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EPC

14 5 I EDITORIAL 6 I

Las gaitas del jaguar.

José Luis Ascensión Gómez Blanco

12 I

El S.O.S. de un hito del patrimonio industrial castellano: Pradoluengo (Burgos)

Juan José Martín García

21 I Casona de López Contreras: historia, defensa y protección de un Patrimonio Cultural amenazado.

Luis Eduardo Rangel González

34 I

Intervención arqueológica en los solares nº 5, 7 y 9 de la calle Humilladero (Ávila). Aproximación a la cultura material recuperada.

Francisco Javier Moreda Blanco y Rosalía Serrano Noriega


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45 I

La representación tridimensional: herramienta de análisis sobre la evolución de edificios históricos.

58 I

Centro de interpretación de la resina en la población vallisoletana de Traspinedo (Valladolid, España)

José Ignacio Sánchez Rivera

Óscar Miguel Ares Álvarez y Alicia Gómez Pérez

69 I DOSSIER FOTOGRÁFICO La Argentina

Roberto Hernández Gómez y Virginia Casado Ramírez

90 I FRAGMENTOS ESCOGIDOS Las balas silban en torno a Koldewey.


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ESTUDIOS DEL PATRIMONIO CULTURAL Nº 14 Enero de 2016 ISNN 1988-8015 Edita: SERCAM, Servicios Culturales y Ambientales, S.C. Consejo editorial: J. Álvaro Arranz Mínguez Alicia Gómez Pérez Roberto Losa Hernández Colaboradores en este número: Óscar Ares Álvarez Virginia Casado Ramírez José Luis Ascención Gómez Blanco Roberto Hernández Gómez Juan José Martín García Javier Moreda Blanco Luis Eduardo Rangel González José Ignacio Sánchez Rivera Rosalía Serrano Noriega Diseño y maquetación: Roberto Losa Hernández Foto portada Centro de Interpretación de la Resina (Traspinedo). Foto: Óscar Ares Álvarez. Distribución digital en www.sercam.es Para colaboraciones o información envíe un email a: epc@sercam.es Estudios del Patrimonio Cultural permite la reproducción parcial o total de sus artículos siempre que se cite su procedencia. Los artículos firmados son responsabilidad de sus autores. Estudios del Patrimonio Cultural no se responsabiliza ni se identifica necesariamente con las ideas que en ellos se expresan.


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EDITORIAL

E

stoy cansado. No bien acaba de abrir las puertas el nuevo año 2016 y seguimos con la misma cantinela y baste de ejemplo este número de EPC: Juan José Martín lanza una llamada desesperada para salvar el rico patrimonio industrial de la localidad burgalesa de Pradoluengo; Luis Eduardo Rangel se lamenta de la desidia de la administración venezolana competente que permite el abandono de una joya arquitectónica e histórica (y Bien de Interés Cultural) como es la antigua residencia del general López Contreras. José Luis Gómez nos habla, aunque indirectamente, de los indios kogui de los que apenas se contabilizan diez mil individuos, y yo mismo, en la sección de Fragmentos Escogidos, confecciono un pequeño homenaje a la antigua ciudad asiria de Kalkhu –la moderna Nimrud- desaparecida bajo la dinamita y las excavadoras del Estado Islámico. Estoy cansado. Pero no de estos buenos artículos que denuncian la situación del Patrimonio Cultural aunque, por desgracia, solo reflejan la realidad. Lo estoy porque estas noticias se repitan habitualmente por la desidia, dejadez, incompetencia, interés malsano y muchos más etcéteras que podéis imaginar. Pero, como estamos entrando en un año nuevo, quiero ser positivo y optimista. También se hacen cosas bien y, a nivel general, creo que se mejora (mejoramos), aunque todavía falta mucho para llegar a un óptimo. Volvamos los ojos a la Educación (así, con mayúscula), pues es la base de todo, y esto ya lo sostenía mi viejo profesor de Historia: «Dios me dé gente leída…» . Buen año para todos.

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LAS

GAITAS

DEL JAGUAR José Luis Ascensión Gómez Blanco I Arqueólogo y etnógrafo joluasgo1@hotmail.com

Entre los indios kogui de la actual República de Colombia aún pervive un instrumento singular, denominado gaita, con doble variante: la «macho» o kuisi sigi y la gaita «hembra» o kuisi bunsi. Aunque este instrumento, propio de la música de raíz, ha sido incorporado a los modernos ritmos colombianos, su pervivencia dentro del ámbito cultural originario depende de un escaso componente humano de no más de diez mil personas.

Palabras clave: Gaitas macho; gaitas hembra; indios kogui; patrimonio precolombino.


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Primero estaba el mar. Todo estaba oscuro. No había sol, ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas. Sólo el mar estaba en todas partes. El mar era la Madre. Poema cosmogónico kogui

Pocos instrumentos tradicionales reúnen tantas características interesantes como este de viento –aerófono― originario del Caribe colombiano. Es un instrumento que se podría calificar de «curioso» tanto por su construcción como por los materiales empleados en ella, así como también por su calidez y calidad de sonido, además de por la perdurabilidad a través de los tiempos o la implantación en todo el territorio colombiano, todo ello sin olvidar la presencia actual, siendo un vivo ejemplo de la evolución de la música de raíz hasta la adaptación a los tiempos actuales. Hoy lo podemos encontrar formando parte en combos, compartiendo con los más modernos instrumentos y voces en múltiples estilos y formas musicales. Su aparición está en los pueblos amerindios del grupo de los chibchas, concretamente de los kogui, también llamados kággaba, que habitaban las costas caribeñas hasta la llegada de los españoles. Estas gaitas terminaron siendo adoptadas por los negros y mestizos llegados en tiempos hispánicos. Se los conoce como gaita macho ―kuisi sigi― y gaita hembra ―kuisi bunsi― y su uso está muy generalizado. Son varios los ritmos en el panorama musical colombiano en los que intervienen estas gaitas como: «música de gaita», porro, cumbia, merengue o chandé. Artistas de talla internacional como Carlos Vives –intérprete de un estilo que podríamos denominar vallenato-pop con cierta reminiscencia folk― incluye en la formación de músicos que lo acompañan a una joven que ejecuta la gaita macho con una mano mientras que, como es habitual, con la otra hace sonar una maraca de un tamaño mayor que las que acostumbramos a ver. Esta maraca está hecha del fruto de la tapara (Crescentia cujete) rellena con semillas. Tienen su origen en las tribus indígenas, principalmente del Orinoco, que las usaban con fines ceremoniales mucho antes de la llegada de los españoles. También, cortadas en mitades, se usaban en la vida cotidiana como vasijas para contener sólidos y líquidos.


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Arriba: Gaita macho o kuisi sigi. Abajo: Gaita hembra o kuisi bunsi. Foto: Fotografía y Vídeo Carrera, S.L.

Los kogui En la actualidad no superan la decena de millar los supervivientes de esta ancestral cultura. Ellos se consideran a sí mismos «los hijos del jaguar». Los pobladores de las costas caribeñas se encuentran hoy ubicados en las vertientes norte y sur de la Sierra Nevada de Santa Marta, en la parte correspondiente a Guatapurí, en lo que se conoce como Maruámake de la reserva Arhuaco de la Sierra. La mayoría de la población kogui vive en los departamentos de La Guajira, César y Magdalena. Sobre su historia en la etapa prehispánica no se conocen muchos detalles. Parece que hubo varios grupos diferenciados y que el acoso de los europeos los obligó a vivir en la planicie, si bien, muchos de ellos, escapando de ese control, se refugiaron en las montañas, dando lugar a nuevos grupos. Su mundo cosmogónico es de una gran complejidad y todo rueda en torno a la Naturaleza como la gran deidad protectora de la Humanidad (Coronado 1993). Se consideran los «hermanos mayores» del resto de la Humanidad con el deber de predicar el respeto por la Gran Madre que cuida y alimenta a todos los hombres (Arango y Sánchez 1998).

Sobre el nombre y origen J. Storm Roberts en su libro La música negra afroamericana (1978) menciona Tombuctú, una ciudad africana cercana al río Níger, en la región del mismo nombre, en la actual República de Malí. Esta ciudad universitaria, de enorme apogeo ya desde la Edad Media, albergaba un gran movimiento cultural dentro del mundo árabe musulmán, llegando con su influencia a la península ibérica. Es en ese momento cuando aparece un modo de canto recitativo, con un tono áspero y nasal, conocido con el nombre de un instrumento, precursor del oboe, llamado rahita, en castellano gaita y alghaita en la lengua de los hausa africanos. Parece cierto que la palabra para denominar al instrumento kogui es de origen europeo, hispánico. Procede citar, también, la existencia de una flauta doble ―diaulós― desde época griega que se tocaba simultáneamente por el mismo ejecutante ―auleta―. Los romanos también la usaron con el nombre de tibia. De los romanos llegó su uso a los hispanos. De esta doble referencia, la denominación rhaita y la existencia en tiempos del aulós doble, toman pie algunos autores hoy para atribuir el origen del instrumento a las gaitas que los españoles tocaban en celebraciones y actos solemnes. Alguno de estos autores pensaban, de modo claramente erróneo, que las gaitas que los españoles llevaron a América eran «escocesas».


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Derecha: Mapa de Colombia y localización de la etnia kogui. Arriba: Indígenas kogui tocando las gaitas. Imagen Lucía. Banco de la República.

Lógicamente, desconocen que en la tradición española la gaita de fuelle, en sus múltiples variantes, tiene tanta presencia como en Escocia la suya. También se deja de lado que en España se denomina gaita a ciertos instrumentos ―como la charra o zamorana― aún sin tener fuelle. No son, a nuestro entender, la gaita macho y la hembra instrumentos de origen europeo. En los detallados inventarios de objetos transportados por los españoles no aparecen nunca, pero, por ejemplo, si encontramos detalladas hasta las tripas de determinados animales para hacer cuerdas de vihuela.

La construcción Para la construcción de las gaitas macho-hembra se usa una rama recta, principalmente del cardón amarillo (Pilosocerus tillianus), aunque también de otras plantas cactáceas arborescentes similares. El cardón crece hasta los seis metros de alto, con ramas delgadas en comparación con otras cardones. Se caracteriza por la presencia de espinas suaves de color amarillo, las cuales se encuentran en mayor densidad hacia los ápices de las ramas. Sus flores y frutos están inmersos en mechones de pelos lanosos de color blanquecino plateado. Esta especie es endémica de la región semiárida de la cuenca media del río Chama


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Dcha.: Músico griego tocando el aulós. 460 a. C. Museo del Louvre. Izq.: Cardón amarillo. Jardín Botánico de Mérida.

en el estado de Mérida. Se da en los taludes bien drenados de las montañas donde prolifera con más facilidad. En la actualidad las gaitas colombianas son de una medida que oscila entre los 70 y los 80 cm de largo, longitud que viene dada tradicionalmente por la medida del brazo del luthier. Las gaitas fabricadas por los propios kogui presentan una longitud de unos 60 cm y el constructor siempre es hombre. La longitud se mide calculando tres veces la distancia entre el pulgar extendido y el meñique más la medida entre el pulgar y el índice. Los orificios se hacen con una distancia entre ellos dada por el ancho de los dos dedos más la mitad del ancho del pulgar. Se hacen, como ya hemos apuntado, del cactus, al que se le quitan las espinas, y se le saca el centro humedeciendo primero y perforando luego el cilindro con una varilla de hierro. El tallo del cactus es más grueso en uno de sus extremos y el instrumento es, por tanto, ligeramente cónico por fuera, pero su perforación es cilíndrica. La cabeza del instrumento o fotuto, con una ligera forma de barrilete, se hace con cera de abejas y polvo de carbón o ceniza para evitar que ésta se derrita con el calor, lo que también le otorga su característico color negro. En la cabeza se incrusta la cánula, apéndice cilíndrico elaborado con un trozo de cañón de pluma de pato, y que es la vía por la que entra el aire soplado. Se incrusta en la cabeza con un ángulo determinado que varía de un instrumento a otro. En la actualidad hemos podido observar que el cañón de pluma de pato se ha visto sustituido por una cánula de material plástico que resulta ser el protector de las jeringuillas. Dado que la fabricación no es en serie, el único instrumento que sirve para dar la afinación a una gaita hembra es la kuisi sigi o gaita macho que la va a acompañar. Las respectivas longitudes se corresponden, y los dos orificios tónicos de la una concuerdan con la posición de los orificios inferiores de la otra. La kuisi

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Cabeza de gaita. Foto: Fotografía y Vídeo Carrera, S.L.

bunsi tiene cinco orificios, pero solo se usan cuatro cuando se toca: el tono más bajo es raramente usado, pero, cuando así es, el orificio del tono superior se tapona con cera. La gaita hembra tiene la función de llevar la melodía. La gaita macho tiene dos orificios digitales. Su función es la de marcar el compás, y el ejecutante usa una sola mano mientras con la otra toca la maraca apoyando el marcaje rítmico con gran efectividad y vistosidad. El sistema de construcción es semejante al de las flautas «de pico», pero en las colombianas se ha creado un mecanismo fijo de entrada del aire. El tipo de sonido es rico y denso, cálido, con ese armónico característico del golpe ventoso soplado, muy similar al de una flauta de pan o sikú de los aimaras, pero en un solo tubo. La gaita macho y la gaita hembra son indudablemente un patrimonio precolombino a conservar. Esperemos que no lleguen a desaparecer los constructores de estos instrumentos y que los organismos públicos velen por la pervivencia de los portadores de las culturas ancestrales, incorporándoles al desarrollo sin perder la esencia de su unidad con Jaba, la Madre Naturaleza. •

Bibliografía CORONADO, B. 1993: Historia, tradición y lengua kogui. República de Colombia. Departamento de La Guajira. Secretaría de Asuntos Indígenas. ARANGO, R. y SÁNCHEZ, E. 1998: Los pueblos indígenas de Colombia 1997. Departamento Nacional de Planeación. Unidad Administrativa Especial de Desarrollo Territorial. STORM ROBERTS, J. 1978: La música afroamericana. Ed. Victor Leru, Buenos Aires. ORTIZ RICAURTE, C. 2000: La lengua kogui. Fonología y morfosintaxis nominal. Lenguas indígenas de Colombia, una visión descriptiva. Ed.: Instituto Caro y Cuervo. Bogotá.


EL S.O.S.

DE UN HITO DEL

PATRIMONIO INDUSTRIAL CASTELLANO:

PRADOLUENGO (BURGOS) Juan José Martín García Universidad de Burgos.

A lo largo de más de quinientos años, la localidad burgalesa de Pradoluengo, situada en la comarca de La Rioja Burgalesa, más en concreto en las estribaciones de la Sierra de la Demanda, se ha caracterizado por su dedicación a la industria textil. La situación del ingente patrimonio generado por esta actividad económica corre, a fecha de 2015, serio peligro de desaparecer totalmente. Estos recursos adolecen de un proyecto integral que los ponga en valor, como potencial detonante para la recuperación de actividades económicas interesantes en torno a los sectores secundario y terciario. Las iniciativas particulares son inconexas, individualistas y sin un objetivo claro. Las iniciativas municipales tardan en arrancar en cada legislatura, son de corto recorrido y se ven cercenadas cuando un nuevo equipo de gobierno, sea del color político que fuere, se hace con las riendas del Consistorio. Las capacidades de las administraciones provincial, regional y estatal, tampoco son suficientes al objeto de no perder definitivamente la enorme riqueza que presenta este patrimonio. Tan sólo tímidas actuaciones puestas en marcha en los últimos años, han supuesto un fulgurante destello en un panorama futuro que se antoja lleno de negros nubarrones. Palabras clave: Pradoluengo; Patrimonio industrial; denuncia desaparición; proyecto integral.


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1. Introducción La liberalización operada en Europa tras la eliminación de aranceles exteriores en 2005 supuso, como por otro lado era previsible, la desaparición de miles de empresas textiles y, con ellas, de sus trabajadores y del efecto multiplicador que suponía en ciertas economías locales. Un claro ejemplo lo supone el caso de Pradoluengo, localidad dedicada desde hace más de quinientos años a esta actividad, que ha visto como, en menos de treinta años, ha pasado de contar alrededor de 2200 habitantes, a mantener «censados» a día de hoy unos 1200. Las fábricas, las hilaturas, los tintes y batanes, los obradores con sus telares, planchas, rematadoras, etcétera, han parado prácticamente en su totalidad, lo que ha convertido la localidad en un espectro de su pasado. Diferentes iniciativas particulares, inconexas, individualistas, de corto recorrido y trufadas de reproches, han supuesto que el ingente patrimonio generado alrededor de esta actividad económica que suponía la equiparación del pueblo con la industria textil, no sólo no esté en claro peligro de desaparición sino que se sitúe en una degradación progresiva y acelerada que se visualiza a diario y que acabará, si nadie lo remedia (y parece que no es el caso), con la pérdida de un hito del patrimonio industrial castellano, que es lo mismo que decir, de una de las pocas manifestaciones históricas que en este sentido presenta la región más extensa de Europa. Cuando en diferentes foros sobre patrimonio hemos presentado esta realidad (Martín García 2014), el asombro de los participantes ha sido mayúsculo, tanto por el propio desconocimiento de la existencia de elementos de interés prácticamente «ocultos», como por la escasa concienciación de las administraciones competentes en su puesta en valor. Una de las soluciones pudiera haber pasado por la identificación de la sociedad local con la industria textil. Esta identificación ha sido plena mientras suponía el mayor yacimiento de trabajo para la población. Sin embargo, cuando sus infraestructuras han pasado de ser un medio de vida a convertirse en «piezas de museo», en ocasiones se han malvendido para chatarra, en otras se han abandonado y, en el mejor de los casos, se han convertido en pequeños «chiringuitos»con ínfulas de museo local. Las denominaciones de Pradoluengo como «Villa Textil», como el «pueblo de los calcetines y las boinas», y su conexión medular en la vida cotidiana no han servido sin embargo para reconducir esta riqueza hacia su puesta en valor patrimonial. Parece como si hubiese habido un divorcio inamistoso entre sociedad y patrimonio, quizás porque esta sociedad nunca vio esta riqueza como un patrimonio valorable, sino simple y llanamente como una forma de ganarse la vida. Sea como fuere, la falta de sensibilidad en este sentido ha sido mayúscula por parte de los propios interesados y de sus res-

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Labores. Siglo XVIII.

ponsables políticos a nivel local. A ello ayuda la división sociológica interna y la falta de unión de su cada vez más escaso capital humano. Por otro lado el diagnóstico también puede mirar hacia la pasividad de las administraciones «superiores«, provincial, regional y estatal que, al parecer, bastante tienen con intentar mantener otras prioridades de un patrimonio inabarcable. Poco interés pueden mostrar las mismas si no existe una primera comunicación entre el enfermo y uno de sus posibles sanadores. A fuer de ser castizos, se podría resumir la situación mediante una frase muy gráfica que definiría el estado de la riqueza patrimonial pradoluenguina a finales del 2015, que no quiere cargar las tintas ni parecer una boutade (nada más lejos de nuestra intención), sino, tan sólo expresar con la mayor ecuanimidad posible la realidad presente: «Entre todos la mataron y ella sola se murió».

