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SEGUIMIENTO DE LA OBTENCIÓN DEL DERECHO AL SUFRAGIO DE LAS MUJERES EN EL PERIÓDICO EL DIARIO DE CULIACÁN (1952-1958) M.C. Cruz Armando González Izaguirre Dra. Beatriz Eugenia Rodríguez Pérez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5 DERECHOS HUMANOS DE LAS MUJERES Y ESTÁNDARES INTERNACIONALES PARA EL ACCESO A LA JUSTICIA Lic. Lydia Gpe. Ojeda Esquerra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21 EL ENFOQUE PERFORMÁNTICO DE LAS MASCULINIDADES: ESTUDIO DE CASO EN MOA Víctor Hugo Pérez Gallo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33 LOS ESTUDIOS DE GÉNERO EN LA ANTROPOLOGÍA ¿CÓMO SE CONSTRUYE SU IMAGINARIO? Dra. Beatriz Eugenia Rodríguez Pérez . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47 CONTEXTUALIZANDO LA RELACIÓN POBREZA-SALUD -INCLUSIÓN SOCIAL DESDE UNA MIRADA A LA ATENCIÓN PRIMARIA DE SALUD COMO ESPACIO SOCIAL Dra. Margarita de la Caridad Moncada Santos Dr. Humberto Cecilio Falcón Salmon . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 61 ESTUDIO COMPARATIVO DE IDENTIDADES INDÍGENAS: MUJER, LENGUA Y PARENTESCO: UNA MIRADA CONTEMPORÁNEA A LOS PUEBLOS P’URHÉPECHA, EN MÉXICO, Y MAPUCHE, EN CHILE Daniela Belén Carrasco Orellana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77 REVISTA ANTROPOLOGÍA SEXUAL Marisa Mesina Polanco . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95

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La revista TS-Sin Fronteras ha ingresado al Centro Internacional del ISSN. A este centro se localiza en París, Francia y es esta organización la autoridad normalizadora de las publicaciones seriadas y periódicas a nivel mundial. El ISSN 2007-6983 es el acta de internacionalización de la Revista Trabajo Social Sin Fronteras. Este número es la identidad que se adquiere como el instrumento para la clasificación internacional, en su carácter de publicación serial1; se destaca por cumplir con las normas que todo medio de difusión del conocimiento científico, como es el caso del debate intercontinental en el Trabajo Social, que venimos impulsando. Este es un número internacional que permite identificar de manera única una colección, por ejemplo en las bibliotecas. Para los administradores de documentación, este número les permite: •• •• •• •• •• ••

Identificación de un título de una publicación seriada en cualquier idioma y cualquier parte del mundo. Uso en bibliotecas, centros de documentación y unidades de información para una eficiente identificación, adquisición y gestión de publicaciones seriadas así como reclamo de números extraviados. Facilita el tratamiento automatizado de datos sobre publicaciones seriadas. Mejora el control en los sistemas de depósito legal y asignación de códigos de barras. En las citas académicas, permite citar una publicación seriada con precisión y sin equívocos. Es un procedimiento para ser considerada para su clasificación en los índices internacionales de las publicaciones e ingresar a sistemas de arbitrajes de ciencias.

Es pues un logro llegar a mediados de año 2013, con esta publicación número 9. Estamos seguros que el esfuerzo que hemos desplegado en el binomio de producción-difusión del conocimiento en Trabajo Social, viene abriendo camino poco a poco, inscribiéndose como el espacio de la información relacionada con muchos tópicos, principalmente analizados desde los marcos teóricos que proporcionan las ciencias sociales. Las maneras de medir la importancia de las publicaciones está en el impacto que éstas logran en las tradiciones científicas, legitimadas en los espacios de las comunidades académicas y profesionales en América latina. Esta revista abre sus páginas para que la generación de saberes se produzca desde las ciencias duras, desde los esquemas analíticos o críticos del conocimiento explicativo y también la que se genera, y empieza a echar raíces, desde la investigación basada en la epistemología interpretativa o hermenéutica. Somos 2007-6983. Presente. La información ha sido tomada de http://es.wikipedia.org/wiki/ISSN#Funci.C3.B3n_del_ISSN

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M.C. Cruz Armando González Izaguirre1 Dra. Beatriz Eugenia Rodríguez Pérez2 SEGUIMIENTO DE LA OBTENCIÓN DEL DERECHO AL SUFRAGIO DE LAS MUJERES EN EL PERIÓDICO EL DIARIO DE CULIACÁN (1952-1958)

RESUMEN El presente documento rescata la cobertura que dio El Diario de Culiacán, uno de los periódicos de Sinaloa, al trayecto mediante el cual las mujeres obtuvieron el reconocimiento formal de su ciudadanía. Se identifican las construcciones simbólicas sobre las implicaciones de género que había sobre la participación política de mujeres y hombres. Se destaca la relevancia de cómo el reconocimiento formal de derechos no implica, necesariamente, una reformulación en las relaciones sociopolíticas de quienes participan en determinada comunidad. Se expone como en la prensa se refleja la representación de que la ciudadanía es una categoría esencialmente masculina a la que las mujeres pueden acceder de manera secundaria, en la medida en que sus supuestos rasgos naturales como la abnegación, la nobleza

y en general sus atributos maternales, le permiten aportar al desarrollo político del país. Palabras claves: ciudadanía y género, construcciones simbólicas, valores femeninos, masculinidad.

Departamento de Planeación y Desarrollo del Centro de Políticas de Género para la Igualdad entre Mujeres y Hombres de la Universidad Autónoma de Sinaloa. 2 Directora General del Centro de Políticas de Género para la Igualdad entre Mujeres y Hombres de la Universidad Autónoma de Sinaloa. 1

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ABSTRACS The present document redeems the coverage given by the Journal of Culiacan, one of the newspapers in Sinaloa, journey through which women obtained the formal recognition of their citizenship. Identifies the symbolic buildings on the gender implications that had been on the political participation of women and men. We highlight the importance of as a formal recognition of rights does not necessarily imply a reformulation in political relations of those who are involved in a particular community. Describes how thel press reflects the representation of that citizenship is a category essentially male that women can access in a secondary capacity, to the extent that their alleged natural features such as self-denial, the nobility and in general their maternally derived attributes, allows it to provide the political development of the country. Key Words: citizenship and gender, symbolic buildings, feminine values, masculinity. Para llevar el análisis se recurre a la propuesta de la historia conceptual, la cual tiene por objeto identificar los procesos de ruptura y reconfiguración de determinado contexto sociocultural reconstruyéndolo de forma inteligible, teniendo en cuenta que “el concepto, en este sentido, posee una estructura muy precisa. Es un índice que da a conocer las

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transformaciones sociopolíticas.... pero, a la vez, él mismo transforma las acciones históricas y sus expectativas…. Las luchas político-sociales quedan registradas en los conceptos, pero las luchas por los términos apropiados –la lucha semántica forman parte de la lucha política y la determinan” (Koselleck, 1993: 32). A ese enfoque se articula la perspectiva de género que critica no sólo el concepto de ciudadanía sino las categorías supuestamente neutras de público y privado, señalando que “el contrato social es una historia de libertad, el contrato sexual es una historia de sujeción y subordinación. Se instaura, por tanto un modelo dual de sociedad: un modelo de libertad para los varones y de subordinación para las mujeres recluidas en el espacio privado” (Reverter, 2011: 132). Por otra parte, optar por el periodo 1952-1958 obedece a la necesidad de identificar el seguimiento que dio el diario en cuestión al proceso legislativo a la reforma constitucional relacionada al sufragio

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de las mujeres; también a su involucramiento en los procesos políticos locales y nacionales en el contexto de dicha modificación. En ese escenario, es importante referir que el derecho a voto de las mujeres en Sinaloa estaba vigente desde 1938, aunque establecía condiciones particulares para ellas tales como “que hayan cumplido dieciocho años, si son casadas, o veintiuno si no lo son, siempre que vivan de su trabajo honesto; que formen parte de la familia de un obrero o campesino organizado, o de la familia de un trabajador del cam-

tenía en puerta dos reformas importantes, la primera de ellas era el de los derechos políticos de la mujer pues:

po o de la ciudad” (Actas de Sesiones Públicas del H. Congreso del Estado de Sinaloa, 1949: s/f). El 13 de enero de 1950 hubo una modificación para retirar estos aspectos particulares que se le solicitaban a las mujeres, pero no fundamentando la propuesta en la necesidad de dar el mismo trato jurídico a mujeres y hombres sino debido a que por una cuestión técnica, el texto constitucional local debía uniformarse a la constitución federal (Actas de Sesiones Públicas del H. Congreso del Estado de Sinaloa, 1950a: s/f). Unos meses después, en diciembre de 1950, en la Sesión Solemne con la que concluía el mandato de Macías Valenzuela y daba inicio el periodo como gobernador de Pérez Arce, este último presentó de manera breve una especie de declaración programática respecto al papel que las mujeres jugarían dentro de su administración. En relación a ello, cuando tomó la palabra señaló que

ra del Estado un ampliación constitucional que

…No existe razón para privar a la mujer de sus derechos cívicos, menos cuando está preparada para ejercitarlo con aptitud y dignidad. Es un estorbo para la democracia esa restricción que impide la cooperación de la mitad del pueblo, que está formado por mujeres. Por tal motivo, yo voy a proponer ante la honorable legislatupermita el voto femenino no solo en los comicios municipales, sino también en las elecciones de representantes populares, capacitándolas al mismo tiempo para que puedan desempeñar elevadas funciones titulares en la judicatura, en la inteligencia de que estas innovaciones serán creadoras de derechos y no deberes, es decir, la mujer sinaloense que prefiera permanecer alejada de las inquietudes políticas podrá hacerlo sin incurrir en ninguna responsabilidad, y tendrá el amparo de la Ley que reconoce que es santa y patriótica su misión familiar, porque en la familia nace el amor a la nacionalidad y a las tradiciones de la raza” (Actas de Sesiones Públicas del H. Congreso del Estado de Sinaloa, 1950b: s/f).

Estos argumentos a lo largo del proceso histórico de construcción de las democracias modernas centrados en la idea de que “las capacidades

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masculinas naturales que les posibilita a ellos, pero no a sus esposas, ser jefes de familia, son las mismas capacidades que les permite, pero no a sus esposas, ocupar su lugar en la vida civil” (Pateman, 2000: 6), han sido de los fundamentos principales para la exclusión de las mujeres de la toma de decisiones políticas. Esta interpretación puede construirse a partir de la interpretación de los artículos publicados en la prensa, de donde puede reconstruirse el espacio simbólico que daba sentido a la acción política de

1952 (El Diario de Culiacán, 1951: s/f), así como notas de otros países, tal es el caso de Argentina, donde las mujeres habían sido reconocidas con el derecho al sufragio y eran ejemplos que el movimiento feminista retomaba (El Diario de Culiacán, 1952: s/f). Conforme se acercaban las elecciones federales, se trajo a la escena política nacional, el debate sobre el derecho a voto de las mujeres, de lo cual los diarios locales hacían eco (Diario de Culiacán, 1952b. s/f). En relación a lo anterior, la negativa a formalizar los derechos políticos de las mujeres por parte de

mujeres y hombres. En ese sentido, las mujeres pudieron acceder a los ámbitos públicos pero desde una representación diluida, la cual no les permitía ser concebidas como ciudadanas en la misma medida que los hombres. Sobre la cuestión de los derechos políticos, debe señalarse que recurrentemente se reproducían en la prensa local notas de la capital del país, haciendo mención de grupos feministas que reclamaban el derecho al sufragio ante el Congreso de la Unión, para participar en el proceso electoral de

los legisladores a nivel nacional generó que se abrieran espacios de opinión en la prensa local en relación al tema, que aunque intermitentes, dejaban ver las implicaciones de género existentes respecto a la ciudadanía de las mujeres. Las opiniones favorables a su acceso a la esfera política, en muchas ocasiones legitimaban su supuesta naturaleza pura y abnegada, y era poco común que fueran representadas como sujetos de derecho con intereses propios al margen de su familia o esposo. En ese contexto, la ciudadanía de las mujeres se justificaba porque comportaba rasgos distintos a la de los varones, y era pertinente que ingresaran en la esfera política para que “limpiaran” ese espacio. En aquel momento se consideraba que “nuestra sistema electoral se encuentra muy viciado y el influjo del mal llamado sexo débil puede servir mucho en la purificación del mismo, en vista de que la mujer tiene una conciencia más pura de la nacionalidad… (y) saben mejor que los hombres en donde radica la fórmula adecuada para resolver los problemas de más enjundia como son los de la familia, base primordial de la patria” (El Diario de Culiacán, 1951b: s/f). Con base en lo expuesto, señalar la pureza como un atributo de la conciencia femenina refiere

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al conjunto de características que socialmente representaban a las mujeres como seres más nobles, pero a la vez menos racionales que los hombres; paralelamente, se creía que su función en la política no sería solamente purificar dicho espacio, sino que lo harían partiendo de su habilidad para resolver los problemas de la familia. Mediante estas dos afirmaciones, puede advertirse cómo se condicionaba la ciudadanía femenina o la participación política de las mujeres a acceder a la esfera política cargando con el conjunto de valores y representaciones que precisamente limitaban el ejercicio de su derecho a participar de los asuntos públicos como ciudadana, en los mismos términos que los hombres. Reforzando lo expuesto, tras el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres en el ámbito municipal, en el contexto de la búsqueda del sufragio a nivel federal y con ello la igualdad jurídica de las mujeres en relación a los hombres, al menos en la esfera política, se señalaba que:

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ciudadana de un Municipio, de un Estado, de una Nación, es más, es la madre del ciudadano”3 (El Diario de Culiacán, 1952c: s/f).

En la nota puede identificarse que la actividad económica de las mujeres está condicionada a la presencia o no de un hombre que, cumpliendo el rol productivo que se le asigna socialmente, cubra todos los satisfactores que ellas pudieran necesitar para cumplir su rol reproductivo. A partir de ello es posible identificar a la maternidad como un servicio a la formación de ciudadanos, pues es el espacio donde se gestan a quienes serán elementos útiles para el desarrollo del país; ese solo hecho parece dar sentido a la inclusión de las mujeres como agentes de los asuntos públicos de la nación. Por encima de su derecho a participar en los tres niveles de gobierno, como agente político reconocida frente al Estado y

Si la mujer puede ser jefe de familia en caso de que falte el marido, empleada, profesora, investigadora, comerciante, artista, etc. ¿Por qué no va a poder votar y ser votada en las elecciones populares? La mujer tiene tantas obligaciones o más que el hombre, por eso es injusto limitar las prerrogativas. Con toda justicia se ha dicho que la mujer no es solo

El documento concluye señalando que “Como se ve, se trata de una limitación del derecho electoral por el sexo... Existen otras limitaciones al ejercicio del sufragio las cuales están determinadas por ciertas condiciones de los individuos tales como la locura, la mendicidad, la delincuencia, etc.”. la nota no brinda los elementos suficientes para interpretar que se refiere a la condición de ser mujer como una limitante del mismo tipo que la locura o la delincuencia. A pesar de ello, es bastante significativo que la enumere a la par de las otras características que restringen la participación política de los individuos.

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la comunidad, se encuentra su labor materna, la cual justifica de forma suficiente la pertinencia de su acción política. La muerte de Eva Perón en julio de 1952, dio pie a una nota editorial en un diario local, en dicho documento se señala que la obra de Perón es un ejemplo que desmitifica las posibilidades de acción política de las mujeres, y las presenta como un agente importante en el desarrollo social; en ese sentido, se señala la necesidad de la elaborar un programa de gobierno en el que las mujeres puedan aportar sus

Eva Perón, señala la nota, “fue la mujer de la belleza… la que supo conservar el cariño de su amado esposo con esa fuerza que nadie la destruye como es la bondad, su amor a él y a su patria, a quienes ellos se debían” (El Diario de Culiacán, 1952d: s/f). En seguida se señala el papel que la mujer mexicana debe asumir a la luz del ejemplo y legado de Eva Perón, pues le “corresponde pugnar porque los valores morales no se disuelvan, sino todo lo contrario, tomen mayor solidez, cooperando porque la familia no se desintegre, entablando una fuerte resistencia, si es

rasgos más importantes: “bondad, honestidad, abnegación”. Se asegura que es indudable que la labor de las mujeres “ha incrementado el desenvolvimiento económico, moral, social y cultural de la nación, dentro de los campos de la jurisprudencia, diplomática, aeronáutica, artes, letras, periodismo, fábricas, hospitales, la radio, ciencia médica” (El Diario de Culiacán, 1952d: s/f).

posible llegar al sacrificio, con objeto de que la mujer dueña y señora de su hogar lo defienda para sus hijos y con ello contribuirá a la Unidad de la Patria” (El Diario de Culiacán, 1952d: s/f). Una vez expuesta cuál era la tarea que la mujer mexicana debía cumplir de cara a su responsabilidad con la patria, se advierte que ese es precisamente el camino que debe tomar la agenda feminista, pues ésta “es una de las buenas formas de hacer feminismo y, si las circunstancias la obligan a prestar su ayuda al esposo fuera del hogar para su mejor sostenimiento, con toda su dignidad de gran señora tomará la actividad para la cual se encuentre preparada, debiendo tomar el ejemplo de Evita, que supo ser exquisitamente femenina, esposa ideal, política y la trabajadora social más brillante que ha producido la gigantesca tierra del Plata” (El Diario de Culiacán, 1952d: s/f). Tras la toma de posesión de la Presidencia de México por parte de Adolfo Ruiz Cortines, el 1 de diciembre de 1952, se hizo mención en la prensa local de la propuesta del presidente para “dar” el derecho al voto a las mujeres (El Diario de Culiacán, 1952e: s/f), es decir, el voto como una prerrogativa concedida por el Estado y no un bien jurídico propio

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aprobada la reforma a los artículos 34 y 115 constitucionales por una amplia mayoría en la Cámara de Diputados, el proyecto de ley de reforma fue turnado al Senado. Tras la aprobación del Congreso de la Unión de la iniciativa presentada por parte del titular del Ejecutivo, el proyecto de ley fue enviado para su estudio y eventual aprobación a las legislaturas de las entidades federativas (El Diario de Culiacán, 1952h: s/f). Hasta el 13 de enero de 1953, solo tres legislaturas habían aprobado las reformas a la

e inalienable que como ciudadanas tenían y que éste debía reconocer. A partir de dicho proyecto de reforma de la Constitución, habría un seguimiento de las labores legislativas respecto al tema, acompañado regularmente por opiniones en relación a la pertinencia de la reforma a la ley (El Diario de Culiacán, 1952f: s/f)4. Así sucedió el 23 de diciembre de ese año, cuando tuvo lugar la segunda lectura de la iniciativa de reforma en la Cámara de Diputados, lo que generó posturas encontradas en torno al proyecto de otorgar a la “fémina fácilmente sugestionable” el derecho al voto, pues ello podría servir de vehículo para grupos antagónicos a la Revolución. Por otra parte, se afirmaba que “la participación de la mujer en la vida pública de México será decisiva y benéfica” (El Diario de Culiacán, 1952g: s/f). Al día siguiente, tras ser

Constitución para que las mujeres tuvieran derecho a votar y ser votadas en los mismos términos que los hombres (El Diario de Culiacán, 1953a: s/f). Debido a que no se cubría el requisito de la aprobación de las dos terceras partes de las legislaturas en todo el país para que se hiciera efectiva la reforma constitucional, el asunto de los derechos políticos de las mujeres quedaría pendiente hasta el periodo de sesiones de Septiembre de 1953 del Congreso de la Unión; de ese modo, las mujeres podían participar “en luchas municipales en los estados en donde exista esa prerrogativa, pero nada más” (El Diario de Culiacán, 1953b: s/f). Ante la posibilidad de la inclusión formal de las mujeres en la esfera política nacional, el PRI decidió que el sector femenil sería organizado en Sinaloa para “participar directamente en política, de acuerdo con las reformas ya aprobadas a la Constitución”. Para llevar a cabo dicha labor se designó a la señora Guadalupe Guerrero viuda de Cruz, esposa del ex

La nota señala el proceso legislativo que tiene que llevarse para establecer a nivel constitucional la reforma en cuestión, con objeto de que las mujeres puedan gozar de todos los derechos políticos que los hombres poseían. Finaliza el documento con el siguiente planteamiento: “Se preguntan algunos hombres que dentro de las costumbres ya establecidas en México tienen el control de la vida ciudadana; ¿Qué será de nosotros? Las mismas mujeres se encargarán de dar la respuesta satisfactoria”, dejando en claro que los asuntos de la organización política de la sociedad eran generalmente dirigidos por hombres y que la inclusión de las mujeres podría plantear una reformulación de dicho orden.

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La intervención Seguimiento de la profesional obtenciónen delelderecho campo de al sufragio la salud con de las enfoque mujeresintercultural. en el La experiencia periódico de El enfermería Diario de Culiacán en la asistencia (1952-1958) hospitalaria

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Gobernador de Sinaloa Teodoro Cruz Ricalde (El Diario de Culiacán, 1953c: s/f). Desde cierta perspectiva toma sentido la iniciativa institucional para “organizar” a las mujeres, porque se consideraba, como lo muestra una nota, que estaban “muy verdes para la política” cosa que se había demostrado “ahora que las lideresas jóvenes quieren desplazar a las veteranas que tanto lucharon para conquistar las mismas prerrogativas que los hombres”; dicha inexperiencia se manifestaba en “la división que ha surgido entre el elemento feme-

La prensa local reproducía informes periodísticos de la prensa capitalina en relación al estado de la reforma de ley que podría aprobarse, una vez que el Congreso de la Unión abriera un nuevo periodo de sesiones en septiembre de 1953. En ese sentido, se señalaba que una vez aprobada por las legislaturas de las entidades federativas “la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, aprobará definitivamente el dictamen para conceder el voto (a la mujer) otorgándole al mismo tiempo todos los derechos cívicos semejantes a los del hombre…

nino, división que se significa por mutuos ataques… demostrando claramente que la pasión ciega a sus elementos. Dicen los observadores que la mujer mexicana debe organizarse bien y después actuar” (El Diario de Culiacán, 1953d: s/f). La participación de las mujeres en los procesos electorales municipales comenzó a formalizarse con la creación de espacios de participación femenina en los comités de campaña; prueba de ello es la inclusión de Isabel Anzar de Flores y María Luisa Félix Sánchez como secretarias de Acción Femenil en el Comité Central Pro-Flores para apoyar la candidatura de Luis Flores Sarmiento a la presidencia municipal de Culiacán, en agosto de 1953 (El Diario de Culiacán, 1953e: s/f). Esta inclusión se registra mayormente de forma superficial en las notas periodísticas que abordaban el curso de la campaña de determinado Comité, pues se menciona que destacó “poderosamente la presencia del sector femenil”, pero sin especificar en qué sentido o de qué forma llevaron a cabo su participación (El Diario de Culiacán, 1953f: s/f).

se considera que la mujer está ya debidamente preparada para nuestras luchas electorales y puede hacer un magnífico papel como representante del pueblo en puestos públicos” (El Diario de Culiacán, 1953g: s/f). La Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley que otorgó a la mujer mexicana “el máximo de los derechos cívicos”, el 6 de octubre de 1953 (El Diario de Culiacán, 1953h: s/f). Después de la formalización de los derechos políticos de las mujeres a nivel nacional, la prensa

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local expuso diversas manifestaciones a favor de la modificación. En relación a ello se comentó que “el voto femenino acabará paulatinamente con los fraudes y chanchullos, inmoralidades e imposiciones electorales, dignificando el ambiente político” (El Diario de Culiacán, 1953i: s/f); Por otra parte, se señala que: La mayoría de la gente ha visto este paso dado por el gobierno mexicano con cierta intranquilidad política… por cuanto siendo la población femenina de mayor volumen que la de los hombres, ésta pueda inclinar la marcha de la Revolución hacia caminos reaccionarios. Es decir, le niegan, sin mayores análisis, visión orientadora para elegir lo que más conviene al porvenir de la patria (El Diario de Culiacán, 1953j: s/f).

Después de esta afirmación, en la nota se establecen las características que definen a la mujer y que puede aportar al terreno de la política; dichos rasgos se concretan en “un gran sentido intuitivo, sexto sentido político, que le hace ver lo mejor para el destino de sus hijos” (El Diario de Culiacán, 1953j: s/f). Y que conscientes de todas las nuevas responsabilidades que la ciudadanía les impone, deberán comportarse con responsabilidad pues: Ellas saben que la religión pertenece a la intimidad, y que la marcha política obedece al mandato de los seres humanos. Dar a la sociedad lo que le pertenece, es justicia que no viene del cielo. Además, tengamos presente, no hay mujer injusta, todo es entrega en ella. Puede y debe dar lo mejor para la República. Su ciudadanía viene a incrementar el juego político y a darle al hombre, su indesligable compañero, mayores atributos de competencia. Educar a la mujer en el desempeño político, tal es la

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obligación perentoria de quienes conducen al país” (El Diario de Culiacán, 1953j: s/f).

