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Sylvaine Jaoui


Índice Capítulo 1 ............................................................... 7 Capítulo 2 .............................................................. 11 Capítulo 3 ............................................................... 14 Capítulo 4 ............................................................... 19 Capítulo 5 ................................................................ 23 Capítulo 6 ............................................................... 29 Capítulo 7 ................................................................ 35 Capítulo 8 ................................................................ 41 Capítulo 9 ................................................................ 47 Capítulo 10 ..................................................................... 52 Capítulo 11 ...................................................................... 58 Capítulo 12 ...................................................................... 66 Capítulo 13 ....................................................................... 73


Sylvaine Jaoui

N

ació el 17 de enero de 1962 en Túnez. La primera salida oficial fue a los ocho días a la imprenta de su abuelo, donde la dejan descansar sobre una pila de libros aún tibios. A partir de entonces el olor de la tinta será para siempre su hogar. Durante su niñez fue una ávida lectora de la biblioteca familiar. Es profesora de francés y escritora de literatura juvenil. Sus obras abarcan desde la novela hasta el teatro y el género documental, y abordan temáticas tales como las emociones, el amor adolescente y la amistad. Actualmente vive en Vincennes, y sus hijas son sus primeras lectoras.


Bienvenido amor

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A Yvan, mi ángel de la guarda.

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—Pero, Jade, ¿y si tu mamá llama por teléfono?, ¿qué hago? —Bueno… ¡atiendes! —Sí, pero ¿qué le digo? Le va a parecer raro que sea yo la que atienda en tu casa. —Bueno, no sé, Zoe, arréglatelas… Dile que estoy en el baño. —¿En el baño? —Sí, eso, ¡en el baño! Además, en general, ideas geniales no te faltan… ¿O quieres que te recuerde la última, la de la Coca y la Nutella? Está insoportable Zoe, me pregunto si habré hecho bien en contar con ella para esta tarde. De todas formas, es mi mejor amiga y sé que no me va a fallar. Pero ¡qué pesada que está hoy! Igual no es momento para ponerme nerviosa. En una hora me encuentro con Diego. Hace una semana que organicé este plan y no es el caso que ahora ella lo arruine todo. Sí, porque por lo general los miércoles a la tarde tengo danza. Y después me tengo que venir directamente para casa. Mamá llama siempre media hora después de que terminó la clase para asegurarse de que yo haya llegado


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bien. Repite con su tono de directora de escuela: —Ah, Jade, llegaste. Me imagino que no te habrás quedado dando vueltas por la calle y que apenas terminó la clase saliste para casa, ¿no? Ya intenté miles de veces negociar media hora más, ¡pero no hay caso! Sin embargo me encantaría ver un poco a Diego fuera del colegio. Diego es mi novio desde hace doce días y medio, pero solo lo veo en los recreos y tres minutos a la salida. Él a veces me dice que me quede, pero con mamá de Sargento es imposible. Mamá todavía se cree que soy un bebé. No se da cuenta de que necesito vivir mi vida. No puedo explicarle eso a Diego, sería un papelón… Estoy obligada a inventar historias. En serio, ¡no puedo confesarle que con casi catorce años no tengo el derecho de andar sola por la calle cuando no tengo clases! Por eso, cuando la semana pasada la Sra. Saporte anunció que excepcionalmente no iba a haber clase el miércoles siguiente, decidí que no le diría a mi madre y que me encontraría en secreto con mi novio. Y de ahí la importancia capital de Zoe. Le dije a Diego que nos encontrábamos en la puerta del colegio a las dos, onda “hago lo que quiero con mis tardes, soy libre como el aire”, y le pedí a mi mejor amiga que me cubriera en casa para que me pudiera avisar al celular en caso de llamada imprevista de mi madre. Resumiendo, un plan seguro y sin riesgos… ¡Siempre y cuando Zoe aporte al menos algo! —Pero, Jade, ¿y si tu mamá me dice: “No hay problema,


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espero a que salga del baño”?, ¿qué hago? —Zoe, ¡¡¡BASTA!!! No me molestes más con lo de mi madre. Dime qué tal estoy. —Bueno, estás linda. —Zoe, ya no estamos en primer grado dando vueltas para ver cómo vuelan nuestras polleritas. No te estoy preguntando si soy una princesa. No quiero parecerme a Blancanieves. Quiero saber si la rompo, si a Diego le van a dar ganas de tirarse encima mío para besarme. —No sé… Yo te miro y no me dan ganas de tirarme encima tuyo para besarte. —Zoe, dime la verdad, ¿me lo estás haciendo a propósito? —Sí… te lo estoy haciendo a propósito, porque la verdad que ser tu amiga es lo peor. Si tu mamá se llega a enterar de que le mentí y se lo cuenta a la mía, estoy en el horno. Puedo empezar a despedirme de mi fiesta de cumpleaños.