2. Un pequeño viaje por el tiempo A lo largo de más de quinientos años Pradoluengo se ha caracterizado por una dedicación económica concreta y consustancial a su propia existencia, el desarrollo de la industria textil. Esta localidad se configuró desde el siglo xvi hasta comienzos del siglo xviii, como un núcleo emergente de la nebulosa industria textil rural lanera, que supuso una extensa zona que abarcó los Cameros y la Demanda, y donde destacaron, entre otros, núcleos como Soto, Ortigosa, Ezcaray o Valgañón. La afirmación de que el hecho demográfico es signo, consecuencia y factor de los cambios de otras variables, es si cabe más acusada en el caso que nos ocupa, ya que la evolución de la población ha sido milimétricamente paralela al desarrollo de la pañería en la primera modernidad, de la bayetería hasta finales del siglo xix y de la boina y el calcetín hasta los inicios del siglo xxi. El principal motivo para lanzar esta rotunda afirmación han sido los comprimidos condicionamientos geográficos, que impidieron un mayor avance de las actividades agrícolas y ganaderas que, por ejemplo, sí que supusieron en sus valles adyacentes la dedicación económica principal, como es el caso de localidades como Fresneda de la Sierra, Santa Cruz del Valle o, con otras variables, Belorado. El análisis demográfico también ha descartado una dedicación trashumante, como la que se operó por ejemplo en

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14 I ESTUDIOS DEL PATRIMONIO CULTURAL Neila y otras localidades serranas, por lo que el aumento poblacional sólo se explica gracias al desarrollo de la industria textil. Con mayor detenimiento, se comprueba cómo en plena crisis del siglo xvii, no se produjo una debacle poblacional sino que hubo crecimiento. Este fenómeno se operó así mismo en otras localidades castellanas especializadas en paños de baja calidad, como la palentina Astudillo (Hernández García 2002), mientras que núcleos urbanos como Segovia, Toledo o Cuenca, que fabrican mejores paños, decaen ostentosamente. No obstante, ya en los primeros compases del siglo xviii, se produce una crisis de la pañería media y baja. La búsqueda de una alternativa a esta caída, se encontrará en la especialización en un nuevo y más barato tejido, la bayeta, que se fabricará en Pradoluengo hasta mediados del siglo xx, aunque ciertamente sufrió una fuerte crisis a finales del siglo xix que también explicaremos. Con esta primera reconversión “a la baja”, se pusieron en valor todos los elementos de la pequeña infraestructura productiva existente, que no tuvo que invertir en novedades técnicas ni aumentar un capital del que los fabricantes pradoluenguinos no disponían. En torno a la segunda década del siglo xviii, esta reconversión se ve profundizada, siendo 1720 la fecha en la que el lugar se convierta en villa independiente (Martín García 2004). El progreso de la fabricación textil permite que Pradoluengo pase de unos 350 habitantes a finales del siglo xvi a 1031 en 1752. El análisis del Catastro de Ensenada confirma la indisoluble relación entre la industria textil y la villa. El 85 por ciento de los cabezas de familia son fabricantes que producen más de 1500 piezas de bayeta o, lo que es lo mismo, 50 000 varas anuales, cifra que equiparaba a la localidad burgalesa con las posteriormente punteras Sabadell o Terrassa. Las bayetas, caracterizadas por su gran baratura, se comercializaban preferentemente en las zonas rurales del noroeste español. Los llamados «tratantes» en el Catastro, fueron los verdaderos beneficiarios del sistema, y los antecesores de los «fabricantes» decimonónicos, que emprenden la mecanización a partir de 1825 aproximadamente (Martín García 2005). Sus capitales, si bien no espectaculares, se conformaron en pequeñas compañías que posibilitaron un auténtico avance técnico en la carda e hilado de la lana. Para ello, aprovecharon por mímesis la coyuntura mecanizadora que, unos años antes, se dio en la vecina villa riojana de Ezcaray, remedo a su vez de lo operado con anterioridad en los núcleos catalanes, quienes a su vez se basaron en franceses y belgas. Al igual que en otros centros laneros como la propia Ezcaray o Antequera, la mecanización del tejido tardó más en implantarse, un segundo impulso industrializador que sí llevaron a cabo en Sabadell, Terrassa, Alcoy e incluso, Béjar (Martín García 2007). La época de bonanza alcanzó hasta 1860. A partir de entonces, el consumo generalizado de algodón y la competencia interna llevaron a la decadencia progresiva de la bayeta. La respuesta fue la reconversión hacia los géneros de punto, principalmente boinas y calcetines, aprovechando inteligentemente las potencialidades de la infraestructura existente basada en industrias de fase (hilaturas, batanes y tintes) que pese a su precariedad y escasa modernización, seguían siendo válidas para realizar ciertos procesos en la confección de los nuevos artículos. De ellos, será el calcetín el producto estrella por el que se conozca Pradoluengo, aunque desde los inicios del siglo xxi ha sufrido prácticamente de forma terminal, la desidia y dejadez de los burócratas europeos y nacionales, en su apuesta por la total liberalización y globalización económicas, que no se han parado a pensar en las graves consecuencias que provocan sus decisiones. En nuestro caso, la desaparición de un pueblo vital, así como de más de quinientos años de Historia dedicados a la actividad textil. En los apartados que siguen, se procurarán destacar algunos de los recursos y «restos» patrimoniales que esta dedicación económica ha legado en la zona, tanto en el propio paisaje, como en los aspectos materiales, sociales, documentales, comerciales, migratorios, etcétera. Un patrimonio histórico y cultural ingente, de valor incalculable no sólo por ser junto a la localidad salmantina de Béjar, uno de los potenciales hitos de patrimonio industrial de la región europea más extensa, sino por las derivaciones de carácter social que ello supone. Un patrimonio que ha sido sometido a constantes ataques por parte de propios y extraños, y que ha visto como desaparecían gran parte de sus efectivos materiales y humanos en los últimos cuarenta años. Son contadas las actitudes excepcionales que se han preocupado en su estudio y protección, lo que supone un aviso a las administraciones competentes (local, provincial, regional y nacional) para que no hagan oídos sordos ante su posible liquidación total.

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3. El patrimonio de las condiciones naturales: lana, río, tierra de batán La localización geográfica de Pradoluengo ha representado una importancia determinante como elemento favorable para la aparición de la industria textil y como condicionante para su mantenimiento posterior hasta bien entrado el siglo xx, principalmente porque esa misma localización imposibilitaba otras alternativas económicas. Esta afirmación, no conlleva una sujeción al determinismo geográfico, ya que no es sino el factor humano, principalmente sus relaciones socioeconómicas, el que posibilitó la pervivencia de la actividad hasta los primeros compases del siglo xxi. Tres elementos naturales fueron fundamentales. En primer lugar, la lana. Aunque no fue precisamente la lana de las ovejas merinas que podía pastar en los montes arrendados por el Concejo a los ganaderos trashumantes, sino la churra, de peor calidad pero más barata para la Lavando lana en el río demanda de los fabricantes. En segundo lugar, el río, una corriente no muy caudalosa pero de gran permanencia a lo largo del año y que era vital para el funcionamiento de lavaderos, tintes, batanes e hilaturas. En los últimos años, se ha tomado cierta conciencia en la puesta en valor de este recurso natural y patrimonial, mediante iniciativas como la apertura de la llamada «Ruta de los Batanes», mediante su desbroce y señalización, en la que se destacan no sólo sus valores como espacio de riqueza vegetal y faunística, sino su importancia como propiciador de la energía hidráulica necesaria para otorgar mediante un elevado número de cauces y saltos de agua, el movimiento a los ingenios, ruedas, pilas, gorrones y demás infraestructuras de decenas de establecimientos localizados a la vera de la corriente fluvial. Si bien parece positiva la actuación, desde el punto de vista del patrimonio industrial se deben denunciar algunas actuaciones particulares, ya que no han respetado de ninguna manera las infraestructuras preexistentes. Así mismo, quedan en este ámbito auténticas joyas por explotar desde el punto de vista de la arqueología industrial (Batán de Vizcarraya, Máquina de Alfileres, Hilatura La Nueva, etcétera), yacimientos que están quedando progresivamente degradados cuando no completamente desaparecidos. En tercer lugar, la existencia de greda o «tierra de batán», mineral que fue protegido. Hubo abundancia de este mineral en las inmediaciones de Pradoluengo, en Las Viñas, Las Canteras, Los Terreros (en la plaza de toros del Frontal), o San Roque. El Concejo siempre fue consciente de su importancia, protegiendo la extracción. En 1890, sus miembros afirmaban: «Quizá y sin quizá, haya sido el origen del desarrollo industrial de esta localidad, por los excelentes resultados que da».

4. El patrimonio de los establecimientos Sería muy prolijo destacar su importancia ya que «cada portal y cada casa» de Pradoluengo puede hablar de su dedicación a la industria textil. Tan sólo señalaremos los edificios o


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Arcadas. Tinte Zaldo.

establecimientos que con mayor particularidad pueden presentar una fisonomía «distinta» a la de una casa ordinaria. En primer lugar nos encontraríamos con los lavaderos y secaderos. Tras lavar y secar la lana, se efectuaba el cardado, consistente en abrir, batir y mezclar homogéneamente los vellones. Para facilitar la operación, se le daba un lubricante neutro, lo que imprimía suavidad y flexibilidad. De forma artesanal, se utilizaban dos planchas a modo de peine más anchas que largas, sembradas de puntas de hierro cortas y algo curvas. Más antiguas aún, eran las cardas naturales (de ahí la voz «cardado»). Esta labor la ejecutaban fundamentalmente las mujeres. Antes de lavarse, las lanas se conservan en lugares secos, para no ser destrozadas por la polilla o la tiña. Después, se enjabonaban y lavaban cuidadosamente para no apelmazarlas. Hubo varios lavaderos en Pradoluengo, destacando el de San Antonio (1819) y el de Zubiaga (1831). En estas labores, con los pies en el agua, se bebía abundante vino para aguantar la faena, lo que provocaba abundantes melopeas entre los obreros. Posteriormente, los vellones se tendían en los secaderos adyacentes. En segundo lugar, las hilaturas. La edad de oro de Pradoluengo fue el siglo xix. Aunque se mecanizaron las hilaturas, de lado quedó la mecanización de los telares, que siguieron siendo manuales. El aumento de la producción y venta de bayetas, provocó que la población creciese desde los 1500 habitantes de 1820, a los 2200 en 1840, y a los 2950 en 1852, para volver a bajar en el último tercio del siglo xix. El hilado transformaba las mechas de lana en hilo del grueso deseado mediante el estirado, la torsión y el plegado. Desde la carda mechera, se completaba el proceso en las selfactinas y continuas. En Pradoluengo, las hilaturas fueron los edificios emblemáticos de la primera mecanización del proceso industrial. Al menos quince de estas instalaciones, se asentaban en el Río de Pradoluengo y, posteriormente, en el Urbión y Tirón: Zubiaga, Las Viñas, San Roque, Agua Sal, La Rueda, Marina, Molino Encimero, Las Fuentes, El Chorrón, La Nueva o Peña Zurbona, son sólo algunas de ellas. En tercer lugar, los obradores o fábricas. En ellos se desarrollaba el tejido o tisaje mediante los telares, a través del entrecruzamiento de los hilos pertenecientes a la urdimbre y la trama. A mediados del siglo xviii, trabajaban unos cincuenta telares de mano, que producían 45 000 varas anuales. La estructura de la familia era, la del padre tejiendo, la madre cardando, y los niños escogiendo la lana. A finales del siglo xix, se mecanizó progresivamente este proceso, mediante telares tipo «jacquard», instalados en los obradores de las casas. Así, si en 1891 se exportaron 297 563 kg de tejidos, en 1923 fueron 1 725 348. Hoy en día quedan algunos ejemplares de telares de paños y bayetas como en el caso del artesano Santiago Hernando, el último tejedor de paños y bayetas de Pradoluengo.


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Selfactina de una hilatura.

En cuarto lugar, los batanes. En el batán se conseguía, mediante procedimientos mecánicos, enfurtir las bayetas, paños y sayales, dándoles un tupido consistente. En principio, los batanes fueron de mazos de madera, para colocarse a mediados del siglo xix batanes de cilindros. Existen documentadas en Pradoluengo, unas veinte tejavanas con batanes, que disponían desde una hasta cuatro pilas. En la actualidad perviven algunos de mazos sin rueda. Entre otros, se pueden citar batanes como el de Blas, el de Cuchara, el de Moleco, el de Corrales de Monte, Vizcarraya, etcétera. Tras el batanado, las operaciones que se realizan sobre el tejido eran las de tundido o perchado. Mediante pinzas, los tundidores quitaban las desigualdades como nudos, motillas o cabos. Con la mecanización, esta labor la llevaban a cabo las tundosas. Con el perchado, se sacaba el pelo a la tela, de arriba abajo, para dejar una superficie vellosa. Esta labor dio lugar al nombre de uno de los barrios más populosos de Pradoluengo, El Perché. En quinto, los tintes con sus cauces, hornales y calderas. El tintado se podía hacer sobre la pieza de bayeta ya tejida o en madejas, previamente al tejido. La labor exigía un gran conocimiento químico de las mezclas de productos tintóreos y mordientes. Por ello, los tintoreros estaban bien pagados y sus secretos pasaban de padres a hijos. En 1752, existían en Pradoluengo un total de doce calderas de tintar, distribuidas en ocho edificios. Entre otros destacaron el de la Herrería Vieja, los Alcaldes, Martínez y Compañía o Cañeta. En la actualidad existe una iniciativa en torno a los Hermanos Zaldo Alonso a fin de recuperar uno de los edificios de tinte de mayor antigüedad y dimensiones de Pradoluengo en pleno casco urbano. En sexto, las ramblas. Para un correcto secado y estirado de las bayetas y paños, estos se «colgaban» en las ramblas, dispuestas en la cuesta más soleada del valle pradoluenguino, en forma de terrazas alargadas y estrechas. En un principio eran de madera, siendo sustituidas más tarde por las de hierro. Por otro lado, también se instalan en varias fábricas prensas de metal, que planchaban adecuadamente el producto final para su comercialización por toda España. El retroceso de este tipo de instalaciones ha sido pavoroso en las últimas décadas, pasando de constituir una característica peculiar del propio paisaje visual a quedar reducidas a ejemplos testimoniales.

5. Y llegaron la boina y el calcetín El microfundismo industrial de Pradoluengo y el crecimiento en el consumo de tejidos de algodón, provocaron una fuerte crisis entre 1870 y 1880, traducida en pobreza y emigración a América. La reconversión hacia los géneros de punto (fajas, boinas y calcetines) aprovechó inteligentemente las potencialidades de la infraestructura previa. A ello se unió, que los nuevos telares manuales eran relativamente baratos y que


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Enramblando bayetas.

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Calcetineras con máquinas de mano.

el valor añadido de boinas y calcetines era mayor que el de las bayetas. En 1885 se estableció la primera máquina circular de mano para la fabricación de boinas. En 1920 una sola factoría elaboró más de 600 000. En 1935 la Villa Textil contaba con siete fábricas de boinas, que vendieron al año millón y medio de unidades, también en el extranjero. La última fábrica, Boinas Mingo, cerró a principios del siglo xxi. Por su parte, el calcetín, entrañable prenda enormemente extendida en el ámbito español hasta el último tercio del siglo xx, tuvo uno de sus mayores centros productores en Pradoluengo. A finales de 1890, se comenzaron a fabricar en serie calcetines de lana, mediante máquinas circulares traídas desde Olot. Entre 1917 y 1927, la fabricación alcanzó las 100 000 docenas anuales. Su mercado principal fue el norte de España. En los años treinta, doscientos telares propiedad de treinta y dos pequeños fabricantes trabajaban este género de punto. Durante la Guerra Civil, se produjeron anualmente en Pradoluengo dos millones cuatrocientos mil calcetines. En los años cincuenta se instalaron de forma paulatina telares mecánicos, sobresaliendo la marca Linares. En 1953 existían cincuenta y uno de este tipo. Poco después, surgieron iniciativas concentradoras de la estructura industrial en torno a firmas como Marcor, Texves, Irba o Sademi. Desde el tradicional calcetín de lana, se pasó a utilizar algodón, así como materiales sintéticos, poliamidas y un largo etcétera. A finales del siglo xx, uno de cada cuatro calcetines españoles se fabricaba en Pradoluengo. Las calidades mejoraron significativamente en las últimas décadas, aunque el sector ha sufrido de tal forma la competencia desleal de la globalización, peligrando la supervivencia de las pocas empresas y obreros que en la actualidad continúan manteniendo el bisbiseo de los telares.

6. Conclusiones Este pequeño artículo tan sólo quiere ser una llamada de atención ante lo que se puede convertir en un desastre en torno al patrimonio industrial castellano: la desaparición del hito que en este campo ha supuesto históricamente el enclave de Pradoluengo. Las razones giran inequívocamente alrededor de la inexistencia de un proyecto integral que debiera ser interdisciplinar y suficientemente dotado económicamente. La siempre cacareada crisis, no debe ser la escusa para enfocar un trabajo insoslayable por parte de todos los actores implicados: sociedad pradoluenguina en general, Ayuntamiento de Pradoluengo, Diputación de Burgos, Junta de Castilla y León, Gobierno de España, Universidad de Burgos, etc. Incluso, es preferible acogernos a posturas posibilistas con tal de que el enfermo no muera por inanición. Sin embargo, la cruda realidad camina por otros derroteros. Si bien es cierto que en los últimos años ha habido pequeñas actuaciones, prevalece la inconsistencia y la falta de cohesión mediante fórmulas un


Pequeña empresa calcetinera.

tanto pueriles. La señalización básica de algunos establecimientos a lo largo del casco urbano y la elaboración de paneles explicativos colocados en el local que se suponía iba a ser el embrión de un Centro de Interpretación de la Industria Textil, trabajo financiado por la Junta de Castilla y León, realizado de forma brillante por la empresa SERCAM, S.C., son el único bagaje real de la puesta en valor de este patrimonio material. Pequeño fruto de un campo ubérrimo que se encuentra prácticamente sin explotar. La recolección debiera de continuar, no sólo por los excelentes resultados que proporcionaría, sino por el peligro cierto que puede representar la pérdida total de la cosecha. •

Bibliografía HERNÁNDEZ GARCÍA, R. 2002: La industria textil de Astudillo en el siglo XVIII. Cálamo. Palencia. MARTÍN GARCÍA, J. J. 2004: Historia de la Industria Textil de Pradoluengo I. Los orígenes (1567-1720). Aetpra. Burgos. MARTÍN GARCÍA, J. J. 2005: Historia de la Industria Textil de Pradoluengo II. La etapa preindustrial (1720-1820). Aetpra. Burgos. MARTÍN GARCÍA, J. J. 2007: La industria textil de Pradoluengo (1534-2007). La pervivencia de un núcleo industrial. Junta de Castilla y León. Valladolid. MARTÍN GARCÍA, J. J. 2014: “Una joya en potencia: el patrimonio de la industria textil de Pradoluengo”, Ponencia presentada a las I Jornadas sobre Patrimonio Industrial: “El Patrimonio Industrial como elemento de dinamización económica en el ámbito rural”, celebradas en el Teatro Reina Sofía de Belorado (Burgos), 26 de marzo de 2014.


CASONA

DE

LÓPEZ CONTRERAS: HISTORIA, DEFENSA Y PROTECCIÓN DE UN PATRIMONIO CULTURAL AMENAZADO Luis Eduardo Rangel González Licenciado en Comunicación Social (UBV) Licenciado en Relaciones Públicas (IUDERP) Licenciado en Educación: mención Desarrollo Cultural (UNESR) lerangelg@gmail.com

La historia de los barrios no está de espaldas a la historia de una nación. Este es el caso de La Quebradita, sector ubicado en el oeste la ciudad de Caracas, el cual guarda inexorables nexos con el golpe del estado del 18 de octubre de 1945. De este pasado reciente sobrevive en la actualidad el Bien de Interés Cultural Casona de López Contreras, el cual permite hacer una lectura actual de los enormes retos que implica, en las actuales condiciones, concretar la defensa, la protección y la puesta en uso del patrimonio cultural material edificado de la República Bolivariana de Venezuela. Palabras clave: Historia; Historial regional; Historia local; defensa y protección del Patrimonio Cultural; Venezuela.


