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Karla B. Zermeño García

APRENDIENDO A VIVIR

COMO UN PEQUESÍSIMO HOMENAJE A LA MUJER EN QUE SE CONVIRTIÓ…LUPITA. “ELLA MARCO MI VIDA CON SU EJEMPLO, SU FORTALEZA, SU PRODIGIOSO AMOR Y LA ALEGRÍA DE VIVIR”. ¡GRACIAS MADRE, POR SER LA PIEDRA FUNDAMENTAL EN MI VIDA! AQUÍ Y AHORA…TE AMO.

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CAPÍTULO I Está sentada frente al espejo, se prueba las flores que usará sobre su cabello…mañana se casa. Observa con detenimiento la imagen que el espejo le devuelve, ¡de pronto! “su mirada se detiene en las cicatrices de su mano izquierda” sus pensamientos la atrapan y la transportan a través del tiempo… ¡Abuelita, Abuelita! Se descubre diciendo. Cierra los ojos y se deja ir hacia los recuerdos… El día había sido muy extraño, su abuelita no se ha levantado aún. Ella, ha estado calladita para no despertarla, ¡inesperadamente! Oye como alguien le dice, “ándale Lupita, despídete de ella, porque una vez que la metan en el cajón...se acabó”. Ella atemorizada, se va acercando poco a poquito, su abuelita está acostada sobre la cama, no se mueve, tiene los ojos cerrados y dicen que está… ¡muerta! Lupita, llega a la orilla de la cama y se abalanza sobre el cuerpo inerte de su abuelita, la abraza fuertemente y comienza a llorar. ¡Abue, despierta! no me dejes solita, tengo mucho miedo. ¡Abue despierta! y con sus deditos le abría los ojos, -¡despierta, por favor despierta, te quieren meter en un cajón!- De tanto llorar la niña se durmió, cuando despertó, su abuelita querida ya no estaba.

Salió de la recamara

gritando…alguien la toma de la mano y le dice...silencio niña, respeta. La pobre niña asustada se calló, escondiendo su dolor y su miedo. Lupita encaminó sus pasos hasta un rincón y ahí se sentó solita, viviendo todo el cúmulo de sus emociones y sentimientos. No comprendía lo que estaba pasando, sólo sentía que se había quedado sola. Ninguno de los 2


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adultos se preocupa por la niña, ella de tanto llorar, se queda dormida en el rincón. Hoy fue el último día del novenario. Una vez pasados los rezos, en la casa empieza la discusión ¿qué vamos a ser con Lupita?

Está muy

chiquita, tan sólo tiene seis años.

Ninguno de los familiares, quiso hacerse cargo de la niña, ellos tienen sus propios problemas, no podrían cuidarla, además no es su obligación. Uno de los familiares dice… mándale un telegrama urgente a Gloria, explícale que es necesario que regrese de Nueva York, a recoger a su hija. “Ya no hay quien se haga cargo de ella”.

CAPÍTULO II Gloria, es una mujer de clase baja, de familia ignorante y sin recursos. Ella sobresale por su belleza, sus grandes ojos oscuros y profundos, resaltan en la blancura de su piel; de nariz respingona y boca bien delineada; su cabello negro como la noche cae en cascada por sus hombros. Dentro de su cuerpo perfecto, vive un corazón que se ha hecho duro, es insensible, egoísta y egocéntrica. Tiene entre sus finas manos el telegrama que le enviaron sus familiares desde México. Por un momento, “pensó en su hija”. Los dos primeros años de vida de la niña, sólo la había visto ocasionalmente, tiene más de cuatro años de no verla. “Se dijo para sus adentros” -Así es mejor3


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“No quería y no podía tener nada que ver con la niña”. ¿Pero qué hacer con ella? Por un momento pensó… ¿Y si buscara a Horacio? No, no, es mejor que él siga ignorando nuestro paradero. ¿Qué habrá sido de él? Gloria suspiró y empezó a recordar... Corría el año de 1925, cuando conoció a Horacio accidentalmente, y desde el primer momento, surgió entre ellos una corriente de fuego. Desde que se vieron quedaron prendados uno del otro; su amor, la atracción y el deseo los unía más allá de la razón. Eran dos jóvenes impetuosos llenos de ilusiones, ella tenía 16 años y él 2l. Como es de suponerse vivían su amor en la clandestinidad. Acordaron verse a las afueras de la Cruz Roja, Gloria lo esperaba con impaciencia. Horacio llegó corriendo, era un joven bien parecido; de tez blanca, ojos claros; cabello rubio y de cuerpo atlético. Pertenecía a la clase alta, hijo de una muy buena familia; pasante de leyes y voluntario como camillero en la Cruz Roja. ¡Gloria, Gloria! la levanto en vilo y daba vueltas con ella abrazado a su cuerpo, la bajó y la empezó a besar. Horacio estaba feliz ¡cuando de pronto! a boca de jarro le soltó…

-Gloria, me voy, me han aceptado-Qué me dices, ¿cómo que te vas, a dónde? -Me marcho a la guerra con los cristeros, es necesario que me vaya, no puedo dar marcha atrás, ya me he enlistado, por favor Gloria no te preocupes, será por poco tiempo-

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-Horacio, antes de que partas debo decirte algo muy delicado...

-¿Qué puede ser eso tan delicado, para que te me pongas tan seria? -¡Estoy embarazada. -¡Mi vida que feliz me haces!, en mi ausencia: Si tienes algún problema en tu casa, por favor, vete a casa de mis padres. Ellos te protegerán hasta mi regreso, y después nos casaremos.

Esa fue la última vez que Gloria lo vio… ella jamás busco a la familia de Horacio, por vergüenza o soberbia, eso sólo ella lo supo. Al nacer la niña, Gloria la dejó con su madre. Su tío Federico y su madre, se habían encargado de comprometerla con el señor Galindo, un hombre viejo de mucho dinero que quedó impactado ante su juventud y belleza.

Aceptando a Gloria, con la vergüenza con la que ella cargaba,

había sido mujer de otro hombre sin casarse, y por si fuera poco, tenía una hija. La única condición que el vejete puso fue… “la niña se queda”, nosotros nos iremos a vivir a Nueva York- Un ruido regresó a Gloria a la realidad, ella pensó… “la vida es dura”, ¡basta de sentimentalismos! Terminó de leer el telegrama y lo rompió, no regresó y no lo contestó.

CAPÍTULO III

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Los familiares de Lupita, al no tener ninguna noticia de Gloria, decidieron entregar a la niña a un matrimonio que apenas conocían. Lo

único que sabían de ellos, era que se dedicaban a la sastrería; que no podían tener hijos; que tenían una casita y vivían desahogadamente. ¡Qué más necesitaban saber! Este es el lugar perfecto para que la niña viva, “se dijeron”. Lo que ignoraban, era lo que esas paredes escondían.

Lupita,

como presintiendo lo que ahí le esperaba, se resistía a quedarse en esa casa, con esos señores extraños para ella. La niña lloraba, gritaba, pataleaba y les rogaba que no la dejaran! sin ningún remordimiento se marcharon… abandonándola a su suerte… La mujer jaló a la niña y sentenció… -¡Basta de berrinches!-. El sastre le dijo…mujer, es una nenita y no nos conoce, hay que ir poco a poco ganándonos primero su confianza y más tarde su cariño, ¡mira que preciosa es! Efectivamente, es una preciosa niña, de tez morena clara, de grandes y brillantes ojos cafés, adornados con espesas pestañas, de mirada alegre y profunda, su cabello es oscuro como el ébano, de nariz afilada y boquita bien formada. -No empieces maleducando a esta niña malcriada, le contestó su mujer. Haciendo caso omiso de la mujer, el sastre se acercó a la niña y comenzó a hablarle con mucha ternura. –Ven Lupita, vamos a conocer la casa, hay un patio donde puedes jugar, tiene un hermoso árbol, le pondremos un columpio, te va a gustar. Ven no tengas miedo, nosotros te vamos a querer mucho y vamos a cuidarte…

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Lupita más asustada que convencida, no opuso resistencia y finalmente, siguió al sastre. Recorrieron la casa, esta se componía de dos recamaras, un baño, sala-comedor, cocina y un gran patio en donde se encontraba un hermoso árbol.

Quien en adelante se convertiría en el

confidente y salvador de Lupita. Llegó la noche, acostada sobre la cama que le habían asignado, lloraba la niña en silencio, mientras hacía las oraciones que su abuelita le había enseñado. ¡Abuelita tengo miedo, por favor cuídame! Habían sido demasiadas emociones para un día, por fin el sueño venció a la criatura y se quedó dormida,

CAPÍTULO IV -Ándale chamaca, levántate- La niña medio dormida le contestó -Pero si todavía es de noche, señora-Son las cinco de la mañana, hora de levantarse. ¡Dije que te levantaras holgazana! ¡Ah! te orinaste, eres una mocosa cochina y mugrosa-. Pas, Pas, le dio dos cachetadas a la horrorizada niña, la arrastró de los cabellos hasta el patio y la amenazó -¡cuidado y te mueves de aquí, y hay de ti, si haces escándalo!- Lupita temblando de miedo y de frío, se quedó paradita sin moverse, sólo de sus ojos resbalaban por su carita grandes lágrimas. La mujer regresó, trayendo consigo las sábanas que Lupita había orinado durante la noche, por su estado emocional, que la señora no supo o no quiso entender. Puso una sábana en el lavadero, trajo un banco y le 7


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dice, ¡en este momento te pones a lavarlas!, ni creas que yo voy a lavar tu cochinero, ya estás grandecita para hacer tus cosas. La pobre niña se trepo en el banco y empezó como pudo a lavar las sábanas, cuando terminó, sus manitas estaban moradas por el frío y el agua helada. De tanto llorar tenía casi cerrados los ojos.

-Cuando el sastre se levantó y la vio, le dijo: Lupita, sé que es muy difícil para ti haber perdido a tu abuelita y de pronto, encontrarte viviendo con gente extraña. Pero te prometo que eso va a cambiar cuando nos conozcas mejor, ya no llores, en la tarde cuando regrese, te vamos a llevar a dar la vuelta, para que conozcas el barrio, te va a gustar, ya verás-.

CAPÍTULO V Cuando el sastre se fue a trabajar, la mujer puso a Lupita a lavar el baño, cuando termino de hacerlo, la niña salió al patio y se fue a llorar junto al árbol. ¡De pronto! escucho los gritos de la mujer, Lupe, Lupe, dónde estás condenada chamaca, Estaba tan espantada, que su corazón empezó a latir desaforadamente, pensó que se le iba a salir. Ingenuamente, puso sus manitas sobre su corazón para evitarlo. Temblaba tanto como una hoja con el viento, los gritos estaban cada vez más cerca de ella, cerró los ojitos… -Ah, aquí estás, ¡por qué no me contestas! ¿Acaso estás sorda o muda? ahorita vas a ver si lo vuelves hacer. Lupita con los ojos desorbitados por el pánico, miraba a todas partes tratando de encontrar quien podría defenderla. La mujer cogió un palo y 8


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empezó a golpearla con tal saña, que la niña perdió el conocimiento. Cuando la niña abrió los ojos, está acostada sobre la cama, tiene todo su cuerpecito mallugado por la paliza. Lo primero que ve es a la mujer, se encuentra de pie, mirándola… -¡te caíste del árbol! eso vas a decir. Ah, si quieres comer, te levantas y te sirves, ni creas que yo te voy a traer a la cama, ¡entendiste!

Lupita asintió con la cabecita, la mujer salió de la recamara dando un portazo. En la tarde que el sastre llegó, entró a ver a Lupita, junto con su mujer, al verla, asustado le dice… ¿pero que te ha pasado criatura? -La mujer se apresura a contestar ¡Ella está bien!, lo que pasa es que la tenían muy consentida, yo ya la regañe. Quiero que sepas, que es una niña traviesa y desobediente, además de contestona. Esto le pasó por no tener cuidado y tratar de subirse al árbol. -De todas formas, hay que llevarla al médico, es muy chiquita y se pudo romper algo, ve nada más cómo está de golpeada. La mujer lo convenció de que no era para tanto, ella ya se había encargado de revisarla y curarla, que lo mejor era dejarla dormir. Descansa nena, más tarde te traigo de merendar, Cuando regreso con la cena, la vio tan dormida, que dejó la charola para cuando se despertara. Cuando Lupita desperta, lo que más le duele es su mano, la que había metido tratando de detener el palo, al tratar de incorporarse para cenar, se 9


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da cuenta que una de sus piernitas no le responde por el dolor; tiene moretones por todos lados, se vuelve acostar pensando… ¿Qué hice para que la señora se enojara tanto conmigo? ¿Por qué no me quiere? la sacaron de su pensamiento sus tripas que le gruñen. Jajaja tienen hambre igual que yo, les voy a contar un cuento para que nos durmamos.

