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is, el rey de la Puna.


Montañismo

El Rey de la Puna – Monte Pissis

Breve relato de ascensión.

Introducción Se pueden dar algunos datos (y números) que cualifican al Monte Pissis. Denominado así, en honor al francés Pierre Aimé Pissis, un geógrafo del siglo XIX que trabajó en la zona. Es un volcán activo, el más alto de la Tierra, ubicado en la Puna, en un lugar poco explorado, limítrofe entre las provincias de Catamarca (desde donde accedimos) y La Rioja. Se extiende a lo largo de 22 km, que lo convierten en una gran montaña. Tiene 5 cumbres, sobresalen la mayor de 6795m, denominada CAM ó Principal, y la secundaria de sólo 4 metros más baja. Por su altura, se convierte en la 3era montaña más alta de Argentina (luego de Aconcagua y el Ojos del Salado) Ascendido por primera vez en 1937 por polacos, pudo repetirse la cumbre principal recién 46 años después. La primera ascensión argentina fue recién en los años 80 y la denominada ruta Normal, que fue la elegida por nosotros, se realizó recién en 1998

Nos atraía la posibilidad de coronar su cumbre, donde no muchos han llegado. Aislado, inhóspito, grande. Probablemente asusta en la previa, leyendo relatos todos hablan de la dureza del lugar, de los efectos de la altura, de los vientos fuertes que azotan. Nuestro maestro, y gran amigo, Eduardo Sibulosky nos ha dado muchos consejos, Herman hizo lo propio y Vanina que había visitado la montaña en dos oportunidades también nos resultó de gran ayuda. Ni hablar de algunos desconocidos que aportaron datos mediante libros y relatos; muchas personas enmarcadas en


Montañismo esta “comunidad de la montaña” que siempre colabora con algún dato y sobre todo con muy buena vibra. En lo personal, un gran desafío, una enorme aventura, y un sueño a cumplir. Cuando arranqué en el montañismo la primera gran montaña que llamó mi atención fue el Pissis. Esa enorme mole que parecía inalcanzable para mí. Ya soñaba con Aconcagua, la montaña de mi vida, pero el Pissis... era una de esas grandes cosas que uno hace, y que en algún momento pensó nunca poder concretar. Venía con un gusto amargo del Ojos del salado, había sentido que lo lograba, pero volví sin su cumbre. Convencido de que todo pasa por alguna extraña razón, me dije volveré pronto. Y aquí estoy, 15 de febrero de 2014, en Fiambalá, y rumbo al Pissis.

Puesta en marcha. La expedición arrancó el 1° de febrero, saliendo de Buenos Aires, y constaba de 3 etapas: una, la primera, aclimatación de Las Grutas, Catamarca. Dos, ascenso al Ojos del Salado, por la ruta normal del lado chileno. Tres, ascenso al monte Pissis, por la ruta normal argentina. La primera etapa fue muy buena, sin apuros ni actividades fijadas previamente transcurrió de manera rápida, y divertida! La segunda etapa (será relatada en otro momento) fue muy buena, a pesar de no lograr alcanzar la cumbre.

La tercera etapa, arranca en Fiambalá... Partimos muy temprano en la mañana. Néstor con su camioneta nos pasó a buscar por el hostel San Pedro. Alrededor de las 7am cargamos la camioneta, y partimos. Desde Fiambalá son aproximadamente unos 200km, de los cuales 90 Km. son de un camino transitable sólo con vehículos 4x4. El viaje duraría unas 5 a 6 hs. En el pueblo contactamos a Jonson Reynoso para contratar el servicio de transporte.


