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INSTITUTO HIJAS DE MARÍA AUXILIADORA

EN LOS SURCOS DE LA ALIANZA Proyecto Formativo de las Hijas de María Auxiliadora

Editorial CCS 2001


Presentación

Me complace entregar a cada Hija de María Auxiliadora el Proyecto formativo, que ha tenido un largo tiempo de gestación, durante el cual ha podido enriquecerse con la aportación de todas en los diversos viajes del Centro a las Inspectorías y de éstas al Centro. El título del texto me ayuda a expresar la importancia de esta entrega que significa al mismo tiempo tradición y novedad. La tradición alude a las raíces bíblicas de la alianza y expresa sobre todo la fidelidad de Dios hacia su pueblo, mantenida de generación en generación. En Jesús, por medio del Espíritu, Dios se hace solidario con toda la humanidad, nuevo pueblo de la alianza, confiando a la Iglesia la misión de anunciar el Evangelio. En el seguimiento de Cristo, algunos hombres y mujeres han iniciado diversas formas de vida en el Espíritu, las cuales frecuentemente han dado origen a Familias religiosas. Nuestra experiencia vocacional se inserta en los surcos trazados por quien nos ha precedido en la historia de la salvación y por generaciones de hermanas que han realizado la alianza de amor con Jesús, a través de modalidades y tiempos diversos, dedicándose, como don Bosco y María Dominica Mazzarello, a la misión de evangelizar educando. La tradición salesiana es una tierra fecunda, pero que necesita ser roturada cada día con el trabajo de una formación personal y comunitaria para que dé frutos en cada una de las estaciones de la vida. Los surcos de Mornese quieren abrirse también hoy, a través de la radicalidad de todas nosotras, al sol del Espíritu para continuar siendo la tierra buena de la que habla el Evangelio. En fin, la tierra es uno de los elementos cósmicos más llenos de significado en todas las culturas. Nos sugiere imágenes que caracterizan el camino formativo: el esfuerzo de la siembra y la alegría de la cosecha, la fecundidad y la aridez, la lucha por conquistar un pedazo de tierra y la alegría de una patria reencontrada. La novedad del Proyecto formativo viene exigida por los tiempos, que han cambiado, y por los nuevos desafíos del Espíritu a la Iglesia, que requieren diversas formas de atención a la mujer consagrada a Dios. No se trata de poseer habilidades extraordinarias, sino de dar calidad a nuestra presencia, a nuestra identidad. También hoy, tenemos la certeza de que Dios se hace solidario en la misión educativa para que todos, especialmente los más pobres, puedan ser liberados e implicados en el misterio de una promesa que no dejará de cumplirse. El momento actual es el espacio en el que el Señor nos repite, como a Moisés ante la zarza ardiente: “La tierra en la que estás es tierra santa” (cf. Ex. 3,5). Para que se realice esta encarnación de nuestra vida en los surcos de una alianza que perdura, se nos pide, como a la semilla que está en el seno de la tierra, la paciencia de una larga gestación antes de ver los frutos. Se nos pide saber habitar en la Palabra, también en el dinamismo del cambio y del crecimiento. Además de la falta de obreros para la mies, de la que ya se lamentaba Jesús, hoy también las cosechas son menos abundantes, a veces escasas. Y todavía es más difícil, dada su complejidad, distinguir los gérmenes de vida de lo que puede sofocarla o destruirla. Sin embargo, junto a estas novedades que podrían amedrentarnos, se halla la certeza de la alianza que sale cada día antes del sol. Es la novedad de la semilla de la Palabra, dispuesta a arraigar en toda clase de tierra, siempre que, liberada de las piedras y de los abrojos, esté preparada para recibirla.


La imagen evocada por el título En los surcos de la Alianza es, en suma, la de la mujer consagrada, la de una tierra desposada, como el Señor llama a su pueblo en el Libro sagrado. Aquí está toda la fuerza de la memoria bíblica que alude en primer lugar a María, seno de Dios y madre nuestra. Con su ayuda, queremos comenzar cada día el camino de la formación. La invocamos como compañera de viaje, hermana cercana, que en cada estación de la vida nos ayuda a descubrir las formas de un futuro que todavía no se ve. He querido escribiros sirviéndome de estas imágenes bíblicas, porque también evocan parábolas evangélicas. Forman parte de la memoria de todas nosotras, incluso de las más jóvenes, que aman el lenguaje simbólico. Deseo que para todas la Hijas de María Auxiliadora este Proyecto formativo sea como el abrirse de un surco nuevo, una visión que nos haga alzar la mirada, que renueve cada día, a través de nuestra vida, el sueño de Dios y de nuestros fundadores: un sueño de santidad vivida en las comunidades educativas, un sueño que produzca frutos de humanización en el territorio en el que vivimos y, en este tiempo de mundialización, una nueva solidaridad capaz de promover una cultura de paz. El empeño por inculturar el Proyecto en las diversas situaciones en las que se desarrolla la misión educativa aumentará su eficacia. Será como el brote nuevo que apunta en los surcos de la alianza para dar esperanza y calidad a la vida. Roma, 24 de julio de 2000.

Sor Antonia Colombo Superiora General

Edición revisada por Teresa Nieva e Lourdes Ruiz de Gauna 27-11-00.


SIGLAS Y ABREVIATURAS DOCUMENTOS DE LA IGLESIA ChL Christifideles Laici EN Evangelii Nuntiandi EV Evangelium Vitae FR Fides et Ratio GS Gaudium et Spes IP Iuvenum Patris MC Marialis Cultus MD Mulieris Dignitatem MR Mutuae Relationes PC Perfectae caritatis PI Potissimum Institutioni RM Redemptoris Mater RMi Redemptoris Missio VC Vita consecrata VS Veritatis Splendor

VFC

La vida fraterna en comunidad

DOCUMENTOS DEL INSTITUTO DE LAS FMA Y OTROS

C CG XX Circ Cron DA L MB R

Constituciones del Instituto de las FMA Capítulo General XX 1996 Circulares de la Madre general, madre Antonia Colombo Cronohistoria del Instituto de las FMA Discernir y acompañar Cartas de María Dominica Mazzarello Memorias Biográficas de San Juan Bosco Reglamentos del Instituto de las FMA

FMA

Hijas de María Auxiliadora


INTRODUCCIÓN la formación desde los orígenes

Desde los orígenes, don Bosco y María Dominica Mazzarello han prestado una atención particular a la formación. Después de ellos, generaciones de formadoras, educadoras, directores espirituales, han seguido otorgando esta atención particular a la formación con fidelidad creativa. Hoy, en situaciones radicalmente distintas, nos interpelan interrogantes profundos relacionados con la significatividad de nuestra presencia en las diversas culturas, el perfil de la FMA del futuro, la calidad de la formación. Historia del Proyecto formativo

el porqué de un nuevo proyecto

La exigencia de repensar la formación tanto en sus modelos como en sus procesos, muy presente en la vida religiosa actual, nos ha exigido la elaboración del Proyecto formativo para responder a las nuevas necesidades que emergen del pluralismo de los contextos y situaciones culturales en los que estamos presentes. Hemos atendido la llamada del Papa, que en la Exhortación apostólica postsinodal “Vita consecrata”, nos invita a elaborar una ratio institutionis, es decir, un proyecto formativo inspirado en el carisma, en el que se presente de forma clara y dinámica el camino a seguir para asimilar la espiritualidad del Instituto (cf. VC 68). El Capítulo general XX ha confiado la misión de elaborar dicho proyecto al Consejo general, el cual lo ha sumido como compromiso prioritario de este sexenio. El proyecto, realizado con una metodología de implicación de las inspectorías y de las comunidades, ha constituido una ocasión de crecimiento vocacional personal y comunitario para todo el Instituto. Ante los retos culturales

los fenómenos de la transición y las nuevas urgencias

Los grandes fenómenos que caracterizan la transición que estamos viviendo, como la globalización y la consiguiente interdependencia, el fracaso de las ideologías y la reafirmación de los fundamentalismos religiosos, el emerger de la autoconciencia femenina y de la identidad de nuevos pueblos y grupos, el incremento de los flujos migratorios, la interculturalidad y la multirreligiosidad, las nuevas tecnologías con sus aplicaciones son fuente de enormes posibilidades y recursos, pero también de tensiones y problemas. La lectura atenta de estos fenómenos nos interpela como mujeres creyentes y como educadoras y nos impulsa a apostar por la calidad de la formación en el intento de responder a las demandas emergentes. La globalización, que tiende a homologar y a borrar lo específico y lo diferente, supone la exigencia de una calidad de las relaciones que supere las relaciones funcionales y de interés, favoreciendo la aparición de una cultura de la reciprocidad. Las nuevas tecnologías de la comunicación requieren un adecuado conocimiento y gestión de las informaciones, nuevos modos de aprender y transmitir los saberes y una profesionalidad continuamente renovada y puesta al día. El progreso científico y tecnológico, en particular la ingeniería genética, aplicada indiscriminadamente incluso en el ámbito de la vida humana, revela una profunda crisis de sentido. De aquí el compromiso de apoyar las razones que fundamentan y sostienen el respeto a la existencia humana. La convivencia de múltiples culturas y religiones reclama una educación a la


interculturalidad, con el fin de que los pueblos no se limiten a tolerarse, sino que dialoguen y se enriquezcan evitando cualquier forma de dominio y de manipulación. El extenderse de la pobreza en sus formas antiguas y en otras nuevas afecta sobre todo a las generaciones jóvenes y, en particular, a las mujeres. La marginación y la explotación, los movimientos migratorios, cada vez más extendidos, el analfabetismo tradicional y el nuevo, las carencias de diversa naturaleza, desde las físicas a las psíquicas y espirituales, la crisis de la familia y de las instituciones interpelan a la educación, formal y no formal, y exigen competencias pedagógicas y relaciones más cualificadas. La ideología racionalista tiende a absolutizar aspectos parciales excluyendo preguntas por el sentido y la trascendencia. De aquí la exigencia de una nueva racionalidad que permita abrazar de manera holística los diversos aspectos de la realidad. De esta forma se pueden conjugar aspectos aparentemente contrapuestos, como razón y religión, organización y flexibilidad, eficiencia y sentimientos, inmanencia y trascendencia, cuerpo y espíritu, teoría y práctica. Desde esta óptica es posible descubrir la pregunta por el sentido o la necesidad de calidad de vida, percibida como exigencia de algo más, aunque no siempre expresada . También resulta evidente la búsqueda de una espiritualidad más profunda como deseo y nostalgia de transcendencia. Se trata de una demanda más o menos explícita de religiosidad que, si no esta acompañada de un adecuado discernimiento, puede ser instrumentalizada fácilmente. De aquí deriva la exigencia de autenticidad y de transparencia para la comunidad cristiana y para cualquier persona. Las urgencias que emergen de los desafíos culturales son muy significativas para nuestro Proyecto, que ha sido elaborado a partir del análisis de las nuevas necesidades formativas y de las correspondientes opciones y estrategias, que consideramos prioritarias para la formación. Líneas de fondo del Proyecto Algunas ideas-guía, de las cuales derivan estrategias específicas, hacen de hilo conductor de todo el Proyecto.

ideas- guía

La formación como itinerario de vida es un camino dinámico y progresivo hacia la unidad vocacional, es discernimiento en el Espíritu de las continuas llamadas de Dios a lo largo del tiempo en los diversos contextos en los que vivimos el carisma salesiano. La formación recibe su significado de la Palabra de Dios, de la pedagogía de la Iglesia en su riqueza litúrgica, sacramental y de magisterio, de la fuente de la memoria carismática y de las llamadas de la historia. La formación se inserta en la experiencia vocacional, raíz y síntesis de todo el proceso formativo: dentro de esta experiencia es donde cada Hija de María Auxiliadora elabora su identidad de mujer llamada al seguimiento de Cristo para anunciarlo a los jóvenes haciéndose, con el auxilio de María, signo de su amor en el mundo. Es por lo tanto un camino de maduración integral de la persona hacia una progresiva configuración con Cristo, realizada en la misión educativa y vivida en la comunidad, en la fidelidad al sistema preventivo (cf. C 77-78). Fundamento de este camino es la realidad de la vocación como alianza nupcial con Dios, en el seguimiento de Jesús, que es posible por la acción del Espíritu. Desde la perspectiva bíblico-litúrgica, la alianza encuentra su raíz en la naturaleza misma de la Iglesia, en María, que es su figura esponsal específica, y en la peculiar resonancia femenina, propia de las mujeres consagradas (cf. VC 34). La Palabra de Dios, escuchada y vivida en el ámbito personal y comunitario, es


el gran marco de referencia en el que se mueve el Proyecto. Ella es la primera fuente de toda espiritualidad y de todo proceso de renovación y de formación. La verdadera profecía de la vida consagrada, en efecto, nace de Dios, de la escucha atenta de su Palabra, que plasma la vida según el Espíritu, ofrece el criterio justo para valorar los acontecimientos de la historia, es fuente de oración, de contemplación y de audacia misionera. La perspectiva femenina es transversal a todo el Proyecto. Revela la necesidad de una continua reelaboración de nuestra identidad de mujeres, llamadas a expresar, con nuestros recursos característicos, la dimensión mariana del carisma y la riqueza inagotable del sistema preventivo (cf. C 4,7). En la Familia salesiana y dentro de las comunidades educativas, promovemos la cultura de la vida y de la reciprocidad en todos los ámbitos, educando a la mujer para que asuma, junto con el hombre, una responsabilidad común en la suerte de la humanidad. La formación permanente como horizonte de toda la formación constituye otra línea de fondo que hemos asumido como estrategia del Proyecto. Es una opción dictada, sobre todo, por la convicción de que la vida se genera con la vida; en efecto, la presencia de adultos, expertos en humanidad y abiertos al Espíritu, es una condición para la eficacia educativa. La formación permanente o continua, responde más adecuadamente a la nueva sensibilidad cultural, que ve en el proceso de educación permanente la clave para afrontar y solucionar los desafíos de la complejidad. Por esto una gran parte del Proyecto formativo está dedicada a los momentos de crecimiento en las diversas estaciones de la vida de las FMA. Viviendo en comunidad, cada una de nosotras se hace espacio que acoge, genera y acompaña a las nuevas generaciones. Estrategias formativas

La dimensión vocacional de la misión educativa, colocada en el corazón del Proyecto, constituye una estrategia clave. Puesto que consideramos que la meta a la que tiende toda nuestra acción educativa es la de acompañar a los jóvenes ayudándoles a discernir el designio de Dios sobre su vida y a asumirlo como misión ((cf. ). C 72). La coordinación en el estilo de animación es, finalmente, otra opción que hace posible la realización del Proyecto. La formación, considerada como una realidad relacional, se realiza con el concurso de diversas mediaciones que exigen ser coordinadas en la dirección de la unidad y de la convergencia para que se realice la comunión.


Primera parte

LA FORMACIÓN DE LA FMA

Nuestro camino formativo se inserta en la experiencia vocacional, en la llamada del Padre a entrar en la alianza de amor que ha establecido con don Bosco y María Dominica Mazzarello. Insertadas en la Iglesia, participamos en la misión salvífica de Cristo “realizando el proyecto de educación cristiana típico del sistema preventivo” (C 1). El carisma educativo que configura nuestra vocación, en cuanto don del Espíritu, tiene intrínseco un dinamismo profético, que nos exige asumir cada día una mentalidad de cambio en la línea evangélica para traducir la intuición originaria de los fundadores a la realidad concreta en la que vivimos y actuamos. Fin de la formación es “la maduración integral de la persona, en una configuración progresiva con Cristo, Apóstol del Padre, según el proyecto de vida trazado en las Constituciones” (C 78). Tal configuración resulta real sólo entrando en una dinámica de conversión permanente, proceso que se desarrolla a partir de las necesidades formativas y que orienta a la individuación de opciones y estrategias adecuadas. El itinerario de maduración es un modelo formativo dinámico y vital, cuya fidelidad al carisma se hace capacidad para acoger un “depósito” y enriquecerlo continuamente, viviendo personal y comunitariamente en la confrontación con las demandas evangélicas y culturales.


EL DINAMISMO PROFÉTICO DEL CARISMA

la experiencia carismática

“Vosotros completaréis la obra que yo he comenzado: yo hago el croquis y vosotros pondréis los colores. Ahora tenemos el germen…” (Don Bosco, en MB XI 309) La formación asume las características de la experiencia carismática que don Bosco y María Dominica Mazzarello han comenzado y nos han transmitido a través de su pasión educativa, enraizada en una profunda vida eucarística y mariana. Con la vocación estamos llamadas prolongar y a desarrollar hoy su herencia, valorando los recursos de nuestro ser mujeres y permaneciendo abiertas a las llamadas de Dios en la historia. El camino de formación exige entrar cada vez más profundamente en el misterio de la alianza con Dios. Por esto nos comprometemos a seguir a Cristo casto, pobre y obediente, totalmente disponible a su misión de salvación, especialmente entre los jóvenes. Dentro de la familia salesiana y en los diversos contextos socioculturales en los que trabajamos, tratamos de actualizar aquel particular modo de relacionarnos y de educar propio del sistema preventivo, “Característica de nuestra vocación en la Iglesia” (C 7). En esta misión nos inspiramos en María, madre y educadora. En la Iglesia para las jóvenes y los jóvenes

El dinamismo vital de nuestra vocación brota del don del Espíritu, que no cesa con el espíritu de enriquecer a la Iglesia a través de múltiples carismas y ministerios, del da mihi otorgados por él para la edificación y crecimiento del Pueblo de Dios. animas Don Bosco y María Dominica Mazzarello, movidos por el Espíritu y mediante la intervención directa de María, con su carisma educativo han hecho perceptible a las jóvenes y los jóvenes la presencia de Jesús, el Buen Pastor, el que da la vida en abundancia. En las realidades en las que estamos presentes, con formas diversas, expresamos la predilección por los pequeños y los pobres vivida según el espíritu del da mihi animas coetera tolle, obedientes a la palabra de Jesús: “El que acoge a uno de estos pequeños en mi nombre, a mí me acoge” (Mt 18,5). Nos comprometemos a “mantener vivo el impulso misionero de los orígenes” (C 6), trabajando por el Reino de Dios en los países cristianos, con frecuencia transformados por el materialismo reinante, y en los que todavía no han sido evangelizados.

de generación en generación

Nuestra vocación nos inserta en la genealogía de tantas mujeres que en el transcurrir de los siglos, ya desde el antiguo Israel y sobre todo con la llegada de Jesús, han participado activamente en la historia de la salvación. En Jesús, las mujeres han descubierto posibilidades inéditas de realización de sí mismas y, a lo largo de los siglos, se han vuelto como él solidarias con la humanidad pobre y doliente mediante formas de caridad creadas por la lucidez del amor. Su ejemplo constituye un precioso recurso al que acudir para promover en nosotras y en las jóvenes con las que tratamos identidades femeninas libres y emprendedoras (cf. MD 13-16). La experiencia educativa de María Dominica y de las primeras hermanas de Mornese no cesa de inspirar nuestra vida. La primera comunidad encarna un modelo de consagradas que, estando entre de la gente, expresan la mística de un amor radical a Jesús. Cultivan una consagración misionera que abre a la vida cotidiana amplios horizontes apostólicos. Viven con sencillez la alegría “signo de un corazón que ama mucho al Señor” (L 60,5), incluso, con


con el estilo frecuencia, en la experiencia a menudo crucificante del límite, de la de Mornese enfermedad, de la muerte. Insertas en la Iglesia local y atentas a las personas y al territorio, conjugan creativamente su estar “siempre en contacto con la juventud” (Crin II 140) con su identidad de mujeres consagradas, habitadas por el misterio de Dios, siempre a la escucha de su voz para aprender de él la verdadera sabiduría de la vida (cf. L 22,10-12). Con límites evidentes, pero dóciles al Espíritu, construyen juntas la “casa del amor de Dios”, viviendo entre ellas una reciprocidad de relaciones llena de valores evangélicos. La presencia discreta y sabia de María Dominica conduce a hermanas y niñas por un camino gozoso y exigente de santidad. Se inaugura así una tradición educativa caracterizada por una mistagogia, es decir, una iniciación al misterio, expresada en los gestos de una maternidad generada por el Espíritu. Hoy, como nuestras primeras hermanas en Mornese, dedicándonos a la educación de los jóvenes, y en particular de la mujer, expresamos el gozo de haber encontrado a Jesús, que nos llama a ser signo de una humanidad renovada en su Pascua. En el seguimiento de Jesús por un nuevo humanismo Nuestra vocación se hace profecía para la humanidad al poner de relieve el primado de Dios y del amor que Jesús ha venido a revelar como fundamento de un nuevo humanismo inspirado en el Evangelio (cf. VC 84-87). La profesión de los consejos evangélicos lleva a la auténtica libertad, refuerza nuestra relación con Cristo, intensifica los vínculos de comunión entre nosotros, con las jóvenes y los jóvenes, con el ambiente y con toda la creación. De aquí nace el testimonio de unas mujeres siempre en camino, comprometidas en hacer visible el amor de Dios en un mundo que tiene una los consejos profunda nostalgia de él y de la paz que ha prometido. evangélicos La castidad consagrada es un don precioso de la Trinidad, reflejo de la divina belleza que resplandece en el rostro de Cristo y de quien participa de su intimidad “con un corazón indiviso (C 12). Por consiguiente, la castidad es una realidad relacional y, como tal, equilibra y amplía los horizontes de la afectividad humana para orientarla al amor gratuito y a la reciprocidad entre las personas. En una sociedad a menudo contaminada por el abuso de la sexualidad, la castidad consagrada se hace anuncio de una humanidad nueva en la que es posible la unificación de la persona, reconciliada al fin consigo misma, capaz la de asumir la propia corporeidad y trascenderla en el Amor. transparencia del amor Acogiendo la ternura de Dios y ofreciéndole nuestras fuerzas de amor (cf. C 12), nos hacemos capaces de un don que tiene el rostro de la “amorevolezza” vivida en la lógica de la acogida, con un estilo de relaciones sencillo y familiar. Según la tradición salesiana, en la castidad está el secreto de una profunda comunicación educativa. Somos mujeres que, habiendo encontrado al Señor, cada vez se hallan más preparadas por él para acompañar a las jóvenes y los jóvenes por los caminos de un amor puro, responsable y santo (cf. C 14). La castidad vivifica la comunión, estimula la transparencia de la vida que excluye la mentira y la complicidad negativa. Por ello, conscientes de haber sido convocadas por el amor de Dios en Cristo, tratamos de vivir como hermanas que se aman entre sí con calor humano, cultivan el don de una verdadera amistad y comparten la misma pasión educativa. Esto comporta un itinerario de crecimiento en el que educación del corazón y madurez en la libertad encuentran su realización en la donación a quien nos ama. Puesto que afectividad y sexualidad no son realidades unificadas espontáneamente, estamos llamadas a integrar continuamente sus


dinamismos en el contexto de la vida comunitaria y de la misión. La castidad, enraizada en una intensa vida eucarística, se hace camino cotidiano de ascesis, proceso de maduración en la fidelidad a Cristo. Es un don que se ha de pedir constantemente en la oración y se ha de vivir en la comunión con el Señor y con sus criaturas. La bienaventuranza del corazón puro se da a quien está dispuesto a perderlo todo para encontrar el todo del amor que es Jesús (cf. Fil 3,8). María, la Inmaculada, es para nosotros y para las jóvenes y los jóvenes icono de una humanidad plenamente realizada según el designio de Dios. Como Auxiliadora nos acompaña y respalda en el camino de maduración para que podamos amar con corazón libre y unificado. La pobreza evangélica nos hace partícipes del misterio de Jesús, que se ha hecho pobre para enriquecernos con su pobreza. Él, al entrar en el drama de las innumerables miserias, se inclina hacia todas las criaturas, comenzando por las más necesitadas y pobres de amor. Indica dónde están la libertad y la dignidad de la persona: no en el poseer, sino en el ser imágenes de Dios, realidades que ni siquiera el pecado puede borrar. Don Bosco ha fundado la Congregación salesiana como respuesta de salvación para las jóvenes y los jóvenes pobres y abandonados y ha asociado la fecundidad de nuestro Instituto a la práctica gozosa de la pobreza vivida en el ámbito personal y comunitario: ”El Instituto tendrá un gran porvenir si os mantenéis sencillas, pobres, mortificadas” (Cron I 306).

la gratuidad del amor Como FMA estamos llamadas a dar testimonio de nuestro ser pobres en el servicio educativo a los jóvenes, afectados por nuevas formas de pobreza y de inquietud. Vivimos por eso un estilo de vida sobrio, aceptando la precariedad, la ausencia de privilegios y de seguridades. Promovemos la cultura de la gratuidad, la valoración equilibrada del trabajo y del tiempo, una relación justa con las cosas. Nos comprometemos a denunciar las situaciones de injusticia y de discriminación, sobre todo cuando están relacionadas con los niños y las mujeres. Fieles a nuestros fundadores, que por los jóvenes estaban dispuestos a sacrificar la vida, recorremos el camino de la “amorevolezza” que nos aparta de la lógica de la superioridad y del dominio, se hace solidaridad y comunión de bienes, de recursos, de tiempo para que todo en la comunidad pueda ser puesto al servicio de la misión educativa (cf. C 23). Somos conscientes de que los pobres y los pequeños no se limitan a recibir de nosotros, sino que nos regalan el gusto por lo esencial, la sabiduría del dolor y la paciencia del abandono. La dureza de su vida es un continuo ejercicio de aguante que nos da lecciones ante nuestras necesidades tal vez exageradas y ante la exigencia de respeto a nuestros presuntos derechos. En una sociedad en que la globalización tiende a acentuar los fenómenos de empobrecimiento de una gran parte del mundo, como educadoras favorecemos la difusión de una cultura solidaria, que se concreta en la reducción del consumo, en la promoción del mercado justo y solidario, de la microeconomía y de todas aquellas formas de respeto ecológico que atestiguan la defensa de la vida. Entre las varias formas de indigencia, una de las más radicales es la pobreza de significados y de valores, que impide a muchos jóvenes, sobre todo a las mujeres, el adquirir los instrumentos adecuados de crecimiento y de proyección de futuro. Por esto nos dedicamos con responsabilidad a la educación, tanto en el ámbito formal como en el no formal, favoreciendo el protagonismo de los pobres a través de la toma de conciencia de las causas de la pobreza y de la inserción de las mujeres y de los jóvenes en los ámbitos de producción y de decisión. Nos alienta el testimonio generoso y lleno de entusiasmo de tantas hermanas


que han vivido y viven experiencias de solidaridad evangélica y misionera, dispuestas incluso a dar la vida para defender y promover a los más pobres en sus derechos fundamentales. La tradición eclesial y salesiana ha relacionado siempre íntimamente servicio a los pobres y Eucaristía. La pobreza, más que fruto de la superación del egoísmo, es gracia derivada de la participación en el misterio de la Eucaristía, memorial y actualización del anonadamiento de Jesús para que todos tengamos vida en abundancia. María, la esclava del Señor, participa en la entrega del Hijo, comparte la pobreza en la doble dimensión mística y misionera y, como madre, nos guía en la configuración con Cristo pobre. Ella nos implica en su cántico de alabanza, como pobre del Señor, en la cual el Altísimo ha hecho cosas grandes. La obediencia nos sumerge en el misterio de la disponibilidad de Cristo quien hace de la voluntad del padre su alimento (cf. Jn 4,34). Él aprendió la obediencia en el sufrimiento (cf. Heb 5,8) perseverando hasta el don de sí en la muerte de cruz (cf. Fil 2, 7-8). De esta manera “desvela el misterio de la libertad humana como camino de obediencia a la voluntad del Padre, y el misterio de la obediencia como camino para lograr progresivamente la verdadera libertad” (VC 91). Participamos en este misterio de obediencia sobre todo a través de la Eucaristía, memorial del amor que llevó al Salvador a dar la vida por nosotros. De esta manera compartimos el sí de María de Nazaret, quien con su obediencia ha llegado a ser madre de los vivientes. En una cultura que exalta la libertad incluso más allá de toda verdad y norma moral (cf. VS 31-35), la opción por la obediencia contribuye a liberar la el servicio del libertad de impulsos egoístas. Y así se convierte en camino de realización de amor un humanismo solidario y encuentra su plena actualización en personas capaces de sana autonomía, de entrega generosa, de profundo sentido de responsabilidad y de “amorevolezza” educativa. En la espiritualidad salesiana la obediencia, cuyo rostro es gozoso y humilde (cf. C 1885 IV 1), nos hace entrar en el gran proyecto, iniciado por don Bosco y por María Dominica Mazzarello, para la promoción de las jóvenes y los jóvenes. Por ello la obediencia se halla estrechamente ligada a la misión educativa que se realiza a través de una paciente búsqueda del plan de Dios. Esto exige el valor de evaluar juntas, a la luz de la Palabra, las opiniones propias y las de los demás denunciando lo que es contrario al Evangelio. La obediencia encuentra un concreto ámbito de acción en una comunidad donde se vive la interdependencia las unas de las otras y se busca juntas la realización del proyecto educativo. En tal contexto, se redescubre el significado de la autoridad como servicio y vínculo de comunión que, en el espíritu del sistema preventivo, suscita confianza recíproca y sentido de pertenencia a una gran familia (cf. C 33). La obediencia supone un camino de crecimiento en la autonomía personal, sentido de pertenencia y ejercicio efectivo de la subsidiariedad y de la corresponsabilidad. Para esto son necesarios: discernimiento comunitario, sensibilidad proyectiva, apertura a la confrontación interna y externa, especialmente en el ámbito de la comunidad educativa y de la Familia salesiana, donde el trabajar juntos tiene su expresión más eficaz. Evidentemente, esto solo es posible si se tiene el valor de una verdadera humildad, que permita el desarrollo de los talentos y de los proyectos de los otros. En el clima de familia y en la convergencia en torno a un proyecto, adquiere importancia el acompañamiento, también a través del coloquio personal, como oportunidad de crecimiento y de discernimiento y como forma de


compartir la experiencia y la revisión del camino formativo. El compromiso de la colaboración responsable es camino hacia una humanidad solidaria y reconciliada en un mundo caracterizado por antagonismos y rivalidades frente al poder. Nos educamos a nosotras mismas y a las jóvenes y los jóvenes para hacer del planeta una gran familia de pueblos abierta a las múltiples expresiones del ser humano. Como comunidad con el estilo del sistema preventivo La vida fraterna vivida en una comunidad modelada por el espíritu de familia es dimensión esencial del carisma. Nuestras comunidades están llamadas a servir al Señor con alegría y a trabajar con optimismo y caridad pastoral por el reino de Dios (cf. C 49-50). La Eucaristía funda y alimenta el vivir juntas para la misión del mismo modo que la Iglesia, memorial del cuerpo y de la sangre de Jesús, nace continuamente en su ser y en su envío misionero (cf. VFC 14). Desde los orígenes del Instituto, las primeras FMA han experimentado no solo el haber sido llamadas por Dios con una vocación personal, sino el haber sido convocadas por él a compartir el carisma educativo salesiano en una comunidad de hermanas y de jóvenes. El humanismo cristiano de San Francisco de Sales Nuestro estilo de relaciones se inspira en el humanismo cristiano de San Francisco de Sales, traducido por don Bosco en el ámbito educativo, elaborado de forma vital por María Dominica y enriquecido continuamente por las generaciones sucesivas. en comunidad Dicho humanismo se basa en el sentido cristiano de la vida y en la visión para la misión globalmente optimista del ser humano, en el que tiene un lugar destacado la apertura al amor, porque Dios nos ha creado a su imagen, en el amor y por amor. De ello deriva el compromiso prioritario por hacer emerger esta imagen promoviendo el crecimiento integral y la dignidad de la persona. San Francisco de Sales nos enseña el arte de guiar a la santidad, vocación fundamental de todo cristiano, favoreciendo sobre todo la lenta eficacia del amor, el equilibrio entre la indulgencia y la autoridad, la valoración de los recursos humanos y la confianza en Dios. Don Bosco eligió al doctor del amor como patrono de la Congregación salesiana y de nuestro Instituto para que “nos obtuviera de Dios la gracia de poderlo imitar en su extraordinaria mansedumbre y en el buscar la salvación de las almas” (MO 133). el sentido cristiano de la vida fundado en el amor

De este modelo brota aquel arte de educar en positivo que nuestros fundadores nos han transmitido y que se traduce en simpatía hacia la existencia, comprensión de la persona, optimismo al interpretar la realidad, acogida de la vida “en sus dimensiones de gratuidad, de belleza, de provocación a la libertad y a la responsabilidad” (EV 83). Esta mirada intencionalmente educativa no se detiene desconfiada ante quien se encuentra en situaciones de pobreza y de sufrimiento, sino que se deja interpelar por ellas, busca su sentido y encuentra en cada persona un punto accesible al bien, una llamada a la confrontación y al diálogo. La síntesis salesiana del sistema preventivo. Don Bosco ha experimentado el arte de educar a los jóvenes realizando, en su sistema preventivo, la síntesis entre educación y evangelización. Este sistema nos ha sido transmitido “como un espíritu que debe guiar


nuestros criterios de acción e impregnar todas nuestras relaciones y nuestro estilo de vida” (C 7). En efecto, se trata de un proyecto de educación integral que tiene como fin formar buenos cristianos y honrados ciudadanos. Recorrer los caminos de la educación preventiva significa capacitar a la persona, desde las primeras fases de su crecimiento, para permitir que emerjan las potencialidades que posee, y para desarrollarlas gradualmente en un camino de libertad y de responsabilidad en el contexto cultural, el arte de sociopolítico y eclesial. educar en positivo Nuestro método educativo responde a las más auténticas aspiraciones de la persona humana: la comunión con Dios, el amor, la búsqueda de la verdad en la confrontación y en el diálogo. Y precisamente porque se apoya en estas necesidades humanas fundamentales, el sistema preventivo ha sido felizmente llamado por Pablo VI “incomparable ejemplo de humanismo pedagógico cristiano” (PABLO VI, Il valore del nuovo centro di studi superiori nell’armonia dell’alta cultura ecclesiastica, en Insegnamenti IV, Città del Vaticano, Poliglotta Vaticana 1966, 530). La experiencia de apertura al proyecto de Dios y el encuentro con Cristo permiten a la persona interpretar la vida y la historia según las profundidades y las riquezas del misterio que la caracterizan. un proyecto El encuentro con Jesús, especialmente en la Eucaristía y en el sacramento de educación de la Reconciliación, ofrece la posibilidad de experimentar el poder integral transformador de Dios y de hacer resonar el evangelio de la vida en la realidad cotidiana. Nuestro estilo educativo es, además, experiencia de “amorevolezza” – entendida como amor de Dios, Padre y Madre – y perceptible para cualquier persona, especialmente para las jóvenes y los jóvenes, según la expresión de don Bosco: “Que los jóvenes no solamente sean amados, sino que se den cuenta de que se les ama” (Carta del 10 de mayo de 1884). De ahí la pedagogía del uno por uno, como presencia educativa que contribuye a reavivar en los jóvenes la confianza, la disponibilidad y la acogida de los valores. fundado en las aspiraciones de la persona

Respetando las diferentes visiones de la vida y gradualmente, ofrecemos a las jóvenes y los jóvenes, también a los que pertenecen a otras religiones, puntos de referencia y valores que les permitan estar preparados para adquirir una visión unitaria de la realidad, para realizar valoraciones críticas que los orienten hacia opciones responsables por una solidaridad social y una ciudadanía activa. Una pedagogía del ambiente

experiencia de encuentro con Cristo

de “amorevolezz a”

Como educadoras salesianas realizamos nuestra misión en cuanto comunidad animada por el espíritu de familia (cf. C 50). En la comunidad se encuentran espacios para rezar, pensar, proyectar, trabajar y celebrar juntas, valorando e integrando las aportaciones de las diversas generaciones. Las palabras de don Bosco resuenan con especial actualidad: “El estar muchos juntos, aumenta la alegría, anima para aguantar las fatigas … y sirve de estímulo ver el aprovechamiento de los demás: uno comunica a otro los propios conocimientos, las propias ideas, y de este modo uno aprende del otro. El vivir entre muchos que practican el bien nos estimula sin apenas darnos cuenta” (MB VII 602). Todo esto crea un clima en el que, con la Familia salesiana, la zona, las familias, los propios jóvenes, se converge hacia la comunión en la misión. Esta sinergia resulta favorecida por la complementariedad de las funciones y de las competencias, por la acogida cordial, por la familiaridad de las relaciones, por la confianza recíproca, por la capacidad de colaborar, por la paciencia y por el perdón, por el continuo tender al amor en el optimismo y en la alegría. El estar unidos en el nombre del Señor debería recordar la realidad de las primeras comunidades cristianas en cuyo contacto los paganos exclamaban: “¡Mira como se aman!” (TERTULIANO, L’Apologetico. La prescrizione contro


de gli eretici, Roma, Città Nuova 1967, 137) confrontación Nuestros fundadores supieron crear en torno a ellos comunidades en las que y diálogo florecían la confianza y la santidad. Sin embargo, eran conscientes de las dificultades e insidias que a veces se dan en las relaciones. Para vivir el auténtico espíritu de familia es necesario un camino de liberación interior, que encuentra en el amor la fuerza impulsora. El Espíritu da a la persona la certeza de ser conocida por su nombre y de poder entregarse, aceptando con espíritu recorrer el camino de la cruz. de familia Una herencia profética Todo lo que nuestros fundadores nos han transmitido conserva una extraordinaria actualidad y respalda un constante compromiso por la inculturación. Somos conscientes de que el prevenir está dentro una visión de futuro que permite identificar las necesidades más profundas de los jóvenes en el ámbito mundial, los fenómenos y dinamismos que mueven a la sociedad de tal modo que hace posible percibir los aspectos en evolución y los valores proféticos. En nuestra misión educativa, en ámbito formal y no formal, reconocemos que sobre todo debemos responder a la necesidad de humanización que está emergiendo, tanto en los países ricos como en los que se hallan en vías de desarrollo. En una cultura en la que se encuentran amenazadas las mismas fuentes de la vida, de la persona y de la familia, descubrimos que para nuestra misión cada vez resulta más adecuada la línea de la preventividad. El marco de referencia que orienta nuestras opciones educativas es una visión antropológica que, en el proyecto de Dios, reconoce la inalienable dignidad del ser humano, creado a su imagen, según la dualidad hombremujer, en relación recíproca entre ellos. El ser imagen de Dios fundamenta el ser relacional de la persona, su existir en relación con el otro yo. En esto es reflejo del misterio de Dios uno y trino: unidad viviente en la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (cf. MD 7). De aquí brota la visión de la vida como don y como llamada a la libertad, al amor, a la responsabilidad ética. En esta óptica el estilo de reciprocidad, vivido en una constante dinámica de dar y recibir, de gratuidad y de gratitud, es el que consideramos más apto para expresar en el hoy la fuerza carismática del sistema preventivo. El clima de relaciones sinceras, desinteresadas, en el que se da lugar al otro conscientes de los propios límites, vuelve transparentes los valores típicos de nuestra espiritualidad y permite llegar a ser respuesta eficaz a los mirando al requerimientos de humanización y de comunión presentes en la cultura de futuro hoy. En un mundo con frecuencia dividido y animado por la lógica de la concurrencia, en contacto con familias afectadas por conflictos y privaciones, nuestras comunidades educativas pueden ser un signo profético, en cuanto llamada a la responsabilidad educativa en relación con los hijos, testimonio alentador del proyecto de comunión al que toda persona está llamada, válido apoyo en los momentos de prueba. Esta riqueza carismática nos parece hoy especialmente cargada de profecía. El camino ecuménico e interreligioso, la convivencia de las diferencias, la exigencia de interculturalidad nos impulsan a recorrer en la Iglesia caminos de diálogo, de solidaridad, de paz. En el cambio cultural a favor de la vida, corresponde sobre todo a la mujer el deber de asegurar la dimensión moral de la cultura, es decir, la dimensión de una cultura digna de la persona humana, de su vida personal y social (cf. fundado en el ChL51). proyecto de En red con tantas mujeres laicas y religiosas, tratamos de dar testimonio en la Dios creador sociedad actual de un nuevo feminismo inspirado en el Evangelio (cf. Evangelio 99) y de educar a la mujer para que construya, en reciprocidad con el hombre, una cultura de la vida y de la solidaridad.