CAPÍTULO VI

Cuando más tarde el sastre entró se queda observando a Lupita, ¡de pronto, ahoga un grito de horror! cuando se percata de que esos golpes no son por una caída. Sobre la piel de la niña están los verdugones bien definidos…la niña había sido golpeada con algo sólido, salió furioso. Empezaron los gritos, que despertaron a Lupita, ésta se escondió bajo las cobijas y hasta ahí llegaban claramente. La niña supo con certeza que la señora no la quería y su mayor deseo era que se fuera de su casa. Lupita decía bajito, -yo también, yo también quiero irme Diosito, por favor, que me lleven a mi casa. -Cómo es posible que seas tan salvaje, tan insensible, cómo pudiste golpear de esa manera a la niña ¿qué te hizo para despertar en ti esa furia? -No la quiero aquí, tú la aceptaste, no yo. Lo hiciste para echarme en cara que yo no puedo tener hijos ¿verdad? -¡Por Dios mujer! ¿Qué te pasa estás loca? -Con esa escuincla, con cara de yo no fui, me quieres castigar. 10


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-Jamás he pensado eso, lo platicamos y acordamos: qué a nuestras vidas, a nuestro matrimonio, le faltaban el amor, las risas y las travesuras de un niño-.

-¡No la soportó desde que la vi! ¡No soporto tu voz melosa dirigiéndote a ella!

-¿Por qué, ya que la tenemos, te pones así? No es justo lo que le hiciste a Lupita.

-¡Ya te dije que no la soporto! “No la quiero en mi casa”. -Lo siento por ti, pero la niña se queda. ¡Y si tú no la quieres, yo sí!

Esta fue la primera paliza, de tantas que se repetirían en el tiempo, en adelante los gritos, pleitos y golpizas, serían habituales en esta-.

CAPÍTULO VII Ya pasaron más de tres años, la vida de Lupita ha transcurrido entre el desamor, soledad, angustia, gritos y golpizas que la mujer le ha propinado. Por otro lado, el cariño egoísta que le profesa el sastre, por qué, sabiendo lo que su mujer le ha hecho a la niña, no la devolvió a los familiares y tampoco, ha hecho nada para que esto cambie. En muchas ocasiones se ha hecho de la vista gorda, unas por cansancio de tanto pleito y otras, 11


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pareciera que le tiene miedo a su mujer. Las pocas salidas que ha tenido la niña, han sido con el sastre, y hacer mandados para la mujer con la que vive. Durante estos años, los familiares irresponsables, no han vuelto a visitar a Lupita, ni a cerciorarse de cómo vive. La tarde es preciosa y calurosa, el gran árbol invita a acercarse a tomar su sombra. Lupita al salir al patio, fue directa a abrazar al árbol, casi desde que llegó, suele hacerlo, unas veces a regarlo con su llanto y otras a platicarle sus esperanzas de niña, (de que pronto vendrán sus padres por ella), y otras a jugar. Hoy quiere realizar una de sus ilusiones, algo intrépido, tratar de subir a lo más alto del árbol. Con su vocecita le dice… Te quiero mucho, cada día estás más fuerte y guapo, por favor, ayúdame a subir a tus ramitas. Empezó a subir con cierta timidez y sumo cuidado, a cada paso, pregunta: ¿No te lastime? Esa tarde, Lupita aprendió a subir por el árbol, estando arriba, descubrió un nido con varios polluelos y una pajarita, que la niña supuso era la mamá. Los estuvo admirando por un buen tiempo, ¡hasta que se le ocurrió una magnífica idea!…se bajó con una rapidez que parecía que subía y bajaba a diario por árbol. Entró muy despacito a la cocina para no despertar a la señora que dormía la siesta, cogió un pedacito de pan y salió. Hizo moronitas con el pan y lo aventó debajo del árbol, Diciendo… ¡pobrecita pajarita! -estás tan flaquita.Escucho los gritos… ¡Lupe, Lupe, dónde estás!

¡De improviso!

Aquí, en el patio

señora.

La señora sale al patio y al ver las migas de pan, lanzó un grito de ira escalofriante, ¡Ah, condenada escuincla! mientras la mujer buscaba con 12


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que golpearla, la niña saltó y casi de un brinco, se subió al árbol. Por más que la señora la amenazó, no bajó hasta que llegó el sastre. En adelante, su protector y confidente…el árbol, le permitirá a la niña salvarse de muchas golpizas.

CAPÍTULO VIII Una tarde la señora le ordenó: -Lupe, ve a compra un litro de pulque, llévate la jarra de cristal y no te tardes- La niña se puso feliz, le gustaba que la mandara a comprar, al salir sola a la calle, Lupita sentía que hasta el aire que respiraba era diferente. Las personas que vivían en el barrio, la protegían que nada malo le pasara, conocían su historia y querían a la niña.

La pulquería era sólo para hombres, pero tenía un apartado

especial, donde se vendía el pulque para las mujeres. La despachadora para mujeres, -Doña Juana- se enojaba cada que veía a Lupita, le decía…”que suerte tiene esa infame mujer de tenerte”, que lástima que no lo sepa, toma el dulce que tú quieras”, y sacaba una canastita con duces.

-Gracias Doña Juana.

-Ya me voy, si no, me va a regañar la

señora, ya sabe cómo es.Al salir de la tienda se tropezó, la jarra se le resbaló y ZAS, se hizo pedazos, desparramando el pulque. Lupita comenzó a llorar con una gran angustia, temblaba imaginándose lo que le haría la señora, no quería

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regresar a la casa.

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Doña Juana le dijo, -no llores, es un accidente, a

cualquiera le puede pasar-. Vamos, vamos, yo te llevaré a tu casa. Llegaron a la casa y Lupita y ésta, se escondió detrás de las faldas de Doña Juana, se abrió la puerta. -Dígame, Doña Juana. La buena mujer desafiante, le explicó lo que había pasado. -Qué barbaridad, esta niña como siempre dando problemas, en este momento vamos a limpiar.

-No tiene que hacerlo, yo lo haré. Fue un accidente y nada más .

¡Insisto, dijo la mujer!, “vamos Guadalupe” jalando a la niña. Llegaron y recogieron los vidrios, los dos más grandes los guardo la señora en la bolsa de su vestido, hizo que Lupita le ofreciera disculpas a Doña Juana, al ver la angustia de la niña y la crueldad de la mujer, dijo:

-Lupita, ya te dije que no te preocupes, ya no llores. -Señora, si quiere regresar con una olla, yo no le cobraré el pulque, pero por favor no castigue a la niña. ¡Claro que no! le dijo la mujer. -Hoy se queda sin cenar, para que aprenda. Lo que más enojo a la señora, fue escuchar lo que Doña Juana decía… “Pobre niña con esta bruja”. Al llegar a la casa, sin soltar la mano de la niña, la arrastró hasta el patio, y ahí sobre el lavadero… ¡De pronto! “Se

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oyen los gritos de dolor de Lupita”, la desquiciada mujer, le está restregando los vidrios sobre la manita diciéndole…-para que aprendas condenada chamaca, que crees, que el dinero lo regalan, ya me tienes harta, ¡cómo no te mueres! Acababa de decir eso, cuando sonó el timbre, la mujer aventó a la niña, y se dirigió abrir la puerta… ahí parada con una gran sonrisa, está “Chabela” la tía de Lupita, que pregunta por ella. ¡La infame mujer no sabe qué decir!, pero no hace falta, hasta la puerta llegan los gritos de dolor de la niña. La tía Chabela de un manotazo avienta a la mujer y corre hasta donde se encuentra la niña, al verla palidece, no le dice nada, sólo la carga entre sus brazos y se la lleva corriendo a hospital. “Esa desgraciada tarde, fue la última vez que Lupita vio a esa demente mujer”.

CAPÍTULO IX Llegamos al hospital, el médico le preguntó a mi tía que me había pasado, no sé por qué ella mintió, dijo que me había caído sobre una jarra de vidrio. El médico enojado le contestó, qué cómo era posible que me hubieran dado una jarra de cristal, con los riesgos que existen para los niños, que ahí estaban los resultados. “creo que la regaño” El médico le explicó que me llevarían a urgencias.

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Sí, sí, llore y grite mucho, la curación me dolió muchísimo, el doctor decía que no podía explicarse cómo me pude hacer esas heridas.

Vi como recogió pedazos de mi piel que colgaban y las

coloco nuevamente sobre mi mano. A la salida, el doctor le explicó a mi tía Chabela que afortunadamente, los nervios no estaban cortados, y

una vez que

pasara el peligro de la infección, yo movería normalmente mi mano. Debía tener mucho cuidado para que no se infectara y todos los días tendría que ir a curación.

“Me siento tan feliz”, mi tía me está diciendo que a partir de hoy, viviré con ella. Estoy tan contenta, que hasta el dolor se me quito, bueno, un poquito. Acostada en mi nueva cama, le doy las gracias a mi abuelita, yo sé que ella, que está con Diosito, le pidió para que mi tía fuera por mí. Mi tía Chabela, no es hermana de mi mamá, la muy conozco muy poco. Pero es mi tía, debe quererme mucho para traerme a vivir con ella.

Mi manita ya se curó, han pasado muchos días (mi tía dice que dos meses), de dolor y curaciones. Me quedaron unas cicatrices muy feas, pero dicen que se irán borrando. No sé cómo se pueden borrar solitas. “Lo que Lupita ignora, es que la ignominia que cometió con ella, la demente mujer…quedará grabada en su mano para el resto de su vida.

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CAPÍTULO X ¡Diosito, estoy tan triste!…hoy que mi tía llegó mareada, me dijo que mi mamá no me quiere…”qué es una mala mujer”, que por eso vivo con ella. Yo sé que eso no es cierto, mi abuelita me decía:

-Mira

lupita, cuando los niños te molesten diciéndote que no tienes padres, tú no les hagas caso. Tu madre se fue a trabajar lejos y tu padre, se fue a la guerra de los Cristeros. ¡Sí tienes padres!, sólo que no viven aquí contigo. ¡Pero ellos te quieren!

“Yo creo que mi mamá no sabe que mi abuelita ya está con Diosito”, por eso no ha venido a buscarme, y mi papá no ha regresado de la guerra. ¿Hasta cuándo regresaran? ¡Por favor? ¡Que ya terminen de trabajar, que regresen por mí! Me siento tan triste y solita. He tratado tanto de acordarme cómo son, pero no puedo, mi abuelita me decía que mis papas, se fueron cuando yo era chiquita, que por eso no me acordaba. Cuando le preguntaba si me parecía a mi mamá, ella

me contestaba que tenía mitad y mitad, cuando le preguntaba eso de las mitades, nada más se reía.

No sé qué le pasa a mi tía Chabela, unos días es buena, otros días, sobre todo cuando llega mareada, se parece a la bruja, como ella le

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dice a la señora con la que viví. Me grita, me pega y me manda a la cama sin cenar.

Vivimos en un lugar que se llama vecindad, es muy grande y hay muchos niños.

La vecindad donde vive Lupita con su tía, se encuentra

en la calle de Constancia en Tepito, y es como cualquier otra. Un solo patio ancho y largo, el patio está rodeado de los departamentitos y cuartos. A lo largo del patio yacen colgados los mecates, donde los habitantes cuelgan la ropa que lavan, para que los niños y las personas al pasar no la ensucien, usan unas garrochas que sostienen los mecates, las suben sobre unas latas de sardinas que están clavadas en las esquinas del patio. De acuerdo al tamaño es el costo de la vivienda, las hay de dos recamaras pequeñas, una pequeñísima estancia que sirve de sala y una cocina – comedor, además, tiene un patiecito interno donde está el baño, un lavadero y un boiler de combustibles. También hay cuartos, en los que, las familias acomodan una cama matrimonial, (donde duermen adultos y niños), una estufa de petróleo y una mesa con sillas. Hay cuatro baños comunales, que dan servicio a estos cuartos, si quieren agua caliente, cada quién tiene que poner un combustible en el boiler, los combustibles están hechos de aserrín, envueltos en papel de estraza y regados con petróleo. Al fondo del patio, se encuentran ocho lavaderos también comunales.

