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ISSN 1666-0714

temas y debates 24

[revista universitaria de ciencias sociales semestral / año 16 / número 24 julio-diciembre 2012]

Número especial en homenaje a Guillermo O’Donnell


ISSN 1666-0714

Comité Editorial Directora Adriana Chiroleu / U.N. Rosario Hugo Quiroga / U.N. Rosario Sandra Valdettaro / U. N. Rosario Graciela Zubelzú / U.N. Rosario María Eugenia Garma / U.N. Rosario Waldo Ansaldi / U. de Buenos Aires Carlos Borsotti / U.N. Luján Dr. Rafael Calduch Cervera / U. Complutense de Madrid Francisco Delich / U.N. Córdoba Emilio De Ipola / U. de Buenos aires Alicia Entel / U. de Buenos Aires Antonio Fausto Neto / Universidade do Vale do Río dos Sinos Andrés Fontana / U. de Belgrano Aníbal Ford / U. de Buenos Aires Flavia Freidenberg / U. de Salamanca Daniel García Delgado / U. de Buenos Aires / FLACSO Aldo Isuani / U. de Buenos Aires Carlos Juárez Centeno / U.N. Córdoba Bernard Manin / École des Hautes Études en Sciences Sociales Dr. Boris Martynov / U. Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú Alfredo Monza / U. de Buenos Aires / FLACSO Paulo Netto / U. Federal de Río de Janeiro José Nun / CONICET Félix Peña / U.N. de Tres de Febrero

Luis Alberto Romero / U. de Buenos Aires Alain Rouquié / Maison de l’Amérique latine de Paris Roberto Russell / U. Torcuato Di Tella Dardo Scavino / U. de Burdeos Héctor Schmucler / U.N. Córdoba Rodrigo Stumpf González / U. Federal do Rio Grande do Sul William Smith / University of Miami José A. Sotillo Lorenzo / U. Complutense de Madrid Carlos Strasser / Flacso Emilio Tenti Fanfani / U. de Buenos Aires Eliseo Verón / U. de San Andrés María Carmelita Yazbeck / Pontificia Universidad Católica de San Pablo Secretaria Técnica María Elena Nogueira Diseño Gráfico Lorena Arroyo María Julia Ferrari Eugenia Reboiro


TEMAS Y DEBATES es una revista de periodicidad semestral editada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (ISSN 1666-0714). Tiene como objetivo principal la difusión de la producción académica en Ciencias Sociales, especialmente en las áreas de Ciencia Política, Relaciones Internacionales, Comunicación Social y Trabajo Social, procurando generar un ámbito de discusión sobre temáticas propias de esta área de conocimiento a partir de la presentación de artículos inéditos, seleccionados por el Comité de Redacción con la colaboración de árbitros externos especialmente convocados para tal fin. El proceso de evaluación es de carácter anónimo. Dirigir correspondencia a: TEMAS Y DEBATES, Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Universidad Nacional de Rosario, Riobamba 250 Bis, Monoblock 1, Planta Baja, Secretaría de Investigación y Posgrado, 2000 Rosario, Argentina. Web: www.temasydebates.com.ar

Autoridades FACULTAD DE CIENCIA POLITICA Y RELACIONES INTERNACIONALES UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO DECANO: Lic. Franco Bartolacci VICEDECANO: Lic. Héctor Molina SECRETARIA ACADÉMICA: Mg. Sabrina Benedetto SECRETARIA DE INVESTIGACIÓN Y POSGRADO: Lic. Claudia Voras SECRETARIA DE PLANIFICACIÓN Y GESTIÓN INSTITUCIONAL: Lic. Cintia Pinillos SECRETARIA DE EXTENSIÓN: Lic. María Inés Suidini SECRETARIA DE ASUNTOS ESTUDIANTILES: Lic. Lucila Dattilo SECRETARIO FINANCIERO: Lic. Oscar Sgrazzutti SECRETARIO DE COMUNICACIÓN INSTITUCIONAL: Mg. Edgardo Toledo SECRETARIA DE RELACIONES INSTITUCIONALES: Lic. Cecilia Ruberto DIRECTORA ESCUELA DE CIENCIA POLITICA: Lic. María Gabriela Benetti DIRECTORA ESCUELA DE COMUNICACION SOCIAL: Lic. Elizabeth Martínez de Aguirre DIRECTOR ESCUELA DE RELACIONES INTERNACIONALES: Lic. Gustavo Marini DIRECTORA ESCUELA DE TRABAJO SOCIAL: Mg. María Eugenia Garma


TEMAS Y DEBATES es una publicación de periodicidad semestral editada por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. Su Comité Editorial se conforma de profesores de diferentes unidades académicas argentinas y del exterior. La publicación se encuentra indizada de acuerdo a los criterios de calidad editorial establecidos por el sistema Latindex (CAICYT-CONICET), habiendo obtenido un puntaje correspondiente al nivel 1 (nivel superior de excelencia). Forma parte, por tanto del Catálogo correspondiente, Folio 11766 (www.latindex.org). Además, la revista integra la Base de Datos DIALNET de la Universidad de La Rioja, España bajo el registro 12939 (http://dialnet.unirioja. es), Qualis B2 (Ciencia Política y Relaciones Internacionales) de Capes, Brasil (www.qualis. capes.gov.ar) y la Red Clacso.

TEMAS Y DEBATES is a half-yearly Journal published by the Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales of the Universidad Nacional de Rosario. Its Academic Commitment is integrated by professors of different Argentine academic units and from the outside. The publication was evaluated according to the criteria of publishing quality established by system Latindex (CAICYT-CONICET), having obtained level 1 (superior level of excellence), and it forms part of the corresponding Catalogue, Folio 11766 (www.latindex.org).The Journal is also included in DIALNET Universidad de La Rioja, España, n° 12.939(http://dialnet.unirioja.es). Qualis B2 (Political Science and International Relations) by Capes, Brazil (www.qualis.capes. gov.br) and Clacso.


