Visita al Monte Juan Fernández

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¿Las aguas del lago habrán cambiado los caminos azules por donde se adentran los forasteros? ¿Dónde se habrán ido las semillas de aquellas manzanas? ¿Por qué persisten los nombres de los ríos y apenas los de los cerros? Anahí Rayen Mariluan El azar rompe y el pero somos nosotres

tiempo metamorfosea, quienes elegimos. André Malraux

En nunca subí el Provincia, los vivos pueden caminar junto a los muertos; la periferia ocupa el lugar del centro; lo privado indiferenciarse de lo público: lo personal disputar con lo político; la seriedad abordarse con picardía y lo trágico, pensarse con jocosidad. Abalén Najle.

Portales toponímicos extra terrestres ¿Cómo se forman los montes, golfos, cerros, valles, bosques, ríos, lagos, mallines en las patagonias que visitamos? ¿ Cuánto tiempo hace que están allí? Y sobre Juan Fernández, ¿Cuándo fue la primera visita a este monte que no existe? ¿Cuántas vistas propi-


ciarán las visitas a este territorio? ¿Cómo entrar a las postales? ¿Cómo salir de las postales? En lugares definidos por la lógica del turismo extractivo, tener una nueva coordenada a visitar casi siempre significa la posibilidad de ingresar a algún circuito, un punto de vista privilegiado para sacar una foto o llevar un recuerdo de las patagonias para atesorar. El ingreso a la localidad de Lago Puelo por la Ruta 40 contempla un sector muy llamativo, y que quizás, aquellas personas que lo transitamos habitualmente naturalizamos: una escultura monumental figurativa, una plantación de pinos y un basural a cielo abierto municipal, conjunto que de ahora en más llamaremos Monte Juan Fernández. Nos parece ingenuo o una vanidad quedarse mirando fijo lo perturbador del ingreso al pueblo homónimo al Parque Nacional y pretender decir algo inteligente sobre la continuidad colonial en estas tierras, cosas que ya sabemos. Indagando más sobre el lugar, también podríamos dar con alguna noticia sobre algún accidente vial, con imágenes perturbadoras sobre el incendio del verano de 2021 o construir interrogantes sobre la fundación de un pueblo en Abya Yala , todas cosas que ya sabemos. Pero, ¿qué no sabemos?




Viajando desde El Hoyo hacia el norte por la Ruta 40 nos encontramos con San Carlos de Bariloche. La ciudad nos recibe de manera similar, pasamos por un gran basural, también los pinos y las esculturas monumentales. Muchas formas que se repiten en las patagonias, como mencionamos, todas cosas que ya sabemos. Afortunadamente, también comenzaron a repetirse en los últimos años recuperaciones territoriales por parte del pueblo mapuche; procesos singulares, que por su profundidad no nos arriesgaremos a mencionar que conocemos. El Monte Juan Fernández es una elevación en el terreno, un mirador, el punto más alto sobre la ruta para luego bajar por un camino sinuoso hasta Lago Puelo o bien continuar hacia el Sur para llegar a El Hoyo, Epuyén, etcétera. ¿Cuántas vistas propiciarán las visitas a este territorio? Para nosotres los miradores son sitios muy especiales, cada vez que recibimos visitantes les invitamos a realizar esa experiencia; allí suceden charlas muy potentes, sacamos fotos, intentamos abandonar por un momento lo que sabemos y mirar con ojos visitantes.


Cuando llegamos a vivir a esta región había algunos nombres, toponimias, que nos hacían entrar en un estado de ensoñación. Quizás esta visita tenga algo de eso, no lo sabemos. Puelo tiene su origen en el mapudungun y significa agua del este. Del este, como el punto cardinal por el que vemos salir el sol. El lago Puelo forma parte de la frontera oeste con Chile, este lago desemboca hacia el oeste y allí se transforma en río que corre hasta el Mar Pacifico. De eso se trata esta publicación, de coordenadas extrañas para mirar desde el Monte Juan Fernández y construir otras miradas para reflexionar sobre nuestros presentes y nuestros territorios.

Vistas circundantes a cielo abierto Llegamos al Monte Juan Fernández con el olor a mar del Golfo San Agostini impregnado en el cuerpo, fue un viaje con luna nueva entre volcanes en erupción. Nada fácil. Después de mucho andar, decidimos dar continuidad a las publicaciones de Visitas ¿por qué? Porque seguimos apostando a los encuentros y diálogos que habiliten espacios para desnaturalizar discursos coloniales aún vigentes en las


Patagonias. Porque deseamos continuar indagando en el territorio mágico y natural de lo establecido. Porque necesitamos saber qué no conocemos. Porque hay muy poco escrito de la región y mucho para decir. Nosotres nos acercamos al capitán conquistador español, al que se le atribuyen los descubrimientos de los lagos Nahuel Huapi y Puelo en el siglo XVII, por los trabajos de nuestra vecina e investigadora Alma Tozzini y por los libros de Adrian Moyano. Gracias a estos autores pudimos conocer de las absurdas arbitrariedades en la división de las patagonias en los estados nacionales de Chile y Argentina, y dentro de esa taxonometría otorgar identidades modernas a los pueblos ancestrales de estas tierras. Nuestras experiencias más significativas se produjeron en visitas a algunas comunidades, escuchando, caminando, compartiendo. Este trabajo forma parte de esos diálogos a cielo abierto. A continuación compartimos un viaje, vistas circundantes, vistas con las vistas, un encuentro junto a Daniela González Díaz, Mariana Monzón, Iván Rivelli, Estefanía Santiago, Jeremías Salgado, Colectivo Tierra de Nadie(n), Maia Gattás Vargas y


