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Primavera • 10 From issue 5001 English edition printed 3/14/10 EDITOR: Ken Horn Editor administrativo: Scott Harrup coordinador de la edición en español: Efraim Espinoza COORDINADORA ASISTENTE: Rebekah Wiseman DIRECTOR DE ARTE: Marc McBride editor de noticias: John W. Kennedy coordinador de producción: Lucas Key editora técnica: Jennifer McClure administradora de anuncios: Jodi Harmon administrador de publicidad: Ron Kopczick Editora ASISTENTE: Emily Tharp Coordinadora de la oficina: Kim Hellmer Administradora de distribución: Judy Clore

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directora de comunicaciones: Juleen Turnage Presbiterio ejecutivo de las Asambleas de Dios superintendente general: George O. Wood asiste. superintendente general: L. Alton Garrison secretario general: James T. Bradford tesorero general: Doug Clay director ejecutivo de misiones mundiales: L. John Bueno director ejecutivo de misiones e.u.A.: Zollie L. Smith Jr. C. Dan Betzer, Warren D. Bullock, Richard L. Dresselhaus, Douglas E. Fulenwider, J. Don George, Saturnino Gonzalez, A. Elizabeth Grant, Larry H. Griswold, R. Bryan Jarrett, Nam Soo Kim, John E. Maracle, Jesse Miranda, H. Robert Rhoden, Clarence W. St. John

Perspectiva

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por Ken horn

La Santa Cena: alimento para el alma

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por Thomas lindberg

Aún sigue predicando y orando

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por John W. Kennedy

Lecciones de vida del gran pescador 10 por Russell wisehart

CREEMOS • que la Biblia es la Palabra inspirada e infalible de Dios. • que hay un Dios, eternamente existente en tres personas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. • en la deidad de nuestro Señor Jesucristo, en su nacimiento virginal, en su vida sin pecado, en sus milagros, en su muerte vicaria y expiatoria, en su resurrección corporal, en su ascensión a la diestra del Padre, en su regreso futuro a la tierra en poder y gloria para gobernar por mil años. • en la bendita esperanza del arrebatamiento de la Iglesia en la segunda venida de Cristo. • que el único medio de ser limpio del pecado es mediante el arrepentimiento y la fe en la preciosa sangre de Cristo. • que la regeneración por medio del Espíritu Santo es absolutamente esencial para la salvación personal.

El gozo de tu presencia 12 por guido feliz

La orden de no decirlo a nadie 14 por George O. Wood

Copias adicionales de esta edición (69-7053 español) se pueden obtener al precio de $0.25 (E.U.A.) por copia con un mínimo de 50 copias. 1-800-641-4310. Valor de la suscripción trimestral a Evangelio Pentecostal: Suscripción simple (E.U.A., sus territorios, y personal militar norteamericano en el exterior): $6.00 por 3 años (12 ejemplares). Canadá y otros países: $12.00 por 3 años (moneda norteamericana). Suscripciones por mayor (suscripción por un año, 25 ó más copias de un ejemplar, que son despachadas a una misma dirección postal): $1.00 por copia al año. Canadá y otros países: $2.00 por copia al año (moneda norteamericana).

• en el bautismo en agua por inmersión (Mateo 28:19).

Evangelio Pentecostal subscription rates (quarterly) — Single subscriptions: (U.S., its possessions and U.S. military personnel abroad): $6.00 for 3 years (12 issues) — Canada and foreign: $12.00 for 3 years (U.S. dollars); Bundle subscriptions (A bundle is 25 or more copies of an issue all mailed to one address for one year); U.S.: $1.00 per copy annually; Canada and foreign: $2.00 per copy annually (U.S. dollars).

• que la obra redentora de Cristo en la Cruz hace provisión para la sanidad del cuerpo humano como respuesta a la oración de fe.

Para información editorial llame al (417) 862-2781 ¿Preguntas sobre su suscripción? LLAME AL 1-800-641-4310

• que el bautismo en el Espíritu Santo, según Hechos 2:4, se da a los creyentes que lo piden. • en el poder santificador del Espíritu Santo que capacita al creyente para vivir una vida santa. • en la resurrección de los salvados y de los perdidos, los primeros para vida eterna y los últimos para condenación eterna.

Pentecostal Evangel (ISSN 1540-9643) is published weekly. Individual subscription rates for weekly English version: United States, U.S. possessions and U.S. military personnel abroad – $28.99 per year, $55.00 for 2 years; Canada and other international – $52.00 per year (U.S. dollars). Individual introductory offer: United States only – $14.50 for six months (26 issues). Bundle subscription (6 copies or more to same address) rates for weekly English version: United States – $3.05 per copy for 13 weeks, $12.20 per copy for one year; Canada and other international – $6.00 per copy for 13 weeks, $24.00 per copy for one year (U.S. dollars). Thirteen-week bundle subscriptions are only available to churches. © 2010 by Gospel Publishing House, General Council of the Assemblies of God, 1445 N. Boonville Avenue, Springfield, MO 658021894, (417) 862-2781. Periodicals postage paid at Springfield, Mo. Printed in the USA.

POSTMASTER: Send address changes to Pentecostal Evangel, 1445 N. Boonville Avenue, Springfield, MO 65802-1894.