Cuando mi tía se va a trabajar, me deja encerrada, sólo tengo una ventanita que no se abre, por ahí veo a los niños volver de la escuela.

En las tardes los veo jugar; mientras ellos juegan, yo canto,

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me imagino que estoy afuera.

Algunas señoras se acercan en las

tardes a la ventanita a platicar conmigo.

CAPÍTULO XI Hoy mientras platicaba con las señoras, Chonita me preguntó:

-Oye Lupita¿por qué no vas a la escuela? ya tienes edad. Deberías aprender a escribir y a leer, ¿no te gustaría? además, no estarías todo el día encerrada, ya ves que tu tía llega hasta la noche. Nos da mucha pena ver, que no sales a jugar ni siquiera cuando ella está. -¡Sí, me gustaría ir a la escuela y salir a jugar! Chonita.

-No te preocupes Lupita, hoy en la noche cuando regrese tu tía, vamos a venir hablar con ella.

¡Qué contenta estoy! voy a ir a la escuela como todos los niños y saldré a jugar. ¡Viva!

¡Ahí viene mi tía! Nada más de ver como se

tambaleaba cuando entró, supo la niña que estaba en problemas.

Se

acercó a darle un beso y de un manotazo la tía la apartó, ¡quítate, no seas empalagosa!, apenas se iba sentando en el sillón, ¡cuando de pronto! se oye cómo alguien tocaba la puerta. Chabela como pudo se volvió a levantar, enojada preguntó:

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-¿Quién es? -Somos nosotras, sus vecinas: la del cinco, del siete y del doce. Buenas noches vecina. Chabela abrió la puerta. -Disculpe la molestia vecina (la voz cantante la llevaba Chonita), venimos a ver si podemos ayudarla con Lupita, mientras usted trabaja. Ya nos pusimos de acuerdo Queta, Petra y su servidora, para llevar y traer de la escuela a Lupita. Y si está de acuerdo, nos turnaremos para darle de comer. En la tarde que juegue, y después, que haga su tarea. Cuando usted llegue, ya nada más, pos que se bañe y se acueste, ¿qué le parece?

Mi tía no había dicho una sola palabra. Cuando Chonita terminó, los gritos de mi tía, yo creo, que se oyeron en toda la vecindad. Algunas personas salieron de sus casas para ver qué pasaba.

Mi tía las

insultó, les dijo que ella no les estaba pidiendo nada, que no necesitaba ninguna ayuda, que no se metieran en lo que no les importaba. Que yo, hacía lo que ella dijera, para eso era mi tía.

Les

azotó la puerta en la cara. En cuanto empezó a gritar, yo me fui a esconder debajo de la cama, desde ahí, la vi regresar tambaleante al sillón, donde se durmió. “Por miedo a que se despertara y me pegara, yo me dormí debajo de la cama”.

Al día siguiente como todos los días, mi tía me dijo que limpiara la

casa, lo que debía comer y se fue. No me dijo nada de lo que le había dicho Chonita, -yo creo que se le olvido- Tengo tanta pena con las señoras, que no me acerque en todo el día a la ventanita.

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dedique hacer las dos camas, el baño, levante la mesa que está dentro de la cocina.

Cuando terminé, me senté en el piso debajo de la

ventanita, y ahí, me pase toda la tarde oyendo las risas de los niños, hasta que me quede dormida.

Llegó mi tía, está de muy buen humor, cenamos y me dijo...- mira Lupe, no necesitamos de nadie, no vamos a recibir limosnas y tú tienes que atenerte a lo que yo te pueda dar ¿Estamos?

“Me dio miedo

decirle que yo quería ir a la escuela, así que le dije que sí”.

CAPÍTULO XII

Al día siguiente, decidí que tampoco miraría por la ventanita, pero al regresar los niños de la escuela, alguien empezó a tocar fuertemente la puerta y luego, escuche como me llamaban…”Lupita, Lupita” Me acerque a la ventanita y ahí estaban las vecinas y los niños. Chonita me dijo que fuera al patiecito donde está el baño, dos vecinos se subieron a la azotea y metieron una escalera por donde me sacaron. Corrí, corrí y corrí. Jugué con todos los niños, hasta que

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Chonita nos llamó a sus hijos y a mí a comer. Estábamos comiendo, cuando Chonita dijo que iba a llevarle algo de comer a la señora María; pregunté quién era, mis amiguitos me dijeron que era la señora del once, que no podía caminar y nunca salía.

Después de

comer salimos a jugar y a las seis en punto de la tarde, otros vecinos pusieron la escalera para meterme a mí casa, uno subió primero; yo después y otro vecino venía detrás cuidándome.

Las señoras

gritaban que tuviéramos mucho cuidado. Una vez en la azotea, fue casi la misma cosa, pasaron la escalera al patiecito, bajo un señor a sostener la escalera, delante de mi

iba otro cuidándome, una vez

que toque tierra, los señores se subieron, levantaron la escalera bajándose por el otro lado.

“Yo estaba tan feliz” por la gran aventura que había vivido el día de hoy, que ya quería que fuera mañana. Chonita me dijo...descansa, mañana te sacaremos de igual manera, y ya sabes, ni una palabra a tu tía. Acostada en la oscuridad, pensaba en la señora que no podía caminar y que nunca salía.

No sé por qué, comencé a llorar…me

prometí que mañana la conocería...

Son las doce del día y mi tía no se ha ido, creo que hoy no voy a salir. ¡De pronto! Mi tía me dice que si me porto bien, es probable que el domingo, me lleve a misa.

Tengo miedo, ¿se habrá dado

cuenta de que las vecinas me sacaron? No, no creo, ya me hubiera dicho algo, o 22


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peor, me habría pegado. Pero es tan extraño, desde que llegue aquí, dice Chonita, que ya es un año, no hemos salido a ningún lado. Los domingos cuando no se va, se la pasa durmiendo. ¡Por fin, mi tía ya se fue! Las vecinas ayudadas por dos señores, me sacan nuevamente de mi casa.

Me pongo a jugar, las niñas me están enseñando a

brincar la reata. Ya llegó la hora de la comida, hoy me tocó comer con la señora Petra. Cuando terminé, busque a Chonita, le pedí que me dejara ir con ella a ver a la señora María…me dijo que mañana.

CAPÍTULO XIII Entramos en una casa que me pareció más triste y oscura que la mía.

Hay tres niños más chiquitos que yo.

José que tiene cuatro

año, María tiene tres y Juanito de dos. Dicen que su papá se fue a trabajar lejos, “yo creo que ha de andar con el mío”, trabajando en la guerra.

Diosito, ¡Ahí está! es la señora María. Me acerco a ella, no

le tengo miedo, está sentada en una silla con dos enormes ruedas. le pregunto qué cómo está, no puedo dejar de mirarla.

-Ella con una gran

sonrisa, me dice que bien-. Veo cómo Chonita, le acerca la comida, la señora María, cuando termina de comer dice…Lupita, -me sorprende

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que sepa mi nombre y le pregunto- ¿cómo lo sabe? -me dice que todos en la vecindad saben cómo me llamo.

–Me pregunta que quién me enseñó a cantar, que en las tardes me oye. Yo muy contenta le digo que nadie, que me gusta hacerlo, que cuando canto, siento y me imagino muchas cosas. Chonita me dice que es hora de irnos, yo no me quiero ir, quiero seguir platicando con la señora María.

Obedezco y me despido, le digo muy seria que

mañana volveré a verla. Salgo y ya no quiero jugar, me siento en el patio y pienso lo triste que debe sentirse la señora María. Es más joven que mi tía y Chonita, sus ojos brillan como estrellas pero son verdes, su cabello es dorado como los rayos del sol, y su voz es…como debe ser la de mi mamá, dulce.

CAPÍTULO XIV Al día siguiente en cuanto salgo, le aviso a Chonita que voy a casa de la señora María, a ver si se le ofrece algo. Chonita me dice, -eres buena Lupita, que Dios te bendiga, ve, ve con ella-. Toco y la voz de la señora María me dice que pase, entro y me sorprende ver a los niñitos. Juanito está lleno de mocos, María sólo tiene una camiseta y

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está sin calzones y José, está llorando y se rasca la cabeza con las dos manos.

-Hola señora María, vengo a ver si necesita algo-. -Gracias Lupita, sólo dale por favor las galletas a José para que deje de llorarSe las doy y le pregunto qué por qué se rasca así la cabeza, me dice que le pica mucho.

Pienso que les hace falta un buen baño, pero

su mamá no puede bañarlos.

Me pregunto sí yo puedo, mmm,

mañana lo intentare. Por lo pronto, le pregunto a la señora María, dónde está la ropa, voy a un mueblecito con cajones y después de buscar, encuentro los calzones de María. La visto, le lavo la cara y las manos, no se deja peinar, cada que le meto el peine grita, y como no, tiene el cabello lleno de dulce. Por fin termine con María y sigo con Juanito. Cuando terminé con los tres, volteo a ver a la señora María, y veo como salen grandes lágrimas de sus lindos ojos. Corro temerosa hacia ella, y le pregunto: Le duele algo...

-No Lupita, gracias por lo que hiciste por mis hijos, muchas gracias. ¿Necesita usted que haga algo?

-Sí, por favor cántame una canción-.

Han pasado quince días yendo a platicar y ayudar un poco a María, Ah, le gusta que le cante, dice que ella también se imagina y 25


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siente cosas, igual que yo. En las noches, acostada al hacer mis oraciones, ¡le pido a Diosito!, ayude a la señora María y a sus hijitos. No he podido dejar de pensar en ello desde que los conocí.

Mañana,

me atreveré y bañaré a los niños.

En cuanto me sacaron, corrí a la casa de la señora María. Buenas tardes señora María, le dije. Ella me pidió que no le dijera señora, que sólo le diga María. Le dije...María, ¿puedo bañar a los niños? Y me contestó, pero criatura, si tú también eres una niña.

–Por favor María, yo puedo hacerlo, déjeme! por favor-Está bien Lupita, hazlo con mucho cuidado, no me perdonaría que les pasara algo a ustedes.

Yo no sé prender el boiler pero tampoco tiene combustibles, ¿qué hago? Puse ollas con agua a calentar sobre la estufa de petróleo, saque una tina y fui echando el agua caliente y luego fría, María me dijo que metiera el codo y sabría si el agua estaba templada. Primero metí a Juanito, que trabajo me costó, salpicaba todo y terminó por mojarme todita. Volví a poner agua y Metí a María, se dejó bañar mejor y en la misma agua bañe a José.

Se quejó de que el agua

estaba fría, pero 26


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se dejó bañar, sólo que al final, se le metió jabón en los ojos y empezó a llorar. Ni modo para que los abrió, pero pobre, a mí también me ha pasado y arden mucho. “Estaba peinando a José”, cuando vi... ¡no, no puede ser!, tiene animalitos en la cabeza.

CAPÍTULO XV Fui a casa de Chonita, le pedí si era posible que me sacaran desde que se fuera mi tía.

Le platique mis planes: me levantaría muy

temprano para hacer el quehacer de mi casa y en cuanto saliera, iría a casa de María para ayudarla con los niños, en la tarde jugaría. Me abrazó y me dio un gran beso y me dijo, por supuesto que te sacaremos en cuanto se vaya tu tía. ¿Oiga Chonita, le puedo confiar algo? Por supuesto, dime que te pasa. No, a mí nada, es que descubrí algo increíble. “Confía en mí Lupita” descubrimiento en la cabeza de José.

Me dijo...

Le platique mi ¡Ay! Lupita, son

piojos.

– ¿Y no le duele? Pregunte.

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-No, sólo que lo debilitan, porqué los piojos se alimenta de la sangre de su cabeza, y además, le da mucha comezón.

Si José tiene, los otros

también, puede ser que hasta mi comadre, la señora María.

Me asuste

¿y si yo, ya tenía también?

Chonita me reviso la

cabeza y dijo…estás limpia. -Oiga doña Chonita cómo se quitan lo piojos-Hay que espulgar y con el peine para los piojos se sacan. ¿Usted tiene ese peine? -Sí, regularmente reviso a mis hijos, ¿por qué Lupita?

¿Me lo prestaría, ah, también podría enseñarme como se espulga, y que se hace con los piojos? -Jajaja, por supuesto, pero ya te dije que tú no tienes.