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De ser posible ese día instalaríamos campamento a unos 5000-5100m dependiendo del lugar que la camioneta nos dejara. Nos pasaríamos por alto el campamento base (llamado Mar del Plata). Teníamos muchos días en altura, con buena aclimatación. A marcha lenta fuimos avanzando en medio de paisajes muy cambiantes. Desde Chaschuil vimos de todo: verde y con ganado, hasta la zona desértica del Pissis. Pudimos observar muy lejos la presencia del cerro Bonete chico, la cuarta cumbre más alta de América. Luego apareció el gran Pissis. Pasamos por la coloridas lagunas de la zona: de los aparejos, celeste, negra, y veíamos a lo lejos la laguna verde. Las vistas, por donde se mire, son realmente espectaculares. Mis ojos nunca habían visto algo semejante. Ver algo así emociona, conmueve. Nos pasó a todos por igual. Tomamos mil fotos, pero creo que, en definitiva, es imposible retratar tal belleza. Néstor nos dejó más allá de CB Mar del Plata, y en medio de un viento fuerte, arrancamos la caminata hacia el C1, que finalmente instalamos a unos 5100m, cerca del glaciar, de donde pudimos obtener agua líquida, cosa que nos ahorró trabajo, tiempo y combustible! Armamos las carpas cerca de una roca de gran tamaño, algo nos protegía del viento, que se día, soplaba muy fuerte. Tuvimos tiempo para descanso, una buena cantidad de mates, una cena tranquila, y descanso obligado en las bolsas de dormir. Fueron largas horas de estadía en la bolsa, necesitábamos un buen descanso. Por la mañana desayunamos tranquilos, desarmamos campamento, y seguidos hacia arriba. El viento había aflojado bastante y esa mañana nos permitía andar sin dificultad. Caminamos al borde del glaciar hasta los 5700m, y fue allí donde establecimos el C2. Todavía teníamos mochilas pesadas, y por ello la caminata fue a ritmo lento. De todas maneras, no tardamos mucho, todos nos encontrábamos en óptimas condiciones. A puro piquetazo pudimos alisar un poco el terreno para poner las carpas "casi" horizontales. Siempre relajados, con los primeros litros de agua obtenidos, hicimos mates, mientras seguíamos con la tarea de derretir hielo y nieve del glaciar. El sol se ocultaba detrás de la montaña y la temperatura bajaba drásticamente. De unos 15° dentro de la carpa bajamos a 0° en cuestión de minutos. Por suerte en la carpa MH cabemos los 5 sin dificultad, y entre ronda de chistes y charlas, se pasó el resto del día. Nuevamente pudimos disfrutar de una larga estadía en la bolsa de dormir. Salir al baño era tarea de valientes! Pero la noche, muy fría, estaba despejada de nubes y llena de estrellas. Digno de admiración. Martín planteó un día de descanso para atacar la cumbre al día siguiente, y, dado que seguía el buen clima, ese día hidratamos y descansamos. Alguna pequeña caminata para estirar piernas, y practicar transito con grampones vino bien. Había que manejar la ansiedad, así que me dediqué, también, a preparar la mochila de ataque. Todavía tenía el gusto amargo del Ojos del Salado, y esta vez quería que todo se concretara. El resto del grupo creo que hizo lo mismo. Cae el sol, la temperatura, y a la bolsa.


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Día de ataque. Como se había charlado previamente, salimos cerca de las 4am con rumbo a cumbre. Noche oscura. Viento suave. Frío intenso. Cielo despejado. Eran condiciones ideales para ese día. Con los grampones puestos prácticamente desde las bolsas de dormir, nos montamos al glaciar y comenzamos a ganar altura

A Gustavo no le gusta el hielo. A Mariano la altura le da un sacudón al cuerpo. Para Carol, es su lugar en el mundo. Martín nos guía, y se siente cómodo. También quiere coronar al Pissis. Para mi, simplemente, me encanta todo esto: frío, hielo, altura, buena compañía, amistad, y desafío, la belleza de la naturaleza, la simpleza de la vida en la montaña. Todo forma un sólo paquete, que en ese momento puedo disfrutar. En la larga caminata a través del glaciar uno se vuelve una máquina de repetir pequeños pasos. Es difícil hablar con los compañeros (viento en contra, dificultad para respirar, agitación, etc.). Para mantenerse concentrado (es necesario hacerlo) uno busca, y con la experiencia aprende, hacer cosas para seguir despierto y con todas las luces prendidas: escuchar música, cantar, tratar de recordar algo puntual (un chiste, una película, alguna charla con alguien). Brazos y piernas se mueven, nunca paran. Generan calor y logran que avances.


