista en “Fives Lille” y estudiará al mismo tiempo principios de mecánica y química.

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LA CASA D. G. AGU I RRE

Fachada exterior de la Casa Aguirre en Tepic. Año 1895

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a década de los años ochenta en la república de Méjico se asemejó a un oasis de paz, si es que comparamos este decenio con los lustros anteriores. La llegada de Porfirio Díaz mediante un nuevo cuartelazo

inauguró un largo período dirigido bajo la máxima de orden y progreso, es decir, el inicio de una paz social que acabó con el bandolerismo, levantamientos y cuartelazos militares, al tiempo que se facilitaba la modernización del país. La política económica se caracterizó por un amplio desarrollo de las infraestructuras, especialmente incentivando el desarrollo del ferrocarril, el surgimiento del telégrafo y un sin fin de medidas favorecedoras del fomento de la agricultura y de la instrucción pública. Poco de esto hubiera sido posible si no se hubiera asentido a la recepción de capitales extranjeros capaces de invertir en una nación llena de recursos. En este proceso la Casa Aguirre tuvo un papel preponderante en el estado de Nayarit. Su capacidad técnica le hizo encargarse de la construcción del telégrafo desde el puerto de San Blas hasta Guadalajara, más otras iniciativas sociales que trajeron la mejora de la región. Domingo, el único representante de la Casa Aguirre en Tepic, fue nombrado en 1883 Presidente de la Junta de Sanidad de la ciudad para coordinar los trabajos que paliasen los efectos que produjo ese mismo año en la población la fiebre amarilla. En 1882 la Casa Barrón y Forbes consiguió hacerse, al fin, con la totalidad del ingenio de Puga, concluyendo así con la Compañía Tepiqueña tras treinta años de existencia.

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Pasado el tiempo suficiente desde la muerte de Juan Antonio de Aguirre, Pedro y Domingo y los nuevos dueños de la Casa Aguirre, Jacoba y su hijo Juan Víctor, reorganizaron en 1885 la Sociedad para amoldarla a una nueva situación empresarial. En la ciudad de Tepic redactaron nueva escritura pública en la que se especificaba en su artículo tercero que los hermanos Aguirre ponen por capital las ganancias que han obtenido en la Sociedad, de suerte que aunque en la primitiva se consideraban como socios industriales en la presente tienen también el carácter de capitalistas. Y en el undécimo se dice: Las ganancias y las pérdidas se dividirán en proporción de un 30% a la Sra. doña Jacoba, otro 30% para don Juan Víctor, el 20% para don Pedro y el 20% para don Domingo Aguirre. Por lo que observamos que los porcentajes no variaron respecto a la escritura de 1866. Además en el sexto se ampliaba y especificaba cuál iba a ser a partir de ahora el objeto social de la Casa: Los negocios que formarán el objeto de esta compañía son la explotación de las citadas fincas de La Escondida y Bellavista, que según he dicho, la primera está dedicada al cultivo de caña y elaboración de azúcar y aguardiente; y la segunda, a la fabricación de tejidos de algodón. Así mismo, las operaciones consiguientes a esta explotación y que de alguna manera se relacionan con ella, como la importación de efectos Maquinaria de La Escondida. Año 1901

extranjeros, la venta no sólo de productos de las referidas fábricas, sino también de los artículos exportados y cuantos más formen el giro de la casa de comercio, de la negociación, operaciones de Banco, descuento y demás relativa. En general tendrá por objeto la compañía los demás negocios relacionados con los anteriores, y cuantos convengan a una casa mercantil e industrial como la referida. También la compañía se ocupará de desempeñar las comisiones que reciba, ya sean o no mercantiles, y bajo este aspecto será, además, una sociedad comisionista, sujeta a los derechos y obligaciones marcados en el título cuarto del libro primero del Código de Comercio. Y Domingo de Aguirre redobló sus esfuerzos para cumplir ampliamente con la nueva calificación empresarial, con la cual, como veremos, no debía estar muy contento ya que las propuestas que Juan Antonio ofreció antes de morir, habían creado unas expectativas que se vieron frustradas en el nuevo convenio. Para iniciar esta nueva etapa se puso de nuevo en marcha camino de Europa para estudiar la compra de nueva maquinaria que ampliara y mejorara la producción de las haciendas. El viaje de 1885 se llevó a cabo después de que en abril del mismo año le nombraran Vicecónsul de España en Tepic, cabecera comercial del Pacífico mejicano. Tras varios meses de viaje y visitas profesionales escribió, en marzo de 1886, a su hermano Pedro dándole cuenta del resultado de sus indagaciones y contrataciones de maquinaria: Querido hermano, escribía

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desde el Gran Hotel de París: Ya acabé el negocio del fletamento de Jacques Coeurs, que toma hasta trescientas toneladas por 23.000 francos. Saldrá nuestra maquinaria comprada en mayo, y hará una escala en Guayaniquil. Ahora me ocupo de comprar los tubos para ambas fábricas; después veré si puedo dar una vuelta por Manchester. Concluido el motivo del viaje tras la contratación de la nueva maquinaria, unido a la recepción de noticias sobre una posible revuelta en el norte de Méjico, emprendió viaje de regreso el 25 de septiembre de 1886, llegando a Tepic el 24 de octubre. Los nuevos vapores y el uso del ferrocarril en los Estados Unidos redujeron considerablemente los trayectos de un lado al otro del océano.

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l año 1887 lo dedicó Domingo a la instalación de los nuevos ingenios y a la puesta a punto de la maquinaria costosamente traída desde Europa, después de que concluyera la reforma de

Bellavista. La cuestión del viaje no era sencilla de realizar, tanto es así que, en noviembre de 1886, Domingo se desahogaba con su hermano diciéndole que aún no ha llegado el Jacques Coeur y me está fastidiando tanta tardanza, que pasa ya seis meses de su salida de Burdeos. A pesar de la queja tendría que hacer acopio de mucha más paciencia porque fue

La goleta Mercedes. Año 1903

en febrero de 1887 cuando con felicidad se acabó la descarga del Jacques Coeur, y orgulloso puede estar Lanzagorta del éxito, en un lugar en el que no se cuenta más que con los dedos, cuando en el mismo Havre alzaban pelos a la operación de embarque. Ahora se están haciendo los puentes y arreglando el tren para que vengan las mayores piezas que hasta ahora se han desembarcado en San Blas. Veremos lo que se hace y espero que en quince días empiece la faena. El traslado hasta la hacienda fue costoso, tanto en medios materiales como financieros. Los lugareños se asombraban de ver en estos caminos un carro de cinco toneladas con una pieza encima de ocho toneladas, estirado por sesenta bueyes. Espero que si no llueve en todo el próximo mes de junio habremos logrado dar fin a la empresa que, según opinión general, era imposible, escribía a Pedro a finales de mayo. Y así fue, el 20 de junio trasmitía que tenía la satisfacción de imponerte que hoy al medio día entrarán en La Escondida las últimas piezas que había en Navarrete. Queda pues vencido el trabajo que nadie creyó se acabaría este año, y una vez más probado lo que puede el trabajo y la constancia. Para nada se han economizado el sudor de los hombres; más de cien yuntas de bueyes y cuarenta mulas se han ocupado; hemos perdido veinte bueyes y gastado un dineral, pero hemos vencido. Queda ahora el trabajo de colocar estos aparatos y haremos lo que se pueda para que queden instalados a buen tiempo. Por fin, tras enormes angustias, Domingo hacía

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ver a la familia el 11 de noviembre, que tenía el gran gusto de comunicar que ayer echamos a andar el molino y el aparato, y según indican, todo ha quedado bien colocado. La turbina nueva con tubería, edificio, y en fin, todo nuevo y funciona muy bien. No te puedes ni imaginar el gran peso que me he quitado de encima, pues de la Compañía de Fives Lille me insistían con rigor que debía traer un ingeniero de la compañía de ellos para que asegurara el buen funcionamiento de estas máquinas. La prueba se ha hecho en seco, se entiende, pero tengo fe en que todo marchará bien cuando funcione. Y todo se ha hecho con gente de casa. El término de la puesta en marcha de La Escondida actuó en Domingo como la 108

descompresión que siente el ánimo de las personas tras largos meses de ímprobos esfuerzos. Y con ella llegó el abatimiento y un cansancio cósmico al ver que algunos de los suyos no valoraban el esfuerzo de quienes se dejaban la vida muy lejos de casa, en el lejano Méjico, para exclusivo provecho de la familia. Junto a esta ingratitud pesó sobremanera, también, que Faustino Somellera, su leal y gran amigo, le comunicara su decisión de abandonar la administración de la Casa Aguirre por motivos familiares. Domingo no podía más y sin entrar en comentarios, diré, –le comentaba a Pedro en 1887– que según he podido comprender, lo mismo Juan Víctor, que la tía, están en la inteligencia que los resultados obtenidos en esta Casa se deben en mayor proporción al capital existente en 1866; pues bien, les dejaremos en su interesada opinión, pasaremos porque la gracia de todo ha estado en aquel figurado capital y que nosotros en nada, o poco, hemos cooperado para obtener lo conseguido de una manera tan ignorada por ellos. Y teniendo en cuenta que hace tiempo, según se palpa, ha desaparecido la base principal de esta sociedad, nos separamos tranquilamente. En este supuesto, ninguna parte tomaremos en estas fincas; lo que nos corresponda tendrán que darnos en efectivo y dejaremos entonces que el tiempo demuestre el valor del efectivo en este país. La comprensible indignación de Domingo seguramente hizo que su hermano Pedro hiciera ver a su familia la injusticia de sus apreciaciones. Aún así todo, Domingo tomó la decisión de abandonar para siempre la vida que había llevado. A la altura en que estamos y a la edad que tenemos –escribía poco


tiempo después a Pedro–, la tranquilidad de vivir en esa no tiene precio para nosotros; nada digo cuando se trata de sostener, a fuerza de perder años de vida, fincas que no cuentan con elementos para luchar en regla. Celebro que todas las familias se encuentren sin novedad. Concluyo: dado el egoísmo que se nota, nunca mejor ocasión que esta para separarnos, pues sabe Dios lo que aquí se sufre, pero llegaremos hasta el fin; esto es, hasta que los aparatos estén puestos y quede todo en el mejor estado posible, y entonces dejaremos por completo estos negocios para quedarnos tranquilos en esa. Puedes hacer presente esta a Juan Víctor y que se preparen para fin de año. Ya no sigo más. Aún en el caso de un arreglo legal, no tomo ninguna responsabilidad. Me retiro y me retiro. Domingo G. Aguirre. Las conclusiones de su enfado no pudo mantenerlas mucho tiempo ya que algunas nuevas circunstancias en la vida de la Casa Aguirre obligaron a dilatar su regreso a España. Así lo aceptó por carta de nuevo, reconociéndole a su hermano que lo que temo es que tal vez dominado por un espíritu de delicadeza, que bien comprendo ahora que siempre hemos llevado al extremo, no hemos de separarnos tan pronto como nos convendría. El motivo no era otro que la enfermedad de la mujer de Faustino Somellera, porque la relación que Faustino me ha hecho a su vuelta de Guadalajara sobre el estado de Quica, sobre sus Patio interior de la habitación en la Casa Aguirre. Año 1895

deberes y, en fin, de mucho más que no puedo referir, deduzco claramente que no puede seguir en esta casa, y por lo tanto quedarse él más tiempo del que tenía previsto dirigiendo el día a día de la sociedad. En octubre de 1887, Domingo apuntaba que Quica sigue mala de calenturas hace dos meses, y Faustino se me ha despedido para el año próximo. Estos inmejorables amigos son dignos de mejor suerte; no se puede calcular lo que perdemos con esta separación. Pues bien, como yo también, a lo más, estaré aquí el próximo año, la época de conocer prácticamente a Juan Víctor lo que cuesta manejar estos negocios se le acerca. Yo me separaré; pero se entiende que acto continuo pido la liquidación sin parar en pequeñeces y que después Dios les ayude en todo. Ya me tiene cargado tanta indiferencia y tanto egoísmo; creo que ya es tiempo que piense algo en mí mismo. Domingo no sabía entonces que no podría cumplir su propósito hasta años más tarde, a pesar de que en noviembre de 1887 aseguraba a su hermano Pedro que pronto se verían. Consideraba que los negocios mejicanos quedarían bien guardados con el concurso de otros buenos amigos; pongo en vuestro conocimiento que Faustino se retira de esta el año próximo, y que también yo tengo formado el mismo propósito. Y como con tiempo hay que prever todo, he llamado a Jesús Lanzagorta para que veamos si podemos arreglar que entre él y Pablo Sarriá administren estos negocios lo mejor que puedan desde el día en que nosotros salgamos. Si llegamos a concluir la liquidación pendiente con Juan Víctor de una manera satisfactoria para todos, me podré prestar a dirigir los negocios desde ese país como pueda, pero de lo contrario me retiro definitivamente de la sociedad.

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Trascurridos ya los cinco años que la escritura de 1885 daba de vigencia a la sociedad Juan Antonio de Aguirre y Compañía, Domingo, en el año 1890, partió rumbo a España dispuesto a revisar sus estatutos y con la firme voluntad de tomar decisiones extremas si no fuesen atendidas sus reivindicaciones, que no eran otras que no deseaba que de su trabajo se beneficiasen en tal proporción los “parientes rentistas”.

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Carátula de la escritura Aguirre y Compañía. Año 1890 Aparatos de cocer al vacío en Puga. Año 1900 (Página siguiente) Vista general de Puga con sus tierras.

a solución se concretó en dos nuevas escrituras elevadas frente al escribano Félix de Uríbarri; la primera, del 27 de septiembre de 1890, consistía en una declaración, carta de pago y cesión de bienes mediante la cual se extinguía la sociedad Juan Antonio de Aguirre y Compañía. En su cuarto artículo se explicita que hecha entre los cuatro señores participantes una liquidación de todas las utilidades habidas en la referida sociedad, Juan Antonio de Aguirre y Cía. hasta el día treinta y uno de Diciembre de 1889, la aprobaron todos ellos por ser exacto su resultado y conforme a los libros y cuentas de la Sociedad, acordando repartirlas enseguida entre los mismos señores y acordando que la parte de esas utilidades correspondientes a doña Jacoba, a su hijo Juan Víctor y a don Pedro de Aguirre, la percibieran en valores y dinero en metálico y que a cuenta de la parte correspondiente a don Domingo G. de Aguirre se le adjudicara las fábricas, haciendas, casas, ranchos y terreno de todas clases, minas, goleta y demás bienes que detalladamente se deja especificado y puestos de acuerdo sobre ello, lo llevaron a efecto doña Jacoba, don Juan Víctor y don Pedro con su parte en metálico no restando otra cosa que elevar a documento público ese convenio. La segunda escritura consistía en la constitución de la Sociedad Colectiva titulada Aguirre y Compañía, otorgada el 19 de octubre de 1890, en la que se variaba la composición del porcentaje accionarial, quedando Domingo con el 72,73 por ciento, y los otros tres socios con un 9,09 por ciento cada uno. En la misma escritura se estipulaba que a partir de ahora se realizaría un reparto de las pérdidas y ganancias de la sociedad de un 76 por ciento para Domingo, y el resto para los demás socios ya nombrados. El capital de la nueva sociedad se constituye con 275.000 pesos, de los cuales 200.000 están a nombre de Domingo, y los 75.000 restantes por tercias e iguales partes entre los otros tres socios. Tras la repartición se hace constar en la escritura la nueva composición patrimonial de la Casa Aguirre, compuesta por: las haciendas de La Escondida y Bellavista, más la mitad del terreno conocido como El Salto; una

