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// CON SUAVIDAD

FAKUTA Fakuta es más que una cantante con un single recién editado y un disco debut a punto de salir. También es la suma de una serie de decisiones, como armar su propio sello, optar por el pop sobre el rock, reivindicar al género femenino desde su esencia y, en especial, nunca dejar de hacer música. Por Andrés Panes Fotografía * Daniela León Maquillaje * Felicia Morales

Pamela Sepúlveda escucha el mashup de ‘Born This Way’ de Lady Gaga con ‘Express Yourself’ de Madonna, sentada en la mesa de su living, y no tiene intención alguna de apartarse de la pantalla de su Macbook. “Soy computina”, explica con algo de candor y timidez. Sin ir más lejos, su alias musical viene desde la época de Fotolog, cuando Fakuta era el nombre de usuario que utilizaba, y a varios de sus actuales compañeros de ruta en el mundo real los conoció como contactos en MySpace. Buena parte de su tiempo frente a la pantalla lo dedica, además, a gestionar la disquera digital Michita Rex, fundada por ella junto a Dadalú, Danae Morales y Milton Mahan. Nombres que aparecen y se entrecruzan en historias de tocatas, onces y trabajo compartido que se remontan a la época en que grupos como Taller Dejao y Colectivo Etéreo eran entes activos en la capital. Fakuta es también, en términos simples, una solista pop cuyo single debut (‘Armar y Desarmar’) fue estrenado a fines de marzo, como adelanto de un álbum que todavía no tiene título ni fecha definida de lanzamiento, aunque se estima que saldrá alrededor de mayo o junio. Pero el prontuario de la cantante comenzó a escribirse en un idioma muy diferente al que habla hoy. “En el colegio tenía mi banda de amigos, después con gente de la universidad, del barrio. Onda rockera, canciones propias, ensayos de grunge tirados para post-rock, una cosa que al final me choreó porque era muy masculina. Es raro, yo estaba en la adolescencia y escuchaba Dinosaur Jr., pero cuando salí pensé ‘no, quiero hacer otra cosa’”, cuenta. “Cuando chica, me metí en muchos talleres musicales, era muy obsesiva en eso. Tipo trece años empecé a escuchar rock, siempre por las canciones, me gustaban los grupos más melódicos. Ni siquiera escuché tanto Melvins o las riot grrrls porque eran demasiado gritonas y eso no me gustaba. De hecho, hubo un tiempo en que no podía escuchar mucha música y menos rock, me fui para atrás. Recuerdo que un tío, que era el único joven en mi casa, escuchaba metal cuando yo tenía siete años. Después empezó a gustarle la música progresiva, entonces crecí con Emerson, Lake & Palmer y King Crimson, que son medio sicodélicos y espaciales. Por ahí creo que viene mi gusto por los sintetizadores”.

De aquella inquietud surgió su primera vinculación con otro formato de grupo, al integrarse a Golden Baba, ensamble femenino que fue la escuela de Fakuta para desmarcarse de su aprendizaje previo. “Usábamos el lenguaje rock porque éramos guitarra, bajo, batería y voz, pero el hecho de que fueran sólo mujeres y que ninguna de ellas había tocado antes en otras bandas cambiaba todo, no tenían esa cosa estructurada de hacer siempre lo mismo. Había otra cosa, una composición más pop, tocar de a poquito”, recuerda. Hasta hoy, el nombre del conjunto evoca recuerdos y arranca elogios entre quienes tuvieron la oportunidad de presenciar su show en vivo. Con Golden Baba en receso, Sepúlveda se embarcó en el proyecto El Banco Mundial junto a Nawito, su ex novio, con quien editó cuatro discos: Así Se Matan Los Guaguitos, El Gran Golpe Al Banco Mundial, La Nave y Música Terapéutica Para El Embarazo No Deseado. Álbumes cuyo carácter hacía difícil imaginar lo que vendría después, a nivel de sonido, pese a que ella reconoce que el dúo tenía fecha de vencimiento. “Sabía que se iba a terminar porque lo hice con mi pololo. Era una época en que estaba terminando la universidad, las cosas se estaban acabando y todo parecía muy crítico, muchos amigos secos musicalmente quedaron en el camino en vez de seguir con sus grupos. Yo había cachado que a mí me no podía pasar eso, porque no puedo dejar de tocar”, confiesa. De esa época datan las primeras composiciones de su venidero debut, un disco producido por De Janeiros (el tándem de Milton Mahan de Dënver y Pablo Muñoz de $990) cuyas canciones fueron el punto de inflexión para Fakuta, que dejaría atrás el ruidismo de su emprendimiento anterior para buscar estructuras más amables y fáciles de asimilar. “Cuando hice esos temas, pensé que saldría algo más raro, pero fue como volver a la infancia, al pop con melodías. Al principio me daba vergüenza mostrarlo, estaba inmersa en un circuito bien experimental y pensaba que la gente de la productora Mutante me iba a hacer bullying”, comenta riéndose. Consultada sobre sus numerosas peripecias con amigos y su casi incestuoso intercambio creativo (una suerte de escena que se celebra a sí misma, tal como hacían los londinenses hace 20 años), Sepúlveda aporta claridad a la revisión del fenómeno. “El aprendizaje que acumulas te hace desarrollar cierto criterio. Si escuchas a los más experimentales de Michita Rex, todos tienen una vocación pop, hasta Gerardo Figueroa que hace obras conceptuales abstractas, pero escucha The Cars. Finalmente eso es lo que nos une, una esencia que va hacia otros lugares, de una manera experimental, parecida a la improvisación de rock. Acá borramos las estructuras, prejuicios y predisposiciones que uno tiene ante la música. Así vemos las cosas. Somos un grupo de amigos antiguos, pero nuevos, porque nos conocimos en la tocatas y nos admiramos mutuamente”. “Aunque hago pop, no siento tan quinceañeras o livianas mis canciones, pero tampoco sé si son adultas”, declara. “No todo el rato estoy hablando de amor. También me refiero a volar, a la música y las amistades que se hacen a través de ella; al vínculo entre mujeres, amigas, mamás. E se apego máximo que es una comprensión ultra maternal del cariño. Tratamos de ser lo más frontales con eso, tomar el lugar que nos pertenece como género. Hay una cosa súper femenina en Michita Rex, para mí el rock es como una explosión de energía y nosotros vamos por otro lado ¿Qué pasa si no suena potente? Si suena despacito, bonito. Hay gente que lo encuentra aburrido, pero lo bueno es que en Chile hay cada vez más bandas y ahora se puede elegir. Antes, o te gustaba el rock chileno o no te gustaba nada. Ya no es así”.

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Extravaganza N°84  

disco pegados, Bernardo Quesney, Protistas, Joe Strumer y mucho más.

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