Las representaciones de lo femenino generaban que las habilidades y capacidades de las mujeres estuvieran supuestamente afectadas de modo permanente por los efectos de su espíritu presuntamente inclinado de manera natural hacia la nobleza. Ello puede identificarse en las expectativas que se tenía de su labor al acceder a puestos de responsabilidad pública como la administración de justicia, donde se esperaba que cumplieran su función “obrando con rectitud y justicia en cada caso que se les presente, al mismo tiempo que comprensión y benignidad, dado su espíritu más propenso al perdón que al castigo” (El Diario de Culiacán, 1954: s/f). Tras el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres en todos niveles de gobierno del país, y con el incremento gradual de las organizaciones femeniles, particularmente en el escenario institucional del PRI en el estado, se pretendió organizar a las mujeres para los comicios a nivel estatal. En ese sentido, de cara a las elecciones de 1956, se realizó una labor importante para la constitución de consejos femeniles en los municipios de la entidad, con el objetivo de que dicho sector en el estado estuviera organizado políticamente para el cambio de titular del ejecutivo y renovar el poder legislativo de Sinaloa. Esa labor fue llevada a cabo por Alejandra Retamoza Reynaga, directora femenil del Comité Ejecutivo Regional del PRI; María Luisa Félix Sánchez; secretaria de Propaganda y Educación cívica del Comité Municipal, e Isabel Anzar de Flores, del Sub-Comité Municipal de ese sector. En el caso de Culiacán, el comité mencionado quedó constituido de la siguiente manera:

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Presidenta, Teresa Salazar; Secretaria de Actas, Justina de Bátiz; Tesorera, Veneranda Vega, y Vocales, Petra J. de Morales y Mercedes Ríos. La directora femenil del Comité Ejecutivo Regional del PRI, en compañía de las secretarias de los sectores Agrario, Obrero y Popular, inició en esas fechas una gira por los municipios de la entidad, a fin de dejar constituidos los consejos femeniles (El Diario de Culiacán, 1956a: s/f). De forma paralela, la prensa local reproducía de manera aislada las labores del sector femenil del PRI a nivel nacional, señalando la visita de una delegación de dicha instancia al presidente de la República. La representación, encabezada por Margarita García Flores, expuso el mensaje de las mujeres, “afirmando que ellas, las que ocupan un puesto en la administración pública, toman como ejemplo su actitud y como guía su programa de gobierno y que cuidan con fervor los puestos que a su cuidado ha puesto la voluntad popular” (El Diario de Culiacán, 1956b: s/f). Del mismo modo le reiteraron que “con el mismo amor con que la mujer defiende la santidad de su hogar, cuidará también el cumplimiento de sus deberes cívicos en la misión que ahora tiene encomendada” (El Diario de Culiacán, 1956b: s/f). Ante este mensaje, el presidente Ruiz Cortines respondió que él sólo había sido “el intérprete del consenso nacional que señaló la urgente necesidad de que cuanto antes se concedieran los derechos políticos a la mujer mexicana porque así como nos acompaña en la lucha diaria, es justo también que con ella compartamos la responsabilidad de la vida cívica de México” (El Diario de Culiacán, 1956b: s/f). La delegación que acompaño a la representación femenil a la audiencia con el primer mandatario

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estuvo encabezada por el entonces presidente del PRI, Gabriel Leyva Velásquez, quien unos meses más tarde sería candidato a gobernador de Sinaloa, y tras ganar la elección ejercería a partir del mes de enero de 1957. Leyva Velásquez tuvo una entrevista con la prensa local en junio de 1956, previa al arranque de la campaña electoral a la gubernatura para el periodo de 1957-1962, en la cual señaló de forma categórica que “el pueblo está cansado de literatura y ya no se le convence tan fácilmente con palabras. Hay que hablarle con hechos” (El Diario de Culiacán, 1956c: s/f). Respecto a la participación de la mujer en la vida pública de Sinaloa mencionó también de forma tajante que “si la mujer sinaloense tiene sus derechos, debe gozarlos cabalmente. Durante mi régimen el sector femenil se hará acreedor a la importancia que se merece” (El Diario de Culiacán, 1956c: s/f). Desde la oposición no se hacía alusión al papel de la mujer en política pero se le incluía en las formulas electorales, tal es el caso del Partido Popular que tras celebrar su Convención Estatal en el Parque Revolución en mayo de 1956, lanzó la can-

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didatura de Lázaro Rubio Félix a gobernador del estado. En la planilla de Rubio Félix se encontraba Guadalupe Sotelo como suplente de J. Manuel Taril, candidato a diputado por Ahome (El Diario de Culiacán, 1956d: s/f). Por otra parte, Alejandra Retamoza Reynaga, primera mujer en ocupar el cargo de diputada en el Congreso local, llevaba a cabo trabajos de capacitación para las mujeres sinaloenses a través de la Comisión Femenil del Partido Revolucionario Institucional, en los cuales dejaba ver un programa con

3.- Que el servicio social que realizan los pasantes de

una visión bastante adelantada para su época. A continuación se detallan los objetivos de su plataforma de acción:

nicen dentro de sus centrales, ligas de comunidades

Medicina en el campo lo hagan también los pasantes de las Escuelas de Agricultura, Normales, Politécnicas, Escuelas de Trabajo Social y Universitarias, cuyas especialidades tengan relación en el mejoramiento educativo económico e higiénico de las comunidades rurales. 4.- Que la mujer campesina obtenga una igualdad en relación al hombre, una justa distribución de la propiedad de la tierra y en el crédito agrícola. 5.- Procurar que todas las mujeres campesinas se orgaagrarias y en las sociedades de madres de las escuelas rurales. Para que se les eduque, se les oriente y se les encauce en la participación activa de la vida social de México.

1.- Mayor salubridad y asistencia en el medio rural. Aumentándose los hospitales, clínicas, maternidades, los

6.- Que a las mujeres obreras se les capacite integralmen-

servicios profilácticos, las guarderías infantiles (sic) y

te para que conozcan y exijan sus derechos sindicales

casas del pueblo.

y legales (Comprensión de la Ley Federal del Trabajo, del Seguro Social y de la Constitución Política

2.- Mayor atención educativa en el campo, multiplicán-

Mexicana).

dose las misiones culturales, escuelas rurales, centros de alfabetización.

7.- Que las escuelas nocturnas, tanto primarias como secundarias, se multipliquen y mejoren, a fin de dar oportunidad a hombres y mujeres que trabajan, de alcanzar los beneficios de la educación pública. 8.- Que se establezcan centros de capacitación para obreros y obreras, que les permitan una superación en la técnica de la producción, con el consiguiente beneficio de su economía y la del Estado, siendo sostenidos estos centros (El Diario de Culiacán, 1957a: s/f).

A pesar del programa de avanzada propuesto por Retamoza, la representación de las mujeres y de su papel en la esfera política seguía construyéndose entorno a su relación socialmente legitimada con

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el espacio doméstico y los atributos de abnegación y sacrificio maternal que los discursos políticos le asignaban. En relación a ello la prensa retomaba la participación de algunas representantes populares como la legisladora Marcelina Galindo Arce, quien señalaba que “la mujer mexicana está dotada de cualidades indiscutibles de abnegación, de bondad y de altruismo, que como madre es paradigma” (El Diario de Culiacán, 1957b: s/f), además reafirmaba las cualidades maternales que las mujeres ofrecen al país mediante el fomento del nacionalismo en los hijos, a los cuales infiltra “con el sentimiento de mexicanidad, las cualidades positivas que humanizan nuestra actividad en la lucha por la vida” (El Diario de Culiacán, 1957b: s/f). Declaraba después que la intervención creciente de las mujeres en los problemas nacionales “permitirá soluciones más justas… aportando con su sensibilidad exquisita un sentido más humano a la solución de los problemas colectivos” (El Diario de Culiacán, 1957b: s/f). Estas nuevas responsabilidades civiles no implicarán, según el parecer de Galindo Arce, una desvinculación de los deberes que a las mujeres se le imponen en relación al cuidado del hogar y la familia pues “proseguirá siendo el bastión principal de su hogar, como madre, como esposa, como hija; que no la convertirán prédicas engañosas; que bien sabe cuáles son sus obligaciones para con su dignidad de mujer y ciudadana, para la autonomía de la familia

y para la soberanía de la patria” (El Diario de Culiacán, 1957b: s/f). Por todo lo anterior, la legisladora advierte que “la mujer no defraudará nunca a la Nación y no se desviará jamás de los principios que nuestra Constitución consagra” (El Diario de Culiacán, 1957b: s/f)5. Está idea recurrente de que la mujer es el pilar del hogar en primera instancia, tiene en su contraparte la representación de la figura masculina como proveedor, protector y sostén económico de la familia. Su ausencia implica que las mujeres queden en una supuesta exposición y alto grado de indefensión. Esa pretendida exposición y desamparo, es entendida como un peligro en la medida en que

La nota concluye señalando el lugar en que la legisladora ubica a las mujeres: “La mujer, madre del héroe y del soldado, compañera del campesino y del obrero, artista delicada, maestra eminente, orientadora de la niñez y sostén eterno del hogar mexicano, ha de llevar al ejercicio de la vida política con todo sentido de responsabilidad, su fuerza humana y sus virtudes, y en el ejercicio de sus nuevos derechos, no traicionará los deberes que la vinculan al hogar y no defraudará el voto ciudadano. Porque en la vida ciudadana, la mujer sabrá defender con el campesino, el destino agrícola de la tierra que la Revolución le ha dado; con el obrero, el salario justo y la vida enaltecida por el trabajo de ella y de los suyos; con el empleado, el estudiante, el maestro y el profesionista, los derechos que la Constitución le concede por cumplir ella misma, con su capacidad creadora, los altos servicios del Estado, de la educación, de la seguridad social y de la labor científica”.

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el buen desempeño en dicho ámbito, compete a características contrarias a la supuesta naturaleza frágil y moldeable con la que lo femenino es representado, como se observa en una nota de la prensa local, en la cual se representa a las mujeres como compa-

eran consideradas propias de los hombres, las mujeres habían demostrado que podían desenvolverse en escenario público sin mayor problema, y que era necesario “conceder” el derecho de ser igual ante el hombre, pues también eran “dignas de la patria” (El Diario de Culiacán, 1957d: s/f). Aunque el contexto social y político favorecía que los planteamientos de la participación femenina adquirieran relevancia en el orden del sistema político y los procesos electorales nacionales, el carácter de dicha inclusión comprende un tipo de ciudadanía parti-

ñeras de los hombres en la esfera política y principal actora del espacio doméstico6 (El Diario de Culiacán, 1957c: s/f). Los efectos de la diferenciación simbólica de los ámbitos donde hombres y mujeres pueden ejercer su acción, pueden identificarse en la irrupción de las mujeres en la esfera política, la cual viene precedida por su lenta pero constante inclusión en el mercado laboral. Con base en lo señalado, cuando se muestran argumentos a favor de la mujer y sus derechos ciudadanos se establece el precedente de su ingreso al ámbito económico, como acto legítimo que valida su posibilidad de ser considerada en los mismo términos que los hombres para ejercer los derechos políticos. De esa manera se señala que tras las dos guerras mundiales, al ingresar al mercado laboral y al ejercicio de todo tipo de labores productivas que

cular. Este tipo de ciudadana no es la inclusión de un nuevo actor social que se desenvolverá en los mismos márgenes que el concepto de ciudadanía comprende, es decir, no se refiere a un nuevo actor social que ejercerá sus derechos políticos sin modificar el significado de ciudadanía. En ese sentido, la inclusión de las mujeres a los procesos electorales podría verter sobre dicho espacio algunas de las características señaladas anteriormente, que eran comúnmente aceptadas como intrínsecas a la naturaleza de las mujeres: la pureza de espíritu que implica un elevado grado de bondad e inocencia, así como una intensa carga afectiva en la elaboración de sus juicios, lo cual opera en detrimento de su racionalidad. Respecto a lo que se afirma, es posible encontrar en la nota titulada “Las mujeres en política implantarán la pureza en las elecciones”, elementos que dan muestra de lo que se ha venido señalando. En dicho documento se analizan los posibles efectos

En la nota puede observarse cómo se exhorta a las mujeres a “luchar” en nombre de la defensa de su hogar, justificando dicha acción en la obligación que la figura masculina tiene con la mujer respecto a la “protección que como hombre está obligado a darle”. Todo ello con el fin de evitar “los peligros naturales de toda mujer abandonada por el marido” tales como la soledad y la exposición a diversas “dificultades”. En este documento puede interpretarse cómo es legitimada la resistencia femenina desde el espacio del hogar, pues al ser ella ̶ dentro de las construcciones sociales de género ̶ la persona que ostenta la potestad de dicho espacio, se encuentra en condiciones de actuar con la finalidad de mantener o restituir las alteraciones que en él puedan producirse.

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positivos al interior del sistema político mexicano, producto de la entrada en vigor del sufragio femenino. Destacan entre ellos la posible implementación de prácticas supuestamente propias de la condición femenina, tales como el compromiso con la honestidad y transparencia de los procesos electorales. Esta manera de representar a las mujeres implicaba concebir su ciudadanía no como un reconocimiento en tanto sujeto político autónomo en sus decisiones y participación, sino como una transposición de carácter topográfico (de lo doméstico a la esfera política)

a los procesos electorales trayendo consigo la carga de significaciones que le inyecta la forma en la cual es representado. Es decir, la participación de las mujeres no fue concebida como la de actores políticos, sino como mujeres con la particularidad de ejercer la acción del voto. Ello implicó que el “ser mujer” en el espacio de lo familiar y doméstico, fuera trasladado al espacio de la acción política portando toda la carga significativa y características con las que se le representaba: seres emotivos más que racionales. Este rasgo distintivo produjo que la ciudada-

de las mujeres representadas como seres determinados en sus acciones, principalmente por cuestiones afectivas y sentimentales. Es decir, una vez cruzado el umbral de lo privado hacia lo público, al menos desde el plano formal del marco jurídico constitucional, las mujeres no eran reconocidas como actor político, con intereses y motivaciones particulares. Prueba de ello son las manifestaciones de rechazo al sufragio de las mujeres por parte de algunos grupos de oposición, argumentando que era una estrategia oficial para poder manipular a la supuestamente dócil voluntad de las mujeres (El Diario de Culiacán, 1957e: s/f). En el mismo sentido es posible interpretar la nota “Mujer política, esperanza para que no haya trinquetes” (El Diario de Culiacán, 1957f: s/f), la cual expone la posibilidad de que las prácticas ilegales al interior de la política se vean reducidas ante la participación de las mujeres. Es posible rastrear en estas dos notas la forma en la cual las mujeres son designadas en relación con los elementos que constituyen el estereotipo de bondad y abnegación, relacionado a su vez con la maternidad, lo que constituye la inclusión de las mujeres a la escena de lo político bajo la construcción discursiva de un actor político que se traslada

nía de las mujeres comprendiera, en muchos de los casos que se han señalado anteriormente, la participación en la organización política en actividades de corte asistencial, tal como lo muestra la nota “La sociedad por la mujer va a iniciar sus trabajos” (El Diario de Culiacán, 1957g: s/f), donde se asegura que dicha sociedad iniciará cursos para enseñar actividades propias de su sexo a otras mujeres, tales como corte y confección. Finalmente, en las elecciones federales de julio de 1958, las mujeres sinaloenses pudieron votar por

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BIBLIOGRAFÍA Koselleck, R. (1993). Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos. Barcelona: Paidós. Pateman, C. (2000). “El Estado de Bienestar Patriarcal”. En Contextos, Año 2 N°. 5. Lima: Programa de Estudios de Género/Pontificia Universidad Católica del Perú. Reverter, S. (2011). “La dialéctica feminista de la ciudadanía”. En Athenea digital, Vol. 11 N° 3, noviembre. Barcelona: Universidad Autónoma de Barcelona. pp. 121-136. Extraído de: http://www.redalyc. org/pdf/537/53721277006.pdf.

primera vez para elegir al titular del ejecutivo federal. Resulta bastante significativo que se señale que su participación daría “un toque de alegría y respeto en las elecciones” (El Diario de Culiacán, 1958a: s/f), lo que hace visible la ciudadanía cargada de atributos supuestamente femeninos, entre ellos la honestidad y la dignidad. También es posible encontrar la idea de que las mujeres tenían una responsabilidad en el plano doméstico, que una vez cumplida les posibilitaba actuar en otros espacios, pues se entendía que “la mujer debe estar en el hogar y no desatender esas labores” (El Diario de Culiacán, 1958b: s/f): La ciudadanía, si les pertenecía, debía ejercerse al trasluz de sus deberes como hijas, madres, esposas. Es así como el concepto de ciudadanía analizado estuvo construido sobre las representaciones sociales que validaban posiciones diferenciadas en el plano político para mujeres y hombres, a saber, lo público como potestad masculina y las mujeres impedidas a acceder a dicho ámbito por ser concebidas como aptas para la reproducción de los espacios privados.

REFERENCIAS DE ARCHIVO Actas de Sesiones Públicas del H. Congreso del Estado de Sinaloa (1950a), 12 de enero. _ (1950b), 31 de diciembre. _ (1949), 13 de diciembre. El Diario de Culiacán (1958ª). “La primera dama del estado fue a votar”, 7 de julio. _ (1958b). “Cómo vio el pueblo las elecciones del domingo”, 8 de julio. _ (1957ª). “La Comisión Femenil del PRI hace una buena labor: Propuso la diputada Alejandra Retamoza un interesante programa de trabajo a favor de la cultura y de la moral”, 10 de agosto. _ (1957b). “Enaltecimiento de la mujer mexicana en la Cámara de Diputados, lo hizo la legisladora Marcelina Galindo Arce”, 8 de septiembre. _ (1957c). “Mujer: no permitas que tu hombre se vaya de bracero”, 2 agosto. _ (1957d). “Mujer: no permitas que tu hombre se vaya de bracero”, 2 agosto. _ (1957e). “La mujer y el voto ciudadano”, 31 de julio. _ (1957f). “Mujer política, esperanza para que no haya trinquetes”, 13 de agosto. _ (1957g). “La sociedad por la mujer va a iniciar sus trabajos”, 4 de agosto. _ (1956a) “Actividad de la Dir. Femenil del PRI en este Distrito”, 13 de marzo. _ (1956b). “1 mil mujeres visitaron hoy al C. Presidente Ruiz Cortines -derechos, pero también obligaciones que cumplir ante todos-, les dijo el Presidente”, 6 de abril.

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_ (1956c). “Saludo del Gral. Leyva al pueblo de Culiacán”, 5 de junio. _ (1956d). “Hará la batalla el Partido Popular por la gubernatura. Luchará por llevar al poder ejecutivo local a Lázaro Rubio Félix, a quien considera capaz para desempeñar el puesto”, 2 de mayo. _ (1954). “La mujer empieza a actuar en puestos de responsabilidad”, 17 de abril. _ (1953a). “Siguen pugnando a favor de la mujer”, 14 de enero. _ (1953b). “Todavía la mujer no podrá ser votada”, 16 de enero. _ (1953c). “Organizará el PRI a la mujer de Sinaloa. La esposa del ex gobernador Cruz Ricalde viene como delegada a trabajar en tal sentido”, 10 de febrero. _ (1953d). “Están muy verdes para la política”, 27 de enero. _ (1953e). “Forman el Comité central Pro-Flores”, 8 de agosto. _ (1953f). “Agasajo a Flores S. En Villa A. Flores”, 27 de enero. _ (1953g). “El martes aprueban importante dictamen”, 3 de octubre. _ (1953h). “Aprueban una ley a favor de la mujer”, 7 de octubre. _ (1953i). “Creen los sinarcas que la mujer depurará sistemas”, 7 de octubre. _ (1953j). “La mujer mexicana disfruta ya de iguales derechos que el hombre”, 3 de noviembre. _ (1952a). “Ejemplo que quieren imitar nuestras sufragistas”, 26 de abril. _ (1952b). “Se agitan las mujeres para poder votar. Recorrerán las lideresas todo el país para levantar el espíritu democrático femenil”, 24 de abril. _ (1952c). “Deberes y derechos electorales del ciudadano mexicano. Por qué, cómo, cuándo, donde, y por quién debe votar”, 23 de abril. _ (1952d) “Evita Perón y el feminismo”, 7 de agosto. _ (1952e). “Ruiz Cortines combatirá los monopolios. Trascendental acto de entrega. Todo mundo tiene confianza en que el nuevo gobierno hará una buena labor”, 2 de diciembre. _ (1952f) “Darán voto para las mujeres de México. Los diputados estudian las reformas a la

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_ _ _ _ _

Constitución General de la República. ¿Qué haremos en lo sucesivo?, dicen los hombres”, 19 de diciembre. (1952g). “Estudiarán hoy una importante idea”, 23 de diciembre. (1952h). “Estudiarán el caso del voto femenil en nuestro país”, 27 de diciembre. (1951a). “Quieren derecho de votar las mujeres”, 7 de junio. (1951b). “La política y la mujer”, 8 de junio. (1949). “Honrarás a tus padres, cimiento inconmovible del hogar”, 18 de enero.

REFERENCIAS DE FOTOS 01 http://palabrademujer.wordpress.com/tag/derechos-laborales-de-las-empleadas-domesticas/ 02 http://publicogt.com/2012/06/24/salud-de-lapoblacion-trabajadora/ 03 h t t p : / / s i n a l o a m x . c o m / w p - c o n t e n t / uploads/2012/05/PABLO-MACIAS-VALENZUELA-001.jpg 04 h t t p : / / w w w. s i b c i . g o b. v e / w p - c o n t e n t / uploads/2013/07/eva-peron.jpg 05 http://2.bp.blogspot.com/-gROy9wEg6Fw/ Tqg20cqQ4aI/AAAAAAAAAjY/OnEvjz_kE5A/ s400/girls%2Bagainst%2Bmaxi%2Bskirts.JPG 06 http://febrerofeminista.noblezabaturra.org/files/2012/04/cartelico.jpg 07 http://www.jornada.unam.mx/2011/04/04/ fotos/043n1soc-1.jpg 08 http://fatmty.files.wordpress.com/2012/03/atm. jpg 09 http://www.bicentenario.gob.mx/acces/images/ Gobernantes/ImgPersonajes/AdolfoRuizCortines.jpg 10 h t t p : / / s i n a l o a m x . c o m / w p - c o n t e n t / uploads/2012/05/ALEJANDRA-RETAMOZAREYNAGA-001.jpg 11 http://estaticos.20minutos.com.mx/img2/recortes/2013/07/08/8967-896-550.jpg 12 http://2.bp.blogspot.com/-LWW926jWaSo/UdS1FdgIOCI/AAAAAAAAYk0/4sF4E-ajaHI/s600/ LA%2BHISTORIA%2BDEL%2BVOTO.jpg 13 http://fuentesfidedignas.com.mx/portal2013/hemeroteca/notas/4165-espacios-politicos-pendiente-de-sinaloa-a-59-anos-del-voto-femenino.html

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DERECHOS HUMANOS DE LAS MUJERES Y ESTÁNDARES INTERNACIONALES PARA EL ACCESO A LA JUSTICIA

RESUMEN: De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, el término justicia se entiende como una de las cuatro virtudes cardinales que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.

En este trabajo se da cuenta de los obstáculos para acceder a la justicia, exclusivamente en el caso de las mujeres cuando son víctimas de violencia familiar y describiré el proceso que inician para la reparación, sanción y con ello obtener justicia en temas como la violencia contra las mujeres en el ámbito familiar, estándares internaciones en derechos humanos de las mujeres, obstáculos para el real acceso a las mujeres a la justicia, elementos que constituyen el acceso a la justicia, acciones colectivas de los movimientos de mujeres, jurisprudencia a nivel internacional en materia de derechos de las mujeres sobre acceso a la justicia y, finalmente, conclusiones y propuestas. Palabras claves: acceso a la justicia, derechos humanos de las mujeres, acción colectiva, jurisprudencia internacional, organismos internacionales.

ABSTRACS In accordance with the Royal Academy of the Spanish language, the term justice is understood

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Derechos humanos de las mujeres y estándares internacionales para el accesos a la justicia

as one of the four cardinal virtues that inclined to give to each what he or she belongs. In this work gives an account of the obstacles to access to justice, exclusively in the case of women when they are victims of family violence and describe the process that start for repair, sanction and with this obtain justice in topics such as violence against women in the family, international standards on women’s human rights, the real obstacles to access to the women to justice, elements that constitute the access to justice, collective actions of women’s movements, jurisprudence at the international level in the field of women’s rights on access to justice and, finally, conclusions and proposals. Key Words: access to justice, human rights of women, collective action, international jurisprudence, international agencies.

INTRODUCCIÓN: El acceso a la justicia es un proceso social y jurídico que conlleva la resarción, la restitución de un bien jurídico violado. En México, una legislación incluyente donde -de acuerdo con el artículo 4° de la Constitución Mexicana- la mujer y el varón son iguales ante la ley, la realidad social manifiesta todo lo contrario: afecta a grupos en situación de vulnerabilidad, donde las mujeres ocupan un lugar subordinado. La Organización Mundial de la Salud (2013) considera a la violencia contra las mujeres como un problema de salud pública de grandes dimensiones, ya que la violencia física o sexual es un problema

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que afecta a más de un tercio de las mujeres a nivel mundial. En el presente ensayo se abordará este tema bajo el análisis de los problemas de acceso a la justicia en México, específicamente las mujeres que interponen denuncias por el delito de violencia familiar en el Estado de Sinaloa, considerando las reparaciones, las acciones colectivas y los demás estándares internacionales en materia de derechos humanos de las mujeres, nacionales y estatales. Cuando una mujer inicia un proceso penal, civil o familiar, se encuentra con una serie de obstáculos estructurales como la falta de sensibilización y capacitación de los servidores públicos, así como con procedimientos tardados y costosos. La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) ha manifestado reiteradamente que un acceso de jure y de facto a recursos judiciales idóneos y efectivos resulta indispensable para la erradicación del problema de la violencia contra las mujeres, así como también el cumplimiento de los Estados en

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Derechos humanos de las mujeres y estándares internacionales para el accesos a la justicia

su obligación de actuar con la debida diligencia frente a tales actos.1 Cuando México, al igual que los demás países, se compromete y ratifica convenciones Internacionales en materia de derechos humanos (en este caso relacionados con mujeres), asume compromisos internacionales, por lo tanto debe ha-

parte de las obligaciones del Estado, pues de ahí parte un paso fundamental para el esclarecimiento de la verdad, así como la imposición de castigos a las personas responsables. En las relaciones de género se conjugan elementos que pueden originar obstáculos mayores para acceder a la justicia, ya en la mayoría de los casos esa violencia que viven y manifiestan las mujeres es originada por una persona cercana: esposo, novio, ex pareja, padre, jefe; además, datos del Instituto Nacional de las Mujeres manifiestan que

cer efectivas las acciones para tratar de erradicar la violencia contra las mujeres, y que a su vez accedan a la justicia. En el transcurso de los últimos años se ha conseguido logros importantes en cuanto a la defensa y promoción de los derechos de las personas, en especial de las mujeres, en el marco internacional. (Álvarez, 2004). El Estado tiene una serie de deberes para garantizar los derechos de las personas que viven en él. Ello debe atenerse a los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad, así como a “prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley”. (García, 2011). La obligación de investigar graves violaciones a los derechos humanos es uno de los deberes elementales del Estado para garantizar la tutela de los derechos humanos fundamentales. Entrever la problemática social de la violación a los derechos humanos de las mujeres de manera sistemática es también

un gran porcentaje de los agresores son hombres. (Panorama de Violencia contra las Mujeres en el Estado de Sinaloa, 2011). Resulta primordial impulsar la sensibilización y entendimiento del/de la operador/a de justicia en cuanto a que, como ha destacado la CorteIDH, las actuaciones y omisiones de los órganos judiciales internos, en caso de que vulneren derechos internacionalmente protegidos, pueden generar la responsabilidad internacional del Estado. (CEJIL, Debida diligencia, 2010). La Convención Americana ofrece una estructura y un contenido amplios en la materia de su objeto y fin: la tutela de la dignidad humana, a través de la preservación de los derechos fundamentales. (García; 2011). La vida de las mujeres que viven violencia está llena de dificultades en todos los escenarios de sus vidas, no sólo en el familiar sino en muchos momentos de sus vidas. Para hacer valer el acceso a la justicia para las mujeres que por cuestiones estructurales se encuentran en situación de desventaja, es importante, como

Estas resoluciones de la Corte Interamericana las puede observar en el Caso González y otras ("Campo algodonero") vs. México, Sentencia del 16 de noviembre de 2009.