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finca urbana en el municipio de Rosamorada y Santiago; el potrero Los Limones de Tepic; los terrenos denominados Angostura y Canovas; otros contiguos a estos conocidos como Dolores, Playa Dolores, Chapulín y Barojeno; un terreno rústico situado en el segundo cuartel de Tuxpan; un terreno denominado Soyacuantla; el conocido como Peñasquillo; el Melón, sito en la margen izquierda del río Santiago; una finca rústica en Tepic denominada Guajolotes; la hacienda Lo Lamedo, el rancho del mismo nombre; una casa establecida en Tepic en la manzana 45 del tercer cuartel en la calle de Bravo; otra finca urbana en Tuxpan, más una casita asentada en el pueblo de Ixtlan; el rancho denominado Fortuna; las haciendas Chilapa y Buenavista en el municipio de Rosamorada y Santiago; la barra de la mina San Ramón; la goleta Mercedes, así como acciones varias de compañías de telégrafos, tranvías, etcétera. La constitución de esta nueva sociedad y su nuevo reparto accionarial, satisfizo a todos sus componentes. Aquellas lamentaciones, producto de la especulación sobre la preponderancia del capital o el trabajo en la obtención de resultados, quedaban así resueltas. Domingo seguiría con su trabajo en la empresa y tendría al mismo tiempo los medios de producción. Jacoba y Juan Víctor recibirían su parte en metálico, liberándose de la toma de decisiones en la sociedad. Pedro, que valoraba el trabajo tanto como su hermano, acepta 116

gustoso el nuevo trato, al no poder implicarse, como en los viejos tiempos, en la gerencia al sentirse ya sin fuerzas y sin salud. Contentos todos con la nueva organización, se afirmó la concordia familiar y la compenetración que perdurará, por siempre, entre los miembros de la familia Aguirre. Ciertamente, el nombre de la nueva razón nunca llegó a emplearse por miedo a que no se pudiera traspasar al Haber de la nueva sociedad la concesión de agua que poseía la hacienda de Bellavista. El regreso de Domingo a las tierras de ultramar se presentó triste al producirse, en mayo de 1893, la quiebra de la Casa Fernández Somellera Hermanos, agentes de la Casa y primos de Faustino. Los Somellera fueron siempre sus amigos, a parte de casi paisanos, en los momentos más duros de la aventura americana, y se dolió sobremanera de que la fortuna no les sonriera como merecían. Los contratiempos llegaron una temporada antes con la muerte en Tepic de Santiago Stephens, el director de Bellavista y encargado del funcionamiento de la maquinaria. Su desaparición produjo una gran conmoción en la capital de Nayarit porque su trayectoria fue muy querida por todos los que le conocieron. Stephens fue sustituido por Arturo Ecroyd, un ingeniero de ingenios azucareros residente en Brasil. Esta pérdida animó a Domingo a contratar al francés León Laforge como montador de la maquinaria de La Escondida, nombrando a Julián Sarriá director de la hacienda. Juan Lanzagorta se quedó al frente del escritorio de la Casa en Tepic. Las penas en


cierta medida se aliviaron en 1893 con una producción de 200.000 arrobas de zafra, o de producción de caña de azúcar, cosecha asombrosa para los estándares que entonces manejaban. En 1893 llegaron a Tepic tres sobrinos más de los hermanos Aguirre, después de que estudiaran Comercio en diversos establecimientos ingleses. Luis de Basagoiti Larrondo, cuyos hermanos Juan y Antonio llevaban ya algún tiempo en Tepic, y los hermanos Esteban y Gonzalo Gangoiti Aguirre, se sumaron a los también hermanos Bernardino y Domingo de Hormaechea Aguirre, que desde hacía doce años aprendían cómo se gobernaba una Casa tan amplia y compleja. Los recién llegados fueron situados en los puestos más humildes de las diversas plazas de la Casa para que abandonaran cuanto antes su cosmopolitismo bilbaíno, y para que aprendieran in situ cada una de las peculiaridades de la empresa. En este sentido, Domingo de Hormaechea había aprendido desde años atrás muy rápido, pues no en vano se afanaba con provecho en la contaduría de los libros de la Casa, pero también cosechó otros saberes en las menudencias de la vida, y entró en conocimiento de la joven Carmen Leal, hija de una familia de comerciantes y amigos de la comarca con la que Domingo tenía especial interés en llevarse bien. Aprovechando una enfermedad del joven Domingo, (Página anterior) Patio de carga y descarga de Puga. Año 1900

su tío lo embarcó rumbo a Bilbao. En julio de 1894, Domingo le escribía a su hermano Pedro: va a recobrar la salud, a reponerse del estado anémico en el que se encuentra y a curarse de la enfermedad herpética de la garganta. Ya

(Página siguiente) Fábrica de Puga.

sabes que, fuera de sus sueldos, en el año 92 les aboné diez mil pesos a cada uno. Como sabes llevan aquí los dos hermanos doce años desde mediados del año ochenta y dos. Domingo ha tenido los libros de la Casa estos últimos años y Bernardino se ha ocupado de La Escondida en diferentes cosas. Domingo vale mucho para este escritorio; lleva perfectamente bien los libros, tiene magnífica letra, es incansable para escribir y seguridad completa. Esteban Gangoiti, recién llegado, escribió a su tío Pedro en febrero de 1894 asombrado por cuanto viera ya que sobrepasaba lo que su joven imaginación le había manifestado antes de que se embarcara: el domingo último estuvimos en La Escondida, Dominguito, Bernardino, Saturnino, Andraca y yo, y la verdad, al ver aquello queda uno maravillado, orgulloso y avergonzado; maravillado porque pensando solamente en los tiempos aquellos en que nuestro don Juan Antonio fabricaba el azúcar en aquella casucha llamada hoy casa de Teja, donde solamente se sacaban siete u ocho mil arrobas de azúcar, y la manera como ha ido progresando hasta llegar a doscientas y pico mil, que es la producción del año pasado, es para maravillarse; enorgullecido pensando en que los que han contribuido a ese progreso han sido y son miembros de la familia; y por fin, avergonzados, solamente al pensar que jamás llegará uno a ser ni la décima parte de lo que ellos han sido...

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a nueva generación de Aguirres en Tepic fueron pasando de un lugar a otro de las diversas factorías para que aprendieran todavía más rápido. Su tío Domingo tenía especial prisa en dejar formados a sus sobrinos y volver con cierta tranquilidad para siempre a Bilbao, sabiendo que dejaba el futuro de la Casa en buenas manos. En 1894 se produjo la primera huelga obrera en el territorio de Tepic, en la fábrica de hilados de Bellavista, a causa de las arbitrariedades cometidas por Ecroyd. El buen hacer de Domingo solucionó el problema y las aguas volvieron a su cauce. Uno de los principales problemas de este período consistió en preservar los aportes de agua en la hacienda de Bellavista. En 1895, transcurridos los cinco años de la escritura societaria firmada en Bilbao, Domingo decidió dar nueva forma jurídica a su propiedad, pasando a denominarla Domingo G. Aguirre, comprando a Jacoba, Juan Víctor y Pedro sus participaciones; antes no lo había hecho porque en las escrituras primigenias de Bellavista se estipulaba, como ya ha quedado dicho, que si la factoría dejara de pertenecer a Juan Antonio de Aguirre la concesión de agua caducaría instantáneamente. Ante esta nueva situación la casa Barrón quería optar por el caudal que movía las turbinas de Bellavista. El pleito estaba asegurado, como así se lo decía (Página anterior) Salto de agua de la planta eléctrica. Maquinaria de la planta eléctrica.

Domingo a Pedro en julio de 1895: los jóvenes Barrón han mandado para esta un abogado de gran nota, diputado, redactor del Liberal, gran político y hombre, en fin, de gran nota para hacer el estudio del derecho de aguas que tiene Puga sobre el río de Tepic. No tiene duda de que estamos abocados a un pleito formidable y buenos trabajos nos esperan. ¿Cuándo podremos descansar de tantas dificultades? Ya se hace pesado esto, terminaba con laconismo Domingo. El pleito se solucionó negociando un arreglo entre las partes porque Domingo no estaba dispuesto a eternizar el problema. Este arreglo consistía: en dejar pasar setecientos pies cúbicos de agua por minuto siempre que el río lleve tres mil ochocientos. Gran parte de los consuelos que recibía en su ajetreada vida le llegaban con las noticias que le enviaba su hermano. A los dos hermanos les alegraba especialmente, a falta de descendencia directa, el desarrollo personal de sus sobrinos, en los que habían puesto tantas esperanzas. De Pedro de Icaza, el único hijo de su hermana Leona, sabía que sus estudios de Ingeniero de Caminos habían llegado a buen puerto y que aventuraba una carrera profesional llena de éxitos. Pedro le hacía ver en enero de 1895 y resaltando los valores que a ellos les había acompañado siempre en su vida profesional que Perico ha logrado colocarse en la nueva sociedad de fusión de los tranvías de Bilbao–Arenas–Bilbao y Santurce, formada para la instalación de la tracción eléctrica en ambos. El sueldo actual es insignificante, pero el empleo tiene muchas ventajas, empezando por lo que

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sirve desde casa, que podrá instruirse en electricidad, como que será el ayudante e intérprete de los alemanes que vendrán a instalarla; que dentro de algunos meses será preciso dividir el gobierno de la compañía en administración general y dirección técnica, y que ésta probablemente le será adjudicada con un buen sueldo. Y por último, y lo que más vale, que está en una sociedad modelo de buena organización, bien entendida, economía y mejor administrada que se pueda imaginar, lo cual le servirá para que se forme en buena escuela y aprenda a trabajar bien. Pedro insinúa a su hermano que ya va siendo hora de que piense en retirarse definitivamente a España y tomarse su merecido descanso, pero Domingo le responde que todavía tiene cosas que hacer, sobre todo,ahora que desde julio primero próximo (1896) quedarán abolidas las alcabalas en esta república, el comercio será libre en todo el país y regirá la contribución directa. Creo que será un gran paso para la prosperidad futura de la nación. 124

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or otra parte, Domingo seguía contando con la inestimable ayuda de Faustino Somellera, que quizá a causa de la quiebra de su familia, no había podido retirarse también a descansar definitivamente. Faustino iba y venía de Guadalajara para atender a su enferma mujer, pero sin descuidar la administración de la Casa. Al ir los negocios a velocidad de crucero, e indudablemente como consecuencia de la importante producción, producto de la nueva maquinaria de sus haciendas, la Casa Aguirre siguió creciendo a pasos agigantados. Aprovechando la bonanza de los negocios, Domingo compró a Barrón la mitad del rancho El Salto –situado en Jauja–, por trece mil pesos. En el año de la compra, 1896, se fundó la Cámara de Comercio de Tepic, siendo Domingo su primer Presidente. Igualmente fue el primer Presidente del Monte Piedad y Caja de Ahorros que se estableció en Tepic con anuencia del Ayuntamiento en el año 1897. Este mismo año la Casa posee una cabaña de tres mil trescientas cabezas de ganado, y antes de que terminara el año herrarían seiscientas más. Pedro no dejaba de pensar en la tierra que le permitió trabajar duro y mejorar en su posición ante la vida. De vez en cuando hacía ver a su hermano que quizá fuera conveniente hacer alguna donación a la ciudad de Tepic para manifestar el cariño que siempre tendría a sus moradores. Domingo atendía con su capacidad reflexiva los considerandos de su hermano y de la misma forma se los presentó para su consideración el 5 de enero de 1897: con mucha satisfacción me he impuesto de tus buenos propósitos para el bien de esta para con nosotros, bien querida comarca, y paso a hacerte algunas reflexiones para que me digas si te

Letra de cambio de D. G. Aguirre. Año 1895


parecen o no aceptables. En los años 1895 y 1896 he gastado en hacer una casa en el solar que ocupaba la antigua Casa Castaños, como ochenta mil pesos; la llaman la Casa de los Aguirre, y no veo otra igual en esta población. Pero queda un gran campo para que puedas cumplir tus buenos propósitos en La Escondida y Bellavista. En La Escondida tenemos una bonita capilla pero se necesita agrandarla. Tenemos escuela, pero en casa particular y hay que hacer un edifico adecuado. En Bellavista la iglesia está empezada, pero precisa acabarla; la escuela es una casa particular y se necesita hacer una nueva. Calculo que la iglesia de Bellavista para acabarla se lleva veinte mil; la escuela como tres mil, la capilla de La Escondida necesita un gasto como de dos mil y la escuela como de tres mil. Cada semana por cada misa pago al sacerdote seis pesos; pago de diezmos quinientos cada año. Pago al médico cuatrocientos al año, más la ida del carruaje. Pago a las escuelas treinta y siete al mes en cada lugar. Como te tengo dicho, los pagos a la federación, al territorio, al municipio pasan de cuarenta mil cada año. Resumen; hemos hecho en Tepic lo que no ha hecho ningún otro hasta ahora, ni nacional, ni extranjero. Y puedes agregar las cuotas mensuales de Tepic para asilos, fiestas religiosas, escuelas católicas y mil cosas más. Como cosa particular tuya he entregado los siguientes donativos, que en todo suman tres mil, y así queda bien por esta vez. Se le donaron al finado Stephens veinte mil. Los veteranos de siempre, tanto en La Escondida como en Bellavista, son atendidos en regla. Todo se designa como de los señores Aguirre. Pero esto no quita para que tratándose de caridad haya un campo ilimitado. En Bellavista y La Escondida entran muy bien tus cinco mil, se asigne algo a Tepic, ordena y pronto se cumplirá tu deseo. Pedro seguía con su idea, a pesar de que las cartas de su hermano le hacían ver que su agradecimiento a la ciudad de Tepic estaba más que consumado. En mayo de 1897 le dice que distribuyas algunos miles de pesos –3 ó 4 ó 5 ó 6– o más, hasta la suma que creyeras procedente, entre la Iglesia, el hospital y algunos establecimientos de instrucción en mi nombre… Así mismo te autorizo para que en las capillas de Bellavista y La Escondida, gastes otro tanto o más si quieres,… Un mes después, Domingo escribió contento a su hermano porque había encontrado otro modo más de agradecer a los tepiqueños los posibles favores recibidos por los Aguirre: Sucede que no hay en la población ningún reloj público, pues el único es el de la iglesia y anda tan mal que discrepa como veinte minutos por semana. Como hace tres meses abrió el señor cura una suscripción para encargar uno bueno, que según dicen cuesta como mil quinientos pesos mejicanos, y no se han apuntado más que trescientos. En vista de tan mal resultado el señor cura desistió de la empresa y devolvió el dinero que algunos locos le habían entregado. En tal situación me presenté ante él y le dije que contara con los mil quinientos para un reloj en tu nombre, y pronto se darán los pasos conducentes para conseguirlo. Tendrá pues la catedral, tendrá Tepic un buen reloj gracias a tu generosidad y no se puede pretender mejor oportunidad, pues realmente se cubre una necesidad pública.

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os meses anteriores al regreso de Domingo a España estuvieron llenos de una frenética actividad mercantil, quizá como legado de la buena actividad comercial que debieran realizar quienes le

sucedieran al frente de la Casa. A su sobrino Pedro de Icaza le contaba por carta las buenas nuevas de los negocios casi ya en marcha para ese continente. Se me ha ofrecido hacer una operación que sin duda os llamará la atención. Hemos comprado las haciendas de Puga, Mora, La Laguna y anexos, con sus campos de caña, maíz, arroz, ganado y todos sus llenos en la cantidad de 535.000 pesos al contado. La carga es pesada y para que estas haciendas se pongan a la misma altura que La Escondida, en todos los conceptos, sin duda se necesita otra suma igual que su costo. Es pesado, repito, y es necesario años para lograrlo. Adelante, pues, y que Dios nos preste su ayuda como hasta ahora para poner en regla estos negocios. Creo poder redondear algunos asuntos en no mucho tiempo y después me pongo en marcha para esa; tengo muchas ganas de veros, de hablar de todo, de descansar, de respirar con alguna libertad. Se entiende que tengo que comprar muchas máquinas, previo estudio, y mandarlas cuanto antes, pues no hay tiempo que perder si se ha de sacar alguna ventaja. Para esto nacimos y no hay más remedio que cada uno cumpla con su deber en este La catedral, con su “famoso” reloj. Año 1910 (Página siguiente) Tendido eléctrico en una calle de Tepic.

mundo. Con gusto me he ido imponiendo que todos en la familia seguís bastante bien y deseo que no haya novedad en el futuro. Ya te podrán dar idea ahí de la operación que he llevado a cabo, yo no entro en comentarios, los haremos de palabra. Repito que mucho deseo veros pronto, gozar de libertad, dormir tranquilo y respirar los aires del Cantábrico famoso. Mientras, recuerdos para todos, tu mamá, hermanas, sobrinas y demás familia. Sabes cuánto te aprecio. Se encontraron cuatro meses después, en marzo de 1898, tiempo en el que regresó a Bilbao después de un periplo de treinta días. En Tepic dejó con poderes universales a Faustino Somellera, Juan Lanzagorta y Pablo Sarriá, así como a su sobrino Domingo Hormaechea. El viaje de vuelta a casa requirió cortas estancias en San Francisco, Nueva York y París, siempre con el propósito de adquirir maquinaria nueva para la hacienda de Puga. El viaje de vuelta fue especialmente cansado ya que las fiebres palúdicas habían hecho mella en su consumido cuerpo. En parecida situación se quedaron algunos amigos y parientes suyos. Antonio Basagoiti tuvo que quedarse en Guadalajara afectado de una enfermedad que le dejó sin habla, Juan Lanzagorta moriría en 1900 afectado por el hígado y Julián Sarriá vería reducida su capacidad por problemas neuronales. En 1904, Luis Basagoiti moriría en la ciudad de Tepic, lugar en el que descansa desde entonces.

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Domingo dejó poderes universales para que actuaran los citados en su nombre, pero la empresa la seguía dirigiendo él desde su escritorio en Bilbao. Fueron constantes las notas que enviaba a Faustino Somellera dando indicaciones exactas sobre cómo tendría que hacerse la reforma de sus haciendas, especialmente en las últimas adquisiciones, como así se lo demandaba a su administrador en julio de 1898: gran fortuna ha sido que la caldera de vapor y las piezas de refracción las hayan sacado de San Blas antes de que lloviera. Bueno es que todo el algodón comprado en Acaponeta esté ya en Bellavista. Enterado ya de que Guilles está instalado con su familia en Puga y tomado nota de todo lo que haya que arreglar para la próxima zafra; me parece bien que Julián coloque las dos calderas de vapor. Mucho importa que las defecadoras queden bien arregladas para que trabajen en La Escondida. Celebro que el piñón grande del molino que se rompió lo hayan compuesto. Bueno es que tengas seguridad que para que a fines de octubre quede todo listo en Puga para trabajar mejor la próxima zafra que la pasada. A principios del año próximo 1899 llegarán a San Blas el molino, triple 130

efecto, tacho, hornos de verificar, carbón animal, depósitos de fierro, prensa, bombas. De San Francisco irán las tres ruedas de Pelton y la tubería de fierro. De Nueva York las centrífugas. Aún no he pensado en ningún armador para todas esas máquinas que llegarán a Puga en todas las secas de 1899, y que se deberán colocar para finales de año. La acequia y el acueducto demandan mucha gente y muchos albañiles. A tiempo tendrán que acopiar los ladrillos, la cal y la arena que necesite esta gran obra de tanta importancia, que se debe hacer de tal manera que resulte a completa satisfacción y de completo éxito; lo bien hecho resulta siempre lo más económico. En el último año del siglo XIX, Domingo recaba la opinión de los suyos en Tepic sobre la posible venta de la Casa a un trust americano interesado en expandirse al sur de su país. Sabía que sin su presencia y una constancia irrebatible el negocio iría perdiendo el impulso de sus creadores y seguramente llegaría su desaparición ahogado por la competencia. Trasmitía a Somellera que los americanos son maestros en formar los trust, o sea, los monopolios, y los manejan en regla; puesto que ganan mucho favorecen al consumidor en regla general. Son temibles para los que quedan fuera de los trust pues los aplastan sin compasión. Por lo tanto mucho nos importa seguir las relaciones más amistosas posibles con los del Aguila Sugar Defining Company.


