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Nos llena de orgullo y optimismo la idea de apoyar la XII Edición del Premio Eugenio Mendoza, porque sabemos que contribuimos a sembrar cultura a través de una hermosa forma de expresión como las obras de nuestros artistas plásticos, donde el talento de los creadores venezolanos se pone de manifiesto. Contribuir con la preparación de estos jóvenes y permitir que muchas personas tengan la oportunidad de apreciar sus obras en espacios de recreación y cultura abiertos a la familia, como la Sala Mendoza, es sin lugar a dudas un logro más para nuestra institución financiera. Una nueva edición del Premio Eugenio Mendoza es una demostración de compromiso con el país, un paso más para avanzar en la construcción de la historia cultural y artística de Venezuela a través de un evento que, a lo largo de los años, se convirtió en referencia y tradición, exponiendo lo mejor de las artes visuales. Cada rincón de la Sala Mendoza, lleno de arte, nos habla de oportunidades, de sueños que son realizables. Y es por ello que no podíamos dejar de apoyar a estos once jóvenes que hoy se dan cita y marcan la tendencia del arte contemporáneo venezolano. Con nuestro Mundo Sin Igual queremos brindar un estímulo, extender una mano amiga a los artistas para que sus trabajos trasciendan nuestras fronteras. Deseamos que su talento, creatividad e ingenio sigan encontrando espacios para el desarrollo humano e intelectual. RAÚL BALTAR ESTÉVEZ Presidente Ejecutivo Banco Exterior


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Un pulso en dos tiempos: a propósito del Premio Eugenio Mendoza I Miguel Arroyo, en 1969, publicó un artículo titulado Treinta años del Salón Oficial, en el cual revisaba la función y eficacia de los salones como eventos de confrontación. A pesar de la lectura crítica que hacía, no dejaba de reconocer que el Salón constituía el acontecimiento colectivo más importante para el ámbito de las artes visuales venezolanas. Afirmaba Arroyo que ningún otro evento lograba estimular la creación entre los artistas ni vinculaba tan sólidamente al público con los creadores. Agregaba que, más allá de los conflictos y tensiones que suelen generar este tipo de encuentros —o quizá por eso mismo, diríamos nosotros—, la figura del Salón servía para mantener, en fructífera tensión, el interés del público y de los artistas por lo que sucedía en el medio. Hoy, cuarenta y cuatro años más tarde, la reflexión de Arroyo sigue vigente: los salones, los premios y las confrontaciones son encuentros oportunos para entender las prácticas artísticas, para estimular el medio, para avivar la reflexión, para escribir y comprender la historia de las artes visuales. El primer evento de esta naturaleza que se creó en el país fue el Salón Oficial Anual de Arte Venezolano que, como dice Roberto Guevara, nació en 1940 como una consecuencia necesaria —casi inevitable— del desarrollo que las artes visuales alcanzaron a finales de la década de los treinta. El Museo de Bellas Artes, construido por Carlos Raúl Villanueva e inaugurado en el año 1936, abrió sus puertas al público en 1938. Anteriormente los artistas mostraban sus obras en recintos alternativos como el foyer del antiguo Teatro Calcaño, los salones de los grandes clubes o en establecimientos comerciales de cierta categoría, sólo por nombrar algunos de los tipos de espacios que albergaron exposiciones para la época. El Ateneo de Caracas fue, quizá, el único recinto medianamente apropiado donde se presentaron dos muestras de importancia capital: una de Armando Reverón, otra de Francisco Narváez. La creación de un museo, entonces, era una necesidad urgente que se cristalizó en los años posteriores al Gomecismo y enmarcada en lo que sería una primera política cultural estructurada y orientada a darle al país instituciones coherentes, modernas y acordes con los nuevos tiempos de cambio. Don Rómulo Gallegos, entonces Ministro de Instrucción Pública, designó a Inocente Palacios para la Dirección de Cultura y Bellas Artes, un cargo que posteriormente ocuparon Luis Alfredo López Méndez y Elisa Elvira Zuloaga. Se inauguró el Museo de Bellas Artes y la Escuela de Artes Plásticas se fortaleció. Es bajo ese contexto que surgió el Salón Oficial Anual de Arte Venezolano, como un acontecimiento rector de la vida cultural del país que fue medular para el ámbito de las artes visuales durante varias décadas. En su concepción jugó un papel fundamental la Escuela de Artes Plásticas y el recién inaugurado Museo, pues ambas instituciones contribuyeron con la solidez, expansión y proyección de esta confrontación: el Salón era el lugar para mostrar lo alcanzado en esos centros de formación, el escenario ideal para darle continuidad a la labor que se llevaba a cabo en los núcleos educativos. El Museo, por su parte, era el espacio idóneo, la sede adecuada para albergar una exposición que confrontase las propuestas de los artistas.

