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El presente certificado acredita que en el Registro de Propiedad Intelectual de Safe Creative consta la inscripción de autoría y derechos de la obra y/o prestación titulada "Quebró sus alas de Cristal- Esther Van Castle" a nombre de Esther del Rosario García Torres realizada el 18 de septiembre de 2011 a las 0:17 UTC En este registro se conserva una copia de dicha obra y/o prestación, a efectos de dejar constancia como prueba y obtener su correspondiente certificación, siendo accesible al titular de este certificado en la dirección: http://www.safecreative.org/work/1109180084110. La misma dirección ofrece también la información de los derechos morales y patrimoniales de la obra y/o prestación. Y para que así conste, a instancias del titular se expide el presente certificado el 18 de septiembre de 2011 a las 0:19 UTC.

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“El dolor es para la humanidad un tirano más terrible que la misma muerte” Albert Schweitzer


El presente relato, fue realizado para concursar en el blog Club Fantasy de Athena Rodríguez con la temática relaciones destructivas.

Las relaciones destructivas son todas aquellas que dañan tanto física como psicológicamente a una persona, la hacen dependiente a su agresor, se culpa así mismo por la violencia que ejercen en él.

Hay diferentes tipos, unos más graves que otros. Se da en la familia, la pareja, la escuela, en la calle$

A veces culpamos al destino por lo que nos sucede, el personaje que aparece en esta historia tiene todo el derecho a hacerlo. No tuvo una vida muy buena.

Es un reflejo de lo que puede suceder en la realidad, por enfermedades o trastornos mentales, por ingerir sustancias que alteren el cuerpo.

Les dejo esta historia para que reflexionen, todo esto se puede evitar. Estando sano y feliz.

Este es mi primer relato planeado y estoy muy orgullosa de haberlo terminado. Supuso un enorme reto para mí, que rindió frutos. Logré ganar el primer lugar del concurso.

Y eso me ha impulsado a seguir escribiendo. Espero disfruten del relato.


Quebró sus alas de cristal

Adicciones: todos se escandalizan al escuchar esto, muy pocas personas hacen algo al respecto. Es más fácil sacarle la vuelta al problema que solucionarlo.

Parece más razonable huir, aunque no sea lo mejor$

—Todos estamos acompañados en la soledad, pero todos siempre estamos solos —escuché tu voz.

Vi mi mano, -la cual sostenía todo mi peso- junto al espejo, aún quedaba sangre en la comisura de mi labio y varios moretones empezaban a hacerse visibles en mi rostro, tu rostro.

Ahí estabas como siempre; desde que puedo recordar. Compartimos los mismos ojos de mirada vacía, labios temblorosos y agrietados, una nariz afilada, pómulos lánguidos, piel pálida, cabellos largos y enmarañados.

Una imagen bastante demacrada para alguien de 27 años.

Volvía a escuchar esos gritos que parecían provenientes de todos lados y se intensificaban.

— ¡No más! ¡Por favor!

Salí del baño, corrí y entre lágrimas terminé hecho un ovillo en medio de la mullida cama.

Vista borrosa, convulsiones, sonidos sordos, la habitación parecía dar vueltas. 5


Esther Van Castle

No entendía que sucedía, tenía calor y era necesario vomitar.

Como pude me levanté a trompicones, tenía la garganta seca y lo que vi me dejó sin aliento

—Mami— dije en un susurro.

Estaba en uno de los sillones blancos llena de sangre y él, que no era mi papá la seguía golpeando.

— ¡Lárgate de aquí mocoso!— de una bofetada me lanzó hacia la alfombra donde había botellas regadas, cigarros blancos, además de unas pastillas de colores, como la que me dio horas antes.

Me quedé inmóvil por unos minutos, hasta que tomó de los cabellos a mi mamá y la empujó cerca de donde yo había caído. Ahí la pateó muchas veces.

— ¡No!— grité. Cerré los ojos fuertemente. Algo escurría entre mis puños apretados. Su cuerpo estaba sobre mí.

-¿Qué hiciste? ¡Lo mataste! ¡Me voy a quedar sola!— gritaba como loca, mientras se tocaba el vientre.

Los vecinos llamaron a la policía y estos a su vez a una ambulancia. Gente entraba y salía.