En enero de 1900, Somellera recibía nueva nota abundando en este sentido e insistiendo en que para nosotros lo primero está en la conveniencia de todos en general, como tengo manifestado. Yo creo que esas fincas tienen que valer con los años, pero se entiende que cuando llegue el ferrocarril. Difícil sería que hoy dieran por ellas lo que valen; nosotros sabemos lo que han costado y lo que aún costarán. La conveniencia estaría en la venta en general, es decir, entraría también Bellavista. Yo por mi parte y contando con la conformidad de ustedes, no vacilaría en la venta, se entiende si las pagan bien, pues nada nos obliga a mal vender y podemos esperar a mejores tiempos. Esos tiempos no llegaron nunca y Domingo siguió apostando por la ampliación y mejora de sus negocios en los pocos años que le quedaron de vida. El principal de ellos fue instalar una turbina eléctrica para generar electricidad mediante la fuerza motriz del agua y llevar la luz a todas sus haciendas. El estudio de viabilidad se encargó al ingeniero Porfirio Lomellí, y se llevó a la práctica en 1902. La economía de la energía eléctrica, así como su rápida implantación, permitió que la Casa Aguirre optara y ganara la opción para la instalación de la electricidad en la ciudad de Tepic, como así lo hizo constar el diario local con el inquietante nombre de El Lucifer, en diciembre de 1902. Ante la magnitud del embate técnico que se presentaba a la Casa Aguirre, Domingo se vio en la necesidad de realizar su último viaje a Méjico a finales de 1902 para estudiar la maquinaria que habría que comprar, así como para gobernar los trabajos técnicos que se llevarían a cabo. Con gran pena no pudo entrar en la ciudad de Tepic, pues una epidemia de peste bubónica asolaba la comarca y, con seguridad, su maltrecha salud se hubiera visto afectada por la epidemia. En abril de 1903 volvería definitivamente a casa. La planta eléctrica se inauguró el 27 de septiembre de 1906 con 70 lámparas de luz de arco y 126 incandescentes. Domingo de Aguirre pudo disfrutar poco tiempo de su retiro bilbaíno, aunque seguramente intenso, acompañado de su familia que nunca dejó de pensar en él, por muy alejado que estuviera de los suyos. El 15 de julio de 1907 fue arrebatado del tiempo, y desde entonces está presente en la multitud de cartas que escribió y en las obras de educación y misericordia que siguen acompañando su memoria. Su hermano Pedro le siguió poco tiempo después, el primer día de noviembre del mismo año, agotado igualmente tras una vida laboriosa llena de fecundidad.

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CapĂ­tulo 4: Muerte de los hermanos Aguirre


DOMINGO

Domingo de Aguirre y Basagoiti. Óleo de A. Larroque.

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l copiador de cartas que Pedro de Aguirre implementa al fallecer su hermano Domingo se inicia con un lacónico telegrama: Aguirre, Tepic, México. Falleció ayer mi hermano nombrándome heredero

universal. Pedro. Bilbao, junio 16/1907/ Vda. de Epalza 1º–4º. Domingo falleció con sesenta y seis años. Su muerte causó consternación y sorpresa ya que gozaba de buena salud. Enfermó inesperadamente el mes anterior; su sobrino Pedro de Icaza escribe agobiado a París solicitando Lactopacilina, inexistente en España, ya que mi señor tío sufre un ataque de arteriosclerosis hemorrágica estomacal que le tiene postrado desde el 7 de mayo. Durante este tiempo no ha tomado más que leche fría y hielo, empleando últimamente alimentación rectal. El certificado de defunción indica, efectivamente, que falleció en su casa de la Gran Vía, letra C. T., piso segundo, a las 14 horas y 15 minutos, a consecuencia de hematemesis por arteriosclerosis e infarto hepático palúdico. El inesperado y fatal ataque acabó con su vida tras un mes de sufrimientos, agudizados por la dificultad de alimentarle correctamente. Testó el día anterior a su muerte. El notario Agustín Malfaz Illera certificó que se encuentra postrado en cama y gravemente enfermo, pero en el libre uso de sus facultades intelectuales para poder testar, e indica el Notario, que procedí a la lectura integra del mismo (testamento) en cuyo contenido se ratifica el testador y no lo firma por no poderlo hacer dado el estado en que se halla.

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El día 19 de julio, el periódico de Tepic, Lucifer, destacó en su primera página la muerte del Sr. Domingo de Aguirre cuya ausencia causa la emoción más honda y general en la ciudad. Entre otras alabanzas destaca que la prosperidad no le ensorbeció, ni la satisfacción de las propias necesidades le hizo olvidar la de los otros menos afortunados y más débiles en lucha por la vida. Recuerda, así mismo el articulista, que la casa del Sr. Aguirre es la más fuerte del territorio. De ella viven innumerables familias y es un poderoso factor de progreso para esta comarca. La última muestra de su iniciativa fecunda y útil es el establecimiento de la luz eléctrica en Tepic. El ataque que sufrió debió ser fulminante, además de inesperado. El libro de caja que Domingo llevaba día a día, finaliza con una anotación del 6 de mayo referida a la compra de 25 puros habanos y la toma, en billetes, de 136 pesetas. Diez días antes, anota la compra de 12 botellas de Champagne, 6 de Riscal y 6 de Murrieta. No son, estas, compras de alguien que presienta un final tan cercano. Por otra parte, su copiador de cartas indica algo parecido. La última carta, 3 de mayo de 1907, está dirigida a la casa de Tepic, y habla del algodón comprado en Acapulco y de la venta de mantas en Guadalajara. La anterior, fechada el 1 de mayo, está dirigida a Faustino Somellera y en sus apretadas 136

cinco hojas, comenta, aconseja y ordena, con su acostumbrado dinamismo, acontecimientos a corto y largo plazo. No son tampoco cartas anunciadoras de que se encontrara abatido o preocupado por una muerte inmediata. La mayor sorpresa y causa de preocupación la recibió, sin embargo, su hermano Pedro, once años mayor que el difunto y presunto candidato a morir con anterioridad, no sólo por la diferencia de edad, sino por los males que arrastraba desde hacia años. En carta a Faustino Somellera, fechada el 24 de junio, Pedro agradece las condolencias y le dice lo terrible de la desgracia, unido a mis achaques que han aumentado últimamente, y la pesada carga de testamentario, al mismo tiempo que heredero, me tienen agobiado. Inquiere en la misma carta, por la forma de otorgar poderes a él y a los que considere tenerlos, siendo su deseo que los múltiples negocios de esa sigan, por ahora, de la misma forma y marcha que antes, aunque indica, que el difunto tenía hablado con ustedes, hacer alguna conveniente modificación de esa Casa en el futuro. Como yo no puedo ocuparme de esos negocios, vayan ustedes estudiando de nuevo el asunto y que, teniendo en cuenta lo presente y lo futuro, me propongan la proposición o proposiciones que juzguen más convenientes para todos. En esta carta, Pedro hace ver las nuevas y pesadas responsabilidades que se le avecinan y agobian como único heredero y tener que volver a inmiscuirse en los complejos vericuetos de los asuntos de Méjico, que llevaba años sin atender directamente en su retiro bilbaíno.


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edro regresó definitivamente a Bilbao en 1876, procedente de Bayona, según hemos visto. Se instaló en el numero 1 de la calle de La Estufa, casa Palacio, junto a la iglesia de San Nicolás, donde vivían también su tío Juan Antonio con su mujer Jacoba Oxangoiti, Juan Víctor, su hijo, y Manuel Aras Quirce. Tras 30 años de duro trabajo en Las Américas, con la salud quebrantada, había llegado a un acuerdo con su hermano mediante el cual él se ocuparía de los asuntos financieros, invirtiendo las remesas procedentes de Méjico en distintos países de Europa, dejando los asuntos mejicanos a la atención de su hermano. Así pues, Pedro se integró más y más en la sociedad de Bilbao, desentendiéndose gradualmente de los asuntos de ultramar al marchar éstos viento en popa capitaneados por su hermano Domingo de una forma muy personal. El Bilbao del Siglo XIX, después de las guerras carlistas, inició, en su último cuarto de siglo, la reparación de los destrozos causados por las contiendas, preparándose a afrontar nuevas empresas, tal y como hemos visto anteriormente. El muelle del Arenal, a escasos metros de la casa habitación de Pedro, era entonces muelle de carga y descarga al que llegaban gabarras de sirga desde Olaveaga, lugar en el que fondeaban los barcos de mayor tonelaje. Al otro margen de la ría se situaban las campas de Abando, en las que, subiendo hacia San Mamés, se ubicaban algunas casas de campo. El Ayuntamiento radicaba todavía en la Plaza Vieja, endosado a la iglesia de San Antón, aunque el centro social se había trasladado a la Plaza Nueva donde estaba instalada la Diputación, la Sociedad Bilbaína y el café Suizo. Aquel Bilbao era el Bilbao chiquito y bonito de Unamuno. El plan del Ensanche de Azaola, Achúcarro y Hoffmeyer, redactado en 1876, estaba todavía en entredicho. A finales del siglo XIX Bilbao apenas contaba 80.000 habitantes. No fue hasta 1890 cuando a la Villa se anexionó Abando. José de Orueta, en sus recuerdos reunidos en Memorias de un bilbaíno, cita planes, proyectos y realizaciones del último decenio del siglo, como el Tranvía de Bilbao a Las Arenas, ferrocarril Bilbao–Durango, ferrocarril a Las Arenas, tranvía a Portugalete; y los puentes de San Francisco, La Merced y el Nuevo de San Antón; el mercado de hierro, el nuevo Ayuntamiento, el teatro Arriaga; inicio del Ensanche hasta la mitad de la Gran Vía. Se inicia el Puerto exterior bajo la dirección de Churruca. Se instala el teléfono y surgen las Electras de Bilbao y Baracaldo. La industria toma nuevos vuelos con Altos Hornos de Vizcaya a la cabeza. Se construye en 1900 el nuevo puente de Isabel II y se inaugura la nueva Diputación en la Gran Vía. Del bochito se pasa a la gran metrópoli vasca cabeza de la industria y minería que se desarrolla a lo largo del Nervión.

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sta transformación se acompaña de otros cambios de tipo social, producto de la industrialización, apareciendo la nueva burguesía ostentadora de capitales nunca conocidos y habitante en magníficas mansiones levantadas en el Ensanche. El dualismo político tradicionalismo–liberalismo se transforma, dando paso a nuevas ideologías. Nace el socialismo organizado en partido político; Sabino Arana funda el partido Nacionalista Vasco, y el liberalismo fuerista se transforma en liberalismo españolista. Pedro vivió todos estos acontecimientos desde su atalaya de la Estufa y dado su carácter inquieto y participativo se integró en esta pujante ciudad. En sus años bilbaínos fue hermano, desde 1885 hasta su muerte, de la Santa y Real Casa de Misericordia y se ocupó igualmente de otros asuntos sociales como miembro de la Junta de Beneficencia de Vizcaya. Junto a su primo Juan Víctor fue fideicomiso de los bienes que sus parientes, los hermanos Simón y Águeda de Ochandategui, legaron al pueblo de Berango, en cuyo beneficio construyeron la escuela de niños y niñas, reconstruyeron la parroquia, proveyéndola de una airosa torre, arreglaron caminos y veredas, e instauraron la red de aguas, aparte de pagar el canon para librar a los mozos de la milicia y repartir becas de estudio.

Iglesia de San Antón y Ayuntamiento de Bilbao. Año 1879

Los asuntos económicos formaban parte de su vida diaria, llevando personalmente sus cuentas con gran meticulosidad. Llevaba además las cuentas de sus hermanas y las de los parientes y sobrinos Basagoiti, Hormaechea y Gangoiti. Fue consejero del Banco de Bilbao desde el año 1891 hasta su muerte, y también del Banco de España. Sus inversiones estaban depositadas en bancos como Fruhling and Goschen y Kleiworth Sons y Cía., de Londres; en la Agencia de París del Banco de Bilbao, Vernes y C. Cohen y Cía., Movellan y Angulo, Heine y Cía. y Banque de Paris et des Pays Bas, de París; en el Banco Hispano Americano y con los Señores Urquijo y Cía. de Madrid y, por supuesto, en la sede central del Banco de Bilbao, en Bilbao. Es de destacar la fluidez y movilidad de los mercados monetarios de la época en la que se hacían todo tipo de transacciones país a país sin trabas de ningún tipo. Su espíritu cívico le hizo participar también en la vida política de su ciudad. Perteneciendo al partido liberal, fue concejal del Ayuntamiento presidido por Eduardo Victoria de Lecea. Fue miembro, también, de la Cámara de Comercio. Respecto a la vida social y cultural sabemos por sus cuentas que era socio de la Bilbaína y socio propietario de la Sociedad Filarmónica, de la sociedad de recreo El Centro y de El Sitio. Estaba suscrito al diario El Nervión y al Noticiero Bilbaíno.

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Pedro de Aguirre llevó una vida aburguesada en la capital, asistiendo a las juntas del Banco en el recién inaugurado edificio de San Nicolás (1868) o excursionando hasta San Mamés para asistir a las reuniones de Misericordia, cuya casa se inauguró en 1872. Pasearía por las mañanas por el Arenal y se acercaría a mediodía por el Boulevard donde los corredores de Comercio ofrecían sus productos y cotilleaban sobre las nacientes empresas industriales, mineras y navieras. Una vida, pues, tranquila, sólo interrumpida por algún viaje de negocios o para vigilar la salud en París, donde cuidaba su maltrecho aparato digestivo y unas dolorosas almorranas que le martirizaban de continuo. Acompañado por su hermana Jacoba, visitaba con asiduidad balnearios de la zona, en especial Vichy, en la vecina Francia. Llegado a Bilbao, Pedro tuvo la alegría de encontrar a sus padres con buena salud. Vivían en la casa Landaida Barri, de Berango, construida para su matrimonio, y salvo esporádicas estancias en Algorta o Bilbao, en donde se refugiaron de la guerra carlista, no querían dejar su querido Berango, a pesar del empeño que sus hijos ponían para que abandonasen la aldea y pasasen a vivir a Algorta o Bilbao en donde dispondrían de mejores condiciones de vida.

Diversos impresos relacionados con las actividades de Pedro de Aguirre en Bilbao.

Sin embargo, al instalarse su hijo en Bilbao, accedieron a ocupar una vivienda en la calle de la Cruz, cercana a la residencia de Pedro en la calle de la Estufa. De todas formas pasaban a Berango en los meses de verano, en donde la vida familiar se hacía más intensa. Francisco murió en 1881 y Mari Cruz diez años después. Fueron enterrados en el cementerio de Mallona. El resto de la familia había encontrado, también, acomodo en Bilbao, tras unas vidas más o menos azarosas. La hermana mayor de Pedro, Josefa Antonia (10–2–1834), casó con el oficial navegante Domingo de Hormaechea Arancibia (12–4–1824). Conocía a los Aguirre por haber coincidido en Plencia, estudiando en la misma escuela, con su futuro cuñado Pedro de Aguirre. Se casó con Josefa a los treinta y siete años de edad (1861), instalándose en Algorta. Su profesión le obligaba a ausentarse con frecuencia, por lo que Josefa acompañaba a sus padres en Berango. Tuvieron cuatro hijos: Bernardino, Domingo, Josefa y Juan Cesáreo, que moriría joven de pulmonía. Domingo se dedicó a la mar con denuedo. Recién casado en 1861, capitaneaba el barco María y Viento, seguidor de la derrota entre Liverpool y Manila. En los años setenta del siglo XIX recaló en Hong Kong y Filipinas. En 1875 se hallaba en Liverpool supervisando la construcción del buque La Salvadora, en el que participó con 10.000 £. Mandando esta nave se ve envuelto en la represión de una sublevación en la isla de Dolo, en Filipinas, por lo que recibió la Cruz al Mérito Naval. Realizará viajes entre Filipinas y Singapur, retirándose en 1878 a los 54 años de edad. La nave se vendió sin demasiado beneficio. Vivió su retiro en Bilbao, en la Gran Vía nº 3. Murió en 1901.