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Con la salida del Sol, uno puedo apreciar todo el entorno. Es un momento mágico. El momento más frío del día. Pero el sol nos da calor, y color. Emociona el paisaje, y la inmensidad. Invade la soledad. Ante mis ojos, un gran valle, en donde se lucen a lo lejos, el Nacimiento, el Walter Penck, el Ojos del salado y el bellísimo Tres Cruces. Todas ellas grandes moles de rocas y hielo. Y está el Incahuasi, una montaña tan bella como magnética. Como los ojos de Medusa, es imposible no mirarla. Subimos por el glaciar hasta los 6300m, en donde se puede acceder a una especie de terraza, bastante amplia, en donde pueden armarse unas carpas. De hecho, pudimos ver algunas pircas muy prolijamente armadas. Se continua por el sendero, en pleno acarreo hasta los 6400m, donde ya se puede divisar la cumbre principal! Una alegría enorme. Pero aun quedaba mucho por caminar.


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Fue momento de descanso, bebimos agua y té, con algunas barritas de cereales. Seguimos para arriba por un filo que conduce a la cumbre secundaria (Gendarmería Nacional), y luego por un plateau, en dirección sur para encarar la parte final del ascenso. El día estaba ideal. El cansancio controlado, y síntomas de MAM, ausentes. A los 6700m nuevamente nos calzamos los grampones para alcanzar el filo cumbrero. De pronto, tan cerca, ya vemos la cruz. Qué alegría! Aun faltaban unos metros, pero estaba delante de mí. A pasos de coronar nuevamente un "grande".

Primero llega Gustavo, luego Carolina, yo, Mariano y Martín. Finalmente nos fundimos en un verdadero abrazo cumbrero! Felicidad plena y pura. Seguramente cada uno tuvo su festejo interno. Hora de cumbre: 13.30 hs Altura: 6818m según mi GPS.

Cumbre!! Fotos de rigor, toma de algún souvenir, y a bajar. Era largo el camino de vuelta. Bajamos por el lado opuesto, por el filo que conduce directamente a la cumbre de GN, pero decidimos no ir hasta allá ya que se había levantado mucho viento y las nubes estaban cada vez más encima de nosotros.


Bajamos del filo hacia el plateau y retomamos el camino de subida. Acarreo final hasta las carpas que se nos hizo eterno, y al atardecer llegamos a las carpas, que se sentían como "casa". Allí nos esperaban unos ricos mates y una picada. Cansadísimos de la larga caminata. Pero qué lindo se siente. El día extra lo tomamos como descanso total. Nestor pasaría por nosotros recién al día siguiente. Descanso, relax, y alegría. El punto de encuentro había sido fijado con anticipación. Era como esperar un taxi en el medio de la nada! Sentados, esperando ansiosos que vinieran a buscarnos a lo lejos divisamos un punto negro en el horizonte que luego se transformó en la camioneta de Nestor. Festejos de saber que hoy era nuestra vuelta a la civilización. Llegamos a Fiambalá antes del atardecer. Nuevamente el hostel San Pedro. Cena obligada en la pizzería Roma, un buen relax en los sillones del patio del hostel mirando las estrellas y a la cama. Objetivo cumplido. Mi (nuestra) visita al rey de la Puna deja una marca imborrable en los ojos y el corazón.

