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Ezkioga


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P. Antonio M. Artola Arbiza, cp Ezkioga En el 80Âş aniversario de la Pastoral de Mons. Mateo MĂşgica Urrestarazu, sobre Ezkioga (07.09.1933)

Ezkio 2013


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Ezquioga P. Antonio M. Artola Arbiza, cp © 2013, derechos de autor reservados © 2013, derechos de edición, arte gráfico y diagramación reservados Portada y página 10: Los dos primeros videntes de Ezkioga: Antonia Bereciartúa (1920-2005) y Andrés Bereciartúa (1924-2000). Foto: Arturo Rodes en Los hechos prodigiosos de Ezkioga, 1932 Edición a cargo de Editorial Periodística Oiga sa Manuel A. Fuentes 898, San Isidro Con el auspicio de Universidad de San Martín de Porres Universidad del País Vasco Centro Cultural Vasco Euzko Etxea Arantzazu Lima Euzko Etxea Santiago de Chile Primera edición: Diciembre de 2013 1,000 ejemplares Impreso en G y G Impresores s.a.c. isbn 978-612-46576-0-3 Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú Nº 2013-17883 El derecho de Antonio M. Artola Arbiza a ser identificado como autor de esta obra ha sido inscrito de acuerdo con las leyes peruanas. Está autorizada la transcripción parcial siempre que se haga referencia al autor y a esta edición. Impreso en el Perú Printed in Peru


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A Antonia (1920-2005) y AndrĂŠs (1924-2000) BereciartĂşa 30 de junio de 1931


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Prólogo En ocasiones se nos plantean retos que, a primera vista, parecen difíciles de superar. Uno de estos retos me llegó en el momento en que nuestro común amigo Jhon Bazán, impulsor de la publicación de esta obra, me pidió que elaborara un prólogo de presentación, tanto de su contenido como de su autor. A decir verdad, estuve incluso a punto de rechazar amablemente el ofrecimiento. Por mi formación y oficio como historiador, podrían considerarse mis apreciaciones fuera de lugar en una obra que, fundamentalmente, se fundamenta en la teología, aunque se centre en el análisis de unos hechos históricos de honda repercusión en el devenir de la Iglesia Católica en el País Vasco en el siglo xx, y sobre todo en los convulsos años en los que ocurrió: las apariciones de la Virgen en el pequeño pueblo guipuzcoano de Ezquioga (en su grafía castellana, Ezkio en su grafía vasca oficial actual, Ezkioga en la grafía euskérica utilizada en los años referidos) en 1931, sus hondas repercusiones políticas y el modo en que la cuestión pareció resuelta por las autoridades eclesiásticas de la diócesis de Vitoria, con una condenación y negación de la veracidad de las apariciones que, desde entonces, ha sido la única interpretación que ha permeado a los libros de historia. Cierto es que, en los inicios de mi vida investigadora, la cuestión religiosa y la historia reciente de la Iglesia vasca –en su proyección misionera hacia América– fue el tema en el que centré mis estudios, desembocando en mi tesis doctoral, encontrándome entonces, de un modo tangencial, con los sucesos de Ezkioga. Pero no fue, ni entonces ni después, una cuestión en la que fijara mi atención más allá de lo que, por razones de mis investigaciones posteriores, he tenido ocasión de leer e interpretar. Es por este motivo que he leido con gran interés y atención las reflexiones y el cuidado análisis que presenta Antonio Artola en este trabajo, para justificar una cuestión que, si bien parece evidente tras seguir con atención sus páginas, no ha sido así entendida por quienes han escrito y trabajado posteriormente sobre estos acontecimientos: que la condena eclesiástica no fue genérica, a todo el conjunto de apariciones, sino únicamente a la derivada politizada que tomaron algunas de las personas involucradas en ellas, sin que dicha condena abarcara a los 7


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Prólogo

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primeros videntes, a los que la Iglesia nunca llegó a poner en la diana de sus dudas. Sin entrar a analizar las cuestiones teológicas y eclesiásticas que llevan a esta conclusión, lo cierto es que este hecho explicaría la aparente contradicción de que la misma Iglesia que habría condenado las apariciones de Ezkioga permitiera, pocas décadas más tarde, la reapertura del culto tras la creación de la nueva diócesis de San Sebastián en la década de 1950. Antonio Artola es teólogo de formación, profesión (durante muchos años fue profesor en la Facultad de Teología de la Universidad de Deusto), y yo aún diría que de corazón. Fue precisamente durante su etapa como profesor en Deusto cuanto tuve el gusto de conocerle, y entablar una relación con él, tanto profesional como personal. En plenos esfuerzos por recopilar información sobre los más de 10.000 religiosos vascos que han actuado en tierras latinoamericanas desde 1820 a 1965, recibí de su parte el encargo de elaborar los capítulos peruanos de la biografía de Mons. Martín Fulgencio Elorza Legaristi, miembro de su misma congregación pasionista, quien fuera nombrado obispo-prelado de Moyobamba, en la selva amazónica, en 1953, cargo que ejerció hasta su fallecimiento en 1966. Sumergido en los documentos de todo tipo –oficiales, burocráticos, personales, y testimoniales– recopilados sobre la figura de Mons. Elorza, tuve la oportunidad de reconstruir el modo en el que un sacerdote vasco se enfrentaba a la titánica tarea de establecer las bases de la Iglesia católica en un territorio alejado física y espiritualmente de todo lo que conocía hasta ese momento. Fruto de esta investigación fue una obra, editada primeramente en forma de dos volúmenes independientes –el propio P. Artola había sido el encargado de realizar la biografía del mismo personaje hasta su nombramiento como prelado–, y posteriormente en una sola obra que conjuga toda la evolución humana y religiosa, desde su nacimiento en Guipúzcoa hasta su eterno descanso en tierras peruanas, tras episodios que dejaron gran impronta en su vida como la Guerra Civil española, su labor al frente de la provincia pasionista, y su participación en el Concilio Vaticano ii. Fue para mí una gratísima sorpresa reencontrarme con Antonio Artola muchos años después, cuando tuve ocasión de colaborar con la renacida Hermandad de Nuestra Señora


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Prólogo

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de Arantzazu de Lima en los actos conmemorativos del Cuarto centenario de su fundación –o, mejor dicho, del primer testimonio escrito de su existencia, que data de 1612–. Fruto de aquella colaboración fueron unas jornadas que tuvieron lugar en la sede del Instituto Riva-Agüero, en Lima, y de una obra colectiva que esperamos pueda ver a la luz en tiempo breve, y que recoge los trabajos de investigación de diversos autores europeos y americanos en torno a los vascos de Perú, su hermandad, y otras congregaciones que bajo la misma advocación de la Virgen de Arantzazu –o de San Ignacio de Loyola, en algún caso– fueron creando los vascos expatriados repartidos por los territorios americanos y europeos de la corona española. Por aquel entonces el P. Artola llevaba ya varios años de residencia en Lima, siendo uno de los promotores de la conmemoración del centenario, y dando su apoyo material y espiritual a llevar a buen puerto las iniciativas que se llevaron a cabo con esta ocasión. Retornando al tema objeto de esta obra, debemos recomendar al lector un ánimo pausado y receptivo para calibrar la propuesta intepretativa que nos ofrece su autor. Dice mucho del mérito del P. Artola el modo en el que se refiere a otros trabajos previos, tanto del ámbito de la historia como de la sociología religiosa, que se han aproximado a los sucesos de Ezkioga. Valora en su justa medida sus conclusiones y pondera las diferencias metodológicas y epistemológicas que cada una de las distintas ciencias utiliza para elaborar su visión de la realidad. No busca verdades teológicas en tales trabajos, sino la base histórica asentada sobre la que construirá su propia argumentación. En estos tiempos en los que, en ciertos ámbitos académicos, predomina el desprecio, cuando no el insulto, respecto aquellos que tienen otra visión diferente –y de ello puedo dar fe, lamentablemente, desde mi experiencia personal–, Antonio Artola no juzga, sino que valora, debate e integra sus propias conclusiones, poniéndolas también modestamente al debate intelectual. Se trata este de un mérito añadido a su trabajo, un plus que hace aún más interesante, y recomendable, su lecn tura. Oscar Alvarez Gila Vitoria-Gasteiz, 20 de septiembre de 2013


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Introducción Este libro que presentamos a los interesados en la historia de las apariciones de Ezkioga, consta de dos partes. La primera, recoge un estudio presentado en Barcelona, en la Semana Mariológica del 2011, dedicado al tema de la Pastoral Mariana después del Vaticano ii, publicado en Estudios Marianos, volumen lxxviii, pp. 147-173, con el título «La Pastoral Mariana en la eclosión de las apariciones. El caso de Ezkioga» (Salamanca, 2012). Es el estudio fundamental del libro. La parte segunda completa la primera en el aspecto de los «dos Ezkiogas». Al ser una ampliación del tema precedente, con numerosos detalles históricos nuevos, es inevitable se den algunas repeticiones, que el benévolo lector sabrá comprender. Lo que este trabajo pretende es llamar la atención sobre la diferencia de dos hechos distintos, en el conjunto heterogéneo de las llamadas «apariciones de la Virgen de Ezkioga». Toda la obra es una especie de complemento al gran libro de William A. Christian Jr., Las visiones de Ezkioga. La Segunda República y el Reino de Cristo. Traducción española de José Luis Gil Arestu, Ariel, 1996. Por eso prescindimos de una introducción ambientadora de la situación político-religiosa de España y del País Vasco en 1931. La investigación del sabio americano suple con creces esta carencias de la presente obra. Para quienes deseen tener una introducción más cercana al País Vasco pueden consultar con provecho el libro de D. Francisco Rodríguez de Coro: Catolicismo vasco: Entre el furor y la furia (1931-1936). Cuaderno de Sección. Historia 9. Eusko Ikaskuntza. San Sebastián, 1988; lo mismo que la obra de Julen Rentería, La Diócesis de Vitoria en la ii República. La meta de nuestra investigación consiste en establecer –histórica y estructuralmente– la diferencia entre los dos Ezkiogas, toda vez que la condenación de la Iglesia recayó sobre las desviaciones de los «segundos videntes». Este libro divulga los resultados de mi obra próxima a publicarse: Dossier Eclesiástico sobre las apariciones de Ezkioga (1931-1936). Es sencillamente un intento de aproximación objetiva a lo que en Ezkioga sucedió, y a lo que la Iglesia condenó hace 80 años, de las supuestas apariciones 11


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Introducción

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de la pequeña localidad guipuzcoana. La envergadura de lo que en la historia religiosa del País Vasco significó aquel evento merece, ciertamente, un acercamiento lleno de realismo y de empatía. n A. M. Artola Lima, 17 de agosto de 2013


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I EZKIOGA Y LA IGLESIA1 El año 2011 se cumplieron los 80 de las apariciones de Ezkioga. Para los católicos españoles fue la respuesta del cielo contra el advenimiento de la ii República. En efecto, comenzaron las apariciones el domingo siguiente de las elecciones constituyentes. Para los sociólogos de la religión, fue la reacción de la conciencia religiosa colectiva, agredida por la República2. El hecho interesó seriamente a los políticos, y el caso de Ezkioga fue presentado a las Cortes como un peligro nacional3. Tomaron parte en la discusión hombres de la talla de Romanones4, Unamuno y Baroja5. Manuel Azaña, siendo Ministro de la Guerra, encargó el 22 de julio de 1931, a Gregorio Marañón, realizar, de incógnito, una investigación6. Cuatro veces acudió a Ezkioga el Obispo Irurita desde Barcelona. Se dan cita en el olvidado lugar guipuzcoano personas del mayor rango en la santidad contemporánea. El Ven. Amundaráin, fundador de las Aliadas, y la Sierva de Dios Magdalena Aulina, fundadora de las Operarias Parroquiales7, asistieron a los trances extáticos de los videntes. La Ven. M. Magdalena Marcucci8 se escribía desde su monasterio pasionista de Deusto con Evarista Galdós. Recibió también comunicaciones superiores en Ezkioga la mística Esperanza Aranda9. Numerosas personalidades de Europa, especialmente de Francia, Bélgica e Irlanda se presentaron en Ezkioga. Entre ellos so1

Conforme a la grafía actualmente en uso, escribimos ezkioga. En 1931 se escribía ezquioga.

afirmación la hizo el Conde, ante Gaëtan de Bernoville Cfr., Les faits étranges d’ Ezquioga, Études, 1931, iv, p. 460).

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5 Pío Baroja en su libro Los Visionarios ridiculizó al P. Laburu, y criticó severamente el seudopositivismo de los que negaban los milagros de Ezkioga (Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 143.).

Este es el punto de vista de la impresionante obra de william a. christian, Jr. titulada Las visiones de Ezkioga. La Segunda República y el Reino de Cristo, publicada en traducción española del original americano, de José Luis Gil Arestu, en la Editorial Ariel (1999). Es la obra más completa y crítica sobre el tema. 3

El 13 de agosto de 1931 el diputado Antonio de la Villa denunció en las Cortes Constituyentes las apariciones de Ezkioga (Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 50. 131.138, 246). 4

El Conde de Romanones llamó a los hechos de Ezkioga: «hipertensión religiosa a la que ha llegado el pueblo vasco», w. a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 291). Esta

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william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga. p. 289. No fue Marañón el único médico ilustre interesado en Ezkioga. Vino también de parte del patólogo y diputado a Cortes, Roberto Novoa Dantis, su ayudante José María Iza, el 17 de octubre de 1931. (Ibid.) 7 Para sus relaciones con Ezkioga, ver william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, pp. 98, 102, 105, 116, 117, 118, 119, 148, 150, 240, 246, 387, 388, 392, 397, 400.

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a. m. artola, La Mística del Amor. Selección de textos e introducción a la M. M. Magdalena del Smo. Sacramento. bac. Clásicos de Espiritualidad, 344. pp. Madrid, 1998. Para sus relaciones con Ezkioga ver william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 239, 388, 407-408.

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Para Esperanza Aranda y su historia mística, ver Juan rodríguez fernández, Despierta Girona. Escucha Israel. Crónica de las apariciones y mensajes de Nuestro Señor Jesucristo y de su Santísima Madre en Torre Gironella (Girona 1974-1997), pp. 394-395 (pro manuscripto). Para las relaciones de E. Aranda con Ezkioga, consultar william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 155, 157, 217, 237, 380, 382.


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Ezkioga

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bresale el escritor católico y académico de la lengua francesa, Gaëtan de Bernoville10. Con la prohibición del acceso de los videntes al lugar de las apariciones, éstas empezaron a cambiar de lugar, y se multiplicaron los videntes y las visiones creándose una verdadera red que se extendió por diversas zonas de la geografía española. Tras la condenación, todo cambió11. ¿Qué fue lo que sucedió hace 80 años en Ezkioga? ¿Qué parte tuvo en ello la Iglesia? Estas son las dos preguntas a las que intento responder con esta exposición. I. Los hechos Es difícil imaginarse que hace 80 años –en el pequeño poblado del Goiherri guipuzcoano llamado Ezkioga– se reunieran en un solo día 70.000 personas, y que su nombre resonara, con asombro, en todo el mundo católico. Porque en Ezkioga no había nada que atrajera la atención del gran mundo. Era a la sazón una población agrícola12. Históricamente esta parte alta de Guipúzcoa ha sido la zona donde más ha florecido la santidad cristiana13. En 1931 era quizá la región más religiosa de Guipúzcoa14. Paradójicamente, esta región ha sido también a lo largo de medio siglo la mejor cantera de eta. Una penumbra casi impenetrable envuelve la historia primera de las apariciones debido a una desconcertante pre10

G. Bernoville llegó a Ezkioga en la segunda mitad de julio de 1931. Recibió un gran impacto de las apariciones. Ver las págs. 72-74.

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Tras la condenación eclesiástica de Ezkioga, una losa de silencio cayó sobre sus apariciones. La rehabilitación emprendida por obra de William A. Christian, Jr. empieza a dar sus frutos. La apertura en 2006 del Archivo Secreto Vaticano y del Santo Oficio, para los años 1922-1939, ofreció una oportunidad única para esa rehabilitación. La documentación está próxima a publicarse en a. m. artola, Dossier Eclesiástico sobre las apariciones de Ezkioga, (=de). Por no estar aún editado, solo se indica el número del documento, no la página.

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Ezkioga pertenece al partido judicial de Azpeitia. Eclesiásticamente forma parte del Arciprestazgo de Segura, y en 1931 era una feligresía de la diócesis de Vitoria. En 1931 contaba con 700 habitantes. El casco de la villa estaba formado por once casas regularmente agrupadas en terreno pendiente

alrededor de la iglesia y fuera del recinto urbano había otras setenta de las que una docena forman, al borde de la carretera que va de Ormáiztegui a Zumárraga un barrio conocido antiguamente con el nombre de Anduaga, por hallarse aquí el solar de este nombre y al que hoy más generalmente se llama Santa Lucía. La iglesia del barrio pertenece al Arciprestazgo de Segura. La iglesia parroquial está dedicada a San Miguel. En 1931 era Párroco D. Sinforoso Ibarguren. A la zona de Santa Lucía atendía como coadjutor Juan Casares. En 1931 tenía un párroco que residía en el núcleo urbano de la parte alta. El coadjutor habitaba en el barrio de Santa Lucía. 13 Es la región de San Ignacio de Loyola y del Beato H. Gárate (Azpeitia), de San Martín de la Ascensión (Beasáin), de Santo Domingo de Erquicia (Régil). A la zona pertenecen también los siervos de Dios, Martín Elorza (Elgueta) y Benito Arrieta (Cegama). Célebre en la historia con hombres como Urdaneta (Ordicia), Legazpi (Zumárraga), Iparraguirre

(Villarreal de Urretxu). De la zona procedían los antepasados del obispo Juan de Zumárraga y del Bto. Tomás de Zumárraga, San Valentín de Berrio-Ochoa y de Santa Josefa Guerra. 14

En la escuela de Santa Lucía, a donde acudían los videntes, la maestra Manuela Lasa, que la regentó los años 1929-1931, procedía en su clase de la siguiente manera: «Iniciaba el día con una oración, rezaba el rosario los sábados, y celebraba el mes de María con flores y plegarias. Además tenía en el aula de estudio una estatua de la Virgen y un crucifijo» (Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga. p. 34). Las predecesoras de Manuela habían actuado de la misma manera. Solo en 1931, entró una maestra forastera que lo cambió todo, suprimiendo, incluso, las imágenes religiosas en las aulas.


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Ezkioga y la Iglesia

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cariedad de fuentes15. Los protagonistas de las apariciones pertenecían a la familia Bereciartúa-Goenaga. Se componía de nueve personas. Poseía un caserío, llamado Basterreche, situado en el Barrio Anduaga o Santa Lucía cerca de la carretera Ormáiztegui-Zumárraga. La planta baja servía de taberna y tienda de ultramarinos. Las visiones de Ezkioga revistieron en un principio gran humildad y simplicidad. He aquí la sencilla historia de lo que sucedió el 30 de junio de 1931, domingo, séptimo día de la Novena de la Antigua, y fiesta de San Marcial. A la hora del Ángelus la niña Antonia Bereciartúa –de 11 años– bajaba del caserío Igarzábal-Erdi hacia su casa, llevando una marmita llena de leche. Al llegar al lugar en que su sendero cruza con el que va del caserío Basterreche hacia la vecina fuente, se encuentra con su hermanito Andrés. Con una jarra en la mano se dirige a la fuente. En aquel momento pasaba también por el mismo lugar Felipa Aramburu que caminaba a Basterreche a comprar cerillas para encender el fuego del hogar el día siguiente. En este momento, Antonia se para y, de pronto, en unos robles cercanos ve a la Virgen16. Volviendo la cara inmediatamente hacia su hermano le dice en vascuence: «¡Mira la Virgen!»17 Entones Andrés vuelve la cabeza y la ve también. Los dos hermanitos se arrodillan inmediatamente, y rezan juntos el «Ave María». De los tres niños que están en el lugar solo Felipa es la que no ve a la Virgen. Mientras Antonia y Andrés rezan, la Virgen les mira sonriendo. Terminado el rezo desaparece la visión. La Virgen iba vestida de blanco y cubierta de manto negro. Tenía corona semicircular luminosa. Llevaba en el brazo izquierdo al Niño Jesús, vestido de blanco, y en la mano dere15

La historia antigua más completa que es la Burguera, (Los hechos de Ezquioga ante la razón y la fe, Valladolid, 1934. Edición facsímil de 2003) le dedica solo ocho renglones y medio (p. 31). William A. Christian, que es el historiador crítico más completo de Ezkioga, descuidó casi por completo esta historia. No quiso entrevistar a ninguno de los videntes que aún vivían al tiempo de sus encuestas. Y como los hermanos Bereciartúa aún vivían, descuidó su interrogatorio (Antonia murió en Zumárraga, el 12.05.2005, a los 85 años, y Andrés en Vitoria, el 04.10.2000, a los 76 años). Ambos están enterrados en el cementerio de Ezkioga. Esta deficiencia no queda subsanada con las aportaciones de los historiadores de Ezkioga. En efecto, se centran más en los videntes posteriores que en los hermanos

Bereciartúa; su interés se centra en la época de hechos extraordinarios que comenzaron con los segundos videntes. Reconstruimos el hecho sobre los testimonios directos y personales de Felipa Aramburu, que fue testigo presencial del hecho, recogidos en su casa de Zumárraga el 12 de octubre de 2010. 16

La rápida identificación de la visión con la Virgen se debió, sin duda, al parecido que la aparición ostentaba con alguna imagen mariana de la iglesia de Santa Lucía.

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Ezkioga pertenece al fenómeno de las «apariciones» marianas o «mariofanías». Hay una leve diferencia entre «apariciones» y «mariofanías» (Cfr. j. bouflet, Apparizioni mariane antiche e moderne, San Paolo,

Cinisello Balsamo, 1999, pp. 5-6), las toma como sinónimas. Este autor entiende las apariciones como «intervenciones circunstanciadas de la Virgen, en las cuales ella conversa con los videntes como una mujer viviente». Su objeto es la percepción de una persona invisible: María. Para él son sinónimos Aparición mariana y mariofanía. S. de Fiores entiende en manera diversa las dos denominaciones (Ver Maria Madre di Gesù, edb, Bologna, 1992, p. 335). El P. Salvatore M. Perrella (Cfr. Le Apparizioni mariane. Significato teologico e verifica ecclesiale, thetokos, xix (2011) p. 517) incluye las apariciones integrando en las mariofanías todos los fenómenos de cualquier intervención mariana como las lacrimaciones, sanguinaciones, etc., ibid. p. 517.


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Ezkioga

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cha una cosa que parecía un pañuelo. La Virgen no pronunció ninguna palabra sensible. Produjo en los niños solo un interior atractivo espiritual irresistible a rezar. En cuanto llegaron a casa contaron los niños su experiencia. Nadie, ni los padres ni la gente, les creyeron. Felipa Aramburu refirió a su hermana Primitiva lo que le había sucedido con los niños del caserío Basterreche. Ambas vivían en el caserío Celaeta muy cercano a Basterreche. Primitiva lo refirió a Antonia Echezarreta, del caserío Sagastizábal próximo también a Basterreche. Antonia era la aldeana que procuraba la leche a la Parroquia de Zumárraga. Al pasar en la mañana del lunes 1 de julio por Santa Lucía, Antonia ve a la vidente Antonia delante de la escuela. La toma de la mano y la lleva consigo a Zumárraga a la casa parroquial. Presenta la niña a D. José Lasa, el cual no da mayor crédito a lo que dice Antonia. Aunque nadie les hizo caso, los niños se mantuvieron firmes a la llamada interior, y el día 1 de julio volvieron al robledal poco después del Ángelus. De nuevo se apareció la Virgen, pero la ven sola y sin el Niño. Se acercan a ella corriendo. Cuando tocaron el roble desapareció la visión. Al día siguiente –2 de julio fiesta de la Antigua y último día de la novena– ya por la mañana, el Párroco D. Antonio18 quiso informarse de todo lo sucedido, de boca de Antonia Echezarreta. Ese mismo día, por la tarde D. Antonio, acompañado de uno de los coadjutores de Zumárraga, se dirigió a Santa Lucía para hacerse cargo de lo que en realidad sucedía en Anduaga. Pero tienen la desagradable sorpresa de que este día los niños no ven nada. Los dos hermanitos se retiran a su casa contrariados. El coadjutor se marcha. El párroco 18

El Ven. D. Antonio Amundaráin era a la sazón el Párroco de Zumárraga. Era el personaje eclesiástico más destacado del entorno de Ezkioga. Ejercía de párroco en Zumárraga desde el 23 de octubre de 1929. Con el fin de despertar en toda la parroquia el culto de la Virgen de la Antigua, organizó en los veranos de 1930-1931 una solemne novena que se desarrolló en los días 24 de junio al 2 de julio, fiesta de la Antigua. Para solemnizar la novena trajo la prodigiosa estatua a la Parroquia y organizó durante la novena, una gran procesión por las calles de Zumárraga. Había compuesto al efecto una novena en vascuence y español. Aquella novena tuvo una gran incidencia en la piedad del pueblo, y suscitó una corriente nueva de

devoción a la Antigua. Precisamente en los últimos días de la novena de 1931 tuvieron lugar las primeras apariciones de la Dolorosa de Ezkioga. Su fama de santidad le ha valido la declaración de Venerable. Es, hasta el presente, el único sacerdote diocesano reconocido como tal, en la historia del País Vasco. Sobre la figura histórica del Ven. Antonio Amundaráin hay una biografía de D. Antonio María Pérez Ormazábal, Así fue el Padre (Vitoria, Ediciones ajm, 1954); id. Aquel monaguillo de Elduayen, Vitoria, Ediciones ajm, 1955. El P. José A. Sobrino publicó un esbozo biográfico en la bac. Para la historia de sus relaciones con Ezkioga, cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, pp. 5863. Para la biografía son más importantes los

documentos de su Proceso de Canonización. Parte de los mismos se puede leer en la Positio para sus virtudes heroicas: Ver Congregatio de Causis Sanctorum. p. m. 1247. Matriten. Canonizationis Servi Dei Antonii Amundaráin Garmendia sacerdotis fundatoris Instituti Saecularis «Alianza en Jesús pro Maria» (18851954). Positio super virtutibus, Vol. i. Roma Tipografia Guerra. s.r.l. Piazza di Porta Maggiore, 1990. Esta obra la citamos, en adelante, como positio).


