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adrid, urbe dinámica donde las haya, es buen ejemplo de un conjunto invaluable de detalles que, muchas veces, se pierden entre signos y símbolos de visibilidad y presencia más contundentes. Si uno se acerca, por ejemplo, al Jardín del Cabo Noval, a un costado de la Plaza de Oriente, es fácil pasar por alto una gran escultura en mármol y arenisca que hace homenaje a este célebre personaje de la historia militar española. Después de todo, estar flanqueado por las imponentes fachadas del Palacio y del Teatro Real es ya, de por sí, sobradamente abrumador. Se baje o suba, en coche o a pie, o en autobús, o en bicicleta, por el Paseo de la Castellana, seguramente se esté más ocupado en cualquier otra cosa que en observar con detenimiento la belleza de la columna de mármol, piedra y bronce dedicada al político, historiador y académico Emilio Castelar. Rodeado de alegorías y rematado por las tres gracias, el impresionante monumento es una obra de gran complejidad y belleza. Como si se tratase de la búsqueda de un antiguo tesoro, la ciudad va dando pistas, va abriendo espacios que ya presagian la presencia de joyas invaluables, como el cementerio de la Sacramental de San Justo, que no sólo alberga los restos mortales de personajes tan célebres como el compositor Federico Chueca o el escritor José de Espronceda, también hay joyas escultóricas como el sepulcro del periodista y abogado Miguel Moya, fundador y primer presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid. Se trata de un conjunto de equilibrada composición que presenta la figura cincelada en mármol de un linotipista a tamaño natural junto a una gran cruz, elementos que contrastan con la lápida inclinada de piedra con la efigie de Moya y la inscripción, que supone todo un ejemplo de madurez plástica. Las piezas del extraordinario escultor Mariano Benlliure (Valencia, 1862 – Madrid, 1947) que coronan plazas y jardines de distintos puntos de Madrid son, sin ninguna duda, verdaderas obras de arte, parte fundamental de un acervo artístico, el de Benlliure, que no sólo se distribuye por todo el mundo sino que está reconocido como una de las producciones escultóricas más prolíficas y significativas de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Lo anterior no hay quien lo discuta, pero sí se puede argumentar que si estuviesen en un museo serían no más vistas pero tal vez sí más apreciadas. La vorágine urbana lo desborda todo. Sin embargo, ahí en sus plazas, jardines y glorietas, forman parte fundamental de la ciudad, de ese espacio compuesto, precisamente, por innumerables matices. Y es ese conjunto de rasgos singulares lo que hace de cada ciudad, en este caso Madrid, un lugar único. En cualquier caso, coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento de Benlliure, Madrid ha diseñado cuatro rutas que ofrecen la posibilidad de descubrir, o redescubrir, 23 monumentos, lápidas y esculturas funerarias, todas obra del genial

arista, que se encuentran repartidas por la capital. Los alrededores del Museo del Prado y el parque de El Retiro; la zona centro, desde la Plaza de la Villa de París hasta el Palacio de Oriente; el distrito de Salamanca, el Paseo de la Castellana y Chamberí; y el Panteón de los Hombres Ilustres, las Sacramentales de San Isidro y San Justo y el Cementerio de la Almudena; cuatro zonas de Madrid que entre sus calles, plazas y jardines resguardan figuras y monumentos de personajes tan célebres como el pintor Francisco de Goya, el escritor y político Emilio Castelar, el General Casasola, la Reina María Cristina de Borbón, el Teniente Ruiz o el Cabo Noval, entre otras figuras relevantes de la historia de España. Mariano Benlliure, nacido en Valencia el 8 de septiembre de 1862, escultor autodidacta y artista prolífico, fue una figura determinante en el desarrollo urbano de Madrid, y su obra, ampliamente esparcida por distintos espacios públicos y privados de la capital, constituyó una pieza clave no sólo del embellecimiento del entorno sino de la configuración del imaginario colectivo de su época. Ampliamente reconocido en las Exposiciones Internacionales de Berlín, Múnich, Viena y París, Gran Premio en Escultura en Buenos Aires en 1910 y, al año siguiente, figura central en el Pabellón Español de la Exposición Internacional de Roma, Benlliure fue el creador de una obra amplia y variada, de magistral desempeño técnico y un dominio absoluto de diversos materiales, del bronce al mármol. Y si bien es cierto que una cincuentena de monumentos de su autoría se reparte entre España e Iberoamérica, también cabe destacar que Madrid es la ciudad que cuenta con más obra suya dispuesta al aire libre. En cualquier caso, esta iniciativa no sólo subraya la relevancia de la obra de Mariano Benlliure, un escultor excepcional, también invita a frenar un poco el ritmo vertiginoso de la cotidianidad para disfrutar de esos detalles que por evidentes, como el monumento que corona una plaza, un jardín o una transitada glorieta, pasan muchas veces desapercibidos. Madrid, ciudad de mil detalles y matices, como la obra del propio Benlliure, es en todo caso un gran museo al aire libre, dispuesto para ser paseado, disfrutado, percibido… Para leer a Benlliure La Comunidad de Madrid ha plasmado estos itinerarios en un folleto –disponible en las oficinas de turismo, museos y centros culturales de la ciudad– que recoge los datos más significativos de cada uno de los monumentos, así como una biografía del artista. Incluye también un mapa general de Madrid donde aparecen señalizadas las esculturas. Además, los actos de conmemoración del 150 aniversario del nacimiento del genial escultor, fallecido en Madrid en 1947, culminarán con una exposición que, en 2013, recogerá los elementos más significativos de su obra. Más información, apunte 5052 en Tarjeta Lector.

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Expocultur #50  
Expocultur #50  

Revista Expocultur - Edición Noviembre - Diciembre 2012

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