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manteca e inclusive accedió a que se le dieran cop elo a Benjamin, insistió muy claramente en anciano lo tomó con expresión cansada y agitánd ndo. Pero el El Sr.curioso Button no se de rendía. Benjam caso cipio declaró que si a Benjamin no le gustaba nalmenteBenjamin consintió en que seButton le autorizara a com ran copos de avena. Un día trajo un sonajero te en que debía “usarlo para jugar”, a partir Francis Scottse lo Fitzgerald y agitándolo dócilmente oía, durante el día, Benjamin era un bebé y debía vivir como be gustaba la leche tibia, no comería ninguna o ara a comer pan con manteca e inclusive accedi najero y, ofreciéndoselo a Benjamin, insistió m partir de lo cual el anciano lo tomó con expres el día, de vez en cuando. Pero el Sr. Button no o bebé. Al principio declaró que si a Benjam otra cosa, pero finalmente consintió en que se accedió a que se le dieran copos de avena. Un sistió muy claramente en que debía “usarlo pa xpresión cansada y agitándolo dócilmente se lo o on no se rendía. Benjamin era un bebé y deb Benjamin no le gustaba la leche tibia, no come que se le autorizara a comer pan con mant na. Un día trajo un sonajero y, ofreciéndoselo usarlo para jugar”, a partir de lo cual el ancia nte se lo oía, durante el día, de vez en cuando. P bé y debía vivir como bebé. Al principio decla no comería ninguna otra cosa, pero finalme manteca e inclusive accedió a que se le dieran cop elo a Benjamin, insistió muy claramente en anciano lo tomó con expresión cansada y agitánd ndo. Pero el Sr. Button no se rendía. Benjam


manteca e inclusive accedió a que se le dieran cop elo a Benjamin, insistió muy claramente en anciano lo tomó con expresión cansada y agitánd ndo. Pero el Sr. Button no se rendía. Benjam cipio declaró que si aÍndice Benjamin no le gustaba nalmente consintió en que se le autorizara a com ran copos de avena. Un día trajo un sonajero te en que debía “usarlo para jugar”, a partir y agitándolo dócilmente se lo oía, durante el día, Benjamin era un bebé y debía vivir como be gustaba la leche tibia, no comería ninguna o ara a comer pan con manteca e inclusive accedi najero y, ofreciéndoselo a Benjamin, insistió m partir de lo cual el anciano lo tomó con expres el día, de vez en cuando. Pero el Sr. Button no o bebé. Al principio declaró que si a Benjam otra cosa, pero finalmente consintió en que se accedió a que se le dieran copos de avena. Un sistió muy claramente en que debía “usarlo pa xpresión cansada y agitándolo dócilmente se lo o on no se rendía. Benjamin era un bebé y deb Benjamin no le gustaba la leche tibia, no come que se le autorizara a comer pan con mant na. Un día trajo un sonajero y, ofreciéndoselo usarlo para jugar”, a partir de lo cual el ancia nte se lo oía, durante el día, de vez en cuando. P bé y debía vivir como bebé. Al principio decla no comería ninguna otra cosa, pero finalme manteca e inclusive accedió a que se le dieran cop elo a Benjamin, insistió muy claramente en anciano lo tomó con expresión cansada y agitánd ndo. Pero el Sr. Button no se rendía. Benjam Bienvenidos a la estación de Francis Scott Fitzgerald ............................................ 6

El curioso caso de Benjamin Button ....................... 22 Trabajos en la estación