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Ezkioga y la Iglesia

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se queda un poco más. En esto, la niña vuelve a los robles y ve a la Virgen. El párroco invita prudentemente a Andresito a que le acompañe a donde está su hermana. Cuando van acercándose a los árboles de la aparición también el niño comienza a ver y dice: «La Virgen ahora tiene las manos juntas y reza con nosotros». Según una tradición local, doce labradores acompañaron al grupo formado por los dos niños y el Párroco. Había comenzado ya la afluencia de fieles al lugar de las apariciones que en pocas semanas traería decenas de miles de peregrinos. El día 3 los niños ven de nuevo a la Virgen en presencia del párroco y un coadjutor. El día 4, hay ya más de 500 personas cerca del roble19. Los niños contagian a la gente su deseo de orar y piden al capellán de Zumárraga dirija el rezo del rosario en voz alta y así se inicia una práctica que se repetirá luego todos los días20. El 7 de julio fue la jornada más importante. Ese día aparecieron las primeras informaciones de la prensa, y la afluencia fue numerosa. Era también el final de la primera semana de las apariciones. Este día sometieron a los niños a una prueba de veracidad. A la niña la dejaron en el robledal. Al niño se lo llevaron a la otra falda del monte. A cada uno de los videntes le acompañaba un sacerdote. La visión empezó a las ocho y cuarto. Duró el tiempo de un rosario. Terminado el Rosario, y desaparecida la visión, cada uno de los sacerdotes escuchó de labios de los dos hermanos una narración completamente coincidente. Como se ha indicado ya, la Virgen no habló nunca a los primeros videntes. Todo el tiempo las apariciones a los dos niños mantuvieron esa característica. Los primeros videntes nunca entraron ni en éxtasis ni en trance, pero quedaban como transfigurados. Incluso en el estruendo propio de un ambiente de agitación 19

El P. Ignacio Omaechevarria, que fue testigo de una de estas escenas, refirió lo siguiente en el proceso de beatificación del Párroco Antonio: «Recuerdo que siendo el Siervo de Dios Párroco de Zumárraga, en el año 1931, en que yo estaba en Guernica esperando que me llegara el permiso para trasladarme a Alemania, se organizó una excursión de varias personas a Loyola y otros lugares para ir a Ezquioga, en donde decían que se aparecía la Santísima Virgen; y fuimos. Y allí vimos al Siervo de Dios en la ladera de un monte, lugar de las presuntas apariciones que estaba dirigiendo el Santo Rosario y entre Misterio y Misterio él exhortaba a los presentes con

mucho fervor y fuego al amor y devoción a la Santísima Virgen, y también a la penitencia, acompañado todo esto con cánticos en vascuence. Aquello resultaba piadoso». (positio, p. 581). 20

Grande fue la contrariedad que experimentó el padre de los niños ante las visiones de sus hijos, y no pudo menos de someter a fuertes vejaciones a la hija. D. José era un hombre marcado por la psicología religiosa peculiar de la gente de Éibar. Católico de bautismo, pero alejado de la práctica religiosa y distante de todo lo relacionado con el mundo clerical. Lo menos que se pudo imaginar era que en su

familia hubiera una vidente. Su disgusto debió de llegar al colmo cuando el día 2 vio llegar a dos curas hacia su taberna para informarse de lo que estaba sucediendo con sus hijos. Abundaron los malos tratos a su hija para que desistiera de tener visiones y engañar a la gente. La afluencia de gente cada vez más numerosa al rezo del rosario el día 4, le decidió a tomar una medida drástica. Llevo a sus hijos lejos del lugar de las apariciones, a un caserío desconocido.


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de los días posteriores, cuando se multiplicaron los videntes, y la agitación dominaba en la campa, los niños mantenían el aspecto de recogimiento profundo de sus propias visiones. Este rezo fue el que provocó las visiones de conversión y otros fenómenos a modo de una onda expansiva que partía de la persona de los videntes Bereciartúa21. La realidad contagiosa de Ezkioga era el rezo masivo del santo rosario que, por su seriedad y fervor, suscitaba efectos espirituales que atraían a la gente en una manera inexplicable. Los videntes interrumpían con frecuencia el rezo con espontáneas exclamaciones, que enardecían al devoto público. Así se creó una maravillosa interacción entre el pueblo, los sacerdotes que dirigían el rezo y los videntes que lanzaban al aire sus gritos de oración. El efecto era como el oleaje de un océano místico que arrastraba a la multitud. No hubo en Ezkioga ni misas, ni rezo de salmos o plegarias litúrgicas. Solo el rosario22. Era un inmenso clamor de la muchedumbre enardecida por el fervoroso rezo del rosario y las apariciones. Las visiones de los hermanos Bereciartúa congregaron en los meses de julio-diciembre de 1931 aproximadamente un millón de peregrinos. Este fuerte impulso inicial producido por las visiones de los hermanos Bereciartúa hizo de ellas una verdadera «aparición fundante», a diferencia de las experiencias de los «segundos videntes». Entre estos se mezclaron algunas personas fáciles a la utilización publicitaria de la prensa, y dóciles a los intereses políticos del momento histórico. Ellos protagonizaron las desviaciones condenadas por la autoridad eclesiástica. La gran masa de peregrinos venía con buena fe y mucha confianza en la intervención 21

Hay un fenómeno de «onda expansiva» que consiste en que una visión desencadena en otros un efecto de inducción aparicionista. Es lo que Gaëtan de Bernoville atribuye a los dos primeros videntes de Ezkioga cuando explica que desencadenaban en los demás la visión: «Le cas des deux enfants dont le temoignage a tout declenché et qui n’ont jamais été, à ma connaissance, victimes d’évanouissements ou d’états inquiétants du suystème nerveux» (Les faits étranges d’Ezquioga, p. 465). Hay otra «onda expansiva» de sentido peyorativo, que se da, cuando a las verdaderas apariciones se añaden otras del mismo misterio, pero a modo de prolongaciones espurias. Tal onda expansiva la han tenido muchas apariciones. Lourdes la tuvo, cuando terminaron las apariciones (entre el 4 y 14 de abril a raíz de la

17 aparición). Es lo que R. Laurentin llama la «epidemia de las apariciones» (Cfr. r. laurentin, Dossier authentique, ii, 21). Se dio esa epidemia entre el 4 y el 14 de abril, a raíz de la xvii aparición, ibid. p. 57. Sus protagonistas sumaron entre 30 y 42 el número de los videntes, (p. 88). También Beauraing tuvo su onda expansiva en la curación y las apariciones de Tillmann (Vraies et fausses, p. 22, Lethielleux-Bellarmin, ParísLaval 1973. j. billet, Apparitions non reconues par l’Eglise, pp. 5-54). 22 El rezo informal de los primeros días cedió el lugar a una forma regulada de plegaria que fue el rosario. La característica de Ezkioga fue la participación masiva de la gente en la oración. El organizador del rezo mariano fue

Amundaráin que le dio una forma fija, casi de tipo litúrgico. El rosario resultaba la preparación inmediata a las apariciones. Comenzaba con la procesión diaria a las 20,15.


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misericordiosa de la Virgen23. Llegaron también a Ezkioga devotos llenos de fe, sin motivaciones políticas ni afanes de contestación eclesial. Se contaron por miles estos peregrinos que llegaron de Cataluña. Fueron quizá las personas que más puramente vivieron el fenómeno de las apariciones durante los años 1931-193224. El iniciador de este movimiento fue el Obispo de Barcelona, Mons. Manuel Irurita. El año 1931 visitó nada menos que cuatro veces Ezkioga25, e influyó en el industrial catalán Rafael García Gascón26. Entre los asiduos de Ezkioga estaba la Sierva de Dios Magdalena Aulina, fundadora de las Operarias Parroquiales. Era esta un alma extraordinariamente devota de santa Gema, deseosa de conocer los designios de Dios sobre su propia obra. Entró en contacto con Ezkioga por medio de José María Boada27. 1. La primera evaluación Retornemos al mes de julio de 1931, el más importante en la historia de las apariciones en su parte primera. El mentor espiritual de cuanto sucedía en Ezkioga era el párroco de Zumárraga, D. Antonio Amundaráin. Vigilaba con atención la secuencia de los hechos. Notaba en Ezkioga muchas cosas que no le gustaban, pero nunca dudó de los hechos aparicionales. La verdadera idea que D. Antonio se formó de Ezkioga aparece en el comunicado del día 28 de julio28. Ante 23

Tras las primeras condenaciones, se dieron también cita en Ezkioga individuos en busca de solución a conflictos personales con la autoridad eclesiástica. Estas personas entraron en la polémica a favor de Ezkioga a raíz de las primeras intervenciones condenatorias de la Iglesia. El caso de unas apariciones rechazadas por la Jerarquía les servía de justificación en una situación de conflicto con la Iglesia institucional. Fue el caso de Raymond de Rigné que llegó a Ezkioga el 10 de agosto de 1931. (Sobre su compleja personalidad Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, pp. 120-126) y el P. Burguera (Acerca del P. Burguera buena información en william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 50. 127-132, 138, 246).

christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, pp. 80ss.). 25

El interés del Obispo provenía de su ingenua fe en los prodigios y profecías de la M. Rafols, falsificadas por la H. Naya. Irurita acudió a Ezkioga convencido de que estas apariciones se relacionaban muy estrechamente con las citadas profecías. A partir de este momento, las nuevas profecías de la M. Rafols publicadas por la H. Naya recibieron un fuerte impacto de las visiones de Ezkioga, y las apariciones guipuzcoanas empezaron a influenciar las profecías de Rafols. Al mismo tiempo, los libros de la M. Rafols influían en Ezkioga.

26 24

De estas peregrinaciones hay en el Archivo del Santo Oficio un volumen de Arturo Rodes Buxadós, con la crónica de todas ellas. El libro está dedicado por su autor a Santa Gema Galgani. Fue ofrecido por Lourdes Rodes, con dedicatoria personal, al Cardenal Paul Philippe el 20.05.1968. La fecha de recibo en el Archivo es 19.076.1968. (Sobre las peregrinaciones catalanas ver william a.

Gascón envió a Ezkioga a su empleado Salvador Cardús para que le informara de todo lo que allí sucedía. Gascón se dirigió a Ezkioga el 29 de agosto de 1931. Para entonces estaba en relaciones con el P. Vallet y su movimiento de los Ejercicios Espirituales. Pronto cuajó el interés del P. Vallet por Ezkioga, y surgió la iniciativa de las peregrinaciones catalanas.

27 Organizaron 25 viajes de 24 a 30 personas que se dirigían a Ezkioga. Siempre contaban con un director espiritual. Duraba la estancia en Ezkioga una semana. Hubo peregrinos de Barcelona, Badalona, Calella, L’Espluga Calba, Lérida, Mataró, Mollerussa, Palamós, Reus, Sabadell (al menos 3), Tona (al menos 2), Torelló, Tarrasa (al menos 2), Vic (4) Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 291. Vallet, los contactos más duraderos (p. 98). Los peregrinos catalanes fueron los primeros que introdujeron en el País Vasco el conocimiento de Santa Gema, que a la sazón no había sido aún beatificada. 28 «No pudiendo darse hoy más que una tenue probabilidad acerca de la verdad de los hechos prodigiosos del pueblo de Ezkioga, es una verdadera temeridad y grande imprudencia, lanzarse sin más a comerciar con estampas y medallas que representan a una Dolorosa cualquiera, fabricada a capricho de un dibujante que no puede saber el detalle de tales apariciones». (de, Doc. 1).


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todo, los numerosos hechos milagrosos acaecidos en Ezkioga durante el mes de julio no procuraban una certeza aceptable sobre la naturaleza de la aparición, sino solo «una tenue» probabilidad. Señaló con sinceridad todos los aspectos problemáticos del nuevo rumbo de Ezkioga, pero no dudó de la verdad de Ezkioga. Había, sí, desviaciones, pero no tocaban la verdad esencial de las apariciones. Su valoración de las mismas se centró en el fenómeno carismático de millares de personas rezando juntos el rosario29. 2. La actuación eclesiástica diocesana La nota informativa del Párroco aparecía a nombre de «La Comisión Eclesiástica»30. El mismo día 28 de julio publicó el Vicario General de Vitoria, Dr. D. Justo Antonino Echeguren31, una clarificación, negando la existencia de una Comisión Oficial. Con esto, el control de los sucesos de Ezkioga lo asumía la autoridad diocesana. D. Antonio optó por un progresivo distanciamiento de las apariciones y prefirió alejarse de la dirección de los acontecimientos32. Aflojado de este modo el control de la autoridad parroquial, se creó pronto un vacío de liderazgo eclesiástico en Ezkioga, que fue ocupado inmediatamente por los llamados «promotores». Fue al tiempo de este vacío de liderazgo eclesiástico cuando empezaron las desviaciones que se convirtieron en el objeto principal de la vigilancia eclesiástica diocesana. El 29

«Desde un principio se ha notado y sentido en el sitio de las apariciones (así lo confiesan todos) un algo muy difícil de explicar, que insensiblemente recoge, hondamente conmueve y convida poderosamente a la piedad. Por eso el santo rosario, que es el único acto religioso oficial que aquí se practica, viene recitándose con extraordinaria devoción y gusto espiritual intenso, tanto que muchísimos caballeros y señoras vienen aquí, no con afán de ver a la Virgen, sino exclusivamente a rezar el santo rosario. Este es el hecho cierto que lo ven y lo palpan en Ezkioga, no media docena de personas, sino todos los que vienen con un poco de sentimiento religioso. Y en ello principalmente, respetando en silencio lo demás, debemos poner hoy nuestro corazón y nuestros esfuerzos espirituales: rezar mucho, rezar bien, rezar con fervor y devoción por las tremendas y urgentes necesidades de la patria» (de, Doc. 1).

30

«Con gran sorpresa hemos leído un escrito publicado hoy en la prensa, titulado: ‘Sobre las apariciones de Ezkioga’ que estaba firmado

por la Comisión Eclesiástica y en el que se anunciaba que se rezaría el Santo Rosario como acto oficial de culto en aquel lugar. Cumpliendo especial encargo del Excelentísimo Obispo Diocesano, hacemos público que ni su Excelencia Reverendísima, ni su Vicario General, ni ninguna Autoridad Eclesiástica, ha nombrado hasta la fecha Comisión alguna que entienda en los sucesos de Ezkioga por juzgar que no ha llegado todavía el momento oportuno para ello; y que aunque dicha Autoridad Eclesiástica no ha prohibido ni creo debe prohibir en manera alguna los actos religiosos que la fe y la piedad inspiran a los fieles que acuden a aquel lugar, no se practica allí alguno con carácter ofical, en nombre de la Santa Iglesia, que ningún juicio ha emitido todavía acerca de las apariciones de la Santísima Virgen que allí pudieran tener lugar». (de, Doc. 2). En realidad la comisión que funcionaba era oficiosa, formada por dos eclesiásticos: el Párroco de Ezkioga y su coadjutor, con cuatro seglares: el alcalde y el secretario de Ezkioga, más el médico de Zumárraga y el practicante de Ezkioga.

31

El Dr. D. Justo Antonino Echeguren fue un personaje clave en Ezkioga. Nació en Amurrio (Álava) el 10 de mayo de 1884. Ordenado sacerdote el 14 de julio de 1907. Designado Administrador Apostólico de Oviedo el 16 de noviembre de 1934. Promovido el 28 de enero de 1935 a Obispo de la misma diócesis, fue consagrado por el Nuncio Tedeschini. (Ver su ficha biográfica en el Boletín Oficial de la Diócesis de Oviedo, 1934, 1935, pp. 73-79; Boletín Oficial de la Diócesis de Vitoria, 1935, pp. 121ss.).

32

El obispo de Vitoria, Mons. Múgica tenía en gran aprecio a D. Antonio (Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 61). Pero al tiempo de las apariciones estaba desterrado en La Puye (Francia). Sobre la situación del Obispo Múgica en estos aciagos días, ver Vicente cárcel ortí, Los dos exilios del obispo Múgica, Cartas inéditas del Obispo de Vitoria, en Scriptorium Victoriense, 57 (2010) 425-562.


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caso primero y más sonado fue la simulada estigmatización de Ramona Olazábal33 que trajo la inmediata intervención del Vicario General que la declaró desprovista de todo carácter sobrenatural. El incumplimiento del milagro, anunciado por Patxi Goicochea para el 26 de diciembre, procuró al Vicario General la ocasión para prohibir a los sacerdotes dirigieran el rosario y negar los sacramentos a los videntes que acudieran a Ezkioga34. Todos estos actos de la autoridad diocesana revelaban la convicción del Vicario General sobre la falsedad de todo lo de Ezkioga35. El 10 de junio de 1932, el Vicario General negó también la licencia para construir una capilla en el lugar de las apariciones36. Siguió la privación de sacramentos a los videntes desobedientes. Estas medidas punitivas tuvieron un efecto inesperado. Prohibido a los videntes el acceso al lugar de las apariciones, la Virgen empezó a manifestarse, no solo en el País Vasco sino también en otros lugares de la geografía española37. Hasta este momento las autoridades de Vitoria creyeron que Ezkioga era un hecho local y de ámbito meramente dio33

Véase el relato de primera mano del Vicario General de Vitoria, Dr. Echeguren, del 3 de octubre de 1932 dirigido al Nuncio: «El hecho más destacado de esta supuesta vidente es el ocurrido el 15 de octubre de 1931. Ante una gran multitud –como de unas catorce mil personas– atraída, como siempre por el anuncio para aquel día de algo extraordinario, apareció al anochecer con un rosario colgado del cinturón y unas heridas en las manos, dos en su izquierda y una en su derecha en forma extendida y poco profunda. Hizo creer a los presentes que la Virgen le había impuesto en el acto el Rosario y le había producido aquellas llagas. El que suscribe se personó al día siguiente en Ezquioga, para cerciorarse de si había elementos de juicio para poder aconsejar al Sr. Obispo, ausente en Lapicero, la incoación de un proceso ante el primer hecho, externo y tangible que se ofrecía en Ezquioga cuya sobrenaturalidad se afirmaba. Comenzó por enterarse de los antecedentes de Ramona. […]. En la declaración que prestó ante el Vicario que suscribe el día 16 de octubre incurrió en manifiestas contradicciones y mentiras, y además explicó el modo cómo le fueron producidas las llagas de una manera que quedaba desmentida con la forma misma de las llagas. A la vista estaba que habían sido causadas por un instrumento cortante como una hoja de afeitar y ella afirmaba que la Virgen se las había hecho pinchándola con una espadita muy fina. Una persona prestigiosa, que vino acompañada de su cura,

dio testimonio al que suscribe de haber visto en el lugar en que Ramona alzó las manos heridas y ensangrentadas y momentos después de ello, una hoja de afeitar. Otra dio testimonio de que un hombre que estaba junto a Ramona buscaba algo en el suelo; otra, que iba junto a Ramona, dijo «mentira» en el acto que ésta levantó las manos ensangrentadas, y se fundaba para ello en que momentos antes no las tenía a la vista. El médico forense de Tolosa y el Dr. Ciaurriz, mandados por el que suscribe, el mismo día de las diligencias dieron testimonio escrito después de examinar las heridas de que no ofrecían ninguna particularidad extraordinaria, que estaban producidas por un instrumento cortante que muy bien podía ser una hoja de las corrientes, en las máquinas de afeitar, que pudieron muy fácilmente ser producidas y ejecutadas por la misma mano y que descartaban la existencia en este caso de un hecho sobrenatural. Invitada Ramona a que en días sucesivos se presentara al Dr. Ciaurriz para que este observara si el proceso curativo era normal prometió de momento acudir, pero «no lo hizo ni un solo día y las heridas se curaron» (de, Doc. 6). 34

35

de, Doc. 4.

Echeguren no estaba en antecedentes de las apariciones desde los primeros días. Solo vio las manifestaciones de las grandes concentraciones, donde intervenían

numerosos videntes. Es sabido que, con ocasión de la falsa estigmatización de Ramona, el Dr. Echeguren propinó una fuerte reprimenda al Párroco. 36

37

de, Doc. 5.

Ezkioga tuvo sus primeras sucursales en Guipúzcoa: Albistur, Urretxu, Irún, San Sebastián. La persecución hizo desplazar las apariciones a Astigarraga, Cegama, Legazpia, Legorreta, Tolosa, Ordizia, Ormáiztegui, Pasajes, Urnieta, Zaldivia, Ondarreta, Zumárraga. También alcanzó la expansión a Navarra (además de la capital, Pamplona, la zona privilegiada fue la Barranca). Hubo apariciones en el valle de Araquil con los ayuntamientos de Araquil, Arbizu, EcharriAranaz, Lacunza, Huarte-Araquil, Irañeta, Irurzun, y los concejos de Erroz e Izurdiaga; el Valle de Burunda, con Bacaicoa, Iturmendi, Urdiáin; el Valle de Ergoyen con Torrano, Lizarraga, Unanua. Alcanzó también a Asurmendi, Lekumberri, Mendigorría. Llegó también la ola expansiva a Bilbao y Álava (Bachicabo). (Sobre este hecho ver: La proliferación de las apariciones, en william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 173221).


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cesano. Pero el 2 de octubre de 1932, el Dr. García Goldáraz, Asesor de la Nunciatura de Madrid pidió información al Vicario General de Vitoria sobre Ezkioga. El Dr. Justo Echeguren le envió los documentos publicados hasta la fecha, acompañados de una amplia relación sobre los sucesos de Ezkioga38. Una intervención de gran importancia fue la que protagonizó el P. Laburu, s.i., famoso profesor jesuita, médico-psicólogo, encargado por el Vicario General para mentalizar a los fieles sobre las deformaciones de Ezkioga39. Su actuación fue decisiva para preparar el documento de condenación promulgado por el Obispo. El P. Laburu se sometió en un todo a la metodología señalada por el Vicario General. Descuidó por completo el estudio genético de las apariciones evitando un interrogatorio serio a los hermanos Bereciartúa. Se concentró exclusivamente en las desviaciones de los videntes de la segunda época. Su estudio fue de notable clarividencia sobre la naturaleza de las desviaciones. Pero los casos analizados por él no eran las apariciones fundantes de los hermanos Bereciartúa, sino solo las desviaciones de Ezkioga. 3. El recurso a Roma La situación diocesana parecía tranquilizada tras las decisiones del Vicario General, cuando en la forma más imprevista algunos creyentes en las apariciones recurrieron a la Secretaría de Estado del Vaticano. Encabezó tal gestión un ingeniero electrónico de Bilbao. La vidente Benita Aguirre, de Legazpia, se vio excluida de la comunión por acudir a Ezkioga contra las prescripciones diocesanas. El Sr. Sebastián López de Lerena era amigo de la familia Aguirre y se ofreció como consejero de la misma para un encuentro de conciliación con el Obispo de Vitoria. Le pidieron una declaración sobre la verdad de Ezkioga, y el levantamiento de la exclusión de los sacramentos a los videntes que volvieran a Ezkioga. Ante la negativa del Obispo, D. Sebastián le presentó días más tarde, sus demandas por escrito, añadiendo la pro38

Seleccionó como videntes representativos de Ezkioga a Patxi Goicoechea, Ramona Olazábal, José Garmendia, Josefa Lasa, Evarista Galdós y Benita Aguirre.