ISSN 1666-0714

Indice Palabras preliminares Franco Bartolacci Presentación Adriana Chiroleu

11-12 15

ARTICULOS

Homenaje a Guillermo O’Donnell. La democracia delegativa como subrogación consentida Hugo Quiroga

21-28

La necesaria reconciliación entre Ciencia Política y Ciencia Jurídica. Apuntes sobre la Clase Magistral de Guillermo O’Donnell “Acerca de la Ley, el Estado y la Democracia” Gloria Trocello

31-39

Un politólogo absoluto Martín D’Alessandro

41-46

Las metáforas y los conceptos. Ensayo en honor a Guillermo O’Donnell Cecilia Lesgart

49-58

Guillermo O’Donnell: sus contribuciones a la institucionalización de la ciencia política en Argentina Gustavo Dufour

61-65

El legado de Guillermo O’Donnell a la política comparada latinoamericana Cintia Pinillos

67-73

El derecho a un buen estado Enrique Peruzzotti

75-83

Pragmatismo teórico-metodológico, interdisciplinariedad, construcción institucional y pasión democrática: los legados de Guillermo O’Donnell Carlos H. Acuña

85-93 115-135

La tradición clásica al servicio de una pasión intelectual Osvaldo Iazzetta

95-102

Guillermo O’Donnell y su compromiso con la democratización Luis Tonelli

105-114

Teoría, método y compromiso. Algunas reflexiones en torno al legado de Guillermo O’Donnell Lucas González

117-121

El arte de nombrar: Guillermo O’Donnell y el desarrollo de la ciencia política en América latina Pablo Bulcourf

123-143

COMUNICACIONES

Modernización y autoritarismo y El Estado burocrático autoritario de O’Donnell. Una nueva lectura para comprender las claves del dilema argentino Gastón Souroujon

147-156

Transiciones a la democracia: temor, incertidumbre y compromiso intelectual y político Melina Perbellini

159-166

Notas sobre Democracia, agencia y estado en el legado de Guillermo O’Donnell Mariana Berdondini

169-179

Ciencia y profecía: autoritarismo, democracia y Estado en tres textos de Guillermo O’Donnell María Elena Nogueira

181-191

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ISSN 1666-0714

Index A few introductory words Franco Bartolacci Introduction Adriana Chiroleu

11-12 15

ARTICLES Tribute to Guillermo O’Donnell. Delegative democracy as consensual subrogation Hugo Quiroga

21-28

The necessary reconciliation between Political Science and Legal Science. Notes on the Master Class by Guillermo O’Donnell: “On Law, State and Democracy” Gloria Trocello

31-39

An absolute political scientist Martín D’Alessandro

41-46

The metaphors and concepts. Essay in honor of Guillermo O’Donnell Cecilia Lesgart

49-58

Guillermo O’Donnell: their contributionstotheinstitutionalization of political science in Argentina Gustavo Dufour

61-65

The legacy of Guillermo O’Donnell to the Comparative Politics of Latin America Cintia Pinillos

67-73

The right to a good State Enrique Peruzzotti

75-83

T h e o retic al-m eth o d o l o gic al pragmatism, interdisciplinarity, institutional building and democratic pasion: the legacies of Guillermo O’Donnell Carlos H. Acuña

85-93

The classical tradition in social science in the service of an intellectual passion Osvaldo Iazzetta

95-102

Guillermo O’Donnell and his commitment to democratization Luis Tonelli

105-114

Theory, Method and Commitment. Some Reflections on the Legacy of Guillermo O’Donnell Lucas González

117-121

The art of naming: Guillermo O’Donnell and the development of political science in Latin America Pablo Bulcourf

123-143

COMMUNICATIONS

Modernization and BureaucraticAuthoritarianism and The Bureaucratic-Authoritarianism State of O’Donnell. A new reading to understand the keys of Argentine’s dilemma Gastón Souroujon

147-156

Transitions to democracy: fear, uncertainty and intellectual and political commitment Melina Perbellini

159-166

Notes about Democracy, agency and the state on Guillermo O’Donnell’s legacy Mariana Berdondini

169-179

Science and Prophecy: authoritarianism, democracy and State in three Guillermo O’Donnell’s texts María Elena Nogueira

181-191 9


Palabras preliminares

Los trabajos que siguen a estas páginas sintetizan las intervenciones de colegas y amigos en el marco de un modesto pero sentido homenaje de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario a su trayectoria y a su persona. La muerte de Guillermo, el politólogo argentino más relevante e influyente, constituyó una triste noticia que llenó de profundo pesar a la comunidad académica de nuestra institución. Su imponente producción académica promovió gran parte de los debates más importantes desde las últimas décadas del siglo pasado. Los estudios teóricos sobre el autoritarismo, las transiciones y las incipientes experiencias democráticas constituyen material ineludible para comprender los procesos políticos que marcaron el derrotero de nuestro país y la región. Pero más allá de su extraordinaria capacidad para generar herramientas teóricas eficaces para explicar la realidad política, de su precisión y claridad para desentrañar procesos complejos, de su intuición para adelantar lecturas sobre fenómenos particulares de la región, me interesa recordar en estas breves palabras al intelectual comprometido, al hombre atento y generoso, al amigo de nuestra casa. Tuve el privilegio de compartir reuniones académicas y otras más distendidas con Guillermo. El día de la triste noticia, recordé aquel primer contacto, mediado por una carta, en el marco de la entrega del Título de Doctor Honoris Causa que promovimos en nuestra Universidad. En aquel entonces aún era estudiante y su visita a Rosario coincidió con un Congreso al que asistí en Mar del Plata. Presidía la Federación Universitaria de Rosario y dejé una nota para transmitir, en mi ausencia, lo que significaba para los estudiantes de nuestra Facultad el reconocimiento a su trayectoria. Semanas después, recibí por carta la respuesta de un hombre atento y considerado a un estudiante desconocido. Lejos de la formalidad del caso, la

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Lic. Franco Bartolacci, Decano de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario

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nota de Guillermo constituía un mensaje profundo a los jóvenes universitarios, una convocatoria al compromiso y la rigurosidad. También, un mensaje esperanzado respecto del rol que nuestra generación debería ocupar frente a los desafíos institucionales y democráticos en América latina. Años después, Guillermo nos otorgó el privilegio de organizar un taller internacional en nuestra Facultad para reflexionar sobre la actualidad del concepto de democracia delegativa y analizar sus potencialidades para comprender la dinámica de la democracia en Argentina y la región. Era Guillermo O’Donnell, dispuesto a revisar junto a colegas, en la ciudad de Rosario, una de las categorías más sobresalientes de su gran producción académica. Entre un acontecimiento y otro, pero sobre todo desde su definitivo regreso a nuestro país, Guillermo estuvo siempre muy presente en la vida académica e institucional de la Universidad Nacional de Rosario, de quien es Doctor Honoris Causa, y en particular de nuestra Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Esta presencia se manifestó en el contacto permanente con sus colegas y amigos, como a través de su participación en diversas actividades. Recorrió, cada vez que su agenda lo permitió, nuestros congresos sobre democracia, promovió reuniones de trabajo y fue un interlocutor atento y presente de nuestra casa de estudios. Siempre abierto al diálogo con sus pares y predispuesto al encuentro con estudiantes, fue generoso y humilde. No disimulaba su vocación por debatir con todos nosotros como uno más, a pesar de la gigantesca distancia que establecía su extraordinaria trayectoria e influencia. Con Guillermo y Gabriela construimos una relación entrañable. Su amistad honesta y sincera, propia de un hombre bueno, con carácter fuerte, esperamos haber honrado a lo largo de los años. Quienes trabajamos en el estudio de los procesos políticos de nuestro tiempo, crecimos debatiendo y pensando junto a Guillermo. Volveremos sobre sus libros reiteradas veces. Seguiremos buscando junto a él, preguntas y respuestas que nos ayuden a pensar ‒una y otra vez‒ el presente y el futuro de la democracia en América latina.


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Presentación

La Revista Temas y Debates recoge en este número las presentaciones efectuadas en la Jornada Homenaje “Guillermo O’Donnell y la Ciencia Política” que organizara la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario el 8 de mayo del corriente año. El sentido de esta Jornada fue rendir tributo a este politólogo de destacadísima trayectoria en el ámbito nacional e internacional, paradigma del académico crítico y comprometido con su tiempo y su país, y amigo de esta institución a la que privilegió durante muchos años con su participación en diversos eventos y en el intercambio constante y el debate con colegas y estudiantes. Este evento se desarrolló con el apoyo de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) y la Secretaría de Cultura del Centro de Estudiantes de la Facultad y contó con la participación de numerosos colegas de varias universidades argentinas unidos por el objetivo común de homenajear a quien fuera el politólogo argentino más influyente de nuestra época y rediscutir su enorme legado teórico y conceptual. Temas y Debates recoge el fecundo intercambio que se originó en este evento a través de las presentaciones de un puñado de colegas que se complementa con un conjunto de artículos reflexivos sobre tramos puntuales de la vasta obra de Guillermo. Pretendemos de esta manera no sólo intervenir en el debate académico sobre una producción escrita fundamental para el análisis de la realidad política nacional e internacional, sino expresar también el agradecimiento y el profundo respeto de la comunidad académica de esta Facultad hacia quien fuera a la vez colega, interlocutor y amigo. Su palabra rigurosa y profunda, su capacidad reflexiva, su creatividad en la construcción de categorías de análisis y su entrañable calidez ya constituyen parte de nuestro acervo institucional y un sólido apoyo para seguir analizando a futuro el devenir de la política nacional y regional.

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Dra. Adriana Chiroleu, directora de Temas y Debates

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Homenaje a Guillermo O’Donnell. La democracia delegativa como subrogación consentida Tribute to Guillermo O’Donnell. Delegative democracy as consensual subrogation

Hugo Quiroga - pp. 21-28 La necesaria reconciliación entre Ciencia Política y Ciencia Jurídica. Apuntes sobre la Clase Magistral de Guillermo O’Donnell: “Acerca de la Ley, el Estado y la Democracia” The necessary reconciliation between Political Science and Legal Science. Notes on the Master Class by Guillermo O’Donnell: “On Law, State and Democracy”

Gloria Trocello - pp. 31-39 Un politólogo absoluto An absolute political scientist

Martín D’Alessandro - pp. 41-46 Las metáforas y los conceptos. Ensayo en honor a Guillermo O’Donnell The metaphors and concepts. Essay in honor of Guillermo O’Donnell

articles

artículos

Cecilia Lesgart - pp. 49-58 Guillermo O’Donnell: sus contribuciones a la institucionalización de la ciencia política en Argentina Guillermo O’Donnell: their contributions to the institutionalization of political science in Argentina

Gustavo Dufour - pp. 61-65 El legado de Guillermo O’Donnell a la política comparada latinoamericana The legacy of Guillermo O’Donnell to the Comparative Politics of Latin America

Cintia Pinillos - pp. 67-73


El derecho a un buen estado The right to a good State

Enrique Peruzzotti - pp. 75-83 Pragmatismo teórico-metodológico, interdisciplinariedad, construcción institucional y pasión democrática: los legados de Guillermo O’Donnell Theoretical-methodological pragmatism, interdisciplinarity, institutional building and democratic pasion: the legacies of Guillermo O’Donnell

Carlos H. Acuña - pp. 85-93 La tradición clásica al servicio de una pasión intelectual The classical tradition in social science in the service of an intellectual passion

Osvaldo Iazzetta - pp. 95-102 Guillermo O’Donnell y su compromiso con la democratización Guillermo O’Donnell and his commitment to democratization

Luis Tonelli - pp. 105-114 Teoría, método y compromiso. Algunas reflexiones en torno al legado de Guillermo O’Donnell Theory, Method and Commitment. Some Reflections on the Legacy of Guillermo O’Donnell

Lucas González - pp. 117-121 El arte de nombrar: Guillermo O’Donnell y el desarrollo de la ciencia política en América latina The art of naming: Guillermo O’Donnell and the development of political science in Latin America

Pablo Bulcourf - pp. 123-143


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Homenaje a Guillermo O’Donnell. La democracia delegativa como subrogación consentida Tribute to Guillermo O’Donnell. Delegative democracy as consensual subrogation Hugo Quiroga

resumen

summary

Este texto focaliza, especialmente, en una preocupación central de la obra de Guillermo O’Donnell, el “deslizamiento” de las democracias delegativas hacia el autoritarismo tal como ocurrió en la Venezuela de Chávez, el Perú de Fujimori, o la Rusia de Putin. Fue también el tema que lo sitúa en un claro rol de intelectual público, tomando parte en las discusiones dominantes de la Argentina actual. En su escritura y en su palabra hay un compromiso personal, aún más en tiempos difíciles, que pone a prueba a los intelectuales que no aceptan la neutralidad ni la comodidad del silencio.