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Leona, la segunda hija de la familia (5–3–1836), se casó en 1861 también con un marino, Pedro de Icaza Múgica, natural de Algorta (1834). Su familia paterna procedía de Lejona, en donde existen todavía los caseríos Icaza –Aurrekoa, Erdikoa, Barri–, origen del apellido. Su padre también fue marino y murió muy joven. Su madre, al casarse en segundas nupcias, legó a su único hijo tres casas de propiedad paterna, en el puerto viejo de Algorta, lo que le anima a casarse con Leona en el año 1861. En marzo de 1863 se enrola junto a un tío suyo, muriendo este último, en las costas de África. Icaza es apresado por un vapor inglés y encarcelado, debilitándose seriamente su salud. Al fin, liberado, capitanea la fragata La Bilbaína, con la que realiza diversos viajes, uno de ellos a Montevideo, en busca de cueros. En 1865 su exigua salud le obliga a abandonar la mar. Pretende emigrar a Tepic, pero Pedro de Aguirre le convence de que no lo haga, precisamente, por su débil salud. Al fin parece que la fortuna le sonríe y tiene la oportunidad de participar en la compra de una nave inglesa, la Start, viajando a Inglaterra para armarla, y abanderarla luego en Bilbao con el nombre de La Estrella.

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En mayo de 1867 La Estrella parte rumbo a La Habana con Icaza de capitán. Deja a Leona en Algorta, embarazada de cinco meses. Inesperadamente muere el 2 de julio de 1967 en la Habana, a los treinta y tres años de edad sin conocer a su hijo. Su descendiente nacerá el 17 de septiembre en Berango. Jacoba (18–12–1843) fue la tercera de las hijas del matrimonio Aguirre Basagoiti, y la única que permaneció soltera. Se conocen dos o tres pretendientes que por una u otra razón no cuajaron. Se ocupó de sus padres hasta su muerte, pasando luego a vivir con su hermano Pedro en la casa de la Estufa. En el año 1915, a petición del famoso Padre Vilariño S.J., compró el frontón Kursal Bilbaíno, sito en la calle Hurtado de Amézaga nº 48, con el fin de donarlo a las Damas Catequistas, entidad fundada por Dolores Sopeña, que se ocupaban de la formación profesional de obreros de ambos sexos. El arquitecto Emiliano Amman realizó las reformas necesarias para transformar el recinto deportivo en un funcional local adecuado a sus fines formativos. El costo de la operación sobrepaso las 200.000 pesetas. Jacoba siguió apoyando a esta institución hasta su muerte, acaecida en el año 1925. Esta escuela sigue manteniendo su benéfica actividad en el mismo sitio, bajo el nombre de Obra Social Cultural Sopeña (OSCUS). La cuarta de las hijas, Mercedes (1–3–1847), casó con Esteban Gangoiti Ugalde en 1874, nacido y bautizado en Larrabezúa el 3 de agosto de 1849. Estudió medicina y conoció a la familia Aguirre a través de su tío Juan Bautista, que era cura beneficiado de Berango, y que vivió un tiempo en Berangoeta, casa propiedad de Francisco de Aguirre. La guerra carlista retrasó su boda, con la fortuna que su hermano Pedro pudo asistir a la misma desde Bayona.


Su primer empleo fue de médico en Zamudio, en donde vivieron hasta que quedó vacante la plaza de Larrabezúa. Esteban murió en octubre de 1890 de una infección en el brazo. Su viuda, Mercedes, pasó a vivir a Bilbao y se ocuparía de organizar la vivienda que acogería a su hermano Domingo en su retiro en la Gran Vía, en donde viviría con sus hijas a partir de 1895, que asistieron, como alumnas, al vecino colegio del Sagrado Corazón. Tal y como hemos visto en páginas anteriores, Domingo de Aguirre Basagoiti se retiró en Bilbao en el año 1898. Seguía dirigiendo los asuntos de Tepic desde la capital vizcaína con su habitual energía, confiando plenamente en Faustino Somellera, íntimo amigo, a quien había otorgado plenos poderes para llevar los asuntos de la Casa D.G. Aguirre. Esta misma confianza es la que depositó Pedro en Somellera y su equipo a la Bolsistas en el Arenal. Pastel. Manuel Losada. Colección de la Sociedad Rectora de la Bolsa de Bilbao.

muerte de su hermano a quienes confirma en sus puestos mediante nuevos poderes –Domingo de Hormaechea, Juan de Basagoiti, Fermín Maisterrena,…– La primera encomienda que Pedro hace al equipo mejicano es la iniciación del juicio testamentario en Méjico, es decir, que después de justificar la defunción y la calidad del testamento que se presenta es el último otorgado, hay que inventariar los bienes, evaluarlos, hacer constar la aceptación de herencia y pagar en definitiva los impuestos fiscales correspondientes. Llegará después el momento de registrar las propiedades a mi nombre. Solicita también un balance al 15 de julio. Respecto a esta petición responde Somellera que será mejor esperar al balance fin de año que reflejará una situación más concreta de existencias, facturas por cobrar y pagar, salarios, bonificaciones, etc. De todas formas con la base de inventarios –datos catastrales y evalúo que se elaborarán con fines fiscales– se podrá hacer una idea del caudal hereditario y sobre la marcha de los negocios estaré encantado de comentarlos dándole un abrazo personalmente. Esta última consideración da a entender que una vez encauzados los trámites testamentarios vendría a Bilbao para comentar la situación real de las empresas y arriesgar opiniones sobre el futuro, ya que los negocios habían cambiado tanto que sería muy difícil exponer por correspondencia su complejidad.

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PEDRO

Pedro de Aguirre y Basagoiti. Óleo de A. Larroque.

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austino Somellera, Tepic, México. Hoy falleció tío Pedro. Son herederas sus cuatro hermanas. Testamentarías las mismas con sobrino Pedro. Bilbao 1º de noviembre de 1907.

Así comunicaba Pedro de Icaza Aguirre, hijo único de Leona de Aguirre, viuda de Icaza, hermana de Pedro y de Domingo, la muerte del mayor de los Aguirre a Faustino Somellera, apoderado general de la Sociedad D. G. Aguirre de Tepic. En carta posterior, de 5 de noviembre de 1907, Pedro de Icaza explicaba el acontecimiento: El martes 22 de octubre se encamó el bueno del tío Pedro, con fiebre alta, a las 11 de la mañana; yo que velaba desde hacía tres días juzgué grave la situación y así se lo manifesté a sus hermanas; acordamos prestarle los auxilios espirituales y al efecto hablé claro, encontrándome con el hombre sereno y valiente de hace 50 años. Recibió todos los Santos Sacramentos en regla y todos esperamos un rapidísimo desenlace. Sin embargo, mejoró algo al día siguiente, y le defendimos durante diez días hasta el viernes 1º del corriente en que, plácidamente y sin sufrimiento alguno, expiró a las 12 en punto del mediodía de arterosclerosis, dicen los doctores, nosotros sólo vimos apagarse la vida lentamente y sin dolores. El viernes 18 de octubre otorgó su testamento, que viene a ser el mismo que tenía desde 1898 con las modificaciones consiguientes al fallecimiento del inolvidable tío Domingo. Habían transcurrido solamente cuatro meses y medio de la muerte de Domingo, cuando el fallecimiento de Pedro perturbó nuevamente la estabilidad societaria que con tanto esfuerzo habían conseguido.

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S

i bien la testamentaria de Domingo fue relativamente sencilla de ejecutar, por existir solamente un heredero, la de Pedro se presentaba más laboriosa y costosa, tanto en España como en Méjico, al tener

que hacer particiones entre cuatro herederas, además del legado que, como veremos, dejaba a su sobrino. Esta vez el peso de la responsabilidad testamentaria recaería en el sobrino Pedro, que si bien estaba al tanto del procedimiento anterior y de los asuntos de su tío Pedro por haber colaborado con él activamente en la administración de sus bienes en los últimos años, suponía una pesada carga y dedicación, que no dudó en asumir, liberando a sus tías de su albaceazgo.

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El proceso se reinició inmediatamente y un nuevo intercambio de documentos y poderes se ejercieron entre Bilbao y Tepic, otorgando nuevamente la confianza a Faustino Somellera, confirmándole como Apoderado General. El testamento, aparte de una serie de consideraciones y legados que no vienen al caso, especificaba en su cláusula 12ª: Lego a mi muy apreciado sobrino don Pedro de Icaza y Aguirre el tercio o sea la tercera parte que de mis bienes resulte liquido, después de deducidos los anteriores legados, gastos de funerales, etc. al objeto que los invierta en esta provincia en obras de utilidad pública y beneficencia con arreglo a las instrucciones que le comunicaré verbalmente y por escrito, confiriéndole para ello plenas atribuciones, sin que tampoco persona alguna pueda pedirle cuentas. En la cláusula 3ª del mismo instituye por únicas y universales herederas por cuartas e iguales partes y en pleno dominio y sin reserva alguna a mis queridas hermanas, doña Josefa, doña Leona, doña Jacoba y doña Mercedes,… Lo peculiar de este testamento será, sin embargo, su cláusula 15ª que dice: Es mi deseo el que se realicen todos los bienes que poseo en la república de México y que heredé de mi finado hermano don Domingo y encargo a mis albaceas que procuren hacerlo en el plazo que ha de durarles el albaceazgo, si es que pueden lograrlo en condiciones aceptables. La historia de este testamento esta íntimamente ligada al testamento de su hermano y es la culminación de dos vidas obsesionadas por la familia y por devolver a la sociedad parte de lo que la vida les había proporcionado. El caso es que cuando Pedro testó en el año 1898 lo hizo después de consultar con su hermano, quien aprobó el borrador en estos o parecidos términos. La interpretación que dio Pedro al sencillo testamento otorgado por su hermano, nombrándole universal heredero fue natural: no hay instrucciones especiales, haré con lo suyo lo que con lo mío que le pareció bien y que lo hubiese suscrito con gusto.


La idea base del testamento primero del tío Pedro es la siguiente, escribía Pedro de Icaza: Todo lo que he tenido, tengo y tendré, ha pertenecido siempre, pertenece y pertenecerá a los seis hermanos. Si falta alguno de ellos le heredaran sus descendientes y cuando yo falte, como no tengo descendientes que perpetúen mi nombre, inviértase mi parte en obras de utilidad pública y beneficencia en esta Provincia conforme a mis intenciones, dadas privadamente a mi hermano a quien dejo esa mi parte o mi herencia como legado. Esta misma idea preside o inspira su último testamento. Se divide el fondo común en seis partes, una para cada hermano y un tercio o sea dos sextas partes me lo deja como legado, es la herencia o parte correspondiente a los dos llorados tíos a quienes realmente debo presentar como mejor pueda y cuya memoria tengo que perpetuar conforme a instrucciones y en cuya labor he de invertir mi vida por larga que sea. Estas explicaciones que da Icaza a Somellera no necesitan mayor aclaración ya que sintetizan lo que fue la vida de ambos: Todo Para Todos. Le tenemos pues a Pedro de Icaza en contacto directo con Faustino Somellera, por una parte, para resolver la testamentaria mejicana, que, por cierto, se acumularía a la de Domingo y, por otra parte, resolviendo los asuntos relativos a los bienes en Europa.

Noticia de la muerte de Pedro de Aguirre en el Lucifer.

Empezando por estos últimos, cuya resolución era más simple –Pedro llevaba prácticamente la contabilidad de su tío–, nos remitiremos a la escritura de Aprobación de las Operaciones divisorias de los bienes quedados al fallecimiento de don Pedro de Aguirre Basagoiti que fue otorgada ante el Licenciado Ildefonso de Urízar el 29 de mayo de 1908, por doña Josefa, doña Leona, doña Jacoba, doña Mercedes y don Pedro de Icaza y Aguirre. Según el inventario, el cuerpo general de bienes se compone de: –En metálico, en Bilbao............................................................................ 6.541,11 Ptas. –En efectos públicos y valores en Bilbao, Madrid, París y Londres .............................................................................. 21.279.922,17 Ptas. –En alhajas ..................................................................................................... 1.648 Ptas. –En muebles .................................................................................................. 17.747 Ptas. –En inmuebles en Vizcaya .................................................................. 55.882,50 Ptas. –En derechos y acciones, créditos en Bilbao, Madrid, París y Londres ............................................................................... 1.021.343,05 Ptas. Importa el caudal inventariado............................................ 22.383.083,83 Ptas. –Bajas por deudas diversas............................................................. 428.527, 59 Ptas. –Bajas por legados bienes Inmuebles en Berango ...................... 49.882, 50 Ptas. –Bajas por donaciones (Misericordia, Santo Hospital Civil, Asociación Vizcaína de Caridad; Servicio doméstico, primos y sobrinos.................................................................................. 315.000 Ptas. –Ajuar ............................................................................................................. 17.747 Ptas. Importan los legados anteriores................................................382.629,50 Ptas. Capital líquido............................................................................ 21.571.927,50 Ptas. Baja por legado del tercio del caudal Líquido que en la cláusula 12ª legó a su sobrino Pedro de Icaza.................7.190.642,36 Ptas.

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Queda, por tanto, un remanente liquido de 14.381.284,72 pesetas a distribuir. Correspondiendo a cada una de las hermanas 3.595.321,18 pesetas. Resuelta la testamentaria española, la mejicana no resultó tan trabajosa, como parecía en un principio, ya que se llevaba trabajando en ella desde la muerte de Domingo, por lo que la adjudicación de bienes mejicanos se resolvió mediante la protocolización de las testamentarías acumuladas de los dos hermanos ante el notario don Antonio García Estévez, con fecha 24 de Julio de 1908. Leona no aparece como heredera, ya que había hecho previamente donación de sus bienes a su hijo Pedro. El resultado de la Testamentaria mejicana dio como resultado un total de 925.728 pesos mejicanos, correspondiendo a: Activo: –En dinero efectivo ..........................................................................................90.197,22 –En efectos de comercio ................................................................................167.017,95 –En muebles ........................................................................................................2.993,00 –En raíces ........................................................................................................735.873,76 –En acciones..........................................................................................................500,00 –En créditos activos......................................................................................804.453,24 Total Activo ..............................................................................................1.801.035,17 148

Pasivo: –Por el importe de la cuentas acreedoras de la negociación mercantil e industrial de D.G Aguirre ..............................................................................................303.902,77 –Bajas Generales de la Misma ..................................................................109.040,39 –Pago del Legado a Pedro Icaza Aguirre ..................................................462.364.01 Total Pasivo ................................................................................................875.307,17 Total ......................................................................................................925.728 Pesos

Terminada la testamentaría, Faustino Somellera emprende viaje a España, llegando el 26 de septiembre a Santander y trayendo consigo, aparte de los documentos relativos a la liquidación de las testamentarías acumuladas, minuta para la formación de la sociedad que se constituiría entre los herederos de los tíos para continuar con el negocio, y ciertas instrucciones que le tenía comunicadas Domingo para ser ejecutadas a su fallecimiento. Para acometer estas labores se formó un grupo de trabajo compuesto por Bernardino de Hormaechea, hijo de la heredera Josefa, Gonzalo Gangoiti, que estaba de vacaciones en Bilbao, representando a Mercedes, Pedro de Icaza, en su propio nombre y como legatario, y Faustino, apoderado general de los negocios e intérprete in pectore de la voluntad de Domingo.


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Circular anunciando la nueva sociedad D. G. Aguirre Sucesores. Año 1908 (Página siguiente) Tepic, calle Méjico.