39 La elección Del P. Laburu para su delicada misión de adoctrinar al pueblo sobre Ezkioga parece se debió al ejemplo del Bto. P. Luis Urbano, o.p., quien, con sus eruditos artículos publicados en La Ciencia Tomista demostró la

falsedad de Limpias.


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puesta de una encuesta sobre los hechos de Ezkioga. Sin esperar la respuesta del Obispo, mandó copia al Cardenal Pacelli, adjuntando a la misma una solicitud personal para que se hiciese una encuesta sobre los hechos40. Esta iniciativa trasladaba a la Sede Romana todo el asunto de Ezkioga41. En Roma, Pacelli puso a disposición del Santo Oficio todo el dossier recibido de Vitoria. El Santo Oficio decidió solicitar al Obispado una información de los hechos. El Obispo remitió inmediatamente al Santo Oficio un informe completo de los sucesos42, y seguro de su posición basada en el impecable informe del Vicario General, procedió sin más a la condenación de las apariciones de Ezkioga43. El documento englobaba en un todo los fenómenos de Ezkioga desde el punto de vista de sus desviaciones. Este juicio ha sido hasta ahora el acto magisterial definitivo de la jerarquía diocesana44. No acalló esta pastoral las voces discrepantes de los ezkioguistas. Pronto desde Madrid dos sacerdotes escribieron al Santo Oficio rogándole asumiera toda la responsabilidad de la Causa de Ezkioga y diese una sentencia definitiva (favorable) sobre la misma45. El Obispo de Vitoria, secundando la sugerencia del Santo Oficio, remitió al dicasterio romano una documentación complementaria sobre los sucesos de Ezkioga, de modo particular sobre la persona inquietante de R. de Rigné46. El 3 de marzo de 1934 el Santo Oficio confió a Mons. Bondini el encargo especial de redactar un voto sobre todo el asunto de 40

de, Doc. 12-13.

41

El envío de la información pertinente, del Vicario General a la Nunciatura, no se salía del ámbito diocesano, si bien el Nuncio Tedeschini informó de todo a la Secretaría de Estado.

42

El documento ampliaba la información del Vicario General, manteniendo su planteamiento de base sobre la realidad de Ezkioga limitada a las desviaciones de los videntes de la segunda época. (Cfr., n. 12).

espíritu del mal y de la mentira, sin que esto signifique que atribuyamos mala fe a cuantos en Ezquioga intervienen, ni que neguemos, en casos, el concurso de causas naturales obrando de una manera anormal e irresponsable». (de 13, p. 66). Es de notar que la decisión de intervenir sobre el caso de Ezkioga la toma el Obispo. La petición de la encuesta fue un recurso para que Roma estuviera informada de los sucesos. El obispo envió la información, pero decidió él solo la condenación. Un nuevo recurso a Roma avocará la causa a la Santa Sede, y el Santo Oficio dará la decisión última.

43

El documento decía: «Hechas las debidas observaciones, examinados todos los antecedentes que poseemos, previos los debidos asesoramientos y oída que ha sido sobre ello la Comisión de Vigilancia, tenemos que declarar y declaramos que, no solo no se ha comprobado indicio alguno que permita atribuir carácter sobrenatural a lo que en Ezquioga ocurre y se dice ocurrir, sino que de muchas maneras se ha manifestado allí el

44

El Secretario del Santo Oficio, Cardenal Sbarretti escribió el 21 de diciembre de 1933 a Mons. Múgica una carta de aprobación sobre el contenido condenatorio de su Circular: “Después de haber examinado esta Suprema Sagrada Congregación la exacta relación de s.e. Rvdma. con fecha del 19 de agosto próximo pasado y la comunicación publicada en el Boletín Oficial Diocesano acerca de las

visiones de la Virgen María que se dicen ocurrir en el monte de Ezquioga, ha juzgado que el proceder de s.e. Rvdma, ha sido oportuno y enérgico, dentro de la necesaria prudencia. Quiera s.e. Rvdma. proseguir ejercitando su vigilancia sobre la opinión que favorece a las sobredichas visiones, y si preciso fuere acudir a esta Sagrada Congregación”. (de, Doc. 21). 45 Esta intervención madrileña del P. Valls y de Alfredo Renschaw pondrá definitivamente en manos de Roma la causa de Ezkioga. 46 Raymond de Rigné llegó a Ezkioga el 10 de agosto de 1931. Sobre su compleja personalidad Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, pp. 120-126.


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Ezkioga, que fue entregado el 04.06.193447. Se tuvo la Congregación particular sobre el voto el 13 de junio de 1934, que aprobó por unanimidad lo realizado por el Obispo Múgica48. El 18 de junio se publicó en L’Osservatore Romano el definitivo decreto condenatorio de Ezkioga49. Así concluyó el proceso eclesiástico sobre los sucesos marianos de Ezkioga50. La actuación del Obispo de Vitoria agradó al Gobierno, que estaba muy preocupado por el sesgo antirrepublicano de Ezkioga. La cuestión de las apariciones de la localidad guipuzcoana era considerada por las Cortes como un grave peligro nacional. El Diputado Antonio de la Villa opinaba que «los milagros de Ezkioga sean un recuento de fuerzas de los Tradicionalistas vasco-navarros para dar la batalla a la República»51. La República consideró a Ezkioga como una reacción de la religiosidad popular más supersticiosa52. El 22 de agosto el Gobierno suspendió las publicaciones de derechas y mandó tropas al Norte. El 3 de febrero de 1932 el Estado impuso la retirada de las imágenes religiosas de los ayuntamientos de Guipúzcoa. En octubre del mismo 1932 empezaron los arrestos de los videntes53. En cuanto a la actitud condenatoria de Múgica y Echeguren, su proceder fue bien visto por el Gobierno. Múgica volvió a su sede de Vitoria (11 de abril de 1933) y el Vicario General fue promovido 47

En un estudio completo desarrolló toda la cuestión. Es la pieza teológica mejor elaborada sobre el tema de Ezkioga. En ella, por primera vez, se empieza la cuestión de Ezkioga mencionando los orígenes de las apariciones y dando los nombres de los niños, indicando su edad, lo mismo que la visión preparatoria de J. Galdós.

48

El decreto decía: «Feria iv, die 13 iunii 1934, E. mi ac Rev. mi Domini Cardinales rebus fidei ac morum tutandis preaepositi, examini subiectis assertis Beatae Mariae Virginis apparitionibus et revelationibus in loco Ezquioga, dioecesis Victorien. in Hispania, decreverunt easdem apparitiones, et revelationes quovis supernaturali charactere penitus esse destitutas». (de. Doc. 30).

49

Sebastián L. de Lerena respondió al documento del Santo Oficio con un telegrama de protesta. Mandó también una copia del mismo a la Nunciatura.

50

La praxis actual en la aprobación de las apariciones verla en ch. j. scicluna, Orientamenti dottrinali e competenze del vescovo diocesano e della Congregazione per la Dottrina de la Fede nel discernimento delle

apparizioni mariane, en Apparitiones Beatae Mariae Virginis in Historia, Fide, Theologia. Acta Congressus Mariologici-Mariani Internationalis in Civitate Lourdes anno 2008 celebrati. I. Studia in sessionibus plenariis exhibita, pami, Città del Vaticano, 2010. 51 Manuel Azaña solía repetir: «Hay que acabar con todo lo de Ezquioga» (cfr. burguera, p. 39). 52 william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 131. 53 En octubre de 1932 empezaron las detenciones de los videntes: «El P. Burguera fue uno de los detenidos y estuvo algunos dias en la cárcel y tal vez fue entonces cuando Vd. le escribió. El P. Burguera y el Juez de Ezquioga fueron los únicos encarcelados. En la Casa de salud de Santa Águeda fueron recluidos por orden del Sr. Gobernador, Francisco Goicoechea, Garmendia, Vicente el joven de Urrestilla, María Recalde, la vidente de Tolosa, una niña de Beasain, la vidente de Urrestilla y alguna más que no recuerdo; pero todos salieron después del reconocimiento ordenado por el Sr. Gobernador con el certificado de que no son manicomiables.

Gracias a Dios. Hace ya días que desaparecieron los Guardias. Tengo noticias que el actual Gobernador no está dispuesto a deshacer las disposiciones del anterior por haber manifestado así a los Alcaldes de Ezquioga y Ormáiztegui que le visitaron solicitando autorización para subir a la campa, pero tampoco se ve que hagan mucho caso. La gente sube, reza y canta lo mismo que antes. Cuando los Guardias del puesto de Villarreal pasan por allí de servicio ordinario, la gente se desparrama y nada mas [...] De la actuación del Juez especial tendrá Vd. noticias. Hay 5 procesados que son: Echezarreta, Pachi Goicoechea, el Juez de Ezquioga, una señora que vive en Zaragoza y no recuerdo el otro. El Juez especial dejó este asunto encomendándoselo al de Azpeitia, quien según noticias que hasta mí han llegado, está dispuesto a dar el carpetazo por no encontrar culpabilidad». (Carta de Joaquín Aguirre, coadjutor de Ichaso, parroquia vecina de Ezkioga, a Alfredo Renschaw, del 3 de enero de 1933: arch. secret. vat. Nunz. Madrid, 931, fol. 55-56. Ver también william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 145153).


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a obispo de Oviedo (28 de enero 1935). Mas las cosas se complicaron bien pronto. Si el Gobierno pensó que lo de Ezkioga había terminado con la condenación de parte de las autoridades eclesiásticas de Vitoria, lo peor para la República estaba por venir. En efecto, tras la retirada de D. Antonio, ocuparon su liderazgo los llamados promotores de Ezkioga, los cuales inmediatamente dieron un inesperado giro político a todas las apariciones. La que más se distinguió en esta deriva fue Carmen Medina. Con ella comenzó la etapa de la manipulación. La nueva líder era una andaluza de Sevilla que llegó a Ezkioga a fines de julio de 1931. Se alejó de los hermanos Bereciartúa, inclinándose claramente a los videntes del segundo grupo, dotados de fenómenos extraordinarios, y más dóciles a sus finalidades político-religiosas. Los principales videntes descalificados por las autoridades de Vitoria (Ramona Olazábal, Patxi Goicoechea, Evarista Galdós, etc.) pertenecían a este grupo. Con estos videntes, Carmen fomentó un espíritu de oposición decidido a la República desde posiciones católicas conservadoras. La reacción de las derechas se manifestó el 1 de agosto cuando el General José Sanjurjo organizó un golpe de estado54. Un mes antes del estallido de la Guerra Civil, el 26 de junio de 1936 escribió Mons. Múgica su última carta sobre Ezkioga, mandando retirar la estatua de la Virgen de los Dolores55. En plena Guerra Civil Carmen Medina escribía una carta colectiva a Roma pidiendo la aprobación de Ezkioga56. II. Nuevas metodologías La aceptación del decreto condenatorio de parte del clero fue universal e incondicional. Pero no fue sin dolor. Todo el mundo tenía la convicción de que una condenación tan 54

Es llamativo que el intento subversivo de Sanjurjo del 1 de agosto de 1932 se tramara en la familia de Carmen. Es sabido también que Sanjurjo fue uno de los cabecillas que prepararon el Alzamiento de 1936. Por la parte republicana, en octubre de 1932 empieza el Gobernador de Guipúzcoa a arrestar a los videntes, hasta 1936.

55

«Como si no fueran bastantes las tribulaciones amarguísimas que padece la Santa Iglesia de parte de los impíos, los llamados católicos ‘ezquioguistas’ que hasta se creen mejores que otros, año tras año... vienen conculcando y despreciando tan sagradas

disposiciones y fomentando por todos los medios el concurso de fieles a la consabida campa, teatro de ‘visionarios’, de supersticiones, de rebeldías a la Iglesia... Ahora más que nunca, muchos concurren a la campa, hacen sus cultos con velas encendidas y Crucifijo, a imitación de lo que se hace en Lourdes; beben y llevan el agua de una próxima fuente, calificándola de milagrosa; bajan llevando el Crucifijo y velas encendidas procesionalmente de la campa a la capilla «cismática» de la carretera; se hacen procesiones en la campa con cánticos; en ella rezan, cantan y celebran sus cultos». (Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de

Ezkioga, p. 376). «El obispo llegaba a prohibir a la mujer los sacramentos, la sepultura en sagrado o el acceso a cualquier iglesia mientras siguiera cuidando de la capilla o fuera a la campa. Le amenazó con hacer leer el decreto en todas las iglesias de la diócesis y con excomulgarla si persistía». (Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 376). 56

Carta del 15 de marzo de 1937, dirigida a Pío xi.


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total, drástica y global, no respondía a la verdad. Para los fieles ezkioguistas no era verdad que en Ezkioga todo hubiera sido falso y negativo. La gente tenía la experiencia de que en Ezkioga hubo verdaderas y auténticas vivencias extraordinarias. El pueblo fiel se había adherido al mensaje de Ezkioga con una aceptación ingenua, pero generosa. El veredicto de la Iglesia fue aceptado con entera sumisión. La persona del venerable Mons. Mateo Múgica era universalmente querida y apreciada. Su decisión, aunque penosa para mucha gente, encontró un eco general de sumisión. Pero no todo fue una aceptación sumisa y dócil de parte de los ezkioguistas. Conocido el resultado negativo del recurso a Roma, el 16.07.1934, Sebastián L. de Lerena puso desde Bilbao un telegrama a la Secretaría de Estado, contra el decreto. El 17.07.1934 envió una copia del telegrama a la Nunciatura. El 19.06.1935 Rigné atacó también el decreto del Santo Oficio. No paró ahí la cosa. El 2.04.1937 Rigné recurrió el decreto del Santo Oficio a la Sagrada Rota, y el 22.04.1937 el mismo Rigné se dirigió al Papa. De la Rota la carta de Rigné fue entregada al Santo Oficio. El 02.06.1937 el Promotor de Justicia dio su voto favorable a la revisión del decreto del s.o. Mas tal voto no fue tenido en cuenta, y el proceso no fue tocado para nada. El problema serio que planteaba ya entonces la actitud de la Iglesia era la negación tan enérgica de todo lo sucedido en Ezkioga, sin ninguna matización ni diferenciación en los hechos maravillosos de Anduaga. La férrea lógica de Echeguren-Múgica-Bondini llevaba a una conclusión final difícil de comprender. Englobaba en un todo indiferenciado el conjunto de las apariciones de Ezkioga. Con la referencia a unos cuantos videntes poco fiables, se daba un juicio de valor sobre un total de 250 videntes. La negación de todo elemento sobrenatural era sospechosa de parcialidad57. ¿Por qué se limitaba la encuesta a los falsos videntes? La impresión de los fieles más comprometidos era que la Pastoral –con una metodología un poco precipitada– englobaba arbitrariamente realidades y hechos difícilmente concilia57

Un comentario de Mons. Dorronsoro, natural de Zumárraga y canónigo de Santa María Mayor, expresa bien la convicción de los fieles y del clero sobre Ezkioga: «Allá tuvo que haber algo». (Roma, 1 enero 2011). Nadie

creía que los sucesos de Ezkioga coincidieran con la realidad condenada por el Obispo de Vitoria.


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bles. La pastoral tocaba solo las desviaciones de Ezkioga, sin atender a los aspectos positivos de los sucesos. No se sometía a un análisis crítico la historia completa de los hechos. ¿Por qué se prescindía de los hechos fundantes sin diferenciarlos serenamente de las derivaciones ulteriores? Muchos pensaban de esta manera, pero la objetividad de los hechos mismos no era clara. Ezkioga era realmente un conjunto aparicional extraño y difícilmente encasillable en la serie de sucesos milagrosos como la Milagrosa de La Salette, Lourdes, Pellevoisin, Quito, Fátima. En todos esos casos primaban las visiones unipersonales, mientras que Ezkioga era una experiencia de aparición multitudinaria. La primera constatación metodológica debía haber sido la toma de conciencia de su singularidad58. Y la realidad era que, a la sazón, la Iglesia no tenía una metodología adecuada para dictaminar sobre apariciones grupales. Tardaría tiempo aún hasta que vinieran las apariciones de Betania (Venezuela). En ellas utilizaría por primera vez la Iglesia un método adecuado para su discernimiento y la consiguiente aprobación oficial. El Obispo de la diócesis de Los Teques, Mons. Pío Bello Ricardo fue el que puso en práctica tal método. En estas apariciones hay un primer vidente –la Sra. Esperanza Bianchini– de cuya experiencia dependen las siguientes, que a veces llegaba a concentrar centenares de personas. Esta masa de videntes exigía una técnica especial de discernimiento. La primera de ellas fue la selección entre los mismos videntes. En Betania el Obispo fue quien personalmente dirigió el trabajo del discernimiento «oficial». Seleccionó el grupo de personas que ostentaban indicios de verdadera experiencia aparicional, de los que simplemente daban señal de alucinación. De entre una masa de 200 videntes, examinó a las personas que ofrecían señales de auténtica aparición, y sobre la base de este examen, dictó su sentencia de autenticidad de las visiones. La otra experiencia de apariciones multitudinarias fue 58

Una de las primeras singularidades de Ezkioga consistió en llenar –en España– el vacío de las famosas apariciones europeas desde la primera mitad del siglo xix, que conmovieron al mundo. Desde que en 1830 empezaron las apariciones marianas sometidas al veredicto de la Iglesia, España no fue una nación bendecida por ninguna de

tales apariciones. Francia se llevaba la palma con la Milagrosa, La Salette, Lourdes y Pontmain. Portugal tuvo a Fátima. Las visiones de Ezkioga seguían a las de Fátima. William A. Christian, Jr. señala otra singularidad más lejana: «Las visiones de Ezkioga fueron las primeras apariciones del tipo antiguo, parlante aunque invisible,

ocurridas en España a gran escala desde el siglo xvi». (Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga. p. 24).


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la de Kibeho. También allí la autoridad eclesiástica hizo una selección. Se limitó al grupo de videntes con apariciones públicas, es decir experimentadas ante testigos. De estas personas, seleccionaron a tres, y sobre el testimonio de estas tres que ofrecían evidentes señales de experiencias sobrenaturales, dictaron su sentencia59. En Ezkioga se procedió en forma inversa. Solo fueron tenidos en cuenta los casos de falsa aparición. La lista de Echeguren y de Múgica es de falsos videntes. III. La actuación de la Iglesia en Ezkioga Aun a riesgo de algunas repeticiones, resumamos lo nuclear de la pastoral mariana en el complicado caso de Ezkioga. En la primera etapa de Ezkioga la actuación de D. Antonio fue determinante, como se ha visto más arriba. Una vez que cayó sobre Ezkioga la condenación, y la vergüenza colectiva empezó a pesar sobre él todo lo de Ezkioga; y la persona de D. Antonio empezó a ser enjuiciada en manera más bien negativa. Se le trató de excesivamente propenso a creer en apariciones; de haber sido demasiado crédulo; de estar en el origen de todo el asunto de Ezkioga. Incluso se le ha tachado de haber abandonado interesadamente a los hermanos Bereciartúa60. Para dar un juicio más ajustado a la realidad son útiles los testimonios que en el proceso de su beatificación presentaron algunos sacerdotes eminentes del País Vasco. Comencemos por dejar constancia de que la Iglesia estuvo desde el primer momento presente en Ezkioga. Antes de las 24 horas de la aparición fue alertada la Parroquia de Zumárraga. Al tercer día dos sacerdotes de dicha Parroquia visitan el lugar de las apariciones y son testigos de la tercera aparición. El día 4 el clero de Zumárraga empieza a dirigir el rezo del rosario grupal que será la característica de Ezkioga. El Párroco de Zumárraga fue el que asumió la responsabilidad de controlar y discernir el curso de las ma59

Las apariciones comenzaron el 28 de Noviembre de 1981. Anticiparon el genocidio que ocurrió en 1994. Entre 1994 y 1995 se desató una masacre en Rwanda por la guerra tribal entre los hutus y los tutsis. Fue un verdadero holocausto que en pocos meses contó con unas 800,000 personas asesinadas. El 29 de junio del 2001, durante una Eucaristía en la catedral, concelebrada con todos los obispos de Rwanda y en presencia

del Nuncio Apostólico, Salvatore Pennacchio, el obispo de Gikongoro, Augustín Misago, en cuya jurisdicción se encuentra Kibeho, declaró solemnemente como creíbles las afirmaciones de tres de las videntes: Alphonsine Mumureke, Nathalie Mukamazimpaka y Marie Claire Mukangango. La aprobación no incluye a los demás videntes ni a las apariciones posteriores a 1983. Tampoco se aprobaron las apariciones de Jesús. Se

tomaron en consideración solo las apariciones públicas, en presencia de testigos. 60 Aunque pretende ser muy imparcial, William A. Christian (Las visiones de Ezkioga, pp. 58-63) la imagen aparece en una penumbra sospechosa.


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nifestaciones marianas. Efectivamente, D. Antonio siguió desde el primer momento con gran atención los sucesos. Comprobó directamente a los videntes en estado de aparición; organizó el rezo del rosario; formó la comisión de discernimiento de los milagros. Por fin, fue quien dio un dictamen primero y con conocimiento directo de las cosas, sobre el conjunto de Ezkioga. Además, en todo momento dio muestras de estar a la escucha de los acontecimientos prescindiendo de la idea que se había formado personalmente de las apariciones61. Ezkioga nunca fue otro Lourdes. Los niños no hacían sino rezar el rosario, ajustándose a lo que la Virgen les sugería desde dentro. Luego vinieron los milagros, y Amundaráin se vio desconcertado. Él quería, sin duda, que hubiera signos que acreditaran la verdad de la aparición, quizá al modo de la fuente milagrosa que empezó a manar en la gruta de Massabielle. Pero en Ezkioga los signos no correspondieron a su idea. Los primeros fueron milagros de conversión. Además, no eran los niños los protagonistas de los signos, sino que surgieron nuevos videntes agraciados con tales señales. Estas novedades contribuyeron a crear cierta perplejidad en D. Antonio respecto de los niños, inclinándose –algún tiempo– hacia los videntes más dotados de dones extraordinarios. Además, los signos de Ezkioga no eran inequívocos como los de Lourdes. Por eso había que someterlos a discernimiento, para captar su sentido. Para ello formó la comisión especial. A estas novedades se añadieron otras. Se multiplicaron las visiones. La afluencia era inusitada y en pocas semanas Ezkioga cambió completamente de aspecto religioso. D. Antonio seguía toda esta evolución con suma atención. Notaba en Ezkioga muchas cosas que no le gustaban, pero nunca dudó de los hechos aparicionales. La verdadera idea que el Párroco de Zumárraga se formó de Ezkioga aparece en el comunicado del día 28 de julio62. Ante todo, los numerosos hechos milagrosos no daban una cer61

D. Antonio imitó muchos de los detalles de Lourdes en su trato con los videntes y las prácticas religiosas que instauró en la Campa de Anduaga. La frecuencia con que visitaba el santuario francés le hizo inclinarse afectivamente mucho al modelo de las apariciones de Massabielle. Seguramente pensó que Ezkioga terminaría siendo una nueva Lourdes. Esta mentalidad no era en modo alguno extraña. En el País Vasco había

entrado de tiempo atrás la devoción lourdesiana. Cataluña y el País Vasco «sumaban –cada uno– el 30% de los peregrinos que acudían de España a Lourdes. Por eso los devotos españoles vieron que Lourdes estaba rehabilitando el catolicismo en Francia y abrigaban la esperanza de que surgiera un Lourdes español» (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 23). Pero los hechos no le dieron la razón. Ezkioga

no fue como Lourdes. Los niños actuaron de manera autónoma, y D. Antonio se adaptó a la marcha de los acontecimientos aparicionales. 62

de, Doc. 1.