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menciona García Ramírez, atender al principio total pro-persona, el cual se desprende del Artículo 29 del Pacto de San José y del segundo párrafo del nuevo texto del Artículo 1 Constitucional “Favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más amplia” (García, 2011 ; 174). El acceso a la justicia en el marco jurídico mexicano se encuentra estipulado en el Artículo 17 constitucional el cual menciona: “Ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho. Toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y términos que fijen las leyes, emitiendo sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial. Su servicio será gratuito, quedando, en consecuencia, prohibidas las costas judiciales […] El Congreso de la Unión expedirá las leyes que regulen las acciones colectivas. Tales leyes determinarán las materias de aplicación, los procedimientos judiciales y los mecanismos de reparación del daño. Los jueces federales conocerán de forma exclusiva sobre estos

para incursionar en la administración y procuración de justicia. Un efecto importante de las acciones colectivas es que implican principios que necesariamente deben ser interpretados y ajustados a una nueva realidad pues, como veremos, la cosa juzgada en esos casos tendrá efectos erga amines (García, 2011; 50). Haciendo una descripción de la ruta crítica que inician las mujeres que sufren violencia, solicitando un apoyo institucional, ya sea para una poner denuncia penal o para pedir algún otro proceso de vía civil o familiar como pensión alimenticia, divorcio, pérdida de la patria potestad, custodia o también medidas de protección ya sea vía policía municipal o estatal, encontramos que es un camino bastante largo y difícil. Un principio de justicia en una sociedad democrática requiere que los servicios jurídicos se encuentren a disposición de quien no tiene los medios económicos para procurarlos, más allá de los casos en que la libertad física de las personas está en juego. (Birgin et al, 2005; 8).

procedimientos y mecanismos.”

No podría hacerse un análisis sobre el acceso a la justicia en México sin hablar de los derechos de las mujeres en la clasificación de los derechos sociales económicos y culturales, ya que si lo hacemos bajo un lente de género, podemos mencionar todas las violencias estructurales, sociales y económicas que enfrentan las mujeres

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Derechos humanos de las mujeres y estándares internacionales para el accesos a la justicia

VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN EL ÁMBITO FAMILIAR El sociólogo Bordieu entendía claramente el proceso estructural de la dominación masculina, de los hombres sobre las mujeres (subordinación) en sus obras La dominación masculina y Las estrategias de la reproducción social: “En el caso de los que están designados a ocupar las posiciones dominantes, también es indispensable la mediación

adoptante o adoptado, concubina o concubinario, cónyuge

de los habitus que disponen al heredero a aceptar su he-

o excónyuge o con quien se haya procreado hijos. A quien

rencia (de hombre, hijo mayor o noble), es decir, su destino

cometa el delito de violencia familiar se le impondrá de seis

social, y, contrariamente a la ilusión del sentido común,

meses a cuatro años de prisión, prohibición de ir a lugar

las diposiciones que llevan a reivindicar a ejercer tal o cual

determinado, en su caso, y perderá el derecho de pensión

forma de dominio, como la libido dominandi masculina

alimenticia. Asimismo, se le impondrá medida de seguri-

en una sociedad falocéntrica, no son algo que se da por

dad consistente en tratamiento psicológico especializado, in-

sentado sino que deben ser construidas mediante un arduo

dependientemente de las sanciones que correspondan por las

trabajo de socialización, tan indispensable como el que dis-

lesiones inferidas o por cualquier otro delito que resulte.”

pone a la sumisión”. (Bourdieu, 1993; 33).

De acuerdo con estadísticas nacionales sobre la severidad de violencia en contra de las mujeres, se observa que en el ámbito familiar es donde mayormente se presentan estas violaciones a los derechos humanos. El Código Penal del Estado de Sinaloa, en su Artículo 241 Bis, desarrolla la definición del delito de violencia familiar: “Por violencia familiar debe entenderse cualquier acción u omisión que de manera directa e indirecta causare daño o

De acuerdo con lo que observamos, en cuanto al delito de violencia familiar en el Estado de Sinaloa, está considerado como un delito simple, el cual es difícil que llegue a una reparación del daño o a exigir medidas de reparación; éstas casi siempre son casi nulas, y la mayoría de las mujeres que viven esta situación otorgan el perdón a su agresor.

ESTÁNDARES INTERNACIONALES Y NACIONALES SOBRE DERECHOS HUMANOS DE LAS MUJERES

sufrimiento físico, sexual, psico-emocional, económico o patrimonial, por parte de pariente consanguíneo en línea recta ascendente o descendente sin limitación de grado, pariente colateral consanguíneo o por afinidad hasta el cuarto grado,

Existe un importante avance en materia internacional para el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres, la cual se considera la “carta magna”

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Derechos humanos de las mujeres y estándares internacionales para el accesos a la justicia

de los derechos humanos de las mujeres: es la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, CEDAW por sus siglas en inglés (Convención on the Elimination of all forms Discrimination Against Women). En el Caso González y otras (“campo algodonero”) vs. México, se menciona lo siguiente:

Dr. Víctor Hugo Aguilar Gaxiola, Dr. Lic.Raúl Lydia Sergio Gpe.González Ojeda Esquerra Navar, Dra. Beatriz Eugenia Rodríguez Pérez

minación, lo cual provoca la falta de garantía de su derecho de acceso a la justicia y protección judicial, así como la violación de los derechos a la integridad personal a través del hostigamiento sufrido. También la Constitución mexicana contempla, en su artículo primero: “Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias,

“La Corte recordó que una o más medidas pueden reparar

tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garan-

un daño específico sin que éstas se consideren una doble

tizar los derechos humanos de conformidad con los prin-

reparación. También enfatizó el carácter integral de las

cipios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y

reparaciones que implica tres aspectos esenciales: 1) El re-

progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir,

establecimiento de la situación anterior 2) La eliminación

investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos

de los efectos que la violación produjo y 3) Una indemniza-

humanos, en los términos que establezca la ley”.

ción como com­pensación por los daños causados”.

En los criterios de la Corte, se presume que los familiares de las víctimas también lo son, por el sufrimiento de los hechos. En este caso, además, las madres y sus familias han sido objeto directo de violaciones por parte del Estado mexicano al incumplir éste con los deberes de investigación y de no discri-

Otro caso emblemático que condena al Estado Mexicano por la violación a los derechos humanos de dos mujeres es el Caso Rosendo Cantú: “Sobre la base de lo dispuesto en el artículo 63.1 de la Convención Americana, la Corte ha indicado que toda violación de una obligación internacional que haya producido daño comporta el deber de repararlo adecuadamente y que esa disposición “recoge una norma consuetudinaria que constituye uno de los principios fundamentales del Derecho Internacional contemporáneo sobre responsabilidad de un Estado”. (Párrafo 220).”

En tal caso la Corte destaca la importancia de implementar reparaciones que tengan un alcance comunitario y que permitan reintegrar a la víctima en su espacio vital y de identificación cultural, además de reestablecer el tejido comunitario.

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Un mecanismo nacional que impulsa política pública en beneficio de los derechos humanos de las mujeres es la Ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, la cual tiene aportes relevantes sobre el acceso a la justicia de las mujeres, como el Capítulo II del Programa estatal para prevenir, atender, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, el cual asienta: “Educar y capacitar en materia de derechos humanos de la mujeres y el respeto a la igualdad de género al personal encargado de la procuración de justicia, policías y demás servidores públicos encargados de las políticas de prevención, atención, sanción y eliminación de la violencia contra las mujeres; Promover la capacitación en materia de derechos humanos de las mujeres al personal encargado de la impartición de justicia, a fin de dotarles de instrumentos que les permita juzgar con perspectiva de género.”

La Corte reitera que durante la investigación y el juzgamiento, el Estado debe asegurar el pleno acceso y capacidad de actuar de la víctima en todas las etapas. Uno de los primeros casos ante los organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos es el Caso María De La Peña Contra Brasil, en 2009, el cual expone lo siguiente:

De acuerdo con el Capítulo II de los Derechos Civiles y Políticos de la Convención Americana sobre Derechos Humanos “Pacto de San José de Costa Rica”, en su Artículo 5, menciona: “Derecho a la Integridad Personal. 1. Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica, y moral. Nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido

“Concluye la Comisión que desde la investigación policial

a la dignidad inherente al ser humano. 2. La pena no

completada en 1984 existían en el proceso claros y determi-

puede trascender de la persona del delincuente. 3. Los

nantes elementos de prueba para completar el juzgamiento,

procesados deben estar separados de los condenados, sal-

y que la actividad procesal fue retardada una y otra vez

vo en circunstancias. 4. Excepcionales, y serán sometidos

por largos postergamientos de las decisiones, aceptación de

a un tratamiento adecuado a su condición de personas no

recursos extemporáneos, y tardanzas injustificadas”.

condenadas”.

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Derechos humanos mujeres y estándares El diagnóstico socialdedelas Mary Richmon en el estudio del desarrollo humano y internacionales paralaelpoblación accesos aretaguardia la justicia en medio urbano capital social entre

I. OBSTÁCULOS PARA LAS MUJERES PARA ACCCEDER A LA JUSTICIA Las mujeres frecuentemente enfrentan obstáculos para acceder a una protección y garantías judiciales efectivas, a pesar que han existido avances significativos que regulan y protegen los derechos humanos de las mujeres en materia legislativa, en la aplicación de la reglamentación interna así como tratados internacionales, se encuentran muchos problemas institucionales, sociales, y económicos que atraviesan las mujeres. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha verificado una serie de obstáculos que dificultan la interposición de denuncias en actos de violencia. Entre las razones expuestas para el problema antes expuesto, se encuentran la victimización secundaria que puedan sufrir la víctimas al intentar denunciar los hechos perpetrados; la falta de protecciones y garantías judiciales para proteger la dignidad y la seguridad de las víctimas y de los testigos durante el proceso; el costo económico de los procesos judiciales; y la ubicación geográfica de las instancias judiciales receptoras de denuncias. Uno de los logros que deben de contemplar son el derecho a un proceso equitativo y razonable deriva fundamentalmente de la garantía de audiencia que establece el párrafo segundo del art. 17. El cual menciona que los tribunales deben emitir sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial. (Ovalle, 2007). La CIDH ha verificado que en algunos Estados Americanos, más allá del

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texto de algunas disposiciones jurídicas que discriminan a las mujeres, existe una diversidad de factores que limitan la correcta aplicación de las leyes por parte de las autoridades estatales. Y cuando hablamos de violaciones a los derechos humanos de las mujeres es un problema más complejo donde se suma la naturalización de la violencia, lo complicado de denunciar a sus parejas, padres, hijos o alguna persona cercana, integrante de la familia. Los más frecuentes se encuentran la falta de reglamentos y procedimientos claros y de programas de capacitación destinados a fomentar la adecuada interpretación y aplicación de las leyes en el procesamiento de casos de violencia contra las mujeres por parte de funcionarios públicos, la sobrecarga de trabajo de las instancias encargadas de implementar la ley y el desconocimiento de la legislación y de la forma de interpretarla por parte del público en general. En el Informe Acceso a la justicia para las mujeres víctimas de violencia en las Américas (2007), la CIDH se refirió en particular a las dificultades en

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el acceso a la justicia que enfrentan las mujeres afrodescendientes y los pueblos indígenas. En relación con el primer grupo, la CIDH destacó: “En muchas ocasiones las mujeres se encuentran con problemas de tipo geográfico, la falta de comunicación con los operadores judiciales en sus propios idiomas, cuando son mujeres indígenas que no hablan el español, donde se suman varias formas de discriminación por el hecho de ser mujeres, ser indígenas y ser pobres”.

Para Ovalle Favela, el derecho a que se ejecute lo juzgado impone al legislador el deber de prever en las leyes así como los procesos eficaces para lograr la plena ejecución de la sentencia (Ovalle Favela, 2007 ; 155). Porque la sanción también es parte del acceso a la justicia y, lamentablemente, si se hace un análisis crítico son mínimas las sentencias condenatorias en el delito de violencia familiar ya que el Estado contempla este delito como simple y con poca penalización para quienes lo cometen. Numerosas cuestiones vinculadas con el efectivo acceso a la justicia, como la disponibilidad de la defensa pública gratuita para las personas sin recursos y los costos del proceso, resultan asuntos de inestimable valor instrumental para la exigibilidad de los derechos económicos, sociales y culturales (Organización de los Estados Americanos, Comisión Interamericana de derechos humanos; p. 9).

ELEMENTOS DEL ACCESO A LA JUSTICIA PARA LAS MUJERES De acuerdo con Nash, un sistema de reparaciones en materia de derechos humanos debe incluir lo siguiente: “En materia de derechos humanos y, en particular, en lo que dice relación con las reparaciones, es fundamental mirar el tema desde la óptica de la víctima, esto es, determinar cómo se puede restituir a la persona afectada en sus derechos fundamentales, cómo puede el derecho restablecer la situación, no solo patrimonialmente, sino que integralmente, mirando a la persona como un todo”. (Nash, 2005; 85-86)

Es fundamental hablar de los costos económicos al momento de llevar un proceso para acceder

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breza”) resultaron muy lentos e ineficaces. (Ovalle, Favela; 157). Los Estados deben garantizar un real acceso a la justicia de las personas en condición de vulnerabilidad y con un enfoque de género; y las víctimas deberían recibir información sobre los siguientes elementos del proceso jurisdiccional: “Posibilidades de obtener la reparación del daño sufrido; Lugar y modo en que pueden presentar una denuncia o escrito en el que ejercite una acción; Curso dado a su denuncia o escrito; Fases relevantes del desarrollo del proceso; y resoluciones que dicte el órgano judicial”.

a la justicia en México, y cuando hablamos de mujeres, mayormente se presentan obstáculos económicos. Según la Encuesta Nacional sobre la dinámica de los hogares, más de 60% de las mujeres unidas viven algún tipo de violencia (como lo tipifica la Ley de Acceso de las Mujeres a una vida libre de violencia: violencia psicológica, física, sexual, económica y patrimonial.2

COSTAS JUDICIALES La experiencia de las costas judiciales demostró plenamente que éstas constituyen uno de los obstáculos al acceso a la justicia y que los mecanismos establecidos para exceptuar de costas judiciales a las personas de escasos recursos (como el llamado, seguramente con optimismo o con cierta ironía, “beneficio de po-

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ACCIONES COLECTIVAS DE LOS MOVIMIENTOS DE MUJERES Uno de los factores que ayudan a comprender los roles sociales y políticos de la administración de justicia, que se han venido desplegando para la protección de los grupos sociales debilitados, es la extrema debilidad de las organizaciones de la sociedad civil y la gestación del llamado “nuevo derecho para las mujeres” (Silva García, 2006; 115). En muchas ocasiones las violaciones a los derechos humanos de las mujeres se presenta de manera colectiva. El feminicidio, como esa

La ley General de Acceso a las Mujeres a una vida libre de violencia es un mecanismo de reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres a nivel nacional, así como en los 31 estados en el país. El cual se publicó en 2007.

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violencia estructurada y legitimada, debería denunciarse también en colectivos, por ejemplo en el caso del campo algodonero ante la Corte Internacional, en el cual varias mujeres fueron quienes denunciaron. Al respecto, García Sais asegura que “para concebir adecuadamente a las acciones colectivas se necesita echar mano de nuevos conceptos, estructuras y mecanismos que permitan defender de manera apropiada los intereses que conciernen a la colectividad, dejando atrás, es decir ‘superando’, los concep-

una vida libre de violencia y lejos de situaciones de discriminación que las siga colocando en situaciones de desventaja en todos los ámbitos de su vida, no sólo en el ámbito privado sino también en el público, laboral, docente, comunitario. Para escalar a esos principios que tienen como objetivo brindar a las mujeres una vida digna y con todos los derechos se tiene que reconocer que a pesar de que haya avances sustanciales en las estructuras e instituciones de México, todavía existe una brecha enorme para establecer acciones no solo de

tos inherentes de los procedimientos tradicionales e individualistas” (García, 2011 ; 54).

jure sino de facto, en una real aplicación del acceso a la justicia. Una de las soluciones para reconocer a las mujeres como sujetas de derecho es brindarles información cuando inicien un proceso administrativo o jurisdiccional, y darles un real acceso a la justicia, cubriéndoles elementos que deben reconocer ese procedimiento institucional como creer en el dicho de las mujeres y darles siempre información sobre el proceso en el cual ella es parte actora. Sin embargo, un enfoque integral va más allá de lo estrictamente jurisdiccional, ya que el acceso a la justicia también se concibe como un instrumento para la transformación de las relaciones de poder que perpetúan la exclusión, la pobreza y la subordinación de grupos tales como mujeres, presos, indígenas, migrantes, discapacitados, menores, ancianos, población de bajos ingresos.

CONCLUSIONES Uno de los principios rectores para el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres es vivir

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EL ENFOQUE PERFORMÁNTICO DE LAS MASCULINIDADES: ESTUDIO DE CASO EN MOA

RESUMEN En el presente texto se ofrece un acercamiento a las legitimaciones culturales del modelo androcéntrico de las masculinidades, desde el enfoque dramatúrgico de Goffman, haciendo énfasis en el desarrollo del self y las negociaciones entre los hombres para sostener los discursos legitimadores de su status dentro de las masculinidades hegemónicas. Partimos de un estudio de caso sobre violencia de género y masculinidad desarrollada durante los

años 2010-2012 en la comunidad minera de Moa, que determinó que los hombres pertenecientes a las masculinidades hegemónicas adoptaran roles dramatúrgicos para cooperar en el fortalecimiento del consenso social que legitime la violencia de género dentro del sistema patriarcal imperante. Palabras Claves: Comunidad minera, self, dramaturgia, violencia de género, socialización, masculinidades.

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El enfoque performántico de las masculinidades: estudio de caso en Moa

ABSTRACS The present text offers an approach to the cultural legitimations of andro-centric model of masculinities, since the approach dramaturgico of Goffman, with emphasis on the development of the self and the negotiations between the men to hold the speeches legitimators of their status within the hegemonic masculinities. We start with a case study on gender-based violence and masculinity developed during the years 2010-2012 in the mining community of Moa, which found that the men belonging to the hegemonic masculinities adopt roles wrote dramaturgical texts to cooperate in strengthening the social consensus that would legalize the gender-based violence within the prevailing patriarchal system. Key Words: mining community, self, dramaturgy, gender-based violence, socialization, masculinities.

A MODO DE INTRODUCCIÓN “Nos reímos siempre que una persona da la impresión de ser una cosa” Bergson “La acción social siempre es performance” Herrera Gómez y Soriano Miras Hacia el 2010, la Cátedra de Estudios de Género de mi universidad me encomendó la dirección de una investigación sobre las legitimaciones culturales de la violencia de género en un contexto sociocultural muy peculiar en la realidad cubana: una comunidad

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minero metalúrgica llamada Moa y cuya población asciende a cien mil habitantes. Según los datos de la Oficina Nacional de Estadísticas del año 2010, Moa era considerada la ciudad más joven de Cuba, demográficamente hablando. Esta ciudad está situada en el noroeste del oriente de Cuba, en la provincia de Holguín. Las principales actividades económicas de Moa son la minería y la metalurgia, y es una de las mayores ciudades industriales de Cuba. Existe en Moa una inmensa aglomeración de manufacturas que son la principal fuente de trabajo de la población que ahí habita. Se extrae mayormente níquel, cobalto y cromo, este último en menor medida. Todo ello implica mano de obra calificada y un alto número de hom-

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muchas bebidas alcohólicas, la promiscuidad, ser homofóbico y tener independencia económica). El patriarcado, como sistema simbólico, se socializa desde la niñez en Moa mediante el proceso de internalización de valores y pautas de conducta de los niños y niñas, educándolos para ser víctimas y victimarios desde la perspectiva de género (Gámez Machado, Leticia, 2011:34). Existe un proceso de socialización anticipada donde los padres enseñan a los niños a ser “hombres”. Es bastante común el hecho de llevar a los niños a comprar cerveza en la calle y luego darles “un trago” para que se vayan “haciendo hombres”; es habitual la acción paterna de llevarlos a un partido de béisbol; a los combates de lucha libre, judo o boxeo; a jugar dominó; les dicen que a las niñas hay que tratarlas con fuerza; les enseñan a responder con violencia las ofensas de otros niños y que “si no pueden con la mano que tomen una piedra o un palo” (Pérez Gallo, Víctor Hugo, 2012: 122). Los padres de los niños en esta comunidad los llevan a juegos que ellos presuponen que son bres en la ciudad. La población de Moa es heterogénea y el índice de masculinidades es muy grande. Los hombres en su mayoría reproducen pautas de conducta de la masculinidad hegemónica, masculinidad que está ligada fundamentalmente a las características socioeconómicas y culturales del municipio, además de adoptar roles violentos que corresponden la construcción normada androcéntrica de lo que debe ser el hombre para la sociedad (Gámez Machado, Leticia, 2011: 11). En investigaciones anteriores se había determinado que, para el imaginario colectivo, ser hombre en Moa implicaba rudeza, desarrollar una profesión ligada a la minería y/o la metalurgia y ser masculinos de todas las formas posibles (entiéndase: consumir

típicamente masculinos, habituándolos a un papel o rol social que van a desarrollar en el futuro. Evidentemente, el ejercicio del juego o del teatro para estos niños, donde se “hacen hombres” constituye en sí mismo una especie de rito de iniciación donde comienzan aprender roles que desempeñarán en un futuro, y es una de las fases tempranas de la homosocialización.

LAS MASCULINIDADES EN MOA Nuestra investigación, desarrollada en Moa, fue fundamentalmente etnográfica y fenomenológica. Nuestro objetivo general era determinar en ese con-

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texto minero metalúrgico cómo ocurrían las interacciones entre los hombres y cómo dentro de éstas, ellos legitimaban los rituales de las masculinidades hegemónicas. Nuestra muestra, al ser un estudio de corte cualitativo, no era representativa de la comunidad ya que para su selección no se partió de criterios de representatividad cuantitativa que establecieran la proporcionalidad de la muestra con el número real de habitantes de la zona, debido a que la intención era identificar las estrategias de hombres pertene-

Sobre todo aquellas conductas que constituyen el modelo de masculinidad hegemónica. Dicho modelo de masculinidades posee un poder naturalizado mediante el proceso de socialización sobre las mujeres y los hombres que pertenecen a masculinidades periféricas (Connell, 1997:45; Kaufman, 1994:35; Olavarría y Valdéz, 1997: 13). Estamos de acuerdo con Olavarría (1997:57) cuando contradice a Kaufman y Connell sobre su concepto de masculinidades hegemónicas, al afirmar que estas varían según el contexto sociocultural y las periféricas pue-

cientes a las masculinidades hegemónicas para recrear los ritos que los identificaban como pertenecientes a dicho grupo. Por tanto, teniendo en cuenta las particularidades de los estudios cualitativos, el grupo fue concebido con un carácter intencional, estableciendo como criterios de selección que los miembros de los grupos que fueron estudiados tuvieran la edad comprendida entre los 20 y 60 años, y que hubieran residido en la zona urbana de Moa al menos durante 20 años. Se escogió este rango de edad considerando, a partir de los postulados de la psicología del desarrollo, que esta es una etapa en la que el individuo ya ha definido y estructurado su personalidad, su identidad de género y su actitud ante la vida. La masculinidad no es una categoría estática ni estancada: al contrario, es dinámica (Cesar Pagés, 2010: 18). Según Viveros (2007: 24) la masculinidad es una construcción sociocultural e histórica que está estrictamente relacionada con categorías como nacionalidad, orientación sexual, raza, marginalidad o clase social. Las pautas de conducta que la definen varían según cada contexto sociocultural y generalmente constituyen una meta por alcanzar, entre los varones, para triunfar (Connell, 1997: 56).

den convertirse en hegemónicas según el contexto donde desarrollan su cotidianidad y el capital simbólico, cultural y económico acumulado. Su tesis la ha desarrollado según los diversos ámbitos que ha estudiado en América Latina, donde las masculini-

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dades son muchos más dinámicas que en Canadá o Inglaterra (Olavarría, 1997:78). Michael Kimmel considera a la masculinidad como “un conjunto de significados siempre cambiantes que construimos a través de nuestras relaciones con nosotros mismos, con los otros, y con nuestro mundo” (1997: 49). Por tanto, consideramos que precisamente el carácter relacional de la masculinidad es lo que le brinda su carácter de género. La masculinidad y la feminidad son construc-

muchas formas de masculinidad. Por tanto, existen varias masculinidades, no una sola. Estas masculinidades están construidas socialmente desde los referentes culturales de los actores sociales. El habitus, concepto central de Bourdieu, es esencial para comprender los intríngulis culturales de las masculinidades. Según Bourdieu “[los habitus son] sistemas de disposiciones duraderas y trasmisibles, estructuradas, predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes, es decir, en tanto principios generadores y organizadores de prácticas y

ciones relativas; su construcción social solo tiene sentido con referencia al otro (Badinter, 1993: 21). En tanto histórica, “la virilidad no es ni estática ni atemporal” (Kimmel, 1997:49). Tomando en cuenta lo dicho por Kimmel, consideramos que las diferentes masculinidades dependen del contexto donde se desarrollan y naturalizan. La masculinidad es una construcción cultural. Esta afirmación lleva a inferir dos niveles de análisis cultural: el primero sería una forma extendida de cultura que comparten los grupos de masculinidades en distintas sociedades y grupos humanos; la segunda, una forma específica de cultura que reconoce la existencia de diferentes significados de ser hombre dentro de las culturas, lo que supone

de representaciones que pueden ser objetivamente adaptadas a su objetivo sin suponer una meta consciente de fines y el dominio expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos” (Bourdieu,1996: 88). Este hbitus incorpora en las masculinidades la memoria colectiva. Según Cuché “las disposiciones duraderas que caracterizan al habitus son también disposiciones corporales, que constituyen la “hexis corporal” (la palabra latina habitus es traducción de la griega hexis) forman una relación con el cuerpo que le da un estilo particular a cada grupo” (Cuché, 2004:103). Pero la hexis corporal se sobrepone a lo que podría ser un estilo propio, ya que es una moral incorporada, es una concepción del mundo internalizada en el habitus profundo que habitan las masculinidades. Por la hexis corporal las características sociales se naturalizan. El principal mecanismo social de la construcción de esta hexis de las masculinidades es la homosocialización que se trasmite de padre a hijo varón: Normas, valores y actitudes corporales de lo que debe de ser un hombre para la sociedad, según el imaginario colectivo de las masculinidades. Esta naturalización de lo social es uno de los mecanismos que aseguran la supervivencia de los habitus de las masculinidades.

