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Ensayos sobre la utopía Manuela Moreno Carvajal Estefanía Ortiz Echavarría Juan David Vargas Posada Dirigido por Juan Alberto Restrepo Sánchez Universidad Nacional de Colombia Facultad de Arquitectura Sede Medellín


Sin los utopistas del pasado, los hombres todavía vivirían en cavernas, desnudos y miserables. Fueron los utopistas los que delinearon la primera ciudad (…) Los sueños generosos producen realidades benéficas. La utopía es el principio de todo progreso y el ensayo de un mundo mejor. Anatole France


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A los utopistas

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Una motivación conjunta

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Introducción

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El proyecto como manifiesto Una nueva ciudad para un nuevo hombre [31] Laboratorio proyectual [39]

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Ensayos Del tiempo [81] De la función [95] De la geografía [109]

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Nota final

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Bibliografía


A los utopistas El utopista se enfrenta a los desafíos de su tiempo, a sus errores, sus vicisitudes y anhelos. No hay eventos que no lo inquieten, puesto que no es un ser inmutable, por el contrario es un ávido observador, un sorprendido o irritado espectador de lo que ocurre. Es desde ese sentir que echa mano de la utopía como su respuesta más natural y sincera frente a lo que la realidad le suscita o escuece. El utopista es un ser constitutivamente insatisfecho, lo que lo obliga diariamente a intervenir en los debates de su tiempo con el ánimo irrefrenable de hacer cambios en la realidad de los hombres. Al utopista no lo mueve solo su inconformidad, sino su consciente capacidad creadora, moldeadora y crítica del mundo, no solo ejerce su vocación constructora sino que sienta una opinión, su labor desacredita una y otra vez a lo real, que se encuentra siempre por debajo de sus sueños y sus aspiraciones, lo que es capaz solo de soportar gracias al auxilio de lo que no existe, de lo que no ve. El utopista no puede permanecer impasible a las vicisitudes de su época, no sale incólume de sus propias reflexiones y, en consecuencia, a la hora de proyectar no puede lavarse las manos, no tiene otra salida más que tomar una posición frente al mundo y responder a su vocación de imaginar y proyectar. La utopía no tiene tiempo, es un acto imperecedero y revolucionario, que debería tener cabida en los actos cotidianos de los hombres, es la forma en que los seres humanos acreditan que el mundo puede ser distinto. Esta capacidad para servir por sí misma al progreso de la existencia humana que poseen las utopías debe reivindicarse como principio. En los sencillos actos de soñar, experimentar y proyectar, el utopista simula apartarse de la realidad cuando en verdad se acerca a ella al exponer las infinitas posibilidades que en esta residen. Por ningún motivo deberían los hombres abandonar su capacidad de replantear y reinventar continuamente, de mantener la incredulidad y actitud alerta frente a su propia existencia. La utopía le permite al hombre entenderse en relación con el mundo, conocer su naturaleza, su origen y su devenir, es al final de todo, un infinito acto de libertad.

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Una motivación conjunta Este libro es una recopilación de escritos que giran en torno al tema de la utopía y la ciudad contemporánea, el cual desarrollamos en nuestro último año de Arquitectura en la Universidad Nacional de Colombia. Conversaciones que tuvimos a lo largo de la carrera se encuentran plasmadas aquí en forma de manifiestos, proyectos y ensayos, producto de reflexiones e inconformidades que nos fueron dejando los años académicos. Consideramos este trabajo como una experimentación, no pretendemos sentar ninguna conclusión, sino abrir un diálogo sobre otras formas de acercarse a la ciudad, a la arquitectura y al hombre. Abordar la utopía fue nuestra forma de encontrar nuevos métodos de proyectación y de ponerlos en valor.

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introducciรณn


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Este libro comienza con una ciudad que era, simbólicamente, un mundo, y concluye con un mundo que se ha vuelto, en muchos aspectos prácticos, una ciudad. Lewis Mumford Pensar la ciudad se ha convertido en una acción pragmática sobre un entorno tan versátil. El urbanismo sigue mirando las urbes de la misma manera sintomática que lo hacía hace unos 50 años, y no ha permitido introducir una nueva perspectiva que trascienda los estamentos largamente establecidos en el pensamiento y en la práctica crítica. Las nuevas formas de urbanización, han desembocado en un entendimiento que se aleja de la esencia de la ciudad, generando así una ciudad seccionada y llena de problemas. Analizando estas dinámicas a través de la historia, dan cuenta de una contundente relegación de los individuos en la que se hace evidente una apuesta incapaz de resolver la complejidad que esta trae implícita. La sociedad ha sufrido grandes transformaciones en las últimas décadas, generando nuevos entendimientos del hombre y la cultura; los avances tecnológicos han alterado la forma como nos relacionamos con el territorio y han traído consigo términos como ‘ciudad global’, ‘ciudad nodal’, ‘ciudad genérica’, ‘ciudad informacional’, en un esfuerzo por comprender cuál es el nuevo contexto que estamos habitando. Dichos cambios han generado opiniones polarizadas, unos a favor de que la cultura y el territorio respondan a unas complejas relaciones globales, mientras que otros sostienen la importancia de defender y preservar el arraigo cultural. Sin la necesidad de empatizar con alguna de estas opiniones, está claro que dichas preguntas deberán convertirse en una oportunidad que permita explorar cómo el ser humano habitará esta nueva circunstancia. Estamos en un tiempo en el que es imperativo no referirnos solo cuando hablamos de la expansión de la ciudad a los límites físicos y espaciales de esta, sino también a los límites virtuales, las nuevas fronteras y conexiones que están creando las comunicaciones y las nuevas tecnologías. ¿Acaso se ha llegado a un punto ruptura? ¿Es hora de replantear la urbe como se conoce?

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E.W. Soja en su libro ‘Thirdspace’ reinterpreta el concepto de la triada espacial de Lefebvre y el de la Heterotopía de Foucault con su propio concepto de la trialéctica espacial en el que este espacio propuesto es tanto real como imaginario. En su trabajo este planteamiento es otra forma de entender los lugares y las complejas relaciones que se están gestando entre el hombre, la historia y la tecnología, transformando la conciencia que se tiene sobre este y diluyendo los bordes físicos donde sucede la vida humana.

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el espacio donde están todos los lugares, capaces de ser vistos desde todos los ángulos cada uno de ellos destacándose claramente; pero también un objeto secreto y adivinado, lleno de ilusiones y alusiones, un espacio que es común a todos nosotros pero imposible de ser visto y comprendido completamente(…) Todo se junta en Thirdspace: subjetividad y la objetividad, lo abstracto y lo concreto, lo real y lo imaginado, lo conocible y lo inimaginable, lo repetitivo y lo diferencial, la estructura y la agencia, la mente y el cuerpo, la conciencia y la inconciencia, la disciplina y el transdisciplinario, la vida cotidiana y la historia sin fin (Vásquez, 2007, p. 188).1 Es un espacio que cuestiona la vida del hombre contemporáneo frente a su forma de relacionarse con el nuevo mundo, las nuevas geografías e infraestructuras. Es una creación mental más compleja que trata de darle respuesta a eventos contemporáneos que no son capaces de abordar las ciudades tradicionales. Permitirse pensar en una ciudad que está por fuera de los espacios convencionales, que se instala en un entorno físico más complejo, y considera una espacialidad y un contexto ajeno al de nuestra corporalidad es la apuesta de este trabajo. El espacio urbano deja de ser un territorio para convertirse en un lenguaje, con una estructura compleja que demanda revisar constantemente las diferentes formas en que se le estudia y 1 Vásquez, M. (2007). El compromiso con la memoria. J. F. Colmeiro. (Ed.). Tamesis, Woodbridge. 2007.


se le proyecta, abriéndose a infinitas posibilidades que logran abarcar todas las intricadas relaciones humanas. Acercarse a esta estructura exige replantear la metodología que se enmarca entre la dialéctica tradicional, por su carácter rígido e ignorante de las cualidades contemporáneas, para poder introducir nuevas formas de análisis y compresión. Este trabajo se aparta de los métodos y las concepciones modernas sobre la construcción de la ciudad, poniendo en evidencia las grandes distancias ideológicas que existen desde las posturas manifestadas en la Carta de Atenas2 y desde el inexistente entendimiento de la sociedad. El fin de esta investigación es encontrar una herramienta que sea trasgresora a todos los principios preestablecidos, en la que sea imperativo cuestionar para crear, y que se enmarca dentro de una nueva coyuntura urbana y pretende hacer uso de nuevas propuestas proyectuales que amplíen el estudio de la ciudad y ayude a los urbanistas a entender mejor algunos fenómenos de la urbe futura, además de manifestar un método de aproximación que permita una lectura diferente a dichos eventos; pues es importante comprender que a nuevas dinámicas, es necesario nuevos métodos. Los laboratorios proyectuales aquí desarrollados se enmarcan en las ideas manifestadas por los principales exponentes de la Arquitectura Radical, una corriente arquitectónica que tuvo su auge en Europa en los años sesenta y setenta. Este movimiento puso énfasis en el estudio de las necesidades de los individuos por sobre cualquier otra consideración, incluso el diseño: volvía a poner el papel de la arquitectura en función del hombre. Es bajo el pensamiento radical, consignado en las palabras de Andrea Branzi, fundador de Archizoom Associati, que se le da un desarrollo y una mirada a los eventos urbanos desde ese campo que apela continuamente a nuevas miradas y exploraciones: La Arquitectura Radical invierte el procedimiento del urbanismo y la arquitectura tradicional: asume la utopía como dato inicial de trabajo y la desarrolla de modo realista. (Branzi, 2002) 2 La zonificación es la operación que se realiza sobre un plano urbano con el fin de asignar a cada función y a cada individuo su lugar adecuado. Carta de Atenas, Art. 15.

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Pensar la ciudad contemporánea implica entender los nuevos términos que la definen y las nuevas lógicas que funcionan en ella, esta crea relaciones más complejas entre sus habitantes y entornos, los cuales generan mezclas indiscriminadas y aceleradas en todo el territorio. La utopía se presenta como un lugar sin restricciones que permite proponer y reinventar, y aquí se pretende mostrar como un método de proyectación absolutamente vigente, el cual tiene sus orígenes en los primeros hombres y ha evolucionado continuamente en respuesta a los diferentes momentos que ha atravesado la sociedad, no sólo adaptándose, sino también haciendo frente y conduciendo estas transformaciones.