Con María, la Auxiliadora María ilumina y guía el itinerario formativo inspirando nuestra vocación con un estilo original de cuidarnos de las jóvenes y los jóvenes. de El nombre de Hijas de María Auxiliadora, elegido para nosotras por don reciprocidad Bosco y acogido con alegría por María Dominica Mazzarello, expresa la identidad mariana del Instituto y contiene la síntesis de una espiritualidad salesiana que debe empapar nuestra experiencia personal y comunitaria. La dimensión mariana es esencial a la vida cristiana (cf. Jn 19, 26-27), pero presenta una afinidad especial en relación con la mujer y su misión. “La feminidad tiene una relación singular con la Madre del Redentor… por el mismo hecho de que Dios, en el sublime acontecimiento de la encarnación un proyecto del Hijo, se ha entregado al ministerio libre y activo de una mujer” (RM 46). de comunión Este don de gracia, vivido por la comunidad eclesial y por muchos Institutos religiosos, se halla presente de una manera particular en la vida de la FMA en cuanto educadora y alimenta su dinamismo misionero. Cada una de nosotras es memoria viva de María, la Virgen del Magníficat, por fidelidad al proyecto carismático de don Bosco, que quiso que el Instituto fuera “monumento vivo de gratitud a María Auxiliadora” (Cron I 305-306), signo y testimonio del amor de Dios a las jóvenes y los jóvenes. En el calvario, María acogió al discípulo con el que Jesús se había identificado. En cuanto madre, está llamada a educar, a sacar a la luz en cada uno de sus hijos e hijas la identidad más profunda que nos ha sido con los comunicada por el Padre, en Cristo, por medio del Espíritu Santo. Ella con su recursos de la maternidad educativa contribuye a formar en cada uno la imagen de Cristo feminidad (cf. Gal 4,19) impresa en todos desde la creación. Como madre y maestra, la Virgen nos inspira el estilo de una vida religiosa contemporánea a nuestro tiempo y nos ayuda a encontrar los caminos más adecuados para llegar a ser signo y expresión del amor preventivo de Dios a los jóvenes (cf. C 1). A través del carisma de nuestros fundadores estamos llamadas no solo a dirigirnos a María con amor filial, sino a ser como ella, en la fecundidad del Espíritu Santo, auxilio y guía en la formación para hacer crecer la vida de Jesús en los que nos son confiados. Con ella, misionera, educadora y compañera de camino, vivimos la pedagogía del hacerse cargo que se manifiesta en solicitud por los otros, identidad de acompañamiento recíproco, en la iniciativa en defender y promover la vida, hijas tanto en el ámbito educativo como en el social. Nuestra metodología educativa encuentra en María la síntesis de sus diversos componentes. Ella, solidaria con la historia de su pueblo, inspira nuestra acción pastoral y nos anima a compartir la suerte de los pobres, sobre todo de la mujer. Nuestro ser hijas nos hace entrar en aquella genealogía de mujeres que actualizan en lo cotidiano del tercer milenio lo inédito de la existencia de María. Muchas de sus palabras y muchos de los acontecimientos de su vida no se han escrito todavía para que pudieran ser descubiertos y actualizados memoria viva en el tiempo. La vida de María no es algo estático, realizado de una vez para de María siempre, sino una realidad que fluye y se verifica en la existencia de las hijas.


como ella educadoras

EXIGENCIAS DE LA FORMACIÓN para hacerse cargo

“Pido … que os revistáis del Espíritu del Señor” (María Dominica Mazzarello C 26,4)

La calidad de la formación ha estado siempre en el centro de atención de nuestro Instituto. Frente a los cambios y a los desafíos culturales del mundo contemporáneo, descubrimos el nacimiento de nuevas necesidades formativas. y manifestar, Éstas son las que orientan las opciones y nos impulsan a individuar las hoy, lo inédito estrategias adecuadas. de María Nuevas necesidades formativas Las nuevas necesidades formativas se relacionan tanto con las personas como con las comunidades, sobre todo las nuevas generaciones de FMA, así como con los destinatarios de nuestra misión. Tales necesidades no se refieren solo a elementos problemáticos del contexto actual, sino que expresan esperanzas e inquietudes y constituyen auténticos “signos de los tiempos”. Son desafíos que el Espíritu lanza a la vida de la Iglesia y exigencias que maduran en el Cuerpo de Cristo, siempre en continuo crecimiento. En el marco de una mayor autoconciencia femenina, emerge la necesidad de una continua elaboración de nuestra identidad de mujeres llamadas a ser Hijas de María Auxiliadora en los diversos contextos culturales. Esto implica estar de parte de la mujer, sintiendo en la propia carne las violencias que ella sufre en nuestro tiempo. Por el mismo motivo se experimenta la exigencia de conocer más a fondo la dimensión mariana del carisma para poder expresarla sobre todo en el cuidado la vida, para que pueda crecer y madurar. Una de las exigencias que responden de forma particular a la naturaleza de la vida consagrada es vivir la libertad evangélica. Solo quien tiene el corazón libre de los ídolos puede seguir a Jesús con toda su persona y es capaz de implicarse en un compromiso estable y duradero. Lo que presupone un ejercicio de libertad y autonomía, exigencia que la cultura posmoderna ha puesto en evidencia de una forma particular. Otra de las necesidades más observadas es el primado de la interioridad. En lo profundo del corazón es donde brilla en nosotros la vida de Dios y nos hace capaces de hacernos don para los hermanos y las hermanas. En un mundo, a menudo achatado y sofocado en sus exigencias espirituales por el eficientismo, es importante que cada una cultive el propio corazón como casa de Dios y sepa morar en él.


El hoy nos invita también a saber dar razón de nuestra esperanza, es decir, a manifestar en público nuestro existir, creer, rezar y darse, y a evangelizar mostrándonos responsables frente a las oportunidades que las tecnologías nos ofrecen. Para ello es urgente desarrollar una conciencia crítica que facilite la mentalidad de cambio e ilumine también la confrontación intercultural e interreligiosa. Frente a la disgregación de los lazos afectivos y a la intolerancia ante la diversidad, nuestras comunidades educativas están llamadas a manifestar un estilo de familia en el que, junto con las jóvenes y los jóvenes y los adultos laicos, se pueda crecer en humanidad y llegar a ser capaces de hacer propuestas vocacionales, valorando las diferencias. La necesidad de comunicación, sobre todo en el ámbito intergeneracional, los desafíos requiere evocar la memoria histórica de la tradición, saber narrar la propia de las nuevas experiencia vital, recuperando lenguajes comprensibles y símbolos adaptados necesidades a las diferentes edades. Para una generación del desencanto y del olvido del pasado, es importante cultivar la memoria de lo que Dios ha hecho de generación en generación en la Familia salesiana y en la vida de cada FMA de ayer y de hoy. identidad

Establecer relaciones de valoración recíproca, entre personas e instituciones, es importante para nuestro compromiso en la misión educativa, en particular a favor de los pobres y de los excluidos, pero se refiere también a toda relación interpersonal. Esta exigencia se expresa también en la búsqueda de un estilo de animación que prevé la participación y la corresponsabilidad de todas en la realización del proyecto común. Una línea nueva para la formación es la de pasar de la uniformidad a la comunión y ofrecer formas de acompañamiento diferenciado en el respeto a la originalidad de cada una.

libertad evangélica El contexto sociocultural y la fidelidad al carisma reclaman la adquisición de nuevas competencias educativas, de una profesionalidad constantemente actualizada e inculturada, y el desarrollo de una sensibilidad intercultural e interreligiosa más profunda.

En un clima de difusa banalización de la sexualidad, el redescubrimiento de su valor como lenguaje para expresar el amor recíproco requiere la interioridad integración de las energías afectivas en la opción por Jesús y en el compromiso por ser mujeres capaces de expresarnos con “amorevolezza”. Es también necesario recuperar la importancia formativa de la dimensión económica en la vida religiosa. La opción de vivir la pobreza evangélica en la comunicación de bienes promoviendo la solidaridad a favor de los pobres es una forma concreta de expresarla. Por ello es importante profundizar la Doctrina Social de la Iglesia para conciencia proyectarla en nuestra misión. crítica Los actuales procesos de globalización ponen en evidencia la necesidad de colaborar en la realización de proyectos compartidos con los seglares, especialmente con los miembros de la Familia salesiana, y con otras instituciones eclesiales y civiles, incluso en el ámbito nacional e internacional. estilo de familia Opciones prioritarias La búsqueda de caminos concretos que respondan a las nuevas necesidades con frecuencia plantea problemas. Constatamos la precariedad de nuestras diálogo inter- respuestas frente a las interpelaciones de la historia y de la misión. Sin generacional embargo, sabemos que nos podemos situar en una horizonte teoantropológico amplio, donde el designio de Dios es la plenitud de la humanidad y la felicidad de cada persona. Además, tenemos la certeza de


que podemos contar con nuestro estar juntas como comunidad abierta y en camino, lugar de comunión, de reconciliación y de testimonio evangélico. Desde esta perspectiva, indicamos algunas opciones que corresponden globalmente al conjunto de las necesidades descritas.

valoración recíproca ∗

estilo de ∗ animación acompañamie nto ∗ nueva profesionalida d ∗

integración afectiva

Cultivar la vida según el Espíritu en el gran designio de la alianza, en un proceso de conversión y configuración con Cristo en todas las edades de la existencia, para ser signos del amor de Dios en lo cotidiano, con el estilo de la “amorevolezza” salesiana. Desarrollar la dimensión mariana en nuestra espiritualidad salesiana y valorar los recursos presentes en cada persona, especialmente los de las mujeres jóvenes, para ofrecer una aportación significativa a la humanización de la cultura. Prestar una atención particular a la dimensión vocacional de la educación, convencidas de que la meta a la que tiende nuestra acción educativa es acompañar a los jóvenes a discernir el proyecto de Dios sobre la propia vida para asumirlo como una misión. Cualificar nuestra formación cultural y profesional de modo que tenga en cuenta los grandes horizontes de una conciencia sociopolítica y planetaria, para hacernos capaces de entrar en circuitos formativos que partan de los jóvenes más pobres y valoren su aportación en la regeneración del tejido social.

Optar por la sobriedad como estilo de vida para presentar una alternativa a las lógicas consumistas y competitivas y para educarnos en la ética del límite. Esta opción es una condición para hacer frente a los desafíos derivados de las nuevas tecnologías informáticas, comunicativas y biogenéticas.

Promover la cultura de la reciprocidad en el diálogo entre las generaciones y las culturas, en la Iglesia y en la Familia salesiana, para activar y hacer converger los recursos de personas e instituciones al servicio de la misión.

colaboración ∗ con los seglares

Valorar la internacionalidad del Instituto como uno de los caminos que promueven la unidad en la diversidad y favorecen la inculturación.

opciones solidarias

Estrategias formativas Las opciones señaladas reclaman la elección de estrategias formativas que permitan dar pasos concretos para responder a las necesidades que nos interpelan. Tales estrategias requieren una traducción local, vista en cada contexto las específico, vivida en la comunidad educativa y adecuada a las diferentes respuestas estaciones de la vida. formativas El presente Proyecto explicita y asume tres estrategias fundamentales •

Establecer todo el proceso de la formación a partir de la formación permanente. Estamos convencidas de que la formación no se reduce simplemente a la fase inicial de un proyecto, sino que es un camino que no termina nunca, en el que la persona se configura con Cristo en una dinámica de conversión continua. Durante demasiado tiempo se ha dado preferencia a la formación inicial. Ahora creemos que es una estrategia eficaz el prestar atención a todo el arco de la vida y valorar los diversos momentos en que se va alcanzando la madurez de la persona. Por tanto, no se trata solo de una actualización limitada a intervenciones puntuales. La formación permanente comporta una disposición personal y


comunitaria a dejarse interpelar cada día por Dios y a dejarse modelar constantemente por él a través de los acontecimientos de la historia. De aquí la importancia que tienen la escucha de la Palabra, la oración y el encuentro sacramental, la vida comunitaria, el trabajo y el esfuerzo apostólico y todos aquellos medios ordinarios que alimentan nuestro crecimiento. •

Otra estrategia es la de destacar la dimensión vocacional de la misión educativa. Considerar la vida como don y respuesta a una llamada es típico de la espiritualidad salesiana. La nueva evangelización, en la que se halla comprometida toda la Iglesia, parte del anuncio de la existencia como vocación. En este sentido, la pastoral juvenil es originariamente vocacional en cuanto por su naturaleza está orientada al discernimiento del proyecto de vida. Por eso consideramos importante esta estrategia que nos hace actuar siempre teniendo presente el designio de Dios sobre las personas.

Practicar la coordinación para la comunión. Esta modalidad tiende a favorecer la relación entre las personas de manera circular y a promover el compartir los recursos. Estamos convencidas de que realizando una buena coordinación las indicaciones que contiene este Proyecto se mostrarán significativas y podrán llevarse a cabo.

Necesidades formativas, opciones prioritarias y estrategias se sitúan dentro del gran marco de referencia de la Palabra de Dios. La confrontación cotidiana con ella es la escuela interior que plasma la vida según el Espíritu, es fuente de audacia misionera y sustenta el compromiso de elaborar “nuevas respuestas para los nuevos problemas del mundo de hoy (VC 73). La Palabra permite entrar en la morada interior, tan necesaria para nosotras que llevamos una intensa vida de relaciones y de compromiso apostólico. Sabemos hasta qué punto el dinamismo caracterizó la vida de don Bosco, que sin embargo fue definido como la unión con Dios. María Dominica invitaba a sus hijas a conservar el espíritu de unión con el Señor el mayor tiempo posible y ella misma lograba encontrar el éxtasis del amor hasta en una sencilla puntada. Dejándonos transformar por la Palabra hecha oración, aprendemos el arte del discernimiento como sabiduría que nos capacita para buscar los signos de Dios en las realidades del mundo y de nuestra vida.

estrategias formativas

NUESTRO MODELO FORMATIVO Cristo quiso hacerse nuestro modelo, nuestro camino, nuestro ejemplo en todo, pero particularmente en la educación de la juventud. Según este divino ejemplo quisiera que se formaran mis queridos hijos (Cf. BOSCO G, Circolare del 24-1-1883).


La experiencia vocacional de la FMA es la raíz y la síntesis de todo el proceso formativo, tanto en su fase inicial con en las que la siguen. Llevamos a cabo la formación en la experiencia educativa concreta. Ésta es un proceso permanente hacia la unidad vocacional que se realiza en la vida de las personas y de las comunidades. Exige disponibilidad interior para asumir la responsabilidad del propio crecimiento vocacional y comporta siempre un camino de liberación de lo que impide una respuesta de amor plena y total. Nuestro modelo formativo se caracteriza por un dinamismo constante, con la guía del Espíritu y la presencia de María, la madre y la maestra que ha indicado a don Bosco el camino a seguir y las actitudes que debe asumir. La específica misión juvenil que él había recibido como encargo ha sido plenamente realizada, en femenino, por María Dominica Mazzarello y por las primeras comunidades de FMA. Nuestra formación es para la misión y por ello se realiza con el mismo estilo formativo propio de la misión educativa salesiana. Las coordinadas que la hacen posible son: la comunidad, las múltiples mediaciones educativas, el diálogo en la Iglesia con la sociedad y la cultura, el tiempo como variable esencial de crecimiento, las diversas experiencias formativas de la vida. En las comunidades Lugar privilegiado del camino formativo que recorremos junto con los jóvenes en la escuela y los seglares es la comunidad. En ella realizamos nuestra vocación en el de la palabra espíritu de familia dedicándonos a la misión educativa. Dentro de una comunidad, que se define como comunidad educativa, nos ayudamos a asumir la acción educativa como lugar teológico en el que Dios se manifiesta y nos llama, confiándonos a las jóvenes y los jóvenes para que los guiemos al encuentro con él. La educación se hace misión compartida por todos los miembros, aunque con funciones diferentes, y se lleva a cabo mediante formas complementarias según la identidad, religiosa o laical, de cada uno. La comunidad de Hijas de María Auxiliadora, en la medida en que se transforma en luz y sal evangélicos (cf. Mt 5,13-16), podrá animar a la comunidad educativa y hacerse lugar de formación para los seglares, sobre todo viviendo y poniendo en práctica el sistema preventivo. Expresa y comunica así la espiritualidad salesiana, implicando en ella a otros educadores y a todos los que se interesan por la obra educativa. Como alternativa a un sistema social basado en la rivalidad, la comunidad está llamada a recorrer el camino del desarrollo recíproco, del respeto de los ritmos de cada persona, de la confianza y de la valoración de las diferencias, de la colaboración en la Familia salesiana, en la Iglesia local, en el territorio. La comunión requiere relaciones interpersonales maduras y libres, confianza en la acción del Espíritu que ayuda a superar la conflictividad radicada en la experiencia cotidiana. Se trata, pues, de una comunidad que se construye continuamente a través del amor y del perdón, en la cual el “hacer con libertad todo lo que requiera la caridad” (L 35,3) se convierte en el humus en el que puede florecer la vida. La escucha de la Palabra y el testimonio de comunión ayudan a realizar una nueva forma de comunicación, que constituye un signo incluso para los no creyentes. La educación al silencio se convierte en condición indispensable para aprender a pensar y a dejarse encontrar por Dios, para aprender a dialogar en clima de caridad y para mantener el corazón en paz. De este modo se pueden


calmar tensiones y angustias poniéndose continuamente en manos del Padre “que sabe lo que necesitamos” (Mt 6,32). la centralidad La oración alimenta y sostiene nuestra vida comunitaria y, al tiempo que nos de la introduce en una experiencia mística, nos abre a la solidaridad. Cuanto más experiencia se convierte uno en persona de oración, tanto más se hace capaz de vocacional responsabilidad y de apertura al otro. La oración litúrgica y la celebración de las Horas, que jalonan la jornada, permiten que la comunidad entre en la profundidad del misterio del que brota toda actividad verdaderamente fecunda. El clima de relación positivo, que fundamentalmente nace del encuentro en el surco cotidiano con la Palabra, es la clave para crecer en la corresponsabilidad y del carisma para adquirir una mentalidad flexible, discernir juntas los signos de los tiempos, situarse en la óptica de la educación preventiva e integrar las aportaciones de cada persona. En la comunidad la presencia de varias generaciones provoca y enriquece el diálogo intergeneracional. La apertura intercultural educa a pensar y a vivir en una dimensión planetaria, alimenta la confianza recíproca y el espíritu de solidaridad que libera de cerrazones, prejuicios y nacionalismos. La comunidad es por tanto el lugar en el que se realiza aquel ser con un corazón solo y un alma sola (cf. Hech 4,32) implorado por Jesús al Padre. En ella se vive la experiencia vocacional y se realiza el acompañamiento formativo recíproco. Es en ella donde resuena con la vida, más que con las palabras, la invitación: ¡ven y verás!

En confrontación con las mediaciones la comunidad lugar de crecimiento vocacional

La formación es una realidad relacional y se lleva a cabo acompañada de múltiples mediaciones a través de las cuales el Espíritu Santo, alma de toda formación, puede actuar con eficacia. La comunidad, los jóvenes y los seglares con los que compartimos la misión, los pobres, de quienes aprendemos el arte de amar y de servir, los acontecimientos y las situaciones que nos interpelan constituyen para nosotras otras tantas mediaciones formativas. Todo crecimiento en humanidad se realiza a través de relaciones interpersonales. La interacción ayuda a definirse frente a los valores. Entonces cada uno se hace corresponsable del crecimiento del otro, e incluso quien desempeña el ministerio formativo es instado constantemente a dar y recibir en un único camino de conversión. Una función específica y de particular responsabilidad es la desempeñada por las animadoras de comunidad y por las formadoras en los distintos ámbitos. A ellas les corresponde la delicado misión de acompañar y animar a personas y comunidades hacia una fidelidad creativa al carisma salesiano. También es deber suyo coordinar energías y recursos para un proyecto común.

Para nosotras sigue siendo ejemplar la figura de María Dominica Mazzarello, potenciación que vivió con sabiduría el servicio de animación y de guía de la primera recíproca comunidad de Mornese. Siguiendo su estela, quien es llamada a ser animadora y formadora con el estilo salesiano está llamada a desarrollar una manera de ser que la haga compañera de camino y punto de referencia significativo en la comunidad. Mujer enraizada en Dios y dócil a su proyecto, la animadora trata de vivir con serenidad la vocación salesiana y la pertenencia al Instituto, cuya historia y espiritualidad debe profundizar vitalmente. Sabe ponerse al lado y al servicio de los otros con flexibilidad y respeto, ofreciendo propuestas, y convencida de que ella está también en camino de formación continua.


Como cualquier persona, conoce la dificultad de las largas maduraciones, en alimentada primer lugar en ella misma, y por ello se esfuerza por vivir la relación por la oración educativa con confianza y realismo, creyendo firmemente en la fuerza del Espíritu. Se capacita para el discernimiento en el encuentro cotidiano con la Palabra, al que no duda en dedicar lo mejor de su tiempo. Utilizando oportunamente la experiencia y los conocimientos que le llegan a través de las ciencias humanas y teológicas, cada día se dispone a desempeñar su servicio de acompañamiento formativo, evitando las insidias del protagonismo personal, para colaborar cada vez mejor en la alegría de cada una y de todas (cf. 2Cor 1,24). La mediación de la guía, como las otras mediaciones educativas, requiere una adecuada coordinación que desarrolle los recursos de todas. por un clima En la Iglesia en diálogo con la cultura de relaciones positivas El proceso formativo, hoy como ayer, está situado en unas coordenadas socioculturales. Este tiempo, con sus contradicciones y ambivalencias, contiene elementos preciosos que pueden enriquecer nuestra experiencia y desafiar a la misión que nos ha sido confiada. La Iglesia, comprometida en un diálogo abierto con la realidad cultural y de diálogo contemporánea, identifica en la “ruptura entre el Evangelio y la cultura el intercultural drama de nuestra época” (EN 20) y auspicia un camino de confrontación valiente y de propuestas de futuro con las mujeres y los hombres de nuestra época. Don Bosco y María Dominica Mazzarello, impregnados de sentido eclesial e hijos de su propio tiempo, supieron leer con inteligencia y corazón su realidad histórica y ofrecieron la aportación vital de una respuesta evangélica inculturada. Optar por estar con simpatía al lado de la mujer y del hombre de hoy, sobre todo de las jóvenes y los jóvenes y de los pobres, y por caminar en su compañía comporta sin duda riesgos y no exime de problemas e inquietudes. A pesar de ello, creemos que esta proximidad es el camino para educarnos y educar a la confrontación y al saber captar, en las contradicciones en las que viven hoy muchos, las cuestiones más profundas a las que solo el Evangelio puede responder. mediaciones El proceso de inculturación interpela profundamente la formación en sus formativas dinamismos y en sus itinerarios, y al mismo tiempo la enriquece a través de los elementos positivos presentes en las diversas culturas y los gérmenes de verdad y de bien que también contienen las otras religiones. En el corazón del tiempo El tiempo es un factor decisivo para la maduración y el desarrollo de la persona. Solo en el tiempo irrumpe Dios en la historia personal y comunitaria. En el tiempo actúa y transforma el Espíritu. Uno de los fines de la formación es ayudar a vivir el tiempo no solo como cronos que camina inexorablemente hacia la muerte, sino como kairós, es decir tiempo de salvación. Cada una, además, tiene el deber de vivir el propio tiempo biográfico en el transcurrir del tiempo histórico, es decir, tiene el deber de vivir el tiempo de manera personal. La capacidad femenina de apreciar el fragmento sabe encontrar momentos para recargarse en el silencio, en el contacto con la naturaleza, en la oración, en la fiesta. En la existencia cotidiana es donde se expresa la alianza con


Dios dentro del carisma salesiano, caracterizado por la concreción y la valoración de cada instante. Un buen uso del tiempo salva del activismo y del estrés y hace posible la calma productiva que está en la base de un trabajo función inteligente. específica de Durante el proceso formativo es importante tener en cuenta los diversos la animadora modos de vivir el tiempo en cada una de las diferentes culturas, con el fin de captar sus ritmos sin forzar avances todavía prematuros. Cada etapa del crecimiento se presenta como un camino señalado por un punto de partida y por una meta, pero también por cambios, posibilidades y riesgos, dificultades o crisis en relación con ciertos acontecimientos y, sobre todo, por maduraciones sucesivas y graduales. La realización y el cumplimiento de nuestra llamada se llevan a cabo precisamente en este continuo movimiento de discernimiento y de conversión, comparable no tanto con un camino de subida sino con el movimiento de una espiral que, mientras avanza hacia una meta superior, vuelve sobre sus pasos y encuentra, en un nivel más alto de maduración, los valores y problemas que había encontrado – y tal vez superado – anteriormente. El itinerario de maduración vocacional coincide con el camino que nos hace llegar a ser mujeres cada vez más unificadas, en armonía con el proyecto de vida al que hemos sido llamadas y con las exigencias, los problemas y las revueltas propias de la edad, del crecimiento biológico, psicosocial y espiritual. En el proceso formativo es necesario considerar también las posibilidades de maduración y los momentos evolutivos específicos de cada estación de la vida, asumir el propio camino de crecimiento respetando los ritmos, las discontinuidades, las inconstancias, los retrasos, los éxtasis, el declinar, viviendo cada experiencia en actitud de abandono al designio de Dios.

un camino de En las diversas experiencias confrontación La formación se realiza en la multiplicidad de las experiencias que caracterizan la existencia. Mediante las experiencias se produce la asimilación de los valores vocacionales y la maduración de las actitudes y estilos de vida. Don Bosco y María Mazzarello, con el realismo característico de la pedagogía salesiana, nos han enseñado que la vida se genera con la vida y que el testimonio prevalece sobre la palabra e incide más profundamente en los corazones. La experiencia es la manera más eficaz y directa que tiene la persona para llegar a saber una realidad, es decir a conocerla, gustarla, dejarse modelar por ella. Hacer experiencia de algo – de la realidad, de los valores, de la llamada de Dios – quiere decir encontrarse, acoger, dejarse interpelar, disponiéndose a cambiar y a ponerse en crisis. En la experiencia la persona actualiza un proceso de unificación entre conocimiento y amor, contemplación y acción, teoría y práctica. Todo puede convertirse para nosotros en ocasión de crecimiento, si estamos abiertas al Espíritu, si nos dejamos provocar por las exigencias de la vida común y de la misión, del ambiente en el que nos hallamos insertas, si sabemos captar las llamadas de Dios viviendo en solidaridad con nuestro y de tiempo. inculturación Sin embargo, no toda experiencia es por sí misma automáticamente formativa. Hay experiencias que marcan a la persona y orientan su dirección, otras que transforman gradualmente, algunas pueden frenar el camino de fidelidad, otras llevar a una expresión más exigente de la propia vocación. De aquí la importancia de hacer un camino espiritual profundo para llegar a la experiencia central, que es la experiencia de Dios, en la oración, en el


sacramento de la reconciliación, en la Eucaristía y en los frecuentes y breves retornos al corazón, centro habitado por Dios, que permiten una lectura evangélica de las diversas situaciones. el tiempo Hay experiencias que señalan las diversas etapas de la vida: algunas son como espacio típicas de la edad, otras están ligadas a las exigencias de la fase formativa de salvación específica que estamos viviendo. Con las experiencias se relacionan las correspondientes tareas de desarrollo que cada persona está llamada a afrontar. Éstas indican el crecimiento vocacional en la dirección de los cambios significativos que otorgan plenitud a la existencia. vivido El Instituto, de diversas maneras, ofrece propuestas formativas para el femeninamen acompañamiento de las personas y de las comunidades. Éstas exigen te procesos de crecimiento que facilitan la reelaboración de las experiencias, ayudan a recuperar las motivaciones, la alegría de vivir y de dar, conducen a una síntesis sapiencial en lo concreto de cada día. Aprender a valorar las experiencias – nuestras y de los demás – como recurso positivo se convierte en un criterio metodológico que nos caracteriza como educadoras salesianas. Pero es también un deber que nos obliga antes que nada a creer que cada persona es portadora de experiencias, las cuales se valoran por el desarrollo de la comunión, de la cooperación y de la formación con perspectivas de futuro. Un camino siempre inacabado El don vocacional que caracteriza la identidad salesiana se realiza en una etapa de crecimiento que avanza en el tiempo a través de progresivas dentro de un transformaciones y sigue un auténtico camino de conversión. Las etapas de movimiento este camino no se suceden de manera lineal, sino que presentan niveles en espiral graduales de maduración hasta la plena configuración con Cristo para tomar parte en su misión de salvación a través de la educación de los jóvenes. Viviendo el dinamismo de la fidelidad entramos gradualmente en una más profunda conciencia de nuestra vocación bautismal, que es fecunda por la acción del Espíritu. Es un camino que se desarrolla a través de un proceso de personalización, consistente en asumir con convicción personal y libre los contenidos de la fe; de interiorización, por la cual el hacer brota del ser y del ser en Dios; de purificación, mediante la experiencia de la prueba, del dolor, de la aridez, de la crisis para alcanzar la vida plena según el Espíritu. En la lógica de este proceso no cuenta tanto el éxito como la disponibilidad a ponerse siempre en camino y el valor de ver los aspectos negativos que se alojan en los deseos del corazón, retardan el crecimiento y no permiten hacer una verdadera experiencia de Dios. Tantos siglos de experiencia cristiana nos han enseñado la importancia del desprendimiento y de la pureza del corazón. ¿Acaso no es esta la sabiduría profunda del caetera tolle? En la escuela del Espíritu aprendemos el arte del discernimiento para leer los signos de Dios en cada persona y en los desafíos que provienen de la realidad. experiencias formativas


experiencias que marcan tareas de desarrollo

propuestas formativas

en un proceso continuo de crecimiento

con un dinamismo de fidelidad


Segunda parte

ETAPAS DE VIDA Y DE CRECIMIENTO VOCACIONAL

El camino vocacional, que estamos llamadas a recorrer para buscar al Señor y responder cada día a su llamada, es el objeto de esta segunda parte del Proyecto formativo. Una atención prioritaria viene dada a la formación permanente en las diversas estaciones de la vida. Ésta es para nosotras una opción indispensable para la calidad y credibilidad de la vocación salesiana y para la renovación de la misión educativa. El modelo vital de los jóvenes y de las jóvenes son los adultos come “carta” que Dios escribe no sobre tablas de piedra sino en los corazones (cf. 2 Cor 3,2-3). La misión educativa, vivida por todas con alegría y visión de futuro, hace a nuestras comunidades capaces de hacer propuestas vocacionales y de acompañar a las jóvenes y los jóvenes en el camino de su formación para ayudarlos a discernir el proyecto de Dios sobre su vida. A las jóvenes a los que el Señor llama a seguirlo más de cerca en nuestro Instituto se les ofrecen, en la formación inicial, momentos específicos de discernimiento y de acompañamiento vocacional, que constituyen los primeros pasos del camino de maduración hacia la identidad de la FMA (cf. C 83).


FORMACIÓN PERMANENTE

«Aquel que ha iniciado en vosotros esta buena obra la llevará a su cumplimiento hasta el día de Cristo Jesús» (Fil. 1,6)

Una prioridad indispensable

motivaciones Nuestro Proyecto asume come estrategia fundamental el planteamiento de todo de una opción el proceso formativo a partir de la formación permanente.

Las motivaciones de tal opción derivan sobre todo de las exigencias intrínsecas a la consagración religiosa, que compromete a la persona en un proceso continuo de configuración con Cristo (cf. VC 69). Además, la idea de una formación a lo largo de toda la vida, que la nueva sensibilidad cultural comparte ampliamente, brota de la propia naturaleza de la persona, siempre abierta a sucesivas maduraciones. La formación permanente, como dimensión de la vida y proceso siempre en acto, se dirige a personas adultas responsables y comprometidas en la autoformación, potencialmente capaces de formar a personas, sobre todo a las jóvenes generaciones. Como FMA somos conscientes de que el secreto de la eficacia de la misión educativa se encuentra en la experiencia de una comunidad en continua formación, una comunidad que advierte la exigencia de reavivar en cada momento el don recibido mediante un más profundo enraizarse en Cristo y una asimilación más vital de la espiritualidad salesiana. La necesidad de colocar la formación permanente antes de la formación inicial brota por tanto de la consideración que la comunidad en formación continua es el lugar que acoge, genera y acompaña a las nuevas vocaciones, porque no es posible plantear la formación inicial sin cualificar y caracterizar mejor la formación permanente (cf. VC 69; C 82-83). Con la trasparencia de su enseñanza María Dominica Mazarello nos lleva a considerar toda la existencia como un progresar, con tenacidad y perseverancia, en el camino del amor a Dios y a los jóvenes. Para llegar a ser santas y sabias es necesario comenzar de nuevo cada día, vencernos a nosotras mismas, «fundarnos sobre una virtud verdadera y sólida» (L 49,6), vigilar atentamente sobre nuestro corazón para que sea «todo entero para Jesús» (L 65,3). En lo concreto de cada comunidad

la comunidad espacio de Nuestra Regla de vida presenta a la comunidad como «sujeto y lugar de formación formación permanente» (C 101).

Viviendo con personas que no se han elegido y que asumen funciones diferenciadas en la obediencia de la fe, se experimentan la diversidad de ideas y de estilos de vida, las inevitables limitaciones y los conflicto que, si se gestionan bien, son siempre una oportunidad de maduración. La comunidad, al tiempo que es espacio de crecimiento vocacional para cada miembro, se hace propuesta vocacional para los jóvenes si las relaciones dentro de ella favorecen un clima evangélico donde las personas se expresan con


libertad y al mismo tiempo con maduro sentido de pertenencia. El acompañamiento de cada una de las personas que tiene lugar en la comunidad las ayuda en el camino de la plena aceptación de sí, de los propios talentos y límites y en la acogida de cada hermana, valorada en su diversidad. Orienta hacia la libertad de ser lo mejor de una misma, más que a una forzada adaptación a normas y a situaciones. La comunidad que reza favorece la realización del proprio ser profundo en la confrontación con la Palabra de Dios, acogida como luz que penetra en los repliegues más recónditos (cf. Eb 4,12). Además de la persona individual y de los que más directamente están llamados a hacerse cargo de la formación, toda la comunidad - local e inspectorial- en los varios organismos de animación, es responsable de la formación permanente de cada hermana. Ésta se compromete a proyectar iniciativas que, a partir de un atento análisis de las necesidades formativas, proponen contenidos y métodos aptos para facilitar la reflexión sobre la experiencia y la reelaboración de lo vivido personalmente. Lo cual supone, por parte de la comunidad, el conocimiento non solo de las exigencias espirituales y de las obligaciones propias de las diversas edades, sino sobre todo de los dinamismos de maduración de la persona, con la atención a sus potencialidades, a sus recursos, a sus crisis. La formación se realiza y se revisa en el tejido de las relaciones comunitarias y en la misión educativa, donde convergen diversas colaboraciones. La confrontación con los seglares nos hace más conscientes de la resonancia eclesial y social de la propia formación.

En las diversas estaciones de la vida los etapas formativos El crecimiento vocacional, como todo proceso evolutivo, se realiza a través de

las varias edades de la vida. Esta se desarrolla en los diversos ciclos vitales que caracterizan el curso de la existencia humana. En cada ciclo vital la persona se encuentra con que debe afrontar los deberes evolutivos específicos, confrontarse con cambios significativos, posibilidades y riesgos hasta encontrar el proprio modo específico de ser, de servir y de amar (cf. VC 70). La plenitud de la respuesta a la llamada de Dios no se alcanza de una vez para siempre. Se va construyendo en las opciones de cada día, en la disposición a vivir las exigencias del seguimiento de Jesús y en el desarrollo de la misión educativa. Sobre el trasfondo de estas consideraciones ofrecemos una pista, que posteriormente será profundizada y traducida en un itinerario concreto de formación, tanto en el ámbito personal como en el ámbito comunitario, prestando atención a los diversos contextos geográficos y socioculturales. La realidad internacional del Instituto exige, en efecto, oportunas adaptaciones y precisiones que deberán confluir localmente en proyectos específicos.


