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HISTORIA DE MANUEL Manuel, un hombre de unos 46 años, traje a rayas, camisa manchada y dueño de una mirada que duda de todo y de todos. Sus pasos suenan como piedras que caen desde montañas: pum,pum,pum y así hasta la eternidad. Uno lo mira, y si se anima lo mira fijo y puede ver como en el cine, a través de sus pupilas, una historia de vida porque las pupilas son eso: proyectores en reversa. Y los sucesos se encadenan, se pelean, se rompen, se prenden fuego algunas cosas, se mejoran otras pocas, pero siempre, siempre, en el centro de la escena, Manuel mira con ojos de perro muerto. Desde otro rincón de la película, está Mirta, siempre hermosa, pensativa, o quizás eso creo yo y realmente es muy aburrida. No viene al caso, lo importante es que aparece un “otro” y sumamente armónico. Mirta le agrega un cambio de aire a las escenas pero Manuel ni se da cuenta. Seguro, tanta angustia y pena apilada, le quitó la capacidad de poder alegrarse. Las escenas van pasando, yo me preparo para el final, los aplausos. Por suerte no es un cine y no tengo que pararme a oscuras y empezar a pisar todos los pies de la sala, por suerte no es un cine. El final se va acercando, me doy cuenta porque Manuel cada vez se parece al Manuel que tengo en frente. De pronto, antes de que funda en negro y vengan los títulos, aparece un personaje, digamosle… Sergio. Entra en escena y Mirta lo mira, lo analiza, lo disfruta y se acerca. Como acto reflejo, Manuel, lo ignora, lo rechaza y se aleja. Este es el momento de la película que podemos llamar conflicto: donde aparece el rival, el antagonista, con el que el protagonista, en este caso Manuel, va a tener que enfrentarse para mantener su ego a la altura y luchar por un poco de afecto, el de Mirta, dando lugar al final tan esperado y predecible, esperando los aplausos. Pero no; esto no es una película, no estamos en el cine. En este final Manuel no se enfrenta a Sergio, no admite su amor por Mirta, ni decide arriesgarse y luchar por ella. No, eso sería demasiado fantástico, demasiado irreal. Aunque, ¿quién puede decir qué es real y qué es ficción? ¿No? Como si fuera tan simple, como si Manuel, con tan sólo desearlo pudiera cambiar su historia, olvidar su pasado y voltear hacia un lado, mirar a Mirta, y detenerse en ella, observarla, contemplar su rostro y enfrentarse a Sergio, alejarlo, sacarlo de escena para cumplir su deseo, para llenar el aire de armonía. Quizá lo haya hecho, quizá ello forme parte de la realidad, y yo esté aquí, percibiendo el final, viendo a Manuel acercarse, deteniéndose frente a mi, con su traje a rayas, su camisa manchada, y su mirada, dubitativa, llena de historia; engañándome a mi mismo, intentando convencerme de que esto no es una fantasía, que aún no tengo idea de cómo termina. Yo creo estar, aquí, como si fuera el cine, como si este espejo me permitiera mirarme fijo y ver, a través de mis pupilas, una vida repleta de sucesos que se encadenan, se enredan y destrozan, se prenden fuego, y siempre, al fin y al cabo, aquí estoy, desde este otro lado del cine, siendo un espectador, y como tal, debo ir pensando mi propia sucesión de hechos, para amortiguar mis deseos en caso de que sea un fiasco el desenlace. Como un mecanismo de defensa uno va armando,paralelamente, un desenlace, un “porqué”, va cerrando los huecos vacíos aunque sean puro invento de uno. Y en eso me encontraba. A sus 46 años, Manuel, qué podía esperar de su vida, sino el dulce y seguro momento de un abrazo. ¿Acaso Sergio era un otro, como afirmé anteriormente, o en realidad esa afirmación formaba parte del relato paralelo que fui armando?. La verdad que no lo se y me parece inmaduro seguir poniendo sobre la mesa mi relato paralelo. Al final, a lo lejos, se ven dos siluetas que se alejan pero no van juntos. En una misma dirección, sí, pero no alcanza para poder sacar mis conclusiones. Por otra parte, creo que desde el comienzo de esta historia, las conclusiones ya habían sido sacadas, elaboradas y sutilmente pensadas por sus protagonistas, los unicos capaces de elaborar conclusiones, ya que en un mundo de espectadores y protagonistas están los que vemos y los que hacen.


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