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Dichas propuestas se encuentran implantadas más que en un espacio físico particular, en la ciudad contemporánea como concepto, la cual se encuentra aún en construcción, y desarrollan eventos que permiten confrontar términos que han sido la base de la proyectación urbana y generar así inesperadas imbricaciones entre estos. Heterotopía, Virtualidad y Movimiento continuo, algunas de las herramientas de la contemporaneidad, enfrentadas a Geografía, Historia y Función, que en muchas ocasiones son los aspectos estructurantes de una ciudad. La Heterotopía, entendida como un espacio heterogéneo de lugares y relaciones3, que pueden ser físicos o virtuales; la Virtualidad, como la singularidad de nuestro siglo, la cual ha generado grandes cambios en las dinámicas urbanas, activando y desactivando continuamente los lugares con mayor potencial de la ciudad como menciona Bart Lootsma en ‘El Nuevo Paisaje’; y finalmente, el Movimiento continuo, haciendo referencia a la velocidad de la sociedad y el hombre contemporáneo, la cual ha alterado la fluidez y rapidez de la vida urbana, pero no ha sido reflejada en la arquitectura o el urbanismo. La definición de las categorías de Geografía, Tiempo y Función, surge durante los laboratorios proyectuales, los cuales manifestaban desde su concepción un nuevo entendimiento de la situación de la ciudad, que permitiera recomponer la estructura sobre la cual se estaban generando las operaciones 3 autres’.

Término estudiado por Michael Foucault (1967) en ‘Des espaces


más significativas. Aspectos que han sido estructurantes desde las primeras ciudades requieren ser reevaluados cuando los contextos han ido evolucionando a tan alta velocidad. Por razones estratégicas de ubicación, seguridad, recursos naturales, la geografía se convertía en un factor decisivo a la hora de creación o fundación de una nueva ciudad, pero esta visión simplista e impositora sobre un territorio tan diverso propuso brechas inseparables entre el espacio urbano y el rural. Así mismo sucedió por cientos de años con las funciones o las actividades que se engendraban en el espacio urbano, fueron relegadas a un segundo plano por aspectos de primer orden, como eran la forma de la ciudad o su estética. Por su parte, los elementos históricos que se han ido consolidando con los años dentro de las urbes se han quedado sin respaldo y se han convertido en objetos obsoletos incapaces de reintegrarse a la vida y las necesidades actuales de sus habitantes, además con la crisis de identidad de las ‘ciudades genéricas’4 es necesario conjugar los términos de historia y tiempo bajo nuevas reglas y acepciones. Esta investigación propone una metodología enmarcada en el concepto de la utopía, y desarrolla proyectos que exploren desde esta perspectiva incoherencias encontradas en el funcionamiento de los espacios urbanos, generando un manifiesto sobre la ciudad contemporánea, sus relaciones, sus habitantes, sus necesidades y los medios que utiliza, para finalmente, ahondar de manera expositiva las críticas y posturas expresadas desde la proyectualidad, haciendo uso de tres ensayos que engloban los términos antes definidos.

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Término acuñado por Rem Koolhaas en 1997.

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Actuaciรณn en la ciudad tradicional sobre la cota cero

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Multiplicaciรณn de la cota cero y de las actividades programรกticas


Multiplicación

de superficies actividad

de

Entropización sobre la ciudad existente

Nuevo método La ciudad del futuro no partirá de la nada, se adaptará a su predecesora. Esta ciudad siempre lee y reconoce los esfuerzos energéticos previos, así, opera sobre estos a través de la rehabitación, la sustitución o la adición, de manera sincrónica dentro de diferentes capas funcionales y creando relaciones múltiples en la concreción de una ciudad más cohesiva.

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lĂ­nea de tiempo


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manifiesto


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Una nueva ciudad para un nuevo hombre La ciudad ha vivido una constante negaciรณn e indiferencia con la naturaleza, manifestรกndose siempre como un objeto aislado en el territorio, promoviendo rupturas entre sistemas urbanos y ecosistemas naturales.

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El presente manifiesto, no busca mínimamente llegar a su concreción, y mucho menos pretende ser dogmático, solo plantea una alternativa, tal vez utópica pero posible, a las reglas de estructuración, los métodos y dispositivos inherentes a la ciudad y por extensión a la forma de habitar actual, en donde otro hombre, consiente de su responsabilidad como parte de un conjunto mayor, podría convivir en armonía con este conjunto y con la naturaleza, así como con las nuevas tecnologías y nuevos procesos como la globalización.


Entendamos entonces que, sobre la urbe actúan agentes previos y permanentes. La geografía, que plantea retos frente a la forma del asentamiento, la historia, que proporciona excepcionalidades de cada lugar, y, una estructura funcional más o menos transformable pero nunca suprimible que hoy encarna los problemas de expansión, segregación, congestión y predación, atávicos a lo urbano; todos éstos, actúan, moldean y determinan siempre de manera directa las decisiones proyectuales sobre la ciudad, haciendo necesaria una lectura cruzada y continua de estos tópicos.

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Una hibridación completa entre las esferas urbana y rural, propiciará un mayor entendimiento de la dimensión geográfica. Una urbanización donde la agricultura, el cultivo de animales y otros procesos industriales se ponen permanentemente en evidencia, en simultaneo con el esparcimiento o la vivienda, construirá una conciencia colectiva de sostenibilidad y respeto hacia el medio ambiente, así como promoverá que la ciudad en altura dé cuenta de los procesos y actividades propios de cada una de las altitudes que le constituyan, es decir, una territorialización de la ciudad. A estas decisiones que ponen al hombre en contacto con la naturaleza, deberán sumarse la construcción de bordes urbanos, ciudades periféricas a reservas naturales, afianzando la relación hombre-tierra, mientras se contiene, admira, protege.


La ciudad del futuro no deberá construirse desde la nada. Se adaptará a su predecesora, posterior a una aprehensión histórica del lugar. Mediante el uso de contenidos virtuales en espacios construidos o adaptados, se suprimirán las nociones de forma y función, es decir, de espacio y tiempo, resultando a la vez en una pérdida parcial de la escala. Allí, la ciudad podrá preservar o recrear su historia, a la vez que rescata sus cualidades singulares, otorgándole complejidad y especificidad intermitente a la agenda urbana. Así mismo, la ciudad deberá siempre, leer y reconocer los esfuerzos energéticos previos para operar sobre estos a través de la re-habitación, la sustitución o la adición, de manera sincrónica dentro de diferentes capas funcionales y creando relaciones múltiples, en la búsqueda de una ciudad más cohesiva.

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La estructura funcional de la ciudad deberá atender a la exigente demanda de movilidad dentro y entre las diferentes capas espaciales y funcionales que le conforman, a la vez que resuelve nuevas velocidades de ejecución en una urbanización inagotablemente activa, donde las nociones de día y noche desaparecen, o por lo menos, no están estrictamente ligadas a ningún tipo de actividad, respetando la voluntad de los usuarios.


Finalmente, la ciudad se convierte en una pieza arquitectรณnica, deja de ser un conjunto de elementos superpuestos sobre un plano e impone nuevas relaciones espaciales entre ellos. La construcciรณn irรณnica de piezas en altura que dependen de un solo plano programรกtico (cota cero) desaparece, y la ciudad se constituye como un laboratorio de infinitas posibilidades.

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laboratorio proyectual


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01 Territorialización

La ciudad de capas físicas superpuestas, no considera solo la geofrafía sobre la que se asienta, es ella misma una nueva geografía. Cada una de sus capas, niveles programáticos, son traducidos a estratos topográficos con variables de clima, y así, de necesidades, actividades, relaciones, modos de vida.


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02 Urbano-Rural

La relación urbano-rural debe explotar. Una máxima hibridación entre ambas esferas espaciales, en una urbanización donde agricultura, ganadería e industria, co-existen con esparcimiento, vivienda o transporte, propone un desarrollo consecuente con el territorio, en tanto contacta al hombre con estos viejos procesos.


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Urbano rural

Espacios de preservaciรณn


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Espacios de contemplaciรณn

Urbanizaciรณn de elementos naturales


Imbricaciรณn de actividades urbanas y rurales en el territorio.


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El hombre debe cuidar la naturaleza. La construcción de bordes urbanos , ciudades periféricas a reservas naturales, articuladas por frágiles estructuras aéreas, afianza y promueve nuevas relaciones hombre-tierra que concientizan de su frágil existencia mientras se contiene, admira y protege.


Expansiรณn de la ciudad hasta las grandes esferas naturales, entendida desde una nueva relaciรณn entre la tierra y el hombre.


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03 Bandas

La adiciĂłn de una nueva estructura de la ciudad, conformada por bandas transportadoras que se yuxtaponen a la cota cero, provocan una ruptura en la escala y permiten la lectura de una Ăşnica pieza cada vez mĂĄs cohesiva.


Conecta dos edificios

Atraviesa un edificio

Banda vertical

Se adosa a un edificio

Con otros ejes de movilidad

De alta velocidad

Conecta espacios públicos en altura

Cómo espacios públicos en altura


Bandas de movilidad que articulan los nuevos pisos pĂşblicos de la ciudad.


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04 Contenedor-Contenido

Una serie de contenedores dentro del sistema urbano, supresores o virtualizadores de la realidad, recrea uno o múltiples espacios, sincrónica o sucesivamente, rompiendo la escala de la ciudad, en tanto de manera virtual se está en uno u otro lugar sin desplazamiento alguno, según el libre albedrío de quienes habitan, provocando así, una distensión del espacio-tiempo.


Globo aeroestĂĄico

Concierto

Campo de golf

Playa

Safari

Pista de esquĂ­

Desierto

Superficie lunar


Recreaciรณn virtual de la superficie lunar en uno de los contenedores dentro de la ciudad.


Recreaciรณn virtual de una playa en uno de los contenedores dentro de la ciudad.


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05 Temporalidades

Se replantea el valor que tienen los eventos histรณricos dentro de la ciudad. La virtualidad brinda la posisblidad de recrear diferentes escenarios y eventualidades, permitiendo que estos sucesos hagan parte de la agenda urbana que le da vida a la ciudad, y generando conciencia sobre los procesos por los que ha pasado esta.