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Baltazar Víctor Hugo Zamora Pérez Zamora Gallo Víctor Hugo Aguilar Gaxiola

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La homogeneidad de los habitus de las masculinidades hegemónicas y periféricas asegura de por sí la homogenización de los gustos y actitudes frente a situaciones problema que fueran a afectar de alguna forma su status social. Además hace previsible las preferencias y las prácticas “que se perciben como si fueran evidentes” (Bourdieu, 1996: 97). No obstante, reconocer esto implica a su vez comprender la variedad de estilos personales en los hombres que incluyen estos grupos de masculinidades. Estas variantes individuales deben entenderse como “varian-

El 92 por ciento de ellos coincidieron que en que a las mujeres “había que aplicarles mano dura” (Pérez Gallo, Víctor Hugo,2012:45 ) y que la violencia física era necesaria en muchas ocasiones porque “a ellas les gustaba”(Pérez Gallo, Víctor Hugo,2012:48 ). Por otra parte opinaban que la mujer debía estar siempre en el ámbito doméstico y que cuando obtenían cargos directivos “dejaban

tes estructurales” según Bourdieu.

de atender a su marido como debían de hacerlo”. Pudimos observar que en todos los grupos algunos pocos hombres permanecían callados sin atreverse a exponer su opinión o se oponían tímidamente a estas aseveraciones. Estos eran inmediatamente atacados por el resto de los integrantes del grupo y estos les increpaban tildándolos de “débiles” y “femeninos” y otras denominaciones ofensivas. Los individuos que conformaban estos grupos habían definido su situación respecto a las dinámicas grupales que desarrollaban y había ocurrido un hecho disruptivo cuando algunos de los hombres se habían opuesto abiertamente a la opinión consensuada por el resto de los integrantes. Goffman explica la reacción de estos desde su teoría dramatúrgica:

LA LEGITIMACIÓN DEL MODELO ANDROCÉNTRICO MEDIANTE LA ACCIÓN SOCIAL PERFOMÁNTICA EN MOA El trabajo de campo lo desarrollamos con grupos de hombres. Hicimos 26 grupos focales de entre 5 y 7 hombres a los que aplicamos distintas dinámicas para determinar fenomenológicamente su visión de la violencia de género y el trato a la mujer dentro de la familia y en los distintos ámbitos sociales donde desarrollaban su vida cotidiana (trabajo, escuela, comunidad). La muestra total fue de 156 hombres. En el proceso de tomar sus datos biográficos salió a relucir que todos los comprendidos en la muestra habían nacido en Moa, estudiado allí hasta el nivel de pregrado y posgrado (94 por ciento) y todos trabajaban en las fábricas metalúrgicas de níquel, o sea que todos los niveles de socialización los habían internalizado hasta ese momento en Moa. No hicimos distinción en nuestra muestra del nivel instructivo o clase social a la que pertenecieran.

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Cuando ocurren estos sucesos disruptivos, la interacción en sí puede llegar a detenerse en un punto de confusión y desconcierto. Algunos de los supuestos sobre los cuales se habían afirmado las respuestas de los participantes se vuelven insoste-

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para corroborar las aseveraciones que habían hecho anteriormente, cuando formaban parte del grupo. Y curiosamente pudimos constatar que solamente un 6 por ciento de ellos sostenían las opiniones androcéntricas que habían mantenido cuando integraban anteriormente el grupo de hombres. Para desarrollar nuestro trabajo de campo también usamos la observación participante y no participante en escenarios de homosocialización como los campos de béisbol, las plazas públicas donde se vende cerveza a granel, los bares y los clubes donde se juegan cartas y dominó, lo que nos llevó a describir las gestualidades de las masculinidades en estos espacios. Por otra parte, fue también provechosa la observación no participante en fábricas, minas y en la empresa empleadora. Los datos obtenidos en el trabajo de campo nos llevaron a arriesgar las siguientes conjeturas: ••

nibles, y los participantes se encuentran en el seno de una interacción cuya situación había sido equivocadamente definida (...) En tales momentos el

••

individuo cuya presentación ha sido desacreditada puede sentirse avergonzado mientras los demás se muestran hostiles, y es posible que todos lleguen a encontrarse incómodos, perplejos, desconcertados, experimentando el tipo de anomia que se genera cuando el pequeño sistema social de la interacción cara a cara se derrumba (1981:3).

•• Posteriormente, aplicamos una entrevista en lo individual en profundidad a cada uno de ellos

Los hombres pertenecientes a las masculinidades hegemónicas en Moa construyen en su vida cotidiana, consciente o inconscientemente, un personaje que socialmente impresione a sus semejantes y que legitime su status hegemónico. Los hombres pertenecientes a las masculinidades hegemónicas en Moa practican normas y valores androcéntricos en su vida cotidiana aun asumiendo conscientemente que no todos son intrínsecamente justos pero legitimándolos constantemente al formar estos parte del contrato social y del consenso social. Los hombres pertenecientes a las masculinidades hegemónicas en Moa pretenden que su identidad masculina sea tomada seriamen-

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te por sus semejantes y para ello construyen socialmente la impresión que los demás esperan de ellos y se sienten en equipo con sus miembros análogos. Moa es una comunidad cerrada en el sentido de constituirse un lugar con un contexto sociocultural muy definido e influido sobre todo por la actividad económica que se desarrolla allí. Por lo que la estructura interactiva es más determinista, en el sentido parsoniano, y deja poco lugar a la negociación entre los hombres; de allí que las masculinidades periféricas (homosexuales, hombres que viven en barrios marginales, hombres con baja instrucción y de raza negra) sean constreñidos socialmente hasta el punto de tener bien definidos los espacios públicos donde se reúnen y los cuales no visitan jamás los hombres que pertenecen a otras masculinidades. Los hombres pertenecientes a las masculinidades hegemónicas dejan pocos márgenes de acción a los otros, ya que también se ven oprimidos por normas y valores que, tienen que cumplir a través de “una fachada personal” (Goffman, 1981: 48-60). Evidentemente, esta fachada debe contener aquellos atributos de las masculinidades que consiguen una aprobación por parte del resto de la sociedad y que expresan valores, normas, gestualidad, discursos que han sido socialmente aceptados y que constituyen idealizaciones positivas para aquellas representaciones que están encaminadas a sostener y aumentar el status de la persona. Y aquí entra entonces la creatividad de las masculinidades por mantener la fachada, mediante técnicas dramatúrgicas, mediante performances creíbles para el resto de la sociedad. Y decimos performances porque aún en las situaciones de género que sean más rí-

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gidas, las personas implicadas en ellas tienen que tener un margen mínimo de negociación mediante acciones, gestos, discursos, que se dan en la interacción cara a cara. Estamos de acuerdo con Herrera Gómez y Soriano Miras cuando opinan que “el objeto de la perspectiva dramatúrgica es la acción de un actor, o de un equipo de actores, que pretenden representar un personaje o una singular rutina ante un público. Por tanto, el actor siempre se presenta ante el público (y ante la observación sociológica) con los “ropajes” de un particular personaje” (2004:64). Y en nuestro caso el personaje que nos ocupa es el de las masculinidades hegemónicas. Recuerdo en una

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ocasión que visité a un amigo ingeniero mecánico y conversábamos cuando la esposa me dijo que a ella no le convenía que yo lo visitara debido a que mi amigo se cohibía delante de mí de hacer labores hogareñas como fregar, cocinar, lavar, y al preguntarle yo que por qué pasaba eso, él me confesó que le daba vergüenza hacerlo delante de mí, porque en una ocasión sus amigos de trabajo lo habían visto lavando y aún se burlaban de él. De ahí que entonces él adoptara la actitud dramatúrgica de “tipo-duro-que-no-hace-labores-de-mujeres”, actitud

1992: 188). No obstante, debemos decir que los símbolos y datos nunca son concluyentes cuando los observamos sociológicamente, porque al ser construcciones dramatúrgicas, solo el actor social sabe a ciencia cierta la realidad de la situación. Claro está que los hombres pertenecientes a estas masculinidades durante las dinámicas de grupo querrían que los demás se llevaran una buena opinión de ellos. También durante las ventas de cerveza o en un estadio mirando un juego de béisbol. Citamos nuevamente a Alexander cuando nos dice

que, además, los demás hombres de su colectivo esperaban de él. El orden interactivo de las masculinidades en Moa pasa por una constitución compleja que define el sentido social de las acciones de los hombres en relación con el contexto donde se desarrollan. Los hombres, desde un primer instante, definen lo que son debido a que durante “el período en que el individuo está en presencia inmediata de los demás, pueden ocurrir pocos acontecimientos (es decir, se pueden emitir pocos signos) que brinden directamente a los demás la información definida que necesitan” (Goffman cit. por Alexander,

que “al practicar la dramaturgia, procuran controlar a otros mediante la creación de ciertas impresiones. Un actor puede desear que otros piensen bien de él o pensar que él piense bien de ellos, o percibir cómo se siente en realidad acerca de ellos, o no obtener ninguna impresión clara” (1992:189). Al respecto, Goffman opina: “Cuando el individuo proyecta una definición de la situación al presentarse ante otros, debemos tener en cuenta que los otros, por muy pasivos que sean, proyectarán a su vez eficazmente una definición de la situación en virtud de su respuesta al individuo y de cualquier línea de acción que inicien hacia él” (1981:3). Los actores masculinos hegemónicos nunca son completamente dueños de su performance. Eso se debe a que en muchas ocasiones dejan entrever gestos, discursos, que no son afines al “papel” que desarrollan socialmente. Están los elementos dramatúrgicos que el actor emite con intencionalidad, pero dentro de estos existen otros que en muchas ocasiones demuestran la verdadera naturaleza de lo que desea el actor social. Y tenemos el caso del hombre homosexual que no quiere que ni la sociedad ni su familia sepa su orientación sexual y asume el rol de hombre hetero, de las masculinida-

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des hegemónicas, hasta que algún comportamiento no verbal (que son lo más difíciles de controlar) deja entrever su verdadera naturaleza o hasta que la presión psicológica a la que se ve sometido lo lleva a cometer algún desliz que también nos deja ver su verdadera personalidad. Porque en ese performance, en esa puesta en escena no hay bambalinas donde ocultarse y quitarse la peluca para pasar al próximo acto; la representación teatral es constante y lleva a un desgaste psicológico tal que muchos estudiosos de las masculinidades hablan de los

la escuela, la familia, los medios de difusión masiva y los grupos de iguales. La socialización primaria, que es la que se efectúa en la infancia, es aquella en la que se internalizan los elementos sociales más importantes en la sociedad, los que van a funcionar como una estructura simbólica que guíe al niño en la vida cotidiana y mientras crece. El niño va a internalizar una urdimbre de significaciones que cada sociedad produce colectivamente y que instituye entre otros aspectos qué es ser un hombre, qué es ser una mujer, que es lo bueno, que es lo malo, etcétera.

prerrogativas masculinas como una extraña mezcla de fuerza y dolor, de poder y presión. Kaufman lo enuncia claramente cuando nos dice que “por el hecho de ser hombres , gozan de poder social y de muchos privilegios, pero la manera como hemos armado ese mundo de poder causa dolor, aislamiento y alienación tanto a las mujeres como a los hombres “ (Kaufman cit. por Valdés y Olavarría, 1997: 68). El hecho de que los hombres no puedan expresar abiertamente su cariño hacia los hijos, de mantenerse todo el tiempo viriles y duros, de dar una imagen de fuerza que muchas veces no es tal, vas haciéndolos víctima de su propio poder a nivel societal.

Este imaginario social se modula y se resume en los más diversos modos de manifestarse las estructuras vinculares, con sus sesgos peculiares de género según sea el contexto sociocultural donde se herede de generación en generación, produciendo una especie de cultura común androcéntrica y falocéntrica. Luego los individuos que participan de esta cultura común tendrían los mismos imperativos para reaccionar en sociedad ante determinados hechos sociales y a su vez la colectividad esperaría de ellos determinadas normas y valores que, aceptados tácitamente, conformarían un conjunto de vivencias, de una moralidad compartida por los actores. Y en caso de que se violaran, de que el actor social hiciera “lo que no debía de hacer”, pues se aplicarían una serie de sanciones sociales. En uno de los estudios de masculinidades teníamos el caso de un chico que quería ser auxiliar de limpieza en una importante industria, un puesto de trabajo desarrollado en Cuba generalmente por mujeres. Cuando fue a la entrevista a la empresa empleadora, el entrevistador le decía que había otros puestos que él podía desarrollar, como soldador, chofer de camión o electricista, y haciendo todo lo posible porque este chico cambiara de

LAS MASCULINIDADES EN SITUACIÓN SOCIAL. UN ACERCAMIENTO A LA ASIGNACIÓN DE MÁSCARAS MEDIANTE LA HOMOSOCIALIZACIÓN La socialización como proceso de interacción social está estrechamente ligada al aprendizaje y a la formación de la personalidad. Existen, entre otras, cuatro importantes instituciones que socializan al individuo:

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opinión, al final de la entrevista el chico fue citado nuevamente. Al ir a la segunda cita, el entrevistador le dijo que desgraciadamente la plaza que él quería había sido ocupada por una mujer pero que las otras ofertas se mantenían. Evidentemente el chico salió bien librado, pues tuvo otras opciones, ya que la sanción social de las masculinidades hegemónicas en su caso solo fue dejar al chico sin la plaza que deseaba y tal vez algunos chistes y comentarios malévolos a su costa de los que no se enteró. Está claro que el entrevistador juzgaba al chico por lo

Los hombres pertenecientes a las masculinidades hegemónicas asumen máscaras que presentan ante sus semejantes. Las máscaras representan un “equipo expresivo estándar” (Goffman cit. Por Alexander, 1992:190) que está compuesto por utilería de teatro, o sea “ambientación (...) apariencia (...) y modales (...)” (Alexander, 1992:190). Por tanto estos hombres tratarían de vestirse con ropas eminentemente masculinas y tratar de trabajar en labores donde pudieran mostrar lo fuertes e inteligentes que son y modales donde se viera decisión, dominio de

que quería convertirse. Según Goffman los actores sociales “tienden a tratar a las otras personas presentes sobre la base de la impresión que dan acerca del pasado y el futuro. Es aquí donde los actos comunicativos se trasforman en actos morales. Las impresiones que dan las otras personas tienden a ser consideradas como reclamos y promesas hechas en forma implícita y los reclamos y promesas tiene un orden moral (1981:9). Para el entrevistador de la empresa empleadora es obvio que un hombre no podía pedir una plaza de auxiliar de limpieza. Es un horror para las masculinidades de corte hegemónico. Una vez más se muestra que toda la cotidianidad es un juego de roles, pero roles donde usamos una “utilería” y unas “técnicas”, para usar los términos usados por Alexander en su conferencia sobre Goffman (1992:190). Estas “técnicas” son necesarias para que nuestra “actuación” sea verosímil para nuestros colegas sociales. En la interacción es cuando lo social es más real, cuando se denota mucho más que todo lo cotidiano no es más que un cúmulo de libretos preestablecidos y de desempeños sociales que el actor internaliza y desarrolla mediante el desarrollo de su actuación.

sí mismo, autoridad, insensibilidad ante sentimientos propios y ajenos, dureza en el trato con sus semejantes, agresividad, y en casos extremos, homofobia, alcoholismo, violencia social. Evidentemente, el actor está constreñido por un conjunto de restricciones culturales de lo que debe de ser un hombre. Estas restricciones son una especie de control social que someten al individuo, sumergiéndolo en el tipo colectivo de masculinidades hegemónicas. Según Parsons, los roles dirigen la acción individual a través de pautas de conducta y de normas que han sido institucionalizadas. Por tanto, las máscaras son un producto de la socialización a la que han sido sometidos los individuos, producto que pueden modificar muy levemente, ya que han sido asignadas siempre a determinado rol. No imaginaríamos a un médico en su consulta sin la bata blanca y con el pelo largo estilo estrella de rock and roll y lleno de tatuajes y piercing; tampoco imaginaríamos al abogado borracho y robando; tampoco pensaríamos al hombre perteneciente a las masculinidades hegemónicas con una pañuelo en la cabeza y limpiando un piso con una escoba. En este último ejemplo se deben ver estas creencias a las construcciones simbólicas del sistema patriarcal,

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que nos sirve de guía para interactuar con nuestros semejantes, a las expectativas que tenemos sobre lo que debe ser un hombre y a las asignaciones simbólicas que hemos aprendido durante toda nuestra vida durante los procesos de socialización primaria y secundaria. Las máscaras establecen ciertas expectativas. Cuando un actor social adopta un rol que hace mucho está establecido, se percata de que este ya tiene una máscara específica para ese rol y entonces se le facilitan sus acciones en la vida cotidiana, porque

En las entrevistas realizadas a los hombres ellos definían a los sujetos pertenecientes a las masculinidades como duros, conquistadores, bebedores de alcohol, con aficiones deportivas por los deportes de combate, el béisbol y el fútbol y emprendedores; curiosamente, la mayoría opinaba que el ajedrez no era un deporte para hombres. O sea que se requería de valores específicos para poder desarrollar plenamente este rol social, si querían evitar que se les sancionara. Y precisamente estas eran las recetas

sabe que esa máscara que ha elegido tiene ciertos caminos en la acción social de los que no se debe apartar. El actor social asume como propias las recetas preconcebidas para esa máscara y las desarrolla en su vida social, las convierte en obvias y las naturaliza como una realidad “per se” que existe con vida propia. De todas formas, las actuaciones cotidianas de estos actores y sus máscaras deben pasar varias pruebas para que sean verosímiles para sus semejantes, desde dejar de lavar ropa (como el ejemplo del ingeniero que explicité anteriormente) hasta beber alcohol y pedir otra botella de ron luego. Por tanto los actores masculinos deben tener presente siempre que tienen la obligación de dar una impresión de que su comportamiento siempre es así, bajo cualquier circunstancia. O como diría Alexander: “No deben de aparentar que se esfuerzan mucho o demasiado poco; deben de dar una impresión de absoluta infalibilidad; deben de exhibir solo el producto final de su actuación, no los difíciles ensayos; deben separar al público de cada actuación de los públicos que presencian sus otros roles sociales (1992: 191).

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que brindaba la máscara de las masculinidades hegemónicas en Moa. Los hombres objeto de la entrevista y de la dinámica de grupo tenían una dicotomía en su forma de actuar en sociedad: una en el medio de la colectividad y otra como individuos, lo que convertía el personaje de “hombre a todas” en un personaje fatigoso de desarrollar porque siempre tenía que estar demostrando algo a los demás.

Aproximación a la dimensión El enfoque de la pobreza performántico y los derechos de las masculinidades: humanos en la población urbana. Culiacán, estudio Sinaloa, de caso en México Moa

PARA UNAS BREVES CONCLUSIONES Cuando triangulamos nuestras conjeturas teóricas con los datos recogidos en el trabajo de campo las corroboramos. Los hombres de Moa pertenecientes a las masculinidades hegemónicas asumen fatigosas rutinas de representación de su masculinidad y socialmente están abocados a construir dentro de su familia un hombre que sea capaz de figurar en sociedad como un actor fuerte y contumaz. No obstante, esta representación es sumamente frágil, ya que una representación deficiente de las masculinidades hegemónicas constituye una gran amenaza para la representación teatral, para el performance que construyen a cada momento los hombres. Estos se sentían como un “equipo” cuando se les aplicaba las dinámicas de grupo y por tanto se sentían obligados a seguir las normas y valores de ese “team de hombres duros”. Y confiaban unos en otros, debido al habitus. Esas representaciones colectivas presentaban por parte de ellos una determinada concepción del self que era aceptada unánimemente por los demás. Evidentemente los hombres en su vida cotidiana se guían por significados comúnmente aceptados y, al menos en su actuación, están determinados por ellos. En Moa estas formas de masculinidades, androcéntricas y patriarcales, incluso las marginales, legitiman sus pautas conductuales constantemente a través de la interacción social y de estrategias que comunican simbólicamente significados a las otros miembros que están implicados en dicho proceso; estos otros hombres interpretan estos símbolos y orientan su respuesta en función de su interpretación de la situación, construyen su performance según su interpretación del escenario en escenario, de ambientación en ambientación y de teatro en teatro.

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LOS ESTUDIOS DE GÉNERO EN LA ANTROPOLOGÍA ¿CÓMO SE CONSTRUYE SU IMAGINARIO?

RESUMEN: Las preocupaciones de treinta años acerca de la feminidad y la condición social de las mujeres se fortalecieron con la incorporación del concepto de género e hizo que se destacara el carácter relacional de la masculinidad y la feminidad, así como su arti-

culación con variables tales como clase social, edad, origen étnico y otras. No obstante, todavía no hay acuerdo entre las feministas acerca de la existencia de una epistemología, metodología o método propio para generar y construir conocimientos y abordar un problema de investigación; ni acerca de criterios para evaluar la validez de los resultados de los estudios de género. En términos generales, hay consenso sobre la existencia de la investigación feminista o de género; el problema radica en saber en qué parte del proceso de investigación se encuentra: en el tema, los sujetos de estudio, las preguntas de investigación, las técnicas utilizadas, el abordaje analítico, los resultados; o bien, en todo el proceso. Se hace una construcción histórica de los estudios de la mujer y el género, enseguida, la forma como se ha abordado el género en la antropología, y posteriormente me centraré en las características y rasgos que distinguen a las investigaciónes que retoman la categoría de género. Palabras claves: feminidad, masculinidad, epistemología de género, investigación de género.

Catedrática del posgrado en Trabajo Social y Directora del Centro de Políticas de Género de la Universidad Autónoma de Sinaloa.

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Los estudios de género en la antropología ¿Como se construye su imaginario?

ABSTRACS The concerns of thirty years on the femininity and the social status of women is strengthened with the introduction of the concept of gender and made that will highlight the relational character of masculinity and femininity, as well as its articulation with variables such as social class, age, ethnic origin and others. However, there is still no agreement among feminists about the existence of an epistemology, methodology or own method to generate and build knowledge and address a research problem; nor about criteria for evaluating the validity of the results of the field of gender studies. In general terms, there is a consensus on the existence of the investigation of feminist or gender; the problem lies in knowing in that part of the research process is: in the subject, the subject of study, the research questions, techniques used, the analytical approach, the results; or, in the whole process. It is a historical construction of the women’s and gender studies, right away, the manner in which it has been dealt with gender in the anthropology, and later i will focus on the features and characteristics that distinguish the investigations that resume the gender category. Palabras claves: feminidad, masculinidad, epistemología de género, investigación de género.

INTRODUCCIÓN Las tres últimas décadas han sido fructíferas, como nunca antes, respecto a las investigaciones en torno a las relaciones de género, en la antropología en particular, y en las ciencias sociales, en general. Aunque

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los objetivos, hipótesis de trabajo, temas, teorías, metodologías y técnicas de investigación han ido variando en función de cada contexto espacio-temporal, el interés sobre esta cuestión ocupa hoy un espacio, ganado a pulso, en el marco del análisis social. Fue en los años setenta del siglo veinte cuando un grupo de mujeres, tras denunciar el carácter sexista y androcéntrico del conocimiento, se dedicó a recabar conocimiento en torno a la situación de la población femenina en su cotidianidad. De ahí la creación de programas y centros de estudio en institutos y departamentos académicos especializados, donde se trataba fundamentalmente de “visibilizar” y sumar las mujeres a la historia, la antropología, la sociología y la psicología, por citar las ciencias sociales que más han destacado en este campo. Sería en la década siguiente, en los ochenta, cuando el conocimiento, información y experiencia acumulada dio un giro hacia el estudio ya no sólo de las mujeres, sino de la relación entre los géneros, tras una reflexión y reconceptualización previa, pues el estudio sobre las mujeres en las ciencias sociales no puede concernir sólo a media humanidad sino a toda ella (Moore, 1991; Ramos, 1992). Parecería haber acuerdo entre las feministas académicas en tres puntos fundamentales: a) acabar

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con lo que se ha llamado “ceguera de género” en la investigación social; b) producir conocimientos que den cuenta de las condiciones de vida específicas de las mujeres; y c) producir una teoría para erradicar la desigualdad y subordinación de las mujeres, es decir, que tenga referentes para la acción política feminista (Barbieri, 1998:105-106).