Al día siguiente aprendí con Chonita, a espulgar y a usar el peine de piojos. En la noche estaba muy inquieta, me rascaba la cabeza cada que me acordaba del descubrimiento que había hecho en la cabeza de José.

CAPÍTULO XVI

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Hoy no puedo ir con María, mi tía ayer en la noche llegó mareada y me pego, me puso un ojo morado y me duele el cuerpo de las patadas. Creo que tengo calentura, no me siento bien. Extrañada Chonita de que no le contestara, se saltaron a mi casa y en lugar de salir yo, entró ella. “Jesús, que te ha hecho, pobre criatura, mira nada más como te ha dejado”. ¡Pronto Miguel!, tráeme el alcohol, la pomada para los golpes, una aspirina y dos vendas.

Chonita me curó, me dio de comer y me dijo: que antes de que llegara mi tía, me quitara las vendas para que no se diera cuenta de nada. Todo el día dormí, en la noche que llegó mi tía, ya me sentía mejor, las curaciones y el cariño de Chonita habían funcionado. Mi tía entró entro a mi cuarto, me dijo que lo sentía, pero que yo la hacía

enojar.

Asentí con la cabeza y lo único que le dije fue…-Hoy no

puedo servirte de cenar tía, no me siento bien. –No importa duérmete.

Muy temprano por la mañana, todavía un poco adolorida, me levante. Cuando se despertó mi tía, sólo tenía que hacer su cuarto y lavar los trastes del desayuno.

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CAPÍTULO XVII Me sacaron a las diez de la mañana, Chonita me trajo el peine de piojos y me fui a casa de María. Me tarde tres horas en bañar y darles de desayunar a los niños y a María, todos estábamos muy contentos. Les dije a los niños que era hora de correr a los animalitos que tenían en la cabeza y me tenían que ayudar hacerlo, yo les iba a cantar para distraerlos y ellos tenían que estar quietecitos sin moverse, estuvieron de acuerdo.

Puse la sábana blanca que había sacado de mi casa y encima una silla. Primero senté al que yo creía más piojoso, José. empecé a cantar la canción del chorrito, Juanito decía. más, más. Con un poco de miedo y asco, empecé la tarea de espulgar, ¡Dios, cuántos piojos! Y como truenan. Cuando terminé con los niños, doble con mucho cuidado la sábana para que no se saliera ningún piojo de

los que cayeron, fui corriendo hasta donde Chonita, y le dije… ¿qué hago? Chonita me quitó la sabana, la puso en el suelo del patio de la vecindad, le hecho

alcohol

y le aventó un cerillo. Parecían

chinampinas de cómo tronaban, todos se murieron.

Regrese con María, le pregunte si podía revisarla, ¡no puedo creerlo, no tiene ninguno!

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Le pedí permiso a Chonita para quedarme a comer con María y los niños, después, me puse a jugar con ellos y al final del día…le cante su canción a María, la que tanto le gusta. Me la aprendí sólo por ella.

Claro veo en tus ojos, que la pena, va minando tu enfermo corazón, yo no sé por qué sufres, si eres buena, yo no sé porque sufres sin razón. Toda tu alma está llena de tristeza, nadie en la vida a ti te comprendió. Y en el tiempo se pierde tu belleza, como algo que se fue y no volvió. Yo que no soy culpable de tu pena, en tu calvario triste surgiré, como alivió que rompa la cadena, con las fuerzas de mi alma te amare.

Yo que no soy culpable de tu pena, En tu calvario triste surgiré, como alivio que rompa la cadena, con las fuerzas de mi alma te amaré.

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Al terminar de cantar, María lloraba desconsoladamente, no le pregunté nada. ¿No entiendo por qué si le gusta tanto, llora?

Me

dijo ven Lupita, me abrazo muy fuerte y me dio un gran beso…Me siento feliz. Salí de su casa y ya decidí que mientras viene mi mamá (no creó que ella se enoje) por mí, “María será como mi mamá”.

CAPÍTULO XVIII Hoy mi tía llegó más mareada de lo normal, (ya me explicó María, que mi tía no está enferma, que sus mareos son por que ha bebido alcohol, yo le pregunte, que cómo puede tomarse el alcohol con el que se cura y se matan a los piojos, María me dijo, que es otro alcohol), está muy enojada, por las prisas se me olvido lavar la blusa que se quitó. Me está pegando y de pronto…se quita el tacón y me pega con el… siento muy caliente la cabeza, me mareo, empieza a escurrirme sangre por la cara, no veo bien.

La tía al ver la sangre que le sale de la cabeza a la niña, se asusta, y hasta la borrachera se le baja. Le pone una toalla en la cabeza tratando de impedir que siga sangrando, sale corriendo llevando a Lupita a la Policlínica.

Entran rápidamente…Estoy acostada tengo sueño, la

cabeza me duele mucho, todo me da vueltas.

Siento como me

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limpian, oigo como el doctor le dice a la enfermera, que se ha detenido la hemorragia, que me ponga “xilocaina” para que no me duela tanto cuando me cosan los hoyos.

Cierro los ojos, y pienso que yo tengo algo malo, por qué las personas con las que he vivido, no me han querido y me han lastiman tanto. ¡Por qué soy diferente a los demás niños? ¿Por qué mi tía no me quiere? ¿Por qué mis paspas no han regresado por mí? Tengo diez

años y no recuerdo haberlos visto

nunca, sé que se fueron cuando era chiquita, pero ahora soy grande. Todos los niños van a la escuela, niños más chiquitos que yo, ya saben escribir y leer. “Yo no sé lo que es una escuela, creo que no lo sabré”. Pienso en María, aprieto mis manos y callo mis gritos, no me quejo, me duele, pero no me quejo.

Desde hoy, no me volveré a

quejar, no importa lo que me pase. María dice que en la vida hay bueno y malo, “que todo lo debemos vivir con alegría”, ella siempre está contenta y riéndose.

“Yo seré igual que

ella, siempre estaré contenta aunque me duela”.

Regresamos a casa y mi tía me dice que siente mucho haberme lastimado, que sólo por eso, se quedará dos días a cuidarme, la verdad, a mí me gustaría más que se fuera, pero ni modo de decírselo.

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En cuanto se fue mi tía, entraron para sacarme, cuando Chonita vio por qué mi tía no había salido, hecha una furia me dijo…Lupita, ¿no tienes otros familiares a los que pueda ir a decirles cómo vives? Le conteste que cuando vivía mi abuelita, algunas veces iban familiares a verla, pero yo no ni siquiera me acordaba como se llamaban y no sabía dónde vivían, y a mis papás no los conocía, mí abuelita me contaba que se habían ido lejos a trabajar, cuando yo era chiquita.

Cuando llegue con María, sin decirme nada me abrazo, y sentí en mi rostro sus lágrimas. Después, nos pidió a sus hijos y a mí, que nos sentáramos cerca de ella para contarnos un cuento.

CAPÍTULO XIX Después de lo triste de esa noche en que Chabela llegó borracha y lastimó tan salvajemente a Lupita, las cosas han seguido igual, la ha seguido golpeando.

En cuanto a su vida fuera de su casa, la siguen

sacando por las mañana y le meten por la tarde. La niña sigue visitando todos los días a María y sus hijos, han establecido un vínculo de amor. María, le está enseñando las letras y le platica de cuando caminaba y vivía en la casa de sus padres.

Lupita le parece increíble que María sepa tocar el piano y

hable inglés. La niña le pregunta por qué sus papás no vienen a verla y si los niños conocen a sus abuelitos. María empieza a llorar, y Lupita ya no le 34


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pregunta. La niña siente gran curiosidad por saber que le pasó a María, decide ir a preguntarle a Chonita. –Oiga Chonita, ¿usted sabe qué le pasó a María, para no poder caminar?

-Sí, su marido llegó tomado y le pegó, la aventó tan fuerte, que Alicia se cayó golpeándose la cabeza y el cuello contra la caja de fierro de las herramientas. Estuvo varios meses en el hospital, cuando salió, ya no podía caminar, dicen que quedó paralítica.

Durante los meses que estuvo mi

comadre en el hospital, entre todos los que vivimos aquí en la vecindad, nos hicimos cargo de los niños. Su marido se fue y no ha regresado. –Entonces Chonita, ¿no es verdad que él se haya ido lejos a trabajar? -No lupita, no es verdad, él se fue por miedo a la policía-Entonces ¿por qué mienten? -Los niños están chiquitos, sería doloroso para ellos, ya se enteraran cuando estén más grandes-. -¿Cuando crezcan no les va a doler? -Ay Lupita, que pregunta haces-. -Chonita, ¿sabe usted, porqué los papás de la señora María, no vienen a verla?

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-Esa, es otra historia triste...sus papás no querían que mi comadre se casara con José. -Bueno tenían razón, es un hombre malo. Mire lo que le hizo.

-Sí Lupita, sólo que en aquel tiempo, él era diferente y María estaba enamorada. -Entonces si era bueno antes, ¿por qué sus papás se enojaron tanto? -Por eso de las clases sociales. La familia de María tiene dinero, en cambio José, era un pobre mecánico. -Chonita, los papás de María, ¿saben que está enferma? -No, ella no quiso que se enteraran-.

-¡Conocen a sus hijitos?

-No, no se han vuelto a ver. -Oiga Chonita, ¿qué es eso de las clases sociales? Y ¡dígame por favor, si una persona mala se puede volver buena? ¡Ay! Lupita, no se puede contigo. Por hoy, basta de preguntas.

CAPÍTULO XX

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Esa noche, Lupita no pudo dormir pensando en lo que platicó con Chonita.

¿Mi abuelita me mintió por qué yo estaba chiquita? ¿Lo hizo

para

que no me doliera? ¿Mis papás se fueron y me dejaron por qué no me querían? ¿Dónde están? ¿Sí mi mamá es mala como dice mi tía, se puede volver buena? Su cabecita estaba llena de confusión, su pequeño corazón estaba sufriendo. Por primera vez, dudó de lo que su abuelita le había dicho. La niña no durmió nada bien, pero tuvo que levantarse temprano, la herida de su cabeza ya ha cicatrizado. Hoy tiene que ir a la Policlínica, para que con unas pincitas le empiecen a sacar cabello por cabello, para que no le queden las calvas en los cuatro hoyos que le hizo su tía con el tacón. Esto lo repetirán durante todo el tiempo que sea necesario, hasta que le crezca normal. Estaba sentada esperando que empezara el martirio. Cerró sus ojos, cuando Lupita quería transportarse en el tiempo, o salir de donde estaba, cerraba los ojos y empezaba a imaginar. Grito a todo pulmón, sin que de su boca saliera una sola palabra… ¡María, María!, ¿Por qué no estás aquí conmigo? Al terminar, el doctor le dice…nena grita, llora, mira nada más, ya te abriste el labio con tus dientes. Un hilito de sangre le corría por la barbilla, pero no grito, ni lloró, en cambio, le regaló una tierna sonrisa a su doctor. Él le regaló una paleta y le dijo…eres muy valiente.

CAPÍTULO XXI

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Cuando regresamos a la vecindad, estaban adornando todo el patio, en honor de la Virgen de Guadalupe. A Lupita le parecía todo mágico, el cielo casi se tapaba con el papel mache picado, con figuras

de angelitos que parecían que iban a volar, por todos lados había flores. Por primera vez no había ropa tendida, al fondo está el nicho de la Guadalupana. La Virgen, está rodeada de foquitos y floreritos. La gente ponía mesas a lo largo de la vecindad, ahí pondrían la comida.

Pero la mesa más bonita estaba reservada para que el

sacerdote que oficiará una misa.

¡De pronto! Los vecinos junto con los mariachis, empezaron a cantar las mañanitas, dijeron que eran también para mí ¡Qué hoy era mi gran día!, es mi santo, porqué yo me llamo igual que la Virgen… Lupita. Es la primera vez que me cantan las mañanitas. Convencieron a mi tía para que nos quedáramos a compartir con toda la vecindad. “Entre la multitud, la vi”…Ahí estaba, sentada en su silla de ruedas, corrí hasta ella, la abracé muy fuerte y la bese. Se abrazaron como si presintieran lo que en muy poco tiempo ocurrirá… -Mi muchachita querida, muchas felicidades, sólo salí para ver tu carita alegre, y desearte toda la felicidad que te mereces, te quiero tanto Lupita. ¿Dime te dolió mucho?

