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Arqueología y Museología de Coparticipación en la Comunidad Indígena Hualinchay Herrera, Andrés; Muriénega, Gonzalo; Aleman, Jorge; Allende, Sergio; Ferrero, Lucas; González, Víctor; Oleas, Fabián Grupo ANKU www.anku.com.ar

Cuando se muera este Pasayo No lo entierren en sagrado. Tirenlo en campo abierto, Que lo pisotie el ganado. (Copla de los Pasayo)

Introducción Este proyecto tomó forma a partir de unas visitas y entrevistas que realizamos (dos de los autores, Herrera y Muriénega) en el año 2006 al Cacique Marcos Pasayo+, de la Comunidad Indígena Hualinchay, en la Provincia de Tucumán. En aquellas ocasiones, los puntos de conversación recorrían saberes y anécdotas sobre curaciones, creencias, lugares sagrados y plantas medicinales, para un proyecto sobre chamanismo y arqueología. (Herrera, 2007ª; Muriénega, 2007) Las informaciones compartidas por Pasayo, y por su hija Elsa, fueron de gran importancia para dicho proyecto, pero además construimos una solemne relación de amistad y confianza, por la que nos transmitieron algunos de los problemas cotidianos con los que debía luchar su comunidad, en cuanto a discriminación, posesiones de tierras, comunicación, identidad y apropiaciones culturales. Desde entonces nos hemos comprometido a trabajar en lo que podamos ser útiles, con nuestros conocimientos y acciones, sumándolas a las suyas, las de los dueños de ese paraje de montaña llamado Hualinchay. Lo primero que surgió en común fue la necesidad de montar un museo arqueológico con el que ellos puedan contar, a los visitantes, su historia, sus costumbres y tradiciones. La idea partió de trabajar la imagen que la gente de la comunidad construye de sí misma. Otro eje requerido por la comunidad, son las charlas sobre temáticas referidas al patrimonio cultural, los pueblos originarios y aspectos legales de defensa de la tierra. Por último, el cacique nos hizo saber su deseo de mostrarnos uno de los lugares secretos y tradicionales, que conocía desde joven por su padre, quien a su vez ya le había explicado que era una costumbre muy antigua visitarlo: se trata de una cueva de donde extraen la sal, desde hace mucho tiempo según la oralidad. Lo notable de este caso, es que él recordaba haber visto varias veces, hachas de piedra y restos de vegetales quemados. Su intención era llevarnos y compartir, discutir apreciaciones sobre la singularidad de este sitio, que podemos categorizar de arqueológico.

Objetivos Formales - Contribuir a la investigación y producción de conocimiento arqueológico, antropológico y cultural del pasado colectivo de los habitantes de la Comunidad Indígena Hualinchay, basado en su interés de explorar hacia dentro de sus raíces culturales y étnicas, como búsqueda de una identidad colectiva más cohesionada. - Experimentar la investigación de coparticipación como forma epistémica, acompañada de una visión transdisciplinaria de la ciencia social.


- Generar a través de este conocer, herramientas legitimantes de protección de sus bienes culturales y físicos, como ser las tierras donde viven, el patrimonio arqueológico y ecológico, y toda posesión comunitaria.

Marco Teórico

Cuando la “Objetividad” es el discurso dominante, cuando la diferencia es herejía, cuando la variación es tabú, cuando lo establecido aplasta sistemáticamente todas las particularidades… entonces, la subjetividad es subversiva. Gabriel Bellos

Esta investigación se centra en el concepto de coparticipación en la producción de un conocimiento social científico. Esto significa que se ha trabajado reconociendo intereses más o menos comunes entre dos partes o grupos de personas, en este caso los sujetos investigadores, como una figura que tiene los elementos semánticos: académicos-urbanos-observadores-escritores; y por otro lado, el grupo de los sujetos pobladores, cuyos elementos semánticos serían: tradicionalistas-ruralesobservadores-orales. Intentando un trabajo orgánico, pero dialéctico. El objeto de estudio pasa entonces, a ser un sujeto-objeto de observación, y a su modo, la parte observante es también un sujeto para el otro grupo. Como base fundamental creemos que tiene que primar el intercambio solidario de saberes, que a nuestro entender, es la forma más directa de practicar la descolonización y descapitalización de la ciencia, para que las comunidades de descendencias originarias puedan apropiarse del conocimiento de sí mismos. Entre ambas partes interactúan relaciones de intereses varios, y es el sector común de esos intereses, o bien la intersección de ambos grupos, el que más nos interesa potenciar, es justamente ahí donde surge el motor de la producción de una ciencia comunitaria. Esto no pretende ser una cuestión novedosa ni de vanguardia elitista, ya que si analizamos los contextos de producción de las ciencias sociales, siempre se han generado en forma colectiva las producciones, pero siempre dentro de un paradigma exitista y egoísta, donde se niega cualquier participación y colaboración de seres ajenos a esa falsa deidad llamada “Científico”. De esta forma muchísimos trabajos faraónicos parecen haber sido realizados por una sola persona, sin ayudantes, bajo condiciones perfectas y neutras, en el lapso de un tiempo determinado. Desechamos el criterio científico arcaico de que la elección de un tema o problemática a investigar sea una elección aleatoria y caprichosamente individualista; proponemos en contrapartida, que dicha elección debe estar sujeta a las necesidades sociales de las realidades y problemáticas de los pueblos de nuestra Abya-Yala, siempre desde donde más cerca nos toque. (Definimos Abya-Yala como el continente desde el patético muro que circunda el norte de México, hacia el sur…) Tratamos de experimentar, partiendo desde la arqueología, una suerte de Investigación Transdisciplinaria, ya que entendemos a este adjetivo como la mejor forma de definir nuestra visión filosófica sobre el conocimiento y el conocer, como un todo indivisible que fluye en su forma pero que no puede desprenderse de su condición humana y por lo tanto subjetiva, y que en su forma de abordaje y producción van siempre entrelazadas los factores de la lógica y la razón, los métodos, la intuición, comportamientos tanto conscientes y subconscientes, la emociones y estados de ánimo, en fin, el conjunto y el accionar de ese TODO que llamamos humano.