Celeste Medrano. Es ésta una bitácora de esas primeras visitas, visitas-palabras, visitas-sonidos, visitas-acciones, visitas-imágenes, recorridos singulares por el monte, experiencias indescriptibles, archivos, anotaciones, bocetos y registros, un fieltro sentipensante en territorios diversos con forma de fanzine. Por último y para comenzar esta visita, quisiéramos compartirles algunas sensaciones que nos acompañan desde hace varios años, una incomodidad latente. Chubut tiene un Basural a Cielo Abierto en Lago Puelo ubicado en una zona llamada cerro Radal, en un lugar rodeado por pinos y algo de bosque nativo. Este universo de lo residual se encuentra aparentemente blindado por la cortina de árboles que obtura la mirada ecologista de la zona. Nos parece extraño cómo una región que pretende ser visitada por su contacto con lo natural convive con esa forma de tratamiento de los desechos; casi tan extraña como la elección de los gobiernos de turno del pueblo de ponderar la representación del encuentro entre Juan Fernández con un poblador mapuche para ingresar a Puelo, o las inmensas plantaciones de pinos en toda la zona, herencia de las políticas económicas de la última dictadura


militar. Nada fácil. Hay muchas situaciones que nos cuestan entender en la región, el país transita una nueva crisis neoliberal, y al igual que a principios de los 2000 las soluciones vendrían de la mano de prácticas extractivistas. En esos años la organización popular logró frenar la Megaminería en Esquel, sin embargo otras lograron consolidarse, todas a Cielo Abierto: pinos, ovejas, nieve, hidrocarburos, soja, latifundios, especulación inmobiliaria, etc. Cercanos al vigésimo aniversario del NO a la Mina nos preguntamos ¿cuándo otorgamos licencia social para estas políticas saqueadoras 1? ¿Qué

1 Mientras editamos este fanzine la legislatura aprobó la Ley de Zonificación Minera en la provincia del Chubut con votos de Pablo Nouveau,Emiliano Mongilardi,Carlos Gómez,Gabriela De Lucía,Mariela Williams,Juan Horacio Pais,Graciela Cigudosa,María Cativa, Roddy Ingram, Tatiana Goic, Sebastián López, Carlos Eliceche, Monica Saso y Adriana Casanovas. Luego de una semana de luchas en las calles de todas las localidades de la provincia y en otras del país se logró la derogación de la Ley de Zonificación Minera. Estamos felices, aunque ante la cercanía de los hechos nos cuesta tomar dimensión de lo que está sucediendo.


narrativas hacen posible estás políticas? ¿Qué imaginarios construyen las patagonias? ¿Cómo nos vinculamos con los discursos hegemónicos sobre la región? ¿Hacia dónde dirigimos nuestras prácticas? ¿Cuántas vistas propiciarán las visitas a este territorio?

Proyecto Visitantes El Hoyo, Diciembre 2021



PEQUEÑOS CANTOS PANDÉMICOS - DANIELA GONZÁLEZ DÍAZ -


I Hoy me cuesta hablar de territoriA. También de hitos geográficos y de rutas. ¿Cuántas territoriAs hay? Me cuesta hablar de una de mis realidades concretas: la territoriA por donde camino. Mi territoriA está presente en todo y soy con-siente de él. Le camino y le voy armando por mis decisiones políticas. Sobre esta territoriA construyo momentos, aciertos y equivocaciones. Camino decisiones y sensaciones a paso firme. No camino por inercia. Camino cuadras extensas y cuadras pequeñas. Hago también desvíos con-sientes y genero también cortes. En mi camino me detengo si es necesario. También me ordeno y reordeno si me distraigo. Y cuando me pierdo en la nebulosa de la exigencia busco un punto o los cuatro puntos cardinales personales para centrarme y no perder mi capacidad de asombro. La territoriA me confirma mi elección de vida. Porque ella no sólo es sinónimo de ruta. También es mi biografía. Es la búsqueda de mi historia, la de mis


viejos y la de mis muertos.

II El convite al monte Juan Fernández fue una sorpresa tanto en contenido, evocación, descubrimiento y situación. ¿Dónde está dicho monte?; la isla Juan Fernández ¿Tiene monte?; Si queda en Argentina, ¿Cómo llego? Pero sobre todo, hay una interrogante que me incomoda y es ¿Cuál es la razón de este convite?. Esta invitación con-siente me interrogó. Y también me exigió. La sensación, percepción y reflexión posible puede ejercerse en una territoriA distinto. Sus rutas e hitos pueden ser desconocidos para mí, pero también son una posible ensoñación como lo plantea el convite. Arrojarse a la búsqueda y exploración de esa territoriA es la acción. El convite forja y gesta movimiento a una territoriA


desconocida. Sin embargo sólo es eso, desconocida, porque no es extraña. El convite me lleva a explorar por todos las territoriAs posibles de conocimiento a este monte Juan Fernández, y leo atenta la información compartida. Instalo su nombre en el buscador favorito y comienzo a “navegar” un nuevo espacio procurando utilizar todas las herramientas que en el encierro descubrí para generar movimiento.

III Sigo en mi encierro. Me sitúo desde mi ordenador que lo comprendo como mi brújula, cuál navegante moderna. Al final de este tiempo pandémico es probablemente lo único en lo que puedo ejercer algo de control. Creo comprender que desde este espacio y mis puntos cardinales personales algo puedo moverme. También comienzo a entender que mi pantalla es mi único plano general. Es mi ojo sensato. Mi ojo que hoy está saturado de lecturas, de textos escritos, de correos electrónicos y de redes sociales.


La pantalla se abre y mi capacidad de asombro la acompaña. Pero este asombro se reduce, porque no es “palpable”. Veo imágenes y leo. Leo mucho. Pero no es lo mismo porque necesito moverme. Extraño la realidad de la territoriA que veo. Quiero ir a esta escultura figurativa y moverme entre sus sentidos. Caigo en la frustración de no conocerle y de no poderlo hacer en un tiempo actual y futuro preciso. Todo posible en el pasado hoy lo siento lejano. Ese pasado hoy me es lo único concreto. Caigo en la necesidad de concretar. La seguridad de la realidad que me da el caminar. Caigo en la necesidad de certeza de una territoriA conocida. Caigo en la búsqueda de seguridad territorial. Salgo a caminar.