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teza aceptable sobre la naturaleza de la aparición. Señaló con sinceridad todos los aspectos problemáticos del nuevo rumbo de Ezkioga, pero no dudó de la verdad de Ezkioga. Había, sí, desviaciones que no tocaban para nada la verdad esencial de Ezkioga. La conducta de D. Antonio tipificaba la reacción del clero que colaboraba con él en Ezkioga. En esta primera etapa local, el clero aceptó el carácter grupal de las apariciones. No se dejó impresionar por los elementos problemáticos, que eran de tipo accidental. Creyó que lo de Ezkioga era verdadero. El comunicado del 28 de julio fue la síntesis de lo que creía de Ezkioga; de lo que estaba pasando en Ezkioga, y de los problemas verdaderos que entreveía en su desarrollo. Los problemas comenzaron con la desautorización del comunicado. Desde entonces las relaciones entre el Párroco y las autoridades diocesanas se hicieron tensas. Pero el Ven. Amundaráin siguió defendiendo a Ezkioga. El momento más crítico fue la simulada estigmatización de Ramona. D. Antonio había creído hasta entonces en Ramona y la tenía por verdadera vidente. Por eso, la simulada estigmatización de Ramona le procuró una áspera reprensión del Vicario General63. A pesar del doloroso fiasco, en la reunión que el mismo día tuvo el Dr. D. Justo Echeguren con D. Antonio, D. Pío Montoya, y Julián Ayestarán, el Párroco de Zumárraga defendió a los niños Bereciartúa, diferenciándolos de los demás videntes64. Una fuente de información no utilizada hasta ahora son los procesos de su beatificación. Según estos testimonios, cuando el Obispo procedió a la condenación de Ezkioga, D. Antonio le expresó su disconformidad en una carta personal. Mas, después de escrita y depositada en correos, por escrúpulos de conciencia, logró rescatarla, y la carta nunca salió de la oficina de correos de Zumárraga65. 63

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 67.

64

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 67. La característica más llamativa de las primeras apariciones a los hermanos Antonia y Andrés Bereciartúa fue la normalidad. No hubo ni éxtasis, ni raptos, ni estados superiores de pérdida de sensibilidad. Solo la visión, acompañada de la llamada interior a orar. La segunda característica fue la sencillez. Los dos niños producían a todos la impresión de unas personas sosegadas,

tranquilas y reservadas. Andrés entraba en visión con toda normalidad, y ponía su carisma a disposición de los fieles, acercando los rosarios a los árboles de la aparición. Según los testigos presenciales de las visiones protagonizadas por los citados hermanos, durante las apariciones, sus rostros se iluminaban. La gente entusiasmada por lo maravilloso de los fenómenos no advertía la diferencia entre las personas del grupo de videntes. Sin embargo se daba el caso de personas conocedoras del fenómeno de las apariciones y notaban al punto las diferencias.

65 «Con motivo de una disposición del Sr. Obispo de Vitoria, D. Mateo Múgica, que a mi juicio se refería a que no se diera crédito a las Apariciones de la Virgen de Ezquioga, localidad próxima a Zumárraga, el S. de D. escribió una carta al Obispo mostrando su desagrado. Pero apenas la echó al correo sintió remordimiento de tal manera, que no paró hasta rescatar la carta depositada en correos, de modo que el Señor Obispo no llegó a enterarse». (Testimonio del sacerdote D. Antonio Oyarzábal, Cfr. positio, p. 51).


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Más detallada es la declaración de Sor María Anunciación Usandizaga Martínez. Según la testigo, hubo de parte de la autoridad eclesiástica una limitación de la actividad parroquial de un determinado sector de Zumárraga para D. Antonio66. Seguramente se refiere a la exclusión del territorio de Ezkioga, que pertenecía a la jurisdicción de D. Sinforoso Ibargüen, mientras que la parte de Anduaga donde estaba situada la campa de las apariciones caía bajo la responsabilidad pastoral del coadjutor D. Juan Casares. Muy significativa –a pesar de su tono evasivo– la declaración del Obispo emérito de San Sebastián, Mons. Jacinto Argaya. Indirectamente da a entender que la decisión de las autoridades no respondía del todo a la realidad67. En estas circunstancias resultó muy delicado el papel del Párroco. Los sucesos negativos de los últimos meses obligaron a Amundaráin a dejar la Parroquia el 16 de diciembre de 1932, retirándose al Noviciado de las Hermanas Mercedarias de la Caridad. Lo más singular y valioso de la actitud de D. Antonio sobre los hechos de Ezkioga es que nunca perdió la fe en los mismos. Hombre de Dios como era, pudo comprobar muy de cerca la verdad de las visiones de los niños y de otras personas dotadas de auténticas experiencias sobrenaturales. La línea favorecida por Amundaráin fue prácticamente condenada por las autoridades diocesanas, y declarada imprudente y falsa68. Sin embargo, Ezkioga cuenta con una gloria 66

«Y estando en el jardín del Noviciado de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, llamándonos aparte y pidiéndonos que no dijéramos a nadie nada, se desahogó con nosotras, manifestándonos la honda pena que le embargaba, porque el Señor Obispo le había limitado la actividad parroquial dentro de un determinado sector de Zumárraga. Y yo saqué la impresión de que el Sr. Obispo había hecho ésto para evitar que la presencia del S. de D. en el Monte Ezquioga, contribuyera a dar crédito a una aparición sobre la que la Iglesia no se había pronunciado todavía. Y antes de esta manifestación que nos hizo a nosotras el S. de D., yo había leído en la prensa católica de San Sebastián, un artículo de él sobre estas apariciones, publicado me parece en El Pueblo Vasco, del que yo deduje que el S. de D. daba crédito a esta aparición. Y quiero recordar la honda amargura que esto le produjo al S. de D., que llegó a decirnos: ‘Y pensar que el Señor Obispo ha llegado incluso a pedirme consejo’. Y esto lo dijo sin ánimo de criticar la actitud del Señor Obispo, sino

como una manifestación de su dolor». Testimonio de Sor María Anunciación Usandizaga Martínez, (Cfr. positio; p. 131). 67

«Respecto a sus relaciones con la aparición de la Virgen de Ezquioga, nada sé concretamente; digo yo, que yo mismo asistí con un buen grupo de sacerdotes a la campa donde decían que se aparecía la Virgen; yo allí solo vi piedad. Luego la autoridad superior prohibió, por altas razones, que yo ignoro, la concurrencia de gentes a dicho lugar. Ignoro yo en absoluto si el Siervo de Dios tuvo la menor intervención en aquellos sucesos que ciertamente apasionaban mucho». (Testimonio de Mons. Jacinto Argaya, Cfr. positio, p. 725).

68

Cuando estaba aun muy cerca el fatal recuerdo del 15 de octubre, D. Antonio afirmaba el 4 de noviembre: p. 67: «Yo sigo creyendo en una poderosa y extraordinaria intervención y aproximación en estos montes de nuestra Madre; pero entre los videntes hay

mucho que expurgar». (cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 67). D. Antonio creía que el 80% de los videntes eran sinceros. El 14 de diciembre de 1931 hablaba de los frutos espirituales de Ezkioga (cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 68). El 16 de diciembre de 1932 dimitió de Párroco de Zumárraga. No consta documentalmente que D. Antonio abandonase alguna vez su fe en Ezkioga. Con un raro sentido de las realidades sobrenaturales, se anticipó a los principios de Mons. Bello Ricardo para diferenciar en una masa de apariciones grupales, lo que era desviación, y lo que era verdadera y auténtica experiencia sobrenatural. Amundaráin fue un testigo convencido de la verdad de Ezkioga que nunca desmintió tal fe y persuasión.


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muy singular, cual es la de haber tenido como testigo de la presencia de la Virgen a un santo sacerdote. Frente a D. Antonio estaba la línea oficial negativa de las autoridades de Vitoria que se mantendrá firme hasta el decreto definitivo del Santo Oficio. Para Echeguren estaba clara la falsedad de Ezkioga. D. Antonio creía que los episodios tan duramente enjuiciados por el Vicario General no afectaban al fenómeno esencial de Ezkioga. En cuanto al clero, es cierto que en un primer momento creyó en la verdad de Ezkioga. Tras las tajantes declaraciones de Echeguren y Múgica, sometieron su juicio a la autoridad doctrinal de los dos ilustres personajes. Pero siempre nutrieron en su interior una duda fundada sobre si era cierto que todo lo de Ezkioga estuvo desprovisto de base sobrenatural. Esta compleja historia de la condenación de Ezkioga por parte de la autoridad eclesiástica de Vitoria tuvo sus consecuencias positivas que en su tiempo no advirtieron cuantos se vieron perplejos por tal documento69. IV. El discernimiento de las apariciones El problema crucial de las apariciones en sus comienzos suele ser el discernimiento entre las «verdaderas» y las «falsas», es decir, la objetividad real o la mera subjetividad de los objetos vistos. La importancia del discernimiento y sus riesgos los describió muy acertadamente el ilustre jesuita P. Juan Roig Gironella cuando afirmó que «todas las apariciones son, al principio, auténticas y, luego, debido a una falta 69

El curso de la historia posterior puso en claro que una condenación tan sorprendente para muchos contemporáneos, resultó un acierto político de la Iglesia. Fácilmente cabe imaginarse la indignación que hubiera causado al Gobierno de la República una declaración favorable de las apariciones. Hubiera desencadenado una verdadera guerra religiosa entre el Gobierno y la Iglesia. Esas imprevisibles reacciones del Gobierno quedaron conjuradas gracias a la intervención eclesiástica contraria a Ezkioga. La oposición de Vitoria a las apariciones agradó al Gobierno de la República, que se felicitó de haber sofocado el efecto político negativo de Ezkioga. Pero la realidad fue muy distinta. Las negaciones de la autoridad eclesiástica no llegaron a sofocar la fe en Ezkioga. Extrañamente, la condenación provocó una deriva política agresiva contra las decisiones

anticatólicas de la República, que preparó nada menos que su caída. Es verdad que la condenación eclesiástica fue severa y excesivamente negativa, pero fue la que salvó a la diócesis de Vitoria de la peor de las acusaciones republicanas. La aprobación de las apariciones hubiera sido interpretada como un rechazo político de la República o una confabulación antirrepublicana. El efecto político del rechazo de las apariciones fue que la autoridad eclesiástica de Vitoria nunca pudo ser acusada de haber fomentado en lo más mínimo una interpretación política de las apariciones. Pero no hay duda de que las manipulaciones políticas del mensaje espiritual de Ezkioga minaron las bases anticlericales de la República.


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de dirección espiritual, casi todas emprenden un mal camino»70. 1. La singularidad de Ezkioga El problema del discernimiento en las apariciones de Ezkioga reside en su propia singularidad. Desde un principio Ezkioga empezó a funcionar como las demás apariciones de la historia reciente de la Iglesia. En efecto, éstas han sido, en sus principios, unipersonales como en Laus, la Milagrosa, Lourdes, Banneux, Pellevoisin, etc.; y multipersonales como Pontmain, Quito, Fátima y Beauraing. En todos estos casos se daba un elemento unificante que era la identidad de las personas en toda la serie cronológica de las apariciones. En Fátima los tres niños tuvieron las mismas apariciones, igual que en el caso de Beauraing. Los de Pontmain tuvieron una misma y única aparición. En Ezkioga empezó una novedad. Fue la ampliación del número de videntes y visiones. A los dos hermanos Bereciartúa se añadieron nuevos videntes y nuevas visiones. Más aún, a la multipersonalidad de las apariciones sucesivas diferentes de los primeros testigos, se siguió una serie de numerosas apariciones unipersonales que en conjunto formaron una multitud de videntes. Esto plantea crudamente el problema de la singularidad de las apariciones de Ezkioga. Más arriba hemos hablado de la «onda expansiva» que siguió a las experiencias de la aparición fundante de los hermanos Bereciartúa. Volvamos ahora más de propósito sobre esta compleja realidad. Hay, en primer lugar, una onda expansiva que se da en el momento primero de las apariciones, cuando solo una persona ve a la Virgen, y después de ella empiezan a ver otros. Así surge el grupo fundante, que formará luego el núcleo cerrado de los videntes protagonistas de una aparición. Este fenómeno es conocido en la his70

Esta afirmación la hizo el P. Roig Gironella en presencia del mismo William A. Christian, Jr. (Las visiones de Ezkioga, p. 400). El P. Juan Roig Gironella nació en Barcelona en 1912, y murió en San Cugat del Vallés en 1982. Director de la Balmesiana y profesor de la Facultad de los jesuitas en Sant Cugat del Vallés, censor de libros en la curia de Barcelona y experto en el discernir las recientes apariciones en Cataluña. Cuando el sabio jesuita se expresó de esa manera, posiblemente incluía a Ezkioga entre las

apariciones que, en un principio, fueron auténticas y luego se desviaron. Según su propio testimonio la madre del ilustre profesor fue una de las mujeres que tomaron parte en las peregrinaciones a Ezkioga de los años 30 (Cfr. william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 400). El P. Roig fue censor eclesiástico de las publicaciones de la archidiócesis de Barcelona. Era un hombre espiritual ejercitado en el discernimiento de las apariciones. «Asesoraba a los videntes de los alrededores de Barcelona en los años

setenta» (Ibíd. 400). La última de estas apariciones personalmente aprobadas por él fue la de Torre Gironella en Gerona (Cfr. Juan rodríguez fernández, Despierta Girona. Escucha Israel. Crónica de las apariciones y mensajes de Nuestro Señor Jesucristo y de su Santísima Madre en Torre Gironella (Girona 1974-1997) (pro manuscripto). pp. 125-126).


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toria de las apariciones71. Lo singular de Ezkioga es que la aparición fundante de los hermanos Bereciartúa no suscitó una exacta replicación ulterior de su visión, en otros, sino que su influjo fue una especie de inducción indirecta causada por la experiencia del rezo en común. Ellos se limitaron a obedecer al impulso interior que los llevó a rezar: impulso que resultó irresistible en cuantos se congregaban en torno a ellos. El rezo del rosario en grupo, iniciado por los dos hermanos, fue la causa desencadenante de hechos extraordinarios –sobre todo visiones de conversión, de curaciones y de percepciones paranormales– que alcanzaron, solo en el primer mes, un número superior a las cien personas. Estos fenómenos, que no afectaron nunca a los videntes primeros, fueron la característica de la experiencia colectiva que revistió pronto al fenómeno Ezkioga. La diferencia de las apariciones fuente de los hermanos Bereciartúa y de los videntes posteriores la advirtió desde su primera visita en el mes de julio de 1931 un testigo de Ezkioga de la primera hora. Fue el escritor católico vasco-francés, futuro miembro de la Academia Francesa, Gaëtan Bernoville. Este testigo de vista de Ezkioga describe los fenómenos de Ezkioga en una manera muy significativa. Lo primero que advierte es que los «videntes» (segundos) no toman el hecho de la «aparición» en el sentido normal de la expresión, es decir: como una realidad que milagrosamente se hace visible a los humanos: «Ninguna, [de las declaraciones] hay que decirlo bien alto, otorga a estas apariciones el sentido que se quiere dar, y del cual la piedad pudiera nutrirse»72. Esto es: la gente cree que lo que los videntes refieren de sus experiencias es una verdadera aparición, mas no lo es en realidad. Lo que estos videntes dicen ver, sería un fenómeno de vivencia carismático-mariana en grupo, al modo de los fenómenos propios de la renovación carismática en sus sesiones de sanación, o de bautismo en el espíritu, con los «descansos en 71

El hecho se remonta nada menos que a las apariciones pascuales. Primero es la Magdalena la que ve a Jesús; luego, las piadosas mujeres; luego Pedro; por fin los Apóstoles. En las apariciones modernas baste recordar cómo se aparece la Virgen en Pontmain (1871). El primero en ver a la Virgen es Eugenio Barbedette; luego, su hermano José; le sigue Juana María Lebossée, y Francisca Richer. Ve también a la Virgen el

pequeño Eugenio Frietau, que murió antes del proceso. La aparición de Beauraing tiene lugar del 29 noviembre de 1932 al 3 de enero de 1933. El primero en ver a la Virgen es Alberto Voisin. Él llama a su hermana Fernanda y a Andresa Degeimbre, y su hermana Gilberta. En quinto lugar la ve Gilberta Voisin. En Ezkioga, la primera en ver a la Virgen es Antonia; luego la ve Andresito. La tercera, Felipa, testigo de la visión de los hermanos

Apreciarte, no logra ver nada. En Medjurgorje se repite la ley de la onda expansiva. 72 bernoville, Gaetan, Les faits étranges d’Ezquioga, Études, 1931, iv, p. 460.


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el espíritu», etc., lo que actualmente pasa en las celebraciones marianas de Medjurgorje. A los hermanos Bereciartúa los incluye como parte primera y principal, en el grupo incontestable «de veracidad, de sinceridad, de sencillez, de piedad»73. Las observaciones de Bernoville son de excepcional valor. Quizá era el hombre de cultura más ilustre de los visitantes de Ezkioga en los meses de julio y octubre de 193174. Además de la esencial explicación de los fenómenos de Ezkioga como de aparición está su percepción neta de las tres zonas de lo maravilloso de la campa de Anduaga. En efecto, estableció en forma definitiva, ya en octubre de 1931, los tres tipos de la masa de participantes en las celebraciones de Ezkioga. En primer lugar están los dos hermanos Bereciartúa. Ellos forman parte del núcleo primero del grupo que llama la «zona de veracidad, de sinceridad, de sencillez, de piedad». En el interior de este mismo grupo de la sinceridad, subraya netamente la diferencia entre los primeros videntes –los hermanos Bereciartúa–, y el resto del grupo. Bernoville reserva el sentido estricto de aparición a los hermanos Bereciartúa. Los otros videntes sinceros actuarían en sus experiencias durante el rezo del rosario, al modo de los carismáticos de la renovación carismática actual, en las sesiones de sanación o del bautismo en el espíritu, etc. Rodeando a este grupo, en formas concéntricas, pero más alejadas de él, está el otro denominado «de alucinación, neurosis, y de histeria mística». En fin, una tercera zona, más alejada del centro de la verdadera aparición, la caracteriza como «zona de comedia, y con frecuencia, de fraude»75. Esta realidad compleja de Ezkioga resultaba de difícil dis73

«Tengo recogido a este respecto un conjunto de testimonios impresionantes y claros, procedentes de personas cultas, de fe profunda, de juicio ponderado y dotados de sentido crítico. Según ellos, –sea cual fuere la conclusión sobre la realidad de las apariciones– estos videntes, que son gente sencilla y temerosa de Dios, creen realmente, y lo que ellos han visto, lo cuentan sin énfasis, sin excitación, con una dulce e impresionante firmeza». (bernoville, Les faits étranges d’Ezquioga, p. 465).

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Nacido en San Juan de Luz, en 1889, tenía a la sazón 42 años, y estaba en plena actividad literaria. Bernoville quedó impresionado por lo que vivió en Ezkioga desde su primera

visita en julio de 1931.Volvió en octubre. Fue testigo de la estigmatización fingida de Ramona. Desde su estancia en Ezkioga la actividad literaria ulterior se centró en una producción mística que cuenta con varios polos de interés: Las apariciones. Escribió sobre La Salette, Lourdes y Pellevoisin. Las biografías fueron su segunda ocupación. En cuanto al País Vasco, compuso cinco obras de temática vasca: La cruz sangrienta, El País de los Vascos, Al servicio de Don Carlos, Pierres el contrabandista y San Miguel Garicoits; en conjunto fue el que mejor comprendió a Ezkioga. Escribió 35 libros de óptima literatura, de un estilo natural, directo y lleno de belleza. Murió en París en 1960. Se dice que su pluma ha sido una de las más ágiles y

floridas de la lengua francesa. Desde su estancia en Ezkioga la actividad posterior se centró en la producción de una abundante literatura mística. 75 bernoville, Les faits étranges d’Ezquioga, p. 464. A este grupo pertenecía Ramona Olazábal: «Il faut classer très probablement dans la même zone tel phénomène de stigmatisation dont j’ai été après coup le témoin». Ibid. p. 464.


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cernimiento para la Iglesia habituada a las apariciones precedentes. Por eso advierte Bernoville. «Es sabido que la Iglesia [...] no es rápida en dar a conocer sus decisiones. Esta es la decisión que se espera en todo el País Vasco; se la espera con avidez; y es la decisión que cabe esperar. Los católicos sabemos, de antemano, el valor de lo sobrenatural, pero incluso para un incrédulo, –si es de buena fe– ningún testimonio humano podría dar más garantías que la Iglesia. De modo especial cuando se trata de apariciones, el rigor minucioso de las encuestas y contra-encuestas, el método, la prudencia infinita, la sabia circunspección y la lentitud son las que se esperan como aportación suya. Su interés para utilizar con cuidado las observaciones de la medicina, y de la ciencia, son proverbiales. Cuando hable sobre Ezkioga, si lo juzga conveniente hacerlo, lo hará con conocimiento de causa». Muy lejos estuvo la autoridad eclesiástica de actuar según los sabios consejos de Bernoville. La experiencia en el juicio de las apariciones seguía un método establecido, y la dejaban desarmada para los nuevos fenómenos aparicionales. Entonces se equiparó a Ezkioga con las apariciones en las cuales la multipersonalidad sucedía en una misma secuencia aparicional, y los fenómenos eran unívocos en todos los videntes. Esto no era aplicable para los fenómenos nuevos que se daban en Ezkioga. Las urgencias de una diócesis en estado de persecución no permitieron la calma y la lentitud pedidas por el ilustre literato francés. La obsesión por no crear más motivos de tensión política, forzó a actuar rápidamente, con una serie de medidas de ámbito estrictamente diocesano. Estas medidas se aplicaron conforme a la metodología del tiempo. Pero en lugar de comenzar la investigación teniendo en cuenta la complejidad de los tres grupos presentes en Ezkioga según Bernoville, se procedió a la selección de los testigos de la encuesta, dentro del grupo que el periodista francés diferenció como «zona de comedia y de fraude». La lógica interna de tal metodología obedecía, posiblemente, al principio de que una intervención divina debe ser en todos los aspectos buena: «ex integra causa». Y esa condición no se daba en Ezkioga. Entonces se creyó que toda falsedad que apareciera en el conjunto de la aparición, afectaba a la aparición en su conjunto. De este modo el principio del «bonum ex integra causa» significaba que, si se


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daban apariciones falsas en el conjunto de una aparición grupal, dicha aparición conjunta no podía justificarse como verdadera y venida de Dios. Esto es lo nuevo que se debe tener en cuenta para aplicar a Ezkioga el esquema del P. Roig antes de afirmar que Ezkioga fue en un principio una aparición buena, y luego se desvió. Cierto que hubo desviaciones. Pero todo cuanto sucedió en la segunda época ¿es por igual desviado y falso? La desviación de Ezkioga ¿era de parte de los fieles, o suponían formas objetivas nuevas, que aparecían en discontinuidad con los casos precedentes? ¿Dónde llegaban las innovaciones objetivas, y dónde empezaban las desviaciones? Seguramente la autoridad procedió, en forma provisional, condenando, de inmediato, solo las desviaciones, pensando –quizá– en un futuro proceso más completo y sereno cuando cesaran las condiciones precarias de la diócesis, con un obispo desterrado. Pero el resultado fue que esta condenación se consideró como definitiva y se acordó englobar en un todo el fenómeno aparicional. Ante el peligro de un recrudecimiento de la acción represiva del Gobierno, se recurrió a un método expeditivo: la condenación de todo el conjunto de las visiones. Esta actitud negativa de la Iglesia exasperó la sensibilidad del pueblo devoto de Ezkioga76, y la fe en Ezkioga se radicalizó bajo la forma de una reacción contraria a la política del Gobierno republicano77. La decisión de Vitoria evitaba un peligro inmediato, pero dejaba detrás de sí una estela de frustración que duró largos años78. En la historia de las apariciones, la de Ezkioga apa76

No es verdadera la voz popular que recoge william a., christian, Jr. en su libro (ob. cit. p. 341) de que el Vicario General, que tan eficazmente intervino en la condenación de la aparición, muriera sin recibir los últimos sacramentos. Sufrió un accidente mortal en Cangas de Narcea (Asturias) la tarde del 15 de agosto de 1937, pero en el Hospital de Luarca pudo recibir los sacramentos. Murió el 16 del mismo mes en Luarca. (Ver la nota necrológica en el Boletín Oficial de la Diócesis de Oviedo, 1937, pp. 222-225).

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La radicalización consistió en presentar a Ezkioga como una intervención divina contra la República.

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En la historia de las apariciones, la de Ezkioga aparece a la cabeza de todas las apariciones del siglo xx condenadas por la

Iglesia. Ocupa el tercer lugar entre las falsas apariciones entre 1928 y 1971 (Cfr., aa.vv. Vraies et fausses apparitions, LethielleuxBellarmin, París-Laval, 1973). Esto produjo en toda la diócesis de Vitoria una frustración profunda. William A. Christian habla de una vergüenza colectiva que cayó sobre la Iglesia Vasca tras la condenación eclesiástica de los fenómenos. «El asunto [de Ezkioga] se convirtió en tabú para quienes lo vivieron intensamente, en una especie de vergüenza colectiva para el Goiherri y la Barranca» (william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 16). Las causas de la vergüenza colectiva parecen estar en la increíble multitud de «personas que, durante más o menos tiempo, creyeron en algo que la Iglesia acabó por condenar» (Ibíd. 17). «Decenas de millares de personas mayores del País Vasco se sintieron perplejas por lo que veían y

creían. El silencio impuesto por el obispo hizo que se avergonzaran de su propio entusiasmo […]. Cientos de miles de familias de videntes de Navarra y Guipúzcoa, en especial las de origen rural o de pequeñas ciudades que no han mudado de residencia, han cargado con el estigma de Ezkioga durante sesenta años en total silencio» (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 402). Este silencio ha afectado especialmente a todos los grupos y movimientos que buscaron ayuda y sentido en Ezkioga, y en la actualidad consideran esa aportación como algo que a toda costa hay que olvidar. (Cfr. william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 402).


