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asear por las calles de La Habana es ir descubriendo los matices de la identidad cultural cubana, una mezcla de influencias diversas que va continuamente germinado como una identidad compleja, la habanera, la cubana. La riqueza arquitectónica, los lugares, el arte… todo se mezcla con el salitre, con la música, con los aromas, con los sabores… para dar lugar a un singular entramado de manifestaciones de todo tipo. Por supuesto, dentro de este escenario, el patrimonio histórico monumental es la piedra de toque; el propio entorno de La Habana refleja las peculiaridades de esta ciudad, su historia, sus heridas, sus anhelos, los matices de su día a día. Ciudad viva, La Habana se construye en cada minuto; lo efímero viene y va, poblando calles, plazas, jardines, museos… Al otro extremo, los antiguos muros de piedra luchan por seguir oteando el horizonte en busca de aquellos viejos barcos que buscaban la boca del puerto. Dentro de este infinito proceso de construcción y deconstrucción que hace de La Habana un mosaico permanentemente cambiante se encuentra, por ejemplo, el Castillo de la Real Fuerza, con sus paredes blancas acariciadas por el sol. En una de sus atalayas se yergue una figura de mujer, símbolo de la fidelidad conyugal y la esperanza, llamada La Giraldina. Seña particular de la ciudad, recrea una historia de amor que se remonta a la época colonial, cuando doña Isabel del Bobadilla esperaba a su esposo, Hernando de Soto; años mirando al mar desde la atalaya del Castillo, otrora vivienda del gobernador de Cuba, buscando cualquier señal que anunciara la vuelta del amor perdido. Al costado del Castillo se encuentra la Plaza de Armas, flanqueada por el Palacio de los Capitanes Generales, hoy sede del museo de la ciudad y considerado la obra arquitectónica de mayor importancia de todo el desarrollo barroco en Cuba.

La plaza es, entre otras cosas, lugar de encuentro para la palabra, para la hablada, como en cualquier plaza pública, sobre todo en Cuba, pero también para la escrita, que ahí encuentra su lugar en libreros de viejo, o en la biblioteca pública Rubén Martínez Villena, una de las sedes de la Feria Internacional del Libro de La Habana, un certamen cultural más que relevante. Rindiendo homenaje al aniversario 160 del natalicio de José Martí, este encuentro con las letras realizará su XXII edición del 4 al 24 de febrero bajo el lema “Leer es crecer”. Además, estará dedicada a los escritores Pedro Pablo Rodríguez y Daniel Chavaría, y tendrá como País Invitado a la República de Angola. Enmarcado por la Plaza de Armas también se encuentra otro lugar que se entreteje en lo profundo de la identidad cultural cubana: El Templete, un pequeño templo de inspiración grecorromana, erigido para señalar el sitio donde, según la tradición, se celebraron la primera misa y el primer cabildo de la naciente villa, en 1519. En su interior reposan 3 cuadros de Jean Baptiste Vermay que representan estos hechos. Y en su exterior se encuentra un árbol, una gran ceiba, testigo de una peregrinación de cientos de habaneros que, según la leyenda, giran alrededor del árbol, sagrado para la santería, y echan una moneda a sus raíces, en silencio, intentando atraer sus buenos designios. La Habana es, desde luego, su ambiente festivo, sus sabores y sus sonidos, y La Bodeguita del Medio, uno de sus principales protagonistas. Ubicado en la calle Empedrado, en el corazón de La Habana Vieja, el restaurante no ha dejado de acumular celebridad desde que Ernest Hemingway describiera sus mojitos como los mejores del mundo. La comida criolla, la música en directo o, simplemente, la infinidad de fotos, de anónimos y famosos, que tapizan las paredes del local, crean una atmósfera irrepetible.

Expocultur #50  

Revista Expocultur - Edición Noviembre - Diciembre 2012

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