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detalles naturales, históricos y culturales, que hacen de esta región una buena mezcla de nieve y cultura. Desde la localidad de Fontibre, donde nace el río Ebro, hasta el castillo de Argüeso, construido entre los siglos XIII y XV, la variedad de opciones que ofrecen los alrededores de la estación de Alto Campoo permiten vivir una experiencia única. En general, el patrimonio histórico-artístico de los valles de Campoo y Valderredible refleja el carácter fronterizo de esta zona, con vestigios de enfrentamientos entre cántabros y romanos en diversas zonas. Destacan en la región, por supuesto, las ruinas romanas de Julióbriga. Testigos importantes de la cristianización son las ermitas rupestres de Valderredible, cuya construcción se sitúa en torno al siglo IX. Las colegiatas románicas de Cervatos y San Martín de Elines, que se encuentran en la ruta del románico hacia el interior de la meseta, también suponen una parte importante del legado histórico de la regiión. En este contexto se encuentra del mismo modo el santuario de Montesclaros, remanso de paz rodeado de bosque, cuya fundación es anterior al año 1000. La localidad de Aldea de Ebro, los restos de la calzada romana del Besaya, el campamento romano del Cincho, el castillo de San Vicente, el castro de las Rabas, el Centro de Interpretación Camino de la Harina y el Centro de Interpretación del Río Ebro, la colegiata de San Martín de Elines y la de San Pedro de Cervatos, la ermita de San Miguel, la fachada de “La Casona” de Reinosa, los múltiples ejemplos de arquitectura religiosa dispersos por todo el territorio, particularmente el conjunto de iglesias rupestres excavadas en la roca, las torres y demás

arquitecturas militares que subrayan el pasado fronterizo de la zona, el yacimiento arqueológico del Monte Ornedo, el yacimiento romano y la necrópolis medieval de Santa María de Hito y el de Camesa-Rebolledo… huellas del pasado que abundan en estas comarcas, que hunden sus raíces en tiempos inmemoriales, y que suponen un patrimonio histórico y cultura excepcional, labrado por el paso del tiempo y las particularidades de los hombres y mujeres que han transitado sus senderos. Por supuesto, Alto Campoo también abre las puertas al resto de los tesoros propios de Cantabria, desde el litoral hasta los Valles Pasiegos. La gastronomía, con productos típicos de mar y tierra, es, sin duda, uno de los platos fuertes de esta región. Y por si todo lo anterior no fuese suficiente, los valles del sur son un despliegue de naturaleza difícilmente comparable, poblado por bosques de roble, abedul, encina y haya; vastas extensiones montañosas que son el hábitat del lobo, el oso, el jabalí, el corzo y el tejón; el pantano del Ebro alberga grandes cantidades de aves acuáticas y es parada obligada de numerosas aves migratorias… En definitiva, un espectáculo natural. En cualquier caso, en el corazón de Cantabria se encuentra uno de esos lugares que combinan nieve y cultura como pocos. La estación de Alto Campoo ofrece un experiencia de esquí completa y profesional, y al mismo tiempo los valles circundantes constituyen una amplia galería de tesoros naturales y culturales que resultan verdaderamente atractivos. Más información, apunte 5054 en Tarjeta Lector.

Expocultur #50  
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Revista Expocultur - Edición Noviembre - Diciembre 2012

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