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La Quebradita desde la Casona de López Contreras. El barrio popular de La Quebradita es, para muchos, un sector más del oeste de Caracas. Su construcción se inició en 1975 con el propósito de reubicar a la población de bajos recursos afectada por los deslizamientos de varios cerros de esta área de la ciudad a consecuencia de las lluvias de invierno que la azotan anualmente. El primer sector del barrio, denominado La Quebradita I, alojó en doce edificios a las familias provenientes de las villas miserias cercanas al lugar quienes habían poblado parte de los cerros de esa área a partir de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez el 1 de enero de 1958. Sería el 2 de abril de 1981 la fecha de culminación de las obras de La Quebradita II, conformada por trece edificios destinados para el mismo fin. Desde ese momento, el sector ha construido una historia similar a la de otras comunidades de la ciudad de Caracas originadas al calor de este tipo de acontecimientos, pero en la actualidad esta quebradita guarda una lejana distancia de La Quebradita de finales del siglo xix y la primera mitad del siglo xx. La historia del sector que lleva el nombre de La Quebradita, el cual acoge en su seno a los dos barrios denominados La Quebradita I y La Quebradita II, estará ligada por siempre al Camino Real de la Vega, posteriormente conocido bajo el nombre de Camino a Occidente, el cual, en la época de la colonia y la segunda mitad del siglo xix, unió a Caracas por medio de la calle principal de la parroquia San Juan (hoy avenida San Martín) con el pueblo de La Vega. La vía permitió la interconexión de Caracas con los Valles de Aragua desde el pueblo, pasando por Antimano y Las Adjuntas hasta llegar al pueblo de Los Teques, para allí, desembocar al actual territorio del estado Aragua. Resalta el hecho que el topónimo de La Quebradita tiene varios significados, el primero de ellos nace de una característica particular del área geográfica donde se asienta (Valery 1978: 383) al respecto explica: «Caracas tiene o tuvo, ya que varias han sido rellenadas o transformadas, muchas quebradas, grandes y pequeñas, casi todas con apelativo propio pero hubo, de escaso curso a la cual la gente denomino simplemente La Quebradita, cuyo nombre también identificó al sector circundante que fueron también terrenos de la antigua Hacienda La Vega». Sin embargo, La Quebradita es mucho más que un pequeño riachuelo, es un caserío, un suburbio o una aldehuela que se encontraba en un tramo del antiguo Camino Real. Aparece por primera vez en el censo de 1873 como sector de la parroquia La Vega (se debe distinguir entre la parroquia y la hacienda del mismo nombre) para en 1881 estar formado por diecinueve casas de bahareque. En 1891 ya se encontraba compuesto por cuarenta casas, habitadas por 137 varones y 144 hembras siendo su población total de 281 habitantes.

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El sector podría tener, pues, ciento cuarenta y cuatro años. Es factible que la construcción de las casas de bahareque y el poblamiento del área no debió sobrepasar los tres años, esto como momento previo a la realización del primer censo. Es en 1899 cuando se elabora un plano del disminuido pero aún extenso territorio de La Hacienda La Vega, donde la quebrada La Quebradita aparece como su límite oriental. Al este de esta quebrada se encuentra el caserío La Quebradita, el cual corresponde con el actual barrio de La Línea. Pero, contrario a lo que hasta ahora se ha sostenido en relación a la urbanización El Paraíso, cercana al área, en La Quebradita vivían las personas más poderosas en lo político y económico que aquellas que habitaban en este lujoso barrio de la Caracas de fines del siglo xix y la primera mitad del pasado siglo XX; esta afirmación se hace en razón de tres conceptos: la quinta, la villa, la mansión y la extensión de tierra donde se edificaron, equiparable al de una pequeña hacienda. El Paraíso es conocido como un barrio que nació como el primer desarrollo urbanístico promovido por empresas privadas, en este caso Tranvías Caracas en 1895 (Abache de Vera, 1995: 12-13). Al explicar el nacimiento del barrio sostiene: «El Paraíso como urbanización nace en los momentos del crecimiento urbano de la ciudad cuando la modernización exigía adelantos como ferrocarriles, tranvías, teléfonos, luz eléctrica, acueductos, cloacas y la burguesía venezolana exigía también expansión y desarrollo, rompiendo el esquema tradicional para dar paso un cambio en la arquitectura habitacional de herencia colonial. [...] quebrantando la tradición española con quintas ubicadas en el centro de un jardín y utilizando los espacios exteriores de las viviendas. [...] se perdía de este modo la intimidad que había caracterizado el vivir hasta entonces en El Paraíso en los treinta años que estuvo de moda como barrio residencial de las gentes más cultas y acaudalas del país; le da espontáneamente a Caracas un “museo de arquitectura”». En este lugar, la quinta es un inmueble costoso que deslumbra por su arquitectura, por su presencia, sin embargo, está rodeada por un terreno de pequeña extensión, el jardín. En las fincas de La Quebradita –versión moderna de la villa romana de los patricios– la mansión es lujosa, porque no se trata de una quinta de mediana dimensión, es una construcción erigida con materiales y ornamentos costosos. En este aspecto guarda similitud con la quinta, pero se diferencia de ella por su magnitud y el hecho de ir acompañada de una gran extensión de terreno que evoca a las haciendas de esa Caracas, la más cercana: Hacienda La Vega. Por eso en La Quebradita no habrá quintas, sino mansiones construidas en una finca, una estancia y una posesión, nombres que en el fondo significan lo mismo: hacienda, pero en este caso de medianas dimensiones si se les compara con las que para la época existían en Caracas. Posteriormente, sus terrenos serian divididos en parcelas para ser vendidos y dar paso a urbanizaciones como Montalbán, San Bernandino, La Urbina, por solo citar a las más reconocidas en Caracas.

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Pero antes de que esto sucediera, en las fincas de La Quebradita se construye un mundo privado muy diferente al que se vive en los inmuebles de El Paraíso de la época, donde lo que priva es el diseño exterior de la casa en el que predomina el neoclásico y neogótico francés. Luego, con la expansión de la urbanización en las décadas de los años treinta, cuarenta y cincuenta se verán otros estilos arquitectónicos, entre ellos el neocolonial y el modernismo de los cincuenta. Hablar entonces de La Quebradita es hacer referencia a tres propiedades: la Finca La Quebradita de López Contreras, la Estancia La Quebradita de Henry Lord Boulton y la Posesión La Quebradita, lugar donde se edificó La Villa Arvelo, inmuebles vecinos al antiguo caserío La Quebradita, conocido hoy como Barrio La Línea, espacio por donde transitaba el Gran Ferrocarril de Venezuela rumbo a la ciudad de Valencia. Del otro lado de la quebrada La Quebradita y en terrenos de La Hacienda La Vega estará la quinta Las Barrancas, perteneciente al General Isaías Medina Angarita, inmueble que por su diseño arquitectónico rompe con las cuatro mansiones: las dos de López Contreras, el chalet de Henry Lord Boulton y Pedro Arvelo. Finalmente, pero en menor grado, estará la posesión Las Tapias, de menor extensión: la parte sur de sus terrenos estarán en la parroquia San Juan y la norte en la parroquia La Vega. Al dibujar La Quebradita del siglo xx, la primera finca que se instala es la del comerciante Enrique Arvelo, conocida como Villa Arvelo y vecina a esta finca se ubicó la Estancia La Quebradita, cuya historia se inició el 10 de diciembre de 1872. La propiedad pasó a manos del señor John Boulton en fecha posterior al 4 de octubre de 1915. Cercano a las mansiones de La Quebradita se encontraba El Caracas Golf Club, primera asociación de este deporte en el país fundada en 1918 por empresarios norteamericanos. Así se creó el primer campo de golf venezolano. La asociación de jugadores se denominó inicialmente Caracas Golf Club, pero en varias oportunidades cambió de nombre: Caracas Country Club, Las Barrancas y La Quebradita Golf Club. Permanecería por espacio de una década (1918-1928) en el sector; de esta etapa sobresale la frustrada negociación con la señora Carolina Uslar –propietaria de la Hacienda La Vega–, hecho que hizo trasladar al club al este de Caracas, en los espacios de la hacienda Blandín. La propiedad de este terreno llegó al general Isaías Medina Angarita el día 16 de julio de 1943; en este área se construyó la quinta Las Barrancas. Esa Quebradita se conformaba por cuatro mansiones rodeadas de grandes extensiones de terreno denominadas fincas. Esta característica estableció la notable diferencia entre la urbanización El Paraíso, compuesta por casas y quintas de estilo neoclásico, neogótico, así como neocolonial, y las mansiones ubicadas en las fincas de La Quebradita. Valery (1978: 383) ayuda a recrear la explicación cuando sostiene que «hace relativamente poco, este sector no estuvo muy desarrollado pero la explosión demográfica ocurrida

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14 I ESTUDIOS DEL PATRIMONIO CULTURAL en la segunda mitad del presente siglo ha transformado por completo su aspecto. Allí estuvo el primer “Country Club” de Caracas, donde hoy se asienta la Urbanización Vista Alegre, estuvieron también las mejores residencias de las primeras décadas del siglo xx a saber: la Villa Arvelo, en medio de una tupida arboleda, detrás del monumento a Antonio José de Sucre, la casa de John Boulton Pietri, la casa del general Eleazar López Contreras y, por último, la del general Isaías Medina Angarita, que dejó inconclusa el golpe del 18 de octubre de 1945». Por esta última afirmación, hacer referencia a La Quebradita es vincular su historia con el acontecer político venezolano a partir de la segunda mitad de la década de los años treinta y la primera mitad de la década de los cuarenta de pasado siglo xx, historia que tiene un nexo a la historia regional de Caracas porque nos habla de la transformación de un importante sector de esta ciudad: la Hacienda La Vega y, con ella, la parroquia La Vega de la época, lugar donde no solo se encuentra la quinta Las Mercedes, también estaba la quinta María Teresa, inmueble propiedad de López Contreras, donde éste habitó como presidente de la República al igual que el general Isaías Medina Angarita, quien la utiliza prácticamente durante todo su periodo al frente de la presidencia al habérsela alquilado López , asimismo tiene nexos con la historia local de La Quebradita actual. Al ser sucedido en la presidencia en 1941 por el general Isaías Medina Angarita, López Contreras decide alquilarle la quinta María Teresa al nuevo presidente por cinco mil bolívares mensuales. Medina habitará el inmueble por cuarenta y nueve meses. Núñez (1963: 266) expresa «[...] López Contreras, [...] heredero del poder de Gómez, se fue a vivir a La Quebradita. Luego hizo construir otra villa cercana (en referencia a la quinta Las Mercedes) para dejar la anterior a Medina, quien por este medio se convertía en su inquilino. A su vez Medina hizo construir su propia morada sobre una colina frente a la estatua de Artigas, denominada Las Barrancas [...]». En este contexto, la familia López Núñez contrata al arquitecto puertorriqueño Hernando Hernández Batista para que les edificase la quinta Las Mercedes. La obra le será encargada durante su estancia en Venezuela porque era el arquitecto de moda entre las personas que estaban en la capacidad económica de contratar sus servicios profesionales. Hernández Batista nació en 1903 e ingresó en el programa de arquitectura en 1922, año en que completó el curso especial de Arquitectura de dos años que se impartía en el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas, hoy Universidad de Puerto Rico Recinto Universitario de Mayagüez. El ejercicio profesional de la arquitectura lo iniciaría como inspector del Departamento del Interior de Obras Públicas, institución donde fue supervisado por los arquitectos Rafael Carmoega, Antonio Higuera y Francisco Pons de 1922 a 1924. Posteriormente, en 1927 participó en la inspección del edificio Felipe Janer de la Universidad de Puerto Rico y realizaría los planos del Hogar Infantil de Puerta de Tierra y de residencias privadas. Hernández Batista estaría influenciado por la obra del arquitecto Rafael Carmoega. Hernández Batista, al construir Las Mercedes, recrea una casa con patio andaluz típica del regionalismo sevillano, ornamentada con elementos propios del renacimiento español; esto lo hace en la entonces parroquia de La Vega. La Casona representa así un vestigio del estilo arquitectónico historicista conocido bajo las denominaciones de resurgimiento español, renacimiento español, spanish revival, Venezuela neocolonial, siendo uno de sus máximos exponentes el arquitecto Manuel Mujica Millán, por esta razón su diseño es similar a las casas construidas en el entorno del Country Club de Caracas. Las Mercedes costará 165 000 bolívares. El proceso de construcción se iniciará en mayo de 1941 y finalizará aproximadamente en febrero o marzo de 1942 con su ocupación por parte de la familia. A partir de esta fecha se puede afirmar objetivamente que la familia López Contreras Núñez Tovar habita la quinta Las Mercedes. Su uso cambiaría para siempre a raíz del golpe de estado del 18 de octubre de 1945 y el desarrollo de un proceso jurídico –conocido como Juicio de Responsabilidad Civil y Administrativa– dirigido por un jurado al que los medios de la época denominaron «Jurado Represor del Peculado». Este juicio derivó en la expropiación de los bienes mediante el Decreto 54 de la Junta Revolucionaria de Gobierno y la expulsión del país el 29 de noviembre de 1945 y el consiguiente exilio hacia los Estados Unidos de Norteamérica de los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita con sus respectivas familias. Durante el exilio de ambos, sus propiedades en La Quebradita serían utilizadas por

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14 I ESTUDIOS DEL PATRIMONIO CULTURAL instituciones del Estado, hecho que se consumó el 5 de agosto de 1946, fecha en que la propiedad de ambos generales fueron traspasadas a la República. En definitiva, según López (2006: 1), esta «etapa de nuestras vidas que durará tres años y nueve meses, la cual concluye abruptamente luego del golpe de estado del 18 de octubre de 1945«», La Quinta Las Barrancas, propiedad de Medina Angarita, sería utilizada como sede del Instituto Técnico de Inmigración y Colonización , transformado en el Instituto Agrario Nacional (IAN), hoy Instituto Nacional de Tierras (INTI), En el caso de la Quinta María Teresa, fungiría desde 1946 hasta 1954 como la primera sede de la comandancia de las entonces Fuerzas Armadas de Cooperación, hoy Guardia Nacional Bolivariana. Sería demolida al inicio de la década de 1970. De esta lamentable acción resalta la desaparición de esta mansión, dado que en ella habitaron dos presidentes y sucedieron múltiples reuniones políticas de envergadura, a lo que se suma que era de estilo mudéjar, más ornamentada y de mayor majestuosidad que Las Mercedes. La quinta Las Mercedes sería utilizada desde 1946 hasta 1967 como sede del Liceo Luis Razetti. Al respecto Orellana (1966: 3) explica: «Comenzando en el mes de septiembre cuando el ministro de educación el Dr. Anzola Carrillo le encomienda una misión a un profesor de nombre Fernando Ríos, Inspector del Ministro de Educación, buscar sitios adecuados para la creación de dos Liceos que se llamarían: Luis Razetti y Luis Espelozín. El profesor Ríos, amigo personal del ministro del interior Mario Vargas, consigue por intermedio de éste una lista de posibles locales disponibles, entre los cuales se encontraba la casa presidencial del general López Contreras, conocida con el nombre de Quinta Las Mercedes situada en la Quebradita.[...] El Liceo “Luis Razetti” comienza su labor educativa en el mes de Octubre del año 1946, con apenas 400 alumnos». Un año antes, el 9 de marzo de 1965, la señora María Teresa Núñez de López Contreras y sus hijas venderían la finca La Quebradita y, con ella, las quintas María Teresa y Las Mercedes al estado venezolano, representado por el procurador general de la República, quien realiza la transacción por 7 045 000,00 Bs. Por esta razón, en 1967 se inaugura la nueva sede del Liceo Luis Razetti, dando paso a la ocupación de la casona por parte del Liceo Pablo Acosta Ortiz en octubre de 1967. Allí permanecería por espacio de dieciocho años hasta que los síntomas de deterioro que presentaba el inmueble promovió, durante el año escolar 83-84, la lucha de los profesores del liceo ante el Ministerio de Educación por la construcción de una nueva sede para esta institución en los terrenos de la antigua finca La Quebradita. La casona sería abandonada y dejada a su suerte sin ningún tipo de resguardo. Por segunda vez es saqueada; esta vez no serían los bienes muebles pertenecientes a la familia López Contreras; en esta ocasión fueron las rejas y las innumerables piezas de madera que formaban parte del piso, el techo, las puertas y las ventanas, las cuales fueron arrancadas de la estructura de la casa. Este acto vandálico la redujo a ruinas, sus espacios pasaron a albergar a indigentes y delincuentes de la zona, quienes la utilizaban como guarida, centro de venta y distribución de drogas. Permanecería por once años abandonada, siendo calificada por la prensa de la época (1997) como cueva, antro, guarida de aspecto lúgubre, sombrío y tétrico, de olor putrefacto, maloliente, habitado por personas en situación de calle donde era frecuente encontrar pitillos con restos de presunta droga, zapatos de goma viejos y rotos; botellas

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de refresco, cerveza, licor, latas oxidadas de sardina, sábanas ajadas y descoloridas; cobijas viejas. La casona se convirtió así en el espacio idóneo para derretir el cobre de los cables de electricidad, actividad que impregnó a sus paredes de un negro hollín. Esta situación motivó que un grupo de vecinos en aquel momento se organizará para enfrentar la situación de delincuencia que se había generado, logrando tener cierto éxito en esta iniciativa al intervenir el inmueble artesanalmente, paralizando con ello el proceso de deterioro de la casa. Sufrirían las consecuencias de la incomprensión y de las pugnas hasta que, por motivos ajenos a su voluntad, no lograron coronar sus esfuerzos. Por ello se puede afirmar tajantemente que desde ese momento la restauración de este inmueble se convirtió en una lucha por la defensa y la protección de este Bien de Interés Cultural, lugar donde se juntan la historia nacional, regional y local con la que miles de ciudadanos conviven a diario en la más absoluta indiferencia.