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rece a la cabeza de todas las apariciones del siglo xx condenadas por la Iglesia. 2. Los resultados políticos de la condenación Retornando ahora a la condenación podemos preguntarnos: por imprudente y apresurada que haya sido la condenación eclesiástica de Ezkioga ¿fue todo negativo en el dictamen de la autoridad eclesiástica de Vitoria? Una adecuada distancia histórica contribuye a valorar mejor las razones prudenciales que forzaron a las autoridades de Vitoria a pronunciarse negativamente. Para Vitoria lo que tácitamente estaba en juego eran las relaciones de la Iglesia con el Gobierno republicano. En realidad Ezkioga había causado un impacto fuerte ya en los comienzos mismos de la ii República recién consolidada por el resultado de las elecciones del 28 de junio de 1931. Muchos católicos veían en Ezkioga una respuesta del cielo contra la República. Tal interpretación de Ezkioga era sumamente peligrosa en la diócesis de Vitoria. El Prelado estaba desterrado por el Gobierno en Francia. Ezkioga esgrimida como una bandera antirrepublicana auguraba reacciones muy negativas para la Diócesis. Por esta razón el Vicario General se posicionó de cara a las apariciones en una actitud beligerante y negativa79. 3. La parcial rehabilitación de Ezkioga La afirmación del P. Gironella de que en un principio todas las apariciones son auténticas, tiene unas posibilidades muy útiles para prolongarlas en una serena reflexión. Las apariciones que fueron auténticas en un principio, pueden resistir y superar las contrariedades procuradas por las circunstancias adversas que hubieron de atravesar. En otras palabras: unas apariciones auténticas en los comienzos, pueden sobrevivir y llegar a un reconocimiento ulterior a modo de una rehabilitación. Pero es muy rara una habilitación en la cual una aparición condenada es luego reconocida como auténtica. En nuestros días se están dando casos de una rehabilitación indirecta mediante la concesión del permiso del culto en el lugar de las apariciones en otro tiempo proscritas. 79

Ver nota 68.


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También en este punto Ezkioga resultó un precursor. Recordemos algunos hechos significativos. El final de la Guerra Civil española y de la ii Guerra Mundial cambiaron la faz del mundo muy notablemente. La constitución de San Sebastián (1952) en una diócesis autónoma suponía una oportunidad única para la historia de Ezkioga. Cesaba la vinculación con Vitoria, de donde habían procedido las condenaciones. Un nuevo ambiente reinaba en la recién creada diócesis. En un encuentro entre importantes representantes ezkioguistas y el nuevo obispo de San Sebastián, el citado grupo pidió, entre otras cosas, se permitiera a videntes y creyentes acceso libre al lugar de Ezkioga, para rezar. El obispo accedió a esta súplica, mas no hizo concesión alguna respecto al examen de las pruebas de las apariciones que le entregaron80. En aquella ocasión no se hizo pública la concesión del Obispo. La noticia de la concesión circuló solo entre los ezkioguistas, pero no hay duda de que fue una verdadera rehabilitación indirecta, pues levantaba la prohibición del acceso de los videntes, a Ezkioga. Este hecho histórico de la revocación por el obispo de San Sebastián, de las normas de la autoridad eclesiástica precedente, hace remontar a Ezkioga la praxis que se ha introducido recientemente para rehabilitar apariciones sospechosas o condenadas. La persuasión que dominó en los 75 años posteriores a la condenación del año 1933, de que Ezkioga fue una aparición buena en los comienzos, pero digna de ser condenada por las posteriores desviaciones, está sufriendo un cambio interpretativo. En la actualidad parece que la convicción dominante es otra. Después de haber sufrido largo tiempo una especie de muerte histórica, Ezkioga espera su resurrección, mediante una revisión histórica y teológica que le procuren 80

Mons. Jaime Font Andréu era natural de Vich. Seguramente conoció el movimiento catalán favorable a Ezkioga. Es posible que los recuerdos de juventud actuaran en él para empatizar con Ezkioga y otorgar la concesión mencionada. Mons. Font Andréu fue quien rompió el último eslabón de la cadena condenatoria que venía desde el año 1931, y puso las bases de la rehabilitación, anulando la prohibición. He aquí la lista de peticiones formuladas al Obispo: «1ª.- Que por el Obispado de San Sebastián se dirija un llamamiento general a todos los que

puedan aportar alguna prueba sobre las Apariciones o hayan recibido algún beneficio por mediación de la Virgen de Ezquioga, para que lo comuniquen a ese Obispado. Y como la Stma. Virgen tiene repetidamente anunciado que llegarán días en que hará tales portentos y milagros que nadie podrá dudar de la verdad de sus Apariciones, nos atrevemos a formular también otra petición. 2ª.- Que con la mayor publicidad posible se haga saber a todos los fieles, que actualmente no existe disposición alguna que prohíbe orar en el Monte de las Apariciones, exhortándoles

a que acudan a la Campa de Anduaga a rezar y suplicar a la Stma. Virgen que acelere el cumplimiento de sus promesas. Es gracia que esperamos merecer de la bondad de V.E.I. cuyo anillo pastoral besamos reverentes. En San Sebastián a 17 de marzo de 1952». (Archivo de William A Christian Jr., sobre Sebastián L. de Lerena).


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una verdadera rehabilitación81. Esta esperanza se apoya en el hecho de que nuestros días están conociendo casos importantes de rehabilitación de apariciones no aceptadas por la autoridad de la Iglesia, como la de Ntra. Sra. de Todos los Pueblos en Ámsterdam82, y la Virgen del Escorial en Madrid83. Esta revisión está devolviendo a Ezkioga un lugar relevante en la historia mariana del País Vasco y de España. Ezkioga, ante todo, es la precursora de Medjurgorje y Betania, con su increíble afluencia de peregrinos84, su característica de aparición colectiva y sus llamativas innovaciones mariofánica. Las apariciones de Bosnia empezaron exactamente a los 50 años de Ezkioga (1931-1981) coincidiendo también con los últimos días de junio: Ezkioga el 30 de junio, Medjurgorje, el 25 de junio. Además de colectivas, Ezkioga y Medjurgorje son apariciones de ciclo abierto. Ezkioga funcionó hasta la guerra del 36, mientras que Medjurgorje continúa todavía. Las apariciones de Yugoslavia tuvieron una primera condenación de parte del Obispo Zanic, lo mismo que Ezkioga, si bien la condenación del obispo eslavo no fue promulgada. La citada rehabilitación religiosa de Ezkioga ha seguido una seria revisión histórica que está devolviendo a Ezkioga un lugar relevante en la historia mariana del País Vasco y de España85. 81

Lo singular de Ezkioga es que la aparición fundante de los niños Antonia y Andrés Bereciartúa nunca fue condenada. La condenación solo afectó a las desviaciones de los videntes posteriores.

Punt declaró el origen sobrenatural de dichas apariciones. (Para una información esencial ver Vincenzo Mercante, Sono la Signora di tutti i popoli. Corredentrice, mediatrice e avvocata, Editrice Ancilla, 2007).

82

83 Las apariciones comenzaron con la señora Amparo Cuevas el 14 de junio de 1981. El 12 de abril de 1985 el Cardenal Suquia, Arzobispo de Madrid, declaró que en dichas apariciones no constaba la presencia del elemento sobrenatural. Mas el 14 de junio de 1994 procedió a realizar aprobaciones que tenían relación indirecta con las apariciones. El 2 de febrero de 2009 se realizó la erección en Asociación pública de fieles «Reparadores de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores» con personalidad jurídica pública. Y aprobaba sus Estatutos. Igualmente erigido con personalidad jurídica pública la «Fundación pía autónoma Virgen de los Dolores». La condenación del Cardenal Suquia el 12 de abril de 1985 fue indirectamente rectificada por el Cardenal Arzobispo de Madrid, D. Antonio María Rouco Varela, quien autorizó

La rehabilitación más radical es la que tuvo lugar el 31.05.2002 en Ámsterdam con la aprobación de las apariciones que tuvieron lugar entre los años 1945-1959. La Virgen se apareció a Ida Peederman, 56 veces, en Ámsterdam (Holanda), como Señora de todas las Naciones. En los años 1954 y 1955 la autoridad diocesana intervino prohibiendo el culto de la nueva aparición. En 1956 Mons. J. Huibers declaró que no se podía atribuir a las apariciones un carácter sobrenatural. El 13 de marzo de 1957 el Santo Oficio confirmaba esta declaración. Esto no impidió que se continuara la investigación sobre dichas apariciones. Sin embargo, Mons. H. Bomers y su Auxiliar Mons. José María Punt autorizaron la veneración de la Virgen bajo dicha advocación. El 31 de mayo del 2002 el Obispo de Haarlem-Amsterdam Mons. José María

el 6 de febrero del 2009 la celebración de la Santa Misa todos los primeros sábados de mes en la nave «Ave María», junto a Prado Nuevo de El Escorial (Madrid), lugar de reunión de los seguidores de Luz Amparo Cuevas. Aprobaba también los Estatutos fundacionales. En abril de 2012 el mismo Cardenal concedió el permiso para construir una capilla en el lugar de las apariciones. 84 «Hasta las apariciones a los adolescentes de Medjurgorje, en la década de 1980, los videntes de Ezkioga fueron quienes atrajeron un número de personas mayor que en cualquier otra aparición del mundo católico […] Alrededor de un millón de personas acudieron solo en 1931 [julio-diciembre] al lugar de las apariciones en la pendiente de una colina junto a Ezkioga» (william a. christian, Jr. Las visiones de Ezkioga, p. 15). 85 Nos referimos a la publicación de la obra del investigador norteamericano William A. Christian, Jr. citada en la nota.


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Conclusión Ezkioga ha sido –como evento social-religioso–, el de más vastas proporciones en toda la historia cristiana del País Vasco. Y ese evento tiene un sentido también en nuestros días. En una situación de crispación política en que las fuerzas católicas pedían una señal del cielo contra la República, los niños de Ezkioga –como cincuenta años más tarde los adolescentes de Medjurgorje– solo reciben de la Virgen una consigna de oración. La respuesta de los niños de Ezkioga a esa petición de la Virgen fue la que provocó la respuesta masiva del rezo del rosario en Ezkioga86. Ese mensaje fue el que preparó el advenimiento de Medjurgorje. La reina de la paz lo actualizó en Bosnia, en una forma que nunca alcanzaron las apariciones precedentes. n

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«Las apariciones de Ezkioga fueron una especie de diálogo [confrontación] entre los seres sobrenaturales y la izquierda anticlerical –anarquistas y socialistas en las ciudades costeras vascas, trabajadores socialistas del campo de Navarra, ferroviarios republicanos y maestros de escuela en zonas rurales, pobres anticlericales en ciudades de toda España y movimientos socialistas y comunistas en el mundo entero» (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 25).


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II LOS DOS EZKIOGAS 1. La aparición fundante La historia de las apariciones de Ezkioga tiene una cosa singular. Es la atención mínima que los autores conceden al fenómeno de sus comienzos. Los medios de comunicación se interesaron muy pronto por los hechos extraordinarios y más aparatosos, y dejaron en la penumbra –si no en la oscuridad más completa– la historia de los comienzos. En los documentos eclesiásticos de la Diócesis nunca se dan los nombres de los primeros videntes; y las edades las ponen equivocadas. Ni siquiera las encuestas a que han sido sometidos recientemente los testigos de los sucesos de Ezkioga se han ocupado de los hermanos Bereciartúa. Esta es la razón por la cual la historia de los orígenes está envuelta en tanta oscuridad. Sin pretender ser exhaustivos vamos a ofrecer en este epílogo los datos que hemos podido rescatar sobre los hechos fundantes de Ezkioga, y su interpretación histórica, a base de unas sumarias encuestas realizadas en unas rápidas visitas a Zumárraga. 2. Los «primeros» y los «segundos videntes» Hay un hecho comprobado por los estudiosos de Ezkioga, la existencia de dos grupos de visionarios de condiciones esencialmente diferentes: los videntes primeros y los posteriores87. En la doble visita que Gaëtan de Bernoville realizó a Ezkioga en 193188, distinguió en la zona que llama «de veracidad, de sinceridad, y de simplicidad», un doble caso: el de los primeros videntes, y el resto89. El primero estaba formado por los hermanos Bereciartúa, por los cuales sintió una verdadera admiración y respeto90. El mismo Rodes, cuyo grupo catalán se hizo presente en Ezkioga cuando los fenómenos de Ezkioga los protagonizaban los del segundo 87

William A. Christian describe a los primeros de la siguiente manera: «Los viejos habitantes de Ezkioga diferencian a la hermana y al hermano de los videntes posteriores, más famosos, e insisten en la inocencia de los niños y en la falta de otras motivaciones [no religiosas]. Consideran que los videntes de más edad lo «estropearon» (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 64).

88

de, notas 139-140, de las pp. 155-156.

89

g. de bernoville, Les faits étranges d’Ezquioga, p. 465.

90

Según Bernoville, la diferencia entre los primeros y los segundos está en que aquellos desencadenaron los fenómenos visionarios posteriores: «Il y a, en première ligne, le cas des deux enfants dont le témoignage a tot

43

déclenché et qui n’ont jamais été, à ma connaissance, victimes d’évanouissememets ou d’états inquiétants du systeme nerveux» (Les faits étranges d’Ezquioga, Études, 1931, iv, p. 465).


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grupo, distinguió netamente el caso de Andrés, del resto de los videntes91. Esta neta diferenciación de los videntes protagonistas ha llamado la atención de los estudios contemporáneos de Ezkioga, aunque de hecho se prefiere hablar de solo dos grupos. Si se quiere llegar al meollo del «caso Ezkioga», hay que comenzar por esclarecer este misterio ¿qué es lo que sucedió en los primeros tiempos de Ezkioga? ¿Qué evolución tuvieron aquellos hechos primeros? ¿Cómo surgió el fenómeno del grupo segundo de videntes? El problema del discernimiento de la verdad de Ezkioga está en determinar qué fue lo que pasó en los primeros días. Dos razones otorgan una singular importancia a estas preguntas. Primeramente, porque en las apariciones controvertidas el momento primero es el más decisivo, frente a las innovaciones sesgadas posteriores. Y en segundo lugar, porque tal momento fundante nunca fue analizado en los diversos procesos eclesiásticos a que fueron sometidas las apariciones de Ezkioga. Veamos, pues, cómo tuvieron lugar las primeras visiones y cómo surgió el fenómeno de los continuadores. 3. El ambiente El Dr. Christian ha reconstruido maravillosamente el contexto político-religioso en que sucedieron los episodios de Ezkioga, lo mismo en España que en el País Vasco. Pero igualmente importante es reconstruir el microclima espiritual que preparó el advenimiento de las apariciones. Dos realidades intervienen en forma notable en la ambientación religiosa de las apariciones: el santuario de la Antigua en la vecina población de Zumárraga, y su Párroco D. Antonio Amundaráin92. En efecto, Ezkioga estaba, religiosamente, bajo la influencia muy cercana del Santuario de la Antigua de Zumárraga, considerada como «la catedral de las ermitas de Guipúzcoa»93. Su vida civil, tanto en lo comercial como en lo administrativo, giraba en torno a Zumárraga. En cuanto a la ambientación religiosa, en los días de la apari91

rodes, a. Los hechos prodigiosos de Ezkioga, Ejemplar del Santo Oficio, ver supra , nota 24.

92

93

Ver supra, nota 18.

j. a. sobrino, Antonio Amundaráin. Desafío y esperanza, Biblioteca de Autores Cristianos, 1990, p. 85.


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ción, el clima espiritual de la zona de Zumárraga estaba fuertemente influida por la solemne novena en honor de la Patrona, que se desarrolló en los días 24 de junio al 2 de julio, fiesta de la Antigua. El último día de la novena y fiesta de la Virgen de la Antigua, tuvo D. Antonio el primer encuentro con los videntes y su aparición. Desde entonces D. Antonio fue el más influyente animador del movimiento religioso surgido de las apariciones. Dos días antes del comienzo de la novena tuvo lugar un suceso tenido como milagroso que, en algún modo, se anticipó a las apariciones marianas que comenzaron el 30 del mismo mes. Se trata del caso sorprendente de Ignacio Galdós, el cual el 20 de junio experimentó una prodigiosa ayuda de parte de la Virgen94. Por otra parte, el ambiente político aparecía grandemente enrarecido por el advenimiento de la II República el 14 de abril de aquel año, y la celebración de las elecciones a la Asamblea Constituyente95, en la misma víspera del 30 de junio. En la política local trabajaba con ardor el Partido Nacionalista Vasco, en su pretensión de conseguir la aprobación del Estatuto de Autonomía. 4. Los protagonistas Los protagonistas de la aparición fundante fueron los hermanos Antonia y Andrés Bereciartúa. El cabeza de familia era D. José Antonio Bereciartúa Gallastegui (1886-1969); nacido en Ezkioga había emigrado en busca de trabajo a Éibar. No fue agricultor, sino obrero. Trabajó en una armería. Al casarse, regresó a su pueblo natal96. No se dedicó a la agricultura, sino a la explotación de una taberna con venta de ultramarinos. Fueron siete los vástagos del matrimonio97. 94

El episodio sucedió de la siguiente manera. El 20 de junio de 1931 Ignacio Galdós conducía un carro cargado de troncos. El carro se precipitó por un barranco. Corrían peligro los bueyes y el carro, pero sobre todo el hijo que iba encima del carro. En el desconcierto del accidente, el hombre vio a una señora vestida de negro delante de la pareja de bueyes. Tocó con su mano los cuernos de uno de los bueyes, los cuales se levantaron inmediatamente. Ignacio pudo por sí mismo acomodar el carro y salir del atolladero. Cuando el hombre volvió la cara para agradecer él a la señora de negro, no la vio más. No comentó con nadie el suceso para no ser tenido por supersticioso. Cuando a los ocho días apareció la Virgen en Ezkioga, reconoció

que era la misma que le ayudó a sacar su carro del barranco. Cuando se multiplicaron las apariciones un día preguntó a una de las videntes por qué él no veía a la Virgen. Le respondió que por castigo a no haber referido el suceso milagroso del día 22. (Este milagro lo coloca william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 257, diez días antes de la aparición de Ezkioga). Bondini lo coloca el día 22 (de, Doc.19). 95

En Ezkioga era la fiesta patronal de San Pedro. Aunque la Parroquia estaba dedica a Santa Lucía, el Patrón era San Pedro.

96

La madre se llamaba Agustina Goenaga Gabilondo (1887-1986). Nacida también en

Ezkioga, de joven había servido en casa de unos panaderos rurales, en Urretxu (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 260). Fueron ocho los vástagos de esta familia. 97 Josefa (23.02.1917-13.06.1996), Francisco (11.07.1918-22.02.1919), Antonia (1920-2005), Catalina (08.04.1922-29.01.2012), Andrés (1924-2000), Begoña (22.06.1926-21.01.1940), Miren (María Vicenta (27.08.1928-22.09.1986) Francisco (03.12.1930-) llamado así en recuerdo del hermanito muerto en 1919 llamado también Francisco.


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Poseían un caserío, llamado Basterreche98. Antonia nació el 18 de enero de 1920 en Ezkioga. Andrés nació el 23 de mayo de 1924, también en Ezkioga. La educación religiosa que ambos hermanos recibieron en su niñez se puede reconstruir por la manera cómo la maestra de Ezkioga –Manuela Lasa– organizaba sus clases99. Se empezaba el día con una oración. Se practicaba el mes de mayo con flores y plegarias. Los sábados se rezaba el santo rosario. Un crucifijo y una estatua de la Virgen presidían el aula100. Todo ello cambió con el advenimiento de la República101. Este ambiente escolar junto con la asistencia a la misa dominical y las funciones de la iglesia parroquial de Santa lucía marcaron la personalidad religiosa de los futuros videntes. Antonia hizo su primera comunión, con su hermano Andrés, el mismo año de las apariciones, en 1931102. Andrés siguió en todo los gestos de su hermana. Creyó que la gente que tenía visiones era como ellos y se adaptó. Se le vio con frecuencia poner a los pies de la Virgen las flores y los objetos que los devotos traían al tablado. Su aspecto se mostraba en las apariciones, como transfigurado. Antonia fue la primera en tener la visión del 30 de junio. Ella será –en la primera etapa de las visiones– la protagonista principal de los sucesos de Ezkioga. La condición de vidente fue para ella una misión dura de cumplir. La pri98

El caserío estaba situado en el Barrio Anduaga o Santa Lucía cerca de la carretera Ormáiztegui-Zumárraga. La planta baja servía de taberna y tienda de ultramarinos. El caserío era de doble vivienda, y tenía dos nombres: Basterreche y Ezpeleta. La familia Bereciartúa vivía en Basterreche.

99

Para hacerse una idea del modo cómo Manuela Lasa cumplía sus deberes trascribimos un documento de archivo municipal del año 1923, que conserva el módulo de contrato para maestras, de 8 meses de duración: «La señorita X Acuerda: 1. No casarse. Este contrato queda automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa. 2. No andar en compañía de hombres. 3. Estar en su casa entre las 8.00 de la tarde y las 6.00 de la mañana, a menos que sea atender en función escolar. 4. No pasearse por heladerías del centro de la ciudad. 5. No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin permiso del presidente del Consejo de Delegados. 6. No fumar cigarrillos. Este contrato quedará automáticamente anulado y

sin efecto si se encontrara a la maestra fumando. 7. No beber cerveza, vino ni whisky. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encuentra a la maestra bebiendo cerveza, vino o whisky. 8. No viajar en coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre. 9. No vestir ropas de colores brillantes. 10. No teñirse el pelo. 11. Usar al menos dos enaguas. 12. No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos. 13. Mantener limpia el aula. a) Barrer el suelo al menos una vez al día. b) Fregar el suelo del aula al menos una vez por semana con agua caliente; c) Limpiar la pizarra al menos una vez al día; d) Encender el fuego a las 7.00 de modo que la habitación esté caliente a las 8.00 cuando lleguen los niños. 14. No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios». 100

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 34.

101

La maestra Manuela Lasa –natural de

Ormáiztegui– fue retirada de la enseñanza en Ezkioga. Le sustituyó en el cargo una maestra que no conocía el vascuence. 102

El año 1931 se implantó por primera vez en Ezkioga la comunión temprana a los 7 años. Hasta entonces no se hacía la comunión sino hacia los 12 años. Por esta razón, seguramente, en 1931 se hizo a la vez la comunión de los que contaban con 11 ó 12 años, y los que contaban con 7 años. Antonia tenía a la sazón 11 años y Andrés, 7. A partir de este año se dividieron las comuniones. La comunión de los 12 años empezó a llamarse «solemne» (komunio haundia) que se hacía en torno a la fiesta de la Ascensión. La comunión de los 7 años se llamaba sencillamente la «primera comunión» que se hacía, por lo general, en las semanas inmediatas al Domingo de Ramos. En 1931 no se sabe en qué fecha se hizo la «primera comunión». Sí, según la antigua usanza, coincidió con la fiesta de Ascensión, el año 1931, Antonia y Andrés comulgaron, los dos a la vez, el 14 de mayo.