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p e r sp e c t i v a

Levante las alas del espíritu

Cuerpo consejero de Evangelio Pentecostal

Charles Haddon Spurgeon, el gran predicador británico, dijo en una ocasión a los estudiantes de su colegio bíblico para pastores: “Cuando hablen del cielo, que se les ilumine el rostro. Cuando hablen del infierno… entonces bastará con su cara de todos los días.” Demasiados cristianos no manifiestan el gozo del Señor. Si alguien debería manifestarlo, es quien ha creído en Jesucristo. ¿No sería maravilloso que todos los cristianos expresáramos de manera visible el gozo de Cristo? Éste es el punto de partida cuando queremos testificar. Si usted no es feliz, ¿por qué habrían de querer los inconversos aquello que usted tiene? Las personas optimistas generalmente atraen a la gente. Hay personas que parecen iluminar una habitación cuando entran en ella. Les levantan el espíritu a quienes los rodean. He aquí seis maneras en que su espíritu puede levantar alas: • Ordene su vida con Dios. Confiese sus pecados y ande en íntima comunión con Él (1 Juan 1:9). • Suelte aquello que lo agobia. ¡Relájese! Disfrute de la vida. Deje que Dios tome el control. Confíe en Él. No se preocupe (Filipenses 4:6). No juzgue a los demás (Mateo 7:1). El juicio es de Dios. El espíritu de crítica ahuyenta el gozo. Ponga en manos de Dios el peso de su

Bienvenida Columna

directora nacional Escuela Dominical República Dominicana

Rigo Magaña

pastor, Greeley Assembly of God, Greeley, Colorado

Saturnino González

­pastor, Iglesia El Calvario, Orlando, Florida

Jesse Miranda

presbítero ejecutivo, Concilio General, E.U.A.

¿No sería maravilloso que todos los cristianos expresáramos de manera visible el gozo de Cristo? vida pasada. A Satanás le encanta condenar, pero Dios se deleita en perdonar (Romanos 8:1). ¿A cuál de los dos debe escuchar usted? • Alabe. Aprenda a exaltar a Jesús a lo largo de todo el día (Salmo 149:5,6). El espíritu que alaba es un espíritu gozoso. La alabanza superficial puede sonar hueca. El sonido que produce un golpe en un vaso depende de lo lleno que esté. Cuando está lleno, se nota. ¡Exprese su emoción por la persona de Jesús! • Busque a Dios de todo corazón (Colosenses 3:23). Se dice que el verdadero gozo se produce cuando estamos totalmente inmersos en algo. ¡Que el amor de Cristo lo cautive! • Vea las cosas desde la perspectiva de Dios. “Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Santiago 1:2). Él producirá algo bueno de sus circunstancias. • Cuente sus bendiciones (Salmo 136). Usted tiene muchas razones para sentirse gozoso. ¡Que su espíritu se remonte a las alturas! Le hará bien a usted, y bendecirá a los demás.

Ken Horn

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Jerónimo Pérez

Rafael Reyes

Radio Avance

superintendente, Distrito Hispano del Este

Marcos Rivera

Dr. Sergio Navarrete

pastor, Iglesia Primitiva Cristiana, New York, New York

superintendente, Distrito Latinoamericano del Pacífico Sur


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os alimentamos físicamente para que nuestro cuerpo esté saludable; también debemos alimentarnos espiritualmente, para que nuestra alma esté fuerte. Ésa es una de las razones por las que el Señor Jesús instituyó la Santa Cena. En 1 Corintios 11:23–34 tenemos el texto bíblico que de manera más completa describe cómo nuestros primeros hermanos celebraban la Santa Cena. Era una ocasión mucho más elaborada que las celebraciones a las que estamos acostumbrados casi todos los creyentes de hoy. Para imaginar lo que estaba describiendo el apóstol Pablo, sería útil un poco de trasfondo. Pablo había sido el pastor de los corintios durante un año y medio. Había enseñado, guiado, y discipulado en aquella iglesia, tanto a los nuevos creyentes como a los que estaban en pleno crecimiento

espiritual. Entonces, el Espíritu Santo lo había guiado hacia otro lugar, y obedientemente estaba propagando el evangelio en otras regiones. Pablo recibía informes acerca de la iglesia en Corinto. Al enterarse de la forma en que celebraban la Santa Cena, se sintió preocupado. Aquellos primeros creyentes la llamaban “banquete de amor”, con la idea de que aquella cena fuera una demostración del amor mutuo que los asemejaba a Cristo. Pero el apóstol percibió de inmediato que había demasiado banquete y muy poco amor. Movido por Dios, tomó su pluma, la sumergió en la tinta de la inspiración, y les escribió algunas normas correctivas. Por medio del apóstol, Dios revela cuatro principios que todos deberíamos seguir al tomar la Santa Cena. Tal vez usted se sorprenda ante lo prácticos que son.

1. Venga con hambre… por el alimento que realmente necesita.

Casi al final de este pasaje de Pablo, encontramos la advertencia: “Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio” (1 Corintios 11:34). Los corintios habían perdido de vista los beneficios espirituales que produce la Santa Cena, y sólo veían la comida de sus “banquetes de amor”. Aquel apetito inferior estaba comprometiendo su hambre por las cosas de Dios. Mi esposa es una gran cocinera. Ahora bien, ¿qué pasaría si ella me preparara una cena especial, pero yo, de camino a casa, me detuviera en algún lugar a comer dos hamburguesas y una ración doble de papas fritas, y tomara una soda tamaño gigante? No podría disfrutar de la comida ep.ag.org