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Cuadro de los movimientos literarios ..................... 76


ir, los sobresaltó un espantoso estrépito provenie ras, se encontraron con que una antigua armadura de losa, y vieron al fantasma de Canterville sentad na expresión de agudo dolor en el rostro. Los mel proyectiles, con una puntería que solo pueden adquirir esor de caligrafía. Mientras tanto, el ministro de los ordenaba, de acuerdo con los usos de la etiqueta calif vantó con un salvaje alarido de furia y se escabulló de Washington Otis y dejándolos en una oscuridad t ó lanzar su célebre carcajada demoníaca, que en más cía que con ella había hecho encanecer la peluca de utrices francesas de lady Canterville renunciaran an sotada más horrible hasta que retumbó una y otr ezaban a extinguirse los escalofriantes ecos, se abri celeste y le dijo al fantasma: –Me temo que usted lla de la solución medicinal del Doctor Dobell. Si sma la miró enfurecido y de inmediato comenzó a pr hazaña que le había valido un merecido renombre, manente idiotez del tío de lord Canterville, el honora s que se acercaban lo hizo desistir de su propósito, d Bienvenidos a la estación de desvaneció lanzando un profundo gemido sepulcral, e zarlo.Cuando llegó a su cuarto, se derrumbó por com emelos y el grosero materialismo de la señora Otis lo que más lo perturbaba era no haber podido ncluso aquellos modernos estadounidenses se estreme otra razón que el respeto a su poeta nacional Long abía entretenido muchas veces mientras los Cante adura; la había vestido con gran éxito en el torneo por la Reina Virgen. Pero esta vez, cuando quiso pon orme coraza y del yelmo de acero, y cayó pesadamen los de la mano derecha. Durante varios días estuvo mantener la mancha de sangre en buen estado. Al r a cabo un tercer intento de asustar al ministro de osto para su aparición. Pasó la mayor parte de ese ran sombrero de ala flexible con una pluma roja, u da. Al atardecer estalló un violento temporal, y el vi antigua casa se sacudían y chirriaban. Ese era pr n era el siguiente: se abriría paso con sigilo hasta el pie de la cama y le clavaría tres puñaladas en hington un rencor especial, pues estaba perfectam

Francis Scott Fitzgerald


ente del vestíbulo. Luego de baja apresur adamente a se había desprendido de su soporte y había caíd do en una silla de respaldo alto, frotándose las rodi lizos, que traían sus cerbatanas, dispararon sobr r quienes han practicado larga y pacientemente sobr s Estados Unidosapuntaba al fantasma con su revó iforniana, que pusiera las manos en alto. El fantas ó entre ellos, como una neblina, apagando al pasar total. Al llegar a lo alto de la escalera, se recuper s de una ocasión le había resultado extremadamente lord Raker en una sola noche y había logrado que ntes del primer mes de trabajo. En consecuencia, la ra vez en el viejo techo abovedado; pero, cuando ape ió una puerta y apareció la señora Otis vestida con no está nada bien de salud, y por ello le he traído se trata de una indigestión, este remedio lo ayudará repararse para convertirse en un enorme perro ne y a la cual el médico de la familia había atribuid able Thomas Horton. Sin embargo, el sonido de u de modo que se limitó a volverse ligeramente fosforesc en le preciso instante en que los gemelos estaban mpleto, presa de una violenta agitación. La vulgarida s naturalmente le resultaban de lo más exasperan o colocarse la armadura. Había tenido la esperanz ecieran al ver al Espectro Acorazado, aunque no fu gfellow , con cuya delicada y atractiva poesía él mis erville estaban en la ciudad. Además, era su pro de Kenilworth, y había sido muy elogiada nada me nérsela, se vio completamente superado por el pes nte al suelo, raspándose las rodillas y lastimándose muy enfermo, y únicamente se movía de su habita l fin, luego de muchos cuidados logró reponerse y reso e los Estados Unidos y a su familia. Eligió el viernes día revisando el guardarropa, y finalmente se decidió un sudario fruncido en las muñecas y el cuello, y una iento era tan fuerte que todas las ventanas y las puer recisamente el tiempo que más le gustaba. Su plan el dormitorio de Washington Otis, le susurraría la garganta al son de una música lenta. Le guardab mente al tanto de que era él quien tenía la costumbr


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El curioso caso de Benjamin Button

