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Los perros enfermos Reconocer los síntomas: La observación atenta de nuestra mascota es fundamental para descubrir posibles señales de enfermedad. Cualquier manifestación anómala de su aspecto o su comportamiento deben ser tenidas en cuenta a la hora de decidir consultar con el veterinario o de tomar la iniciativa en las horas previas a la visita del profesional. Diarreas: Pueden tener diversos orígenes, como una dieta inadecuada o ingestión de alimentos en mal estado que provocan infecciones bacterianas o víricas; o también pueden ser síntomas de enfermedades graves, como el moquillo, por ejemplo. Hay que distinguir entre heces blandas, producto de una dieta errónea, y diarrea. Ésta última se caracteriza por una consistencia acuosa, de color desacostumbrado, que va desde el blanquecino al sanguinolento, pasando por el amarillo o el verdoso. Para determinar la gravedad de la diarrea se debe observar la frecuencia y abundancia de las deposiciones, si el animal presenta algún otro síntoma, como inapetencia o tristeza, repasar qué ha comido y revisar la dieta. Una diarrea, leve o grave, debe cortarse desde el principio. Si progresa, el perro se deshidratará y se debilitará, formando un círculo vicioso. Se suprimirá cualquier alimento que tienda a laxar, como hígado, carne cruda, verduras, grasas, etc y se sustituirá por yogurt o arroz o un antidiarreico de venta en farmacias. Si no remite o mejora claramente en 24 horas, conviene acudir al veterinario. Vómitos: Los vómitos son relativamente frecuentes en los perros que comen demasiado o demasiado deprisa, o cuando el perro come voluntariamente hierba para limpiar su organismo. En estos casos no hay de qué preocuparse pues es un comportamiento natural. Si son repetidos, frecuentes o con sangre pueden deberse a otros motivos, como la ingestión de cuerpos extraños o envenenamientos. Si además de vómitos el perro tiene fiebre, son síntoma claro de


infección. En todos estos últimos supuestos hay que consultar al veterinario. Fiebre: Es una defensa del organismo ante inflamaciones e infecciones y siempre debe ser el veterinario el que averigüe sus causas. Conviene aprender a tomarle la temperatura en casa, pues tanto la elevada como la baja temperatura requieren intervención médica. Para hacerlo se introduce un termómetro lubricado en el ano unos 2 centímetros durante 1 minuto. Los límites admisibles son de 39ºC, por arriba y 37,8ºC, por debajo. La fiebre se detecta también a simple vista por el aspecto general del perro: con la nariz caliente y húmeda, calor, abatimiento y pelo sin brillo. Conductas que revelan problemas: Los perros a veces manifiestan sus problemas de salud con determinados comportamientos, que hasta pueden parecer graciosos o simpáticos a los dueños novatos. Por ejemplo, "hacer el trineo" o arrastrarse sobre sus cuartos traseros puede revelar varios trastornos: estreñimiento, lombrices, presencia de un cuerpo extraño en el ano o inflamación de los *sacos anales* (link con higiene perros). Otro gesto es el de las sacudidas de la cabeza u orejas dobladas, que normalmente indican problemas en los oídos, como otitis, suciedad y hasta presencia de cuerpos extraños, que deberían ser extraídos por el veterinario, como es el caso de las espigas, un problema muy frecuente. Toses y estornudos pueden relacionarse también con cuerpos extraños en la nariz, con alergias a algún producto de limpieza o a los humos de los coches o simplemente con resfriados. Si a los estornudos va aparejada la fiebre, hay que pensar en infecciones, entre ellas moquillo, una de las más graves. El mal aliento puede producirse o bien por *infecciones dentales* (link con aseo perros), problemas gástricos alimentos no adecuados e incluso envenenamientos por arsénico, éter, etc. Por último, el típico rascado canino, si es muy insistente y acompañado de mordisqueo de ciertas zonas puede indicar desde pulgas a eczema.