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mera reacción contraria surgió en su propia casa. La mentalidad eibarresa de su padre –mezcla de anticlericalismo y escepticismo unido a una religiosidad cristiana fundamental– reaccionó primero con un escepticismo agresivo. Aquel brote religioso en su propia casa no gustó nada a José Bereciartúa. Conforme aumentaba la afluencia de curiosos, el escepticismo cambió en cólera. No solo hubo palabras duras y amenazas para con sus dos hijos, sino que frecuentemente Antonia fue objeto de fuertes golpes, cuando los niños hablaban de la Virgen o iban al sitio de las apariciones103. Se ensañaba especialmente en Antonia, a quien atribuía la responsabilidad principal de todo el enredo. Cuando Andrés le veía llorar a causa de los malos tratos le consolaba diciendo: «¡Con las cosas tan hermosas como has visto ¿todavía lloras?!» El día 4 de julio alejó a los niños del lugar de las apariciones, llevándolos a un lugar desconocido. Corrió entonces la voz de que, a causa del estrés, los niños estaban enfermos en casa. Estas circunstancias dolorosas tuvieron su parte positiva en todo el drama de Ezkioga sufrido en Basterreche. Nadie pudo tachar a la familia de ningún asomo de interés de lucro o beneficio en el asunto de las apariciones. Según tradición local, al comienzo de las aglomeraciones, cerró su taberna, para no aparecer como favorecedor de los sucesos104. Cuando el día 4 empezó a crecer la afluencia de la gente, los niños desparecieron. Como se ha indicado ya, la Virgen no habló nunca a los primeros videntes105. Todo el tiempo de las apariciones, los dos niños no tuvieron ni locuciones ni reacciones extáticas. Los primeros videntes nunca entraron ni en éxtasis ni en trance, pero quedaban como transfigurados. Incluso en el estruendo propio de un ambiente de agitación de los días posteriores, cuando se multiplicaron los videntes, y la agitación dominaba en la campa, los niños mantenían su aspecto de recogimiento profundo de sus pro103

Todos los testigos supervivientes encuestados están de acuerdo en afirmar que la educación que D. José procuraba a sus hijos fue muy severa. Tal vez esa formación intransigente de los primeros años, dura y represiva, explique el hecho un poco insólito de que ninguno de los hijos de la familia Bereciartúa-Goenaga se casó. 104

A pesar de las insidiosas alusiones de la

prensa en sentido contrario, la familia y los videntes se aprovecharon poco o nada de las visiones (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 64). Cuando el movimiento ezkioguista resultó incontenible, José se vio obligado por la fuerza de las cosas, a ceder en su obstinación. El caserío Basterreche se convirtió en centro de la comisión eclesiástica de verificación de los casos milagrosos. Allá llegó en julio de 1931 el futuro académico de

Francia, Bernoville a informarse de lo que sucedía, para informar a la revista francesa Études. 105

«Los primeros videntes nunca cayeron en trance ni pretendieron hallarse en un estado alterado» Ezkioga se parece a Pontmain. Tampoco allí habló la Virgen. Su mensaje apareció escrito en una banderola que decía: «Mais priez mes enfants».


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pias visiones106. Los hermanos Bereciartúa no hicieron otra cosa que secundar los impulsos interiores inducidos por la Virgen para mover también ellos a la gente a orar. Así se convirtieron en los verdaderos promotores de la oración en masa en Ezkioga107. Luego, el ambiente de intensa espiritualidad creado por el rezo del rosario favoreció la onda expansiva de lo maravilloso. 5. La primera semana Las apariciones de Ezkioga tuvieron un origen muy humilde y sencillo en el marco de las fiestas de San Pedro en el barrio de Santa Lucía. Hubo dos días seguidos de fiesta: el sábado 29, San Pedro, y el 30, domingo. Los videntes eran los hijos del tabernero, y cuando refirieron su experiencia aparicional, todo el mundo se enteró de la noticia. El bar resultó el mejor altavoz para propagar la noticia. La primera aparición tuvo lugar de la siguiente manera. A la hora del Ángelus108 del 30 de junio de 1931, día de S. Marcial109, la niña Antonia Bereciartúa –de 11 años– bajaba del caserío Igarzábal-Erdi110 hacia su casa, llevando una mar106

«Los videntes se presentaban en una diversidad de condiciones físicas que iban del estado inalterado y normal de la primera niña a los profundos trances de Patxi y a lo que parecía en otros una pérdida total de la conciencia». (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 270). Rafael Picavea escribió refiriéndose al niño: «Los nuevos videntes..., lo han eclipsado. Ni sufre desmayos emocionantes, ni cae en sueños patológicos truculentos».

107

Este rezo fue lo que provocó los primeros fenómenos extraordinarios de conversión como el de Aguado, de Patxi y de Lolita, y favoreció la eclosión de los fenómenos maravillosos de la segunda época. Estos fenómenos formaban lo que hemos llamado la «onda expansiva» del acontecimiento. Los hermanos Bereciartúa no hicieron otra cosa que secundar los impulsos interiores inducidos por la Virgen para inducir también ellos a la gente a orar. Así se convirtieron en los verdaderos promotores de la oración en masa en Ezkioga. Luego, el ambiente de intensa espiritualidad creado por el rezo del rosario favoreció la onda expansiva de lo maravilloso.

108

Una tradición recogida por William A. Christian (Las visiones de Ezkioga p. 52) supone que la aparición tuvo lugar precisamente al toque del Ángelus, y los niños se arrodillaron para rezar la oración correspondiente.

109

La fecha de la primera aparición es incierta, W. Christian, Jr., la coloca el 29 de junio en p. 15, mientras que en p. 8 señala los días 29-30 como igualmente probables. La tradición más fija coloca la primera aparición el domingo día 30. En favor del 29 se puede aducir el detalle de que en tal día solían encargar los ezkioguistas una misa de aniversario en la capilla de la Virgen de Lourdes de los P. Pasionistas de Villarreal de Urretxu. Es posible que la fecha de la misa fuera el 29 por la fiesta de San Pedro, más para una reunión de devotos de Ezkioga. El 29 se basa en una información de María Ángeles Montoya a william a. christian, Jr., (Las visiones de Ezkioga, p. 32), que el día 29, día siguiente de las elecciones [28 de junio], una mujer se vio obligada a detener su coche porque había tenido lugar una aparición a dos niños. El testimonio, según wac, fue confirmado por un sacerdote de Zaldivia. De ser esto cierto, hay que suponer que el calentamiento psicológico del día posterior a las elecciones hizo que alguno se enterara pronto de las apariciones e hiciera correr inmediatamente la voz a la multitud. La asociación de la fecha con las elecciones puede ser más primitiva que la asociación con el «día siguiente de San Pedro» que recuerdan otros testigos, y confirmó expresamente Catalina Bereciartúa –hermana de los videntes– e13 octubre del 2009 al autor de estas líneas. Las cosas se pueden reconstruir de la siguiente manera. El día 29 son las fiestas de San Pedro en Santa Lucía y hay numerosos

grupos de gente en la taberna Basterreche. Además, la plaza del barrio hierve de gente. La nueva de que los dos hermanitos de la taberna han tenido una visión en el monte provoca una especie de incendio informativo. Mientras los videntes van de nuevo al monte, la gente del barrio se apiña en la carretera hacia la taberna. La dificultad más seria contra esta cronología es que, de haber tenido lugar la primera aparición el día 29, habría un vacío informativo para el día 30, a no ser que la doble visión del día 30 se deba a la fusión de las visiones del 29 y 30. Esta sucesión cronológica concede más tiempo para que A. Echezarreta pueda enterarse de boca de Antonia Bereciartúa a lo largo del domingo día 30 de los sucesos del día de San Pedro, y el lunes 1 de julio informe en la Parroquia de Zumárraga sobre lo acontecido en Ezkioga. Para resolver definitivamente este problema hemos interrogado a Felipa Aramburu, testigo directo de la primera aparición el día 13 de octubre del 2009. Según ella, la aparición aconteció el día de San Marcial, (30 de junio), sin añadir más detalles sobre el día que le precede. Lo confirmó Catalina Bereciartúa (Ezkioga, 13 octubre 2009) y me lo confirmó a mí en octubre 2011 en el Geriátrico de Ordizia. 110

Era un caserío arrendado, que ya no subsiste. Tras un incendio, su propietario Juan José Echezarreta no quiso reedificarlo, y los terrenos los plantó de pinos para su fábrica de papel en Legorreta.


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mita llena de leche111. Al llegar al lugar en que su sendero cruza con el que va del caserío Basterreche hacia la vecina fuente, se encuentra con su hermanito Andrés112 quien con una jarra en la mano se dirige a la fuente113. En aquel momento pasaba también por el mismo lugar Felipa Aramburu114, que iba a Basterreche a comprar cerillas para encender el fuego del hogar el día siguiente. En este momento, Antonia se para y se sienta sobre la marmita de leche115. De pronto en unos robles cercanos ve a la Virgen116. Volviendo la cara inmediatamente hacia su hermano le dice en vascuence: «¡Mira la Virgen!» Entonces Andrés vuelve la cabeza y la ve también. Los dos hermanitos se arrodillan inmediatamente y rezan juntos el «Ave María»117. De los tres niños que están en el lugar solo Felipa es la que no ve a la Virgen. Mientras Antonia y Andrés rezan, la Virgen les mira sonriendo. Terminado el rezo desaparece la visión. La Virgen iba vestida de blanco y cubierta de manto negro. Tenía corona semicircular luminosa. Llevaba en el brazo izquierdo al Niño Jesús, vestido de blanco, y en la mano derecha una cosa que parecía un pañuelo. Nunca tuvieron un éxtasis. Tampoco les habló la Virgen. Solo sintieron un atractivo espiritual fuerte en su interior que les invitaba a rezar. Llegados a casa hablan de su experiencia con Josefa, la hermana 111

La taberna de Basterreche no poseía vacas. La leche se procuraba fuera.

misma edad de Antonia Bereciartúa, nacida el 18.01.1920.

112

115

Al tiempo de la encuesta (octubre del 2010) vivía en Zumárraga. Es todavía (mayo del 2013) la única superviviente de la aparición misma del día 30 de junio de 1931.

Según testimonio de Catalina Bereciartúa (13.10.2009) la marmita y la jarra se conservan todavía en el caserío Basterreche. 116

113

La escena de la primera visión ha sido relatada en las más diversas versiones. El P. Burguera la pone, justamente en el camino, cerca de la carretera. El hecho de no haber encuestado nunca ni a los primeros videntes ni a los testigos de vista, de la primera visión, ha contribuido a fijar una escena completamente deformada. Interrogada Felipa Aramburu y la hermana de los videntes, Catalina Bereciartúa, hemos podido reconstruir la escena con toda exactitud. Hay que rectificar, igualmente, que no iban los dos hermanos juntos al caserío a traer la leche. Solo Antonia baja del monte con la leche. La visión no tuvo lugar en la falda de la montaña, sino cerca de la carretera y del caserío Basterreche, en el cruce de senderos que se ha descrito. 114

Felipa Aramburu Urkia nació el 31.12.1919 en el caserío Zelaeta (Ezkioga). Era de la

También la localización de la primera visión es incierta. La zona boscosa de Anduaga, donde los niños tuvieron su primera visión, no ofrecía ningún detalle inconfundible para localizar posteriormente el lugar exacto de la visión. No tenía una gruta y un río como Lourdes. Ningún árbol, como Fátima. Tampoco el tejado de una casa como en Pontmain. Además, los niños en un principio no dieron importancia al lugar, pues creían que aquello no se iba a repetir. Según una compañera de infancia de los videntes, éstos vieron por vez primera a la Virgen «en lo alto del monte» o «en el cielo». Así contemplaron a la Virgen en un punto espacial ilocalizable. Fue D. Antonio Amundaráin quien, llevándolos a la cima de la montaña, les ayudó a identificar el lugar donde se aparecía la Virgen, en la falda de la montaña. Los primeros reporteros tuvieron dificultad en localizar el punto exacto de la visión. A veces colocaban este lugar en unas zarzamoras entre dos manzanos. Otros lo

colocaban en la proximidad de unos árboles. Solo a partir del día 7 se concretó un «lugar» de las apariciones. No fue, desde luego, un lugar fijo como la gruta de Lourdes. La localización fue más bien al modo de la aparición de Banneux. En ella, Marieta Becco vio cómo la Virgen descendía del cielo sobre las cimas de dos abetos, de los cuales bajaba a donde se encontraba la vidente. La montaña o el cielo del que hablan los primeros testigos, se colocaba, por tanto, al modo de las citadas apariciones de Banneux, en un punto de la cima de la montaña, que daba al cielo. Desde allí se aproximaba la Virgen al lugar donde se encontraban los niños, «un poco por encima del suelo». (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 311). Los videntes posteriores modificaron estas localizaciones, dificultando hasta la identificación del lugar primero. (wac, Las visiones de Ezkioga, p. 43). Del lugar exacto de la primera aparición solo se puede precisar la parte del camino donde se encontraban los niños. Corresponde, en la actualidad, a la zona delantera de la casa Zelaeta, propiedad del Sr. Juan Osinalde. 117

Probablemente a esa edad no sabían rezar más que el padre nuestro y el avemaría. No eran capaces de rezar solos el rosario.


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mayor, de 16 años, la cual no les cree. Tampoco les creen los padres. La casa tiene una taberna, y la gente allá presente en la noche plácida de la fiesta, les sigue con curiosidad al lugar de la aparición. Según versión local118, salen otra vez los dos hermanos al lugar de la aparición, y ven de nuevo a la Virgen. Aquel día era el séptimo de la Novena de la Antigua, domingo, día 30 de junio de 1931. Los hermanos Bereciartúa regresan a su casa, mientras Felipa cuenta lo sucedido a su hermana Primitiva. Ambas vivían en el caserío Celaeta muy cercano a Basterreche. Primitiva lo refirió a Antonia Echezarreta, del caserío Sagastizábal cercano a Basterreche. La muchacha procuraba la leche a la Parroquia de Zumárraga119. Al bajar el lunes 1 de julio a Santa Lucía, Antonia Echezarreta ve a la vidente Antonia delante de la escuela. La toma de la mano y la lleva consigo a Zumárraga a la casa parroquial. Presenta la niña a D. José Lasa, el cual no da mayor crédito a lo que dice Antonia. Aunque nadie les hace caso, los niños creen firmemente, y al día siguiente –1 de julio– vuelven al robledal, poco después del Ángelus. De nuevo se aparece la Virgen. La ven sola, sin el Niño. Se acercan a ella corriendo. Cuando tocan el roble desaparece la visión. Al día siguiente, 2 de julio, era la fiesta de la Antigua, y último día de la novena. El Párroco D. Antonio Amundaráin quiere informarse de todo lo sucedido, y en la misma mañana de la fiesta de la Antigua oye de boca de Antonia Echezarreta el relato de los sucesos. Ese mismo día, por la tarde el Párroco y uno de los coadjutores de Zumárraga se dirigen a Santa Lucía para hacerse cargo de lo que en realidad sucede en Anduaga. Se encaminan al robledal, pero tienen la sorpresa de que este día los niños no ven nada. Los dos hermanitos se retiran a su casa contrariados. El coadjutor también se va. El párroco se queda un poco más. En esto, la niña vuelve al lugar de la aparición y ve de nuevo a la Virgen. El párroco invita prudentemente a Andresito a que le acompañe hasta la colina; el niño exige como condición que los dos han de ir rezando. Cuando van acercándose a los arboles de la aparición también el niño comienza a ver y dice: «La 118

G. de Bernoville atestigua esta segunda salida de los niños a ver a la Virgen (Les faits étranges d’Ezquioga, p. 458).

119

Sobre la personalidad de Antonia Echezarreta, ver la información de william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 59.


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Virgen ahora tiene las manos juntas y reza con nosotros». Doce labradores acompañan al grupo formado por los dos niños y el Párroco. El día 3 los niños ven de nuevo a la Virgen en presencia del párroco y un coadjutor. Piden al capellán de Zumárraga120 que rece el rosario en voz alta y así se inicia una práctica que se repetirá luego todos los días. En este cuarto día de las apariciones, el 3 de julio, se constituye lo nuclear de lo que será Ezkioga. Se completa el ciclo de la aparición fundante. Esta visita del Párroco excita la cólera del padre de los niños. Lo último que podía ocurrir a un eibarrés de educación era tener unos hijos videntes, y recibir la visita de un cura en casa. Aumentan los malos tratos a los niños y cierra su taberna a los que vienen a visitar el lugar de las apariciones. El día 4 hay un salto cualitativo en las apariciones. La afluencia aumenta notablemente. Hay ya más de 500 personas121. Constituido lo nuclear de Ezkioga, comienza su onda expansiva. En ese día comienzan los nuevos videntes. Cuatro personas más tienen visiones en ese día. Y, por primera vez hay un milagro de conversión122. Fue la última vez que estuvieron los niños presentes en Basterreche al atardecer. Había corrido el rumor de que por temor a que los niños enfermasen los alejaron unos días del lugar de las apariciones hasta la tarde del 7123. Los días 5 y 6 se reúne la gente sin la presencia de los niños. Nadie ocupa su lugar de videntes. Se reza simplemente el santo rosario. El domingo 7 fue especial. Habían aparecido por la mañana las primeras informaciones de la prensa, y aquella tarde la afluencia fue numerosa. Hay alarma entre los devo120

Probablemente D. Andrés Olaechea.

121

El día 2, doce labradores acompañan al Párroco y a los niños. El 4, 500 personas; el 9, 12.000; el 11, 7.000; e1 12, 30.000; el 13, 40.000. En las noches de los días 12, 16, y 18 de julio y 16 de octubre, hasta 80.000 personas acudieron a la espera milagrosa. El primer mes hubo más de cien videntes y las visiones continuaron a la intemperie y en público hasta el otoño de 1933 (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 36). 122

El primer caso fue el de Ignacio Aguado, taxista de Beasáin, uno de los cuatro jóvenes

que tuvieron sucesivamente visiones, luego de haberse mostrado escépticos. Aguado había estado bromeando con unos amigos, cuando vio a la Virgen, durante el rosario del 4 de julio. Sintió una especie de desmayo y se derrumbó por espacio de un minuto. Para quienes lo observaban, parecía inconsciente, pero, según su propia descripción, «yo caí al suelo, pero no perdí el sentido y continué viendo la imagen». Hubo que introducirlo en una casa y transportarlo, luego, de vuelta a Beasáin. Según una versión, «se confesó y se convirtió en católico practicante» (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 280).

123

Por confidencias muy posteriores de Antonia con una amiga de Legazpia, Felisa Andueza, se sabe que el padre había ocultado a los niños en un caserío donde vivían unos familiares –tal vez la casa natal de la madre–, pero nunca quiso hablar de esto. Nunca se ha sabido dónde estaba ese caserío. Los niños habían sido trasladados ocultamente a algún caserío lejano del lugar de las manifestaciones. Tal vez la casa natal de la madre.


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tos pues temen no estén los niños presentes en la aparición. Pero a la hora habitual se presentan ante la gente, con la agradable sorpresa de todos, los sacerdotes y el Dr. Aranzadi, médico; iban a dar a la gente una justificación de la ausencia, pero inesperadamente los niños aparecieron con gran naturalidad, a la hora habitual de las apariciones. El padre había cedido a la presión de la gente, y los sacó de su escondite. Antes de salir para la visión, varios médicos, entre ellos el mismo Dr. Asuero, vieron a la niña y la reconocieron detenidamente, declarando que nada anormal se observaba en su salud. Llegada la hora, la niña salió acompañada de los citados médicos, del Alcalde y del Secretario de Ezkioga, y subió la pendiente. La gente estaba ya rezando el Rosario. Fue el día en que sometieron a los niños a una prueba de veracidad. A la niña la dejaron en el robledal. Al niño se lo llevaron a la otra falda del monte. La visión empezó a las ocho y cuarto. Duró el tiempo del Rosario. Terminado el rezo, desapareció también la visión. A cada uno de los videntes le acompañaba un sacerdote. Al final de la aparición, cada uno de los sacerdotes escuchó de labios de los dos hermanos, una relación completamente coincidente124. Del contenido de la visión, la niña declaró que seguía viendo a la Virgen Dolorosa. Dio detalles sobre el manto negro, sobre la corona que ceñía su cabeza, y de su aspecto, ora risueño ora triste. La visión duró el rezo del Rosario. Desde esta fecha la información fue continua y abundante, con lo cual los hechos de Ezkioga alcanzaron una actualidad extraordinaria y la presencia de devotos y turistas alcanzó proporciones extraordinarias125. 6. El rezo del rosario Lo esencial del mensaje de la Virgen consistió en la invitación a rezar. Esta sencilla piedad fue la que despertó en la gente piadosa una respuesta orante, que resultó verdaderamente contagiosa. El rezo informal de los primeros días cedió el lugar a una forma regulada de plegaria que fue el rosario. Los niños de Ezkioga no eran capaces de rezarlo. 124

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 271.

125

El domingo 7 de julio, acudieron unas tres mil personas. La aparición tuvo lugar para los

niños como los demás días. Ese día siete la concurrencia aproximada alcanzaría al número de seis mil. Toda la carretera era un cúmulo de autos particulares, «autocares», un sinnúmero de bicicletas y muchos grupos de

personas a pie.


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Entonces la gente piadosa que se reunía en torno a los niños suplicó a uno de los sacerdotes presentes durante la aparición que dirigiera él mismo el rosario126. Fue el 3 de julio, día siguiente a la fiesta solemne de la Antigua de Zumárraga. Fue masiva la participación de la gente en la oración. Hasta el final de las apariciones por intervención formal de la Jerarquía, se rezó el rosario. Era el acto central que preparaba y envolvía a las apariciones. Así lo decía D. Antonio Amundaráin en su artículo del 28 de julio127. El rezo concreto del rosario se debió a que la gente quería rezarlo y que pidió al capellán de Zumárraga lo dirigiera. Lo nuevo que comenzó el 3 de julio fue la forma de la oración querida por la Virgen, concretada en el rezo del rosario mariano, desde ese día, hasta que la autoridad eclesiástica prohibió los actos públicos de Ezkioga. En un principio se reunían los devotos a la hora del Ángelus. Luego se señaló para el comienzo del acto las 20,00 solares. El largo crepúsculo del mes de julio otorgaba al acto un encanto singular. Comenzaba con la procesión diaria a las 20,15. Partía de las proximidades del caserío Basterreche, cerca de la carretera y continuaba hasta el lugar de las apariciones128. La procesión estaba precedida por los primeros videntes que salían con velas en las manos, (como Bernadette en Lourdes) seguidos de los fieles devotos. El quinto misterio y las letanías se rezaban con los brazos en cruz. Se cerraba el acto mariano con el «Agur, Jesusen Ama» (Salve Madre de Jesús). El rosario recibió algunos retoques más de Antonio Amundaráin, como la añadidura del rezo de las siete avemarías a la Virgen Dolorosa al final. Este solemne rezo del rosario causaba por su seriedad y el fervor unos efectos impresionantes. Los videntes interrumpían con frecuencia el rezo con espontáneas exclamaciones, que enardecían al devoto público creándose una maravillosa interacción entre el pueblo, los sacerdotes que dirigían el rezo y los videntes que lanzaban al aire sus gritos de oración. El efecto era como de un oleaje espiritual indescriptible, como si se sumergiera en un océano místico. Lo dirigía en un prin126

Probablemente era D. Andrés Olaechea, capellán de las Hnas. Mercedarias de la Caridad. 127

«El santo rosario, que es el único acto religioso oficial que aquí se practica, viene

recitándose con extraordinaria devoción y gusto espiritual intenso, tanto que muchísimos caballeros y señoras vienen aquí, no con afán de ver a la Virgen, sino exclusivamente a rezar el santo rosario. Este es el hecho cierto que lo ven y lo palpan en

Ezkioga, no media docena de personas, sino todos los que vienen con un poco de sentimiento religioso». (de, pp. 21-22). 128

Felipa Aramburu (6 mayo 2013).


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cipio, el clero de Zumárraga. En los casos de aglomeración lo dirigían generalmente dos. Algunos días, cuando la afluencia era mayor, no bastaban los dos sacerdotes para dirigir el rezo de modo que su voz llegara a la muchedumbre de devotos. Así se dio el caso frecuente de que un coro de diez sacerdotes de voz sonora rezaran el avemaría al cual responderá la masa humana como un rumor denso de fervor cuyo eco se podía oír desde el alto de Gabiria, en la parte opuesta a Ezkioga. En suma, una plegaria colectiva que, en su grandiosa sencillez, arrebataba el alma. Muchos escépticos pensaban que, independientemente de la veracidad de los hechos, esa plegaria colectiva compensaba la incertidumbre sobre el origen dudoso del fenómeno que lo provocaba. Los efectos del rezo eran impresionantes. No hubo en Ezkioga ni misas, ni rezo de salmos, o plegarias litúrgicas. Solo el rosario, en el atardecer, en campo abierto. Durante aquel inmenso clamor de la muchedumbre electrizada, tenían lugar las apariciones. Los partes que enviaban los corresponsales de la prensa tenían acentos de profunda emoción cuando describían el rezo diario del rosario en Ezkioga. 7. La visita de Gaëtan de Bernoville129 El escritor católico francés Gaëtan de Bernoville (1889-1960) es un testigo excepcional de las primeras semanas de las apariciones de Ezkioga130. Llegó a Ezkioga en un viaje impremeditado, en la segunda mitad de julio de 1931. La experiencia le causó una profunda impresión. Decidió someter a un nuevo análisis sus reacciones de julio, a los dos meses de distancia de aquel primer encuentro. Con el material de sus apuntes redactó un artículo de opinión para la revista jesuítica de París, Études. Para cuando se enteró de los hechos de Ezkioga, las apariciones gozaban de una notable publicidad católica en España, y allá se fue el periodista Bernoville a componer un reportaje131. Fue la personalidad 129

Ver supra nota 73. Fundador de la revista Les Lettres (1913) y de la Semaine des écrivains catholiques. Autor del renacimiento literario católico de la primera mitad del siglo xx.