La mejor parte de la vida Suele afirmarse que todo gran escritor es antes que nada un gran lector. Es frecuente en la historia de la literatura el fenómeno por el cual la lectura de un texto dispara la imaginación y la sensibilidad de un escritor, quien crea un nuevo texto como homenaje, como parodia o como refutación del primero. De esta forma fue concebida, en 1922, la historia de “El curioso caso de Benjamin Button”. Francis Scott Fitzgerald, su autor, en el prólogo a sus Cuentos de la  Era del Jazz (volumen al que pertenece este relato), lo explicó así: “Este cuento está inspirado en un comentario de Mark Twain, quien afirmó, en cierta ocasión, que era una lástima que la mejor parte de la vida transcurriera al inicio y la peor al final. Al experimentar con la vida de un único hombre en un mundo perfectamente normal apenas he logrado hacer la más mínima justicia a su idea”.

ta combatió sin deshasta que consiguió rse de aques guardianas ofundidades y continuar. mucho tiempo, y más honmedida que aba, las se ban cada ás frías bias. wulf ape-

Al parecer, el escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910) le había confesado a su editor: “¡Cuánto más grato hubiera sido empezar de viejo y tener la amargura y los inconvenientes de esa edad al principio de la vida! No nos pesaría tanto, porque nos estaría esperando la alegría de la juventud”.1 Fitzgerald jugó con esta idea de inversión para poner en cuestión las certezas de Twain respecto de las etapas de la vida humana e imaginó a Benjamin, un hombre cuya vida se desliza desde el bastón hacia el sonajero. Lo que ambos escritores no sabían es que, gradualmente, a partir de la segunda mitad del siglo xx, la adolescencia se convertiría en la etapa de la vida más popular tanto para los adultos como para los niños. En la actualidad, pareciera que los niños desean llegar a la categoría de adolescentes lo antes posible y los adultos desean permanecer en ella para siempre. 1 Citado por Sheehy, Donald G. en “Más curioso que curioso: El caso de Benjamin Button”, en Fitzgerald, F. S., El curioso caso de Benjamin Button, Madrid, Gadir, 2009.

A lo largo de la historia las sociedades han valorado en forma diferente las distintas etapas de la vida.


Bienvenidos a la estación

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El país de Benjamin Button Benjamin Button, el personaje creado por Fitzgerald, nace en 1860 con la Guerra de Secesión y muere con el crack de 1929, año en que colapsa la economía estadounidense. Su vida recorre setenta años de la historia de los Estados Unidos. Para comprender mejor la sociedad en que Button “se hizo niño”, conviene conocer sus inicios. Un comentario del escritor Mark Twain inspiró en Fitzgerald la idea para crear a Benjamin Button.

Las sociedades antiguas honraban a los ancianos porque, en su larga vida, habían adquirido experiencia y sabiduría. En su literatura, Twain valorizó la infancia, el momento en que el mundo y la vida se descubren con ojos frescos y nuevos. Para los parámetros contemporáneos, la mejor parte de la vida es la adolescencia, un tiempo de extrema vitalidad y alegre despreocupación. ¿Cuál es, entonces, la mejor etapa de la vida? ¿Para Fitzgerald, lector de Twain? ¿Para nosotros, lectores de Fitzgerald? La lectura de “el curioso caso” nos invita a pensar nuevas respuestas y a disfrutar del encanto de este pequeño gran relato. Declaración de la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica en 1776.

De la Independencia a la Guerra de Secesión

Los Estados Unidos surgieron de la colonización británica de América, llevada a cabo por oleadas de colonos inmigrantes que fundaron Trece Colonias en la costa atlántica del territorio entre los siglos xvii y xviii. El 4 de julio


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El curioso caso de Benjamin Button

La vieja plantación, cuadro de autor anónimo en el que se representa una escena de danza de los esclavos negros del sur de los Estados Unidos.