PRIMERA EDAD ADULTA “He dicho a Dios: “Tú eres mi Señor sin ti no tengo ningún bien” (Salmo 15, 2) Es una estación de la vida cuyos límites cronológicos no pueden precisarse con exactitud. Existen diferencias ligadas a ambientes socioculturales y geográficos, a la situación profesional, laboral y vocacional de la mujer, que hacen difícil circunscribir su arco temporal. Solo convencionalmente lo colocamos entre los 30 y los 45 años, conscientes de que en el ámbito local con frecuencia se deberá considerar de otra manera. Aspectos característicos Este ciclo vital suele describirse como la edad madura, como el tiempo del

tiempo de establecimiento de un estilo de vida. La persona, en efecto, a través de las concienciación opciones existenciales tomadas, ya ha encontrado su modo peculiar de ser, de

pensar y de actuar. Como mujeres adultas, en la plenitud de nuestros recursos físicos, psíquicos y espirituales, somos ahora más conscientes de las posibilidades de desarrollo y de inserción constructiva en el ambiente, sabemos que podemos expresar nuestra vitalidad, las dotes de creatividad y el espíritu de iniciativa en una progresiva realización de nosotras mismas coherente con el proyecto de vida. En el período que estamos considerando emergen necesidades, potencialidades y problemas que gradualmente aprendemos a conocer, aceptar e integrar en el camino del crecimiento vocacional: necesidad de intimidad y de fecundidad, de realización personal, de creatividad y de productividad, de radicalidad y de interioridad, de iniciativa y de responsabilidad, de dominio y de dependencia, de maternidad, de expansión, de compromiso en el ámbito socio-educativo y eclesial. integración Es el momento propicio para realizar la integración personal a la luz del personal

Espíritu; el tiempo de dejar que la fe y los valores carismáticos penetren en la profundidad del ser hasta alcanzar una progresiva armonía interior y exterior. Así nos hacemos capaces de descubrir más intensamente la gracia de la alianza que Dios ha establecido con nosotras y conseguimos un nuevo y más profundo sentido de la existencia. Pero también podemos acentuar el idealismo, o dejarnos frenar por algunos miedos, con el riesgo de empobrecer nuestra fe y de contaminarnos con la mentalidad mundana.

en la misión Vivimos este proceso de integración en la misión educativa concreta, siguiendo educativa en esto la experiencia espiritual de don Bosco y de María Dominica Mazzarello.

Así, mientras acompañamos a las jóvenes y los jóvenes en la construcción de su identidad, en el descubrimiento de la propia vocación y en la inserción activa en la sociedad, maduramos en nuestra afectividad, e integramos la sexualidad en la lógica de la entrega, en una fecundidad que supera y trasciende la esfera biológica. En esta estación de la vida, caracterizada por un especial atractivo hacia la maternidad, nuestra feminidad se abre a una acogida más amplia y la virginidad consagrada se hace opción consciente y espiritualmente enriquecedora. El compromiso de canalizar las energías afectivas hacia el hacerse cargo de


absorbe muchas fuerzas físicas, psíquicas y espirituales. Sin embargo, no siempre es factible conseguir orientarlas en la línea del don de sí, por lo que la castidad consagrada puede resultar difícil de vivir. Para alcanzar la libertad del corazón es indispensable una etapa de oración personal intensa y de lucha espiritual que no puede quedar solo al arbitrio de la voluntad, sino que es la victoria de Dios en nosotros. Exige dejarnos penetrar por la Palabra e implica el ofrecimiento renovado de nosotras mismas en la Eucaristía cotidiana (cf. C 12). A veces puede resultar enriquecedora la intervención de personas competentes en las ciencias humanas para que ayuden a comprender y a orientar. No deben esencialidad de la infravalorarse los oportunos momentos de descanso, de silencio y de recarga vida espiritual para despertar motivaciones fundantes. Es también el tiempo en que aprendemos a superar la dispersión y el deseo de afirmación de nosotras mismas. El tiempo en que nos orientamos con energía hacia la unificación personal, la claridad de intenciones y la opción por lo esencial. Vivir la pobreza como retorno a la sencillez de vida es realmente liberador cuando sabemos mirar a Cristo, que eligió no tener una piedra donde reposar la cabeza (cf. Mt 8,20), y cuando nos dejamos interpelar por las pobrezas cada vez más difundidas en el mundo de hoy, particularmente las que asunción de afectan a la condición femenina y juvenil.

responsabilidades

La primera edad adulta coincide normalmente con el período que sigue a la profesión perpetua y, para algunas, con el tiempo del juniorado. La amplitud de este arco de tiempo hace que podamos encontrarnos ante la situación de tener que asumir responsabilidades, no solo en el ámbito educativo, sino también en el comunitario, incluso la de la animación de la misma comunidad. Función delicada que requiere madurez y, en algunos casos, capacidad de tomar decisiones en solitario, encontrándose a veces con resistencias o rechazos por parte del ambiente, en el interior o en el exterior de la comunidad. En algunas circunstancias, tal vez nos sintamos incapaces frente a la propuesta de asumir nuevas obligaciones para las que nos parece que no tenemos una adecuada y específica preparación. Al mismo tiempo, es normal advertir la necesidad de espacios de protagonismo y de responsabilidad en los que afirmarnos y dar lo mejor de nosotras mismas. experiencia de No siempre tales exigencias resultan fáciles de canalizar en la experiencia de crisis vida comunitaria o de conjugarlas con la obediencia religiosa.

Es un momento lleno de significado para el crecimiento vocacional. Estos años “representan una fase por sí misma crítica, marcada por el paso de una vida guiada y tutelada a una situación de plena responsabilidad operativa” (VC 70). Y puesto que no siempre el iter formativo anterior puede haber sido suficiente reciprocidad en la para comprender la riqueza de la vocación salesiana en todas sus dimensiones, comunidad se pueden producir incertezas y crisis. Advertimos la exigencia de encontrarnos insertas en una comunidad fundada en la fe y abierta al diálogo sociocultural. Una comunidad que encuentra en el espíritu de familia motivo para crecer en la recíproca potenciación y en el impulso misionero. Captamos la necesidad de aprender una nueva manera de relacionarnos con las generaciones más jóvenes y con las hermanas más avanzadas en años, así como con los seglares en la comunidad educativa. Las modalidades de relación a veces pueden asumir tonalidades conciliadoras o conflictivas, de diálogo y de confrontación o de compromiso. Gestionarlas de forma equilibrada y evangélica exige una fundamentación contemplativa de vida y misión, la cual impulsa a la búsqueda de nuevos caminos para expresar la intuición carismática de don Bosco y de María Dominica en la forma de vivir la “amorevolezza”.


Tareas de desarrollo Las exigencias de esta edad dejan entrever cuáles son las tareas evolutivas que debemos afrontar. Estamos llamadas en primer lugar a realizar un camino de unificación personal que nos lleve a integrar los recursos interiores para llegar a ser cada vez más nosotras mismas según el sueño que Dios tiene sobre cada una de nosotras. Este es fundamentalmente el proyecto con el que debemos medirnos, si queremos alcanzar la síntesis evangélica y sapiencial que nos capacita para ser educadoras salesianas totalmente entregadas a Dios para los jóvenes. corazón nuevo

De las experiencias y de los acontecimientos que caracterizan esta edad, emergen algunas tares evolutivas específicas. •

del idealismo al realismo •

camino de interioridad •

experiencia de Dios •

Integrar los dinamismos afectivos mediante la aceptación serena de la historia, de los límites y pecados personales ofrecidos constantemente al Padre, que purifica y renueva. Su misericordia impide que nos entristezcamos con el sentido de culpa, nos devuelve el deseo de vivir y nos hace misericordiosas hacia los demás. Vigilar los movimientos del corazón – envidia, celos, búsqueda de gratificaciones, dependencias o dominaciones afectivas, necesidad de destacar – para que el don sea gratuito, lejos de toda esperanza de compensación por parte de las hermanas y de los jóvenes. El amor del corazón nuevo exige un camino de ascesis que más que en negarla consiste en potenciar la afectividad invirtiéndola en la entrega a los jóvenes y en la auténtica amistad (cf. C 15). Realizar el paso del idealismo, con frecuencia fruto de inexperiencia, al realismo en las opciones a las que somos llamadas cada día y aprender a asumir con paz la conflictividad inherente a la vida de relación y al ejercicio de la misión. Es importante afrontar las inevitables crisis de la vida como acontecimientos normales a lo largo del camino y como oportunidades de crecimiento, en la confrontación constante con la Palabra de Dios y con una guía experimentada. Reorientar el corazón al ejercicio de una interioridad consciente vivificada por la pregunta de fondo: ¿estoy buscando verdaderamente al Señor? Motivar nuestra vida de esta manera va expresando de nuevo los porqués de la opción vocacional y comprometiéndonos a superar las incoherencias. En efecto, en la interioridad es donde optamos conscientemente por los valores esenciales de la vocación salesiana traduciéndolos en gestos concretos. Este camino nos hace capaces de autonomía en las opciones y en el juicio, en la confrontación crítica con el pluralismo de propuestas y de valores presentes no solo en la sociedad, sino en la propia comunidad educativa. Hacer experiencia personal, profunda y transformadora de Dios en la situación en la que nos encontramos, también cuando la realidad comunitaria puede aparecer decepcionante, el servicio educativo poco efectivo y dispersas las tareas y responsabilidades en los diversos ámbitos de trabajo. El lazo irrompible entre experiencia de relación con el Señor y misión salesiana, entre compromiso de estudio o de formación profesional y respuesta vocacional, entre exigencia de una vida comunitaria intensa y colaboración en la comunidad educativa y en el territorio, necesita ser


construido cada día en la superación de la conflictividad y en el encuentro auténtico con Aquel que es el sentido último de todas las cosas. La disponibilidad a este encuentro nos permite superar el activismo y la precipitación. pasión educativa •

asunción de responsabilidades •

Crecer en la identidad educativa salesiana y reorganizar continuamente la propia vida en torno a la centralidad de Cristo y a la pasión por los jóvenes son caminos fundamentales que permiten superar la fragmentación y la dispersión. Nos capacitan también para vivir bien el tiempo, salvaguardando los espacios de silencio y de contemplación. De María Dominica Mazzarello aprendemos que la mirada contemplativa alimenta el don de predilección por los jóvenes y fundamenta el impulso misionero. Hacernos cargo de nosotras mismas y de nuestra experiencia de vida para estar en grado de asumir tareas de responsabilidad y cuidarnos de los demás en actitud de servicio, sin entrar en la lógica del individualismo y de la competitividad, en un continuo discernimiento personal y comunitario.

compromiso por la • cultura

Asumir con responsabilidad el compromiso cultural y profesional requerido para afrontar los desafíos de la misión juvenil. Es necesario un proceso de autoformación que nos haga capaces de buscar tiempo para la actualización y de leer la realidad captando las oportunidades formativas ofrecidas por el Instituto, por el territorio y por los medios de comunicación para mejorar nuestra competencia educativa.

colaboración en la • misión

Aprender diariamente el arte de colaborar en la misión común con los miembros de la Familia salesiana, en particular con los Salesianos, los Cooperadores y otras realidades asociativas. Reconocer y valorar particularmente la aportación original de las Exalumnas, corresponsables con nosotras en la misión educativa, mediación de la realidad social, especialmente la femenina.

Propuestas formativas Las propuestas formativas requieren un proyecto claro. Éstas se especifican en ofertas formativas por parte de la comunidad local e inspectorial y del Instituto a nivel central. En la medida en que cada una de nosotras, dócil al Espíritu, está atenta a discernir y a valorar cada ocasión de maduración vocacional, las propuestas darán frutos de crecimiento y de renovación. Las comunidades, local e inspectorial, a las cuales compete específicamente el

experiencia de la deber de cuidar la formación permanente, se comprometen a traducir las ofertas vida comunitaria

formativas en etapas que correspondan a las necesidades de las personas y de las actividades que están llamadas a desarrollar. En este nivel, queda asegurada la continua actualización y la formación de las personas para las diferentes funciones –desde las propiamente educativas a los de animación – y la recualificación para las tareas propias de la comunidad. Las comunidades locales e inspectoriales, además, están atentas a favorecer la posibilidad de un adecuado acompañamiento, también en la forma de dirección espiritual, para ayudar a la persona a tomar en las manos su propia vida y a avanzar hacia nuevas metas de madurez. En particular, la comunidad local ofrece una aportación significativa en la medida en que favorece el acompañamiento recíproco, que se manifiesta como responsabilidad de las unas hacia las otras y de la potenciación recíproca con el objeto de realizar una misión común.


El espíritu de familia, que “tiene que caracterizar cada una de nuestras comunidades” (C 50), constituye el humus más favorable al crecimiento de la persona. En la comunidad se comparten alegrías, preocupaciones, esperanzas y dificultades, no solo de carácter personal, sino también las ligadas al ejercicio de la misión. Una comunidad capaz de alimentar motivaciones profundas de fe y, a la vez, de renovar confianza y esperanza puede contribuir de modo eficaz a un crecimiento auténtico, fundado sobre la radicalidad evangélica y sobre el realismo de las exigencias del corazón humano disponiéndolo mejor a la entrega apostólica. (cf. C 49). Es importante que la comunidad ofrezca la oportunidad de experiencias de vida sencilla, esencial, centrada en la Palabra rezada, vivida y compartida, y favorecida por tiempos de silencio contemplativo en contacto con la naturaleza y con el arte. Todo esto debe orientarse a recargar las energías físicas y espirituales, con frecuencia minadas por el torbellino de actividades y de condicionamientos de la sociedad actual. En la comunidad cada una de nosotras está llamada a valorar responsablemente los diversos momentos formativos (elaboración del proyecto comunitario, buenas noches, encuentros diversos de participación y de revisión) y los momentos de recreo y de fiesta, viviéndolos como oportunidades de intercambio fecundo y de gratitud. Para esto es necesario que la guía (en el ámbito local, la directora de función de la guía comunidad) y cualquiera que tenga una responsabilidad formativa, sea capaz de cercanía discreta y de sincera amistad para acompañar a cada hermana por los caminos del Señor (cf. PI 30) mediante una relación personal y liberadora. Instrumento específico para este fin es el coloquio personal, “momento privilegiado para reforzar la comunión y descubrir la voluntad de Dios” (C 34). Aunque conscientes de los límites de toda criatura, indicamos algunas cualidades indispensables en quien desempeña la función de guía: ser mujer de Dios, estar familiarizada con la oración y con el discernimiento desde la óptica evangélica, llena de esperanza teologal, y llena de la confianza que capacita a las personas para construir la propia casa sobre la sólida roca que es Cristo (cf. 1 Cor 10,4). Mirando al futuro, la inspectoría se compromete a invertir energías, recursos y

opciones personas para desarrollar competencias en áreas profesionales específicas. De inspectoriales este modo garantiza nuevos perfiles dentro de las etapas formativas

tradicionales. Presta especial atención a: la preparación en comunicación educativa, tan requerida por el contexto sociocultural y por la misión salesiana; la actualización en aspectos económicos ligados a la realidad de la globalización y al voto de pobreza en relación con la función educativa. El Instituto, a nivel central, privilegia algunas opciones específicas con la propuestas a nivel intención de: central

Favorecer la profundización vital de la espiritualidad salesiana . Con este fin ofrece el Curso de espiritualidad salesiana como propuesta de reflexión sobre el carisma educativo para una asimilación más consciente y una inculturación más responsable en los diversos contextos en los que trabajamos;

Reavivar el don vocacional a través del contacto con las fuentes y la experiencia guiada del encuentro con don Bosco y María Dominica Mazzarello en los lugares de los orígenes;

Impulsar cursos de especialización en los diversos ámbitos de la educación, en las ciencias humanas, bíblico-teológicas, catequéticas y pastorales, de la


comunicación y de la formación. Nuestra Facultad de Ciencias de la Educación Auxilium ofrece para ello un servicio específico, cualificado y competente; ∗

Promover iniciativas y ofrecer líneas que aseguren la formación para funciones de acompañamiento y discernimiento vocacional de las jóvenes y los jóvenes y de las hermanas y para cargos de responsabilidad directiva y de animación;

Organizar, con la implicación de las sedes periféricas, cursos y convenios de pastoral incluso en el ámbito nacional y continental;

Ofrecer a las nuevas misioneras la posibilidad de un tiempo de formación específica en la sede central del Instituto, que puede contar para ello con el apoyo de instituciones universitarias especializadas, o en las sedes locales, dando la preferencia, donde sea posible, al criterio de la internacionalidad. Disponer un servicio de encuentros para las misioneras y cursos y seminarios que favorezcan su necesaria actualización y el contacto con el Centro.


LA EDAD MEDIA ADULTA “Crece a lo largo del camino su vigor …” (Salmo 84, 8) Es la etapa que va de los 45 a los 65 años de edad, aproximadamente. Se trata de un período de grandes oportunidades de maduración y de fecundidad humana y vocacional y al mismo tiempo de crisis y de revisiones. La experiencia de los años precedentes capacita para mirar la vida con mayor realismo y tender con más decisión hacia lo esencial. Aspectos característicos equilibrio Si las fases precedentes se han vivido de manera equilibrada, en esta etapa de la interior existencia experimentamos una cierta estabilidad interior, una disposición más

marcada a realizarnos en la entrega a los otros, una amplitud de horizontes vitales y de relación, una inserción serena y productiva en el ambiente. Manifestamos nuestros recursos corresponsablemente en los servicios comunitarios, en las funciones de animación, de enseñanza, de acompañamiento en los diversos ámbitos. nuevas La experiencia vocacional, vivida como fidelidad a la alianza en el espíritu del da posibilidades de mihi animas, nos hace madurar en cuanto mujeres consagradas en la apertura a maduración Dios, a las hermanas, a los jóvenes y a los adultos seglares comprometidos con

nosotras en la misión educativa. En la medida en que hemos desarrollado el sentido de autoestima, nos hacemos capaces de acogida y de escucha en relación con los otros, cuyas necesidades somos capaces de comprender. Una mayor capacidad de dominar nuestras emociones favorece la reciprocidad y la gestión pacífica de los conflictos, nos permite evitar formas de intransigencia y permanecer abiertas al misterio que habita en toda persona y a la misma historia en su fluir. La amistad puede profundizarse y podemos proponernos la búsqueda sincera del bien del otro. Entonces estamos en grado de acoger como riqueza las diferencias de edad, de mentalidad y de formación en ambientes que cada vez resultan más internacionales y multiculturales. Incluso las limitaciones son consideradas como llamada a la paciencia, a la comprensión y al perdón. A medida que nos dejamos alcanzar por la gracia y maduramos en la experiencia de vida salesiana, podemos convertirnos en punto de referencia en el ámbito conciencia de las comunitario y educativo, experimentando una maternidad espiritual más amplia. limitaciones Tomamos mayor conciencia de las limitaciones de la existencia, de nuestras fragilidades y de las de los otros. La misma perspectiva del tiempo cambia y evoluciona: lo que queda por vivir es menos que el tiempo vivido y el espacio para la realización de los proyectos es más reducido. Por ello nos sentimos inclinadas a potenciar el realismo, el sentido crítico, la capacidad propositiva y la paciencia de los pequeños pasos. crisis de la edad En esta edad puede ocurrir que se experimente una cierta crisis del sentido de la

vida. Es posible, en efecto, que la vivacidad del entusiasmo desaparezca y que advirtamos un debilitamiento también en el ámbito físico, debido con frecuencia a los cambios relacionados con la menopausia.


Entre las señales más comunes de la crisis de la mediana edad se constata la sensación de monotonía de la vida, que en algunos casos puede desembocar en la depresión y en una sensación general de cansancio y de fatiga. Podremos sentir añoranza por lo que hemos dejado y resistencia a abrirnos a lo nuevo, experimentar formas de aburguesamiento y revivir las crisis precedentes, especialmente en el campo afectivo, con un profundo deseo de intimidad y de relaciones emotivamente gratificantes. Además, esta fase, “junto con el crecimiento personal, puede presentarse el peligro de un cierto individualismo, acompañado a veces del temor de no estar adecuados a los tiempos, o de fenómenos de rigidez, de cerrazón, o de relajación” (VC 70). Sobre todo en el último período de esta estación, la sensación de ser adelantadas por parte de las jóvenes generaciones puede inducirnos a vivir experiencias contradictorias, como un exasperado activismo, con el afán de hacer algo a cualquier precio utilizando mecanismos competitivos, o bien retirándose. experiencia de Desde el punto de vista de la fe es un tiempo de maduración, pero también de éxodo pruebas. Podremos vivir la experiencia de la conversión definitiva a Dios dentro de

una visión sapiencial de la vida, pero también podemos atravesar momentos de crisis en la forma de vivir las dudas de la fe, de una menor identificación con nuestra vocación, en la aridez espiritual, hasta el sentido de la inutilidad existencial. Sin embargo, esta transición predispone a las actitudes típicas de la experiencia del éxodo, del paso a través del desierto, con la certeza de la presencia de Dios, que permanece fiel, a pesar de nuestra pobreza. Y también hace más fuerte la necesidad de esencialidad, de refundar en Dios la existencia, viviendo la condición de discípulo del Evangelio de una manera más radical. Ofrece la oportunidad de asumir la propia historia de muerte y de renacimiento, que en la muerteresurrección de Cristo encuentra su significado y vuelve a motivar la vocación salesiana.

conciencia renovada del La edad adulta es una de las estaciones más fecundas. Nos permite descubrir de carisma nuevo la importancia profética del carisma. No bastan ya ciertos aspectos más o

menos atrayentes del Instituto. Advertimos la exigencia de profundizar los elementos esenciales del carisma educativo y de hacer de la “amorevolezza” el camino hacia una solidaridad concreta hacia los más pobres, con un estilo de comunión y de reciprocidad. En el ambiente educativo sentimos el deber de asumir, con una nueva conciencia de ello, el compromiso de conjugar la oferta cualificada de cultura y de profesionalidad con el testimonio evangélico de Jesús. En el desempeño de las obligaciones que nos son confiadas, adquirimos mayor seguridad y competencia y experimentamos la alegría de sentirnos implicadas personalmente en la misión del Instituto. Ahora vemos más claramente la resonancia eclesial y social de nuestra actividad y, allí donde trabajamos, nos sentimos estimuladas a recorrer caminos nuevos y valerosos a favor de quien sufre o se halla marginado. Tareas de desarrollo Estamos llamadas a realizar una nueva síntesis evangélica y carismática capaz de iluminar lo vivido y de orientarlo hacia una fecundidad espiritual más amplia, basada en la radicalidad del seguimiento de Cristo y en la reciprocidad de las relaciones, con el estilo de la “amorevolezza” salesiana. acogida positiva En esta línea identificamos algunas tareas específicas: de sí misma • Gestionar los recursos de esta edad, acogiendo positivamente la propia realidad de mujer con todos los fenómenos psicofísicos que acompañan este


tiempo de transición. Admitir con realismo las limitaciones personales superando el decaimiento del entusiasmo, reconociendo el propio valor y aceptando también con paz el perder para encontrar la verdadera vida en Cristo y en su misterio pascual. interioridad • habitada

Realizar el paso de posibles formas de activismo al encuentro profundo con nosotras mismas, dando lugar y tiempo a la interioridad habitada por la presencia de Dios. Superar la dispersión y la superficialidad con la apertura confiada al proyecto del Señor en nuestra vida en una donación de sí más madura. Esto comporta también el ser capaces de descansar, de vivir la alegría del encuentro recreativo y de la fiesta, superando la percepción de ser insustituible o inútil.

discernimiento •

Capacitarse para el discernimiento comunitario, a la luz de la Palabra de Dios, para captar los continuos avisos con los que el Señor nos llama a establecer su Reino. Hacernos disponibles a los cambios de esquemas y de estructuras con actitudes flexibles, signos de un amor humilde.

mirada de • esperanza

Mirar con benevolencia a las nuevas generaciones y gozar con sus ascensos y progresos. Dejar sitio a los otros, superando amarguras y añoranzas y desarrollando actitudes de aliento y esperanza en relación con quien está llamado a continuar nuestra misión.

relaciones de cualidad •

Cualificar nuestra s relaciones en la línea de una reciprocidad enriquecedora y de la entrega a las hermanas y a los jóvenes. Limitar las expectativas en relación con la comunidad, reconociendo que es una realidad imperfecta en la continuamente es necesario perdonar y ser perdonados. Desarrollar un espíritu de colaboración y de confrontación con la comunidad educativa, la Iglesia local y el territorio e invertir en confianza al otorgar cargos y reconocer competencias a los seglares.

estilo de vida • evangélico

Vivir la castidad como expresión de un amor maduro que ayuda a establecer relaciones auténticas con las hermanas, los jóvenes y los seglares, favorece la capacidad de escucha, desarrolla la maternidad espiritual y nos hace disponibles a la “amorevolezza” educativa. Optar con determinación por un estilo de vida simple y sobrio, en sintonía con las condiciones del lugar en el que se vive y sensibles a las exigencias de la pobreza, asumiendo las autolimitaciones como camino de solidaridad concreta. Conciliar la necesidad de autonomía, que en este período puede hacerse más firme, con la asunción de una responsabilidad vivida en la búsqueda de la comunión, contra la amenaza del individualismo y del aislamiento. Comprometernos a cultivar con la autoridad que proviene de la experiencia, el espíritu de familia favoreciendo así la creación de ambientes en los que los pequeños, los marginados y los débiles ocupen el centro de las atenciones educativas y donde todos se sientan en casa.

con las actitudes • de María

Asumir las actitudes de María, maestra de vida interior y mujer del Magníficat, que mientras contempla y canta las maravillas del Señor, denuncia las injusticias y asume las actitudes de una ciudadanía activa manifestando una atención particular hacia los pequeños y los pobres.

corresponsables en la iglesia, en • el territorio

Sentirnos corresponsables de la participación en la vida de la Iglesia y del territorio con la aportación de nuestro carisma. Tomar conciencia de que este don no es individual, sino que se ha de traspasar a las nuevas generaciones con todo el frescor de la inspiración original y el enriquecimiento que su interpretación progresiva ha aportado en la historia y en la práctica vivida, nuestra pequeña contribución puede tener resonancias en ámbito mundial. En particular promoviendo y colaborando en acciones concretas a favor de la vida.


• en el instituto

Adherirnos a las líneas de acción propuestas por el Instituto y realizar una confrontación vital con don Bosco y María Dominica Mazzarello, tratando no solo de custodiar sino de enriquecer su patrimonio espiritual. Asumir vitalmente la pasión por el da mihi animas coetera tolle y reencontrar la

propia identidad en el carisma educativo del Instituto reinterpretando con fidelidad el sistema preventivo. • en la familia salesiana

Vivir con renovado entusiasmo el don de la comunión en la Familia salesiana, acogiendo y promoviendo experiencias positivas para potenciarnos recíprocamente con vistas a la misión común. Actuar con sinergia en el ámbito de los proyectos pastorales, en presencias de frontera y en otras situaciones, acrecienta la alegría, la implicación y la eficacia educativa. Además de la colaboración con los Salesianos y con los Cooperadores/as, valorar en especial la Asociación de Exalumnas, como obra típica promovida por el Instituto desde los orígenes y presente en cada una de nuestras realidades.

Propuestas formativas Conscientes de que toda formación es una autoeducación y de que las propuestas formativas están dirigidas a personas adultas, es importante privilegiar métodos inspirados en la máxima implicación de la persona, aunque estemos convencidas de que la auténtica renovación evangélica no depende tanto de la eficiencia de los métodos como de la conversión interior. En relación con el período de vida considerado, indicamos algunas propuestas formativas, que pueden llevarse a cabo sobre todo en el ámbito comunitario o inspectorial, pero que también pueden afectar a las conferencias interinspectoriales o a las estructuras centrales del Instituto. La comunidad, en el ámbito local e inspectorial, Ofrece a las hermanas oportunidades aptas para suscitar una más profunda una experiencia experiencia de Dios, concediendo o programando tiempos adecuados que ayuden a de Dios más releer la propia historia a la luz de la fe, den el gusto por la Palabra y capaciten profunda para la oración silenciosa y profunda;

Favorece una renovada fidelidad al carisma promoviendo el redescubrimiento y la en la fidelidad al reapropiación vital de la espiritualidad salesiana mediante el “estudio asiduo del carisma espíritu del Instituto, de su historia y de su misión” (VC 71). En la confrontación con la cultura contemporánea podrán volver a entenderse los valores portadores del carisma de los fundadores; Impulsa la recualificación profesional. Después de varios años de actividad

con una nueva apostólica resulta indispensable una recualificación en el ámbito teórico y competencia formativo, que comprende una actualización bíblica y teológica, pastoral y cultural

en general, el estudio más atento de los documentos del Magisterio universal y particular, un mayor conocimiento de la cultura en la que se actúa. Si falta esta actualización, fácilmente se experimentan formas de incertidumbre intelectual y la sensación de no estar a la altura de los tiempos; Procura oportunidades que capaciten a las personas para adquirir competencias comunicativas y de relación educativa, y para asumir funciones de animación y de gestión, precedidas de la preparación conveniente y con un acompañamiento adecuado en su desempeño. La organización de la vida comunitaria asume una importancia fundamental para


organización de la revitalización de las personas. Donde ello sea necesario, ha de revisarse de la comunidad acuerdo con la línea evangélica y el estilo de relación típico de la espiritualidad

salesiana vivida en femenino. Conviene asegurar espacios concretos para manifestar el espíritu de familia, rezar juntas, vivir momentos de recreo y de fiesta, estar cercanas a la gente, reflexionar y compartir las interpelaciones de la misión. Precisamente como ocurría en Mornese, donde el clima espiritual favorecía el crecimiento de las personas en una correlación entre la atención a sus exigencias y la responsabilización de la misión común. Con este fin, María Dominica Mazzarello pedía el parecer incluso de las más jóvenes de la comunidad y de las maestras laicas y lo tenía en cuenta en las decisiones que había de tomar. La comunidad local es el lugar más apto para el discernimiento, a la luz de la Palabra, del estilo evangélico de vida y de la misión que estamos llamadas a realizar. En ella es donde, sobre la base de las exigencias descubiertas, podemos elaborar, junto con la comunidad educativa, proyectos educativos, también a favor de las jóvenes, de los niños y de las mujeres que viven en situaciones de riesgo. El proyecto asume de esta manera un aire misionero. El vivir como comunidad en misión nos hace estar atentas a la situación en que se encuentran las jóvenes y los jóvenes, y por tanto capaces de ser interlocutoras, críticas y con iniciativa, incluso en los lugares en los que se toman decisiones acerca de la vida social y política. Este diálogo con el territorio y la experiencia de una ciudadanía activa son ya realidades en algunas presencias. El arco de edad que estamos considerando no presenta solo aspectos positivos. Lo frente concreto de cada día hace descubrir a veces situaciones personales y comunitarias situaciones difíciles. Hay casos de personas inadaptadas, o incluso de comunidades pesadas, difíciles debilitadas en su tono espiritual. Resulta entonces necesaria una acción coordinada y efectiva, capaz de curar las heridas de las hermanas que viven situaciones de insatisfacción y de ayudar a esperar nuevamente en el Dios que no abandona. Si esto no basta, es necesario acudir a la ayuda de expertos. Las etapas de formación ofrecidas, tanto si están promovidas por la comunidad inspectorial como por la local, requieren la presencia de una guía que fundamente funciones de la su autoridad en la sabiduría de la cruz adquirida en el Evangelio y a la riqueza del guía carisma. En esta escuela aprende a valorar las diversas aportaciones, incluso las más humildes, de las hermanas y a crear el clima de confianza que favorece la circularidad de las relaciones que renuevan la comunión. Refiriéndose a personas adultas, que ya han desarrollado un sentido de pertenencia y de responsabilidad, es importante un acompañamiento discreto, capaz de favorecer la implicación en un clima de comunión en el espíritu. Tal acompañamiento se realiza mediante la animación de la y en la comunidad y trata de sostener a las hermanas de esta edad en el afrontar el deber de renovarse a sí mismas en actitud de conversión continua. La acción de la guía, que conoce a cada una de las hermanas y las necesidades de la comunidad, se dirige a la valoración de los recursos y al intercambio de los dones, orienta e implica suscitando confianza recíproca y sentido de pertenencia (cf. C 113). La inspectoría o las conferencias interinspectoriales se hacen cargo de: ∗

Organizar cursos de formación para responsables de comunidad y formadoras los cuales capaciten para funciones de acompañamiento vocacional de las hermanas y de los jóvenes y de discernimiento evangélico, desarrollando especialmente las competencias pedagógicas y de relación.

Ofrece un oportuno tiempo sabático como oportunidad para recargarse física y

formación de las animadoras


tiempo sabático

espiritualmente, algo muy necesario en nuestra época, en la que los ritmos de vida y de trabajo, con su carga a veces excesiva de responsabilidad y de estrés, pueden debilitar a las personas. La duración de la pausa puede variar según las necesidades, que han de conjugarse con las posibilidades concretas de la comunidad inspectorial y local. El lugar en el que vivir este tiempo debe ser acordado con la Inspectora y con otras personas del Instituto que, eventualmente, se hacen cargo de la hospitalidad y de la oferta formativa. Se trata de un tiempo para dedicarlo a una oración más prolongada, a la profundización bíblico-teológica, carismático-pastoral y/o profesional, así como a otras actividades alternativas a las usuales. Con todo, es conveniente asegurar el primado de la contemplación. ∗

cursos de perfeccionamiento

Valorar y ofrecer la posibilidad de participar en cursos de perfeccionamiento teológico-espiritual y educativo-profesional.

El Instituto, a nivel central, ofrece las oportunidades ya señaladas en las páginas 33-34, adaptándolas a las exigencias específicas de esta edad.


TERCERA EDAD “Enséñanos a contar nuestros días y alcanzaremos la sabiduría del corazón” (Salmo 89,12) La denominación tercera edad en las diversas culturas comprende un arco de tiempo algo diferente en relación con las distinciones precedentes, aquí nos referimos a la edad que va desde los 65 años en adelante, aunque estableciendo dentro de ella algunas distinciones necesarias. La atención a este período de tiempo es una exigencia muy notada por las sociedades en las que la edad media se ha elevado considerablemente en los últimos decenios y lo es también para nuestro Instituto que, en algunas áreas geográficas, está conociendo el mismo fenómeno. Independientemente de estas consideraciones, el hecho de que el individuo aprenda a vivir hasta la muerte, implica que su desarrollo debe poderse realizar en condiciones que favorezcan el aprendizaje a través de una continua interacción con el ambiente en que vive. Aspectos característicos estación rica en No es sencillo definir esta edad, tanto por su amplitud – destinada a crecer en el oportunidades tiempo – como por los diversos modos en que la viven las personas.

La imagen de la tercera edad como fase declinante por la disminución de la eficiencia física y social, aunque difundida, no siempre responde a la realidad. Hay FMA que la viven no solo con serenidad, sino como una estación de la vida que ofrece nuevas oportunidades de crecimiento y de compromiso. En efecto, los rostros de la tercera edad son tantos como las personas que la viven. En un cierto sentido la calidad de esta estación crece en nosotras. En la medida en que se integran en lo vivido las experiencias típicas de las diversas etapas del desarrollo, se podrá afrontar la realidad de esta nueva arribada como una edad en ascenso espiritual. Se conseguirá captar su sentido y su valor en el plano humano y de la fe; a descubrir un designio de Dios que es amor; a considerarla como don y como deber, y por tanto como una etapa significativa y original del camino. El secreto de la juventud del espíritu, que para las FMA es una característica de familia, está todo él en esta orientación positiva y llena de esperanza. En el Instituto se constata con alegría la lozanía de tantas hermanas nuestras no

juventud del tan jóvenes que, aun habiendo superado la edad de la jubilación, en la medida en corazón que se lo consienten las fuerzas, continúan gastándose en la misión educativa,

desempeñan con sabiduría y responsabilidad tareas de animación, de mediación y de guía y se hacen útiles en otros servicios, ofreciendo una aportación activa a la vida comunitaria y a la fecundidad apostólica. Sigue siendo verdad que, especialmente en la fase más avanzada de esta etapa, se

fecundidad de la pueden experimentar estados de menos bienestar físico o psíquico, con influjos prueba evidentes en el plano social y espiritual.

Puede ocurrir que la disminución o cese del trabajo realizado durante años lleve a una sensación de inutilidad y quizá a sentirse un peso.


El alejamiento de funciones y cargos, especialmente cuando nos habíamos identificado con ellos, puede ir acompañado de la sensación de no saber hacer nada. O bien puede inducir a refugiarse en un pasado que no puede volver o escaparse de la obligación presente por las dificultades encontradas en un mundo en continua transformación. Frente a la sensación de pérdida son posibles experiencias como la del aislamiento y la automarginación, la revancha de comportamientos egoístas y agresivos. Se pueden vivir fenómenos de cambios de humor, de resignación, de depresión, de inculpación a los otros. Estas consideraciones no deben hacer perder de vista la realidad de la tercera edad, que es también una estación de inesperadas oportunidades. Entrar en la tercera edad es, en el fondo, un privilegio por la posibilidad concreta de “reconsiderar mejor el pasado, de conocer y vivir más profundamente el misterio pascual, de llegar a ser ejemplo, en la Iglesia, para todo el pueblo de mirada Dios” (ChL 48; (cf. También Lettera del Santo Padre agli anziani 10-13).

contemplativa

En este tiempo la existencia se recoge. La mirada contemplativa permite descubrir con mayor profundidad las arrugas de la vida y de la historia, también de la propia historia personal. Si se desempeña un servicio de animación, como en cualquier otra actividad, resulta más fuerte que en el pasado la conciencia de que Dios actúa en nuestra pobreza y de que la misma fidelidad es consecuencia y manifestación de la fidelidad de Dios. La vida sacramental se hace más consciente y la exigencia de personalizar los valores evangélicos, viviendo lo específico del carisma salesiano, es más fuerte. Es frecuente en esta fase de la vida escuchar expresiones como esta: “Si volviera a nacer, volvería a hacerme salesiana”.

riqueza de La presencia de Dios y la exigencia contemplativa se notan con más fuerza y el experiencia atractivo de lo esencial permite orientar las energías hacia lo único necesario.

Señales que manifiestan esta tensión son: una mayor intimidad en la oración, caracterizada por las modulaciones de la gratitud a Dios por los dones con los que ha llenado la vida; la asunción de las necesidades del Instituto, de la Iglesia, del mundo; un amor más profundo a María, sentida como auxilio y como compañera de viaje; la experiencia de un empleo útil de las propias energías al servicio de la comunidad y de la Iglesia, la entrega a las nuevas generaciones del rico patrimonio de experiencia personal y carismática, una mayor libertad interior, derivada del ejercicio de progresivos desprendimientos y del sentirse menos afectada por el apremio del éxito o del juicio de los demás. También, la solidaridad como experiencia de pobreza, que se manifiesta además en la limitación de las propias exigencias, para compartir con gestos concretos en la comunidad y con quien se halla necesitado; la capacidad de amar con profundidad y libertad, manifestando la “amorevolezza” en las relaciones recíprocas y en el contacto con los jóvenes.

