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Twilight pertenece a Stephenie Meyer Capítulo 19 Tuum Retinere (Mantener lo que es tuyo) La mañana rutinaria dejó de serlo en el momento en que Edward decidió que no era apropiado para Isabella realizar alguna actividad, peor aún, pensaba que no le era apropiado o seguro estar en libertad de sus manos; pues yacía aún atada en la cama. Edward sabe que arriesgaba que el repudio de Isabella creciera aún más, pero no puede permitirse desatarla y arriesgar la vida de los tres. Con la luz de madrugada reflejada en el piso y el aire fresco de abril que florecía el terreno, Edward sale nuevamente con un propósito dejando a Isabella semi despierta, no sin antes alimentarla. —Me gustaría desatarte, pero no puedo confiar en ti —dice Edward que está sentado del lado de Isabella sosteniendo una cuchara con avena. Ella come levantando su cabeza mientras Edward sostiene su nuca. — ¿Tienes nauseas todavía? —Isabella sacude la cabeza. — ¿Vas a dejar de hablarme otra vez? —Isabella no contesta y él exhala en frustración. —Bien, aunque no sé si prefiera que hables conmigo cuando dices todas esas cosas terribles —Isabella bufa sarcásticamente y se acuesta volteando su cara. —Tienes que comer, al menos termina este plato —Isabella extrañamente voltea su cara y come, básicamente porque casi dos días sin comer la están volviendo débil y no soporta el hambre. —Bien, voy a irme unas horas pero prometo regresar y desatarte, ¿está bien? —Isabella no lo mira, solo traga su alimento. Cuando Herr Coronel se va, Isabella llora silenciosamente más que nada porque desea tocarse el vientre y saber que aún él está ahí, que aún existe. Recuerda su desesperación y las palabras de ese hombre mientras desdoblaba el gancho y se sentaba en la loseta fría del baño. Sus ojos se aguan al pensar como es que trató de encajarse el gancho pero no pudo, simplemente no pudo. Estaba temblando pensando en el mucho dolor que le salvaría a su hijo, en lo injusto que era traerlo a este mundo donde solo vendría a morir de inmediato o a sufrir, probablemente los dos. Pero al igual que a Edward, imágenes de un niño justo como ella la sacudieron dejándola partida en dos. Ya no era Isabella la chiquilla que cantaba con su madre, ya no era la puta de un Coronel nazi, ahora era una madre, una futura madre. Tuvo esa epifanía justo al momento que un terrible dolor era causado por su mano encajándose en la parte exterior de su vagina, en ese exacto momento se dio cuenta que no había manera de que ella pudiera hacer algo así. Si su hijo nacía y le era quitado, ella misma moriría con él. En todo esto no podía olvidar la cara de terror de Herr Coronel cuando la vio tirada en el baño, recuerda decirle cosas dolientes, mentiras, algo para que él sintiera la misma impotencia de ella. Él tiene la culpa, él provocó que ella no tuviera más remedio que traer un inocente al mundo cuando la inocencia se asesina en segundos y la justicia es un bufón. Es por eso que se merecía todo su veneno, toda su sangre hirviendo de odio y aunque él hablara de protección para los tres, ella no se mentía al respecto. No creía en


ni una palabra que Herr Coronel le decía. Se le hacía insufrible como él tomaba esto como si ellos fueran marido y mujer esperando un hijo dentro de un matrimonio feliz, cuando la situación era mucho peor. Mina ve a su ama atada a la cama con lágrimas en los ojos y sube a acurrucarse en sus pies. Isabella llora más al sentir la tibieza en sus pies, haciendo ese desgarrador sonido que solo un ser humano en profunda desesperación puede hacer. Quiere sentir su vientre, si no lo toca pronto cree que va a morir de tristeza, ¿cómo es posible que ame tanto algo que no ha visto? Le da miedo lo que estuvo a punto de hacer y se odia a sí misma y al nazi que la tiene así porque jamás hubiera sido capaz de esa infamia, jamás hubiera estado tan desquiciada y con el diablo en su hombro para pensar tal atrocidad. Pero lo intentó y ahora que ha recobrado un poco de cordura, sabe que es algo que Dios ni ella se hubieran perdonado. &*&*&*&*&*&*&*& Carlisle nunca había visto a Herr Coronel tan desalineado. Vaya, nunca lo había visto sin uniforme, pero el mismo hombre imponente está frente a él en una camisa sin mangas y sus tirantes a sus costados. Teme que al fin Herr Coronel haya perdido la razón. Edward toca la puerta de Grüen fuertemente hasta que al tercer toque, el mismo hombre que buscaba lo recibe con un trago en mano. —Herr Coronel, que sorpresa, ¿parece que algo ha sucedido? —Carlisle pregunta honestamente. —Necesito hablar con usted —Carlisle gesticula con su mano para que entre, lo cual Edward hace sin preámbulos. Sin sentarse y con una ecuanimidad perfecta, Edward habla. —Deseo a uno de sus trabajadores... esclavos. Usted los conoce más que yo y necesito a alguien especial, que sepa cocinar y a su vez tenga conocimientos médicos, de preferencia mujer, para hoy —. Carlisle tiene la boca abierta y baja su trago a la mesa de la sala, aún sin sentarse. Antes de que Carlisle conteste, una mujer aparece en el fondo del pasillo, como si el escándalo en la mañana la hubiese levantado. Carlisle mira aterrado hacia ella y luego a Herr Coronel. —Esme, vuelve a tu cuarto —Carlisle va hacia ella y la mete al cuarto. Edward entiende la situación porque él mismo la está viviendo, sabe que Carlisle y él tiene más en común de lo que pensó, lo cual es legítimamente perfecto. Venir aquí consistía en un riesgo, pero ahora tiene una ventaja, algo que él puede manipular perfectamente. Ve a un descompuesto Carlisle regresar a la sala, esta vez ignora su trago y se sienta frente a Herr Coronel. —No es lo que piensa... —dice Carlisle, mirando a todos lados menos a Edward. — ¿Y qué es entonces? —pregunta Edward, sentándose frente a Carlisle. —No es judía o polaca, es rusa. La salvé hace meses cuando fui a comprar artículos,