La responsabilidad del dueño incluye estar preparado para distinguir los problemas de salud de su perro y aplicar soluciones

Emergencias sanitarias Los primeros auxilios: Las urgencias más comunes en perros son los accidentes de tráfico, las peleas con otros perros, las fracturas, hemorragias, envenenamientos e intoxicaciones. Ante estas situaciones hay que intentar reducir al máximo las consecuencias del accidente, tranquilizar al animal, ponerle un bozal si pensamos que el dolor le volverá agresivo y dar soluciones rápidas mientras lo trasladamos con mucho cuidado al veterinario. Las acciones a tomar, según las distintas urgencias serían las siguientes: Hemorragias: Lo primero es presionar sobre la herida fuertemente con un pañuelo, toalla o gasa, siempre limpios para evitar la contaminación de la misma. Si la hemorragia no cede podemos taponar la herida realizando un vendaje compresivo, a base de gasas limpias, venda y sobre está más gasas y más vueltas de venda, cerciorándonos de que no queda floja. Si tenemos experiencia podemos hacer un torniquete, para corar la circulación, que debe aflojarse cada 15 o 20 minutos. Atropellos: La inmovilización del animal y el traslado al veterinario son las medidas urgentes. Se puede improvisar una camilla con una tabla o con una manta, retirar al perro del lugar del accidente y cortar cualquier hemorragia visible, pensando que también pueden existir fracturas y hemorragias internas. Fracturas:


La inmovilización es fundamental. En fracturas cerradas de patas se puede proceder a un entablillado con un cartón fuerte o incluso periódicos doblados. Se coloca la pata sobre la tablilla y se venda con cuidado de no cortar la circulación. En el traslado al veterinario hay que procurar que no se mueva ni cargue el peso sobre el miembro herido. Si las fracturas son de costillas se realiza un vendaje alrededor del costillar y se lleva así al veterinario. LAs fracturas abiertas no deben manipularse. Quemaduras: Dependiendo de su gravedad las quemaduras pueden originar estados de shock. Los primeros auxilios consisten en aplicar sobre la quemadura compresas de hielo o agua fría, después se cubren con gasa estéril y se traslada al animal al veterinario procurando mantenerle caliente. También se le debe ofrecer agua para que beba. Venenos e intoxicaciones: Los perros se pueden envenenar por ingestión directa de sustancias tóxicas, por inhalación y por contacto. Es fundamental identificar la causa de la intoxicación para poder comunicárselo al veterinario. Algunos de los efectos de envenenamiento pueden ser: descoordinación de movimientos, vómitos, depresión y abatimiento, movimientos musculares involuntarios, babeo, dolor abdominal, con contracciones evidentes del estómago, convulsiones y hasta la muerte. Shock: Quemaduras serias, golpes fuertes, mordeduras de víboras , envenenamientos... pueden producir estados de shock de desenlace fatal. Reconoceremos el shock por los siguientes síntomas: temblores, dificultad respiratoria, ojos vidriosos, cuerpo flojo, a veces inconsciencia, respiraciones primero profundas y luego lentas y superficiales. La medida de urgencia consiste en tapar al animal para que recupere temperatura y colocarlo de forma que el riego sanguineo circule hacia la cabeza, situando ésta más baja que el resto del cuerpo.


Insolaciones y golpes de calor: Las insolaciones pueden tener muy graves consecuencias y se manifiestan con letargia, falta de coordinación, tambaleo, pulso débil, piel seca y muy caliente e incluso se pueden producir convulsiones. Las medidas inmediatas consisten en trasladar al perro a un lugar fresco y oscuro, colocar bolsas de hielo sobre su cabeza y refrescar con agua todo el cuerpo, con sabanas o toallas mojadas. Con el termómetro puesto deberemos vigilar que el descenso de la temperatura no sea muy brusco porque podría producirse un colapso. Cuando el animal empiece a recuperarse habrá que secarle friccionando para activar la circulación y después llevarlo al veterinario.