Los estudios de género en la antropología ¿Como se construye su imaginario?

PERIODIZACIÓN DE LOS ESTUDIOS DE LAS MUJERES

condición femenina. Se remonta a Platón y Aristóteles porque fueron de los primeros filósofos en tratar acerca de la inferioridad femenina en contraposición de la superioridad masculina; pero no es hasta la Revolución Francesa y la Ilustración (siglos XVII y XVIII) cuando surgieron con énfasis en Europa, y más adelante en Estados Unidos, los valores de la modernidad, explicitados en los términos igualdad, libertad, fraternidad. A partir de esos principios, las mujeres comenzaron a reclamar sus derechos como ciudadanas, y fue adquiriendo peso el movimiento

Gomariz (1992), al igual que otros autores que han abordado la historia del movimiento feminista, los estudios sobre las mujeres y el género, insisten en afirmar la existencia de tres momentos y períodos que denominan “olas”. Para este autor, los primeros antecedentes de los estudios de las mujeres hacen referencia a su

sufragista que reclamaba el derecho al voto para las mujeres. Aquél movimiento marca el inicio de la “primera ola” del feminismo. Y no solo establece los derechos básicos de las mujeres, sino que también muestra la hasta entonces poco visible inconsistencia entre los planteamientos ideológicos y el trato que se les daba a las mujeres.

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Los estudios de género en la antropología ¿Como se construye su imaginario?

Es hasta el siglo veinte, hacia los años 60, cuando surge en los países anglosajones la llamada “segunda ola” del movimiento feminista, con algunos antecedentes importantes como las reflexiones de Simone de Beauvoir de 1949 en El Segundo Sexo. Las primeras críticas de aquellas feministas se orientaban, en buena parte, a lo que consideraban rasgos de la opresión patriarcal, en particular la sexualidad femenina enclaustrada en la esfera familiar y en la función reproductora. En esa década surgen nuevos movimientos,

Millet (1975), esta forma de poder era más rigurosa que la estructura de clases sociales y constituía una ideología dominante que había penetrado profundamente en la cultura. El término fue criticado posteriormente y en algunos sectores desterrado, por considerarse que su utilización era universalista -abarcaba todo el planeta-, transhistórica -sin transformaciones o diferencias con el paso del tiempo- ambigua -se usaba en contextos muy distintos- uniforme y vacua (Lerner, 1990). Carecía de valor explicativo y ocultaba las di-

especialmente en Estados Unidos, que tienden a la crítica antiautoritaria y al incremento de oportunidades con mayores posibilidades de prosperidad económica. Dentro de estos movimientos sociales se destacan los pacifistas, la lucha antiracial y la feminista, misma que logra avanzar en sus demandas de igualdad social. En los años setenta, algunos sectores feministas radicalizados sostienen que las mujeres forman un grupo social que padece condiciones significativas de opresión en la sociedad patriarcal. Varias son las autoras que hicieron suyo y centraron su análisis en este vocablo, dándole el significado de poder masculino sobre las mujeres, quedando éstas subordinadas al mismo. Según Kate

ferencias (Benería, 1985; Rubín, 1996). También en esa década surge el llamado Feminismo de la diferencia, que sostiene que ser diferente es lo que enaltece a las mujeres: su irracionalidad, su sensibilidad y su sensualidad se ubicarían por encima de los valores masculinos. También defiende la maternidad y la ética específica de las mujeres.

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Los estudios de género en la antropología ¿Como se construye su imaginario?

lo tanto, son susceptibles de modificaciones y pueden transformarse en nuevas maneras de vivir los papeles sexuales. Durante los años 80 se llevó a cabo un interesante debate sobre el concepto género, como instrumento de análisis en las ciencias sociales y herramienta movilizadora en la práctica política. Muchas fueron las investigadoras feminis-

En ese periodo comienzan a instalarse en la estructura académica de los diversos países del hemisferio norte los primeros seminarios y departamentos de Estudios de la Mujer, que institucionalizan la producción teórica y las investigaciones relativas a las mujeres. Así, la “segunda ola” feminista provocó una mayor conciencia social, al exponer y nombrar el sexismo en todas las políticas y prácticas que explícitamente discriminaban, basándose en el sexo de las personas. Esta segunda ola retó a la población a enfrentar que asuntos tales como el hecho de restringir el número de mujeres en las escuelas o de pagarles menos que a los hombres por igual trabajo, no tenían nada que ver ni con lo natural ni con supuestos papeles biológicos e históricos de las mujeres en tanto esposas y madres, sino que era una forma de discriminación basada en estereotipos culturales (Palomar, 1999:241). La “tercera ola” feminista aparece cuando en el mundo académico comienza a surgir el concepto de género para expresar que las diferencias entre hombres y mujeres son elaboradas culturalmente y, por

tas que se adhirieron a aquél con mayor o menor entusiasmo, pero dotándolo en los primeros tiempos de una interpretación semántica específica, útil y práctica (Burín y Meler, 1998:27). El género quedó definido como categoría fundamental de la realidad social, cultural e histórica, y de la percepción y estudio de dicha realidad (Goldsmith, 1986), que comprende un conjunto complejo de relaciones y procesos en términos de relaciones intergenéricas e intragenéricas; esto es, estudia las relaciones entre los sexos y dentro de los sexos (Rosaldo, 1979). Como categoría analítica incluye, pero trasciende, la definición biológica de sexo; hombres y mujeres son categorías de análisis socialmente construidas. Género es un conjunto de valores y creencias, normas y prácticas, símbolos y representaciones acerca de la manera en que se comportan hombres y mujeres a partir de la diferencia sexual, con significados sociales, psicológicos y culturales (Rubín, 1996; Lamas, 1996; Barbieri, 1992).

Los estudios de género aspiran a ofrecer nuevas construcciones de sentido para que hombres y

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Los estudios de género en la antropología ¿Como se construye su imaginario?

mujeres perciban su masculinidad y su feminidad, y reconstruyan los vínculos entre ambos en términos que no sean los tradicionales opresivos y discriminatorios, todo ello basado en que el análisis de las relaciones de géneros contribuirá a establecer condiciones de vida más justas y equitativas para ambos. Aquí conviene señalar el sentido que tiene la perspectiva de género para la teoría feminista, pues ésta no busca únicamente el examen de la población femenina, o incluso el diagnóstico de la condición de

una serie de estudios que, a pesar de ser guiados por diferentes motivaciones teóricas y metodológicas, contribuyeron de manera decisiva a la construcción de una antropología del género (Martín y Voorhies, 1978; Harris y Young, 1979; Moore, 1991; Di Leonardo, 1991; González, 1993). En un inicio estos estudios se dedicaron a la crítica de los sesgos androcéntricos presentes en todas las corrientes teóricas de la antropología. Cuestionaron las versiones vigentes de la evolución humana -notablemente el papel protagónico atribuido al

género, sino que conecta explícitamente ese diagnóstico con la búsqueda de caminos para transformar esa situación.

varón- y las relaciones de género en otras culturas, sobre todo la visión ahistórica de la mujer como ser pasivo y dependiente. Las antropólogas, principalmente, fueron quienes leyeron (y releyeron) las etnografías clásicas y consultaron las fuentes etnohistóricas desde una óptica diferente, con el fin de buscar respuestas a la cuestión de por qué las mujeres en la mayoría de las sociedades humanas, existentes y pasadas, han sido subordinadas. Al construir sus marcos teóricos-metodológicos, ellas escogieron como sus interlocutores a representantes de casi todas las escuelas teóricas de la antropología: Evolucionismo, Estructuralismo, Funcionalismo Estructural Británico y Funcionalismo Boasiano (Golsdmith, 1992). Revisaron y cuestionaron la existencia universal de categorías binarias, la noción del parentesco y

ANTROPOLOGIA Y FEMINISMO Hacia mediados de la década de los ochenta y durante los primeros años de los noventa aparecieron

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la evolución misma. A través de este proceso de deconstrucción y reconstrucción contribuyeron al desarrollo de la teoría antropológica. La antropóloga británica Henrietta Moore (1991) plantea que si bien hace décadas las antropólogas se abocaron al estudio de la mujer y, paulatinamente, crearon un nuevo campo en la antropología -el de la mujer- a partir de los años ochenta esta área ha conducido a la construcción de una antropología feminista cuyo objeto de estudio ya no es la mujer en sí, sino más bien las relaciones de género. Ella afirma que la antropología de género no es lo mismo que la antropología feminista; la distinción reside en que la primera se aboca al estudio de la identidad del género y su interpretación cultural, y la segunda al estudio del género como principio de la vida social humana. Se pasó así de la visibilización y la simple sumatoria de las mujeres a un nuevo propósito que busca mostrar las diferencias ideológicas y prácticas de la población femenina. Pero, sobre todo, se centra en el estudio de hombres y mujeres, es decir el género, como categoría relacional contextualizada, y no sólo de las mujeres como grupo aislado o recorte sexual determinado. Limitarse a añadir mujeres a la antropología tradicional no resuelve el problema de la invisibilidad analítica de la mujer, no elimina el efecto distorsionador provocado por el androcentrismo... La antropología feminista no se reduce,

pues, a “añadir” mujeres a la disciplina, sino que consiste en hacer frente a las incoherencias culturales analíticas de la teoría disciplinaria (Moore, 1991:16-17).

La antropología de género y feminista descarta las explicaciones esencialistas, redondas y universales; incorpora nuevos enfoques epistemológicos e instrumentos metodológicos. Además, lleva a cabo una reflexión en el seno de la disciplina misma, con objeto de revisar experiencias, redefinir teorías y métodos en un mundo de cambio rápido y constante (Ortner, 1979; Goldsmith, 1986). Concretamente, se ha revelado la necesidad de trabajar combinando las condiciones socio-económicas con las dimensiones culturales, ideológicas y políticas, así como de problematizar y complejizar temáticas, conceptos e instrumentos análiticos que permitan reflexiones en contextos comparativos más amplios y con mayor rigor. A la vez se intenta unir teoría y práctica: búsqueda de conocimiento y aplicación (González, 1993).

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CARACTERÍSTICAS DE LOS ESTUDIOS DE GÉNERO O FEMINISTAS El género como categoría de análisis tiene varios rasgos característicos: 1. Es siempre relacional, nunca aparece de forma aislada sino marcando su conexión entre hombres y mujeres. Hasta ahora, en los estudios de género se ha puesto énfasis en que tales relaciones son de poder y dominación 2.

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(Bartra, 1998). Otro rasgo de la categoría género es que se trata de una construcción histórico-social, o sea que se fue produciendo a lo largo del tiempo de distintas maneras. La noción de género vuelve visible la variedad de determinaciones con que nos construimos como sujetos: raza, religión, posición socioeconómica, etc. Desde sus comienzos, los estudios de género se definieron como una corriente interdisciplinaria que utilizaba de modo heterogéneo diversos marcos teóricos y metodológicos (Golsdmith, 1998). Otro rasgo distintivo es que define su problemática desde las experiencias de los sujetos de estudio, y emplea esas experiencias como indicador significativo de la “realidad contra la cual se deben contrastar las hipótesis” (Harding, 1998:21).

6. También se observa que la investigación de género y feminista es contextual, experiencial, multimetodológica y comprometida (Nielson, 1990). Un debate importante en torno a los estudios de género es si contamos con un método específico para realizar investigaciones. Las personas que abogan por una relación más estrecha entre academia y movimiento feminista, como María Mies (1998), argumenta que sí existe una metodología feminista, en el sentido de que la misma investigación asume una cara abiertamente política. Mientras que otras autoras, como Sandra Harding (1998) y Mary Golsdmith (1998), que han indagado más sobre la naturaleza misma de la epistemología, son escépticas con respecto a la posibilidad o la pertinencia de una metodología feminista.

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Eli Bartra piensa que existen formas de acercamiento a la realidad que son propias del quehacer feminista. Hay algo que se puede llamar “el punto de vista feminista” (1998:146), que nos conduce a llevar a cabo todo el proceso de investigación de manera un tanto diferente, en la medida en que se empieza por formular preguntas y formas de abordaje distintas. Los estudios de género se centran cada vez más en investigaciones concretas y con metas más limitadas. Estos principios son acordes con la idea posmoderna acerca del fin de las grandes narrativas explicativas de problemáticas universales. Sin embargo, conservan la crítica social con que se iniciaron los primeros estudios acerca de la condición femenina, especialmente la denuncia de la desigualdad y la marginación en determinadas áreas de poder. También, los estudios de género han coincidido con la idea posmoderna de la pluralidad, la diversidad y la fragmentación de los sujetos que analiza. En esta línea, sugieren tomar como punto de partida el análisis de las prácticas de la vida cotidiana, de lo personal, de las subjetividades. A su vez, critican los discursos de la modernidad por ser dualistas, por tener criterios hegemónicos acerca de los sujetos mujer/hombre, por ser universalistas y totalizadores. Desde el feminismo de la igualdad hasta las tendencias actuales del post-feminismo, que tratan

temas en relación con el discurso y la subjetividad en un contexto relacionado con el psicoanálisis y las teorías del significado, se mantienen problemáticas comunes tales como: división social y sexual del trabajo, movimientos sociales, participación política, globalidad y desarrollo, salud reproductiva y sexualidad, violencia de género, nueva masculinidad, entre muchas otras. En el proceso de recolección de información, las técnicas más usadas son varias, pero las que se han privilegiado son la llamadas entrevistas a profundidad y semiestructuradas; las historias de vida y la observación participante. Harding (1998) opina que las técnicas no son feministas sino que únicamente pueden serlo las maneras de usarlas. En lo que se insiste en los estudios feministas, es que la investigadora o investigador se coloque en el mismo plano crítico que el objeto explícito de estudio, recuperando de esta manera el proceso entero de investigación para analizarlo junto con los resultados de la misma. Así, la o el investigador se presenta no como la voz invisible y anónima de la

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como la “reflexividad de la ciencia social”, misma que se debe mostrar a lo largo de la investigación, la organización del material y la devolución del producto. Aquí es pertinente preguntarnos: Si existe un método feminista ¿para qué sirven sus resultados? Según Bartra (1998:154), sirven para desarrollar conocimientos nuevos y distintos, que no se pue-

autoridad, sino como la de un individuo real, histórico, con deseos e intereses particulares y específicos. Este requerimiento es una respuesta al reconocimiento de que las creencias y comportamientos culturales de los y las investigadoras feministas moldean los resultados de sus análisis, tanto como lo hacen los investigadores sexistas y androcéntricos. Se debe evitar la posición “objetivista” que pretende ocultar las creencias y prácticas culturales del investigador, mientras manipula creencias y prácticas del objeto de investigación para poder exponerlo. Sólo de ésta manera se podrá contribuir con estudios y explicaciones libres de distorsiones originadas por creencias y comportamientos no analizados de los propios científicos sociales. La introducción de este elemento “subjetivo” al análisis incrementa de hecho la “objetividad” de la investigación, al hacer evidente lo que se trata de ocultar al público. Esta forma de relación entre investigador y objeto de investigación suele denominarse

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den obtener con otros métodos. En tanto, para Sandra Harding sirven para obtener un conocimiento con menos falsificaciones al tomar en consideración cuestiones hasta ahora marginadas y olvidadas, pero sobre todo reduce las falsificaciones porque es menos parcial, menos ciego y menos sesgado (Harding, 1998:32). Las investigadoras surgidas durante los años setenta a menudo insistieron en que la investigación feminista tenía que estar encaminada a resolver los problemas concretos que enfrentaban las mujeres. Para ellas, lo demás sería ociosidad académica. Esto no quiere decir que el proyecto de investigación esté subordinado a los resultados fijados de antemano. Como propone Teresita de Barbieri (1996), si bien la producción de conocimiento no es un ámbito políticamente neutro, sería un error subordinar ésta a las “necesidades” de la política.

CONSIDERACIONES FINALES Los estudios sobre las mujeres y la investigación sobre las relaciones de género y el feminismo, han mar-

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cado un hito importante en la historia y desarrollo de las ciencias sociales, tanto en el nivel temático como en los enfoques teóricos y metodológicos. Sin embargo, varios fueron los obstáculos y limitaciones que se dieron cita, que merecen ser motivo de reflexión, con objeto de obtener experiencias y no repetir viejos errores. Entre los problemas inscritos de manera reiterada en los estudios de género destacan, por un lado la generación de conocimientos básicamente descriptivos, recortados espacial y temporalmente, y circunscritos a las mujeres, y por otro las extensas obras que pretendían descubrir el origen de la subordinación femenina y versar desde su historia hasta nuestros días. Por otra parte, las estudiosas se adcriben a diferentes enfoques políticos feministas, todo lo cual ha provocado que se subrayen algunos aspectos sobre otros, tanto en el nivel teórico como en el práctico.

Ello, si bien enriquece la discusión, a veces produce una especie de coorporativismo que esquematiza las diferentes propuestas teóricas, radicalizándolas al desarrollar su identidad con base en la oposición de otros grupos y enfoques, circunstancia vigente hasta la actualidad. Y dentro de esta variedad de propuestas encontramos tendencias feministas que se centraron en ciertas temáticas, repetitivas y redundantes. La especialización fue positiva y negativa a la vez: A veces reduccionista, ya que centraba el origen de la subordinación en un solo elemento; otras renovadora, al dar a conocer enfoques y temáticas poco profundizadas hasta la fecha y enunciar nuevas preguntas. A pesar de errores y desaciertos en los estudios de la mujer primero, y del género más tarde, estas etapas históricas han sido imprescindibles para la elaboración de conoci-

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los postulados teóricos y prácticas metodológicas de la comunidad científica. Con ello, han contribuido también en la discusión en torno a la reflexividad, la subjetividad y la otredad. Es evidente que tanto hombres y mujeres pueden realizar investigación feminista porque ni la habilidad ni la disposición de contribuir con

mientos, lo cual significó una especie de cambio paradigmático en el seno de las ciencias sociales pues influyó de forma decisiva, trastocando conceptos, metodología, teorías y enfoques de varias corrientes en las diversas disciplinas del análisis social. Actualmente, no cabe duda que en las ciencias sociales y las humanidades el tema y la problemática de las relaciones de género y de la subordinación de las mujeres han sido aceptados -aunque no del todo ni sin muchas reticencias- y de que cada vez menos el feminismo es un epílogo, un recorte o un panfleto; ha aportado su punto de vista a las teorías y metodologías sociales, y se va inscribiendo en el quehacer académico de hombres y mujeres -lenta y gradualmente- como los cambios que perduran (Fernández, 1998:90). Hoy en día, sin duda, los estudios de género están ya posicionados en las ciencias sociales y las humanidades. Han hecho un aporte muy importante a la epistemología al convertir a las mujeres en sujetos del conocimiento, y en este proceso se han constituido como una de las fuerzas más cuestionadoras de

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el pensamiento feminista son rasgos asociados con el sexo. Pero, lo que sí es un requisito, es que hombres y mujeres asuman una postura de rechazo a la subordinación y discriminación social (Harding, 1998:29).

Lo que resulta evidente es que el extraordinario poder explicativo de los resultados de las investigaciones de género y feministas se debe a los desafíos que se han planteado contra las grandes teorías y supuestos fundamentales de investigación social tradicional. No obstente, todavía existen muchos retos y resistencias a superar. De ahí que concluyo citando a Cristina Palomar (1999:247) al señalar que “mientras el filtro de género no sea visible en sí mismo, y creamos que lo visto es la realidad y no lo que vemos a través de ese filtro cultural que nos hace percibir la realidad de cierta manera, no podremos encontrar medidas efectivas para acabar con el androcentrismo, la polarización de género y el esencialismo biológico, que son los tres pilares de un sistema de género cuyas consecuencias últimas son el sexismo y la homofobia”.

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CONTEXTUALIZANDO LA RELACIÓN POBREZA-SALUD -INCLUSIÓN SOCIAL DESDE UNA MIRADA A LA ATENCIÓN PRIMARIA DE SALUD COMO ESPACIO SOCIAL RESUMEN Este artículo responde a la necesidad de contextualizar la relación entre salud y pobreza en el nivel primario de atención de salud en los marcos del modelo social cubano, de marcado carácter inclusivo; ubicando la idea de la necesidad de incorporar los

elementos que se aportan desde la perspectiva sociológica cultural en la consideración del nivel primario de atención como espacio social culturalmente definido. Palabras claves: salud, pobreza, inclusión social, cultura, atención primaria de salud.

ABSTRACS This article responds to the need to contextualize the relationship between health and poverty in the primary health care level in the frameworks of the Cuban social model, with a marked inclusiveness; placing the idea of the need to incorporate elements that you bring in from the sociological Profesora Centro de Estudios para el Desarrollo Integral de la Cultura. Universidad de Oriente. Hospital Docente Ginecobstétrico “Mariana Grajales Coello”, Santiago de Cuba.

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Contextualizando la relación pobreza-salud-inclusión social desde una mirada a la atención primaria de salud como espacio social

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perspective cultural in the consideration of the primary care level as culturally defined social space. Key Words: health, poverty, social inclusion, culture, primary health care.

INTRODUCCIÓN En la amplia bibliografía disponible en torno a la relación entre pobreza y salud, es común encontrar un tratamiento a la relación entre ellas en línea directa con la exclusión social; sin embargo, la pobreza no siempre implica exclusión; aún más, la pobreza puede no ser un buen indicador de exclusión, debido a que personas consideradas pobres pueden no estar excluidos de ciertas necesidades básicas, como sucede en Cuba, mientras que otros, considerados como no pobres, pueden estar excluidos por otros muchos motivos, como el aislamiento geográfico o el cultural. Lo cierto es que la pobreza es un fenómeno multidimensional y multicausal, sobre el cual no existe una definición única, debido en gran medida a que su formulación depende del enfoque que quien lo conceptualice tenga de sus causas. La pobreza es una situación que exige atención especial y que solo puede ser superada con mecanismos de integración social que garanticen la inclusión también en salud; de ahí que en los marcos del modelo social cubano, de un marcado carácter inclusivo, el énfasis especial en el nivel primario de atención en salud es fundamental como garantía del acceso que

En los últimos cincuenta años de la historia del país, se podrían citar un sinnúmero de ejemplos que — desde una perspectiva macrosocial — dan cuenta de ello, reflejados en tasas de mortalidad infantil muy bajas, esperanza de vida muy alta, analfabetismo erradicado como fenómeno social, liquidación de epidemias en plazos breves, aplicando un modelo que se afirma en la participación popular,

debe ofrecerse a todos los servicios, en igualdad de condiciones para todas las personas, como forma de la protección social en salud que el Estado ofrece a sus ciudadanos.

conducido por el gobierno a su más alto nivel (Rojas Ochoa, 2003). Desde 1959, las políticas públicas desarrolladas por el gobierno revolucionario tuvieron como

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La política social cubana durante el periodo revolucionario puede ser calificada como una política de igualdad, ya que su brújula (y meta) consiste en lograr igual acceso en las oportunidades de bienestar y resultados equiparables en la satisfacción de las necesidades para todos los sectores sociales a partir de la eliminación de la explotación y la exclusión. El eje de esta política es la universalización de los derechos sociales de ciudadanía para garantizar una cobertura total en alimentación básica, educa-

centro de atención la equidad, la justicia y el progreso social. El acceso masivo y gratuito a la salud, la educación y la seguridad social elevaron los niveles educacionales y culturales de la población así como sus estándares de salud, lo cual produjo un proceso progresivo de dignificación del ser humano, de igualdad y homogenización social. Los parámetros de equidad y no discriminación de raza, género o capas sociales tenían avances visibles. De ahí que las palabras pobreza y desigualdad estuvieran desterradas de nuestro imaginario social (Ares, P. 2010).

ción, salud, seguridad y asistencia social, empleo y acceso a bienes culturales. Estos derechos son provistos, en un nivel básico, a toda la población, sin distinción de ingresos, a través de mecanismos no mercantiles (mediante asignaciones gratuitas y subvenciones). Esta política ha sido exitosa en términos de integración social y equidad (Espina, M. 2008). A finales de la década de los años ochenta del siglo pasado, los procesos sociales ocurridos en el antiguo campo socialista de la Europa del Este condicionaron, junto a un recrudecimiento del bloqueo norteamericano a nuestro país, el inicio de una aguda crisis económica que tuvo en los años 1993 y 1994 sus peores momentos, y que erosionó, sin duda, algunos de los principios políticos y valores sociales en los que se sustentaba hasta ese momento el modelo social cubano. Al margen de la voluntad política, se comienza a hacer visible la desigualdad social, unida a un proceso de decantación social espontáneo y el surgimiento de grupos sociales con alta vulnerabilidad, iniciándose lo que algunos especialistas han dado en llamar proceso de re-estratificación social (Ares, P, 2010).