130

Junto con el Ven. Amundaráin es el testigo más importante de los sucesos entre julio y octubre de 1931.

131

El reportaje se publicó a fin del año, pero sus impresiones son muy recientes. Por esta prioridad cronológica, es un conjunto de reflexiones que se adelantaron al artículo de Amundaráin del 28 de julio en El Día, y coincide con él en no pocos puntos. En Bernoville hay más independencia de juicio, más espontaneidad y unos análisis críticos más certeros. No en vano estaba ya preparado para tales reportajes con sus estudios sobre

Lourdes y Pellevoisin. Con un estilo periodístico desenfadado, y escrito casi a vuelapluma, emite juicios y opiniones de gran valor. Su postura es un tanto dubitante y crítica. Había sido testigo de las llagas fingidas de Ramona, y conocía el dictamen negativo del Vicario General sobre dicho episodio. Después de Ezkioga publicó aún libros sobre apariciones: La Salette, 1946; y Santa Margarita María de Alacoque.


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internacional más importante del primer mes de las apariciones. He aquí algunas de sus reacciones. En primer lugar, los medios de locomoción: «En Ezquioga, en todo el horizonte, los autos se estacionan a lo largo de la carretera. Un número impresionante de coches se amontonan en dos prados, cual garaje improvisado al aire libre»132. Luego, la multitud reunida en la montaña: «Heme aquí en el lugar de las apariciones.[...]. La cima del monte se pierde en un semicírculo muy bien dibujado. Una suerte de estadio natural desaparecía bajo la multitud compacta y de pie. No se veía más que un océano de cabezas erguidas hacia el cielo. ¿Cuántos espectadores había? ¡Cosa bien difícil de contar una multitud!, pero entre los que se encontraban allí, los que interminablemente –por debajo de nosotros– remontaban la pendiente, y los que aún esperaban en la carretera, se podía pensar en una cifra del orden de los 20.000»133. Pero lo más importante era constatar el espíritu que animaba a la gente: «Dominaba el silencio, cortado a ratos, por cantos en vasco, o los Aves [...]. Nadie se ríe; no hay ganas de reír. Quien vaya a Ezkioga con una alma atenta, sentirá flotar en torno a sí, y penetrarle, unas fuerzas misteriosas que son, tal vez, solo humanas, pero, en todo caso, excepcionales, y brotadas de un mundo latente, y lleno de lo desconocido que llevamos en nosotros mismos. Si hay alucinaciones, ciertamente se trata de alucinaciones colectivas las más extraordinarias que se pueden observar»134. 8. Las desviaciones La aparición del 30 de junio coincidió con tiempo de suma exaltación político-religiosa en España. La brusca irrupción de la ii República planteaba un angustioso problema de fe. En este momento llegan las apariciones de Ezkioga. Parecía una providencial intervención divina que daba sentido a cuanto acontecía en la nación. Pero la Virgen en Ezkioga no dio ningún mensaje verbal que pudiera interpretarse como una respuesta a los acontecimientos. Se limitó a dejarse ver como Dolorosa, induciendo a los niños a rezar. Era el lenguaje más a propósito para afrontar la situación desde la ora132

g. de bernoville, Les faits étranges d’Ezquioga, p. 461.

133

g. de bernoville, Les faits étranges d’Ezquioga, p. 461.

134

g. de bernoville, Les faits étranges d’Ezquioga, p. 463.


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ción colectiva. La multitud que acudió numerosa y presurosa a orar en el lugar de las apariciones, entendió claramente el lenguaje de la Virgen. Pero había mucho interés en que la Virgen dejara oír su voz y rompiera a hablar en una manera más sensacional. El primer interés fue de tipo religioso. El modelo más llamativo de las apariciones marianas era, a la sazón, Lourdes. Entonces se pensó que, en Ezkioga, todo debía suceder como en el santuario de Massabielle135. Muy pronto se copió aquel modelo. Lo primero que se imitó fue la procesión al lugar de las apariciones. Los niños debían presentarse en el santo lugar como Bernardita, con un cirio encendido en la mano. Pero, sobre todo, el modelo de Lourdes empezó a aplicarse en cuanto la producción de los milagros. Efectivamente, en la novena aparición brotó milagrosamente una fuente de agua en la gruta. Se pensaba que en Ezkioga tenía que suceder algo parecido. Pero Ezkioga no era Lourdes. Los problemas de la España del 1931 no eran los mismos de Francia en 1858. Ezkioga tenía su propia dinámica, y este intento de asimilación entre los dos lugares marianos resultó fatal. Ezkioga era una chispa en un campo de hojas secas. No era una llama de candela que se había de propagar lentamente en el curso de los decenios siguientes. Era una irrupción espiritual que se había de expandir rápidamente a modo de una onda de expansión veloz. Efectivamente, las cosas de Ezkioga tuvieron un ritmo de expansión muy rápido, ya que el quinto día, 4 de julio, a la hora del rosario, otros 4 niños tuvieron su visión como los «primeros videntes»136. Aquel mismo día ocurrió en Ezkioga un suceso prodigioso de conversión, acompañado de una visión de la Virgen. Nos referimos a la conversión fulminante del taxista de Beasáin Ignacio Aguado137. Se trataba de unas interven135

El efecto más duradero de esta impresión colectiva de que Ezkioga iba a ser un nuevo Lourdes está en la fundación pasionista de Villarreal de Urrechua, con el título de Ntra. Sra. de Lourdes. La idea de una fundación en una zona de la margen izquierda del Urola se debe al P. Tiburcio Menica, muerto el 23 de octubre de 1931. Las vicisitudes de la fundación verlas en Antonio M. Artola, –Oscar Álvarez Gila, El Siervo de Dios, Mons. Martín Elorza, CP. Obispo Misionero Pasionista. Primer Prelado de Moyobamba (1899-1966). Lima, 2003, pp. 53-58. En las crónicas no aparece para nada el motivo ezkioguista, pero hay sin duda alguna

vinculación. Después de la Guerra Civil los ezquioguistas se reunían el día de San Pedro, después de la misa mayor, en las cercanías de la iglesia de Lourdes de los Pasionistas. 136

En estas visiones no fueron ni sustituidos ni suplantados los videntes primeros. Fue como un caso de reacción carismática, que surgió como una renovación de la aparición fundante que nacía del rezo común del santo rosario.

137

El primer caso fue el de Ignacio Aguado, taxista de Beasáin, uno de los cuatro jóvenes que tuvieron sucesivamente visiones, luego de

haberse mostrado escépticos. Aguado había estado bromeando con unos amigos, cuando vio a la Virgen, durante el rosario del 4 de julio. Sintió una especie de desmayo y se derrumbó por espacio de un minuto. Para quienes lo observaban, parecía inconsciente, pero, según su propia descripción, «yo caí al suelo, pero no perdí el sentido y continué viendo la imagen». Hubo que introducirlo en una casa y transportarlo, luego, de vuelta a Beasáin. Según una versión, se confesó y se convirtió en católico practicante. (william a. christian Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 280).


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ciones marianas rápidas e instantáneas que dejaron cambiadas a las personas afectadas. A todo ello se unió otra novedad. El día 5 tuvo lugar la primera locución de la Virgen138. La onda expansiva de Ezkioga estaba en acción. El día 7 que cerraba la primera semana de las apariciones comenzaron los éxtasis de conversión con el caso espectacular de Patxi Goicoechea139. El 8 de julio sucedió la conversión de Xanti de Gabiria140, el 12 de julio se multiplicaron las visiones. Hubo unas 12 personas que vivieron también la aparición mariana. En este ambiente saltó la conexión de las visiones con la política. La primera que señaló esta faceta fue María Dolores Núñez (Lolita), el 12 de julio 1931141. En sus visiones gritaba que la Virgen salvará a España142. Fue el detonante de la utilización política de Ezkioga. Allí fue donde se oyó por primera vez de boca de Patxi, que la Virgen quería el derrocamiento de la República143. El día 15 sucedió la experiencia de Antonio Cabezón, obrero de Beasáin144. El rezo del rosario en masa fue también la ocasión del fenómeno de las preguntas a la Virgen formuladas por los devotos145. Pero los hechos milagrosos de conversión no fueron considerados como milagros y surgió el afán sensacionalista de los milagros al estilo de Lourdes, que certificaran la aparición. Entonces se encendió la fiebre de los milagros sensacionalistas. Desde mediados de julio de 1931 el tema del milagro era una obsesión que había ganado a todo el público ezkioguista. Desde los periodistas hasta la gente más sencilla, pasando por el clero, una respuesta clara y terminante a lo que estaba 138

Un niño de Zumárraga fue el primero en tener una visión, después de Antonia y Andrés, el 5 de julio de 1931 (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 301). 139

«Patxi cayó por tierra el 7 de julio una vez concluidas las oraciones habituales y después de haber hecho una broma sobre la Virgen. Patxi subió a zancadas hasta una elevación de la ladera y la señaló lanzando un grito. Por consejo de alguien próximo, le preguntó por tres veces qué quería y ella le dijo que debían rezar el rosario. Así lo hicieron quienes se hallaban en torno suyo. La prensa lo describió luego con los ojos abiertos, pero ‘sin sentido’, ‘kordegabeta’, ‘desvanecido’, en ‘pasmo’, en ‘arrobamiento’ o ‘extático’. Sus amigos lo bajaron de la ladera. Patxi, al igual que Aguado, dijo: ‘Caí desvanecido pero no perdí el conocimiento... Al bajar la cuesta en brazos de ellos continuaba ella ante mí’. Había para entonces una habitación de primeros auxilios

y los médicos presentes comprobaron que el corazón de Patxi funcionaba bien. Se sentía conmocionado, como Aguado, y alguien hubo de conducirlo a casa. No se recuperó del todo hasta bien entrada la noche, y durante cuatro días no comió, apenas durmió y se sintió triste». (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 74-77; 283). 140

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 283.

141

Fue la primera persona fotografiada en éxtasis. 142

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 71.

143

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 74.

144

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 283.

145

De los relatos contemporáneos se puede conjeturar que la experiencia colectiva del rosario fue la ocasión externa que suscitó en la masa de los fieles las experiencias extraordinarias. No fue dicho fenómeno de contagio de los pequeños videntes, porque es una afirmación unánime de los contemporáneos que los niños jamás tuvieron una experiencia de éxtasis, ni oyeron hablar a la Virgen, ni sufrieron pérdida del estado normal de su conciencia . No así los nuevos videntes los cuales, en la experiencia aparicional, empezaron ya a oír la voz de la Virgen y a entrar en estados extáticos. La onda expansiva comenzó por provocar fenómenos nuevos.


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pasando en Ezkioga era la intervención de la Virgen por medio de un milagro. Ninguno de los sucesos que hemos llamado extraordinarios satisfizo completamente esta ansia, y siempre se exigían cosas más aparatosas. Fue entonces cuando se constituyó en el mismo caserío Basterreche una comisión de control de los milagros. En este tiempo llegó a Ezkioga el futuro académico de Francia D. Gaëtan de Bernoville. Este autor es el que realizó el diagnóstico mejor de lo que sucedía en Ezkioga146. Cuando apareció esta declaración anónima, Ezkioga estaba ya en plena efervescencia. En cuanto a los milagros afirmaba que los hechos milagrosos analizados hasta entonces ofrecían solo «una tenue probabilidad». Al mismo tiempo, afirma rotundamente que no se cuenta con ninguna aprobación de la Iglesia. Sobre esta firme base, condena toda venta y comercio de objetos piadosos referentes a Ezkioga y reprueba con energía todas las actuaciones reprobables que han tenido lugar al amparo de la noche en las cercanías de la campa. El hecho central y más característico en que se fija la atención del Sr. Párroco es el rezo del santo rosario. Para que este acto central tenga toda su fuerza espiritual, insiste en el valor de la piedad y el silencio que debe rodear a dicho acto de culto mariano. Termina el documento con una declaración enérgica sobe la finalidad suprema que debe dirigir todo lo concerniente al culto tributado a la Virgen en Ezkioga: la gloria de Dios. Desde el 28 de julio el Obispado de Vitoria asumió las iniciativas de Ezkioga. D. Antonio optó por dejar en otras manos el control que ejercía hasta entonces de Ezkioga. Aflojado de este modo el control de la autoridad parroquial en Ezkioga, se creó pronto un vacío de liderazgo eclesiástico, que fue inmediatamente ocupado por los promotores. 9. Los promotores El vacío del control eclesiástico local lo colmaron los llamados promotores, la principal de las cuales, Carmen Medina, llegó a Ezkioga a fines de julio de 1931. Se encontró con una 146

de, p. 156.


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situación religiosa muy compleja. Por todas partes cundían las visiones. Lolita y Patxi acaparaban la atención. En Ezkioga ya dominaba el aprecio de lo maravilloso. Los primeros videntes estaban bastante eclipsados en aquel momento. Medina venía con una intención muy precisa. España estaba en una situación de bancarrota y había que salvarla. En esta convicción pensó que Ezkioga con su mensaje era la respuesta a aquella situación. Ezkioga ya había tomado para entonces una orientación inicialmente política. Comenzó a proteger a los videntes del segundo grupo y atraerlos hacia la esfera de sus pretensiones con regalos y halagos147. Sus preferidos eran Lolita, Patxi y Ramona Olazábal. Por otra parte, la fiebre de los milagros estaba en el ambiente, de modo que surgió naturalmente la furia fanática de lo maravilloso en Ezkioga. 10. El milagro Toda esta situación confusa desembocó en la condenación de un falso milagro. El hecho cambió completamente el rumbo de las apariciones de Ezkioga. En efecto, desde mediados de julio de 1931 el tema del milagro era una obsesión que había ganado a todo el público ezkioguista. Fue en este ambiente donde surgió el fenómeno de Ramona Olazábal148. Este es el hecho más significativo para comprender la historia ulterior de los videntes del segundo grupo. Era el 15 de octubre de 1931, fiesta de Santa Teresa. Primero fue el don de un rosario por la Virgen a Ramona. Luego vino la estigmatización149. El hecho fue sometido a 147

A diferencia de los niños Bereciartúa, los otros videntes se aprovecharon bien pronto de los beneficios que les reportaba su condición de videntes. «Fuera cual fuese el estado de las visiones, lo que otorgaba a los videntes un poder nuevo y desacostumbrado era el ingreso en ese estado y el paso a otra esfera. Personas ricas y urbanas los mimaban, los llevaban en sus coches y les escuchaban». (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 304; ver también, p. 105, 141). Ramona, ya recibía dinero desde sus primeras visiones (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 105). Evarista, Patxi, etc., eran también objeto de continuos regalos y obsequios. Patxi trabó numerosas y variadas amistades. «Al parecer, utilizaba los automóviles de una devota heredera bilbaína, Pilar Arratia, y del médico tradicionalista Benigno Oreja Elósegui, hermano de un

diputado en Cortes. Debido a su prestigio, ciertos creyentes lo llevaron a observar las visiones de unas niñas en el lecho de un río junto a Ormáiztegui, que Patxi juzgó diabólicas, y las de unos niños navarros. Carmen Medina se lo llevó consigo a Toledo a comienzos de octubre para que pudiera asistir a las visiones de otros niños del pueblo de Guadamur. En noviembre, Patxi intentó comunicar mensajes divinos a los diputados vascos Jesús de Leizaola, Marcelino Oreja y José Antonio Aguirre» (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 74-75). 148

Ramona Olazábal natural de Beizama (Guipúzcoa) no era como los dos hermanitos Bereciartúa. Su alejamiento del caserío nativo la había adaptado a la cultura urbana. Tenía nueve años cuando fue a Hernani a vivir con su hermana. A los trece ya servía en casas

pudientes de San Sebastián. Empezó a frecuentar el lugar de las apariciones. Pronto empezó a recibir dinero por sus visiones. Cuando se familiarizó con Ezkioga ya había surgido en el ambiente el interés por el milagro confirmatorio. 149

«Ante una gran multitud –como de unas catorce mil personas– atraída, como siempre por el anuncio para aquel día, de algo extraordinario, apareció al anochecer con un rosario colgado del cinturón y unas heridas en las manos, dos en su izquierda y una en su derecha en forma extendida y poco profunda. Hizo creer a los presentes que la Virgen le había impuesto en el acto el Rosario y le había producido aquellas llagas». (de, Doc. 6).


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estudio por el propio Vicario General venido ex professo de Vitoria, al día siguiente, para hacerse cargo del suceso150. Se informó de los antecedentes de la vidente151. Con asombro constató que se trataba de una burda simulación152. La cosa la había preparado a conciencia y con antelación153. Toda la secuencia de la simulación fue controlada154. Ante lo sucedido el Vicario General publicó una notificación afirmando la total ausencia de lo sobrenatural en el caso155. El Sr. Vicario General no dio dictamen alguno sobre el conjunto de los sucesos de Ezkioga. Se limitó a negar la autenticidad sobrenatural de los estigmas. Tras la declaración de la autoridad eclesiástica, la mayoría del clero vasco aceptó la decisión del Dr. Echeguren y cesó de creer en Ezkioga. Pero los que no conocían el detalle de la verificación reali150

«El que suscribe se personó al día siguiente en Ezquioga, para cerciorarse de si había elementos de juicio para poder aconsejar al Sr. Obispo, ausente en Lappuie, la incoación de un proceso ante el primer hecho, externo y tangible, que se ofrecía en Ezquioga, cuya sobrenaturalidad se afirmaba». (de, Doc.).

151

«Comenzó por enterarse de los antecedentes de Ramona. Fueron del todo desfavorables. Fue expulsada del servicio de la casa del Marqués de Velasco porque una noche, sonámbula, fue al cuarto de la señora de la casa con unas tijeras pretendiendo cortarle el pelo… Estaba hospedada en Zumárraga, después en casa de su primo el Sacerdote D. Juan Bta. Otaegui y por obligarla éste a que se retirara a casa a buenas horas y dejara la compañía de muchachos a altas horas de la noche –precisamente en los días que decía que tenía las visiones– dejó la casa de dicho sacerdote. Él mismo tiene dado testimonio escrito de que ha sido cogida en mentiras y de que el propio cura de Beizama notaba en ella algo anormal sobre todo en su mirada». (de, Doc. 6).

152

«En la declaración que prestó ante el Vicario que suscribe el día 16 de octubre, incurrió en manifiestas contradicciones y mentiras, y además explicó el modo cómo le fueron producidas las llagas de una manera que quedaba desmentida con la forma misma de las llagas. A la vista estaba que habían sido causadas por un instrumento cortante como una hoja de afeitar y ella afirmaba que la Virgen se las habla hecho pinchándole, con un golpe, con una espadita muy fina. Una persona prestigiosa, que vino acompañada de su cura, dio testimonio al que suscribe de haber visto en el lugar en que Ramona alzó las manos heridas y ensangrentadas y momentos después de ello, una hoja de afeitar. Otra dio testimonio de que un hombre

que estaba junto a Ramona buscaba algo en el suelo… Otra, que iba junto a Ramona, dijo ‘mentira’ en el acto que ésta lavaba las manos ensangrentadas, y se fundaba para ello en que momentos antes no las tenía a la vista. El médico forense de Tolosa y el Dr. Ciáurriz, mandados por el que suscribe, el mismo día de las diligencias, dieron testimonio escrito después de examinar las heridas de ‘que no ofrecían ninguna particularidad extraordinaria… que estaban producidas por un instrumento cortante que muy bien podía ser una hoja de las corrientes, en las maquinas de afeitar; que pudieron muy fácilmente ser producidas y ejecutadas por la misma mano... y que descartaban la existencia, en este caso de un hecho sobrenatural’. Invitada Ramona a que en días sucesivos se presentara al Dr. Ciáurriz para que éste observara si el proceso curativo era normal prometió de momento acudir, pero no lo hizo ni un solo día. Las heridas se curaron». (de, Doc. 6). 153

«Ramona había advertido a la Sra. de D. Julio Lecue que llevara pañuelo grande ese día. Y efectivamente después de que alzó las manos ensangrentadas la Sra. de Lecue –persona que aparecía siempre al lado de Ramona– empapó el pañuelo en sangre y otras personas hicieron lo mismo. Ramona había escrito unos días antes a su primo Juan Bta. Otaegui que la Virgen le impondría dicho día quince, probablemente, un rosario». (de, Doc. 6).

154

«El que suscribe dio encargo que dos señoras examinaran diligentemente a Ramona antes de ir al campo [de Anduaga] y no la perdieran de vista y fueran siempre junto a ella. Según testimonio de ellas –Dolores Ayestarán y María Ozores– no pudieron inspeccionarla por la intervención de D. Julio Lecue quien también les prohibió ir inmediatamente junto a ella. Ramona quiso

que a su lado fuera la supuesta vidente Josefa Lasa. Apareció de hecho al subir al tablado Ramona con un rosario colgado del cinturón. Era un rosario corriente –algunos decían a Ramona que era el mismo que le habían visto otras veces y ella decía que era parecido– que muy bien pudo tenerlo colgado ocultamente en la parte de la espalda y dejarlo a la vista en la parte delantera con solo un ligero movimiento del cinturón que era corredizo. Es de notar que sobre el vestido llevaba Ramona una chaqueta de punto que bajaba bastante de la cintura. Además Ramona y Josefa Lasa estaban en contradicción respecto del lugar en que decían que la Virgen impuso el Rosario». (de, Doc. 6). 155

«Por todo esto el que suscribe, ante la importancia que a tal hecho se había dado sin fundamento alguno, se creyó en el deber de publicar al día siguiente en la prensa una nota diciendo que, de las diligencias practicadas, no resultaba probado indicio alguno de intervención sobrenatural y sí haber motivos suficientes para poder atribuir ambos hechos a causas puramente naturales». La notificación decía: «Para orientar a los fieles acerca de algunos de los sucesos que se dicen acaecidos en Ezquioga el día 15 de los corrientes, nos creemos el deber de hacer público que de las diligencias que personalmente hemos practicado y de la inspección pericial no resulta probado indicio alguno de intervención sobrenatural, ni en la imposición de un rosario corriente que lleva colgado del cinturón la joven Ramona Olazábal de Beizama, ni la producción de las heridas que tiene en sus manos; y sí, motivo suficiente para poder atribuir ambos hechos a causas puramente naturales». (de, Doc. 2).


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zada por el Vicario general, siguió creyendo en el milagro, que les sirvió de verdadera señal de autenticidad de la aparición. A continuación vinieron las prohibiciones dictadas por la misma autoridad diocesana. Cuando la Nunciatura de Madrid pidió informes al Vicario General sobre los acontecimientos de Ezkioga, el Dr. Echeguren le envió un extenso memorial. Pero no fue una información completa. Tras una brevísima alusión a la aparición primera del día 30 de junio, sin mencionar los nombres de los videntes, entraba a referir todos los sucesos negativos protagonizados por los videntes del segundo grupo. En él se mencionaba a Patxi Goicoechea, Ramona Olazábal, Benita Aguirre, Josefa Lasa. Era, pues, un informe sesgado. No entraba en las preocupaciones del Sr. Echeguren dar una información objetiva y completa del caso Ezkioga, sino enumerar los personajes principales que protagonizaban el «caso Ezkioga», subrayando sus aspectos negativos156. 11. La petición de una encuesta A raíz de la negación de los sacramentos a la niña Benita Aguirre, el Sr. Sebastián López de Lerena tuvo una entrevista con Mons. Múgica, pidiéndole una encuesta y la aprobación de las visiones de Ezkioga. Ante la negativa del Obispo a ambas peticiones, el Sr. López de Lerena acudió a la Secretaría de Estado de s.s. en Roma, informando de todo, y pidiendo una encuesta sobre los hechos. El Santo Oficio escribió al Obispo de Vitoria encargándole hiciera una encuesta. Para entonces el Obispo, exilado en La Puye, y alejado de los lugares en que sucedían los hechos maravillosos, confió plenamente en la prudencia de su Vicario General. Este le facilitó los datos recogidos en el informe al Nuncio, y el Obispo completándolo con otros materiales, mandó a la Santa Sede su información. El documento es sustancialmente igual al del Dr. Echeguren enviado a la Nunciatura, si bien muy completado con datos 156

El informe del Vicario General a la Nunciatura se mantiene aún en la línea de concentrar sus informaciones a personas y hechos puntuales, sin extender la calificación negativa a todo fenómeno en Ezkioga.