El Salón Oficial —denominación popular que le dieron los periodistas y el público en general— tenía por objeto confrontar de manera abierta y democrática las propuestas de los artistas venezolanos y extranjeros residentes en el país. Era un concurso abierto, cuya organización, admisión y calificación estuvo durante un largo período de tiempo a cargo de un jurado conformado por el director de la Escuela de Artes Plásticas, el director del Museo de Bellas Artes y tres miembros designados por la Dirección de Cultura y Bellas Artes. Se adjudicó durante un primer período como los Premios Oficiales pero luego, en 1953, la denominación cambió a Premios Nacionales1. Los galardones eran de carácter adquisitivo, con lo cual se beneficiaba a las colecciones del Museo. A ese primer Salón concurrió un número importante de artistas, pero posteriormente el evento fue consolidándose y, al cabo de una década de continuidad, el grupo seleccionado por los jurados fue tan amplio y masivo que las obras excedían la capacidad de la institución museística. Durante algunos años, el Salón y los Premios se mantuvieron sin mayores polémicas, pero en algún momento los reconocimientos empezaron a ser previsibles y los jóvenes pugnaban por alternativas más acordes con su generación, a pesar de la existencia de un Premio Especial al Mérito Estudiantil, creado desde el nacimiento del evento. Eran, además, tiempos de cambios, tiempos de posguerra en los que surgían nuevos grupos y movimientos que marcaban las tendencias en la investigación visual global. Nuevos recursos, lenguajes, medios; nuevas técnicas que los artistas querían poner en práctica. Los ismos y conceptos de movimientos foráneos a los que tenían acceso nuestros creadores ejercían una atracción ineludible. Es entonces en la propia Escuela de Artes Plásticas donde se dieron los primeros signos de polémica y disputa. Los jóvenes reaccionaron con furor frente a lo establecido y se agruparon en colectivos como La Barraca, El Taller Libre de Arte o Los Disidentes. Estos grupos adquirieron un protagonismo que contribuyó con el desarrollo, riesgo y visión a futuro del arte en nuestro país, pues su práctica era novedosa y al margen de lo atendido por los medios e instituciones oficiales. Es así como desde 1947 —y durante un período de trece años— se llevó a cabo el Salón de Independientes como un acto de resistencia al Salón Oficial. Pero ésta no fue la única alternativa a la confrontación que surgió en el panorama de las artes visuales venezolanas. Un año antes, en 1946, el Ateneo de Valencia organizó una de las convocatorias que durante muchos años ha ocupado un puesto privilegiado en la historia de estas exposiciones en el país: se trata del Salón Arturo Michelena, instituido en Valencia, estado Carabobo. Desde su nacimiento hasta la actualidad, la invitación ha sido abierta y un jurado se encarga de seleccionar las obras que van a participar. En los recientes años de convulsión política, y más específicamente desde el año 2007, esta confrontación atraviesa por inconvenientes de índole jurídico y político en torno a su sede, sin embargo, el evento se conserva y en 2012, a pesar de los numerosos conflictos que padeció, se inauguró en otros espacios expositivos la edición número 66. En todo caso, los cambios que suceden a finales de los años cuarenta dinamizan el escenario nacional, dando pie al nacimiento de nuevas convocatorias. Entre 1948 y 1956 se crea el prestigioso Salón Planchart, que desde su nacimiento logró un importante reconocimiento ya que al ser un evento más reducido, se le percibió como un acontecimiento exigente y riguroso. En Barquisimeto se concibió otra exhibición de carácter abierto: el Salón Oficial de Arte Julio T. Arze, que inaugura en 1955 y cierra en 1965, para reeditarse cuatro años más tarde. 1 Para mayor información en torno a los premios asignados y su transformación en el tiempo revisar Veinticinco años de Premios Nacionales y el desarrollo del Arte Contemporáneo en Venezuela 1961-1986 de Roberto Guevara.


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INVITADA ESPECIAL

DÉBORAH CASTILLO Masa y Poder, 2013 Video-acción Loop ‘ 4:00

Masa y Poder es la primera obra de mi último cuerpo de trabajo. En ella se realiza la acción de subrayar con la lengua textos escogidos sobre el poder desde sus diferentes campos de acción: institucional, sexual, estatal, psicológico, político, etcétera. Las imágenes señalan las tensiones de fuerza que existen entre la sexualidad y la estructura sobre la cual se establecen las relaciones de la sociedad en las que se ejercen los sistemas de poder, su deseo y los discursos que se accionan para alcanzarlo. En esta obra indago en la sensualidad del poder, su ejercicio como fin en sí mismo, sus máscaras, las vías en las que el poder se encamina, los discursos que utiliza y los mecanismos con los cuales vigila, castiga y premia. Déborah Castillo (Caracas, 1971) Licenciada en Artes Plásticas con mención Medios Mixtos del Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón. Realizó cursos de Fotografía experimental en el Taller Escuela ONG de la Organización Nelson Garrido, así como una residencia de cuatro años en el London Print Studio, Londres. Se ha desempeñado como asistente de producción de la artista Mona Hatoum en la Sala Mendoza. Ha participado en diferentes charlas sobre su obra y sobre arte contemporáneo en instituciones como el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, el Espacio Caja Sol, en Sevilla, y el Wimbledon College of Art de Londres. En sus individuales destacan South American Cleaner (White Cubicle WC3, The George & Dragon. Londres, 2005), Documentos en Regla: La Supersudaca (El Anexo/Arte Contemporáneo. Caracas, 2008), y DÉBORAH CASTILLO (Oficina #1. Caracas, 2011). Ha participado en muestras colectivas en países como Argentina, Venezuela, Chile, España, Estados Unidos e Inglaterra, destacando Contra/sentido. Nueva Fotografía Venezolana (Sala Mendoza. Caracas, 2003), [BELONG HERE] (Centro Cultural de España. Santiago de Chile, 2008), Recreando/Reinventando Narrativas (Museo de Arte Contemporáneo Rufino Tamayo. México DF; y New Museum. New York, 2009), y ID Performance (Centro Cultural Chacao. Caracas, 2010). Ha recibido varios reconocimientos como el XI Premio Eugenio Mendoza y el Segundo Premio en el VI Salón CANTV Jóvenes con FIA, ambos en 2003. Fue la ganadora en el año 2003 de la XI Edición del Premio Eugenio Mendoza con su obra Colección Privada: Fantasías I...


Catalogo Premio Mendoza