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Medidas de carácter económico que fue necesario tomar por el Estado, como la circulación de la doble moneda, provoca economías diferentes, acordes no ya al trabajo socialmente útil, sino a las posibilidades de acceder a la moneda libremente convertible. Se fueron generando a su vez franjas de marginalidad y asentamientos poblacionales en condiciones precarias, producto de la emigración del campo a zonas urbanas y suburbanas, y a la acumulación de necesidades no satisfechas en el momento de la aguda crisis.

periencias de trabajo comunitario en el municipio Santiago de Cuba), el hecho de que, a diferencia de otros contextos, en la reproducción de la pobreza no resultan determinantes los procesos de exclusión social. Los aspectos sociales son relativos al nivel de desarrollo social alcanzado en estas comunidades y a los efectos sociales de la crisis económica que repercute en todo el país y por supuesto, de manera especial en ellas y a las medidas de ajuste en aquellos sectores más vulnerables. En estas comunidades pobres se constata lo

Pero el análisis de la pobreza en Cuba evidencia cómo el contexto del modelo de inclusión social no permite que se reproduzcan los males de la pobreza en América Latina, el Caribe u otras partes del mundo, dígase la polarización social extrema, el trabajo infantil, la mendicidad, las personas sin amparo y sin hogar. Indiscutiblemente, nuestras políticas han tenido un efecto modulador que impide que el rostro de la pobreza crítica aparezca en los hogares cubanos (Zabala, M. 2010). A partir del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba en el año 2011, el país ha estado inmerso en un proceso de actualización del modelo social, que permita revisar sus políticas de equidad, para desde la heterogeneidad social, ser cada vez más justos, promoviendo un nuevo concepto de distribución, de revisión de las gratuidades y de ofrecer apoyo a los más vulnerables, evitando las visiones paternalistas y asistencialistas que en otros momentos económicos el país asumió, pero que son realmente improcedentes en este momento. Es elemento distintivo en la situación de comunidades como San Pedrito, Vanvancito, Novoa, Bajos del Rancho (por solo mencionar algunas en las que nuestro equipo de investigación acumula ex-

planteado por especialistas cubanos en la materia, en cuanto a que la reproducción de la pobreza se expresa en tres niveles: los que representan la tradición, los coyunturales y en su interacción. Entre los elementos tradicionales tienen un peso fundamental la carencia de patrimonio material, característica de estas familias a lo largo de diferentes generaciones, muy vinculada con el predominio de familias negras y mestizas, históricamente discriminadas y con menores recursos; a ello se agregan además patrones enraizados de emparejamiento y maternidad tempranos, y elevada fecundidad entre las mujeres, que se establecen de generación en generación. Los elementos coyunturales, entre ellos los efectos sociales de la crisis económica y el incremento de la diferenciación social durante la década de los noventa, han provocado un impacto particularmente intenso en estas comunidades. En el orden material: Acentuación de su precariedad e insatisfacción; en el orden psicológico: Poniendo el énfasis en la sobrevivencia y en lo inmediato, lo cual compromete su desarrollo psicológico. Como resultado del entrecruzamiento de estos elementos, lo tradicional se potencia en el con-

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texto actual de crisis como continuidad de algunas características de estos sectores carenciados corres­ pondientes a etapas precedentes, tales como: menores niveles de acceso al empleo y de calificación técnica o profesional, embarazo precoz, alta fecundidad, inestabilidad familiar, entre otros. La función cultural-espiritual de la familia tiene un papel esencial en la trasmisión de estos patrones culturales, a través de un conjunto de valores, normas y expectativas que a la par que preservan la identidad del sistema familiar, reproducen su condi-

precariedad de la vivienda; repertorio reducido de estrategias de vida; mayor frecuencia de abandono o interrupción de estudios; utilización de los niños para apoyar las estrategias de los adultos (cuidado de hermanos más pequeños, venta en el barrio de artículos elaborados o conseguidos por los adultos, realización de tareas domésticas y otros encargos); ubicación espacial preponderante en barrios marginales; sobrerrepresentación de personas de origen social obrero y empleados de baja calificación (Espina, M. 2003).

ción de pobreza y acentúan la situación de riesgo y vulnerabilidad (Zabala, M, 2010). Angela Ferriol, en Política social y reformas estructurales: Cuba a principios del siglo XXI (2004), revelaba que la población urbana en situación de pobreza de ingresos y con necesidades básicas insatisfechas había aumentado de 6.3 por ciento en 1988 a 20 por ciento en 2000. Sin pretender simplificar la diversidad de los diferentes grupos en situación de pobreza, Espina Prieto considera que es posible llegar a un patrón que explica los principales mecanismos de exclusión, mencionando como principales tendencias: familias con un tamaño superior al promedio; amplia presencia de ancianos y niños en el núcleo familiar; familias monoparentales con mujeres jefas de hogar que no tienen trabajo estable; altos niveles de fecundidad y de maternidad adolescente sin apoyo paterno; ancianos que viven solos o sin apoyo familiar; trabajadores del sector estatal tradicional en ocupaciones de baja remuneración; acceso nulo o muy bajo a ingresos en divisas; sobrerrepresentación de negros y mestizos; personas que no trabajan debido a discapacidad o ausencia de otras condiciones para hacerlo; niveles de escolaridad relativamente inferiores a la media nacional;

En el plano microsocial, la carencia de activos y su reproducción intergeneracional constituyen la explicación por excelencia de la pobreza. En el plano macro, se trata de la incapacidad de los nuevos mecanismos económicos para generar fuentes de trabajo adecuadamente retribuidas y del debilitamiento de los mecanismos estructurales de inclusión social con base en el trabajo o la asistencia social. Todo esto, con la aclaración de que no se trata de un proceso de exclusión general ya que aún se conservan, o incluso se amplían, instrumentos para proteger a los sectores vulnerables. Otro aspecto valorado por las investigaciones realizadas sobre la temática en Cuba es el relacionado con el fortalecimiento de los vínculos entre espacialidad y desigualdad. Con la crisis de principios de los noventa y la reforma económica, se instauraron mecanismos de selectividad que reforzaron la estratificación, en este caso territorial, de la sociedad cubana. Ello atenuó (aunque no eliminó) las políticas de igualamiento territorial aplicadas en las décadas anteriores. Las investigaciones revelan como los factores más poderosos del espacio como «regulador inequitativo» de oportunidades la expansión de formas de

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propiedad no tradicionales, la extensión de los mecanismos de mercado y el fortalecimiento de la propiedad cooperativa e individual en la agricultura no cañera y en la gestión individual y familiar, todo lo cual contribuyó a fomentar un amplio mercado formal e informal (Iñiguez, L; Pérez, O. 2006). Esto ha producido un patrón de selección territorial que genera vulnerabilidades y exclusiones espaciales que se expresan, entre otros rasgos, en una mayor proporción de pobres en determinadas regiones.

clave el perfeccionamiento del trabajo social comunitario, el cual permite una mayor participación e iniciativa de la comunidad y del gobierno local en la búsqueda de soluciones a los problemas de estas comunidades con condiciones socioeconómicas desfavorables, para lo cual se incentiva el desarrollo de proyectos de iniciativas de desarrollo local como fórmula que apuesta por trabajar directa y específicamente con las desventajas en los contextos específicos. La Organización Panamericana y la Organiza-

Las mediciones del Índice de Desarrollo Humano (IDH) territorial permiten agrupar las provincias cubanas en tres niveles de desarrollo: las que cuentan con un IDH alto, medio o bajo; en este último nivel se ubica la provincia de Santiago de Cuba (Méndez, E; Lloret, M. 2005). La atención a estas desventajas ha sido prioridad del Estado, para lo cual ha desarrollado múltiples programas sociales, en los que resulta elemento

ción Mundial de la Salud han trabajado la exclusión en salud en el terreno teórico, metodológico y estratégico. La exclusión en salud respecto a la falta de acceso de ciertos grupos o personas a diversos bienes, servicios y oportunidades que mejoran o preservan el estado de salud y que otros individuos y grupos de la sociedad disfrutan, se les define como efectos. De este enunciado se desprende que se trata de un fenómeno que involucra al sector de la salud y trasciende en él. La atención a la salud y la accesibilidad a los servicios es considerado como un criterio de expresión de la pobreza que ha estado presente en los distintos métodos utilizados para su medición: el método de las necesidades básicas insatisfechas; el método agregado de consumo, el método integrado o combinado; el IDH y luego el Índice de Pobreza Humana (PNUD, 2006).

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Como abordamos anteriormente, la política social cubana ha garantizado espacios de igualdad prioritarios como eje central de su modelo social, reflejo de lo cual es la implementación de la Atención Primaria de Salud como estrategia de atención en el sistema de salud. El concepto actual de Atención Primaria de Salud tiene su origen en la 28 Asamblea Mundial de la Salud (1975) y se consolidó en la Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, AlmaAtá (1978) donde la comunidad internacional pro-

el de Casas de Socorros. Este último, con algunas modificaciones se mantuvo vigente hasta el triunfo revolucionario en 1959. Desde el inicio de nuestro presente período histórico de Revolución Socialista los cambios en general que experimentó el Sistema Nacional de Salud Estatal, el mutualismo y la medicina privada, para constituir nuestro actual sistema nacional de salud único y en particular las Casas de Socorros, dieron lugar al verdadero primer modelo de atención primaria de salud en Cuba: el Policlínico Integral, preven-

puso una nueva estrategia para alcanzar la salud para todos en el año 2000 basada en la Atención Primaria. A partir de entonces, el enfoque de la medicina se ha visto precisado a ampliar su espectro y abarcar también a las familias y a sus comunidades, pero no sólo cuando se enferman, sino para promover salud y prevenir las enfermedades en individuos, familias y comunidades. La citada Conferencia define la Atención Primaria de Salud como la asistencia sanitaria esencial basada en métodos y tecnologías prácticos, científicamente fundados y socialmente aceptables, puesta al alcance de todos los individuos y familias de la comunidad mediante su plena participación y a un coste que la comunidad y el país puedan soportar, en todas y cada una de las etapas de su desarrollo, con un espíritu de autorresponsabilidad y autodeterminación. Desde este enfoque la medicina se ha propuesto promover salud, o lo que es lo mismo, elevar la calidad de vida de las personas y las poblaciones. Cuba tiene una larga historia de estos modelos –de atención médica ambulatoria– y el primero se estableció en 1825 con el nombre de facultativo de semana, que fue sustituido parcialmente en 1871 por

tivo curativo (1964), al que sustituirán como sucesivos eslabones históricos los modelos del Policlínico Comunitario (1974) y del Médico y Enfermera de la Familia (1984) (G. Delgado, 2005). A partir del año 1959, con el triunfo de la Revolución, la salud de la población pasa a ser una prioridad sobre la base de los principios de gratuidad y accesibilidad. “Es en el contexto de la revolución democrática, popular, agraria y antiimperialista que se inicia en Cuba un movimiento para el desarrollo de la Atención Primaria de Salud” (F. Rojas, 2005). Ante la necesidad de orientar los servicios de salud hacia la promoción y prevención a nivel familiar, surge la idea y la decisión política de formar un médico de la familia que brinde atención integral, el cual debe llevar a cabo una práctica concentrada en ese propósito y en el comportamiento de la persona como ser biopsicosocial. Para 1984, surgió una nueva forma organizativa de atención de salud que constituyó un cambio cualitativo: el Programa del Médico y la Enfermera de la familia, del cual emergió la Especialidad en Medicina General Integral, cuya práctica es la Medicina Familiar y su campo de acción social es la Atención Primaria de Salud.

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Entre las principales características generales de la Atención Primaria de Salud se listan la coordinación inter y transectorial con enfoque multidisciplinario, y la responsabilidad y participación. En los documentos de la Conferencia de Alma Atá (1978) encontramos las bases sobre las que se definen los principios básicos de la Atención Primaria de Salud, desarrollados luego en diversas literaturas y declaraciones emanadas de eventos internacionales y asumidos por la comunidad médica en varios países, incluso la de Cuba, cuyas ideas fundamenta-

nivel primario de salud se ubican los Equipos de Atención en las Unidades de Atención Primaria. Estos tienen un carácter interdisciplinar pues pueden estar conformados por médicos (de distintas especialidades), enfermeras, trabajadores sociales, antropólogos, sociólogos, psicólogos e historiadores. En estos equipos, el médico no tiene necesariamente la máxima responsabilidad, sino que se integra como un miembro más del equipo, que puede estar incluso dirigido por cualquiera de estos especialistas.

les concuerdan al referirse al reconocimiento de la salud como derecho humano fundamental bajo el principio bioético de la equidad y la justicia social; el acceso a los servicios básicos de salud de forma integral, gratuita, con enfoque educativo-preventivo, que garantice la cobertura universal acorde con las necesidades de la población en interacción con el desarrollo socioeconómico y medioambiental; la coordinación y participación multifactorial e intersectorial, así como de la comunidad en la solución de los problemas de salud. La implementación de la Atención Primaria de Salud difiere según los objetivos y características del sistema de salud en el que se enmarque. Varios son los ejemplos que pudiéramos mencionar, pero solo acotaremos el caso de España, donde en el

Sin embargo, la Atención Primaria de Salud en Cuba centra su modelo en el Médico General Integral, lo que limita el verdadero carácter multidisciplinar, donde las ciencias sociales están pobremente representadas, al contarse casi exclusivamente con trabajadores sociales de la salud y psicólogos, sin otros especialistas como sociólogos y antropólogos, por mencionar algunos. Por supuesto, no se

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puede ignorar que la formación de estos especialistas es limitada y a los graduados le resultan más novedosas otras esferas de actuación que la salud pública. De ahí que la identificación de la Atención Primaria de Salud como espacio social es muy útil para el médico general integral, pues permite captar la lógica más profunda del mundo social en que está inmersa, devenido en su objeto social y sumergirse en la particularidad de una realidad empírica, históricamente situada en espacio y tiempo en las comuni-

de “lo local comunitario”, expresado en la participación comunitaria en salud. En momentos de coyuntura epidemiológica compleja, como la enfrentada en los últimos meses del 2012 en varias provincias del país y en especial las de Granma y Santiago de Cuba, con brotes de enfermedades en cuya etiología, evolución y propagación influyen decisivamente los factores sociales, nos preguntamos dónde está el eslabón perdido que frena el éxito de las campañas sanitarias para su erradicación.

dades que la conforman y sus agentes. Por ello, en la Atención Primaria de Salud se precisa entender el papel de un conjunto de variables culturales que definen la representación social que tienen el paciente y los familiares acerca del médico y viceversa, así como del resto de los componentes objetivos y subjetivos del contexto social en el que interactúan médico-paciente-familia-comunidad. Es necesario tener en cuenta además que el deterioro de las condiciones de vida de la población, en especial tras el llamado período especial y la imposibilidad de la anhelada recuperación económica posterior con su consecuente reducción de las capacidades de supervivencia, son condiciones por determinar que comienzan a escapar de la acción de los programas de salud implementados en nuestro país (Albizu Campos, 2004). El proceso de perfeccionamiento del modelo social en el que se enfrasca nuestra sociedad actualmente exige mecanismos de implementación de cambios y reestructuración de los servicios de salud, incluido el nivel primario de atención, sin embargo, para que el mismo satisfaga sus objetivos, debe ser premisa indispensable la elevación del protagonismo

Para hallar la respuesta adecuada debemos reflexionar sobre una cuestión que en nuestro criterio va más allá y trasciende la fórmula mágica (para muchos) de la participación comunitaria en salud, aspecto sobre el que quizás no todos los actores y decisores tengan una idea clara, concreta o sensata. El punto clave de la cuestión, desde nuestro punto de vista, radica en la ausencia de la mirada inter y transdisciplinar que debe caracterizar la Atención Primaria en Cuba, que condiciona la ausencia de su reconocimiento como espacio social y conlleva tanto al desconocimiento o poco aprovechamiento por una parte de los Médicos Generales Integrales de las potencialidades de las prácticas culturales existentes en la población que atienden y su impacto en la salud; como el que en la práctica médica familiar se siga privilegiando la concepción asistencial, de sanación o curativa. Ello equivale a decir que el Médico General Integral no incorpora en la práctica médica familiar las características culturales de la comunidad que atiende, ignorando que la misma desarrolla un sistema de prácticas culturales vinculadas a la salud (Villarreal, J. 2012). Esto incide negativamente en la calidad, efecti-

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vidad y resultados de la labor de este especialista, y en consecuencia origina una mala práctica médica, lo que impide en no pocas ocasiones los resultados esperados en la aplicación de estrategias y programas en la Atención Primaria. Es una contradicción que se manifiesta entre las potencialidades e importancia que tienen las prácticas culturales comunitarias en el desarrollo de la práctica médica familiar y el pobre conocimiento y aprovechamiento de éstas por parte de los médicos generales integrales, elemento que limita y frena la participación comunitaria en salud

efectivo de los derechos sociales. Los asentamiento marginales auto-producidos y espontáneos que proliferan en nuestras ciudades en muchas ocasiones no están reconocidos legalmente y no disponen de estructuras de servicios, sus residentes acuden a ellos en comunidades cercanas, lo que apunta a la presencia de una franja de pobreza aún no cuantificada (Espina Prieto, 2008). Por todo esto, las características de estas comunidades demandan una atención diferenciada por los eslabones del sistema de salud, en especial la Aten-

(Villarreal, J. 2012). Desde disímiles criterios podrían explicarse fórmulas para superar esta contradicción; en el nuestro, incluiríamos una mayor inserción de especialistas de las ciencias sociales en los equipos de Atención Primaria (hoy en día se limitan a trabajadores sociales y psicólogos, con una muy limitada postura asistencial), que potencien el necesario enfoque socio antropológico del proceso salud-enfermedad. Razones de distinta índole reclaman cambios en la Atención Primaria de Salud: por una parte, el agotamiento del modelo de la medicina familiar; por otra, la persistencia en la morbilidad de enfermedades típicas de países subdesarrollados, (a contrapelo con las principales causas de muerte), como las infectocontagiosas y las gastrointestinales, vinculadas directamente a las condiciones higiénico sanitarias de las comunidades, la calidad del agua, la higiene de los alimentos, las condiciones de la vivienda y la nutrición, cuya superación exige acciones desde otros campos de la política social. Un elemento a ubicar en este análisis es que las estructuras y servicios que concretan la política social cubana están articulados a la territorialidad, y la residencia marca la posibilidad del ejercicio

ción Primaria de Salud, con miras a eliminar los indicios de exclusión manifiestos, dadas las condiciones de desempleo, precariedad laboral, contaminación ambiental, calidad del agua y mal tratamiento de los residuales; que matizan los patrones de comportamiento en salud, traducidos en prácticas y estilos inadecuados de vida, en la búsqueda de alternativas de curación y sanación no institucionalizadas, a la automedicación y otras manifestaciones que muchas

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veces ponen en riesgo la vida de las personas y que propician la aparición de brotes epidémicos de gran repercusión social. Nuestras investigaciones han podido constatar que en la Atención Primaria de Salud se presentan diversas deficiencias, que constituyen barreras para establecer y mantener una adecuada interacción entre las prácticas culturales comunitarias y la práctica médica familiar, por lo que actualmente se hace necesario más que nunca desarrollar reflexiones teóricas y metodológicas conducentes a proporcionar mejoras en este asunto de tanta importancia y significación para la vida humana. Una diversidad de causas objetivas y subjetivas han dañado la calidad de la práctica médica familiar y con ello la imagen de su principal eslabón, el médico general integral; el espacio mental que él representa, lo que se manifiesta con frecuencia en los estados de insatisfacción de una parte de la población, a pesar de que nuestro sistema de salud cuenta con los recursos humanos, la tecnología y la infraestructura suficiente, por lo que es imprescindible llenar el vacío existente con nuevas prácticas más eficaces de aprovechamiento de esos recursos. En ello confluyen diversos factores que pudieran sintetizarse en: •• La crisis económica y su repercusión en el sistema de valores morales de la sociedad y de los profesionales de salud.

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••

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La replicación del modelo a nivel de país no alcanzó el resultado logrado a escala de laboratorio. La falta de capacidad de adaptación del sistema de salud a los cambios necesarios (F. Sansó, 2005).

Esa situación resulta contraproducente pues en Cuba la atención médica es un derecho y constituye una prioridad basada en la equidad y la gratuidad como principios esenciales, a la que el Estado asigna un alto presupuesto: “Los principios de formación de todo el sistema de salud se resumen en su carácter integral basado en la filosofía de la prevención, planificación, participación comunitaria, responsabilidad estatal y derecho a ser disfrutado por todo ciudadano. Ellos regulan el espíritu de las políticas que se elaboran y aplican, y la organización y funcionamiento del sistema de salud” (R. Fleitas, 2006). En nuestro criterio, a la multiplicidad de factores que inciden en esta contradicción se debe añadir precisamente la ausencia de la consideración por parte de los médicos generales integrales de la dimensión cultural en la Atención Primaria de Salud, pues dentro de las causales subjetivas existen barreras culturales y epistemológicas en estos profesionales que requieren ser transformadas. Hoy se percibe un distanciamiento entre el rol social del médico y el que sustentó al Programa del Médico de la Familia en la concepción fundacional de 1984, lo cual hemos constatado al aplicar en el trabajo de campo diversos instrumentos como la consulta a expertos, cuestionarios y entrevistas. Diferentes mediaciones culturales de tipo comunicacional, semiológicas, tecnológicas, situacio-

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nales, socioeconómicas, familiares, institucionales y políticas, inciden en la interacción médico-paciente y en cambios del imaginario popular que se tenía del médico de la familia, confrontado con el funcionamiento del sistema representado por los médicos generales integrales. El estudio de casos realizado en las comunidades santiagueras antes mencionadas, y en otras de la provincia Granma como El Valle, Manopla y La Unión, en la ciudad de Bayamo, entre los años 2008 y 2011, permitió identificar algunas de las insuficien-

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médico con dicha población. 5. En no pocas ocasiones el trabajo del médico es afectado por cuestiones administrativas o de otro tipo, que provoca irregularidades, inestabilidad, ausencias e impuntualidades al servicio del consultorio. 6. Ausencia de una perspectiva discursiva centrada en los vínculos existentes entre comunicación y cultura que garantice un adecuado proceso de percepción, interpretación y

cias que caracterizan actualmente a la Atención Primaria de Salud en el caso objeto de estudio: 1. Las condiciones objetivas que en varios de los escenarios en que se produce la interacción médico-paciente son deficientes ante la carencia de inmuebles adecuados. 2. Condición de estructuras ausentes en algunos consultorios médicos de la familia, que han sido ocupados y destinados para otras funciones. 3. Escasean los médicos que viven en su consultorio y llevan una participación activa con su población en todo el proceso de su vida cotidiana, siendo más frecuente que el médico que vive en el consultorio se dedica a otras actividades en el policlínico o en otro nivel de atención, mientras que al consultorio médico de la familia asisten otros médicos que sostienen la consulta. 4. Con alguna regularidad, por falta de personal u otro motivo, la población de uno o más consultorios es atendida por un médico desde un consultorio cercano, lo que limita la capacidad de interactuar, accionar e identificar ese

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comprensión de la multiplicidad simbólica que interviene durante las relaciones sociales que se establecen entre el médico general integral y los demás actores sociales. 7. Vacíos epistemológicos para la construcción de un diagnóstico clínico que tenga por base un estudio sociológico del paciente. 8. El empleo en ocasiones desmesurado de la tecnomedicina, haciendo dejación por facilismo y mecanicismo del incalculable valor

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de los métodos clínico y epidemiológico, sin percibir que la tecnología forma parte de una cultura, que no siempre es beneficiosa para el paciente, crea desconfianza, limita la comunicación interpersonal y tiende a deshumanizar el proceso. 9. Desconocimiento de prácticas culturales comunitarias cotidianas y de los sentidos que dan los sujetos y grupos a sus prácticas sociales que implican valores, creencias, conflictos, desigualdades, resistencias, modos de vida, etc. (Villarreal, J. 2012). A lo anterior se agrega que existen numerosas normativas, regulaciones, instrucciones e indicaciones que rigen el trabajo del médico general integral, las cuales lejos de facilitar, constituyen barreras para la práctica médica familiar. Por ejemplo, el Programa del Médico y la Enfermera de la familia (La Habana, 2011) que establece 109 actividades a realizar por el Equipo Básico de Salud cuyo jefe es el médico. También incluye diez documentos de control que se llevan a nivel de consultorio, numerosos objetivos y acciones para la atención a grupos priorizados, ingreso en el hogar, interconsultas, docencia, investigaciones, además de una metodología para el control del trabajo del médico por parte del policlínico; es expresión de una centralización que puede impedir la autonomía de dichos profesionales y de las comunidades. Con el propósito de atenuar o eliminar las causales estructurales e institucionales que afectan la efectividad de las prácticas médicas familiares, se ponen en práctica actualmente un conjunto de medidas que fueron aprobadas en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, encaminadas a “Consolidar…el

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estudio del entorno social en el abordaje de los problemas de salud de la población…” (Lineamientos del PCC, 2011: 24). De ahí la demanda de un cambio de perspectiva en la Atención Primaria de Salud que permita transitar a un paradigma biosociocultural que posibilite ubicar de manera explícita la relación culturasalud para explicar los factores culturales asociados a los patrones de comportamiento en salud de la población, como trasfondo de la participación comunitaria en salud, así como sustentar los estudios

ra que en ellas también se encuentran las disímiles explicaciones a los comportamientos e interpretaciones que sobre la salud se van construyendo y socializando. La cultura determina la distribución socioepidemiológica de las enfermedades, pues desde un punto de vista local, la cultura moldea el comportamiento de las personas, que predispone a la población a determinadas enfermedades, mientras que desde el nivel global, las fuerzas político-económicas y las prácticas culturales hacen que las personas

en enfoques interdisciplinarios y transdisciplinarios, teniendo en cuenta que en los marcos comunitarios donde se instituye los individuos, familias y grupos sociales proyectan sus culturas, es decir, el conjunto de significaciones que orientan un modo de reproducir la realidad, adecuado a sus intereses, tradiciones, prácticas y representaciones. De mane-

actúen con el medioambiente de forma que puede afectar a su salud (Martínez, A.2007; Moncada, M, 2002). Todas las actividades de nuestra vida cotidiana están condicionadas culturalmente. La cultura modela nuestras conductas homogeneizando comportamientos sociales y, a su vez, haciendo distinguir las diferencias y las desigualdades. Por consiguiente, la cultura es una variable para explicar esas diferencias y desigualdades en los diferentes niveles de la sociedad. La incorporación de los factores culturales en los estudios y diagnósticos de salud desde la Atención Primaria reportan esencialidades de los comportamientos humanos; asimismo, dotan de una mayor integralidad en sus análisis, reflexiones, valoraciones y construcciones epistemológicas, pues complementan los estudios acerca de las enfermedades objetos de indagación. Los factores culturales facilitan no sólo el conocimiento de los

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rasgos distintivos que hacen diferentes a grupos humanos y asentamientos poblacionales dentro de un mismo espacio geográfico y social, sino además la comprensión de cómo se ha producido el desarrollo histórico, sus tendencias más significativas; también los factores culturales posibilitan la explicación de los nexos que se establecen entre las actuaciones de individuos y grupos y las dinámicas sociales. Los factores culturales no son dimensiones ni elementos a incorporar de manera aislada en el análisis, sino condiciones determinantes en tanto que reportan esencialidades de los comportamientos humanos. Aspectos como la religiosidad, las costumbres y tradiciones, aportan un conjunto de significados que no se pueden soslayar en los estudios de salud-enfermedad (Martínez e Illescas: 2007).