Una larga lucha por el derecho al Patrimonio Cultural. La aprobación de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela mediante referéndum en 1999 marcó un antes y un después en todos los ámbitos de la vida de esta nación, la carta magna consagró derechos económicos, sociales y culturales. La máxima ley de Venezuela reconoció en su artículo 99 el derecho al Patrimonio Cultural, su protección, la obligación del estado en proporcionar el presupuesto necesario para este fin así como las sanciones a quienes deterioren y destruyan los bienes que conforman el Patrimonio Cultural venezolano. Sin embargo, a quince años de su aprobación, hacer valer este derecho implica, para quien así se lo proponga, librar una larga epopeya y agotadora guerra, con diversas batallas orientadas a un claro objetivo: defender, proteger, restaurar y poner en uso social un inmueble declarado como Patrimonio Cultural, lo que tendrá en Venezuela las características de un verdadero milagro reconocido por el Vaticano; así lo ejemplarizan las acciones que se han desarrollado para concretar este derecho a favor; no solo para los habitantes de La Quebradita, los beneficios que supondrá la restauración del Bien de Interés Cultural Casona del presidente Eleazar López Contreras se proyectan hacía el resto de los habitantes de Caracas. Lo anterior nace de la percepción errada que aún se mantiene vinculada al menosprecio y la subestimación de todo aquello relacionado a la esfera de lo cultural, categoría que, a pesar de haber adquirido rango de derecho constitucional en 1999, no se asume como prioritaria, se ve como relleno y es lo último que se considera a la hora de elaborar el presupuesto público y la inversión de recursos. Así lo evidenció la

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14 I ESTUDIOS DEL PATRIMONIO CULTURAL mora de catorce años en la aprobación de la Ley Orgánica de la Cultural, hecho que al fin se concretó en noviembre del año 2014. De igual manera, se asume como una dádiva que se mendiga y se obtiene si los servidores públicos están dispuestos y de ánimo a concederlo, más como un favor excepcional que como un derecho social y constitucional exigible. Esta herencia del anterior modelo político (democracia representativa) debe ser superada en el contexto de la democracia participativa y protagónica impulsada por el comandante-presidente Hugo Chávez, proyecto político que continúa el presidente Nicolás Maduro Moros. El testamento político de Chávez es El Plan de la Patria, el cual, dentro de su quinto gran objetivo histórico, llamó a los venezolanos y a las venezolanas a contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana, dentro de esta intención se encuentra el objetivo nacional 5.3. que ordena defender y proteger el Patrimonio Histórico y Cultural venezolano y nuestroamericano, de lo que se desprenden dieciocho subobjetivos, entre ellos, y en el caso particular de la casona, la creación de un espacio histórico patrimonial dentro de las comunidades que alberguen este tipo de bienes. Por este indudable cúmulo de razones, se viene defendiendo a la casona desde una visión ética, política, jurídica y cultural estrictamente apegada al socialismo bolivariano del siglo xxi. Pero esto no siempre fue así, los orígenes y, con estos, los antecedentes de la política cultural venezolana se ubican en el año 1936, momento en que se crea la Dirección de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación bajo el mandato del general Eleazar López Contreras; posteriormente, en 1940 es creada la Dirección de Cultura y Bienestar Social del Ministerio del Trabajo, esta vez en el mandato de su predecesor el general Isaías Medina Angarita. Transcurrirían veinticuatro años hasta que en 1960 es creado el Instituto Nacional de la Cultura y las Bellas Artes (INCIBA) como institución adscrita al Ministerio de Educación. Posteriormente se liquida el INCIBA, dando paso al Consejo Nacional de la Cultura (CONAC); este hecho empieza a delinear el tímido nacimiento de una política pública y, con ésta, una política cultural en la materia de Patrimonio Cultural, dado que planteó la necesidad de fusionar las competencias del CONAC con las del Comisionado de la Presidencia de la República para el Patrimonio Histórico y las Juntas de Conservación. Sin embargo, resulta llamativa en esa etapa la creación de organizaciones privadas como la Fundación para el Rescate y Conservación de Inmuebles, Localidades y Bienes de Valor Histórico, Religioso y Cultural (FUNRECO). Este momento coincide con la creación de la Fundación para Teatros y Cines de Caracas (FUNTECA), la que posteriormente es transformada en la Fundación para la protección y defensa del Patrimonio Cultural de Caracas (Fundapatrimonio), esto como consecuencia de la aprobación de la Ley para la Defensa y Protección del Patrimonio Cultural y, con ésta, la creación Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) en 1993.

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Este es el preámbulo que explica las actuales dificultades que reviste la defensa y protección de cualquier bien perteneciente al Patrimonio Cultural venezolano, dado que su conservación solo logró alcanzar el rango de derecho constitucional en 1999, hecho al que se suma la liquidación del CONAC y su posterior transformación en viceministerio de la Cultura como parte del Ministerio de Educación, situación que desembocó en la creación del Ministerio del Poder Popular de la Cultura y, con éste, sus plataformas, entre ellas la vinculada al Patrimonio Cultural, pero solo es hasta 2014 cuando se promulga la Ley Orgánica de la Cultura, lo que traerá como consecuencia la reforma de la Ley para la Defensa y Protección del Patrimonio Cultural 1993, acción que aún no se concreta. En este contexto, el 21 de marzo de 1997 es una fecha cualquiera, pero para la casona significó el traspaso de su propiedad de manos de la Procuraduría General de la República al liquidado Instituto Nacional de La Vivienda (INAVI), organismo gubernamental que fue absorbido por el Ministerio del Poder Popular para el Hábitat y la Vivienda, heredero de la actual situación. En el momento en que se realizó este trámite jurídico el inmueble ya sufría once años de abandono, pero apenas seis años antes, la también liquidada Fundación (privada) para el Rescate y Conservación de Inmuebles, Localidades y Bienes de Valor Histórico, Religioso y Cultural (FUNRECO) diseña el único proyecto de rehabilitación y adaptación de uso para la casona. El arquitecto responsable del proyecto, Francisco Pérez Gallego, explicaría en 1996 a la revista corporativa del liquidado grupo bancario Unión Balance, que los acontecimientos políticos sucedidos en el país en el año 1992 y la posterior salida de Carlos Andrés Pérez de la presidencia en 1993 abortaron el proyecto, esto en clara alusión a los dos rebeliones militares lideradas por el comandante-presidente Hugo Chávez el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. Sería la hija de Pérez Gallego quien emitió durante el mandato del exalcalde de Caracas Claudio Fermín la orden para instalar en la casona un programa social destinado a los niños, niñas y adolescentes, intención que no se concretó porque Venezuela vivía tiempos convulsos generados por la aplicación de las políticas de ajuste neoliberal por parte del presidente Carlos Andrés Pérez, situación que alimentó la inestabilidad política y el descontento social que experimentaban los venezolanos. Resulta obvio entonces que este contexto no ofrecía las mejores condiciones para la realización de cualquier proyecto.

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Este hecho puntual, sumado a las fluctuaciones del estado venezolano en cuanto al establecimiento de instituciones y, con éstas, la generación de políticas públicas culturales acertadas en la materia, han condicionado negativamente la defensa y la protección de bienes culturales como la casona, situación que no solo afecta a este bien sino al conjunto de bienes que conforman el Patrimonio Cultural venezolano. Esto debe ser superado sin retardo alguno. Las consecuencias que ha sufrido no solo la casona sino también el conjunto de bienes que conforman el Patrimonio Cultural venezolano material edificado así lo demuestran, dado que el último de los agravios que sufrió el inmueble provino del propio Estado, quien concretó la construcción de dos nuevos edificios en el entorno inmediato del inmueble: el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) y una Sala de Rehabilitación Integral (SRI), propuestas que se concretaron en alianza con el liquidado Instituto Nacional de la Vivienda (INAVI) en razón a la existencia de una porción de terreno que por sus dimensiones podía alojar edificios de mediana magnitud, acción motivada por la necesidad conformar un sistema público de salud de segundo nivel. La creación de este segundo nivel del sistema público de salud se legitima dadas las consecuencias que sufrió el pueblo venezolano por la aplicación de las políticas de ajuste neoliberal por parte del presidente Carlos Andrés Pérez, acción que se conoció como El Gran Viraje y que ahora en Europa se denomina «austeridad», política que produjo en Venezuela durante 1989 la sublevación civil y el genocidio que lo acompañó conocido como El Caracazo. Por ello, es lógico que toda una sociedad aprecie más el derecho a la salud y no el derecho al Patrimonio Cultural, sin embargo, no se justifica de ninguna manera que se destruya el Patrimonio Cultural material edificado para desarrollar otros derechos contemplados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; todos los derechos consagrados en la carta magna tienen igual rango y valor, por lo tanto ninguno debe ser ignorado, omitido, menospreciado, subestimado ni yuxtapuesto sobre otro. En tal sentido, se sentó un precedente mediante la jurisprudencia que produjo la acción de amparo constitucional ejercida junto con medida cautelar innominada por las abogadas Iris Auxiliadora Rangel A. y Zulay Orellanes, realizada contra la C.A. METRO DE CARACAS (CAMETRO), por la presunta violación de los derechos enunciados en los artículos 19 y 99 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. En dicha sentencia se interpretó el artículo 99 de la Constitución vigente, contenido en el Capítulo VI, De los derechos culturales y educativos, del Título III, De los Derechos Humanos y Garantías, De los Deberes. Esta acción hizo que se produjera un notable avance en la materia, de igual manera se fortaleció la protección del Patrimonio Cultural edificado, pero esto aún no resulta suficiente, por esto en Venezuela

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14 I ESTUDIOS DEL PATRIMONIO CULTURAL hay que superar como dé lugar la actual situación que vulnera al Patrimonio Cultural, compuesta por una mezcla de necesidad, ignorancia y avaricia que han alimentado la destrucción del Patrimonio Cultural material venezolano edificado. En definitiva, en las actuales circunstancias es más factible defender un edificio como la casona por ser éste un bien público que un inmueble con la misma declaratoria de propiedad privada. Urge en este último caso empezar a analizar los casos existentes, sus motivaciones, consecuencias y posibles alternativas de acción, factores que en este particular están ligados a la avaricia de constructoras privadas que pretenden «modernizar» a las ciudades en alianza con la ignorancia y corrupción de ciertos concejales y concejalas de algunos municipios donde el dinero les compró la conciencia haciéndoles olvidar su carácter de servidores públicos cuyas actuaciones están sujetas a las leyes venezolanas. Pero si en el pasado el signo era la corrupción, en la actualidad es la omisión y el desconocimiento en la materia quienes marcan la pauta al respecto, esto a pesar de los lineamientos generados desde la Presidencia de la República que ha exigido la máxima eficiencia en la acción del gobierno, la que por demás está obligada hacer cumplir El Plan de la Patria, que no solo es un plan de gobierno, es una ley promulgada y vigente que contempla, como ya se mencionó, la defensa y protección del Patrimonio Histórico y Cultural venezolano y nuestroamericano. Esa ha sido la intención de todo lo realizado hasta ahora: hacer cumplir una ley y con ella el testamento político del comandante Hugo Chávez en total apego a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Pero las actuales omisiones tienen como cómplice la actitud de una ciudadanía que, por diversos motivos, aún no sabe apreciar este derecho, cultura que proviene del modelo económico heredado del capitalismo rentístico de signo petrolero y con éste el consumismo propio del modelo de libre mercado. Por ello el pueblo aún no ejerce el control difuso sobre los bienes públicos, porque aún no sabe apreciar la necesidad de proteger a todos los bienes culturales y los enormes beneficios en todos los órdenes que supone la conservación, restauración y puesta en uso de su patrimonio cultural edificado. Las acciones jurídicas para defender y proteger este bien de interés cultural fueron desarrolladas por medio de una serie de leyes que no regulan la materia del Patrimonio Cultural, por ello contradictoriamente no fue la Ley para la Defensa y Protección del Patrimonio Cultural la que ayudó en esta tarea ejecutada por medio de una campaña de denuncia iniciada el 25 de febrero de 2014 y concluida el 18 de julio de 2014, posteriormente se ejercerían en 2015 dos acciones más para complementar las realizadas durante el año 2014. De esta manera el problema es conocido por la Contraloría General de la República (caso que prosperó avanzando a la Dirección General Sectorial de Administración Pública Descentralizada), asimismo se hizo lo propio ante la Superintendencia de Bienes Públicos (SUDEBIP), la Defensoría del Pueblo Delegada del Área Metropolitana de Caracas, institución que abrió un expediente procediendo a designar un defensor del pueblo. De igual manera se acudió ante el Consejo Moral Republicano, instancia donde se alegó que la actual situación de desprotección de este inmueble constituye un hecho y una omisión que representa un atentado a la ética pública y moral administrativa por contravenir lo estipulado en la Ley Orgánica del Poder Ciudadano; finalmente se haría lo propio ante el Ministerio Público en la Fiscalía Segunda del Área Metropolitana de Caracas. Estas acciones, en definitiva, y no las múltiples peticiones realizadas ante Fundapatrimonio fueron las que empezaron a concretar por otras vías la protección del inmueble. La reacción del Instituto del Patrimonio Cultural sería tardía, pero, al menos, esta institución empezó a preocuparse verdaderamente por esta situación dada las cinco contundentes denuncias que se realizaron. Esta actitud no se había generado en anteriores gestiones que estuvieron a cargo del IPC; Fundapatrimonio en contraste sigue omitiendo sus propios estatutos y solo actúa como oficina técnica cuando recibe instrucciones generadas desde la alcaldía de Caracas para contratar la restauración de aquellos bienes que revisten especial interés por parte del ayuntamiento. Loable gestión del gobierno local que se ve empañada cuando esta institución ignora las peticiones que le hacen los ciudadanos preocupados por el estado de deterioro del patrimonio cultural de la ciudad de Caracas. Por esta razón se aprovechó la doble cualidad de la casona: es un bien cultural declarado pero también es un bien público perteneciente al patrimonio público de la República al ser su propietario el Estado

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por medio del Ministerio del Poder Popular para el Hábitat y la Vivienda, organismo que heredó la situación del liquidado INAVI, institución que se vio obligada a emitir una opinión jurídica favorable al traspaso de la propiedad con el objeto de omitir su responsabilidad en este bochornoso hecho, acción que se genera dada las denuncias interpuestas ante los órganos del Poder Ciudadano venezolano; por ello se atacó el problema desde este ángulo de acción. El problema está por dirimirse por medio de la acción de la SUDEBIP, sin menoscabo de las actuaciones de las otras instituciones a las que se acudió, así como las sanciones que puedan generarse al respecto. Acciones que se encuentran en pleno desarrollo, lo que sin duda generará un precedente y un marco de acción para la administración pública en todos sus niveles por lo que se podría estar ante la presencia de lo que posiblemente se constituya en el Sistema Nacional de Defensa y Protección del Patrimonio Cultural Venezolano conformado por los órganos del Poder Ciudadano Venezolano; Consejo Moral Republicano, Contraloría General de la República, Defensoría del Pueblo Delegada del Área Metropolitana de Caracas, Ministerio Público por medio de la Fiscalía Segunda del Área Metropolitana de Caracas y la Superintendencia de Bienes Públicos. Política que deberá asumir en un futuro próximo el Estado venezolano dado que Ministerios del Poder Popular como Defensa, Educación, Salud, Cultura, Deportes, Gobernaciones y Alcaldías, por solo nombrar algunas instituciones, son propietarios de bienes inmuebles e muebles declarados bienes pertenecientes al Patrimonio Cultural venezolano, por lo que es posible que de igual manera que el Ministerio del Poder Popular para el Hábitat y la Vivienda no estén respetando estas declaratorias, como consecuencia de lo anterior es factible presumir que realicen el correcto registro de bienes públicos, lo que representa pérdidas económicas para la nación venezolana y con ello la vulneración de la memoria histórica del país, dado que ésta se encuentra ligada en gran medida a las edificaciones públicas y a los bienes públicos que en ellos se encuentren, entre éstos, obras de arte de diverso tipo. En conclusión, la situación por la que atraviesa el Bien de Interés Cultural Casona de López Contreras desnuda las debilidades de la visión con que se creó el Instituto del Patrimonio Cultural, organismo que debe transformarse en la Superintendencia Nacional del Patrimonio Cultural con presencia en cada una de las provincias venezolanas. Esto le otorgaría igual poder que la Superintendencia Nacional de los Derechos Económicos (SUNDDE), ente que tiene por ley capacidad legal de sustanciar expedientes para ser pasados

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a la Fiscalía General de la República, quien ejerce la acción penal por parte del Estado venezolano ante su sistema de justicia, solo así se liquidará de raíz el comportamiento de trogloditas, bárbaros y vándalos que destruyen con total impunidad el Patrimonio Cultural de Venezuela. En relación a la situación de la Casona, todo parece indicar que está por ser dirimida, pero, mientras la Justicia actúa, se tiene la convicción de que al fin se solucionará un problema con treinta años de existencia, para ello se propuso un nuevo uso social: sede del parlamento comunal, y otros de carácter sociocultural similares a la Casa de las Primeras Letras ubicada en el casco histórico de la ciudad de Caracas. En tal sentido, se propuso solicitar el traspaso de la propiedad de la Casona de acuerdo a la Ley para Transferencia al Poder Popular de la Gestión, Administración Comunitaria de Servicios, Bienes y otras atribuciones, lo que permitiría fortalecer el proceso de organización política y social que actualmente se desarrolla en La Quebradita y, a la vez, generar la sostenibilidad económica bajo el enfoque de desarrollo comunal endógeno como nuevo modelo económico que busca superar la dependencia que impuso el rentismo petrolero en el pasado siglo xx. Por ello no resulta descabellado el binomio socialismo bolivariano del siglo xxi en el contexto de la comuna y puesta en uso social del Patrimonio Cultural. •

Bibliografía ABACHE DE VERA, B. 1995: El Paraíso de ayer y hoy en su centenario, 1895-1995. Ed. Fundarte. Caracas. NUÑEZ, E. 1963: La ciudad de los techos rojos: una selección. Caracas. ORELLANA, I. 1966: Trayectoria del Liceo Luis Razetti. Caracas. VALERY. R. 1978: La Nomenclatura Caraqueña. Petróleos de Venezuela. Caracas.

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INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN LOS SOLARES Nº 5, 7 Y 9 DE LA CALLE HUMILLADERO (ÁVILA).

APROXIMACIÓN A LA CULTURA MATERIAL RECUPERADA

Francisco Javier Moreda Blanco I Arqueólogo Rosalía Serrano Noriega I Arqueóloga Estudio de Arqueología Foramen I afestudio@arqueologiaforamen.com

En la calle Humilladero de Ávila (España), muy próxima a la basílica de San Vicente e inmediatamente extramuros de la muralla medieval de la ciudad, se realizó una excavación arqueológica que no deparó restos arquitectónicos pero sí un interesante lote cerámico de cronología medieval ‘salpicado’ de piezas de épocas posteriores. Palabras clave: excavación arqueológica; Ávila; cerámica; estratigrafía; medieval.


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Localización del solar donde se realizó la intervención arqueológica.

En este artículo damos a conocer los resultados de los trabajos arqueológicos realizados en diciembre de 2001 en el solar conformado por los números 5, 7 y 9 de la calle Humilladero de Ávila. Se encuentra situado en la zona extramuros de la ciudad, al noreste de la muralla medieval, en una zona muy cercana a la cabecera de la basílica de San Vicente; delimitado por la calle del Humilladero, la escalinata de San Vicente y la avenida de Madrid, estaba incluido en una manzana de casas que fueron derribadas, a excepción de dos: el inmueble situado frente a la ermita de la Vera Cruz y el ubicado en la avenida de Madrid. La intervención consistió en la excavación de cuatro sondeos: uno de 3 x 3 metros, otro de 4 x 3 metros y los dos restantes de 7 x 2 metros, distribuidos de forma estratégica por todo el solar.

Nota histórica Toda esta zona de la ciudad parece tener como núcleo original la basílica de San Vicente, entorno a la cual se irá levantando un caserío ya desde los primeros momentos de la repoblación. La fundación de su sector principal debe centrarse entre los años 1130 y 1170, aunque algunos autores piensan que la iglesia que construyen los repobladores en el siglo xii se sitúa en el mismo espacio en el que se conservaba la memoria y los restos de un edificio prerrománico erigido sobre el lugar de martirio y enterramiento de los tres hermanos: Vicente, Sabina y Cristeta. Este punto parece confirmarse por el hecho de la presencia del rey Fernando I (1037-1065) en Ávila junto con los abades de Silos y de San Pedro de Arlanza con el fin de poner a buen recaudo las reliquias de los mártires (Belmonte 1997: 57) ya que la ciudad en esta época se encontraba, según se recoge en la Primera Crónica General de España (T.II 1977:491), “yerma y despoblada”. Aunque este libro haga referencia a la despoblación, la subsistencia de una tradición y culto religioso hacia estos mártires sólo se podía mantener en un entorno con cierta población (Barrios 1983:119-123). Durante los siglos xii y xiii parece que toda la ciudad se encuentra en una fase de ordenación urbana (Belmonte 1997: 151), actividad a la que no es ajeno este sector. Será asiento preferente de la minoría hebrea y constituirá, junto con el mercado Grande, la única zona comercial situada fuera del recinto murado. En definitiva, el entorno de la iglesia de San Vicente va a ser donde se concentre durante el siglo xiv uno de


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36 los núcleos más dinámicos de la población, convirtiéndose no sólo en un centro artesanal sino también en la sede de un mercado semanal (Belmonte 1989: 49). Durante la Edad Moderna se producirá una nueva remodelación, sobre todo a raíz de la construcción de la ermita o humilladero de la Vera Cruz; así, entre 1552 y 1594 se edificará este hermoso edificio en uno de los extremos del cementerio de San Vicente (Martín 1872: 560) que terminará de definir este espacio cívico. Hasta bien entrado el siglo xix son escasas las transformaciones urbanísticas; es entones cuando se realiza la nivelación de la zona meridional de la plaza de San Vicente con el fin de acondicionar el camino que, con dirección a Madrid, salía de la ciudad. Esta obra tuvo como consecuencia, entre otras alteraciones y relevaciones del entorno, que la fachada meridional de la ermita (la principal) fuera cegada hasta prácticamente cubrir la mitad de su alzado (Martín 1872: 560).