Texto y fotos: Christian Jirasek y Carolina Mourazos


Información técnica - Handy

El uso del handie en la montaña; tips y recomendaciones

En cada salida con mis amigos, siempre los hemos utilizado, son una gran inversión en seguridad y con el paso del tiempo algunos de ellos se han comprado el handy propio en función a las experiencias vividas. Mi nombre es Gustavo Kallenbach. Soy radio-aficionado y montaña-aficionado. También soy accidente-aficionado, por eso aprendí la importancia de estar comunicados en la montaña! Algunas preguntas que me han hecho ¿qué handy me compro? ¿VHF o UHF? ¿Que marca? ¿Que alcance tiene? ¿Cómo y a quién pido auxilio en caso de necesitarlo? Entre otras. Mi respuesta a estas preguntas suele ser: ¿para qué lo vas a usar? ¿Vas solo o acompañado? ¿Hay otros handies en el grupo? ¿A dónde te vas? Primero que nada, considero fundamental tener dos handies -o más- en el grupo y te explico por qué. Llevo contadas al menos dos veces en salidas grupales donde el tener handies hizo una GRAN diferencia y no hay salida en la que no los hayamos usado. Pero siempre fue mucho más importante estar comunicados entre nosotros, que con terceros. Sucede que por múltiples motivos un grupo se divide. En esos casos, mantener una comunicación entre nosotros es muy importante. Ahora, ¿Qué pasa si estoy solo? Si vas a algún lugar donde frecuentan otros montañistas, tener dos handies también es de gran utilidad porque por ejemplo se puede pedir a alguien que esté aclimatando o acampando que se quede con uno y nos vamos comunicando periódicamente en horarios preestablecidos. De esta manera, si pasa algo, tenemos a quien avisar. Viajar solos y tener

VHF banda corrida


Información técnica - Handy solo un handy nos limita mucho la ecuación, pues dependemos de que alguien más lo tenga o de conocer las frecuencias de emergencia. Amén de que eso lo tenemos que saber igual. Puede suceder que sintonicemos una frecuencia de guardaparques y escuchemos conversaciones, pero al intentar comunicarnos nosotros con ellos, nadie responda. ¿Porque? El guardaparque o los servicios de emergencia suelen usar lo que se llama bases que tienen una potencia y antenas de alcances muy superiores a la de nuestros handies y por consiguiente llegan mucho más lejos en la distancia, pero nuestros handies con suerte nos dan unos pocos kilómetros.

En el alcance de un handy influyen factores como la hora del día (hay mejor propagación de onda por la tardecita), el viento, las nubes, la lluvia, etc. Tener en cuenta que la onda de radio de un handy viaja directo, es decir que si entre el punto A y el punto B hay una distancia de 5 kilómetros pero entre medio de ellos hay una montaña, es probable que nunca nos podamos comunicar. Por ende, establecer un alcance en los terrenos montañosos donde nos movemos nosotros es muy difícil. Aunque, normalmente si un handy queda en una carpa y el otro sube la montaña suele suceder que hay una distancia visual que permite una comunicación cuanto más arriba o cerca de la cumbre estemos. ¿Qué es VHF y UHF? Si entras a MercadoLibre te podés volver loco con la cantidad de marcas y modelos. Sin entrar en demasiados tecnicismos, un handy que es VHF (por sus siglas en inglés Very High Frequency) es el que usa la policía, rescatistas, bomberos, etc. Uno UHF (Ultra High Frequency) suelen ser como los famosos Motorolla Talkabout® y estos en la montaña tienen un alcance más limitado. También están los que vienen bibanda VHF + UHF, estos últimos son prácticos porque permiten abarcar mayor cantidad de posibilidades, pero hay que saber configurarlos! Ni que hablar de los que vienen tri y cuatri banda; sería como comprarte una Ferrari para hacer 4x4, no tiene sentido. Entonces, ¿¡Cual compro!? Siempre hay una serie de datos técnicos que recomiendo que tenga el handy: que sea VHF (o VHF + UHF), potencia de 5 watt, banda corrida (o sea que tenga teclado numérico) batería de litio, una batería adicional y, en lo posible, con una funda estanca que se compra aparte. Si les sirve como referencia, los dos handies que yo utilizo son idénticos y algo viejitos, marca Yaesu Vertex modelo VX-150, pero hoy por hoy se consiguen equipos más livianos y de prestaciones muy similares. Por ejemplo, equipos Baofeng y Blitz que tienen amigos y andan muy bien. En general, no te dejes guiar por cuantos colores se ilumina el display, si tiene o no linterna, si vibra, entre otras funciones obsoletas. Pensá que la función que se le va a dar en la montaña es la más básica por ende el handy también recomiendo que sea básico y funcional. Una regla de oro es que cuides mucho las baterías del frío incluso las de litio. Siempre que lo tengas fuera de uso las baterías deben estar en compartimientos internos de la campera y por la noche dentro de la bolsa de dormir. Cuando lo tengas encendido, también lo más cerca posible del cuerpo. Otra cosa importante es que siempre te pongas de acuerdo en los horarios para comunicarte.