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Daniela Belén Carrasco Orellana1 ESTUDIO COMPARATIVO DE IDENTIDADES INDÍGENAS: MUJER, LENGUA Y PARENTESCO: UNA MIRADA CONTEMPORÁNEA A LOS PUEBLOS P’URHÉPECHA, EN MÉXICO, Y MAPUCHE, EN CHILE

RESUMEN El artículo muestra como la lengua constituye un elemento al que se le otorga relevancia dentro de ambos pueblos originarios, destacando como las diferencias generacionales entre los más jóvenes y

viejos han trastocado el elemento identitario. El valor simbólico otorgado a las lenguas puede estar en correspondencia con las posiciones identitarias que los grupos asumen para validar la diferencia cultural: Se es o no Se es mapuche o p‟urhépecha. Un elemento a rescatar de ambos casos es que la pérdida de la lengua se ha visto potencializada por la educación occidentalizada y la discriminación social. El aprendizaje de la lengua se da principalmente en el núcleo familiar por medio del proceso de endoculturación y para los más jóvenes el aprendizaje en la actualidad se da por medio de la educación intercultural bilingüe del sistema de educación formal impartido en las escuelas y que también responde a la demanda de derechos lingüísticos de los pueblos originarios en Latinoamérica. Palabras claves: indígenas, identidad, lengua, proceso de endoculturación, familia y comunidad.

Obtuvo su grado de Licenciada en Trabajo Social, defendiendo su tesis “Identidades indígenas: una mirada al pueblo P’urhépecha y Mapuche en la actualidad”, en la Universidad de la Frontera, Facultad de Educación, Humanidades y Ciencias Sociales. Departamento de Trabajo Social. Carrera de Trabajo Social, Temuco, Chile. 2012.

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ABSTRACS

intercultural education of the formal education system taught in the schools and that also responds to the demand on the linguistic rights of the indigenous peoples in Latin America. Key Words: indigenous, identity, language, endoculturacion process, family and community.

The article shows how the language is an element to which it gives relevance within both peoples originating in, highlighting how generational differences between the young and old have disrupted the identity element. The symbolic value accorded to the languages you can be in correspondence with the identity positions that the groups are to validate the cultural difference: it is or not is mapuche or p’urhepecha. An item to rescue of both cases is that the loss of the language has

La población del estudio se localiza en el estado de Michoacán de Ocampo, ubicado en el centrooeste de México (ver Mapa 1). Michoacán es la región donde tradicional-

seen endow by the westernized education and social discrimination. The learning of the language occurs mainly within the family unit through the process of endoculturacion and for the more young people learning at present is given by means of the bilingual

mente se ha asentado el pueblo P‟urhépecha. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en 2005 la población p‟urhépecha era de 105,556 hablantes de purépecha; de los cuales 50,079 son hombres y

Mapa 1: Localización del estado de Michoacán, México.

Fuente: http://commons.wikimedia.org

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Mapa 2: Municipio de Cherán y sus principales localidades.

Fuente: http://commons.wikimedia.org

55,477 mujeres2 (INEGI, 2008: 111); de ellos, 92 por ciento se ubica en el estado de Michoacán de Ocampo y, principalmente, en los municipios de Uruapan, Chilchota, Paracho, Nahuatzen, Los Reyes, Quiroga, Tangamandapio, Charapan, Cherán y Pátzcuaro3. El municipio de Cherán tiene una población de 14,245 habitantes; 6,802 son hombres y 7,443 son mujeres. La organización del pueblo de Cherán es de tipo español: el centro del pueblo se distingue por la plaza, alrededor de la cual está la iglesia, el palacio municipal, la escuela, y cercana a éste el mercado; además, en la plaza y en las calles aledañas se realiza los días miércoles, viernes y sábado los llamados tianguis, que es una forma de mercado tradicional existente en México desde la época prehispánica. En

el caso de Cherán, llegan personas desde otros pueblos o gente residente ahí a comercializar pescados, hierbas, frutas, verduras, comida, zapatos, ollas, vestimenta, etcétera. El pueblo se divide en 4 barrios, cada uno posee un santo patrón; se organizan por medio de manzanas, en cada barrio se organiza su asamblea comunitaria. El derecho a pertenecer a la membresía del barrio se obtiene con la residencia en él.

En Cherán se habla tanto el español como el p‟urhépecha, siendo el primero el idioma dominante en la localidad. En cuanto a la lengua indígena, existe un descenso de la población hablante en los últimos años, pasando de 4,969 en 2000 a 4,310 para el año 2010. De los hablantes del idioma p‟urhépecha en el 2010, se contabiliza que 2,044 son hombres y 2,307 corresponde a mujeres; sin embargo, de éstos solo 48 personas son monolingües, hablando solamente p‟urhépecha.

CONTEXTO ETNOGRÁFICO DE MAPUCHES EN CURARREHUE, CHILE Los Mapuches de Curarrehue se localizan en la región de La Araucanía, al sur de Chile, la cual limita al norte con la región del Bío-Bio, al este con la República Argentina, al sur con la región de los Ríos y al oeste con el Océano Pacífico.

Para el conteo población y vivienda de 2005, la categoría de indígena hablante de purépecha se aplica a personas de 5 años cumplidos o más, esta categoría responde a la pregunta: ¿Habla algún dialecto o lengua indígena? En caso de ser afirmativa la respuesta, una segunda pregunta dice: ¿Qué dialecto o lengua indígena habla? 3 Considerando a localidades con más de 3500 hablantes de p‟urhépecha en el 2005. 2

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La población de Mapuche, para el año 2002, era de 604,349 habitantes; de la cual, en la región de La Araucanía, era de 202,970 personas mapuches, correspondiendo al 33.5%, siendo el porcentaje más alto a nivel nacional. En la comuna de Curarrehue viven 6,784 habitantes, de los cuales 72 por ciento vive en sectores rurales de la comuna, siendo los principales sectores Catripulli, Quiñenahuin, Flor del Valle, Reigolil, Trancura y Epewkura (o Puente Basa Chico). La población vive una condición mayoritaria de ruralidad, pues alcanza 77.1 por ciento, y del total de población en esta comuna, los mapuches alcanzan el 50.2 por ciento. En Curarrehue se utiliza predominantemente el español como idioma principal, sin embargo también es utilizado el Mapuzungun por las personas mapuches de la comuna; son las personas mayores las que principalmente hablan el Mapuzungun.

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Mapa 5: Región de La Araucanía en el contexto nacional chileno.

Fuente: http://commons.wikimedia.org

Fuente: http://commons.wikimedia.org

LOS FACTORES DE IDENTIDAD DE LAS COMUNIDADES INDÍGENAS P’URHÉPECHA Y MAPUCHE El dominio de la lengua en el caso de los P‟urhépechas en Cherán Ser hablante del idioma p‟urhépecha (o Tarasco), es pertenecer a la mitad de la población. Ellos han logrado que la otra mitad tenga un nivel de uso, saber o entender un poco, pero no lo habla. En el caso de los hablantes, todos tienen más de 49 años.

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Y la población menor a los 25 años no habla ni entiende la lengua nativa. En cuanto al aprendizaje de la lengua, el hogar es el núcleo principal donde aprenden; se enseñan a través de los padres o los abuelos p‟urhépechas, hablantes del idioma, y lo aprendieron por medio de las actividades cotidianas realizadas dentro del grupo doméstico. Es en este tipo de socializaciones donde se puede ver principalmente el proceso de endoculturación, ya que, como señala Marvin Harris, el doméstico es un ámbito con “una experiencia de aprendizaje parcialmente consciente y parcialmente inconsciente a través de la cual la geMapa 6: Comuna de Curarrehue en el contexto regional.

Fuente: http://commons.wikimedia.org

neración de más edad invita, induce y obliga a la generación más joven a adoptar los modos de pensar y de comportamiento tradicionales” (2009: 144), ya que es este núcleo familiar donde las personas aprendieron, consciente o inconscientemente, su lengua, costumbres y tradiciones por medio de las generaciones más antiguas. En cuanto a la importancia que se le atribuye al idioma, todos los entrevistados reconocen lo importante que es hablar el idioma porque para ellos corresponde una herencia cultural dejada por sus antepasados. Además, se señala que la lengua los diferencia de otros pueblos o los hace distintos a otras personas. En ese sentido para ellos la lengua les entrega un sentido de identidad como pueblo, siendo un rasgo diferenciador para con otros, donde la lengua es un signo manifiesto de su cultura en base a la cual pueden crear una identidad sustentada en la diferencia.

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Otro de los aspectos abordados es los usos de la lengua, donde se señaló como principales usos la comunicación con las personas mayores, que son hablantes, y con la gente p‟urhépecha de otros pueblos que se encuentran alrededor de Cherán, donde la lengua se convierte en una herramienta indispensable para la comunicación. Por otra parte, la gente que es hablante señala que trata de usarlo, pero el uso sólo se remite al ámbito de relaciones interpersonales con personas de igual edad o mayores que ellos, ya que los jóvenes ya no saben hablar el idio-

población más joven no es hablante, dado que solo comprenden algunas cosas del idioma, pero estos afirman que el no hablar el idioma no los haría menos p‟urhépechas.

ma, por lo que utilizan tanto el castellano como el p‟urhépecha para comunicarse. Respecto a la lengua como indicador de pertenencia y de identidad todos señalan que es importante que un p‟urhépecha deba hablar su lengua, valorándolo como el idioma propio, siendo a la vez un indicador de identidad; los más enfáticos en señalar la importancia del hablar el idioma son las personas mayores. Por otra parte, existe la dicotomía de que la

las personas mayores de 50 años le atribuyen a la lengua, siendo para ellos un marcador de identidad. Las personas más jóvenes igualmente le atribuyen esta importancia a la lengua, sin embargo para ellos el no hablar p‟urhépecha no los hace ser menos p‟urhépechas, como se vio en la cita anterior. Esto se puede comprender desde la óptica de que si bien la lengua es un signo manifiesto de la identidad étnica muy importante, no es el único, por lo que el hablar el p‟urhépecha no es un factor determinante de la identidad indígena ni del sentido de pertenencia para los más jóvenes. En Cherán pude apreciar la pérdida del idioma en las generaciones más jóvenes. Esta pérdida se atribuye al proceso de aculturación vivido desde la colonización, que fue impulsado fuertemente por medio de las escuelas, ya que no existió una educación intercultural sino hasta hace muy poco, por lo que la transmisión de la lengua, y por ende de la cultura, se vio truncado por la imposición del

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“Que sí somos purépechas, pero ya no lo hablamos, son ya nuestras abuelas o ya la gente adulta es la que nada más la hablan, pero ya los jóvenes en la actualidad ya no” (Magdalena, 29 años, p’urhépecha).

En este sentido pude ver la importancia que

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español como idioma oficial. Otro de los factores que incidió en esta pérdida, de acuerdo con los entrevistados, era la discriminación que recibían las personas hablantes del idioma. Algunos entrevistados expresan que para no sufrir discriminación sus padres les dejaron de hablar en el idioma, por lo que las generaciones más jóvenes ya no aprendían de sus padres o abuelos. Esta discriminación es un factor que ha incidido en la pérdida de la lengua, ya que como se ha expresado, el aprendizaje del idioma, y de la cultura en general, ocurre en el primer núcleo de socialización de la persona, que es la familia. Sin embargo, a pesar de la pérdida del idioma en las últimas generaciones existe interés por impulsar y motivar el aprendizaje del idioma en los más jóvenes, ya que los más jóvenes han comenzado a mostrar interés por aprender el idioma y así rescatar su uso. Se puede ver la importancia de la lengua como indicador de identidad para los p‟urhépechas; se destaca que sí es un factor relevante y que correspondería un deber del p‟urhépecha hablar su idioma ya que por medio de éste se pueden trasmitir costumbres y tradiciones, destacándose la utilidad para comunicarse sobre todo con personas mayores y con hablantes de los alrededores. Un aspecto relevante a destacar son las instituciones que enseñan de manera formal el idioma, como el Instituto Tecnológico P‟urhépecha, o los cursos de verano que se

imparten y que intentan motivar a los más jóvenes a aprender el idioma y de esta forma contribuir a este aspecto de la cultura p‟urhépecha.

LENGUA EN MAPUCHES DE CURARREHUE Respecto del dominio de la lengua en el caso de Curarrehue, seis entrevistados declaran hablar el Mapuzungun, mientras los otros dos señalan no ser hablantes, sino que sólo comprenden un poco la lengua. En el caso de las personas hablantes, todos son mayores de 43 años; en el caso de las dos entrevistadas que señalan sólo entender el idioma, una tiene 33 y la otra 52 años respectivamente, pudiéndose ver, al igual que en el caso p‟urhépecha, que existe una diferencia generacional entre los que no hablan, los que sólo entienden y los que sí son hablantes del

Mapuzungun.

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Los tránstornos Estudio comparativo psíquicos de identidades de las sustancias indigenas: tóxicas Mujer y lengua y parentesco: una mirada contemporánea la práctica del trabajo a los pueblos social basada p´urhépecha, en evidencias en México, y Mapuche, en Chile

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Referente al aprendizaje de la lengua, en su mayoría los entrevistados señalan que aprendieron gracias a que sus abuelos y padres eran hablantes del idioma, siendo en las actividades domésticas el medio donde se dio este aprendizaje, ya que eran las abuelas y madres que mandaban a los informantes a realizar actividades domésticas o labores del campo, pero hablándoles solamente en Mapuzungun, por lo que el primer contacto, en muchos casos, fue primeramente con el Mapuzungun antes que con el español. En este caso otra vez se puede ver la importancia del proceso de endoculturación, que al igual que en el caso p‟urhépecha, es en el núcleo doméstico o familiar donde ocurren los primeros aprendizajes significativos relacionados con la cultura mapuche ya que es el primer proceso de socialización en el que se vincula el individuo a su familia. El aprendizaje de la lengua en las generaciones más jóvenes se vio truncado, de acuerdo con lo señalado, por la fuerte discriminación que sufrían los niños que hablaban el Mapuzungun en las escuelas, por lo que en muchas familias ya no se enseñaba y ello contribuyó a la pérdida del idioma en los más jóvenes. En la actualidad se imparte educación intercultural bilingüe en algunas escuelas de la comuna de Curarrehue, pero muchos de los aprendizajes adquiridos en la escuela no son reforzados en el núcleo familiar debido a que muchos de los padres ya no son hablantes. En cuanto a la importancia que se le atribuye al idioma, todos los entrevistados señalan la importancia que tiene la lengua como elemento que permite la trasmisión de la cultura por medio de la oralidad, donde a la vez se puede ver que los usos de la lengua se relacionan principalmente con la comunicación con las personas mayores que son hablantes, y se

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considera un deber responderles en Mapuzungun y no en español. Otro de los usos de la lengua que se explicitan es la utilización de éste durante ceremonias como el Nguillatun, el Wetripantü, rogativas, etc., donde se usa preferentemente el Mapuzungun para comunicarse. Además, algunos entrevistados utilizan el Mapuzungun dentro del núcleo familiar, ya que su esposo o esposa también es hablante. Otro elemento que se señala como importante de la lengua es que ésta otorga un sentido de diferencia frente a “otros”, siendo un elemento contrastante frente al “chileno” o no mapuche. Respecto a la lengua como indicador de pertenencia y de identidad, todos señalan lo importante que es hablar el Mapuzungun ya que es un elemento que los diferencia de los chilenos, puesto que para la mayoría de los entrevistados un mapuche debe saber hablar Mapuzungun. Como señala uno de los entrevistados: “Lógicamente tiene que saber hablar su lengua, si no, no es mapuche, si no sabe hablar no es mapuche” (Maximino, 69 años, mapuche).

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Al igual que en el caso de Cherán, son las personas mayores y hablantes las que ratifican la importancia de la lengua como portadora de identidad, y se señala que quienes no hablan el Mapuzungun no son mapuche de verdad. En el caso de las personas que sólo entienden el Mapuzungun, que son más jóvenes, dicen que si bien la lengua es un elemento muy importante no por no hablar el Mapuzungun son menos mapuche, ya que la cultura, y la identidad, pasa por muchos elementos más y no sólo por la lengua. De esta forma se marca una dicotomía entre

Se pudo apreciar en ambos casos que para las personas mayores no hablar la lengua es un indicador de que la persona no es mapuche o no es p‟urhépecha, no así para los más jóvenes, donde el sentido de pertenencia no sólo está dado por el hablar o no el idioma, sino también por la presencia de otras características como la vestimenta, los rasgos físicos, las costumbres, tradiciones, cosmovisión, etc. Un elemento a rescatar de ambos casos es que la perdida de la lengua se ha visto potencializada por la educación occidentalizada que se imparte en las

la importancia de la lengua como indicador de pertenencia e identidad, existiendo una diferencia entre las generaciones más antiguas y hablantes del idioma y las más jóvenes que ya no hablan o sólo comprenden el Mapuzungun. Claramente la relevancia que le entregan las generaciones más jóvenes a la lengua es menor y esto se atribuye a que si se toma la lengua como indicador de pertenencia, estos ya no serían mapuches para las personas mayores a pesar de que ellos se sientan y se identifiquen como mapuches. Esta situación se repetía en el caso p‟urhépecha. Como se puede ver, en ambos casos la lengua constituye un elemento al que se le otorga relevancia dentro de ambos pueblos originarios, existiendo diferencias generacionales entre los más jóvenes y viejos sobre la importancia que ésta posee como elemento que determina la identidad, donde la lenguas indígenas “además de ser reconocidas como un elemento identitario […] constituyen un modo de legitimar las representaciones de identidad construidas por los propios pueblos. Por otra parte, el valor simbólico otorgado a las lenguas puede estar en correspondencia con las posiciones identitarias que los grupos asumen para validar la diferencia cultural” (Longa, 2003: 26).

escuelas, y que por causa de la discriminación hacia las generaciones más antiguas éstas ya no trasmitieran el idioma a los más jóvenes. Al respecto, Alberto Bartolomé señalaba que “muchos indígenas se orientan a la renuncia de su lengua; el hablante no podrá olvidarla, pero puede evitar enseñarla a sus hijos (Bartolomé, 2004: 82)”. Muchos integrantes de estas etnias, por opción propia, no hablan su lengua indígena a pesar de conocerla. Ello tiene un origen en la historia: La educación occidentalizada fue impuesta por parte de los Estados, ya que era funcional para homogenizar a la población y crear una identidad chilena o mexicana. En cada caso: “La modernidad, como mito, justifi-

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cará siempre la violencia civilizadora -en el siglo XVI como razón para predicar el cristianismo, posteriormente para propagar la democracia, el mercado libre, etcétera-.” (Dussel, 1994: 80). De esta forma la lengua posee un importante lugar como constituyente de identidad, pero también tiene que ir de la mano con otros elementos para reafirmar el sentido de pertenencia, tanto individual como colectiva, ya que además es necesario el reconocimiento de la comunidad. Para los más jóvenes, si bien la lengua es relevante, no es determinante de la

nes presentan para las comunidades de Curarrehue y Cherán como elementos conformantes de identidad.

identidad. Entre los usos principales de la lengua se recalca el uso en los contextos rituales-ceremoniales y como forma de comunicación con personas de mayor edad hablantes del idioma. El aprendizaje de la lengua se da principalmente en el núcleo familiar por medio del proceso de endoculturación y para los más jóvenes el aprendizaje en la actualidad se da por medio de la educación intercultural bilingüe del sistema de educación formal impartido en las escuelas y que también responde a la demanda de derechos lingüísticos de los pueblos originarios en Latinoamérica.

el ciclo de vida de la familia, donde el grupo doméstico nuclear transita a su fase extensa cuando el hijo varón trae a su esposa a la residencia paterna y donde posteriormente éste se independizaría. De esta forma, todos los entrevistados señalan que, de acuerdo con las costumbres, la residencia postmarital sería de tipo patrilocal, existiendo excepciones a esta regla, dándose una residencia postmarital de tipo neolocal o bilocal en algunos casos puntuales como el fallecimiento de los padres del marido. En cuanto al tiempo de residencia en la casa paterna, es variable, pudiendo pasar desde unos meses hasta incluso años. Una de las entrevistadas vivió durante 7 años en la casa de sus suegros e incluso, varios de los casos se quedaron a vivir permanentemente en la casa de los suegros, heredando posteriormente la vivienda familiar. Al estar en la misma casa forman un solo grupo doméstico, utilizan una misma cocina y organizan un sistema de cooperación para aportar con los gastos de la casa. Esta forma de estructura familiar coincide plenamente con lo que plantea David Robichaux, cuando asegura que “en el ciclo de desarrollo de los grupos domésticos se manifiestan tanto fases de familia extensa como de familia nuclear. En su fase de expansión, el

SISTEMAS DE RELACIONES DE PARENTESCO Y LA IMPORTANCIA QUE SE LE ATRIBUYEN A ÉSTAS COMO CONSTITUYENTES DE IDENTIDAD En este apartado se abordarán las conclusiones resultantes de las entrevistas sobre el sistema de relaciones de parentesco que existen entre Mapuches y P‟urhépechas. Se identifican y describen: La tipología familiar, tipo de residencia postmarital, sistema de últimogenitura, las relaciones de compadrazgo, para finalmente contrastar la importancia que estas relacio-

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RELACIONES DE PARENTESCO EN P’URHÉPECHAS De acuerdo con lo que pude recopilar e indagar puedo señalar que en Cherán la estructura familiar en p‟urhépechas se manifiesta tanto en su forma nuclear como extensa, relacionándose claramente con

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jóvenes (desde los 15 años) muchas son inexpertas aún en estas labores, atribuidas principalmente a la mujer. Bajo sus costumbres, corresponde a la suegra enseñar estos quehaceres y así cumple un rol fundamental en la transmisión de las costumbres. Es por lo tanto a este proceso de enseñanza-aprendizaje que atribuyo el hecho de que se comparta la misma cocina en un comienzo, cuestión que determina la dependencia momentánea del nuevo matrimonio, quedando supeditada la joven esposa a las órdenes de su suegra, sin olvidar también otros factores de grupo doméstico inicialmente nuclear se transforma en familia extensa al casarse un hijo varón y traer a su esposa a residir en la casa paterna. De acuerdo con varios factores, los miembros de estas dos familias nucleares pueden comer juntos y compartir gastos, constituyendo un solo hogar” (2007: 41). Sin embargo, llega un momento en el que existe una diferenciación del grupo doméstico formándose más de un núcleo familiar, este momento está dado, en varios casos, por el nacimientos de los hijos, donde pueden existir dos variantes: a) Que el nuevo matrimonio se independice económicamente de la familia paterna, pero siga residiendo en la misma casa, independencia económica que se visualiza por tener una cocina propia donde se cocinen los alimentos de ese núcleo familiar; y b) Que la nueva pareja decida independizarse para formar su propio núcleo familiar, formando su nuevo hogar muchas veces en un terreno cedido por el padre para que ahí construyan la nueva casa. Un aspecto que creo necesario destacar es la finalidad que posee la residencia postmarital para los p‟urhépechas: El objetivo de residir en la casa paterna del marido es que la suegra instruya a la nuera en las labores domésticas, ya que al casarse muy

tipo económico-social que establecen la dependencia del nuevo matrimonio. En cuanto al cuidado de los padres, no pude apreciar una tendencia uniforme en el tema ya que algunos de los entrevistados señalan que el cuidado de los padres ancianos o enfermos le corresponde al hijo o hija mayor, otros al hijo o hija menor, y otros casos se señala que depende de quién quiera quedarse a su cuidado o de quién se quedó viviendo en la casa paterna hasta el final. Por ello, no se pudo establecer una tendencia al respecto que permitiera concluir que el sistema de cuidado de los padres se corresponda con el sistema de últimogenitura en la familia mesoamericana, que de acuerdo con lo planteado por Robles, “entre la población mexicana y centroamericana de la tradición cultural mesoamericana, cuando los padres arriban a la ancianidad, su cuidado es una responsabilidad que corresponde al últimogenito varón” (Robles, 2007: 354). Por otra parte en el caso de quedarse el hijo menor al cuidado de los padres, a éste le correspondería adjudicarse la casa que sería parte de la herencia familiar, cumpliéndose el sistema de últimogenitura o, en su defecto, heredaría quien estuviera al cuidado de los padres hasta el final.