de 1776 los representantes de las Trece Colonias redactaron su Declaración de Independencia y se constituyeron como los Estados Unidos de América. Aproximadamente ochenta años después, la “unión” de estos estados se vio amenazada por fuertes conflictos internos. Durante esos años, se habían consolidado dos modelos sociales, políticos y económicos distintos: los estados del norte y los estados del sur. Los estados del norte priorizaban la industria, la navegación, los intereses financieros y eran antiesclavistas. Los estados del sur eran conservadores y agrícolas y sostenían la

productividad de sus inmensas plantaciones de algodón y de tabaco con mano de obra esclava de africanos provenientes del comercio negrero. Fitzgerald ironiza en su texto las concepciones sociales aristocratizantes de los denominados “sureños”, encarnadas en sus personajes: En Baltimore, antes de la Guerra de Secesión,  los Roger Button gozaban de una posición social  y financiera envidiable. Estaban relacionados con  Tal Familia y con Tal Otra Familia, que, como  todo sureño sabe, les daba derecho a pertenecer  a la “gente bien”, tan numerosa entonces en el  sur de los Estados Unidos.


Bienvenidos a la estación Fitzgerald alude también a la problemática de la esclavitud cuando el desconcertado Sr. Button debe retirar a su hijo recién nacido del hospital de la ciudad de Baltimore: …ellos continuarían  su  camino,  con  paso  pesado, por los negocios llenos de gente, por el  mercado de esclavos (durante un breve instante, el  Sr. Button deseó ardientemente que su hijo fuera  negro), por las casas lujosas del barrio residencial,  por el hogar de ancianos… Entre 1861 y 1865, los estados del norte y los estados del sur se enfrentaron en una guerra civil, llamada Guerra de Secesión o separación, porque los estados del sur quisieron apartarse de la Unión para formar los Estados Confederados de América. Los estados del norte, autodenominados “La Unión”, porque luchaban por mantener unidos a todos los estados, finalmente, en 1865, derrotaron a los Confederados. El Sur sufrió mucho más que el Norte, principalmente porque la guerra se desarrolló casi por completo en su territorio: la región del sudeste y centro-sur sobre la costa atlántica. Al ser derrotada la aristocracia colonial sureña, se liberó oficialmente a los esclavos y, a pesar de las grandes pérdidas sufridas por ambos bandos, hubo un gran desarrollo de la industria y del comercio. Los Estados Unidos comenzaron a perfilarse como una fuerte potencia

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económica. La población afroamericana obtuvo los derechos civiles en 1868 y, en 1870, el derecho al voto. Sin embargo, este sector permaneció socialmente relegado. En la década de 1890, en el sur, surgió el Ku Klux Klan, una organización clandestina racista y violenta que trató de impedir que los afroamericanos ejercieran sus derechos políticos. Abraham Lilcoln, presidente norteamericano que lideró a los ejércitos de La Unión contra los estados Confederados del sur.

La guerra Hispano-Estadounidense

A fines del siglo xix, los Estados Unidos tomaron conciencia de que los países europeos que tenían colonias en otros continentes eran los más poderosos en el contexto internacional. Así fue como decidieron entrar en guerra con España, cuyas últimas colonias eran las islas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. En 1898,


mente las razones de mi obra; y n todas las personas que le dieron para creerme obligado dia, me surgió después de las dos o sentaciones de mi obra. a donde me encontraba, y al pringenio es muy conocido en sociedad, y s receptivas que tan a enudo ntación de fenómenos íquicos.


El curioso caso de

Benjamin Button


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El curioso caso de Benjamin Button

1 Una eminencia es un profesional de gran excelencia académica. 2 En medicina, se llama asepsia al conjunto de procedimientos para prevenir infecciones. 3 Un anacronismo es un error o incoherencia producto de presentar algo como propio de una época a la que no corresponde. 4 Baltimore es una ciudad del estado de Maryland, en la región noreste de los Estados Unidos. 5 En la Guerra de Secesión o Guerra Civil Estadounidense (18611865) se enfrentaron las fuerzas de los estados del norte (la Unión) contra los independentistas estados del sur (Estados Confederados de América). 6 Ser “sureño” en la historia estadounidense significaba formar parte de la región sudeste o centro-sur, heredera de los primeros colonos europeos y, por lo tanto, implicaba la pertenencia a un grupo social aristocrático que sostenía la legalidad de la esclavitud.