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Recreación virtual de la antigua Technotitlán, hoy en día Ciudad de México.


Recreación virtual de la antigua Pompeya, que quedó sepultada por una erupción del volcán del Vesubio en el año 79 d.C.


Ciudad moderna 74

Ciudad actual

06 Entropía

La ciudad desmiente la separación programática y a través de la yuxtaposición de necesidades, actividades y usuarios, promueve todo tipo de relaciones inusuales, caóticas, impredecibles, incómodas, pero finalmente, naturales.


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Ciudad propuesta

Trabajo

Vivienda

Ocio

Espacios verdes


EntropizaciĂłn de la ciudad a travĂŠs de nuevas superficies que se adhieren a ella.


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“Si ha de haber un ‘nuevo urbanismo’, no estará basado en las fantasías gemelas del orden y la omnipotencia, sino que serpa la puesta en escena de la incertidumbre; ya no se ocupará de la disposición de objetos más o menos permanentes, sino de la irrigación de territorios con posibilidades; ya no pretenderá lograr unas configuraciones estables, sino crear campos habilitantes que alberguen procesos que se resistan a cristalizar en una forma definitiva; ya no tendrá que ver con la definición meticulosa, con la imposición de límites, sino con nociones expansivas que nieguen las fronteras, no con separar e identificar entidades, sino con descubrir híbridos innombrables; ya no estará obsesionado con la ciudad, sino con la manipulación de la infraestructura para lograr interminables intensificaciones y diversificaciones, atajos y redistribuciones: la reinvención del espacio psicológico.” Rem Koolhaas.


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del tiempo


La ciudad contemporánea posee muchos estratos. Forma aquello que podríamos denominar un palimpsesto, un paisaje amalgamado conformado por diversas formas edificadas que con el paso del tiempo se superponen unas con otras (…) En los últimos doscientos años, las capas parecen haberse acumulado en mayor medida y más rápidamente.1 David Harvey Como metáfora, la ciudad no se puede crear o destruir, solo transformarse, y este proceso de transformación es un proceso histórico que la hace más auténtica. El paisaje ha mutado: geografía, arquitectura, borde, forma, contextos, todas las capas que conforman la ciudad han cambiado en el tiempo, creando un territorio complejo y consistente, plagado de huellas y signos; de símbolos y significantes: la ciudad se ha vuelto el espacio de la memoria. Como dice Ferdinand Lion (1935): “Quien camina por una ciudad se siente como en un tejido onírico donde a un suceso de hoy también se le junta uno del más remoto pasado.”2 ¿Pero, qué hacer entonces con todas estas manifestaciones impresas en la ciudad? La modernidad, al parecer, sintió una gran comodidad en comenzar ciudades desde cero, aprovecharse de ciudades destruidas3, o hacer uso de grandes terrenos ausentes de memoria. No obstante, ciudades que logran conservar en su casco urbano centenares de monumentos, son incapaces de entenderlos y articularlos a las experiencias contemporáneas, convirtiéndolos en meras figuras retóricas, elementos 1 Harvey, D. (1988). Lugares urbanos en la aldea global. Citado en Soja, E. W. (2008). Postmetrópolis. Estudios críticos sobre las ciudades y las regiones. Madrid: Traficantes de sueños. 2 Uno de los pasajes recogidos en Benjamin, W. (2005). Libro de los pasajes (Vol. 3). Madrid: Ediciones Akal. 3 Eduardo Subirat argumenta la destrucción como crisis y fracaso de la modernidad en los ámbitos del arte y la arquitectura en Subirat, E. (1988). Los malos días pasarán. Astrágalo: revista cuatrimestral iberoamericana, (8), 27-33.

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confusos, irracionales y sin contenido. Toda esta sanidad y perfección que se aluden las ciudades modernas, habían encontrado apoyo cientos de años antes en los manifiestos y estudios de los colonizadores y nuevos urbanizadores de América. En el Discurso del método, Descartes intenta exponer una visión moderna del mundo, basado en los principios de renovación y progreso. La ciudad que se ha ido creando en el tiempo se presenta como una estructura informe y escabrosa, siendo no solo imposible de habitar sino carente de toda proporción y gusto estético, creando distancias evidentes de las urbes bien planeadas, en terrenos extendidos y sanos, sin ninguna cicatriz o remiendo, sobre el cuál se podría trazar tranquilamente un plan geométrico que contuviera una ciudad proyectada bajo las constituciones de un prudente legislador.

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Así vemos —plantea Descartes— que los edificios, que un solo arquitecto ha comenzado y rematado, suelen ser más hermosos y mejor ordenados que aquellos otros, que varios han tratado de componer y arreglar, utilizando antiguos muros, construidos para otros fines. Esas viejas ciudades, que no fueron al principio sino aldeas, y que, con el transcurso del tiempo han llegado a ser grandes urbes, están, por lo común, muy mal trazadas y acompasadas, si las comparamos con esas otras plazas regulares que un ingeniero diseña, según su fantasía, en una llanura(…).4 El siglo XX fue el escenario de las destrucciones y las reconstrucciones. La reedificación de las enormes ciudades que habían sido devastadas o aniquiladas por la guerra y la oportunidad de erigir nuevos edificios sobre los viejos monumentos que yacían en ruinas, era una tarea que por su afán y racionalidad, no permitía romanticismos. Las ciudades modernas surgen de complejas situaciones políticas y económicas, en las que prima la urgencia por fabricar una nueva realidad, que permita olvidar a los hombres el dolor de tan atroces acontecimientos. 4 Descartes, R. (1637) Discurso del método. referenciado en León, F. (1988). La parábola de la ciudad destruida. Renacimiento, tradición y modernidad. Astrágalo: revista cuatrimestral iberoamericana, (8), 9-26.


Sin embargo, la guerra y la destrucción, hacen parte de la memoria de las ciudades. Para Pigafettate, las estructuras urbanas son elementos capaces de narrar la historia, en ellas podemos encontrar la esencia formativa y el proceso sintético de la ciudad. La primera contiene procesos de estructuración, configuración y composición; mientras que la segunda contiene procesos de transformación y destrucción. Todos estos eventos históricos que han tomado lugar en el espacio de la ciudad se encuentran consignados en sus calles y sus edificios. En contrapunto, el pensamiento cartesiano, que se hace evidente en las palabras de Descartes, exige la disminución de la complejidad de dichos procesos temporales, y crea una supresión de la realidad. Las ciudades que han podido vivir la mezcla de eventos han creado lugares más heterogéneos y complejos, siendo éste el lugar de la ciudad contemporánea, la cual se ha despojado de las severidades y de los escrúpulos para dar campo abierto a la experimentación y la incertidumbre. Es un terreno malsano, en el que se encuentra el porvenir de la historia y la memoria, siendo la única capaz de crear imbricaciones, recomposiciones y juegos con los elementos históricos, suprimidos por la modernidad, y con los que la ciudad antigua ha creado tanta distancia, por el excesivo valor y respeto que ha puesto sobre ellos. Las barreras del tiempo que el hombre ha inventado, se diluyen en los terrenos de la contemporaneidad. Este espacio blando, que es ciertamente más indócil, no habita sólo el presente, se convierte en el escenario donde un conjunto de temporalidades son puestas a dialogar, abriendo infinitas posibilidades a lo imprevisible. En la ciudad contemporánea no existen los límites temporales ni espaciales. Este texto explorará un entendimiento semántico y epistemológico de los términos utopía, virtualidad y espacio, poniéndolos en evidencia como los articuladores incesantes de la construcción de la ciudad. Al enfrentarlos con los desarrollos tecnológicos y con las formas actuales de entender y habitar la ciudad, los límites de interpretación e intervención sobre esta, se expanden, generando un método propositivo y experimental; dejarán de ser simples herramientas proyectuales para convertirse en los elementos constitutivos de formación y conocimiento en la ciudad contemporánea.

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Sin los utopistas del pasado, los hombres todavía vivirían en cavernas, desnudos y miserables. Fueron los utopistas los que delinearon la primera ciudad Anatole France5 Para Lerup (1994) repensar la metrópolis significa, ante todo, cambiar de punto de vista y encontrar un vocabulario nuevo. La descripción de la ciudad como un lugar carente de límites espaciales y temporales parece acercarse más al campo de la utopía, pero pensar la ciudad en términos utópicos no implica negar la realidad, por el contrario, es un espacio para entenderla y modificarla. El hombre ha hecho uso de esta herramienta en contextos y sucesos específicos, casi como una reacción natural a la vida, suponiendo en ella expectación y proyección, otorgándole el poder de incidir en su futuro y su progreso. En este sentido, todos somos utópicos. 86

La variación etimológica de la palabra utopía le ha conferido diferentes significados, con el prefijo eu: “buen” y tópos: “lugar” denota como un “buen lugar”, pero, con el prefijo ou: “no”, hace referencia a un “lugar que no existe”. Sin importar el significado que deseemos aceptar como verdadero, la utopía le ha permitido al hombre diferentes aproximaciones y reconocimientos de la realidad, y ha generado estrechos vínculos con sus ilusiones, deseos y devenires, siendo, en muchas ocasiones, irreductible a una finalidad, por tener más preferencias por comprender el mundo que por cambiarlo. Para Lewis Mumford (2013): tendemos a confrontar la utopía con el mundo, cuando, de hecho, son las utopías las que nos hacen el mundo tolerable: las ciudades y mansiones con las que sueña la gente son aquellas que finalmente habita. Cuanto más reacciona el hombre ante el ambiente y lo reconfigura conforme a un patrón humano, más claramente demuestra que sigue viviendo en la utopía. (p.23) 5 Frase citada en Mumford, L. (2013). Historia de las utopías. La Rioja: Pepitas de calabaza.