This text refers to a central problem of the work of Guillermo O’Donnell, the “slip” of delegative democracies toward authoritarianism as have occurred in Chavez’s Venezuela, Fujimori’s Peru, or Putin’s Russia. It was also the subject which places him in a clear role of public intellectual, taking part in discussions about Argentina democracy nowadays. In his writing and in his personal commitment, even in difficult times, he did not accept the neutrality of silence or comfort.

palabras clave

democracia delegativa / intelectual público

poder delegado /

keywords

delegative democracy / delegated power / public intellectual

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 21-28

Hugo Quiroga es Profesor de Teoría Política de la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad Nacional del Litoral e Investigador del Consejo de Investigaciones de la UNR, Argentina. E-mail: haquiroga@fibertel.com.ar

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Mis primeras palabras son para recordar la figura de un amigo y brillante colega, de un “cumpa” como me escribió en la dedicatoria de su penúltimo libro. Un gran amigo también, junto a Gabriela Ippólito-O’Donnell, de la Facultad de Ciencia Política y RR.II. de la Universidad Nacional de Rosario. El apoyo de ambos al Congreso sobre Democracia, que nuestra Facultad organiza cada dos años, ha sido incondicional. Por la trascendencia de su obra académica tuvimos el honor de otorgarle el grado de Doctor Honoris Causa, en agosto de 1999, el primero que recibió de una universidad argentina. Conocí a Guillermo O’Donnell en marzo de 1995, en una larga jornada de trabajo, cuando se conformó en la Universidad Nacional General Sarmiento un equipo de asesoramiento para discutir el diseño curricular de la Carrera de Ciencia Política, coordinado por Isidoro Cheresky, y del que formé parte, que estuvo integrado por Guillermo O’Donnell, Norbert Lechner, Arturo Fernández y Daniel Garcia Delgado. Después de esa prolongada actividad hubo un panel constituido por O’Donnell, junto a otros dos grandes, Lechner y Botana, con un público reducido que solo asistió por invitación, lo que favoreció un fecundo intercambio intelectual. Nuestra relación se afianzó cuando nos vimos por segunda vez, también en Buenos Aires, a raíz de una larga entrevista que le realizamos con Osvaldo Iazzetta, en 1997, publicada primero en un libro, y luego en la revista Estudios Sociales. El título de la entrevista (tomado de una expresión del propio O’Donnell) era muy provocativo: “Hoy ser progresista es ser liberal, y viceversa”. Mientras trabajaba sobre la dictadura militar de 1976, leí en el exilio El Estado Burocrático Autoritario, publicado por la Editorial Belgrano, en 1982, que me llevó a Paris una amiga argentina. También leí su artículo, fundamental para mí en ese momento, sobre el Estado, cuando aún mantenía plena vigencia la concepción del marxismo estructuralista sobre el Estado de Nicos Poutlanzas. Me refiero a su texto: “Apuntes para un teoría del Estado”, que se publicó en 1978 en la Revista Mexicana de Sociología (UNAM). Igualmente, fue muy útil para mi estudio sobre la dictadura militar y la transición a la democracia su obra Transiciones desde un gobierno autoritario (que compiló junto a Schmitter y Whitehead), especialmente el tomo 4, Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas, y su artículo “Las fuerzas armadas y el Estado autoritario del cono sur de América Latina”, publicado en un libro, cuya edición fue preparada por Norbert Lechner, Estado y política en América Latina, de 1981. Sigo por el final, no por el final de su vida, que tanto lamentamos, sino por el final de su obra. En su último libro Democracia delegativa (que coordinamos junto con Osvaldo Iazzetta), Guillermo O’Donnell (2011), veinte años después de la elaboración de su texto original, vuelve a revisar el concepto de democracia delegativa, en otra situación histórica que vive el mundo y nuestra región. Regresa a aquellas ideas y preguntas que sirven de cuestionamiento y fundamento a los derechos y libertades: la elección le da al Presidente el derecho, y la obligación, de tomar decisiones sin consulta y control; se elude la rendición de cuentas; el papel de “salvadores de la patria” que se atribuyen ciertos líderes; y la extralimitación cada vez más grave y creciente de los poderes de los ejecutivos.