IV Llego a mi barrio. Me siento bien. Mi respiración se expande. No hay mejor lugar para mí que el barrio. Su historia siempre está presente, pero la mía allí me acompaña en todos los rincones. Me siento acogida,


me siento fuerte, me siento segura, me siento pasado y presente. También futuro. Camino a paso fuerte. No me pierdo. Soy con-siente del paso. También del desvío. Inclusive hago los cortes con más decisión. La capacidad de asombro vuelve a la ruta. Aparecen coordenadas extrañas como en el descrito en el paisaje del monte Juan Fernández. Me pregunto cómo será ese barrio en Juan Fernández. ¿Serán iguales? ¿Habrá fachada continua? ¿Serán las fachadas de colores? ¿Habrán grafitis? O ¿Sólo son plantaciones de pinos como los plátanos orientales que hay en Santiago? Acá también hay basurales. Microbasurales. En cada esquina hay uno. Pero también hay “accidentes viales”. Las casas antiguas se caen. Las casas no se pueden sostener por el paso del tiempo y los incendios. Junto a esas casas se caen historias también. La territoriA se cuestiona con el tiempo, pero sobre todo, se mal interpreta con el tiempo.


V Camino fuerte hacia mi casa de infancia. Paso por mis escuelas. Tres para ser específica. Hoy cada escuela es un pedacito de Latinoamérica. Imagino entonces que no me va a ser problema reconocer otra territoriA en Argentina. Quizás Perú o Bolivia. También Colombia o Venezuela. Extraño la territoriA del viaje. Cerca o lejos, pero moverme. La autonomía del viaje es un placer humano. Cruzar océanos para conocer personas, espacios, lenguajes, cuerpas, comidas, creencias o simplemente experimentar silencios. Echo de menos ese silencio. La territoriA de viaje me hace sentido en mi territoriA personal. Cruzo desde una calle a un océano. Me interpela buscar nuevos presentes para recordar sus pasados vividos y proyectar futuros inciertos. Me asombra el franco camino de la vida.


VI “La vida tiene su asombro”, concluyo mientras voy caminando en mi eterno retorno. Creo que tiene miradores trazados o sorteados como dice el convite. Desde mi encierro en marzo del veinte veinte cuestiono mis territoriAs amplias y diversas. Porque las comprendo como parte vital de mi arte y vida. No hay posibles sin una realidad que me sostenga para crear nuevas certezas. Quiero moverme con sensatez en esta nebulosa. Vivo con ansiedad constante porque quiero que la nebulosa me centre. Quizás no tener certezas sea más ensoñación que pérdida. Quizás estar perdida pueda darme una ruta y crear hitos nuevos. Y entre cordilleras y puntos cardinales personales sea posible sinuar lo que se haga presente.


VII No sé cuándo volveré a salir. No sé cuándo podré volver a caminar sin retorno. Quiero una senda territorial llana con horizontes imposibles. Sigo a paso firme, pero más lenta. Creo en los hitos que las territoriAs personales han formalizado en este tiempo. Desde allí cruzo mi cordillera andina propia y un océano personal de profundo silencio. Mi presente está poco a poco volviendo a reactivarse. Vuelvo a visitar mi ordenador y acepto escribir al convite del monte Juan Fernández. Vuelvo a navegar en torno a este convite.


Estos párrafos no constituyen Cantos. Se constituyen como pequeñas crónicas personales en territorias pandémicas. Primavera 2021.




HAY CADÁVERES - mariana monzón-


Reiterar hasta el sin fin… señalar lo obvio infinitamente. La iteración de la conquista al desierto como régimen discursivo. Pero también la ritualización de la conquista desde del 1er acto y pacto originario de la conquista. Entre tiempos y espacios distintos. ¿Qué podemos observar distinto a partir de escuchar, ver, sentir, leer… la insistencia de la conquista al desierto y el volver a Descubrir, Amar, Conquistar, Desmembrar, Dominar? SaVernos dentro de un fractal, dentro de espejimos de las iteraciones de campañas al Desierto. Sospecho que lo nuevo sigue estando ahí en medio de lo obvio, como en el decir “hay Cadáveres” del poema de Perlongher (1981). La iteración del cuerpo muerto. De la vida del cuerpo muerto que se convierte en sujeto justo cuando muere. A fuerza de nunca ser enterrado del todo. Eso que quedó afuera, por error, acción, omisión, discontinuo. Molesto. Horrible. Monstruoso. De terror. Visité en las profundidades al Monte Fernández o al menos eso me gustaría, (imagino que visité) Hice un agujero en la tierra, con la pala. Pedí permiso… La arcilla al cocinarse, se contrae y puede quebrarse, no


quería que eso me pase. Una pequeña muestra, extracción, rallada, humedecida, filtrada y deshidratada hasta el punto justo en que puede ser formada, aplanada, golpeada, juntada, modelada. Sentía tocar esa mano muerta al moldear la arcilla. También mis propias manos. Mi mano tocándome una tercer mano. Manos. Cadáveres anticipados en la mano. Amasijo unas multiplicidades que conectan a los muertos- vivos de la “Tierra de Bendición” que es Patagonia. Siento que a fuerza de “unos vientos raros” que se están sintiendo se desentierran muertos, partes de cuerpos, partes de relatos. Estamos en medio del ritual.





breves ejercicios de aproximación - iván rivelli-


APROXIMACIÓN N°1


APROXIMACIÓN N°2


APROXIMACIÓN N°3


APROXIMACIÓN N°4



INTENTO DIBUJAR CON ESTE TEXTO MI VOZ - ESTEFANÍA SANTIAGO -


Pampa Garúa

Estamos sujetos dentro de una red de significaciones que no hemos elegido, ni nos eligen. Que reproducen estructuras de poder y desconocimiento. Seguimos utilizando un lenguaje que más que ser permeable, clausura y desconoce de otras lenguas que agujerean la realidad desde antes, desde siempre.