La experiencia del corazón joven no tiene edad y hace capaces de experimentar, como don Bosco y María Dominica, que mientras haya jóvenes a los que salvar y amar, se debe permanecer amorosamente vigilantes y activas hasta que esto se sabiduría de la cumpla. cruz

Incluso cuando el misterio pascual muestra sobre todo su aspecto de cruz – sufrimientos de diverso tipo, enfermedades, la misma muerte – se puede experimentar el sentido de plenitud y de gozo que proviene de haber puesto la propia existencia en las manos de un Dios providente y fiel y de haber cumplido la misión que él había encomendado. La FMA es consciente de que “el Padre está llevando a cumplimiento en ella el misterioso proceso de formación iniciado tiempo atrás. La muerte será entonces esperada y preparada como acto de amor


supremo y de entrega total de sí mismo” (VC 70). nuevos camino Tareas de desarrollo para el don de sí

La conciencia de que nuestra vocación y nuestra misión eclesial abarcan todo el arco de la vida nos compromete a encontrar nuevos caminos de fecundidad espiritual. Según las condiciones generales de salud, podemos continuar viviendo una experiencia de entrega en comunidad y con los jóvenes desarrollando trabajo específico: desde el ámbito profesional al ejercicio de responsabilidades comunitarias, educativas y eclesiales. Cuando, con el avanzar de la edad y con la llegada de los achaques, ya no podemos permanecer en la brecha, porque la eficiencia psíquico-física y profesional disminuyen, tenemos la oportunidad de dedicarnos con más tiempo e intensidad a cultivar la vida espiritual, que abre a nuevas formas de entrega. La mayor disponibilidad de tiempo permite que nos entretengamos en lecturas interesantes, válidas también desde el punto de vista cultural, o en otras actividades que mantienen a la persona abierta a diversos intereses, a la relación constructiva y serena con los otros. Podemos llegar incluso, con la intuición del corazón, a aquellas delicadezas preventivas y de ofrecimiento de la propia colaboración que la urgencia del trabajo no nos había permito realizar en el pasado. ¡También en esta fase de la vida sigue en pie el voy yo salesiano! Al no estar pendientes de plazos, podemos detenernos a dialogar y a narrar algún hecho con mayor calma, concedernos aquellas pequeñas alegrías que llenan de sonrisas la propia vida y la de los demás. En este camino nos acompaña la certeza del cumplimiento del designio de Dios sobre nuestra vida, orientada hacia el encuentro definitivo con el Padre. Es importante que emerja cada vez más en el horizonte existencial de esta edad el pensamiento de la muerte en el sentido fuerte de segundo nacimiento, y por tanto de fin anhelado de la peregrinación terrena. En el primer período de esta estación, y en relación con el estado de bienestar físico y psíquico, las tareas de desarrollo son las mismas indicadas en la edad precedente. En cambio, a medida que la actividad disminuye, nuestro ser avanza en la maduración del amor que se manifiesta a través de un servicio comunitario y eclesial ahora posible. El camino de unificación progresiva nos dispone para transmitir la sabiduría de vida a través del don de una existencia centrada cada vez más sólidamente en Cristo y en su misterio de muerte y resurrección. Viviendo así la experiencia de esta fase, nos hacemos signo profético, promesa de hacia lo esencial realización gozosa para los jóvenes, invitación tácita pero eficaz: ¡ven y verás! Son tareas evolutivas específicas: •

confianza en las nuevas posibilidades •

Reorientar decididamente nuestra vida hacia el centro, para volver a encontrar en profundidad a Dios que habita en nuestro ser. Mirar hacia dentro y estar con nosotras mismas, para decidir cómo vivir esta edad es el primer paso, que debería hacerse a tiempo para abrirnos incondicionalmente al Señor Jesús nuestro esposo, en la situación particular a la que hemos llegado; Mirar con realismo la crisis posible en esta estación de la vida. Mientras las condiciones psicofísicas aconsejan reducir o abandonar la actividad, nos abrimos a nuevas posibilidades.


Esto comporta: ∗

Aceptar la nueva situación de fragilidad y de limitaciones desde la óptica del misterio pascual, descubriendo toda su riqueza redentora; continuar interesándose por la vida de las hermanas y de las jóvenes y los jóvenes, haciéndose útiles con servicios adaptados a las propias condiciones;

Elaborar y asumir serenamente los lutos (desprendimiento de responsabilidades y cargos, de lazos afectivos, de ambientes) sin cerrarse en lamentaciones y nostalgias, conscientes, por otra parte, de la que la propia aportación es única e insustituible en el tejido de la comunidad.

Cultivar el sentido del humor y el gusto por las pequeñas sorpresa, fruto de una vida esencial que lleva a la relativización de nosotras mismas y del mundo, creando así una presencia de paz en la comunidad y manteniendo vivo el espíritu de familia, en el don de la “paciencia larga y la dulzura sin medida” recomendada por María Dominica;

Entregarnos con agradecida confianza al Señor de la vida. Especialmente cuando las fuerzas y los compromisos en la actividad disminuyen, podemos detenernos en momentos de oración más prolongados como contribución personal al apostolado de las hermanas y llenar de intenciones misioneras nuestras jornadas: “ser Moisés en el monte”. De este modo preparamos con convicción y vigilancia el encuentro con el Señor de la vida.

plenitud humana y evangélica

Manifestar la alegría y la riqueza de una existencia realizada en el servicio a Dios por los jóvenes, viviendo la plenitud de significado humano y evangélico de los votos. En este horizonte: ∗

Vivir la castidad consagrada dando testimonio de un amor indiviso que se traduce en transparencia del ser, gozo de la donación gratuita centrada en la necesidad de vida y de crecimiento de los otros, altruismo que supera la renovada necesidad de atención hacia sí misma, entrega a la misión en la medida en que esto es posible, amistad recíprocamente enriquecedora y aliento hacia los que están comprometidos en primera línea;

Permanecer particularmente atentas y sensibles a las demandas de solidaridad mundial y del Instituto, viviendo la limitación de las propias exigencias, en actitud de agradecimiento por todo lo que la comunidad nos ofrece y comprometiéndonos a colaborar en iniciativas para la creación de una mentalidad solidaria. Valorar el tiempo en su dimensión de gratuidad en la escucha atenta, especialmente de las jóvenes y los jóvenes, en la disponibilidad a las demandas apostólicas y de la Iglesia local y en el deseo de dar nuevo significado a nuestra vida consagrada a la luz de lo único necesario.

Vivir la obediencia al Padre en la nueva condición existencial, optando cada día por abandonarnos confiadamente a cuanto él quiera disponer para nosotros y leyendo nuestra historia como el adviento de Dios. En esta edad se da una particular predisposición a la escucha de la Palabra, a rumiarla hasta impregnar y ritmar toda la jornada con la oración del corazón. Asumir las responsabilidades que eventualmente nos sean confiadas, seguras de la fidelidad del Señor, que nos sostiene y nos guía. Reconocer las mediaciones comunitarias y facilitar el deber de animación a quien ha sido llamada a desempeñar el servicio de autoridad, a través


del don de la oración, de la cordialidad, del aprecio, del apoyo moral. Acoger con renovada conciencia las indicaciones del Magisterio eclesial y del Instituto y abrirnos con simpatía a las prospectivas que presentan los tiempos, considerados también como nuestros tiempos. Ofrecer discreta y humildemente la contribución del propio consejo y discernimiento en la valoración de la realidad. Hacerse disponibles, en la medida de las propias posibilidades, para tareas de caridad, de voluntariado, de asistencia tanto en el ámbito comunitario como en el eclesial.

con María, madre de la vida

Cultivar más intensamente el amor a María, sentida como aquella que promueve, sostiene, acompaña la vida hasta su plena realización y ayudar a la comunidad y a los jóvenes a descubrir su presencia en la realidad de cada día. Vivir como María la espiritualidad de la alegría, del agradecimiento al Señor por los dones de los que ha colmado a las hermanas y a los jóvenes y, como Isabel, hacerse capaces de apreciarlas y de alabarlas (cf. Lc 1, 39-55).

los carismas Propuestas formativas propios de la edad

Considerando la amplitud y la vaguedad de los confines de esta estación de la vida y, por tanto, la diversidad de condiciones psicofísicas de las personas que pertenecen a ella, resulta difícil proponer ofertas formativas generales. Para muchas FMA son válidas las indicaciones señaladas para la edad precedente, a las que remitimos. Aquí tomamos en consideración algunas atenciones válidas para quienes tienen ya muchos años. Tales atenciones resultan operativas principalmente a través de la comunidad de pertenencia, el acompañamiento de la guía y una adecuada sistemación logística. En la base de posibles ofertas formativas y del clima humano y espiritual está el reconocimiento de los carismas propios de esta edad por parte de la comunidad. Enumeramos algunos: la gratuidad, en una sociedad en la que la cultura dominante mide el valor de las acciones humanas según los criterios del eficientismo; la memoria, en un contexto en el que las generaciones más jóvenes están perdiendo el sentido de la historia y con él el de la propia identidad; la experiencia, donde, en cambio, el prevalecer de la técnica parece hacerla inútil; la interdependencia, mientras el individualismo y el protagonismo se extienden; una visión más completa de la vida en una sociedad dominada por la prisa, por la agitación y por el olvido de los interrogantes fundamentales sobre la vocación, la dignidad, el destino de la persona humana (cf. La dignità dell’anziano 15-16).

clima de acogida y valoración

La comunidad de pertenencia reconoce la presencia de tales carismas y valora el don de las hermanas ancianas como testimonios de una vida vivida evangélicamente y de una experiencia carismática significativa. Aprecia la contribución que pueden aportar al proceso de humanización y a la comprensión del carisma con la síntesis espiritual realizada en su vida; ofrece elementos para el conocimiento y la comprensión de sí mismas y de las posibilidades que todavía pueden salir a la luz, mientras valora las competencias ya adquiridas. Ayuda a descubrir los talentos de


creatividad personal que tal vez no había sido posible manifestar en las edades precedentes y crea el espacio para cultivar intereses que ayudan no solo a confirmar el sentido del valor y de las potencialidades de estas hermanas, sino también de la propia comunidad; apoya humana y espiritualmente a las hermanas ancianas creando las condiciones incluso logísticas para que se sientan plenamente acogidas y queridas; valora su experiencia consultándolas, dedicando tiempo a la escucha, a la compañía y manteniendo activos en ellas el espíritu de caridad y la reflexión sapiencial; valora la sabiduría, los recursos, las competencias de estas hermanas orientando sus capacidades en la línea de la misión del Instituto y de la Iglesia. Son experiencias posibles: la asistencia en los diversos campos de la actividad educativa; compromisos en el ámbito de la evangelización (catequesis, liturgia, ejercicio del ministerio extraordinario de la Eucaristía, animación de los ancianos, visita a las familias y a los enfermos, animación de pequeños centros de escucha y de grupos de oración); participación en las iniciativas culturales según sus intereses; redacción de la crónica de la casa según los criterios de una memoria histórica que ha de ser transmitida a las nuevas generaciones, servicios de cocina, ropería, administración, jardinería, música, pintura, etc.; acudir al depósito de su ofrenda secreta y de su oración confiándoles intenciones intercambio de por los jóvenes, la Iglesia, el mundo y las sostiene durante la enfermedad dones ayudando a descubrir el valor salvífico como complemento del misterio pascual de Cristo hasta acompañar, con una presencia amorosa y llena de fe, el último trayecto del camino de encuentro con el Padre. El acompañamiento de la guía en esta estación de la vida se llena de calor humano, de respeto, de atención. La confrontación y la animación, el intercambio y la comunicación de experiencias constituyen una riqueza no solo para quien anima, sino para la misma comunidad. En ella la directora esta atenta a crear un clima de atención y de implicación para que sea vivido como un deber de todas el cuidarse de las hermanas ancianas, el tratarlas con solicitud y caridad, el vivir la reciprocidad del intercambio de bienes espirituales y de saberes, el ponerles al corriente de la vida y de la misión común. Este intercambio es un don para la comunidad, contribuye a custodiar la memoria y a mantener la continuidad entre las generaciones. En la lógica del intercambio de dones, un recurso insustituible y una preciosa atención y apoyo contribución que las hermanas mayores pueden poner a disposición de las demás es el ministerio de la escucha, de la animación, del apoyo espiritual y moral. La comunidad inspectorial ∗

Ofrece oportunidades para renovarse espiritualmente, el conocimiento y la valoración de esta edad, que continúa siendo fecunda incluso a pesar de la reducción de la actividad laboral y apostólica. Donde es necesario, organiza ejercicios espirituales, adaptados a las exigencias particulares; dispone curso de actualización teológico-carismáticos, etc.

Sostiene a las comunidades locales en el compromiso de ofrecer oportunidades semejantes a las hermanas que no pudieran participar en encuentros fuera de casa.

Se hace cargo de las condiciones logísticas aptas para facilitar la calidad de vida y la participación en los momentos comunitarios.

Favorece el acceso a la red de comunicación también en vistas a un servicio a la comunidad y a la misión educativa.


DIMENSIÓN VOCACIONAL DE LA MISIÓN EDUCATIVA “Esa es la gloria de mi Padre: que deis fruto abundante y que seáis discípulos míos” (Jn 15,16)

Existe un vínculo íntimo e indisoluble entre la responsabilidad de la formación

relación entre permanente y la misión educativa. En la medida en vivamos en Cristo, con y para formación y las jóvenes y los jóvenes, realizamos nuestra vocación salesiana y, en el misterio de misión

la fecundidad del Espíritu, nos convertimos también nosotras en guías y educadoras de otras vocaciones.

Junto con los seglares responsables que comparten con nosotros la misión educativa, acogemos las demandas de los jóvenes acompañándolos en su camino (cf. C 63-76). Expresamos la espiritualidad salesiana que nos distingue en lo concreto de cada día. Sobre esta realidad se inserta la propuesta vocacional, que abre un abanico de posibilidades en las que los jóvenes están llamados a invertir sus recursos, optando por la orientación que quieren dar a la propia vida, según el proyecto de Dios. Insistir en el itinerario de maduración vocacional no implica una orientación específica y exclusiva para la vida consagrada entre las FMA y no comporta una atención selectiva a las jóvenes y los jóvenes bautizados. En los contextos en los que trabajamos, los jóvenes viven realidades y pertenencias religiosas diversas y a veces no pertenecen a ninguna. Las situaciones de partida, notablemente diferentes, pueden hacer difícil la propuesta vocacional. Es necesario acercarse con respeto y discreción, aunque sin renunciar a proponer itinerarios educativos orientados al descubrimiento de un proyecto de vida personal. Por esto cuidamos de forma especial el acompañamiento vocacional, como espacio de crecimiento y discernimiento. Aun previendo itinerarios comunes, se diversifica según la realidad de cada persona, sintonizando con su situación concreta y con la llamada del Señor. Para las jóvenes que manifiestan un claro deseo de orientarse hacia una opción especial de consagración en nuestro Instituto, el acompañamiento presenta connotaciones de propuesta vocacional específica. Acogiendo un mandato La misión educativa caracteriza nuestra vida y le imprime una orientación que es

memoria tensión y convergencia de todos los recursos hacia un fin: despertar en el corazón carismática

de las jóvenes y los jóvenes la sed de Dios y caminar con ellos por las sendas que conducen a él. Esta tensión se halla en el origen de la opción carismática de nuestros fundadores. Don Bosco la expresaba así: “Yo por vosotros estudio, por vosotros trabajo, por vosotros vivo y por vosotros estoy dispuesto incluso a dar la vida ” (RUFFINO D.,

Cronache dell’Oratorio di S. Francesco di Sales, in Archivio Salesiano Centrale, quad. 5, 10).


No es distinta María Dominica, que vivió con una maravillosa síntesis llena de sabiduría el mandato ratificado en la visión de Borgoalto: “A ti te las confío” (Cron I 96). Su manera de cuidarse de las jóvenes y de las muchachas, con el estilo del sistema preventivo, había acabado ayudándola a descubrir el proyecto de Dios en su vida y a realizarlo como condición para ser feliz y como camino de santidad en la trama de lo cotidiano. Nuestras comunidades han ido consolidando poco a poco la convicción de que la dimensión vocacional es intrínseca a todo itinerario de educación, tanto formal (estrictamente escolástico) como no formal (actividades asociativas y otras iniciativas en los diversos ámbitos en los que se desarrolla la misión educativa). Tal dimensión se explicita en la propuesta vocacional como parte integrante del camino de crecimiento. la fascinación Toda comunidad educativa, como icono de las diversas vocaciones en la Iglesia, del testimonio mediante la transparencia evangélica de las relaciones y también con sus mismos evangélico límites, se presenta como imagen visible de la llamada de Dios y de la respuesta

que se le da. De este modo ofrece a los jóvenes la experiencia de quien ha encontrado a Jesús y ha recorrido con él un camino en la entrega a la causa del Reino. Esta experiencia, como sucedía en Valdoco y en Mornese, puede fascinar y atraer casi por contagio a las jóvenes y los jóvenes de cualquier contexto cultural. misión educativa La misión educativa salesiana, en su proyecto y en su realización, tiene como y cultura de la fondo una cultura de la vida, que viene expresada claramente en la categoría vida bíblica de la vocación.

Es Dios Padre, fuente de la vida, quien llama y toda vocación encuentra en él su significado y su cumplimiento. Generada por el amor, toda persona está llamada a amar. La vida se convierte en un bien recibido, que a su vez tiende a convertirse en bien entregado. Como en Jesús, este itinerario de acogida y de don, requiere una fidelidad difícil de ser vivida hasta la medida de la cruz, camino de realización plena del amor. La espiritualidad salesiana, fundada en la Encarnación, reconoce lo cotidiano

espiritualidad como el lugar en el que Dios se hace presente y cercano a cada uno como el Padre salesiana bueno que salva y llena de vida. Cristo, al revelar el misterio del Padre y de su

amor, revela también en toda su plenitud la dignidad de la persona, creada a imagen de Dios, habitada por el Espíritu y llamada a la comunión en la gran familia humana. Vivir en la libertad de los hijos de Dios como buenos cristianos y honrados ciudadanos es caminar en la alegría, en la confianza y en la capacidad de dejar de salir del egocentrismo para asumir compromisos y responsabilidades en el ámbito social y eclesial. Tales compromisos implican la presencia de educadores que, como don Bosco y María Dominica sean capaces de ponerse al lado de los jóvenes, acompañándolos en el difícil arte de alcanzar la plena madurez hasta llegar a la santidad. La existencia concreta aparece compuesta por muchos fragmentos que necesitan de una visión unificada para adquirir su sentido. La mirada y la compañía de los educadores pueden llevar a la unidad y transformarse en respuesta a las preguntas de los jóvenes, sobre todo a preguntas sobre el sentido y la orientación de su existencia. Con esta perspectiva, la memoria carismática, el camino de la Iglesia en la cultura actual, el amor de predilección por los jóvenes “para que tengan vida en abundancia”, nos estimulan a promover un verdadero salto de cualidad en la pastoral juvenil, para que realmente la dimensión vocacional que la caracteriza intrínsecamente se manifieste con total claridad.


Un reto a la educación nostalgia de dios Vivir la vida como vocación constituye el deber fundamental de toda persona. Una

simple mirada a la realidad diversificada y pluralista en la que vivimos nos persuade de que esta convicción no queda en absoluto descartada. En muchos contextos la complejidad de una cultura sin puntos de referencia precisos tiende a generar jóvenes con una identidad incompleta, débil y confusa, caracterizada por la indecisión crónica frente a las opciones de la existencia. Y sin embargo, se trata de jóvenes que tienen nostalgia de espiritualidad y están a la búsqueda de la verdad y de la libertad, aspiran a reencontrar la propia originalidad personal, la transparencia en las relaciones, buscan amistad y compañía y quieren construir una nueva sociedad fundada sobre los valores de la paz, de la justicia, del respeto por el ambiente, de la atención a la diversidad, de la solidaridad, del voluntariado y de la idéntica dignidad del hombre y de la mujer. Es una realidad que invita a una nueva evangelización para llevar a todos los ámbitos de la cultura la continua novedad del mensaje cristiano. Estamos llamadas a ello como educadoras e invitadas no solo a renovar los métodos, sino a vivificar y hacer más visibles los motivos de la opción vocacional. Los jóvenes y las jóvenes de hoy están más atraídos por el testimonio que por las palabras y exigen signos claros de coherencia. Exigen encontrar en nosotros personas significativas verdaderamente enamoradas de Jesús, que saben estar con él y son capaces de anunciarlo con sinceridad. Tienen necesidad de educadoras y educadores dispuestos a la escucha, capaces de orientarlos y acompañarlos hacia la experiencia de Dios a quien tienden, aunque de modo inconsciente y doloroso. Piden tener experiencia de un ambiente donde el amor de Dios se expresa con alegría y confianza; donde la fraternidad compartida y la misión hacia la cual convergen las fuerzas de todos son capaces de contagiar y ayudan a encontrar respuestas existenciales. Nuestra acción educativa se confronta con los diferentes contextos a los que el

contextos anuncio cristiano no ha llegado todavía o no se ha consolidado, y a menudo con diferenciados tradiciones y mentalidades contrarias a las lógicas del Evangelio. Esto nos impulsa

a revisar nuestros proyectos formativos y a entrar en red con personas e instituciones implicadas en la educación de las jóvenes y los jóvenes. En tales contextos, nuestra acción evangelizadora está más atenta a las exigencias interculturales e interreligiosas. ambiente Reactualizar la aspiración de don Bosco de educar a los jóvenes para que sean educativo buenos cristianos y honrados ciudadanos, significa, por tanto, comprometernos en favorable crear ambientes educativos que promuevan un clima favorable al desarrollo de las

diversas vocaciones. Conscientes de que tal clima se caracteriza ante todo por la tensión moral y espiritual de los adultos educadores, tratamos de cualificarlo dando vida a una trama de relaciones llenas de familiaridad y de atractivo hacia la misión. Interlocutores privilegiados de nuestra misión son los padres. En el Instituto ha etapas estado siempre viva la atención a la familia. Una sensibilidad más importante hoy personalizadas en que la realidad familiar parece que ha perdido los puntos de referencia en los

que se fundamenta como primer núcleo de la vida social, como contexto natural de la acción preventiva y de la orientación vocacional. Además de la familia, los ambientes educativos tradicionales – oratorio, parroquia, escuela, asociaciones – y otros en los que es posible encontrar a los jóvenes, son oportunidades favorables en las que realizar etapas educativas diferenciadas y personalizadas para provocar y orientar sus preguntas por el sentido.


Etapas educativas La orientación vocacional es un proceso constante que acompaña el desarrollo unitario y armónico de la persona y no solo un momento del itinerario educativo. El camino de la maduración vocacional es como una peregrinación hacia la crecimiento en la madurez de la fe, hacia el estado adulto del ser creyente, llamado a decidir sobre la fe propia vida con libertad y responsabilidad, según el misterioso designio de Dios. Tal viaje procede por etapas graduales, y se vive en la comunidad eclesial, en contacto con hombres y mujeres que ya han realizado su vocación y en compañía de educadoras y educadores abiertos al Espíritu. Ayudar a las jóvenes y los jóvenes a crecer en la fe, a encontrar en Jesús el significado de la existencia, a vivir la vida como respuesta a su llamada, es el objetivo de la educación cristiana y por tanto el corazón de toda propuesta vocacional. El encuentro personal con Jesús abre a la confrontación y a la acogida de vocaciones específicas, como la del matrimonio, la de la vida consagrada, la del sacerdocio, la opción misionera, etc.: diversidad de dones y de ministerios en la comunión del único Espíritu. propuesta vocacional en contextos interreligiosos

También en contextos interreligiosos es posible el anuncio vocacional. Éste se configura como propuesta dentro de un camino que ayuda a descubrir el cometido original y único de cada uno en la sociedad y a darle una respuesta. El testimonio creíble de una comunidad educativa que vive íntegramente los valores evangélicos permite, también a los jóvenes no cristianos, crecer en la madurez humana y descubrir el propio proyecto de vida. Condición previa para un camino vocacional maduro es el descubrimiento de la propia identidad, porque las opciones existenciales se realizan precisamente desde la conciencia de sí. Educar al conocimiento de sí. Estando junto a los jóvenes los ayudamos ante todo

descubrimiento a aceptarse, a reconocer serenamente los recursos y las limitaciones de la propia de la propia personalidad, a tomar conciencia de la ambivalencia de algunas motivaciones, a identidad descubrir actitudes, intereses, aspiraciones y valores para crecer en la libertad

interior. Además, los acompañamos para que sepan leer las propias experiencias de vida, tanto positivas como negativas, para ayudarlos a integrarlas y a reconciliarse con la propia historia en actitud de gratitud y esperanza. En toda la fase evolutiva, y especialmente en la adolescencia y en la juventud, prestamos atención a los procesos formativos de la identidad y de la definición de sí, al consolidarse de la realidad psicosexual, al crecimiento de la autonomía personal, a la capacidad de relación y al desarrollo de la facultad de proyectar. Cuidamos con particular solicitud la maduración de las potencialidades de la mujer, de su preparación profesional y sociopolítica para favorecer una adecuada inserción en el mundo del trabajo, de la cultura, de la comunicación, de la participación eclesial, en un camino de reciprocidad con el hombre. más allá de la Educar a la interioridad. No se puede crecer en la fe sin desarrollar la capacidad de dispersión apertura y de estupor frente al misterio de la vida, que dispone a la persona al

encuentro con el Dios de la salvación y se hace invocación, gratitud, pacificación interior. La pérdida del sentido del misterio, en efecto, puede ser una de las causas de la actual situación de crisis vocacional. Las experiencias diversificadas y a menudo fragmentadas de los jóvenes necesitan un clima de silencio y de contemplación para que puedan ser reconducidas a la


unidad. En efecto, cualquier vocación tiene su origen en espacios de oración afianzada en la certeza del amor del padre hacia cada una de sus criaturas. Esto nos compromete, personal y comunitariamente, a cultivar, nosotras las primeras, la interioridad y a proponer a las jóvenes y los jóvenes itinerarios de educación a la oración que ayuden a captar el sentido profundo de la existencia y a hacia opciones descubrir el propio camino vocacional, en el encuentro personal con Dios y en el responsables don de sí. Educar a la opción. Decidir la propia vida es fruto de un ejercicio continuo de la libertad. Para ello es necesario un acompañamiento que ayude a las jóvenes y los jóvenes a saber discernir, entre las múltiples oportunidades, lo que está bien de lo que está mal, en particular a situarse de manera crítica frente a las opiniones transmitidas a través de los medios de comunicación social, de las modas, de los varios ambientes con los que están en contacto. Nos situamos junto a ellos para ayudarlos a liberarse del miedo a optar, a superar la indecisión frente a los compromisos definitivos y sobre todo a orientar las propias opciones dentro de un horizonte de significado. La decisión vocacional conoce momentos de desorientación y de crisis, y deberá ser acompañada con discreción para que la persona sea protagonista de su porvenir, educación al dócil al discernir el proyecto de Dios y dispuesta a convertirse continuamente a su amor lógica. Educar al amor. Tomar la vida en las propias manos, dirigirla de modo autónomo y responsable significa confrontarse día a día con la propia capacidad de amar. La educación al amor, aspecto verdaderamente decisivo de la existencia, es un componente fundamental de la tradición educativa salesiana. Y por ello consideramos prioritario ayudar a los jóvenes a percibirse como amados personalmente por Dios y por tanto llamados a dar amor y no solo a pretenderlo. La creación de un ambiente educativo, donde nos sentimos amados, donde se aprende a encontrar al otro en su diferencia y a acogerlo con respeto, es condición indispensable para que el amor y la sexualidad se integren armónicamente en la maduración de la personalidad. En tal sentido es decisiva una experiencia positiva de coeducación, a partir de la la vida como don y como deber nueva clave antropológica de la reciprocidad, para una interacción equilibrada entre los sexos, que se refleja necesariamente en las relaciones sociales e institucionales. De aquí pueden nacer vocaciones capaces de generar vida y solidaridad. Educar a vivir la existencia como don y como deber. Hay dos modos de colocarse frente a la vida: percibirla como don o como posesión. Educar y educarse a entender la existencia como don significa, ante todo, tomar conciencia de nuestra condición de criaturas, es decir, incapaces de encontrar en nosotros razones para vivir. Es la propia existencia la que interpela a cada uno a descubrir su significado y la tarea única que le es confiada. Dios ha confiado la realización de la vida y de la felicidad a la responsabilidad de cada persona. Y la experiencia de su amor incondicional impulsa a superar las lógicas del interés y de la recompensa y a entregar la existencia gratuitamente, como gratuitamente nos ha sido dada (cf. Mt 10,8). La gratuidad es el fundamento de toda respuesta vocacional auténtica y se enraíza a su vez en la gratitud. hacia el Esto comporta itinerarios de maduración en la oblatividad, mediante experiencias descubrimiento de compartir, de solidaridad, de servicio y de compromiso social, para pasar de un de la propia altruismo genérico a una disponibilidad concreta el don de sí. vocación

Educar al descubrimiento de la propia vocación. Significa activar algunos importantes dinamismos de crecimiento: desde la búsqueda de sentido y de la conciencia de ser llamados a la vida hasta la exigencia de desempeñar una misión específica en la sociedad y en la Iglesia; del descubrimiento del propio proyecto de vida a la decisión de llevarlo a cabo con determinación y sin demasiados


retrocesos. En esta etapa es decisivo el encuentro personal con Jesús. La historia de toda persona se configura como “historia de amistad con el Señor” (VC 64). camino de Pero el encuentro con Jesús es un hecho misterioso: es una aventura de fe. Se maduración cultiva a través de la relación frecuente con su Palabra, de la vida sacramental, de la experiencia de oración y de servicio a los otros, del sentido de pertenencia eclesial. Todo camino educativo debe hacerse progresivamente más específico y exigente. De aquí la necesidad de proponer a las jóvenes y los jóvenes un itinerario de maduración vocacional en el que, mediante un adecuado acompañamiento, los ayudemos a proyectar la existencia haciendo concretos los propios sueños; a comprometerse en compartir nuestra misión educativa y a progresar en la integración fe-vida. Orientarse puede comportar momentos de claridad, pero también de incertidumbre. Por esto proponemos a los jóvenes experiencias profundas que faciliten la decisión vocacional: el compromiso de un serio discernimiento, la confrontación con las diversas vocaciones en la Iglesia y con las diversas propuestas de vida presentes en la Familia salesiana. Un paso significativo es el momento en que las jóvenes y los jóvenes toman la decisión de hacer experiencia de un determinado proyecto vocacional. Las etapas que conducen al descubrimiento del propio proyecto de vida hasta la decisión vocacional requieren mediaciones dispuestas al acompañamiento educativo. Acompañamiento educativo El acompañamiento constituye una experiencia importante en el itinerario de exigencias de la maduración, un acontecimiento en el que se constata con estupor la acción del relación Espíritu y la respuesta de libertad y de amor de la persona, lo cual se realiza en un educativa ambiente educativo en el que el diálogo personal con los adultos, la experiencia de grupo, el contacto con la vida y la misión de la comunidad FMA facilitan la confrontación y el discernimiento. El acompañamiento personal es un espacio de discernimiento, un tiempo en el que la escucha de la persona y la propuesta vocacional explícita crean las condiciones para una decisión madura. Es un momento de síntesis del camino de crecimiento, de revisión y de realización de proyectos hacia nuevos niveles de madurez. A través del acompañamiento ayudamos a los jóvenes a descubrir la vida como un don gratuito y proponemos, a aquellos que comparten la fe cristiana, el profundizar la relación con Jesús como centro unificador de la existencia. El acompañamiento se actúa en la relación educativa, asume todas las características de una experiencia de comunión-comunicación entre dos personas que se ayudan recíprocamente a corresponder al don de Dios, en la escuela del único verdadero Maestro, el Espíritu Santo. Se trata de una relación de mediación en la que lo que sucede entre las personas va siempre más allá, es decir, remite a aquella realidad íntima y personal que se encuentra en el corazón de entrambos interlocutores y los fusiona en una comunión que los supera: la presencia misteriosa de Jesús que transforma la existencia. La relación que se instaura en el acompañamiento permite vivir la reciprocidad. En esa, en efecto, nos hallamos profundamente implicadas como personas, no solo en la dimensión espiritual, sino también en nuestra realidad afectiva. Como en toda relación auténtica, estamos llamadas a emprender un camino progresivo de libertad interior, en la superación de toda forma de posesión, de dependencia y de control


de los otros. Para las jóvenes y los jóvenes no cristianos el acompañamiento puede constituir una posibilidad de integrar los valores evangélicos, descubrir el sentido de la vida y discernir la propia llamada al servicio de los otros en la verdad y en el amor. Punto de partida de todo proceso de acompañamiento es el conocimiento de los jóvenes tal como son, para identificar sus preguntas de sentido. Un conocimiento que pasa sobre todo a través de la participación de su vida, de la escucha de sus vivencias positivas y también de aquellas problemáticas o ambiguas, en una actitud de docilidad al Espíritu. La relación de acompañamiento requiere de las jóvenes y los jóvenes apertura y confianza en sí mismos y en los demás, claridad y autenticidad frente a sí mismos y a la propia historia, disponibilidad al cambio, actitud de fe y de oración. A las educadoras y a los educadores les pide un camino de continua búsqueda del Señor y de conversión para dar credibilidad a la propia presencia. Compartir el mismo itinerario vocacional implica madurar en la capacidad de escucha, de espera paciente y respetuosa de los diversos ritmos de crecimiento, requiere confianza en los recursos positivos de los jóvenes y valor para proponer el camino exigente del Evangelio, como atestigua la experiencia educativa de nuestros fundadores. Somos conscientes de que el acompañamiento no es un proceso neutro: puede

lugares y formas facilitar, pero también bloquear la apertura al don vocacional. Por ello es necesario del que quien está llamado a esta delicada función esté adecuadamente preparado acompañamiento mediante la adquisición de competencias de relación, además de las teológicas y de grupo

psicopedagógicas.

En nuestra tradición formativa, además del acompañamiento personal, es especialmente significativo el acompañamiento del grupo. Éste se realiza en los grupos juveniles, en el ámbito de la comunidad educativa y en la más amplia comunidad eclesial. El grupo constituye un espacio vital en el que los jóvenes pueden madurar la propia opción de fe en la escuela de la Palabra de Dios y asumir una actitud más atenta a las exigencias de los otros. En el grupo aprenden a acoger la diferencia, a afrontar el conflicto, a vivir el perdón, la amistad y la solidaridad y a ayudarse los unos a los otros a responder con originalidad a la llamada. Cada comunidad en la que se vive la caridad de Cristo y se respira el clima de familia, donde cada miembro manifiesta lo mejor de sí mismo y el gozo de la propia vocación resulta propuesta vocacional. La comunicación vital de la experiencia de encuentro con Jesús es la ocasión para provocar en los jóvenes la pregunta: ¿Qué quiere el Señor de mí? La comunidad eclesial es el lugar en el que, mediante la experiencia de la Iglesia como misterio y en la confrontación con las diversas vocaciones, los jóvenes aprenden a ir más allá de la experiencia de las relaciones, con frecuencia gratificantes, del grupo de pertenencia para abrirse a la universalidad de la vocación cristiana.

en la trama de lo cotidiano

El acompañamiento de grupo responde a las exigencias de comunicación y de comunión y es complementario del acompañamiento personal. Requiere por parte de quien lo lleva a cabo competencias relacionales específicas, además de una especial sensibilidad pedagógica y espiritual para captar los signos del Espíritu en cada una de las personas y en el grupo.


Propuestas formativas El camino vocacional que proponemos a los jóvenes se realiza en la vida cotidiana y se compagina con los compromisos de estudio y de trabajo de cada uno, vividos con alegría y con sentido de responsabilidad. Es un camino que exige la encarnación en la historia de hoy, que interpela a las jóvenes y los jóvenes de maneras diferentes. Es un camino que se realiza en la comunidad educativa, en los diversos ambientes educativos, incluso no cristianos, a través de propuestas formativas ordinarias. Cada ambiente y cada actividad resultan vocacionales en sentido amplio, porque se transforman en una experiencia de pertenencia, de participación activa en la vida de la sociedad, de la misión salesiana y, para los cristianos, de la vida de la Iglesia. Es importante tener presente el rostro diversificado del mundo de hoy y la urgencia de formar personalidades capaces de ponerse con competencia al servicio del bien común. Es fundamental clarificar, ante todo para nosotros mismos, el perfil ético que debe ser promovido dentro de las urgencias emergentes en una realidad en cambio acelerado. Pensemos, por ejemplo, en la bioética en una sociedad en la que no solo se propone la manipulación genética de la vida animal y vegetal, sino también de la vida humana. Responder a la propia vocación significa ser responsables del proyecto de Dios sobre la creación y sobre la humanidad, cuidar de la vida en cualquiera de sus ofertas expresiones y respetar el equilibrio ecológico de lo creado.

formativas

Las propuestas y las oportunidades formativas que se pueden ofrecer a los jóvenes son múltiples e indudablemente diferenciadas en las diversas partes del mundo, pero algunas nos parecen particularmente significativas: ∗

Una experiencia gradual de iniciación a la oración personal y comunitaria, con particular atención para los cristianos, al encuentro con Jesús en la Eucaristía y en la Reconciliación. En los contextos en los que estamos en contacto con jóvenes de otras religiones, las experiencias de iniciación a la oración asumen las connotaciones del diálogo interreligioso y, de hecho, resultan momentos fuertes de búsqueda de sentido y de síntesis interior;

Un servicio de orientación educativa que favorezca ante todo la autoorientación y que ayude a encontrar el propio lugar en la sociedad y a descubrir en qué dirección invertir los propios recursos y competencias para responder al designio de Dios;

Una guía espiritual, verdadero regalo pedagógico para los jóvenes en búsqueda de su vocación, de la cual depende toda la orientación de la vida (cf. IP 19). Tal guía, como atestigua la experiencia de los fundadores y la rica tradición eclesial y salesiana, es una mediación insustituible para el discernimiento vocacional y para el crecimiento de la vida según el Espíritu.

