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© 2014 Francisco J. Rojas por el texto. © 2014 Estudio Raíz por la edición.

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CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR —CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR— Hugh avanzaba rápidamente por los pasillos de aquel edificio medio derruido. Los demás trabajadores y soldados se apartaban al verlo avanzar, algunos, despistados, incluso se asustaban al ver al Capitán de la Brigada 13 tan cerca. Aunque no era demasiado alto, y tenía unos rasgos suaves, la edad del vampiro se notaba en sus ojos. Estos derrochaban prisa, urgencia, peligro grave si algo o alguien lo detenía. Ni si quiera el chico que le dio el mensaje, de que habían encontrado lo que buscaban, pudo aguantar más de un segundo la mirada que inundó el rostro de Hugh. Se dirigió al punto donde sabía que estaban las máquinas de excavación. Antes de mandar a nadie a buscar a los comandantes y capitanes de las cuatro brigadas que formaban la expedición, se dedicaron a ensanchar el túnel de bajada, instalar un ascensor de carga e iluminar el camino, cosa que enfureció mucho más al vampiro. El descubrimiento estaba unos treinta metros de profundidad y cuando el Capitán de la Brigada 13, llegó al borde del agujero no tuvo paciencia de hacer cola para usar el ascensor, en la que ya se agolpaban varias personas que habían oído la noticia. Hugh se dejó caer desde el borde, sin dudarlo, y esa impaciencia le hizo partirse el tobillo nada más tocar suelo, aunque ni se inmutó por el fuerte crujido. Cojeó un par de metros, pero al tercero ya no se le notaba. Los humanos presentes, se pegaron a la pared sorprendidos por su aparición. La gente se iba reuniendo al fondo, iluminados por simples lámparas bioquímicas: una masa deforme, mezcla de dos algas transgénicas que desprendía luz durante horas sin necesidad de electricidad. Al final del pasillo, éste se abría creando una sala más amplia, una especie de caverna, donde se escuchaba el murmurar de un grupo impaciente. Cuando llegó a ellos fue sorteándolos casi sin tocarlos hasta la primera fila, con el simple objetivo de ver con sus propios ojos el descubrimiento. Ante él había un gran cubo de metal, de unos cuatro metros cuadrados por cara, que le decepcionó. Esperaba verle, poder despertarlo y volver a escuchar su voz. Alrededor del hallazgo había unas diez personas con diferentes dispositivos. Reconoció la indumentaria de la Brigada 8, encargada de reconocer, no sólo el terreno al que se dirigieran, sino que también se nutrían de un gran grupo de ingenieros expertos en dispositivos antiguos que pudieran ser dañinos, para los intereses de la expedición. En este caso estaban buscando restos peligrosos, analizando componentes y procurando ver el interior de la masa metálica. – ¿Lo habéis abierto ya? – preguntó casi en un susurro. Sin esperar contestación, posó su mano en el frio metal y casi de inmediato se escuchó un silbido profundo.


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR –Señor, tenga cuidado se acercó uno de los técnicos –. Es una mezcla de metales pesados, pero en la superficie abunda la plata. Pronto informaremos de lo que encontremos. La mirada del Capitán irradiaba incredulidad, llevaba demasiado tiempo esperando ese momento para pedir perdón, para poder redimir su culpa, que no le parecieron coherentes las palabras de aquel humano. Por eso en su voz se notó una mezcla de odio, desprecio y urgencia. –Abridla, ¡rápido! –. El técnico dejo de mirar la pantalla del dispositivo por primera vez, para indicar que no podían llevar a cabo esa orden, pero el rostro que se encontró hizo que no se preocupara de tecnicismos o protocolos y se dispusiera a dar la orden mientras su instinto le decía que se alejara lentamente. – ¡Alto! gritó una voz firme y autoritaria desde el fondo del pasillo. Los presentes se apartaron y se cuadraron, sin necesidad de mirar atrás, al reconocer la voz. Al fondo, la figura que había hablado se acercaba lentamente entre los trabajadores y soldados. Era un hombre de rostro recto y duro, con pelo de color negro y corto, que ya iba tiñéndose de blanco y demostraba su experiencia. Aunque aún conservaba un carismático flequillo, sin canas, que se ondulaba al lado izquierdo. Ese rasgo contrastaba con sus ojos oscuros y profundos como la mirada de un depredador. Hugh no se dignó a volverse y seguía explorando el cubo de metal, impaciente. –Hugh, no he dado orden alguna para que se abra– llegó a su lado y miró al técnico que ya estaba a dos metros del vampiro –. Investigaremos el objeto, cuando estemos seguros que no es peligroso, procederemos a su apertura. Enganchadlo y subidlo, nos lo llevamos a la capital. Todos los técnicos se cuadraron y gritaron al unísono un fuerte “Sí, Coronel”. En ese mismo instante Hugh apartó la vista del objeto metálico y miró con desprecio sin tener en cuenta la autoridad de aquella persona. –Para ti será un simple monstruo u otro problema que no te apetece tener en cuenta– suspiró intentando calmarse aunque apenas pudo disimular su ira –Pero yo no pienso dejar que Él pase más tiempo encerrado– .Se dio la vuelta mirando otra vez la inmensa pared metálica y avanzando entre los técnicos que se apartaban con miedo. –Me importa poco lo que pienses, no tienes autoridad y no pienso… Un estruendo de metal doblándose inundó la estancia e hizo que las palabras del Coronel se perdieran. Seguidamente, otro golpe de Hugh terminó de arrancar parte de esa pared como si fuera escayola. A pesar de la convivencia, pocas veces los allí presentes habían visto la fuerza de un vampiro milenario; estremeciéndose con cada golpe y sabiendo que, si él quería, ninguno saldría de ese habitáculo con vida. Otro


