Page 1

mujeres que cambian

el mundo


mujeres que cambian

el mundo Créditos de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: 1. Concepción Mesa, activista de los derechos humanos de las mujeres. Foto: Adriana Lugo, Diakonia Paraguay. 2. Tomasa Rodríguez, activista de los derechos humanos de las personas con VIH. Foto: Diakonia-Cuba. 3. Emiliana Laura, defensora de los recursos naturales. Foto: Ariel Chavez, Programa Bolivia. 4. Silvia López, con uno de sus hijos. Comunidad Xákmok Kásek. Foto: Tierraviva.

9. Ana María Sánchez Sulca, Regidora y activista de los derechos de las mujeres. Foto: Sami Rubén Siche. Perú. 10. Jackeline Rojas, activista de los derechos humanos de las mujeres. Foto: Defensoría del Pueblo, Magdalena Medio. Colombia. 11. Sandra Ramos, activista por los derechos laborales de las mujeres. Foto: Margarita Montealegre. Nicaragua. 12. Ana y Verónica, activistas de los derechos humanos de las personas LGTBI Foto Ana Leiderman. Colombia.

5. Nimia Teresa Vargas, promueve herramientas de entretenimiento para prevenir las violencias contra las mujeres. Foto: María Benilda Uribe / Red Departamental de Mujeres Choconas. Colombia. 6. Clara Alanya Asto, lideresa de tecnologías eco-eficientes.Foto: Renzo Giraldo. Perú. 7. Rosa Martínez, cosechando hortalizas de su huerta. Foto: Carlos Jeovanny Orellana. Honduras. 8. Herlinda Caal, lideresa de los derechos de las mujeres. Foto: Xiomara Campos, Tritoncomunica. Guatemala.

---------------------------------------------Esta pieza ha sido elaborada por el equipo de la oficina regional de Diakonia con el apoyo de los equipos nacionales de Paraguay, Bolivia, Perú, Colombia, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y Cuba, y las organizaciones contrapartes, a quienes agradecemos su colaboración. Contiene doce (12) historias de mujeres latinoamericanas. Bogotá, Colombia. Enero 2014


• • • Indice • • •

4 • Prefacio 6 • Ana y Verónica: ejemplo de coraje en América

30 • Herlinda Caal: La vida es más de lo que me han

10 • Ana María Sánchez Sulca: con política fortalece-

34 • Tomasa Rodríguez Ponce: una fuente de

14 • Clara Alanya: con creatividad mejoramos la

38 • Jackeline Rojas: Soy una colombiana amante de

18• Conchita Mesa: en Paraguay se acabó eso de que

42 • Nimia Teresa Vargas: Contando historias, pode-

22 • Silvia López: con la tierra, la comunidad Xák-

46 • Sandra Ramos: La fuerza somos todas las mujeres

26 • Emiliana Laura: luchando por el glaciar se cons-

50 • Rosa Martínez: una semilla en la tierra fértil de

Latina

mos a las mujeres peruanas.

comunidad en Huancavelica, Perú.

“el lugar de la mujer y el horno es la cocina”.

mokKásek del Paraguay recupera parte de su vida.

truyen caminos de igualdad en Bolivia.

dicho en Guatemala.

esperanza en Cuba.

la vida!

mos cambiar vidas.

nicaragüenses.

Honduras


mujeres que cambian

D

el mundo

ignidad, vida, lucha por los derechos, esperanza, liderazgo, amor, libertad, alegría, sueños, afirmación, valentía, tristeza, persistencia, generosidad, coraje, unidad, sencillez, verdad, creatividad, sabiduría, justicia, y solidaridad es lo que ustedes queridas y queridos lectores podrán encontrar en las historias de estas trece mujeres que día a día, siembran sus semillas en ocho países de América Latina para que germinen en el mundo entero. Sus vidas no han sido nada fáciles. Han tenido que enfrentar el racismo, la discriminación, el machismo, la intolerancia, los prejuicios. Algunas han desafiado a la muerte y se han afirmado en sus opciones de derechos, de libertad, en un contexto de cultura patriarcal y despojo, que a lo lar-

go de la historia, insiste en invertir el valor del bienestar para todas, para todos. Sí, las historias de estas mujeres nos dejan ver que las realidades de Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay, Guatemala, Honduras, Cuba y Nicaragua tienen enormes desafíos. La aprobación de leyes sobre el aborto, el VIH/Sida, el matrimonio para parejas del mismo sexo, la violencia contra las mujeres, el feminicidio, la participación política, la verdad, la justicia y la reparación para crímenes de lesa humanidad cometidos en contextos de conflicto social, político y armado, pueden ser un paso. Pero un paso insuficiente si no está acompañado de voluntad política de quienes tienen el poder para tomar las decisiones, de un cambio de mentalidad en la sociedad,

4


de una acción estatal transparente y efectiva que contribuya a hacer una realidad los derechos humanos de las mujeres y para todas las mujeres.

5

Las Directrices de género de Diakonia enfatizan en que los derechos humanos tienen una dimensión de género. Por esta razón es necesario que su protección y garantía se traduzca en la construcción e implementación de políticas públicas claras, integrales y con carácter diferencial, que permitan el acceso y uso de programas y servicios para que las personas puedan ejercer todos sus derechos, incluyendo sus derechos sexuales y reproductivos de manera segura y placentera, así como para promover la inclusión de aquellas personas con VIH. De este modo será posible asegurar condiciones que permitan el desarrollo social, político y económico de las sociedades en condiciones de dignidad e igualdad.