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-Yo también te quiero mucho y no me dolió tanto, pensé que tú estabas conmigo. El doctor me felicitó, dijo que soy valiente. Fue un día inolvidable en todos los sentidos para la niña, iba por todos lados como fotografiando todas la caras y los momentos hermosos que vivía en esa vecindad. Donde la querían, donde había aprendido tanto de la vida

y los seres humanos.

A pesar de todos los dolores, es mucha más su

dicha, por todo lo vivido en este pequeño mundo, que es… su amada vecindad. Llego el tiempo de las posadas, la antesala de la Navidad. Entre todos los vecinos incluyendo a los niños están adornando la vecindad, sobre los tendederos de todo el patio, cuelgan sobre ellos, los hilos de escarcha y el heno. Debajo de la imagen de la Virgen de Guadalupe, ponen musgo y un pesebre y comienzan a poner a las figuras de la Virgen María, el señor San José y a los tres Reyes Magos.

Siguen con los animalitos y ponen un

espejo figurando un lago, donde ponen patitos.

Al niño Dios, lo van a

poner el día de su nacimiento el 24 de diciembre por la noche. Sólo hay una casa donde nada ha cambiado y no se siente la navidad…la de Lupita. Hoy es la primera posada, de doce que van a hacer entre todos los vecinos. Desde la ventanita, Lupita ve como están colgando la piñata en medio del patio, es una gran estrella brillante. Está llena de cacahuates, limas, cañas, jícamas y mandarinas. Ella aprendió hacer la piñata y ayudo a llenarla con la fruta.

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Su tía llegó mareada y no la dejó salir a romper la piñata, pero le dio permiso que viera por la ventanita. Hasta ahí llegaron los vecinos cantando pidiendo posada, ella, les contesta cantando la negación, pero no puede abrir. María le enseño la letanía. Su tía ni siquiera se dio cuenta, ya está roncando. Lupita está feliz, viendo cómo se balancea de aquí, para allá la piñata, sin dejar que los niños la rompan. Así, fueron todas las noches de las posadas, las vivió detrás de la ventanita

CAPÍTULO XXII En cuanto se va su tía, la sacan de la casa, como todos los días, ella se va a casa de María. Cuando entra lo primero que ve, es a una señora muy elegante, que está vistiendo a los niños, Lupita le pregunta… ¿Quién es usted señora, que hace aquí? La señora voltea a verla y con un menosprecio que no disimula, le contesta. -Soy la madre de María, ¿tú quién eres? -Soy Lupita, amiga y vecina de María y los niños.

Entonces,

¿usted es la abuelita? -Sí, por favor retírate, que estamos empacando para irnos. -No mamá, ¡Lupita no se va! Ven mi muchachita, acércate. -María, ¿qué pasa? -Nos vamos a casa de mis padres.

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-¿Ya no vas a regresar, ya no vamos a vernos. -Lupita, te prometo que en la primera oportunidad que tenga, vendré a verte. -Por favor no te vayas María, -Tengo que irme por los niños, ellos estarán mejor con mi madre. -No quiero que te vayas, me voy a quedar solita, te voy a extrañar mucho. -Mírame Lupita, tú eres una niña muy fuerte, yo sé que pase lo que pase saldrás adelante. Prométeme: Qué recordarás, que la alegría de vivir no está fuera de ti, “que tú, eres la alegría”. Que cuidaras la bondad que hay en tu corazón y la regalaras a todo aquel que la necesite. Así como lo hiciste conmigo y mis hijos. Y no olvides, que eres mi muchachita preciosa a la que tanto amo, nunca te olvidare, vivirás en mi pensamiento y en mi corazón. Ven a mis brazos.

Las dos se fundieron en un gran abrazo, ambas lloraban. La madre de María, prácticamente, tuvo que separarlas. Chonita detuvo a Lupita, para que María y sus niños se pudieran ir. María le gritaba que se cuidara, que la quería. Lupita no dejaba de llorar, le pidió a Chonita que por favor la metieran a su casa. Estando dentro, siguió llorando, en la noche que llegó su tía, la niña ardía en fiebre, temblaba y el choque de sus dientes entre sí, parecían castañuelas. La tía sorprendida, le decía: Pero si en la mañana estabas bien, ¿qué te pasó? ¿te mojaste?

Hubo necesidad de llamar al

Doctor. Él dijo que no era nada, que a veces eso pasaba con los niños, le receto algo para la fiebre y sugirió, que la dejara descansar uno o dos días

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en cama. Chonita, todos los días se saltaba a la casa de Lupita, le llevaba de comer y platicaban: -Chonita, ¿ha sabido algo de María? -No, sólo hace ocho días que se fue. Ya verás que pronto tendremos noticias de ellos. -Usted cree ¿qué se acuerden de nosotras? -Dime, ¿tú te acuerdas de ellos? -¡Ay!, Chonita, que pregunta. ¡Claro que me acuerdo! -Pues es igual, ellos se acuerdan de ti, por qué te quieren. No más plática.

Todo había cambiado para Lupita, seguía saliendo a jugar, su relación con su tía era la misma; pero la vecindad ya no era la igual, faltaban las personas que más quería... María y los niños.

CAPÍTULO XXIII Ya han transcurrido seis meses y no han tenido noticias de María. Lupita está jugando en el fondo del patio, ¡Cuándo de pronto! Ve entrar a una señora muy elegante que se dirige a casa de Chonita. Y como un rayo cruza por su mente, “es la mamá de Maria”. Corre desaforada a casa de Chonita, al

momento de entrar, oye…está muerta… Horrorizada, de su

garganta sale un ¡alarido lleno de dolor y angustia! ¡No, María, no! Lupita se desconecta 42


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de la dolorosa realidad, y cae desmayada. Chonita corre a levantarla y la señora muy afligida, pregunta…-¿es Lupita?- Sí, es ella. La niña es reanimada, Chonita la abraza muy fuerte y deja que Lupita llore. Cuando la niña está un poco más tranquila, la mamá de María se acerca. –Mira Lupita, te traje esto. Y le da un brochecito que perteneció a María. -Señora, podría decirme qué le pasó, ella estaba muy bien aquí. Pero por favor, no me mienta, yo ya soy grande. -No, no te voy a mentir. María estaba muy enferma.

-Pero si yo la veía todos los días. Ella se la pasaba riéndose, jugábamos, me pedía que yo le cantara. No se quejaba de nada. -Sí, lo sé. Pero aun así, Alicia estaba muy enferma. Cuando se fue de aquí, ella se puso muy mal, muchas veces quiso venir a visitarlas pero era imposible. Lo único que sé, es que ella te quería mucho, no lo olvides. -José, María y Juanito, ¿cómo están? Los extraño tanto-. -Dentro de lo que cabe bien, ellos también preguntan por ti-. -Señora ¿y puedo verlos? -Es mejor que no Lupita, por lo menos por ahora, más adelante Dios dirá-.

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La señora se fue...dejando el corazón de Lupita destrozado, la niña no paraba de llorar, por más que Chonita la consolaba, ella no la oía, sólo sentía su dolor.

Le pidió que por favor la metieran a su casa.

En el

silencio de la noche se oyen sollozos y una vocecita, que dice: ¿Por qué, por qué te llevaste a María Diosito? Si ya tienes a mi abuelita, tú me la regalaste como mi mamá. Si no te la hubieras llevado, ella habría venido por mí. ¡Perdóname Diosito!, prometí que no me quejaría pasara lo que pasara pero me duele tanto, que me cuesta respirar.

¡María, María te quiero!, siempre me veras alegre y

sonriendo como tú, no me quejaré y daré gracias por todo lo que tenga que vivir, te lo prometo. Lupita se quedó dormida apretando el brochecito de María. El tiempo ha pasado…Lupita ya tiene trece años, está afuera en el patio cantando con los niños, ¡cuando la ve! “es su tía Chabela”, llega antes de lo previsto.

Se arma todo un escándalo, la tía la arrastra por los

cabellos hasta la casa, por más que los vecinos tratan de explicarle, ella no oye razones. Una vez dentro, le mete una golpiza, cuando ha descargado toda su frustración y enojo, le pregunta, ¿Qué desde cuándo sale? Lupita le confiesa que ya tiene mucho tiempo saliendo… con la cara descompuesta, la tía sentencia: A partir de mañana te irás a trabajar.

CAPÍTULO XXIV Llegaron a un local pequeño, donde reparan, venden y alquilan bicicletas.

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Son tres las personas que conforman el equipo de trabajo, la encargada es su tía Chabela, el señor Felipe y un jovencito como de dieciséis años, mal llamado el pecas. Chabela le explica a Felipe, que desde hoy, Lupita trabajará con ellos, que la enseñe a inflar las llantas y todo en lo que pueda ayudar. Ya han pasado ocho meses desde que llegó a trabajar, para Lupita ha sido una bendición. El trabajo le ha permitido salir de su encierro, puede platicar con los clientes y el señor Felipe es un alma de Dios, le ha enseñado todo lo que sabe: inflar y parchar llantas, poner cadenas y enderezar manublios. Su compañero, “el pecas”, que en realidad se llama Beto, la

enseñó a andar en bicicleta. Cuando su tía no está, Felipe le da

permiso de darse sus vueltas en la cuadra, se siente libre, feliz. Llegó su tía corriendo, le dice que se van a ir a la gasolinera del tío Federico, que es también dueño del depósito de bicicletas, dicen que tiene mucho dinero, Lupita no lo conoce, en realidad no conoce a nadie de su familia, sólo a su tía Chabela. Después de caminar y caminar, llegan a la calle de Peralvillo en la colonia Tepito. Chabela le dice a Bonifacio, que enseñe a Lupita a despachar y medir el aire de las llantas. Ella aprende muy rápido, al día siguiente ya está despachando gasolina. Cada semana su tía le paga un centavo que no le da y le quita las exiguas propinas que recibe, le dice que lo está guardando para cuando crezca.

Su vida

transcurre entre la gasolinera y el depósito de bicicletas. Ya entrada la noche, su tía Chabela la lleva a la casa, la encierra y se va; pero a Lupita ya no le importa, porque durante el día es libre. Hoy es su cumpleaños, cumple catorce años, se ha convertido en una adolescente, cada día es más bonita. Su tía vive molesta, porque cuando salen a la calle le gritan…adiós suegra. Llegan al depósito de bicicletas y 45


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sonriendo Lupita le dice a Boni (ella le dice así de cariño), que hoy es un año más grande. Él la felicita, más tarde cuando el calor aprieta, le regala una paleta helada de chocolate y se burla de ella, ¿mira nada más que cara traes?, jajajaja. La cara la tiene llena de grasa y mugre de las llantas. ¡De improviso¡ su tía la llama y le anuncia… -Mira Lupe, ya no puedes vivir conmigo, voy a buscar quién quiera hacerse cargo de ti, has crecido y no puedo vigilarte todo el día, además, ya estoy cansada de no poder hacer mi vida como yo quiero. -Tía, ¿hice algo que no te gusto? ¡Te prometo que trabajare más duro, que no te daré ningún problema. Por favor, déjame seguir viviendo contigo. -Ya está decidido, no quiero hablar más del asunto. Lupita vive angustiada esperando que su tía le diga que ya encontró donde la va a dejar.

En la noche cuando llega Chabela, le ordena que

prepare sus cosas, que encontró a la familia que se hará cargo de ella. Mañana por la mañana te llevaré. La niña le pregunta si va a seguir trabajando con ella, su tía le dice que no. CAPÍTULO XXV Lupita va temerosa siguiendo a su tía, llegan a la casa donde en adelante vivirá. Chabela comienza a hablar…mira Lupe, la señora María, es una buena mujer al igual que su familia; bla, bla, bla, la tía siguió hablando… pero la niña ya no la oía, repetía en su mente. Se llama ¡María! ¿Será una señal del cielo? ¡María! tiene que ser buena!

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María Navarro abrió la puerta, revisó a Lupita de arriba abajo. Se dirigió a su tía, como si ella no estuviera presente. -Mira Chabela, vamos a ver si nos acomodamos con ella, no es fácil, ya está muy crecidita-. -La voy a tener ocho días y ya veremos-, Chabela estuvo de acuerdo. Hablaban de la niña como si fuera una mercancía, la pruebo, si no me gusta, te la regreso. Lupita desde el primer momento que vio a María Navarro, se dio cuenta que no se parecía en nada a su querida María. -Su tía le comunica, mira Lupe, tienes que portarte bien, porque si no, tendré que llevarte a un hospicio.

Donde viven los niños que no tienen

padres.