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preparada por Sandi. Me perdería la satisfacción que ella querría causarme con la comida, y es casi seguro que heriría sus sentimientos. Lo mismo sucede con la Santa Cena. Necesitamos llegar a la mesa del Señor con hambre de Él. Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6). Vaya a cualquier iglesia llena del Espíritu de nuestro país. Allí hallará a Personas A y Personas B. Están en la misma iglesia, cantan

algunos creyentes de las bendiciones que Jesús tuvo en mente cuando estableció la Santa Cena. Gran parte de la preocupación tiene que ver con este versículo: “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor” (1 Corintios 11:27). El apóstol advierte a los corintios que examinen su corazón antes de que participen de la Santa Cena. Sin embargo, algunos de nosotros leemos 1 Corintios 11:27–30 y

En la Santa Cena necesitamos expresar a Jesucristo nuestro amor y gratitud. Necesitamos pensar en todo lo que Él ha hecho por nosotros, y llevar esos recuerdos más allá de la Santa Cena. los mismos himnos, escuchan las mismas oraciones, reciben el mismo sermón, y se mueven dentro del mismo ambiente de adoración. Sin embargo, las Personas A están creciendo, mientras que las Personas B, no. ¿Por qué? Gran parte de la respuesta está en el hecho de que las Personas A llegan a la iglesia espiritualmente hambrientas, mientras que las Personas B, no. Es triste que haya algunos cristianos tan llenos de todas las demás cosas de su vida, que tengan poca hambre de Dios, o tal vez ninguna. No permita que esto le suceda a usted. Acérquese a Dios con hambre.

2. Lávese las manos.

Pablo encara con toda franqueza a los corintios acerca de su relajada manera de considerar la Santa Cena; pero su advertencia aparta a 6

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pensamos que necesitamos ser perfectos para recibirla. Es una comprensión totalmente errada de esos versículos. Me pregunto cuántas veces, cuando usted era niño, alguien le dijo que se lavara las manos antes de sentarse a comer. La persona que estaba preparando la comida quería que usted llegara limpio a la mesa. Lo mismo sucede con Dios. “Bienaventurados los de limpio corazón — enseñó Jesús — porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). Ahora bien, si tenemos que estar totalmente exentos de defectos y de faltas antes de acercarnos a adorar a Jesús por medio de la Santa Cena, entonces ninguno de nosotros sería capaz jamás de hacerlo. Por ejemplo, si usted tiene una gotera en el lavadero de su cocina, ¿lo arregla primero y después llama al técnico? Si tiene una caries en un diente, ¿trata primero de rellenarla,

antes de acudir al dentista? Por supuesto que no. Lo mismo sucede respecto de acercarnos a Dios. La Santa Cena es el mejor lugar donde acudir cuando estamos luchando con un problema, una tentación, o un pecado. Pero he aquí la clave: no se acerque a Dios descuidadamente; anhele sinceramente que el Señor lo transforme y permítale hacerlo.

3. Trate a los demás con cortesía.

“Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros” (1 Corintios 11:33). Pablo indica que la conducta descortés puede disminuir grandemente el impacto espiritual de la Santa Cena. ¿Verdad que es así en aspectos generales en cualquier iglesia? Mientras más considerados y semejantes a Cristo son los creyentes entre sí, más poderosos se vuelven los cultos y los ministerios de la iglesia. Seamos francos: la vida puede volverse dura. El diablo es real. El desaliento tiene sus mañas para invadirnos. Las personas se enfrentan a crisis médicas, pierden su trabajo, reciben noticias perturbadoras acerca de sus hijos… la lista puede ser larga. La conducta cortés y amorosa en la iglesia crea un oasis para el alma. “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis” (1 Tesalonicenses 5:11). Esta prioridad que nos lleva a centrarnos en los demás, también nos recuerda que debemos centrarnos en Aquél que es el núcleo de la Santa Cena. En una sola ocasión Jesús dijo: “Recuérdenme”. Fue ante la primera mesa de comunión, en la Última Cena. En la Santa Cena necesitamos expresar a Jesucristo nuestro amor y gratitud. Necesitamos pensar en todo lo que Él ha hecho por nosotros, y llevar esos recuerdos


más allá de la Santa Cena. Hoy, en algún momento, cante uno de sus himnos o coros favoritos en honor de Jesús. Mientras lo hace, deténgase a recordar las incontables formas en que Dios lo ha bendecido. Un corazón lleno de gratitud y de alabanza transforma la vida… ¡no lo dude!

4. Disfrute de la cena.

Cuando Sandi prepara una cena especial, no quiere que yo me siente a comer como si tuviera un revólver apuntándome a la cabeza. Quiere que disfrute de la experiencia. Ése es el propósito de una cena preparada con amor. Lo mismo sucede con Dios. El Señor quiere que nosotros disfrutemos de la Santa Cena, y que la celebremos. En muchas iglesias se celebra la Santa Cena con toda prisa, o simplemente, se soporta. Como creyentes redimidos por el don del cuerpo y la sangre de nuestro Salvador, debemos celebrar la Santa Cena. Debemos alabar a Dios por la forma en que Él nos ha libertado de la maldición del pecado. Debemos esperar ansiosos el triunfante regreso de Cristo, nuestra bienaventurada esperanza, cuando conforme a su promesa de nuevo compartirá una copa y una cena con nosotros. Jesús entregó todo para que usted y yo pudiéramos tenerlo todo. Murió para que nosotros vivamos eternamente. Él es digno de que lo alabemos continuamente. La mesa del Señor es para todos los creyentes, a quienes ofrece un desbordamiento de nutrición espiritual que llena de energía nuestra relación con nuestro Salvador y con los demás creyentes. ¡Permita que la Santa Cena transforme su vida! ep THOMAS LINDBERG es el pastor de Memphis (Tenn.) First Assembly of God. Envíe sus comentarios a ep@ag.org.