Esta pieza es un esfuerzo por recoger trozos de vida de mujeres mestizas, afro latinoamericanas e indígenas, quienes activas en distintos sectores de la sociedad han trazado caminos de cambio construyendo conocimiento, movilizándose, haciendo incidencia, concientizando, aportando.

L

as indígenas bolivianas dicen que las mujeres son la mitad de cada pueblo. Son fuego. Y con esta luz que desprenden, que nos alumbra, les invitamos a dejarse tocar y aprender de las experiencias de Verónica, Ana, Ana María, Clara, Concepción, Silvia, Emiliana, Herlinda, Tomasa, Jackeline, Nimia, Sandra y Rosa. Todas ellas, desde sus realidades, son para Diakonia mujeres que cambian el mundo.

Kristina Jannerbo Directora Regional para América Latina.


Ana, Raquel, Ver贸nica y Ari. Foto Ana Leiderman. Colombia.


Ana y Ver贸nica:

ejemplo de coraje en Am茅rica Latina.


A

a Colombia para radicarse. Fueron a una notaría para legalizar su unión marital y aunque ya era un derecho para las parejas del mismo sexo, les negaron la solicitud.

Muy pronto decidieron tener hijos y quisieron adoptar en Colombia. Escribieron a una institución de adopción contando su historia, pero jamás les respondieron. Entendiendo que era más fácil tener sus propios niños regresaron a Alemania e iniciaron los trámites allí. En agosto de 2007, estando Ana embarazada, viajaron

Raquel nació en febrero del 2008. Como la unión de Ana y Verónica no era reconocida como familia, su hija fue registrada con los apellidos de Ana. Luego de lograr el reconocimiento de su unión marital, se abrieron las puertas para legalizar la maternidad de Verónica. “Llamamos a Colombia Diversa y nos recomendaron hacer la solicitud en Bienestar Familiar donde nos contestaron que no teníamos derecho a adoptar. Que no éramos una familia porque según la Constitución ésta se compone de un hombre y una mujer. Ahí supimos que nos tocaba dar la pelea. Lo sentimos como una responsabilidad porque hay otras personas luchando por estos derechos.

na y Verónica se enamoraron viajando por España y Portugal. Siempre fueron amigas, pero vivían en Estados Unidos y Holanda respectivamente. Se radicaron un tiempo en Alemania y luego regresaron a Colombia encontrándose con sus familias. En ese momento contaron la noticia de su amor. “Yo pensaba en la reacción de mi mamá –cuenta Ana-, cuando se enteró me preguntó: ¿Usted está contenta? Sí, le respondí. –Ah bueno, eso es lo que importa, me contestó”.

8


A

ic

a

la

tin

a

na y Verónica también son madres de Ari, el nuevo miembro de la familia. “Hemos aprendido mucho –dice Ana-, contar nuestro mundo ha sido una oportunidad de cambiar imaginarios y opiniones. El discurso es diferente y se comprende más que como personas tenemos derechos. Con eso hemos ganado. Somos dos mujeres que nos amamos. Somos dos mamás y esta es nuestra realidad y la de nuestros hijos. Eso hay que decirlo y luchar por nuestros derechos”.

Am ér

9

Yo soy judía y mi papá me enseñó a luchar por la igualdad y la justicia social. Y Verónica piensa lo mismo”, comenta Ana. Con el apoyo de Colombia Diversa y el abogado Germán Rincón Prefetti, Ana y Verónica interpusieron una tutela. La juez falló a favor ordenando a Bienestar Familiar los pasos para hacer el proceso de adopción. Esa institución con una formalidad desechó el caso. Con adversarios como la Procuraduría General de la Nación, por un lado y por otro, sectores de la opinión pública a favor como lo registraron editoriales de importantes periódicos colombianos, la tutela de Ana y Verónica llegó a la Corte Constitucional que sigue sin fallarla, aunque de ser positiva influirá en procesos similares. Colombia Diversa y De Justicia, contrapartes de Diakonia, han jugado un papel muy importante en el suministro de información a la Corte.

Mujeres que cambian el mundo


Ana María Sánchez Sulca. Foto: Sami Rubén Siche. Perú.


Ana María Sánchez Sulca:

con política fortalecemos a las mujeres peruanas.


Quien desconoce su realidad, no tiene derecho a decir algo. Hay que conocer los problemas y escuchar los gritos de las mujeres para atenderlas”, afirma Ana María, al hablar de las mujeres en Huancavelica, una de las regiones más pobres del Perú, situada en las alturas de la cordillera andina. Como reconocida dirigente sindicalista, Ana María evidenció la falta de leyes que respaldaran a las mujeres para ejercer sus derechos. Luego de recibir apoyo de las bases, en 2007 se postuló y salió electa como Regidora del Municipio Provincial de Huancavelica, cargo que ocupó hasta 2010. Siendo autoridad local trabajó sensibilizando a sus colegas Regidores, enfrentando a

menudo prejuicios y resistencia. No obstante, la insistencia de Ana Maria fue clave para que se aprobaran una docena de ordenanzas municipales en favor de las mujeres. Con su esfuerzo y liderazgo, se creó la Comisión de la Mujer, la Red de Regidoras de la Provincia de Huancavelica, la Gerencia de la Mujer y el Plan Integral “Tolerancia Cero contra la Violencia Familiar y Sexual”. Gracias a las ordenanzas, Huancavelica cuenta con una normatividad básica a nivel local para promover la participación de las mujeres y enfrentar los problemas de la violencia. La creación de la Comisión de la Mujer y la Gerencia de la Mujer han fortalecido la institucionalidad municipal para atender temas de género. La Red de Regidoras, por otro lado, implementa acciones

12


L

a trayectoria de Ana María demuestra que para construir políticas públicas dirigidas a las mujeres es fundamental conocer sus necesidades, su realidad. Que este ejercicio puede hacerse simultáneamente desde arriba y abajo. Y, cuando hay un compromiso real, beneficiarse a toda la sociedad. “Ya es momento de salir del sueño oscuro y tener una vida futura con justicia, equidad social y con inclusión” concluye Ana María.