El botiquín imprescindible Instrumental básico: Útil y necesario, tener el botiquín en casa con el arsenal básico para afrontar las posibles urgencias forma parte de nuestra responsabilidad como poseedores de mascotas, ya que también tenemos la custodia de su salud. Un buen botiquín estaría compuesto por: -Algodón, alcohol, agua oxigenada, yodo, gasas, vendas y esparadrapo. -Guantes de goma, mantas y toallas y férulas para entablillado. -Pinzas para extracción de garrapatas, espigas, cristales, etc., así como tijeras de punta roma, tijeras de presión y goma para torniquete. -Termómetro -Distintas jeringas para inyecciones de 5 cc, 10 cc y 20 cc y agujas de varios calibres. -Medicamentos: Adrenalina, pomada oftálmica, ampolla inyectable de vitamina.


Comunicación canina Complejidad de signos: El perro utiliza dos idiomas distintos: uno para comunicarse con sus congéneres y otro para comunicarse con el hombre. El lenguaje de los olores es el único que a los humanos se nos escapa, mientras que otras señales, como sonidos gestos faciales y posiciones corporales forman parte de los códigos compartidos entre esos dos lenguajes caninos. Con sus diferentes recursos comunicativos, el perro expresa deseos, necesidades y estados de ánimo. También marca su territorio y define su estatus social entre los demás perros. Su lenguaje se basa en señales auditivas, olfativas y visuales, y usa todo su cuerpo para expresarse, desde las orejas a la cola, pasando por la mirada o la postura completa. Hay que estar atentos y conocer estos signos que pueden alertarnos de muy diversas situaciones. Nuestra reacción ante sus mensajes es muy importante, como demuestra el especial lenguaje de los perros de caza, por ejemplo, sin el cual difícilmente podrían servir a los cazadores. Por el mismo motivo, el entrenamiento del perro para distintos servicios y tareas será más fácil si sabemos adaptarnos a su capacidad de comprensión, que abarca, además de las palabras y órdenes con la voz, toda una serie de órdenes gestuales y nuestro propio lenguaje corporal inconsciente. Aprender el lenguaje de nuestro perro mejora la convivencia y fortalece el lazo emocional con él. Señales acústicas: del ladrido al aullido Ladra, gruñe, aúlla, gime... y es capaz de numerosos matices sonoros para expresar distintas emociones, llamar la atención, advertirnos de una amenaza, manifestar su dolor y hasta su aburrimiento. Los sonidos más comunes que emite un perro y sus significados son los siguientes:


-Aullidos: es una llamada capaz de llegar a muy larga distancia y a menudo es una queja ante la soledad. Su antigua función en la naturaleza era comunicarse con el resto de la manada. -Ladridos: sirve como llamada, aviso, saludo, alarma y a veces amenaza. Los ladridos agudos, parecidos a chillidos expresan también excitación y emoción. -Gruñidos: si se acompañan del gesto de mostrar los dientes denotan una clara amenaza, una advertencia y una actitud defensiva para marcar distancias. Tiene distintas intensidades hasta llegar al ataque. -Gemidos: sirve para mostrar dolor, sumisión y a veces cariño, como en los saludos. También es el lenguaje propio de los cachorros, que hasta el mes aproximadamente no emiten su primer ladrido. La cola expresa el estado de ánimo: Aunque todo el mundo identifica el movimiento del rabo con una expresión de amistad, el perro es capaz de matizarla variando la posición el ritmo y la intensidad del mismo: -Mueve la cola enérgica y rápidamente, indica actitud amistosa y alegre. -Unos pocos golpes, con movimientos lentos y cortos, indica aprobación, sensación de estar a gusto. -La cola levantada, con un movimiento amplio de un lado a otro expresa dudas entre aceptación y rechazo. -Colocada en posición horizontal indica satisfacción. -Una cola erguida denota superioridad, confianza y dominio. Si está además erizada, manifiesta agresividad. -Entre las piernas, significa miedo o inseguridad. -Rígida, alineada con la espalda y en movimiento lento avisa de que el can está molesto o preocupado. -Rígida y caída expresa deseos de pacificación. -Agitación arrítmica y lenta del rabo es expresión de recelo. Moviendo la cola el perro se comunica tanto con el hombre como con los otros perros. La cabeza también habla:


Desde el lamido de sumisión o el relamido del hambre, pasando por el movimiento de orejas y ojos, la cabeza del perro es una auténtica fábrica de señales comunicativas. Con un golpe de cabeza o del hocico pueden saludar o pedir algo, como jugar o salir a la calle; lo mismo que si la apoyan en la rodilla del dueño, por ejemplo, o la colocan bajo la mano para pedir caricias. El movimiento de las orejas: Las intenciones de un perro, sobre todo de las razas que poseen orejas erguidas, se manifiestan claramente a través de la posición de las mismas: -Si están rectas y erguidas indican una actitud de atención, alerta y vigilancia. -Erguidas e inclinadas hacia adelante o vueltas a un lado denotan disposición al ataque. -Planas o echadas hacia atrás son sigo de inseguridad o temor. -Tiesas pero con la cabeza ladeada significa expectación. Señales olfativas: El mundo de los olores les pertenece y representa el más potente de los lenguajes caninos. Sirve para reconocerse unos a otros, con el famoso "contacto nasal", que es el primer acercamiento entre dos perros, después se olfatearán la zona anal y los oídos. Usan los olores para marcar el territorio, para reconocerse sexualmente, para expresar su jerarquía y hasta su valentía, sumisión o miedo. Todas las secreciones de sus distintas glándulas se emplean como medio de comunicación y cuando levantan la pata no sólo vacían su vejiga sino que están dejando un rastro de respuesta a otros olores, por lo que reprimir ese instinto es ir contra la propia naturaleza del perro, lo que puede ocasionarle serios problemas de comportamiento. Del mismo modo, los perros son capaces de oler nuestras emociones y adelantarse así a nuestras reacciones y movimientos.

Las expresiones posturales


básicas Sumisión: El perro expresa su sumisión y su confianza ofreciendo a la vista las partes más vulnerables del cuerpo, como la pelvis o el cuello. Entre estos gestos se encuentra el de tumbarse con la espalda en el suelo y el cuello desprotegido, o simplemente recostarse sobre el lomo. También la postura de "hacerse más pequeño" es muestra de sumisión, encogiéndose un poco, bajando la parte inferior del cuerpo y agachando la cabeza, las orejas y la cola. Dominio y agresividad: La mirada directa, el gruñido y el querer parecer "más grande" son los signos evidentes de dominio y seguridad. El perro muestra entonces su autoridad levantando orejas y cola y manteniendo la cabeza erguida, sacando el pecho hacia adelante y, si es necesario erizando el pelaje del cuello y el lomo. Consejo: Por precaución no se debe intentar mantener la mirada de un perro nerviosos que está en actitud de mostrar su dominio, puesto que él lo entenderá como un reto y puede llegar al ataque.

Normas de aseo general Higiene y salud: El aseo, lo mismo que la buena alimentación, influye en la salud, tanto del perro como de los humanos que conviven con él. Aunque teóricamente el can se autolimpia a base de revolcones y lamidos, la realidad es que la proximidad con el hombre ha hecho que éste se ocupe de mantener a las mascotas libres de olores, con el pelo pulcro y sin enredos, así como de limpiar las orejas, ojos, patas y uñas, que es donde más se acumula la suciedad, potencial generadora de enfermedades.