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Quizá no sea este texto el que resuma el complejo y riguroso pensamiento de Guillermo, pero sí era el tema que lo conmovía y desvelaba en los últimos años. Esa preocupación afloraba cuando analizaba el “deslizamiento” de las democracias delegativas hacia el autoritarismo tal como ocurrió en la Venezuela de Chávez, el Perú de Fujimori, o la Rusia de Putin. Fue también el tema que lo sitúa en un claro rol de intelectual público, tomando parte en las discusiones dominantes de la Argentina actual. En su escritura y en su palabra hay un compromiso personal, aún más en tiempos difíciles, que pone a prueba a los intelectuales que no aceptan la neutralidad ni la comodidad del silencio. Hay un fondo conceptual1 relevante en la noción de democracia delegativa, más allá del universo empírico de referencia que estuvo presente en el momento de su elaboración, que por su contenido trasciende ese contexto histórico, y recobra hoy vigencia en otra situación histórica que vive nuestra región, atravesada por la presencia de otros líderes delegativos. En este homenaje me interesa rescatar, principalmente, el significado de ese concepto que se extiende a lo largo de estos años. El fondo teórico es la concepción de poder que singulariza la noción de democracia delegativa. Es decir, el poder (una concepción determinada de poder) constituye el punto central que organiza, cohesiona, y da consistencia al concepto de democracia delegativa. Esa concepción la denomino, inspirado en los propios textos de O’ Donnell, poder delegado. ¿Por qué repensar hoy la noción de democracia en nuestra región y en el mundo? Ante todo, porque no hay ninguna decisión de los representantes que sea la expresión cierta de la voluntad general de los representados (no existe una voluntad unitaria de todo el pueblo). El modelo clásico de representación política ha sido y es reiteradamente cuestionado, porque se supone que los elegidos representan a la nación en su conjunto, y no a los electores que efectivamente votaron por ellos. La pregunta nos lleva, asimismo, a recordar y replantear los fundamentos de la legitimidad democrática. Hay muchas razones; solo presentaremos algunas. En primer lugar, porque el principio de legitimidad se encuentra en el corazón de la teoría democrática. La legitimidad democrática se funda en el principio rousseauniano de la soberanía del pueblo. En segundo lugar, porque se ha ampliado el espacio público político con los medios de comunicación masiva y las nuevas tecnologías de la comunicación. En tercer lugar, porque el Estado democrático debe integrar las exigencias de ampliación de la vida democrática que provienen de los movimientos colectivos de protesta (movimientos sociales, movimientos “piqueteros”, ecologistas, movimientos culturales, asociaciones cívicas diversas). En cuarto lugar, por la progresiva autoridad que han adquirido los nuevos liderazgos frente al decaimiento de los poderes institucionales (incluido el de los partidos políticos), que han dejado de ser los instrumentos privilegiados de legitimación de los gobernantes. Los nexos que existen entre representación y soberanía popular son sobradamente conocidos. Pensar la legitimidad del poder en términos de soberanía del pueblo, como lo hizo Rousseau, es pensar en una soberanía, cuya expresión es la “voluntad general”, indivisible y sagrada. A partir de aquí se puede definir la

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legalidad (Zarka, 2019: 78-79). Por tanto, la legalidad será la declaración de la soberanía del pueblo, expresión del acto de legitimidad. La institución “pueblo” funda el concepto de legitimidad democrática. Para sostener la autoridad política legítima es necesaria una reafirmación permanente de los ciudadanos en una asamblea soberana. Esto nos lleva a la ilusión de que el legislador es el pueblo, a la ficción de la soberanía popular. En su crítica a Rousseau, Luigi Ferrajoli (2011: 165-167) remarca que a pesar de la imagen de “cuerpo político” sugerido por el autor ginebrino con la definición de la ley como “expresión de la voluntad general”, no existe una “voluntad general”, y menos aún una subjetividad política de todo el pueblo. Esto se explica porque la decisión de los representantes no es la manifestación de la voluntad de los representados; en todo caso, lo que se impone es la delegación del poder a los representantes o a las organizaciones políticas a través del voto. La otra crítica de Ferrajoli (señalada con anterioridad por Joseph Schumpeter, a pesar de sus diferentes concepciones) es creer que la democracia ‒expresión de la voluntad general‒ puede realizar por esa sola razón el “bien común”. Esto no impide, agrega nuestro autor, que los representantes estén sometidos a los vínculos propios de la esfera pública y que, de esta manera, sean responsables políticamente ante los representados. Vuelvo al lugar del que partía. Cuando se habla de poder se habla, al mismo tiempo, de responsabilidad y de control. La responsabilidad como sabemos, es constitutiva del poder, no hay poder sin responsabilidad. Cuando los elegidos representan al pueblo deben dar cuenta del poder que les han delegado. Aquí se halla el fundamento de la responsabilidad política. ¿No tiene, acaso, el poder la obligación de rendir cuentas? Montesquieu (1984: 172) escribía en el siglo XVIII: “Dice acertadamente M. Sidney que cuando los diputados representan a un cuerpo del pueblo, como en Holanda, deben dar cuenta2 a los que le han delegado. Pero cuando son diputados por las ciudades, como en Inglaterra, no ocurre lo mismo”. Montesquieu parece poner en evidencia la controversia entre “mandato” e “independencia”, planteada mucho tiempo después por Pitkin (1985: 162) en su excelente obra sobre el concepto de representación. Entiende la autora que esa controversia es de difícil resolución, a pesar del tiempo transcurrido y de la incansable discusión en torno al problema. En unas líneas anteriores a las citadas, Montesquieu (1984:171) da cuenta de lo ineludible de la idea de representación: “Puesto que en un Estado libre, todo hombre, considerado como poseedor de un alma libre, debe gobernarse por sí mismo, sería preciso que el pueblo en cuerpo desempeñara el poder legislativo. Pero como esto es imposible en los grandes estados, y como está sujeto a mil inconvenientes en los pequeños, el pueblo deberá realizar por medio de sus representantes lo que no puede hacer por si mismo”. Para los pensadores liberales de los siglos XVIII y XIX la soberanía del pueblo, a diferencia de Rousseau, es “divisible”, pensada como un principio trascendente, según una dirección de arriba hacia abajo, con arreglo al poder de mando. Asimismo, esa soberanía debe tener límites, que controlen el ejercicio del poder y eviten sus abusos. En definitiva, el pensamiento liberal clásico apunta a volver