nadie sabe de ella —. Edward se hace hacia enfrente porque esto es mejor de lo que esperaba. — ¿Habla alemán? —Carlisle voltea a verlo un poco confundido. — ¿Eso qué tiene que...? — ¿Habla alemán Grüen? —repite Edward, enfatizando cada palabra. —Perfectamente. —Bien, entonces haremos un trato. Necesito que trabaje para mí. La requeriré de las 7 de la mañana a las 4 de la tarde todos los días, a menos que yo le dé el día con previo aviso, te pagaré por ella. — ¿Por qué permitiría algo así? —pregunta Carlisle indignado. —Para que no la mate en este mismo momento, por eso —. La sangre de Carlisle se le va a los pies y se levanta exaltado. — ¡No puedes hacer eso! Tú mismo tienes a una judía viviendo contigo, yo tengo el mismo derecho... —Edward aún sentado, se recarga en su asiento y saca su arma desde ahí sin ninguna preocupación del mundo, poniendo su arma en la mesa frente a él, como una elegante amenaza. —Se te olvida quien tiene rango en este cuarto, se te olvida con quien hablas —. Carlisle lo ve con furia. — ¿Te gusta esto cierto? Tener a la gente a tus pies, someterlos, saber que tienes la ventaja, es un juego peligroso Herr Coronel —. Edward toma su arma, saca el cañón y le da vueltas. —No tienes idea. *&*&*&*&*&* En el camino de regreso, Edward no cruzó palabra con la mujer. Detestaba tener gente de más en su casa, pero necesitaba hacerlo si quería tener un poco de tranquilidad mientras salía a hacer su trabajo. Cuando llegan a la entrada de la propiedad, Edward detiene el auto y voltea a ver a Esme. La mujer es joven, probablemente a finales de sus veintes, de ojos miel y cabello caramelo. No parece judía, polaca o alemana, lo cual es extraño. — ¿Qué sabes sobre embarazos? —. Esme todo el camino pensó que el hombre la llevaría a un callejón a violarla, pero sabe que Carlisle nunca dejaría que alguien le hiciera algo, así que cuando le pregunta lo menos que se imaginaba, ella titubea. —N n no mucho señor. —Dime Herr Coronel, es mi rango, no lo olvides —su voz es ácida y cruda. — ¿Nunca has asistido en un parto o has estado embarazada? —Esme sacude la cabeza. Edward exhala en frustración. —En realidad no importa, si no sabes, tendrás que aprender. No tengo tiempo ni paciencia para conseguir a alguien más y tú eres circunstancialmente perfecta — Edward se aprieta el puente de su nariz tratando de apaciguar el dolor de cabeza que lo está siguiendo desde ayer en la noche. Luego habla mirando hacia la casa frente a él. —Una mujer vive conmigo y está embarazada, ella no está... bien, mentalmente —Esme abre ligeramente sus ojos al tratar de entender lo que este hombre dice. —Tu trabajo es que a ella no le pase nada, te encargarás de sus tareas, que es cocinar y limpiar, entre otras cosas, pero el trabajo más importante es vigilarla y no permitir que