I

H

ace tiempo, en 1860, era habitual que las mujeres dieran a luz en el hogar. Hoy en día, según lo que me cuentan, las eminencias1 de la medicina decretaron que es mejor que el niño emita su primer llanto en el ambiente aséptico 2 de un establecimiento hospitalario, preferentemente uno de buena reputación. Por lo tanto, los entonces jóvenes Sr. y Sra. Button estaban medio siglo adelantados para su época cuando decidieron, un día de verano en 1860, que su hijo debía nacer en una maternidad. Jamás sabremos si ese anacronismo 3 tuvo algo que ver con la increíble historia que voy a relatarles. Les contaré lo que sucedió y los dejaré libres para que juzguen ustedes mismos. En Baltimore,4 antes de la Guerra de Secesión,5 los Roger Button gozaban de una posición social y financiera envidiable. Estaban relacionados con Tal Familia y con Tal Otra Familia, que, como todo sureño6 sabe, les daba derecho a pertenecer a la “gente bien”, tan numerosa entonces en el sur de los Estados Unidos. Por primera vez se plegaban a esa costumbre maravillosa de tener un hijo, lo cual ponía un poco nervioso al Sr. Button. Esperaba que fuera varón para poder enviarlo a la Universidad de Yale, en Connecticut, institución en la que, durante cuatro años, lo habían llamado con el obvio sobrenombre de “Botón”. La mañana de septiembre en que debía tener lugar el excepcional acontecimiento, se levantó ansioso a las seis de la mañana, se vistió, se ajustó perfectamente la corbata y se dirigió con toda prisa al hospital de Baltimore para saber si su hijo había visto la luz en la oscuridad de la noche. Cuando se encontraba a unos cien metros del Hospital Privado de Maryland para Damas y Caballeros, vio al Dr. Keene, el médico de la familia, que descendía por la escalera principal, frotándose las manos como si estuviera


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lavándoselas y como debe hacer todo médico según la tácita7 ética profesional. El Sr. Button, presidente de Roger Button y Cía., mayoristas de ferretería, comenzó a correr hacia el Dr. Keene con menos dignidad de la que se espera de un caballero sureño de esa época gloriosa. “¡Dr. Keene! ¡Dr. Keene!”, gritó. Al oírlo, el médico dio media vuelta y se detuvo de inmediato. Una expresión de sorpresa podía leerse en su cara seria y curativa a medida que el Sr. Button se acercaba. —¿Cómo fue todo? —preguntó agitado el Sr. Button—. ¿Cómo está mi mujer? ¿Fue un varón? ¿Qué es? ¿Qué…? —¡Cálmese! —le indicó secamente el Dr. Keene. Parecía algo irritado. —¿Ya nació? —imploró. El médico frunció el ceño. —Y sí. Supongo que sí, si es que se puede decir así —y volvió a mirar al Sr. Button con curiosidad. —¿Mi mujer está bien? —Sí. —¿Es niño o niña? —¡De eso se trata! —gritó el Dr. Keene al borde de la exasperación—. Le pido que vaya y lo vea usted mismo. ¡Es un escándalo! —lanzó la última palabra casi como si tuviera una sola sílaba, luego se dio media vuelta murmurando: —¿Usted cree que un caso como este va a contribuir a mi reputación profesional? Uno más y es el fin de mi carrera, de la de cualquiera, en realidad. —¿Qué sucede? —preguntó aterrado el Sr. Button—. ¿Son trillizos? —¡No, no son trillizos! —respondió el médico con tono cortante—. Lo único que tiene que hacer es ir y ver con sus propios ojos. ¡Y consígase otro profesional! ¡Joven, fui yo quien lo trajo a usted al mundo y soy el médico de su familia desde hace cuarenta años, pero no quiero saber nada más con usted! ¡No lo quiero ver más, ni a usted ni a ningún miembro de su familia! ¡Adiós!