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El arco iris Cumplimiento de una promesa Los arco iris son maravillosos. Ante los colores brillantes que adornan el cielo después de la lluvia nos detenemos a mirar… y sonreír. ¿Te has preguntado alguna vez de dónde vienen esos colores? Lo creas o no, siempre han estado allí. La luz está formada por bandas que contienen todos los colores del arco iris. Casi siempre, la luz del sol sólo se ve blanca. Pero cuando se separan las bandas de color, vemos un arco iris. Un científico llamado Isaac Newton descubrió que es posible separar los colores que están en la luz blanca utilizando un artefacto llamado prisma. Cuando la luz atraviesa un prisma, se desvía. Cada banda pasa a través del prisma en un ángulo diferente, y llega a nuestros ojos separada de las demás. Entonces vemos un arco iris de colores. En la naturaleza, las gotas de lluvia son como millones de prismas en miniatura. Cuando está lloviendo a lo lejos y el sol está brillando, los colores de la luz solar se pueden separar, y llegamos a ver un arco iris. Con frecuencia, un arco iris marca el fin de una tormenta de lluvia. La Biblia nos habla de un tiempo en que llovió durante cuarenta días y cuarenta noches. Llovió tanto que se inundó el mundo entero; pero Dios salvó a Noé y su familia a bordo de un gran barco llamado arca. El arca estaba llena de animales; por lo menos dos de cada especie. Después que cesó la tormenta y disminuyeron las aguas del diluvio, Noé salió del arca con su familia y todos los animales. Dios le prometió que nunca más volvería a inundar la tierra. Entonces le mostró un arco iris en el cielo. Le dijo que ese arco para siempre sería un recuerdo de su promesa. Cuando veas en el cielo un arco iris, recuerda que Dios siempre cumple lo que promete. “Fiel es el Señor a su palabra y bondadoso en todas sus obras” (Salmo 145:13, NVI).

¿Sabías

qué?

El arco iris puede aparecer incluso en la noche. Es poco frecuente y sólo se produce cuando la luna está bien resplandeciente y se halla situada en el lugar preciso en el cielo nocturno. Una perspectiva diferente puede cambiar el aspecto del arco iris. Cuando estamos en la tierra, vemos el arco iris como un arco. En cambio, los pilotos informan que en lo alto de la atmósfera en ocasiones ven el arco iris como un círculo.

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Mary Watford Stabler ha pastoreado la misma iglesia de Alabama durante más de siete decenios Mary Watford Stabler no contaba con las condiciones ideales para fundar una iglesia. Inauguró la Asamblea de Dios Faith Chapel, en Scratch Ankle, Alabama, en junio de 1939, mientras la nación se hallaba aún en los estertores de la Gran Depresión. Con lo escaso que estaba el dinero, muchas veces las ofrendas de los domingos eran sólo unas pocas monedas de cinco y diez centavos. También estaba la cuestión de la edad de Mary Stabler: diecisiete años. Ella se preguntaba si los adultos escucharían realmente la predicación de una adolescente. Era introvertida, y se sentía insignificante, tanto a causa de su corta estatura, como de su falta de experiencia en el púlpito. ¿Cómo controlaría todo un público una jovencita de metro y medio de estatura?

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Tal vez el obstáculo más significativo fuera el hecho de que era mujer. No eran muchas las mujeres predicadoras en el conservador sur del país en el decenio de los años treinta. Por último, estaba la cuestión de que ella era pentecostal en una época en que había incluso numerosas denominaciones cristianas que miraban con recelo a los pentecostales. Sin embargo, a pesar de todos esos obstáculos, Mary Watford Stabler se ha convertido en la pastora que ha servido continuamente por más largo tiempo a la misma congregación de las Asambleas de Dios: setenta y un años. “Sentí que el Señor me mandaba a predicar”, dice la pastora, aún llena de pasión. “Comencé a predicar, y simplemente, seguí predicando. Tuve mucha oposición, pero el Señor siempre me defendió.”

Stabler, que cumple ochenta y ocho años este mes, ha sobrevivido a sus críticos… y al resto de su congregación original. Tiene aun claridad de mente, en especial cuando se trata de recordar las fechas de los acontecimientos y los versículos de las Escrituras. Esta determinada pastora, de corazón tierno, es una pintoresca narradora de historias, y tiene numerosos relatos de reveses, pero muchos más de victorias llenas de fe. En los primeros días, la resistencia se debía en especial al hecho de que era mujer y pastora pionera. “No discutía cuando me atacaban”, dice Mary. “Me limitaba a leer textos bíblicos en que el Señor había usado mujeres en el ministerio, y les decía a mis atacantes que yo sabía que Él me había llamado, así que lo estaba obedeciendo.”


