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Negritud como pensamiento y posici贸n

Ezequiel Fern谩ndez 1


¿Qué decimos cuando decimos negritud? Al enfrentarnos al término negritud, se nos representa, tal vez, de manera casi automática lo negro que, sin entrar en profundidades artísticas o metafísicas, podemos significar como aquello que es de un color y no de otro. De esto, por ejemplo, vamos encontrando de alguna manera lo negro y logramos de alguna manera irlo definiendo: el negro no es rojo, el negro no es amarillo. A estas comparaciones que nos permiten definir, se suma el de que el negro no es blanco, y si se quiere una acepción positiva y definitoria: el negro es el opuesto del blanco. Bien, habiendo dejando estos puntos, que parten de la paleta de cualquier acuarela, nos resta retomar y decir que lo negro, artística, social y religiosamente ha sido inducido como lo no blanco, como lo carente de claridad y muy vinculado con la oscuridad. A diferencia de los muchos colores, el negro no negro oscuro o negro claro, es negro sin más. Es sinónimo de oscuridad, de pérdida, de desazón y de angustia. A la vez, durante mucho tiempo, todo lo oscuro y vinculado con lo misterioso, y porque no peligroso o respetable, ha sido negro, incluyendo aquí las sotanas y los uniformes fúnebres.

La negritud, si se quiere arriesgar algo, es la epifanía de lo negro, la manera en que se puede ver aquello que vemos, de manera distintas y personales. Yo no veo lo negro como ustedes, y ustedes no lo reciben como yo, quedándonos conforme cada uno de nosotros como las propias percepciones, que de alguna manera consideramos universales. Pero que cosa tan obvia y poco relevante pensará alguno de ustedes, pero es así…y donde más se nota es cuando esto que nosotros percibimos como cierto roza y penetra en fibras vitales, y para decirlo sin muchas vueltas, cuando se apropia de la vida misma. Partamos de unas palabras de Aimé Cesairé:

“mi negritud no es una mancha de agua muerta en el ojo muerto de la tierra, mi negritud no es una torre ni una catedral se zambulle en la carne roja del suelo se zambulle en la carne ardiente del cielo”1.

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CESAIRÉ, AIME. Cuaderno de un retorno al país natal.

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Pero lo negro, más allá de todas sus acepciones, esconde una esencia, si, una manera de ser algo, de aparecerse y manifestarse a la realidad como algo definido, como algo que es, y a esto lo llamaremos negritud.

Negritud como pensamiento y posición

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omencemos con algo simple, sin con esto afirmar que después complejizaremos, pues, bien vale aclarar en estas primeras líneas lo iniciático de este trabajo en variadas aristas. Si, es inicio de un descubrimiento, o desvelamiento para algunos, de algo un tanto simple de entender pero complejo de tejer. Hablaremos de la negritud, de aquello que quiero presentarles como filosofía, si se quiere, de aquellas del tipo motoras, que no se contienen totalmente en movimientos, literaturas o pensamientos fugases, sino que más bien, se rebalsa de ellos, dejando algo adentro, y se reparte en variadas y diversas partes. La negritud es filosofía porque sobrepasa los límites del papel y toca la fibra de la vida, pasando y dejando de la mera ideología. La negritud, el sentir negramente el mundo, es un torrente de imaginarios que se encauza en la revolución reivindicadora. La negritud es acción, por tanto es filosofía que desde una situación concreta responde a una realidad entera, ahora veamos cómo.


Como apreciamos, el autor de este fragmento nos remite, de manera pensada y clara a la esencia de la negritud. Aimé Cesairé, para algunos el padre de la negritud, afirma: “tengo la impresión de que de que este concepto es un poco de creación colectiva. Yo empleé la palabra por primera vez, es cierto. Pero es probable que en nuestro círculo todos habláramos de este término2”. Justamente este empleo de la palabra es lo que caracteriza a la negritud. Si es momento de definir lo que es la negritud, hagamos concepto desde lo que se fue sintiendo. Una filosofía, que responde al porqué filosofamos de François Lyotard, nos diría que importa la persona del filósofo, la palabra que pronuncia y el contexto que genera tal pensamiento que se convierte en filosofía cuando moviliza, acciona.