7 Es tácito aquello que no se pone en palabras pero se sobrentiende.


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El curioso caso de Benjamin Button

acostado un joven herdorados que a la luz de como rayos de sol. La el más precioso mársuavidad de los pétalos espalda brotaban dos n en el más profundo al dios.Fascinada, dejó ó a besar el cuerpo de Al pie del lecho estachas. Psique tomó una,

8 Se llama faetón a un carruaje descubierto, de cuatro ruedas, alto y ligero. 9 En este caso, histérica significa muy nerviosa o alterada.

Se dio media vuelta bruscamente y, sin decir palabra, subió al faetón8 que lo estaba esperando junto al cordón de la vereda y se alejó. El Sr. Button permaneció en la vereda, estupefacto y temblando de pies a cabeza. ¿Qué contratiempo, qué percance había sucedido? De repente había perdido todo deseo de entrar al Hospital Privado de Maryland. Fue con suma dificultad que, un instante después, se obligó a subir las escaleras y entrar por la puerta principal. Había una enfermera sentada detrás de un escritorio en la penumbra del hall de entrada. Tragando vergüenza, se acercó: —Buen día —saludó ella, mirándolo con simpatía. —Buen día. Soy… soy el Sr. Button. Ante estas palabras, el rostro de la joven cambió, lleno de terror. Ella se puso de pie y pareció que quería huir pero que hacía todo el esfuerzo posible para quedarse. —Quisiera conocer a mi hijo —dijo el Sr. Button. La enfermera lanzó un pequeño grito. —¡Por supuesto! —dijo histérica9—. Arriba, exactamente arriba. ¡Suba! Le señaló la dirección y el Sr. Button, bañado en fría transpiración y con las piernas flojas, dio media vuelta y comenzó a subir al segundo piso. En el pasillo de arriba se dirigió a otra enfermera que, con un bol en la mano, se le acercó. —Soy el Sr. Button —logró articular—. Quiero ver a mi… ¡Clank! El bol se cayó al piso y rodó hacia la escalera. ¡Clank! ¡Clank! Comenzó un descenso metódico como si estuviera compartiendo el terror general que provocaba el caballero. —¡Quiero ver a mi hijo! —casi chilló el Sr. Button. Estaba a punto de desplomarse. ¡Clank! El bol llegó al primer piso. La enfermera recobró el control de sí misma y con profundo desprecio miró al Sr. Button.


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—De acuerdo, Sr. Button —asintió en voz baja—. ¡Suficiente! ¡Si usted supiera cómo nos trastornó lo que ocurrió esta mañana! ¡Es un escándalo total! El hospital jamás volverá a tener ni la más mínima reputación después de… —¡Apúrese! —gritó con voz ronca—. No aguanto más. —Venga por aquí entonces, Sr. Button. La siguió arrastrando los pies. Al final de un largo pasillo, llegaron a una habitación de la cual provenían diversos gritos (en realidad, una habitación que hoy llamaríamos “la sala de los llantos”). Entraron. Contra las paredes había una media docena de cunas blancas con ruedas, cada una de las cuales tenía una etiqueta de identificación en la cabecera. —Bien —dijo el Sr. Button con la respiración entrecortada—. ¿Cuál es mi hijo? —Allí está —dijo la enfermera. Los ojos del Sr. Button siguieron el lugar que ella señalaba con el dedo índice, y esto es lo que vio. Envuelto en una voluminosa manta blanca y en parte apretujado en una de las cunas, se hallaba sentado un anciano aparentemente de unos setenta años. El escaso cabello que tenía era casi blanco, y de la barbilla caía una larga barba gris, que la brisa que entraba por la ventana movía absurdamente. El hombre levantó la mirada hacia el Sr. Button, los ojos sin brillo y apagados como si se pudiera leer en ellos una interrogación. —¿Me volví loco? —bramó el Sr. Button pasando del terror a la ira10—. ¿Se trata de una broma de mal gusto del hospital? —A nosotros no nos parece una broma —respondió con severidad la enfermera—. Y no sé si está loco o no, pero sin duda este es su hijo. La frente del Sr. Button se cubrió nuevamente de una transpiración fría. Cerró los ojos y luego, abriéndolos, miró otra vez. No había duda, estaba mirando a un hombre de setenta años, a un bebé de setenta años, un bebé cuyas piernas sobresalían de la cuna en la que reposaba.