- ¡Pero yo si tengo tía! -¿Sí, dónde están? En seis años que has estado conmigo, no los he visto. -Están lejos trabajando, ¡pero sí tengo! -¡Ay Lupe, despierta! Bueno ya te dije, sólo tienes esto, así que cuídalo.

La tía se fue tranquilamente, dejando a Lupita sumergida en una profunda angustia e incertidumbre. Todos estos años su tía había sido muy dura y cruel con ella, nunca le brindo una palabra de consuelo, no le prodigó palabras cariñosas o alentadoras. Sin embargo, Lupita sabedora que es lo único que tiene, la quiere. Ella piensa que su tía tiene muy mal carácter, y no la quiere porque no tiene hijos. Lupita ignora, que su tía Chabela sabe que no puede tener hijos, que al igual que la esposa del sastre, su amargura y frustración la ha descargado sobre ella.

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María Navarro, la ve con desconfianza, le presenta a su esposo, y a sus tres hijos, Esteban de diecinueve años, María de diecisiete y Pedro de quince. Ellos se retiran y queda a solas con la señora, que le pregunta: -¿Cómo te dicen? -Lupita-. -¿Cuántos años tienes? -Catorce y meses-. -¿Qué sabes hacer? -Se parchar llanta y -¡No! Trabajo de casa-. -Se hacer camas, lavar trastes, cocinar, bueno un poco, lavar y planchar-. -Bueno, menos mal, pensé que tenía que enseñarte. (Trajiste tu ropa? -Sí señora, está aquí en esta bolsita-. -¿Eso es todo? -Sí, la traigo muy bien doblada-. -¿Qué tu tía no te compraba? -Sí, de vez en cuando-.

-Bueno, ya veremos que hacemos, sígueme...

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APRENDIENDO A VIVIR

María Navarro, la llevo a un cuarto que tenía en la azotea, le dijo que ahí dormiría, que acomodara sus cosas y bajara, porque había mucho trabajo que hacer. Antes de salir, le comunico…mira niña, quiero que sepas, que me choca ver a la gente, mano contra mano. preguntar, que quería decir eso.

Lupita, no se atrevió a

Tiempo después lo supo, tenía que

trabajar hasta que se fuera a dormir, no podía estar sin hacer nada. Pues sí que se había acomodado María Navarro con Lupita, ella era la que hacía todo el quehacer, lavaba y planchaba la ropa de toda la familia, ayudaba en la cocina a preparar y servir las comidas del día. Los hijos de la familia, no hacían ni sus camas, disque, porque iban a la escuela. Más bien eran unos holgazanes, y si ya tenían sirvienta, pues que ella lo hiciera. Bastante hacían dándole techo, comida y la ropa que ya no quería Alicia la hija. Ya ha pasado un año desde que llegó Lupita a casa de María Navarro, ella vive a gusto en esa casa, se lleva bien con los hijos y los señores, no hay golpes ni maltratos, sólo mucho trabajo. Las noches son las que más disfruta, cuando por fin sube a la azotea, donde está su cuarto, se pone admirar el cielo tachonado de estrellas, y se pone a soñar.

CAPÍTULO XXVI

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Desde que vive aquí, No ha vuelto a ver a su tía, no sabe nada de ella, cuando le ha preguntado a la señora, ésta le dice qué ya no la ha visto, que parece que se fue al. Lupita está en la cocina terminando de lavar los trastes de la comida, cuando los señores Navarro la llaman, están muy serios. Ella piensa…Dios, otra vez, noo. El señor le dice…lo hemos estado pensando y decidimos que por las tardes puedes ir a la escuela, en qué año te quedaste. ¡Es el colmo! No puedo creer que tu tía no te haya mandado, lo que hay que ver.

-Prepárate Lupita, por qué en quince días son las inscripciones-.

Pero hay un problema, le dice su esposa, no tenemos el acta de nacimiento y Chabela ya no trabaja y al parecer se fue. Hablaremos con el director y tu María, busca a Chabela, hasta debajo de las piedras. “Es un crimen lo que han hecho con esta niña”. Cuando sube a la azotea, se pone a bailar y a cantar, todavía no puede creer que ella irá a la escuela, aprenderá a leer y escribir. preciosos ojos, empiezan a brotar lágrimas de dicha.

De sus

Mira al cielo, y

agradece su buena fortuna. Hoy es el primer día de clases, María Navarro, la lleva explicándole como debe llegar y regresar, fíjate bien, porque desde mañana tú vendrás sola. En realidad, la escuela está muy cerca de la casa donde vive.

La

señora la lleva con el director… -Buenas tardes señor director, mire, esta es la niña de la que le hablé-. -Hola Lupita, bienvenida a la casa del conocimiento, desde hoy, ésta será tu escuela-. Gracias por traerla señora Navarro-.

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APRENDIENDO A VIVIR

-Yo personalmente te llevare con tu maestra, dime, ¿conoces alguna letra?

-Sí, María me enseño muchas letras, pero como estaba enferma, no terminamos-. -No me lo comento la señora Navarro-

-No, ella no, fue María.

-Bien, bien, ya la maestra me dirá hasta dónde te quedaste.

Los niños se burlaban de Lupita, ya que grandota y apenas vas en primero…eres una burra. A Lupita todo le parecía maravilloso, por fin, estaba en la escuela, dejaría de ser ciega, como le dijo María. En el recreo, brinco la reata con las niñas de sexto año, hizo muchas amiguitas. De regreso a la casa, iba cante y cante, cuando escucho que alguien la llamaba, la voz que se le hizo conocida, al voltear a ver quién era…se topó con su maestra Matilde.

-Hola Lupita, que bonito cantas-Gracias, maestra. -¿Vives cerca de la escuela? -Sí, faltan tres calles y ya llegue-Quiero decirte, que soy tu maestra, pero también, quisiera ser tu amiga. -Gracias maestra. 51


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Lupita llegó a la casa embobada, había sido un día lleno de aventuras, era la primera vez que lo había vivido realmente como una niña común. Además, el director la había tratado con cariño, le cayó muy bien, y qué decir de su maestra. Era joven, cariñosa y comprensiva.

Los señores Navarro le preguntaron cómo se sentía, cómo le había ido. Ella hizo una mueca graciosa y dijo…maravilloso. Nos da mucho gusto. La señora la tomó de la mano y se la llevó a la cocina, vamos a preparar vamos a preparar la cena, tienes que encontrar tiempo para hacer la tarea y estudiar, ¿me comprendes? Porque yo no puedo sola con todo. Lupita se levantaba a las cinco de la mañana, cuando bajaba, ya se había bañado, hecho su cuarto y hasta su ropa estaba lavada. A las seis en punto, ponía a calentar los frijoles, comenzaba hacer el jugo y hacia los huevos. Mientras tanto, la señora ponía la mesa y llamaba a todos a desayunar. El primero en irse era Esteban, después el señor y por último, a las siete y media, la señora llevaba a Alicia y a Pedro a la escuela. María Navarro, se iba a visitar alguna de sus amigas y pasaba al mercado a comprar lo que se haría de comer ese día. Lupita se quedaba sola toda la mañana, hacía todo el quehacer; se ponía a lavar y planchar la ropa del día anterior; y cuando llegaba la señora, la ayudaba a hacer de comer. ¡Lupe, Lupita! ¿Dónde estás? ándale, que se me hizo tarde.

Jesús, tenemos una hora para

terminar la comida y que te puedas ir a la escuela.

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CAPÍTULO XXVII Es día de la madre, un día difícil y con sentimientos encontrados para Lupita, observa cómo van llegando a la escuela los familiares de sus compañeros.

Ella, será la única niña que estará sola.

Durante varios

meses se ha estado ensayando el pequeño homenaje, que se hará en honor a las madres.

A Lupita la eligieron para qué cantara, ella posee una

hermosa voz. El director de la escuela y su maestra, la oyeron cantar por primera vez durante el recreo, ella estaba rodeada por los niños más pequeños, fue entonces, cuando decidieron incluirla en los eventos. Terminado el evento en su escuela, regresó a la casa, sabía que la familia Navarro, no se encontraba, habían sido invitados a una boda y regresarían tarde. Entró a la casa, estaba todo en silencio, fue a la cocina y tomó una naranja antes de subir a su cuarto. Se sentía ansiosa, triste y sola, se recostó sobre su cama, cerró los ojos y empezó a soñar: Sus padres llegaban por ella, la llenaban de besos y le decían…que ya nunca más estaría sola…que ellos la protegerían, que con amor curarían todas sus heridas y carencias…venimos por ti para no separarnos más… ¡Zas! la ventana se azotó y ella despertó, comenzó a llorar, todo había sido un sueño.

CAPÍTULO XXVIII 53


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El tiempo ha transcurrido y el fin del año escolar, ella ha terminado el primer año de primaria.

Los señores Navarro, se han disculpado con

Lupita, por no poder acompañarla, a ella no le importa, está feliz. Ha sido muy complicado, cansado y difícil, pero ha valido la pena. Ella piensa, que es el primero de muchos que estudiara. Llega corriendo a la escuela, la reja ya está cerrada y el conserje no la quiere dejar pasar… -Por favor Martín, déjeme pasar. -Lo siento Lupita, no puedo. De pronto se escucha la voz del director. -¡Qué pasa aquí! dirección, ya llego.

Déjala pasar Martín.

Lupita, vete derechito a la

Lupita se va corriendo a la dirección, la secretaría le dice que se siente. Llega el director, ven entra a mi oficina, cuando entran, ahí están su maestra…sobre el escritorio está un gran pastel.

Lupita, este es un

pequeño obsequio por tu esfuerzo por aprender, toma tu boleta de calificaciones, cuando ella la ve, se lleva las manos a la cara y comienza a llorar… Ellos la abrazan y la felicitan, la maestra les dice que partirán el pastel a la hora del recreo. Lupita no puede dejar de ver su boleta, sacó puros dieces. Tanto el director como la maestra, se dieron a la tarea de saber que pasaba en la vida de Lupita, ya que no iba ningún familiar. La señora Navarro, durante todo el año, sólo ha enviado recados disculpando sus ausencias.

El hecho de ver siempre a la niña sola, los intrigó.

Se

enteraron de que la niña había sido regalada por sus tía a María Navarro. Ella no la

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APRENDIENDO A VIVIR

acogió como un miembro más de la familia, esto realmente era doloroso, la niña fue aceptada como sirvienta, así pagaba por el techo, comida y escuela. Cuando los maestros se enteraron de las condiciones en que vivía, trataron de compensar la soledad de Lupita, con pequeños actos de cariño. Como el de hoy. Estaba feliz, llevaba en sus manos la boleta que acreditaba que había terminado el primer año de primaria, sus calificaciones eran excelentes, se sentía muy satisfecha. Llegó a la casa, estaba reunida la familia, la señora le pregunto: cómo te fue, y Lupita le entrega sus calificaciones, la mujer apenas las vio.

Mira Lupita…todo el cuerpo se le erizó, siempre que le

decían ¡Mira Lupita! Era para anunciarle malas noticias, y no se equivocó. -Hemos acordado, qué el siguiente año escolar va a tener que esperar, yo no puedo hacer todo, necesito de tu ayuda. Ya veremos después que vuelvas a estudiar. -¿Y si me paro más temprano, señora? -No, no, Lupita, por el momento es imposible, te necesito aquí. Está en la azotea, mirando el cielo, sus hermosos ojos están anegados de lágrimas, aprieta sus labios para no dejar salir los gritos de dolor de su alma. ¿Por qué, Dios mío? ¿Es tanto lo que pido? Sólo quiero estudiar. Llegaron el director y la maestra a casa de la familia Navarro, van a preguntar, ¿por qué Lupita no se inscribió para cursar el segundo año? 55


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APRENDIENDO A VIVIR

Por más que les rogaron a los señores Navarro, como respuesta obtuvieron ¡un rotundo no!, dejando asentado los señores, qué posiblemente el siguiente año. Los maestros se despidieron muy mortificados, no se les permitió, ni siquiera despedirse de ella. La vida ha seguido su curso, hasta que llega un día especial…que marcará y cambiará el destino de Lupita.

CAPÍTULO XXIX Está lavando los trastes y hasta ella llegan los ruegos, que Alicia está haciendo a su mamá: - Por favor, déjame ir al baile que habrá el sábado. -Ya te dije que no, no hay quien te acompañe. -Pero si es a una cuadra de aquí. -No insistas, pásame un vaso con agua. Alicia entra a la cocina y las dos jovencitas se quedan viendo…sale de la cocina, le entrega el vaso a su mamá y le dice… -Voy con Lupita, que ella me acompañe. -¡Estás loca! Además, ella no tiene un vestido decente para fiesta. -Yo le presto uno. Después de mucho rogarle, la madre accede.