La excavación arqueológica y su desarrollo estratigráfico La intervención arqueológica se llevó a cabo mediante el sistema de sondeos, tres ubicados en el espacio que se abre a la calle Humilladero y el cuarto en paralelo a la calle de la Escalinata. En este sector, en un muro que servía Cipo de granito reutilizado en el aparejo del de cierre de la finca al Oeste, se localizó un cipo funeracierre occidental del inmueble. rio mudéjar de granito, decorado con arquillos ciegos de medio punto; este elemento ofrece una cronología posterior a los inicios del siglo xvi (en concreto a 1504), cuando se prohíbe enterrar a los mudéjares según sus tradiciones y se inicia el desmantelamiento de sus cementerios. Pese a los magníficos antecedentes documentales existentes sobre esta zona de la ciudad, los resultados arqueológicos en tres de los cuatro sondeos establecidos fueron prácticamente nulos; los del cuarto, aunque algo mejores al existir una secuencia estratigráfica, tampoco se correspondieron con lo esperado. Hay que tener en cuenta que tanto la configuración geológica como la incidencia de los últimos inmuebles edificados sobre el subsuelo dieron como resultado que sólo el extremo meridional de la parcela, donde se estableció el sondeo 3, contase con depósitos antrópicos. Éstos, pese a no abarcar un amplio periodo cronológico, sí proporcionaron un aceptable conjunto de cultura material, buen reflejo de la ocupación de esta zona en época medieval. El sondeo se planteó en el extremo oriental de la parcela, en una zona mucho más elevada y solo abierta a la calle Humilladero; asimismo, lindaba al este y sur con un viejo inmueble todavía en pie. El proceso de excavación puso al descubierto una acumulación estratigráfica que en algunos puntos alcanzaba 1,90 metros de potencia; sin embargo, no resultó uniforme, sino que se adaptaba a la formación geológica del subsuelo. Así, en el ángulo sureste colmataba una profunda depresión del terreno mientras que en el noreste los niveles tan sólo alcanzaban una potencia de 0,70 metros. Los trabajos permitieron individualizar un total de once Unidades Estratigráficas identificadas con los números comprendidos entre el 301 y el 311, siendo el primero el de ellos nivel superficial y el último el sustrato natural. Una de sus características fundamentales es que se trataba de simples acumulaciones de tierra que, con mayor o menor espesor, colmataban una vaguada natural hasta alcanzar el nivel actual de la calle. Esta acumulación ordenada, principio en el que se basa el sistema estratigráfico en arqueología, se debió producir si nos atenemos a la


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Distribución de los sondeos en el solar.

cultura material recuperada en dos momentos históricos muy concretos: el primero de ellos y más antiguo, centrado en época bajomedieval y el segundo, mucho más moderno, circunscrito a la época contemporánea, sin niveles o acumulaciones que completen el panorama cronológico entre los dos periodos citados. Ahora bien, mientras los niveles contemporáneos se reducían a finas capas que remataron la superficie interior de las viviendas, los fechados en época medieval eran los encargados de colmatar y nivelar toda el área. Así, la Unidad Estratigráfica 302 se correspondía con un fino nivel arenoso de unos dos o tres centímetros de potencia, interpretado como la capa de preparación de un suelo de baldosas de la antigua vivienda, que se depositaba directamente sobre la Unidad 303. Esta última era también una fina capa (entre 9 y 10 centímetros) arcillosa muy oscura, extraordinariamente endurecida y perfectamente horizontal que, casi sin lugar a dudas, se corresponde con la capa de preparación de un suelo o pavimento eliminado al depositar el superior. Las mismas características de horizontalidad y uniformidad en la potencia (en torno a seis centímetros) se repetían en la Unidad Estratigráfica 304, también relacionada con un suelo –más concretamente con su capa de compresión, en este caso una mezcla de cal y arena- asentado sobre el primer nivel de colmatación. Por su parte, los estratos documentados a partir de esa unidad resultaron mucho más heterogéneos, en virtud de la inclinación del sustrato natural en cada zona. Se trataba de depósitos primarios, sin inversión o alteración en ningún área de la excavación. Así, la Unidad Estratigráfica 307 es un potente nivel de colmatación que, aun con escombros, se componía básicamente de tierras oscuras casi negras, abundantes cenizas y carboncillos de origen vegetal, fragmentos cerámicos y fauna; todo ello hizo pensar en vertidos de origen doméstico que relevasen y enrasasen la superficie, sobre todo en el sector que había quedado en un plano más bajo al ceder la unidad inmediatamente inferior. La Unidad Estratigráfica 306, sellada por la anterior, estaba compuesta por un fino nivel de tierra arenosa que, con potencia muy desigual, se localizaba por todo el sondeo. Con un marcado buzamiento norte-sur, en su composición se documentaron abundantes restos constructivos (tejas, ladrillos, trozos de granito y numerosos nódulos de cal y arena); estéril en cuanto a repertorio cerámico, su extremo noreste llegaba a entrar en contacto con el nivel superficial y se enrasaba por tanto con la cara superior de la Unidad 307. Esta circunstancia, unida al propio desarrollo del estrato, con máxima profundidad en la zona en donde el nivel geológico se hallaba a más profundidad, llevó a pensar en una superficie de uso que, como consecuencia del asentamiento de los niveles inferiores, basculó de forma tan marcada que fue necesaria

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Sondeo 3. Vista del perfil Norte. A la derecha, bolsada Sondeo 3. Vista del perfil Oeste una vez concluidos los trabajos. individualizada como 305.

la inclusión de 307 para volver a enrasar el terreno. Finalmente, 306 fosilizaba dos Unidades: la 305, localizada únicamente en el ángulo noreste del sondeo y la 308, en el resto del área. Por su parte, la Unidad Estratigráfica 305 estaba formada por una bolsada de tierra de color pardo muy oscuro y textura muy compacta, con abundantes restos constructivos –tejas sobre todo- y desechos domésticos. Documentada únicamente en el ángulo nororiental del sondeo, se depositaba directamente sobre la Unidad 308 y la zona más superficial del sustrato natural. Este vertido de escombros y restos domésticos debió realizarse en un momento previo a la nivelación de toda el área, pero posteriormente a la colmatación de las oquedades y altibajos naturales del nivel geológico. En cuanto a las unidades restantes, a partir de la 308, cabe señalar que se depositaban sobre una serie de desniveles producidos por la distribución caótica de los afloramientos graníticos. Así, la mencionada Unidad Estratigráfica 308 era un nivel de potencia muy desigual que adquiría su máximo espesor en el ángulo sureste del sondeo, en donde llegaba a alcanzar el sustrato natural. Formado por tierras de color marrón oscuro y textura muy suelta, su principal característica era la gran abundancia de restos constructivos que contenía. En su desarrollo no sólo alcanzaba el nivel geológico sino que también fosilizaba la Unidad 309, localizada únicamente en la mitad occidental del sondeo, y 310, situada bajo la anterior en el ángulo suroeste de la cata. La Unidad Estratigráfica 309 se componía exclusivamente de cenizas y carbones vegetales y proporcionó restos de fauna y material cerámico. Por su parte, el nivel 310 estaba formado por arenas de grano grueso y tonalidad clara que envolvían abundantes restos de mampostería granítica de mediano y pequeño tamaño; asentado directamente en el sustrato natural, resultó estéril en cuanto al registro de material arqueológico. Como se ha indicado en la descripción de la secuencia estratigráfica observada, la colmatación intencionada de esta depresión del terreno natural se realizó con aportes de materiales muy heterogéneos; así, se documentaron acumulaciones de escombros y restos domésticos en las Unidades 305 y 308, cenizas en el caso de la Unidad 309 o escombros en la 310. A través de estos medios de fortuna se logró nivelar un amplio sector y hacerlo apto para el desarrollo urbano al tiempo que se otorgaba una utilidad tanto a los siempre engorrosos escombros como a los desechos de origen doméstico.

El material cerámico En lo que respecta a este apartado, hay que señalar cómo la práctica totalidad de los hallazgos se concentraron en el sondeo 3 que contó con una potente acumulación estratigráfica. En los restantes sectores

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Sondeo 3 Perfil Este. Sondeo 3. Perfil Sur.

excavados, los restos de cultura material resultaron exiguos –sondeos 1 y 41-, o inexistentes –caso del sondeo 2-. En el repertorio material recuperado en el sondeo 3 tan sólo se encuentran representados, de modo muy desigual, tres momentos históricos: las etapas contemporánea y moderna y, por último, la fase bajomedieval. Ahora bien, es preciso señalar el hecho de que en los conjuntos cerámicos aportados por las unidades de cronología más reciente existen intrusiones de elementos con datación más antigua. Así en la Unidad Estratigráfica 301 se documenta un fragmento de puchero con borde desarrollado casi vertical, decorado con vedrío verde al interior, producción típica de fines del siglo xviii y principios del xix, y dos piezas de loza: un ataifor con cuerpo troncocónico y borde vertical desarrollado y una forma indeterminada con pie anular retorneado. Ambos casos presentan un acabado a base de vedrío plúmbeo-estannífero en el interior y un engobe aplicado al exterior sobre la superficie previamente alisada; este tipo de producciones, sin decoración, pueden fecharse entre finales del siglo xv y todo el siglo xvi. Un caso similar, pero cronológicamente más amplio, se aprecia en los restos hallados en la Unidad Estratigráfica 303, donde se han documentado tanto piezas con decoración bruñida irregular (un fragmento de una forma abierta con fondo plano y perfil troncocónico), típica de las producciones plenomedievales, hasta un fragmento de puchero de época contemporánea similar al descrito en la unidad anterior; no hay que obviar las cerámicas bajo-medievales, representadas por fragmentos de cazuelas engobadas al interior (de perfil troncocónico y borde vertical desarrollado) y un ataifor con vedrío melado, también con borde desarrollado y labio exvasado de sección triangular. Mucho más uniforme en cuanto a cronología resulta el material recuperado en la Unidad Estratigráfica 307 pues el conjunto responde básicamente a ejemplares relacionados con el servicio de mesa. En concreto, se puede distinguir la forma plato, de perfil troncocónico, rectilíneo al exterior pero con marcado baquetón interno que marca la separación entre el ala y la cazoleta central; el acabado se consigue mediante la aplicación de un vedrío plúmbeo-estannífero en la zona interna de la pieza, mientras el exterior muestra tan sólo un engobe muy uniforme aplicado sobre una superficie previamente alisada. Este mismo tipo de acabado se observa en la forma de cuenco; en este caso, la morfología del mismo responde a una pieza con perfil troncocónico, borde sin destacar y labio redondeado. El conjunto se completa con cuatro 1 En el caso del sondeo 1 fue la Unidad Estratigráfica 101 la que ofreció un pequeño conjunto de piezas (siete fragmentos en total) de cronología dispar, pues en ella se asocian producciones bajomedievales –ataifor con un acabado a base de vedrío verde- con cerámica común de cocina de los siglos xviii o xix. Menor aun es el conjunto rescatado en el sondeo 4, ya que en la Unidad Estratigráfica 401, única que proporcionó resultados, tan solo se documentaron 3 fragmentos cerámicos, aunque con mayor sincronía entre ellos ya que todos responden a producciones del siglo xix.

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Bordes de cazuela y forma indeterminada (¿olla?) del servicio de cocina

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Tapaderas del servicio de cocina

fragmentos pertenecientes a otros tantos ataifores de perfiles similares a los descritos anteriormente y bordes con desarrollo rectilíneo ligeramente exvasado; sus acabados presentan vedrío melado muy uniforme aplicado sobre la cara interna de las piezas. Por lo que respecta a la cronología, ésta viene determinada por la presencia de la loza sin decorar, especialmente por la forma plato ya que este tipo cerámico, aun de clara raigambre medieval en cuanto a morfología (Pascual y Martí 1986), tendrá su máximo desarrollo durante el siglo xvi, tal y como queda atestiguado habitualmente en diferentes yacimientos de la región. Así, se documenta en el yacimiento vallisoletano de San Benito el Real, siempre adscrito a niveles de principios de la Edad Moderna (Moreda et alii 1998: 105-106); idéntica cronología se recoge en los yacimientos de la Casa Galdo (Moreda, Fernández, Martín 1991: 254) y San Agustín, ambos también en Valladolid, o en el zamorano de Santo Tomé (Turina 1994: 77), por solo citar unos ejemplos. Por último, el grupo de niveles que ofrecen un conjunto material muy similar entre si se corresponde con las Unidades Estratigráficas individualizadas como 305, 308 y 309. En todos ellos se han documentado básicamente producciones de dos de los tres servicios esenciales en los que se suelen dividir las manufacturas cerámicas: cocina y mesa, quedando reflejado el de transporte y almacenaje únicamente por elementos sueltos, sobre todo asas pertenecientes a formas cerradas indeterminadas. Así, en la Unidad Estratigráfica 305 están representadas básicamente tres formas del servicio de cocina: olla, tapadera y cazuela, todas ellas elaboradas a torno con pastas poco cuidadas y cocidas en origen en ambientes oxidantes. Las ollas presentan como característica principal un fondo alisado y ligeramente convexo, adecuado para la exposición al fuego; el cuerpo es globular y el borde desarrollado vertical con labio exvasado triangular. En algún ejemplar que conserva el elemento de suspensión, éste se reduce a un asa de churro que comunica el borde con el hombro de la pieza. Por su parte, las tapaderas presentan


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Ataifores con decoración estampillada.

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Ollas del servicio de cocina de las Unidades Estratigráficas 305 y 309

fondo plano –alguno de ellos alisado-, cuerpo troncocónico y borde sin destacar con labio redondeado; las variantes dentro de esta forma vienen determinadas por los apéndices centrales, ya que en unos casos son desarrollados con sección troncocónica y plano superior redondeado, en otros son cilíndricos y en otros casos bitroncocónicos. El acabado se consigue mediante la aplicación de engobes de diferentes tonalidades en la cara interna. Finalmente, las cazuelas cuentan con cuerpo troncocónico y borde desarrollado vertical con labio redondeado; el acabado es similar al anterior. Por su parte, perteneciente al servicio de mesa tan sólo se ha documentado la forma ataifor, con acabados interiores vidriados en blanco, melado o verde mientras que las caras exteriores cuentan con engobe aplicado sobre la superficie previamente alisada. Entre las piezas con vedrío blanco se pueden distinguir dos tipos diferentes: uno, con cuerpo troncocónico y borde desarrollado vertical y otro, de cuerpo hemisférico asociado a un borde sin destacar. Los ejemplares vidriados en melado son piezas con las mismas variantes que en el caso anterior aunque conservan pie anular retorneado; en algunos casos están decorados con estampillas: circulares con motivos geométricos al interior o motivos seriados en círculos concéntricos (vegetales y manos de Fátima). En cuanto a las producciones con vidriado verde únicamente se puede indicar que tienen cuerpo troncocónico y estampillas al interior, en este caso círculos concéntricos con disposición piramidal. La Unidad Estratigráfica 308 proporcionó piezas similares a las anteriormente descritas, aunque son mucho menos representativas. Por ejemplo, del servicio de cocina tan sólo se documentan cazuelas de fondo plano, cuerpo troncocónico y bordes desarrollados verticales con labio sin destacar (redondeado) o engrosado; al interior, la superficie presenta un engobe rojizo mate. Por su parte, adscritos al servicio de mesa se recuperaron ataifores con idénticos tipología y acabado que los de la Unidad Estratigráfica 305, aunque en este caso no presentan decoración estampillada.


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Ataifores y escudillas del servicio de mesa de las Unidades Estratigráficas 305 y 309

Por último, en la cultura material recuperada en la Unidad Estratigráfica 309 vuelven a estar representados los servicios de cocina, con ollas, cazuelas y tapaderas y mesa, en este caso con ataifores y escudillas. Las ollas presentan fondo plano alisado ligeramente convexo, cuerpo globular, cuello cóncavo breve, borde exvasado destacado al exterior mediante engrosamiento o cuello desarrollado casi vertical con labio exvasado curvo; el asa, cuando existe, parte del labio. En lo que respecta a la forma cazuela, ésta cuenta con dos variantes: la más abundante tiene cuerpo troncocónico y borde poco desarrollado casi vertical; la otra, aún con idéntico mismo perfil, presenta breve cuello cóncavo del que parte un borde exvasado poco desarrollado con labio apuntado. Los acabados se consiguen mediante la aplicación de engobes rojizos mate al interior. Por su parte, las tapaderas tienen base plana, cuerpo troncocónico, borde sin destacar y cuando conservan el apéndice, éste es cilíndrico, poco desarrollado; el acabado se realiza a base de engobe ocre o rojizo al interior.

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Fondo de una pieza de loza con decoración caligráfica en azul.

En esta Unidad Estratigráfica 309 se encuentran también representados elementos del servicio de mesa con acabados vidriados en blanco, verde y melado. La loza (vedrío blanco) está representada por la forma escudilla, con cuerpo troncocónico, borde desarrollado casi vertical, labio sin destacar apuntado y una pequeña asa de apéndice; el vidriado plúmbeo-estannífero se aplica en ambas caras. En este punto hay que señalar la presencia de una forma indeterminada con pie anular retorneado que lleva al interior decoración de motivos caligráficos pintados en azul. Los vidriados verdes se encuentran en la forma ataifor, de cuerpo troncocónico, borde vertical desarrollado y labio sin destacar redondeado; en algún caso se conserva pie anular retorneado. Finalmente, el vedrío melado únicamente está presente en un fragmento de fuente o ataifor de cuerpo troncocónico. La cronología de este conjunto de unidades se puede establecer a partir de las piezas del servicio de mesa, que son las producciones más estudiadas hasta el momento. Así, la asociación de los tres tipos de acabados se ha documentado en las excavaciones de la alcazaba de Badajoz (Valdés 1985:220-222), con una adscripción cronológica a la etapa plenomedieval. Esta misma asociación se documentó en el conjunto cerámico rescatado en el silo vertedero nº 2 de la calle Prado nº 7, de Valladolid (Moreda et alii 1991: 264-267), con producciones esmaltadas asociadas a las formas típicas del período clásico de Duque de la Victoria; en este caso concreto se estableció una cronología de un momento indeterminado del siglo xiv. Igualmente, se puede mencionar la existencia de piezas semejantes en Alcalá de Henares, fechadas entre los siglos xiv y xv (Turina 1986: 650-655) o en los propios alfares de Paterna del último cuarto del siglo xiv (Mesquina y Amigues 1986: 546-556), una atribución cronológica que para el caso levantino parece confirmarse gracias a las excavaciones realizadas en el testar de Molí (Amigues y Mesquida 1987: 72 y 78).•


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LA REPRESENTACIÓN

TRIDIMENSIONAL: HERRAMIENTA DE ANÁLISIS SOBRE LA EVOLUCIÓN DE EDIFICIOS HISTÓRICOS

José Ignacio Sánchez Rivera I jignacio@arq.uva.es Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Universidad de Valladolid

El desarrollo de las técnicas de representación tridimensional que ha acompañado a la introducción de la informática en las técnicas de representación arquitectónica, ha permitido la realización de modelos cuya elaboración resultaría penosísima o incluso imposible hace unos años. En este trabajo se exponen experiencias en la elaboración de modelos 3D sobre edificios históricos en los que no se ha buscado una simple representación, ni siquiera una representación compleja de interior y exterior de los edificios a través de secciones, sino la evolución de los edificios a partir de las evidencias que un análisis de las fábricas ha permitido. Palabras clave: Mudéjar; torres de iglesia; fotogrametría arquitectónica; análisis estratigráfico; representaciones tridimensionales; Keywords: Mudejar; churches with towers; architectural photogrammetry; stratigraphic analysis; three-dimensional recontructions.