“He looked up at Mr. Button with dim faded eyes in which lurked a puzzled question.” “El hombre levantó la mirada hacia el Sr. Button, los ojos sin brillo y apagados como si se pudiera leer en ellos una interrogación.”

10 Se denomina ira al sentimiento de enojo o furia extremos.


ue si a Benjamin no le gustaba la leche tibia, no n que se le autorizara a comer pan con manteca e i a trajo un sonajero y, ofreciéndoselo a Benjamin, ugar”, a partir de lo cual el anciano lo tomó con urante el día, de vez en cuando. Pero el Sr. Button mo bebé. Al principio declaró que si a Benjami ra cosa, pero finalmente consintió en que se le aut que se le dieran copos de avena. Un día trajo un aramente en que debía “usarlo para jugar”, a parti agitándolo dócilmente se lo oía, durante el día, de vez e ra un bebé y debía vivir como bebé. Al princip bia, no comería ninguna otra cosa, pero finalment manteca e inclusive accedió a que se le dieran copos d Benjamin, insistió muy claramente en que debía “us mó con expresión cansada y agitándolo dócilmente s Button no se rendía. Benjamin era un bebé y deb Benjamin no le gustaba la leche tibia, no comería e le autorizara a comer pan con manteca e inclusi rajo un sonajero y, ofreciéndoselo a Benjamin, insist partir de lo cual el anciano lo tomó con expresión a, de vez en cuando. Pero el Sr. Button no se rendía Al principio declaró que si a Benjamin no le gus ero finalmente consintió en que se le autorizara a c eran copos de avena. Un día trajo un sonajero y, of ue debía “usarlo para jugar”, a partir de lo cual e cilmente se lo oía, durante el día, de vez en cuand n bebé y debía vivir como bebé. Al principio bia, no comería ninguna otra cosa, pero finalment manteca e inclusive accedió a que se le dieran copos d Benjamin, insistió muy claramente en que debía “us mó con expresión cansada y agitándolo dócilmente s Button no se rendía. Benjamin era un bebé y deb Benjamin no le gustaba la leche tibia, no comería e le autorizara a comer pan con manteca e inclusi rajo un sonajero y, ofreciéndoselo a Benjamin, insist partir de lo cual el anciano lo tomó con expresión a, de vez en cuando. Pero el Sr. Button no se rendía. Benjamin era un b ue si a Benjamin no le gustaba la leche tibia, no n que se le autorizara a comer pan con manteca e i