Es posible que no exista un período de tiempo en que la utopía haya con tanto ímpetu afectado la realidad de los hombres como lo hizo en la Edad Media. Este período en particular es interesante porque aunque muchos textos afirman que la producción de proyectos utópicos estuvo en pausa, por el contrario es el momento de su mayor clímax, una era en la que la ensoñación y las ideas que habitan en la mente de los hombres fueron capaces de transformar la realidad terrenal. Esta imagen utópica de un mundo mejor se contrapone al presente real y pone en acento la producción frente a la contemplación de lo eterno, enalteciendo la visión cristiana medieval por medio de obras artísticas y arquitectónicas. A esta época, le suceden históricamente otros tipos de utopía, develando que no hay sólo una forma de entender o clasificar el pensamiento utópico. Su versión renacentista o ilustrada, como la de Tomás Moro, refleja al hombre que comienza a adquirir un poder de decisión, se hace consciente de su capacidad creadora. La palabra utopía, en este contexto, engloba un concepto de perfección, es una idealización humanista. Con la aparición del Nuevo Mundo, se abren infinitas preguntas sobre cómo y quiénes deberían habitar estas nuevas tierras, se cuestiona si la manera en que está configurada la sociedad del momento es la correcta, y se manifiestan entonces los utopistas sociales, en rechazo a su época y en pro de la creación de nuevas formas de habitar, de nuevos sistemas. Más adelante, con el apogeo industrial, todas las fuerzas tecnológicas se unirán en un solo propósito: la conquista del hombre sobre la naturaleza. Pero, dentro de todas estas manifestaciones, casi siempre tan acordes con los conceptos del término, aparecen otros más interesados en descubrir lo que es la naturaleza humana. Charles Francois Fourier, parte de una crítica a la conformación de los círculos sociales, los cuales según él, perpetúan el sufrimiento humano, y castigan sensaciones naturales en los hombres. El verdadero triunfo de su utopía está basado en la reflexión, no necesariamente en el proyecto que pretende el cambio, sino en la crítica y la denuncia que genera del mundo. El éxito de la utopía es la idea, más no su ejecución. El Falansterio, proyecto en el que Fourier desarrolló las

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principales críticas, implica la experimentación desde el círculo más cercano del hombre, la familia, en el que plantea la creación de otras relaciones interpersonales, diferentes de las convencionales, que ponen sobre la mesa la pregunta si la manera en que nos relacionamos entre nosotros, es la manera natural de hacerlo, o es un modelo impuesto o adoptado para otros fines. Es una utopía que indaga en el hombre y en su naturaleza, la desnuda y la invierte, creando enlaces disímiles desde la convivencia; destruyendo los modelos impuestos y estimulando la modificación y creación de nuevos hábitos y lenguajes.

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El proyecto utópico es un acto revolucionario, que les permite a los hombres, de diferentes maneras, incidir en la construcción de la sociedad. La ciudad contemporánea no es un objeto terminado, y no pretende serlo, por el contrario, es un proyecto abierto que siempre está en formación. Es esos espacios que no buscan ser validados ni completados, que se interesan en crear, generar y experimentar, sin la necesidad de acertar. Por esto, el hombre y la ciudad contemporáneos necesitan de la utopía, como forma de encontrar ese vocabulario nuevo y cambiar de punto de vista.

Tiempo presente y tiempo pasado. Están ambos quizá presentes en el tiempo futuro, y el tiempo futuro contenido en el tiempo pasado.

T. S. Eliot6

Las realidades múltiples, los espacios flexibles, la expansión de la virtualidad, son herramientas que la ciudad adopta en orden de poder desdibujar los límites espaciales y temporales. La tecnología ha abierto caminos impensables a los hombres, ha modificado en la sociedad la forma de habitar y de relacionarse, pero la infraestructura física y los conservadores métodos urbanos que se siguen desarrollando sobre la ciudad no le permiten alcanzar el ritmo con el que se mueve el 6 Primeras líneas de “Burnt Norton”, el primer poema de Cuatro cuartetos, obra del poeta y dramaturgo anglo-estadounidense T.S. Eliot


mundo actual. Está rezagada, aún, a los términos modernos de hace sesenta años, o incluso, a siglos más lejanos. Una ciudad conservadora no da espacio a la incertidumbre, por el contrario, siempre busca la certeza. ¿Y, qué hay cierto en el mundo de hoy? Cuando Koolhaas (2006) califica la ciudad que habitamos como “genérica”, no habla solo de un conjunto de construcciones arquitectónicas que se van plagando en todas las ciudades del mundo, sino que habla de esta como el resultado de complejas dinámicas que se están llevando a cabo en nuestra sociedad. La ciudad genérica es el resultado de una sociedad genérica. Pero su texto, se queda en las aguas de lo profundamente nostálgico, y lo excesivamente crítico: Es un lugar de sensaciones tenues y distendidas, de contadísimas emociones, discreto y misterioso como un espacio iluminado por una lamparilla de noche. Comparada con la ciudad clásica, la Ciudad Genérica está sedada, y habitualmente se percibe desde una posición sedentaria. En vez de concentración – presencia simultánea–, en la Ciudad Genérica cada “momento” concreto se aleja de los demás para crear un trance de experiencias estéticas casi inapreciables. (p. 42-43) Koolhaas no logra vislumbrar las posibilidades que propone un espacio que por genérico carece de rigidez y se encuentra propenso a la interpretación. Puede que sean los espacios genéricos que ya han eliminado los estigmas y bordes, en los que comiencen a fluir los verdaderos eventos contemporáneos. Son estos espacios informes, cajas vacías y débiles, las únicas capaces de proponer la flexibilidad que el hombre contemporáneo necesita. Un espacio que puede acoger todas las identidades del mundo, convirtiéndose en el espacio global, convirtiéndose en el espacio virtual, siendo esta realidad virtual, a la cual denomina Serres (1995), como la singularidad de nuestro siglo: “las redes de comunicación hacen realidad los espacios virtuales que en otros tiempos estuvieron reservados a los sueños y a las representaciones”(p.??). La representación o la imagen que

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le otorgamos a la virtualidad, es el vínculo entre la razón y el subconsciente. Ya Platón había hablado de esto en su “Teoría de los dos Mundos”, todo lo que está delimitado en el Mundo de las Ideas es una connotación de lo virtual, su única representación en el Mundo Real, era por medio de texto o imagen —ambos en dos dimensiones—, pero con el tiempo se fueron desarrollando herramientas que le permitían a estas entidades virtuales afectar de manera real el espacio sensorial, llegando hasta el punto actual, donde se pueden diluir los límites de cada uno de estos mundos, creando un único espacio, infinito e impredecible.

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Siguiendo con este orden de ideas, la utopía platónica, —La Atlántida—, en cuanto existe en el mundo de las ideas, no tiene ningún tiempo ni ningún espacio, al igual que muchas de las utopías que a lo largo de la historia nunca tuvieron cabida más allá del mundo inteligible. ¿Qué pasa, entonces, con la ciudad contemporánea que habita un espacio de infinitas posibilidades y que ha eliminado los bordes espaciotemporales? ¿Se podrían pensar utopías y habitar sus representaciones en el mundo real? ¿Hace parte el mundo virtual del mundo real? Bernard Tschumi (1990) en “Questions of Space”, plantea el espacio como un elemento que se puede moldear, su entendimiento no puede estar limitado a las proporciones geométricas y formales, por el contrario, se presenta como un factor sustancial de los actos sociales, y como un producto de los mismos. Henri Lefebvre, algunos años antes, intentó dar explicación a la relación que existe entre la sociedad y los espacios que esta habita, estableciendo una dialéctica socio-espacial se producen afectaciones recíprocas entre ellas: el hombre da forma al espacio de acuerdo a sus necesidades, pero a su vez, el espacio toma acción directa en la construcción y el desarrollo de la sociedad. “Sin embargo, esto no es una reivindicación del determinismo espacial, pues las relaciones de espacio-tiempo-historia no operan en una sola dirección, no son deterministas, sino más bien interactivas” (Harmensen, 2013). Al poner la sociedad y el espacio en una misma ecuación generará una respuesta que varía si alguno de sus factores lo hace. Por lo que si se considera el hombre actual como un factor que ha creado distancias evidentes con el hombre de hace tan


solo unas décadas, se estaría suponiendo que el espacio se encuentra inmerso en este mismo proceso de expansión y entendimiento. En el evento de entender al hombre contemporáneo, es necesario crear una confrontación, tal como hizo Bernard Tschumi (1990) al postular una serie de preguntas que le permitieron entender y desglosar la amplitud de dicho concepto. 1.0

¿El espacio es una cosa material en la cual todas las cosas materiales están localizadas?7

1. 1

¿Si el espacio es una cosa material, tiene límites?8

1. 11

¿Si el espacio tiene límites, existe otro espacio fuera de esos límites?9

1. 12

¿Si el espacio no tiene límites, las cosas entonces se extienden infinitamente?10

3. 42

¿La clasificación explícita de los diversos significados, modos, y usos del espacio destruyen la experiencia de ese espacio?11

7 1.0 Is space a material thing in which all material things are to be located? 8 1.1 If space is a material thing, does it have boundaries? 9 1.11 If space has boundaries, is there another space outside those boundaries? 10 1.12 If space does not have boundaries, do things then extend infinitely? 11 3.42 Does the explicit classification of the various meanings, modes, and uses of space destroy the experience of that space?

91


3.5

¿En cualquier caso, el concepto de espacio nota y denota todos los espacios posibles, tanto real como virtual?12

4.0

¿Es el espacio producto del tiempo histórico? 13

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Así, con toda naturalidad, la virtualidad se inscribe en términos espaciales, incitando a los hombres a crear exploraciones que les permita hacerse una idea de las infinitas posibilidades. Los espacios virtuales no implican de por sí la creación de una plataforma descontextualizada e inconexa de la realidad, por el contrario, puede ser una herramienta capaz de proporcionar nuevos ambientes que complementen y amplíen los eventos que toman lugar en la ciudad, extendiendo las percepciones sensoriales a lugares que se encuentran fuera del alcance del hombre. La ciudad contemporánea no ignorará su pasado, por el contrario, este se convertirá en una fuente de creación. El hombre no tiene que relacionarse exclusivamente con el tiempo presente, los desarrollos tecnológicos han eliminado los bordes, permitiendo una aprehensión histórica de los lugares y la libertad de recorrer indiscriminadamente acontecimientos de infinitas temporalidades. El uso de la realidad virtual en espacios construidos o adaptados, suprimirá las nociones de forma y función, en una especie de contracción del espacio que absorbe su pasado y se instaura en un lugar atemporal, ingrávido, que le permite preservar o recrear su historia, a la vez que rescata sus cualidades singulares.