Dice ella que de niña, sus padres, Johnnie y Eliza Watford, que eran pentecostales, le enseñaron a confiar en el Señor en todo, incluido la sanidad de su cuerpo cuando estuviera enferma. La fe se hizo muy real cuando se enfermó a los trece años de edad. Mientras se iba debilitando cada vez más debido a una afección del corazón, su madre le leyó el quinto capítulo de la epístola de Santiago, y la visitó un pastor para orar por su recuperación. “El Señor me sanó y me salvó al mismo tiempo”, recuerda. Ella comenzó a estudiar con entusiasmo las Escrituras, y leía fielmente el Evangelio Pentecostal todas las semanas en busca de instrucción e inspiración. Mary Stabler le atribuye a su padre el haberla animado a predicar. Johnnie, quien era agricultor, había sido líder laico de una reunión de oración, con la ayuda de varios predicadores que iban recorriendo el suroeste de Alabama. Sin embargo, debido a que le fallaba la vista, tuvo que pasar a su hija la lectura de la Biblia en las reuniones. En julio de 1938, Mary, ya entonces llena del Espíritu Santo, comenzó a predicar sus propios cultos de avivamiento. Durante tres semanas seguidas, la jovencita de dieciséis años, apodada “La Hermanita” por su propio padre, predicó todas las noches a las multitudes que se reunían en un bosquecillo iluminado con faroles de gasolina. Para muchos de los que se reunían allí, esto señalaba su primer contacto con el mensaje pentecostal. Ella no tenía planes de convertirse en pastora, pero dice que los recién convertidos necesitaban de alguien que les enseñara el evangelio completo, así que aceptó una invitación para comenzar una iglesia. La iglesia más cercana de las Asambleas de Dios estaba a cincuenta y cinco kilómetros de distancia, y pocas personas disponían de vehículos. Los cultos comenzaron en una tienda de campaña, se movieron a diversos hogares, después

a una escuela de un solo salón, y finalmente a una iglesia bautista que se había cerrado. En 1940 Mary Stabler organizó en la iglesia una clase de escuela dominical que sigue funcionando aún hoy. Las Asambleas de Dios la ordenaron en 1947. En pleno apogeo de la iglesia, en el decenio de los años cincuenta, la asistencia normalmente superaba el centenar de personas, y Mary servía como presidenta de los Ministerios Femeniles de Alabama. Durante los decenios cincuenta, sesenta y setenta, trabajó como consejera en los campamentos de jóvenes. Mary también apoyaba a los evangelistas y pastores jóvenes, invitándolos a predicar en cultos de avivamiento en su iglesia. Varios de ellos siguieron adelante, hacia logros más notables, entre ellos Robert H. Spence, quien ha sido presidente de la Evangel University durante los últimos treinta y seis años. Spence predicó un avivamiento de dos semanas en Faith Chapel en 1955, cuando todavía era estudiante del colegio bíblico, y predicaba en una iglesia rural de Alabama durante los fines de semana. “Ella es un maravilloso ejemplo de una mujer cuya consagración al Señor nunca ha disminuido”, dice Spence, de setenta y cuatro años de edad. “Se ha mantenido fiel durante todos estos años; ha crecido donde fue plantada.” Después de décadas de vida soltera, Mary se casó en 1976 con el viudo John M. Stabler, diácono principal y maestro de la escuela dominical en su iglesia. Stabler murió de cáncer en 1987 a la edad de sesenta y ocho años. Como es natural, con sus ochenta y ocho años, Mary ha tenido que tomar un paso más lento. No puede ver lo suficientemente bien para conducir un auto. Usa una lupa para leer. La cuida su nieto Brian Coover, de cuarenta y seis años. No obstante, ella disfruta de buena salud. “Quiero conseguir el nombre

de sus vitaminas”, dice Kenneth Draughon, de sesenta y un años, Superintendente del Distrito de Alabama de las Asambleas de Dios. “Esta mujer les predicó a mi padre y a mi madre cuando ellos eran adolescentes. Todavía aparece en las reuniones de la sección y del distrito. Es una joya.” Mary Stabler aún predica todos los domingos por la mañana y por la noche. Dirige un estudio bíblico los miércoles por la noche. La población de Franklin (antes llamada Scratch Ankle), que es zona rural, ha disminuido notablemente. Prácticamente todos los adultos jóvenes se han trasladado a otros lugares. Mary Stabler sigue predicando fielmente a cerca de veinticinco oyentes cada semana. “Aún arde en sus huesos el fuego pentecostal”, dice Coover. “Creo que es la persona más humilde que jamás he conocido.” Mary ha pasado por fuertes pruebas. Por ejemplo, a los veintisiete años de edad, un ataque de apoplejía la dejó totalmente paralizada en su lado derecho. En lugar de someterse a un régimen de píldoras, Mary le pidió a un evangelista que orara por ella. “El médico decía que aquello había sido causado por el exceso de trabajo, que yo estaba agotada, y que nunca volvería a predicar”, dice Mary. “Pero Dios me sanó, y de eso hace más de sesenta años.” En el año 2001, cayó un rayo sobre la casa de Mary Stabler, que se quemó por completo. Perdió todo, excepto su Biblia y un cuadro con una fotografía. Por supuesto, los bienes de la tierra no tienen prioridad para ella; lo que tiene prioridad es la predicación de la Palabra de Dios. “No me voy a jubilar mientras pueda predicar”, dice Mary Stabler. “Me sentiría muy mal si no siguiera predicando. Quiero hacer todo cuanto pueda para el Señor.” ep JOHN W. KENNEDY es editor de noticias de Pentecostal Evangel. Envíe sus comentarios a ep@ag.org.

