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Biblioteca de la sede Lima

Por: Lisseth Avila

DESENCUENTROS VERBALES Economía o distorsión lingüística “Si es verdad que Dios está en los detalles, podría decirse que la vida de Cristina era un monasterio. Por ejemplo, mientras el mundo avanzaba en su costumbre de omitir signos al escribir, ella se mantenía como una terca guardiana de las formas completas” (Rodríguez, 2011, p. 141).

Sería muy bueno que se multiplicaran más Cristinas en el mundo; sin embargo, parece ser que cada vez nos alejamos de este escenario porque somos testigos de una realidad comunicativa que está siendo trastocada de distintas formas por el desarrollo vertiginoso de las tecnologías de información, cuya presencia se ha instalado paulatinamente hasta convertirse, en poco tiempo, en una constante dentro de las diferentes áreas en las que se desenvuelve el individuo.

Específicamente, en el ámbito de la expresión escrita hay un cambio contundente que se aprecia en las nuevas generaciones que tienen una familiaridad y una interacción bastante amigable con las novedosas tecnologías de información desde temprana edad. Este cambio se cristaliza en una especie de barbarie gramatical donde se combina las expresiones exageradamente abreviadas con la intencional mala ortografía. Para Samaniego (2003) “Los nuevos formatos de la cibernética - internet y telefonía celular, principalmente - condicionan, por razones de índole tanto tecnológica como económica, la máxima brevedad de los mensajes” (p. 257). Es por ello que vemos jóvenes que están adoptando formas distintas de comunicación escritural, produciendo un código lingüístico con características y estructuras propias que resulta transgresora y rebelde frente a las formas correctas que establece la academia.

Este tipo de registro que se está acentuando entre los jóvenes obedece a la necesidad de agilizar la comunicación a partir de un lenguaje extremadamente abreviado que resulta


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en la mayoría de los casos construcciones de mensajes ininteligibles para personas que no están acostumbradas a manejar dicho código.

Se debe entender que la práctica de acortar las palabras entre los nativos digitales no tiene nada que ver con el principio de economía lingüística, el cual consiste en usar la menor cantidad de palabras o evitar la redundancia para expresar lo que se quiere decir, siempre y cuando no se afecte la lengua en términos de comprensión textual. Los términos como foto, tele o bici son claros ejemplos de economía lingüística, casos en los cuales se han ahorrado espacios al omitir ciertos signos; sin embargo, esta acción no ha desvirtuado la comprensión de las palabras, por lo que han terminado siendo aceptadas dentro del español estándar o coloquial.

Asistimos a una situación diferente cuando leemos: Ola k tl spro k t apnts a la fsta t echo de – bss. Esta es una expresión difícil de entender, sobre todo para personas que aprendieron a escribir mensajes con palabras completas. Aquí no se aplica el principio de economía lingüística, sino más bien el criterio del mínimo esfuerzo porque al suprimir arbitrariamente los signos se privilegia a la ligera la comodidad e inmediatez expresiva en detrimento de su respectiva inteligibilidad.

Esta práctica puede considerarse como una distorsión lingüística toda vez que expresa una simplificación extrema de las palabras y un marcado desdén por la gramática normativa en general, es decir, no guarda el menor cuidado por el orden lingüístico convencionalmente aceptado. Por tanto se trata de un registro idiomático diferente, que no ostenta un reconocimiento oficial.

Lo realmente preocupante de este asunto es que la juventud adopte la costumbre de usar este peculiar registro indistintamente en espacios informales como formales, lo cual sería un grave problema que se traduciría en una amenaza directa a la riqueza léxica de nuestro idioma y a la oportunidad de desarrollar un lenguaje más elaborado. Así lo hace


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notar Rueda-Lopez (2009) citado por Simón (2012) cuando opina que “La influencia que el cambiar de código lingüístico puede llegar a ejercer sobre los usuarios debe ser entendida como una involución educativa y un obstáculo para reconocer los patrones normativos de una lengua como la española” (p. 11). Siendo realistas, este nuevo “argot” de la época contemporánea que está siendo generalizado por los jóvenes no va a desaparecer, al menos, en el corto plazo; por tanto, los educadores están llamados a brindar una sólida formación en el empleo adecuado de nuestro lenguaje y reforzar el hábito lector para que a través de estos medios los estudiantes tengan la capacidad de saber en qué momento es válido usar un registro extraoficial y cuándo es pertinente cambiarlo por otro que guarde las formas convencionalmente establecidas. Esta es la manera más razonable de hacerle frente a la potencial influencia negativa que puede ocasionar en los estudiantes este tipo de lenguaje simplificado, distorsionado y rebelde, según la mirada de los más acérrimos defensores de la escritura correcta.

En definitiva, queda claro que la interacción con las tecnologías de información han condicionado la práctica escritural de las nuevas generaciones, quienes han optado en priorizar el fin comunicacional en desmedro de las formas correctas, conduciéndolos a una falsa economía lingüística que puede ser calificado, más apropiadamente, como una deformación del lenguaje.

Asimismo, frente a la irrupción de este nuevo registro idiomático, la labor de los educadores cobra importancia, más que antes, para fortalecer los conocimientos lingüísticos en los estudiantes y este compromiso debe extenderse hacia todos los que están vinculados de alguna manera al sector educativo como por ejemplo los profesionales de las unidades de información, quienes desde su campo de acción pueden sumar esfuerzos y colaborar significativamente con esta causa.


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BIBLIOGRAFÍA Del Río, P. (2011). Uso y abuso de la ortografía en las redes sociales…¿qué dice la Real Academia de la Lengua Española? Recuperado el 10 de marzo de 2013, de http://radio.rpp.com.pe/letraseneltiempo/uso-y-abuso-de-la-ortografia-en-las-redessociales%E2%80%A6-%C2%BFque-dice-la-real-academia-de-la-lengua-espanola/ Gispert, C. de (dir.). (2008). Expresión escrita. Barcelona: Océano. Rodríguez, G. (2011). Cocinero en su tinta. Lima: Planeta. Samaniego, J. (2003). Lenguaje y cibernética: ¿es el lenguaje cibernético un riesgo para el idioma en una sociedad civilizada? Onomazein, Nº 8, 257-260. Recuperado el 10 de febrero de 2013, de http://www.onomazein.net/8/lenguaje.pdf Simón, M. (2012). La comunicación juvenil a través del teléfono móvil: los sms y sus repercusiones ortográficas. Recuperado el 12 de febrero de 2013, de http://repositorio.ual.es/jspui/handle/10835/1293#.URu0zfI_xnA


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