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piedra padre

eva hiernaux


“Es todo un misterio del que no queremos hablar” Emilia Stenn


I desde esta orilla


Tanta felicidad y luego tanto dolor. No se content贸 con la indiferencia, no fue suficiente con el dejar pasar. Ahora, la casa de la infancia est谩 tachada.


s茅 que hay vida el erizo de fuego en mi pecho duele como una respiraci贸n mientras dejo de contemplarte


abrevarรก el corazรณn en el centro oblicuo del bosque, en el silencio abierto de la nieve, abrevarรก y sanarรก, te lo prometo


huérfana infernal desoyes el cautivo aluvión de voces serenas que habitan en la casa de la defensa marca el mercurio el descanso merecido de estas lenguas sin interferir en el líquido paso del tiempo

Para cuando quieras dejar atrás el miedo quizás las voces ya estén turbias


Lloro por el recuerdo de lo que pudo haber sido

Âżno hay tristeza que camine mĂĄs sola, acaso?


más pequeña que nunca, hija pequeña, ante la sombra de la muerte


He profanado mis ojos con tu muerte

He profanado tu muerte con mis propios ojos


De repente me acuerdo de que has existido Y me envuelve un deseo deseo de mรกs existencia de otra existencia


un รกngel cabizbajo es el corazรณn que te ofrezco: timidez de lo que ve, tristeza de lo que vio, dolor de lo que verรก.


el Ăşltimo beso semilla que fracasa en la ceniza


contra el muro de tu pecho llorĂŠ por todo lo que habĂ­a llorado

mi pecho


d贸nde enjaular este animal tan atroz, este miedo que soy


mi dolor tiene nombres pero no alcanza a deletrearlos


se agolpó el silencio en el umbral de mi boca porque no podía pronunciar tú y yo.


por qué me amó tanto el miedo qué quiso de mí


no puedo no aceptar la terrible herencia de tu miedo Fue m铆a desde mi propia concepci贸n


discutimos sobre la muerte y hasta que no me da la raz贸n no la dejo que se aleje, a la muerte.


A quĂŠ espera la vida para asomarse a la lĂ­nea del horizonte de mi alma

Espera al soplo indeciso de mi propio nombre


Escarcha en los párpados Y bajo las uñas la desolada sensación de no haber amado nunca


no dejes que me venza el sue帽o: he de aprender c贸mo duermen los muertos


la noche se desgarrĂł con la palabra ya sabida: cuando dijiste yo y llegaste a tu centro (Eso fue en la madrugada y me apresurĂŠ con miedo a tocar tu pecho todavĂ­a caliente)


No lo digas, dicen, porque se estรก muriendo. Y llevo toda la vida muriendo, de pena, muriendo de tanto silencio


no me esperabas Nunca sentí que me esperaras ni que esperaras algo de mí

¿me esperarás, al menos, en la otra orilla?


por quĂŠ oprimes mi pecho de este modo no te consuela mi amarga constancia mi derrota prometida


me escapo de la vida para no encontrarme con la muerte


te regalo la flor de todos mis adioses


cuando me llamen ¿de quién será la voz y los brazos que me reclamen?


es que ya no vas a venir a regañarme? ya no a contradecirme, a anularme? Por qué antes sí si la muerte siempre existió


triste mi cuerpo triste porque no escucha ni el roce de tu silencio


tu pecho tan duro como élitro enfurecido donde escondías la muerte que ya empezaba a florecer

Flor efímera que durará ya toda mi vida


la herrumbre de mis ojos detenida en el alba tuya en tu muerte a cuestas en la vida apretada y desperdiciada la vida que nos unĂ­a


miras ya con el párpado fósil de la insistencia, con la insolencia del pedernal que no conoce hendidura. Está tu mirada teñida de la cal servil del otro lado, tan intenso su resplandor que hiere la mía. La mía, una mirada en barbecho resignado por tu falta. Ahora que no estás nos vemos de otro modo


abre los ojos y repite tu oraci贸n: es la candela en la terca noche


Hablo con la losa gris que es tu rostro ahora

Ahora, silencio oculto en la ceniza, ceniza oculta en el misterio del granito.