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR manotazo del vampiro hizo que la mitad derecha de la pared se doblara dejando que la luz se filtrara por la reciente apertura... Nadie dijo nada, nadie respiró, ni fue capaz de albergar pensamiento alguno al ver, en el centro de la estancia, un cuerpo sentado en un trono. Era un trono de metal, grande, pero no lo suficiente para un rey, y mucho menos digno de la persona que se sentaba en él. Era un trono que se asemejaba a las que algunos vampiros usaban para torturar y desangrar a sus víctimas; consistía en decenas de hierros que traspasaban el cuerpo y se clavaban en el asiento. La imagen se completaba con cientos de agujas unidas a tubos, que en su mayoría se habían desecho, y se incrustaban en la piel. Entre todos ellos sólo destacaba uno que con la luz devolvía un reflejo rojizo. Este se extendía, desde algún lugar del fondo de la estancia, hasta la nuca de quien estaba sentado. Ese aparato, que se les antojaba a los presentes como un arcaico y macabro sistema de tortura, sirvió en su momento para no dejar ni un solo rastro de sangre en el cuerpo. Pero los asistentes Vivian en una época donde un aparato de tortura no motivaba sentimiento ninguno, más allá de respeto o cierta compasión por los que allí estuvieron sentados. Pero en esa silla había algo que petrificó incluso a los soldados más veteranos, incluso al curtido Coronel. El propio cuerpo allí sentado. No había descripción posible para aquella visión. Podrían decirse que era un cuerpo con la piel seca, cuarteada, acartonada o desprendida… pero nadie allí pensó en eso. Podrían haberse asqueado o consternado por la macabra imagen de un cuerpo con gran cantidad de heridas e instrumentos que se incrustaban en casi todos los músculos, pero tampoco lo hicieron. Solo pudieron sentir algo parecido al sosiego, a la calma, algo parecido a la paz. La profunda y arraigada paz de aquella imagen, de aquél cubículo. Pero no era exactamente eso, lo más exacto sería decir que todos sintieron un gran vacío interior. Un silbido profundo y un leve gruñido, eliminaron esa presencia de vacío que mantenía a todos quietos. Todos fijaron su mirada en Hugh, que se agarraba un brazo destrozado del que salía el agudo sonido de piel quemándose. Se lo había partido por varios sitios en el segundo golpe, sumado a que en el primero se había hecho grandes heridas y que en ambos, parte de la plata que recubría la superficie de metal se le había metido en las laceraciones y desprendía humo por esa dichosa alergia. Para cualquier vampiro sería motivo para tirarse al suelo y revolcarse por el dolor que les ocasionaba la plata. Pero él no era cualquiera; era Hugh, Capitán de la Brigada 13, un vampiro de más de 1500 años y culpable de que exista esa extraña alianza entre vástagos y humanos. Realmente era el responsable de que siguieran existiendo humanos libres. Se había ganado el respeto de todos, y no iba a tirar todo por la borda por un poco de plata. Además su atención no estaba en el público presente, ni en su