En otras palabras, la intención es superar la fragmentación del conocimiento, o las barreras disciplinarias, hacia un ideal de unidad de conocimiento. Es también, una búsqueda de armonía entre diferentes mentalidades y saberes, para hacer del conocimiento algo inteligible para todos. A los fines prácticos, creemos que para desarrollar o experimentar una transdisciplinariedad en la forma de producir dicho conocimiento social, debemos abordar la ciencia social utilizando la arqueología, antropología, trabajo social, museología, derecho indígena, intervención artística, geología, ecología, psicología, sociología, economía, epistemología, fotografía, recursos de la comunicación, entre otros, como un amplio frente metodológico de abordaje para un único fin. Consideramos conveniente repensar modelos de las ciencias sociales, en la búsqueda de hallar alguno que nos permita acercarnos de la mejor forma a las estructuras tradicionales de un conocer relacionado a la cosmovisión nativa de nuestra Abya-Yala, tratando de soltar ciertos pilares ya caducos de la filosofía occidental. Pensamos que el concepto de transdisciplinariedad, por un lado, limita menos y no clasifica tan estructuradamente lo que se observa, libera la interpretación hacia un todo integrado (Pacha, para la cosmovisión andina, similar a la cosmovisión oriental del Tao; ambas, constituyen visiones no occidentales del mundo). Por otro lado, sostenemos que liberarnos, de la mejor forma posible, de estructuras rígidas en la observación, nos puede llevar a acercarnos más a comprender la oralidad como forma no sólo de transmisión sino de producción de conocimiento que tienen y han tenido las poblaciones originarias. Por último, consideramos que esta forma de investigación puede llevar a un más exitoso acercamiento a los productos materiales simbólicos, o ideas expresadas en lo material, en el sentido amplio del arte, con el fin de poder leer entre líneas esas profundas gramáticas de producción. En síntesis, invitamos a experimentar una relación de doble integración en la producción del conocimiento: • •

Integración de sujetos (Coparticipación) Integración de disciplinas (Transdisciplinariedad)

También se podría describir así:

a) Nosotros – Urbanos – Investigadores - Transdisciplinariedad b) Ellos – Rurales – Comunidades Indígenas - Oralidad


Tal como sostiene Luis Carrizo, “… es de decisiva importancia considerar las transformaciones que el propio investigador de la cuestión social debe procesar en su forma de concebir el trabajo y de concebirse a sí mismo. La transdisciplinariedad no es una abstracción idealista, sino que hace carne en el sujeto que la construye como reflexión y la actualiza como práctica.” (…) “… es importante intentar objetivar la complejidad del sujeto que investiga, a la vez que distinguirlo sin exiliarlo de aquello que investiga. Se trata, en fin, de indagar las condiciones en las que el investigador piensa su propio quehacer, sabiendo que se encuentra ubicado en una compleja y exigente situación, tanto por sus fines como por sus responsabilidades.” (1998) Dicho sujeto que investiga, o “sujeto de la ciencia”, para Gabriel Bellos, no tiene que ser un factor a excluir, sino justamente, el núcleo activo del contexto de descubrimiento. El “(...) investigador no es entonces un pasivo colector de datos ni un metódico sistematizador de conocimientos, mucho menos un aséptico testeador de hipótesis, sino un interpretante culturalmente condicionado; la actividad investigativa deviene en trabajo de interpretación, y la explicación se estatuye en procedimiento de construcción de realidad.” (2007) En el caso de este proyecto, creemos que todo estudio que aporte al fortalecimiento de la identidad cultural de una minoría, contribuye al desarrollo de su camino hacia una cada vez más libre determinación socio-política y cultural. Y consideramos que la libre determinación de un grupo étnico, no es una amenaza para la integridad territorial del Estado, y con su búsqueda, se quiere lograr una mayor solidaridad, relación y respeto dentro de la sociedad del país, para tratar de practicar un coherente desarrollo histórico pluriétnico y realmente democrático, que reconozca la diversidad. Constituye un verdadero desafío la educación de todos los ciudadanos para generar una nueva mentalidad que reconozca dicha pluriculturalidad. (Herrera, 2007b: 10)


Marco Geográfico Hualinchay se encuentra a 20 kilometros de San Pedro de Colalao tomando por la ruta provincial 352, rumbo Sur-Oeste, adentrándose en las Cumbres Calchaquíes (Figura 1). Este pueblo representa un caserío habitado por unas 35 familias asentadas sobre la ladera este de las Cumbres de Santa Bárbara a orillas de Río Hualinchay (Figura 2), afluente del Río Acequiones, que a su vez alimenta el Río Salí. Dichas cumbres separan la cuenca Tapia-Trancas del Valle de Santa María (Alderete, 1998). El clima es de montaña, húmedo-templado, con lluvias regionales en verano y lluvias locales en invierno. Este tipo de clima, por tratarse de zonas montañosas, puede mostrar particularidades específicas de acuerdo al lugar de que se trate. La temperatura media, en verano, es de 20 ºC y, en invierno, de 10 ºC. En cuanto a las precipitaciones los registros superan los 1000 y los 1200 mm anuales (Sesma et. al., 1998). La litología de este sector denota afloramientos de esquistos bandeados (filitas, pizarras) y micacitas. La distribución de afloramientos en este sector pueden observarse desde El Seminario hasta Hualinchay, y desde allí por la ruta en construcción que unirá esa localidad con Colalao del Valle (Avila, 1998). Puede observarse que los esquistos afloran denotando las grandes fuerzas de la mecánica tectónica, se trata de plegamientos cuyos ejes tiene dirección NE (Mon y Mansilla, 1998). Otro detalle importante es la presencia en la zona de tobas Volcánicas (Fernández , 1998). Los cursos de agua con pendientes pronunciadas sumado a la creciente del caudal de los ríos en verano, determinan un alto riesgo de remoción en masa. Lo mismo sucede con los desplazamientos laminares y la generación de cárcavas debido a la erosión hídrica (Sayago et. al., 1998). Con respecto a los recursos minerales se extraen del área piedra laja y arcillas (Zuloeta, 1998). Importante es el hecho que, en la zona, los mapas de recursos mineros no mencionan la existencia de Salmueras para la explotación de Sal. Esto demuestra que la existencia de “La Mina de Sal” que explota la comunidad aún es un secreto que ellos conservan. Como consecuencia de las características fisiográficas del área de estudio, la vegetación se presenta en una secuencia que guarda similitud con la vegetación de montaña y con agregado de elementos vegetales de la Provincia Chaqueña y de la selva, constituyendo un área ecológica intermedia (Santillán de Andrés y Ricci 1980), donde encontramos especies del parque chaqueño: algarrobos (Prosopis alba y P. nigra), churqui (Acacia caven), tusca (Acacia aroma), tala (Celtis espinosa); cebiles como la tipa (Tipuana tipu), el timbó-pacará (Enterolobium timbouva) y el cebil colorado (Anadenanthera macrocarpa); también especies de altura tales como cardón (Trichocerus sp) y gramíneas similares a la de los pastizales de altura de los valles, determinando un ecotono naturalmente apto para el asentamiento humano (Castelluccio 1994 en Esparrica, 2003). Además de éstas, Elsa Pasayo completa, al decirnos que en Hualinchay hay conocimientos y usos tradicionales de plantas medicinales: “Allá se usa mucho la chachacoma, para los resfríos; la ingayerba, para el estómago; contrahierba; arcayuyo; la malva, que es para los nervios; y muchas otras hierbas.” (en Herrera, 2007a)


Figura 1: Mapa del circuito turĂ­stico Valle de Choromoros (http://www.tucumanturismo.gov.ar).

Figura 2: Google maps.