Para avanzar, hablemos en plural, porque esta filosofía de la negritud se hace de la variedad. Según el diccionario web de la UNAM, es decir, según que desde lo que ahí se piensa y escribe, “la negritud es un proceso de desalienación, como una esencia, como un modo de ser negro, un estilo estético, como una toma de conciencia o una rebelión”. Es un modo de estar y hacerse de manera emancipada, si, emancipación y liberación se tocan, aunque valdría hacer una gran diferencia disertada y concentrada de estos términos. Valgan por ahora decir que

“emancipación implica rituales que significan el ingreso a un estado de derecho, ámbito de lo formal. La liberación supone combate, proceso en función de logros a conseguir, cuyo valor se encuentra en la finalidad o meta del accionar”3.

Bien, en lo que nos sigue interesando, la negritud se define así misma como modo de reivindicación4 y de autoafirmación, escúcheseme bien, autoafirmación y no reafirmación. Este último término corre de alguna forma una suerte esencial y necesaria para entender la negritud, porque no es puesta o impuesta por otros sino por quienes sienten y viven la realidad de ser negros, es decir, con aquellos que son poseedores de la negritud como tal.

En las líneas de estas ediciones se respiraba un nuevo aire, se leía un nuevo modo de escribir con voces concretas y definidas como: “nos lanzamos contra el mundo capitalista, cristiano, 2

UNAM http://www.cialc.unam.mx/pensamientoycultura/biblioteca%20virtual/diccionario/negritud.htm 3 BRENNER, MIGUEL ANDRÉS. A propósito del Bicentenario: ¿emancipación o liberación? Revista Anatellei Nº 24 diciembre 2010. Córdoba 4 Como defensa de quien estarían injuriado, es decir, a quien estaría carente de crédito y demás garantías (acepciones combinadas del diccionario RAE on-line) 5 Legítima defensa. 6 El estudiante Negro.

Negritud como pensamiento y posición

Haciendo un poco de historia, podemos decir que el grito primero de la negritud está ubicado hacia los años 30 del siglo pasado. Fueron dos momentos claves los detonantes de este movimiento: uno fue la organización y publicación en Francia de un panfleto llamado Légitime Défense5 que fue llevado a por unos estudiantes provenientes de la Martinica. Otro acontecimiento fue dos años después de este panfleto, con la publicación y distribución de la revista L´Estudiant Noir6.

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Para contar una historia de la negritud


burgués y contra la opresión colonial y el racismo”; así también podía leerse la historia de los negros en tres actos: los negros esclavizados, los negros asimilados y por último “los jóvenes negros de hoy que no quieren ni esclavitud ni asimilación. Ellos quieren emancipación”. De estos movimientos que se concentran en torno a la negritud como tal, se devendrán luego algunas divisiones entre aquellos que desean concretizar e historizar la toma de conciencia de los pueblos negros y otra corriente más interesada por definir qué es ser negro7. Siguiendo la corriente histórica nos encontramos con autores como Frantz Fanon y René Depestré. Estos autores, especialmente el primero, se centran en el pensamiento desconolonizador que requiere un autoproclamarse negros y dueños de una negritud, que tiene su pureza de raíz en el territorio africano. Fanon afirmaba en un texto:

“Siento en mí un alma tan grande como el mundo, un alma tan profunda como los ríos más profundos, y mi pecho se hincha hasta la infinitud y luego… ellos [los blancos] me recomiendan el pudor de un hombre 8 enfermo”

Ahora, por el otro extremo, en la lectura de la negritud como autoafirmación Frantz Fanon del ser negro, encontramos a los maestros de la letra-social: los poetas, que no hacían poesía cargada de romanticismo y amoríos simplones y/o melifluos; me atrevo a decir que encontramos a los verdaderos poites(), como dice su raíz griega: artesanos y recitadores. Si, son aquellos que cargan la poesía con la mirada torva de la realidad, recitando y escribiendo con la letra mordaz y el deseo de emancipación. Son aquellos artesanos de la revolución9. Los nombres que acompañan este proceso son Aimé Cesairé, de Martinica, y Leopold Senghor, de Senegal. Aquí la negritud toma un giro importante porque es la manera en que los negros miran con mirada negra, según Sartre.

Con estas líneas podemos concretar algunas palabras claves que pueden servir para dibujar, de alguna manera la filosofía de la negritud: emancipación, toma de conciencia, reivindicación y lucha.

Esta definición de emancipación, si se quiere ya de alguna manera aplicada, se nos ofrece como oportunidad de encuentro entre la posibilidad de estar siendo que tienen los distintos protagonistas en relación a si mismos y a sus capacidades.