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La toma de datos El primer trabajo es contar con los datos métricos que permitan realizar el levantamiento del edificio en cuestión. El desarrollo de la tecnología reciente ha permitido obtener datos métricos prácticamente sin tocar el edificio. De la tradicional metodología de medición basada en la cinta, el láser y el flexómetro con croquización manual, apoyado en el mejor de los casos en unos puntos topográficos, o bien en la fotogrametría clásica, se ha pasado en la última década al láser que suministra una tupida nube de puntos en el espacio (Martín Talaverano 2014). Más recientemente, se ha visto un resurgimiento de los métodos fotogramétricos al aparecer en el mercado programas que a partir de fotografías reconstruyen figuras tridimensionales a las que no hay más que dar escala y orientar para poder servir como representación fidedigna de la realidad. Incluso son accesibles a través de internet, remitiendo las tomas fotográficas y recibiendo el modelo a continuación (Souto-Vidal et alii 2015). Aunque este proceder parecía haber resuelto totalmente el problema de la toma de datos, en la práctica surgen inconvenientes que pueden impedir que se lleve a cabo con total satisfacción. El primero es la dificultad de enlazar tomas internas y externas para la construcción de modelos, especialmente cuando los interiores son angostos o excesivamente complejos (escaleras de caracol, espacios acoplados o encastrados) o simplemente por la escala, que llega a los límites físicos que los ordenadores pueden manejar. Una segunda dificultad es que no todo es accesible a la vista del láser o la cámara fotográfica en disposición de encadenar unas tomas con otras y poder generar modelos. En todos estos casos el complemento del croquis manual y la medida con láser o flexómetro sigue siendo insoslayable. En cualquier caso, el láser 3D se ha mostrado como una herramienta de croquización in situ de suma precisión y extraordinaria rapidez (Mañana-Borrazás et alii 2008). Por último, el producto final debe ser un documento manejable con fines de estudio o proyectación, de modo que permita su manejo por otros profesionales. En estos casos, la representación con línea sigue siendo demandada, no tanto por la inercia de los oficios sino por lo que supone de abstracción inteligente en la que un experto selecciona de la realidad los elementos que son relevantes para un fin concreto, frente a la representación fotográfica que es indiscriminada y que no pasa de ser una copia imperfecta de la realidad en su ser. Para la realización de este modelo de línea, se deben regularizar en parte los datos recogidos por cualquiera de los procedimientos (nube de puntos o imagen fotogramétrica) con lo que se pierde parte de la información. Si el elemento tiene deformaciones (desplomes, ruina) o formas complejas (grutas, escultura, etc.),

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Alzado de poniente y vista perspectiva de la torre de San Juan Ante PortamLatinam, en Pi帽el de Arriba, Valladolid, obtenida por PhotoScan.

Rectificaci贸n con Homograf de un dibujo de un paramento, donde se han identificado los diferentes tipos de sillares y las reparaciones con morteros.

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14 I ESTUDIOS DEL PATRIMONIO CULTURAL la regularización debe ponderarse en función del interés del documento. En cualquier caso, hay una regularización conveniente en los elementos seriados (molduras, pináculos, etc.) cuyas diferencias son debidas a la imposibilidad de la perfecta reproducción por parte del artesano que los realizó o a la erosión desigual, pero cuyas diferencias no resultan significativas como para exigir su individualización. Antes al contrario, la regularización supone reproducir el elemento tal y como la intención de quien lo ejecutó lo pretendía (San José et alii 2014: 22 y ss).

La ejecución del modelo 3D A partir de los datos tomados, por cualquiera de los métodos citados, se construyen sólidos tridimensionales, en nuestro caso con el programa AutoCady con sencillas órdenes, su modelado, adición y sustracción de sólidos. Sobre éste, se adhiere “la piel” del edificio, es decir, una capa en cada plano con la representación de su despiece de piedra, ladrillo o cualquiera que sea su naturaleza constructiva o patológica (parcheados de mortero, humedades, costras biológicas, etc.) que conferirán al dibujo el carácter de documento elaborado con el diagnóstico de un experto que ha sometido a su análisis el elemento construido, frente a la simple representación fotográfica, que carecería de toda investigación analítica. Aunque sería posible realizar el procesado de la información y el dibujo de caracterización de paramentos/patologías a partir de los fotoalzados de los elementos, particularmente prefiero la utilización del programa Homograf, directamente sobre las fotografías en cualquier perspectiva en la que estén, para después rectificar su fuga perspectiva y rectificar al plano (Maestre e Irles 2000). El motivo es la mayor versatilidad del programa y la mejor calidad de las imágenes cuando se procesan directamente desde la fotografía. La metodología es señalar, siempre dentro de un plano, con una línea los cambios de material (discontinuidades de morteros) patologías (costras, eflorescencias) y las aristas de ladrillos, sillares y mampuestos, es decir, los bordes de las piezas en el plano del paramento. El programa Homograf requiere el conocimiento de la posición en el plano de cuatro puntos, preferiblemente periféricos de la superficie dibujada. Esas posiciones son cognoscibles por medición directa o extraídas de la nube de puntos del láser o del ente tridimensional de PhotoScan.

Interior de la Torre de Santa María en Aranda de Duero. La cámara interior de la torre ha sido introducida en su posición a partir de la ventana de comunicación con el exterior.

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Segundo cuerpo de la torre de Santa María de Aranda de Duero, con el arco de descarga que rompe la moldura y los canes de remate sin coronación de almenas. Abajo: Evolución de la torre de Santa María de Aranda de Duero a partir del análisis de sus paramentos y la analogía con otras torres de la comarca.

Caracterización de la evolución de un edificio Al igual que han sido identificadas patologías y materiales en un paramento, también puede establecerse una clasificación cronológica de los mismos, ya que son reconocibles por la diferente coloración, corte de la piedra, dimensiones, proporciones o discontinuidades en el aparejo (Caballero 2005). En las fábricas latericias, las medidas de las piezas y su secuencia de colocación (sogas y tizones), además de los espesores de los morteros, nos permiten ir identificando y asignado posiciones en la secuencia ante quem y post quem de las unidades (Merino 2014) que, por analogía con el método arqueológico, se han dado en llamar estratigráficas (Cámara 2010). Al realizar el modelo 3D y situar sobre las superficies los despieces de los paramentos, quedan ubicadas las ventanas, aspilleras, mechinales y otras aberturas en el muro; son el camino para penetrar en el interior del volumen y ubicar en el sólido las cámaras, pasillo, escaleras, etc. En mi experiencia en la aplicación de este método se ha podido comprobar que en la ubicación de huecos interiores se alcanzan precisiones similares a las costosas concatenaciones de nubes de puntos desde las estaciones exteriores hasta las interiores (Barba et alii 2010 y 2014). Cuando en el sólido correspondiente al edificio se ha terminado de forrar con el recubrimiento de sus despieces (y otras características que se desee incorporar), se tendrá un mapeado de todas las fábricas yuxtapuestas y macladas sobre el ente construido, lo que nos permitirá por un procedimiento inverso de


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50 sustracción de sólidos ir recuperando la parte primigenia del edificio. Tendremos así, separado por nosotros en diferentes capas, la secuencia de volúmenes añadidos que han determinado el edificio en su forma completa actual. Un interesante problema a resolver es rematar cada una de esas fases históricas con las partes que el devenir temporal de la construcción ha amortizado en un momento concreto, o bien partes que no llegaron a completarse por alterarse la intención primera de los constructores (Sánchez Zufiaurre 2008). Es éste un peligroso camino de arquitecturaficción que puede resultar inocuo si lo comparamos con las restauraciones violletianas, que aparte de significar un enorme gasto económico en su momento, han supuesto la desfiguración de entidades cuya complejidad era de tanto interés como el edificio primigenio, de recuperación imposible. Ha de afrontarse este intento de recuperación de su aspecto histórico como una oportunidad de debate y creación intelectual, poniendo en juego erudición y lógica constructiva y compositiva junto a los datos históricos y la analogía formal; en resumen un complejo ejercicio especulativo que se justifica tanto por el proceso que por el resultado.

El análisis de las fábricas En algunos casos es el simple análisis de las fábricas el que nos da las pautas sobre el devenir del Fotoalzado de la fachada de San Juan Bautista,en Fuentelsol edificio. Lo vemos en los paramentos de las torres (Valladolid), con el dibujo de sus fábricas clasificadas. de Aranda de Duero (Sánchez Rivera 2015). En Santa María, por encima del primer nivel de campanas, se vislumbran unos arcos embebidos en los muros que fueron aparejados para que el peso suplementario de un segundo cuerpo no afectara a los inferiores. La rotura de las cornisas por encima evidencia que ha sido una solución improvisada ante la iniciativa de levantar un segundo cuerpo. La torre se remata con una serie de matacanes que, por analogía con la torre de San Pedro en Gumiel de Mercado, a pocos kilómetros de Aranda, debieron de soportar un antepecho de almenas para dar un aspecto encastillado a la construcción (Sánchez Rivera 2011a). Si son de la misma época, este levante debe de corresponder a los años centrales del siglo xv. Por último, podría razonarse acerca de cuál fue el motivo para elevar un segundo cuerpo, que pudo deberse, también por analogía, a la emulación de la otra torre de Aranda, la de San Juan, que fue proyectada para dos cuerpos de campanas, como deja claro la columna en esquina que recorre todo su fuste. La complejidad del análisis está en función de la propia complejidad de las fábricas presentes. Así ocurrió en el caso de la iglesia de San Juan Bautista en Fuentelsol (Valladolid) (Sánchez Rivera et alii 2011b). En este templo se superponían fábricas entre los siglos xii y xviii pero siempre construidas con ladrillo. La representación de los despieces a escala permitió la medición de todas las piezas cerámicas para establecer un


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Alzado lateral de San Juan Bautista, Fuentelsol (Valladolid), con la serie de arquerías que debieron de ser de separación entre las naves de un primitivo edificio basilical.

inventario metrológico junto a otro de aparejos, pues la evolución constatada en otros edificios iba desde las fábricas con los ladrillos a soga propio de los tiempos medievales hasta la fábrica con todo a tizón que se impone desde el XVI, interpolándose las combinaciones entre ambas en los siglos intermedios. Más interesante resultó el alzado lateral, donde los detalles del cimbrado de los arcos permitieron establecer que se trataba de arcadas interiores de un edificio, por analogía con otros de la región, y que, después de haber sido rellenados para su estabilización, terminaron siendo parte del muro exterior, como en el momento actual se encuentran. Por último, el contrafuerte de la fachada resultaría ser el resto de la jamba de un arco lateral, por lo que se ha propuesto una reconstrucción del edificio original siguiendo un esquema basilical de tres naves que se corresponde con la tipología de este tipo de edificios en otras localidades de la comarca. La misma reconstrucción se hizo para otro edificio fatalmente mutilado: la iglesia de la Asunción de Nª Sª de Lomoviejo (Valladolid), no muy lejos del anterior. En esta ocasión la modificación se produjo por el colapso de uno de los ángulos del edificio y había documentación que describía las modificaciones realizadas hasta llegar a invertir la orientación de la nave, que terminó en sentido oeste–este cuando había sido proyectada en el siglo xii con orientación canónica (Sánchez Rivera et alii 2014a). La secuencia de transformaciones del edificio permite explicar las metamorfosis intermedias que han dejado restos descontextualizados en el edificio, difíciles de explicar y comprender sin conocer el resto de las estructuras que con ellos estuvieron asociadas.

El análisis compositivo La interpretación estilística del edificio nos puede llevar directamente a la solución del edificio inacabado o mutilado, aplicando la regla de la analogía por anastilosis con otros edificios de la misma época en un rango geográfico tan restringido como sea necesario. En el caso de la torre de San Juan Bautista en Aranda de Duero (Burgos), que se nos presenta interrumpida en su segunda nivel de campanas, aunque no podamos conocer si fue terminada en algún momento o se interrumpió su construcción (Sánchez Rivera 2015). Sin embargo, la forma de sus ventanas y los capiteles de sus columnillas delatan que es una torre levantada en el primer tercio del siglo xiii, con características muy similares a la de San Martín en Valladolid. Incluso tienen en común una columnilla que recorre sus ángulos, característica común con otros edificios finales del románico, como Santa María de la Antigua


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Secuencia evolutiva de la iglesia de la Asunción de Nª Sª en Lomoviejo (Valladolid), desde un edificio mudéjar basilical hasta un templo de una nave con orientación contraria al original.

52 de Valladolid. Por analogía con estas construcciones puede extrapolarse el remate de Aranda. Además, esta torre muestra las costuras de separación con las otras partes del templo por lo que puede establecerse con más facilidad la diferenciación de sus fábricas y la yuxtaposición de sus partes en el proceso constructivo, permitiendo establecer una secuencia gráfica de su evolución entre los siglos xiii y xvii. Más complicado resulta el análisis en el caso de San Antolín en Nava de Roa (Burgos), pues la superposición de las fábricas se presentaba sin fracturas claramente identificables (Sánchez Rivera 2014b). En análisis se comenzó en el mismo momento del dibujo, donde la atención al marcar sobre las fotografías los perfiles de los despieces pétreos permitió también ir discerniendo los tipos de corte, escala y proporciones de los sillares, al tiempo que iban apareciendo aspilleras y ventanales clausurados que, una vez clasificados, permitieron conjeturar una evolución del edificio ayudándonos, una vez más, de la analogía con otros edificios de la comarca a los que el devenir histórico había esclerotizado en un momento determinado que, en el caso de Nava de Roa, había podido superarse y continuar agregando elementos sobre el edificio anterior. En Nava de Roa, resultó que el templo original era un sencillo edificio de nave con la cabecera apenas marcada cuya ventana cuadrangular de iluminación presbiterial permitía asignar el momento de su construcción al final del gótico, durante el siglo xv, sin perjuicio de que ya en ese momento estuviese aglutinando paramentos del primitivo templo románico, dos o tres siglos anterior, como evidencia la ventana a los pies de la nave. El aumento de población general de Castilla durante las décadas en torno al año 1500 provocó, como en muchos otros templos, una generosa ampliación con una nave adyacente, quedando la primitiva nave convertida en un cuerpo lateral (Fernández Martín et alii 2004). El hastial se remataba con espadaña de dos vanos para campanas, cuyos arcos aún se pudieron identificar embebidos en fábricas posteriores. Uno de ellos, incluso, resultó ser la ventana de iluminación del templo actual. Un nuevo período de prosperidad durante el siglo xviii provocó una nueva ampliación, esta vez con una moderna cabecera, la eliminación de las naves interiores y la construcción de una magnífica


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Evoluci贸n de la iglesia de San Juan de Aranda de Duero

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Evoluci贸n del templo de San Antol铆n en Nava de Roa (Burgos), desde el edificio medieval al del siglo xviii.

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San Antolín en Nava de Roa (Burgos). Izq.: Perspectiva cónica desde el suroeste. Dcha.: Sección en perspectiva cónica del templo y su torre para el reloj y campanas.

torre donde alojar el reloj con altura suficiente para dejar caída a las pesas del mecanismo. Al final del estudio, la compleja macla de fábricas y elementos puede ofrecer una explicación sobre la evolución de las construcciones hasta desembocar en el templo actual, que a pesar de su sencilla forma con planta de cruz latina ha tenido un complejo desarrollo durante seis siglos hasta el estado actual La técnica de representación tridimensional permite además extraer diferentes puntos de vista que apoyen las tesis evolutivas del edificio y secciones que expliquen el funcionamiento interior del mismo.

El análisis documental Para terminar este repaso a las diferentes fuentes utilizadas para determinar la evolución de fábricas de edificios complejos, pasamos a la más evidente y también memos frecuente: la documental. Aunque la documentación escrita y planimétrica se ha hecho cada vez más abundante en los proyectos de edificios, resulta muy escasa en construcciones anteriores al siglo xviii y excepcional en los anteriores al XVI, hasta remontarnos al medievo y el cuaderno de Villar de Honnecourt como documento único que resume la representación arquitectónica de toda una época. También resulta insuficiente, en general, la documentación escrita, que suele aportar datos económicos o jurídicos pero con escaso valor técnico. Por todas estas razones resulta caprichoso el caso de la torre de Santiago Apóstol de Valladolid, que en 1504 fue donada por D. Luis de la Serna a la parroquia, redactándose el correspondiente contrato con los canteros Juan de Arandia y García de Olave donde se especificaban hasta las medidas de las secciones de las vigas a utilizar (Martí y Monsó 1898). Tan prolijo documento resulta de excepcional valor cuando al recorrer el edificio se comprueba la exactitud de todo lo redactado, lo que permite extrapolar y dar por cierto todo lo que por escrito figura pero que el devenir de los acontecimientos ha alterado. Para representar el estado original de la torre bastaba con seguir el documento como si de un manual de instrucciones se tratara, ya que la precisión de lo descrito abarcaba desde las dimensiones, a la calidad de los materiales a utilizar.•

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Detalle de la coronación de la torre de Santiago Apóstol en Valladolid, a la izquierda en su forma actual y a la derecha con el chapitel de las dimensiones y materiales descritos en el documento suscrito entre el donante y los canteros.

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CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LA

RESINA

EN LA POBLACIÓN VALLISOLETANA DE

TRASPINEDO (VALLADOLID, ESPAÑA)

Óscar Miguel Ares Álvarez I Doctor Arquitecto I www.contextosdearquitectura.com Alicia Gómez Pérez I Historiadora, educadora y museóloga I a.gomez@sercam.es

En 2013 comienza a materializarse el Centro de Interpretación de la Resina en la localidad vallisoletana de Traspinedo, distante de la capital poco más de veinticinco kilómetros. La tercera parte del municipio se encuentra ocupada por dos importantes masas de pinar (870 ha) que hasta 1990, ya en pleno desplome del sector resinero, aún daban trabajo a cuatro resineros residentes en dicha población. La importancia que esta actividad ha tenido en la localidad puede rastrearse en este centro inaugurado a mediados de 2014. Palabras clave: Centro de interpretación; resina; sostenibilidad; miera; aprovechamiento.