12 3.5 In any case, does the concept of space note and denote all posible spaces, both real and virtual? 13 4.0 is space the product of historical time?


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de la funciรณn


El fin de milenio ha sido un escenario fértil para la reflexión sobre la ciudad, su futuro y la sociedad que la habita, haciéndose necesario cuestionar y redefinir los cometidos de la arquitectura. Dicha tarea ha determinado que procesos y fenómenos como el capitalismo, la globalización o el desarrollo de avances tecnológicos —los mass media1 por citar un ejemplo—, hayan incidido profundamente en las formas de producción de ciudad debido a los comportamientos sociales actuales, siendo estos fenómenos significativos en parte porque, el capitalismo desnaturaliza la versión tradicional de la arquitectura al convertirla en objeto de su propio interés, la globalización rompe los bordes ya establecidos en la ciudad y los medios le permiten al hombre conocer más allá de sus límites tradicionales. Todos suceden en simultáneo y con relaciones de dependencia, consecuencia o sinergia. Tomando como punto de partida estas reflexiones, se puede comprender cómo se han puesto en tela de juicio los paradigmas bajo los que históricamente se ha construido lo urbano, al responder cada vez menos a las necesidades de intervención espacial y considerarse insuficientes para abordar la complejidad intrínseca de la ciudad contemporánea. Recientemente se ha hecho necesario un nuevo modelo de urbanización, significativamente diferente de aquél que diera forma a la expansión de las ciudades europeas después de la Segunda Guerra Mundial, apoyada siempre sobre alguna tabula rasa, física, política, social, cultural o económica (Adell, 1998, p.46). Justamente allí radica el problema, el cambio de paradigma es un proceso lento y esencialmente colectivo, y nada más realista que aceptar que la ciudad no ha dado ese paso. El escenario actual no responde a las dinámicas sociales que han comenzado a desarrollarse en el nuevo siglo, de hecho sigue respondiendo a las necesidades propias de los siglos pasados; el momento actual es un punto de transición en el que se gestan estrategias y operaciones radicalmente contemporáneas, donde el cambio es urgente. Un proceso de transición, principalmente de la ciudad, conlleva a la inestabilidad y a cierto rechazo por parte de los implicados, debido a que su validez ya establecida comienza a ser 1

Medios de comunicación en masa

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cuestionada. Esta resistencia al cambio se ve reflejada en la idea de ciudad como representación de una aspiración de belleza y totalidad, en la que se reivindica el diálogo con la tradición y donde se entiende la construcción de metrópoli de “una manera nostálgica que volvía su mirada hacía la tradición urbanística del siglo XIX” (García, 2004, p.142)2. El conflicto llega cuando esta nostálgica forma de concebir la ciudad se enfrenta con la realidad contemporánea, donde la que se propone, como una vuelta al pasado, no tiene nada que ver con la que está comenzando a surgir. Hoy en día, las operaciones dentro de la ciudad permiten que esta tenga la oportunidad de ser el modelo urbano representativo del cambio de siglo, con estrategias de actuación operativas acordes con la sensibilidad social, cultural e intelectual contemporánea. Lootsma (2000), en su “Nuevo Paisaje” expone este fenómeno a través de una nota al pie de Lars Lerup, que dice:

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Es irónico que al final de un siglo caracterizado por las más vertiginosas transformaciones urbanas de la historia de la humanidad, las lecturas académicas (al margen de escritores como Banham y Koolhaas) y los proyectos urbanos (especialmente en ciudades de postguerra como Houston) siguen obsesionados por el irrelevante e históricamente desfasado fantasma del centro de la ciudad europea. La hegemonía del peatón, la plaza, la calle y el bloque perimetral deben ser cuestionados no porque los valores que encarnan no sean ya válidos, sino porque están impregnados de una serie de malentendidos fundamentales acerca de la naturaleza de la civilización contemporánea y su apariencia, llevándonos a una comprensión falsa del todo. (…) Y sin embargo la Ciudad ha sido superada para siempre por la Metrópolis y todas sus aportaciones. (p.470)

2 Artículo editado en Solà-Morales, & Costa, X. (Eds.). (2004). Metrópolis: es, redes, paisajes. Barcelona: Gustavo Gili.


Esta postura demuestra la necesaria aparición de nuevas estructuras que soporten las dinámicas del hombre contemporáneo, que estén en constante adaptación y finalmente gesten los cambios de la ciudad, que ya no estará arraigada a la eterna dualidad entre función y forma, sino que concentrará su desarrollo en las diferentes actividades generadas a raíz de los fenómenos actuales —como los emergentes modos de vida, los modelos económicos y la globalización—, que respaldan la hegemonía de la función. Es, bajo esa premisa, que la ciudad contemporánea físicamente no existe, solo es real lo que sucede en ella. Teniendo en cuenta que la realidad no está necesariamente relacionada con lo material, y puede verse alterada por la percepción de los sentidos, los cuales alteran también la percepción de los espacios en la arquitectura, siendo estimulados a través de nuevas tecnologías. El presente escrito intentará exponer cómo premisas actuales de la ciudad responden a cuestiones de función y no de forma, para lo cual, será fundamental definir los conceptos de identidad y genericidad, que han sido, en cierta medida, determinantes físicos en la concepción de la arquitectura; y que hoy son conceptos en favor del funcionamiento y desarrollo de las eventualidades en la ciudad. Asimismo será fundamental definir el papel de la Grandeza, como estructura física que permite el libre desarrollo de los eventos urbanos. En concreto, la identidad será el aspecto móvil dentro de una estructura, probablemente genérica y estática. La ciudad actual ha sido testigo de la resistencia al cambio y con ello, la resistencia a ser escenario de una cultura contemporánea, resultando en su incomprensión, y además, en una estigmatización absurda que carece de razones objetivas. Definida como un organismo caracterizado por contraste, multiplicidad, heterogeneidad y entropía; la ciudad contemporánea se delimita como el orden del caos que se resiste a ser objeto de proyecto, en tanto su vocación se encuentra al margen de los designios de los profesionales de lo urbano: la de ser un magma difuso y evanescente (Adell, 1998, p.46). Por otro lado, Mirko Zardini (2004)3, apunta la 3 Artículo editado en Solà-Morales, I., & Costa, X. (Eds.). (2004). Metrópolis: es, redes, paisajes. Barcelona: Gustavo Gili.

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necesidad de pensar como Giancarlo de Carlo: que en la ciudad contemporánea no todo es desaprovechable; que es posible que en sus circunvoluciones existan importantes valores que hay que descubrir; que en cualquier caso vale la pena hacer algo más por entenderla –la ciudad contemporánea: sea conurbación, periferia o suburbio- sin prejuicios, con mente abierta, espíritu crítico y más conciencia histórica. (p.212)

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A juzgar por lo anterior, el entendimiento de la ciudad debe promover un cambio de pensamiento, los que habían sido considerados como sus elementos negativos, — heterogeneidad, variedad excesiva, desorden y falta de armonía—, constituyen ahora un recurso, una cualidad para la definición de un nuevo paisaje. En la actualidad, con cierta melancolía, se describe cómo cada una de las ciudades ha perdido su identidad, esa que las había caracterizado mediante sus transformaciones históricas, y en este contexto el desarrollo contemporáneo pareciera entenderse como su principal enemigo. Estos espacios sin carácter, se presentan como el escenario apropiado para entender los cambios que delimitan y moldean un nuevo tipo de sociedad, que ya no habita y permanece en el mismo lugar. La ciudad, ahora, no considera una única identidad, es el entorno donde todas pueden confluir, un marco con nuevas posibilidades como lo describe Charles Jencks (1978) a través de Guy Debord y su “Mapa Situacionista de París”: Toda gran metrópolis se experimenta como una serie de trozos o sectores semi-autóctonos, cada uno con su propia identidad y que son la base unitaria de la experiencia urbana, navegándose de un trozo a otro exactamente como se subdivide un discurso continuo en una serie de frases, cada una con un significado. (p.68) Para ejemplificar la reflexión de Jencks, cítese el


funcionamiento del “barrio chino”, el cual sin perder su carácter, ocupa el interior de entornos urbanos socialmente distintos, como Nueva York, Lima, San Francisco, La Habana, entre otras ciudades alrededor del mundo. Lootsma (2000) caracteriza al nuevo habitante de la futura ciudad europea como aquel que ya no está limitado a su entorno más inmediato, es un habitante del mundo que ya no necesitará ilusiones o sustitutos, sino definir su propia y exótica cultura (p.467), ¿puede considerarse esto como un precedente para el nacimiento de nuevas identidades? Es necesario replantear el concepto de identidad para hacer posible el nacimiento de algún nuevo tipo de sociedad, la cual crea nuevas relaciones y colectivos cada día. Al respecto, Adell (1998) expone la diversidad de tipologías espaciales que se pueden llegar a presentar en la ciudad contemporánea: Estas prácticas reclaman y ejercen derechos sobre una “urbanidad” cada vez más alternativa con respecto de las tipologías espaciales clásicas que la albergaron durante siglos, desde el ágora griego a los Campos Elíseos: las condiciones de posibilidad de la convivencia eclosionan en una mirada de nuevas alternativas que van desde los mega-centros comerciales, los parkings de hipermercado o simplemente un gran terreno vacío o un campo cercano a la casa suburbana de millones de commuters en Europa o en Norteamérica, hasta los espacios virtuales del Internet Relay Chat, los Newgroups u otros cyber-espacios telepolitanos. (p.53) Este comportamiento ha empezado a tener efectos y a exigir un nuevo tipo de espacio público, que responda a un habitante en constante movilidad, pues el espacio tradicional ha sido afectado por uno de los cambios más cruciales de la sociedad occidental, la desaparición de las masas, quienes habían habitado las calles. El nuevo espacio público va más allá del espacio vacío al que se estaba acostumbrado, siendo un sistema regido a través del funcionamiento de la ciudad y del movimiento de la sociedad, quien lo utiliza gracias a los sistemas de comunicación. Lootsma (2000) advierte la importancia de estos sistemas como una parte crucial del espacio público, su incidencia en la relación con la ciudad

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varía desde información y localización hasta la estimulación de actividades y situaciones. El carácter de lo público tiene ahora una connotación diferente, que no se condiciona por el límite, cada vez más difuso, entre el interior y el exterior, sino que empieza a percibir el impacto de las nuevas herramientas contemporáneas. El movimiento de los hombres a través del globo y su acceso a los sistemas de información, ha conllevado a que la sociedad y la ciudad se les denote como genéricas. La Ciudad Genérica es un fenómeno definido por Koolhaas (2006) como un conjunto de urbes contemporáneas que resultan de procesos que se preocupan cada vez menos por mantener un carácter que las diferencie. De hecho, dichos movimientos sociales, que consumen cada vez más historia, cada vez más identidad, son mucho más fuertes que la misma ciudad. Por lo tanto, los escenarios son genéricos al albergar sociedades globalizadas, totalmente comunicadas, donde se generalizan y actualizan constantemente sucesos cotidianos.