Así pues, el 28 de noviembre (1908) los herederos de Pedro otorgan ante Ildefonso de Urízar la escritura de constitución de una sociedad mercantil en nombre colectivo con objeto de continuar el fomento, desarrollo y explotación de todos los negocios de comercio, agrícolas e industriales que su antecesor el Sr. don Domingo Gregorio de Aguirre y Basagoiti giró en la ciudad Tepic, capital del Territorio de Tepic, en la República Mexicana. La razón social de esta compañía será la de D.G. Aguirre Sucesores y tendrá como domicilio la nombrada ciudad de Tepic. Se expone además, que la duración de la Sociedad será de cinco años prorrogables de año en año, siendo disuelta anticipadamente en el caso que se produzca la venta recomendada en su testamento por Pedro de Aguirre Basagoiti. Se indica que el capital social es de 925.728 pesos que los cuatro otorgantes aportan por igual. Siendo parte fundamental de su patrimonio los bienes raíces que se relacionan a continuación:


Propiedades Casa Aguirre – Hacienda de La Escondida ubicada dentro de la municipalidad de Tepic, de una extensión de 21.228 hectáreas y 5.210 centiáreas que junto a los predios de la Fortuna y de Lamedo, que se compone de casa de la hacienda, huerta de cafetes y árboles frutales, con una capacidad de 1.243 hectáreas 5.650 centiáreas suman 22.462 hectáreas y 860 centiáreas, de las cuales 595 son de tierras abiertas, 875 de regadío para caña de azúcar. El resto, barrancas y abrevaderos para ganado. Con derechos adquiridos sobre las aguas del río Tepic y confirmación de los varios manantiales para su aprovechamiento en riegos y fuerza motriz. Semimovientes: 2.000 cabezas de ganado de cría; 700 bueyes de trabajo; 300 mulas de tiro. En esta propiedad está ubicada la fábrica de azúcar La Escondida y la de aguardiente del mismo nombre. Así mismo se encuentra la fábrica de hilados y tejidos de Bellavista con 6.012 husos y 176 telares. Además, en esta finca se incluye la planta hidroeléctrica de fuerza y luz y que a partir de 1906 iluminaría el pueblo de Tepic llegando incluso al puerto de San Blas. – La Laguna, a corta distancia de esta ciudad de Tepic, con una extensión de 152

2.126 hectáreas y 6.250 centiáreas, de las cuales se dedicaba 250 hectáreas a siembra de temporal. – San Andrés de Puga, al norte de la ciudad de Tepic, con una extensión de 83.273 hectáreas, de las cuales 1.783 son tierras abiertas para siembra de temporal y 1.400 de riego para caña de azúcar. Semimovientes: 900 bueyes de trabajo; 3.000 cabezas de ganado de cría; 300 mulas de tiro. En ella estaba instalada la fábrica de azúcar llamada igualmente de San Andrés de Puga. – Finca rústica, hacienda de Chilapa y Buenavista, en el municipio de Rosamorada y Santiago, junto con El Pozo de Ibarra, con una extensión de 94.937 hectáreas y 438 centiáreas . Se siembra en estas fincas algodón, tabaco, maíz y fríjol. Semimovientes: 5.000 cabezas de ganado vacuno; 250 yeguas de cría; 100 mulas de tiro. – Finca rústica Los Limones, en las inmediaciones de la ciudad de Tepic, de 17 hectáreas de extensión. – Predio nombrado Acayapan y anexos con una extensión de 2.051 hectáreas y 5.800 centiáreas, de las cuales 252 hectáreas son tierras de labor y el resto son cerros y barrancos para pastos y abrevaderos del ganado. – Más tarde, la sociedad D. G. Aguirre Sucesores compraría Jauja, finca de una extensión de 46 hectáreas y 7.000 centiáreas de sembradura, en la cual está

La propiedad en Tepic a vísperas del gran reparto agrario (1923). Mapa elaborado por Jean Meyer y Rodolfo Ávila


situada la fábrica de hilados y tejidos del mismo nombre con 6.648 husos y 160 telares; y, posteriormente, las fincas rústicas de La Labor y San Leonel, de una extensión de 23.198 hectáreas y 67 áreas y 3 centiáreas. – Poseían, además, media docena de fincas urbanas que incluía el edificio institucional que en el pueblo de Tepic llamaban Casa Aguirre. En resumen, la casa D. G. Aguirre llegó a poseer en Nayarit 228.021 hectáreas –la superficie de Vizcaya, según medición de la Diputación en 1928 fue 220.640 hectáreas–, 1.500 bueyes de trabajo, 10.000 cabezas de ganado de cría, 700 mulas de tiro y 250 yeguas de cría. Las propiedades industriales comprendían dos fábricas de azúcar, dos de hilados y tejidos, una destilería de aguardiente y una planta hidroeléctrica. En la cláusula 9ª de la constitución de la sociedad se añade, que en caso de muerte de alguno de los asociados, la sociedad continuará entre los supervivientes con la obligación de liquidar y pagar, en dinero en efectivo, la parte que como Haber social del socio difunto corresponda a los sucesores de él según la respectiva cuenta de capital correspondiente al balance último anterior al fallecimiento. En estos términos se conformó la nueva Sociedad, términos que posteriormente causaron ciertos problemas de interpretación al ir falleciendo las herederas. Queda todavía, entre las obligaciones del Sr. Somellera, el cumplir las instrucciones de Domingo para lo que se le dio poder suficiente para llevarlas a cabo. Se acordó destinar 550.000 pesos para estos fines, que se concretaban en distribuir gratificaciones a los empleados y a sufragar ciertas mejoras en Tepic, consistentes en la entubación de las aguas de la ciudad y la fundación de la Casa Misión. Esta Casa Misión tenía como fin: procurar a las pobres tribus de indios del Nayarit los beneficios de la civilización cristiana, evitando así la desaparición de esa raza fuerte que apenas iniciada a la civilización podría construir un elemento de prosperidad para la República Mejicana en general y especialmente para el territorio de Tepic. Se colocó la primera piedra del edificio de la Casa Misión el 19 de mayo de 1910 en la confluencia de las calles Morelia y Morelos, invirtiéndose 50.000 pesos. Pedro de Icaza aportó además 10.000 pesos, particularmente, para cubrir el exceso de costo, que fue encomendada a los Misioneros del Corazón de María. Hoy en día en el edificio se ubica la Escuela Secundaria Luis Batista. Respecto a la entubación de aguas, El Lucifer, en su sección de Chisporroteos, recoge bajo el titular La nueva entubación de agua en Tepic la noticia de que los herederos de los Señores don Domingo y don Pedro de Aguirre ofrecen al

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municipio de Tepic, en su memoria, la entubación con cañería de fierro, del agua de los manantiales del cerro de San Juan del que se surte actualmente la ciudad. La obra de que se trata, expone el periodista, es de extraordinaria importancia y quizás su costo ascienda a la respetable suma de doscientos mil pesos. Acciones como las de los Señores Aguirre y sus Sucesores, continua el reportaje, se recomiendan por sí solas y no hay menester al inútil aparato de resonantes frases de elogio. La ciudad de Tepic, inmensamente agradecida, guardará siempre el recuerdo de esta magna obra y bendecirá perpetuamente el nombre de los que le hacen tanto bien. También se acordó que al producirse la venta de la Sociedad se destine un 7% del producto de los bienes raíces a distribuirlos entre sí y las demás personas que a su juicio se hubiesen hecho acreedores de ello.

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De muchas cosas hablaría Icaza con Somellera; pero, sobre todo, le preocupaba las dificultades producto de la situación general del país, para cumplir a corto plazo la cláusula 15ª del testamento, consistente en vender en condiciones aceptables los negocios tepiqueños, dificultades que además afectaban directamente al cobro del legado del que era responsable. Preocupado estaba también Icaza de la cifra, 466.364 pesos, que le correspondía como legatario para cumplir con los fines encomendados por sus tíos, que a todas luces no parecía ser la real. Hay que tener en cuenta que la evaluación de la testamentaría mejicana presentaba valores destinados a la valoración fiscal, orientados a generar una base imponible lo más reducida posible. Así, las propiedades y fincas estaban valoradas en su valor catastral, sin incrementarse el valor añadido, producto de mejoras de años de inversiones constantes –regadío, maquinaria, obras, instalaciones industriales,…– Hormaechea –en carta de febrero 20, 1908–, a requerimiento de su primo Pedro, decía: La estimación del valor de las fábricas y propiedades no es fácil ¡Depende de tantas cosas! Como que fluctúa entre 3 y 6 millones de pesos. No ocurría lo mismo con la testamentaria española consistente en valores realizables al momento, a su precio real. En consecuencia, y de común acuerdo, las herederas y el legatario, deciden solicitar de Somellera la tasación del legado y que señale para ello, un tanto alzado aproximativo.


A tal efecto, Somellera, considerando el aumento de valor que alcanzarán los bienes raíces con la terminación del ferrocarril en construcción y la concesión de aguas del río de Tepic, por una parte, y por la otra, la competencia que el transporte generaría, más la posible implantación de industrias similares en la región y otras múltiples y varias circunstancias, hacen que valore el legado en un millón y medio de pesos mejicanos. En realidad, Somellera redondea al alza el resultado del balance que había traído de Tepic, cuyo activo era de 5.138.669,92 pesos, con un pasivo de 795.892,88, dando, por tanto, una cuenta de capital de 4.342.777,04 pesos y unas utilidades anuales de 600.000 pesos. Se establece, así mismo, la forma de pago de la cantidad estipulada, que será abonada por la Sociedad D. G. Aguirre Sucesores en un plazo máximo de cinco años, devengando las cantidades pendientes un 6% anual. De esta forma, el regreso de Somellera resuelve las incógnitas que inquietaban a los herederos y, como oráculo ejecutor de Domingo, toma el testigo de la nueva sociedad. El telegrama que en esta ocasión envía Pedro de Icaza a la Casa de Tepic, el día 6 de enero de 1909, dice escuetamente, ILDA, que Domingo de Hormaechea entiende perfectamente y traduce del vascuence: Murió, esto es, que Los otrora feroces indios huijoles. Año 1870 (Página siguiente) Domingo de Aguirre, Domingo de Hormaechea Aguirre y Faustino Somellera. Año 1902

Faustino Somellera había muerto. Don Faustino llegó a Santander el 26 de septiembre de 1908, reuniéndose con su familia en Limpias, de donde era originario. En Carranza toma aguas en compañía de Pedro de Icaza, para aliviarse de una ciática que le molestaba. El día 16 de octubre tuvo una ligera indisposición intestinal y a los pocos días se presentó la ictericia. Icaza le ofrece su casa para allí poder mejor consultar médicos en Bilbao, que le diagnosticaron inflamación al hígado producida por un tumor posiblemente canceroso y que procedía una operación para extirparlo, recomendando un especialista de renombre universal que tenía su clínica en Alemania, cerca de Berlín. Tras unos días de angustiosa cavilación, deciden emprender el viaje, el enfermo y Pedro, acompañados por un sobrino de Somellera. En París, donde descansarían unos días, deciden oír la opinión de un médico y un cirujano, quienes confirmaron el diagnóstico, añadiendo que ni por vía médica ni quirúrgica había nada que hacer, recomendando el regreso a casa. Regresan el día 24. El día 2 de enero empieza a perder la cabeza, falleciendo el día 6 a las cinco y media de la tarde. En carta a Domingo de Hormaechea, Pedro de Icaza apunta: En la situación que hemos quedado después de tantas desgracias seguidas, creo lo más práctico es que estrechemos los lazos que nos unen por tantos conceptos, si es posible más de lo que estaban, no dudando que unidos y teniendo presente las enseñanzas de los que lloramos saldremos adelante y conservaremos ahí y aquí el nombre

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respetable de la casa y relaciones de nuestros queridos tíos. Entiendo que las ideas, deseos y proyectos del inolvidable tío Domingo como las del finado don Faustino deben servir de norma para la marcha de los negocios. Don Faustino pensaba no volver a Tepic, estableciendo su residencia en México capital y que tú y Fermín Maisterrena fueseis los que manejaseis los negocios, ocupándose el uno del escritorio y el otro del campo, y los dos juntos de la Casa en general que comprende casa, campo, escritorio y otras cosas. Que vuestros brazos derechos fuesen Gonzalo y Esteban (Gangoiti), es decir, que estos ocupasen los puestos que tú y don Fermín habéis ocupado y que Gervasio (Sarriá) esté junto a Gonzalo y alguien a propuesta de don Fermín, al lado de Esteban. Parece que Juan Basagoiti le había hablado de retirarse el próximo verano. Este esquema, propuesto por Somellera, siguiendo recomendaciones de don Domingo, promete un futuro esperanzador, y deja tranquilos a los herederos en Bilbao, pero significa el fin de una época, la época de los hermanos Aguirre, cuya historia hemos procurado narrar recuperando unas experiencias basadas en el duro trabajo diario en tierras extrañas y vivencias, en ciertos momentos extremas, pero que, cómo no, tuvo también sus satisfacciones al obtener unos resultados de los cuales sus creadores y 158

sus descendientes se sentían sumamente orgullosos.


CapĂ­tulo 5: La huella espiritual de los hermanos Aguirre


H U E LLA ES PI RIT UAL DE LO S H ERMAN O S AGU I RRE

Pedro de Icaza Aguirre, a los 60 años de edad. Óleo de C. Párraga.

S

eguramente este apunte biográfico de los hermanos Aguirre no se hubiese recogido en un libro si no fuese por la huella espiritual que dejaron, producto de su desprendimiento, al legar, según

hemos visto, a su sobrino Pedro de Icaza la tercera parte de su fortuna para que la invierta en obras de utilidad pública. Esta huella espiritual no hubiese dejado, tampoco, un surco tan profundo, que perdura cien años después, si no hubiese sido por la tenacidad y clarividencia del legatario, que dedicó su vida a interpretar y ejecutar las instrucciones que sus tíos le encomendaron, y a guardar y enaltecer su memoria. La infancia y primera juventud de Pedro de Icaza Aguirre estuvo nublada por el dolor surgido de las desgracias familiares. Pedro nació el 17 de septiembre de 1867, en Berango, huérfano de padre, del capitán de la mar océana, Pedro de Icaza Múgica, fallecido un mes antes, a los treinta y tres años, en la isla de Cuba, mientras ostentaba el gobierno de la corbeta La Estrella. Al quedar viuda, su madre acogió el ofrecimiento que le hiciera su hermano Pedro de vivir con él en Bilbao, en la calle de la Estufa, en donde se había instalado al volver de Tepic. Y con el asentimiento materno fue naciendo, poco a poco entre tío y sobrino, una emoción filial que no les abandonó nunca. Después de terminar los primeros estudios en el colegio vallisoletano de San José, su tío sugirió que continuara su formación en Inglaterra –St. George

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College, en Grundon–, Alemania y Bélgica, como así se llevó a efecto entre los años 1881 y 1886, con el fin de que aprendiera otras lenguas y fuera asentando en su inteligencia los rudimentos del comercio. Finalizada la primera etapa de su formación regresó a Valladolid un año más para terminar los estudios de bachillerato. Al término, volvió a Bilbao con la idea de preparar en el Colegio de Estudios Superiores de Deusto, en el año 1886, el duro ingreso en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, en donde estudiaría la carrera en compañía de José Orbegozo, su futuro cuñado. Una vez terminados en 1894 sus estudios superiores ingresó, con veintisiete años y como ingeniero, en la Sociedad Española del Tranvía Urbano de Bilbao, empresa concesionaria del servicio viario entre Bilbao y Las Arenas, y Bilbao a Portugalete. Su función se concretó en el desarrollo de los proyectos del trazado, así como de llevar las relaciones con los fabricantes alemanes de la maquinaria adquirida. Su empleo le sirvió para tener referencia práctica del uso de la electricidad, que comenzaba a aplicarse industrialmente en las ciudades a finales del XIX. Pocos años después, pudo implicarse más intensamente en la incipiente La barquilla del transbordador sobre las cataratas del Niágara.

industria eléctrica participando en el nacimiento de varias sociedades generadoras de energía. En el año 1900 se casa con su prima carnal Mercedes Gangoiti Aguirre, con la que tendría tres hijos: Pedro, Francisco y Mercedes. Pedro y Francisco casaron con Carmen y María Zabálburu, de familia encartada de alto abolengo. Del primer matrimonio nacerían Carmen, Pedro y Covadonga; del segundo, Javier, Rafael, Ramón y María. Mercedes de Icaza Aguirre casaría con José Mª de Orúe y tuvieron los siguientes hijos: Pedro, Dolores, Mercedes, José María, Begoña y Teresa. En 1904 se asoció con su cuñado José Orbegozo, constituyendo la sociedad José Orbegozo y Compañía, destinada a elaborar estudios y proyectos civiles de amplio rango. Como ingeniero del Ayuntamiento de Portugalete proyectó el ensanche del mismo, en un sector de la rada del Abra del Nervión. El proyecto definía el saneamiento y desarrollo de las parcelas anejas al puerto exterior de Portugalete, lugar necesario para descongestionar la aglomeración del casco antiguo de la Villa. Las obras comenzaron en 1908, terminando en 1917. Su principal querencia empresarial fue, sin embargo, el incipiente sector eléctrico. En 1899 fundó, con otros ingenieros e industriales de Bilbao, la Sociedad Electra Industrial Española, tenedora de unas concesiones hídricas en Jaén y Córdoba con el objeto de producir electricidad. De la misma

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manera, en 1917, se incorporó con su cuñado Orbegozo a la Sociedad General de Transportes Eléctricos, firma nacida en 1906 con la idea de explotar dos concesiones eléctricas en el cañón del río Duero, en el tramo fronterizo con Portugal. Barruntaban entonces las inmensas posibilidades energéticas que escondía el río, concretadas años después en la constitución de la sociedad Saltos del Duero. En los años críticos de la guerra civil ocupa la presidencia de esta sociedad, como único consejero fundador, ya que el resto del Consejo se vio obligado, forzosamente, a retirarse. Aquel nacimiento, realizado con tanto esfuerzo, se ha convertido hoy en Iberdrola, una de las principales empresas europeas de electricidad. Con su buen amigo y familiar José Orbegozo, así como con otros emprendedores locales, continuó explorando otros ingenios técnicos, creando la Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería, dedicada a la realización de los proyectos del afamado inventor Leonardo Torres Quevedo. Esta firma se encargó de la construcción de los funiculares del monte Ullia, de Chamonix y de Río de Janeiro, además del famoso trasbordador sobre las cataratas del Niagara, bajo el amparo de la sociedad Niagara Spanish Aerocar Company Limited, creada en 1914 por ellos a este efecto. 168

Mientras se llevaba a cabo la maduración de su vida empresarial, Pedro de Icaza fue viendo como se apagaban las vidas de sus tíos, los Aguirre Basagoiti, a quienes destinó tantos agradecimientos. Los últimos meses de 1907, antes de su fallecimiento, les acompañó en multitud de ocasiones en reuniones afables, en las que sus deudos se abstraían a veces de la conversación recogidos en sus propios pensamientos, contemplando la lejana Méjico, reflexionando sobre el gran argumento de sus existencias, y calibrando los retales que con indudable esfuerzo habían ido dejando a lo largo de sus vidas. En estas relaciones familiares, Pedro fue tejiendo su mundo de valores en el que el amor y gratitud a sus tíos alcanzaría un lugar especial. De igual manera, tanto Pedro como Domingo vieron en su joven sobrino ingeniero al hombre cabal en el que se podría confiar siempre a su buen juicio la continuación de su obra, es decir, seguir impulsando con el resultado de su trabajo iniciativas que sirvieran para la mejora de los demás. Cuando fallecieron sus tíos, Pedro de Icaza contaba cuarenta años, los necesarios para comprender en toda su profundidad el vacío que dejaban en su familia. A partir de la muerte de sus tíos, Pedro de Icaza dedicó su vida, como veremos, a poner en marcha las disposiciones que estos le habían encomendado, y a vigilar los negocios mejicanos, abandonando, prácticamente, el prometedor mundo de negocios que se abría ante él, en el pujante Bilbao de principios de siglo.