Intento dibujar con este texto mi voz para vomitar hechos que se repiten, a lo largo de toda la extensión de nuestro país.

Escribo como litoraleña desde una ciudad a la cual no pertenezco, sobre un lugar que conozco poco, pero que me duele mucho.


Intentamos construir un camino poroso y sensible que sin duda, cuestione esa red de significaciones implantadas y sacuda las estructuras heredadas e impuestas en las que nos movemos,

Esa palabra homogeniza y crea una ficción de una región entera.

Patagonia, no.

Gaucho Poncho Minga Che Puelo Gurí


montañas volcanes glaciares lagos

Debemos reivindicar a aquellos pueblos que han sido violentados. que siguen siendo violentados. que cuidan cultivos, que cultivan leyendas. que caminaban por extensiones de tierras infinitas,

habitamos, interpelamos, tenemos hijxs, ambiciones, sueños.


Nos quitaron hasta la posibilidad de pensar como era todo antes. De nombrar las cosas de otra forma. Nos han enquistado la idea de que la historia son aquellos hechos y protagonistas que lo dejaron todo por la patria. Es que las naciones, sistemas de comunidades imaginadas construyen sociedades desiguales y se basan en la fundación de nuevos relatos que aúnan bajo el mismo brazo, la fuerza y la lucha por un bien común

mesetas ríos vegetación autóctona. Todo aquello ahora esta desplazado de nuestro presente.


Escribo como litoraleña desde una ciudad a la cual no pertenezco,

Aquellas infinitas extensiones de tierra loteadas y alambradas son de ricxs de acá y de allá, pagan menos impuestos por plantar pinos coníferas que en su multiplicidad generan riesgos de incendios fuegos que finalmente suceden por irresponsables por altas temperaturas por extractivismo por usurpación de tierras por cuestiones que se saben poco que se saben mucho que el poder silencia.

que al final, es siempre para unxs pocos.


Intento dibujar con este texto un lugar para mi voz.

sobre un lugar que conozco poco, pero que me duele mucho.



la escultura de el (des) encuentro. en primera persona - JEREMÍAS SALGADO -


Esta producción responde a la invitación a la reflexión que propone el Proyecto Visitantes, acerca de nuestros territorios y las formas de recorrerlos y habitarlos, “más allá de los nichos intelectuales o artísticos de siempre, [en] un gesto que pueda favorecer diálogos e intercambios en tiempos convulsionados y de asedio”. En primer lugar agradezco la invitación a formar parte de esta actividad. No fue una decisión fácil hacerlo, ya que el proyecto parte de una valoración acerca de una escultura de la que soy autor, y porque no soy un visitante propiamente dicho. Sin embargo agradezco la oportunidad de diálogo con el proyecto ya que, posicionándome como un visitante, observo extrañado desde este presente mi vínculo con el paraje, con Lago Puelo y con las reflexiones sobre lo que el proyecto denomina “Monte Juan Fernández”. De este modo me propongo relatar la génesis de la mencionada escultura y las tensiones, reflexiones y sentidos con que fue realizada a fin de aportar otras miradas a dicha “visita”. Estas reflexiones sugieren tensionar algunas concepciones que pueden resultar estancas si no consideramos los procesos de existencia de quienes habitamos el lugar, también contradictorias respecto de algunas clasificaciones


típicas para las producciones artísticas donde, valga aclarar, monumento conmemorativo y escultura pública suponen significados y procesos diferenciados, y por último, algo escueta, con el riesgo de ser reductiva, al realizar comparaciones con procesos sucedidos en otros contextos, como es el caso de Bariloche. Así también propongo ampliar la mirada, como un simple habitante, sobre los demás lugares mencionados como “el basurero” y “la plantación de pinos”. Coincido plenamente con que los lugares, sus destinos, funciones, objetos y sus relaciones entre sí y con las personas portan significados y van construyendo sentidos particulares. Celebro la oportunidad de repensar nuestro territorio, las formas en que miramos y lo que vemos, para no perdernos en paradigmas cerrados sino intervenir los significados a partir de lo que vivimos, vamos viviendo y cómo lo hacemos. Cerro Radal, donde se encuentra el acceso este a Lago Puelo, es el lugar que habito desde mi nacimiento, una zona de chacras donde mis padres decidieron radicarse en 1980. La chacra fue por muchos años una producción familiar, con frutales, huerta, un peque-


ño tambo y la producción de quesos artesanales, entre otras actividades de granja. Desde pequeño me relacioné con la cría de animales y con tareas del campo. Vivíamos en un contexto totalmente diferente al actual, en una zona que no tenía amplios desarrollos urbanos y no contábamos con servicios públicos (agua, luz, gas), nos trasladábamos en muchos casos a pie y trabajábamos activamente en el mantenimiento de la economía familiar. El origen de mi profesión como escultor y los temas que trabajo, anclados en el territorio y el vínculo entre humanidad-naturaleza tienen su origen en esta experiencia de mi vida. He forjado un vínculo muy fuerte y profundo con este lugar, este territorio, y me resulta doloroso que se lo denomine Juan Fernández sin considerar las formas de habitarlo de quienes aquí estamos. Mi intención, por ende, es contar esta experiencia de existencia, mis percepciones sobre el paisaje, la génesis de una escultura protagonista de un recorrido y el contexto que le dio lugar y sentido. En el año 2000 ingresé a la Facultad de Bellas Artes (ahora Facultad de Artes) de la UNLP y con la crisis del 2001 una anécdota me motivó a con el reciclaje de la chatarra de hierro. Realicé