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR sangrante brazo. Su mirada estaba clavada en el trono de sangre y en el Padre de Todos. –Traed a todos los de la Brigada 13 y los médicos de la 2 para extraerles sangre– Se acercó hasta casi entrar en el cubículo y se dio cuenta que todo estaba en silencio, que nadie se movía y que su brazo seguía siendo lacerado por la plata. – ¡YA! – gritó desesperado y todos se giraron al ver como el Coronel, que se acercaba a Hugh, se paró en seco por la mirada del vampiro. – Ni se te ocurra decir una palabra, ni se te ocurra hablar de autoridad, un cachorro como tú no tienen ni idea de qué es eso– se giró a los demás para seguir hablando, pero el dolor del brazo parecía crecer así que lo alzó y agarrándose por el codo apretó y tiró. Los presentes aguantaron la mirada y, aunque palidecieron por la crudeza de la imagen, estaban en un mundo que una amputación era de las cosas más normales vistas por las brigadas de exterior. Hugh controló su dolor, no era la primera vez que se arrancaba un brazo por un bien superior. Levantó otra vez la mirada y sin una muestra de dolor continuó hablando. –Me da igual que luego me encerréis en un lugar parecido a este, pero la sangre artificial no me sirve– hizo una breve pausa y miró de nuevo al Coronel –. Creedme que si intentáis detenerme usaré la vuestra para alimentar a mi padre sin ningún pesar y sin vacilar. –… Dejadme hacerlo por las buenas y a mi manera, no tocaré la sangre de ningún humano y así no romperemos el pacto–. Hugh miró otra vez a los presentes y se impresionó al ver que ya estaban llegando soldados de las dos brigadas que había solicitado. Al fondo vio acercarse una joven pelirroja, con traje de soldado especial y con el rango y la Brigada a la que pertenecía grabadas a la altura del pecho. Era la Comandante de la Brigada 13. Su rostro, de ojos marrón rojizo a juego con el pelo, se mostraba impasible ante el acto que había presenciado, pero su paso firme y los puños cerrados revelaban que en el interior la embargaba un sentimiento de desaprobación hacia su Capitán. Al situarse a la altura del Coronel se cuadró. –Coronel, me hago responsable de la situación– se giró sin esperar respuesta y cuando estuvo enfrente de Hugh unas líneas de luz blanca se iluminaron en su traje, desde el centro del pecho hasta el brazo derecho y de un golpe, rotundo y seco, derribó a su Capitán. – Y que alguien le dé una bolsa de sangre al Capitán, que de tanto pedirla, casi pierde la suya. Todos miraron el suelo y lo vieron lleno de sangre, resultado de su descuidada y acalorada amputación. El Coronel asintió.


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR –Declaro iniciada la fase “El Despertar” –. Se giró y le hizo un gesto de beneplácito al Comandante de la Brigada 2, que empezó a instalar las máquinas de transfusión de sangre –. Kaede, todo estará bajo tu supervisión y no quiero ni una gota de sangre humana Mencionó al ver que la Comandante de la Brigada 13 se preparaba para una transfusión. El proceso fue complejo y duradero. Primero, debían reunir la sangre suficiente para que El Despertar o el renacer, fuera completo y la sed no le volviera loco cuando abriera los ojos. Los vampiros más longevos habían vivido despertares en los que el vástago había mordido incluso a sus iguales. La segunda fase consistía en la rehidratación del cuerpo. La fragilidad de éste hizo que esta fase durara bastante más que la primera. A la vez, se decidió que había mover el cuerpo, pero temían que fuera demasiado quebradizo y optaron por empezar por lo relativamente fácil: las agujas. Después tocaba retirar los hierros fundidos al Trono de Sangre. Al ver que aún no recuperaba la consistencia del cuerpo, y por miedo a que se desprendiera un miembro, se optó por cortar el metal con láser por la parte que se fundía al asiento y retirarlos cuidadosamente. Una vez libre, quedó un cuerpo totalmente inerte lleno de agujeros; una visión que debería dar, como mínimo, un sentimiento de espanto pero que sólo hizo resurgir ese extraño vacío en el corazón de los presentes. Le dejaron sentado, el cuerpo estaba demasiado rígido para moverlo o tumbarlo en ningún sitio. Kaede, tras recuperarse del intenso sentimiento, dio la orden de ir aumentando la velocidad de la transfusión. Esto era el preludio del despertar y, por precaución, solo quedaron ella, el equipo médico, la seguridad personal del Coronel, muy cerca de éste, los tres Tenientes de la Brigada 13 y el Capitán Hugh. En la Brigada 13 todos, excepto su Comandante, eran vampiros; pero en este caso, los tres Tenientes y su Capitán, tenían más de mil años cada uno. Por orden de edad estaban: Rowland de unos mil doscientos años; Amber de aproximadamente mil ciento cincuenta; y por último Brazil, con un aspecto muy juvenil pero que reunía en su haber mil quince años. Estos vampiros con más de un milenio a sus espaldas habían tenido la oportunidad de conocer y servir al Padre de Todos y ansiaban poder volver a verle. Las primeras reacciones tardaron en producirse poco más de media hora. De forma lenta, se vio cómo las zonas donde estaban clavadas las agujas, se cerraba y la piel se fue desprendiendo para dar paso a otra casi transparente. No fue hasta 3 horas después, cuando todos estaban distraídos, que se escuchó una larga y sonora aspiración. Por primera vez, desde hacía mil años, aquel cuerpo respiró y abrió los ojos, donde un nuevo globo ocular estaba aún formándose. Todos se tensaron esperando algún tipo de reacción; temiendo que no fuera suficiente sangre para saciar a un vampiro de su antigüedad. Aun así los ojos de aquel ser se cerraron y esperaron. Esperaron que la sangre se acabara, que le retiraran las agujas, que se cerraran las heridas... El Padre de Todos respiraba tranquilo, dando tiempo a