Talk about


Información técnica - Handy Recuerden, lo más importante de los handies, es que nos mantengan comunicados entre nosotros pero por sobre todas las cosas, que los sepamos usar y que lo hagamos responsablemente. Te recomiendo hacer el curso de radioaficionado en un Radio Club ya que a pesar de que los handies VHF se venden libremente al público, su uso sin ser radio aficionado en realidad está prohibida. Aparte de eso, en el curso aprenderás a improvisar antenas, configurar repetidoras, subtonos y mucha otra información que es útil y que sería muy largo para explicar en una breve nota. Quien esté interesado en más información desde ya me la puede consultar. LU3EKG

Fuente: Gustavo Kallenbach


Gustavo Kallenbach


FILOSOFIA ANDINA Por qué elegí las montañas. Es muy posible que aquellos que, sea por desconocimiento o por desinterés, sean paganos a todo lo que representan estas moles de piedra, no puedan encontrar lógica en estas palabras. Sepan disculpar mi egoísmo o simplemente intenten ser parte de esta pasión, ya que sin ella, no encontrarán sentido en estas palabras. ¿Por qué elijo las montañas? Esos lugares sin bocinas, sin quejas, sin discusiones. Los relojes marcan las horas de una manera anecdótica, tan sólo para decirnos cuánto falta para terminar de disfrutar el día y comenzar a maravillarnos con la noche infinita, en lugar de obligarnos a constantemente monitorearlos para enterarnos en qué momento termina la labor y podemos escapar de una de nuestras rutinas hacia otra (esta última, mucho más agradable, cabe destacar) Después de una noche fría el primer rayo de sol es recibido no con dejos de sueño y flojera por habernos despabilado, obligarnos a mirar el despertador y ver que ya casi es la hora de levantarnos, sino con un infinito agradecimiento por el tibio abrazo que nos brinda. Ningún vehículo pisa la senda peatonal, nadie cruza en rojo y aún no he tenido la desdicha de ver filas de motores y ruedas estacionados en doble fila entorpeciendo el derecho a transitar de los demás quienes a su vez torturan los oídos de las almas que tienen la desdicha de pasar cerca cuando estallan sus bocinas. No existen las carreras, la competencia no es entre nosotros, es contra ella, es con ella. Esa montaña que nos da la bienvenida pero que no nos regalará absolutamente nada, sólo nos premiará con la satisfacción de llegar a su cumbre, o con el placer de haber recorrido sus laderas, viendo la vida a través de los ojos del coloso, sentado en los hombros de un gigante. No hay bancos, los celulares por una bendición divina apagan sus gritos sin que seamos nosotros, presionando la tecla roja o verde, quienes hemos intervenido para silenciarlos. No hay baños, los asientos que tomamos en una travesía suelen ser tan incómodos cual cama de fakir y a su vez tan cómodos, mullidos y agradables como fue la cama de nuestros padres una noche de tormenta.