comería ninguna otra cosa, pero finalmente consint inclusive accedió a que se le dieran copos de avena. U insistió muy claramente en que debía “usarlo par expresión cansada y agitándolo dócilmente se lo oí no se rendía. Benjamin era un bebé y debía vivi in no le gustaba la leche tibia, no comería ningun torizara a comer pan con manteca e inclusive acced sonajero y, ofreciéndoselo a Benjamin, insistió mu ir de lo cual el anciano lo tomó con expresión cansad en cuando. Pero el Sr. Button no se rendía. Benjami pio declaró que si a Benjamin no le gustaba la lech te consintió en que se le autorizara a comer pan co de avena. Un día trajo un sonajero y, ofreciéndoselo sarlo para jugar”, a partir de lo cual el anciano se lo oía, durante el día, de vez en cuando. Pero el S bía vivir como bebé. Al principio declaró que si ninguna otra cosa, pero finalmente consintió en qu ive accedió a que se le dieran copos de avena. Un d tió muy claramente en que debía “usarlo para jugar n cansada y agitándolo dócilmente se lo oía, durante a. Benjamin era un bebé y debía vivir como beb staba la leche tibia, no comería ninguna otra cos comer pan con manteca e inclusive accedió a que se freciéndoselo a Benjamin, insistió muy claramente e el anciano lo tomó con expresión cansada y agitándo do. Pero el Sr. Button no se rendía. Benjamin er declaró que si aen Benjamin no le gustaba la lech Trabajos la estación te consintió en que se le autorizara a comer pan co de avena. Un día trajo un sonajero y, ofreciéndoselo sarlo para jugar”, a partir de lo cual el anciano se lo oía, durante el día, de vez en cuando. Pero el S bía vivir como bebé. Al principio declaró que si ninguna otra cosa, pero finalmente consintió en qu ive accedió a que se le dieran copos de avena. Un d tió muy claramente en que debía “usarlo para jugar n cansada y agitándolo dócilmente se lo oía, durante bebé y debía vivir como bebé. Al principio declar comería ninguna otra cosa, pero finalmente consint inclusive accedió a que se le dieran copos de avena. U


El curioso caso de Benjamin Button

Benjami

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Para revisar la vida de Benjamin Button Para tener en claro el juego de inversión con la vida de Benjamin Button, realicen las siguientes actividades.

Infancia 1

Relean los tres primeros episodios del relato y respondan.

a. ¿Cuáles son las primeras palabras que Benjamin pronuncia? b. ¿Por qué se queja del trato recibido en el hospital? c.

¿Qué opina de la ropa con la que lo visten? ¿Y de los alimentos?

d. ¿Cómo se siente jugando con otros niños? ¿Con quién se sien-

te más a gusto? ¿Por qué?

Adolescencia 2

Completen según corresponda.

a. Benjamin empieza a usar pantalones largos

. b. Cuando Benjamin cumple dieciocho años su aspecto es

. c.

“Dieciocho años tiene, ¿no? Bien, le doy dieciocho minutos para que se vaya de esta ciudad”, dijo porque

.

d. Entre los doce y los veintiún años, la vida de Benjamin Button

es

.


Trabajos en la estación

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3 Relean los episodios V a VII del relato y marquen con un ✓ la respuesta correcta para cada una de las siguientes preguntas.

a. ¿Qué actividad inicia Benjamin a los veinte años?

Button

Juventud

Rinde examen de ingreso en la Universidad de Harvard. Comienza a trabajar en Roger Button y Cía., mayoristas de ferretería. Trabaja incansablemente con los embarques de martillos y los cargamentos de clavos.

b. ¿Qué obstáculos encuentra para casarse con Hildegarde

Moncrief? La diferencia de edad entre él y su enamorada. La fuerte oposición de la familia y de los amigos de la novia. La inestabilidad del negocio de ferretería. c.

Al cumplir los treinta y cinco años, ¿en qué situación vital se encuentra el personaje? Se ha vuelto serio, tranquilo, conformista y rutinario. Se siente feliz viendo crecer a su hijo Roscoe, de catorce años. Le gustan las diversiones, manejar automóviles y experimentar los riesgos de la vida militar.

Adultez 4

Lean el siguiente fragmento y respondan.

Arriba, en su habitación, el espejo familiar le devolvió el reflejo de su imagen: se acercó más, examinó su rostro con ansiedad y lo comparó, un instante después, con una fotografía suya en la que lucía el uniforme, sacada justo antes de partir a la guerra. (Episodio VIII) a. ¿Qué comprueba Benjamin al observarse al espejo? b. Enumeren las consecuencias que este hecho tiene para el

personaje en esta etapa de su vida.


El curioso caso de Benjamin Button - ¡Recorré el libro!  

La Estación editora. Colección de los anotadores. El curioso caso de Benjamin Button, de Francis Scott Fitzgerald.

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