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http://www.cialc.unam.mx/pensamientoycultura/biblioteca%20virtual/diccionario/negritud.htm En HERMAN, ARTHUR. La idea de decadencia en la historia occidental. Andrés Bello. Santiago de Chile 1998 p. 360 9 Cfr. SARTRE, J PAUL. Orfeo Negro 10 RANCIER, JACQUES. El maestro ignorante. Libros del Zorzal. Buenos Aires 2007 p. 55 8

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“La conciencia de emancipación es, en primer lugar, el inventario de las competencias intelectuales del ignorante. Sobre su lengua. También sabe usarla para protestar contra su condición o para interrogar a los que saben, o creen saber, más que él. Debe comenzar a reflexionar sobre sus capacidades y sobre la manera 10 en que las ha adquirido”

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Sobre la emancipación, tomemos palabras actuales de Jacques Ranciere:


La emancipación es la posibilidad de desligarse, de tomar las riendas en asuntos que sólo competen a quienes son capaces de responsabilidad. La emancipación es tal vez la forma más plástica de la Ilustración propuesta por Kant como paso a la adultez, si quiere alguien afirmar puede hacerlo yo por ahora me mantengo en la posibilidad. La emancipación es quitarse la servidumbre de encima. Para el negro es quitarse el blanco que no le deja ser, que no le permite existir plenamente y con la libertad necesaria de vivir. Es emancipación deshacerse del europeo, matarlo si es necesario, porque muerto el europeo se matan dos pájaros de un tiro: el esclavizador y el esclavo, porque al no haber amo el siervo pierde su condición, parafraseando a Sartre que asevera que de esta manera el hombre negro se hace más hombre porque es diferente y de mayor calidad11.

Otro punto crucial es la toma de conciencia. Aquí tomamos parte de todo lo que fue el movimiento literario de la negritud, en una poesía, como decíamos, poco inocente, como toda letra. Una poesía que salía de los artesanos de la revolución. Se toma conciencia de negritud y de un sentir negro, pero se hace notar, a la vez, que la vida como tal es un encierro sometido en la esclavitud. Esto hace reflexionar todo un círculo en torno a la violencia y a la colonia, como modo de dominación. Fanón aporta diciendo:

“la descolonización, que se propone cambiar el orden del mundo es, como se ve, un programa de desorden absoluto. Pero no puede ser el resultado de una operación mágica, de un sacudimiento natural o de un entendimiento amigable. La descolonización como se sabe es un proceso 12 histórico” .

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FANÓN, FRANTZ. Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica. México 1971 p. 22 Ídem p. 31 13 FANON, FRANTZ. Piel negra, máscaras blancas. Akal. Madrid 2009 p. 43-46 14 RANÇIERE, JACQUES. El espectador emancipado. Manantial. Bs. As. 2010 p. 25 12

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De esto se deriva el proceso de reivindicación y lucha, que no se propone otra cosa más que formas de actuar de manera que sea posible la presencia negra en el mundo. Se abre la posibilidad de aceptar la emancipación como el borramiento de la frontera entre aquellos que actúan y aquellos que miran, entre individuos y miembros de un cuerpo colectivo14.

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Fanón nos plantea que la descolonización es una manera en la que se ha entendido el negro y al negro. Pero es momento de Aime Cesaire cambiar ese orden. El autor, como buen psiquiatra que era, analiza la patología que gira en torno al posicionamiento de superioridad que tiene el blanco respecto al negro; a su vez, analiza cómo de alguna manera el negro en reiteradas ocasiones al darse cuenta de su condición de negro, no ha querido autodefinirse, sino más bien a deseado ser blanco y eso es lo que más le ha estigmatizado13. Todo este proceso, cave recolectar este dato, está mediado por la violencia.


Negritud en el orden social, político e intelectual. La negritud, a lo largo del tiempo, fue ocupando de alguna manera distintos espacios que le han permitido abrir el paraguas en distintas situaciones a las que ha tenido que afrontar.

En el orden social, debemos citar los movimientos reivindicadores que tienen tal vez su primer antecedente en las colonias haitianas y la lucha por la independencia que tuvo sus inicios hacia el 1791 con el sublevamiento de los esclavos que llevó a la proclama en 1804. Si bien el proceso tuvo sus debilidades posteriores, no está de más decir que el verdadero valor radica en el modo cómo hicieron el levantamiento los negros que no parecían amenaza para la colonia. Si se desea, una buena narración, con la carga total de una novela pero referida al tiempo, es la de Isabel Allende “La isla bajo el mar” del año 2009, donde se narra parte del proceso visto desde una niña que crece en este ambiente revuelto. Ella perteneciente a una generación posterior a los primeros africanos esclavos sabe que tiene que vivir, aunque sea en secreto, su ser africana porque así lo dicta la norma familiar. Junto a su muñeca, que a la vez es un dios de sus ancestros, descubre que tiene más valor la alegría y el consuelo que ésta le ofrece en comparación con la imagen de una mujer junto a la cruz de su hijo que llora porque nunca consiguió un varón para ella sola. Otro movimiento, tal vez más actual es el reivindicador impulsado por los negros en Estados Unidos. Como sabemos durante mucho tiempo este territorio fue deplorado por un terrible racismo, que despreciaba y minusvaloraba a los negros, llegando a la matanza por parte del Ku Klux Klan, que no únicamente persiguió a personas de color, sino también comunistas, socialistas, judíos y católicos.