(Página anterior) Recuerdo de la inauguración del tranvía eléctrico.

Tuvo tiempo, sin embargo, para dedicarlo al servicio de sus conciudadanos, aceptando el nombramiento de Diputado Foral por instancia de Esteban Bilbao, Diputado General en aquel entonces, y participando como tal en

Vista del seminario de verano de Saturrarán.

numerosas comisiones: Cultura Vasca, de Fomento, Hacienda, formando parte del equipo que negoció el Concierto Económico y representando igualmente a la Diputación en el Depósito Franco, la Misericordia y Junta de Obras del Puerto. Su majestad el rey Alfonso XIII, le honró con el título de Vizconde de Moreaga y S. Santidad, el Papa Pío XI, con el de Marqués de Casa Icaza. Era poseedor, además, de la Cruz de San Silvestre, Fundador de la Compañía, y de la Carta de la Hermandad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. De su patrimonio personal donó un millón de pesetas a la Fundación Vizcaína Aguirre. Compró un antiguo hotel, el Gran Hotel, en las playas de Saturrarán, habilitándolo como seminario de verano de la Diócesis de Vitoria. Subscribió 50 acciones de las 75 que formaban la Sociedad Anónima “Colegio de San Francisco Javier” de Tudela, regido por los Padres Jesuitas; adquirió una casa en el pueblo alavés de Abornícano, como lugar de retiro de sacerdotes, y dejó entre otras mandas, dinero para construir el nuevo cementerio de Berango. Murió en su casa de Bilbao el 24 de enero de 1942. Sus restos reposan, junto a los de su esposa Mercedes, en el presbiterio de la capilla del Hospital de Santurce.

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LAS F U N DAC I ON ES

La Universidad Comercial. Deusto 1922

C

omo ya conocemos, Domingo dejo heredero universal a su hermano Pedro. Fallecido Pedro, legó a su sobrino Pedro de Icaza y Aguirre el tercio, o sea la tercera parte de sus bienes al objeto de que las

invierta en esta provincia en obras de utilidad pública y de beneficencia con arreglo a las instrucciones que le tenía comunicadas. Estas instrucciones son producto de la experiencia vital de los hermanos Aguirre y del conocimiento que tenían de su Vizcaya natal, así como de las experiencias adquiridas en Méjico. En primer lugar, su propia experiencia vivida en Méjico les hizo comprender que multitud de emigrantes españoles, entre ellos muchos vascongados, eran incapaces de triunfar –en gran mayoría– en las aventuras profesionales que acometían por carecer de la preparación técnica y humana necesaria para lograrlo. Al mismo tiempo, una desgracia que se cernió en su joven sobrina Teresa Gangoiti, a causa de una desviación de su columna, y en su también familiar, Cesáreo Hormaechea, nacido con un pie torcido, les hicieron pensar en los muchos niños malformados por parálisis y otros desastres congénitos que asolaban inmisericordemente a la infancia en los inicios del siglo XX. Y por último, concibieron la idea de hacer algo a favor del agro vizcaíno que, a finales del siglo XIX, presentaba un cuadro de atraso, rutina y mal funcionamiento, mientras que ellos, en Méjico, habían experimentado exitosamente con las técnicas más modernas, con abonos, selección de semillas, mejora en los regadíos, maquinaria, etc. Nacen así las tres Fundaciones que Pedro de Icaza fundó, organizó y administró como único Patrono hasta su muerte:

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Fundación Vizcaína Aguirre

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acida en 1916 para la implantación y sostenimiento en Vizcaya de una o diversas instituciones que contribuyeran al progreso de las ciencias, letras o industrias. Pedro de Icaza tenía cierta

experiencia en el ámbito de la educación y enseñanza, ya que ocupó en el año 1899 la secretaría de la Junta de Patronos de la Escuela de Ingenieros de Bilbao, formada para implantar dichos estudios en la capital vizcaína. Sin embargo, no fue casual que Pedro dirigiera sus primeros pasos hacia los Padres de la Compañía de Jesús para dar forma al primer proyecto que le habían encomendado sus tíos. Su relación con la Compañía venía de antiguo, ya que fue uno de los primeros estudiantes del Centro de Estudios Superiores de Deusto, asintiendo al curso preparatorio para el ingreso en la Escuela de Ingeniero de Caminos de Madrid. Más tarde, acabados los estudios, llegó incluso a pensar ingresar en la Compañía, según se desprende de la carta que su tío Domingo le remitía

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desde Tepic en el año 1897, justo antes de retirarse a Bilbao: Ha llamado mucho mi atención, decía éste, cuanto me dices sobre tu retiro a hacer ejercicios para después ser jesuita o quedarte con tu familia y añadía, mucho me alegro que optases por la familia. La Sociedad de Jesús llevaba años trabajando en Bilbao logrando una rápida implantación ciudadana. Gran parte de sus esfuerzos pastorales los destinaba a la formación católica mediante la educación reglada, contando con numerosos padres educados, a su vez, en ciencias superiores tanto civiles como eclesiásticas. Desde luego, era la Institución mejor preparada de la época para impartir estudios universitarios. Al mismo tiempo fue providencial que la idea de un centro superior para estudios comerciales bullera ya en Deusto por aquel entonces, y que el padre Luis Chalbaud, de conocida familia bilbaína, fuera el abanderado de dicho proyecto. Antes de instituir la Fundación Vizcaína Aguirre, en junio de 1916, cobrados los dineros de la testamentaría mejicana, y perfilado el proyecto entre Chalbaud e Icaza, éste comenzó a comprar diversas fincas, anejas a los terrenos del Centro de Estudios Superiores, creando una nueva propiedad de 127.000 metros cuadrados para asentar la nueva universidad que recibiría el nombre de Universidad Comercial.


Llegado el año 1921 se licenciaron los primeros alumnos tras cinco años de preparación en los locales del Centro de Estudios Superiores, inaugurándose, al año siguiente, el magnífico edificio proyectado por los arquitectos Basterra y Amann. En 1922 se constituirá, así mismo, la Asociación de Licenciados en Ciencias Económicas por la Universidad Comercial de Deusto, siendo su primer presidente Pedro de Icaza Gangoiti, alumno de la primera promoción e hijo del Fundador. Esta Asociación de antiguos alumnos tuvo su importancia en el devenir inmediato de la Universidad. Efectivamente, por decreto del 23 de enero de 1932, la Segunda República disolvió la Compañía de Jesús, incautando todos sus bienes e instando a los religiosos a que abandonasen España. Cuando el delegado del gobierno acudió al Colegio de Estudios Superiores de Deusto para hacerse cargo de la incautación, reclamó que se le entregara, igualmente, el edificio de la Universidad Comercial. Hubo que explicarle que tal edificio y su continente pertenecían a la Fundación Vizcaína Aguirre, por lo que no podían ser objeto de tal confiscación. La ausencia de los jesuitas, que por entonces no se sabía si iba a ser temporal o perpetua, reclamó la mejor imaginación de la Fundación para dar continuidad a los estudios. La solución fue encomendar a la Asociación de Licenciados la dirección de la Comercial, actuando en consecuencia su entonces presidente, Francisco de Icaza Gangoiti, como Prefecto de Estudios. Tras la guerra civil, durante la cual el edificio de la Comercial fue requisado y convertido en cuartel de milicianos de la Unión General de Trabajadores, y con la llegada de la paz, se restauraron los cursos bajo la dirección del padre Bernaola. Recuperada la normalidad, se inicia una nueva etapa al acordarse que los alumnos de La Comercial acudieran a la universidad de Valladolid para conseguir el título oficial de Licenciado en Derecho, como complemento a la Licenciatura en Economía, otorgada por La Comercial a título privado. El reconocimiento oficial de los estudios fue una constante reivindicación de los jesuitas para sus centros formativos frente a las autoridades educativas. En este sentido, el primer paso fue el Convenio entre la Santa

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Sede y el Estado español, en abril de 1962, mediante el cual quedaba establecido el cauce jurídico para que pudieran ser reconocidas las Universidades de la Iglesia. Una vez aceptada la Universidad de la Iglesia de Deusto se oficializarán los estudios cursados en las facultades de Derecho y Filosofía y Letras. Para conseguir la oficialidad del título de la Licenciatura en Ciencias Económicas, hubo que proceder a la integración de la Universidad Comercial, perteneciente a la Fundación Vizcaína Aguirre, en la Universidad de Deusto. Consecuentemente, la Fundación cedió la Comercial a la Universidad de la Iglesia de Deusto, mediante contrato de cesión de uso y aprovechamiento de bienes, –edificios y equipamiento propiedad de la Fundación–, firmado ante el notario Arriola el 15 de abril de 1971. De esta forma, la Comercial se convierte en Facultad de Ciencias Económicas “La Comercial”, pasando a depender académica y económicamente de la Universidad de Deusto. Así pues, en noviembre de 1973 se reconoce oficialmente su título de Licenciatura.

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Hemos de recordar que el 16 de julio de 1963 ingresa en La Cartuja de Jerez de la Frontera Francisco de Icaza y Gangoiti, presidente de la Fundación desde el año 1941, quien ocuparía este cargo a la muerte de su padre. Tres años después, profesados los votos, renuncia a la Presidencia, siendo patrono efectivo su hijo Ramón de Icaza y Zabálburu, y nombrado nuevo Presidente en la junta del 18 de abril de 1966, presidencia que sigue ejerciendo hasta la fecha. En la actualidad la Fundación, en perfecta sintonía con la Universidad de Deusto, financia una serie de programas de la Comercial –informáticos, formación de profesores, biblioteca, acción internacional, becas, etc.– siendo los más relevantes el master en Logística y Tecnología y los Cursos de Habilidades Directivas que se imparten a lo largo de la Licenciatura. Acomodándose a los tiempos, la Universidad de Deusto está gestando un nuevo e ilusionante proyecto, en el que participa activamente la Fundación, que se concretará en el nacimiento de la Deusto Business School, Escuela de Negocios que, integrada en el área de Estudios de Economía, pretende ser un nuevo referente de este tipo de Institutos. La Fundación colabora, además, con otras instituciones públicas y privadas de la provincia, y participa activamente, como patrono, en las fundaciones del Museo de Bellas Artes y Museo Guggenheim de Bilbao.


Fundación Benéfica Aguirre

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n el verano de 1912 se presentó en Bilbao un hermano de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios buscando dinero entre los más afortunados para dar continuidad al Asilo de San Rafael de Madrid.

Fueron muchas las visitas que llevó a cabo. Entre las realizadas se encontraba la dirección de Pedro de Icaza que, solícito, escuchó atentamente la demanda del religioso. Lo que escuchara le conmovió profundamente porque esa institución dedicaba su vida a la atención de niños menesterosos. Además, la información recibida abundaba positivamente en la buena fama que atesoraba la institución religiosa presente en el mundo desde hacía seis siglos, mediante la dirección de variedad de centros que aliviaban a los enfermos sin recursos. Por otra parte, Icaza sabía de los trabajos que realizaba la institución para los habitantes del País Vasco desde julio de 1898, año en el que fue inaugurado el hospital psiquiátrico de Santa Águeda. Pedro de Icaza hizo ver al peticionario que le parecía loable el empeño de su Orden, pero que le parecería más encomiable su trabajo si realizaran idéntica labor a la del asilo de Madrid, en Bilbao, fundando un centro similar que ahogara las penas de muchos niños vizcaínos. El religioso comentó que lo harían de mil amores pero que carecían de medios económicos para (Página siguiente) Hogar y Clínica de San Juan de Dios. Santurce 1924

realizarlo. En este momento Icaza concluyó su comentario, haciéndole ver con una sincera sonrisa que estaría dispuesto a encargarse del continente de su labor con los niños vizcaínos, si su Orden se responsabilizaba de la dirección del contenido. La propuesta de Icaza fue acogida con júbilo y se iniciaron una tanda de reuniones para perfilar el nuevo proyecto. Después de amplios estudios y de establecer correctamente la viabilidad económica de la idea, se firmó un acuerdo el 28 de julio de 1920 entre la Fundación Benéfica Aguirre y la Orden de San Juan de Dios, por la que estos últimos se responsabilizaban de la dirección de un Hogar para niños pobres, lisiados y tullidos, así como de la formación de una Clínica Quirúrgica y Ortopédica que diera soporte a la cirugía de esta especialidad que recibiría el nombre de Hogar y Clínica de San Juan de Dios. El lugar pensado para situar el nuevo centro se localizó en Santurce, comarca influenciada directamente por los benéficos aires del mar. Las obras comenzaron inmediatamente, puede decirse que nada más firmado el convenio, en los amplios terrenos comprados por Icaza para tal fin. La estructura del edificio diseñado nuevamente por los arquitectos José María Basterra y Emiliano Amann, fue generosamente amplia para que diera cabida a la residencia de la comunidad religiosa, así como a los locales clínicos, escuela, iglesia, locales para la rehabilitación, salones y un largo etcétera que hiciera más saludable la vida de los ingresados y el trabajo de los médicos. Los trabajos de construcción y cantería corrieron a cargo de Dionisio Legórburu.

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El 24 de octubre de 1924 se inauguró oficialmente el centro con la presencia de las máximas autoridades locales y religiosas. Las primeras cincuenta plazas de residencia pensadas por Pedro de Icaza y sufragadas por la Fundación se ocuparon inmediatamente. De cualquier forma, el centro tenía cabida para recibir numerosas consultas externas, y a este afán se dedicaron sus médicos, especialmente el doctor D. Manuel Salaverri, que en poco tiempo se hizo con una honda fama como pionero en el tratamiento de las afecciones óseas de los niños. El doctor Salaverri, en los inicios del hospital, impuso por la práctica de su buena medicina unos estándares de calidad que no han desaparecido nunca. Los hermanos de la Orden Hospitalaria aplicaron su buen hacer experimentado durante cientos de años en la atención a los enfermos, acrecentado por el altruismo siempre presente en el espíritu religioso. La labor de los hermanos alcanzó también la formación escolar de los niños residentes y todo aquel aprendizaje que permitiera a los jóvenes encauzar con éxito la vida cuando fueran curados.

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Los primeros años del Hospital estuvieron atendidos por diez religiosos y diversos ayudantes capaces de hacer funcionar el centro hospitalario. Pedro de Icaza comprobó en poco tiempo que había acertado al elegir a la Orden Hospitalaria como responsable de paliar en Santurce los males de los niños enfermos. La fama del hospital fue tal que, hasta en los antecedentes y en la locura de la guerra civil española, el Centro no sufrió la más mínima alteración de sus fines y funciones. La orden religiosa siguió trabajando durante la confrontación cainita, ampliando en este caso el objeto de su atención caritativa ocupándose de los heridos de guerra y de otros damnificados por la contienda. La muerte del fundador, a efectos del gobierno de la institución, no produjo ninguna alteración en la marcha del hospital de Santurce. Se constituyó el Patronato de la fundación, presidido por su hijo mayor, Pedro de Icaza Gangoiti, completado por su hermano Francisco, dos representantes de la orden religiosa y, desde 1942, el presidente del Consejo particular de Bilbao de la Sociedad de San Vicente Paúl. Los primeros años de esta etapa fueron especialmente difíciles como consecuencia de los efectos de la segunda guerra mundial. La Fundación Benéfica Aguirre penó la reducción de sus rentas como derivación de la devaluación de la peseta, pero en pocos años la situación fue estabilizándose poco a poco. Hasta el año 1968 la actividad del hospital de Santurce mantuvo las mismas razones médicas y asistenciales previstas en su fundación. Casi con el inicio de la década de los años setenta del siglo pasado, la Fundación, a petición de la Orden de San Juan de Dios, estableció adecuar el trabajo de la Clínica y Hogar de Santurce a la medicina y forma gerencial de los tiempos que corrían. España había mejorado y cambiado tanto, que había desaparecido prácticamente la poliomielitis y en general la parálisis infantil asociada a


deformaciones congénitas. Por otra parte, la pobreza estructural de algunos grupos sociales era un mal recuerdo de tiempos anteriores, solucionada, en gran medida, por la presencia del Estado mediante la cobertura social obligatoria, así como la gratuidad en la asistencia médica de quien lo necesitara. Por estos motivos ya no era necesario contar con un Hogar y Clínica de atención infantil, precisamente por la desaparición de las enfermedades en la que se especializó el doctor Salaverri. La fórmula que se desarrolló fue reconvertir el Hogar y Clínica en una Clínica General de pago, cuyo funcionamiento y explotación sería ejercida por la Orden Hospitalaria a su coste y riesgo con total independencia, y ejerciendo el derecho de uso y disfrute de edificios y terrenos del Hospital cedidos por la Fundación mientras llevaran la dirección del Centro. La reconversión del objeto de la Fundación no fue posible sin una profunda y costosa remodelación de los edificios. La Fundación Benéfica Aguirre se hizo cargo de las obras y, nuevamente, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios se encargó de la dirección del Centro, con la obligación de seguir acogiendo gratuitamente, mientras los hubiese, niños lisiados a costa de la Fundación. Con la implantación de la nueva clínica se hizo necesaria más ayuda asistencial, prestada en esta nueva etapa y hasta 1996 por la Hermanas de la Caridad de Santa Ana, presentes en Portugalete desde 1885. Pedro de Icaza Gangoiti, el presidente y primer sustituto del fundador, no tuvo tiempo de ver acabadas las obras, ya que falleció en su casa de Berango a los 72 años de edad. Su trabajo al frente de la Fundación fue mucho más allá que la de mantener intacto un legado. Gracias a su visión de futuro consiguió adelantase a los tiempos preparando al hospital de Santurce para su inclusión en la modernidad. Le sustituyó en la presidencia su hijo Pedro de Icaza Zabálburu. En los primeros años noventa, transcurridos treinta años de intensa actividad socio–sanitaria, y frustrada la integración del Hospital como Centro Comarcal en la red Sanitaria de la Comunidad Autónoma Vasca, se planteó de nuevo redefinir la misión del Hospital. Se hizo, en consecuencia, una profunda reflexión, analizando las capacidades y debilidades del Centro, reflejadas en un Plan Estratégico que, una vez aprobado, y gracias a la firme y decidida apuesta de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios por continuar su actividad en Vizcaya, permitió, a su coste, renovar el Hospital en su totalidad, que sigue cuidando a los dolientes vizcaínos con el mismo esmero y calidad de siempre. La Fundación, que ya atendía otras demandas sociales distintas a las definitivamente erradicadas enfermedades infantiles, encontró su nicho asistencial en la atención a los enfermos terminales, promoviendo y sufragando la Unidad de Cuidados Paliativos. La unidad fue inaugurada coincidiendo con el 75 aniversario del Hospital.