Descripción del proyecto arquitectónico | Oscar M. Ares Álvarez. Entendemos por sostenibilidad-social aquel edificio que es apreciado por sus vecinos y que mantienen un uso constante de él. Es por ello que la restauración del viejo matadero del municipio de Traspinedo en Centro de Interpretación de la Resina, más conocido como CIR, se planteó conforme a un doble compromiso: 1.- Como una lectura icónica del ámbito rural en el que se asienta, disolviendo las referencias en abstractos esquemas que han servido como pautas en la composición del edificio. No solo su cubierta a dos aguas y la escala del edificio hacen reseña de su entorno, sino que otros elementos, como el abatible gran portón de entrada, se ha planteado como un guiño a las tradiciones constructivas locales. 2.- Como un edificio polivalente a fin de que recogiese diversas necesidades vecinales y municipales: el centro no solo mantiene su uso expositivo, sino que también sirve como almacén de aperos del oficio de la resina, espacio de formación laboral e incluso de trabajo diario; mientras que el edificio auxiliar alberga las instalaciones, oficinas y baños. El mobiliario, también mantiene el carácter polifuncional del centro. La espina central es expositor, pero también, cuando se abaten sus trampillas, sirve como banco de trabajo; los armarios no solo ejercen funciones propias a su naturaleza, sino que también se diseñaron como «velo iluminador»; el portón, además de la referencia iconográfica, ejerce como filtro de luz, invitación, apertura o cierre de seguridad. La sostenibilidad-energética se consiguió mediante una piel térmica, formada por un panel sándwich, que sirvió como recubrimiento del viejo edificio, al que se le adosó una construcción auxiliar, estrecha y alargada que se vinculó al primero en su extremo norte. El CIR fue un ejercicio de pocos recursos, alejado de los grandes presupuestos (poco más de 180 000 € de PEM). Una arquitectura concebida desde planteamientos compositivos extraídos a partir de referencias formales del entorno y claves multifuncionales con el fin de convertir el CIR en un edificio participado por sus vecinos.


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Vista del interior desde el área de acceso al Centro. Foto: Óscar M. Ares Álvarez

Contenido informativo | Alicia Gómez Pérez. El antiguo matadero es, precisamente, el primero de los temas que conforman una serie explicativa que toma como materia base de exposición el espacio natural que constituyen los montes o pinares de Traspinedo y la evolución de su aprovechamiento económico a través de la historia, especialmente centrados en la explotación de la resina o miera. El local municipal, construido en 1950, finalizó sus días como almacén de enseres y aparejos de mobiliario urbano. En 2013 el arquitecto Óscar M. Ares lo sometió a un proceso de rehabilitación con el fin de transformarlo en el contenedor del Centro de Interpretación de la Resina. En este sentido, al conocimiento del entorno propuesto anteriormente, se une el hecho de preservar y disponer de un inmueble que, a pesar de no ser centenario, acumula para esta localidad vallisoletana seis décadas de un pasado ciertamente cercano y, sobre todo, afectivo. En las primeras declaraciones que sobre este proyecto avanzó en la prensa local (provincial) el entonces alcalde de la localidad, Jesús Bazán, reconocía: «en Traspinedo se ha resinado toda la vida, tenemos mucho monte público. Hace años se abandonó la actividad, cuando la resina dejó de valer dinero, porque se traía más barata de Portugal y de China» (Monje 2013). Señalaba igualmente el alcalde que «hace ahora tres años se está resinando de nuevo», añadiendo el periodista por su parte «una concesión a Resinas Naturales ha recuperado el oficio y actualmente se explotan unos 17 000 pies para extraer la miera, con la creación de tres puestos de trabajo». El interés despertado nuevamente en la localidad por la actividad resinera podemos llevarlo a 2010, y no tanto por la llegada de la empresa cuellarana RESINAS NATURALES (creada en octubre de dicho año) como, sobre todo, por el desarrollo de una actividad lúdica estival llevada a cabo desde la oficina de turismo municipal bajo la denominación Jornada de la Resinación, que contó con una alta y efectiva partici-

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Vista del entorno del área del Centro de Interpretación y vista del entorno desde el área de acceso al Centro. Fotos: Óscar M. Ares Álvarez.

pación vecinal. Durante la misma, y de forma intensiva, el vecino y maestro resinero Claudio López Velasco rememoró e hizo una demostración de aquellos trabajos que veinte años atrás tuvo que abandonar. La prensa se hizo eco de esta actividad señalando: «La acción turística, destinada a todas las edades, resultó muy participativa ya que niños y mayores manejaron las herramientas utilizadas por los resineros. Se dejaron dos pinos resinados de dos formas distintas, con los potes puestos. Después, el centro cívico acogió la proyección de un video sobre la resina y la exposición de las partes del pino y los utensilios necesarios para llevar a cabo este trabajo que en su día fue una fuente económica y laboral entre la población» (Fernández 2010). Se avanzaba también que «esta actividad forma parte del proyecto medioambiental, turístico y deportivo denominado Tras los pinos que tiene el objetivo de potenciar los recursos naturales del municipio en busca de su desarrollo socioeconómico y la sostenibilidad a través de los lugares de interés paisajístico y cultural». Teniendo en cuenta estas premisas y de que se parte ya de un proyecto museográfico redactado por el arquitecto Óscar M. Ares, adaptado al nuevo espacio que resultaría de la remodelación del antiguo matadero de Traspinedo, desde SERCAM, S. Coop. se elaboró un guión de contenidos que habría de desarrollarse en doce gráficas portadas en las trampillas abatibles de idéntico número de expositores, cada uno de los cuales, a su vez, mostraba una vitrina para la exhibición de piezas relacionadas con la temática de cada gráfica o panel. Tras la presentación del citado Matadero o contenedor, el guión incidiría –como ya fue señalado líneas atrás― tanto en el Espacio Natural (el pinar de resinación, flora y fauna y el ocio y disfrute del mismo), como sobre todo en la propia Resinación: la explotación de la resina, antecedentes históricos, la producción industrial, el presente y futuro de esta actividad y, directamente relacionado con la localidad, se mostraría la extracción de resina o miera, su recogida y transporte, resinación a vida y a muerte y la resinación en Traspinedo desde 1962.

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Dcha.: Estado del matadero de Traspinedo previo a su rehabilitación como Centro de Interpretación de la Resina. Izq.: Área de acceso en la actualidad. Fotos: Óscar M. Ares Álvarez.

El Archivo Municipal conserva documentación entre 1962 y 1990 que ayuda a esbozar la evolución de la resinación en Traspinedo precisamente en los últimos treinta años de su actividad, adscrita básicamente a seis familias. Si esto lo comparamos con el censo provincial de mediados de los ochenta del pasado siglo que contabiliza treinta y tres resineros para la provincia de Valladolid (Jiménez 1990), nos hacemos una idea de la popularidad del oficio en este municipio. Un término, además, que de sus 1600 hectáreas tiene ocupadas 181,53 ha en el monte El Robledal y 688,45 ha en el Pinar de la Dehesa, ambos de propiedad pública y desde 2010 con Certificación de Gestión Forestal Sostenible (AENOR 2010). La configuración actual de la masa de pino resinero en Traspinedo es consecuencia, como en toda la zona, de su secular orientación resinera. La especie principal, pues, es el pino negral (Pinus pinaster), que conforma un espacio natural distintivo de las llanuras y montañas bajas castellanas, con importante representación en las provincias de Valladolid, Burgos, Soria, Ávila y Segovia (Atlas Forestal de Castilla y León 2007). Con esta última, especialmente con la Tierra de Pinares que se configura en torno a Cuéllar, podrían vincularse los dos montes de Traspinedo. El pino negral rezuma una sustancia pastosa y pringosa denominada resina, cuya composición es: 67% colofón, 23% aguarrás y 10% agua e impurezas (Pérez 2013). Realmente se trata de un cicatrizante para combatir las lesiones propias. En contacto con el exterior se oxida y cristaliza y al mezclase con impurezas ambientales forma la miera. Los dos productos básicos resultantes de su destilación tienen y han tenido múltiples aplicaciones: el aguarrás utilizado en disolventes, pinturas y barnices y la colofonia en la obtención de brea y pez (que desde la Prehistoria han mantenido fuegos, luminarias o teas e impermeabilizado recipientes y barcos), en la fabricación de pasta de papel, tinta para la escritura, jabones, perfumes, bisutería, cementos, caucho para neumáticos (proporcionándole mayor elasticidad) o hasta de aislante de alta calidad para circuitos eléctricos. Las importantes propiedades curativas de la resina (antihemorrágicas o antiinflamatorias, entre otras muchas), igualmente conocidas desde la antigüedad, le confieren un notable uso medicinal y farmacéutico (SERCAM 2001). También creemos importante destacar la significativa capacidad social de la explotación resinera, tanto por la mano de obra local dedicada a su producción, como por la red industrial de primera transformación instalada en localidades cercanas a los lugares de producción (VV.AA.) o por su relación con oficios tradicionales como los boteros o zapateros... La necesidad de resina llevó a la práctica de extraerla de manera regular y racional de los árboles que mejor la producían: principalmente, y en este caso, los pinos, en cuyos troncos se realizaban pequeñas incisiones para que fluyera de forma natural. Este proceso alcanza a industrializarse a mediados del siglo xix y en el desarrollo gráfico del Centro de Interpretación se ilustra


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Extensión que ocupan las dos masas de pinar en el término de Traspinedo. Base: Google Maps. Fotointerpretación: SERCAM. S. Coop.

con una escueta muestra de los dos métodos más empleados: el Hugues, patentado en 1848 (ABC 2010), que provoca el corte de una parte de madera y requiere mano de obra especializada, y el sistema de pica de corteza con estimulación química (Hernández 2006) que, mediante una pasta que contiene ácido sulfúrico, permite una menor frecuencia de picas y produce mayor rendimiento. Hasta la llegada de la industrialización la elaboración de los productos resinosos se consideraba una de las muchas actividades llevadas a cabo en el medio rural. La obtención de miera en los montes de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar se documenta, al menos, en el siglo xvi, con arrendamientos de pinares negrales para tal fin (Velasco 1996). El producto básico obtenido por aquel entonces era la pez, elaborada por destilación rudimentaria en las denominadas pegueras. Es posible que esta práctica alcanzase a etapas anteriores, cuando la comarca cuellarana compartía algunos montes comunes con los pueblos limítrofes y, aunque nada se dice de la actividad resinera, se conservan desde finales del siglo xiv varios pleitos de los frecuentes litigios que mantuvo con poblaciones como Íscar, Coca o Traspinedo, villa esta última con la que se hicieron Ordenanzas en 1481 para la conservación y aprovechamiento de los bienes comunes (Velasco 1996).

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Vistas del interior del Centro. Fotos: Óscar M. Ares Álvarez

El comienzo de la verdadera industria resinera en España se sitúa en 1843 con la instalación de una fábrica destiladora en la localidad burgalesa de Hontoria del Pinar (Hernández 2006). En el área forestal de la antigua tierra de pinares segoviana se crea en 1862 la sociedad LA RESINERA SEGOVIANA en Coca (Segovia) (Descubrecoca 2011). Anteriormente habían surgido breves experiencias como la fábrica de Hornillos, al sureste de la provincia de Valladolid. Hernández Muñoz (2006) achaca la transitoria existencia de esas factorías a unos rendimientos pequeños, un mercado interior reducido y a la escasez de vías de comunicación, con un transporte deficiente y caro. Señala dicho autor, también, las reticencias de los propietarios de montes públicos para conceder permisos de explotación, pues no compensaban los escasos rendimientos el quebranto que causaba el método de resinación. Sobrepasada la segunda mitad del siglo xix se regularon los aprovechamientos de las resinas de una manera más ordenada y racional. Se implantaron la resinación y los medios de recogida franceses, concretamente el sistema Hugues ya citado, el de mayor utilización en los pinares españoles durante más de un siglo. Los buenos resultados conseguidos por LA RESINERA SEGOVIANA y unos providenciales acontecimientos armados externos (guerra de Secesión americana y conflicto franco-prusiano) propiciaron la aparición de nuevas fábricas, como la que se montó en la localidad vallisoletana de Olmedo en 1868 (Hernández 2006). Estos momentos de euforia comercial alternan con otros delicados y llenos de dificultades y, no obstante, España se colocó en el segundo puesto como productor mundial a principios del siglo xx, contabilizando ochenta y cuatro fábricas en 1950 y una producción máxima de 55 000 toneladas alcanzada en 1965. Desde principios de los noventa hasta 2010, la producción de miera nacional se mantuvo en menos de 2000 toneladas, el número de industrias de destilación se redujo a cinco y la superficie de resinación de más de 100 000 ha de los años sesenta en menos de 10 000 ha (Orduño y García 2013).

La resinación en Traspinedo desde la segunda mitad del siglo xx. Una parte importante de la información y desarrollo gráfico del Centro de Interpretación de la Resina parte de un estudio de la escasa documentación que se conserva en el ayuntamiento de la localidad, permitiéndonos trazar unas breves líneas de la evolución de la resinación en el municipio desde 1962 hasta 1990 (SERCAM 2014). Así se comprueba cómo de los dos montes de propiedad pública, El Robledal y el Pinar de la Dehesa, solo el segundo tiene una explotación resinera (además de maderas, pastos, caza y cultivos agrícolas).

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Expositores con las trampillas abatidas mostrando paneles gráficos y piezas. Foto: SERCAM, S. Coop.

Administrado de forma conjunta entre Ayuntamiento y Ministerio de Agricultura (después por la Junta de Castilla y León), los ingresos se repartían en proporción del 15% para éste y 85% para el consistorio. Y ello tras adjudicar anualmente el aprovechamiento de mieras al mejor postor mediante subasta pública, previa valoración realizada por técnicos del Ministerio. Las adjudicatarias son grandes empresas del sector: LA UNIÓN RESINERA ESPAÑOLA, S.A. con fábrica de destilación en Viana de Cega (Valladolid), ELOY CARO RODRÍGUEZ, S.A. con fábrica en Pedrajas de San Esteban (Valladolid), AGUSTÍN MUÑOZ SOBRINO, S.A. con destiladora en Olmedo (Valladolid) y LEOCADIO SUÁREZ, S.A. con fábrica en Cuéllar (Segovia). A modo de anécdota señalamos que en 1979 ganó la subasta la INDUSTRIAL RESINERA VALCAN, S.A. de Cuenca. La explotación directa, no obstante, está en manos de los resineros de la localidad. Pocos datos hay de ellos. Un listado de 1975 cita diez trabajadores en total, pertenecientes a las familias Domínguez, de Benito, Herranz, López, Soto y Villamañán. Un nuevo listado en 1987 contabiliza nueve resineros: cuatro López Velasco, tres de Benito Arranz, uno de Benito Alonso y otro de Benito García. El último registro, de 1990, muestra ya sólo cuatro en activo: dos de Benito Arranz y dos López Velasco (uno de ellos Claudio, el maestro resinero que protagonizó la Jornada de la Resinación en verano de 2010). La imparable decadencia del sector es evidente y se aprecia en que muchas subastas quedaron desiertas, debiéndose bajar progresivamente la tasación inicial (que, recordemos, realizaban los ingenieros del Servicio Forestal del Ministerio de Agricultura) hasta lograr encontrar un postor. Únicamente en el trienio 1969-1971 hubo varias ofertas que permitieron proceder a adjudicaciones por precios muy superiores a los de la tasación. En otras anualidades debieron realizarse concesiones directas ante la falta de interés de las empresas y la premura que ya corrían los trabajos de resinación. En 1975 tuvieron que contratarse provisionalmente desde el Ministerio a los resineros, hasta que se produjese la adjudicación directa. De aquel año se conserva la relación citada anteriormente de diez resineros que recogieron 119 980 kg de miera, a razón de una media de 12 000 kg/persona, entregado todo en la fábrica de LEOCADIO SUÁREZ, S.A. al que se asignó la explotación en tercera subasta por un total de 1 400 000 pesetas, habiendo sido la tasación inicial de 2 062 080 pesetas (el aprovechamiento se había estimado sobre 21 686 pinos a vida, 1ª entalladura y 6.341 a muerte). El año 1983 fue igualmente crítico, llevando a la alcaldía a solicitar ayudas y subvenciones para el municipio dado el bajísimo precio de la miera «habiéndose visto obligada la Corporación a dar citado aprovechamiento de resinas por un ínfimo valor, con el fin de, al menos, asegurar un trabajo a las familias resineras existentes en la villa» (escrito de 7 de junio dirigido al director Provincial de Agricultura de Valladolid).


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Dcha.: Inauguración del Centro de Interpretación de la Resina en junio de 2014. Izq.: Claudio López Velasco el día de la inauguración del Centro. Fotos: SERCAM, S. Coop.

La tasación inicial de dicho año fue de 919 100 pesetas y, tras dos subastas nulas por falta de pliegos, fue asignado el aprovechamiento de 32 818 pinos (con una producción estimada de 131 000 kg de miera) a AGUSTÍN MUÑOZ SOBRINO, S.A. por un total de 150 000 pesetas. Dos subastas también nulas en 1986 (para 33 648 pinos, con tasación inicial de 444 152 pesetas) y sin constar adjudicatario de ningún tipo parecen motivar a los resineros locales para formar al año siguiente la COOPERATIVA DE RESINEROS DE TRASPINEDO, beneficiaria tanto en 1987 como en 1988 de los correspondientes aprovechamientos: 33 640 pinos (previsión de 100 920 kg de miera y producción final de 147 254 kg) a razón de 5 pesetas/kg en el primer año y otros 33 640 pinos (previsión de 134 560 kg) a 8 pesetas/ kg en el segundo año. No sobrevive la cooperativa a 1989 y el aprovechamiento de resinas se refleja este año repartido entre la familia López Velasco (que efectúan sus pagos a ICONA «en concepto de mejoras», por un lado, y al Ayuntamiento, por otro, sobre un total de 49 758 kg de miera recogidos) y los Hnos. de Benito Arranz, que se han integrado en la UNIÓN RESINERA VALLISOLETANA, S.A.L. (Montemayor de Pililla, Valladolid) y realizan los correspondientes ingresos tan solo al ayuntamiento y sobre 72 570 kg de miera. Todos ellos realizan el pago de 9 pesetas/kg, siendo su valor en el mercado de 62,50 pesetas el kilo. El año 1990, como ya fue señalado, es el último con registro de resinación: se mantienen las familias, pero son solo cuatro los resineros, que pagan 7,65 pesetas/kg de miera, con una producción de 36 581 kg los López Velasco y 42 174 kg los de Benito Arranz. El pinar de Traspinedo, desde 1994, está inmerso en un proceso de trasformación que, a costa de realizar cortas de pino resinero, ha propiciado -siguiendo una tónica generalizada- la repoblación con pino piñonero. Sin embargo, desde 2008 aproximadamente, con el estallido de la crisis económica, algo está cambiando. Así lo ha ido reflejando «día a día» la prensa, un medio que se erige en testimonio de la actualidad. Nos fijamos en el titular de Fátima Martín en El Confidencial de 17 de junio de 2012: «El ‘boom’ de la resina regresa para salvar comarcas arrasadas por la crisis». El comentario que lleva a cabo esta periodista lleva como introducción: «Los habitantes de la Tierra de Pinares castellana han encontrado la manera de plantarle cara a la crisis retomando oficios antiguos vinculados a los recursos naturales del territorio, como el de resinero». Igualmente se destaca en el artículo la importancia de la empresa RESINAS NATURALES instalada en 2010 en Cuéllar, que «en tan solo dos años ha convertido esta comarca de pinares en la productora número uno de resina de Europa», así como la afirmación del director de la misma de que «la resina vuelve a ser rentable» (Martín 2012).

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Pinar de la Dehesa de Traspinedo en proceso de resinación en 2014. Foto: SERCAM, S. Coop.