La negritud en la política africana alcanzó su culmen con Senghor, quien fue el primer presidente de Senegal después de la independencia en 1960, haciéndose parte de su tierra a través del gobierno y el cuidado de la identidad negra.

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Cfr. Revista Sudestada. Año 8 Nº 78 mayo 2009 p. 3-15

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Haciendo de par y de contra a las propuestas de Malcom X encontramos a Martin Luther King. La propuesta de la reivindicación, tomada desde el lado dialogante y no violento, ha inspirado la lucha por igualdad de derechos de los negros en el territorio estadunidense donde se buscaba una salida a la realidad de negros muertos por el racismo. El fin fue el mismo de Malcom X: la muerte por parte de fanáticos contrarios a las propuestas de libertad, respeto e igualdad que ofrecían estos hombres.

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En este contexto aparecen personajes considerables. Malcolm X, que reivindica sus nombre de negritud con la X quitando y borrando la alienación del apellido Litlle que provenía de su padre blanco. En 1964 inicia un movimiento para reivindicar la participación política de los negros en Estados Unidos. En esta lucha poco importaba lo dicho para actuar, sólo había que ejercer la autoridad de los negros. Sucesores de esto fueron los Pantera Negra, partido político inspirado en este líder. Este partido se basaba en principios claros: “libertad para la comunidad negra, educación para el pueblo negro y el cese de la brutalidad policiaca”15


El aporte de Jean Paul Sartre Un punto clave para ir concluyendo este trabajo es valorar aunque sea de manera somera el aporte de Jean Paul Sartre En Orfeo Negro, ensayo prologar de la antología poética de Senghor, se mantienen estas ideas, entre muchas otras:             

Los negros que miran y desmoronamiento de la imagen. “los poetas negros se dirigen a otros poetas negros, para hablarles de los negros; su poesía no es mordaz ni insultante: es una toma de conciencia” El proletariado no tuvo de una poesía que fuera social y a la vez reconociera los orígenes de la subjetividad. El negro toma conciencia. Desde Senegal o el Congo, el socialismo parece ser un hermoso sueño: para que los campesinos negros descubran que es la conclusión necesaria de sus reinvindicaciones inmediatas y locales es necesario que piensen en si mismo como negros. La conciencia de raza se basa sobre todo en la conciencia de alma negra. La poesía negra no tiene nada de común las ternuras del corazón. La poesía negra es evangélica porque proclama la buena nueva: la negritud brilla. Retorno al país natal. (Cesairé) La palabra del tirano. La lengua francesa. Y como las palabras son ideas16 cuando el negro dice en francés que rechaza la cultura francesa agarra con una mano lo que rechaza con la otra, e instale en si mismo, como una trituradora, el aparato de pensar del enemigo. El poema es una sala oscura en que los vocablos se chocan, se redondean, se enloquecen. Pier Paolo Passolini, dirá que el poeta es quien tiene la tarea de juntar y dar ilación a las palabras mediante el arte de la poesía. Una negritud que se expresó mediante el baile, las costumbres, los cantos en las comunidades africanas. Sartre afirma que la negritud es Ser en si, tomando de Heidegger, y agrega que lo caracteriza su desbordante autenticidad y creatividad.

El poder se encuentra en quienes disponen del verbo y quienes lo toman prestado. Algunas de las formas de la colonización que no dejaron ser al negro: religión y lenguaje. La reivindicación de la negritud es una de las formas de muerte a la realidad de los europeos.