La piel y el pelo resultan beneficiados con el cepillado y el examen periódico de las orejas las mantiene libres de parásitos y suciedad. La limpieza, naturalmente, no se restringe al animal, sino que se extiende a todos sus utensilios y al ambiente en el que vive, desde el comedero a la caseta o colchón. Consejo: Las rutinas del aseo refuerzan los lazos afectivos y la autoridad del dueño sobre la mascota. ´ Cuidado del pelo y la piel: A partir de los dos meses de edad del cachorro podemos comenzar con las rutinas de higiene, frotando diariamente el pelaje con un paño o bayeta, para que se vaya acostumbrando al cepillado que vendrá después, cuando tenga tres o cuatro meses de edad. El cepillado se realiza en varias direcciones, comenzando por varias pasadas en dirección contraria al nacimiento: de cola a cabeza, para terminar de cabeza a cola. Al finalizar el cepillado se puede friccionar con una bayeta para lustrar el pelaje y absorber el polvo restante. Los perros de pelo corto tendrán bastante con uno o dos cepillados mensuales; para los de pelo largo será imprescindible hacerlo a diario, utilizando antes del cepillado una carda o peine para desenredar el pelo. En época de muda es útil trabajar primero el pelo con la mano, para traer el pelaje muerto a la superficie evitando su acumulación, lo que produce una desagradable picazón. Consejo: El cepillado debe ser una actividad placentera, realizada con cariño y tomándose el tiempo necesario. El baño ¿cómo y cuándo?: No hay unanimidad en cuanto a la frecuencia ideal del baño del perro adulto: hay quien sostiene que lo indicado es una vez por mes, mientras otros opinan que es suficiente un baño cada tres meses o cuando se hayan ensuciado mucho. Con el momento del primer baño sucede lo mismo: mientras algunos empiezan a bañar a los cachorros justo después de su vacunación preventiva, alrededor de los tres meses, otros prefieren esperar hasta los seis. Lo importante es que el champú utilizado sea específico no alcalino, para que respete el manto de grasa que protege la piel del perro contra el frío y las


agresiones externas. Los baños excesivos o con productos inadecuados pueden dejar el pelaje de nuestra mascota áspero y sin brillo, y lo que es peor, a su piel desprotegida. Paso a paso: -Un cepillado previo facilitará el desenredado posterior. -El agua estará de tibia a caliente: entre 35 y 40º. -El perro se coloca de pie, con collar y sobre una alfombrilla, con el agua cubriendo las patas y hasta la tripa aproximadamente. -Humedecer completamente el pelo y hasta la piel. -Enjabonar desde la cabeza a la cola, extendiendo hacia las patas y el abdomen y masajeando bien. -Aclarar en profundidad con un recipiente o jarra en la misma dirección, desde la cabeza a la cola. -Dejar que el perro se sacuda varias veces, ya fuera de la bañera. -Secado completo, primero con toallas y luego con secador no muy caliente. -Por ultimo, nuevo cepillado y, si el clima lo permite salida a corretear un rato. Cuidar de que no entre agua en los oídos ni jabón en los ojos. Después del baño es el momento de aplicar localmente los productos de tratamiento y prevención de parásitos externos. Limpieza de oídos: La acumulación de suciedad en los oídos del perro puede provocar otitis y otras enfermedades óticas. Por eso, al menos una vez al mes, es necesario proceder a su limpieza. Para ello se comienza limpiando el exterior con un paño húmedo, sobre todo en el caso de orejas largas y caídas, para después revisar el interior de las mismas. El conducto auditivo se limpiará sólo por su parte externa, con suavidad, con agua oxigenada rebajada en agua o con un producto específico aconsejado por el veterinario. También son útiles las toallitas de bebé impregnadas de aceite suave, siempre sin introducirlas demasiado profundo; por lo mismo, nunca se usarán bastoncitos ni otros objetos.