Lima

u

Ahora Ana María sigue su trabajo a favor de las mujeres, pero desde la Federación Provincial de Mujeres de Huancavelica. “Queremos que cumplan las leyes. No queremos migajas. Queremos un pueblo desarrollado, en el que la violencia no exista, y con igualdad de oportunidades”. Es otra forma de participación política. Ana María exige a quienes fueron

sus colegas, “pedimos audiencias públicas, rendimiento de cuentas, implementación y cumplimiento de las normas, que existan presupuestos exclusivos para las mujeres”.

Per

13

de apoyo para mujeres que ejercen cargos políticos y que a menudo, como Ana María, necesitan saber enfrentar situaciones de discriminación y prejuicios. Con los avances obtenidos como Regidora, y junto con organizaciones de base y ONG’s como Calandria, contraparte de Diakonia, que la han acompañado, Ana María, demostró a sus colegas varones que la participación de mujeres en cargos de poder también hacen posibles los derechos humanos.

Mujeres que cambian el mundo


Clara Alanya Asto. Foto: Renzo Giraldo. PerĂş.


Clara Alanya:

con creatividad mejoramos la comunidad en Huancavelica, PerĂş.


C

lara Alanya Asto tiene 25 años y es promotora del uso de tecnologías ecoeficientes para generar ingresos adicionales en una de las zonas más pobres del Perú. Clara vive de la comunidad de Buenos Aires que es parte de Huancavelica y se encuentra en los Andes a casi 4000 metros sobre el nivel del mar. Aquí viven unas 60 familias, muchos han abandonado el pueblo por falta de servicios o posibilidad de generar ingresos. La población joven es la primera en irse. El frío en estas alturas es constante y sólo las llamas y alpacas soportan el clima de esa tierra de los impresionantes Andes. “Aquí tenemos todos los recursos naturales que nos permitirían vivir mejor. Pero hemos perdido las costumbres para su aprovechamiento”, cuenta Clara. En mayo de 2010, hizo una pasantía en la región vecina

de Ayacucho, organizada por CEPES, una contraparte de Diakonia. Allí aprendió cómo se usan tecnologías ecoeficientes para hacer mejor uso de los recursos naturales. Regresó con el nuevo conocimiento a su comunidad y comenzó a movilizar a su familia. Ahora tienen una vivienda mejorada, una siembra de pasto y un invernadero que aloja un cultivo de hortalizas y cuyes para crianza. “Todo esto ha sido una experiencia muy positiva. He cambiado mi vida y poco a poco la comunidad también lo está haciendo. Lo que más me impactó fue que todo eso se puede hacer con recursos de nosotros mismos”. Con esta primera experiencia CEPES, con el apoyo de Diakonia, instaló un sistema de riego por aspersión para la siembra de cultivos y así mejorar el forraje para sus animales. Luego

16


17

con el conocimiento construido por la comunidad y la asesoría de CEPES, innovaron el sistema diseñando “un horticuy”, un invernadero que permite producir simultáneamente hortalizas y cuyes.

esto sabiendo que vamos a superarnos”. Muchas personas siguen interesadas en cómo pueden mejorar sus condiciones de vida con medidas sencillas pero eficaces. En este caso ya casi sesenta familias han hecho el cambio.

“Ahora todo el mundo quiere un horticuy. Pero tienen que comenzar a sembrar pasto porque es parte de la alimentación de esos animales. Nosotros comenzamos así. Luego tomamos algunos para el consumo diario y como aumentaron en cantidad ya podemos vender. Con estos ingresos pagamos la universidad de mis hermanos”. Ahora Clara va de comunidad en comunidad para compartir su conocimiento. Hace talleres de capacitación que son una réplica de su pasantía.

Sin dejar esa gran sonrisa, Clara piensa y habla de los y las jóvenes. “Antes sólo pensaban en irse a la cuidad sólo para ser esclavos en algún restaurante de comida rápida. Pero ya nos podemos quedar aquí! La ciudad es para estudiar pero nuestro futuro está con nuestra comunidad donde desde ya estamos mejorando la economía”.

“Para mí ha sido una inspiración ver cómo todos en Ayacucho trabajaban solidariamente: Jóvenes, mujeres, hombres, personas mayores. Me gusta mucho que lo hacemos por toda la comunidad. Me siento bien cuando hacemos

C

lara quiere seguir trabajando, compartiendo su conocimiento, mejorando las técnicas, contribuyendo a la organización de la comunidad, de otras jóvenes como ella. “La comunidad ha cambiado mucho. Mejoramos nuestros ingresos y la creatividad que ponemos en ellos hace que podamos adaptar nuestro conocimiento a otras realidades. Con eso me siento muy orgullosa”. Mujeres que cambian el mundo


Concepci贸n Mesa. Foto: Adriana Lugo, Diakonia Paraguay.


Conchita Mesa:

en Paraguay se acabó eso de que “el lugar de la mujer y el horno es la cocina”.