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Fundación Agrícola Aguirre

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os Estatutos de la Fundación Agrícola Aguirre se establecen en el año 1921 con el fin de favorecer el desenvolvimiento y la mejora de la agricultura en Vizcaya.

El patronato estaba compuesto por el pariente más próximo al Fundador, un sacerdote de Anteiglesia, un profesor de la Universidad Comercial y la persona designada por la Federación Católica Agraria de Vizcaya. Su labor, didáctica, se ejercía valiéndose de la cooperación retribuida de sacerdotes y maestros católicos mediante enseñanzas teórico–prácticas en sus localidades, asistidos por peritos y medios aportados por la Fundación. Esta actividad se mantuvo hasta la guerra civil y continúa a partir de ella colaborando con las Hermandades agrícolas que se establecen en algunos pueblos y sus sacerdotes consiliarios. 180

Colabora igualmente en la posguerra con la Asociación de Amigos del Caserío, hasta la desaparición de ésta, cuyos fines educativos eran comunes en su lucha por posibilitar la viabilidad del caserío. La desaparición, con el tiempo, de la Federación Católica Agraria, así como la figura del maestro de escuela, junto con la disminución de los curas rurales, hicieron que su actividad decayera. Por otra parte, las rentas que disponía esta Fundación se redujeron día a día, descapitalizándose con el tiempo. Estas razones de tipo operativo y económico y otras de tipo registrales que surgieron al producirse las transferencias del Estado español a la Comunidad Autónoma Vasca, aconsejaron que, para mejor cumplir con sus fines, convenía fuese absorbida por la Fundación Vizcaína, hermanada por su fundador, y en cuyos fines educativos coincidían.

Publicación de la Fundación Agrícola Aguirre. Año 1923


CapĂ­tulo 6: Ocaso y final


OCASO Y FINAL

La fábrica de hilados y tejidos de algodón Jauja. Año 1911

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l fin natural de la sociedad D. G. Aguirre estaba claramente especificado en la cláusula 15ª del testamento de Pedro de Aguirre Basagoiti que recomendaba la venta de los bienes heredados de su hermano en la república mejicana si es que pueden lógralo en condiciones aceptables. Lamentablemente, estas condiciones no se presentaron nunca, o los gestores de la empresa no supieron negociarlas cuando se presentaron. Tan pronto como en 1910 se produjeron las primeras negociaciones de venta: una primera con un tal Mr. Miller y otra, más tarde, con Mr. Franklin Cohen. Las conversaciones progresaron hasta el punto que se redactaron sendos borradores de compraventa que no prosperaron por no coincidir, compradores y vendedores, en los criterios de valoración. Estos compradores calculaban el valor de las empresas capitalizando al 10 ó 12% las utilidades habidas, para lo cual exigían una revisión en profundidad de ejercicios contables precedentes. La Casa Aguirre, por el contrario, sugería valorar la firma de otra manera. Enseñaban, a quien mereciese su confianza, las fábricas y las haciendas, dando toda clase de facilidades y explicaciones sobre los sistemas de cultivo, abonos empleados, regadíos, etcétera, permitiendo que ingenieros o peritos las visitaran calculando así su potencial valor, pero no explicaban ni enseñaban a cualquiera sus libros de contabilidad, ya que, descontando razones de discreción, su contabilidad se llevaba como si fuese la de un particular, es decir, se anotaban asientos que podían resultar inverosímiles a un extraño –limosnas, gastos caseros, bonificaciones a empleados, etcétera–.

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Era, además, una contabilidad conservadora, antigua, establecida hace más de medio siglo e impropia para calcular correctamente el negocio basándose en ella. Preferían que los aspirantes a la compra ofreciesen un tanto alzado, calculando a la vista de los medios de producción, el monto total. Los administradores de la Casa Aguirre consideraban que se sentirían bien pagados con 6.000.000 de pesos. La cuestión es que se negaban a garantizar cifra alguna del beneficio conjunto. Por otra parte, pensaban que quien revisase sus libros podría tener criterios contables diferentes a los de la Casa que podrían ser difíciles de aunar. El fracaso de las negociaciones con Miller y Cohen, testaferros de otras voluntades –resultó que dependían los dos de un tal Marshall e intercambiaban información–, hizo que se planteasen, para el futuro, ofrecer los datos contables solicitados, decidiendo, que un experto independiente hiciese un informe razonado de las utilidades obtenidas los últimos años, evitando de esta forma que posibles especuladores curioseasen en sus libros. Así pues, contratan a Price–Waterhouse a principios de 1911 para que auditara la Casa entre los años 1903 y 1910, y que lo continuaran haciendo en años sucesivos.

Inauguración del ferrocarril de Tepic. Año 1912 1. Gonzalo Gangoiti. 2. Domingo de Hormaechea. 3. José Mº Pino Suárez. Vicepresidente de Méjico. 4. Martín Espinosa. Jefe político del territorio de Tepic. 5. Ingeniero Manuel Bonilla. Ministro de Transportes y Comunicaciones.

El no haber realizado los negocios en estos cuatro primeros años, tras la muerte de los hermanos Aguirre, fue una maldición. La empresa iba por aquel entonces viento en popa, consiguiendo beneficios nunca logrados. Por otra parte, se había liquidado, ya, el legado de los hermanos Aguirre para que lo administrara Pedro de Icaza; se había comprado Jauja, la antigua fábrica rival de Barrón, más los terrenos de Acapayan, entre otras iniciativas. El hecho fue que el germen de la revolución, engendrado a finales de 1910 por Madero, llamando a los mejicanos a levantarse en armas, allí por el Norte, se iba extendiendo implacable por el resto del país. Madero ha soltado el tigre, comentó Porfirio Díaz en Veracruz, antes de partir a su exilio europeo. Porfirio Díaz había gobernado el país de 1879 a 1911. El pueblo, harto de medio siglo de desórdenes, aceptó la paz porfirista capaz de traer consigo un crecimiento económico y cultural nunca visto hasta entonces. Fue la época gloriosa de Domingo de Aguirre que, sólo en Tepic, consiguió aprovechar hasta límites inconcebibles la bonanza general. La Revolución fue incapaz de administrar su propia victoria, escribió Enrique Krauze en el texto que sintetiza brillantemente el período revolucionario: Empezó con los Caudillos, cuyo propósito fue la liberación de México: Madero, el Apóstol de la Democracia, proyectando salvar a México de la dictadura; Zapata, el Caudillo del Sur, que intentaba devolver la tierra a los campesinos; y Villa, el Centauro del Norte, una fuerza ciega que no se atenía a ningún programa, sino a un afán implacable y a menudo sangriento de justicia.

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Llegó entonces la época de los Jefes, quienes procurarían encauzar el torrente de la revolución. Carranza convocó un Congreso constituyente a principio de 1917, y en febrero del mismo año fue proclamada en Querétaro una nueva Constitución genuinamente revolucionaria. Carranza ocupo la presidencia de 1917–1920 siendo destituido por el general Álvaro Obregón (1920–1924), a quien sucedería Elías Calles, el Jefe Máximo, que dominaría la política mejicana entre los años 1924 a 1934. Por fin, con Lázaro Cárdenas, uno de los generales más jóvenes de la revolución, Presidente de 1934–1940, se termina el ciclo de gobernantes que participaron en la Revolución. Este período revolucionario de 1910 a 1940, de una inestabilidad continuada, arruinó el país y minó, al mismo tiempo, a la sociedad D. G. Aguirre y Sucesores hasta la extinción. En realidad se desataron en Méjico tres revoluciones que coincidieron en el tiempo y que afectaron de pleno a la estructura de la Casa Aguirre.

“Solicitud de préstamo a la Casa Aguirre”. Año 1912 Los jefes vazquistas Miguel Guerrero y José M. Morales. Año 1912

La primera cuestionó la propiedad de la tierra, la tierra para quien la trabaja, propuesta común a toda revolución. La segunda atañía al sector industrial que reivindicaba, mediante la acción sindical y la lucha obrera, mejoras laborales y salariales, sin duda necesarias pero que, por su modo de llevarse a efecto, crearon un estado de confusión que desorientó y asustó a posibles inversores. La tercera revolución aglutinó la reivindicación nacionalista –México para los mejicanos–, capaz de rechazar ciegamente lo extranjero y, sobre todo, aflorar una nueva aversión al gachupín conquistador. Esta realidad extiende la inestabilidad en todos los sustratos de la vida del país. Los levantamientos eran continuos, con las consiguientes muertes. Huerta lidera un golpe de estado. Madero es asesinado. A los gritos de Viva Villa oViva Carranza mueren miles de personas. Tepic es conquistado y reconquistado por unos y otros con los consiguientes saqueos y matanzas. El hambre se extiende por el territorio al destruirse cosechas y aniquilarse el ganado. Las gavillas de bandidos atacan pueblos y haciendas. Las elecciones se deciden a balazos. Entre 1918 y 1934, en lugar de los cuatro gobernadores que por mandato cuatrienal correspondía al Estado de Tepic, hubo treinta y dos mandatarios, y cada entrante purgaba al entorno del saliente y aplicaba su particular interpretación de la Ley. Obregón y Calles tampoco solucionaron nada. A estos conflictos políticos se unieron los religiosos al enfrentarse Calles con los obispos católicos, por clausurar las escuelas católicas y seminarios. Al grito de Viva Cristo Rey, los campesinos, azuzados por los obispos, se levantan contra el gobierno en la llamada guerra de la Cristiada. En esta situación, la moral de los parientes mejicanos de los Aguirre, empleados en la Casa, se quebranta, y expresan honda preocupación en sus

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cartas. Chomin –Domingo de Hormaechea–, escribe en 1912 a su primo Pedro, en Bilbao: Sólo Dios sabe lo que nos espera. No te oculto que tengo mucho miedo, porque no hay aquí fuerzas federales que puedan darnos garantías. Si algo me pasa, a ti y a mis hermanos, tías y primos, os recomiendo mi familia, seguro que velaréis por ella. Como comprenderás no es vida la nuestra: Es un verdadero martirio. Domingo se retiraría desesperanzado a Bilbao en el año 1913, con la salud quebrantada por el paludismo, tras 34 años de trabajo en Tepic. Vivirá a partir de entonces relajadamente con sus seis hijos, Carmen, María Cruz, Domingo, José Luis, Manuel y Sara, entre Bilbao y el Escorial, muriendo en esta última ciudad en 1919. Su viuda, Carmen Leal, falleció en Bilbao en 1948. Retirado Domingo de Hormaechea de Tepic, quedarían a cargo de la Sociedad Fermín Maisterrena y los hermanos Gangoiti. Estos pensaban, en un principio, que la revolución duraría poco. Muy pronto se darían cuenta que no era así y que ni el gobierno central ni el territorial eran capaces de protegerles de los desmanes revolucionarios. Manifiesto de Martín Espinosa. Año 1911 Noticia del asesinato de Fermín Maisterrena Jr. Año 1923

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Hemos consignado 100 rifles para las haciendas y creado acordadas, [gente armada], por recomendación del gobernador para defender las fábricas y haciendas, lo cual nos ocasiona desembolsos muy fuertes, pero os puedo asegurar que las fábricas ya no estarían en pie y serían un montón de escombros sin tal defensa. Escribía Esteban el 27 de marzo de 1911. Chilapa fue asaltada por 600 bandoleros. Después de doce horas se vieron obligados a retirarse dejando algunos muertos. Murieron 6 hombres de nuestra acordada. La gente esta asustada. Estas quejas, continuas y dramáticas, se hacen más dolorosas cuando las muertes afectan directamente al personal de la Casa. El administrador de Chilapa, don José Allende, es secuestrado y, tras ser liberado, asesinado (1919). Marcos Hormaechea es asesinado el 7 de diciembre de 1916 por dar una simple orden a un jornalero. Más adelante, en 1923, se verá cómo el propio hijo de Fermín Maisterrena fue también asesinado en una emboscada, dejando mujer y dos hijos. Los préstamos forzosos se multiplican. Tenemos contabilizados, con comprobantes, más de 700.000 pesos, pero hay muchas más pérdidas que no se pueden contabilizar, como son los rescates pagados por dependientes secuestrados, ganado muerto, cosechas destruidas, etc. En el último inventario hemos contado 2.028 reses menos en La Escondida y 2.251 en Puga. En los últimos ocho meses la Casa ha facturado azúcar y mantas a la Pagaduría a precios casi de costo y de difícil cobro por más de 800.000


pesos, sin contar otros artículos como maíz y fríjol, de que ha dispuesto en calidad de préstamo y que no nos ha sido reintegrado. Se dan órdenes de que se disponga de mulos y de caballos, sin más, para los soldados. No se puede viajar por carretera, te arriesgas a ser asaltado; el tan deseado ferrocarril inaugurado en 1912, no circula, ya que vías y puentes han sido levantados y derrumbados. No hay telégrafo. El país esta incomunicado, el correo tarda meses en llegar… Tienden a perjudicar todo lo que suene a fraile y a capital. Tenemos dificultades para comprar el algodón que necesitamos, ya que nuestra producción es mínima, por falta de transporte y porque el dinero no tiene valor, billetes villistas, carrancistas, obregonistas, que hoy tienen valor y mañana no, han hecho desaparecer el oro y la plata. Tampoco podemos importar las refracciones que necesitamos y que íbamos a obtener a cambio de azúcar. El trueque es cambio común. Hemos repartido maíz y el poco fríjol que nos queda entre los trabajadores, en espera de la cosecha de septiembre que confiamos no se destruya ya que no hay alimentos, al haber sido saqueados los comercios y nuestras tiendas.

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Los sindicatos que se forman en fábricas y haciendas van cada uno por su cuenta; bueno sería una ley de Gobierno para que todos los industriales estemos medidos por el mismo rasero. Nos vemos obligados a reducir días de trabajo no sólo por falta de materia prima sino por que cada día tenemos mayores dificultades para responder a nuestras rayas. Están invadiendo nuestras tierras de Chilapa, intentando repartir las tierras (1916). El Club de campesinos Tuxpan y la Sociedad de campesinos distribuyen, sin ninguna atribución para hacerlo, ilegalmente, las tierras, desalojando a nuestros arrendatarios. Hemos intentado ofrecer parcelas de tierra inculta a quien lo solicitase ayudando con maquinaria a prepararla y cultivarla en régimen de aparcería, pero quieren las tierras ya trabajadas desmontadas y acotadas ya que piensan que la naturaleza debe ofrecer sus productos sin ayuda. Estas y otras lamentaciones reales son la tónica de las cartas que escriben a Bilbao los administradores de la Casa Aguirre. La situación mejoró, momentáneamente, en los años veinte. La Casa Aguirre que mantenía todavía cierto grado de influencia, consigue recuperar la mayoría de las tierras, aunque perdieron dinero, cosechas y ganado. En 1921, escribía Maisterrena a Bilbao: Vamos sorteando buenamente la cuestión de los ejidos pues aunque en algo nos afectan, siempre es lo menos posible en cantidad y calidad empleando el aceite necesario. Veo, de todas formas, muy difícil librarnos del desastre general.


A partir de 1933 se cumplieron las premoniciones de Maisterrena y se inició en Tepic, de forma reglamentada, la distribución de la tierra a gran escala, de tal forma que para 1939 se conformaron 233 ejidos con una población de 40.000 campesinos y una superficie total de 730.000 hectáreas, de las cuales, 135.000 eran laborales –J. Meyer–. A esta reforma no escaparon las grandes haciendas del Estado, incluidas las de la Casa Aguirre. A estas convulsiones revolucionarias hubo que sumar ciertas turbulencias entre los herederos de la sociedad Domingo G. Aguirre Sucesores, consecuencia de la valoración testamentaria de los bienes mejicanos, que conducirían a cambios sustanciales en la Sociedad.

