Page 15

La Cueva del Pindal y la leyenda del Elefante Enamorado Que el entorno de El Pindal es mágico se percibe en cuanto se ponen los pies en el lugar. Algo flota en la brisa… tal vez sea la leyenda del Elefante Enamorado, un episodio que explica una de las pinturas rupestres más originales de Asturias, el ‘elefante enamorado’, que decora la cueva del Pindal, en Pimiango, concejo de Ribadedeva. Hace mucho tiempo, cuando los hielos cubrían Europa, llegaron a Asturias grandes animales, como los mamuts. Los primitivos pobladores organizaban cacerías multitudinarias, valiéndose de palos afilados y flechas. Sin embargo estos medios rudimentarios no eran efectivos con los grandes mamíferos, por lo que idearon unas trampas, que en Asturias reciben el nombre de caleyos, que consistían en grandes agujeros llenos de estacas aguzadas, sobre los que se ponía una tapa de palos y hojarasca para engañar a los animales. En una ocasión, los turullos de los vigías avisaron de la presencia de una pareja de mamuts en las cercanías de la cueva del Pindal. Toda la tribu acudió a la llamada y se escondieron esperando la señal del hechicero para entrar en acción. La estrategia era sencilla: el grupo tenía que situarse detrás de los animales haciendo mucho ruido de forma que los asustasen y cayeran en la celada. En la refriega, la pareja de mamuts se separó y, mientras el macho embestía a los alborotadores, la hembra se dirigía inexorablemente hacía el foso. Cuando quedó atrapada, el macho lanzó un gran alarido de rabia dirigiéndose a la carrera a la cueva del Pindal, de donde jamás saldría. Su enorme corazón se petrificó, y su imagen quedó grabada como símbolo de la cruel lucha por la supervivencia. Covadonga y su legendaria batalla La narración sobre la batalla de Covadonga traspasa la delgada línea divisoria entre historia y leyenda. La moderna historiografía se refiere al episodio como un mito, agrandado por la imaginación de la gente y convertido en un icono romántico ajeno a cualquier análisis científico. En cualquier caso, la crónica albeldense cuenta cómo los sarracenos, habiendo ocupado las Españas, llegan hasta las Asturias, estableciéndose Munuza como gobernador en Gijón. Allí residía también un tal Pelayo, un refugiado godo que al parecer pertenecía a la familia de rey Rodrigo.

Según la leyenda, Munuza entabló relaciones con Adosinda, hermana de Pelayo, quien al parecer fue desterrado a Córdoba por su oposición a estos amores. En su ausencia, la pareja contrajo matrimonio, hecho que desencadenó la rebelión de Pelayo. Era el año 718, y el futuro rey, tras un motín, tuvo que huir hacia el oriente asturiano con la intención de esconderse; sólo evitó ser apresado cruzando el río Piloña. Las crónicas cuentan como Pelayo tropezó con unos vecinos reunidos en ‘conceyu’, a los que convenció para que le siguieran en su levantamiento, y que con éstos y otros tantos que hallaron por el camino se refugió en el monte Auseva. Aquella cumbre ya había sido un campo de batalla en la guerra contra Roma; su localización estratégica se unía a su condición de montaña sagrada. Ahí, en una cueva –la que ocupa hoy el santuario– se decía que había aparecido la Virgen; devoción mariana que superpone a un culto más antiguo relacionado con divinidades acuáticas. El nombre de Covadonga puede venir de ‘coba dominica’ (la cueva de la señora), pero originalmente, ‘la señora’ no sería la Virgen sino una diosa afín a la Diana clásica, que en Asturias sería la ‘xana’ de la mitología local. De vuelta a la historia de Pelayo, el lugar elegido para esperar a los sarracenos era muy estrecho, así la caballería se quedaría copada y sin capacidad de maniobra. Las piedras arrojadas desde las dos laderas, la Cuesta de San Ginés y la del Cueto, acabaron con los suficientes caballeros como para que los demás huyeran en desbandada. Avilés y la ciudad sumergida de Argentosa Avilés y su comarca son territorio propenso a la leyenda, y si se llega a la zona de San Juan de Nieva esto se puede comprobar. La leyenda de la Ciudad Sumergida de Argentona habla de una ciudad sepultada por un cataclismo marino; bien podría tratarse de un maremoto que los anales históricos no contemplan; bien podría deberse, simplemente, a la feraz imaginación de la gente; eso es difícil de saber. Cuentan los vecinos más viejos de Nieva (Laviana, concejo de Gozón) que hace muchísimo tiempo existió una ciudad a orillas de la Ría de Avilés, conocida con el nombre de Argentola. Y que en aquella antigua villa había una gran iglesia, en la que estaba enterrado el primer obispo de la diócesis de Oviedo.

Puerto de Luarca (Valdés). infoasturias / Daniel Martín

Expocultur #50  
Expocultur #50  

Revista Expocultur - Edición Noviembre - Diciembre 2012

Advertisement