Consejo: Si se trata de un cachorro que aún no ha levantado las orejas es preferible no manosearlas ni realizar limpiezas en su interior. Higiene de los ojos: Los perros con los párpados inferiores caídos, como el San Bernardo, son más propensos a secreciones oculares. La limpieza debe ser, en estos casos diaria. En el resto de las razas, un lavado cada tres o cuatro días con una gasa empapada en manzanilla tibia, te o suero fisiológico será suficiente para evitar la formación de costras y legañas. Limpieza dental: Lo ideal sería adoptar el uso regular del cepillo y la pasta de dientes, siempre específicamente formulada para perros. Si el perro no se deja, se le debería acostumbrar a que, al menos, se deje limpiar con agua y un paño. La revisión periódica de la dentadura e incluso las limpiezas dentales efectuadas por el especialista a base de ultrasonidos u otros sistemas indoloros son imprescindibles para conservar la dentadura del animal en óptimo estado hasta su vejez. La dejadez y el abandono puede provocar la pérdida de los dientes, a causa por odontalgias y gingivitis provocadas precisamente por la acumulación de sarro. Una dieta a base de pienso y el uso de huesos de higiene dental ayuda a mantener los dientes de los perros limpios, sanos y libres de sarro. Aseo de patas y corte de uñas: Si las uñas no se desgastan en el pavimento por ser éste demasiado liso será necesario cortarlas con mucho cuidado de no dañar las venillas que la s recorren. Si el perro se deja, también se pueden limar. Los espolones son generalmente los que padecen este problema, al estar demasiado altos, y es preciso recortarlos cada cierto tiempo para evitar que se claven produciendo heridas o se enreden en el collar. Hay que revisar a diario las patas del perro, entre los dedos y en las almohadillas o pulpejos, pueden acumular suciedad, piedrecitas o


astillas. En mal tiempo hay que lavarlos con agua y secarlos cada vez que el perro salga a la calle. Consejo: Las uñas largas y curvadas pueden producir, además de fuertes molestias, deformaciones óseas. Sacos anales, los grandes olvidados: Los sacos anales son unas glándulas situadas al final del recto, que se perciben al tacto. En ocasiones se llenan de excrementos y se obstruyen, produciendo dolor, y estreñimiento. En el caso de que notemos que estas glándulas están abultadas se limpiarán presionando con el pulgar y el índice a los lados del ano, hasta extraer el líquido acumulado. Este problema es más frecuente en los perros de razas pequeñas.

Los diez mandamientos de la alimentación 1. Administrar cantidades de agua suficientes: Siempre se debe dejar a libre disposición del perro agua potable fresca, y renovarla frecuentemente, teniendo en cuenta que el consumo medio es de 60ml por kilogramo de peso corporal y por día, y que esta cantidad es mayor en cachorros, en perras que están amamantando, y en período de trabajo. Un perro de 12Kg necesitará entonces aproximadamente de 3/4 litros de agua diaria, según esta fórmula. 2. Respetar las transiciones alimentarías: Toda modificación de la dieta del perro debe hacerse de manera progresiva, a lo largo de una semana, para permitirle adaptarse


desde el punto de vista gustativo, digestivo, y metabólico, y para dar tiempo a su microflora intestinal (mucho más íntimamente relacionada con lo que come que la del hombre) de reconstituirse específicamente en función del nuevo alimento. 3. Asegurar al perro comidas regulares: El perro sólo está contento si recibe todos los días, a la misma hora, en el mismo lugar, y en el mismo comedero, el mismo alimento. Se debe adaptar el número de comidas al estado fisiológico del animal, que debe ser pesado con regularidad. 4. Controlar las cantidades de alimento administradas: Las cantidades distribuidas cada día, calculadas en función del requerimiento energético cotidiano del perro y del contenido en calorías de los alimentos, se deben pesar periódicamente para evitar toda deriva lenta hacia la obesidad. Dichas cantidades se deben adaptar a la evolución del peso del perro, que también debe ser determinado con regularidad. 5. Proporcionar al perro una dieta equilibrada: El alimento, ya sea casero o industrial, debe contener todos los nutrientes que el perro necesita, en cantidades satisfactorias y en las proporciones adecuadas para su tamaño (perro pequeño, mediano, o grande), su estado fisiológico (mantenimiento, reproducción, deporte), su edad (cachorro, adulto maduro, perro de edad avanzada), incluso a su eventual estado patológico (problemas de salud). 6. Elegir correctamente el alimento del perro: La elección del alimento que se dará a un perro no es una decisión trivial, y deben prevalecer los criterios de equilibrio nutricional. Tres criterios fundamentales intervienen en la elección de un buen alimento para un perro: su edad, su nivel de actividad física o fisiológica, y su tamaño.


