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a historia de Lituania, antaño un imperio que se extendía desde el mar Báltico al Negro, es variopinta y muy interesante. Zarandeada sucesivamente hacia la izquierda rusa y la derecha nazi, la pequeña pero firme Lituania sorprendió al mundo cuando, jugando a David y Goliat con la poderosa Unión Soviética, se declaró independiente hace poco más de una década. Aunque hubo un tiempo en el que el país desapareció del mapa, recientemente ha vuelto con más fuerza que nunca: forma parte de la UE, fue el primero de los 25 integrantes comunitarios en aprobar la Constitución Europea y es miembro convencido de la OTAN. El patrimonio del "siglo de oro" de Lituania abarca la arquitectura gótica, renacentista y barroca. Sus tesoros naturales -bosques, lagos, una mágica lengua de tierra y un consistente delta- brillan con luz propia, mientras que sus singularidades -la colina de las Cruces y el parque de esculturas soviéticas- le añaden un encanto especial. Vilnius, su capital, fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1994. En esta ciudad encontramos sorprendentes y blancos palacios, inquietantes y sombríos patios, comunidades de artistas excéntricos, arte radical y un barroco deslumbrante. El viajero queda subyugado ante el asombroso encanto del casco antiguo, coronado por las cúpulas de las iglesias católicas y ortodoxas. Los pasajes medievales sirven de marco a la vida que fluye por las estrechas calles adoquinadas en las que surgen nuevos negocios a medida que la llegada de viajeros foráneos crece. Para dar muestra de la originalidad de la extraoficialmente autoproclamada República independiente de artistas y bohemios soñadores se

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Expocultur #19  

Revista Expocultur / Edición Julio - Agosto 2007

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