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En este marco, es probable que la forma de la ciudad sea genérica, sin embargo es más relevante considerar cómo las nuevas necesidades del hombre generan cambios en su concepción, donde los hechos urbanos están arraigados directamente a la función y las eventualidades están por encima de lo genérico. Anteriormente, en la construcción de la ciudad, la principal preocupación era resolver la forma de la arquitectura o la forma de lo urbano, ahora dichas preocupaciones son secundarias y el reto será intentar resolver la forma de apropiación de estas, sus eventualidades y así mismo todas sus temporalidades. ¿Qué papel pueden llegar a tener la identidad y la genericidad en la ciudad contemporánea —donde lo que prima es la función— si en realidad siempre han sido representadas a través de la forma de la arquitectura y la ciudad? Una de las consecuencias del reducido interés por resolver la forma de la ciudad y la que más interesa a este escrito, es la anulación del concepto de modelo, ése que había obsesionado tanto a los constructores de las ciudades tradicional y moderna, y en las que aquel modelo reflejaba su esencia a través del paisaje y la imagen que representaba. Esta anulación ya había sido predicha por Koolhaas (2011) en su “Grandeza, o el problema de la talla”, al afirmar que la


arquitectura será el primer sólido que se desvanece en el aire (p.28), apelando a la Grandeza como la esperanza y en definitiva, la cúspide de la arquitectura. Entendida como un organismo libre e indeterminado, el concepto encarna la única arquitectura que se las ingenia para afrontar lo imprevisible, la única estructura capaz de encarar las complicadísimas características de la ciudad contemporánea. Su precedente, la Megaestructura, tiene su génesis en los años 60, cuando los grupos radicales comenzaron a pensar en alternativas para la realidad de la ciudad moderna, o más bien para la concepción del urbanismo moderno; si se tiene en cuenta la brecha temporal que hay entre la Megaestructura y la Grandeza, y que se dieron en contextos totalmente diferentes, se pueden llegar a considerar como dos hechos consecuentes que comparten las mismas intenciones y deseos de la ciudad futura. La Megaestructura fue concebida para dar cabida a toda clase de actividades propiamente urbanas y para cubrir sólo una porción dentro de la urbe. Hoy en día, la ciudad se constituye como una Grandeza o un conjunto de ellas, “La Grandeza ya no necesita la ciudad: compite con la ciudad; representa la ciudad; se adelanta a la ciudad; o mejor aún, es la ciudad” (Koolhaas, 2011, p.33), su papel ahora es el de construir lo urbano, sin alejarse de los contextos existentes, entendiendo la realidad actual. La Grandeza, como una Megaestructura, es una construcción conjunta con la ciudad. Si se hace un poco de recuento histórico, hace 40 años, el británico Reyner Banham estudió las Megaestructuras4 como una alternativa de futuro para la ciudad, por lo que eran asociadas frecuentemente con la utopía. Banham tenía cierto conflicto con que estas dos fueran relacionadas, debido a que seguía entendiendo la utopía como Tomás Moro hace 500 años, en la que su único objetivo era proponer un orden social radical, nuevo y perfeccionado, y pocos de los proyectos de 4 Solo hasta este momento fue posible espacializar la fusión previa (siglo XIX) de las diferentes visiones de utopía; la ciudad ideal como un trazado geométrico, edificable con una de las formas perfectas de la tradición platónica, y la utopía, como la que suele estar obsesionada por el sistema social propuesto, pero no preocupada en exceso por la forma arquitectónica. (Banham, 2001, p.80)

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los megaestructuralistas de la década se sentían identificados seriamente con esta tarea. Una condición inherente de la Megaestructura es su anhelo por tener una alternativa a la realidad de la ciudad moderna, en la que “había sido, durante una década de frenética actividad, el concepto progresista dominante en la arquitectura y en el urbanismo” (Banham, 2001, p.10). Se hace evidente la relación entre la utopía y la Megaestructura, en tanto, ambas garantizaron y establecieron un precedente para lograr progreso. Esta última se convirtió en la representación de los proyectos utópicos de la Arquitectura Radical, estableciéndose como la imagen de la utopía. En el contexto actual, la construcción de ciudad debe generar una pauta de progreso con base en un pensamiento utópico contemporáneo, que permita trazar el camino hacia el futuro.

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Para tener un amplio entendimiento de la ciudad contemporánea, son necesarias nuevas lecturas que establezcan nuevos puntos de vista, y permitan generar conceptos renovados. Las nociones de Stim y Dross5 son un claro ejemplo de esto: puntos calientes y fríos dentro de la ciudad que responden a los flujos del hombre, quien a través de los medios de comunicación habita la nueva urbe. Los Stims, como estimulantes en la ciudad, no dependen de la forma de la arquitectura, solo necesitan un contenedor para ejercer su función, así, “la Metrópolis no es simplemente una cuestión de forma o una suma más de lo mismo. Es un estado mental, un estilo de vida, y una nueva forma de comunidad” (Lootsma, 2000, p. 469). La arquitectura ha dejado de simbolizar su contenido, ahora es un escenario que alberga infinitas actividades. La identidad, de la misma forma que otros conceptos, evoluciona y ahora no está arraigada a un lugar, sino a un tipo de sociedad, de esta manera también ha pasado a ser móvil, liberando a la arquitectura de tener que representar una tradición o algo para lo que estaba destinada. Es en este sentido, que la virtualidad entendida en términos tecnológicos, se presenta ahora como una herramienta que le garantiza a la arquitectura un escenario flexible. William J. Mitchell (2001), 5 Términos acuñados por Lars Lerup en Lerup, L. (1994). Stim & dross: rethinking the metropolis. [Stim & Dross: Repensando la Metrópolis.] Assemblage-Cambridge, 82-100.


en “E-topía”, estudia a profundidad las ventajas y desventajas que tendrá el uso de alta tecnología dentro del libre desarrollo de las actividades cotidianas en la ciudad, más que todo por que las transforma a tal punto de la desaparición de su versión tradicional, haciendo que se manifiesten nuevas formas de apropiarse de la arquitectura: simulaciones, juegos de golf virtuales, teletrabajos, solo por mencionar algunos; por lo tanto, el carácter virtual no hace que el acontecimiento deje de ser real, las barreras físicas, que antes eran un impedimento tan frecuente, no representan hoy un obstáculo. En su texto, Mitchell (2001), describe, de manera radical, cómo los sistemas electrónicos son los protagonistas del funcionamiento de la ciudad, aunque son herramientas necesarias se encuentran subordinadas a las actividades de la misma. Lo verdaderamente importante es comprender el escenario en el que suceden dichos eventos: la urbe del futuro, encuentra en la Grandeza, una estructura pertinente para el desarrollo de numerosas situaciones, es ella la única que puede sustentar un incremento de acontecimientos bastante heterogéneos en un mismo contenedor. Este nuevo espacio, le permite a la ciudad acoger, en un solo recinto, la expansión urbana y programática que viene sufriendo, no solo optimizando espacio sino creando más altos niveles de entropía, lo que podría antes definirse como una explosión en términos físicos y programáticos, pasaría a ser, en la Grandeza, una implosión. La ciudad se entiende ahora como un contenedor de actividades, se valida no por su forma, más por las relaciones que en ella residen. Esta caracterización de la ciudad, revela la hegemonía de la función por sobre la forma, y consecuente con esto, la influencia del movimiento del hombre dentro del desarrollo de su estructura funcional. Aldo Rossi (1982) hace una crítica a lo que denomina “funcionamiento ingenuo”: Creo que la explicación de los hechos urbanos mediante su función ha de ser rechazada (…), sostengo que esta explicación en vez de ser ilustrativa es regresiva porque impide estudiar las formas y conocer el mundo de la arquitectura según sus verdaderas leyes. (p.31) Teniendo en cuenta que Rossi seguía entendiendo la ciudad

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como la propia de los centros históricos que caracterizaron a los entornos urbanos europeos del siglo XIX, ha demostrado que sus puntos de vista no son adecuados para tratar la complejidad de la cultura contemporánea y no se ajustan a los movimientos sociales actuales que solicitan estructuras diferentes dentro la ciudad.

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La ciudad contemporánea, como un organismo que altera el concepto tradicional de lugar, que se somete a las necesidades del hombre actual y que debe permitir su libre albedrío, va en contra del pensamiento que expuso Rossi (1998) hace casi 40 años y que se resume en esta frase “siempre he afirmado que los lugares son más fuertes que las personas, el escenario más que el acontecimiento. Esa posibilidad de permanencia es lo único que hace al paisaje o a las cosas construidas superiores a las personas” (p.75-76), este pensamiento exalta a la ciudad por su “aptitud” de permanente. La cuestión ahora es que la concepción de la estructura urbana no es la de una entidad perfectamente perenne e impenetrable, imposible de destruir, es más bien una construcción frágil, en el sentido en que se puede apelar a su flexibilidad, y así garantizar una constante transformación y adaptación. Finalmente, esta definición de estructura funcional, revela, a manera de pensamiento utópico, un nuevo funcionamiento de la que podría considerarse la ciudad del futuro. Reafirma la relevancia de los eventos que suceden en ella, porque de hecho son estas eventualidades las que le dan vida y también a su nuevo habitante; son las que logran responder en su totalidad a las múltiples necesidades del hombre contemporáneo. Aunque queda en entredicho la necesidad de los arquitectos para construir ciudad, no sucede lo mismo con la Grandeza, convirtiéndose en un elemento fundamental para su construcción. Este ensayo reivindica el papel de los movimientos sociales y su influencia cada vez mayor en la arquitectura y en las dinámicas de la ciudad. La arquitectura está ahora más que nunca subordinada a la función. ¿Cuál será entonces la labor del arquitecto? Tendrá que alejarse cada vez más de preocupaciones simbólicas o estéticas y enfocar su mirada en las numerosas experiencias que puede ofrecerle al hombre, garantizando que la actividad en la ciudad no dependa de aspectos secundarios del contenedor, sin prescindir completamente de los aspectos físicos.