V

ivir atada a la cocina y al horno. Tal vez era el futuro de Conchita y por eso a los 15 años cruzó el país de sur a norte con una maleta llena de ilusiones y la libertad como compañera. Años más tarde, siendo maestra vio a las mujeres ser víctimas de la violencia y la pobreza. Pausadamente recuerda cómo desde 1999 luchó, junto a campesinas e indígenas, contra esas problemáticas. Queriendo la unidad de todos los sectores, en 2007 conformó la Federación de Mujeres del Paraguay. La libertad que acompañaba a Conchita se afirmó comprendiendo la realidad de otras mujeres y cómo podía transformarla abriendo espacios de participación, que eran privilegio masculino. “Teníamos que pedir permiso y nos contestaban que cuidára-

mos a los niños, mbaepikoohotahikuai reunionhape?!1, dice”. Allí se contactó con el Centro de Documentación y Estudios –CDE-, contraparte de Diakonia, con el cual “aprendimos a explorar nuestro cuerpo. Tomamos conciencia sobre la realidad del aborto clandestino. Y qué podíamos hacer cuando alguna era víctima de violencia”. Conchita trabaja con mujeres de base. Al principio el grupo tenía un sentido de apoyo. “Nos abrazábamos. Nos dábamos fuerza porque algunas eran golpeadas por sus maridos. Fuimos tova ata2. Así, ellos asumieron que íbamos a reuniones. Ahora si 1 

Para qué se van a ir a la reunión?!

2 

Osadas.

20


estoy cansada, mi marido me mima. Esto lo conseguimos convencidas de nuestros derechos. Entonces es más fácil llevar la información recibida del CDE a las bases. La reflexionamos juntas aumentando nuestra conciencia y fuerza”.

Ú

3 

Buscando una vida mejor.

ra g

ua

y

ltimamente, Conchita participa en También tiene un programa, en una radio movilizaciones para que el Parlamenparroquial, llamado Tekopyahurekavo3. to apruebe el anteproyecto de Ley sobre Como preside el Movimiento por el De- Salud Sexual y Materno Perinatal, con el recho a la Salud, utiliza los materiales allí cual “se evitarían muertes y embarazos preparados para hablar sobre anticoncep- precoces, señala”. La iniciativa fue radicación, prevención de ETS, VIH, derechos da en 2007 y congelada por influencia de sexuales y reproductivos, aborlas iglesias. Luego del golpe de Estado, la to y embarazo adolescente. situación es incierta pero eso sólo enLlamando las cosas por su ciende el fuego de Conchita porque nombre Conchita genera para ella: “se acabó eso de que kuña ha tatakua cocinapegua. polémica, algunos sacerdoNosotras estamos en las cates le piden no hablar más. Miembros de la comunidad lles con los compañeros, luAsunción dicen que es grosera. Pero a ella no chando”. le importa: “quiero que las compañeras Pa

21

despierten. Les enseño cómo prevenir enfermedades de transmisión sexual”. También habla de violencia contra las mujeres destacando un aumento en el número de denuncias interpuestas por ellas.

Silvia López: Mujeres que cambian el mundo


Silvia L贸pez, con uno de sus hijos. Foto: Tierraviva. Paraguay.


silvia lรณpez:

con la tierra, la comunidad XรกkmokKรกsek del Paraguay recupera parte de su vida.


L

a comunidad Xákmok Kásek vive en un territorio que ha sido defendido por mucho tiempo. Las mujeres han jugado un papel prominente. “Muchas veces fuimos nosotras las que tuvimos que enfrentar los terratenientes”, dice Silvia López, quienes realizaban operaciones de desalojo mientras los hombres estaban en la capital dialogando con las autoridades.

Silvia habla de cómo mantenían la calma y la resistencia, mientras tenían que ocuparse de sus hijos, de conseguir la alimentación. Ella se integró desde hace más de 15 años a todas las acciones de defensa del territorio. Con su padre inició este largo camino, pues él fue uno de los que promovió la organización de la comunidad para reclamar el derecho a la tierra.

Antes la gente vivía en un lote de tierra de dos hectáreas y tenían que pedir permiso a los terratenientes para dejar el lote. A veces no les permitían volver y en algunas ocasiones no les dejaron entrar medicamentos. “Cuando vivíamos allí no podíamos vivir tranquilamente, nos perseguían pero no sabíamos qué hacer. Teníamos miedo”. Un día el hijo de Silvia se enfermó. La falta de medios de transporte y el mal estado de las carreteras impidieron que ella y su hijo llegaran a tiempo al hospital. “Cuando se murió mi hijo yo estaba muy mal. También se han muerto otros miembros de nuestra comunidad y nos ha afectado mucho. Pero seguimos luchando”.

24


La falta de condiciones para una vida digna hizo que la comunidad de Xákmok Kásek, que hacen parte del grupo más grande Enxat, comenzara a trabajar cerca a los abogados de Tierraviva construyendo estrategias de movilización e incidencia a través de las cuales fuera posible garantizar su derecho a la tierra, al territorio. Así fue como Tierraviva solicitó la intervención de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

“Hemos sufrido mucho durante estos años pero ahora estamos mejor”, aunque todavía hace falta servicio de salud de buena calidad, comida suficiente y mejores viviendas. Sin embargo, se ha construido un local que podria funcionar como hospital.

A

gu

ay

“La situación difícil que tuvimos que enunque esto ha significado un cambio frentar hizo que comenzácualitativo en la vida de la comuniramos a pensar en que dedad Xákmok Kásek, para Silvia aún falta. beríamos tener una vida “Todavía hay mucha tierra que es de mejor. Sabíamos que era nosotros pero que el estado no nos nuestro derecho pero ha devuelto y para que se lo haga que solo iba a ser positenemos que seguir luchando. Asunción ble si tuviéramos nuestra Esperamos recuperar nuespropia tierra”. Los resultados tra tierra para poder trabajar del juicio en la Corte Interameritranquilamente sin depender cana han implicado que el Estado de nadie”. Pa ra

25

paraguayo devuelva 1500 hectáreas que la comunidad Xákmok Kásek ahora habita y controla.