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR que su piel recuperara el color, que su pelo seco se desprendiera y que sus dientes aparecieran en una apenas perceptible sonrisa. Tras diez horas, el largo proceso de recuperación termin��, y los ojos volvieron a abrirse mostrándose de un marrón verdoso. Se incorporó y miró alrededor. No reconoció el lugar en el que se encontraba, pero no pareció importarle. Luego miró a todos, uno a uno, también con indiferencia. Cuando llegó a Hugh, no pudo evitar una mueca de compasión. La emoción se dibujaba en su rostro, sin poder evitar que las lágrimas bajaran constantemente por sus mejillas. Los demás no pudieron soportar su mirada; la profundidad de ésta llenaba, y rebasaba con creces, todo el vacío que se había generado al ver el deteriorado cuerpo clavado en el Trono de Sangre. El Capitán fue el primero en acercarse. –Señor, me ale... Una mano alzada interrumpió a Hugh. El dueño, El Padre de Todos, se levantó del asiento gris y avanzó en dirección al pasillo. Dejó atrás al Capitán, luego a los tenientes, que lo miraban con gran respeto, y siguieron caminando en silencio hasta que la oficial pelirroja se puso delante. –No puedes salir, tienes que esperar… Le cogió del cuello, alzándola en el aire y mirando directamente a sus ojos. El Padre de Todos albergaba sólo una idea en mente y no tuvo paciencia para escuchar a nadie. Ella quedó paralizada, no pudo ni gritar ni moverse, tampoco fue consciente de cuando le había dejado en el suelo. Se vio enfrente de los cuatro vampiros a su cargo y con cierto orgullo herido se apresuró a levantarse. No había rastro del ser que hace poco yacía inerte en aquel trono, enterrado a treinta metros de profundidad. Hugh se acercó a ella mientras se limpiaba la tierra del traje y disimulaba su cara roja de vergüenza por lo ocurrido. –Ha ido fuera, dejadle disfrutar Hugh se recostó en una de las paredes y el cansancio le inundó el rostro –. Aunque necesitamos que sepa cómo está la situación, lleva mil años sin sentir nada Con esfuerzo, volvió a enderezarse –. Kaede, simplemente querrá disfrutar del sol. En la mirada de Hugh se notaba la nostalgia y en menor medida, envidia. –Descansa, yo me ocupo Kaede le puso una mano en el hombro, mirando el vendaje de su brazo –. Lo llevaré a la sala de reuniones. –Comandante, le acompaño fuera dijo el Coronel con voz autoritaria mientras salía sin esperar a que la oficial empezara a andar. Kaede siguió en silencio al Coronel hasta el ascensor, al que subieron solos.