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número total de compadres que poseen, ya que en el caso de los compadres de matrimonio la familia del novio y de la novia se hacen compadres, y de acuerdo con lo señalado, en este tipo de ritos las personas se pueden hacer compadres con otras 10 o 15 personas. Sin embargo, y como se mencionó anteriormente, uno de los compadrazgos a los que se le atribuye mayor importancia es el de bautismo, ya que implica un deber moral con el ahijado, ya que el padrino cumple con el rol de padre en caso de que Además del parentesco de tipo consanguíneo, pude corroborar que en todos los entrevistados existe el parentesco de tipo ritual que es mediado por el compadrazgo, al cual se le otorga un espacio relevante dentro del sistema de relaciones de parentesco. Existen cuatro tipos de compadrazgos fundamentales y que están relacionados con los rituales de paso en la vida de una persona: a) Los compadres de bautismo; b) de primera comunión; c) de confirmación y, d) de matrimonio. Es importante recalcar que el compadrazgo está fuertemente influenciado por el catolicismo, ya que se asocia a los ritos sacramentales ligados a esta religión. Según lo señalado, a pesar de que existen estos cuatro tipos principales de compadrazgo hay otras tantas variantes, como compadres de graduación o de cumpleaños, que para algunos pasa más por una moda o un interés de tipo económico que por formar lazos de parentesco con otras personas, ya que el compadre debe aportar con múltiples gastos en los que se incurren en este tipo de ritos, lo que conlleva, en muchos casos, no sólo una responsabilidad moral sino que también económica. Hallé que todos los entrevistados tienen más de un compadre, e incluso algunos no recuerdan el

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los verdaderos padres del ahijado falten. Además, se forma un lazo de tipo simbólico o ritual entre el padrino y el ahijado, pudiendo éste influir también en su crianza, de ahí la importancia de elegir con cuidado al padrino ya que este tiene el poder, y el deber, de incidir en la crianza de los ahijados, respondiendo así a una relación de reciprocidad y ayuda mutua entre los compadres. Como plantea Cucó: “El tipo de relación que se establece entre los compadres [es]: de reciprocidad y confianza, respecto, afecto y ayuda mutua “(1995. 43). La forma de elección del padrino se realiza generalmente por afinidad o amistad, pero se pone énfasis en que la persona elegida cumpla ciertos requisitos como un buen comportamiento o ser una persona respetuosa, para que la persona elegida se transforme en un buen ejemplo para los hijos, aunque no es menormente mencionado aquellos casos en que las personas eligen compadres por un interés de tipo económico, vinculándose esta elección a una posible forma de ascenso social. Por ejemplo, algunas personas elijen como padrinos de sus hijos a quienes les puedan dar empleo a su hijo o sean personas con estatus socioeconómico alto. Ello coincide con lo planteado por Cucó frente a las relaciones de compa-

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drazgo, cuando señala que son “relaciones que, además de ser voluntarias, son socialmente concebidas como relaciones de igualdad, incluso en el espinoso caso de que corten las barreras de clase” (1995. 43), aunque en la mayoría de los casos se recalca que la elección se realiza en observancia de las cualidades de respeto y buen comportamiento.

RELACIONES DE PARENTESCO EN MAPUCHES

liar mapuche, que se reafirma por el tipo de residencia postmarital, donde la mayoría de los entrevistados señalan que ésta sería en la casa del novio, por lo que se trataría de una residencia postmarital de tipo virilocal, en el cual el tiempo de residencia puede variar desde unos meses hasta unos 4 años aproximadamente. Aquí la independencia estaría dada por factores económicos. Una entrevistada señala al respecto: “Siempre se van a la casa de los papás del novio, qué se yo, un año, dos años. Si el hombre es trabajador hará luego casa y llevará a su señora… en el caso de mi hermano la

La estructura familiar que pude encontrar en el caso de Curarrehue se expresa tanto en su forma nuclear como extensa. Al igual que lo describe Tereucán, el grupo doméstico habita en una misma ruka (casa), el cual “contempla a todas las personas que viven bajo un mismo techo; es decir, incluye a los padres, hijos varones casados y sus familias, hijos e hijas solteras, y otros parientes como los padres del jefe de familia” (Tereucán, 2008: 80)”. El número de integrantes varía del acuerdo con el ciclo de vida familiar en el que se encuentra presente el grupo doméstico. Se destaca la importancia de la patrilínea en la estructura fami-

hicieron al tiro, él se fue a vivir a la casa con mi mamá, pero como a los 5, 6 meses tuvo trabajo, compró un sitio, comenzó a hacer su casa y ya paro un par de tablas y se fue pa’ su casa” (María , 33 años, mapuche).

Asimismo, una vez que el marido construye la casa se pueden independizar. Muchas veces el padre del novio les cede un terreno para la construcción de la casa o compran un terreno cercano a la familia del novio. Muchos recalcan la labor fundamental del hombre al momento de independizarse ya que si el hombre es “flojo” o no es “trabajador” más se prolongará el tiempo de residencia con los padres de este. Respecto al sistema de cuidado de los padres en la familia la mayoría de los entrevistados señala que le corresponde al hijo o hija menor, existiendo excepciones donde queda el hijo mayor al cuidado de los padres, pero de acuerdo con lo relatado, tradicionalmente esta labor corresponde a quien se quede viviendo hasta el último en la casa, que puede ser tanto el hijo o hija menor, el

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estuviera, pero puede darse el caso de que incluso el hijo mayor asuma el rol de padre aun cuando el padre esté vivo. En este rol, el hermano mayor tiene la facultad y deber de cuidar a sus hermanos menores, como señala uno de los entrevistados: “El mayor no sufre igual que el menor… igual que yo, yo sufrí harto… yo todas la cosa que traía de Argentina era para puro comer, yo no ganaba nada para mí, solamente ganaba para comprar ropa y todo lo demás era para traerle

inan. De acuerdo con Tereucán, en la familia ma-

para ayudar a criarse a mis hermanos, traía la harina,

puche “cuando hay más de un hermano hombre, es el último hijo varón — llamado inan — quien se hará cargo del cuidado de los padres; los otros hermanos construirán sus casas en terrenos que el padre les herede, ubicados generalmente cerca de la casa paterna” (Tereucán, 2008: 81). Si bien lo encontrado en las entrevistas coincide con que es el hijo menor el que queda al cuidado de los padres, no se diferencia entre géneros, en el cual se prefiera al hombre por sobre la mujer en esta labor, sino que este rol lo pueden ocupar indistintamente el hombre o la mujer. En el caso del sistema de herencia sucedería lo mismo, ya que la posibilidad de heredar la casa paterna es tanto para el hijo o hija menor, ya que el menor posee el derecho de quedarse con la casa por cuidar hasta el último momento a los padres, existiendo una alta valoración del papel que juega el menor dentro de la familia ya que se ve como un sacrificio el hecho de entregar la vida al cuidado de los padres. Además, se realiza una diferenciación de los roles dependiendo del género, ya que — de acuerdo con los entrevistados — el hijo varón mayor suele ocupar el rol del segundo padre cuando éste ya no

traía la yerba, traía la grasa, hasta carne traía, carne de

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Argentina” (Maximino, 69 años, mapuche).

El rol del hijo mayor posee una importante valoración en la familia ya que, hasta que se casa, trabaja para criar a sus hermanos menores y estos deben obedecerle “como si fuera un padre”. En cuanto a la hermana mayor, esta cumple la labor de madre, contribuyendo en las labores domésticas, cuidando y ayudando a criar a sus hermanos menores. En cuanto al hijo menor, se señala que es el “regalón” de la familia, por lo que no se le exigen grandes cosas o esfuerzos como al hermano mayor, quien debe contribuir económicamente a la familia, sino que al menor más bien se le ve como compañía para el padre en las labores del campo. Respecto a la hija menor, esta es la que “se queda acompañando a la mamá”, y en muchos casos es guardada con recelo por los padres ya que era malen (doncella, jovencita), donde se señalaba que antiguamente incluso no se le dejaba salir mucho de la casa para que no fuera vista por hombres que la fueran a pretender como esposa y así quedara soltera para que se dedicara al cuidado de los padres, ya que si se casaba implicaría que se iría a residir a la casa de su marido.

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A pesar de que el sistema de herencia y cuidado de los padres se sigue dando en la actualidad, cada vez con mayor frecuencia se ve modificado por la migración campo-ciudad de los hijos en busca de trabajo. Entonces ya no es el hijo o hija menor el que queda al cuidado de los padres, sino que simplemente el que se queda residiendo en la casa paterna hasta el final. En cuanto al compadrazgo, como forma de parentesco ritual, la mayoría señala que sí existe en la actualidad, pero que no es propia de la cultura Ma-

es costumbre que se adoptó no hace mucho. Esto lo atribuyo a que el papel que cumplen los compadres en la actualidad lo asumían anteriormente el hermano o hermana mayor, siendo innecesario el tipo de vínculo no consanguíneo mediado por el compadrazgo, vínculo que se ha visto influenciado por la religión católica no sólo en Chile sino también en México, como se vio en el caso de los p‟urhépechas. Como elementos conformantes de identidad, las relaciones de parentesco son fundamentales, ya

puche, por ser un sistema que se vincula a la Iglesia Católica, al igual que en el caso p‟urhépecha. En cuanto a la importancia que se le otorga por los entrevistados, en su mayoría, señalan que lo consideran importante ya que el padrino cumpliría el rol de un segundo padre en el caso de que faltaran los padres del niño. Además se expresa que este vínculo ritual se basaría en la reciprocidad en el cual los padrinos se visitarían y se ayudarían mutuamente. Como señalé anteriormente, algunos de los entrevistados expresan que el vínculo ritual del compadrazgo no sería propio de los mapuches, y que

que como señala Giménez (2006), este es un fundamento esencial para la pertenencia grupal. Como he expresado en párrafos anteriores, es en el núcleo familiar en el cual se facilita el proceso de endoculturación por medio del cual las generaciones más jóvenes aprenden tradiciones, sistemas de valores, la lengua, el complejo religioso-ritual, entre otras cosas, y que va situando al individuo dentro de un espacio social en el que comienza a ser reconocido primero por su sistema de parentesco y posteriormente por la colectividad, pero en ambos casos se destaca la importancia de transmitir la lengua, tradiciones y cosmovisión, como pueblos originarios de las generaciones más jóvenes. En el sistema de parentesco, que por lo demás puede ser consanguíneo o ritual, se expresan mecanismos de reciprocidad que por un lado crean el sentido de sí mismo de la persona y el sentido de nosotros respecto de su familia o grupo doméstico. Estos mecanismos de reciprocidad se dan tanto en p‟urhépechas como en mapuches, por ejemplo en el establecimiento social de los roles de los hijos. En ambos casos al hijo menor, hombre o mujer, se le asigna el cuidado de los padres, de lo cual obtiene el beneficio de obtener como herencia la residencia familiar.

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Marisa Mesina Polanco1

REVISTA ANTROPOLOGÍA SEXUAL

RESEÑA: La revista Antropología Sexual es una publicación interesante, editada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Su formato es muy fácil de leer y transportar. Es pequeña, del tamaño de un libro de bolsillo y su lectura es ágil. Ha sido escrita cuidando que los artículos que en ella aparecen sean de calidad académica. En cada artículo puede una encontrar claramente definidos los objetivos que se persiguen por los autores con los escritos que presentan y una profunda revisión de literatura científica da sustento a lo que escriben. El contenido de esta revista está formado por 10 artículos de fondo y tres reseñas de libro. Este número está dedicado al tema de la masculinidad. Cada uno de los artículos abordan la temática desde diferentes miradas teóricas. Homofobia, crisis, identidades múltiples, derechos humanos, discriminación y violencia son conceptos que aparecen en

los diversos artículos, transverzalizados por el tema del poder y las masculinidades. El primero de ellos, La masculinidad polimórfica y el poder polifónico escrito por Edith Yesenia Peña Sánchez y Joan Vendrell Ferré se dedica a

Profesora e Investigadora facultad de Trabajo Social, Universidad de Colima, México.

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el surgimiento de nuevas maneras de ser hombre, que se expresan en plural, como nuevas masculinidades. Una pregunta esencial que el autor se hace es si sería oportuno dejar de asignar el género en función del cuerpo sexuado y empezar a hacerlo a partir de rasgos de comportamiento. Esto,

explicar la relación que existe entre masculinidad y poder . Su punto de vista está sustentado en un enfoque de sociedades complejas y argumenta en torno a las diversas masculinidades y femineidades que son atributos de género, más que rasgos característicos de hombres y mujeres. Estas diversas manifestaciones de la sexualidad humana dan cabida a diferentes maneras de ejercer el poder, que no necesariamente es un poder masculino, desde donde argumentan los autores. No les platico más para que lean este artículo con detenimiento. Las fracturas del género y y la crisis de la masculinidad es un artículo de Joan Vendrell Ferré, en donde se discute la masculinidad como un atributo de género que está cambiando, a raíz de un cuestionamiento de la masculinidad tradicional que ha permitido

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para Vendrell permitiría ver lo masculino o las masculinidades como diversas expresiones del poder para dominar, mandar y hacer sobre otros, donde los hombres siguen teniendo dominación de género sobre lo social femenino. Les invito a leer el artículo y a dejarse llevar por la polémica. Creo que resultaría algo interesante de ello.

Salvador Cruz Sierra aborda en su artículo La homofobia en los crímenes de odio y el homicidio masculino: expresión del poder, de la sexualidad y de género, las dimensiones del poder ejercido sobre aquellos y aquellas que tienen preferencias sexuales distintas a la heterosexual, que se refleja no solo en la violencia directa que se ejerce sobre aquellos que no tienen un comportamiento dentro de un rol socialmente definido, sino que está presente en

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otras violencias más sutiles, como son dificultades para el acceso a recursos, pérdida de estatus y privilegios. Travestismo, transexualidad y transgénero, de Juan Luis Alvarez-Gayou Jurgenson intenta, con éxito, explicar las características de estos comportamientos sexuales y resalta sus diferencias. En este artículo se aprende que el trasvestismo es el gusto de una persona por usar prendas de vestir, lenguaje, maneras de actuar y accesorios que una época o sociedad a asignado al otro género; que la transexualidad es la búsqueda de establecer concordancia entre el cuerpo y la identidad sexual y el transgénero es aquella persona que vive las veinticuatro horas del día un rol cruzado, aunque rara vez buscan una reasignación del sexo mediante operaciones de tipo quirúrgico que supongan reasignación de sexo, como pasa con los transexuales. El capitulo concluye con pequeñas notas relacionadas con sexualidades diversas poco conocidas, como la transexualidad secundaria, la distrofia de género, el bigenerismo y la autoginefilia. No comentaré mucho al respecto. solo quiero hacer incapié que la diversidad sexual se complejiza en la medida que se conocen a detalles nuevos casos y las diferencias genéricas entre unos y otros.

si esta condición humana es cuestión de patología, identidad o proceso, en un artículo que se encuentra entre las páginas 68 a la 88. Ella parte de la idea de que el sexo y el género son ejes en el proceso de socialización y sexuación, base de toda forma  de organización social  humana, construidos en el  discurso y manifestados social y políticamente. El sexo y el género ha permitido clasificar y diferenciar  a los seres humano y regulan el funcionamiento social, legal y moral de los mismos. En la medida en que las sociedades se complejizan, se vuelven también complejas las identidades humanas, de tal forma que las divisiones dicotómicas de hombre/mujer, femenino/masculino no son suficientes para nombrar la diversidad sexual, concebida como comportamientos humanos asociados a la sexualidad. En ese sentido, todos: heterosexuales, lesbianas, gays, transexuales, trasvestis, transgéneros, bisexuales e intersexuales somos parte de esa diversidad sexual que nos brinda identidad, porque a partir de donde nos ubicamos es como hablamos de nosotros mismos y de los demás. 

Edith Yesenia Peña Sánchez abunda en la temática de la transexualidad y busca responder a la duda de

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Hablar de diversidad sexual permite incluir en el discurso social y político las identidades que eran excluídas en un mundo dicotómico donde solo había hombre/mujer, femenino/masculino, donde las únicas   asociaciones de género permitidas son hombre/masculino y mujer/femenina. La diversidad sexual explica las discordancias entre el sexo  y el género, mismas que no pueden explicarse desde miradas más biologistas y anatomistas, sin caer en considerarlas anormalidades.  Al respecto de los transexuales, Yesenia dice que lo que sucede es que las personas no se identifican con su sexo y quieren pertenecer a la otra identidad sexual socialmente aceptada, sin proponer una nueva identidad. Cuando esto pasa, se refuerza el sentido dicotómico del sistema sexo género. En el momento en que se busca reconocer la diversidad sexual es cuando la transexualidad permite identificarse como otro grupo diverso y que requiere de espacios diferentes, apoyos sociales diferentes, leyes diferentes y reconocimiento identitario diferente, buscando despatologizar a la transexualidad y hacer leyes más incluyentes. El artículo de Yesenia se complementa con el siguiente, denominado Transexualidad, salud y derechos humanos, escrito por David Barrios Martínez, quién aborda el tema desde la transfobia y la necesidad imperiosa de construir una cultura de respeto a la  diversidad sexual.

El concepto clave en este artí98

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culo es la discordancia de género: para el autor, la discordancia es cuando en el ser humano no logra concordar su exterior con su interior, el soma con la  psique, el cuerpo con la identidad de género. Analizar las ideas sobre la transexualidad llevan a considerar tres aspectos : ignorancia, prejuicios y patologizacion, que son las barreras que impiden una integración social de las personas transexuales. Derechos humanos y discriminación por orientación o preferencia sexual y por identidad o expresión de género en México de Emilio Álvarez Icaza Longoria, Analiza los avances y desafíos relacionados con la orientaciòn o preferencia sexual, que prevalecen en nuestro país desde los derechos humanos y a partir de investigaciones reralizadas por la comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Hace incapié en que la comunidad LGTTTBI ha tenido una participación activa en la visivilización de la problemática social a partir de las preferencia sexuales de las personas. Mujeres, lenguaje y discriminación, de Ana María Fernández Poncela habla de la violencia verbal hacia las mujeres a través de la lengua española. Su

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punto de análisis es la invisivilización y desvalorización de las mujeres y de cómo a través del lenguaje se refuerzan roles y estereotipos que discriminan a las mujeres. El concepto que Ana María trabaja es el androcentrismo lingüístico, que opera la exlusión e invisivilización de las mujeres en cuanto no son percibidas, vistas ni nombradas. También se centra en el sexísmo, considerada como quella actitud que desvaloriza y menosperecia a las mujeres. El texto analiza chistes, frases y palabras que no voy a nombrar aquí, para que les den ganas de leer el artículo. Solo les comento que entre las conclusiones destaca el hecho de que es necesario hacer cambios en el lenguaje para nombrar a las mujeres, buscando eliminar prejuicios y visibilizarlas. Mar de indicios. Imágenes de la violencia feminicida y la pornografía sádica en Ciudad Juárez, de Rosa María González Ramírez revisa algunos feminicidios ocurridos en Ciudad Juárez y se centra en la violencia de género a partir de una revisión de

fotografías pornográficas publicadas en revistas, internet y libros. Las fotografías se contrastan con las lesiones que describen los reportes forenses. El artículo se centra en la normalizacón que se hace de la violencia hacia las mujeres a partir de conceptos como “industria cultural” de Adorno y “mal radical” de Kant, que origina la pornografía sádica radical considerada como móvil de los feminicidios de Ciudad Juárez, como manifestación de la violencia específica denominada feminicidio sádico sexual. El construccionismo social y la antropología de la sexualidad de Lilia Hernández Albarrán y Edith Yesenia Peña Sánchez hace un alto en las dos corrientes teóricas que han fundamentado la antropología de la sexualidad. La influencia cultural de estudios sobre la sexualidad de Malinowski, Mead y RadcliffeBrown retoman la sexualidad como un espacio de reflexión científica, enfatizando en el papel de la cultura en el aprendizaje, comportamientos y ctiudes sexuales y aportan los estudios etnográficos para analizar la heterosexualidad, la homo-

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Factores que condicionan la violencia intrafamiliar hacia el adulto mayor:una mirada desde el trabajo social

sexualidad y en general, todas las manifestaciones de la sexualidad masculina y femenina. La otra teoría, el construccionismo social, se enfoca en las normas, pautas, instituciones y discursos sociales que tienen que ver con la socialización y la sexualización a través de las cuales pasamos todas las personas, para convertirnos en sujetos sexuados. La revista también contiene reseñas de libros. Los libros reseñados son tres: Prueba de Fe, Susana. Memorias del table dance y El origen del

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mundo. No voy a hablarles de ellos, pero lo que puedo decirles al respecto es que después de leer las reseñas me dieron ganas de comprar los libros y leerlos. Si el propósito de toda buena reseña es despertar el interés por la lectura, les aseguro que las reseñas tuvieron ese efecto en mí. Espero que el recorrido de hoy por la revista Antropología sexual número tres haya logrado inquietarlos. Si les han dado ganas de leerla, habré cumplido con mi tarea. Muchas gracias por su atención.

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REVISTA TRABAJO SOCIAL SINFRONTERAS

SEGUNDA CONVOCATORIA 2013 del 4 de agosto al 31 de octubre de 2013 TEMA: GÉNERO A DEBATE CRITERIOS PARA LOS ARTÍCULOS

ARBITRAJE: Con la finalidad de garantizar la calidad científica de la revista Trabajo Social SinFronteras, los artículos deberán abordar la temática del campo del trabajo social y las ciencias sociales; serán analizados por los editores para determinar si se apegan a la guía para escribir artículos; una vez cubierto este paso, se someterán a tres árbitros para determinar la procedencia de su publicación, tomando en cuenta: relevancia, actualidad científica e innovación del conocimiento.

EXCLUSIVIDAD Los trabajos enviados deberán ser inéditos; sus autores se comprometen a no someterlos simultáneamente a otras publicaciones similares.

CARACTERÍSTICAS DE LOS TRABAJOS ACEPTADOS Deberán ser preferentemente resultados o avances de investigaciones originales y de alto nivel, poniendo énfasis en su relación con la profesión del Trabajo Social. Notas científicas. Revisiones críticas de investigadores, en el ámbito del trabajo social y áreas afines: socioeconomía, políticas sociales, educación, desarrollo social, cultura, metodología etcétera.

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RECEPCIÓN DE ARTÍCULOS 1. Los interesados en publicar artículos en Trabajo Social SinFronteras, Revista para el Debate Intercontinental deberán ser entregarlos en versión electrónica. 2. La recepción de artículos no implica necesariamente su publicación. La decisión será tomada por el Comité Científico, después de ser sometidos al arbitraje correspondiente. 3. Los trabajos deberán enviarse, de preferencia, por correo electrónico a la siguiente dirección: revista.ts_sinfrontera@live.com, en archivo adjunto donde, utilizando procesador word o compatible, deberán respetar los puntos básicos de la estructuración de los artículos que se describen más adelante. 4. La Dirección de la Revista informará a los autores sobre la recepción de los originales y sobre el resultado del proceso de arbitraje, en un lapso máximo de dos meses. No se devolverán originales. 5. Al enviar un original su autor o autores aceptan que, si el arbitraje es favorable, se publique en la revista y sea puesto en línea a texto completo en la página electrónica de la revista Trabajo Social SinFronteras. La revista, por su parte, reconoce el derecho de cada autor de publicar el texto en otros medios o formas que considere convenientes, mencionando el hecho de que ha sido publicado previamente y dando la referencia completa. 6. La revista enviará sin costo a cada autor dos ejemplares del número de publicación en el que aparezca su texto, así como cinco separatas del mismo.

ESTRUCTURACIÓN DE LOS ARTÍCULOS LOS PUNTOS BÁSICOS QUE DEBERÁN TENER LOS ARTÍCULOS CIENTÍFICOS: 1. TÍTULO conciso que indique la esencia del trabajo. 2. NOMBRE(S) de autor(es): Filiación, dirección postal completa, correo electrónico. 3. RESUMEN: Síntesis del texto no mayor de doscientas palabras de extensión en español e inglés. El resumen deberá contener conceptos importantes, correlaciones y conclusiones importantes. 4. PALABRAS CLAVE: Palabras que indiquen de qué trata el artículo, no incluidas en el título. 5. SUMMARY: Versión en inglés del resumen, incluso palabras clave (key words).

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6. INTRODUCCIÓN Y MARCO DE REFERENCIA: Breve y mencionar la problemática relacionada con el trabajo, importancia, objetivos. Incluir los antecedentes bibliográficos que fundamenten la metodología y objetivos planteados en la investigación. 7. METODOLOGÍA: Describir de manera completa pero breve las técnicas, materiales y equipos utilizados. 8. RESULTADOS: Aquí se incluirán los resultados obtenidos, de forma clara, concisa, completa y concreta. 9. DISCUSIÓN: Se dará la explicación de los resultados obtenidos y su confrontación con trabajos anteriores. Aquí se desarrollan las aportaciones científicas, se puede recurrir a las sistematizaciones, deducciones, inducciones, y el apoyo fundamental es la revisión de literatura. 10. CONCLUSIONES: Son aseveraciones derivadas de los resultados obtenidos. Debe haber correspondencia con los objetivos de la investigación. 11. LITERATURA CITADA: Las citas bibliográficas, otras fuentes 12. EXTENSIÓN DEL ARTÍCULO:

- Artículo científico: 16 cuartillas

- Reseñas: 8 cuartillas.

- Notas científicas: entre 3 y 5 cuartillas.

- Sistematización de experiencias prácticas: 6 cuartillas.

- Reportajes: 4 cuartillas.

- Entrevistas: 5 cuartillas.

13. Los artículos de investigación serán escritos a espacio y medio, incluyendo cuadros y creferencias bibliográficas utilizadas en el texto (únicamente). 14. Los cuadros y gráficas se incluirán al final, numerados; se indicará en el texto el lugar en que deberá insertarse cada uno. Se procurará evitar notas, pero en caso de haberlas se incluirán también al final, con llamadas de atención numéricas en el texto. 15. Las citas bibliográficas irán entre paréntesis en el texto, con el formato siguiente (apellido, año, páginas). Las referencias completas se incluirán al final, de la siguiente forma:

- Libros: Apellido, nombre, año, título del libro en cursivas, ciudad, editorial.

- Artículos de revista o capítulo en libro: Apellido, nombre, título del artículo

o capítulo entrecomillado, título de la revista o del libro en cursivas, volumen,

año, número, ciudad, editorial

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