varias obras ensamblando hierros que derivaron en un encargue por parte de municipalidad de Lago Puelo de realizar una escultura de un catango con yunta de bueyes. La imagen no trataba de constituirse en un retrato, sino la representación de una escena recurrente de trabajo rural, de sacrificio y cansancio, la escultura de los bueyes que hoy está emplazada en el casco urbano de Lago Puelo. Se trataba de una imagen que habité desde mi infancia y que viví en carne propia. La obra en sí, no representa a un criollo, ni siquiera a un hombre (en género masculino) sino que es una persona trabajadora de la tierra signada por el esfuerzo. El juego de líneas, texturas y formas en la estructura de esos animales derivó en ello. La obra se convierte en una representación de la ruralidad y del trabajo con un alto grado de actualidad. Su emplazamiento supuso un vínculo muy fuerte, a nivel social, por la identificación con la temática y por la participación colectiva que hubo en su construcción, aspecto que en el arte público, es fundamental. Muchas de las obras de arte público buscan representar sucesos significativos de la vida de los grupos sociales, recuperando hechos de la historia local, proponiendo enfoques, ideas, y también, una función estético-turística.


En 2005 en el marco del Módulo Escultura Pública, en la Facultad, realicé un proyecto y elegí como sitio de emplazamiento la intersección de la ruta 40 y la 45,en Cerro Radal, donde hoy se encuentra la mencionada escultura de El (des) encuentro1 . La imagen que proyecté era un homenaje a trabajadores de la cordillera, obrajeros, leñeros y demás. Personajes que representaban en ese entonces los sectores más postergados de la zona. El proyecto no fue aceptado por la municipalidad debido a la controvertida temática vinculada a los bosques y la tierra. Sin embargo el lugar sugerido fue reconocido como un punto clave para un símbolo. En ese contexto la municipalidad me propuso la realización de una representación de la primera llegada del hombre blanco, el capitán Juan Fernández y su búsqueda de la mítica Ciudad de los césares. El tema me resultó perturbador desde el principio y me tomé un tiempo de reflexión, investigación y análisis para decidirlo.

1 La obra no fue oficialmente inaugurada, pero fue nombrada El encuentro por varixs vecinos y medios locales, por eso elegí dicha denominación.


Había leído el libro Nuestros Paisanos los Indios de Martínez Sarasola (2005) y me había interesado la mirada del autor sobre los pueblos originarios que denomina Nuestros paisanos los indios. Realicé consultas con docentes de la facultad y otrxs referentes locales y del campo de la historia y artístico. Sabía que el tema era sumamente controvertido y corría el riesgo de reproducir los modos coloniales de relatar el (no) vínculo entre originarios y conquistadores, entre naturaleza y humanidad, naturalizando la desigualdad. Así también, mirándolo a la distancia, era una oportunidad de visibilizar aquello que el paradigma capitalista eurocentrista tergiversa y oculta, esto último quizás lo más interesante. En una charla con una docente de historia, a quien conocía desde mi infancia y a quien respeto enormemente, observamos que la llegada de Juan Fernández se produjo efectivamente en Lago Puelo y era un hecho relevante para ser representado de forma pública. Más aún si era el primer encuentro entre los españoles y las culturas originarias. Por otro lado era clave la actualidad de dicho (des) encuentro, ya que la llegada/permanencia/insistencia de los españoles y extranjeros en busca de riquezas minerales, junto a la mítica ciudad de los césares, una ciudad mágica llena de oro y plata,


es una de las razones de los grandes conflictos de nuestro territorio que pone al descubierto las tensiones entre dos paradigmas, uno extractivista, colonial y capitalista y otro de convivencia.

El asunto era cómo representarlo Contaba con mucha libertad compositiva para tratar el tema. Si bien debía aparecer el español con el hombre “poya” (como está en los relatos), podía jugar con muchas formas abstractas y minimizar los rasgos iconográficos a fin de situarme en el gesto de las dos figuras, los espacios y otros elementos. Esto no es algo menor porque implica abrir a muchas lecturas y no quedarse con una imagen literal y unilateral. Sin embargo, el encargue oficial suponía un encuentro pacífico entre los pueblos originarios y los españoles que, como es de público conocimiento, no fue horizontal, equitativo ni justo. Realicé varios dibujos con los personajes, algunos muy idílicos con gestos amigables y comunicativos, otros más belicosos con presencias de espadas, lanzas y la cruz católica. Debo confesar que no fue fácil este desafío. Tome la decisión


de basarme en la primera parte de Martínez Sarasola quien menciona que lo único en común entre ambas partes fue el asombro, la sorpresa. Decidí realizar las dos figuras que se observan extrañadas, el paisano al sur y el español al norte denotando la dirección geográfica, metafórica y literal, de cada personaje.




Compositivamente, la figura del paisano envuelve un espacio, un vacío entre las dos figuras sugerida por su brazo extendido con una caída de un fragmento de quillango o de pieles hacia el extremo este de la imagen. Hacia el oeste se representan una suerte de palos o fragmentos de toldos, mediante planos de chapas que se cortan hacia debajo del basamento y terminan de cerrar este vacío vinculando las dos figuras21. El cuerpo de tolderías apenas sugerido remite a la presencia de los pueblos originarios, en un estado de invisibilidad. El español, por su parte, con su armadura, una capa derruida y cruz española en el pecho tiene el gesto más perturbado. Esta obra, cuyas características son monumentales no porta el carácter heroico y disciplinario, modelizador que caracteriza las estatuas concebidas desde la lógica del monumento conmemorativo. Por el contrario, propone problemáticas vigentes, interrogantes y muchas dudas.

21Se trata de un detalle compositivo que vincula las dos figuras responde por un lado al tratamiento visual de los grupos escultóricos que necesitan unirse visualmente las figuras y además a la cuestión estructural debido al tamaño y al tipo de estructura que se está manejando.