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Hasta que salí de casa, Zoe me torturó con preguntas idiotas del tipo de las que hacen en los programas de televisión: —¿Y qué le digo a tu mamá si, al cabo de diez minutos, todavía espera que salgas del baño? Me dieron ganas de responderle: —Puedes elegir entre las siguientes opciones: 1. Le cuelgas. 2. Le anuncias que me fui por el inodoro. 3. Se te ocurre una idea brillante.


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Pero estoy segura de que me hubiese contestado: —¿Puedo llamar a un amigo o consultar a la tribuna? Y nos hubiéramos peleado. Por lo que preferí tranquilizarla y le repetí cincuenta veces que el dragón no iba a llamar antes de las cuatro y media (hora a la que suelo volver de mis clases de danza) y que para ese entonces yo ya estaría de vuelta.

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ientras me acercaba al colegio, el corazón me latía como un tambor. Ya me imaginaba la escena. Diego me estaría esperando sentado sobre el paredón, me sonreiría al verme llegar. Yo lo miraría directo a los ojos con aire cómplice y decidido, como las chicas de las telenovelas. Él se sentiría súper intimidado. Yo me acercaría para besarlo en la mejilla. Electrizado por mi perfume Frutilla del bosque, me agarraría violentamente de la cintura y me apretaría contra él. Y a eso le seguiría el beso más largo de la historia. Cerraríamos los ojos voluptuosamente y ya nada tendría importancia. ¡¡¡La felicidad misma!!! Solo que, cuando llegué, sobre el paredoncito no había nadie. No importa… me escribí otro guión. Esperaría a Diego sentada sobre el paredoncito, la mirada extraviada. Yo no lo vería llegar. Aparecería de golpe por la izquierda, la cara escondida detrás de un enorme ramo de rosas rojas –no, rosas rojas no, demasiado anticuado–; igual me encantaría que me regalara flores. Empiezo de vuelta. Aparecería por la izquierda con geranios violetas arrancados del jardín de la Sra. Picon, la celadora del colegio. Sí… pero el gato siempre hace pis encima. De los geranios, quiero decir, no de la celadora. Mejor me olvido de las flores… Aparecería por la izquierda y me besaría en el cuello,


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justo ahí donde hace que todo el cuerpo se estremezca. Me diría: —Hola, belleza fatal, ¿estoy soñando o se encuentra sola e indefensa sobre este paredoncito? No es prudente ofrecer un cuello tan blanco a un hombre tan enamorado. Llena de emoción, echaría mi cabeza hacia atrás y soltaría una carcajada. Diego aprovecharía para estrecharme en sus brazos. Y yo me animaría a confesarle: —Diego, eres el amor de mi vida. Pienso todo el tiempo en ti y, cuando no estás cerca de mí, no encuentro el interés de estar con vida. El tiempo sin ti no es más que una cuenta regresiva y, en el mismo instante en que te veo, me sumerjo en la angustia del momento en que tendremos que separarnos. Líbrame de esta tortura, llévame contigo para siempre. A eso le seguiría el beso más largo de la historia. Cerraríamos los ojos voluptuosamente y ya nada tendría importancia. Yo sonreía de felicidad cuando me sonó el celular. Apareció el número de Diego en la pantalla. Puse la voz dulce de las azafatas en el aeropuerto cuando anuncian que el vuelo va a salir con tres horas de retraso. —¿Hola? —Sí… Jade, soy yo. Discúlpame, pero voy a llegar un poco tarde. Estaba jugando en la compu y se me pasó la hora. Como algo y salgo para allá. ¿Ok? —Bueno… Cortó antes de que yo pudiera decir una palabra. Me dieron ganas de llorar. No solo porque estaba desperdiciando


Bienvenido Amor - ¡Recorré el libro!  

La Estación editora. Máquina de Hacer Lectores. Tonos Azules, desde los 12 años. Bienvenido amor, de Sylvaine Jaoui.

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