Mujeres que cambian el mundo


Emiliana Laura, junto a sus hijas e hijo. Foto: Ariel Chรกvez, Programa Bolivia.


Emiliana Laura:

luchando por el glaciar se construyen caminos de igualdad en Bolivia.


L

a discriminación fue algo estructural y muy presente en la infancia de Emiliana. Criada por su madre y hermano mayor, estudió hasta segundo de primaria porque sólo los hombres hacían el ciclo completo. Luego salió del Parque Nacional Sajama, donde nació, hacia La Paz en busca de trabajo. Siendo voluntaria en la iglesia, aprendió a leer y escribir.

Criando alpacas, con cuyas fibras se hace ropa artesanal que las mujeres del Parque venden a los turistas, Emiliana notó que el Glaciar Sajama perdía su gran manto de nieve con lo que, al mismo tiempo, se secaban las zonas de pastoreo. Sin agua de calidad, la fibra era imposible de hilar. Entonces disminuía la producción artesanal, la venta y los ingresos económicos de las mujeres.

“Volví a mi comunidad a los 16 años. Quería ayudar a mi madre criando camélidos y enseñar a otras mujeres a leer y escribir”, cuenta Emiliana. Al ver lo que hacía, los hombres la censuraron reiteradamente. Cansada, y queriendo tener un espacio para atender problemas de las mujeres y coordinar acciones colectivas por el respeto a sus derechos, Emiliana conformó la Organización de Mujeres. Así se daban apoyo entre ellas mismas.

Para enfrentar el derretimiento glaciar, Emiliana organizó la Asociación de Mujeres Artesanas. El objetivo era gestionar responsablemente el agua dentro del Parque y a la vez, asegurar ingresos para las mujeres que trabajaban. “Con la resistencia de los hombres formamos la Organización y después la Asociación. Era el único espacio donde podíamos trabajar y tener un dinero para los hijos, la compra de medicinas…”.

28


La persistencia de Emiliana dio un fruto enorme cuando, hace dos años, hombres y mujeres de su comunidad la eligieron como “Mama Tamani”, la máxima autoridad mujer, originaria del Parque.

29

E

n la tradición indígena, los glaciares son seres vivos que mantienen armónica la relación entre el hombre y la naturaleza. Que sigan con vida es un asunto que involucra a toda la comunidad sin distinciones. Ahí Emiliana encontró un camino para proteger el medio ambiente, preservar la cosmovisión de su comunidad, su economía y avanzar en la lucha contra la discriminación y por los derechos de las mujeres indígenas en Bolivia.

Este reconocimiento la llevó más lejos. En 2012 participó activamente en la organización del “Encuentro Internacional sobre Cambio Climático y Glaciares” con presencia de delegaciones venidas de Perú, Bolivia y norte de Chile. Esta acción era parte del proyecto “Adaptación al cambio climático en comunidades andinas dependientes de glaciares tropicales”, implementado por Diakonia y su socia, Agua La paz Sustentable. Con estas iniciativas se intercambian estrategias de adaptación ante el derretimiento glaciar, un hecho concreto que pone en peligro la vida misma en las zonas andinas.

ivia

Bol

Mujeres que cambian el mundo


Herlinda Caal. Foto: Xiomara Campos, Tritoncomunica. Guatemala.


Herlinda Caal:

La vida es mรกs de lo que me han dicho en Guatemala.


Primero quiero trabajar y después, cuando tenga 28 años, quizá casarme. Es complicado, pero poco a poco voy avanzando”, dice Herlinda Caal. Esa decisión se volvió controversial por el contexto en el cuál vivía Herlinda. En su comunidad, igual que en tantas otras de Guatemala, la expectativa principal sobre las adolescentes es que se casen antes de los 18 años y se hagan cargo de la casa y la familia. En el departamento de Alta Verapaz, al norte de Guatemala, bajo el techo de la organización Nuevo Horizonte y con el apoyo de Diakonia, Herlinda y sus compañeras trabajan para cambiar esos patrones, partiendo de la capacitación, participación y organización. Las capacitaciones son diversas y adaptadas al contexto. El desarro-

llo de cultivos, ha ayudado a que la participación de las mujeres en los talleres sea respaldada por sus esposos. Otros temas abordados en las jornadas son discriminación, violencia de género y derechos de tierras. En Guatemala el analfabetismo es frecuente principalmente entre mujeres indígenas. En varias partes hasta un 90% de ellas no saben leer y escribir. Algunas compañeras de Herlinda lograron cursar la primaria en español, único idioma reconocido en el país, con lo cual complementan lo aprendido en los talleres. Pese al riesgo de sobrevivencia lingüística de sus pueblos, este hecho les ha abierto espacios para el diálogo y el debate como ciudadanas.

32


familia. Partiendo de su propia historia y costumbres, es un ejemplo a seguir para muchas mujeres jóvenes indígenas. “Estudiar y trabajar es importante para cambiar mi vida y para que no sea como la de las mujeres en general”, concluye Herlinda, esperando mover con su trabajo las estructuras discriminatorias y racistas en Guatemala y así dar espacio a nuevos horizontes.