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR – Creo que eres consciente de cuál es tu situación; de por qué estas a cargo de la Brigada 13 se giró hacia la Comandante –. No intimes con ellos, solo tienes que vigilarlos, asegurarte de que no representan un peligro y adelantarte a cualquier ataque. –Señor, con el debido respeto, pero gracias a ellos somos libres. Llevan 1000 años defendiéndonos, arriesgándose en las incursiones en territorio hostil, simplemente para nuestra conveniencia o capricho dijo Kaede con el tomo más correcto que pudo poner–. No he detectado nada raro, simplemente querían encontrar a su padre o protector, o lo que sea, ¿Por qué iban ahora a volverse nuestros enemigos? – ¡Porque ya tienen lo que querían! Esas palabras sonaron a la vez que se abría el ascensor, detuvieron su conversación pero en la mirada de la mujer se notaba la incertidumbre. En el camino al exterior del edificio solo pensó en si tenía razón. Los vampiros apenas andaban por la ciudad, vivían en unas dependencias aparte con todo tipo de lujos, suficiente sangre artificial para morir de empacho y nunca habían tenido una queja, es más, eran demasiado mansos, incluso con los que los despreciaban como el Coronel. El sol le cegó por unos segundos al salir del edificio. Cuando su vista se acostumbró miró alrededor y vio que todos los edificios tenían la misma fachada; agrietada, sin pintura y con paredes derrumbadas. Todo estaba en silencio, de vez en cuando algún insecto o animal pequeño llenaba el ambiente con un tenue zumbido, pero no lo suficiente para que la ciudad dejara de parecer muerta. Enfrente, con la mirada puesta en el cielo, estaba el ser más antiguo de la tierra, totalmente desnudo y con los brazos alzados como queriendo abrazar el sol. Kaede hizo una señal a uno de los guardias para que se acercara. –Cabo, tráele ropa, de algodón a ser posible, y si no la encuentras trae lo que sea más cómodo – El joven se cuadró y salió corriendo. Ella se acercó al Padre de Todos y cerró los ojos disfrutando del calor del sol mañanero–. Sienta bien ¿Verdad? –No sabes cuánto. He visto más de un millón de amaneceres en infinidad de lugares y épocas, pero la verdad es que nunca me canso de disfrutar de uno– Abrió los ojos y contempló a la joven–. Siento lo de antes, aunque intento controlarlo, la arrogancia de los años me impide a veces mostrar respeto o perdonar las interrupciones insolentes. Ni te cuento con los que intentan detenerme después de un encierro de varios años. –No se preocupe señor, el traje me cubre el cuello y logré activarlo a tiempo El Padre de Todos miró con curiosidad el traje. – ¿Cómo es eso posible? ¿Acaso está forrado de acero? – Preguntó con curiosidad.


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR –Es un tejido grueso con base de carbono. Según nos explicaron, son como si lleváramos millones de cristales de carbono que al ser golpeados se vuelven tan resistentes como un diamante gigante. Realmente dicen que más que uno, pero los científicos exageran mucho, así se sienten importantes – abrió los ojos y se sorprendió de ver la mirada de su acompañante acompañada de una sonrisa sincera. No encajaban con el concepto que tenía de un ser milenario y temido por todos. La sorpresa le hizo girar la cabeza de golpe y disimular así el rubor que comenzó a tintarle las mejillas –. Este traje también nos hace tan rápidos como vosotros e igual de fuertes. De pronto el Padre de Todos soltó una carcajada tan sincera que volvió a ruborizar a Kaede. No se explicaba cómo alguien que había vivido tanto era capaz de tener una sonrisa tan despreocupada. Al ver que ella no se reía, se tranquilizó –Es imposible que tú seas capaz de alcanzar corriendo a Hugh o superarle en fuerza. –De hecho Hugh es el único a la par con este traje –dejó soltar con tono orgulloso – Suelo vencerle en los entrenamientos, aunque sin duda es un gran guerrero con mucha experiencia. –Que criatura tan hermosa e inocente – ese comentario sorprendió y enfadó a partes iguales a Kaede–. Dime, pequeña ¿En tu tierra hay algún nombre que signifique vida larga, eternidad, sempiterno, etc.? –No sé si será correcto ya que es un nombre muy antiguo, pero tenía un tío que se llamaba Botan. Mi abuela decía que significaba “larga vida”—se encogió de hombros. –Botan… ¿Era un buen hombre? –Dio su vida por la prosperidad y la supervivencia de la humanidad – el orgullo inundó los jóvenes pulmones cuando se disponía a seguir vanagloriando a su familiar pero le interrumpió un tosco gruñido de desaprobación. –Créeme si te digo que no siempre aquel que se sacrifica lo hace por el bien común, o al menos no de forma voluntaria– vio como la joven iba a protestar y levantó las dos manos como si fuera a defenderse de una acusación –. Me refiero contigo, con su familia, con sus amigos. Más calmada la Comandante sonrió recordando tiempos lejanos. –Era muy querido por su familia y por los amigos, era un gran hombre. –Pues permíteme adoptar su nombre, odio que me llamen “el inmortal ese”, el “monstruo apuesto de sonrisa de ensueño”, “el rubio con gran cuerpo que sabe hacer que una mujer sonría antes, y más importante, después”—Justo en ese momento