Las cerraduras son distintas y el cierre de una carpa es tan inviolable como las puertas de Fort Knox. No están protegidas por hierro, armas o acero, sino que un velo de ética inviolable protege todos los valores de aquel expedicionario que abandonó temporalmente sus pertenencias para medirse en gran desventaja con algún coloso. Las cosas por su nombre, las personas huelen a personas y no a publicidad de T.V., se ven como seres vivos sin necesidad de photoshopear su imagen y cada uno es tan puro en su carne como lo es su espíritu. Las consecuencias de nuestras acciones se ven inmediatamente, no es necesario el pasar de océanos bajo el puente para mostrar que por un error o un capricho podemos poner en riesgo las cosas más valiosas que existen. Hermoso sería que nuestros líderes tuviesen el mismo tipo de experiencias, por obra de la casualidad hasta quizás aprenden a anteponer el bien común a sus objetivos personales o a su ambición particular. El cielo es más azul, su brillo más intenso y el manto negro de la noche confunde su inmensidad por el brillo de sus infinitas luces, las que marean al espectador con sus coloridos brillos regalándonos trazados brillantes de aquellas que caen ardiendo a nuestro mundo. El día más duro, el viento más helado, la trepada más áspera son factores indispensables para, una vez finalizada la tarea, mirarnos las ampollas en nuestros pies y manos y agradecer a Dios que allí están, que nos muestran que pudimos hacerlo, que nuestro esfuerzo valió la pena, que el recuerdo de ese momento será único y que perdurará en nuestra memoria por siempre, que ni siquiera es necesaria la cumbre para sentir con mayor intensidad que realmente estamos vivos. Algunas diferencias básicas dejan de existir, los hombres y mujeres pasan a formar un nuevo ser montañés que no distingue de sexos. Nadie llega primero si para ello tiene que mirar hacia otro lado cuando su compañero extiende su mano pidiendo su ayuda. El triunfo es triunfo de todos así fuese solo uno el que llegó hasta el final.


No existe lugar alguno en el que las virtudes y defectos humanos se exalten tanto como allí. Una persona muestra quien realmente es, sin necesidad de sonrisas de foto o palabras socialmente correctas y aceptables. Es justamente ante los pies del coloso, en el momento más difícil del desafío que pone frente a nosotros, cuando las personas no encontrarán escondite seguro para esconder o mostrar su verdadera esencia. Tan difícil como explicar un sentimiento, cómo deseo que pudiesen ustedes sentir las cosas que laten dentro mío, cómo quisiera que un día abrieran los ojos y vieran que hacia el oeste. Detrás de los bocinazos, gritos y luces, viven gigantes que desde miles de años nos observan silenciosos. Siempre allí, siempre expectantes de pagar nuestro esfuerzo con momentos únicos, incomparables. Existen en ese lugar y se elevan hacia el azul del cielo para acercarnos más al gran creador (sea su nombre como fuere), no porque su hogar esté precisamente en el azul del cielo sino porque conociendo lo maravilloso de su obra quizás algún día podremos entenderlo mejor y, quién sabe, hasta a lo mejor podremos entendernos mejor nosotros mismos. Por mi parte intentaré seguir así, apreciando las ampollas en mis manos y pasando noches únicas y especiales, en una fría carpa, bajo un velo de eternas estrellas, durmiendo a los pies de un gigante mientras el agua del arroyo me canta su canción de cuna y el aliento fresco de una montaña acaricia mis sueños y recuerdos.


Virtudes

En mi quizás breve pero satisfactoria experiencia como montañista, a cuentagotas, he ido acumulando alegrías, he escarmentado sobre mis errores pero sobre todo he intentado entender y transmitir aquello que vibra dentro de mí y que es completamente etéreo e intangible casi imposible de plasmar en palabras. Sólo los grandes, sólo los sabios pueden imprimir emociones en letras y papel,lamento desilusionarles, no estoy dentro de ese grupo de personas.