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Alicia se lleva a Lupita a su cuarto y le presta un vestido sencillo pero de buena calidad, los zapatos de tacón le quedan grandes. ¿Qué hacer? ¡De pronto! Alicia tiene una brillante idea…les retaca la punta con algodón y listo, ya le quedan. Le da unos aretes y un sweater. -Alicia yo no puedo caminar con estos tacones. -Tendrás que practicar de aquí al sábado. En la noche que sube a su cuarto, está muy emocionada y nerviosa, será el primer baile al que asistirá. Se pone los zapatos y se va de lado, se le tuercen las piernas. Se dice…tengo que poder.

Es la noche del baile, Lupita termina de arreglarse, se ve al espejo y éste refleja a una jovencita bellísima de un poco más de quince años, en su hermoso rostro oval, resaltan sus bien delineadas cejas, que visten a dos luceros soñadores, de nariz afilada, labios bien formados que ocultan dos hileras de perlas de nácar, sobre el labio superior del lado derecho, tiene dos coquetos lunares. Enmarca su belleza, una ondulada cascada color ébano, que le cae sobre los hombros. Su cuerpo escultural parece esculpido por los clásicos…es verdaderamente un deleite mirarla. Lupita que guapa te ves, le dice la señora, ya, ya, mamá, no ves que se la va a creer y después nadie la va aguantar. La señora les hace mil recomendaciones hasta que las deja ir… Por fin llegan a la fiesta, hay parejas por aquí y por allá bailando, el ambiente está muy animado. Alicia le dice a Lupita que la siga a donde ella vaya, y así lo hace. Llegan donde hay un puñado de jovencitas y se 57


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intercalan entre ellas, ¡inesperadamente! Un guapo muchacho, de ojos claros como de veinticuatro años, invita a bailar a Lupita, ella…no sabe qué hacer, voltea a ver a Alicia, ésta se ríe y exclama…pero si ella no sabe bailar, baila con otra. El joven le dice a Lupita que no importa, que él la enseñara, la toma de la mano y se la lleva…De regreso a la casa, Alicia va regañando a Lupita. -Te dije que me siguieras a donde yo fuera. -Pero eso hice Alicia. -Nooo, te pusiste a bailar toda la noche con Abel. -Es que me estaba enseñando a bailar. -Hiciste el ridículo y me lo hiciste pasar a mí. ¿No te das cuenta que no son iguales? -Yo creo que si somos iguales, pero no te preocupes, si lo dices porque yo sirvo en tu casa, ya se lo dije. -Nooo, se ha de haber muerto de la vergüenza ¿y qué te dijo? -Qué no le importa, que eso es sólo un trabajo que me toco hacer. Que tengo mucho tiempo por delante para prepararme y hacer lo que realmente me guste. ¿Qué te parece? -Qué eres una mentirosa. -Jajaja, Claro, como crees que le iba a decir.

-Ya me habías asustado Lupe. ¿Dime, de qué platicaron?

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-Pero casi ni platicamos, yo creo que le dio pena que yo no supiera bailar, ¿no viste, como se esmeraba en enseñarme? Y yo con lo torpe que soy. -¡Bueno en eso si tienes razón! -Están organizando otro baile el sábado que viene, ¿vamos? -Lo voy a pensar, por qué como dices…yo no soy igual a ustedes. -Ay eso no importa, nadie se va a enterar. Ándale acompáñame.

Acostada, Lupita suspira ha sido una noche mágica, la atesorará en su corazón y sus recuerdos. De pronto se incorporó y se dice: -Soy una mentirosa, no le debí haber mentido a Alicia, pero me dio mucho

coraje que me dijera eso- ¿Si supiera que Abel sí me lo dijo, y que ya sabe que yo trabajo aquí? No quiso pensar más, y se durmió.

CAPÍTULO XXX Toda la semana ha sido de ruegos, berrinches y enojos, por fin, Alicia consiguió que su mamá les diera permiso de ir nuevamente al baile. Las jovencitas se reúnen una vez más en la habitación de Alicia . -Ni modo Lupe, tendrás que ponerte lo mismo. Mi mamá tiene razón, al rato no van a saber de quién es la ropa, si tuya o mía.

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-No importa Alicia-. Hoy es la gran noche… Llegaron al baile y fueron rodeadas por unas amigas de Alicia. -Hola Alicia, ella es ¿tu prima, cómo se llama? -Éste…sí. -Me llamo Guadalupe. -Ah, Lupe. -¿Miren quién llegó? Voltearon todas hacía donde la chica miraba. Es Enrique, que guapo es, dijeron al unísono. Quién lo invitaría, su esposa hace apenas ocho meses que murió. Es un libertino, no debería estar aquí dijo otra.

El muchacho en cuestión, es de aproximadamente 24 años, va vestido con el uniforme de la escuela del aire.

Realmente llama la atención y

sobre sale entre todos los muchachos ahí presentes, por su gallardía, prestancia y galanura. Dejan de prestarle la atención a Enrique, porque viene hacía ellas…Abel. Una de las jovencitas pregunta ¿a quién invitará bailar? Va directo hacía Lupita, ella no pestañea, sus miradas se entrelazan, ¡cuando de pronto! Ve ante sí, otra mano y escucha una voz desconocida, ¿bailamos? Es… Enrique, lo ve con asombro. Alcanza a ver como Abel se aleja.

Ella muy mortificada se niega, dice que no sabe bailar, pero las

amigas de Alicia insisten en que baile con Enrique. Sintiéndose observada por los presentes, es incapaz de seguirse negando…acepta. Entre tropezón y tropezón, su mirada busca a Abel, pero éste se ha ido de la fiesta. Escucha a lo lejos la voz de Enrique, ella no le presta atención, sólo piensa 60


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en Abel. Lo que Lupita no sabe, es que con su actitud, ha despertado el interés de Enrique. Esa noche cuando llegó a su cuarto, estaba muy enojada y se empezó a preguntar en voz alta: ¿por qué ese señor tenía que acercarse? ¡Qué mal me cayó!, es un presumido, se cree el muy, muy.

¿Por qué se

habrá ido Abel? ¿No pude platicar con él? Él si me gusta y me caí muy bien. ¿Dije me gusta? Sí, el me gusta. Lupita al pensar en Abel, siente sensaciones desconocidas para ella. Al día siguiente mientras Lupita servía el desayuno, Alicia empezó a burlarse de ella…y de pronto dijo: -Mamá, ¿a que no sabes con quién bailo toda la noche Lupe? Inmediatamente, despertó el interés de toda la familia. ¿Con quién preguntaron? y ella les dijo, con Enrique. -Nooo, respondieron todos-.

-Sí, ¿verdad? Lupe. -Bueno, sí pero, es que me estaba enseñando a bailar. -María Navarro dice, es muy guapo, pero es viudo y tiene dos hijos. -Yo no pienso volver a ver a ese señor. -¡Naturalmente que no! ya te dije, que tiene dos hijos. Y tú, Alicia, no hagas que Lupe se ilusione con algo que no puede ser. -Ay mamá, si sólo estoy bromeando, pero si es cierto que se la pasó con Enrique.

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-Por eso se acabaron los bailecitos, de ahora en adelante, si no te lleva tu hermano, no hay baile.

CAPÍTULO XXXI Ya ha pasado dos meses desde el segundo y último baile al que Lupita asistió. Alicia iba todos los sábados pero con su hermano Esteban. Le presumía que había bailado con Abel y otros muchachos. Lupita se moría de ganas por saber, si Abel preguntaba por ella, en lugar de eso, se mordía el labio inferior y apretaba las manos…de su boca no salía ni una palabra. ¡Lupe! Qué barbaridad, se me olvido comprar el aceite. Fíjate bien, te vas todo

derecho,

pasas dos cuadras y

das vuelta a la derecha e

inmediatamente, te vas a topar con la tienda.

Lupita se encamino a la tienda, llevaba

recorrido como una cuadra, ¡cuando de pronto lo vio!

Enrique muy

sonriente, se le acercó, buenas tardes, ¿a dónde vas con tanta prisa? Ella se sonrojó, se puso tan nerviosa que no pudo contestar.

Enrique sin

decirle nada, empezó a caminar junto a ella. Durante el trayecto, no dejó de hablar…le platicó que había perdido a su esposa al nacer Fernando, que sólo tenía 10 meses, y que tenía otro hijo, Enrique de dos años.

Qué se sentía solo y muy

triste, que no sabía qué hacer para que sus hijos no sintieran tanto la ausencia de su madre.

No se había arrepentido de haber ido al baile,

porque fue ahí, donde la conoció. Qué se Había dado a la tarea de saber

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APRENDIENDO A VIVIR

quién era ella, y donde vivía. Le había costado mucho trabajo, porque casi nadie la conocía. Lo único que logró saber, es que vive en casa de María Navarro.

Él le

pedía que Lupita le hablara de ella, obtuvo por repuesta…tengo mucha prisa, me espera la señora. Lo dejó parado y casi voló. Él le gritaba, ¿Lupita cuándo te vuelvo a ver? Toda la tarde la pasó intranquila, pensando en todo lo que Enrique le había comentado. En la noche, cuando subió a su cuarto, se detuvo para admirar el cielo, estaba tapizado de estrellas y arriba al fondo, estaba la luna llena… Entonces, volvió a pensar en Enrique, admitió, que ya no le caía tan mal. Se metió a su cuarto y se acostó, habían sido tantas las emociones vividas durante el día, que inmediatamente se quedó dormida.

CAPÍTULO XXXII Durante el desayuno, cuando le servía a Esteban el hijo mayor, le acarició la mano, ella la retiró rápidamente. -No le dio mayor importancia, hasta que descubrió a esteban mirándola, lo que vio en sus ojos, no le gustó y un escalofrío le recorrió la espalda-. ¿Por qué me ve así, qué le pasa?

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Siempre ha sido muy callado y respetuoso conmigo. No pensó más en lo ocurrido. Es viernes y Alicia llega gritando, mamá, mamá, hoy es la cena por el cumpleaños de Cristi (es una de sus amigas), por respuesta la madre le dice que no está su hermano. Alicia insiste que no puede faltar, que desde cuando le pidió permiso la señora Fernández. Está bien, que te acompañe Lupe. Llegaron a la cena, estaban saludando, cuando la mirada de Lupita se cruzó con la de Enrique que la está mirando, ella se ruborizó y se quedó inmóvil.

Había pasado más de una semana desde que se encontró a

Enrique. Él camino hacía ellas y las saludo.

Como la del cumpleaños

conoció a Lupita en el baile como prima de Alicia, no le quedó más remedio que seguir con la farsa que ella misma había elaborado. Enrique tomó del brazo a Lupita, y le dijo…me encanta cuando te ruborizas, y se fue con ella a la pequeña terraza de la casa. Esta vez él no hablo, sólo le preguntaba sobre su vida anterior a la llegada a casa de María Navarro. Era tan caballeroso, amable y seductor, que Lupita se sintió transportada a otro mundo, ahí sólo estaban ellos dos. Al finalizar la reunión, Enrique le pidió que se volvieran a ver, ella le dijo que no podía, que no la dejaban salir sola. Enrique las acompañó de regreso a su casa, no quiso dejarlas solas, Lupita sentía que caminaba entre las nubes y sin darse cuenta, comenzó a cantar. Alicia enojada le dijo, -estás loca, que va a pensar Enrique-. -Nada Alicia, sólo que tiene una preciosa voz- Llegaron y se despidieron. Lupita subió a su cuarto y pensó en la tarde maravillosa que había pasa junto a Enrique. Ya se estaba quedando dormida, cuando tocan a su puerta… 64


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-¿Quién es? -Soy yo, Esteban, abre por favor. -¿Qué quieres? -Platicar contigo. -Mira Esteban, no son horas de platicar, si me sigues molestando les voy a decir a tus papás. -Por favor Lupe, abre. Golpeaba la puerta-¡Ya te dije que no, vete, estás borracho. Esteban trataba de abrir la puerta y la amenazaba con tirarla y si no le abría, del otro lado de la puerta Lupita temblaba, había jalado una comoda tapando la puerta. Cogió sus cobijas y se metió debajo de la cama, empezó a llorar, su intuición le decía que corría peligro. Tenía miedo de dormirse, por momentos le ganaba el cansancio y el sueño, se pellizcaba los ojos y brazos para no dormir, se la pasó dormitando y pellizcándose. Cuando bajó a preparar el desayuno tenía muy mala cara, la señora le preguntó que le pasaba que se veía tan mal.