Espacios y ocasiones de participación activa en la vida de la comunidad eclesial, local y diocesana, a través de grupos, asociaciones y movimientos;

Experiencia de servicio gratuito y continuado, como el voluntariado social y misionero, la animación de ambientes educativos (escuelas, oratorios, centros juveniles, centros de promoción humana, centros culturales y recreativos, etc.) o de grupos de actividad. La experiencia de la gratuidad en el servicio constituye un factor de crecimiento en el ámbito humano y evangélico que ayuda a los jóvenes a conocerse mejor a sí mismos y a los otros, como también la belleza de entregarse, sobre todo a los pobres y necesitados;


Oportunidad de compartir nuestra vida: participación en los momentos de oración y de fraternidad, de confrontación, incluso en el ámbito inspectorial, y de implicación en misión educativa.

En el camino de maduración vocacional, María, la madre del Señor, es compañera y guía. Ella, que escucha la Palabra del ángel, la medita en la oración y la acepta fiándose de Dios (cf. MUJERES CONSAGRADAS 17-20), que sigue a Jesús hasta el Calvario, compartiendo con él el camino de sufrimiento y de cruz, es el modelo de aquella peregrinación en la fe que todo creyente está llamado a emprender para descubrir su vocación y entregar su adhesión a Dios. Propuesta vocacional específica En relación con las jóvenes que se muestran especialmente sensibles a los valores y discernimiento a la misión propia del Instituto, la propuesta vocacional se diversifica en etapas de vocacional acompañamiento específicas. A estas jóvenes les proponemos un camino de discernimiento que las lleve a hacer una nueva lectura de su vida, a confrontarse con el proyecto de Dios, apenas intuido, hasta llegar a estar seguras de la propia vocación. Es un proceso en el que ayudamos a las jóvenes a preguntarse si la llamada a la vida salesiana responde verdaderamente al designio de Dios y al propio proyecto de vida y por tanto a comprobar si se dan las actitudes y las disposiciones requeridas para vivirla (cf. C 73). Las invitamos a considerar las motivaciones que fundamentan su opción vocacional y a iniciar un camino de purificación progresiva de los motivos, dinámicas o deseos todavía poco maduros o poco auténticos. Aunque de manera inicial, tendremos que averiguar si las jóvenes, además de las disposiciones y actitudes requeridas, tienen la intención clara y sincera de entregarse al Señor en el servicio a las jóvenes y los jóvenes (cf. DA 48) según el estilo de don Bosco y María Dominica. Con este fin, es indispensable conocer adecuadamente la familia, el ambiente del que proviene y algunos elementos esenciales de la historia personal y vocacional de las jóvenes (cf. DA 10-11). Nos ponemos discretamente junto a cada una de ellas para que, mediante un itinerario de progresivo conocimiento de sí, y a través de una experiencia inicial que las ponga a prueba frente a las exigencias de la misión educativa, examinen la autenticidad de la opción por Cristo al servicio de los jóvenes propia del carisma verificación de la salesiano. identidad Si el acompañamiento educativo, dirigido a todos los jóvenes –muchachas y vocacional muchachos – inicialmente miraba sobre todo a la construcción de la identidad, a la específica toma de conciencia del proyecto de vida, a la madurez de opción y de decisión, ahora se valora sobre todo como discernimiento y valoración de la idoneidad vocacional para nuestro Instituto. En el transcurso del acompañamiento vocacional vienen consolidados algunos puntos clave para el futuro camino de formación: la recuperación de una buena iniciación cristiana, que a veces presenta algunas lagunas; la superación de la tendencia a postergar la propia decisión vocacional; el conocimiento y la experiencia directa de nuestro carisma. Para que el proceso de maduración en la vocación específica se realice correctamente, nos comprometemos a ofrecer propuestas significativas y cualificadas de encuentro personal y de grupo, pero sobre todo a crear ambientes en los que, según los contextos y las exigencias culturales, sean posibles el


acompañamiento y el discernimiento como experiencias de opción y crecimiento. En esta etapa, además del clima de interacción y de diálogo continuo con la comunidad en la que las jóvenes se hallan insertas, se favorecerá el contacto frecuente de las jóvenes, de la acompañante y de la misma comunidad con la Inspectora, primera responsable de la aceptación en el Instituto.

FORMACIÓN INICIAL


“No me elegisteis vosotros a mí, fui yo quien os elegí a vosotros y os destiné a que os pongáis en camino y deis fruto, y un fruto que dure” (Jn 15,16) La formación inicial tiene un gran significado en el arco formativo. Es la que pone “las bases de ese crecimiento dinámico en la identidad de la Hija de María Auxiliadora que debe prolongarse durante toda la vida ” (C 83) por medio del compromiso plural de apertura y docilidad al Espíritu. Se trata de asumir con plena libertad el proyecto de Dios y de entrar en sintonía con sus exigencias a partir de lo cotidiano. Los diversos momentos de formación constituyen un proceso abierto y el paso de una etapa a otra depende del grado de maduración y del camino recorrido por cada persona. Por esto tales pasos se dan según criterios de flexibilidad, respetando de los ritmos de crecimiento de cada una. La experiencia vocacional la llamada El elemento base que connota la etapa formativa de la joven es la experiencia

vocacional, es decir, el salir, porque se ha recibido una llamada, de la tierra conocida y amada para aventurarse en un país todavía misterioso donde la alianza de amor con Dios se hace cada vez más exigente y se especifica según el carisma salesiano. La experiencia vocacional que la joven vive en este tiempo comporta una reorganización de la existencia en torno a los valores evangélicos del seguimiento: desde las relaciones consigo misma y con los otros a los proyectos y a la visión del mundo y de la historia. En un proceso de conciencia gradual de la llamada a seguir a Jesús en la vida religiosa salesiana, la joven madura una respuesta cada vez más responsable y libre.

una comunidad La formación tiene lugar en una comunidad concreta, que vive el gozo y la fatiga de vida de pertenecer a Cristo y de actuar el proyecto educativo y en la cual es posible

realizar la síntesis vital de cada itinerario formativo, puesto que los valores de la espiritualidad salesiana se hallan mediatizados por las personas en el tejido de las relaciones y en el servicio cotidiano a la educación de los jóvenes. Para que sea fiel al carisma de los fundadores y esté radicada en la realidad juvenil concreta, la acción formativa tiene que estar animada por la pasión del da mihi animas, vivida en un clima de esencialidad que oriente a la solidaridad hacia los pobres.

las exigencias de La inculturación del Evangelio en cada ambiente donde el Instituto trabaja, la la inculturación diversidad étnica de la que provienen las jóvenes y la internacionalización de

nuestra familia religiosa requieren una revisión del camino formativo, sobre todo en las fases iniciales, para que se exprese según las exigencias del tiempo, del lugar y de las culturas y respetando la riqueza propia de cada persona y de su historia. Para ello, las jóvenes son introducidas en el conocimiento de las formas y de la organización de la misión educativa salesiana, presentes tanto en la nación a la que pertenecen como en el Instituto y visibles en las más diversas especificaciones del carisma.

la experiencia En las diversas etapas de la formación, la experiencia del estudio es necesaria para del estudio dar a las jóvenes criterios de juicio y de valoración crítica de la realidad y una


competencia gradual en el desempeño de la misión educativa. Desde esta perspectiva es fundamental considerar el compromiso cultural como un medio de crecimiento y como un camino ascético extraordinariamente actual (cf. VC 98). Para ello es importante evitar algunos posibles riesgos: el de absolutizar la cultura y la inteligencia, o el de descuidar la aplicación en el estudio en nombre de un servicio apostólico inmediato. Para nosotras, llamadas a ser educadoras de las jóvenes y los jóvenes, la formación intelectual resulta una exigencia de fidelidad vocacional, por ello debe orientarse hacia la calidad del saber y hacia la necesaria síntesis evangélica entre fe y vida para estar en grado de situarnos en nuestra época y en los diversos ambientes en los que actuamos con una visión sapiencial de la realidad, además de con una presencia cualificada y competente. Así podremos prevenir la superficialidad y la falta de significatividad de las intervenciones, y también el sentido de inadecuación o de inferioridad que podría nacer frente a las exigencias del servicio educativo. dentro de la Lo cual requiere promover el conocimiento de la cultura contemporánea, en cultura particular la situación de las jóvenes y los desafíos de la educación, las múltiples contemporánea

formas de pobreza y de discriminación, la cultura de la comunicación. Los jóvenes tendrán que disponer de instrumentos idóneos que les permitan acceder a la información y leerla con sentido crítico. La aproximación a los medios de comunicación no será solo un tema de estudio, sino una óptica que es necesario adoptar para comprender los complejos dinamismos de la cultura contemporánea.

Todas las fases formativas requieren asegurar un adecuado acompañamiento y una acompañamiento revisión periódica de la experiencia vocacional vivida. La revisión implica a la y revisión joven, a la guía, a la comunidad y al grupo en su conjunto. Donde se considere

oportuno, se podrá ofrecer la posibilidad de una ayuda psicológica por parte de expertos. La revisión debe realizarse en lo cotidiano y en los momentos fuertes del itinerario de crecimiento. Y tendrá como objetivo ayudar a la joven a discernir el proyecto de Dios en su vida. Y también el permitir al Instituto valorar si existen las disposiciones que requieren la vida comunitaria, la misión educativa (cf. C 78) y, para quien se siente llamada, la misión ad gentes. Relaciones que han de valorarse En el período de la formación inicial es importante cuidar la relación con la familia de las jóvenes. la familia El contacto con sus padres permite conocer más adecuadamente sus raíces, el contexto ambiental, las relaciones que han favorecido la maduración afectiva, religiosa y cultural de la persona. La estima y la confianza recíproca contribuyen a implicar a los propios padres en la opción vocacional de las hijas. Con discreción y respeto, les ayudamos a aceptar el proyecto de Dios, aunque sea con niveles distintos, según el contexto sociorreligioso del que provienen. Las formadoras y la comunidad manifiestan sincera gratitud hacia la familia de las jóvenes, considerándola, según las enseñanzas de don Bosco, la primera bienhechora del Instituto ((cf. ). C 57). los diversos En las circunstancias actuales emerge cada vez más la exigencia de colaboración Institutos entre los varios Institutos, especialmente los de vida apostólica, también en el religiosos ámbito de la formación, sobre todo en algunas áreas geográficas y culturales. Tales

iniciativas requieren una especial valoración de los elementos comunes a los


diversos Institutos y al mismo tiempo el respeto a la identidad carismática de cada uno ((cf. ). La collaborazione inter-Istituti). la Iglesia

Sintiéndonos parte viva de la Iglesia, cultivamos en nosotras y en las jóvenes que comienzan el itinerario formativo una intensa pertenencia eclesial. Tal como don Bosco y María Dominica Mazzarello nos han enseñado, la expresamos en el amor y en la fidelidad al Papa, en la adhesión a su Magisterio y en el compromiso de participar activamente en el camino pastoral de las Iglesias locales. Mientras acompañamos a las jóvenes hacia una conciencia más profunda de la

la Familia especificidad de nuestro carisma, valoramos todas las oportunidades que se nos salesiana ofrecen en el diálogo con la Familia salesiana y con otras formas de vida

consagrada. En nuestro compromiso formativo miramos especialmente a María Mazzarello que María ha asumido con responsabilidad su función de guía haciéndose hermana entre las Mazzarello hermanas y maestra de vida, testimoniando el gozo de pertenecer a Jesús y de formadora dedicarse a la educación de las muchachas. Advertía que uno de los problemas más urgentes al comienzo del Instituto era el de la formación, y ella misma constataba: “Tenemos falta de personal formado” (L 47,5). Por lo cual disponía de tiempos y formas oportunas para la formación de las postulantes y de las novicias. Se mostraba atenta y comprensiva en tolerar defectos y limitaciones, pero no renunciaba a educar a la claridad de las motivaciones a la vida consagrada y de apoyar su camino de crecimiento. El período de la formación inicial se halla trazado en las Constituciones, mientras las etapas del que los criterios de discernimiento y de admisión a las diferentes etapas están período indicados en el texto Discernere e accompagnare (cf Discernere e accompagnareformativo Orientamenti e criteri di discernimento vocazionale. Accettazione nell’Istituto e

ammissioni alle varie fasi formative, Roma, Istituto FMA 1995. Este texto sigue siendo válido. A él se remite para las indicaciones específicas acerca de las diferentes fases). La formación inicial abarca: - el período de prueba y de orientación - el postulantado - el noviciado - el juniorado


PERÍODO DE PRUEBA Y ORIENTACIÓN Doy gracias al Señor de que siga alimentando el deseo de consagrarse toda a él; manténgase fiel, rece y confíe. Si el Señor la llama entre las Hija de María Auxiliadora, esté tranquila que Él la conducirá, con tal que corresponda a su gracia. (María Dominica Mazzarello L 54,2) discernimiento El período de prueba y de orientación es un tiempo en el que se ponen las bases y del camino de formación que lleva a la joven a comprobar su proyecto confrontación vocacional y a asegurarse, a través de la experiencia, de que posee las cualidades

requeridas para vivir la vida salesiana. Es un tiempo de discernimiento para poder responder libremente y con mayor claridad a la propia vocación (cf. C 86-87). A la joven que ha madurado la decisión de elegir la vida consagrada en nuestro Instituto se le ofrece la posibilidad de un contacto con el carisma salesiano en una de nuestras comunidades. Después de haber realizado la experiencia de confrontación con la guía y con la Inspectora, a quien compete la aceptación en el Instituto, la joven puede iniciar el camino que la llevará a clarificar mejor su vocación y a tomar una decisión más tipología de las consciente. jóvenes

Las jóvenes que llegan a esta fase presentan características diversas según la edad, el ambiente del que provienen, el nivel cultural, las experiencias de vida y de fe. Algunas tienen una adecuada madurez humana, tal vez han experimentado la autonomía económica a través del trabajo. Otras han desempeñado funciones de animación en centros juveniles: son jóvenes que provienen de grupos o movimientos y que con frecuencia han hecho un camino de crecimiento espiritual en la escucha de la Palabra y en el contacto frecuente con la Eucaristía. En algunos contextos culturales, la presencia de preadolescentes y adolescentes entre las candidatas es un dato bastante común: éstas necesitan itinerarios de crecimiento más amplios para poder iniciar un camino vocacional específico. En cambio, puede haber jóvenes adultas que de alguna manera ya han configurado su propia identidad, pero necesitan comprobar la consistencia de su opción en el contacto directo con una comunidad salesiana. Las tipologías son diferentes, por eso es necesario que la formación y el

itinerarios acompañamiento sean personalizados, respetando la situación de partida de cada personalizados una, teniendo presente que, también en las jóvenes más comprometidas, es

posible encontrar signos de fragilidad ligados con frecuencia a una etapa de la identidad incompleta, debido a la fragmentación sociocultural o a la falta de un camino serio de crecimiento humano cristiano. Por esto el período de prueba y de orientación se caracteriza por una gran flexibilidad, tanto en el trayecto formativo como en el modo de organizarlo y en la duración. En efecto, si ordinariamente el tiempo puede ser de un año, el período puede alargarse según la necesidad de cada persona (cf. R 85). Experiencias fundamentales La experiencia que cada joven vive en este tiempo es la de profundizar la

vida cristiana intuición vocacional mediante una vida cristiana más intensa, a partir de la intensa fidelidad al bautismo. Ésta requiere una progresiva entrega a Dios, que hace


posible la conversión del corazón. Aprender a centrar la propia existencia en el seguimiento de Jesús es para algunas jóvenes solo un inicio, para otras es la continuación de experiencias precedentes. Lo cotidiano es el lugar concreto para encontrar a Dios, madurar en la relación con los otros y examinar la llamada. En este período la joven tiene la posibilidad de experimentar de cerca la vida experiencia del salesiana en una comunidad de FMA concreta, donde se va implicando carisma gradualmente. En ella comparte la espiritualidad que don Bosco y María

Dominica han transmitido a las primeras hermanas y que continúa en la historia. A través de una iniciación adecuada se acerca al patrimonio del Instituto y comprueba sus aptitudes para llegar a ser FMA. La joven vive, en muchos aspectos, una situación bastante nueva. Dejando la en una familia, se inserta en un grupo y en una comunidad donde entreteje nuevas comunidad en relaciones y se hace disponible a las actividades comunitarias y apostólicas misión madurando gradualmente en la corresponsabilidad.

También la experiencia del estudio, para las que deben completar su currículo, resulta una magnífica ocasión de crecimiento en la ciudadanía activa que hace críticas y propositivas. Si el grupo del cual forma parte la joven es numéricamente consistente, tendrá la posibilidad de medirse con ellos y de comprobar su aptitud para “vivir y trabajar juntas en el nombre del Señor” (C 49). Tareas de desarrollo Las tareas de desarrollo de esta fase, al mismo tiempo que consolidan la identidad personal, favorecen algunos aprendizajes vitales para la opción vocacional. Tales tareas evolutivas se pueden perfilar así: •

Profundizar en el conocimiento de sí para aceptar la propia vida. Cuidar una relación serena con el propio cuerpo, una maduración afectiva proporcionada a la edad, la lealtad consigo misma a través de la relectura de la historia personal y familiar, el aprecio por la propia cultura y la estima por la cultura de los otros. Aspectos indispensables en este proceso de conocimiento son: la autonomía y la responsabilidad, la asunción personal de las exigencias del camino formativo y la capacidad de organizar el propio tiempo.

Madurar una actitud sincera y transparente, especialmente en su relación con la guía, como expresión de libertad interior, a la luz de aquel “sí sí, no no” del Evangelio (Mt 5,37), que es la premisa indispensable de toda autenticidad humana. Clarificar en esta clave evangélica las propias motivaciones vocacionales.

Continuar el camino de crecimiento en la fe para aprender a buscar al Señor y a reconocerlo como la única respuesta a la profunda sed de amor y de gozo que la joven lleva en sí misma. Madurar la capacidad de confiarle a Él toda la existencia: pensamientos, proyectos, opciones y decisiones, trabajo y estudio, relaciones y realizaciones. Se trata de tomar conciencia de las exigencias del propio bautismo, en continuidad con cuanto tal vez se ha vivido en la familia, en la comunidad cristiana de la que se proviene o en actividades de animación en las que puede haber nacido la intuición vocacional. Por esto es fundamental la iniciación a la oración personal, la participación activa en la oración comunitaria, la valoración de la Eucaristía y del

conocimiento de sí

autenticidad

crecimiento en la fe


sacramento de la Reconciliación. También es importante encaminarse gradualmente hacia la capacidad de leer a la luz de la Palabra los acontecimientos de la vida cotidiana, en una atmósfera de alegría y esperanza. La joven está llamada a profundizar la relación confiada con María, discípula de Cristo, a considerarla compañera de viaje. La Virgen del sí se convierte en maestra y madre del discernimiento de la vida religiosa. maduración de las relaciones

comprobación de las aptitudes

Desarrollar actitudes y comportamientos necesarios para vivir una experiencia comunitaria enriquecedora. Capacitarse gradualmente para vivir y trabajar juntas, para acoger a los otros y para establecer relaciones interpersonales serenas y abiertas. Aceptar y valorar las diferencias como riqueza. Aprender a resolver los conflictos inherentes a cualquier interacción, armonizando autonomía y dependencia y determinándose a crecer en la lealtad.

Verificar las propias aptitudes como educadora mediante el contacto con el carisma tal como se vive en la comunidad y a través de oportunas experiencias apostólicas. Se trata de un acercamiento inicial que hace nacer la exigencia de conocer la historia y la experiencia de los fundadores, la riqueza de la tradición que nos ha sido transmitida de generación en generación.

Acompañamiento formativo La joven, la comunidad y la formadora asumen juntas las tareas evolutivas propias de esta fase formativa y las evalúan con frecuencia. En la comunidad la joven hace experiencia de vida salesiana. Las hermanas que implicación de la acogen y la acompañan en esta fase tienen el deber de presentar un estilo de la comunidad vida con el cual ella pueda identificarse para verificar su opción y desarrollar al en la mismo tiempo un sentido gradual de pertenencia al Instituto. formación

La fascinación de una vida dedicada a Dios para los jóvenes, percibida en las actitudes de toda la comunidad, es la mejor escuela de formación para las muchachas en situación de búsqueda. Por otra parte, la misma comunidad, a través del contacto con las jóvenes, se siente interpelada a enriquecerse al acoger las llamadas al cambio que provienen de la novedad que ellas traen consigo. La “amorevolezza” suscita confianza, despierta recursos y potencialidades que, si se comparten, se multiplican y se difunden en el ambiente. Toda la comunidad se halla por tanto implicada en el proceso formativo, aunque con funciones diferenciadas y deberes específicos. En este sentido son fundamentales: la convergencia sobre los criterios de discernimiento y de acompañamiento, la sensibilidad pedagógica y, sobre todo, la capacidad de crear un clima familiar y exigente, un ambiente en el que las jóvenes pueden ser ellas mismas, se sienten libres para discutir la propia opción y las propias motivaciones. Es importante, además, que la comunidad asuma responsablemente y con alegría la propia función para que haya una implicación efectiva en la formación y en la revisión del itinerario de crecimiento de las jóvenes.

Existen además otros deberes específicos que corresponden a la formadora responsable, aunque en comunión con las demás formadoras y en constante deberes de la diálogo con la Inspectora. formadora


Dócil al Espíritu, la formadora lleva a la joven a ponerse a disposición de Dios y a comprobar si posee las aptitudes de base requeridas por la vocación salesiana. Para desempeñar esta delicada tarea, la formadora: ∗

Está atenta a desarrollar en sí misma las competencias pedagógicas y relacionales requeridas para realizar un acompañamiento personal y de grupo, como: el conocimiento de la problemática juvenil y de la cultura transmitida por los medios de comunicación social en la que están inmersas; una discreta comprensión de los dinamismos psicológicos de crecimiento, de los procesos y de los pasos que la persona experimenta en la vida salesiana; la capacidad de escucha y un cierto dominio de la emotividad para resolver eventuales dependencias o conflictivades en la relación formativa; la actitud de diálogo y de búsqueda con la conciencia de las limitaciones propias y de los demás y respetando el misterio que cada una lleva dentro de sí:

Comparte la vida de las jóvenes que le son confiadas con una presencia educativa amable, implicándolas en las decisiones prácticas, tanto en el camino personal como en la organización del ambiente formativo que deben construir juntas. Con el fin de adquirir un conocimiento real de las jóvenes, la formadora, de acuerdo con la práctica salesiana, da importancia a los momentos informales, como el recreo, el juego, la fiesta;

crea las condiciones para que haya un equilibrio entre las diversas experiencias formativas: el conocimiento de sí, la aproximación al carisma mediante el estudio, las experiencias apostólicas, los tiempos para la oración, la reflexión personal y el compartir en grupo y todas las demás actividades de la comunidad;

estimula la apertura y el contacto directo con los problemas de las jóvenes y los jóvenes y con la realidad eclesial, social y política en el territorio en el que la comunidad se halla inserta, incluso con la participación en los acontecimientos más significativos y el acercamiento crítico a los medios de comunicación social;

es sensible al establecer relaciones de familiaridad, de respeto y de libertad entre la comunidad y las jóvenes para facilitar la apertura y la confrontación. Acoge la ayuda que cada hermana le ofrece con la conciencia de que todas somos responsables del crecimiento vocacional recíproco;

favorece el contacto con la familia y con el ambiente del que procede la joven para que, además del conocimiento y de la comprensión de elementos que pueden ayudar en el discernimiento vocacional, sea posible continuar el crecimiento en la fe y en la integración personal, necesaria para una opción verdaderamente libre y madura.


POSTULANTADO “Dime si las postulantes son buenas, si aumenta cada vez más su deseo de hacerse santas y si desean consagrar toda su vida a Jesús” (María Dominica Mazzarello L 24,2) El postulantado es un período de preparación al noviciado. Es una etapa preliminar, pero no simplemente de transición. Tiene una fisonomía y una consistencia propias en cuanto itinerario formativo más orgánico y comprometido respecto al tiempo precedente (cf. C 88-89). La joven, transcurrido el tiempo de orientación, en el que ha podido examinar en el contacto vivo con la comunidad de Hija de María Auxiliadora su opción vocacional, si desea continuar y si es considerada idónea, presenta una solicitud explicita para iniciar el postulantado. El trayecto de formación en esta etapa se orienta a hacer que la experiencia vocacional asuma un carácter de mayor profundidad y un tono más explícitamente carismático. Durante el postulantado la joven, mientras profundiza el conocimiento de la llamada de Dios, es acompañada en el exigente camino que la lleva a realizar, de modo gradual pero decidido, las opciones evangélicas indispensables para hacer más profundo su encuentro personal con Cristo y más comprometida la entrega a la misión juvenil. Para que el postulantado introduzca de forma más incisiva en el proceso formativo específico, en general, se interrumpen provisionalmente “los compromisos de estudio o de trabajo” (cf. R 86) que no permiten afrontar las experiencias formativas propias de esta fase. Experiencias fundamentales La joven que comienza el período del postulantado ha vivido, con el entusiasmo inicial de seguir al Señor, la dificultad de la búsqueda y la experiencia de clarificación de sí misma. Ha podido comprobar mejor su vocación en la confrontación con el estilo de vida de una comunidad salesiana concreta en el diálogo con la guía. interiorización Las experiencias fundamentales que ahora son llamadas a vivir apuntan hacia la de la experiencia interiorización y la personalización de lo que ya ha experimentado. vocacional En primer lugar trata de establecer una relación personal cada vez más auténtica

y profunda con Cristo. Mediante la iniciación a la oración personal y comunitaria y el estudio serio de un camino espiritual más exigente, la joven descubre en Jesús el centro de su existencia y el fundamento de su vocación. Continua con el compromiso de aquilatar su entrega al Señor en la vida salesiana y, siempre en diálogo con la guía, decide si pide la admisión al noviciado. nueva manera Vive la experiencia de un desprendimiento gradual de la familia y del propio de relacionarse ambiente de vida que la ha acompañado desde el comienzo. Aprende una nueva

manera de relacionarse con los familiares, con los amigos y con la sociedad, experimentando progresivamente la pertenencia a la comunidad de la cual entra a formar parte.


Se abre al dinamismo apostólico de la Iglesia y a las alternativas sociales, desarrolla la capacidad de participación y madura en la apertura a la comunión. El marco de referencia del nuevo estilo de vida es el de la espiritualidad salesiana cuyos valores profundiza, mediante el testimonio de la comunidad y el compromiso personal de vivirlos. Tareas de desarrollo Durante el postulantado las tareas evolutivas que la joven afronta se hallan en continuidad con las de la fase precedente. En primer lugar, es necesario que se haga consciente y responsable de la progresiva maduración que se le exige y que al mismo tiempo esté dispuesta a dejarse acompañar. Las tareas de desarrollo características son: diálogo consigo misma

integración de los dinamismos afectivos

Continuar el camino de conocimiento y aceptación de sí misma identificando los propios recursos y las propias limitaciones. De esta manera la joven potencia su capacidad de asumir las tareas que le son confiadas y de llevarlas a término. Afronta con paz y sin sorpresa las diversas situaciones y dificultades que se le presentan. Profundiza en el conocimiento de los propios valores culturales, valora la cultura de los demás y aprende a trabajar en grupo. El paso que la joven está llamada a dar requiere la asimilación de algunas actitudes de fondo: la sinceridad, la solidaridad, el don gratuito, la disponibilidad al servicio, el desprendimiento gradual y sereno de costumbres y seguridades afectivas y económicas, el ejercicio de la ascesis en la autodisciplina y en el cumplimiento de los propios deberes, la capacidad de sacrificio para un don de sí más total y generoso.

Unificar e integrar la afectividad de cara a la opción por la castidad consagrada. Este compromiso, que abarca toda la vida, tiene aquí un momento particular en su realización. Efectivamente, mientras la joven trata de releer la propia historia personal y familiar tomando conciencia de lo que ha vivido, aprende a valorar lo positivo que ha recibido y a identificar posibles condicionamientos y rasgos de inmadurez para asumirlos e integrarlos. Desde esta perspectiva, es importante aprender cómo realizar el paso del yo al nosotros, del egocentrismo a la gratuidad, del individualismo al reconocimiento de los otros, del protagonismo a la corresponsabilidad.

Radicar la propia experiencia de fe en la vida de oración personal y comunitaria.

relación personal con • Cristo

La joven aprende a acercarse a la Palabra de Dios y a confrontar con ella la propia vida, valorando los espacios de silencio, de contemplación, de escucha que la ayudan a prolongar en la vida diaria el encuentro sacramental con Cristo. En la profundización del misterio pascual y en la experiencia sacramental la joven alcanza una relación personal más profunda con Jesús, aprende a dejarse guiar por el Espíritu y crece en la conversión del corazón. Los contenidos de la fe, profundizados y asimilados mediante el estudio y la reflexión personal, la llevan a una comprensión más íntima de la presencia de María como la que escuchando la Palabra, la acoge, la medita en la oración, la anuncia a través de su vida (cf. Lc 1,26-38. 2,19), y a un descubrimiento


de la Iglesia, misterio de comunión en la diversidad de los carismas. apertura a la • misión

Realizar con entusiasmo y sentido de responsabilidad las experiencias apostólicas que le permiten asimilar el espíritu salesiano y probar la disposición a estar con los jóvenes, sobre todo con los más pobres.

Crecer en el sentido de pertenencia mediante la participación activa en la vida y la misión de la comunidad y de la inspectoría.

Continuar profundizando, mediante el estudio y la aproximación a las fuentes, el conocimiento de la vida de don Bosco y de María Dominica y de la historia del Instituto.

Dejarse conocer y acompañar por la guía en una relación sincera, libre y responsable, por un camino de progresiva purificación de las propias motivaciones vocacionales para disponerse a afrontar, sin excesivas incertidumbres o dudas las exigencias formativas del noviciado.

sentido de pertenencia aproximación a las fuentes confrontación con la guía

Acompañamiento formativo El proceso de crecimiento que la joven va realizando, de forma consciente y responsable, lo acompañan con simpatía y confianza toda la comunidad y la formadora, que a veces es también la animadora de la comunidad. Las exigencias de la formación requieren una comunidad implicada en la misión una comunidad educativa, capaz de discreción y de interioridad, llena de calor humano y que enseña con respetuosa con los recorridos y con la meta de llegada de cada una. Una la vida comunidad que enseña a partir de la vida, porque se pone en estado de búsqueda continua consciente de ser discípula del Maestro interior. En ella, cada hermana se esfuerza en vivir una profunda relación con Jesús, inspirándose en la actitud de María que escuchaba la Palabra, la custodiaba en su corazón y estaba disponible para el servicio. La formadora camina junto a la joven, por eso:

tareas de la formadora ∗

entra en relación profunda con ella, escuchando su historia personal y familiar, las experiencias vividas, las dificultades y las esperanzas, los temores, atenta a cada signo de la voluntad de Dios. Trata de crear las condiciones de reserva y de seguridad indispensables para una relación de confianza y para un cuidadoso discernimiento de las motivaciones vocacionales a partir de lo que se ha vivido;

está atenta a los dinamismos de la vida afectiva y de relaciones para favorecer la apertura a los demás, en particular al grupo de las de su edad, a la entrega y al perdón recíproco, a la amistad, la colaboración y la búsqueda del bien común;

sabe gestionar las dinámicas de interacción, las tensiones que se pueden producir en el grupo y en la comunidad por causa de las diferencias culturales, de edad, de mentalidad y de formación;

garantiza una atención crítica a los acontecimientos de actualidad, discutiendo junto con las jóvenes la información y facilitando la confrontación, incluso con expertos en los diferentes problemas;

transmite con entusiasmo los valores de la espiritualidad salesiana, sobre todo la pasión educativa, y acompaña paso a paso las experiencias apostólicas que las jóvenes realizan, garantizando la cualidad de la formación. Expresa de manera explícita la opción por los jóvenes pobres y las implica en


esta dirección estimulándolas también a opciones de austeridad. La Inspectora, que ha acogido a las jóvenes en el Instituto, continúa acompañándolas en el discernimiento vocacional, mantiene frecuentes contactos con las formadoras y sigue de cerca a cada una de las candidatas.


NOVICIADO “Ama a todos y a todas tus hermanas, ámalas siempre en el Señor, pero tu corazón no lo dividas con nadie, que sea todo para Jesús” (María Dominica Mazzarello L 65,3)

Esta etapa formativa es objeto de especial atención por parte del Instituto, que reconoce su decisiva importancia. Durante el noviciado la joven aprende qué comporta el vivir como FMA dentro del espíritu de la alianza, en el seguimiento de Cristo, según la identidad carismática trazada en las Constituciones (cf. C 90). Con la ayuda de la comunidad y de la maestra, la novicia adquiere un conocimiento más profundo de la experiencia vocacional de los fundadores e interioriza los valores evangélicos y salesianos, sobre todo gracias al testimonio de vida que respira en el ambiente. Experiencias fundamentales La experiencia central para la joven es la de iniciar y experimentar un itinerario

itinerario de de seguimiento de Jesús y de comprender las implicaciones concretas en la propia seguimiento

vida. Esto comporta una relación profunda y transformadora con el Señor para configurarse con él, hasta llegar a ser y actuar como él, con docilidad al Espíritu. Implica hacer de Cristo el centro de la propia vida y adherirse a él sin anteponer nada a su amor.

del grupo a la La novicia experimenta en lo concreto de cada día la vida de comunidad a través comunidad de la reciprocidad de las relaciones en el espíritu de familia y en una inserción

más activa y responsable en la misión. asimilación del Es guiada para que pueda asimilar el carisma a través del conocimiento y la carisma práctica de las Constituciones, la confrontación vital con don Bosco y María

Dominica y la experiencia de la misión educativa. La mayor interiorización de los valores de la espiritualidad salesiana contribuye a acrecentar el gozo de la propia vocación, el sentido de pertenencia y la pasión por el da mihi animas, que lleva a la novicia a hacerse cargo de los jóvenes que le son confiados, capacitándose progresivamente para desarrollar las aptitudes y competencias educativas. La participación en la misión, la apertura a la realidad juvenil y a los problemas del mundo y de la Iglesia orientan a la joven para que adquiera el estilo del sistema preventivo dentro de una amplia irradiación eclesial y cultural.

confrontación La confrontación continua con la maestra es fundamental en esta etapa formativa. con la maestra Tal experiencia, según nuestra tradición, requiere por parte de la novicia

franqueza, confianza y colaboración responsable. Tareas de desarrollo

Las tareas evolutivas de esta fase, al situarse en la misma línea del camino precedente, adquieren un carácter de iniciación. Se trata de un proceso de


elaboración personal y de conocimiento que introduce a la joven cada vez más profundamente en la realidad de la alianza con Dios mediante una implicación total de sí misma. Desde este punto de vista la novicia se compromete a realizar las tareas siguientes: unificación en • torno a la opción vocacional

valor del silencio y de la • escucha

Redefinir la identidad personal unificando los recursos de la feminidad entorno a la opción vocacional. La joven se empeña en orientar las propias energías afectivas en el don de sí y en relaciones libres y serenas. Consciente de estar llamada a hacerse cargo de las jóvenes y los jóvenes pobres, madura un progresivo desprendimiento de sí y de las cosas en la línea de la sobriedad. Crece gradualmente en la aceptación de las propias obligaciones y se capacita para pasar de la responsabilidad a la corresponsabilidad a medida que desarrolla el sentido del nosotros y la conciencia de una misión común. Educarse a vivir el silencio como atmósfera indispensable para acoger una Presencia¸ escuchar la Palabra, aprender a recoger la propia vida entorno a lo que verdaderamente cuenta. Saber encontrar espacios de silencio en medio de la actividad apostólica y del trabajo cotidiano es una tarea importante, que facilita la unificación personal en la fragmentación típica de nuestro tiempo.

encuentro • personal con Jesús

Intensificar el conocimiento y el amor a Jesús. A través del estudio vital de la Sagrada Escritura, acompañado por la experiencia de la lectio divina, la participación en la Eucaristía y en el sacramento de la Reconciliación, la liturgia de las horas y otras formas de oración personal y comunitaria es atraída, cada vez con mayor fuerza, hacia el misterio del Verbo encarnado, que le revela la infinita misericordia del Padre y el fuego del Amor que ha venido a traer.

consejos • evangélicos

En el encuentro personal con Cristo, percibido como amigo y esposo en el que puede confiar, la joven aprende gradualmente a entregarle la vida, a acoger el misterio de la cruz y a adquirir poco a poco una mentalidad evangélica de crecimiento en la libertad y sobre todo como respuesta de un amor fiel. Profundiza su significado y su valor formativo. Con especial atención a la dimensión relacional de los votos, se le pide que desarrolle recursos nuevos que la hagan más madura, capaz de relaciones humanamente ricas y de comunicación educativa. Aprende a recorrer un camino de castidad elegida libremente por el Reino de los cielos, de solidaridad con el mundo de los pobres y de obediencia responsable al compartir la misión.

entrega a • María

Confiarse a María y redescubrirla como presencia materna y como auxilio en el propio camino de iniciación a la vida consagrada como FMA. La joven trata de conocerla más profundamente mediante la meditación del Evangelio y el estudio de la teología. Confrontándose con ella en la oración, aprende a custodiar y a vivir la Palabra, a dejarse educar por los acontecimientos cotidianos, a gozar de su singular ternura materna y a asumir las mismas actitudes, especialmente la de su sí al Padre. Quien opta por vivir siguiendo a Jesús experimenta una especial sintonía con María, por haber ha sido ella la primera en seguirlo como mujer y como discípula su compañía en el itinerario de respuesta al Señor es motivo de confianza y auxilio en la apertura a la misión.

vida • comunitaria

Abrirse a la vida comunitaria y al servicio en la familiaridad típicamente


compromiso educativo •

conocimiento del mundo • juvenil

salesiana. El empeño en aceptar el esfuerzo por construir la comunidad en la vida cotidiana se transforma, para la novicia, en una ascesis que la hace crecer en la solidez de sus motivaciones. Superando así el desaliento derivado de la constatación de las limitaciones propias y ajenas. La participación responsable en la elaboración y realización del proyecto comunitario es otra oportunidad de formación para crecer en la pertenencia y en la comunión, pero también para experimentar la obediencia como corresponsabilidad en las opciones comunes. Acercarse a la tarea educativa con la conciencia creciente de que constituye nuestra modalidad de evangelización y de que, al mismo tiempo, es camino de formación. No se trata solo – como habitualmente sucede en el segundo año – de realizar una experiencia apostólica expresamente preparada y evaluada fuera de la casa de noviciado. Es preciso que la novicia madure una mentalidad e interiorice una espiritualidad capaz de expresarse en una misión concreta. La joven está llamada a considerar el sistema preventivo como estilo privilegiado en las relaciones comunitarias y en la relación educativa. Aprende de este modo que este es el camino de la santidad que ha de recorrer junto con los jóvenes y que la misión es también lugar de formación y oportunidad para el crecimiento. Mediante diversas experiencias, adecuadamente orientada, la joven tiene la posibilidad de comprobar las propias aptitudes para la misión salesiana. Adquirir elementos para un conocimiento más profundo del mundo juvenil, ya sea a través del contacto directo con los jóvenes, ya sea por medio de la comprensión de los lenguajes y de las lógicas subyacentes a la cultura de la comunicación con el fin de realizar una misión educativa eficaz.

