Ahora son los perredistas los que quieren meterle mano al botín educativo del estado, para financiarse sus propios proyectos políticos y enriquecerse como sus colegas del SNTE, que han andado del tingo al tango, del PRI al PAN y a Nueva Alianza, haciendo trizas el erario y la educación. Lo más indecente de todo es que defienden su causa como una lucha contra la corrupción de la mafia sindical de Elba Esther, de la que han venido cobrando plazas y prestaciones sin trabajar. Y hay quienes no se conforman: además de las cuotas, las comisiones y los demás beneficios que quieren sustraer de los gobiernos por la vía del arrebato magisterial, quieren dividendos del erario por la vía del poder municipal; quieren que Bacalar sea municipio y ellos quieren ser los dueños de ese ayuntamiento.