Comunidad Indígena Las comunidades indígenas que habitan actualmente la provincia de Tucumán son descendientes principalmente de los pueblos Diaguita-Calchaquí y Lule Vilela, encontrándose asentadas en: el Valle de Tafí, Valle de Trancas, Valle Calchaquí y departamento de Lules. Existe una veintena de ellas, y la mayoría se han organizado con representantes de cada comunidad, para así poder ser reconocidos orgánicamente por el estado argentino. La última reforma de la Constitución Argentina significó un interesante avance en el reconocimiento de los hijos de estas tierras (aunque de allí a que estos conceptos sean aplicados al pie de la letra…) El Artículo 75, Inciso 17, reza: “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones.” Don Marcos Pasayo nos contaba que Hualinchay forma parte del renacimiento de la Unión de la Nación Diaguita-Calchaquí, la cual tiene origen en la Gran Resistencia Calchaquí o Guerras Calchaquíes (1562 – 1667). Este resurgimiento de la Unión, en este nuevo milenio, responde al alzamiento contra los atropellos que siguen ocurriendo en contra de la sangre indígena en el noroeste del país (y hacia los otros puntos cardinales también). Sigue siendo luchar por las convicciones, por su identidad y el reclamo al estado de derecho.

El Museo Cacique Marcos Pasayo Con Marcos Pasayo nos dimos cuenta de la importancia de tener un museo en Hualinchay, como para tener algo que mostrar, una historia que contar. Una necesidad de proteger los bienes arqueológicos, culturales y tradicionales de ese pueblo. Él decía que la gente pasaba en autos, haciendo turismo, pero se iba a los pocos minutos, sin saber casi nada del pueblo, ni del pasado ni que se trataba de una comunidad indígena. Relató que en 1980, encontró una campana en el lecho del río, después de una fuerte tormenta que provocó una crecida, y dejó a la luz este tesoro. Después de una disputa con la comuna de San Pedro de Colalao, Marcos, que prefería conservarla en Hualinchay, tuvo que entregarla a dichas autoridades. Se trata de una pieza de más de tres siglos, hecha en aleación de oro, hierro y cobre, cuyo peso ronda los 87 kilos, y que corresponde a la orden de los Jesuitas. Al parecer, los rasgos de manufactura estarían indicando que no fue traída desde España, sino construida en la colonia. (Beatriz Cazzaniga com. Pers.) Cuentan en Hualinchay, que la campana era trasladada en una caravana desde San Pedro a los Valles Calchaquíes, cuando ocurrió el accidente de que el animal de carga resbaló en el sendero hacia el río. De allí la leyenda, muy conocida también en San Pedro, de que en las crecidas del río repiqueteaba el sonido de la campana. Hoy, este objeto pende en una de las torres de la iglesia de San Pedro de Colalao.


Posteriormente, se funda el “Museo Hualinchay”, situado en la plaza principal de San Pedro. En dicho establecimiento, se exponen bienes arqueológicos, en su mayoría encontrados en Hualinchay, y allí reside la ironía, ya que son apropiados por la comuna de San Pedro. En el verano del corriente año (2008), ocurrió otra disputa más sobre los bienes patrimoniales de Hualinchay. El río, en sus caprichosos desplantes, dejó al descubierto una gran roca (de 1,5 m de diámetro) con 3 morteros. Desde entonces se reeditaron, una vez más, las tensiones de siempre, entre el espacio indígena y la “civilización urbanizante”, manifestadas en el razonamiento de unos empleados de Vialidad Nacional que, enterados del descubrimiento, querían a toda costa trasladarlo con una máquina hacia la comuna de San Pedro. Pero esta vez, la mayoría de los vecinos de Hualinchay, se pronunciaron en contra de la acción, explicando que la piedra era parte de su patrimonio arqueológico, y que como Comunidad Indígena, tenían el derecho de protegerla y decidir donde la iban a ubicar. Sólo la unión de esta gente pudo salvar a la piedra mortero de lo que hubiera sido para ellos, otro robo a su cultura. Los trabajadores de Vialidad comprendieron, y ayudaron a correr la piedra del lecho del río, unos metros fuera, y al costado del camino. Fue una de las últimas participaciones de Marcos en la comunidad, ya que al poco tiempo muere. Posteriormente, las autoridades de la Escuela Albergue de Hualinchay, quisieron apropiarse de la piedra, aduciendo ser la máxima autoridad de la comuna, y argumentando que el descubrimiento debía estar dentro de las instalaciones de la escuela. Esto generó nuevamente el rechazo de la mayoría del pueblo, lo que no impidió que una noche de Julio, y en silencio, personal de la escuela la arrastrara, aparentemente con animales de tiro, hasta el patio escolar. Pero como nos dijo alguien perteneciente a la Comunidad Indígena: “ladrón que roba a ladrón…”, ocurrió que el mes de Julio coincide con las vacaciones de las instituciones educativas, y los concientizados maquinistas del ripio, escucharon el eco indígena, y volvieron a trasladar la piedra, esta vez desde la Escuela… hasta la puerta del Museo. Hoy la piedra con morteros es el ícono fundacional del Museo Cacique Marcos Pasayo, y representa el pasado indígena de este pueblo y su ardua lucha colectiva por reconocerse originario, y autodeterminarse hoy, como comunidad indígena. Consideramos su importancia también, como un revertir del poder simbólico ejercido sobre ellos, por parte de quienes fueron apropiándose de sus bienes simbólicos, y en donde San Pedro quiere representar a lo hispano, a lo católico (debido a su pasado de Encomienda y sitio de evangelización) y a lo “civilizado”; mientras que a Hualinchay lo ven como lo indígena, lo profano y lo “no civilizado”. También hemos visto, como la figura de las autoridades de la Escuela, rivalizan con el líder indígena y el Museo, dos instituciones que se encuentran enfrentadas también, casualmente (¿), en la geografía del pueblo, separadas por 20 m de distancia frontal, la primera construida con ladrillos bien pintados de blanco, y la segunda, con adobe y piedras del río. En Agosto de 2007, comenzamos a darle forma con el Cacique, al proyecto de museo. (Aleman, Allende y Herrera). Es cuando se empieza a sondear en el pueblo para ver cuántos donantes o prestantes de piezas arqueológicas había. Obtuvimos esperanzadores resultados, puesto que la gente se entusiasmaba con la idea, y todos querían aportar, ya sea con piezas, informaciones e historias para contarnos.


