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La historia de esta aventura está escrita en cada esquina, cada calle, cada edificio ilustre de Lagos, con nombres alusivos o espacios históricos que fueron testigo de aquellos días. Como el Castillo de los Gobernadores o la Fortaleza Pau da Bandeira, ejemplos de las fortificaciones marítimas que caracterizaban la fisonomía de la antigua Lagos; o el Mercado de los Esclavos, primer mercado de esclavos de toda Europa. Ciudad medieval sacudida por el terremoto de 1755, Lagos vio perder gran parte de su riqueza monumental, pero mantiene las murallas y las arcadas junto al jardín municipal, que recuerdan la importancia que tuvo este lugar como emporio comercial de la época. Continuando por la Ruta de los Descubrimientos se llega a Sagres, tradicional pueblo de pescadores que destaca por la belleza perfectamente preservada de un litoral dibujado por acantilados y por un emocionante pasado teñido de misterio, magia y leyenda indisolublemente ligado a la insigne figura de D. Henrique el Navegante. Hoy Patrimonio Mundial, Sagres concentra un gran valor histórico y cultural. La Punta de Sagres es un espectacular promontorio de piedra formado por acantilados de 50 metros de altura que se asoman al mar en una espeluznante vista de la costa. He aquí el sobrecogedor lugar que, según cuenta la historia, eligió Don Henrique para levantar su famosa escuela. También narra la tradición que la villa del Infante y la fortaleza que la protegía habrían sido destruidas y saqueadas por el pirata inglés Sir Francis Drake, en 1587, tras su ataque a Cádiz. Sin embargo, todavía hoy en el interior de lo que fuera la fortaleza puede verse la enigmática rosa de los vientos grabada en el suelo, con sus 43 metros de ancho, y una muralla corta-vientos con falsas almenas que permiten vigilar el gigantesco dedo de piedra que en la Punta de Sagres apunta hacia el mar, y que son prueba fehaciente de aquel esplendoroso pasado. A poca distancia se halla el mítico Cabo de San Vicente, el lugar donde en la Antigüedad se situó el “fin del mundo”, el punto donde acababa la tierra y empezaban las tempestades. Un escenario mágico, por la espectacularidad de sus vistas frente al mar infinito, por el abrupto recorte de sus acantilados, por las leyendas que, desde el Neolítico, señalaron este sitio como lugar sagrado –la existencia de importantes núcleos de menhires y el relato de varios autores clásicos dan prueba de ello– y, obligado decirlo y experimentarlo, por sus famosas puestas de sol. No podía ser otro el lugar que inspirara al Infante Don Henrique para lanzarse al descubrimiento de nuevos mundos. La relevancia del Cabo de San Vicente ha sido una constante a lo largo de la Historia. Punto de referencia recurrente en las cartas náuticas, en el año 1515 el Obispo de Algarve ordenó edificar un faro, que orientara y protegiera a los navegantes. El faro fue reconstruido en el año 1924; su óptica pesa cuatro toneladas, siendo una de las más pesadas del mundo. Lugar de paso obligatorio de los barcos en dirección al Mediterráneo, el Cabo de San Vicente ha sido escenario de importantes batallas navales. En 1693, el almirante francés Tourville derrotó a una escuadra anglo-holandesa y una flota española sufrió igual suerte en 1780, frente al almirante inglés Rodney.

Expocultur #50  

Revista Expocultur - Edición Noviembre - Diciembre 2012

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