Guatemala

at e

erlinda ahora tiene 26 años y es facilitadora organizativa de Nuevo Horizonte. Continua mostrando a las mujeres que la vida puede ser vivida con otras perspectivas distintas a casarse y hacerse cargo de la

m al a

H

Gu

33

La participación e incidencia política tiene un lugar especial en el trabajo de Nuevo Horizonte. Un momento memorable fue cuando, por primera vez y en el marco de elecciones locales, Herlinda y sus compañeras presentaron a la Alcaldía una propuesta para mejorar la Oficina Municipal de la Mujer y hacer otras actividades para el desarrollo de las mujeres. En este momento continúan los diálogos con el Alcalde para concretar la realización de estas ideas; sin embargo, plantearlas ha sido una forma de llevar a la práctica las habilidades desarrolladas en los talleres.

t Mujeres que cambian el mundo


Tomasa RodrĂ­guez. Foto: Diakonia-Cuba.


Tomasa RodrĂ­guez Ponce: una fuente de esperanza en Cuba.


P

ositivo. Al escuchar la palabra, Tomasa no podía creerlo, ni mucho menos entender qué significaría para su vida y cómo la cambiaría. Le informaron que el siguiente paso era ingresar al sanatorio donde la atenderían con los cuidados que necesitaba aquella extraña enfermedad. Eran los años noventa y el Sida era anunciado como la epidemia del siglo. En Cuba, recorría las playas, calles y cabarets. Igual que en el resto del mundo, se sabía poco o nada. Prevalecían los prejuicios y la discriminación. Por miedo, falta de conocimiento e información. En el sanatorio, Tomasa comenzó a conocer su enfermedad. Aprendió a cuidar más

su salud y alimentación, aunque era difícil por la poca variedad de alimentos causada por la crisis, el embargo económico y la caída de la URSS. Entre iguales comprendió que faltaba mucho para que la sociedad se quitara el velo ignorante respecto al VIH. Un día de verano -recuerda-, su hijo regresó de la playa comentando que nadie quería bañarse porque había personas con VIH en el agua. Ella lo miró y le preguntó ¿Y yo hijito, qué tengo yo? ¿Tú no me das besos y abrazos? El primer trabajo de información fue con la familia. En esos días difíciles, un médico le comentó la existencia reciente del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo-CCRD, contraparte de Diakonia. Conversó con el director y de inmediato se sintió acogida.

36


“Ahí nos reunimos quienes vivimos con el virus, nuestros familiares y vecinos, celebramos los cumpleaños. “Nos acompañamos y cada quien aporta lo que puede”, dice Tomasa. Así nació la línea de apoyo para quienes viven con VIH en Cárdenas, una ciudad al este de La Habana.

37

Pero para Tomasa faltaba algo más. Entonces impulsó una estrategia de trabajo con mujeres que vivían o no con VIH. Quería apoyar y prevenir porque “somos engañadas. Estamos en casa y nos hacen cuentos, señala. Quiero que a otras no les pase lo mismo que a mí. Por eso hay que crear consciencia e informar”. Este trabajo vinculó a niños y niñas y allá apuntó Tomasa con toda su La Habana fuerza. Al inicio eran diez. Todos con familias donde estaba presente el virus. Cuba

“Hicimos intercambios, fiestas, bailes. Fuimos a la playa en verano. Era un proyecto muy bonito”, cuenta Tomasa. Así lo consideró también el Ministerio de Salud Pública que llevó la idea a toda Cuba creando el Programa Nacional de Niños y Niñas afectados por el VIH-Sida.

T

omasa guarda silencio. Ahora la vida con todas sus horas y su familia tiene otra perspectiva. Dice que con el trabajo ha crecido como mujer, como persona. Apoyar a otras personas es un motivo más para vivir. Tiene dificultades de salud pero eso no resta a su compromiso, lo que le fue reconocido por el Estado en 2010 con el Premio de Esperanza, un incentivo para quienes trabajen el tema de VIH. Ella lo ganó en el municipio y la provincia. “No trabajé para eso, sólo quería apoyar a otros”, dice la mujer que como indica el premio es una fuente de esperanza en su comunidad. Mujeres que cambian el mundo


Jackeline Rojas. Foto: DefensorĂ­a del Pueblo/Magdalena Medio.


Jackeline Rojas:

Soy una colombiana amante de la vida!


¿Cómo me defino?”, se pregunta a sí misma Jackeline. “He tenido el proceso de una oruga que lucha para ser mariposa. Con dolores y alegrías que transformaron mi vida como mujer. Ahora soy una mariposa que se atrevió a volar”.

Desde muy joven Jackeline despertó a la vida participando en actividades eclesiales en Barrancabermeja, ciudad del oriente colombiano. “En los grupos juveniles aprendí que el Dios de la vida era un Dios de justicia”, dice. En medio de un contexto en el que “nos era negada la vivienda, la educación, la salud, la alimentación” e influida por la teología de la liberación, se encontró con obreros, mujeres y campesinos con quienes reflexionaba sobre alternativas a esa situación.

Con su liderazgo juvenil ingresó a la Organización Femenina Popular –OFP-, “Viajando por el río, en esos años aprendí que tengo derechos, valor y puedo actuar. Aprendí a ser mujer”, recuerda Jackeline. Con valores como el amor, la ternura y la esperanza, construyeron otra forma de hacer política. “Hacíamos plantones con velas encendidas. Los compañeros se sumaban con una flor, cerrábamos el paso a los actores armados quienes se desconcertaban porque cambiábamos su lógica de guerra”. Sobreviviendo a las desapariciones y asesinatos, incluyendo el de su padre, el papá de su hija y el de su hermano en 2003, Jackeline asumió la denuncia pública de estos crímenes. Fue difícil, incluso cuando la OFP fue declarada objetivo militar del pa-

40


M

uchas mujeres viven en el corazón de Jackeline. Mujeres que –como ella- un día fueron orugas y hoy son mariposas que vuelan por la región sembrando vida, a pesar de todo, tejiendo el futuro que “tal vez no se llegue a ver pero que habrá que forjar para que pueda ser”. ia