Una muchacha me cobijó con una manta y me hacía preguntas. No podía hablar tenía miedo. Frío y luego todo se volvió negro.

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Quebró sus alas de cristal

Desperté, la luz era demasiado intensa. Conocía ese lugar, me atraparon otra vez. Me di cuenta que me observaban y ellos lo sabían.

No quería estar encerrado, jamás lo necesité. ¿Porque no me dejaban morir?

Después de 5 días en el hospital, mi mamá reaccionó. Por fin la podía ver de nuevo, quería estar con ella otra vez; deseaba ser feliz como lo era cuando vivía mi papá.

Pensé que todo sería como antes cuando dijo que me llevaría a conocer un lugar que iba a gustarme, pero no fue así.

Me dejó en las puertas del infierno.

¿Por qué tuvo que dejarme? Yo también necesitaba una familia y a ella no le importó.

No recuerdo mucho de mi vida, sé que he pasado por cosas difíciles y que he hecho otras tantas por las cuales no debería estar aquí.

No sé cómo, pero así soy. Innumerables veces ha corrido sangre por mis manos y no solo es la mía.

Me he hecho adicto al dolor, a las pastillas, a los golpes, a la sangre a intentar desaparecer.

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Esther Van Castle

Ya nada duele lo suficiente el sopor entumece mi cuerpo y ya no deseo despertar.

Ahí estabas de nuevo junto a mí, no entiendo cómo puedes permanecer a mi lado, si no tengo salvación. Estoy hundido en la obscuridad.

—Sabes que me tienes a mí— y este es el precio. —dijiste.

—Lo sé, ¿por qué no me has abandonado también?

Miles de imágenes se revolvían ante mis ojos, en todas estabas; antes de que la pesadilla comenzará.

Por eso siempre estabas conmigo y la mayoría de las veces me decías que hacer.

Me diste valor y odio. Quería herir a todos y desquitarme por el sufrimiento que el mundo me dio.

Sólo tenía a ti.

Dos personas se encontraban observando al muchacho a través del cristal.

—Doctor, ¿cómo está? Estoy preocupada por él. — preguntó una mujer casi llorando.

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Quebró sus alas de cristal

—Empeora cada vez más rápido. Mejora algunos días pero regresa a su comportamiento agresivo.

El doctor se acercó a la mesa y tomó el expediente, al mismo tiempo que le indicaba a su acompañante que tomara asiento.

—Dice que no está solo, que una chica esta con él y que los dejemos tranquilos. Se pone histérico cada que le llevan sus medicamentos y quiere golpear a los encargados.

—Si me hubiera dado cuenta de lo que estaba pasando en mi propia casa, mis hijos no hubieran pasado por esto.

—Confío en que lo habría evitado señora, no es su culpa.

El aire fresco tocaba mi rostro, estaba sentado en las piernas de mamá, tocaba su barriga; mi hermanita estaba ahí.

La ventana de su recamara y esa silla mecedora eran mi lugar favorito en el mundo.

—Eres un pequeño regalo que el cielo me dio— te amo mi pequeño eres un ángel.

Desperté más agitado que de costumbre, hacía mucho tiempo que no soñaba con mi madre. Ahora más que nunca sentía que necesitaba verla.

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Esther Van Castle

Pero al recordar que me había abandonado la ira regresaba, y me dominaba rápidamente.

Dos doctores y la joven mujer estaban en la sala de un consultorio.

—Estoy lista para contarle lo que sucedió... —Le temblaban las manos mientras recordaba— le reitero, todo es mi culpa.

— ¿Por qué dice eso? —dijo la doctora a quien acababan de entregar el expediente— Aquí dice que la adicción de su hijo es culpa del padre.

—En parte, pero dígame ¿Qué madre no hace hasta lo imposible por cuidar a sus hijos? Yo no lo hice, y he pasado 20 años de mi vida arrastrando la culpa y sufriendo porque no puedo hacer nada por mi hijo.

El ambiente era tenso, y el nerviosismo se notaba; revisaban papeles, tenían la esperanza de hacer algo por el chico internado.

—Todo pasó cuando mi niño tenía 5 años —suspiró— en ese entonces tuvimos problemas económicos y mi esposo perdió el trabajo. Así que me tuve que hacer cargo de los gastos.