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR llegaba uno de los soldados con varias prendas–. Aunque ese último no me molestaba tanto. –Sí, mi tío también era un poco fanfarrón, y por lo visto es algo que no se corrige con los años… ni los siglos. Por primera vez en su vida Kaede sonrió sin preocupaciones, se sintió a gusto aún estando fuera de los muros de su ciudad. Pero incluso dentro de ellos, siempre existía el miedo silencioso de qué ocurriría si esa ciudad era encontrada; ¿estarían preparados para la guerra? De pronto las preocupaciones volvieron a ella y mirando el descendente sol decidió terminar esa agradable charla, pues era mejor partir antes del mediodía y llegar a la costa en menos de dos días, así solo pasaría una noche más en territorio peligroso. Estando tan al este, en territorio francés, no iba a ser una noche calmada. El recién nombrado Botan entró acompañando a la Comandante, ya vestido con un conjunto de algodón blanco. No mostró preocupación de lo ocurrido, ni de cuánto tiempo había pasado ya que intuía, por el estado de la ciudad, que había sido mucho. También era consciente de que la situación requería paciencia, el ego humano es demasiado impredecible, lo había aprendido de su época romana, y esperaría a que ellos tomaran la iniciativa. Vio a Hugh y a los otros tres vampiros y los miró con detenimiento, notando el tiempo que había pasado y cómo les había afectado. Tenían una presencia más intensa, parecían más sabios y tenían un halo mayor de grandeza y divinidad que los diferenciaba de los humanos que lo rodeaban. Sorprendido, cayó en la cuenta de que había vampiros entre humanos, que sabían lo que eran y no mostraban miedo. Quizás algo de recelo, pero no miedo. Miró alrededor y habían tapiado las ventanas del edificio y dispuesto unas masas deformes que no tenían una forma concreta, parecía más una pasta luminosa pegada en el techo o a la pared. Pensó brevemente en ello hasta que llegó a nivel de sus hijos adoptivos. Hugh miró con reproche fingido. –Has tardado demasiado en liberarme–. El comentario hizo que al Capitán se le ensombreciera el pálido rostro. La culpa y la desesperación de provocar la captura de su señor eran demasiado grandes. Una mano se posó en su hombro y, al levantar la mirada, se encontró una sonrisa despreocupada. –Tranquilo hijo mío, sé que tiene que haber sido muy duro para ti– lo abrazó con alegría y después hizo lo mismo con sus otros tres hijos–. Habéis crecido mucho, lo noto. Todos se miraron aliviados y se dirigieron a su transporte especial, para viajar de día. Parecía un autobús, más bajo y algo más ancho, pero escondía mucho más. La tecnología usada en estos vehículos era abrumadora para el padre de todos. No fue


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR capaz de entender ni la mitad de objetos cotidianos que fueron enseñándole. No tuvo tiempo a conocer más que la sala de estar principal, donde encontró relojes realmente extraños y una cocina que no irradiaba calor pero dejaba los alimentos perfectos. Así fue como le cocinaron una hamburguesa con queso y patatas fritas. No le supo tal y como las recordaba, pero sin duda era un manjar para sus papilas tras tanto tiempo privándola de las grasas. Le explicaron que esa comida era un lujo hoy día y hablaron un poco sobre la situación actual, aunque brevemente ya que preferían mostrarle un esquema digital del mundo actual. Rowland pulsó unos botones en la propia mesa y apareció una imagen. Botan dio un pequeño salto sobre su asiento y vio maravillado como la imagen podía ocupar toda la mesa. En realidad le explicaron que todas las superficies eran táctiles y estaban conectadas a un servidor que unía en una red a los otros medios de transporte con la central, en la ciudad a la que se dirigían. Este sistema funcionaba por huella dactilar, pulsando durante unos tres segundos cualquier superficie, incluso platos y tazas. Toda esta explicación arrancó largas carcajadas al Padre de Todos por lo totalmente inútil que le parecía la última demostración. Intentó usar una de las superficies y no pasó nada ya que no tenía perfil en ese sistema. Ni si quiera existía como ser en aquel mundo digital, totalmente independiente al que había existido en épocas anteriores y al que existía en las ciudades granja dominadas por los vampiros. Hugh se sentó y mando a los demás descansar y le enseñó a utilizar la interfaz, a navegar. Le aseguró que cuando llegara la Comandante Kaede le daría permiso para usar este sistema. Pronto, el Capitán empezó a relatar lo que había ocurrido esos años, desde que fue capturado, hasta ese momento. Todo ello acompañado de imágenes, al menos las que se pudieron salvar del debacle tecnológico y la caída de los satélites. –Cuando me salvó, huí como me ordenó. Me reuní con todos los partidarios del Padre de Todos y nos preparamos para acudir a usted en cuanto contactara. A la noche siguiente. Cuando no volvió, quisimos buscarle dónde me liberó de los hijos de Aud, pero encontramos el edificio totalmente destruido. Al no poder acercarnos, le esperamos con la esperanza de que se hubiera salvado. Lo peor se confirmó cuando hubo una gran celebración por parte de sus hijos. Lo llamaron la fiesta de la nueva era, o algo así, y celebraban que ya no había nadie que pudiera detenerlos, que eran libres de salir al mundo, sin miedo. –…Aunque nuestra prioridad era encontrarle y salvarle, decidimos que también deberíamos investigar los movimientos de Aud y su hermana. Intentamos descubrir cuál era su plan, su próximo movimiento. Ambas investigaciones fueron inútiles. No dejaron rastro alguno, perdimos unos cuantos en el camino. Así que decidimos tener paciencia para no sacrificar a más de nuestros escasos miembros y esperando el