Acompañamiento formativo La experiencia del noviciado es importante, no solo por sus contenidos y fines, sino también por las formas de acompañamiento y de organización. Todos los aspectos de la vida de esta etapa, precisamente por su carácter de iniciación, han responsabilidad de tener una dimensión formativa. de la joven

Hace falta que la novicia sea consciente de la responsabilidad que le corresponde en este proceso y que decida hacer radical la opción por Cristo viviendo los valores de la espiritualidad salesiana. Ha de estar dispuesta a dejarse guiar en el camino, acogiendo desde la fe las mediaciones educativas, sobre todo la comunidad y la maestra, responsable deberes de la directa de la formación. comunidad

Toda la comunidad está implicada en el proceso formativo, aunque con tareas y funciones específicas y complementarias. En la comunidad es donde las novicias aprenden a interiorizar y a vivir los consejos evangélicos. La comunidad que acoge a las jóvenes con esperanza, mirando al futuro del Instituto, se deja interpelar por su presencia, tratando de crecer en la fidelidad y en la comunión, no solo para ser un ejemplo creíble, sino para el mutuo enriquecimiento. De hecho, mientras la comunidad se responsabiliza del acompañamiento de estas jóvenes, está siendo llamada a renovarse y su continuamente.

configuración

La comunidad del noviciado, si se ha formado expresamente con este fin, tiene un proyecto que traza su fisonomía, identificando funciones y tareas diferenciadas, de cara a la formación de las novicias. Cuando la comunidad desarrolla otras actividades o lleva a cabo una obra


educativa específica, sin duda el proyecto y la organización están más articulados. Sin embargo, se debe tener en cuenta el itinerario propio del noviciado y facilitar los espacios de oración, de diálogo, de estudio, de intereses y de ámbitos de la misión en los cuales las novicias estén implicadas personal o indirectamente. Es importante que las relaciones con las novicias destaquen por el respeto y la libertad, la simpatía y la sencillez. De esta manera todo el ambiente –personas y estructuras – facilita el proceso de iniciación y de interiorización de los valores carismáticos. responsabilidad La maestra es la responsable de la formación de las novicias, plenamente de de la maestra acuerdo con la Inspectora y en comunión con sus colaboradoras directas y con

toda la comunidad. Dócil al Espíritu Santo, asume el discernimiento como estilo de vida y lleva con habilidad y discreción a las novicias a medirse con el proyecto de Dios y a realizarlo con generosidad (cf. C 92).

En la línea del Evangelio y en el surco de la tradición salesiana, la maestra: ∗

Recurre a los recursos interiores de las jóvenes facilitando el encuentro con el yo profundo en el que Dios habita. Inspirándoles confianza, hace responsable a cada una de la unificación de la propia vida en torno a este centro. La anima y la sostiene en una dinámica de conversión irrevocable. Está atenta a diferenciar las fases de la formación a partir de la situación y del nivel de maduración de cada una. En particular a través del coloquio personal, regular y frecuente, llevado con espíritu de familia y de búsqueda de la voluntad de Dios sobre las personas, acompaña a la novicia a vivir una relación profunda con el Señor, consigo misma y con los demás y la ayuda a releer la propia historia y el propio camino de crecimiento a la luz de la fe;

Favorece en las jóvenes la comprensión y aceptación de la vida religiosa a partir de su experiencia. Manifiesta la riqueza afectiva y la carga humana de que está dotada en su capacidad de esperanza y en su intuición. Se deja plasmar por la Palabra y acepta el sufrimiento, convencida de que solo la experiencia de la cruz hace posible la inmersión en las profundidades del amor de Cristo. Mirando al mundo desde la perspectiva de los pobres, opta por un estilo de vida sobrio, y es sensible a las dificultades y a los dramas de la gente, estudiando, junto con la comunidad, posibles formas de intervención y de ayuda. Es capaz, ella misma en primer lugar, de poner en práctica la corresponsabilidad y de vivir la autonomía en la independencia, promoviendo a su alrededor la confianza y la valoración recíproca.

Encamina a las novicias a desarrollar el sentido eclesial, a profundizar las constituciones, a comprender el valor teológico, relacional y educativo de los consejos evangélicos, como expresión de la unidad vocacional; las acompaña sobre todo en el camino de la adhesión libre a Cristo que las ha llamado a dar la vida por los jóvenes. Las sostiene en la aceptación gradual de la radicalidad evangélica;

Orienta a las jóvenes, con la ayuda del equipo de formación y de toda la comunidad, a hacer experiencia de la misión, coordinando y acompañando las diversas actividades apostólicas en las que se hallan implicadas, orientándolas en sus proyectos y en la revisión de sus realizaciones. Las ayuda a integrar el trabajo y la actividad apostólica a través del amor a la oración, a la reflexión, a la meditación, a la unión con Dios en la vida


cotidiana, en el estudio y en las diversas exigencias de la vida comunitaria; ∗

Respalda el camino comunitario e implica a las hermanas y a las novicias evitando, en su servicio de animación, tanto las formas rígidas como las permisivas;

Crea condiciones para que las novicias experimenten la riqueza carismática de la Familia salesiana, se abran a las exigencias de la comunidad eclesial y al intercambio con otros Institutos religiosos, a la realidad sociocultural y a los nuevos lenguajes de la comunicación social.

La maestra se mantiene en relación con las formadoras de las etapas precedentes, para favorecer en las jóvenes un crecimiento vocacional gradual y convergente. Colabora plenamente de acuerdo con la Inspectora o con las Inspectoras – si el noviciado es interinspectorial – para compartir y evaluar el camino de cada novicia. Los noviciados interinspectoriales constituyen una válida oportunidad para un

noviciados recíproco enriquecimiento intercultural o internacional. Abriendo a las jóvenes interinspectori horizontes más amplios, les permiten experimentar la unidad del carisma en la ales

pluralidad de sus expresiones.


JUNIORADO “Eres muy afortunada al poder hacer mucho bien y ganar muchas almas para Jesús” (María Dominica Mazzarello L 59,4) El juniorado abarca el período de los votos temporales, cuya duración varía de seis a nueve años y tiene como fin “la preparación de la persona para la consagración total de sí misma a Dios en el seguimiento de Cristo, al servicio de la misión” (VC 65; cf. C 96). La profesión temporal, aun conservando el carácter de prueba ad tempus, lleva en sí la intención de totalidad que tiene sus raíces en el pacto de amor con Dios (cf. PI 55). hacia la Los años entre la primera profesión y el sí definitivo al Señor se caracterizan por totalidad del un nuevo tipo de proyección. La junioras, implicadas más directamente en la don de sí misión educativa, se encuentran con que deben ser más autónomas y

responsables. Maduran una convicción más profunda de que la vida consagrada se completa en el don de sí al Dios de la alianza, que fundamenta la fidelidad de la respuesta. La joven FMA está llamada a tomar en serio su vida y a ir más allá de lo que es fácil y se siente segura de saber hacer, a asumir el riesgo de una autonomía que al principio puede asustar, pero que se va haciendo entrega de sí misma a Alguien que sigue acompañándonos a través de las mediaciones. La experiencia de sentirse aferrada por Cristo y el descubrimiento de una relación cada vez más profunda y decisiva con él responde a las exigencias afectivas de fecundidad, muy fuertes en la mujer en esta estación de la vida. Las junioras profundizan la experiencia de su entregarse a Dios para la educación de los y de las jóvenes e interiorizan los valores de la espiritualidad salesiana. Experimentan así la realidad de su ser mujeres educadoras con un estilo de “amorevolezza” que implica todas las relaciones. El carácter evolutivo de la persona y el contexto actual, caracterizado por rápidas transformaciones, requieren una formación continua que favorece la atención al Espíritu y permite acoger la novedad de Dios, las demandas de los jóvenes y las exigencias de la misión. Experiencias fundamentales inserción Las junioras viven la experiencia de la inserción activa en una comunidad. En activa en la esta realidad, con la ayuda de la guía valoran la vida cotidiana, aprenden a comunidad afrontar las dificultades inherentes a la fase de crecimiento y a la búsqueda del

propio lugar en diálogo con generaciones, mentalidades, estilos de vida diferentes. La confrontación con jóvenes de la misma edad que viven otras opciones de vida, y el diálogo generacional con hermanas de edades, cultura y formación diversas, las ayuda a hacer más sólida su maduración humana. Realizan de esta manera el paso de formas de idealismo, propias de la inexperiencia, a la realidad concreta, aprendiendo la paciencia de los pequeños pasos.


De esta manera realizan un camino orientado a la asimilación vital de los compromisos propios de la profesión religiosa. Asumen los consejos evangélicos como caminos abiertos a una mayor asunción de los solidaridad con la gente y con la propia realidad cósmica. consejos Se hacen cada vez más conscientes de que el misterio del sufrimiento acompaña evangélicos su caminar y que la cruz es yugo suave, pero ligero, porque se lleva con Jesús (cf. Mt 11,30). Así los problemas comunitarios, los fracasos en el compromiso educativo, incluso las mismas tentaciones pueden llegar a ser ocasiones de maduración por la fuerza llena de vida del misterio pascual. En la experiencia cotidiana comprueban su ser educadoras con el estilo del con el estilo sistema preventivo; profundizan el sentido de pertenencia al Instituto en la del sistema Familia salesiana y a la realidad eclesial, más amplia; tratan de integrar los preventivo compromisos pastorales y comunitarios con los de un estudio orientado a la

adquisición de la profesionalidad requerida por las exigencias de la misión. La experiencia educativa las pone en contacto con la comunidad educativa, y la zona se convierte en ocasión para aprender a colaborar con los seglares y con cuantos se interesan por la educación de los jóvenes, tanto en el ámbito formal como en el no formal. De este modo las junioras tiene una oportunidad concreta de abrirse e incluso de confrontarse con la responsabilidad de expresar el carisma salesiano. Dóciles al Espíritu, tratan de renovar la respuesta a la llamada y de prestar con María atención a las anunciaciones cotidianas percibidas en la escucha de la Palabra, de las personas y de los acontecimientos. Así interiorizan las actitudes de María que, con la riqueza de su ser mujer y madre, vive la solicitud y el servicio para que no falte nada a la alegría de sus hijos. Tareas de desarrollo Conscientes de que deben dar una respuesta al amor de Dios de manera adulta, las junioras están llamadas a asumir personalmente la responsabilidad de la propia aceptación de sí formación comprometiéndose en algunas tareas de desarrollo específicas. • recursos de feminidad

centralidad de Cristo

Profundizar la experiencia de sí mismas para crecer en la aceptación de la realidad propia y ajena en el sentido de pertenencia al Instituto, para purificar las motivaciones vocacionales hasta la progresiva unificación que prepara al sí para siempre. Valorar la riqueza de ser mujeres en el primado de la interioridad, en el arte de establecer relaciones de reciprocidad, integrando afectividad y sexualidad en la relación con las hermanas, los jóvenes y los seglares. Acoger lo que en su propio ser es pequeño y débil, ofreciéndoselo al Señor con la certeza de que precisamente cuando se es débil triunfa el poder de Dios. Al mismo tiempo que nos hacemos cada vez más disponibles y preparadas para dar nuestra aportación en los diversos ámbitos de acción, con audacia e iniciativa.

Desarrollar una conciencia cada vez más clara de la centralidad de Cristo en la propia vida, que requiere integrar todas las dimensiones de la existencia y madurar la capacidad de síntesis entre afectividad y virginidad consagrada, entre libertad en el uso de los bienes y pobreza religiosa, entre capacidad de iniciativa y obediencia responsable.

Hacer más vital la experiencia de la oración valorando los momentos comunitarios y hallando espacios personales para el encuentro con el Señor. Él conoce las alegrías y las fatigas de cada día y asocia a su misterio pascual


el ofrecimiento de los momentos de sufrimiento, de incomprensión. •

Traducir los valores de la espiritualidad salesiana en la práctica del sistema preventivo, que tiene tantas connotaciones eucarísticas y marianas Vivir el espíritu de familia alimentando la confianza recíproca y el sentido de pertenencia. Compartir con la Familia salesiana y la comunidad educativa el compromiso de la asistencia vivida como presencia amiga y activa que se manifiesta en la capacidad de estar con los jóvenes, de implicarlos en la experiencia de la alegría y del servicio, incluso a través de formas de compromiso social y misionero.

Amar a la comunidad como lugar de crecimiento y de realización personal en el servicio educativo. Aquí las junioras se comprometen a hacer efectivo el ejercicio del diálogo, del respeto y de la valoración de la diversidad, de la acogida de las mediaciones y de la confrontación con la guía como ayuda para realizar el discernimiento en cada situación. Aprenden a crecer en la paciencia, en la sencillez, pero también en la capacidad de hacer propuestas, buscando la realización del todavía-no del carisma y, al mismo tiempo, aceptando las comprensibles demoras en el trayecto. Se capacitan para buscar, programar y evaluar, colaborando en la misión común y descubriendo los límites y las riquezas de las propias posibilidades. Viven la gratuidad del don y hacen operativa la actitud salesiana del voy yo.

Ofrecer la propia aportación, conscientes de que la comunidad es una realidad en continua construcción, donde las personas adultas nos acogemos, nos respetamos, vivimos la espiritualidad de la “amorevolezza” y la alegría de soñar para los jóvenes, dando vida a proyectos concretos para el desarrollo y la promoción educativa, especialmente de los más pobres.

Asumir el sentido de la misión compartida. Comprometerse juntas en conocer la realidad juvenil y el contexto sociocultural y asumir el camino pastoral de la comunidad eclesial. Ejercitarse en la corresponsabilidad que se hace convergencia en torno a un proyecto común, superando gradualmente las actitudes de excesivo protagonismo y dejándose dominar por la pasión educativa del da mihi animas.

Dedicarse con responsabilidad a la cualificación educativa y profesional para responder con competencia a los retos de la misión juvenil. Prepararse incluso para aceptar cargos de responsabilidad y para trabajar en equipo, estableciendo relaciones de colaboración.

Valorar como oportunidades formativas inconfundibles las experiencias apostólicas compartidas, revisadas y releídas de forma vital (cf. R 96), lo mismo que el período intensivo de preparación a los votos perpetuos, tal como viene prescrito por las inspectorías o por las respectivas Conferencias interinspectoriales.

espiritualidad salesiana

comunidad apostólica

competencias educativas responsabilidad en la revisión

Acompañamiento formativo Durante el período del juniorado resulta especialmente importante la confrontación cotidiana en la comunidad y con la guía, que normalmente es la misma animadora. Es bueno que la comunidad conozca la finalidad del juniorado y lo tenga en cuenta en el ámbito de programación cuando estén presentes una o más junioras. La comunidad en la que se halla inserta la joven FMA presenta las características


de toda comunidad, con recursos, potenciales y limitaciones relativos a las personas y a las posibilidades propias del ambiente. La comunidad es formadora, no porque sus miembros son perfectos, sino porque en el compromiso de vivir la tareas de la comunión y la convergencia hacia un proyecto compartido al servicio de las comunidad jóvenes y los jóvenes, experimenta al mismo tiempo la fragilidad. Sin embargo, como enseña María Dominica, no pacta con sus defectos, sino que es capaz de renovarse cotidianamente con la certeza de la fidelidad de Dios y con la convicción de que la caridad tiene el primado sobre todo, como escribe María Dominica Mazzarello: “Haz con libertad todo lo que requiera la caridad” (L 35,3). De este modo crea las condiciones para el crecimiento de las personas en la asimilación del carisma específico. Son condiciones que distinguen a una comunidad en camino: la atención a la vida espiritual, que se alimenta con la oración personal y comunitaria; el estilo de las relaciones interpersonales y el contacto educativo con los jóvenes; la mirada de simpatía y de acogida de las diferencias como riqueza, también las que corresponden a la diferencia generacional; el respeto a los ritmos de crecimiento y la atención a las exigencias de cualificación educativa y profesional. Es importante que cada miembro de la comunidad adopte la actitud de animar, escuchar, valorar; que esté disponible a aprender, con la convicción de que el carisma salesiano sigue enriqueciéndose con la aportación de las nuevas generaciones. Esto implica que la comunidad aprenda a respetar la originalidad, la mentalidad, la formación de las junioras, sin exigir la adhesión a modelos o esquemas estandarizados, sino facilitando experiencias incluso nuevas de participación y de apertura a lo diferente. Se requiere además que la comunidad viva la dimensión misionera, se comprometa a actuar los valores de espiritualidad salesiana y haga experimentar en lo concreto la vida de familia, en la cual la “amorevolezza” determina la calidad de las relaciones. Viviendo la conciencia de los propios límites, cada una advierte la necesidad de perdonar y ser perdonada continuamente y de restablecer la estima y la confianza. La guía o animadora de la comunidad es una mediación indispensable en este período en que el paso de una confrontación menos frecuente exige una mayor responsabilidad personal. La guía ayuda a descubrir las formas concretas de vivir el seguimiento en el nuevo contexto vital. Es importante que tenga mediación de capacidades humanas de intuición y acogida, espíritu de fe y de oración, la animadora serenidad y equilibrio interior, madurez afectiva, competencia espiritual y sensibilidad pastoral. En el acompañamiento de las junioras la animadora, junto con las demás hermanas: ∗

Tiene en cuenta el punto de partida, el camino ya realizado las dificultades encontradas, valiéndose también de la confrontación con las guías que la han precedido.

Dedica a las junioras un espacio privilegiado de escucha para ayudarlas a insertarse en el ambiente de la comunidad que las acoge, a liberarse de las exageradas expectativas que podrían nacer de la comparación con el ambiente de la primera formación.

Ayuda a vivir la experiencia del coloquio como momento importante de discernimiento, de intercambio de experiencias y como ocasión de crecimiento de la propia vida. Incluso cuando se pudiera entrever un camino diferente de realización, este encuentro puede animar a las junioras a acoger sin miedos y sin sentido de culpa el proyecto de Dios.


Acompaña a las junioras en su maduración hacia la libertad interior que procede de la familiaridad cotidiana con la Palabra y de la certeza de que el Espíritu dirige su vida. Las impulsa a ponerse en actitud de escucha, respetando sus ritmos de crecimiento, ayudándolas a evaluar las consecuencias de las opciones tomadas, sin ponerse en su lugar, sino estableciendo una relación de adulta a adulta con el fin de promover la autonomía y la corresponsabilidad.

Impulsa a crecer en el compromiso de configurarse con Cristo, de profundizar en la actitud de oración y de fe para leer la realidad desde la perspectiva de Dios y comprueba si las junioras tienen las características requeridas para un compromiso definitivo de vida en el Instituto. Las educa para que sean capaces de captar las semillas de novedad que el Espíritu deposita en los surcos de la historia y sensibles para el servicio de la Iglesia y del territorio que atienden.

Favorece y orienta la experiencia apostólica, ya sea en los ambientes de la escuela, del oratorio, de los colegios, ya sea en las nuevas presencias, con frecuencia situadas en zonas de marginación. Este acompañamiento comporta evaluaciones concretas y alentadoras y, al mismo tiempo, claridad en las orientaciones.

En todo ello la animadora obra en unidad e intenciones con la Inspectora y con las responsables que comparten con las junioras las experiencias apostólicas y asegura la presencia de sacerdotes llenos de espiritualidad, de equilibrio, capaces de ofrecer una válida ayuda, especialmente a través del sacramento de la Penitencia y de la dirección espiritual. Por su parte, la Inspectora mantiene contactos constantes con las hermanas de votos temporales y proyecta con ellas, con una cierta frecuencia, momentos formativos específicos sobre temas de la espiritualidad salesiana. La experiencia formativa del segundo noviciado, dispuesta en general por las Conferencias interinspectoriales, constituye el momento de revisión más experiencia del significativo ante la preparación inmediata a la profesión perpetua. segundo noviciado A esta serán admitidas las junioras que hayan presentado una solicitud expresa y

que hayan demostrado solidez en las motivaciones y una progresiva interiorización de los compromisos propios de la vida religiosa salesiana.


PROYECTO

FORMATIVO

Hijas de María Auxiliadora

Tercera parte

LA COORDINACIÓN PARA LA COMUNIÓN

Para ser llevadas a la práctica, las indicaciones contenidas en el Proyecto formativo requieren una coordinación que promueva la unidad vocacional y la calidad de nuestra presencia educativa en los diferentes contextos.

La atención a la persona, la exigencia de proceder con mentalidad proyectiva, apta para favorecer la convergencia en torno a la misión y para garantizar la productividad y la agilidad organizativa, explican el porqué de un estilo.

La realización de la coordinación se produce a diversos niveles según una modalidad circular de animación, conjugando la convergencia en torno a las opciones carismáticas con el pluralismo de las formas, la descentralización y la implicación responsable de las personas.


UNA OPCIÓN POR LA COMUNIÓN “Ten ánimo y, como buena hermana, ayuda a las demás a trabajar por el Señor, amaos mutuamente” (María Dominica Mazzarello L 35,8)

qué es la Consideramos la coordinación como el estilo de animación propio de quien cree coordinación que los recursos presentes en cada persona están esperando ser descubiertos y

valorados para manifestarse plenamente para gloria de Dios y al servicio de la misión educativa común. Es una modalidad de orientación que tiende a implicar a las personas según un procedimiento circular, de manera que favorece el intercambio de recursos y la expresión de la creatividad en la comunión. Es una estrategia de relación que tiene como objetivo lograr la vitalidad de todos de manera que cada uno pueda manifestar en el tiempo la fecundidad del carisma. La expresión profecía del “insieme” traduce claramente esta estrategia, superando el componente más técnico del término coordinación y expresando el profundo vínculo entre espiritualidad y vida. Semejante estilo de animación, que pone en primer plano la implicación de todas, considera indispensable la presencia y la función de las figuras designadas por las Constituciones como responsables para el servicio de autoridad. La exigencia de la coordinación no solo se advierte en los institutos religiosos, sino también en la Iglesia y toda realidad social. En la sociedad y en la Iglesia

exigencia de una nueva modalidad organizativa

La celeridad de los cambios, la creciente interdependencia entre las naciones y las culturas, las tecnologías cada vez más potentes, determinan lo que se ha llamado el proceso de globalización, que lo abarca todo y a todos; no solo los acontecimientos lejanos resultan más cercanos, sino incluso las formas de pensar y de obrar resultan a menudo comunes a pueblos originariamente muy diversos. Un ejemplo que nos afecta de cerca es el de los métodos educativos, que superan las culturas específicas y cada vez resultan más homogéneos en el mundo entero. Las instituciones, en todos los ámbitos, advierten la exigencia de revisar su organización precisamente porque se hallan acorraladas por dos interpelaciones: respetar y valorar las características propias y tender hacia objetivos comunes. Se está intentando, a pesar de las grandes desilusiones por los resultados obtenidos, volver a redactar la Carta de los Derechos Humanos, buscando un criterio que otorgue derecho de ciudadanía a las diferentes síntesis sobre la persona y sobre la historia y que favorezca la convivencia de la unidad en la pluralidad.

coordinación En la Iglesia la coordinación nace de su naturaleza más profunda, de su misterio en la iglesia de comunión, de su hallarse configurada a imagen de la Trinidad, más que de la

necesidad de eficacia y eficiencia. El Evangelio es todo él una llamada a la valoración de las personas y a la comunión. La realidad del Cuerpo místico expresa una interdependencia de


relaciones por la que cada miembro que se levanta eleva a todo el cuerpo. La Iglesia ha ido conquistando gradualmente, aunque con esfuerzo, la metodología del diálogo, encontrando sus fundamentos en la pedagogía propia de Dios. El Concilio Vaticano II ha subrayado esta línea destacando la igualdad de las personas en la dignidad cristiana, la pluralidad de carismas y de vocaciones, su reciprocidad y la convergencia de las diversas funciones y ministerios en la misma misión evangelizadora. Los avances de la Iglesia en esta dirección animan y promueven la confrontación y el diálogo interreligioso e intercultural, que refuerzan la identidad cristiana y la impulsan a acoger los valores de otras religiones y culturas. En el Instituto ayer y hoy La memoria histórica del Instituto está llena de hechos que revelan una espiritualidad caracterizada por un estilo de familia que implica a todos, empezando por los últimos. don Bosco Don Bosco es considerado desde siempre como el gran comunicador de un comunicador proyecto educativo realizado mediante una gran implicación de personas e

instituciones.

Mornese comunidad También Mornese tiene el rostro de una comunidad abierta y coordinada, donde abierta y muchachas, educadoras religiosas, laicas y director espiritual comparten el mismo coordinada proyecto en una actitud de confianza y corresponsabilidad recíprocas.

La coordinación de los recursos es evidente tanto en los momentos comunes como frente a decisiones importantes, de las que la manera cotidiana de compartir no excluye la aportación de nadie. El estilo participativo no ha sido solo una connotación de los orígenes. Escuchando el testimonio de FMA y de Salesianos más ancianos se advierte que el filón del “insieme” ha sido un hilo conductor en los dos Institutos. Situaciones rígidas e individualistas han sido superadas a lo largo de los años, mediante la confrontación, con el arte comunicativo de don Bosco y María Dominica.

el acontecimiento El acontecimiento del concilio Vaticano II, con la riqueza de su reflexión sobre la del Concilio dignidad de la persona en el designio de Dios y sobre la eclesiología de

comunión, ha impulsado también a nuestro Instituto a una reflexión más profunda sobre la globalidad y complejidad del hecho educativo. Ha constituido un momento especialmente pletórico de propuestas y de la revisión de experiencias operativas que ha permitido explicitar las varias exigencias y nuestra dimensiones de la educación. Sin embargo, con frecuencia se ha constatado un experiencia cierto fraccionamiento en la animación de las comunidades, de las inspectorías y del centro del Instituto. El darse cuenta de la importancia de algunas intervenciones específicas a veces hacía prevalecer un trabajo sectorial con el riesgo de perder de vista el conjunto. el Plan para la formación y el Proyecto de pastoral juvenil

De este modo se ha advertido la exigencia de coordinar mejor la acción formativa de cara a la unidad de la persona y de su vocación. Con este fin se había propuesto una estructura de coordinación que respondiera no a la lógica de actividades, ambientes y experiencias educativas, sino a la de la unidad del proceso educativo. Han sido los años del Plan para la formación y del Proyecto de pastoral juvenil


unitaria, cuya línea de fondo era la síntesis vital entre consagración y misión, que facilitaba las intervenciones operativas basadas en la centralidad de la persona. Esto ha favorecido en el Instituto una asunción gradual de la mentalidad de convergencia que hoy permite pensar y realizar la estructura de la coordinación de forma diversificada, según el contexto, las personas, las situaciones. El tiempo actual ha hecho todavía más necesaria la comunicación en las comunidades educativas y ha modificado sus criterios y modalidades. Todos han experimentado el deseo de un intercambio no solo funcional, sino que llegue a la persona y a la experiencia vocacional, a partir de la confrontación habitual con la Palabra. Para nosotras FMA, ser fieles al carisma significa ser capaces de vivir radicalmente la relación con Cristo de manera que dé calidad a la reciprocidad de todas las demás relaciones. hacia el futuro Esta ha sido precisamente la orientación de los últimos Capítulos generales y de

las relativas programaciones: síntesis de un camino que desde años nos compromete una renovada opción por la antropología solidaria que reivindica el Evangelio.

En la vida del Instituto se ha consolidado, poco a poco, la experiencia de una intensa coordinación como estrategia que orienta, guía y proporciona eficacia a la formación y a la misión. EL PORQUÉ DE UN ESTILO La elección de un estilo determinado de coordinación tiene antiguas raíces en el

estilo de Instituto porque representa el alma del carisma educativo que se manifiesta en el coordinación

dinamismo de la comunicación.

Volver a proponer hoy la misma elección adquiere nuevas connotaciones, dados los cambios debidos a la época, que permiten realizar una animación en la corresponsabilidad. La coordinación, al ser esencialmente una acción ordenada de búsqueda realizada conjuntamente, facilita la unificación personal y la convergencia comunitaria, exige y favorece una mentalidad de proyectos, que requiere serias y continuas revisiones, es una estrategia de relaciones, que despierta energías latentes, permite una mayor agilidad organizadora. En síntesis, al ser la coordinación fundamentalmente una forma de estar frente al otro, atañe a la vida personal y a las relaciones. Unificación personal En un tipo de sociedad enormemente dispersiva, cargada de mensajes

exigencias de enriquecedores pero a menudo fragmentados y contradictorios, las intervenciones unificación

educativas se armonizan con el signo de una mentalidad crítica, que ayuda a la persona a seleccionar y a valorar las diversas experiencias. En el campo formativo es importante que cada una comprenda el sentido del propio ser y del propio obrar asumiendo también las inevitables contradicciones o ambigüedades, para lograr percibir gradualmente la pacificadora unidad interior en torno a la Palabra y caminar hacia la síntesis de una existencia consagrada a Dios para los jóvenes. Todo esto resulta favorecido por la coordinación de las intervenciones formativas y por la capacidad de compartir y de integrarse con los otros en la vida de relación y en la misión.


Mentalidad proyectiva El sistema preventivo exige una mentalidad proyectiva que trata de leer y de interpretar los dinamismos culturales presentes y de profundizar en sus causas. La aceleración del vivir actual llevaría al riesgo de responder, en la tarea formativa, a los interrogantes más inmediatos. El estilo de una reflexión coordinada da prioridad, en cambio, a las respuestas

reflexión ordenadas y pensadas, que pueden ayudar a superar la dispersión por medio de coordinada

intervenciones unitarias y al mismo tiempo articuladas.

La visión de conjunto asegura una mirada amplia sobre la realidad y, al ofrecer un horizonte de sentido en el que situar las diversas experiencias, permite articular itinerarios concretos y orientados, en los que se indican claramente las fases y la progresión de las intervenciones formativas. Los resultados de este modo de proceder son: una formación de más calidad; una para una implicación de todas las personas en la complementariedad de tareas y funciones; formación de más calidad la revisión comunitaria. Además, dado que la elaboración de un proyecto no es nunca únicamente un acontecimiento de tipo racional, sino también afectivo y espiritual en el que se expresa la pasión educativa y una visión amplia de la realidad, resulta ser la dimensión más apta para nuestro método educativo, que pretende implicar a las personas activando sus posibilidades. Estrategia relacional La coordinación, como estrategia relacional, unifica los recursos en orden a la formación y a la misión de la FMA en el dinamismo del contexto actual. modelo Pueden establecerse varios tipos de relación. Si se da más importancia a la comunicativo participación y a la subsidiaridad, el modelo apto es el circular y de red en el que circular todos interaccionan como personas, por encima de la función y de las tareas

específicas. En la red existe una pluralidad de puntos entretejidos por una multiplicidad de relaciones. Cada cambio que se introduce en uno de los nudos de la red modifica el conjunto. Más allá de la imagen, en la relación en red están garantizadas la reciprocidad y la superación de los prejuicios respecto a las categorías de las personas. Todas entran en el dinamismo comunicativo. Y esto significa un sentido democrático general, es más, prevé la aportación específica e irrenunciable de quien desempeña el servicio de animación y de gobierno con el sello de la autoridad. Criterio esencial en este tipo de relaciones es una comunicación capilar, que favorece la respuesta. En efecto, nadie se mueve por algo que no conoce ni lo implica. De aquí nace la exigencia de discernir y valorar juntos la realidad y las opciones operativas consiguientes. para la Con este propósito se han de considerar claramente los términos obediencia, comunión

dependencia, autoridad, para tratar de comprender su sentido concreto. La obediencia se realiza no en personas bloqueadas por la dependencia, sino en personas libres, capaces de sana autonomía y de decisión, las cuales, con sentido de responsabilidad, hacen brotar de la comunidad la parábola de la comunión. Este modelo de relación no se da solo en la comunidad religiosa, sino que se extiende a toda la comunidad educativa, a las instituciones eclesiales y laicales y


al territorio. Todo esto exige una mentalidad de cambio, que ve en la relación de reciprocidad la expresión de una cultura evangélica profundamente humanizadora. Agilidad organizativa ventajas de la A través de la coordinación se pueden superar más fácilmente la lentitud y la coordinación pesadez burocráticas. La participación plena engendra responsabilidad y abre

espacios a la intervención, que eliminan rigideces y estructuras agobiantes.

En las comunidades en las que cada una conoce bien su cometido y lo conjuga con el conjunto de la tarea común, la vida transcurre con más armonía y agilidad. Para ello se necesitan personas libres, que sepan moverse responsablemente, sin necesidad de esperar órdenes continuas, y capaces de trabajar en colaboración. Lo importante es detenerse previamente a reflexionar juntas sobre el trayecto formativo y partir después, aceptando con flexibilidad y paz los imprevistos del camino. Una buena cohesión de los miembros de la comunidad o del grupo de trabajo permite armonizar los trazados de la organización lógica con las reglas de la intuición, del golpe de vista, de la fantasía, que con frecuencia llevan a resultados más frescos e insospechados. Animación de la corresponsabilidad El estilo participativo caracteriza la acción formativa del Instituto, que privilegia un modelo circular y de red tanto en las relaciones entre las hermanas, como ente los seglares que comparten con nosotras la misión educativa. Estos planteamientos comportan la presencia de una animadora que, junto con su Consejo, coordine y oriente el camino de la comunidad –en todos los ámbitos – con el fin de valorar los recursos de todas. A la responsable de la comunidad, nuestra Regla de vida le confía dos tareas

animación y complementarias: la animación y el gobierno. gobierno en el estilo de la La opción por la reciprocidad y el paso de un estilo de relación piramidal a una reciprocidad relación circular no resta valor al gobierno, pero requiere algunos presupuestos

para garantizar un servicio de autoridad que promueva la participación.

Uno de estos presupuestos es que la animadora viva ella misma la primera en un dinamismo de conversión a Cristo y al Evangelio y obre de forma colegial. Se requiere además que el conjunto de las hermanas se ponga en actitud de discernimiento frente a lo complejo de la realidad para leerlo a la luz de la Palabra de Dios. El estilo de coordinación exige, finalmente, que la animadora y su Consejo estén en grado de suscitar corresponsabilidad y de promover la subsidiaridad, animando y favoreciendo todo lo que puede ser realizado por otras personas sin hacerlo en lugar de ellas. Para gobernar bien es importante tener como primer interlocutor al Espíritu que sugiere la interpretación sapiencial de la historia y hace que sean más inculturados los mensajes y los proyectos que se han de transmitir, con autoridad, en red. La docilidad al Espíritu es lo que confiere al gobierno el estilo propio de la animación.


LA REALIZACIÓN En fidelidad al carisma, a su desarrollo histórico, a la característica internacional del Instituto, la coordinación está pensada con el signo de la descentralización, a través de la cual se pueden dar respuestas más eficaces a la complejidad de lo real. El reto de la globalización nos impulsa a valorar las minorías. Para dar voz a todos y para que cada uno pueda dar lo mejor de sí no cuenta tanto el tipo de organización, que puede estar diversificada según las exigencias, como una mentalidad de comunión que realice la unidad en la diversidad (cf. C 112). Niveles de coordinación

En el Instituto, la coordinación se realiza a través de diversos niveles: central, interinspectorial, inspectorial y local. Estos niveles a su vez están vinculados entre ellos por un hilo directo que partiendo de la Superiora general pasa a la Inspectora y, a través de la directora, llega las hermanas de las diversas comunidades. De esta forma se garantiza la orientación de fondo y constantemente actualizada y reformulada la razón de ser del Instituto, respetando la variedad requerida por la cultura, por el ambiente, por las estaciones de la vida. La circularidad entre los varios niveles permite la comunicación de valores, el intercambio de las experiencias, el enriquecimiento recíproco, dado el flujo de ida y vuelta de los múltiples estímulos formativos e informativos. En el Consejo general

nivel central

En respuesta a las demandas presentadas por el CG XX, las orientaciones formativas son asumidas por el Consejo general en su conjunto. Se trata de llevar a cabo una animación coordinada y convergente al servicio de la unidad y del crecimiento de las personas. Las Consejeras de los ámbitos de animación (formación – pastoral juvenil –

ámbitos de Familia salesiana – misiones – comunicación social – administración), junto con animación

la Madre, la Vicaria, las Consejeras visitadoras y la Secretaria trabajan unidas al realizar todo lo que ha sido programado en común. Aunque cada una asegura la presencia de una específica sensibilidad y competencia dentro del conjunto.

La Consejera para la formación, en particular, anima y promueve la formación permanente y la inicial, con fidelidad al carisma y a las exigencias específicas de los varios contextos. Junto con la Madre y el Consejo atiende especialmente a las formadoras, con el fin de que sean elegidas según los criterios dictados por las exigencias del carisma y puedan ser acompañadas en su itinerario de crecimiento o bien por la Inspectora, o bien mediante oportunidades formativas ofrecidas por el Centro del Instituto. Además, teniendo en cuenta la internacionalidad de las presencias, impulsa a inculturar en el propio contexto el Proyecto formativo. Todos los ámbitos de animación, a través de sus respectivas competencias, contribuyen a llevar a cabo la formación en el Instituto, donde convergen en sinergia los diversos recursos con vistas a la unidad vocacional.


modalidad Los planteamientos de organización adoptados por el Consejo general se reflejan organizativa también en el tipo de colaboración de las expertas. Éstas respaldan al Consejo

general con la reflexión y la investigación. Algunas están más claramente comprometidas en un ámbito; otras intervienen con su particular competencia en determinadas ocasiones para la realización de tareas específicas. La responsabilidad de las colaboradoras que están directamente comprometidas en los diversos ámbitos se establece como investigación-acción encaminada a la realización de la programación común. Esto permite evitar sectorialismos o trayectos paralelos en los que es fácil la superposición de propuestas, que podrían originar confusión y agobio en las inspectorías. Para facilitar el intercambio de las experiencias y de las reflexiones están previstos, además de encuentros informales o programados entre los diversos ámbitos, reuniones en asamblea de las expertas junto con el Consejo general. El compartir y realizar tareas comunes proporciona solidez a los vínculos de colaboración y da lugar a nuevas energías.