Sin embargo, la OFP quería ir más allá. “En ese entonces pensábamos qué hacer, es que nosotras parimos nuestros hijos con la ilusión de un mejor mañana. No para que terminen en la guerra, producto de la situación social, económica, política”. Con esa Bogotá idea nació el Movimiento Social de Mujeres contra la Guerra y por la Paz con el cual la OFP potenció sus propuestas de “cambios sociales con justicia y equidad. Sentimos que era

om b

41

nuestra responsabilidad buscar alternativas de paz porque tenemos cosas que decir y nadie puede tomar la voz por nosotras”. Jackeline construye caminos de paz junto a organizaciones miembros del Espacio de Trabajadoras y Trabajadores de Derechos Humanos, el cual ha logrado el reconocimiento estatal de quienes defienden los derechos humanos en la región, como interlocutores válidos para pensar la paz.

Col

ramilitarismo. Mantenerse en el trabajo organizativo fue el resultado de su amor por la vida. Así, con sus compañeras, también creó comedores populares y huertas, hizo talleres de formación en derechos, proyectos culturales y capacitó en oficios con lo que fue mejorada la calidad de vida de cientos de mujeres en el Magdalena Medio.

Mujeres que cambian el mundo


Nimia Teresa Vargas. Foto: MarĂ­a Benilda Uribe / Colombia.


Nimia Teresa Vargas:

Contando historias, podemos cambiar vidas.


D

espués que el grupo armado la sacó de su casa, la esclavizó selva adentro. Ella tenía 27 años. Tal vez quiso huir pero la amenazaron con decira la familia que su presencia en el campamento era voluntaria. Y en esa sociedad, la palabra de ella valía menos que la de sus captores. El grupo se trasladó y la mujer salió a otra ciudad. Tiempo después cuál sería su sorpresa al encontrarse con un comandante de aquel grupo haciendo parte de la vida pública. Esto pasó en el Chocó, un departamento colombiano lleno de minerales, fauna y flora únicas en el mundo, donde la población afro es víctima del racismo desde que fue traída de África. La falta de educación y justicia, el desempleo y el hambre tienen graves efectos, sobre todo en las mujeres. “Estamos subordinadas a los hombres en

general. Y el conflicto armado–dice Nimia-, sólo agudiza esta situación convirtiendo nuestros cuerpos en botín de guerra”. El sentido de lo comunitario en Chocó sembró el terreno para trabajar preventivamente el tema de violencias contra las mujeres. “Este enfoque implica tener herramientas para protegernos. Cualquiera de nosotras puede ser víctima y más si es joven. Con varios poderes armados en la región, es necesario abordar los problemas evitando mayores daños en la población”, señala Nimia. Es por eso que trabajarlo en la modalidad de entretenimiento, con radionovelas tuvo aceptación1. “Nosotras, la Red Departa1  A través del Programa Eduentretenimiento que se desarrolla en tres países (Colombia, Perú y Bolivia) se trabaja la prevención y concientización de

44


mental del Chocó, pensamos que era una forma activa de acercarnos a otras mujeres y jóvenes, creando conciencia. Con el apoyo de PCI-Media Impact y Diakonia, partiendo de la realidad, construimos la historia y conseguimos quien actuara. Recuerdo a una mujer desplazada. Nunca había actuado y me dijo un día: “me parece mentira. Me levanté de la nada y hablo sobre violencia intrafamiliar ayudando a que deje de existir”. 45

Aunque la radio no tiene cobertura en el vasto territorio chocoano, “aun así nos llaman mujeres diciendo que conocen casos de grupos que seducen jóvenes para llevárselas o que conocen de maltratos. Se reconoce la existencia del problema. Eso, estando nosotras en medio del fuego, es muy importante”. las violencias contra las mujeres mediante herramientas lúdicas y de comunicaciones que amplifican mensajes y experiencias de vida.

Nimia cuenta cómo “jóvenes se acercan a la Red queriendo aprender sobre género. Dicen sentirse más responsables de su vida, asumiendo tareas cotidianas y les gusta”. En la Red este trabajo ha generado nuevos diálogos “sobre violencia intrafamiliar y de pareja, nuestro cuerpo y sexualidad. Concluimos también que es necesario trabajar con los funcionarios de justicia, pues con sus prejuicios y desconocimiento victimizan más a las mujeres”.

L

a experiencia lleva poco tiempo. Nimia piensa que un verdadero cambio toma años y depende del Estado. “Nosotras no resolvemos los problemas estructurales pero concientizamos a las personas en su vida cotidiana. Eso es igual de importante”.

Mujeres que cambian el mundo


Sandra Ramos. Foto: Margarita Montealegre. Nicaragua.


Sandra Ramos:

La fuerza somos todas las mujeres nicarag端enses.