Hablo en la epifanĂ­a del mineral.


yo delante de ti inútil como la flor. ¿y ahora para qué?


estoy encerrada en tu muerte De aquí sólo saldré hacia la mía


ahora ya no tienes padre

ahora, cuando apago la vela

noche

ahora somos iguales


padre, padre, otra vez me encuentro sola y más aún ahora, ahora sin el inútil consuelo del rencor no te salpican los venenos, no te hieren los pensamientos de azufre en la urna de plomo del otro lado no se trenzan pasados con futuros sólo se tejen crisálidas de olvido la muerte es antídoto


son los pĂĄrpados de los muertos su inexactitud su ambigua sorpresa los que nos enseĂąan a morir


II travesĂ­a


tus manos bendecidas por la duda cuando abrochan el abrigo de la muerte: en la vehemencia del adi贸s hay siempre unos gajos insumisos de no querer irse, una oculta urdimbre de permanencia, una cris谩lida a punto de abrirse en sentido contrario.


“un espejo de cenizas�

Alejandra Pizarnik

donde constatar los rasgos heredados las muecas aprendidas los silencios tatuados


con las manos que te queden deshaz el nudo que une nuestras vidas Deja a la muerte hacer su trabajo


y cuando estemos ya ausentes ¿dónde quedarán guardadas todas las ausencias que acumulamos en nuestra vida?


Sisar el gris de la ceniza: rituales del arrepentimiento


d铆as bastardos cuando acuden recuerdos de lo imposible Arrepentimiento no basta para borrar el 贸xido de la incomprensi贸n su mancha tortuosa Queda la memoria s贸lo como industria de la cicatriz


agua dolorosa el arroyo que entra en el verano, grita su suerte sin apenas voz ya, estira las vocales rozándolas contra las piedras, sólo para decir cuán efímera la vida, qué dichosos sus días.


Y coges un fruto de luz cuando llegas a la otra orilla (tan lleno de musgo y contrariedades) pero a nosotros esa llama ya no nos ilumina


“¿hasta cuándo amarrarán mi vida tus venas ya sin sangre?” Hugo Mújica

la vida es un nudo que no se deshace


abre sus puertas sutura del mundo como cierran los turbulentos ojos de la madre con voces divididas e infancias vencidas Son orillas incomprensibles y desembarcan cada dĂ­a contra el olvido canteras de corazones agotados por el desuso Es una historia de cenizas pero es la historia.


quebrada la mejilla por el dolor de la noche se pierde la l谩grima entre bastardas pieles que s贸lo a la oscuridad pertenecen


A veces no sabes por qué surge la lágrima. Tú no lo sabes pero ella lo sabe, minúscula y discreta es toda sabiduría.


en determinados llantos existe un gesto una proporci贸n desconocida de crucifixi贸n. Pero la l谩grima lo ignora. Ignora y avanza


quedan ecos de tu noche campanas ateridas silencio que te llevaste sin decir palabra

abril sostenido por tus pĂĄrpados cansados un telĂŠfono que suena en la oscuridad para decir que te has ido

Y el tiempo que barre siempre para su propia casa


propone el alma rutas disparatadas y aĂşn asĂ­ le acariciamos el rostro con ternura esquiva con palabras salobres y hĂşmedas con gestos atemperados de la contradicciĂłn nutricia se intenta un solo falso camino


El dolor es como el amor: tolera mal la injerencia


Perdonar no es abandonar. Ni viceversa. AsegĂşrate cuando venga tu amiga la Parca.


cicatrices imposible de esconder: así los ojos que miran al corazón así el corazón que mira la vida así la vida que mira su muerte


patria es el amor que das, que recibes, y lo que queda reverberando, como un agitar de banderas pero sin banderas. S贸lo eso: patria limpia


las madres escriben con 贸xido en lo oscuro del p茅talo para que estos no sepan verlo hasta despu茅s de la incineraci贸n


“La muerte es una palabra�

Alejandra Pizarnik

La muerte es la palabra que desaparece cuando se muere


en la cima, no en la sima, estarรกn las miradas de los muertos

por eso pesan nuestras sombras


Para medir el tiempo no será sacrificado el espejo de los días, los perfumes de la ceniza, los ritos de fiebre, las vísperas de la fecundidad. Para medir el mercurio del tiempo no será desbordada la pobreza, no será alzada la balanza de las ceremonias, ni los errores de las armas. Sólo resta desenfundar las olas temblorosas y quedar huérfana de huella, ser sólo oquedad. Y así medir el tiempo.