Es también significativa la relación con el Consejo central de la Confederación de Exalumnas/os, que favorece la interacción en las políticas educativas expresadas después armónicamente en las varias realidades del mundo. La modalidad actual de coordinación central es fruto de una paciente búsqueda investigación de años, con la voluntad de crear puentes de contacto más que paciente señalar fronteras a la intervención.

Es fruto de la reflexión hecha en común y de pequeños pasos operativos concertados conjuntamente, en la actitud de quien está dispuesto a revisar los planteamientos y a autodelimitarse, si fuera necesario, para garantizar la unidad en la diversidad. En las conferencias interinspectoriales nivel Las conferencias interinspectoriales son una realidad que algunos grupos de interinspectoria inspectorías de la misma área territorial o cultural han creado con el fin de l compartir caminos y proyectos en beneficio de la formación y la misión. Éstas

conferencias promueven procesos de reflexión y de búsqueda sobre problemas comunes. Tienen la ventaja, en estos ámbitos, de que pueden confrontar varias culturas y, por consiguiente, de adquirir una visión más amplia sobre la realidad en la que se trabaja. Una de las tareas que la práctica de estos años ha confiado a las Conferencias es la elaboración y realización de itinerarios formativos dirigidos a todas las hermanas, diferenciando las propuestas para las que desempeñan determinadas funciones de animación y de gobierno, para las responsables de la formación inicial, para las junioras. En particular, por lo que respecta a la formación inicial, se promueven regularmente para las formadoras encuentros para reflexionar, compartir y revisar criterios de intervención para garantizar la continuidad y la convergencia. En la comunidad inspectorial La Inspectora con su Consejo, con la ayuda de las hermanas implicadas con ella

nivel en la animación de la inspectoría asegura la coordinación de la formación inicial inspectoiral y permanente sobre todo con una atenta reflexión acerca de las opciones que

deben considerarse prioritarias. El objetivo es asegurar que las intervenciones formativas dirigidas a las animadoras de comunidad y a las FMA en las diversas estaciones de la vida estén ordenadas al crecimiento de las personas y al desarrollo del carisma. Con este fin son muy importantes los tiempos de reflexión y de búsqueda en común, por medio de los cuales la animación adquiere solidez y


coordinación de la formación

en sinergia

llega a incidir en la vida. En particular, la Inspectora y su Consejo promueven y acompañan los procesos formativos para las diversas componentes de la comunidad inspectorial: hermanas, jóvenes, seglares. Establecen proyectos y trayectos formativos que favorezcan la adquisición de competencias y facultades organizativas para habilitar a la aceptación de funciones y cargos, cada vez más complejos, en la gestión del gobierno y de la animación inspectorial. Estimulan la participación de las hermanas, de los jóvenes y de los seglares y crea espacios para la implicación efectiva de las comunidades locales. Esto comporta la traducción contextualizada del Proyecto formativo del Instituto y la realización de un plan de estudios para la formación, que tenga en cuenta la cultura local y los conocimientos fundamentales previstos para la FMA. Además, la Inspectora y su Consejo cuidan la preparación del personal según los nuevos perfiles profesionales requeridos por la misión, como respuesta a las exigencias de la cultura y del territorio. Acompañan en el discernimiento y en la maduración a las hermanas que se sienten llamadas a la misión ad gentes. Las hermanas que colaboran con la Inspectora y con su Consejo se organizan de formas diferentes, según las exigencias locales. En cualquier caso, es oportuno asegurar las atenciones y sensibilidades que el Instituto ha puesto en evidencia en los últimos Capítulos generales como respuesta a las exigencias de la formación para la misión educativa hoy, reflejadas en la articulación de los ámbitos del Consejo general: formación, pastoral juvenil, Familia salesiana, misiones, comunicación social, administración. Por encima de las diversas estructuras, que existen actualmente o que se van estableciendo cada vez de forma más diferenciada, la coordinación se va consolidando para crear sinergias en torno al proyecto común. En efecto, la función principal de las hermanas que comparten la animación inspectorial consiste en facilitar la participación y suscitar la convergencia en torno a las propuestas destinadas a llevar a cabo la programación. Sus intervenciones tienen como objetivo apoyar la creatividad, realizar el seguimiento de cada una de las realidades y llevar a cabo las diversas opciones en la búsqueda de la integración y de la tarea común, superando eventuales protagonismos determinados por el ámbito de pertenencia. En especial, promueven la actualización, ponen en relación las diferentes competencias y ayudan a las comunidades locales a interpretar las orientaciones inspectoriales.

Una tarea fundamental de la animación inspectorial es la elaboración del Proyecto y de la Programación, que deben ser expresión de concreción y esencialidad. También deben pedir objetivos posibles y revisables, que tengan en cuenta la para un continuidad y las nuevas exigencias, incluso en el campo cultura y de la proyecto común actualización profesional. En este ámbito de la coordinación son muy importantes la unidad en las intervenciones y la conexión con la Programación central del Instituto, con el fin de asegurar la unidad de planteamientos al dar respuesta a las realidades locales. Para este fin es también eficaz la relación con la Familia salesiana tanto en la búsqueda como en la ejecución, en particular con las Exalumnas, las primeras colaboradoras en la obra educativa. En la comunidad local La vida cotidiana es el espacio privilegiado para promover el crecimiento nivel local vocacional. La animadora con su Consejo y toda la comunidad están llamadas


continuamente a acompañar a la persona en su camino de vida, a coordinar y a permitir la interacción de todas las voces que forman la comunidad: hermanas, jóvenes, familias, colaboradores seglares. Esto supone una atención positiva hacia cada persona, lo que dispone a una relación madura. En la comunidad local cada FMA es a su vez corresponsable de la misión y de la animación. Entendida como una circulación de vida, que coloca a las personas en una relación especial de diálogo entre ellas, con los valores y con la realidad circundante. El Proyecto educativo y el Proyecto comunitario, pensados y elaborados en proyecto común, son los soportes que deberían expresar la orientación unitaria de las educativo y hermanas y trazar itinerarios razonables y fáciles de realizar en comunión. Sobre comunitario todo deberían facilitar el paso del papel a la vida.

Para que esto se pueda realizar en concreto es necesario que animadora y Consejo, donde éste existe, den espacio a la subsidiaridad y promuevan la colaboración, favoreciendo una equilibrada subdivisión del trabajo para lograr la eficacia educativa y una oportuna productividad. La actividad responsable y bien organizada se halla en línea con la experiencia de los fundadores, que la han vivido como mediación concreta de santidad. El estilo de familia es la realización vital de la coordinación para la comunión y estilo de es la realidad más transparente en el terreno vocacional: terreno bueno donde familia encuentra compañía y apoyo cada FMA en cualquier momento de la vida.

Una vez más, se trata de un estilo de relaciones positivas que permiten valorar los recursos de las personas y de las estructuras. Es importante, sin embargo, disponer tiempos y dedicar energías a hacer visible tal estilo de comunión y de discernimiento continuo. Las Constituciones y los Reglamentos tienen previstos organismos que facilitan el acuerdo. En particular, la reflexión llevada adelante por la animadora con su Consejo y compartida en reuniones comunitarias conduce a una lectura más participada de las situaciones a la luz del Evangelio y del carisma, a proyectar solidariamente la educación formal y no formal, la orientación de los jóvenes y nuestra formación y la de los seglares, especialmente de las Exalumnas. Momentos clave de la coordinación Existen momentos particularmente significativos en los que la coordinación es más que nunca necesaria. Se diferencian entre sí por su naturaleza. capítulo Algunos son expresión del gobierno del Instituto: Capítulo general e inspectorial, general e Consejo general, inspectorial y local. inspectorial Otros son momentos de confrontación y de propuesta: programación o revisión, en el ámbito general, inspectorial y local. El Capítulo general, asamblea representativa de todo el Instituto, es el momento más importante del conjunto, en él reflexionando y decidiendo de manera programación colegiada se manifiestan las orientaciones relativas a la formación y a la misión. central Las líneas capitulares se explicitan en la Programación elaborada por el Consejo general. Dicha Programación no condiciona, sino que simplemente orienta a las inspectorías, que están llamadas a expresar en la propia realidad cultural y en la rica experiencia de las comunidades educativas, las indicaciones capitulares que mejor pueden reflejar su camino. El estilo de coordinación central es asumido y adaptado creativamente por el Consejo inspectorial con el grupo de las hermanas que comparten la animación.


y traducción local Desde aquí se irradia a las realidades locales a través de la práctica de la

programación. Con la respuesta viva de la comunidad se produce el recíproco enriquecimiento y se realiza la comunicación circular en el Instituto.

Se consideran momentos clave de participación también los tiempos de discernimiento, programación y revisión en todos los ámbitos, porque capacitan discernimiento y revisión para la confrontación, para la reflexión y para encontrar los caminos más oportunos para vivir y actuar juntas en fidelidad al carisma en la pluralidad de las situaciones. Sistema de comunicación El estilo de coordinación descrito tiene como punto de partida una comunicación capilar destinada a todas las hermanas y a las comunidades educativas, y por consiguiente emitida de manera sencilla, con un lenguaje comprensible que induce a la interacción. Se está intentando realizar la dinámica de red, en la que quien envía mensajes no dinámica de es una sola fuente dirigida a receptores pasivos, sino los diversos nudos de la red propia red. De esta manera las inspectorías, las conferencias interinspectoriales, las comunidades locales y cada una de las hermanas son alentadas a emitir respuestas, que a su vez entran en el círculo y enriquecen con elementos nuevos y específicos el mensaje inicial. En un mundo globalizado, donde se corre el riesgo de la desaparición de las culturas locales, se está afirmando, por otra parte, una nueva conciencia de la diversidad y de las minorías, que pueden tener voz solo en una comunicación recíproca. para una formación abierta e inclturada

Esto vale también dentro del Instituto, donde las grandes diferencias de los contextos culturales pueden convertirse en riqueza, siempre que existan canales y redes comunicativas abiertos al diálogo. La pertenencia a una congregación internacional, que se halla presente en todos los continentes, permite comprender a los diversos pueblos, las mentalidades, las necesidades, los usos y las costumbres. Esto constituye el alfabeto para una educación a la mundialidad y para una formación inculturada. La metodología seguida para la redacción del Proyecto formativo, con las consultas a las inspectorías y la socialización de los contenidos en las comunidades inspectoriales, es una pequeña muestra de comunicación capilar, que supera la simple información unidireccional creando responsabilidad y participación en las personas. Esta modalidad ha sido posible, en gran parte, gracias a las nuevas tecnologías comunicativas presentes en todo el Instituto. Queremos usarlas como instrumento para reafirmar la unidad en la diversidad, facilitar el debate y el intercambio de experiencia, hacer cada vez más solidarias nuestras relaciones y más eficaz nuestra misión.


CONCLUSIÓN ¿Puede haber una conclusión en la búsqueda de un itinerario formativo? El camino para ser mujeres de Dios, totalmente entregadas a Él para los jóvenes en una ciudadanía activa, es un proceso que nos acompaña a lo largo de toda la vida. El Proyecto formativo que se nos entrega y que hemos intentado construir y vivir juntas es el lento camino de nuestra Familia religiosa y queremos transmitirlo a otras generaciones. Éstas, a su vez, seguirán elaborándolo, fieles a la gracia de la vocación recibida y atentas a la historia. Porque el carisma no es una realidad estática, sino dinámica y vital. Y precisamente por ello, el Proyecto formativo institucional necesita ser repensado y traducido en el ámbito local para que sea un camino concreto. Mientras está atento a las dimensiones de la internacionalidad, el Instituto requiere formas diversificadas para su realización en la vida cotidiana de nuestra realidad. El Evangelio y los valores del carisma, que constituyen la línea portadora del Proyecto, exigen la inculturación y el transformarse en anunciación para muchas mujeres jóvenes llamadas a ser Hijas de María Auxiliadora. En las diferentes partes del mundo, ellas mismas llevarán a muchos otros jóvenes la buena noticia de que Dios las ama y quiere que sean felices “en el tiempo y en la eternidad” (J. BOSCO, Carta de Roma, 10 de mayo de 1884).


Apéndice ORIENTACIONES PARA LA FORMACIÓN CULTURAL DE LAS FMA

La formación intelectual es parte integrante del itinerario formativo de la FMA, exigencia intrínseca al proceso de maduración de la persona y a la propia misión educativa salesiana.

Tener un proyecto de formación cultural es una necesidad sentida por el Instituto desde los inicios y a la que ha tratado de dar respuesta en su recorrido histórico. En efecto, para alcanzar la finalidad de preparar a mujeres consagradas educadoras se ha cuidado siempre la formación cultural y profesional a diversos niveles. Esta formación se realiza a través de múltiples actividades y experiencias, sin embargo, el estudio contribuye de manera específica a la comprensión de los problemas y lleva a la búsqueda de las soluciones convenientes. La complejidad de la realidad sociocultural en que vivimos nos hace más conscientes de la necesidad de predisponer para todas las FMA una formación cultural sólida y continuamente actualizada, lo que requiere una programación orgánica y unitaria de los estudios. Las indicaciones que se nos ofrecen requieren la perspectiva de fondo del Proyecto formativo. Bajo esta luz se identifican algunas líneas orientativas para la elaboración de planes de estudio inculturados en las diferentes realidades en las cuales viven y trabajan las comunidades. Para la formación permanente, se han establecido los contenidos y los modos de actuación, y se han especificado las funciones de las responsables. Para la formación inicial, se concretan las áreas de las disciplinas y los principales núcleos de contenido que inspiran la ordenación general de los estudios. La exigencia de una iniciación gradual en el patrimonio espiritual del Instituto nos aconseja ofrecer una propuesta de itinerario para el conocimiento del carisma durante el período de la formación inicial.


“la vida consagrada necesita también en su interior un renovado amor por el empeño cultural, una dedicación al estudio como medio para la formación integral y como camino ascético, extraordinariamente actual, ante la diversidad de las culturas” (VC 98) PERSPECTIVA DE FONDO La estrategia de la formación permanente, con las indicaciones prácticas generales de cuanto puede favorecerla, constituye la opción de fondo que recorre todo el Proyecto. De hecho es en las comunidades locales concretas donde el carisma vive, se desarrolla y se transmite a las nuevas generaciones. Por eso es en ellas, sobre todo, donde debe encontrar espacio la atención formativa cultural, que comporta el equilibrio entre presupuestos teóricos y estilo de vida, calidad de las relaciones y compromisos pastorales. Como se ha señalado en el Proyecto, la formación permanente no es en primer lugar una acción externa, sino un constante compromiso de autoformación de la persona, de actualización de las propias competencias, de intercambio enriquecedor en la confrontación con las hermanas y los seglares insertos en los diferentes campos sociales. La profundización de la experiencia cotidiana, por su profunda incidencia formativa, hace posible el aprender a aprender. La vida con las jóvenes y los jóvenes en la misión educativa y el diálogo con los exponentes de las diferentes culturas son un laboratorio privilegiado para este aprendizaje que lleva a la persona a madurar en sí misma la síntesis entre fe y cultura (cf. FR 48). La misma apertura a la belleza, que se concreta integrando en el saber los valores de la naturaleza, del arte, de la música, de la contemplación y una sensibilidad que nos lleva a las raíces culturales cristianas y carismáticas, a aquel humanismo integral que considera a la persona abierta a la belleza, a la verdad y a la bondad. Hay también otras oportunidades culturales que el Instituto ofrece para favorecer la asimilación del carisma, el crecimiento vocacional y la cualificación profesional. Con este fin se indican las líneas orientativas generales válidas para todo el arco formativo. LÍNEAS ORIENTATIVAS PARA LA PROGRAMACIÓN DE LOS ESTUDIOS ∗

El estudio, en la perspectiva considerada por nosotras, es acercamiento sapiencial a la realidad y exigencia de fidelidad a la vocación. Más que un aprendizaje de nociones, es una experiencia que afecta a la vida al ofrecer criterios de juicio y una valoración crítica de la realidad y de las situaciones con vistas a unas opciones concretas que se han de tomar de acuerdo con una mentalidad evangélica. El estudio, iluminado por la Palabra de Dios y llevado con inteligencia y de forma sistemática en una comunidad habituada a la reflexión y al discernimiento crítico, contribuye a la elaboración de una síntesis vital que unifica a la persona y le permite asumir responsabilidades sociales.

Es necesario tener claro el cuadro de referencias carismáticas para seleccionar y asimilar los contenidos en un conjunto unificado de valores. Son muchos los agentes culturales y diversas las fuentes de información que pueden enriquecer nuestro conocimiento. El objetivo que nos guía es expresar la vocación de educadoras salesianas: el estudio tiene la función de prepararnos a responder cada vez mejor a esta llamada.


Por fidelidad al sentido eclesial que cualifica el carisma de los fundadores, nuestra formación se caracteriza no solo por el compromiso de comunión y participación en la vida de la Iglesia, sino también por el conocimiento profundo de su Magisterio, en particular respecto a temas como la vida, la cuestión femenina, la justicia social, la paz, el ecumenismo, el diálogo interreligioso. En el clima de pluralismo, propio de la cultura contemporánea tal Magisterio es una orientación segura para nuestra misión educativa.

Desde la perspectiva de la eclesiología de comunión, las aportaciones maduradas en el ámbito de la vida religiosa y de la Familia salesiana impulsan a buscar juntos respuestas evangélicas para el mundo de hoy, en actitud de potenciación recíproca. En este espacio eclesial de confrontación y de enriquecimiento, el estudio nos ayuda a elaborar y profundizar lo específico de nuestro carisma: la dimensión femenina y mariana como don para el Instituto, para la Familia salesiana y para la Iglesia. El currículo de los estudios, especialmente en lo referente a la formación inicial, se caracteriza de modo transversal por la cultura de la comunicación, en la que se integra el mensaje evangélico para que pueda ser recibido por la sociedad contemporánea. Las nuevas tecnologías de la comunicación cambian las categorías espacio-temporales y ponen en juego no solo las estructuras sociales y los sistemas políticos, sino las convicciones, las actitudes y los comportamientos, las bases mismas de la educación. De ahí la importancia de conocer los lenguajes del mundo moderno para situarnos críticamente en este “nuevo areópago”, en el que la fe espera una nueva inculturación.

Los planes de estudio para la formación cultural y para la competencia profesional de las FMA requieren atención a las aptitudes personales, a la realidad de las inspectorías y a los desafíos educativos de tiempo y de lugar. Esto implica la elaboración de un proyecto sensible a las exigencias de la inculturación, de la gradualidad, de la continuidad y de la flexibilidad.

En la medida de lo posible, sobre todo en el período de la formación inicial, es importante promover planes de estudio personalizados, para estimular la participación y la corresponsabilidad de las jóvenes y favorecer la asimilación de los contenidos evitando repeticiones, superposiciones o lagunas. Es también oportuno garantizar un estudio sistemático de las ciencias religiosas, que finalice, si es posible, con el correspondiente diploma. La obligación de organizar el propio tiempo, de aprender seriamente, de entrar en el debate cultural actual favorece grandemente la maduración de la persona y la corresponsabilidad.

Una particular sintonía con el realismo y la práctica educativa salesiana tiene el modelo de aprendizaje circular en el que la reflexión teórica y la experiencia práctica se presuponen y se enriquecen recíprocamente. El equilibrio entre los dos momentos permite al estudio encontrar motivaciones y estímulos en la confrontación con la vida real, y a la práctica ser iluminada y guiada por la reflexión teórica. Semejante modelo se apoya en los recursos de la persona, promueve la actitud de búsqueda, estimula a la participación individual y de grupo.

Para plantear y llevar a cabo correctamente el plan de estudios es necesaria una revisión periódica de los contenidos seleccionados, de los métodos y de los resultados obtenidos. Una revisión que debe implicar a las jóvenes, a las/los profesores, a las formadoras y a las comunidades con el fin de asegurar una formación integral convergente.


ORIENTACIONES PARA LA FORMACIÓN PERMANENTE El camino de profundización cultural en el que nos implicamos en todo el arco de la edad adulta es una condición indispensable para poder dar respuestas adecuadas a los exigentes interrogantes de hoy. El hecho de ser educadoras, y por tanto de tomar a nuestro cargo a jóvenes, en época de crecimiento y orientados hacia lo nuevo, requiere un proceso continuo de discernimiento y una gran capacidad de proyección en todos los ámbitos. Para garantizar la eficacia formativa es necesario pasar de experiencias ocasionales a verdaderos proyecto orgánicos. El actual contexto cultural, marcado por continuas transformaciones, por la rapidez y la cantidad de las comunicaciones, nos coloca frente a una realidad compleja. Ésta exige una gran capacidad crítica y selectiva que nos permita leer los acontecimientos e integrar su significado en la propia experiencia vocacional y en la expresión de la misión educativa. Cada una debe considerar como prioritaria la responsabilidad de la autoformación, en la que encuentra espacio la capacidad de cultivarse, es decir de recuperar espacios y tiempos para alimentar el espíritu, cuidando la competencia educativa y profesional, en continuo diálogo con la realidad sociocultural. Sin embargo, hay ofertas formativas de cualificación y de actualización cultural que la comunidad, la inspectoría, las conferencias interinspectoriales y el propio Instituto, en el ámbito central, organizan según las exigencias de las personas en la pluralidad de contextos en los que se lleva a cabo la misión. Las diferentes situaciones en las que vivimos, la amplitud de intereses relativos a la formación y a la diversidad de niveles culturales de las FMA, no permiten ofrecer aquí una programación orgánica con las disciplinas correspondientes, como se hará para la formación inicial. Por eso solo destacamos algunas características de la actualización cultural propias para todas las estaciones de la vida. Tal actualización: −

se halla en continuidad con la formación inicial, con un planteamiento dinámico del desarrollo por el que la persona sigue su camino de crecimiento a lo largo de todo el arco de la existencia;

valora la multiplicidad de las experiencias, interpretadas con mentalidad evangélica;

converge en torno a la experiencia vocacional, lugar de síntesis de todos los contenidos formativos;

implica una organización inteligente del tiempo, en la que encuentran el justo equilibrio el primado de la interioridad, la atención a la calidad de las relaciones interpersonales y a la significatividad de la presencia en la realidad histórica y social del territorio.

Los contenidos de la formación permanente miran a aspectos relativos a la identidad de la FMA, tal como viene definida por la Regla de vida y expresada en la experiencia inculturada en el carisma. Permanece como prioritario el acercamiento directo a la Biblia como escuela de sabiduría y como cuadro de referencia fundamental para el crecimiento personal y para la fecundidad de la misión. En especial podrán profundizarse algunos temas biblíco-teológicos, aspectos propios de la vida consagrada y de la espiritualidad salesiana, los documentos del Magisterio eclesial universal y local, los grandes temas de la doctrina social de la Iglesia. Un área de contenidos indispensable en una época de rápidas transformaciones es la lectura cultural de nuestro tiempo y de los desafíos que interpelan a nuestras comunidades educativas, particularmente las referidas a la familia, a la presencia de la mujer en la sociedad actual, ala condición juvenil, a la bioética, al mundo de la comunicación en una


realidad caracterizada cada vez más por la interdependencia de las culturas, de los pueblos y de los valores. Los temas del discernimiento, del acompañamiento vocacional y de la reciprocidad de las relaciones en la dinámica de la vida cotidiana constituyen núcleos significativos para la reflexión y el encuentro, también con los seglares, con el fin de capacitarnos para afrontar las demandas formativas que se han vuelto más complejas y exigentes en todos los ámbitos. Las modalidades a través de las cuales se lleva a cabo el camino formativo son múltiples y variadas: la experiencia concreta, la confrontación, las relaciones y la valoración de los mensajes informales, además de los cursos organizados y las lecturas específicas. De ahí la importancia de un método que ofrezca espacio al aprendizaje personal y al trabajo en grupo, que puede transformarse en un verdadero y propio laboratorio cultural, tanto en el ámbito comunitario como en los encuentros de seminarios, cursos, convenciones. La frecuencia de cursos regulares de estudio de cara a la actualización garantiza una formación cultural más orgánica y que responde mejor a las exigencias de los tiempos. Las Universidades y Centros culturales son a este respecto lugares privilegiados de investigación, de elaboración y de transmisión del saber. Actualmente la coparticipación de los saberes se encuentra favorecida por las nuevas tecnologías, que permiten acceder inmediatamente a fuentes culturales de otra manera difíciles de alcanzar y al intercambio a distancia de reflexiones en tiempos muy próximos. La gran aceleración en el campo educativo hace prever un uso cada vez más extendido de las vías informáticas como fuentes de conocimientos útiles para los diversos ámbitos profesionales. En todas las estaciones de la vida, según las exigencias específicas, el uso de la red facilita la búsqueda alargando los horizontes de las relaciones. La oportunidad de los tiempos sabáticos, propuesta por el Proyecto formativo, puede ser una ocasión para una profundización más orgánica y sistemática del carisma y para una recualificación profesional. Responsables específicas del itinerario formativo cultural en las diferentes estaciones de la vida son: cada una de las FMA, la comunidad y su animadora local, los organismos inspectoriales y centrales de animación con las respectivas personas: la Inspectora, la Madre general, la Consejera general para la formación y las otras formadoras, que deberán encontrar en los diversos ámbitos, las modalidades adecuadas para llevarlo a cabo. Toda FMA, en el proceso de profundización de la autoconciencia femenina, reelabora continuamente su identidad en un itinerario de maduración a todos los niveles. Al mismo tiempo es responsable de un constante enriquecimiento cultural y de periódicas recualificaciones profesionales. El entusiasmo y el tiempo dedicado a la propia formación regeneran la calidad de las relaciones cotidianas y capacitan para un servicio educativo más sereno y más incisivo. La comunidad, atenta a las necesidades formativas acentuadas por las urgencias actuales y por la propia identidad misionera, cultiva la sensibilidad cultural y la actualización continua de sus miembros. Con tal fin, programa espacios de reflexión común para compartir temas significativos en el ámbito educativo y discernir las estrategias operativas para asegurar a todas tiempos adecuados de formación en el propio ámbito profesional o de responsabilidad comunitaria específica. Apoya y anima a las hermanas en su compromiso de formación cultural, también cuando ello comporta el hacerse cargo de eventuales sustituciones para su realización. La animadora de la comunidad, en colaboración con todas las hermanas y, en lo referente a la misión, también con los seglares, se hace cargo del tono formativo cultural de la comunidad. Con ellas, en una circularidad de intercambio de ideas y de recursos, discierne las prioridades de las preferencias formativas, sugiere iniciativas, intervenciones, subsidios adecuados aptos para favorecer el intercambio, la participación y la corresponsabilidad. De este modo cada miembro obtiene facilidades para lograr una síntesis cultural y todos en


conjunto pueden conseguir un nivel de adquisiciones compartidas relacionadas con la actividad educativa. En un clima de diálogo sereno y abierto, la animadora ofrece a cada hermana la posibilidad de presentarle las iniciativas culturales o de actualización que pueden ser útiles para su crecimiento personal y para la eficacia de las responsabilidades que le han sido confiadas. La Inspectora, junto con las hermanas del Consejo y a cuantas colaboran con ella en la animación de la inspectoría, elabora o coordina con visión de futuro un plan orgánico para la formación de las hermanas (cf. R 98-100). Dicho plan requiere: ∗

individuar las necesidades formativas y las áreas en las que la preparación cultural y la competencia profesionales aparecen más urgentes para responder a la demanda educativa de la realidad en la que nos hallamos insertas;

escoger a las personas más idóneas para iniciar un currículo de especialización, proporcionándoles el tiempo de estudio necesario y acompañándolas en el itinerario formativo;

discernir los centros de estudio más adecuados, valorando también nuestras estructuras formativas específicas y las de otros Institutos religiosos;

destinar a las hermanas tituladas según las propias competencias profesionales para evitar frustraciones y dispersión de recursos;

invertir las mejores energías en el campo de la formación inicial y permanente y programar oportunidades adecuadas para cualificar a las formadoras y/o animadoras de comunidad, también en colaboración con otras inspectorías;

organizar, con la ayuda de las expertas, cursos de renovación vocacional, encuentros de actualización por grupos de edad o por categorías;

promover cursos de formación con y para los seglares para dar calidad cultural a la misión educativa salesiana, valorando, según una lógica de reciprocidad, el don y la competencia de cada uno;

favorecer la participación en momentos formativo-culturales organizados por el Instituto desde el centro o por instituciones eclesiales o civiles;

promover la confrontación y la revisión crítica de las experiencias formativas para volver a programarlas cada vez de forma más adecuada y orgánica.

El Consejo general, a la luz del Espíritu y en continua escucha de las realidades locales, adoptando una metodología circular de interacción entre las inspectorías y el Centro, identifica las áreas de contenido prioritarias y las correspondientes líneas de acción que orienten el camino de las comunidades, dentro del respeto al pluralismo de las situaciones particulares. Tales orientaciones se llevan a cabo mediante las aportaciones específicas de los diversos ámbitos. Algunos temas de interés común se profundizan y comparten con los órganos correspondientes de la Familia salesiana, con los cuales se elaboran también documentos al servicio de la misión en el único carisma. La Madre general es la primera responsable de la formación en el Instituto, también en el ámbito de la cultura. En colaboración con su Consejo se hace cargo prioritariamente de la formación permanente de las Inspectoras. Promueve la vitalidad del Instituto en fidelidad al carisma tratando de conjugarlo continuamente con las instancias de la cultura actual, desde la óptica de la descentralización y de la globalización


En especial, la Madre tiene la responsabilidad directa de la Facultad de Ciencias de la Educación “Auxilium”, de la que es Vice Gran Canciller. Favorece su progreso y su compromiso científico, selecciona con cuidado el personal docente y orienta la destinación de los recursos y de los medios para que se lleven a cabo los fines de la Facultad. La Consejera general de la formación, a través de las Inspectoras y de las Conferencias interinspectoriales, ofrece orientaciones para la formación inicial, promueve y coordina iniciativas par caminos específicos y requiere de las inspectorías la programación y la realización de propuestas para la formación permanente. Acompaña la preparación y la actualización de las neodirectoras, proponiendo orientaciones y ofreciendo sugerencias específicas. Favorece entre las responsables de la formación el intercambio de reflexiones y de experiencias sobre problemas de interés común desde el punto de vista cultural, tanto en el ámbito nacional como en el continental.

ÁREAS DE MATERIAS Y NÚCLEOS DE CONTENIDO PARA LA FORMACIÓN INICIAL Con el fin de garantizar a la FMA una formación cultural orgánica adaptada a su identidad de mujer consagrada para la educación cristiana de los/de las jóvenes según el estilo del sistema preventivo, en el ordenamiento general de los estudios damos mayor importancia a algunas áreas disciplinares: área teológica, área histórica y área de las ciencias de la educación. Su conexión recíproca, y al mismo tiempo su específico acercamiento a la realidad, se fundan en las múltiples dimensiones de la persona humana y en la complejidad de la misión a la que estamos llamadas. La intención de esta parte no es la de presentar de manera detallada los contenidos formativos, sino solo destacar la finalidad, el significado y algunos núcleos temáticos relacionados con las áreas señaladas. Determinadas problemáticas podrán ser afrontadas con la óptica de la interdisciplinariedad.


ÁREA TEOLÓGICA En el currículo formativo las disciplinas teológicas tienen como objetivo contribuir a maduración de la fe, a la promoción de la autoconciencia crítica y a la capacidad de dar razón de las propias convicciones de vida evangélica. Éstas contribuyen a abrir la persona al Misterio de Cristo, el enviado del Padre, centro y culmen de la historia de la salvación, que actúa continuamente en la Iglesia por medio del Espíritu. La asimilación de los significados de tales disciplinas lleva a las jóvenes en formación a profundizar el sentido y las exigencias de la vida cristiana y del seguimiento de Cristo, que las llama a prolongar su misión en el mundo. Puesto que la naturaleza de este estudio tiene un carácter prevalentemente vital, lo que se conoce en el plano intelectual debe armonizarse con cuanto es propuesto y vivido en la liturgia, en la oración personal, en la experiencia comunitaria y en misión educativa.

Sagrada Escritura La conciencia de que la Palabra de Dios es la fuente primera de la espiritualidad cristiana, impulsa a otorgar una importancia fundamental al conocimiento de la Sagrada Escritura para que la identidad de la FMA sea plasmada por la sabiduría bíblica y fecunde así la misión. Desde las primeras etapas del itinerario formativo es necesario educar a la asiduidad, al amor y al gusto por la Palabra. En efecto, es importante que la referencia a ésta se convierta gradualmente en una especie de instinto sobrenatural (VC 94). Para ello es necesario adquirir una visión global de la historia de la salvación, no tanto como conocimiento de hechos históricos, sino, sobre todo, como comprensión del proyecto y de estilo de Dios en su acción con la humanidad. Buscados por Dios, vamos a su encuentro por el mismo camino por el que él viene a nosotros. No se trata, por lo tanto, del puro conocimiento de los textos bíblicos, sino de llegar al corazón de la experiencia cristiana, o sea a tener “los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Fil 2,5). Y puesto que la palabra de Dios se expresa con palabras humanas, en textos y libros contextualizados histórica y literariamente, es indispensable tener un conocimiento esencial de los libros de la Biblia, sobre todo de los que vienen propuestos en los varios Leccionarios de la celebración eucarística y de la liturgia de las horas y utilizados en la catequesis. En las primeras etapas de la formación es bueno dar una importancia especial a los Salmos y a los libros del Nuevo Testamento, especialmente a los Evangelios, corazón de toda la Sagrada Escritura, porque son los que ilustran las palabras y la experiencia de Cristo y de María, su madre, al mismo tiempo que indican la forma de vida apostólica. Es oportuno profundizar algunos temas especialmente vinculados con la experiencia de la vida consagrada y comunión la comprensión de la espiritualidad salesiana.

Liturgia El estudio de la Liturgia pone las bases para una participación activa y consciente en la celebración del misterio de la salvación y para una más adecuada educación sacramental de los jóvenes, que encuentra en la espiritualidad eucarística su núcleo vital. Conscientes de que la obra de la salvación, continuada por la comunidad eclesial, se realiza en la liturgia, culmen y fuente de la vida de la Iglesia, y que una profunda experiencia litúrgica es dimensión fundamental del carisma salesiano, iniciaremos a las jóvenes a la comprensión de la naturaleza de misterio celebrado, a la peculiaridad de cada una de las acciones sacramentales y a la originalidad de los varios lenguajes simbólicos a través de los cuales se expresa la liturgia, según los diversos Ritos utilizados en los países en los que el Instituto está llamado a actuar. El misterio de Cristo en el tiempo se cumple sobre todo a través del año litúrgico y la liturgia de las horas. Se cuidará especialmente que las jóvenes lleguen a comprender su significado sacramental para aprender a servirse, en el ámbito espiritual, de esta gran


riqueza de la tradición eclesial y para ser atentas y competentes animadoras de las asambleas litúrgicas. Viviendo el ciclo anual de los misterios de Cristo, según la pedagogía del Leccionario y de los otros libros litúrgicos, la joven será adiestrada para celebrar con especial amor a María, unida indisolublemente a la obra salvífica de su Hijo y a contemplar el modelo de seguimiento incondicional y de total entrega a la vida de la Iglesia.

Teología sistemática La Teología sistemática, estudiada en sus elementos esenciales, tiene como fin poner a las jóvenes en contacto con el tesoro de la doctrina de la fe y de la experiencia cristiana de la Iglesia. Fiel al proyecto educativo de los fundadores, y en particular al ideal expresado por María Dominica de querer ayudar a las muchachas a conocer y amar a Dios, la educadora salesiana saca la eficacia de la misión de las fuentes vivas de la fe y, de una manera cada vez más intercultural e interreligioso, da razón de su esperanza. De acuerdo con las indicaciones del Vaticano II, constante punto de referencia de esta reflexión serán la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia, los documentos conciliares, el Magisterio ordinario, los documentos de las conferencias episcopales y de los Sínodos, y la síntesis doctrinal del Catecismo de la Iglesia Católica. Acostumbraremos a las jóvenes a percibir la maravillosa unidad del misterio de Dios, que se ha revelado en la historia, y también la centralidad de Jesús Cristo, norma suprema de la vida cristiana, y la permanente presencia y acción del Espíritu. El Hijo de Dios, nacido de María por obra del Espíritu, ha venido al mundo para cumplir la misión de salvación que el Padre le había confiado. En el anuncio y en la celebración del misterio pascual la Trinidad está siempre presente en su Iglesia, peregrina en la historia hacia la plenitud del Reino. En Cristo encontramos el fundamento para una concepción del mundo y de la persona humana que no cesa de liberar valores culturales, humanísticos y éticos, de los cuales depende la visión de la vida y de la historia y que constituye el presupuesto del diálogo interreligioso. En el horizonte del misterio de la Iglesia, pueblo de Dios y cuerpo místico de Cristo, destacaremos especialmente la figura y la misión de María en relación con Jesús y con la comunidad cristiana de la cual ella es icono perfecto, madre y educadora.

Teología moral En un contexto cultural marcado por el pluralismo de las concepciones antropológicas y éticas, el estudio de la moral cristiana es indispensable para una educadora salesiana. Este estudio asienta sus bases sobre el fundamento bíblico de la ética, sobre la visión de la persona, hombre-mujer, creada a imagen de Dios y llamada a la comunión por su misma estructura relacional. Desde esta óptica, el compromiso moral asume las connotaciones específicas de una respuesta a la llamada del Padre a la vida nueva en Cristo, en la docilidad al Espíritu y en la participación en la vida social y eclesial. Tal respuesta se expresa mediante un camino de fidelidad a la ley de Dios y a la novedad del Evangelio, que se manifiesta en un obrar recto y libre, sostenido por la gracia. En particular, para responder a los retos culturales y educativos de los diferentes contextos, se afrontarán los temas relacionados con la vida, la sexualidad, el matrimonio, la vida conyugal y familiar, la justicia social, la solidaridad, la paz.

Teología pastoral Conscientes de que la persona consagrada está en misión en virtud de su propia consagración (VC 72), orientaremos a las jóvenes para que profundicen la llamada a dedicar la vida a la educación, como expresión de la solicitud de la Iglesia hacia las nuevas generaciones.