Entonces, el museo comienza a constituirse de una forma recuperativa, donde la comunidad era partícipe del proyecto. Puede clasificarse como comunitario, ya que fue hecho con el esfuerzo de una mayoría, y mediante el cual se cumplió colectivamente, el deseo del Cacique Marcos Pasayo, quien había destinado un espacio de su propia casa para su instalación. Se explicó que la arqueología de Hualinchay era patrimonio, principalmente de la Comunidad Indígena Hualinchay, y que por lo tanto ellos decidían cómo mostrarlo y cómo contarlo. Marcos sólo llegó a ver parte del proceso, y con sus relatos y conversaciones, se hicieron los textos explicativos del museo. La familia Pasayo concedió una habitación para el montaje del mismo, hecha toda de piedra y adobe, con techo de cañas y paja, forma de construcción habitual y tradicional por estos pagos. Allí dentro, se instaló un ambiente, delimitado con paja, de hachas, vasijas, restos cerámicos, en el piso, tratando de recrear funcionalidades. Inclusive, se colocó un trozo de sal en estado de cristal mineral, traído de la mina de sal de las cumbres (ver arqueología de la oralidad). Está probado, por testimonios de Pasayo y otros, la extracción de sal con antiguas hachas de piedra, reutilizadas o bien, nunca abandonadas… También colocamos una uyuta, que es un calzado de cuero tipo ojota, que según contaron, no conocieron al dueño… Los tiestos cerámicos, fueron cedidos por dos niños vecinos y exploradores de la zona. También en el piso, de tierra, se encuentra una “paridera” de piedra; según cuentan en Hualinchay, el recién nacido se deslizaba suavemente en esta piedra cóncava pulida, que era sostenida con ambas manos por la madre, que permanecía en posición de parto pero de pie. (tercamente, muchos arqueólogos siguen haciendo oídos sordos a los testimonios y usos tradicionales, e inclusive basan sus interpretaciones funcionales en un supuesto razonamiento científico y de sentido común, que nace habitualmente sobre una mesa o computadora en un afable 5to piso de la ciudad. En las inmediaciones del museo, existe una “pecana”, que sí es un instrumento que sirve para la molienda de granos, y tiene en esta localidad, un uso tradicional muy antiguo. Con esto no queremos decir que todas las llamadas piedras “conanas” son parideras, pero que a veces las sutiles diferencias, pueden determinarse investigando los usos tradicionales que aún perduran en el Noa.) Otra sección del museo, es una ambientación agrícola con objetos tradicionales, como una azada, alforjas, tientos, desgranador de maíz, un mortero de madera, una cuerda hecha con cola de caballo, etc., (varias de ellas confeccionadas por el Don Marcos). Por último, se destaca una antigua campana eclesiástica, colocada sobre una piedra (está intencionalmente cerca de la tierra, que es el medio donde la encontraron, y no se la colgó, intencionalmente, para evitar representaciones de la evangelización). Ésta fue hallada, después de una voladura, en la localidad de Tacanas, cuando estaban haciendo el actual camino que llega hasta Hualinchay. Cuentan que mucho antes, en ese lugar “espantaban”, de noche, a todo el que pasaba, y que al descubrir dicha antigüedad, cesó el acoso. Los carteles explicativos (algunos adjuntos en el apéndice de este trabajo) reposan sobre las salientes de las paredes de adobe, complementando a las sensaciones visuales y olfativas del recinto del museo. El Museo Cacique Marcos Pasayo, fue inaugurado el 2 de Agosto de 2008, día elegido por la Comunidad Indígena Hualinchay, y apoyado por la Comunidad Indígena Pueblo de Tolombón, por


ser el día que se festeja y ofrenda a la Pachamama, y se juntaron emotivas coplas y decires, con el corte de cinta tan esperado, que marcó para muchos, un esperanzador y reconfortante camino nuevo.

Arqueología de la oralidad A continuación nuestro trabajo de arqueología de coparticipación con la comunidad. Todos estos sitios pudimos conocerlos gracias a diferentes personas de Hualinchay, con quienes compartimos observaciones y puntos de vista sobre cada lugar. Estas personas tienen conocimientos sobre los restos arqueológicos, y se los van transmitiendo entre ellos, a modo de historias, en lo que podemos denominar Arqueología de la Oralidad. a) El viaje a la Mina de Sal Con Marcos Pasayo intentamos en varias ocasiones subir hasta la cumbres para explorar la enigmática Mina de Sal, pero no era fácil encontrar ocasión teniendo en cuenta las condiciones climáticas que había que preveer, y por otro lado, la distancia, que era expresada por él en la medida de la montaña: “horas a lomo de mula o caballo”. Para llegar a la mina de sal, cuenta Marcos, hay que recorrer toda una jornada, se acampa en la misma cueva de la mina, único páramo protector en esas altitudes. El día segundo estaba programado para realizar el trabajo (acordamos asociación tanto en la exploración arqueológica como en la extracción de la sal). La travesía se completa, como mínimo, con un tercer (y largo) día de regreso hasta Hualinchay. Es un lugar donde cuesta respirar, hay que combatir la puna con coca y “la angustia con algún alcohol”. Cuenta Pasayo que de joven recuerda haber encontrado en la misma cueva y en sus inmediaciones, hachas de piedra, como las que se encuentran habitualmente en sitios arqueológicos de la zona, que muchas veces son reutilizadas por los pobladores actuales – tradición tecnológica que continúa desde tiempos inmemoriales. Cuenta que esas hachas habrían usado para la acción de extracción de la sal, por medio de la percusión. Rememora también, haber visto restos de marlos de maíz carbonizados, y observa que eran de un tamaño mucho menor al cultivado actualmente. La cueva tiene según Pasayo más de 12 metros de profundidad desde su ingreso, y dice que siempre llevó linterna en sus trabajos de extracción, y que los caballos generalmente se asustan y sólo entran un par de metros desde la boca. Marcos decidió confiarnos el secreto de la mina, por su interés de que se conozca un poco más de la vida de la gente de Hualinchay y su relación con la montaña. Afirmando que este conocimiento sea accesible para todos, pero por razones de protección y de haber tenido malas experiencias con lo que se cuenta y a quién se lo cuenta, quería que no demos referencias geográficas exactas; y luego de haber comprendido perfectamente las tecnologías de Internet y el g.p.s., aprobaba la primera y desestimaba la segunda, amparado en el mencionado deseo de protección del patrimonio cultural de su gente. Esta evidencia arqueológica, de una explotación ancestral de sal, es una contribución muy grande para la arqueología del Noa, que atestigua pocos sitios de este tipo. (Aguirre et al, 1999,


investigaron la zona del Timbó, en Burruyacu, aunque no obtuvieron pruebas fehacientes de explotación, ni tampoco continuaron con las investigaciones).

Y quiera responsabilizarse al destino o no, que esta crónica termina siendo por una parte, la Arqueología que no fue, si tenemos en cuenta la praxis, pero desde otro punto de vista es la Arqueología de la Oralidad… es la voluntad del finado Cacique de

difundir, investigar y analizar prácticas ancestrales, es producir y legitimar conocimiento social y científico que profundice en la identidad de un grupo de personas que optan por descubrirse originarios. Quedará pendiente (o no) revivir ese viaje de honor, tal como hubiese querido Marcos, y (re)descubrir ese invaluable yacimiento y su historia. b) El Sitio Finca de Pasayo Denominamos de esta forma a los restos arqueológicos ubicados en la Finca de Marcos Pasayo, que se encuentra en la parte baja de su residencia, en pendiente. Se trata de restos de estructuras lineales, curvas y circulares, que en un principio pensábamos que habían sido construidas por su propietario, debido a que están en tierras de trabajo agrícola y ganadero. Pero Elsa Pasayo nos comentó que esas pircas no las había hecho su padre, sino que estaban ya allí antes de construir su vivienda, y que su padre a lo sumo, había reforzado algunas paredes de piedra. Las pircas ocupan un espacio yuxtapuesto con una acequia y diferentes plantaciones de árboles. Su construcción es de tipo muro simple con tamaños variados de rocas.