Anuncio de B. Hormaechea y Cía en la revista Hermes. Noviembre 1917

Josefa de Aguirre y Basagoiti, la mayor de las hermanas, murió en Bilbao, en 1909, a los 73 años de edad, siendo viuda, desde 1901, de Domingo de Hormaechea Arancibia. Tuvieron tres hijos. El mayor, Bernardino, vivió en México hasta 1897; casó en Bilbao con Consuelo Camiña, de la cual tuvo cuatro hijos, Consuelo, Mario, Luis y José. Fundó en Bilbao un negocio de importación de material de ferretería y una fábrica en Durango del mismo sector. Murió en la cárcel, iniciada la guerra civil española de 1936. Jesusa de Hormaechea y Aguirre, la única chica, casó a finales de siglo con el Doctor José Antonio Galdiz; tuvieron dos hijos, Domingo y José Luis. Por último Domingo, el más joven de los hermanos, que como sabemos, residía en Tepic por aquel entonces. La liquidación de la testamentaría mexicana de Josefa no tuvo mayores problemas. Dado el poco tiempo transcurrido entre la muerte de Pedro y la de su hermana, se aplicó el criterio que Somellera había seguido para valorar el legado de Pedro de Icaza. Se adjudicó, por tanto, a los herederos 800.000 pesos, un poco más del sexto que les correspondía, y que abonaría la propia Sociedad a plazo concreto. Mercedes de Aguirre y Basagoiti, viuda de Esteban Gangoiti Ugalde, murió en 1915, en plena revolución. Sus herederos fueron, además de Esteban y Gonzalo, residentes en Tepic, sus hijas: Mercedes, casada con su primo Pedro de Icaza y Aguirre; Concha,con Antonio de Uriarte; Jesusa,que matrimonió con José Orbegozo; y dos hijas más, Teresa y María, solteras, que fallecerían en los años veinte. Pasado un tiempo de la muerte de Mercedes se observó que los acuerdos mediante los cuales se liquidaron los bienes de Méjico a sus herederos, fundamentados en los estatutos de la Sociedad, no eran tan justos. Esta latente incertidumbre se complicó más con la muerte, en el año 1925, de Jacoba de Aguirre y Basagoiti, la última hermana viva. En su testamento dejó herederos a su sobrino Pedro y a los herederos de sus hermanas fallecidas,

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con lo que los Hormaechea, separados de la Sociedad desde 1909, volvieron a participar en la Casa Aguirre. Con el fin de solventar estas involuntarias discriminaciones, agravadas, además, por la confusa situación revolucionaria mejicana, el consejo familiar decide cuestionarse la vigencia de la Sociedad D. G. Aguirre Sucesores, tal y como estaba estatuida. Tras diversas reuniones y proposiciones, y consultados ilustres abogados, se decidió, en el año 1928, ante todo, compensar a la descendencia de Mercedes, retrotrayendo todas las operaciones a la fecha de la muerte de la misma. Se establece así mismo, para el futuro, repartir los beneficios anuales y el capital resultante a la realización del negocio en tres partes iguales, a saber: una parte para Pedro de Icaza, otra para los herederos de Mercedes y otra para los herederos de Jacoba. Tepic. Año 1910 1. Casa de la viuda de Juan Lanzagorta. 2. Casa de mi señora suegra. 3. Cuartel. 4. Mi casa (Esteban) 5. Casa Aguirre. Jauja. Casa del administrador.

También se acuerda que dado que el Gobierno mexicano ha promulgado recientemente leyes restrictivas y de excepción para impedir que recaigan en extranjeros la propiedad inmobiliaria de determinadas zonas del territorio de aquella República, que se transfiera la plena propiedad de los bienes mexicanos a don Esteban y a don Gonzalo Gangoiti, en cuanto obtengan la nacionalidad mexicana, para evitar el conflicto. En consecuencia, Fermín Maisterrena, como mandatario de D. G. Aguirre Sucesores y ante el notario tepiqueño Andrés de Iturbide, el 23 de junio de 1928 se disuelve la sociedad, concertando la venta de sus bienes, en términos aceptables, a don Esteban y don Gonzalo Gangoiti, quienes conviniendo a sus intereses continuar la explotación de estos negocios constituyen una nueva sociedad denominada “Sucesores de Aguirre”. El precio queda estipulado en 1.800.000 pesos. Por supuesto que esta operación es ficticia y los hermanos Gangoiti extienden en Bilbao un documento notarial manifestando que, a pesar de que las propiedades mejicanas estén inscritas a su nombre, en realidad el negocio pertenece a los distintos familiares socios en la proporción siguiente: Pedro de Icaza 44.44%, Mercedes, Concepción y Jesusa Gangoiti 10% cada una; Esteban y Gonzalo 7,22% cada uno, Bernardino Hormaechea 3,70%, José Luis y Domingo Galdiz 1,85% cada uno. Hijos de Domingo Hormaechea 3,70 en total, porcentajes que son el resultado de las sucesivas herencias. Esta bicéfala nueva sociedad, inscrita en Tepic como sociedad colectiva, compuesta por los socios Esteban y Gonzalo Gangoiti, con sede operativa en la

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misma localidad y poder de decisión en Bilbao, instalaría un escritorio en Bilbao, en la Plaza Circular, haciéndose cargo del mismo el primo Juan Basagoiti, antiguo empleado de la Casa. Juan casó con Concha Calzada, teniendo como descendientes a Pedro, Lorenzo y Concepción. Mediante este convenio familiar que estructuraba la propiedad como una sociedad anónima, quedaba renovada la armonía familiar, estando presentes en el negocio las nuevas generaciones de las tres ramas familiares que originariamente habían heredado a los tíos Aguirre.

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iguiendo el aforismo de cambiarlo todo para que todo siga igual, Sucesores de Aguirre, como continuadora de D. G. Aguirre Sucesores, seguiría operando de la misma forma, manejando los mismos bienes, administrada igualmente por Esteban y Gonzalo Gangoiti, siguiendo como apoderado general Fermín Maisterrena. Gonzalo, hombre de mundo y bien relacionado, continuaría viviendo en Méjico capital, en donde se seguían manipulando determinados resortes de poder, mientras, Esteban, asistido por José Berecoechea, se ocuparía del escritorio y la administración. Fermín Maisterrena despacharía directamente con los encargados de las haciendas y las fábricas. Don Fermín moriría en 1936, después de más de cuarenta años de trabajo en la Casa.

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Los hermanos Esteban y Gonzalo Gangoiti permanecieron trabajando en Méjico hasta su retiro, que se produjo a finales de los años treinta. Casaron ambos con mujeres mejicanas, Leonor Varela y Asunción Gómez del Valle, con quienes se retiraron a vivir en Bilbao con sus hijos, salvo el mayor de Esteban, de nombre Esteban como su padre, y la hija de Gonzalo, Asunción, que se quedaron a vivir en Méjico, en donde se casaron y dejaron una extensa descendencia. Su vida estuvo marcada por el duro trabajo y por la angustia producida por el continuo sobresalto revolucionario que les tocó vivir, llegando a temer por sus vidas y la de sus familiares. Pretendieron en todo momento conservar el buen nombre de la Casa Aguirre y perpetuar la huella que sus idolatrados tíos dejaron en Tepic. El primer encargo que los gerentes mejicanos reciben de los socios de Bilbao es que procuren agilizar la venta del negocio, aunque comprenden que la situación del país no ayude demasiado. En este sentido, entre los años veinte y veinticuatro, años de relativo orden, hubo algunos intentos que resultaron también fallidos. Un azucarero americano, que decía tener buenas relaciones con Wall Street, se interesó por las propiedades y pidió información y precio. Se pidieron siete millones de pesos por todas las propiedades, fábricas y la planta eléctrica. Tiempo después, se interesó por La Escondida un viejo amigo de la Sociedad, Mr. Eppes Randolf, gerente del ferrocarril South Pacific, a quien se conocía y estimaba por haber sido buen negociador en las expropiaciones de terrenos para el tránsito del ferrocarril por algunos terrenos de la Casa. Al estabilizarse la situación política, el interés de Randolf se extiende a toda la propiedad, ya que conoce a inversores californianos y dice que podían estar


interesados en financiar una inversión de más envergadura. Se le entregan los informes de Price–Waterhouse y se le da una opción de nueve meses sobre un precio de siete millones. La opción de Randolf venció. Tiempo después reaparecerá pidiendo una nueva opción modificando solamente la forma de pago, que pretende sea a plazos. Se le concede dicha opción con la desgracia que fallecerá poco después. Al fallecimiento de Randolf, Mr. Titcom, nombrado nuevo presidente de South Pacific, tomaría a su vez una nueva opción de compra por 3.500.000 de dólares, con aplazamientos de pago también. Antes de vencer esta opción, trasladó a un grupo de inversores ingleses la misma, cuya cabeza visible era Mr. Helm, por 250.000 dólares. Vence la opción de Titcom por no pagar el primer plazo, aunque en realidad debía haber sido pagado por los ingleses. Titcom piensa que Helm le ha traicionado para ahorrase la comisión, pero el hecho era que ese primer pago no pudo abonarse por no tener Helm convencidos a sus socios.

Los hermanos Esteban y Gonzalo Gangoiti Aguirre en los años treinta. Membrete de la nueva sociedad Sucesores de Aguirre.

Retirado Mr. Titcom, Mr. Helm entabla conversaciones directas con Pedro de Icaza. Visita Bilbao para redactar un borrador contrato y obtiene una opción de nueve meses con un calendario concreto de visitas, reuniones y pagos. Helm viaja a Méjico capital y a Tepic, se reúne con Gonzalo y Esteban para inspeccionar las haciendas y fábricas. Las contradictorias noticias acerca de la situación del país, con motivo de elecciones, hacen que el gobierno británico no reconozca al mejicano, creando dificultades financieras a Helm. Pide extensiones del plazo a la opción. En abril del 1924, Icaza rompe inesperadamente con Helm y escribe a Esteban: He encargado a mi letrado en Londres rompa toda clase de relaciones del modo más rápido y suave posible, pues me era imposible seguir trabajando con un individuo que ofendía a mis sentimientos pues, implícitamente, venía a proponer una traición a mi patria ultramarina. No se ha podido averiguar la propuesta que tanto repugnaba y ofendía a Pedro de Icaza, pero muy grave debía de ser como para romper las negociaciones de una manera tan radical en un asunto de tanta importancia. La pérdida de casi dos años en las negociaciones con Helm, hace pensar a los bilbaínos que el sistema de opciones, que habían seguido hasta el momento, no era operativo, ya que los interesado en la compra no perdían nada intentando buscar capital y ellos perdían meses, incluso años, atados por la opción, dejando pasar otras posibles oportunidades. Deciden, por tanto, poner precio a las opciones de compra. Titcom vuelve aparecer de la mano de Maisterrena, resarciéndose así de la traición que supone Helm le hizo. Dice que Helm tiene malos antecedentes, que quebró en Nueva York hace años, que es mala persona.

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Titcom, que también actuaba como promotor, era un cliente interesante, ya que conocía bien la Casa Aguirre y como presidente de los ferrocarriles estaba interesado en que los negocios por donde discurría el trazado fuesen de alguna forma dinamizados. A pesar de todo, y con el fin de evitar dilaciones, se exige a Titcom un depósito de 50.000 dólares antes de concederle la opción de compra. No estaba Titcom para tales desembolsos, por lo que la venta quedaba abierta a cualquier comprador. Urgía vender. La Casa entró en pérdidas a partir de 1925. Los años treinta de la historia interna de Méjico son de crisis continua. No se vende nada. La morosidad es creciente. Los líderes obreros piden constantemente mejoras en los jornales que no se pueden conceder, dada la crisis. Los bancos ponen dificultades para abrir líneas de crédito. De seguir así la situación, habrá que rebajar jornales y días de trabajo. Hemos tenido que pagar a los obreros con mercancías de nuestras tiendas. Los altos empleados han reducido su salario entre un 10 y un 20%, escribía Esteban a Pedro de Icaza en mayo de 1933. Esta situación no favorecía, desde luego, ninguna operación de venta. La ley del Trabajo, la ley de Ejidos y la de Extranjería, asustaba a posibles compradores extranjeros y los empresarios del país no tenían liquidez, ni crédito para emprender aventuras. Estado actual de La Escondida, en Tepic. Año 2005

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No podemos olvidar, además, los acontecimientos mundiales que se sucedieron a lo largo del primer tercio del siglo XX. La guerra mundial de 1914–1918, la crisis económica del 29, la revolución rusa, la inestabilidad político–social en España, no propiciaban operaciones internacionales. El capital sólido es cobarde, de tal manera que aparecían sólo especuladores y aventureros. De todas formas, en los años treinta surgieron nuevamente algunos grupos interesados por la compra de las posesiones de los Aguirre. La Compañía Eléctrica de Chapala se interesó por la Empresa Eléctrica. Se pidieron 400.000 dólares, luego rebajados a 300.000. Green, Ellis y Anderson, de Nueva York, se interesó por las fábricas de azúcar. Miller, de California, enviado por Titcom, visito las propiedades. Don Víctor Patón, residente en San Francisco, inquiere orientación de precio; se valora la propiedad en 3.000.000 de dólares. A F. D., de Chicago, se le invita a visitar la Casa; otro grupo de la misma ciudad, Hart y Cía., escribe interesándose también. Edmundo Rojas, relacionado con el ministerio de Gobernación, parece interesado en colonizar Chilapa con mexicanos expatriados y pide precio. Se le ofrece la propiedad por 400.000 pesos. Mientras tanto, se venden el rancho del Limón por 125.000 pesos, la Laguna, en 150.000 –a pagar en 10 años–, y las huertas de Acapayan, más algún terreno suelto, ganado y madera, por 182.000 pesos. Estas ventas parciales y la solicitud de información respecto a partes concretas de la sociedad, sobre Chilapa, fábricas de azúcar, Planta eléctrica,


etc., hizo pensar a los socios que al consistir los activos del negocio en industrias que no tenían nexo orgánico entre sí, podrían venderse con más facilidad de un modo independiente. Disponen, en consecuencia, crear cuatro sociedades anónimas para hacer más atractiva la salida de sus propiedades: 1. Industria Textil Nayarita S. A., que integra las fábricas de Bellavista y Jauja. 2. Productos de Algodón S.A., que actuará como distribuidora textil bregando con agentes y consignatarios. 3. Ingenio de Puga S. A., que se hará cargo del ingenio y de la destilería de alcohol del mismo nombre, que con anterioridad había absorbido los activos de la fábrica de azúcar La Escondida. 4. Empresa Hidroeléctrica de Tepic S.A., productora y distribuidora de electricidad. Sucesores de Aguirre sería el principal accionista de las cuatro sociedades al aportar los activos de las mismas. En ellas también tendrían participación Gonzalo y Esteban Gangoiti, el hijo de éste, Esteban Gangoiti Varela, José Berecoechea, apoderado general, y en cada negociación su administrador, como socios industriales. 200

Sucesores de Aguirre, además de principal accionista de estas sociedades anónimas, era propietaria del resto de tierras que no habían sido distribuidas. Esta estrategia societaria, resultó, en definitiva, acertada. Las acciones de la Textil fueron vendidas en 1943 a la firma E. Lebre y Compañía, de Guadalajara, dueños de los almacenes de la ciudad de Londres, comercio del ramo textil. Ya quedó cerrada la operación de venta del edificio de la Casa Aguirre, escribía Berecoechea a finales de 1944, por la cantidad de 125.000 pesos, y créamelo, me dio mucha tristeza. Quedan por vender los Ingenios, lo considero fácil, dado el futuro que tiene en México la industria de azúcar. Lo más difícil para liquidar todo esto serán las tierras, por no saber con exactitud lo que está sin afectar, pero es tan poco, que pronto no quedará nada pendiente. En 1945 logran liquidar la sociedad Ingenio de Puga S.A. al industrial Manuel Suárez. Y en estos años también se vendió la Planta Eléctrica a la Comisión Federal de Electricidad. Entre los años 1945 y 1948 se recibieron en Bilbao, por distintos conductos, 4.184.448 pesos, producto de las distintas ventas, según las anotaciones de Juan de Basagoiti, que se distribuyeron en la proporción correspondiente entre los distintos socios sucesores de Pedro y Domingo de Aguirre y Basagoiti. Se cumplen así, cuarenta años después, la recomendación de venta que Pedro consignaba en su testamento, aunque, desgraciadamente, no se logró ésta, en las condiciones aceptables, que tal recomendación preconizaba.


PATRONATO DE LA FUNDACIÓN VIZCAÍNA AGUIRRE

Presidente Don Ramón de Icaza Zabálburu Vocales Don Pedro de Icaza Zabálburu, Vizconde Moreaga de Icaza Don Javier de Icaza Aburto Doña Teresa de Icaza Ampuero Don Alfonso de Icaza Aresti Don Rafael de Icaza de la Sota


FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

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Autores: Pedro de Icaza Zabálburu y Álvaro Chapa Imaz Investigación y Documentación: Fuensanta de Icaza de la Sota Edición: Fundación Vizcaína Aguirre Diseño: DDA Comunicación Fotografía: Chus Terán, Txomin Sáez Imprenta: Samper Impresores Depósito legal: BI-3549-07


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1907 - 2007

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PRIMER CENTENARIO DE SU MUERTE

PEDRO Y DOMINGO

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