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de la geografĂ­a


El presente ensayo entiende que los problemas formales, sociales y funcionales manifiestos en la ciudad contemporánea, tales como la expansión, la segregación, la insostenibilidad o la desterritorialización1, por mencionar sólo algunos significativos, derivan fundamental e inevitablemente de la forma misma de producción de lo urbano, así como de la falta de teorías que comprendan tanto sus nuevas lógicas funcionales y estructurales, como las nuevas gramáticas que la constituyen. Partiendo de la necesidad de otra mirada de la ciudad, se propone mostrar cómo un acercamiento diferente al territorio natural, a la geografía física —por utópico que parezca— permitiría al hombre vivir, —convivir—, en armonía dentro del gran sistema vivo del que inmerge, la Tierra. Aun cuando la factibilidad práctica y de corto plazo no es uno de los condicionantes de este trabajo, y sus argumentos están siempre dirigidos al desarrollo de una posible nueva sociedad, tampoco se aprovechará esta característica para sugerir una tabula rasa2 social o cultural a la base epistemológica de la ciudad, que solo por ejemplificar, según Salvador Rueda (1997), ha sido conformada por “contacto, regulación, intercambio y comunicación”. Contrario a esto, se especula sobre un nuevo modelo de urbanización abierto, inacabado, en continua transformación, adaptable y perfectible, que, con la misma base ya expuesta, soporte y promueva los actuales y nuevos eventos o temporalidades que son en últimas el hecho urbano, la ciudad. Desde un marco geográfico físico se busca describir parcialmente un modelo de urbanización experimental, poco preciso y bastante sugerente, que de la misma manera que la utopía, haga llamados de atención y estimule nuevas reflexiones dirigidas en los lectores con el ánimo de originar la trasformación mental que deje entrever, cada vez con mayor claridad, un avance social, una evolución, incentivando procesos experimentales y proyectuales voluntarios. Para facilitar tanto la lectura como la escritura de este ensayo, la genérica propuesta antes expuesta, se diluirá en un discurso 1 “Fenómeno concomitante a la globalización” (Adell, 1998, p.46) 2 Expresión del latín para referirse a algo exento de cuestiones o asuntos previos.

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escalar que expondrá las lógicas del modelo de urbanización alcanzado por medio de una serie de laboratorios proyectuales, comenzando por la relación entre lo urbano y lo rural, pasando por la contraposición de los fenómenos de lo local y lo global, para finalmente llegar a una mundialización de la ciudad. Dialéctica urbano-rural.

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Ya desde hace 20 años, Germán Adell (1998) exponía la producción de nuevos paisajes que amenazaban las categorías tradicionales urbano-rural y aceptaba la anticipada muerte del campo y la ciudad como paradigmas puros e inmutables, generando así un problema epistemológico digno de atención por parte de arquitectos y urbanistas (p.45-46). Ahora bien, cuando Neil Brenner afirma más recientemente que “las geografías de la urbanización han explotado las fronteras de la ciudad, metrópolis, región y territorio: han asumido una escala planetaria”(p.54), no está sugiriendo consecutivamente una simultaneidad entre lo urbano y lo rural, no en los términos funcionales con los que ambas esferas son usualmente asociadas; sin condición alguna, para Brenner, el paisaje urbano es el paisaje humanizado, abarcando, por ejemplo, “aldeas situadas en regiones periféricas y zonas agroindustriales, corredores intercontinentales de transporte, (…), escenarios destinados a la extracción de recursos del subsuelo, orbitas de satélite y aun la propia biosfera”(p.89). Si retrocedemos un poco más en el tiempo en este breve recuento, la Carta de Atenas (1941), cuestionando el caos y la densidad de la ciudad de la época, impulsó después de los la década de los cuarenta una severa separación funcional de los entornos urbanos, abogando en este sentido por la permanencia de lo urbano aislado de lo rural. Cerca de 80 años después, los paradigmas funcionales de lo urbano y lo rural son todavía vigentes, y, aunque han mutado estableciendo nuevas maneras de relacionarse, continúan creciendo en la mayoría de los casos como eventos abiertamente excluyentes entre sí, ocupando cada uno su espacio sobre el territorio.


El espacio urbano, naturalmente en expansión, ha consumido rápidamente el suelo rural, obligando un desplazamiento del mismo. Como explica Salvador Rueda, las lógicas de este proceso han resultado desde siempre incoherentes en tanto la cantidad de suelo consumida por las grandes metrópolis no ha sido proporcional a la entropía en ellas generada. Las ciudades donde este fenómeno se ha hecho mayormente evidente, han sido, no por mera coincidencia, las construidas o re-construidas bajo los postulados del IV CIAM condensados en La Carta de Atenas. En consecuencia, la persistencia de estos dos eventos — lo urbano y lo rural— como hechos aislados, ha podido generar problemas igualmente graves a los de un deterioro epistemológico. Son evidentes, una segregación natural a gran escala de las zonas menormente urbanizadas, como pequeños pueblos o zonas para la extracción de recursos; y la gran indiferencia ante un suelo rural, que deviene en una ignorancia de sus capacidades y limitaciones, es decir, en una explotación desenfrenada del mismo. Pero, ¿a qué se debe esta falta de consciencia?, ¿qué estrategias pueden implementarse para construirla? La inmersión en una cultura global occidental, primordialmente superficial, hace difícil el reconocimiento y la valoración de aquello que no puede verse. Por este motivo ha sido imposible gestar una “consciencia ambiental” al interior de los entornos urbanos, completamente ajenos al territorio tradicionalmente rural, y por ende “ajenos” a los daños causados por los grandes procesos industriales de producción o extracción. En este sentido, se ha hecho necesario zurcir la ruptura presente entre ecosistemas urbanos y rurales, es decir las capas que conforman actualmente estas estructuras, deben empezar a coincidir en el territorio y muy probablemente, este tipo de decisiones, resulte en el retorno de algunos asuntos indeseables con los que ya ha lidiado antes la ciudad, como por ejemplo, los problemas de sanidad, tan reprochados por el Movimiento Moderno a las ciudades previas a la Segunda Guerra Mundial. Pero estos últimos parecen minúsculos, al sopesarlos con los problemas entonces resueltos, los cuales se hacen más abordables en la actualidad gracias a los desarrollos tecnológicos.

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Cabe anotar que los nuevos solapamientos de eventos propuestos, exigen la definición y teorización de nuevas relaciones y estructuras funcionales —de las cuales solo una, supeditada principalmente por el territorio, será próximamente objeto de este texto—, las cuales permitan por lo menos, que los habitantes —según lo deseen— sean activamente partícipes de todos los procesos que acarrea su estructura político-social históricamente edificada, incluyendo sobre todo los más dañinos, estimulando la consciencia al mismo tiempo que garantiza el derecho a la ciudad, el acceso por parte de todos. Lo local vs lo global.

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La globalización, entendida por Adell (1998) “como pérdida de anclaje y de identidad del espacio local-próximo en favor de un espacio global supuestamente homogéneo, indiferenciado y virtual” (p.46-47), se encuentra innegable, fuertemente vinculada a la desterritorialización, ese proceso todavía en marcha que ha admitido la aparición de unos nuevos y homogéneos paisajes, según Koolhaas (1997), genéricos y carentes de identidad. Pero si el principal intermediario y promotor de su desarrollo, una red global de telecomunicaciones, que como expuso Lootsma (2000), fue desde sus inicios utilizado por diferentes grupos sociales para llevar acabo procesos de adaptación mutua dentro de sus entornos, es decir, procesos originados en los mayores anhelos de dichos grupos, y por tanto distinguibles, muy locales, entonces ¿cómo es que son tan genéricos los ecosistemas urbanos contemporáneos? ¿en qué sentido lo son? Siempre se ha hablado de una dialéctica entre identidad e historia, y se ha demandado su evidencia física desde los que viven y construyen la ciudad. Dice Harvey (2008), “la ciudad es el escenario histórico de la destrucción creativa”, pero quizás la arquitectura y la ciudad, cada vez más veloces en sus procesos de creación-destrucción, no admitan más la exigencia de una narrativa de las transformaciones sociales. Ahora bien, no significa esto que dicha dialéctica necesite ser redefinida, basta con desligarse de su obligada evidencia física dentro del contexto urbano, evitando distracciones


superficiales sobre el fundamento problemático de la genericidad. La ciudad pudo haber llegado a estos niveles de homogeneidad en respuesta a una sociedad parcialmente afín, aunque también, Hillier ha propuesto, que las ciudades, a un profundo nivel estructural, parecen tener desde siempre algo de genéricas. El verdadero problema contemporáneo no radica en la forma, sino en la función, es allí donde preocupa la genericidad, pues aun cuando diéramos por hecho una homogeneización social o cultural, la ciudad continúa presentando condiciones individuales derivadas del tipo de suelo, el clima y diversas unidades geomorfológicas, que deberían repercutir heterogéneamente en su funcionamiento y los modos de vida. A pesar de lo anterior, la estandarización de las ciudades, podría ser a estas alturas, legitimada tan solo por su gran acogida, incluso en entornos urbanos con profundos desarrollos históricos como Londres o París. O peor aún, podría argumentarse que, incluso, uno de los textos más directos a la hora de denunciar este “reciente” fenómeno de los entornos urbanos, “La Ciudad Genérica”, contiene argumentos que indicasen contrariamente la presencia de particularidades dentro de los procesos mismos de gestación y desarrollo de las ciudades: Si linda con el agua, los símbolos inspirados en ella se reparten por todo su territorio. Si es un puerto, los barcos y las grúas aparecerán muy lejos tierra adentro (…) Si es Asiática, entonces delicadas (sensuales, inescrutables) mujeres aparecerán en elásticas poses, sugiriendo (religiosa y sexualmente) la sumisión en cualquier sitio. Si tiene montañas, cada folleto, menú, ticket, anuncio, insistirá en el monte, como si sólo una tautología sin costura fuera conveniente. (Koolhaas, 1997, p.65) ¿Acaso no hacen estos argumentos que una ciudad tenga identidad? Tal vez para algunos esto sea suficiente; pero un vistazo un poco más profundo, permitiría identificar allí únicamente pequeñas diferencias estéticas, claramente en su