7. Utilizar el alimento de manera racional: La manera de administrar el alimento cuenta tanto como el contenido del mismo. Si se utilizan alimentos industriales, es esencial seguir correctamente el modo de empleo del fabricante. Con respecto a la alimentación casera, se deben rechazar ciertas expresiones, nulas y sin valor para el perro, tales como "come lo que yo como", "come lo que quiere", "sólo quiere eso", etcétera. Por otra parte, las sobras de la mesa, las golosinas, los dulces, el chocolate, y los pasteles no deben formar parte de la alimentación de un perro (es mejor utilizar pequeños restos de queso, por ejemplo). 8. Mantener un nivel de higiene satisfactorio: Los alimentos industriales ofrecen las mejores garantías de salubridad higiénica y, utilizados correctamente, no presentan ningún riesgo de intoxicación alimentaría. Las latas abiertas y los alimentos frescos o descongelados se deben conservar en el refrigerador, mientras que las croquetas se deben mantener en la bolsa cerrada, en un lugar seco. Si el perro no termina su comida, hay que desechar los restos. Por último, hay que limpiar el comedero a diario. 9. Controlar los resultados individuales Se deben controlar la eficacia del racionamiento y su adecuación para el perro, basándose en elementos tan simples como la calidad de su pelaje y de sus excrementos, su apetito, y su comportamiento cotidiano. 10. No dudar en recurrir al veterinario: Debido a su formación, el veterinario es también el dietista del perro, tanto en su vida cotidiana como cuando está enfermo. Es necesario consultarlo en caso de falta de apetito o bulimia durable, adelgazamiento o aumento de peso anormal, diarrea o


estreñimiento persistente, trastornos físicos o conductuales preocupantes, así como por todas las valoraciones importantes de la sed o del apetito, que pueden ser signos precursores de una enfermedad general y requieren un examen detenido del perro.

El peso corporal y la nutrición adecuada Parte 1. El peso corporal:

Este perro presenta más de un 40% de sobrepeso! El sobrepeso en el perro (y en el hombre) es un gran handicap y redunda en otra serie de problemas salud de mayor a menor trascendencia, pero en todos los casos, indeseables. La obesidad tiene siempre su origen en la combinación de dos hechos innegables: la hiper- alimentación y la falta de ejercicio. También hay algunos casos aislados en los que alteraciones hormonales, como las causadas por desarreglos tiroideos, pueden estar en el origen del problema. De lo que no cabe duda alguna es de que el animal que está perfectamente alimentado y cuya nutrición es óptima nunca tendrá un peso por encima del recomendado según su edad, sexo