Así focalizaremos las diversas formas de acción pastoral, las funciones ministeriales fundamentales, los sujetos de la misión, con particular atención al mundo juvenil, a la comunicación, a la mujer y a las diversas formas de pobreza y de marginación. Para ayudar a madurar una sensibilidad pastoral dentro del espíritu del da mihi animas, se sugiere el concentrar la atención sobre los proyectos de pastoral juvenil más significativos en los diversos ámbitos, sobre elementos teóricos que favorezcan un acercamiento crítico constructivo a la práctica pastoral, sobre la condición juvenil en un determinado contexto, sobre los objetivos educativos que pueden ofrecer respuestas a las exigencias actuales y sobre las opciones de método que expresan un específico estilo pastoral.

Teología espiritual La función específica de la Teología espiritual consiste en la reflexión crítica y sistemática sobre la experiencia cristiana. Este estudio contribuye a hacer superar una visión superficial y fragmentaria de la existencia y lleva a madurar un decidido compromiso de vida espiritual apostólica en un continuo dinamismo de fidelidad. Ofrece también elementos para llegar a ser acompañantes de los/de las jóvenes en su búsqueda de Dios y en el discernimiento vocacional. En una perspectiva dinámica y atenta a la superación de las dicotomías, se tomarán en consideración algunos núcleos fundamentales de la experiencia espiritual: el proyecto de Dios y el crecimiento en la configuración con Cristo gracias a la acción del Espíritu, los dinamismos evolutivos de la vida espiritual, el carácter específicamente cristiano de la oración, la centralidad de la experiencia sacramental, vértice de la acción del Espíritu y fuente de toda espiritualidad, la participación en la vida eclesial, en la riqueza y diversidad de sus vocaciones y carismas, la presencia de María y de los santos en la vida espiritual. La vida consagrada se presentará en su dinamismo trinitario y eclesial, en su específica configuración con Cristo y en su testimonio profético. La vida consagrada realiza, de manera especial, la confessio Trinitatis que caracteriza toda la vida cristiana.

Derecho canónico En la ley universal de la Iglesia, sintetizada en el Código de Derecho Canónico, se encuentran las bases doctrinales y las motivaciones de la normativa que regula la vida de los Institutos religiosos. Por esto el conocimiento del Derecho Canónico es el presupuesto para la profundización de las Constituciones de las FMA y para su aplicación concreta. Tal estudio es una exigencia de la propia vida consagrada, como realidad eclesial, y de responsabilidad educativo-catequística que compete a la FMA. Llamada a participar de manera activa y cualificada en la misión de la Iglesia, la joven deberá conocer las normas fundamentales que regulan las relaciones con los diversos componentes del tejido eclesial en el desarrollo de la misión que le ha sido confiada. Este conocimiento le permitirá captar la sabiduría de la Iglesia, que constituye el espíritu mismo de la normativa, y la ayudará a vivir, en los diversos ámbitos, relaciones selladas por un espíritu de comunión y responsabilidad. Se propone la profundización de la parte del Código de Derecho Canónico relacionada con los fieles seglares, los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apostólica, la tarea de la Iglesia de enseñar, sobre todo lo relativo al anuncio de la Palabra de Dios y a la celebración de los sacramentos, la catequesis, la acción misionera, la educación y las escuelas católicas. Para las jóvenes pertenecientes a otros ritos es importante la confrontación con el Código de las Iglesias Orientales.


ÁREA HISTÓRICA En un tiempo de cambios acelerados y de debilitamiento de la capacidad de hacer memoria, el estudio de la historia es más indispensable que nunca. La conciencia crítica y serena del pasado alimenta la responsabilidad del presente y ofrece las bases para proyectarse hacia el futuro con sabiduría y largueza de miras. Las disciplinas de esta área tienen como objetivo el favorecer en las jóvenes en formación el conocimiento del camino de la Iglesia, de la vida consagrada y de nuestra propia Familia religiosa en el tiempo y en las diferentes culturas. Tal estudio permite una correcta visión de las instituciones y de los condicionantes espacio-temporales a los que están sometidas y revitaliza el sentido de pertenencia. Con vistas a la maduración del sentido ecuménico y del diálogo interreligioso son también indispensables elementos de conocimiento de la historia de las religiones y del discernimiento de los retos que plantean a la convivencia intercultural, en particular a la educación.

Historia de la Iglesia La Historia de la Iglesia en su desarrollo y en su misión, a través de las diferentes épocas y culturas, favorece el conocimiento de la Iglesia misma como institución y contribuye a hacer superar prejuicios e interpretaciones reductoras. Una adecuada visión de la historia de la Iglesia universal y local ayuda, además, a cultivar el sentido eclesial y permite sentirse parte viva de una gran familia, también es escuela de realismo en relación con la propia experiencia religiosa, alimenta la dimensión comunitaria y apostólica y abre a la colaboración con otros Institutos y comunidades eclesiales. Además del estudio de las grandes etapas de la historia de la Iglesia y de su misión evangelizadora, es conveniente tener en cuenta la evolución de la vida consagrada, como respuesta concreta y diferenciada a los contextos socioculturales y eclesiales. Se reservará una particular atención al conocimiento y al desarrollo de los Institutos femeninos por su importancia formativa en relación con la maduración de la identidad de la FMA. Esto permite comprender como la propia experiencia se inserta en un camino que supera la dimensión subjetiva y al mismo tiempo la valora. La reflexión sobre las transformaciones de la vida religiosa en el tiempo permite discernir y apreciar mejor los valores característicos del Instituto y abre a una consideración serena de los aspectos mudables, en la continuidad de una vocación específica. Permite, además, captar positivamente los retos con los que el Espíritu interpela al tiempo en nuestro tiempo para que dé siempre una respuesta carismática nueva y actual.

Historia de la espiritualidad cristiana La Historia de la espiritualidad cristiana, en sus grandes etapas, escuelas y figuras significativas, favorece en las jóvenes en formación el conocimiento del desarrollo, de la originalidad y de la variedad de las experiencias espirituales cristianas, que expresan la relación del espíritu humano con el Dios trino y uno, revelado por Jesucristo. Especialmente significativo es el conocimiento de la herencia de los Padres de la Iglesia, de los santos y santas que han enriquecido a la humanidad con su experiencia y con su doctrina espiritual. La representación de los diversos períodos de la historia de la espiritualidad puede ser oportunamente documentada con el acercamiento a algunos Autores y escuelas de espiritualidad: san Benito, san Francisco de Asís, santa Ángela de Mericis, santa Teresa de Ávila, san Felipe Neri, san Francisco de Sales, san Alfonso María de Ligorio, hasta la síntesis salesiana realizada por don Bosco y por María Dominica Mazzarello.


De la experiencia de estos maestros y maestras del espíritu, se podrá obtener inspiración y estímulo para el propio itinerario de maduración en la fe y en la vida apostólica y para situar la espiritualidad salesiana en un horizonte más amplio y más rico.

ÁREA DE LAS CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN Las ciencias de la educación tienen una importancia decisiva en el itinerario formativo de la FMA. Éstas ofrecen a la joven una visión de la realidad educativa en sus múltiples dimensiones: filosóficas, psicológicas, pedagógicas, sociológicas y comunicativas. Las disciplinas de esta área contribuyen a la toma de conciencia crítica de los fundamentos y de los dinamismos en acción en el desarrollo de la personalidad y por tanto son una mediación necesaria para una correcta intervención educativa desde la óptica del sistema preventivo. El estudio de estas disciplinas favorece la maduración personal de la FMA, especialmente en orden a su identidad de educadora llamada a trabar relaciones de reciprocidad y de colaboración en su misión. Y también, la habilidad de adquirir capacidad de análisis, de proyección, de experimentación y de verificación, requeridas para llevar a cabo su función de educadora de las nuevas generaciones en la compleja realidad de hoy.

Filosofía El acercamiento a la filosofía y a sus problemas, en el período de la formación inicial, tiene como finalidad guiar la reflexión sobre los interrogantes relativos al sentido de la vida y de la libertad, al actuar e interactuar de las personas en el mundo, considerado como ambiente dotado de sentido. El estudio de la Filosofía permite a las jóvenes adquirir una visión de la realidad capaz de vencer el escepticismo y de ser suficientemente críticas en una sociedad en la que el conocimiento científico y tecnológico tiende a invadir todos los ámbitos de la vida y del saber. Las ayuda a comprender los peligros que se derivan de la difusión de un único modelo de racionalidad y a abrirse a modelos capaces de reconciliar teoría y práctica en una comprensión holística de la realidad y especialmente de la persona humana. Conduce, además, a descubrir en el tiempo las huellas de la trascendencia a través de la curiosidad animada por la admiración. La filosofía, como pensar desinteresado, ayuda a la persona a elaborar una lógica de gratuidad, a comunicar con creatividad el descubrimiento del significado de la existencia y a vivir dejándose implicar por la tarea de construir formas de convivencia dignas de la persona humana. La antropología filosófica, en particular, favorece en las jóvenes la reflexión sobre el misterio del hombre y de la mujer, ayuda a madurar la conciencia de que la persona humana experimenta la propia humanidad sólo en la medida en que es capaz de participar en la humanidad del otro, de experimentarlo como otro yo, mejor, como un tú. Esta visión permite, por una parte, considerar a la persona como portadora de un proyecto original, irrepetible; por otra, demostrar que la realización de este proyecto solo puede darse en el contexto de la relación y del diálogo con el tú, en un horizonte de reciprocidad y de apertura al Trascendente. En esta perspectiva, la plenitud de la humanidad del hombre y de la mujer consiste en una vida asumida libremente como don y realizada progresivamente como una existencia solidaria: una vida para los otros.

Pedagogía


La ampliación de la formación a todas las edades de la vida, la complejidad de la demanda social de formación, el multiplicarse de las figuras y de las instituciones educativas requieren hoy una cultura pedagógica más variada y profunda. La formación en este campo debe integrarse con las teorías y la práctica educativa y con el complejo mundo de la comunicación de masas. También debe medirse con un contexto social profundamente marcado por una realidad multicultural y multirreligiosa. El estudio de la Pedagogía tiene la función de ayudar a las jóvenes a clarificarse a sí mismas las razones y las exigencias de la propia misión y a estar abiertas a la valoración de los medios y de las condiciones que la hacen posible; a comprender el proceso educativo como un camino planificador abierto y a adquirir una competencia inicial como educadoras. Los contenidos de estudio – en interacción continua con las experiencias apostólicas – deberán estar relacionados con las demandas educativas de las jóvenes y los jóvenes, la finalidad de la educación, los principios y los criterios fundamentales de la acción educativa, la relación interpersonal, lugar de la maduración humana, la comunidad educativa, la formación permanente de los educadores, las instituciones educativas y el campo de la educación no formal. En particular, la creciente complejidad de la realidad educativa requiere una reflexión atenta sobre la antropología pedagógica y sobre la metodología de la educación, capaz de ofrecer una visión de la persona en su dinamismo evolutivo y en su orientación a la felicidad en un contexto de interacciones cargado de retos y de valores. La reflexión sobre la experiencia y el estudio sistemático de estos aspectos ofrecen criterios y elementos para elaborar proyectos educativos en la línea de los principios del humanismo cristiano y de las exigencias de la realidad concreta buscando en el futuro una mejor calidad de vida para todos, empezando por quien está en desventaja y marginado. Desde la base de estos elementos pedagógicos fundamentales es posible afrontar más orgánicamente el estudio del sistema preventivo.

Catequética La profundización de los principios fundamentales y metodológicos de la Catequética ofrece un marco de referencia para comprender el papel prioritario del anuncio en la misión pastoral de la Iglesia local. En ésta la FMA participa activamente con su acción educativa, orientada a formar buenos cristianos y honrados ciudadanos. Tal acción se realiza a través de un proceso que va desde la iniciación cristiana hasta la maduración de la fe y radica en la Palabra de Dios y en la Tradición de la Iglesia, fiel a los destinatarios del anuncio y a la cultura de nuestro tiempo. De esta conciencia se derivan algunos núcleos prioritarios. En primer lugar, el anuncio de la Palabra, en cuanto momento profético de la acción pastoral de la Iglesia, que se expresa con diversas formas y modalidades comunicativas – evangelización, catequesis y mistagogia -, dispone a la celebración de los misterios cristianos y se convierte en testimonio de la caridad. Centro vivo de la catequesis es Jesucristo y su mensaje, cumplimiento de la primera Alianza, en perspectiva escatológica, en el hoy continuo de la salvación hasta la plenitud de la Pascua eterna. El anuncio ha sido confiado a la Iglesia, Pueblo de Dios en marcha por los caminos del mundo, para que lo inculture en los diferentes contextos y llegue a cada persona mediante un lenguaje comunicativo que hable a cada uno en su totalidad.

Psicología El estudio de la Psicología en el arco formativo es indispensable por razones que se pueden reducir a dos niveles: el del crecimiento personal y el de la adquisición de conocimientos y de las competencias relacionales exigidas por el desarrollo de nuestra misión educativa.


En relación con el crecimiento personal, el estudio tiene como fin ofrecer los conocimientos básicos para verificar y consolidar la propia identidad personal y para facilitar los procesos de conocimiento y de aceptación de sí, para vivir la propia afectividad de manera equilibrada en las relaciones interpersonales y, en particular, en la relación educativa, para integrar la propia sexualidad de acuerdo con la opción de vida tomada, y para descubrir y purificar las propias motivaciones vocacionales. En relación con las exigencias de la misión educativa, el estudio bebería afrontar temas relativos a los procesos de construcción de la identidad, a las dinámicas de relación en el ámbito interpersonal y de grupo, a los factores que entran en juego en el desarrollo de la conciencia moral y de la religiosidad infantil y adolescente.

Sociología El estudio de la Sociología se introduce en el currículo formativo de la FMA porque la opción vocacional nace, se desarrolla y madura en una realidad sociocultural cada vez más compleja y en proceso de cambio. Además, la misión propia del Instituto se incultura dentro de contextos específicos y, por tanto, la educadora debe conocer sus recursos y sus problemas, especialmente los relativos al mundo juvenil y al mundo femenino, para tenerlos presentes y valorarlos cuando sea necesario. El estudio versará, principalmente, sobre tres ámbitos de búsqueda: el contexto sociocultural, el contexto sociorreligioso y el contexto de la vida religiosa. Por lo que se refiere al contexto en el que vivimos, es oportuno centrar la atención sobre la sociedad y la cultura, sobre los agentes de socialización y de educación, sobre los problemas y los recursos de la sociocultura contemporánea: la globalización, el redescubrimiento de las identidades culturales, el pluralismo sociocultural, la realidad de los jóvenes y la aproximación interdisciplinar a los recursos y a los problemas del mundo femenino. Particular importancia adquiere el estudio del contexto sociorreligioso actual: la copresencia de diversas religiones y los problemas que plantea a la convivencia, la religión católica, la religiosidad juvenil y el contexto de la vida religiosa en sus aspectos sociológicos, particularmente el proceso del origen y desarrollo de los Institutos religiosos, las dinámicas relativas a la socialización, a la formación y a la vida comunitaria. Es también necesario proporcionar elementos para el conocimiento del derecho social y laboral, propio de las diversas naciones, y para la comprensión del modelo de economía solidaria propuesto por la Doctrina social de la Iglesia.

Comunicación social Para la formación de una educadora salesiana es igualmente indispensable la Comunicación social que se traduce en educación a la interacción social, a los medios y con los medios. Se trata de adquirir un conjunto de conocimientos, proyectando un verdadero y propio currículo didáctico que se desarrolla en cursos, prácticas y trabajos de investigación. Alfabetizarse en la comunicación social significa desarrollar la percepción crítica de los medios de comunicación social y del modo con el que construyen la realidad. Implica tener en cuenta los componentes sociales, culturales, políticos y económicos que están en la base de los mensajes y de los valores propuestos por los medios. Requiere la capacidad de escribir con los medios y de aplicar esta adquisición en el campo educativo. Exige la disposición a captar el significado y las implicaciones culturales de las nuevas tecnologías, que permiten intervenir con mayor conocimiento y eficacia en la educación formal y no formal. Una adecuada formación en este ámbito puede resultar favorecida por la reflexión sobre las propias maneras de comunicarse y de relacionarse con los otros, el adiestramiento al uso de los medios y de las nuevas tecnologías, del método del forum para una valoración crítica; del diálogo con los profesionales de la comunicación social para contribuir a ampliar horizontes y a comprender el valor educativo de los medios; de la participación en


acontecimientos mediáticos, como por ejemplo, conciertos de música juvenil, exposiciones de arte, convenciones sobre medios de comunicación social.

PROPUESTA DE UN ITINERARIO PARA EL CONOCIMIENTO VITAL DEL CARISMA Para ir al encuentro de insistentes demandas por parte de las FMA que trabajan en las casas de formación, presentamos estas líneas que tienen como objetivo contribuir a profundizar el conocimiento del carisma del Instituto para poder asimilar de modo más consciente la espiritualidad de la FMA. La aproximación a las fuentes escritas y a la tradición viva del Instituto favorece en las jóvenes la maduración del sentido de pertenencia y la inserción gradual y activa en la misión que, en cuanto FMA, estamos llamadas a realizar en la sociedad hoy. La riqueza del carisma educativo requiere un acuerdo interdisciplinar. En las varias fases del proceso formativo y en la elaboración de los contenidos es necesario armonizar los aspectos históricos, teológico-espirituales, pedagógicos y sociales. El conocimiento del patrimonio espiritual del Instituto, por su carácter vital, exige una continua integración entre teoría y práctica, reflexión y experiencia, estudio y vida comunitaria. Y sobre todo en la comunidad, lugar privilegiado para la formación, donde cada una se hace corresponsable del crecimiento de los otros y de la práctica del carisma educativo. Con relación al método, inspirado en criterios de gradualidad y organicidad, se pueden utilizar las siguientes modalidades: − lecciones sistemáticas basadas en la documentación obtenida de las fuentes, preparadas con criterios adecuados, y en las aportaciones más significativas y cuidadosamente seleccionadas; − iniciación a la lectura personal guiada, al trabajo de investigación individual y de grupo, al conocimiento de la lengua de los fundadores, para poder acercarse directamente a las fuentes salesianas y crear espacios de mayor comunicación, dada la expansión mundial del Instituto; − valoración de experiencias comunitarias y apostólicas especialmente significativas: momentos para compartir, jornadas de estudio, conmemoraciones mensuales y celebraciones salesianas, preparación y realización de fiestas, también con la participación de los jóvenes y en colaboración con la Familia salesiana, peregrinaciones a los lugares de los orígenes, visita a las obras educativas de frontera, encuentros con personas llenas de experiencia salesiana. Durante el período de prueba y orientación se prevé el conocimiento histórico-biográfico de los fundadores. Se trata de una primera iniciación a la vida y a la obra educativa de don Bosco y de María Dominica Mazzarello, en cuanto personas abiertas al Espíritu y capaces de dar una respuesta a las demandas educativas del ambiente. Tal respuesta se prolonga hoy en la misión del Instituto y de la Familia salesiana. Para poder comprender la riqueza del patrimonio espiritual de los fundadores y de su experiencia educativa es necesaria una oportuna contextualización histórica, social y eclesial. En relación con su itinerario biográfico, destacaremos las etapas del camino vocacional y la centralidad de Cristo en su vida, las personas significativas que han favorecido su proceso de maduración, las dificultades encontradas, el proyecto educativo en su génesis y la configuración comunitaria inicial, la presencia especial de María en su experiencia. Las jóvenes que han tenido ya la oportunidad de profundizar la vida de don Bosco y de María Dominica se pueden orientar hacia el contacto directo con algunas fuentes, después de señalar su importancia global, sin excesivas preocupaciones críticas.


Durante el tiempo del Postulantado es oportuno presentar el desarrollo histórico del Instituto poniendo de relieve las etapas de su historia, su difusión en las diversas naciones, la apertura misionera, las obras educativas características, algunas figuras significativas de los varios períodos y lugares, la Familia salesiana y sus componentes, el cuadro general de la santidad salesiana. En particular, se iniciará a las jóvenes en un primer conocimiento de la génesis y del desarrollo del Instituto en la propia nación e inspectoría, con el fin de aprender a captar los desafíos y las nuevas prospectivas de la misión hoy. Se tratará de enmarcar el camino del Instituto en la evolución histórica de la vida consagrada sobre todo femenina, con una atención particular a los siglos XIX y XX. La iniciación de las postulantes a los principales contenidos de la espiritualidad salesiana se llevará a cabo aprovechando los elementos típicos de la vida de don Bosco, de María Dominica Mazzarello y de la historia del Instituto. Aspectos del carisma que deben destacarse especialmente: − el fundamento teológico de la experiencia carismática enraizada en el misterio de Cristo Buen Pastor, apóstol de Padre, y en la presencia de María, madre y auxiliadora de la Iglesia y de la humanidad. − la misión específica del Instituto en la Iglesia y en la sociedad: la educación cristiana de de las jóvenes y los jóvenes según el estilo del sistema preventivo; − algunos valores característicos del espíritu salesiano: audacia apostólica, exigencia ante el deber, laboriosidad, oración sencilla y profunda, alegría, sencillez, gratitud, sentido de pertenencia y espíritu de familia; − la particular presencia de María Auxiliadora en la vida de los fundadores y en la historia del Instituto: una presencia de guía, de intercesión y de amor previsor. Durante el Noviciado se ofrecerán posibilidades más consistentes y sistemáticas de estudio y de profundización del itinerario espiritual de don Bosco y de María Dominica, a través de la aproximación guiada a las fuentes, el conocimiento de la tradición del Instituto y del carisma educativo de las FMA a partir del estudio vital de las Constituciones. En el horizonte de la espiritualidad de san Francisco de Sales, de santa Teresa de Ávila, de san Alfonso de Ligorio y de José Frassinettti, se inserta el estudio del itinerario espiritual de don Bosco y de María Mazzarello. Se destacan las etapas principales de su maduración, su carisma particular como fundadores del Instituto y las líneas principales de su mensaje espiritual, presentando su capacidad de iniciativa, su inventiva y su santidad como respuesta a los signos de los tiempos en el mundo de hoy (cf. VC 37). El estudio de las fuentes se afronta con una metodología y unas claves de lectura adecuadas. En este período formativo se favorecerá el estudio guiado de algunas fuentes documentales y narrativas que pueden mediar directamente el conocimiento de la figura, del estilo educativo y de la espiritualidad de don Bosco y de María Dominica, como por ejemplo las Memorias del Oratorio, el Epistolario de don Bosco y las cartas de María Dominica Mazzarello. En lo que se refiere a la historia del Instituto, es necesario tener presente tanto la documentación escrita como la oral confiada a la tradición. Fuentes especialmente importantes son la Cronohistoria, las Constituciones y los Reglamentos, las Actas de los Capítulos Generales y las circulares de la Madre. Son muy útiles las publicaciones sobre la historia y sobre la espiritualidad promovidas por el Instituto, la Congregación salesiana y en general por la Familia salesiana. Sugerimos también la profundización del significado formativo de algunas experiencias típicas de la vida salesiana, como el coloquio, las buenas noches, el proyecto comunitario y la valoración de las fuentes ordinarias para el conocimiento de la historia del Instituto: crónica de la casa, elenco general, notas biográficas. En este período formativo se continuará el estudio de la historia del Instituto profundizando en el conocimiento de algunas de FMA que han dado un especial impulso


espiritual y pedagógico al desarrollo del carisma. La aproximación a las educadoras, obtenida de los perfiles biográficos de la colección “Facciamo memoria”, introduce oportunamente a las novicias en el estudio de nuestra misión educativa específica y las pone en contacto con los elementos característicos del sistema preventivo, considerado como método y como espiritualidad. En particular, a través del conocimiento y profundización de nuestra Regla de vida, se guiará a las novicias para que comprendan y asuman los elementos portadores de la espiritualidad salesiana. Ésta es el “Pacto de nuestra alianza con Dios” (C 173), la explicitación de las exigencias del seguimiento de Jesús según nuestro carisma particular. Durante la fase del juniorado, de gran importancia para el crecimiento vocacional y para la preparación a la profesión perpetua, se tratará de ayudar a las jóvenes hermanas a continuar el estudio de los fundadores, situándolos en el contexto de la historia de la espiritualidad del siglo XIX. Se individuarán los contenidos fundamentales y los aspectos específicos de la espiritualidad salesiana, con una referencia particular a los consejos evangélicos, a la vida comunitaria-apostólica, a la resonancia eclesial y social de la misión educativa. En especial, se las orientará para que profundicen de manera metódica el sistema preventivo como núcleo unificador de los diversos aspectos de la espiritualidad de las FMA. Las modalidades de estudio y de coparticipación de contenidos y de experiencias pueden ser variadas y diversificadas según las personas y las situaciones. Con carácter orientativo se sugiere enmarcar el conocimiento del método educativo, tanto en el tiempo de don Bosco y de María Dominica como en la situación actual, dentro de sus múltiples retos, lo cual comporta el conocimiento del marco histórico en el que se sitúa la génesis y el desarrollo del sistema preventivo para poder comprender sus elementos fundamentales. Requiere releer, mediante categorías históricas y pedagógicas adecuadas, la experiencia educativa de los fundadores. Para ello es necesario conocer su poliédrica personalidad, su formación y su apertura a los estímulos de la experiencia y de la cultura y las líneas metodológicas de su opción educativo-preventiva. Para poder profundizar las coordenadas esenciales de este método es útil tener como criterio de referencia los elementos del proyecto educativo: el conocimiento de la realidad de las jóvenes y de los jóvenes en su contexto vital, el ideal al que tender para formar buenos cristianos y honrados ciudadanos, los objetivos y los contenidos prioritarios, partiendo de los elementos fundamentales de razón, religión y amor, el espíritu de familia, el clima de alegría, la presencia educativa basada en la idoneidad y en la madurez humana y cristiana, la calidad del ambiente, la corresponsabilidad y la participación de la familia y de las instituciones educativas, y la necesaria revisión a todos los niveles. En especial es necesario profundizar en la contribución de la mujer a la interpretación del sistema preventivo y a su concreta realización con recursos típicamente femeninos. En la práctica educativa del Instituto de las FMA hay, en efecto, sensibilidades específicas, como la atención por establecer relaciones de reciprocidad en la complementariedad de las funciones y de los agentes educativos; el afán porque las niñas y las mujeres jóvenes puedan acceder a la cultura y sean preparadas para elaborar cultura; el planteamiento de la vida comunitaria según un modelo circular; el cuidado del ambiente para garantizar el orden, la belleza y la armonía; la educación de la infancia de acuerdo con un proyecto educativo específico que implica a la familia y a las instituciones; la iniciación de la comunicación en red en relación con el territorio; la perspectiva educativa y promocional en la labor misionera; el primado del anuncio de la Palabra y de la catequesis; el carácter mariano que inspira a las educadoras la manera de relacionarse y de educar. El estudio del sistema preventivo deberá estar acompañado continuamente por la confrontación con los nuevos criterios antropológicos y pedagógicos y también deberá tener presentes las situaciones de pobreza y de marginación en las que se inserta nuestra


acción educativa en los diversos contextos, superando la simple transposición de métodos y de contenidos pensados para otros ambientes. La inculturación y la calidad de vida salesiana siguen siendo los criterios fundamentales para la práctica de nuestro estilo educativa, siempre abierto a nuevos desarrollos.


FUENTES UTILIZADAS EN LA REDACIÓN DEL PROYECTO FORMATIVO Texto bíblico: La Bibbia di Gerusalemme, testo approvato dalla CEI. Fuentes eclesiales Enchiridion Vaticanum. Documentos del Concilio Vaticano II. Testo ufficiale e traduzione italiana, Bologna EDB 1979. PAOLO VI, Il valore del nuovo centro di studi superiori nell’armonia dell’alta cultura ecclesiastica, in Insegnamenti IV, Città del Vaticano, Poliglotta Vaticana 1966, 526-533. -, Marialis Cultus. Esortazione apostolica sul culto della Beata Vergine Maria 1974. -, Evangelii Nuntiandi. Esortazione apostolica sull’impegno di annunciare il Vangelo 1975. GIOVANNI PAOLO II, Redemptor Hominis. Lettera enciclica 1979. -, Redemptoris Mater. Carta encíclica sobre la Bienaventurada Virgen María en la vida de la Iglesia . 1987. -, Christifideles Laici. Esortazione apostolica 1988. -, Sollicitudo Rei Socialis. Lettera enciclica nel XX anniversario della Populorum Progressio 1988. -, Iuvenum Patris. Lettera al Rettor Maggiore dei Salesiani nel centenario della morte di San Giovanni Bosco 1988. -, Mulieris Dignitatem. Lettera apostolica sulla dignità e vocazione della donna 1988. -, Redemptoris Missio. Lettera enciclica circa la permanente validità del mandato missionario 1991. -, Veritatis Splendor. Lettera enciclica circa alcune questioni fondamentali dell’insegnamento morale della Chiesa 1993. -, Evangelium Vitae. Lettera enciclica sul valore e l’inviolabilità della vita umana 1995. -, Vita consecrata. Exhortación Apostólica Postsinodal. 1996. -, Fides et Ratio. Lettera enciclica circa i rapporti tra fede e ragione 1998. -, Lettera agli anziani - 1° ottobre 1999. CONGREGAZIONE PER I RELIGIOSI E GLI ISTITUTI SECOLARI - CONGREGAZIONE PER I VESCOVI, Mutuae Relationes. I rapporti tra i Vescovi e i Religiosi nella Chiesa 1978. CONGREGAZIONE PER GLI ISTITUTI DI VITA CONSACRATA E LE SOCIETÀ DI VITA APOSTOLICA, Potissimum Institutioni. Direttive sulla formazione negli Istituti religiosi 1990. -, La vita fraterna in comunità: “Congregavit nos in unum Christi amor” 1994. -, La collaborazione inter-Istituti per la formazione. Istruzione 1999. PONTIFICIO CONSIGLIO PER I LAICI, La dignità dell’anziano e la sua missione nella Chiesa e nel mondo 1999. CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO. DEPARTAMENTO DE VOCACIONES Y MINISTERIOS, Pastoral vocacional en el Continente de la esperanza, Santafé de Bogotà 1994. PONTIFICIA OPERA PER LE VOCAZIONI ECCLESIASTICHE, “In verbo tuo...”. Nuove vocazioni per una nuova Europa. Documento finale del Congresso sulle vocazioni al sacerdozio e alla vita consacrata 1999.

Escritos de don Bosco BOSCO Giovanni, Memorie dell’Oratorio di San Francesco di Sales dal 1815 al 1855, Roma, LAS 1991. -, Il sistema peventivo nella educazione della gioventù 1877, in BRAIDO Pietro [ed.], Don Bosco educatore. Scritti e testimonianze, Roma, LAS 1997, 205-266. -, Circolare del 24 gennaio 1883, in Don Bosco educatore 300-333.


-,

Lettera da Roma, 10 maggio 1884, in Don Bosco educatore 344-390.

Escritos sobre don Bosco RUFFINO Domenico, Cronache dell’Oratorio di S. Francesco di Sales, in Archivio Salesiano Centrale, Quad. 5. Memorias Biograficas de don Bosco, Madrid, Editorial CCS, 1981-1989. CERIA Eugenio, Don Bosco con Dio, Torino, SEI 1930.

Cartas de María Dominica Mazzarello POSADA María Esther - COSTA Anna - CAVAGLIÀ Piera [ed.], La sabiduría de la vida. Cartas de María Dominica Mazzarello, Madrid, CCS 1995.

Fuentes sobre la identidad e misión de las FMA Regole o Costituzioni per le Figlie di Maria SS. Ausiliatrice aggregate alla Società Salesiana, Torino, Tip. Salesiana 1885. Cronistoria dell’Istituto delle Figlie di Maria Ausiliatrice. A cura di Suor Giselda Capetti, Roma, Istituto FMA 1974-1977, 5 vol. Costituciones y Reglamentos, Barcelona-Sarriá, Escuela Gráfica Salesiana, 1983. Piano per la formazione della FMA, Roma, Istituto FMA 1985. Orientamenti e norme per la formazione iniziale della FMA. Allegato al Piano di formazione, Roma, Istituto FMA 1985. Progetto di pastorale giovanile unitaria, Roma, Istituto FMA 1985. Linee di riflessione per l’impostazione del periodo della Professione temporanea, Roma, Istituto FMA 1992. Discernere e accompagnare. Orientamenti e criteri di discernimento vocazionale. Accettazione nell’Istituto e ammissione alle varie fasi formative, Roma, Istituto FMA 1995. Carta di comunione nella Famiglia Salesiana di Don Bosco, Roma, Dicastero per la Famiglia Salesiana della Congregazione SDB 1995. Spiritualità giovanile salesiana. Un dono dello Spirito alla Famiglia Salesiana per la vita e la speranza di tutti. A cura dei Dicasteri per la Pastorale Giovanile FMA - SDB, Roma, Tipografia SGS 1996. Rituale della Professione religiosa, Roma, Istituto FMA 1996. “A te le affido” di generazione in generazione. Atti del Capitolo Generale XX delle Figlie di Maria Ausiliatrice, Roma, Istituto FMA 1997. Programmazione Sessennio 1997-2002, Roma Istituto FMA 1997. Per un cammino di collaborazione. Comunicazione del Rettor Maggiore e della Madre Generale ai Salesiani e alle Figlie di Maria Ausiliatrice, 24-7-1998, allegato alla circolare della Madre generale n. 803 (1998). Circolari della Superiora generale, madre Antonia Colombo, alle FMA (1996-2000).

DOCUMENTOS

SOBRE LA FORMACIÓN ELABORADOS POR EL INSTITUTO

(1894 - 1995)

Regolamento per le Case del Noviziato, in Deliberazioni dei Capitoli Generali delle Figlie di Maria Ausiliatrice tenuti in Niza Monferrato nel 1884, 1886 e 1892, Torino, Tip. Salesiana 1894, 124126.


Regolamento per le Case del Noviziato, in Manuale delle Figlie di Maria Ausiliatrice fondate l’anno 1872 dal Venerabile Giovanni Bosco, Torino, Tip. Salesiana 1908, 133-145. Regolamento per le Case di Formazione e di Noviziato, in Manuale-Regolamenti delle Figlie di Maria Ausiliatrice fondate l’anno 1872 dal Beato Giovanni Bosco, Niza Monferrato, Istituto FMA 1929, 209-222. Regolamenti vari in esperimento, Torino, Scuola tip. privata FMA 1947. Organico. Piano di studi professionali. Formazione del personale. Formazione alunne. Edizione completa per Case di Formazione, Torino, Istituto FMA 1953. Regolamento per le Case di Formazione, in Aggiunta al Manuale-Regolamenti delle Figlie di Maria Ausiliatrice, Torino, Scuola tip. privata FMA 1957, 5-58. Programmi vari in esperimento per le Case di Formazione proposti al Capitolo Generale XIV, Torino, Istituto FMA 1964. Ordinamento per la formazione religiosa-apostolica delle FMA, Torino, Istituto FMA 1969, 4 vol. Regolamento per le Case di Formazione (in esperimento), Torino, Istituto FMA 1970. Piano di formazione della Figlia di Maria Ausiliatrice, Roma, Istituto FMA 1975. Piano per la formazione della FMA, Roma, Istituto FMA 1985. Orientamenti e norme per la formazione iniziale della FMA. Allegato al Piano di formazione, Roma, Istituto FMA 1985. Discernere e accompagnare. Orientamenti e criteri di discernimento vocazionale. Accettazione nell’Istituto e ammissione alle varie fasi formative, Roma, Istituto FMA 1995.


Indice

PRESENTACIÓN SIGLAS Y ABBREVIATURAS INTRODUCCIÓN Historia del Proyecto Formativo Frente a los retos culturales Líneas de fondo del Proyecto

PRIMERA PARTE - LA FORMACIÓN DE LA FMA El dinamismo profético del carisma EN LA IGLESIA PARA LOS JÓVENES En el seguimiento de Jesús por un nuevo humanismo

Como comunidad con el estilo del sistema preventivo Con María, la Auxiliadora

EXIGENCIAS DE LA FORMACIÓN Nuevas necesidades formativas Opciones prioritarias Estrategias formativas

NUESTRO MODEO FORMATIVO

En las comunidades Frente a frente con las mediaciones En la Iglesia en diálogo con la cultura En el corazón del tiempo En las diversas experiencias Un camino siempre inacabado

SEGUNDA PARTE - ETAPAS DE VIDA Y DE CRECIMIENTO VOCACIONAL FORMACIÓN PERMANENTE

Una prioridad indispensable En lo concreto de cada comunidad En las diversas estaciones de la vida


Primera edad adulta Aspectos característicos Tareas de desarrollo Propuestas formativas Edad media adulta Aspectos característicos Tareas de desarrollo Propuestas formativas Tercera edad Aspectos característicos Tareas de desarrollo Propuestas formativas

DIMENSIÓN VOCACIONAL DE LA MISIÓN EDUCATIVA Acogiendo un mandato Un reto a la educación Etapas educativas Acompañamiento educativo Propuestas formativas Propuesta vocacional específica

FORMACIÓN INICIAL La experiencia vocacional Relaciones que han de valorarse Período di prueba y de orientación Experiencias fundamentales Tareas de desarrollo Acompañamiento formativo Postulantado Experiencias fundamentales Tareas de desarrollo Acompañamiento formativo Noviciado

Experiencias fundamentales 70

Tareas de desarrollo Acompañamiento formativo

Juniorado Experiencias fundamentales Tareas de desarrollo Acompañamiento formativo

Tercera parte - LA COORDINACIÓN PARA LA COMUNIÓN


UNA OPCIÓN POR LA COMUNIÓN En la sociedad y en la Iglesia y en el Instituto ayer y hoy

EL PORQUÉ DE UN ESTILO Unificación personal Mentalidad proyectiva Estrategia relacional Agilidad organizativa Animación en la corresponsabilidad

LA REALIZACIÓN Niveles de coordinación En el Consejo general En las conferencias interispectoriales En la comunidad inspectorial En la comunidad local

Momentos clave de la coordinación Sistema de comunicación

CONCLUSIÓN

Apéndice ORIENTACIONES PARA LA FORMACIÓN CULTURAL DE LAS FMA Perspectiva de fondo Líneas orientativas para la programación de los estudios Orientaciones para la formación permanente Áreas de materias y núcleos de contenido para la formación inicial área teológica área histórica área de las sciencias de la educación

Propuesta de un itinerario para el conocimiento vital del carisma

FUENTES UTILIZADAS EN LA REDACCIÓN DEL PROYECTO FORMATIVO III

I-



Proyecto Formativo de las FMA - En los surcos de la Alianza