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En esta época de la Pascua de Resurrección, lo natural es que nos centremos en los sucesos que rodean al arresto, el juicio, y la crucifixión de Cristo. Además de celebrar la Resurrección, también recordamos a los personajes más tenebrosos dentro del drama de la Pascua. Pensamos en la traición de Judas, las injusticias cometidas contra Jesús por los fariseos y por Pilato, y la crueldad de los torturadores y los verdugos del Señor. Es inevitable que, en medio de esa muchedumbre, recordemos la negación de Pedro. ¿Ha hecho usted alguna vez algo tan terrible, o se ha negado a hacer algo tan necesario y tan bueno, que cada vez que lo recuerda, siente que se le quebranta el corazón con el arrepentimiento? Pedro tuvo esta clase de angustia. Él amaba muchísimo al Señor; lo abandonó a sabiendas; y sintió la angustia del remordimiento. 10

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“Y Pedro dijo: Hombre, no sé lo que dices. Y en seguida, mientras él todavía hablaba, el gallo cantó. Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente” (Lucas 22:60–62). Sin embargo, Pedro no se quedó sumido en la desesperación. Se arrepintió, y Cristo restauró su ministerio. El pescador-apóstol siguió adelante, proclamando el evangelio en el día de Pentecostés, guiando a la creciente iglesia de Jerusalén y moviéndose en el poder del Espíritu Santo, hasta el punto en que los cojos andaban y los muertos volvían a la vida. El mismo Pedro que por temor había negado a Jesús en la noche de su arresto, ahora predicaba con toda osadía en el nombre de Cristo, sin importarle los

riesgos que esto significara para su propia vida. Al final, entregó su vida como mártir en Roma. Ciertamente, Pedro nunca olvidó el mayor de sus errores. Pero vivió durante décadas en el poder del Espíritu Santo después de aquel error, y su ejemplo nos ofrece cuatro poderosas lecciones. Manténgase alerta ante las tácticas de Satanás Más tarde, Pedro escribiría: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). El apóstol conocía demasiado bien el poder del enemigo para desviar del camino a un creyente. Cuando negó a Cristo, había calculado mal el grado de poder del diablo. Para cualquier general, puede resultar fatal un mal cálculo sobre el poder de su enemigo. Jesús ilustra


esto en su parábola acerca del precio del discipulado. Habla de un rey que va a entrar en batalla, pero primero se sienta a determinar si él, con diez mil hombres, puede salir a combatir contra un enemigo que tiene veinte mil (Lucas 14:31,32). Las alternativas son pelear, huir o negociar. En 1 Corintios 10, Pablo se refiere a la liberación de Israel, su desobediencia, y el juicio de Dios. Esto es lo que escribe: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (vv. 11,12). Pedro se sentía excesivamente seguro en la Última Cena, cuando prometió atrevidamente que él solo podría defender a Cristo (Mateo 26:33). No fue cuidadoso, y esto tuvo por consecuencia su caída. Admita sus debilidades personales Nunca debemos subestimar al diablo. Al mismo tiempo, tampoco debemos confiar excesivamente en nuestras propias fuerzas. Pedro aprendió en aquella malhadada noche lo limitadas que eran sus fuerzas. Más tarde, rechazaría todo mérito por los milagros que Dios haría a través de su ministerio. “Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?... Por la fe en su nombre [el de Jesús], a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros” (Hechos 3:11,12,16).

Nunca debemos confiar excesivamente en nuestras propias fuerzas. En cambio, la fortaleza ilimitada de Dios está lista para obrar a través de nuestra debilidad. “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” le prometió el Señor al apóstol Pablo (2 Corintios 12:9). Manténgase armado para entrar en batalla Inmediatamente antes que Jesús y los discípulos salieran hacia el huerto de Getsemaní, Lucas menciona dos espadas (22:38). Juan identifica a Pedro como el que usó una de ellas para cortarle una oreja al criado del sumo sacerdote (Juan 18:10). Tal vez Pedro pensaba que aquélla era la única arma que necesitaba. ¿Con cuánta frecuencia hemos entrado en una batalla espiritual usando las armas del mundo? Pensamos que podemos vencer gracias a nuestra fortaleza y nuestra fuerza de voluntad. Decimos: “Nunca más voy a perder mi compostura”; pero la perdemos. “Puedo dejar ese hábito en el momento que quiera”; pero no podemos. “La próxima vez lo voy a hacer mejor”; pero no lo hacemos. Al igual que Pedro, decimos: “Señor, yo no. Yo nunca te voy a fallar”. Entonces, como Pedro aquella noche en el patio del sumo sacerdote, seguimos a Jesús de lejos, nos sentamos en medio de la gente con la que no deberíamos estar, y tal vez hasta lleguemos al punto de negar a nuestro Señor (Lucas 22:54–57). Nunca debemos hacer un mal cálculo sobre las armas con las que podemos vencer a nuestro enemigo. Las armas del mundo nunca podrán ganar batallas espirituales. Pablo escribe lo siguiente: “Las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:4).

Manténgase vigilante en oración Llegaría el día en que la oración de Pedro resucitaría de entre los muertos a Tabita (Hechos 9:36–40). Cuando oraba para que otros fueran llenos del Espíritu Santo, el resultado sería multitudes de creyentes bautizados en el Espíritu (Hechos 8:14–17). Sin embargo, en la noche en que arrestaron a Jesús, Pedro ni siquiera pudo corresponder a la invitación del Señor para que orara con Él. Se quedó dormido en el huerto de Getsemaní, en vez de velar en oración con Jesús. Dos veces Jesús le recordó que había necesidad urgente de orar. Tal vez Pedro recordara esto cuando escribió más tarde: “Sed, pues, sobrios, y velad en oración” (1 Pedro 4:7). Después de describir a los efesios los componentes de la armadura espiritual del cristiano, Pablo añade que debían mantenerse “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:18). A los tesalonicenses, los exhorta a “orar sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17). Entonces, ¿qué lecciones para la vida podemos sacar de aquella fatídica noche de Pedro? No subestime a su adversario, el diablo. Tampoco sobreestime su propia fortaleza. No trate de pelear las batallas espirituales con armas del mundo. No olvide el poder que nos llega por medio de la oración. Salmo 37:1–7 nos da varios buenos consejos. No se impaciente a causa de los malignos. Confíe en el Señor. Deléitese en el Señor y encomiéndele su camino. Por último, descanse en el Señor y confíe en que Él lo guardará mientras usted lo sirve con fidelidad. ep RUSSELL WISEHART jubilado Decano de Instrucción de la Escuela Berea de la Biblia, una división de la Global University. Envíe sus comentarios a ep@ag.org.