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compatible la soberanía popular con la defensa de los derechos y libertades individuales. En esa concepción liberal, la soberanía popular está necesariamente ligada al principio de representación. En otras palabras, la legitimidad democrática, o el principio de soberanía del pueblo, se encarna en el voto (en tanto derecho político) y en la representación. Si bien la idea de representación reviste un carácter político, no existe en ella el mandato imperativo, esto es, la posibilidad de revocar los mandatos. El pueblo elige, pero no gobierna. Es aquí donde los actuales sistemas de control se ponen a prueba. En los diseños institucionales de gobierno las funciones de deliberación y decisión se reducen a un cuerpo limitado de representantes. La representación como ficción alcanza su plena funcionalidad. En el marco de este debate, el punto crítico de la función de control reposa en la posibilidad de exigir responsabilidad política a los gobernantes. Tal responsabilidad existe cuando un determinado detentador del poder tiene que rendir cuentas a otro u otros (el electorado o los organismos de control) de la función que se le ha asignado. En la figura del poder delegado quedan involucrados tanto los gobernantes como los ciudadanos. Las preguntas son: ¿cuál es el lugar exacto de los gobernados para descifrar la verdadera naturaleza de esta concepción?, y ¿cuál es el poder de los gobernados en las democracias representativas? Los interrogantes son legítimos porque la democracia representativa presupone una redistribución del poder, con cierto control, y no una concentración del poder. El tronco es la democracia moderna. Para O’Donnell (2011: 31) la democracia delegativa (que en su opinión, entiendo, constituiría una de las ramas de la democracia moderna) es un tipo disminuido, deficitario, de democracia. Hay en la política representativa, a diferencia de la democracia directa, una delegación de la responsabilidad del momento decisional que establece una clara distinción entre gobernantes y gobernados. Cuando los ciudadanos con sus votos ceden poder transfieren igualmente responsabilidades a los gobernantes. Pero esto no quiere decir que ellos deban desligarse de la responsabilidad del control del poder que han delegado. Sin control el gobierno deja de responder, y sin la rendición de cuentas desaparece el componente democrático de la representación. En definitiva, el concepto de soberanía popular solo se expresa por delegación. Se elige, pero no se gobierna, se carece de decisión política. En este sentido, la democracia delegativa puede ser vista como una subrogación consentida, por la ausencia de control. La soberanía popular es sustituida (subrogada) por el cuerpo político. Si los ciudadanos se desresponsabilizan de la tarea de control lo que se crea, entonces, es una relación de poder delegado. El acto de la delegación no exime de responsabilidad a los ciudadanos. Justamente, el poder delegado se instituye por la indolencia de los ciudadanos ante el destino de la comunidad en la que viven. La responsabilidad de los representantes supone también la demanda de los electores de rendir cuentas. Lo que está en juego aquí es la propiedad del poder. ¿A quién pertenece?, ¿a la comunidad política, de la cual parece emanar, o al representante que lo ejerce? El problema es que los ciudadanos delegan poder y responsabilidad en sus represen-

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tantes, pero no retienen la responsabilidad del control de las acciones públicas. Los gobernantes, por su parte, se aferran al universo del poder delegado que reciben, y convierten su “liderazgo representativo” en “liderazgo delegativo” (o en liderazgo decisionista en mi producción). Lo que distingue la democracia representativa de la democracia delegativa es la naturaleza de la delegación. Así, el “principio electivo de delegación” constituye el mecanismo esencial de la democracia representativa (Hermet, 2008: 21). Ahora bien, en el uso de O’Donnell (y también en el mío cuando hablo de decisionismo democrático3), la delegación implica independencia y libertad de acción del gobernante para ejercer la representación asignada. Quizá se podría establecer, entonces, la distinción entre “delegación representativa” y “delegación independiente” o “delegación plena” (en los términos de O’Donnell). En la primera, propia de la democracia representantiva, subsiste la delegación de poder en los representantes, pero existe control (horizontal/vertical). Existe, en mayor o menor medida, rendición de cuentas. En cambio, en la segunda, típica de la democracia delegativa, hay ausencia de control, y de rendición de cuentas. La soberanía popular es subrogada por los representantes. Emana, así, una idea muy marcada de “propiedad del poder” que reside en la independencia del delegado, es decir, que radica en la voluntad política del líder delegativo (o decisionista), y no en las instituciones ni en la comunidad. La delegación independiente invoca un poder sin control, que adquiere vida propia. Por tanto, en la democracia delegativa la redistribución del poder es mucho más desigual que en la democracia representativa, donde el poder está más esparcido en la sociedad y en las instituciones. El concepto de poder delegado contiene una fuerza explicativa que me ha permitido pensar, durante estos años, en los estrechos vínculos entre poder, democracia y representación. La breve reconstrucción de la conexión de estos conceptos nos confirma que los problemas de la delegación y la representación inherentes al poder político son antiguos, y de difícil resolución en las democracias contemporáneas. ¿Cómo conciliar, pues, el mandato libre de los representantes con la lealtad hacia el principio de la soberanía popular? Hasta aquí mis reflexiones sobre la democracia delegativa. Pero no puedo dejar de mencionar, aunque sea en pocas palabras, el libro que puede condensar y revelar el pensamiento más genuino y global de O’Donnell, entre su vasta producción de los últimos años, Democracia, agencia y estado. Teoría con intención comparativa (2010). O’Donnell, al definirlo como un libro de teoría política, lo ubica en la encrucijada de los numerosos interrogantes que presenta la democracia contemporánea. Las falencias que despiertan las democracias actuales y las crueles realidades que sobreviven en ellas, lo motivaron moral y políticamente a producir ese libro. Guillermo no concibe la viabilidad de la democracia sin la presencia del Estado. No me voy a extender sobre esto, pero sí quiero subrayar que todas sus indagaciones están articuladas por dos conceptos que se oponen, pero que mantienen una relación ambivalente: autoritarismo y democracia. Su defensa del Estado de derecho democrático es contundente, para ampliar las bases de la


Referencias

1. En este tema me apoyo, en parte, en mi artículo “Parecidos de familia. La democracia delegativa y el decisionismo democrático”, en O’Donnell, Iazzetta, Quiroga (coordinadores) (2011: 35-52). 2. El subrayado me pertenece. 3. He trabajado este concepto en dos libros de mi autoría, Quiroga (2005) y Quiroga (2010).