Dos niños, que son vecinos a esta propiedad, encontraron varios fragmentos cerámicos, de manufactura tosca y muy gruesa, entre ellos un borde y dos bases que denotan grandes vasijas. La mayoría no posee decoración alguna, un par de fragmentos con tratamiento de marleado. Los jóvenes exploradores, cedieron a préstamo sus descubrimientos al museo. c) El Sitio Loma de Pasayo Carlos Díaz, uno de los nietos del Cacique, llevó a uno de nosotros (González) hacia arriba de la Finca Pasayo, subiendo una loma, para mostrarnos sus descubrimientos. Aprovechamos la oportunidad para realizar un recorrido pedestre y a caballo, por las picadas del cerro que permiten el acceso a un sector llamado, por los lugareños, La Mesada. Inmediatamente, en la loma contigua a la casa del cacique, hacia el oeste a unos 5 minutos, Carlos nos mostró una estructura, a la que él llama corral de chanchos. Esta estructura es circular con un diámetro de 3m y una altura, en sus paredes, de 1.5 m. Esta área de la loma está cubierta de vegetación, con árboles de 5 m de altura y gran cantidad de arbustos. Es un lugar por donde hay que abrirse paso con el machete. Hacia el sur, bajando la loma a unos 30 m, pasa uno de los afluentes del Río Hualinchay con marcada pendiente. Este afluente tiene amplios sectores de inundación donde puede observarse que las crecidas estivales arrastran grandes cantidades de rocas. Luego de observar esta estructura continuamos andando camino a La Mesada y encontramos una roca sin orificios grandes de mortero, pero con los pequeños orificios que habíamos podidos observar en morteros de otras casas.


Siguiendo por el monte en dirección oeste, a unos 10 minutos encontramos dos nogales al borde de una acequia. Estos nogales estaban rodeados por un pircado que apenas aparecía expuesto en el suelo. Esta es un área más abierta con arbustos dispersos. Se tomaron fotos. Se identificaron dos sectores con muro definido. En el sector Noreste se encontró una laja de 1m x 0.60 m en posición vertical, unidas a otras lajas más pequeñas que forman parte del muro circular, se extiende por unos 4m. Tomando un poco más de distancia en la observación se pudo detectar que la estructura es circular, cortada por la acequia, y de unos 12 m de diámetro. El muro, apenas apareciendo, continua en dirección Suroeste, donde en su extremo encontramos grandes rocas formando parte del mismo. Toda la estructura se encuentra sobreelevada 0.40 m con respecto al resto del área. Siguiendo por las picadas, ya a caballo, se llegó a La Mesada, a unos 30 minutos de ascenso. Lo que Carlos nos quería mostrar era un sector de donde se sacaba arcilla para cerámica. Le llamó El Pozo. Este sector del cerro muestra una distribución bastante dispersa de arbustos y árboles, con alturas que no superan los 3 m. Desde este páramo puede observarse gran parte de las quebradas y ríos. Se puede observar claramente el camino, de montaña, que conduce a Colalao del Valle. Luego de un descanso en La Mesada emprendimos el descenso. En esta oportunidad decidimos volver a recorrer la loma cercana a la casa de Don marcos. Adentrándonos en la vegetación encontramos una alineación de rocas. Realizamos una rápida prospección de lo que parecía un muro y encontramos una estructura en el sector elevado de la loma. Esta estructura tiene dos sectores, uno circular y otro rectangular adosado. La sección circular tiene unos 8 m de diámetro y la parte rectangular 8m x 6m. La estructura de forma cuadrilátera está compuesta por lajas colocadas de manera vertical y rocas en la misma posición, con lo que parece una abertura de acceso en el centro de lado oeste. Con respecto a la estructura circular sus muros están compuestos por rocas apiladas sobre rocas adosadas al suelo de manera vertical. Tiene una abertura hacia el oeste y otra hacia el sur. La abertura del sur muestra signos claros de ser más reciente. La altura de los muros es de 1m. En el centro de este recinto encontramos lo que parece ser un muro de barro que la cruza de oeste a este. Este muro tiene una altura de 0.20 cm y en el sector este aparecen rocas como parte del mismo. Hay un gran árbol en el interior de esta estructura, en el sector sur. Los árboles y arbustos han avanzado sobre la misma. Por esto con Carlos, Mario y Alejandro, otros dos niños que habitan el terreno de Don Marcos, despejamos un poco el área para sacar fotos. Esta estructura se encuentra a 5 minutos de camino de la primer estructura que describimos (corral de chanchos). De esta forma continuamos el descenso rumbo noreste, hacia la primera estructura observada, para ver que más podíamos encontrar. Continuamos viendo alineaciones y montículos de rocas, pero estaba muy cubierto de vegetación como para observar las formas y dimensiones. Llegando a “El corral de Chanchos” fuimos encontrando montículos de piedras bien definidos, que habría que estudiar para entender algo de sus funcionalidades. Ya descendiendo hacia la casa de Don Marcos encontramos otra roca con orificio de mortero. Dado que la mayor parte de las estructuras se encuentra sobre la loma del terreno de Marcos Pasayo es que se nombra este sitio como Sitio Loma de Pasayo. Todo trabajo que se realice en este sitio solo se justifica en la idea de generar un circuito que sea parte de la muestra in situ del museo Marcos Pasayo de la comunidad de Hualinchay y la reconstrucción identitaria de la comunidad. d) El Sitio Roque Candelaria Roque nos llevó (Herrera y Ferrero) a conocer su casa, algo que según cuentan, no es común, porque es una persona muy distante y de pocas palabras. Queda en el paraje Tacanas, y desde el camino sólo se ve un palo con una marca. Subiendo unos 20 metros en pendiente hacia el sur, conocimos la casa de Roque y Candelaria.


Cuando llegamos nos señaló hacia el suelo y dijo, bien ronco “para esto es que los traje”; nos sorprendió con una estructura circular de unos 3,50 metros de diámetro, semienterrada, con piedras planas colocadas en forma de canto que conforman una excelente construcción. En las inmediaciones de la vivienda, no detectamos ninguna otra estructura ni ningún tipo de resto arqueológico. Creemos que se trata de una estructura de vivienda del estilo de la cultura Candelaria (casualmente…), que poco se han encontrado en el norte tucumano, debido quizás a la densidad del monte y a la poca cantidad de estudios de prospección de los últimos años. [Según Osvaldo Heredia (1970), las viviendas de la cultura Candelaria, son de planta circular o subcircular, de alrededor de 6 m de diámetro, delimitadas por una hilera de piedras clavadas en el terreno. Como se construían con materiales perecederos, las piedras planas clavadas en la estructura eran una especie de zócalo que aseguraba al suelo las ramas y postes de las paredes. Estos recintos están aislados unos de otros. (ver también Fernández Chiti, 2005)] A tan sólo un metro de la estructura arqueológica, vive Roque, y dice que no quiere que se conozca porque ya muchos han ido por la zona a desenterrar cosas. El prefiere protegerla, consciente de que es parte del pasado de los pueblos originarios. No es un detalle menor, que Roque y Candelaria adhieren a la Unión Diaguita Calchaquí. También cuenta Candelaria que sus hijos encontraron fragmentos de cerámica en sus travesuras en el interior de la pirca. A unos 20 metros hacia abajo, y ya en el borde del camino, Roque nos muestra una pecana (roca de leve forma cóncava, que se utiliza para la molienda de granos), que está escondida por las ramas de los arbustos. Luego volvemos a retomar pendiente hacia arriba y al oeste, con dificultades para atravesar la vegetación, y a una distancia de 50 metros de la casa y 10 metros de la ruta, llegamos a una roca 1,50 metros de diámetro que posee un hoyuelo a modo de mortero (10 cm de diámetro x 7 cm de profundidad). Durante la recorrida, llamó la atención sus pocas palabras y la forma áspera y cortante del tono de su voz. Pero cuando nos retirábamos, oímos una conversación desde la casa, que no llegamos a entender ni una palabra. Los tonos eran diferentes y casi verborrágicos. Elsa nos comentó que ella tampoco entendía, que en la casa de Roque hablaban así sólo entre ellos, pero que a la hora de dirigirse a otras personas hablaban castellano…