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evangelio

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EL GOZO DE TU PRESENCIA

Jorge Tobar

Mi Jesús, el camino es brillante, Cuán seguro me siento contigo; Tu divina presencia es constante, Viva fuente de gracia y amor… Si la noche mi cielo ennegrece Y de sombras se cubre el sendero, Mi confianza, Señor, en ti crece Y más dulce es la paz que me das. — Guido Feliz, 2005

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Guía de lectura bíblica para leer la Biblia en un año Esdras 1, 2 Esdras 3-5 Esdras 6-8 Esdras 9, 10 Neh. 1-4 Neh. 5-7 Neh. 8, 9 Neh. 10, 11 Neh. 12, 13 Ester 1-3 Ester 4-7 Ester 8-10 Job 1-4 Job 5-8 Job 9-12 Job 13-16 Job 17-20 Job 21-24 Job 25-30 Job 31-33 Job 34-37 Job 38-42 Sal. 1-10 Sal. 11-18 Sal. 19-26 Sal. 27-33 Sal. 34-38 Sal. 39-45 Sal. 46-53 Sal.54-61

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Le invitamos a celebrar con nosotros en la reunión de distrito… Puerto Rico District

4-5 de junio • Bayamón, Puerto Rico • www.cadpr.org

Central District

9-11 de junio • Denver, Colorado • www.cladc.org

Gulf Latin American District

21-24 de junio • Dallas, Texas • www.gulflatinag.org

Southeastern Spanish District

22-24 de junio • Tampa, Florida • www.sesdag.com

Midwest Latin American District

23-25 de junio • Bridgeton, Missouri • www.mladc.org

Spanish Eastern District

7-9 de julio • Swan Lake, New York • www.spanisheasterndistrict.org

Southwest District

15-17 de julio • Glendale, Arizona • www.azlatindistrict.org

Southern Pacific District

3-6 de agosto • Woodland Hills, California • www.spdag.org

Northern Pacific Latin American District

12-14 de agosto • Santa Clara, California • www.nplad.org


M a r cos :

e l

e v a n g e l i o

d e

la

a c c i ó n

La orden de no decirlo a nadie “Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer” (Marcos 5:42,43). Marcos usa en su Evangelio la palabra “luego” más de veinte veces. En ocasiones la usa sencillamente como una expresión conectiva, igual que la conjunción copulativa “y”. Aquí tiene que ver con el tiempo: es la respuesta a la orden de Jesús para que se levantara, que fue inmediata. Jesús no restauró a la niña poco a poco. No se fue despertando lentamente, parpadeando, ni permaneció durante un tiempo en un estado semi-comatoso. La vida que había en Él la llenó; tenía más que suficiente para dar. Se puso en pie y anduvo. Entonces, finalmente, Marcos nos dice su edad: doce años. Su edad la relaciona con la mujer que tenía flujo de sangre, que había sufrido durante doce años (5:25–34). La mujer que padecía de flujo de sangre fue sanada gracias a su fe; en cambio, la niña no tenía fe, puesto que estaba muerta. Fue la fe de otra persona, su propio padre, la que llevó a Jesús hasta donde ella estaba. Podríamos pensar, ante un milagro tan grande como el de resucitar a la hija de Jairo, que Jesús querría que la noticia se propagara por todas partes. Entonces, ¿por qué dio la orden de que no lo dijeran a nadie? Jesús ya estaba presionado por la presencia de grandes multitudes. La noticia de una resurrección habría atraído a una suplicante masa de personas que querrían que Él vaciara los cementerios. (¡Un día lo hará, pero todavía no!) Jesús estaba decidido a centrarse en sus enseñanzas y en inculcar los principios del Reino. No podía dedicar todo su tiempo a los milagros. Además, Él no quería que sus discípulos, o la multitud misma, se crearan suposiciones falsas acerca de la naturaleza de su misión mesiánica o de su reino. Nunca aprenderían el “secreto” del Reino —es decir, que ahora el Reino es interno