esa patria estรก ya tejida y estรก en vuestros nombres


oraciones escritas a tiza que la lluvia sin escrúpulos disuelve y reparte por los ángulos escondidos del día


extranjera de la muerte yerra por jardines exhaustos sin encontrar un cuerpo una voz a la que aferrarse


ofrenda de tu voz cautiva en el silencio


gan贸 y perdi贸, el cuerpo, con la muerte esperada, queda un mapa humillado tatuado en la estirpe del que ya no es. Grita con letras de sutura para que dejes atr谩s el miedo para que dejes de ser hilv谩n de tu propia red


no sé qué decir ante la turbulenta experiencia de su adiós queda el alma como cantera abandonada de minerales huérfanos y fértiles sospechosos espejos de caridad llamados a pasar las duras pruebas del invierno con su desembarco silencioso y su tensión de esquirla ardiente Quedan detenidas las palabras atrapadas en el hielo de la despedida y una niña sola parada en el océano congelado de la vida


hay palabras huĂŠrfanas e hija es una de ellas


no hay pudor para el que habla del otro lado


La ausencia siempre mancha


morir así con la levedad de la pluma indiferente con la obstinación del pétalo todavía oloroso aunque baldío con el ardor mitigado de la hoja que descubre nuevos horizontes en la caída con la diligencia de la gota de lluvia que se sabe ya semilla morir pero cómo desprenderse de este animal aferrado a la vida que se es


La muerte un requiebro que da la vida para no decir la verdad de lo que es


lleg贸 su muerte como ruido de la grieta que crece lentamente


Quien exalta la vida se prepara para la muerte Habla y pronuncia muerte sin alejamiento


多sabe el alma la oquedad, la ceniza, la ceguera, el alud que la contiene?


un enigma de sal en la lรกgrima que no brota


quedan con grumos amargos ciertas palabras por mucho que las repitas

Así patria o piedra o padre o argolla o matarife o desamparo, o anulación, u óxido, o deriva, o tejido, o escama, o genético, o corrosión, o tuétano, o mejunje, o atrofia, o arenoso, o bastardo, o derrumbe, o cicatriz, o sinrazón, o impronunciable, o gusano, o despedida, o sospechoso, o quejido, o trenzar, o charco, o trampa, o arsénico, o grieta, o sangre, o lastre, o reja, o cuajo, o durmiente, o nutrir, o brea, o remordimiento, o gris, o arteria, o amarra

así, por ejemplo, patria o padre


III la otra orilla


abrazar la ceniza como Ăşnica forma posible

de olvido


de ser sin ser a no estar estando: confusa quedo con tu partida


el miedo el miedo no lo pudimos limar, estuvo ahí arañándonos arañándote por dentro no nos atrevimos ni a la palabra ni a la lágrima pero ocurrió como un viento dulce como un algodón de azúcar que te envolvió en el sueño y ya no pudiste responder Pero tú ahora tú ya tienes todas las respuestas ahora sí que lo sabes todo


flor que se abre a la noche al murmullo de la ceniza y ya no puede quejarse, se abre sin mĂĄs y no vuelve a cerrarse: asĂ­ la muerte asĂ­ tu muerte, padre, la oscura flor incomprendida


lejos de la compasi贸n tus ojos s贸lo miran a la tierra


contra el insomnio de tu falta dormir en las cenizas de tus Ăşltimas palabras


son ĂĄngeles de ceniza y traen terribles tus Ăşltimas palabras: un alfabeto desconocido se contempla en un espejo, el pliego se enturbia sin descifrar finalmente su herida


construiste con tu sueño sueños posibles para nosotros, pero en la redoma del egoísmo surgió la ruina, la ceniza, la sal. el jardín es ya sólo un guijarro partido


no está ya tu cuerpo tendido ni guarda forma específica oculta procesos no invita a devorar se acomoda humilde en el fondo del vaso y deja que el viento pase sin ofrecer resistencia sin interrogar el destino

ahora es ceniza y sólo ceniza y qué difícil dibujar tu rostro en ella qué difícil abrazar el polvo gris del desconsuelo Sólo ceniza ceniza sola


con paso breve -recuerda: lo sidoaguanta el yunque de la memoria -golpe tras golpetrenza su fibra con el azar


recuerdo la mirada de tus Ăşltimos dĂ­as como un inventario de azogues desorientados cuĂĄnta tristeza se queda perdida


rumor de la ceniza en el frĂ­o horizonte de tu cuerpo


con los pies al borde del derrumbe esperas dibujado tu contorno con mineral inĂştil que vuelva tu hija del paseo arenoso de las Ăşltimas voluntades. Ella no cree en el cuerpo como horizonte ella sabe que la muerte siempre duerme de pie como algunos animales.