se cause algún daño ¿entiendes? —Edward mira fijamente a Esme la cual está como un fantasma. —Sí Herr Coronel —dice con voz temblorosa. —Su nombre es Isabella, es polaca pero sabe alemán, me consta —Edward ríe sarcásticamente. —No debe causar problemas que te comuniques con ella. Ahora bien, si algo sucede y no estoy —Edward traga saliva, —ve a buscarme al cuartel cuanto antes. Y Esme... — Edward habla con ojos verdes y crueles —... Si a Isabella le pasa algo o Grüen se entera del embarazo, vas a pagar con tu vida. &*&*&*&*&*&*&*&*&*& Edward entra a la casa con Esme detrás de él, diciéndole que le espere en la sala. Esme lo hace y mientras Herr Coronel no está, ella admira el lugar. Es más grande que el de Carlisle y más elegante, tiene toques rústicos y se ve que es cuidado meticulosamente; los pisos están limpios y la cocina se ve ordenada. Cree que ella no está a la altura para este trabajo, pero en Tver ella hacía cosas peores, prostituirse después de todo sigue siendo un trabajo de servidumbre, no cree que esto sea diferente, pero vaya que estaba equivocada. Cuando Edward entra al cuarto Isabella voltea a verlo con ojos suplicantes. —Desátame, por favor hazlo —ella llora desconsoladamente mientras se retuerce tratando se soltarse. Edward corre hacia ella y mientras desata el cinturón, se maldice más cuando ve las magulladuras que le han causado a Isabella, probablemente son peores gracias a el forcejeo que ella evidentemente ha estado haciendo en todo este tiempo. Cuando la suelta la ve poner sus manos en su vientre y llorar. Edward no sabe qué hacer, pero entiende que ella no estaría así si no fuera porque al igual que él, ella también quiere al bebé. —Lo siento —habla Edward con voz baja. —No sabía si ibas a... no podía tomarme el riesgo —Isabella lo voltea a ver, quitando lentamente la mano de su vientre. —No pude hacerlo... no pude hacerlo —ella se mueve compulsivamente hacia enfrente y hacia atrás. Su cuerpo se detiene en ese frenético vaivén cuando siente los brazos de Herr Coronel abrazarla y besar su cabello. Después de varios minutos ella se amolda a su cuerpo hasta que se escucha el rugir de su estómago. —Necesitas comer, traje a alguien ...—Isabella brinca en sus brazos y lo voltea a ver con miedo. —...Es una mujer, para ayudarte con las tareas y cuidarte —Edward toca la cara de Isabella para tranquilizarla. —No puedes seguir haciendo nada de lo que hacías antes —. Isabella débil, física, mental y emocionalmente responde afirmativamente con su cabeza, en desgano y sin un gramo de capacidad para negar lo que Herr Coronel dice. —Déjame ir por ella —Edward se levanta dejando a Isabella en la cama. Cuando regresa, ve a una mujer bella y joven que está detrás de Herr Coronel.


—Esta es Esme —. Para sorpresa de Isabella, Herr Coronel deja a las dos mujeres solas. Esme había visualizado a una mujer mucho mayor que la niña que ve en la cama, menos frágil físicamente y en mejores condiciones. Lo que ve le aterra, porque esta joven evidencia lo terrible que la guerra traga a las personas. —Hola Isabella, ¿así te llamas cierto? —Esme se sienta en la cama y toca con cuidado la pierna de Isabella. —Sí —ella dice en voz baja. —Vine a cuidarte, ¿has comido algo?, te ves muy desnutrida —Esme toma un mechón de cabello y ve lo opaco que está. —Debes comer, eso es lo primero que debes hacer, si quieres que tu bebé crezca bien— Isabella abre los ojos en sorpresa y se enjuta en la cama. —¿Lo sabes? —Sí, el nazi me trajo para eso, me dijo que estás embarazada. Pensé que tendrías más tiempo, pero es obvio que apenas vas empezando ¿puedo? —Esme gesticula para tocar el vientre de Isabella. —Nada, es plano aún, ¿sabes cuanto tienes? —Dos meses dijo el doctor —Esme eleva sus cejas en sorpresa. — ¿Te trajo un doctor ese nazi? —luego ríe sarcásticamente. —Cariño, ese hombre se está tomando muchas molestias que nunca vería en alguien como él —Isabella la mira extrañada. —Él quiere que me quede con el bebé —Esme la mira con un poco de condescendencia y paciencia. —Lo sé, la pregunta es ¿tú quieres al bebé? —Isabella la mira un segundo y luego toca su vientre. —Sí, lo quiero —Esme deja salir un respiro de alivio, pensó que la chica no quería al bebé por lo que el nazi le había dicho. —Entonces tengo que engordarte, ese es mi primer trabajo. &*&*&*&*&*& Más tarde, cuando Edward está seguro que Isabella está siendo bien cuidada por Esme, él va al cuartel. Lo primero que lo recibe es una escultural mujer rubia con ojos azules. —Hélène Moszkiewies de la Gestapo, usted debe ser Herr Coronel —Hèléne extiende su mano a un sorprendido Edward que no sabe si sacar su arma o su mano.

OF-C19  

La mañana rutinaria dejó de serlo en el momento en que Edward decidió que no era apropiado para Isabella realizar alguna actividad, peor aún...

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