Bibliografía F. FERRAJOLI (2011), Principia iuris. Teoría del derecho y la democracia. 2. Teoría de la democracia, Madrid, Editorial Trotta. G. O’DONNELL (2010), Democracia, agencia y estado. Teoría con intención comparativa, Buenos Aires, Prometeo libros. G. O’DONNELL, “Nuevas reflexiones acerca de la democracia delegativa (DD), en G, O’DONNELL, O. IAZZETTA, H. QUIROGA (2011), Democracia delegativa, Buenos Aires, Prometeo libros. G. O’DONNELL, O. IAZZETTA, H. QUIROGA (2011), Democracia delegativa, Buenos Aires, Prometeo libros. G. HERMET, (2008), El invierno de la democracia. Auge y decadencia del gobierno del pueblo, Barcelona, Los libros del Lince.

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decisión política, democratizar la república (respetar la división de poderes), y fortalecer la vida activa de la ciudadanía. Este universo tan conexo y estrecho, no exento de tensiones, sería imposible sin la entidad del ciudadano como Agente, y no en su condición de mero votante. Guillermo O’Donnell nos deja una obra, no una mera yuxtaposición de artículos científicos e inteligentes. Su obra es una producción sistemática y coherente, que va más allá, como dije, de las buenas ideas. Toda su producción, que no podemos resumir en este espacio, combina admirablemente la amplitud de la información, y la profundidad de sus conocimientos, con el rigor del razonamiento, que lo ponía al servicio del diálogo con el lector. O’Donnell no nos engaña, ni se engaña. Siempre buscó enfocar sus investigaciones por el sendero de los grises, matizando, evitando los esquemas sesgados, simplificantes e ideologizados, que oscurecen, cuando no distorsionan la realidad. La “realidad” que, sin duda, está cogenerada por la palabra y el lenguaje, dicho en términos de Leszek Kolakowski. En este sentido, nunca fue un observador neutral de lo que acontece, ni un portador de un “pensamiento cientificista”, más bien fue un claro representante de la figura de un observador comprometido (tomo la frase del título de un libro de Raymond Aron). No se dejaba tentar fácilmente por las “modas” académicas y mucho menos por los sistemas de pensamiento cerrados y herméticos. La Ciencia Política contemporánea ha perdido a uno de sus máximos representantes. La mejor manera de honrar su obra es retomando su legado, tras la búsqueda de un orden más libre e igualitario, en el contexto singular de una grave crisis financiera mundial y cuando estamos ingresando en otra era de la política, que provoca el enfriamiento de la democracia. No son pocos los autores que presagian, desde hace tiempo, la aparición de un nuevo régimen político que califican como “posdemocracia”, o los que preconizan la elaboración de una teoría democrática “post representativa”.

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MONTESQUIEU (1984), Del espíritu de las leyes I, (libro XI, cap. VI), Madrid, Sarpe. H. F. PITKIN (1985), El concepto de representación, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales. H. QUIROGA (2005), La Argentina en emergencia permanente, Buenos Aires, Edhasa. H. QUIROGA (2010), La República desolada. Los cambios políticos de la Argentina (2001-2009), Buenos Aires, Colección Temas de la Argentina, Edhasa. H. QUIROGA (2011), “Parecidos de familia. La democracia delegativa y el decisionismo democrático”, en G. O’DONNELL, O. IAZZETTA, H. QUIROGA, Democracia delegativa, Buenos Aires, Prometeo libros. Y.CH. ZARKA (2010), “La légitimité démocratique en question”, en Y.CH. ZARKA (Sous la direction de), Repenser la démocratie, Paris, Armand Colin.

Recibido: 26/07/12. Aceptado: 06/08/12.

Hugo Quiroga, “Homenaje a Guillermo O’Donnell. La democracia delegativa como subrogación consentida”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 21-28.


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La necesaria reconciliación entre Ciencia Política y Ciencia Jurídica. Apuntes sobre la Clase Magistral de Guillermo O’Donnell: “Acerca de la Ley, el Estado y la Democracia” The necessary reconciliation between Political Science and Legal Science. Notes on the Master Class by Guillermo O’Donnell: “On Law, State and Democracy” Gloria Trocello

resumen

summary

Este texto recupera la conferencia dictada por Guillermo O’Donnell al obtener el Grado Académico “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Nacional de San Luis, titulada “Acerca de la Ley, el Estado y la Democracia”. En la misma, se condensan algunas recomendaciones vinculadas a su producción de los últimos tiempos que destacan la importancia de la vigencia del derecho para la existencia de un estado democrático. Imbricado en este problema reflexiona de una manera muy crítica respecto de lo que denomina “el divorcio entre la ciencia política y la ciencia jurídica”.

This text reviews the lecture by Guillermo O’ Donnell to obtain the academic degree “Doctor Honoris Causa” by the National University of San Luis, with the exposition “About the Law, the State and Democracy”. In it, the author condenses some recommendations related to the rule of law and the existence of democratic state. Embedded in this issue, it reflects a very critical of what he calls “the divorce between political science and legal science”.

palabras clave

Ciencia Política / Ciencias Jurídicas / Estado / Ley / Estado de Derecho / régimen democrático

keywords

Political Science / Legal Sciences / State / Law / Rule of law / democratic regime

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 31-39

Gloria Trocello es investigadora y Profesora Titular Ordinaria de Ciencias Políticas en el Departamento de CS Económico-Sociales de la Universidad Nacional de San Luis, Argentina. E-mail: gtrocello@hotmail.com