¿por qué no te llevaste todo el miedo y su peso irreductible? en mi pecho fermentan las lápidas y la obstinación, la balanza de los pulmones se hace molde funerario y se escapa el último aire que vivía atenazado en mi cuerpo ¿por qué no te llevaste ese zarzal, amigo de lo último, enemigo de epifanías y esperanzas?


con la boca dijiste no te vayas ahora vuelvo

en la agonĂ­a


no me hiera mรกs el silencio de tu ceniza Acuda la lluvia salvadora de esta primavera que te lleva


comulga la ceniza con la lengua que te prest贸 sin convicci贸n en el temblor sin duda en la tristeza


bes茅 la piedra de tu adi贸s, padre, y en mi pecho tu pecho son贸 extranjero


ajena mi boca a la palabra tuya hecha a tu imagen y semejanza. Faltan, pues, los verbos que me recorran, los nombres que me sean, los adjetivos que me dilaten. Que dibuje mi boca la forma de sĂ­ misma y que sea lo que dios quiera


ceniza es el fruto del adi贸s no se puede asir s贸lo se le puede ver


no dejes que entre el desierto en la fosa fresca de tu memoria


rezad en mi silencio no tapĂŠis la boca que ahora me abraza


flor de ceniza: tu sonrisa en el adi贸s


Ahora, con tus párpados cerrados, es cuando mejor nos vemos. (yo veo al padre que hubiera querido, tú ves a la hija que no querías ver) Ahora, con tus párpados cerrados, es cuando más abiertos tenemos los ojos


su gemido de animal antiguo


Zurce el día, no pienses que hay tiempo perdido: el niño que eres siempre vuelve. Haz que así sea. Deja que así sea.


No puedes decir: ya est谩, ya he terminado.

En el coraz贸n siempre quedan cosas por hacer


no es ceniza, ni polvo censurado, es tu muerte destrozada por las contradicciones y otros artefactos familiares y sus declinaciones llevada por el engaño a una región llena de costumbres y demás accesorios sin luz propia ahí queda: en la mentira de nuestra vida: en la traición perpetua


IV final


“abril mueve memorias Eso es todo”

María Negroni

y ahora más que nunca


no se acaba el dolor nunca pensĂŠ que la ceniza tuviera una sombra t a n p r o l o n g a d a


y ante tanto adentro s贸lo se piensa en abandonar


tras la urdimbre del llanto: la luz que sosiega, la voz que arrulla, el silencio que besa


los ojos de mi padre ya s贸lo en el 谩cido del papel


tu recuerdo, despu茅s de todo, queda en almanaque de la desolaci贸n


“es difícil alcanzar el enigma que se es”

María Negroni

y más difícil aún llegar a descifrarlo


he arado en la herida removiendo el alma para acoger tu semilla y su perfil de epifanía, tal como me pediste en la última mirada sin cáscara

Aunque sé que todo esto es ilusión, que todo es el ansia de no perder del todo la memoria, es decir, la palabra, es decir, la vida.


si se acerca la ceniza oĂ­r sus pasos sin aliento mantener las manos en forma de cuenco arar profundos surcos en la memoria restregarse el pecho con lĂĄgrimas sin estrenar poner la palabra en el asombro y el silencio a punto de nieve si se acerca la ceniza abrazarla porque siempre tendrĂĄ nombre mientras seamos capaces


me diste tu muerte como una fiebre para hacerme crecer. ahora ya he crecido: ahora ya no quiero morir.


y la muerte 多es ser vencido o llegar victorioso?


V agradecimientos


siente la lágrima la amistad como un oficio perdido una maestría en desuso. Pero abraza porque eso lo sabe hacer es parte de su sabiduría y ley Y responde con la contundencia exagerada de las cinco vocales a cualquier cerca de espina que es un corazón desolado. Y así el amigo dibuja su rostro sobre tu rostro entristecido nuevos y desconocidos trazos que destilan una esencia llamada en su extraño idioma esperanza


“no es hermoso el dolor así que no sigas hablando” Emilia Stenn


Piedra padre  

Ediciones El Torpe al Timón Digital

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