Quizás la escultura del carrero rinde homenaje al esfuerzo y al trabajo, y en cierto punto, a la errancia en sí misma, sin ser por ello una construcción histórica rígida ni literal ya que estas propuestas artístico-visuales no miméticas posibilitan lecturas metafóricas, abiertas. Continuando con la propuesta del Proyecto Visitantes en su recorrido, podría ampliarse la foto que incluye la escultura, los bosques de pinos y el basural. En el 2004, 2005 y 2006 el basurero fue, paradójicamente, unos de los lugares donde más materiales recogí, la chatarra de hierro, con los que produzco las esculturas. Este es otro aspecto que distancia la producción hegemónica de monumentos tradicionales de esta propuesta, ya que los mismos se pensaban con materiales nobles (asociados a su permanencia y a la nobleza de la causa). Mientras recogía en el basural supe de las intenciones estatales de un proyecto de planta de tratamiento de basura, de separación y reciclado, que dado el aumento demográfico y los cambios en las políticas locales y provinciales no prosperó como debería. Desde otro punto de vista, observo la inconveniencia de la descripción como “basurero a cielo abierto”, siendo que remite, retóricamente, a la megaminería más que


a la problemática en sí, haciéndose necesario reflexionar sobre nuestras prácticas de (híper) consumo cotidiano y sus consecuencias. Ampliando el encuadre de la foto, avanzamos unos metros más sobre la ruta 45, nos encontramos con una plantación de Roble pellín. Una planta nativa de la región que genera una rápida recuperación del suelo, protege otras especies y la fauna silvestre. Al igual que la planta de reciclaje esta plantación que reemplaza el bosque de coníferas exóticas, también es un proyecto discontinuo que acentúa esta contradicción. Hay una gran falta de institucionalidad en las acciones que provoca que los proyectos conscientes del entorno y la convivencia se detengan. Se hace necesario también observar mucho trabajo e intenciones sustentables de muchas personas que forman parte de iniciativas independientes y también de entidades públicas. Esta plantación de bosque saludable es una alternativa al avance del cambio climático, a la preservación del bosque y cuidar la cadena de carbono que es la gran próxima crisis. Por último, el Proyecto Visitantes hace una homología entre la configuración de los ingresos


a Bariloche y Lago Puelo que también merece una reflexión. El ingreso a Lago Puelo resulta una suerte de confluencia de prácticas de quienes, habitándolo, intervenimos en los espacios desde una perspectiva que no desconoce el sentido de los símbolos coloniales. La escultura de Juan Fernández intenta mostrar la longevidad que tiene este (des) encuentro, este choque entre dos cosmovisiones y sus opuestas manera de entender el territorio (la economía, la existencia, etc). El convite de visitantes nos invita a buscar en los orígenes, personas, causas, prácticas que fueron deviniendo en lo que hoy es el ingreso a Lago Puelo y que se abren del guión preestablecido. Sin desconocer el mandato modelizador y disciplinador de los símbolos, lugares, recorridos que el sistema de pensamiento capitalista (extractivista) y moderno progresista insiste en imponer. Espero que este relato inspire a más intervenciones y visibilizaciones de procesos, modos de existencia y formas de habitar nuestro territorio que puedan resultar alternativas y propositivas.



primero un pie y después el otro - tierra de nadie (n) -


Primero un pie y después el otro, nuestra estrategia de movilidad no ha cambiado desde que levantamos la cabeza para otear el horizonte en el amanecer de nuestros linajes… pero ahora a nuestro paso quedan más que huellas: los desperdicios de nuestra industria, el residuo de lo que consumimos, perdura como una estela de basura señalando cada lugar por el que hemos pasado, y como hanseles y greteles desaforados yendo hacia lo profundo del bosque, la cantidad de porquerías que quedan detrás nuestro ya tapan nuestros pasos y amenazan con hacernos olvidar para siempre de donde venimos. Juanse Villareal paraTierra de Nadie(n)31 Dicimebre 2021

31Tierra de Nadie(n) es un colectivo de artistas diversos en sus formas de entender el arte, sus herramientas, sus imaginarios. Habitan y activan la ciudad de Balsa Las Perlas. Sus intereses son los territorios atravesados por lxs cuerpxs y sus luchas, el paisaje y la inmediatez, entre otros. Dos veces al año abren sus talleres a la gente interesada en compartir la mirada. Ellxs son: Andrea Scatena + Cecilia Tappa + Daniel Deambrosi + Emanuel Gutierrez Paredero + Fabian Urban + Julieta Sacchi + Silvana Coy y eventualmente algunxs invitadxs con quienes nos ponemos en diálogo para reflexionar sobre las prácticas artísticas situadas.


Escanear o hacé clic para escuchar una improvisación sonora realizada con desechos recuperados del basural.





el paisaje como palimpsesto - maia gattás vargas -


Me gusta pensar al paisaje como una intersección de espacios y tiempos, un ensamblaje entre lo cultural y lo que llamamos naturaleza, una convivencia disonante y fantasmal. Desde ahí intento ver los espacios que me rodean, atenta a las ruinas, las historias que circulan en voz baja, intentando observar sus múltiples pasados y con los ojos abiertos al porvenir. Hace poco encontré una frase que me ayudó a comprender todo el trabajo de investigación en torno al paisaje que vengo realizando los últimos años. Nathalie Goffard propone el término de palimpsesto para pensar la relación entre arte y paisaje, me gustó descubrir gracias a ella el origen de éste término: “Un palimpsesto, originalmente, era un códice confeccionado a partir de la reutilización de pergaminos anteriores. Práctica frecuente ante la escasez de papiro durante la Edad Media, el palimpsesto era un manuscrito que, al ser realizado artesanalmente, conservaba sobre sus páginas las huellas de una escritura anterior que nunca podía ser borrada del todo, por lo que se solapaban sobre sus hojas nuevos textos a la vez que antiguos grafismos”. Entonces podemos preguntarnos ¿Cuántos tiempos viven en los paisajes? ¿Qué escrituras