Negritud en Argentina Resulta interesante poder hacer una aproximación a la realidad de la negritud en Argentina, ya que muchas raíces de nacionalidad, al igual que en el resto del continente, se derivan de la historia, explícita o no, de los negros y el proceso emancipador. 16

Porque entendemos que hablar es existir absolutamente para el otro. FANON, FRANTZ. Piel negra, máscaras blancas. Akal. Madrid 2009 p. 49

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Otro aporte del filósofo existencialista nos viene del prólogo del libro Los condenados de la tierra cuyo autor, Fanon, recibe de buen grado en los últimos días de vida. Resaltemos algunas ideas que se siguen con las anteriores:


Comenzamos diciendo, y un poco en parangón con lo de Sartre en el prólogo de Condenados, que las esclavitudes y negaciones vinieron a convertirse en colonizaciones por parte de la religión y la iglesia. En 1442 se emiten las bulas papales para someter a los infieles, que en este caso eran los negros, esto permitió la exportación y explotación del continente africano, por ejemplo. Para esto, el ejemplo más claro es el comercio llevado a cabo por algunos jesuitas en la ciudad de Córdoba en los tiempos coloniales. Un censo de la Argentina en 1779 nos otorgaba datos de 17.340 españoles, 5.482 indios, 14.892 negros y mulatos libres y 6.338 negros y mulatos esclavos. Esto nos da nota de la alta presencia de extranjeros en el territorio, todavía, con mucha realidad de esclavitud. Hacia 1812 se declara que los esclavos que quisieran sumarse al Ejército serían libertos. Esta condición llevaba a que muchos de los encabezaban y hacían frente en las batallas fueran los negros que, aunque libertos, morían en primera vuelta pues eran el escudo de los otros caudillos. Dada esta realidad, hacia 1840 el 60% de los habitantes eran afrodescendientes en Argentina. En la actualidad algunos movimientos reivindicadores han orientado sus búsquedas a las memorias de los negros en su cultura y en sus herencias impregnadas en la vida del común de la gente. Esto se debe, tal vez, a que durante algún tiempo la negación de la historia “negra”, es decir, hecha por negros, en nuestro país se ha expandido por la necesidad de otras identificaciones sociales y culturales, aunque todos sigan declarando como plano nacional el locro y se deleitan con mazamorras, como los altos caballeros de 1810 que compraban a las negras de la plaza.

Líneas para seguir Este trabajo se ha detenido en dar notas, en resaltar matices y en buscar horizontes. Es, si se quiere, una larga introducción de aquello que se puede continuar profundizando.

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El estudio de la relación entre existencialismos y negritud. La presencia del surrealismo en el estudio literario de los poetas, letrados sociales, de la negritud. Las influencias del marxismo en los primeros movimientos de negritud. La realidad cordobesa de la negritud. Para esto puede servir un estudio que realiza la Universidad de Córdoba que, en el momento de este trabajo, está en proceso sobre la negritud en Córdoba.

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Me parece oportuno hacer unas referencias para los futuros trabajos, cuestiones que aquí no están tratadas o al menos no profundizadas:


Bibliografía     

Revista Sudestada. Año 8 Nº 78 mayo 2009 p. 3-15. FANON, FRANTZ. Piel negra, máscaras blancas. Akal. Madrid 2009. FANÓN, FRANTZ. Los condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica. México 1971. SARTRE, J PAUL. Orfeo Negro. Versión digital en http://okonkwo.lacoctelera.net/ PÁGINAS WEBS: o http://okonkwo.lacoctelera.net/ o Biblioteca Virtual Latinoamericana (UNAM) http://www.cialc.unam.mx/pensamientoycultura/biblioteca%20virtual/diccion ario/negritud.htm o Sobre negritud en Argentina: http://www.elcorreo.eu.org/?Reflexion-sobre-lanegritud-en-la

Este trabajo es una producción artesanal de los alumnos del Centro de Estudios Filosóficos y Teológicos (CEFyT) Los derechos son conservados por el autor y, a la vez, públicos para su difusión. Córdoba, Mayo de 2012

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Negritud en Uruguay: http://www.negritud.com.uy/


Peohibido ser negro Haití y la República Dominicana son dos países separados por un río que se llama Masacre. Ya se llamaba así en 1937, pero el nombre resultó una profecía: a la orilla de ese río cayeron, asesinados a machetazos, miles de obreros haitianos que estaban trabajando, del lado dominicano, en el corte de caña de azúcar. El generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, cara de ratón, sombrero de Napoleón, dio la orden de exterminio de esos negros, para blanquear la raza y exorcizar su propia sangre impura. Los diarios dominicanos no se enteraron de la novedad. Los diarios haitianos, tampoco. Al cabo de tres semanas de silencio, algo se publicó, unas cuantas líneas, y Trujillo advirtió que no había que exagerar, que los muertos no eran más de 18 mil negros. Después de mucho discutir, acabó pagando 29 dólares por muerto.

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Eduardo Galeano, Espejos:una historia casi universal


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