—Continúe por favor, es necesario que nos de toda la información posible; quizá todavía estemos a tiempo de hacer algo por él. —comentó el doctor mientras le entregaba la caja de pañuelos desechables.

—Gracias— volvió a suspirar —Después de los primeros 5 meses noté que algo raro sucedía con mi pequeño, estaba más callado de lo normal y cada que no le daba lo que pedía se comportaba de manera agresiva. 10


Quebró sus alas de cristal

Me llamaban mucho del jardín de niños, me decían que era muy conflictivo y siempre me preguntaban qué pasaba con él.

— ¿Ya estaba embarazada entonces? ¿El niño no se sentía desplazado?—cuestionó el médico.

—No, él estaba feliz por tener una hermanita. Se emocionó muchísimo cuando le di la noticia. Al principio pensé que se comportaba así porque casi no me veía, yo era ama de casa así que fue un cambio muy drástico.

—Debió afectarle mucho, ya que usted estuvo siempre con él. — afirmó la doctora.

—Pero después no se daba cuenta de lo que pasaba, fue cuando me di cuenta que estaba drogado.

— ¿Dice que el padre era el que lo drogaba?

—Sí, comenzó dándole mis pastillas; he tenido depresiones muy fuertes por lo que siempre tengo medicamento.

—Eso explica los cambios de humor tan cambiantes que tiene.

—No lo quería cuidar, así que prefería tenerlo dormido en un rincón. Me preocupé cuando vi que tomaba demasiado y ni siquiera hacia el intento por buscar un empleo además de que tenía la casa tirada la mayoría del tiempo.

—Ahora cuéntenos, sobre ese día por el que su hijo se pone tan mal, ¿Qué sucedió?— interrumpió el hombre.

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Esther Van Castle

—Ese día llegué temprano a casa ya que pedí permiso para ir al ginecólogo para checar el avance de mi embarazo, cuando abrí la puerta encontré un desastre en la sala; estaba todo tirado, había muchas botellas de licores, pastillas, incluso cigarros de marihuana.

—Lo vi sentado en el sillón individual, entonces le pregunté dónde estaba mi pequeño. Me respondió con una risa macabra, se levantó y me empujo al otro sillón. Dijo cosas que no podía entender, al ver que no le decía nada opto por golpearme.

—En ese momento apareció mi niño tambaleándose, de una bofetada lo mando al piso. No podía dejar que lo maltratara de esa manera, pero me impidió que me moviera y continuó golpeándome. Ahí fue cuando mi pequeño me defendió y atacó a su padre con esa navaja.

— ¿Por qué el joven dice que lo abandonó?

—Las autoridades después de revisar la situación en la que estábamos, me exigió hacerme unos exámenes, para el proceso de demanda y el divorcio me obligaron a dejarlo en una casa de asistencia social, no fue nada fácil; sentí que se me rompía el corazón al dejarlo ahí.— dijo limpiándose las lágrimas y hablando entrecortado.

— ¿No había algún familiar que pudiera hacerse cargo?—cuestionó la doctora.

—No, solo me tiene a mí. Y ya ven, ni siquiera lo pude cuidar bien.

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Quebró sus alas de cristal

Era un día nublado y frío, una mujer estaba arrodillada frente a una pequeña lápida, limpiaba el pequeño lugar y dejaba unas flores.

—Mi vida perdóname, no supe cuidar de ti— Mi pequeño angelito, por mi culpa quebraste tus alas; no pude enseñarte a volar.

—Sabes que hubiera dado mi vida por ti— Me duele tanto no haber evitado todo tu sufrimiento.

—Yo siempre estuve enferma y fue uno de los males que te heredé, por eso la mayoría del tiempo estabas triste. Lamento todo lo que tuviste que pasar y que tuvieras un final tan trágico. Pero ahora estas en el cielo y ahí ya nadie podrá dañarte.

La demacrada mujer abrazó la lápida y lloró desconsoladamente mientras se mojaba con la lluvia de otoño.

—Te amo mi niño— susurró temblando— ahora sí podré estar contigo.

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Si deseas leer más historias visita mi blog “Esther Van Castle y sus Historias Románticas” En

Esthervancastle.wordpress.com


Quebró sus alas de cristal