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR momento en que sus hijos intentaran controlar a los humanos. En vez de eso, una gran calma se hizo patente en el mundo nocturno, no era que se hubiera paralizado la actividad, era que todo se hacía como siempre, como una rutina. Hugh empezó a acumular imágenes de periódicos entre los cuales aparecían “Un grupo terrorista de VAMPIROS ataca a todos los países” “Los gobiernos del mundo caen rendidos a un grupo de chalados que se creen vampiros” “Las películas de vampiros son reales” “Mueren los mandatarios de todos los países conocidos” “El mundo se derrumba, los vampiros existe y tienen el poder”. –Tardaron en actuar décadas, pero solo porque estaban infiltrándose en todos los gobiernos y grandes ejércitos para desarticularlos de un solo golpe. La reacción de los incrédulos humanos se hizo esperar más de lo deseado y al final no había nadie que los parara– Hugh señalo las páginas de periódicos en los que aparecían otros titulares como “Los vampiros negocian y dan una salida a la humanidad”, “Los nuevos Emperadores del mundo nos hacen una oferta”–. Mientras hacían esta oferta, se hicieron fuertes en algunas ciudades importantes de Estados Unidos, también en el norte de Europa andaban a sus anchas. Mientras seguían apareciendo titulares similares, los ejércitos se preparaban esperanzados. En una noche fueran borrados del mapa… –…Para resumirlo, el mundo entero cayó en sus manos, gracias a la esmerada preparación y a su inteligencia. Sabían cómo manipularlos, qué imágenes tenían que enseñar para dar miedo, cuanta gente tenían que matar para que decidieran acatar sus normas. Las sublevaciones tardaron en desaparecer un siglo, pero para ese entonces las ciudades ya eran meras granjas rodeadas de muros infranqueables. Los humanos vivían intentando no pensar que estaban encerrados, ya que dentro de las ciudades seguía existiendo una libertad de actuación. Simplemente tenías que ir cada treinta días y donar un poco de sangre. Botan se acercó para ver imágenes de una ciudad masacrada, sin titular, sin explicaciones. Todos habían oído las revueltas por los medios y por las radios privadas que unían las ciudades. Era espantoso y no pudo reprimir una mueca de ira. – ¿Y qué hicisteis vosotros? – preguntó controlando sus emociones. –Lo que pudimos para salvar al máximo número de personas señor. Gracias a que Brazil estaba infiltrado supimos con antelación qué pasaría. Él fue enviado a Japón y antes de que todo ocurriera preparamos el mayor montaje de la historia – una leve sonrisa se posó en el rostro del Capitán–. Preparamos el mayor truco de magia de la historia: hicimos que todos los japoneses se suicidaran en un ataque con su propio armamento.