Consideraciones (por ahora) finales El trabajo coparticipativo en Hualinchay nos deja varias consideraciones, de diferentes tipos: En cuanto al museo, pudimos observar como el trabajo comunitario entre los participantes de la comunidad y nosotros, generó un espíritu de cooperativismo que no se manifestaba inicialmente o bien, no ante nuestros ojos. A medida que avanzaba el montaje del museo, se fueron sumando cada vez más comuneros, colaborando con lo que veían que podía servir o preguntándose entre ellos y a nosotros, con qué se podía aportar. El museo llevó a muchas personas a que se reencontraran con su identidad, al “desempolvar” objetos arqueológicos y tradicionales que guardaban entre sus viejas pertenencias.


En la inauguración, nos sorprendió la cantidad de personas que asistieron, con una solemnidad y expectativa tan sincera como pocas veces hemos visto. La coparticipación en la investigación arqueológica, permitió (a nosotros) que llegáramos a conocer sitios y piezas arqueológicos, que de otra manera (y con otra actitud) jamás podríamos haber encontrado. Por parte de ellos, creemos que disfrutaron de compartir sus opiniones, conocimientos y descubrimientos, bajo una relación de confianza y respeto. Los sitios que pudimos ver, corresponden aparentemente, a asentamientos de la cultura Candelaria, que si bien se sabe muy bien que vivieron en ambientes de selvas de montaña, generalmente, no ha sido tan fácil hallar sus viviendas para muchos arqueólogos. También hizo la coparticipación, como forma epistémica de conocer, que nos sintiéramos más conectados con el lugar, con la gente y con la forma en que ellos saben del mundo. Allí en el campo, no nos sirvieron de mucho las categorizaciones y clasificaciones occidentales; hemos percibido que el concepto de las disciplinas separadas o interrelacionadas, nos obstaculiza el conocer y descubrir, nos aleja de los mensajes con los que la comunidad transmite en sus acciones, palabras y silencios. Relajar y soltar lo urbano, nos lleva directamente a encontrarnos nosotros mismos, y así relacionarnos de otra forma, entre sujetos. Consideramos que, tanto la construcción del museo como la revalorización de los sitios arqueológicos que están en su mismo poblado, y la sensación colectiva de poder haber podido hacerlo, han de servir como herramientas legitimantes de protección de sus bienes simbólicos y materiales, es decir, sus tierras donde habitan, el patrimonio arqueológico y ecológico, su pueblo en general, etc. En términos de Mignolo, nosotros no pretendemos una mirada post-colonial, si no una postura descolonizadora. No pretendemos deconstruir la historia, sino construir otras historias. No se trata de educar, incluir o eliminar grupos culturales sino colaborar en que estos grupos elijan su propio modo de vida. Por lo tanto, esta metodología no se opone a nadie ni nada, solo intenta tomar su propio camino, aunque el poder de turno insista en tomar como opositores a los que quieren desprenderse de él. No universal, sino pluriversal. No se trata de una oposición, sino de un desprendimiento, de una apertura del pensamiento. Salirse por la grieta hacia la construcción de un nuevo conocimiento, el de la coparticipación, el de la integración. Esto es una construcción humanizada del saber donde dos o más grupos de personas generan una grieta en la colonialidad sólo en su encuentro, y desde ahí enfrentan la tarea juntos, y en relación de respeto y reconocimiento mutuo, de construir un saber de múltiples expresiones. Es aquí donde podemos aproximar a un conocimiento más real y menos artificial. Donde la diversidad se exprese en el producto final de la tarea investigativa como resultado de un trabajo social y no de un trabajo particular despersonalizado e individualista. Resulta importantísimo recordar que más allá de descolonizar el conocimiento mediante el método, es importante empezar por descolonizar el discurso. Reconociendo que sólo cuando hablamos legitimamos nuestra posición de inferiores en el plano mundial. Por que llamar “conana” a algo que hace tiempo nos vienen insistiendo, los descendientes de aquellos grupos que la hicieron y usaron, que es una paridera. Ejemplos como estos hay miles, en los que el científico insiste en nombrar mal, como producto de una formación y una mirada extranjera gestada desde una intención deliberada de conquista y genocidio cultural. Hay particularidades que hay que mirar y aprender a ver junto a los pueblos que entienden más del tema que el investigador científico, que se refugia habitualmente, en generalizaciones, herramientas conceptuales que no son más que herramientas. Por eso solo al nombrar las cosas se está siendo responsable en la sumisión cultural. Por último, a tono de anécdota: caminando por el cerro encontramos una estructura circular y Carlitos la llamo corral de chanchos. Observándola bien, y mirándolo a Carlitos no nos quedó otro remedio que nombrarla “Corral de chanchos”. Claro hace mil años no había chanchos en la zona


pero de eso es de lo que se trata, después si hubo, durante siglos. Se trata de reconocer las relaciones interculturales impresas en nuestra propia identidad. Por eso también el museo se llama “Cacique Marcos Pasayo”, cacique no reconocido por los grupos indígenas institucionalizados. Porque en el colonialismo y la descolonización del saber estamos todos y en reconocer nuestros propios condicionamientos culturales está la capacidad de lograr espantar la mosca imperialista de nuestra propia cara. Agradecimientos Agradecemos enormemente a la comunidad indígena de Hualinchay por su especial atención y trato para con nosotros. Nos hemos sentido realmente muy bien recibidos, creemos que esto se debió a la actitud humana por encima de la científica con la que nos manejamos. La metodología científica y su relación científico-objeto de estudio utilizada por muchas entidades y agrupaciones no está permitiendo cuestiones de agrado para con esta gente: una taza de mate cocido, un asadito, o una buena caminata. El atropello de teodolitos, cucharines, estecas, camionetas y demás solo logra aislamiento y desconfianza por parte de un conjunto de personas que si hoy en día viven donde viven es porque así lo decidieron, no hubo una persona de las entrevistadas que se haya quejado por el marco geográfico donde habita. Paremos con la idea de marginalidad social y el aislamiento generado por un sistema capitalista enfermo (que existe). Ellos son felices allí, lo único que desean es que se los trate con educación y respeto, “lo que aquí se revuelve es tierra de nuestros padres y abuelos “, dijo un lugareño. Al fin y al cabo solo se trata de escucharlos, quieren contarnos muchas cosas a las cuales nosotros no estamos preparados, mientras tanto con oír en silencio basta.