y talla. Y si, además, recibe la adecuada disciplina en lo que se refiere a la justa practica de ejercicio, será un animal sano y en plenitud de condiciones. El adelgazamiento súbito debe ser siempre considerado como un problema al que hay que prestar la debida atención, al igual que se debe hacer ante un aumento significativo del peso sin causa aparente y justificada, pues las variaciones en el peso corporal pueden ser indicios de distintas alteraciones o problemas de salud. Así las cosas, antes de pasar a mayores, lo primero que hemos de descartar que tanto el déficit como el exceso de peso se deban a una dieta inadecuada; si esta no fuera la causa, entonces habremos de pensar si estamos infraalimentando o sobrealimentando a nuestra mascota , y por ultimo pero no menos importante, si en algo han variado sus condiciones de vida habituales, es decir, si ha habido alguna alteración en las condiciones de su hábitat, si pudiera estar sometido a alguna forma de estrés del medioambiental (un macho, por ejemplo, puede adelgazar por el mero hecho de intuir el celo de una hembra incluso a enormes distancias) o de otro tipo (la ausencia prolongada de uno o mas miembros de la unidad familiar o el fallecimiento de alguno de ellos, e incluso el nacimiento de un nuevo bebé, que desvía hacia el recién llegado toda la atención y el mimo que recibía el perro). Otra causa habitual de pérdida de peso puede ser el cambio de casa, dejar el perro de pensión en una estancia canina, la realización de obras en el domicilio, etc. Médicamente el adelgazamiento súbito también puede deberse a problemas de parásitos internos, que hay que descartar, mediante la practica de un examen de heces. Pero si todo lo anterior queda descartado, entonces hay que sospechar que las causas pueden ser otras y bien distintas, con


un origen fisi0ologico y/o patológico. En este caso se hace indispensable la consulta con el veterinario. No olvidemos que un perro sano muestra siempre una óptima condición física, independientemente de la edad. Finalmente, hemos de tener en cuenta que, dependiendo de las líneas de sangre, habrá ejemplares que, a pesar de estar en óptimas condiciones de salud, serán "delgaditos" por naturaleza, y otros, también en excelentes condiciones, algo mas "rechonchitos", lo que sin duda está relacionado con la genética, con la cantidad y volumen de su "hueso", y con la cantidad y calidad de su grasa corporal, al igual que ocurre con las personas.

Parte 2. La nutrición adecuada: La manera en la que alimentamos a nuestras mascotas es muy importante, ya que una alimentación mal equilibrada o mal racionada puede desencadenar muchos y diversos tipos de enfermedades Cuando compramos un alimento para nuestra mascota debemos de escoger un alimento de buena calidad, esto garantizará que la nutrición de nuestra mascota sea eficiente. Para poder elegir la mejor opción nutricional para nuestra mascota debemos de tener la asesoría de tu medico veterinario, el cual podrá darnos una guía practica y sencilla sobre los cuidados de nuestra mascota. Cada raza es diferente, por lo que la forma de alimentar no podrá ser igual para todos, así es que si tú una vez tuviste un poodle y ahora eres dueño de un labrador la forma de alimentarlo cambiará completamente.


Cada raza necesita una aportación de nutrientes y de calorías, para poder realizar una actividad normal, esto es, debe de tener una ración adecuada de alimento la cual le permita mantener a su organismo en condiciones adecuadas para su crecimiento y/o mantenimiento Si no nos es posible comprar un alimento de excelente calidad y solo nos es posible comprar alimentos económicos (aunque de baja calidad), la regla de mantener una cantidad de kilocalorías es la misma, y tu medico veterinario deberá de ayudarte a racionar el alimento estoes para evitar la sobrealimentación o la sub-alimentación. Las raciones de alimento serán adecuadas conforme tu cachorro crece, y una vez que es adulto se deberá de mantener una ración permanente hasta que sea anciano (esto siempre y cuando no se presente algún tipo de cambio metabólico en el perro o gato como por ejemplo una castración, gestación, o bien alguna enfermedad metabólica como la diabetes). Cada fase de crecimiento, reproducción, mantenimiento, y senectud, demandan diferentes cantidades de calorías y de alimento, también hay que tomar en cuenta la actividad y desarrollo físico de nuestra mascota ya que animales muy activos siempre necesitaran aumentar la cantidad de kilocalorías diarias, y animales con poca actividad serán animales propensos a la obesidad y por lo tanto la restricción de calorías se deberá de realizar, todo esto bajo la vigilancia del medico veterinario, para evitar descompensaciones severas al organismo.

Evelyn Benítez Díaz


Revista