-No me siento bien,

contestó- En cuanto termines de preparar el desayuno y servirlo, ah, y lavar los trastes, te subes a tu cuarto. A la hora de servir, sintió la mirada de Esteban, se armó de valor y lo miró de frente, lo que vio Lupita, la aterrorizó, de sus manos se resbaló el plato que se fue al piso haciéndose añicos. -Jesús, grito la señora, deja Lupe, vete a tu cuarto, en cuanto termine aquí, subo a verte, tomate este jugo de naranja, seguramente te quiere dar catarro.

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APRENDIENDO A VIVIR

Subió a su cuarto y se acostó, era tal su cansancio físico y emocional que inmediatamente se quedó dormida. Despertó sobresalta, tocaban la puerta y la llamaban…era la señora, se levantó y abrió. ¿Por qué cierras? traje una copita con limón es pura vitamina, déjame tomarte la temperatura, por dios, que cara tienes. No, no tienes calentura, por hoy quédate en tu cuarto, esperemos que amanezcas mejor, te mando tu comida con Alicia. Ah, no pongas el pasador, sino como entramos. En cuanto se fue la señora, puso otra vez el pasador, se durmió todo el día, Alicia no había subido, ¿o no la había oído? Llegó la noche, jalo la comoda y bloqueo la entrada, pasó las cobijas debajo de la cama y se metió. Despertó a la cuatro de la mañana, Esteban nuevamente estaba tocando la puerta y rogándole que le abriera, al no conseguirlo, la empezó a amenazar, hasta que se cansó y se fue. En lugar de levantarse se puso a pensar ¿a dónde se podría ir? ¿Y si tratara de encontrar a Chonita, o a Felipe, el trabajador del depósito de bicicletas, o si buscara a Boni, el de la gasolinera?, pero no sabe las direcciones y lo peor no sabe leer, además, no la dejan salir. ¿Y si se escapaba, adónde iría? ¿Y si les dijera a los señores Navarro, lo que estaba haciendo su hijo? ¿Y si no le creían? Él era su adoración, no lo creían capaz de hacer una mala acción. No, tendría que pensar muy bien lo que haría. Se vistió y bajó.

CAPÍTULO XXXIII

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APRENDIENDO A VIVIR

Lupita está terminando de lavar los trastes de la cocina, cuando tocan la puerta, se dirige rápidamente a ver quién es, los señores duermen la siesta y los hijos no están. Abre la puerta, casi pierde el equilibrio de la impresión, es…Enrique. -Buenas tardes Enrique, Los señores no te pueden recibir, están durmiendo y los muchachos no están. -No los busco a ellos, te vengo a ver a ti. ¡Pero qué te pasa! ¿Estás enferma? -No, no estoy enferma, es algo más grave. -Por favor Lupe, confía en mí. Entrecerró la puerta para que nadie pudiera oírlos. Lupita le confió lo que estaba sucedido con Esteban, Enrique indignado y hecho una furia, la abrazó y la consoló. Ella temblaba entre sus brazos, Enrique le dijo que ya no podía seguir viviendo ahí, que no se preocupara, él arreglaría todo para que ella estuviera segura. -Por lo pronto tú te vienes conmigo. -¡No puedo hacer eso! -No pienses mal Lupe. Te voy a llevar a casa de mi comadre dónde te voy a dejar depositada. Ella es una buena persona, ahí estarás a salvo. -Enrique no puedo irme así, sin avisar y darles las gracias a los señores, por todo lo que han hecho por mí.

-Muy bien, despiértalos y diles que estoy aquí, que quiero hablar que quiero hablar con ellos. 67


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APRENDIENDO A VIVIR

-¿Pero que les vas a decir? -Tú no te preocupes por eso, anda, avísales.

El matrimonio Navarro, se levantó de inmediato, le dieron instrucciones a Lupita para que lo pasara a la sala. El recibimiento que le dieron a Enrique fue de agrado e intriga, justo cuando estaba empezando hablar Enrique con los señores, llegó su hijo Esteban. Enrique sin decir palabra, se levantó y se lanzó contra él. Los señores gritaban…Enrique, ¡por favor, qué te pasa muchacho! ¿Te has vuelto loco? Esteban con la boca sangrando, le gritaba a Enrique que estaba celoso. Enrique le contestó que era un desgraciado, qué lo que no sabía ganarse como hombre, lo quería tomar por la fuerza. Lupita pálida como la cera, no salía de su asombro, se encaminó hacia la puerta de salida, Enrique le grito… -Espera Lupe, de esta casa sales de mi brazo y con la cabeza en alto, tú no has hecho nada malo. -Esta familia tenía que saber la clase de hijo que tienen-. Sepan señores Navarro, que pudimos irnos sin avisarles, pero Lupe se opuso, quería agradecerle su hospitalidad y es por esto, que pedí hablar con ustedes, el resto ya lo saben, Esteban subía por las noches al cuarto de Lupe amenazante. Dicho lo cual, espero que no intervengan, Lupe se va conmigo.

Pasó su brazo con suavidad por la espalda de Lupita, ésta sintió

una descarga eléctrica recorrer todo su cuerpo, se dejó llevar por Enrique.

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APRENDIENDO A VIVIR

CAPÍTULO XXXIV Mira Lupe como te dije, te voy a llevar a casa de mi comadre Toiki, ahí vas a vivir mientras nos seguimos conociendo y yo arreglo algunos asuntos, después, si tú estás de acuerdo, buscamos un departamento donde puedas vivir y luego nos casamos. Sí por algo no se dan las cosas entre tú y yo, tampoco te preocupes, que entre Toiki y yo te ayudaremos a salir adelante. -¿Qué te parece? -Como tú digas Enrique.

Desde que salieron de la casa, Enrique la va consolando y tratando de tranquilizarla, le dice que ya no se preocupe, que todo va a cambiar, que ella estará a salvo a donde la lleva.

Llegaron a la calle de Mesones, donde

está ubicada la casa de Toiki, es una señora madura, elegante y de trato afectuoso, a Lupita le inspiró confianza.

Enrique se fue, no sin antes

recomendarles que tuvieran mucho cuidado y que de preferencia, Lupita no salieran durante los tres días que estaría ausente, viajaría a la ciudad de Lagos de Moreno en Guadalajara, a hablar con su padre. Toiki tenía muchos años de conocer a Enrique, era su comadre y compañera de trabajo, en la Secretaría de Industria y Comercio. Toiki le platicó que Enrique tenía una licencia de trabajo, la cual le permitía estar en la Escuela del Aire, estudiando para mecánico de aviación. El tiempo transcurrido al lado de Toiki, le ha permitido a Lupita conocerla y apreciarla, es una buena persona que se preocupa por ella, le

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brinda cariño y amistad.

APRENDIENDO A VIVIR

También a través de Toiki, le ha permitido

conocer más de la vida de Enrique. -Toiki ¿tú conociste a la esposa de Enrique, verdad? Sí, era mi comadre, y conozco a la señora Dolores, a Enrique y Fernando. -. -¿Quién es Dolores? -Es la madre de Enrique -¿Cómo es ella?

-Muy autoritaria e invasiva en la vida de Enrique, siempre ha sido una mujer difícil. Tiene ideas muy fijas, piensa que Enrique debe consagrase a sus hijos, para ella no hay cabida para otra mujer.

-Pero quedó viudo y es muy joven, además, los niños son muy chiquitos.

-Pues sí, el problema es, que Enrique es su único hijo, es celosísima y no acepta a nadie en la vida de su hijo y menos en la de sus nietos, Ella piensa que el matrimonio es para toda la vida, no importa que Carmela se halla muerto. Enrique la tiene muy difícil.

Enrique no volvió en la fecha que había dicho, ya han pasado quince días. Cada tercer día Lupita ha recibido un telegrama, donde le informa que su viaje se ha demorado a instancias de su padre, que muy pronto volverá, que la ha extrañado. Lupita no ha salido por temor a encontrarse con María Navarro, o peor aún, con su tía Chabela. 70


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Lupita está cantando mientras está planchado ¡inesperadamente! Tocan a la puerta, ¿quién será? Toiki tiene llave. Después de un lapso de duda, abre…es Enrique que llega sin avisar. -¡Sorpresa! Preciosa ya estoy aquí. -¡Enrique por fin llegaste!-. Se funden en un cálido abrazo, Lupita perturbada se separa. Enrique le pregunta ¿cómo ha estado, cómo se siente, si lo ha extrañado? Si tiene alguna Novedad que contale. Oyen la puerta que se abre, es Toiki. Enrique las invita a cenar para festejar que todo ha salido bien.

CAPÍTULO XXXV Las hojas del calendario han ido cayendo, el tiempo inexorable ha transcurrido poniendo todo en su lugar. Desde hace seis meses Lupita y Enrique son novios. Ella está perdidamente enamorada, y él...la quiere, pero necesita una buena madre para sus dos hijos. Lupita está se siente dichosa, hoy cumple diecisiete años, Enrique la invitó a cenar, llegaron a un restaurante muy elegante, Lupita no dejaba de pellizcarse, quiere convencerse que no está soñando. Desde que conoció a Enrique, es feliz y su vida ha cambiado. Esto es la realidad y el pasado

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un mal sueño. Ya no está sola y hay alguien que la ama y la acepta como es. Está tan absorta en sus pensamientos, que a lo lejos escucha… ¿Te quieres casar conmigo? -Toiki llega corriendo Lupe, Lupe, ¿dónde estás? Ven rápido, te tengo una sorpresa. -¿Qué pasa? -Se desocupó el departamento de enfrente y como ustedes no han encontrado, pienso que éste podría ser.

Enrique se va a poner muy

contento, la boda es dentro de un mes y medio, tienen el tiempo suficiente de poder arreglarlo a su gusto. ¡Pero ven, vamos para que lo conozcas, te va a encantar! Enrique le dice, éste es tu nuevo hogar, deseo que seas muy feliz Lupita. Aquí vivirás sola el mes que falta para casarnos. Ella está tan emocionada que no sabe que decir y por respuesta, Enrique recibe una gran sonrisa y un beso. Lupita se levanta temprano y prende el radio que le regalo Enrique, se pone a acomodar las cosas que compraron ayer, ¡cuándo de pronto! Tocan a la puerta, sin abrir, pregunta qué quién es.

Una voz de mujer le

pregunta qué si es el departamento de Enrique Zermeño. Ella abre y se encuentra con una señora desconocida. -Buenos días señora-. -¿Tú eres Lupe? 72


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-Sí, cómo sabe mi nombre?

-¡Soy la madre de Enrique, y estoy aquí para impedir el disparate que mi hijo quiere cometer. ¿Me entiendes? -No, no sé, que es eso del disparate-. -¿Sabes que su esposa acaba de morir y que tiene dos hijos? -Sí señora, sé que su esposa murió hace más de un año, y tiene a Enrique y Fernando. Yo quiero mucho a Enrique y sé que querré de igual manera a Fernandito cuando lo conozca.

-¿Cómo, se ha atrevido a traer al niño aquí? ¡Ni creas que voy a permitir que mi hijo cometa la locura de casarse contigo! “Ya me encargaré de que no vuelvas a ver a ninguno! -Pero señora, yo quiero a Enrique y a los niños, queremos formar una familia.

-Estúpida mocosa no conoces la decencia, no puedes entender que eso no puede ser, él nunca se casará contigo. No te das cuenta que sólo eres una aventura para mi hijo, no tienes escrúpulos ni moral. ¿Dime, acaso estás embarazada? -¡Claro que no, y sí soy decente!

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-Ah ya entiendo, quieres embarazarte y comprometerlo para que se quede. -Pero que cosas dice, Enrique no vive aquí señora, sólo somos novios y él me ha pedido que nos casemos. Los gritos acalorados de la mujer, hicieron que salieran algunos de los vecinos, justo cuando salía Toiki, la madre de Enrique

abofeteaba a

Lupita, Toiki corrió y le detuvo la mano a la mujer. Cuando llegó Enrique, Lupita seguía llorando. En el silencio de la noche, escucha una voz que la llama…Lupe, Lupe. ¡Ella se sobresalta! regresa desde muy lejos, ahí sigue sentada frente al espejo, con las flores sobre su cabello…mañana se casa.

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