En relación a esto intentaré hacerles llegar tan sólo mi visión del montañismo. Quienes deseen sólo un manual o un libro de éxitos deportivos, están aún a tiempo de volver a colocarlo en la estantería, no considero al montañismo como una competencia sino una expresión de la más profunda y pura amistad. Es justamente en este concepto en el que baso esta filosofía de vida con la montaña.

Como ante aquellos ojos brillantes que nos encandilaron la primera vez que nos enamoramos, es necesario sentir en nuestras entrañas las vibraciones al mirar la ladera de una montaña. Sólo de esta manera tomaremos la decisión de acercarnos en busca del beso soñado, de intentar salir de nuestras cenizas y renacer en una llama furiosa. Sólo de esta manera daremos los primeros pasos hacia ella.

Es justamente en estos primeros pasos donde necesitaremos ser cautelosos, orientarnos, prepararnos. Consultando sobre la indumentaria y equipo necesario para tal o cual lugar. Observando, mirando mapas, estudiando.

Quien busca, encuentra. Y, si dedicamos el tiempo necesario a buscar la información, probablemente encontraremos un alma caritativa que nos oriente hacia nuestro objetivo. Podremos asesorarnos con el constante flujo de información de internet, en clubes, con amigos, libros o revistas. Del mismo modo nuestra ignorancia en relación a pequeños detalles será atacada por los consejos de algún viejo amigo, de algún empleado en una casa de montaña o simplemente por la obra nuestro sentido común. Una mochila, agua, algo para comer y buen calzado pueden acompañarnos en esta etapa de exploración de nuevos horizontes. Dentro de todas estas variables existe algo cuyo incalculable valor sólo lo conoceremos al transitar el camino, el consejo de amigo. Particularmente a ello quiero referirme.


Sostengo firmemente que no sólo equipo y conocimiento técnico son necesarios para sumergirse en el montañismo. Una persona debe poseer deseos que lo lleven hacia este camino pero sobre todo debe cargar su mochila con virtudes. Siempre consideré que dentro de las necesarias para ello tres se destacan a punto de ser prácticamente requisitos. Fuerza, determinación y paciencia. Cualidades irreemplazables para conseguir el objetivo de adentrarse en la cordillera, hacer vibrar nuestro cuerpo de emociones de colores y regresar a casa sano y salvo. Necesitamos ser fuertes para que nuestras piernas y nuestros brazos nos depositen en la cumbre deseada, para cargar el peso de nuestras mochilas o para responder cuando una situación nos enfrente a un reto o a un peligro.

Es necesario contar con la adecuada determinación para no ceder ante los constantes embates que la montaña nos arrojará encima. Para enfrentar al cansancio, al viento y al frío no sólo con el abrigo de nuestras ropas sino también con la voluntad de nuestro deseo. Finalmente debemos contar con la más extraña de las virtudes de una persona. Es imposible ser montañista si no tenemos la paciencia necesaria para esperar el momento. Para aguardar la ventana de buen clima. Para resguardarnos durante días dentro de una carpa mientras dura un temporal o simplemente para emprender el retorno cuando el objetivo no pudo cumplirse, sabiendo que la montaña siempre nos dará una nueva oportunidad.

Ninguna de estas tres virtudes necesarias actúa en forma exclusiva, la combinación de ellas es la fórmula que nos llevará a disfrutar la montaña, no a sufrirla. Las distintas situaciones nos llevarán a aplicarlas constantemente, a mezclarlas, a valernos de ellas para poder regresar a casa con la satisfacción que nos da la vida, cada vez que cumplimos con el deber que nos impone el corazón.

Autor: Adrian Davolio

Grupo de Entrenamiento


Extreme mayo 2014  

Revista de montaña