Además de los protagonistas de las apariciones, mencionaban a los promotores, y a los personajes que mayor influencia tenían en todo lo relacionado con Ezkioga.


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nuevos. Era una mera descripción de hechos y de personas, sin un análisis genético de las apariciones desde el primer día, y sin un criterio diferenciador entre la multitud de apariciones, y sin un juico de valor sobre las mismas157. Solo se informaba sobre los hechos negativos en que se había desviado la trayectoria de Ezkioga. Tanto el Vicario General como el Obispo echaban mano de los estudios del famoso sicólogo jesuita P. Laburu158. Pero este se había limitado a catalogar y analizar los fenómenos de Ezkioga que protagonizaban los videntes del segundo grupo. El hecho fundante de Ezkioga nunca fue sometido a estudio ni había sido objeto de información por ninguna de las autoridades que intervinieron en las etapas de tal encuesta159. En resumen, en Ezkioga se dieron cinco tipos de intereses que tuvieron su mayor o menor incidencia en las desviaciones. El primero de ellos fue de orden religioso. Consistió en tomar a Ezkioga como un doble de Lourdes. Esto trajo la creencia de que debía darse también en Ezkioga algún milagro como los de Lourdes. La falsa estigmatización de Ramona Olazábal dio al traste con esta imagen. El resultado fue muy negativo. Supuso el fin del liderazgo del Venerable Antonio Amundaráin, que fue seguramente el hecho más negativo de Ezkioga. La segunda desviación fue de tipo eclesiástico. Consistió en la obsesión de evitar conflictos con la República. En este aspecto, Vitoria estaba en muy mala posición con el Gobierno, a causa del destierro de su Obispo, Mons. Mateo Múgica. Desde el comienzo, Ezkioga fue visto como el más fuerte movimiento religioso anti-republicano. Una mínima simpatía de las autoridades eclesiásticas hacia Ezkioga hubiera supuesto otro frente de combate abierto entre el Obispado y la República. Un reconocimiento oficial hubiera supuesto una abierta guerra re157

de, Doc. 16.

158

Ver el texto de Echeguren en de. 6, 26.28. Los informes del Obispo en de, Doc. 16.

159

El documento condenatorio fue la Pastoral del Obispo de Vitoria del 7 de septiembre de 1933. Fue el texto que pronunció un dictamen teológico sobre las apariciones. Se habla de numerosas apariciones: «Se habla de apariciones de la Virgen, hasta por miles de veces, y a muchas personas, de revelaciones

suyas repetidísimas, de profecías que ha hecho de acontecimientos para días que ya pasaron, de éxtasis; impresión de llagas, manifestaciones de secretos, etc., etc.». (de, Doc. 18). De ahí que dicha declaración toca a la totalidad de los sucesos de Ezkioga. De todo ese conjunto heterogéneo, se da un juicio condenatorio universal y sin matización alguna: «Hechas las debidas observaciones, examinados todos los antecedentes que poseemos, previos los debidos asesoramientos y oída que ha sido sobre ello la Comisión de

Vigilancia, tenemos que declarar y declaramos que, no solo no se ha comprobado indicio alguno que permita atribuir carácter sobrenatural a lo que en Ezquioga ocurre y se dice ocurrir, sino que de muchas maneras se ha manifestado allí el espíritu del mal y de la mentira, sin que esto signifique que atribuyamos mala fe a cuantos en Ezquioga intervienen, ni que neguemos, en casos, el concurso de causas naturales obrando de una manera anormal e irresponsable». (de, Doc. 18).


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ligiosa. El Vicario General se preocupó mucho de las visiones. Se presentó en el primer mes de incógnito, varias veces en Ezkioga. Estaba muy ansioso por discernir la naturaleza de los fenómenos que allí acontecían. La falsa estigmatización de Ramona creyó que era la señal patente de la inautenticidad de todo Ezkioga, y tomó, seriamente, partido contra las apariciones. El Gobierno premió esta actitud, nombrándolo obispo de Oviedo. Este básico empeño en evitar conflictos con la República fue una actitud que condicionó, de la parte eclesiástica, todas sus posteriores tomas de posición. Una tercera fuente de desviación consistió en las interpretaciones políticas del fenómeno. La primera de ellas se debió al vidente Patxi Goikoetxea. Él fue quien habló claramente de «derrocar la República»160. La cuarta desviación fue la político-españolista que protagonizó Carmen Medina y su grupo. Esta interpretación de Ezkioga condicionó mucho la formación de la mentalidad de la «cruzada» y favoreció la rebelión militar. La cuarta desviación seguía a las precedentes, y se debió a factores personales que hicieron mirar el conflicto de Ezkioga entre la Iglesia y los visionarios, como clave de interpretación de los propios problemas personales. Tal fue el caso del P. Amado de Cristo Burguera, en serio conflicto con la jerarquía episcopal de Valencia, y de Raymond de Rigné, atribulado por su irregular vida conyugal161. Hubo una quinta postura interesada. Fue la del grupo catalán. En el origen de semejante grupo había un legítimo deseo de aliviar una desgracia familiar, para la cual se acudió a Ezkioga162. En el mismo grupo existía un componente de conflicto religioso de orden místico, por las actuaciones drásticas de algún Obispo catalán en relación con la devoción a santa Gema. Todo el grupo catalán salía de la sede del grupo gemista de Barcelona; llevaba en sus autobuses una pancarta de santa Gema, y terminaban su peregrinación en la misma sede de Barcelona. Fue la corriente más espiritual de los que se interesaron por Ezkioga. Cuando la Santa Sede condenó a Ezkioga, cesaron de pere160

Aunque Patxi era del Partido Nacionalista Vasco (pnv), su declaración antigubernamental, más que una postura estrictamente política, significaba un posicionamiento personal de converso, contra el anticlericalismo de la República.

161

El informe del Obispo Múgica del 27 de enero de 1934 desenmascara toda la corrupción que escondía la vida privada del francés que más daño causó a Ezkioga (de, Doc. 22).

162

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, pp. 87-88.


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grinar a dicho lugar. Estos intereses fueron los que crearon en torno a Ezkioga unas expectativas increíbles que atrajeron a más del millón de personas en pocas semanas. Estos intereses y sus respuestas forman la grandeza y la miseria de Ezkioga. Y ponen en evidencia que no todo fue malo en Ezkioga, sino que hubo muchas personas que se dirigieron a aquel lugar con íntimos anhelos, y se sintieron escuchados. 12. Los niños después de las apariciones El año 1934, cuando ya se había producido la condenación del Obispo, Antonia optó por irse a vivir en Legazpia, donde empezó a ejercer de peluquera163. Más tarde se acomodó en el local de la misma peluquería, una pequeña habitación con cocina para hacer allí su vida retirada; pero seguía colaborando con Iru-Bide. Acudía mucho a la Iglesia para oír la misa y participar en las funciones religiosas de la Parroquia. Por confidencias con sus amigas se sabe que el Sr. Obispo Mateo Múgica tuvo una entrevista con ella en Zarauz, pero jamás reveló el contenido de dicha entrevista. En los años de Legazpia acudía con frecuencia al lugar de las apariciones, pero siempre sola y cuando no había gente164. Según confesión de sus conocidos «era de carácter alegre y comunicativo, sabía estar en cuadrilla, aunque su forma de ser era especial, pues no se le podía hacer cualquier pregunta. Toda la vida fue fiel a su misión de vidente de Ezkioga». Las visiones de Antonia tuvieron un ciclo regular que se cerró con el mes de julio 1931. En conjunto parece que constó de 16 apariciones165 (15 seguidas y una discontinua). 163

Llegó acompañada de su madre para buscar alojamiento. Primeramente, se instaló en casa de su fiel amiga Mariatxo Etxeberria y de sus padres. Estos tenían a su cargo el bar que hoy se conoce con el nombre de Elizondo. Cuando la familia Etxeberria dejó el bar, se trasladaron a vivir a la Calle Mayor, se fue también con ellos Antonia. Al casarse su amiga Mariatxo fue cuando se trasladó a Iru-bide. Se llamaba así un restaurante-pensión donde ella empezó a prestar servicios cuando había mayor afluencia de gente. El nombre de la dueña de Iru-bide era Marcelina.

164

Martín Etxeberría Aramburu recuerda haberle visto varias veces salir sola de casa bajo una lluvia torrencial y quedar rezando con los brazos en cruz en Anduaga.

165

«En total la niña tuvo dieciséis visiones, negándose a jugar con los demás niños. Había dejado de ver a la Virgen y se encerraba en su habitación. Nunca entró en trance durante las mismas sino que se mantenía impasible, sin que le variara el pulso. Nunca oyó hablar a la Virgen». (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 63). El mismo autor recuerda la

aparición del 21 de julio de 1931, cuando Antonia vio a la Virgen extender las manos hacia la multitud, al canto de despedida «Agur, Jesusen Ama» (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 274).


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Con el cese de las apariciones y la proliferación de las visiones aparatosas166, se fue alejando poco a poco de la campa de Anduaga. El ambiente de Ezkioga se le hacía insoportable167. Decidió salir de Ezkioga a Zumárraga a aprender de peluquera en casa de Pilar Alustiza Apaolaza, C/ Soraluze, nº 6. Simultaneaba su trabajo de peluquera ocupándose a zurcir y a recoger los puntos de las medias. Con ocasión de fiestas de afluencia mayor en el bar, servía en el mismo con toda amabilidad. Poco antes de su muerte estuvo en Ezkioga. Llegó a las proximidades del Ayuntamiento nuevo, el lugar de la primera aparición. Se detuvo algún tiempo. Se santiguó y se marchó. Fue la despedida del lugar de las apariciones. Murió en la Residencia Sanitaria de Zumárraga el 12 de mayo de 2005. Está enterrada en el cementerio de Ezkioga. Andrés, en los primeros días, siguió en todo los gestos de su hermana. Creyó que la gente que tenía visiones era como ellos y se adaptó. Se le vio con frecuencia poner a los pies de la Virgen las flores y los objetos que los devotos traían al tablado. Atrajo la atención de los devotos de Ezkioga cuando su hermana se ausentó de Ezkioga. El libro de Rodes168 contiene algunas interesantes anécdotas de su vida. La aparición solía tener lugar a las 20.00. Media hora antes estaba preparado. Para ser puntual, aprendió a conocer las horas del reloj. Desde el 30 de junio, todos los días, tenía la aparición, fuera de una temporada de cinco que no hubo aparición. En ese lapso quedó tan turbado, que ni comía ni dormía169. A la edad de siete años todo el día lo pasaba jugando, pero cuando le venía la visión, «se arrodillaba en el suelo debajo de un manzano, los ojos fijos en un objeto inmediato, las manos juntas sobre el pecho moviendo los labios de vez en cuando»170. Si le hablaban en catalán o francés, lo entendía. 166

«De mis fuentes periodísticas, impresas, fotográficas, manuscritas y orales he recopilado una lista de unas 250 personas que tuvieron visiones en Ezkioga mismo, en el resto del País Vasco y Navarra, desde el 29 de junio de 1931 hasta la Guerra Civil [...]. Podemos dar por supuesto que hubo videntes circunstanciales en los días de asistencia masiva, como el 12 de julio, el 1618 y el 25 y 26 del mismo mes y el 15-20 de octubre, en que los periodistas acudieron a otros videntes anónimos». (william a.

christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 257). 167

Los dos hermanos eran motejados por la gente, como «marías» en razón de su condición de videntes. 168

rodes, Los hechos prodigiosos de Ezkioga, pp. 35-36. 169

rodes, Los hechos prodigiosos de Ezkioga, p. 36.

170

rodes, Los hechos prodigiosos de Ezkioga, p. 36. Un episodio parecido recuerda William Christian, Jr., cuyo protagonista cree que es Andrés: «un chiquito que estaba jugando con dos piedras delante de un sacerdote de Oyarzun, de repente levanta los ojos al cielo y dice: ‘Sí, Madre; sí, Madre’» (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 306).


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Terminada la visión, Andrés se restregó los ojos con tanta fuerza que creíamos que se lastimaría171. Una vez en estado normal, miraba a su alrededor, y como si le pincharan, huye de aquel lugar sin importarle la gente, ni la noche ni nada172. Cuando se le pide que bendiga, se santigua, él mismo, poniendo a la persona ante la Virgen. Rodes atestigua el caso de un sacerdote que le visitó, y le reconoció como el único vidente verdadero173. Poco a poco fue abriendo los ojos a la diferencia de los videntes del segundo grupo. Él no pudo marcharse como su hermana. Su reacción fue de una inadaptación sicológica muy agresiva. Su ciclo de visiones de divide en dos partes: desde el 30 de junio hasta fines de agosto, con 31 visiones. Rechazado por su propia familia, marginado por los promotores174 de los segundos videntes, carente del apoyo de su hermana, respondió con los recursos de un niño acorralado en sus más íntimas convicciones surgidas del contacto vivo con la aparición. Todo cuanto los periodistas del tiempo y el propio Párroco declararon sobre él, pertenece seguramente a esta época conflictiva de su vida175. Además de las visiones anteriores, tuvo una segunda parte –a juzgar por los testigos–176 de un par de años. Estas tenían lugar en el manzanal detrás de la casa. Este desplazamiento del lugar puede obedecer al disgusto que le producían los del segundo grupo de videntes o también a la prohibición eclesiástica del acceso de los videntes al lugar de las apariciones. En ninguna de las dos etapas sus visiones llegaron al éxtasis o a la percepción de locuciones de parte de la aparición. Hacia el año 1934 siguió el mismo camino de su hermana. Se fue a 171

rodes, Los hechos prodigiosos de Ezkioga, p. 36.

172

rodes, Los hechos prodigiosos de Ezkioga, p. 36.

173

«Sabemos que un sacerdote [catalán] estuvo dos días en Ezquioga con el intento de comprobar si aquella lucha [de la variedad de videntes] podría ser de intervención divina. De regreso a Barcelona manifestó que entre los videntes había unos que tenían el ochenta por ciento de verdad, otros no tanto, y otros nada. De quien no pudo dudar aquel sacerdote, fue de Andrés Bereciartúa (de este niño medio salvaje) afirmó que era un vidente auténtico». (rodes, Los hechos prodigiosos de Ezkioga, p. 37).

174

Fuera de los primeros días en que Amundaráin se volcó sobre ellos. En cuanto se hizo presente lo maravilloso del segundo grupo, los niños Bereciartúa se vieron abandonados por el Párroco de Zumárraga. Ni Medina, ni el grupo catalán, ni Rigné ni Burguera se interesaron por sus experiencias.

175

«Travieso y descarado», «travieso y arisco», «simpático y vivillo», «arisco», «salvaje», «impertinente», «confianzudo» (arrogante), «desenvuelto». El párroco: «El niño es para rebeldía». Un periodista de San Sebastián: «Es un revoltoso terrible y últimamente está acostumbrado a la visión y ni le da la mínima importancia, a lo que hay que agregar que lo tienen harto de preguntas». (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 63).

No tenía trances. «Simplemente dejaba de jugar. Extendía sus brazos y rezaba durante su visión; luego volvía a sus juegos. Trepaba a los árboles cuando la gente rezaba en la ladera. O salía corriendo al bosque cuando querían hablar con él. Sus visiones ocurrieron en diversos lugares, especialmente en los manzanos detrás de su casa. Nunca tuvo una locución de la Virgen». 176

«Para principios de septiembre había experimentado treinta y una visiones y los creyentes afirmaban que siguió teniéndolas a diario al menos durante dos años. A comienzos de 1934 las tenía durante las oraciones nocturnas de la familia». (william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, pp. 63-64.).


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Zumárraga a estudiar al Colegio de los Hermanos de La Salle. De allí pasó a una escuela de armería en Éibar, que le buscó seguramente su propio padre177. De Éibar se fue a Vitoria donde encontró un nuevo trabajo. Inventó dos máquinas de triturar cereales o forraje. No tuvo éxito178 porque no se pudo comercializar la nueva maquinaria. Su hermana Catalina (13.10.2009) atribuía el fracaso a la estafa de que fue objeto de parte del socio. De Vitoria con cierta frecuencia venía en los fines de semana a Ezkioga. Siempre fue fiel a la misa dominical. Oía con devoción la vespertina del sábado y la del día domingo. Según los conocidos era muy devoto y muy formal. Cuando se presentaba en un lugar donde no era conocido, era frecuente que se le señalara como el vidente de Ezkioga. Un mismo destino unió a los dos hermanos en sus actitudes. No se plegaron a las pretensiones protectoras de Carmen Medina. No entraron en el grupo de las personas interrogadas por la autoridad eclesiástica en el proceso diocesano de Vitoria. Tampoco fueron llevados a la audiencia que Mons. Mateo Múgica concedió a los videntes del segundo grupo en su destierro de La Puye179. Murió en Vitoria el 4 de octubre del 2000, cinco años antes que su hermana Antonia que falleció el 12 de mayo del 2005. Ambos están enterrados en el cementerio municipal de Ezkioga, lo mismo que sus padres. 13. El futuro de Ezkioga La guerra civil trajo un cambio total en la historia contemporánea de España. La República fue derrocada. Pero en Ezkioga se extendió como una losa sepulcral la vergüenza colectiva sobre lo vivido por la pequeña localidad guipuzcoana en los años 1931-1934. A la victoria de Franco sucedió una época de represión 177

La permanencia eibarresa de D. José Bereciartúa (padre de los videntes) y de Andrés Bereciartúa (vidente) no deja de ser significativa. El 14 de abril de 1931 la victoria de las izquierdas en las elecciones municipales abrió el camino a la proclamación de la ii República Española. La primera población a promulgar la República fue Éibar (Guipúzcoa) que mereció del Gobierno el título de ciudad. En el domingo

siguiente a las elecciones a las Cortes Constituyentes (30 de junio de 1931) tiene lugar la primera de las apariciones de Ezkioga. Inexplicablemente las manifestaciones religiosas que serían el obstáculo mayor al afianzamiento de la República procederían de un hogar muy vinculado precisamente con Éibar, y tendría como epicentro el Goyerri guipuzcoano.

178

Según referencias de su hermana Catalina (13 octubre 2009) el fracaso se debió a la difícil comercialización de la maquinaria; pero, sobre todo, a la estafa del socio que le dejó sin capital.

179

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 75.


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para Ezkioga. El General dio orden de expulsión del País Vasco a no pocos visionarios180. Se extendió en todo el País la consigna del silencio. Así duró la situación hasta que a fines de los años 70 un investigador americano curtido en los estudios sobre fenómenos religiosos vividos durante siglos en España, empezó a pensar en un estudio exhaustivo sobre Ezkioga. Era William A. Christian, Jr. Según confesión propia, el año 1982 decidió entregarse en serio a esta obra. Duro fue el trabajo que se impuso. Solo en 1996 pudo publicar la edición inglesa. En 1997 vio la luz en traducción española, con una reedición en 2011. Esta obra ha roto el tabú del silencio sobre Ezkioga. Su composición ha sido llevada a cabo con un escrúpulo científico increíble. Esta seriedad científica la convierte en el cimiento sólido de cualquier estudio o interpretación ulterior del fenómeno Ezkioga. Este libro debe mucho a la obra de William A. Christian. Tiene la finalidad de completar su planeamiento. El Cristianismo, como fenómeno histórico, tiene su origen en las experiencias visionarias de Jesús de Nazaret. Su pervivencia se debe a la repetición de las experiencias visionarias del resucitado, vividas por los Apóstoles. Las apariciones marianas son una variante de las visiones pascuales. Su objeto es la Virgen María Asunta a los cielos. Conclusión La vida de los hermanos Bereciartúa después de la condenación de Ezkioga nada tuvo que ver con las comodidades que –de parte de los «promotores»– gozaron los videntes del segundo grupo. Haber sido «videntes» de Ezkioga para ellos supuso siempre un baldón. Se retiraron a la vida cristiana común y sencilla, sin ningún protagonismo en los medios de comunicación que continuaron hablando de Ezkioga hasta la «Guerra Civil». Especialistas en el tema como William A. Christian, creen que el frente hostil más fuerte que encontró la ii República fue Ezkioga. Pero no fue esa la dinámica primera de 180

william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p. 375-379.


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Ezkioga. Las apariciones a los primeros videntes presentaron la solución al advenimiento de la República, en una manera de acción sencilla y comunitaria, sin éxtasis, sin raptos místicos, sin locución externa alguna sino con el impulso interior irresistible que les lanzaba a orar. Ezkioga ha sido desde la condenación de las apariciones un motivo de vergüenza colectiva en el País Vasco. La frustración de Ezkioga fue una lección muy fuerte. Para siempre quedó el País curado de aficiones aparicionistas, con bastante alergia a los movimientos cristianos del siglo xx, y bastante distancia respecto de las posturas políticas de las autoridades de la Iglesia. También quedó, para las personas que vivieron los acontecimientos, la persuasión negativa de que todo lo de Ezkioga fue una dolorosa pesadilla. A pesar de todo, la gran rehabilitación de Ezkioga realizada por William A. Christian abre una nueva época de esperanza. Lo válido de Ezkioga para siempre es el mensaje de los primeros videntes: oración pública y comunitaria para la solución de los grandes conflictos. El conflicto en 1931 fue la República. A los 80 años de aquellos acontecimientos, el enemigo a combatir es la descristianización. Los mensajes de lo Alto tienen una vigencia de siglos. Si la primera recepción fue degradada, queda una oportunidad para escucharla de nuevo con humilde corazón. La protagonista principal de Ezkioga fue Antonia Bereciartúa. En ella se ve más que en nadie el dolor de la frustración de las apariciones. Toda la vida llevó oculto en su interior un drama íntimo terrible. Su desconcierto espiritual cuando en septiembre se apartó del lugar de las Apariciones y se retiró a su casa, para refugiarse en Zumárraga y en Legazpia, lo describió en trazos firmes el irlandés Starky: «Raras veces he visto una expresión tan trágica en el rostro de un niño. Parecía como si la hubieran castigado ya las penas de toda una vida»181. Bernardita fue en Lourdes el trasunto de la Inmaculada. En Ezkioga, el trasunto de la Dolorosa que veía en Anduaga era Antonia Bereciartúa. En todo el proceso eclesiástico de la Diócesis de Vitoria 181

Walter Starkie, Spanish Raggle-Taggle: Adventures with a Fiddle in North Spain. Nueva York, e. p. Dutton, 1935, Citado por william a. christian, Jr., Las visiones de Ezkioga, p.63.


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nunca aparecen los nombres de los hermanos Bereciartúa. Solo se los menciona en la «Positio» de Bondini en Roma. Por tanto, la aparición fundante vivida por dichos niños nunca ha sido condenada por la Iglesia diocesana o romana. La autoridad eclesiástica solo ha condenado las desviaciones de los segundos videntes. Y fue una condenación justa. La rehabilitación de Ezkioga es distinta de la de Ntra. Sra. de los Pueblos de Ámsterdam, como la de la Virgen de El Escorial en Madrid. Estas dos apariciones son unipersonales, y en su primera etapa recibieron una condenación formal de la Iglesia. Las apariciones de Ezkioga son pluripersonales, sucesivas y colectivas. En ellas, la aparición fundante de los niños Antonia y Andrés no ha recibido ninguna condenación de la Iglesia. n


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Índice Prólogo ..................................................................................................7 Introducción .....................................................................................11 I LA IGLESIA EN LAS APARICIONES DE EZKIOGA I. Los hechos .....................................................................................14 1. La primera evaluación.......................................................19 2. La actuación eclesiástica diocesana ..............................20 3. El recurso a Roma ...............................................................22 II. Nuevas metodologías ...............................................................25 III. La actuación de la Iglesia en Ezkioga ...............................28 IV. El discernimiento de las apariciones.................................32 1. La singularidad de Ezkioga..............................................33 2. Los resultados políticos de la condenación................38 3. La parcial rehabilitación de Ezkioga.............................38 Conclusión.........................................................................................41 II LOS DOS EZKIOGAS 1. La aparición fundante .......................................................43 2. Los «primeros» y los «segundos videntes»................43 3. El ambiente............................................................................44 4. Los protagonistas ................................................................45 5. La primera semana.............................................................48 6. El rezo del rosario................................................................52 7. La visita de Gaëtan de Bernoville ..................................54 8. Las desviaciones ..................................................................55 9. Los promotores ....................................................................58 10. El milagro ............................................................................59 11. La petición de una encuesta..........................................61 12. Los niños después de las apariciones ........................64 13. El futuro de Ezkioga.........................................................67 Conclusión.........................................................................................68 71


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EZKIOGA, en el 80 aniversario de la Pastoral de Mons. Mateo Mugica Urrestarazu  

Este libro pone al descubierto uno de esos hechos ignorados por casi todos los historiadores, sobre los acontecimientos religiosos que suced...

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