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La peña de melvin / melvin Peña

Cartas de amor en los negocios

Escribir cartas es un arte. Siempre lo ha sido. En el amor y en los negocios. Lo sabía el pretendiente bello, pero vacío, que se aprovechaba del talento y la fealdad de Cyrano de Bergerac, para que este, en nombre de aquel, le escribiera cartas a la dama que ambos cortejaban. También lo sabía el cartero de Neruda, en su exilio italiano, que conquistó a la amada usando los poemas del chileno como si fueran propios, arguyendo que la poesía no es de nadie sino de quien la necesita.

ESTILO|S 5 de Febrero de 2010

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Sobre el arte de escribir cartas en los

“POR QUÉ CANTÁIS LA ROSA, ¡OH POETAS! HACEDLA FLORECER EN EL POEMA”. Vicente Huidobro

negocios, Santiago Rodríguez nos entrega un texto conceptuoso, práctico y divertido: “Creatividad en Marketing Directo”, para lograr atrapar la atención del lector desde el principio hasta el final y para moverlo a actuar. Sus consejos son válidos para todo lo que signifique comunicar, sobre todo por escrito: hacer una presentación, un anuncio, un artículo o una estrategia de comunicación. Santiago propone numerosas rutas y trucos para escribir cartas de negocios con sensibilidad. Que emocionen. Que creen estados de ánimo, logren que la gente quiera hacer las cosas y responda a la mayor brevedad. Uno de sus consejos principales es que importan las imágenes, no las palabras, en lo que coincide con el famoso lingüista y estudioso de la comunicación política George Lakoff, autor de “No pienses en un elefante”

(seguro que ya pensó en uno, ¡a que sí!). La imagen es la que surte efecto. La que produce estados de ánimo. Por lo tanto, es la imagen la que debemos elegir, no las palabras. El padre de Santiago murió cuando tenía 14 años. El médico le dijo que había muerto por un “glioma astrocitoma fibrilar”. Durante muchos años, Santiago no supo a quién odiar hasta que se enteró de que se trataba de un “tumor en el cerebro del tamaño de un huevo de gallina”. Un buen comunicador es un inventor de imágenes, no de frases. Primero, debe elegir el estado de ánimo que quiere producir. Después, las imágenes mentales que desembocan en ese estado de ánimo. Finalmente, las palabras que puedan construir esa imagen mental. Jesucristo, el gran comunicador, utilizaba esta técnica. “Entrará un camello por el ojo de una aguja antes de que un

rico entre en el reino de los cielos”, decía. Ser pobre, bajo esta perspectiva, era prometedor. Si hubiera advertido: “Es realmente difícil que las personas hacendadas salven su alma”, podría haber inducido a más de uno a intentarlo, a pesar de todo. Una vez un empresario negociaba la compra de la marca Marlboro: –Cuatrocientos millones de dólares, – contestaron los dueños de Philip Morris. –¿Y qué les parece si sólo me venden el derecho de uso de la imagen de un vaquero, sobre un caballo, para ofrecer nuestra marca de tabaco? –En ese caso, el precio sería de ochocientos millones de dólares.

y mpena@estilos-dl.com www.comunicacionesintegradas.com

Estilos246  

05 de febrero del 2011

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05 de febrero del 2011