Camino sinuoso, abundante verde y algunas flores! Allá vamos…….El cacique ha muerto!!!! Su voz nos llama….. Sentimos su espíritu en el nuestro, compartimos su viaje…..! El cielo nublado, con espacios iluminados por el sol escondido! La cumbre con nieve……espera a su jefe! La naturaleza lo abraza y recibe con fuerza al hijo de ella…..! Rostros tristes, sinceros…..miradas con hondo afecto. Lágrimas, sollozos sin consuelo…sienten la ausencia del padre, abuelo y amigo! Oraciones a Dios y a todos los santos!, Velas encendidas…yuyos aromáticos, agua con jabón y otras creencias debajo del viajero…. Amigos y parientes a caballo o a pié, bajan de distintos cerros para acompañar a los deudos. Delantales blancos de la escuela vecina, también lo rodean rezando y llenando de flores su cuerpo dormido. Todos juntos…. al lado de leños encendidos, tratan de calmar el frío. La mesa está preparada, pan, bebidas y un guiso caliente! Reunidos todos, juntos… comen en su honor! La brisa helada corre y acaricia las caras dolidas de expresión penetrante, que recuerdan al profundo…., sereno…… y cálido hermano!!!! (Compartimos su Viaje, Teresa Paunero)


Bibliografía Aguirre, G.; Aráoz, G.; Gómez Augier, J.; Iacullo, A.; Míguez, G. 1999. Prospección arqueológica en el sitio Las Salinas, Dpto. Burruyacú, Provincia de Tucumán (S.Tuc.Burr 1). Cátedra de Métodos y Técnicas de la Investigación Arqueológica, Facultad de Ciencias Naturales e I.M.L. Universidad Nacional de Tucumán. Bellos, Gabriel. 1999. Cuando la subjetividad es subversiva. www.anku.com.ar Bellos, Gabriel. 2007. Racionalidad del Contexto de Descubrimiento y Lógica de la Generación de Hipótesis. www.anku.com.ar Carrizo, Luis. 1998. Pensamiento Complejo y Transdisciplinariedad. Nodo Rivera de Pensamiento Complejo, Casa de la Universidad, Rivera, Uruguay. Durango de Cabrera, J.; Aceñolaza, G. (eds.). 1998. Geología de Tucumán. Edición del Colegio de Graduados en Ciencias Geológicas de Tucumán. Esparrica, Héctor. 2003. Estado actual de las investigaciones arqueológicas en el Área de la Comuna de San Pedro de Colalao, Tucumán Argentina. Anales Nueva Época n° 6. Iberoamerikanska Institutet. Gottenburgo Fernández Chiti, Jorge. 2005. Cultura Arqueológica Candelaria. Cerámica Indígena Arqueológica Argentina. Tomo 2. Ediciones Condorhuasi. Heredia, Osvaldo R. 1970. La cultura Candelaria. Rehue 3: 55-81. Concepción. Heredia, Osvaldo R.1975. Investigaciones arqueológicas en el sector meridional de las selvas occidentales. Revista del Instituto de Antropología 5. Córdoba. Herrera, Andrés. 2007a. Chamanismo y Arqueología en el Noroeste de la Argentina. Ediciones ANKU. Herrera, Andrés. 2007b. Antropología para el compromiso social. Ediciones ANKU. Mignolo, Walter. 2005. El pensamiento des-colonial, desprendimiento y apertura: Un manifiesto. Tristestópicos.


Croquis

Víctor González


Apéndice 1: Texto principal del Museo Cacique Marcos Pasayo* Ubicada subiendo los cerros tucumanos llamados Cumbres Calchaquíes, nuestra Comunidad tiene características especiales, como ser su vegetación típica de montaña pero también convive con plantas selváticas (algarrobos, cebiles, tuscas, cardones, talas, pastizales de altura, entre otros). Nuestro origen esta en los valles calchaquíes, en Colalao, de donde nuestros antepasados fueron trasladados en forma de encomienda por los colonizadores españoles, a estas tierras hace más de 300 años. Trabajamos la tierra, en pequeñas parcelas, para nuestro consumo familiar, y criamos nuestros animales en la altura de las cumbres y las quebradas, los vamos trasladando de acuerdo a las épocas del año, y de acuerdo a los nacimientos. Nuestra alimentación es a base de lo que producimos o tomamos de la naturaleza, carne de los animales que criamos, panes caseros, guisos, frutos de plantas autóctonas y otras plantadas por nosotros como las nueces de los nogales, los duraznos y las manzanas. En la Comunidad Indígena de Hualinchay vivimos unas 35 familias, con casas dispersas entre las montañas, lo que hace que no todas se vean cuando uno llega aquí. Construimos con algunos materiales de la ciudad como ladrillos, pero preferiblemente se utiliza a la manera de nuestros ancestros, con piedras enpircadas con adobe, y techos de madera y paja. Preferimos usar la medicina aprendida de nuestros antiguos antes que ir a la lejana ciudad. Usamos hierbas como la chachacoma, ingayerba, contrahierba, arcayuyo, malva y muchas otras. Las curaciones irán acompañadas de las palabras, nuestros secretos ancestrales. Con este Museo deseamos mostrarles sólo una parte de nuestras costumbres, nuestra historia, nuestras herramientas y nuestros conocimientos... lo demás nos pertenece, y lo seguiremos viviendo a nuestra manera.

* Texto construido e interpretado a partir de la voluntad y las voces de su comunidad. En: Herrera, Andrés. 2007. Antropología para el compromiso social. Cap 9. Editado por el Grupo ANKU.


Apéndice 2: Declaración sobre la piedra con morteros Redacción y aporte de Lorenzo Verdasco, sobre el problema planteado por representantes de la Comunidad Indígena Hualinchay:

Hualinchay, 26 de Julio de 2008 DECLARACIÓN El mortero de piedra encontrado en la localidad de Hualinchay, durante el verano del corriente año, constituye una pieza arqueológica de inestimable valor cultural y pertenece a la Comunidad de Hualinchay. A partir de esta realidad, todo intento de apropiación, por parte de personas y/o instituciones, de la mencionada piedra, será considerado una seria violación al derecho que tiene nuestra comunidad a preservar su patrimonio, su identidad indígena, y, por ende, su cultura. A decir, será rechazado con toda la fuerza de nuestra convicción.