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acepción más superficial. Así pues, resulta necesario que arquitectos, planificadores o pensadores utópicos, dirijan sus esfuerzos para aportar significativamente a retardar, mitigar y hasta revertir el proceso de homogeneización funcional que ha desatado la globalización, siempre apoyándose en las singularidades geográfico-físicas del territorio, e igualmente en las sociales y culturales que pudieran quedar aún. En consecuencia, una territorialización, debe comprender la ciudad de igual manera que la geografía, es decir, por estratos topográficos vinculados directamente con la altitud, definiendo, para cada uno de estos, los eventos o actividades propias según les corresponda. En todo caso, dicho tratamiento traería consigo nuevas y diversas relaciones, propias de cada asentamiento, contribuyendo en el afianzamiento y la construcción de su identidad. Una urbanización mundial. 116

Una vez comprendidas algunas lógicas funcionales y relacionales de lo urbano con el territorio, conscientes de los limites naturales, –sin entender necesaria o únicamente restricciones de tamaño impuestas por la geografía–, es indispensable iniciar la construcción de un modelo de urbanización que responda al problema de la expansión descontrolada que sufren actualmente las grandes urbes, entendiendo de entrada que este no es solo el resultado de unos modelos de urbanización inadecuados, desarrollados principalmente en Europa y Norteamérica después de la segunda guerra mundial, sino también consecuencia de fenómenos más ajenos a los planificadores. Uno de estos, y quizás el de mayor impacto es el crecimiento demográfico, que para efectos pragmáticos debe ser entendido como irreversible, por lo menos a corto plazo, exigiendo así estrategias que direccionen un equilibrio entre dicho crecimiento y la capacidad de producción de recursos del territorio natural. Ya Brenner sugirió la lectura de una ciudad planetaria que responde tanto a la estructura económica social y política del hombre, como a sus desarrollos tecnológicos, coincidiendo


con la exposición en el mismo sentido realizada por Mitchell en su libro “E-topia”. Ahora el deber de arquitectos y planificadores es, también como establece Mitchell (1999), “crear lugares inteligentes innovadores (…), y desarrollar los programas que activen dichos lugares y los hagan útiles”, así como “ampliar las definiciones de arquitectura y de urbanismo para incluir los lugares virtuales además de los físicos, los programas además del equipamiento, (…) y a los sistemas de transporte” (p.12-13). Por otro lado, DOGMA en su proyecto investigativo “Stop city”, se plantea inicialmente el ejercicio del límite de la ciudad, “una arquitectura que se libera de la imagen, del estilo, de la obligación a la extravagancia, de la invención inútil de nuevas formas. Stop City es la arquitectura liberada de sí misma; es la forma de la ciudad” (Aureli & Tattari, 2007)3. Como ejercicio teórico-proyectual, según ellos mismos, revierte acertadamente las tesis urbanas desarrolladas por Cerdà, Hilberseimer y Archizoom, que concibieron la ciudad sin forma e ilimitada. En los mismos entornos físicos y temporales sobre los que trabajaron estos últimos, la stop city pudo haber tenido una gran acogida, así como satisfactorios desenlaces, pero, a pesar de la pertinencia de su condición de arquitectura no figurativa, en la actualidad, con el gran desarrollo tecnológico, esta propuesta de delimitación física contundente no parece responder a las necesidades y mucho menos a los anhelos de la población de la nueva ciudad planetaria, una ciudad “unida por la red de la era electrónica digital” (Mitchell, 1999, p.7), desatendiéndose, nuevamente, al derecho a la ciudad del que habla Harvey (2008): La cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede estar divorciada de la que plantea qué tipo de lazos sociales, de relaciones con la naturaleza, de estilos de vida, de tecnologías y de valores estéticos deseamos. El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos: se trata del derecho a cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad. Por lo tanto, la urbanización planetaria debería ser finalmente 3 “an architecture that is freed from image, from style, from the obligation to extravagance, from the useless invention of new forms. Stop City is architecture freed from itself; it is the form of the city.”

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aceptada como un hecho en proceso e imparable con toda la re-estructuración conceptual que esto acarrea, exigiendo una revisión epistemológica continua. La cuestión que deben entonces enfrentar arquitectos y urbanistas es ¿cuál es la infraestructura socio-material adecuada para la manifestación urbana, en una Tierra completamente urbanizada?, ¿qué modelo podría precisar formalmente esta ciudad mundial, de manera consecuente a los anhelos del hombre que la habita? Como sugiere Mitchell (1999), ciudad y sociedad han estado desde siempre en una transformación constante, que sin duda, evidencia continuamente los compromisos de individuos concretos en un tiempo y lugar específico (p.153), entonces, quizás la mejor respuesta a los problemas ya explícitos de la urbanización se encuentra en las dinámicas sociales propias de esta, en su misma expresión.

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Según TAN, K. M. (2005), la ciudad nodal4 es uno de los modelos de urbanización más populares desde la década de los 70’s, primero en Asia, luego en Norteamérica y finalmente en Europa (p.173), y aunque en ningún momento Tan reconoce como adecuada esta construcción morfológica y social, una de sus condiciones, si podría ser de gran interés para una ciudad mundial; la existencia de la ciudad nodal como centro funcional del entorno urbano, necesita de la existencia de su contraparte, la que Tan llama un territorio local (p.173), un territorio poco funcional, que utilizado adecuadamente, dentro de una red mundial de ciudades nodales, una ciudad mundial policéntrica, podría significar un gran espacio para que la Tierra respire, al convertirse por su condición funcional, si no en un límite físico impuesto, si en uno natural sugerido. En consecuencia, se plantea que según múltiples fuerzas complejas que actúen sobre lo urbano, una ciudad nodal puede llegar a la obsolescencia, sufrir un proceso de abandono paulatino, en simultáneo con el nacimiento de una nueva ciudad nodal dentro del territorio local. Este fenómeno no es ajeno a la ciudad contemporánea, y ya ha sido descrito por Bart Lootsma (2000) en “El Nuevo Paisaje” como una de las repercusiones que trajo consigo el desarrollo de las telecomunicaciones. Lootsma en ningún momento legitima este comportamiento de la ciudad,— 4 Definida por Tan K. M. como la ciudad donde convergen lo local y lo global. Se caracteriza por ser un nodo de transporte.


debido a los grandes problemas que contrae actualmente el consumo indiscriminado de suelo—, dentro de un mundo completamente urbanizado; pero en una gran ciudad que es la misma geografía, la aparición y desaparición de las ciudades nodales, a través de la pauta de stims y dross5, sí puede ser pertinente en tanto permite a la naturaleza renovar completamente los recursos durante un largo periodo, hasta que la ciudad nodal, como resultado de las infinitas fuerzas urbanas, aparezca de nuevo sobre o dentro del mismo territorio. Entiéndase que en este caso, la legitimación del modelo propuesto no puede resultar del cambio de escala del mismo, sino de la transformación especulativa sobre uno de sus componentes, en este caso, el plano físico que soporta cada uno de los eventos, por ejemplo, la nueva relación urbano-rural propuesta antes, supone una ciudad nodal donde convergen todas las funciones y por tanto un territorio local casi completamente libre, suprimiendo así, las repercusiones previas que denotaban ambos. Finalmente, la ciudad y la Tierra, de la misma manera que el universo, se encuentran perpetuamente en la búsqueda del equilibrio, en movimiento, infinitas. En este sentido, la ciudad, no deberá conformarse únicamente con la aprehensión superficial de la geografía que le compete, como ha sido demandado desde siempre, más bien ambas —ciudad y geografía— deberán ser una misma, igual que las diversas y complejas estructuras creadas por diferentes especies son siempre entendidas como parte del territorio —como las grandes montañas que construyen las hormigas en el desierto, los millares de hoyos que hacen los cangrejos en la playa o los diferentes nidos de aves en el bosque—. Ciudad y geografía no deben entenderse ya más por separado. Este ensayo, fruto de una investigación teórico-proyectual, evidencia la posibilidad de un nuevo urbanismo para el nuevo hombre, un urbanismo sin nostalgia, que reconoce que la ciudad mundial alcanzada es fruto de su sociedad, sus anhelos, sus logros y sus fracasos. Pero de igual manera propone un acercamiento diferente a los modos de habitar,

5 Términos acuñados por Lars Lerup en Lerup, L. (1994). Stim & dross: rethinking the metropolis. [Stim & Dross: Repensando la Metrópolis.] Assemblage-Cambridge, 82-100.

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un acercamiento que nace de los deseos más profundos del hombre y por tanto exige difíciles cambios de pensamiento. Estos cambios se oponen principalmente a los rasgos sociales ya un tanto obsoletos, acentuando los rasgos más recientes y permitiendo la llegada de nuevos, en pro del mundo soñado, la utopía.

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Nota final Hacemos saber que este viaje emprendido no termina aquí, una vez que las barreras técnicas y conservadoras han sido superadas es difícil detener al hombre, y es justo en ese momento donde nos encontramos. A causa de los desarrollos tecnológicos, proyecto y utopía están separados por una línea cada vez más delgada, y es nuestra responsabilidad para con la sociedad, darle continuidad a este acercamiento, alimentar y sostener el reciente solapamiento entre la ciudad real y la imaginada. Extendemos una invitación para que desde las academias de arquitectura, los nuevos y viejos estudiantes, movidos por sus más profundos anhelos, comiencen sus propios procesos creativos en la construcción de la utopía del siglo XXI, una utopía que ya poco tiene que ver con la fantasía o la ficción, y mucho con la dramaturgia de la sociedad soñada.

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