Los pinares resineros, pues, que prácticamente habían permanecido abandonados durante dos décadas, vuelven a ser explotados. Los ayuntamientos siguen siendo normalmente los propietarios, que subastan de nuevo lotes de pinos, y los resineros, principalmente noveles, tras recibir un curso formativo prueban suerte como trabajadores autónomos. En Traspinedo, la empresa RESINAS NATURALES, impartió en marzo de 2013 una jornada informativa a la que asistieron unas quince personas, de las que diez comenzaron el curso y tres de ellas aceptaron como autónomos la oferta laboral. La empresa, además de la formación y facilitar las herramientas (previo abono), se encarga de la recogida de la resina y del pago de la misma al precio anual que corresponda. Va ya para tres años y, con la huella bien visible de tres entalladuras, los pinares de Traspinedo recuperan poco a poco la secular imagen del pino resinero en pleno proceso de resinación. En el Centro de Interpretación de la Resina se muestra este proceso, con el objetivo final de que proporcionando el conocimiento o la simple información se facilitan y estimulan conductas hacia la conservación y disfrute tanto del pasado como del entorno, es decir, en definitiva: del Patrimonio Cultural.•

Bibliografía ABC.es 2010: El oficio de resinero se apaga. En www.abc.es/hemeroteca/historico-15-03-2010/abc/Internacional/eloficio-de-resinero-se-apaga_114191196591.html AENOR, Asociación Española de Normalización y Certificación 2010: Certificados nº 861/10 (Pinar de la Dehesa) y nº 864/10 (El Robledal) de “Confirmación de participación en certificación forestal sostenible PEFC/14-21-00008”. Archivo Municipal de Traspinedo. ARCHIVO MUNICIPAL DE TRASPINEDO, cajas nº 53 y 54.

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ATLAS FORESTAL DE CASTILLA Y LEÓN 2007. Junta de Castilla y León. Consejería de Medioambiente. Edilesa. León. 2 Vols. Ed: Gil Sánchez, L. y Torre Antón, M. BLANCO ASENSIO, Sandra 2011: La resinación por el método de corteza ascendente. Estudio de tiempos, rendimientos y costes en distintos montes de la provincia de Segovia. En oa.upm.es/7099/2/PFC_SANDRA_BLANCO_ ASENSIO.pdf DESCUBRECOCA.com 2011: Un día cualquiera en la Unión Resinera Segoviana (I); los inicios de la Unión Resinera Segoviana en Coca. En www.descubrecoca.com/2011/05/los-inicios-de-la-union-resinera_12.html FERNÁNDEZ, Javier 2010: Traspinedo recuerda su pasado resinero y rememora el oficio. El Norte de Castilla, martes 31 de agosto. Valladolid. En www.elnortedecastilla.es/v/20100831/valladolid/traspinedo-recuerda-pasado-resinero-20100831.html HERNÁNDEZ MUÑOZ, Lázaro 2006: El antiguo oficio de resinero. Hojas Divulgadoras, núm. 2116. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en www.magrama.gob.es/ministerio/pags/biblioteca/hojas/hd_2006_2116.pdf JIMÉNEZ, Pilar 1990: Resinar el pino negral. Alerta, 29 de julio, revisado por F. Sanz Guadarrama, 2006 para webs. ono.com/fesagu1/resinar.htm MARTÍN, Fátima 2012: El ‘boom’ de la resina regresa para salvar comarcas arrasadas por la crisis. El Confidencial, 17 de junio. En www.elconfidencial.com/sociedad/2012-06-17/el-boom-de-la-resina-regresa-para-salvar-comarcas-arrasadas-por-la-crisis_387640/ MONJE, C. 2013: El antiguo matadero resurgirá como Centro de Interpretación de la Resina. Diario de Valladolid, lunes 14 de octubre. Valladolid: p. 8. PÉREZ AGUILAR, Emilio. 2013: Revisión histórica de la resinación; un caso especial la Serranía de Albarracín, en www.ingenierosdemontes.org/descargas.aspx?doc=20130318JornadaResinacionAragon/EPerz.pdf ORTUÑO PÉREZ, S. y GARCÍA ROBREDO, F. 2013: La resina: Incidencia demográfica y rentabilidad económica. II Simposio Internacional de Resinas Naturales. Coca, Segovia. En www.sust-forest.eu/sites/www.sust-forest.eu/files/ silfredo_orduno.pdf SERCAM, S. COOP. 2001: Proyecto Museográfico para la creación de un Centro de Interpretación Forestal en Turégano (Segovia). Inédito, depositado en Servicio Territorial de Medio Ambiente de Segovia. Junta de Castilla y León. SERCAM, S. COOP. 2014: Esquema Museográfico para la creación del Centro de Interpretación de la Resina en Traspinedo (Valladolid). Inédito, depositado en Ayuntamiento de Traspinedo (Valladolid). VELASCO BAYÓN, B. 1996: Historia de Cuéllar. 4ª edición. Segovia. VV.AA.: Selvicultura de Pinus pinaster subesp. Mesogeensis. Páxina persoais. USC. En webspersoais.usc.es/export/ sites/default/persoais/roque.rodriguez/descargas/Pinus_pinaster_sub__mesogeensis.pdf [Consulta 14/01/2014].

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epc I dossier fotográfico

LA ARGENTINA Texto y fotografías Roberto Hernández Gómez, ingeniero químico. Virginia Casado Ramírez, psiquiatra.

Tras varias horas de avión, un enorme y colorido «Bienvenidos a la Argentina» nos recibe. Las fotografías que lo suceden nos desperezan progresivamente y empieza a aparecer en el estómago esa sensación reservada a los momentos realmente especiales. Poco a poco vamos asimilando que en breve veremos con nuestros propios ojos esos lugares con los que hemos soñado durante años. Sin embargo, tras algunas horas en la capital notamos que algo no va bien. Es difícil de identificar, pero está ahí. Paseamos Buenos Aires de cabo a rabo, lo vivimos con toda la intensidad posible, nos relacionamos con los porteños, hacemos amigos, bebemos mate, tomamos el colectivo, vemos tango, teatro… Disfrutamos enormemente de la ciudad, pero esa sensación incómoda sigue ahí. Definitivamente algo falla. Después de algunos días, contentos pero intrigados, subimos nuevamente a un avión rumbo a San Carlos de Bariloche. Después vinieron El Calafate, Ushuaia, Salta, Iguazú… Así, hasta que, con los ojos y el alma saciados de belleza y aventura, llegamos nuevamente a Buenos Aires. La molesta sensación de los primeros días quedó sepultada bajo multitud de vivencias que afortunadamente no tenemos que intentar describir con palabras, para eso están las imágenes. Imágenes, precisamente, a las que acudimos para rememorar el viaje instantes antes de partir rumbo a casa. Nos transportamos nuevamente a todos los lugares visitados y fue entonces cuando se desveló el casi olvidado enigma. La descarada humanidad


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de todo cuanto veía en las fotografías y otras cualidades difícilmente descriptibles pero apreciables lo delataron: Buenos Aires no es un buen anfitrión para la Argentina. Es apasionado, sincero, cordial (siempre que no entres en la habitación que no debes), te muestra sus artes con maestría, te da de comer y beber maravillosamente, sonríe continuamente, hace todo lo que debe como debe, pero no es buen anfitrión. O al menos esa fue nuestra percepción; lo que no significa que no se pueda, por ello, disfrutar. No es necesario un buen anfitrión para divertirse en una fiesta, al igual que no es necesario un envoltorio perfecto para que un regalo haga ilusión. Me explico: Argentina es mucho más que Buenos Aires. Esto que parece algo tan sencillo y evidente no lo es tanto para la mayoría de los porteños, personas «incapaces de ir más allá de Mar del Plata a pesar de tantas metafísicas ansiedades de experiencia planetaria» en palabras de Julio Cortázar. Después de nuestra experiencia en tierras argentinas, no podemos estar más de acuerdo con la definición que el escritor bonaerense hizo de sus conciudadanos. El porteño medio vive, siempre en nuestra opinión, errónea y tristemente creyéndose más cercano a Europa que a América. Así, muchos de sus habitantes se encuentran flanqueados por dos océanos: el océano al que los mapas llaman Atlántico y que separa Argentina del viejo continente y el océano que se han creado a sus espaldas y los «separa» del resto del país y de Latinoamérica. Pero no quisiéramos convertir esto en una oda antiporteña porque no lo es. Es simplemente la sensación que nos quedó después de haber tenido la suerte de recorrer el país y esperar rodeados de porteños a tomar el avión que nos traería de vuelta a casa. El porteño tiene virtudes. Muchas virtudes. Con toda certeza más que usted y más que nosotros. Para empezar, es de Buenos Aires. Una ciudad que en un solo día es posible odiar con la misma intensidad que amar. Vivir en constante contradicción no es sencillo y los porteños lo consiguen, generando una idiosincrasia que solo los forasteros somos capaces de apreciar y admirar en su totalidad. Lástima que las aguas del río de la Plata sean de color marrón y no puedan ver reflejada en ellas su ciudad y su carácter como sí refleja la luz del atardecer. Buenos Aires, no eres Europa. Ni falta que hace. Pero no tengan demasiado en cuenta esta opinión, es muy posible que estemos equivocados y, en caso de no estarlo, las cosas serán más complejas de lo que las pintamos, pero de alguna manera teníamos que introducir esta colección de contrastes. Porque Argentina es grande, demasiado grande y, al igual que Buenos Aires, nosotros tampoco somos muy buenos anfitriones. ¿Y saben qué? Ni falta que hace. Toda la introducción que necesita el país ya la porta consigo. Basta solo con decir su nombre: Argentina. Porque todos sabemos de dónde le viene y ciertamente le sienta bien, ya que allá donde vayas, brilla. Brillan sus gentes, sus calles, sus cumbres cubiertas de nieve; brilla el hielo azulado de sus glaciares, brillan sus lagos y los cerros coloreados; y brillan sus tradiciones, que a ritmo de tango hacen que te enamores de todo cuanto hayas visto, oído, olido, tocado y saboreado. «¿Sabes ese lugar en el que piensas al cerrar los ojos, ese paisaje sobrecogedor que viene en tu auxilio cuando la realidad se hace demasiado difícil de respirar? Pues existe».

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El argentino es extremadamente pasional, ya sea viendo un partido de fútbol o hablando de política. Eva Perón (Evita) sigue levantando pasiones más de sesenta años después de su muerte. Amada y odiada por igual, su figura es el gran símbolo del peronismo, movimiento sociopolítico que, a pesar de englobar ideologías muy diversas, mantiene un enorme peso en la política argentina actual.a

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El domingo es el mejor d铆a para visitar el barrio de San Telmo. Camuflados entre la multitud hicimos algunos robados durante una actuaci贸n de tango en la plaza Dorrego. Nuestro favorito es el de esta tanguera recobrando el aliento durante una pieza instrumental.

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El barrio de La Boca es el que más turistas congrega gracias a esa especie de museo callejero de apenas 100 metros bautizado como «El Caminito». Es el mayor contraste de Buenos Aires. Los vivos colores de las fachadas, provenientes de la pintura sobrante del casco de los barcos, no ocultan la pobreza que asola a sus vecinos.

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En enero hace mucho calor en Buenos Aires y sus más de catorce millones de habitantes lo combaten en sus calles como buenamente pueden. Nosotros mismos nos sentimos tentados de acompañar a estos niños en sus juegos.

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La Casa Rosada es la sede del poder ejecutivo de Argentina. Frente a ella, en la hist贸rica plaza de Mayo, se concentran todas las movilizaciones y protestas ciudadanas. Las altas vallas colocadas discretamente en mitad de la plaza delatan la frecuencia de protestas masivas.

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Los cartoneros son parte del paisaje de Buenos Aires. Su presencia es especialmente activa al caer la noche, incluso en las principales arterias de la ciudad.

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Puerto Madero es el antagonista de La Boca. Arquitectura vanguardista, torres de apartamentos, locales de moda, cadenas hoteleras, gente trajeada. Unos ven lujo, otros derroche y especulación inmobiliaria. En cualquier caso, obras interminables en terrenos «arrebatados» al río de la Plata.

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Bariloche es el destino mรกs visitado de la Patagonia Argentina. La ciudad, sita a orillas del Lago Nahuel Huapi, fue escenario de la resistencia de los tehuelches a la cultura mapuche, proveniente del sur de Chile en el siglo xviii.

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Subir a cualquiera de las cumbres andinas del Parque Nacional Nahuel Huapi es una auténtica alegría para la vista. Esta foto se tomó desde el cerro Campanario, el cual luce con orgullo la distinción de ser uno de los miradores con las vistas más impactantes del planeta, según National Geographic.

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Es curioso que el mayor explorador de la Patagonia Argentina se quedara a tres kilómetros de contemplar con sus propios ojos el glaciar que ahora lleva su nombre. No nos vamos a molestar en buscar palabras para describir lo que se siente frente al glaciar Perito Moreno ni en aportar datos que empañen la contemplación de la fotografía; tan solo decir que hay días en que aún lo echamos de menos.

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De espaldas al resto del mundo, con la mirada puesta en el infinito más hermoso imaginable y a la sombra de unos Andes agonizantes, que ven morir sus cumbres en aguas heladas, aparece resignada la ciudad de Ushuaia. Se sabe observada, admirada y valiosa para el resto del planeta, sin embargo ni un destello de orgullo altera la indiferencia de sus habitantes. Témpanos andantes que contemplan sin inmutarse el ir y venir de barcos, con la única premisa de alzar el puño si en el palo mayor ondea su odiada bandera británica. Señal, al menos, de que siguen vivos y son argentinos.

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El nombre de Tierra de Fuego se debe a Magallanes, quien en octubre de 1520, navegando por el estrecho que más tarde llevaría su nombre, vio las numerosas fogatas de las tribus que habitaban estas latitudes. Ahora, el faro Les Éclaireurs, custodiado por leones marinos en mitad del canal Beagle, es quien da la bienvenida (o despide) a los navegantes procedentes (o con destino) a la Antártida.

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En 2003, la Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy, fue declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, justificada distinción que favorecerá la conservación futura de creencias, ritos, fiestas, artes y técnicas agrícolas con más de 10 000 años de antigüedad.

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Las calles de Humahuaca son un extenso escaparate de productos de artesanía a más de 3000 metros de altitud sobre el nivel del mar. Durante el siglo xix fue uno de los más importantes centros comerciales del antiguo camino al Alto Perú.

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Salirse de la ruta marcada para los turistas proporciona siempre una visiรณn mucho mรกs fiel a la realidad. Alejados del bullicio de las calles comerciales captamos estas instantรกneas en Humahuaca (izda.) y en Cachi (dcha.), en las provincias de Jujuy y Salta, respectivamente.

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El imperio inca apenas tuvo un siglo de vida pero su cultura arraigó de tal forma, que muchas de sus costumbres se mantienen aún vivas. El mejor ejemplo es el culto a la Pachamama. A más de 3.400 metros de altitud, contemplando los Valles Calchaquíes y custodiada por cóndores, se erige esta capilla en cuyo interior hay todo tipo de ofrendas a la personalización de la Pachamama en la figura de la Virgen cristiana: desde velas a hojas de coca, caramelos y cigarrillos.

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14 I ESTUDIOS DEL PATRIMONIO CULTURAL

El Parque Nacional Los Cardones se encuentra en la provincia de Salta. Las tareas de conservaci贸n no se limitan a la protecci贸n y estudio de este imponente tipo de cactus (Echinopsispasacana), en la zona se encuentran restos paleontol贸gicos de gran importancia, pinturas rupestres y numerosas manadas de guanacos y otras especies amenazadas.

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Las cataratas de Iguazú fueron nuestro último destino antes de regresar a Buenos Aires. Siendo una de las siete maravillas naturales del mundo, no es de extrañar la gran cantidad de turistas que atraen, aunque el tiempo no siempre acompañe. La realidad es que, aun con un sol espléndido, es imposible ver las cataratas y acabar seco.

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epc I Fragmentos escogidos

LAS BALAS SILBAN EN TORNO A KOLDEWEY Jesús Álvaro Arranz Mínguez

G

ertrude Bell, la admirada exploradora británica que recorrió Oriente Próximo en la búsqueda de su «lugar en el mundo», escribió varios libros relatando aquellas experiencias, siendo uno de ellos Amurath to Amurath. A journey along the banks of the Eupfrates, titulado en la versión en castellano Viaje por las riberas del Éufrates. Este hubiera sido el epígrafe que hubiese querido para esta sección de Fragmentos Escogidos, específicamente A orillas del Tigris, tan evocador de otros tiempos, otras mentalidades y otras formas de hacer las cosas. Hubiera sido el epígrafe, digo, si en el transcurso de la historia contemporánea que estamos viviendo los estragos del radicalismo no hicieran tan difícil la supervivencia del Patrimonio Histórico –de la vida en general― en la vieja Mesopotamia, por lo que me ha parecido más acertado parafrasear el encabezamiento de uno de los capítulos que alumbran el reconocido Dioses, tumbas y sabios de C.W. Ceram. Profético título sesenta y seis años después de su primera edición y ciento diecisiete desde que sucedieran aquellos hechos y que tuvieron como protagonista al arqueólogo alemán Robert Johann Koldewey: «Me veo en la víspera de la Navidad del año 1899 –escribía su compatriota Walter Andrae-, es decir, poco antes del paso de un siglo ‘glorioso’ a otro bastante inquieto, sentado en Babilonia con Robert Koldewey […] Pero hoy, en Nochebuena, no mirábamos hacia fuera, al Éufrates, que pasaba majestuoso, sino a nuestro interior, a nuestros recuerdos». Con similar mirada interior también nos transmitió sus ensoñaciones el obispo uruguayo Mariano Soler, que en 1893 realizó viaje por Asiria y Caldea: «Cuando en ciertos momentos, como aquel en que desde la cumbre de Birs-Nimrud en las ruinas de la Torre de Babel, o des-

de las alturas del alcázar arruinado de Nabucodonosor, contemplaba postrada a mis pies la humillada grandeza de la soberbia Babilonia, o desde la cima abatida del palacio de Asurbanipal, meditaba arrobado los escombros colosales de la majestuosa Nínive, tan desolada como su orgullosa rival…». Humillada grandeza, abatida, escombros colosales, desolada… pareciera que el obispo estuviera describiendo la Mesopotamia actual. Gertrude Bell, que llegó a las ruinas en abril de 1909, describía el paisaje de forma más amable, aun cuando un deje de tristeza se imponía en la narración: «El monte Nimrud, al verlo, yacía en un mar ondulante de maíz. Los huecos y fosos de las excavaciones de Layard se habían cubierto de hierba y flores, y el zigurat del dios de la guerra, Ninib, alzaba su calva cabeza por entre los campos de amapolas. Exceptuando las flores, Nimrud, de donde nuestro museo en Londres obtuvo muchos tesoros, es una lamentable visión para los ojos de un inglés. Su lamentable estado muestra un agudo contraste con el piadoso cuidado que los arqueólogos alemanes habían prodigado a las ruinas de Ashur. Bloques grabados e inscritos se habían expuesto a los ataques maliciosos de los chiquillos árabes […], o incluso sufrieron las inclemencias de las lluvias invernales y las heladas. […], y por el bien de nuestro propio honor sería sabio que se tomaran las medidas oportunas para preservar las obras de arte que aún persisten». Nada nuevo bajo el sol. La imagen reproducida desvela un mundo pasado, lejano en el tiempo, cuando todavía era posible soñar con una arqueología pionera y virgen, en los territorios siempre convulsos del paraíso terrenal. Las balas aún silban en torno a Koldewey…


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Imagen: Gertrude Bell. Nimrud, Iraq 1909. Universidad de Newcastle. Bell, G., 2006: Viaje por las riberas del Éufrates. Barrabes Editorial. Benasque (Huesca). Soler, M., 1893: Viaje bíblico por Asiria y Caldea. Tipografía Uruguaya de Marcos Martínez. Montevideo.

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Estudios del patrimonio cultural 14  

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