y que se debe recibir de manera voluntaria— si su ministerio sólo consistía en actos milagrosos. Vemos también en este incidente lo práctico que era Jesús, cuando ordena que le lleven alimento a la niña. Su orden indica que la sanidad era completa; la niña pudo volver a llevar de inmediato una vida normal. Nunca volvemos a saber de ella. Tal vez fuera conocida años más tarde en la iglesia primitiva. La gente diría: “Ésa es la hija de Jairo”. Debe haber tenido unos catorce años cuando crucificaron a Cristo. ¿Seguiría fiel hasta convertirse en testigo suyo durante el resto de su vida? No lo sabremos hasta llegar al cielo. Con la resurrección de esta niña termina la sección de Marcos 4:35 a 5:43. En ella aparecen pruebas de las cuatro esferas en que Jesús muestra su poder y autoridad: la naturaleza, los demonios, las enfermedades, y la muerte. Un día, la naturaleza habrá dejado de existir. Los cielos y la tierra se desvanecerán en medio de un fuego ardiente. Un día, los demonios ha-brán sido condenados para siempre, y nunca más se opondrán al pueblo de Dios ni le causarán aflicción. Un día, las enfermedades y la muerte serán desterradas por toda la eternidad. Lo que tenemos en estos cuatro grandes milagros es sólo un rápido vistazo a lo que será el reino eterno. Al realizarlos, Jesús trae el reino futuro hasta el reino presente. Es un indicio de lo que serán las cosas en aquel Día. ¿Vive en usted el reino de Cristo? Si es así, usted vivirá en el reino de Cristo en la era por venir. GEORGE O. WOOD es el superintendente general de las Asambleas de Dios. Visite On Your Mark, en pe.ag.org, donde encontrará un enlace para los podcasts de video y de audio (en inglés) On Your Mark, con el Dr. George O. Wood. Envíe sus comentarios a ep@ag.org.

Oración de respuesta Señor Jesús, no conozco el final de la historia, ni de la mujer con el flujo de sangre, ni de la hija de Jairo. No sé qué hicieron ellas más tarde. Tampoco conozco el resto de mi propia historia, pero me siento agradecido de que tú tengas poder para resucitar a todos tus seguidores en el último Día, y entonces, durante toda la eternidad escucharemos esas historias aún incompletas.

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evangelio primavera • 10

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invierno • 09-10

evangelio

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He aceptado a Jesús como mi Salvador a través de la lectura de Evangelio Pentecostal. Favor de enviarme la literatura que ustedes ofrecen gratuitamente sobre cómo vivir la vida cristiana.

Nombre Dirección Ciudad Estado

Código Postal

Teléfono

Envíe el cupón a: Evangelio Pentecostal • 1445 N. Boonville • Springfield, MO 65802-1894

Si desea orar con alguien, tenga la bondad de comunicarse con la iglesia indicada al lado o llame al Centro Nacional de Oración de las Asambleas de Dios.

Página de Buenas Nuevas

1-800-4PRAYER

(1-800-477-2937) 69-7053

El Abecé >> El saber que tus pecados son perdonados y que estás preparado para ir al cielo es tan simple como seguir los siguientes pasos: C. Confiesa tus pecados y apártate A. Admite que has pecado. B. Basa tu fe en el Salvador. “Si decimos que no tenemos pecado, nos “Porque de tal manera amó Dios al mundo, de ellos. “Si confesamos nuestros pecados, él de la engañamos a nosotros mismos, y la verdad que ha dado a su Hijo unigénito, para que es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y todo aquel que en él cree, no se pierda, mas Salvación no está en nosotros” (1 Juan 1:8).  limpiarnos de toda maldad”(1 Juan 1:9). tenga vida eterna” (Juan 3:16). Buenas Nuevas

Esta es mi familia Por Efraim Espinoza

Después del culto, una joven pareja se acercó al pastor y dijo: “Quisiéramos pedirle que usted oficie en nuestra boda.” Con más de veinticinco años de experiencia en el ministerio, el pastor muchas veces había recibido el pedido de oficiar en una boda. Esta vez, el pedido lo hizo vacilar un poco, porque la joven era de Centroamérica. Aceptar la propuesta podría significar que él y su esposa tuvieran que viajar al exterior. La perspicaz joven notó la vacilación del pastor, y de inmediato le explicó: “Pastor, la boda será aquí. Esta iglesia es mi familia y queremos casarnos aquí. Mis familiares están haciendo planes para estar aquí conmigo en ese día.” Ella vino becada a los Estados Unidos para estudiar en una universidad en un Estado contiguo y allí aceptó la invitación de asistir a una recién fundada iglesia hispana. Por primera vez oyó el

mensaje de la salvación y aceptó a Cristo como su Salvador. Pronto estuvo activa en la joven iglesia. Después de graduarse de la universidad, inició sus estudios de maestría en otro Estado y allí participó en una iglesia local. Usó sus talentos para ayudar a varias nuevas iglesias hispanas de la región. Mediante su participación en la iglesia conoció a un joven que era uno de los fundadores de estas nuevas iglesias. Con el tiempo desarrollaron su amistad y ella llegó a ser su novia. Ahora estaban aquí juntos esperando la respuesta del pastor. Cuando éste aceptó la invitación a casarlos, los jóvenes le manifestaron su deseo de que la boda fuera una oportunidad de que los familiares de la joven pudieran conocer la nueva fe de ella. “Pastor, queremos celebrar la Santa Cena en nuestra boda”, dijeron. “Yo quiero que mi familia sepa que la Santa Cena es más que

un ritual”, dijo la joven, “sino que es un testimonio de lo que Cristo ha hecho por mí.” Aun en la boda, los novios querían que la Santa Cena fuera una celebración de su fe en Dios. En Cristo, esta joven había llegado a formar parte de la familia de Dios. Querían celebrar la bendición de ser familia de Jesucristo. La Santa Cena da a los creyentes la oportunidad de celebrar el gozo de pertenecer a la familia de Dios. Cristo dio su vida para que todos puedan llegar a ser parte de la familia del Señor. Al aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador podemos declarar: “¡Esta es mi familia!” ep EFRAIM ESPINOZA es el coordinador de Evangelio Pentecostal. Envíe sus comentarios a ep@ag.org.

Evangelio Pentecostal  

La Santa Cena: alimento para el alma Primavera 2010

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