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salud Las medicinas del futuro son biológicas

En un paciente se pueden emplear varias opciones biotecnológicas juntas y también se pueden incluir remedios químicos convencionales

Además de atacar, también hay biotecnológicos que construyen. Los conocidos como agentes eritropoyéticos estimulan la producción de glóbulos rojos para tratar casos de anemia persistente o leucemia. En un paciente se pueden emplear varias opciones biotecnológicas juntas y también se pueden incluir remedios químicos convencionales; la opción terapéutica debe ajustarse a cada paciente.

Parecidos pero no iguales Un genérico de un remedio normal es una copia exacta del original y hace lo mismo. En cambio, los medicamentos biológicos no tienen genérico pues copiar una serie de células para que queden iguales a la original no es fácil. Pero sí se pueden desarrollar biosimilares que intentan emular los efectos terapéuticos del biomedicamento. Son como las imitaciones de carteras o perfumes: se parecen pero no son iguales. Los biosimilares son un poco más económicos porque ya otro laboratorio probó la idea original. Una terapia con biomedicamentos originales puede costar hasta 20 mil dólares mientras que con biosimilares el precio puede bajar a la mitad. Por eso abren la posibilidad de llegar a más personas con menos recursos económicos. “El tratamiento del linfoma con biosimilares ha sido un éxito en Chile. Al mismo tiempo, estos medicamentos han permitido el acceso a la salud a cientos de pacientes”, afirma el hemato-oncólogo Pablo Rodríguez, miembro de la Sociedad de Cancerología de Chile y Director Técnico de Oncomed, la red de oncología chilena.

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El galeno indicó que a su juicio existe la misma probabilidad de éxito terapéutico siempre que se demuestre la similitud del biosimilar.

Leyes protectoras En el mundo son pocos los países que tienen leyes que regulen la producción, el uso y la comercialización de estos fármacos. Estados Unidos es el único que posee una ley específica para esto, sin embargo en la Unión Europea, algunos países americanos como México, Canadá, Brasil, Panamá, Perú y Suriname, y naciones como Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda poseen políticas específicas para trabajar con estos productos. La Organización Mundial de la Salud emitió en 2010 el informe “Lineamientos para la evaluación de similares a productos bioterapéuticos”, en el que establece que todos se pueden emplear siempre que demuestren “similitud en calidad, seguridad y eficacia” respecto al original y advierte que no es posible intercambiar la prescripción de un medicamento a otro sin tomar en cuenta la condición específica del paciente y los efectos del producto. Es decir, mientras más parecido al original, mejor. Para demostrarlo deben pasar por el mismo proceso de estudios de laboratorio, experimentación en animales y personas que los biotecnológicos innovadores. “El ciudadano tiene pocas posibilidades de distinguir medicamentos falsos, porque no sabe cómo son y porque la falsificación es muy buena. Por eso lo mejor es la regulación de cada país, la instalación de leyes realmente punitivas”, señala Fermín Ruiz.

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