anteriores, imborrables, sobreviven cuando nos relacionamos con un espacio? ¿Cuántos (y cuáles) paisajes hay en un paisaje? Siguiendo esta idea del paisaje como palimpsesto propongo que los observemos desde una historia espectral, donde poco importe la frontera entre lo real y lo imaginario, porque en un escenario lleno de monstruos, como son las Patagonias en las que vivimos, la realidad y lo imaginario tienen demasiados cruces. Por ejemplo, en el Parque Nacional Nahuel Huapi, habita el mito del Nahuelito, un plesiosaurio acuático. El Nahuelito es una latencia en el paisaje, una potencial aparición, la promesa de un peligro desconocido, una zona no iluminada o una fotografía no revelada. Me gustaría creer que este relato mítico del monstruo sumergido en las aguas profundas y heladas del lago Nahuel Huapi, es un recordatorio de que no todo puede ser visto en los paisajes patagónicos o que simplemente, no nos alcanza con “ver”.




relatos de yeso para paisajes posibles insur (ur) gentes - celeste medrano-


La primera vez que Yeso habló —LA DEL ARTE— yo tenía 16 o 17 años. Mediaban los ‘90, el Liceo Municipal “Antonio Fuentes del Arco” era el territorio del arte y Eduardo Élgotas un hacedor de posibles. Habló Eduardo. Habló Yeso. El primero dijo algo con voz de “escultura”, de proporciones “uno a uno”, mencionó la fabricación de un bloque del que emergería la forma. Yeso se dispuso, fraguó. Yo me sentí libre de concavidades, de convexidades y conté algo humano-animal, tal vez la síntesis de un paisaje. Un abigarramiento que —emergiendo del despojo— narró pliegues oraculares. Esta posibilidad se dedicó luego a su abandono, se dispuso en esquinas y muebles, después se quebró en dos pedazos y fue desechada ¿Puede la forma de la basura ser también la forma del arte? La suerte ya estaba echada, con un sinnúmero de perspectivas encaramaba a ella. La segunda vez que Yeso habló —LA DE LA BIOLOGÍA—, recorríamos junto a un compañero, Raúl Vezzosi, los bordes del río Salado. Al mismo tiempo y solapadamente transitábamos también las orillas de una fauna, la del cuaternario. Ese primer día de diciembre de 2007 Raúl desplegaba una coreografía de paleontólogo que yo iba


imitando. Y poco a poco, caminando leve, oponiéndome a la viscosidad del barro, en el límite justo entre la tierra y el agua una plétora de fósiles me fue naciendo. Oscuros y concisos, se plegaban en mi mano que apretaba antaños, me vibraba un pasado, otro paisaje me poblaba. Así, ambos, en devenir-con la pura obscenidad del tiempo, la perecibilidad, estábamos-siendo biologxs cuando una forma y su abandono se nos presentó. Entre los semitonos barrosos, con su omitida panza dispuesta al sol, un gliptodonte —gran mamífero acorazado, pariente de las mulitas, los armadillos, los peludos— nos relató su Pleistoceno. Y fue menester cavar un pozo a su alrededor para develar la concavidad de una ausencia que decidimos: coleccionar, trasladar al Museo Provincial de Ciencias Naturales “Florentino Ameghino”, identificar, medir, pesar, archivar y todos los infinitivos posibles de una domesticación probable. El caparazón de un gliptodonte se compone de una miríada de pequeñas placas óseas hexagonales ¿Cómo desenterrar esta perspectiva de huesos sin desarticularla? Sólo Yeso podía socorrernos. Era menester cubrir la ausencia animal con trozos de lienzo y yeso para evitar su desvencijamiento, fabricar unas


vísceras color tiza para la extinción de un paisaje. Y Yeso nos habló desde las ruinas, esculpió para nosotrxs huellas de pretéritas enunciaciones. ¿Quién nos vestirá de este blanco sólido cuando seamos distancia? Yeso habló una tercera vez —LA DE LA ANTROPOLOGÍA— para contarnos a mi amiga Monika Kujawska y a mí, en 2015, sobre ausencias antropocénicas. Ella había viajado desde Polonia para enredarse en el (nuevo)mundo de los saberes vegetales de los polacos migrantes que comenzaron a instalarse en Misiones a partir de finales del siglo XIX. Y de repente, entre los avatares de la exuberancia selvática que es siempre más-que-humana, alguien había tributado en sus manos una huella de yeso de Panthera onca, el tigre, el yaguareté, una presencia abundante en América también hasta fines del siglo XIX. Hoy Tigre se encuentra severamente amenazado. Lxs biólogxs y conservacionistas, para quienes la declinación de la especie reviste un acentuado riesgo, endilgan su pérdida a la alteración de los ambientes donde habitaba, a la persecución de la que es objeto desde tiempos virreinales debido al valor de su piel y a su fama de animal peligroso para la gente pero fundamentalmente para el ganado. Con


esta gravedad encaran llas de estos animales Yeso les modela un nes pero también les

la búsqueda de las huey las capturan en yeso. pasado y sus afectacionarra un futuro posible.