Firmas


Apéndice 3: Carta de la Transdisciplinariedad Elaborada en Arrábida, Portugal, en 1994. Artículo 1. Toda tentativa de reducir al ser humano a una definición y de disolverlo en estructuras formales, cualesquiera que sean, es incompatible con la visión transdisciplinaria. Artículo 2. El reconocimiento de la existencia de diferentes niveles de realidad, regidos por diferentes lógicas, es inherente a la actitud transdisciplinaria. Toda tentativa de reducir la realidad a un solo nivel, regido por una única lógica, no se sitúa en el campo de la transdisciplinariedad. Artículo 3. La transdisciplinariedad es complementaria al enfoque disciplinario; hace emerger de la confrontación de las disciplinas nuevos datos que las articulan entre sí, y nos ofrece una nueva visión de la naturaleza y de la realidad. La transdisciplinariedad no busca el dominio de muchas disciplinas, sino la apertura de todas las disciplinas a aquellos que las atraviesan y las trascienden. Artículo 4. La clave de la bóveda de la transdisciplinariedad reside en la unificación semántica y operativa de las acepciones a través y más allá de las disciplinas. Ello presupone una racionalidad abierta, a través de una nueva mirada sobre la relatividad de las nociones de «definición» y «objetividad». El formalismo excesivo, la absolutización de la objetividad, que comporta la exclusión del sujeto, conducen al empobrecimiento. Artículo 5. La visión transdisciplinaria es decididamente abierta en la medida que ella trasciende el dominio de las ciencias exactas por su diálogo y su reconciliación, no solamente con las ciencias humanas sino también con el arte, la literatura, la poesía y la experiencia interior. Artículo 6. En relación a la interdisciplinariedad y a la multidisciplinariedad, la transdisciplinariedad es multirreferencial y multidimensional. Tomando en cuenta las concepciones de tiempo y de historia, la transdisciplinariedad no excluye la existencia de un horizonte transhistórico. Artículo 7. La transdisciplinariedad no constituye una nueva religión, ni una nueva filosofía, ni una nueva metafísica, ni una ciencia de las ciencias. Artículo 8. La dignidad del ser humano es también de orden cósmico y planetario. La operación del ser humano sobre la Tierra es una de las etapas de la historia del universo. El reconocimiento de la Tierra como patria es uno de los imperativos de la transdisciplinariedad. Todo ser humano tiene derecho a una nacionalidad, pero, a título de habitante de la Tierra, él es al mismo tiempo un ser transnacional. El reconocimiento por el derecho internacional de la doble pertenencia –a una nación y a la Tierra– constituye uno de los objetivos de la investigación transdisciplinaria. Artículo 9. La transdisciplinariedad conduce a una actitud abierta hacia los mitos y las religiones y hacia quienes los respetan en un espíritu transdisciplinario. Artículo 10. No hay un lugar cultural privilegiado desde donde se pueda juzgar a las otras culturas. El enfoque transdisciplinario es en sí mismo transcultural. Artículo 11. Una educación auténtica no puede privilegiar la abstracción en el conocimiento. Debe enseñar a contextualizar, concretar y globalizar. La educación transdisciplinaria reevalúa el rol de la intuición, del imaginario, de la sensibilidad y del cuerpo en la transmisión de los conocimientos. Artículo 12. La elaboración de una economía transdisciplinaria está fundada sobre el postulado de que la economía debe estar al servicio del ser humano y no a la inversa. Artículo 13. La ética transdisciplinaria rechaza toda actitud que niegue el diálogo y la discusión, cualquiera sea su origen, ideológico, cientista, religioso, económico, político, filosófico. El saber


compartido debería conducir a una comprensión compartida, fundada sobre el respeto absoluto de las alteridades unidas por la vida común sobre una sola y misma Tierra. Artículo 14. Rigor, apertura y tolerancia son las características fundamentales de la actitud y visión transdisciplinaria. El rigor en la argumentación, que toma en cuenta todas las cuestiones, es la mejor protección respecto de las desviaciones posibles. La apertura incluye la aceptación de lo desconocido, de lo inesperado y de lo imprevisible. La tolerancia es el reconocimiento del derecho a las ideas y verdades contrarias a las nuestras. Artículo final. La presente Carta de la Transdisciplinariedad es adoptada por los participantes del Primer Congreso de la Transdisciplinariedad, no valiéndose de ninguna otra autoridad que aquella de su obra y de su actividad.

http://www.filosofia.org/cod/c1994tra.htm


Apéndice 4: Nota sobre la Inauguración del Museo Cacique Marcos Pasayo Por Víctor González Luego del trabajo de muchas personas y de que, de manera independiente, se inauguró un nuevo museo: "El museo Cacique Marcos Pasayo", perteneciente a la comunidad de Hualinchay, ubicada a escasos kilómetros de San Pedro de Colalao. Luego de todo el esfuerzo y dedicación la comunidad, y todos los que nos sentimos comprometidos con la tarea, logramos comenzar a concretar el sueño de un Cacique y Chamán: "que no se pierda lo aprendido por sus ancestros y que la comunidad se unifique como tal". Llegó el momento de la inauguración, y los representantes indígenas de la comunidad de Tolombón (teóricamente) llegaron al lugar a colaborar y apoyar a la comunidad Hualinchay en un momento tan importante para su historia como pueblo y tan emotivo en el marco de honrar a su Cacique. Cuando el evento estaba terminando nos llamaron a todos para una reunión. Uno de los representantes de Tolombón, sacó un cuadernito, en una actitud de representante imperial que comienza a leer su folio inmemorial. Y comenzó a informarle a la comunidad Hualinchay las faltas que estaban cometiendo al "Estatuto de la comunidad de Tolombón". Dictaminando, sin previa consulta que la comunidad de Hualinchay se encuentra dentro del territorio de Tolombón. Que ellos estaban bien asesorados por abogados conforme a la ley del estado y “registrados en el RENACE”. Mientras que Hualinchay debía acatar el estatuto ya que no se encontraba registrada ante la ley. Todos nos miramos y quedamos descolocados por la actitud invasora de estos representantes. Imagínense el clima de la reunión!, tan desubicada en contexto del evento que se estaba realizando. Eso no fue todo, siguió lo que nunca nos hubiésemos imaginado: que el problema era que no habíamos pedido autorización, no solo para crear el museo, si no, para ponerle el nombre del Cacique Marcos Pasayo!!!!! La discusión, obviamente, elevó el tono por parte de todos los que nos sentimos agredidos y sentimos la gran falta de respeto que se estaba efectuando sobre la memoria del Cacique de Hualinchay. Es que, según Tolombón, hay un solo cacique y Don Marcos no había sido, de ninguna manera un cacique, ni siquiera estaba permitido considerarlo de manera simbólica. Resulta que la ley, como es costumbre, no es la misma para todos. Y para Hualinchay parece, por una cuestión de aparatos de poder político, no se le quiere permitir su legítimo derecho de autodeterminación como pueblo originario. Por suerte el cacique es cacique en la memoria de su pueblo y en su tradición oral. Tradición que comienza a guardarse en papel por medio de trabajos de investigación independiente. Como queda más que claro en el libro de Andrés Herrera "Arqueología y Chamanismo en el Noroeste de la Argentina" y todo un plan de investigación para la zona de la mano del Grupo Anku. Aquí se evidencia que en este sistema, en el que venimos viviendo y que construimos todos, el indigenismo se desfigura y ensucia, como todo, cuando se enajena alejándose de las cercanías de su propio "ser". Y permite que en el marco de las generalizaciones homogenizadoras del imperio de turno, tan alejado de nuestra comprensión del "quién" pero tan fácil para nuestro entendimiento del "cómo", la lucha de minorías (indígenas o no) sean pintadas del mismo color y trivializadas. Como un punto gris que se pierde en un muro gris. Mañana no sé, pero hoy Hualinchay no es Tolombón.

Hualinchay  

Campaña en Hualinchay

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