C

uando Sandra supo, junto a otras sindicalistas, que sus compañeros las cuestionarían internamente para debilitarlas dentro del sindicato, se indignó. Un efecto posible era la desacreditación de su trabajo. “Por cuestionar su manera de actuar, nos acusaron de cosas terribles”, dice. Su formación política le permitió entender siendo joven que tenía derechos. Con sus ideas luchó para que otras mujeres los entendieran y ejercieran en igualdad dentro y fuera de los sindicatos. Las animó a incorporarse en las estructuras directivas del movimiento sindical. “En ese momento nos dimos cuenta –dice Sandra-, que los sindicalistas nos veían mal. Empezó una guerra contra nosotras que terminó con un juicio”. Con solidaridad internacional y movilización de todas las mujeres, Sandra y otras sin-

dicalistas fueron absueltas. Posteriormente formaron la organización María Elena Cuadra, contraparte de Diakonia, que comenzó defendiendo los derechos de las trabajadoras en zonas francas. Ellas eran víctimas de violencia física, sicológica, tenían salarios por debajo del promedio y eran despedidas sin prestaciones. 48

“Tuvimos tropiezos. Por un lado, estaban los sindicalistas quienes decían que éramos un peligro porque teníamos diferencias en la agenda en lo relacionado con temas de género. Y por otro, teníamos pocas herramientas para negociar con los empleadores”- dice Sandra. Pronto las mujeres de la organización necesitaron aprender sobre liderazgo, otros lenguajes, maneras de participar y a ganar espacios para


sí mismas. A resolver conflictos de modo diferente. “Esto es deconstruirnos y volvernos a hacer, porque la escuela patriarcal en la que fuimos formadas nos marcó. Ha sido un reto. Y muchas lo hemos logrado”.

49

Dentro de María Elena Cuadra hay un equipo de profesionales para la formación y capacitación. “Cambiamos la tradición: enseñamos los derechos económicos y laborales para que cada mujer se apropie de ellos y los defienda. Si cada una es fuerte, la colectividad también lo es. En ello hemos contado con Diakonia que fue de las primeras en adherirse a este esfuerzo”, anota Sandra. Pese a los desafíos existentes, las condiciones laManagua borales de las mujeres que trabajan en la maquila hoy son distintas. No hay violencia física, se estableció un salario mínimo, las

mujeres pueden organizarse y conocen más sus derechos laborales. Junto a otros sectores del movimiento feminista, Sandra y sus compañeras se motivaron para avanzar más allá de la defensa y protección de los derechos laborales. En noviembre de 2011 lograron la aprobación de la Ley 779 que sanciona todo tipo de violencias contra las mujeres. “Estábamos necesitando una ley que ayudara a salvar la vida de las mujeres reconociendo el femicidio. La conseguimos demandando al Estado la garantía de nuestros derechos”.

Nicaragua

L

a sonrisa de Sandra es la marca indeleble de lo vivido. “Cuando veo lo que somos capaces de cambiar las mujeres, siento que vale la pena luchar para enfrentar los desafíos que aún nos quedan”. Mujeres que cambian el mundo


Rosa MartĂ­nez. Foto: Carlos Jeovanny Orellana.


Rosa MartĂ­nez:

una semilla en la tierra fĂŠrtil de Honduras


E

lla dejaba su huella al caminar en el piso de tierra. Así, la casa de adobe tenía múltiples caminos a seguir para llegar a la cocina, un par de cuartos cubiertos con teja y a la orilla del inmenso campo que no era suyo. Ella, sus hijos y su esposo comían lo que había: casi siempre maíz y fríjol. Ella, con 50 años, recorría todos los días un camino maltrecho hasta su pequeña siembra de café con lo cual conseguía algunos ingresos que se invertían en la producción. Entonces con su esposo trabajaban en otras fincas y así completaban el dinero para cubrir gastos mínimos. “Era dura la vida para quienes vivíamos en el campo hondureño”, comenta Rosa de esa época.- Viendo la realidad que esperaba a sus hijos, ella y Secundino, su esposo, decidieron trabajar más y ahorrar pensando

en comprar un terreno próximo a la casa. Al mismo tiempo Rosa comenzó a ir a los talleres que la Comisión de Acción Menonita-CASM-, contraparte de Diakonia, en Santa Rita. En ellos aprendió a mantener un huerto, recibiendo semillas y abono, a mejorar las prácticas agrícolas para aumentar la producción de café y haciéndola amigable con el medio ambiente. También a criar conejos construyéndoles una jaula y un biodigestor para convertir su estiércol en gas metano útil para cocinar. “Siempre había querido hacer esto, pero no teníamos las condiciones”, dice ella. Rosa también aprendió sobre derechos de las mujeres, participación política, equidad de género, organización comunitaria y lide-

52


razgo. Con esta formación ejerció la jefatura total de la familia cuando Secundino viajó, retando la suerte de los migrantes, para conseguir mejores ingresos. Apoyada en sus hijos Abel y Zolia –otra participante en los talleres-, Rosa implementó nuevas tecnologías en la casa y parcela, incrementando la diversidad de plantas y animales.

53

Con el tiempo pagaron sus deudas, compraron un mejor terreno y lograron que sus hijos fueran al colegio. Teniendo dinero y los conocimientos puestos en práctica, Rosa sembró hortalizas y amplió el estanque para los peces. Mejoró la cosecha de café, así como la cría de conejos, y construyó un horno para hacer pan. La calidad de los Tegucigalpa alimentos y su carisma le ayudan a vender mejor sus productos. La casa

cuenta con dos horas diarias de metano para cocinar. Así se cuida el medioambiente favoreciendo la economía familiar. Hoy Rosa tiene 58 años. Ha luchado mucho por un cambio para su familia y comienza a ver los resultados: “Nuestras vidas mejoraron. Se necesita conocimiento, pero también dinero y apoyo para empezar.” El ejemplo de Rosa ha llenado de interés a otras mujeres y familias. Su casa es una escuela comunitaria. De los saberes aprendidos, compartidos, han surgido fincas productoras de flores y otras dedicadas a la venta de comida y cultivo de peces.

Honduras

L

as huellas de Rosa traspasaron las fronteras de su casa. Ahora se pueden seguir por el campo hondureño de Santa Rita. Mujeres que cambian el mundo


Mujeres que cambian el mundo // Diakonia 2014  
Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you