Simétricamente, entre los avatares de la exuberancia urbana siempre más-que-humana, en Buenos Aires, Monika depositó esta huella en mis manos. Yo, pura congoja, trasladé la concavidad de su ausencia hasta el Museo Ameghino. “Huella de Panthera onca de Yeso” fue identificada, medida, pesada, montada, expuesta; transitó la verbalidad del archivo en primera persona, singular. Quienes la vieron: ¿Habrán escuchado de Yeso su reclamo? ¿Se habrán entendido en la magnitud de su devastación? ¿Se habrán percatado en la simplificación de un paisaje sin tigres? Yeso, que hace carencia de pata de tigre, ausencia de caparazón de gliptodonte, que gesta pretéritos paisajes humano-animal, es reflejo, es espejo, discreto interlocutor y megáfono. Yeso está hablando por cuarta vez —LA DEL ARTE— en mi biografía de muchxs. Recorro hoy — junto a todxs lxs que soy (la artistx, la biólogx, la antropólogx)— las riveras de los ríos de agua dulce


que, en el litoral del Río Paraná, componen su rizoma de fluires. Atravieso selvas de alisos y sauces que se sobreponen a la forma del camalote y del catay; cruzo montes donde el timbó blanco, el aromito, el curupí y el sangre de drago proyectan las sombras de su insistencia. Voy tras el producto fisiológico de esta plétora de humanxs —que somos—, excretando el signo de nuestras ansiedades. Me pregunto: ¿Quién es ese antropos —del Antropoceno—, cuál es la medida de su ob-ceno? Entonces, sondeo basura semienterrada. Procuro rastrear estas huellas, como aquel “arte de ver lo invisible para disponer el cuadro de una auténtica geopolítica” (Vinciane Despret en Morizot, 2020: 14)4.1 Entonces, cuando encuentro estos restos/huellas/memoria(s), dejo a Yeso que hable. Lo vacío en la concavidad que emerge al remover los objetos/restos. Él me devuelve una convexidad sensible. Me propone una huella que evoca un ensamble multiespecies. Yeso y yo creamos-criamos ‘huellas antropocénicas’, pero también creamos-criamos una forma de rastrearnos

41MORIZOT, Baptiste. 2020. Tras el rastro animal. Buenos Aires: Isla Desierta


en el paisaje, de sabernos puro Antropoceno para desear futuros posibles, menos extractivistas, más tentaculares. Así: la primera huella —obtenida a partir del entierro de una tapa de gaseosa— nos devolvió, a Yeso y a mí, una forma cilíndrica con dos apéndices ateniformes, una actitud que mira, una interpelación de rostro; la segunda —calcada a partir de una lata de cerveza aplastada— devino una suerte de molusco en cuyo extremo se ubicaron unos pelos casi pélvicos, en el centro, se dispuso el élitro dorado y negro de un coleóptero, una exigencia de sexualidad, un porvenir deseante. Podríamos seguir enumerando detalles y sus implicancias ontológicas, pero estas son parciales, pues cada huella deviene a través del involucramiento de quién se anima a dialogarse con ella. Las huellas-memoria(s) que contamos con Yeso, al reterritorializar residuos, emergen como experiencia situada, más como acción que como relato y tejen argamasas, no sólo con aquellos objetos que legaremos, sino también con toda la vida que dichos artefactos reclaman. Un involucramiento sensible con una taxonomía de otrxs no-humanos, una arqueología que no ilustra un pasado, que propone afectaciones por venir, metamorfoseándo-


se en figuras/formas abiertas, mutantes, monstruosas. Ahora Yeso, que va mapeándose entre las costas de la Selva de Rivera del Paraná Fluvial, desea. Desea Yeso ahora —ABIGARRANDO ARTE, BIOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA— al Monte Juan Fernández. Vio en él su hechura de pinos traídos en quién sabe qué carabelas, cruzando las aguas saladas de un borramiento salvaje que es de figura y forma, de cuerpxs, saberes, paisajes; plantados de facto en mono-cultura-cultivo, para reemplazar al coihue, al radal, al maitén. Vio su sustrato pleistocénico devenir basural, vio ese fanatismo acumularse, diseñando colinas de plástico. Y mucho antes, también vio una perspectiva que, con cruces y rifles, quiso sacudirse el territorio de quiénes ya estaban ahí, lxs ‘che’ de la Tierra, lxs que ahora resisten la violencia de la actualidad, la actualidad de la violencia. También vio una escultura, la de Juan Fernández y su otro, que no es de yeso pero podría serlo pues fue forjada a partir de chatarra, hierros expuestos a lo incierto, a la arbitrariedad de la forma. Así, Yeso y yo deseamos abigarramientos emancipatorios. Indisciplinas de ciencias y artes que nos susurren la


forma de un por-venir de coexistencias. Donna Haraway menciona que “los artistas y los biólogos enfrentan un problema común: la creación de la novedad y el aprecio fundamental por la naturaleza de la forma orgánica” (2021: 17)5 1y sigue “las formas biológicas se cultivan, no se ensamblan por partes” (ibid.). Nos disponemos entonces a cultivar cosas que son huellas, a hacerlas crecer al calor del deseo de posteridades otras. Y así, anhelando, apareció la forma de un convite, de un don: Camine hasta el Monte Juan Fernández [el de la Comarca Andina del paralelo 42 u otro], erre, déjese contar memoria(s), toque el olor resinoso de los pinos, escuche el cascabeleo de la basura; puéblese en la insistencia de ese mundo, en sus excesos. Rastree residuos semi-enterrados, remuévalos, averigüe qué tiempo necesitarán estos artefactos para degradarse. Obsérvese en esa concavidad. Mezcle una parte de yeso, una parte de agua y haga Yeso. Viértalo en la oquedad de ese desespero. Espere unos minutos, y recupere la convexidad, esa forma y su política. Explore meticulosamente la huella para que Yeso le cuente las minucias de otros mundos, unos que laten al calor de los involucramientos contra-taxonómicos. Fin del don, principio de otrxs Montes Juan Fernández posibles ¡Multiplicidad!

51HARAWAY, Donna. 2021. Testigo_Modesto@Segundo_Milenio. HombreHembra©_Conoce_OncoRata®. Buenos Aires: Rara Avis.






Este fanzine se terminó de editar en el taller de Proyecto Visitantes. Comarca Andina del Paralelo °42 Patagonia Diciembre 2021

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