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR – ¿Una manera extraña de salvar gente no?—la mirada fría del Botan se posó brevemente en Hugh que borró su sonrisa nervioso. En la mesa aparecía una portada donde se veía un lugar emblemático de Tokio lleno de gente y justo debajo, el mismo lugar bombardeado, sin rastro alguno de los japoneses. –Señor, ese era el montaje. Al tener acceso a las comunicaciones, trucamos varios videos y evacuamos a todos los ciudadanos. Gracias a la increíble personalidad y honor de todos los ciudadanos, colaboraron y ayudaron. Aún con todo el orgullo japonés, vieron que no había otra solución y aceptaron ese camino y, a pesar que los de nuestra especie habían desolado el mundo, nos trataron con respeto y demostraron un gran sentido del deber. –Interesante, no parece nada fácil, la verdad. –Vivíamos con miedo de que algo saliera mal, por suerte ninguno de los vampiros infiltrados en el gobierno y en el ejército nipón tenía más de ciento cincuenta años. Logramos acabar con ellos sin que dieran la alarma. Tardamos 1 año entero en evacuar. No solo pensamos en las personas, también en el futuro, en el objetivo que tendríamos tras superar el engaño. –… Ese objetivo no fue otro que liberar a más personas y conseguir vencer a los vampiros, cosa que aun hoy no estamos seguros de poder hacer. Hemos investigado durante 8 siglos para hacer que un humano tenga una oportunidad en contra de un vampiro. –Sí, algo me comentó esa mujer, Kaede. Ella estaba segura de que estaba a tu nivel. –Aunque la tecnología ha logrado que los humanos puedan estar a la par en velocidad y fuerza de un vampiro de unos mil años, no tienen su experiencia, ni la naturalidad en los movimientos. Sobre todo teniendo en cuenta que, a día de hoy, existen cientos de vampiros que superan esa edad. –En otro momento me explicarás por qué te dejas vencer por un humano, pero eso puede esperar—cavilo durante un segundo–. Según he visto en los periódicos y he escuchado han pasado más de 9 siglos desde que me encerraron ¿no? –Señor, el año pasado se cumplió un milenio—una profunda culpa inundó el rostro del vampiro; parecía un niño que había roto un jarrón caro sin querer y esperaba una reprimenda– Y no sabe cuánto lo siento. –¿Y qué ha cambiado?—preguntó recostándose en la silla–. ¿Qué ha hecho que me encontréis y…?—fijó la vista en Hugh, y le vio sangrar por el brazo, algo raro en un vampiro–.Eso ha sido para liberarme, supongo. Deberías descansar.


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR –No se preocupe señor, creo que tengo algo de plata en el organismo. Descansando un tiempo, mi cuerpo lo eliminará sin problemas. En ese instante el vehículo paró y se subió Kaede, los miró y se dirigió a Hugh. –Pronto anochecerá, dile a los chicos que se preparen. Tú te quedas descansando hoy, ocuparé tu puesto—Hugh intentó protestar pero la Comandante no le dejó–. Es una orden Capitán. Hugh se levantó, miró a Botan que le hizo un gesto de aprobación y subió donde se encontraban los habitáculos para dormir. Cuando desapareció por las escaleras, Kaede se sentó ocupando el sitio del vampiro, delante del Padre de Todos. –Entonces, ¿ya estás informado de lo ocurrido? – la mujer apoyó los codos en la mesa. –Creo que me ha faltado una pequeña parte, pero viendo cómo estaba el pequeño Hugh, no quería forzarle a seguir ilustrándome—señaló la mesa sin darse cuenta que habían desaparecido las imágenes. – Sí, no estaba demasiado bien, ni si quiera me ha protestado al mandarlo a dormir. Mañana a primera hora intentaré tramitarte una identidad para que puedas entrar al terminal donde quieras y ver la poca información de lo ocurrido. Los dos sonrieron amablemente y la mujer se levantó de sopetón, poniendo una cara sería. Tocó la pared y apareció un rostro. “Comandante, ya se ha puesto el sol y no se han hecho esperar, hemos detectado unos 5 siguiendo el convoy. Sal con tu equipo y dadles caza. Después defended el camino” –Gracias Coronel, estamos listos—la imagen desapareció –. Lo siento, pero la noche será complicada. Prometo que en cuento acabe te contaré… –Qué ha pasado para que cambiara la situación, me encontrarais y pensarais que es el momento de actuar. –Eso mismo. Mañana cuando amanezca yo misma le contaré esa parte, así Hugh podrá descansar más—Botan se levantó también de la mesa para seguirla–. Quédese usted aquí, no podemos permitir que le vean y menos en su estado. –Estoy perfectamente se situó frente a la Comandante dejando pocos centímetros entre sus rostros –. Nada hará que me quede encerrado en un trasto metálico cuando puedo corretear en la noche. Yo haré la parte de Hugh, aunque usted me tendrá que guiar un poco. Kaede se ruborizó y cuando fue consciente de la cercanía del vampiro, dio un paso atrás.


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR –No voy a lograr convencerlo ¿verdad?—el Padre de Todos negó con rotundidad–. Entonces solo puedo pedirte que no desaparezcas y que me sigas. –Eso haré


CAPÍTULO 1. EL DESPERTAR

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Sempiterno capítulo 1 el despertar