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Mi homenaje cotidiano a Guillermo O’Donnell se traduce en enseñar sus textos a los alumnos en la Universidad Nacional de San Luis, vinculando sus aportes con mi quehacer cotidiano como profesora e investigadora que por más de veinticinco años ha estudiado las zonas marrones de la democracia. Esto es porque vivo en una zona marrón, porque sufro las instituciones informales y las deformaciones de un estado patrimonializado; y además porque –y quizás por ello– fui siempre su silenciosa discípula, que leyó de manera incansable sus textos para encontrar respuestas a mi realidad provincial. Me sentí sensiblemente interpretada cuando, hace ya dos décadas, él llamaba la atención respecto de dos premisas tácitas de la teoría democrática contemporánea que no se daban en América Latina. Una es que la legalidad estatal se extiende homogéneamente sobre el territorio, y otra que el régimen nacional democrático supone que también lo son los regímenes provinciales y locales (O’Donnell, 1993).1 Esta preocupación, que orientó casi toda su obra, lo llevó a hacer la siguiente recomendación: “no se deben importar acríticamente –premisas implícitas incluidas– teorías elaboradas en y a partir de la experiencia de los países centrales”. Ello es así, además, porque: “son también magnos problemas prácticos, que afectan severamente la posibilidad de expandir nuestras democracias y, por supuesto, la calidad de las mismas” (O’Donnell, 1997). Guillermo O’Donnell tuvo la generosidad de opinar sobre mi aporte para comprender estas zonas marrones2 y me recomendó indagar la relación entre el estado y sistema jurídico provincial para descubrir deslizamientos autoritarios. Y ello se debía a que, según su opinión “el problema San Luis no era solo un problema de régimen neopatrimonialista sino de falta de estado democrático”.3 Conocedora de su interés por esta realidad lo invité a conocer mi provincia. Aceptó gustoso, y en marzo de 2010 nos visitaron con Gabriela Ippolito, su esposa. La Universidad Nacional de San Luis decidió otorgarle la máxima distinción4: el Grado Académico de “Doctor Honoris Causa”. Se estableció que la entrega del título coincidiera con el Acto Inaugural de las Carreras en Ciencias Jurídicas5, y él dispuso que su Clase Magistral se titulara “Acerca de la Ley, el Estado y la Democracia”. En la misma, se condensan algunas recomendaciones vinculadas a su producción de los últimos tiempos que destacan la importancia de la vigencia del derecho para la existencia de un estado democrático. Imbricado en este problema reflexiona de una manera muy crítica respecto de lo que denomina “el divorcio entre la ciencia política y la ciencia jurídica”. Creo que el compartir esta clase magistral6 –que es un aporte más de su riquísimo legado– puede ser una forma original y provechosa de colaborar en un homenaje como el que le realiza la prestigiosa revista Temas y Debates. A fin de cumplir con las recomendaciones de edición relativas al espacio asignado, voy a destacar los temas centrales intentando resumir lo que considero son los aportes teóricos más conocidos –y que él sintetizaba en la exposición–, dejando textual lo que a mi entender es lo más importante: sus recomendaciones. Sí, deseo enfatizar lo que se reiteró en toda la conferencia, y en diversos momentos: la necesidad de superar ese divorcio entre ciencia política y ciencia jurídica.7


El 9 de marzo de 2010 el Aula Magna del Centro Universitario de Villa Mercedes de la Universidad Nacional de San Luis estaba colmada. Además, en aulas contiguas se reproducía lo que allí ocurría a través de video-conferencias. Estaban presentes, en la que sería su primera clase, los ingresantes a las carreras jurídicas, la mayoría muy jóvenes. Asistieron también muchos egresados de otras carreras que estudiaron asignaturas de ciencias políticas y docentes e investigadores que seguían su producción y deseaban conocerlo, además de periodistas y público; todos expectantes para escuchar su conferencia. Que se iniciara el dictado de carreras jurídicas (abogacía, procurador y técnico en asistencia jurídica) con una clase magistral de Guillermo O’Donnell no era una cuestión fortuita sino una coincidencia buscada y cargada de simbolismo. Se trataba de alguien que –en origen– era abogado, había fundado la ciencia política latinoamericana, y especialmente se había dedicado con empeño a descifrar los problemas de nuestras democracias. Al ingresar Guillermo O’Donnell al Aula Magna, como también al formar parte de la Mesa Académica los aplausos parecían no querer acabar, y él acompañaba su turbación con una sonrisa, mientras agradecía al auditorio. Sentada en la primera fila, su esposa Gabriela seguía atenta sus emociones y sus tiempos. Luego de las cuestiones protocolares, los discursos y la entrega del título y la medalla, tuve el honor de presentarlo. Guillermo O’Donnell agradeció las múltiples formas de admiración y afecto y las sintetizó diciendo que para él era un “momento que uno guarda en su corazón para siempre”, que habría de vincularlo especialmente a que la distinción provenía (en sus palabras) “de una universidad que no solo es una universidad del estado, sino que es una universidad, que es y quiere ser pública, en el sentido de su vocación de proveer a las diversas localidades provinciales y nacionales un enorme bien público como era … la creación de nuevas carreras”. Volvió sobre ello manifestando que deseaba contar “una pequeña historia personal”; y dijo: “empieza conmigo, recibiéndome de abogado con mucho orgullo, soy un producto de una universidad pública nacional, de la UBA, es algo que me marca… como un entusiasta, amigo y colaborador de estas universidades públicas. Cuando me inicié en la abogacía no había ninguna carrera universitaria formalizada en ciencia política y en sociología tampoco; y empecé por el derecho público, estudié mucho, pero me pareció un poco aburrido, porque consistía básicamente en el estudio comparado de constituciones y de leyes sin entrar mucho en el estudio de los comportamientos o de las conexiones concretas de esta legislación comparada con los comportamientos políticos”. Compartió que su reacción fue irse a los Estados Unidos en los años sesenta y setenta, en los años de aparición de la disciplina de la ciencia política, (y aclaró que en la Argentina fue un poco más tarde).

Un divorcio que hemos pagado caro

Guillermo O’Donnell pasó luego a explicar lo que sería el eje de su aporte en esa clase magistral: el divorcio entre ciencia jurídica y ciencia política. Con rela-

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Una clase desde una universidad pública 8

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ción al nacimiento de la ciencia política expuso: “que se fundó en un divorcio que desgraciadamente creo que hemos pagado caro. La ciencia política contemporánea en sus distintas versiones, sobre todo anglosajonas, pero también en Francia y por cierto al comienzo en Argentina, nació como reacción contra la ciencia jurídica. El argumento era que las ciencias jurídicas son demasiado formalistas, que eran aburridas y que nunca entraban a tratar de ver cómo la ley y la legalidad penetraban y constituían a la sociedad. En un estado hay relaciones de poder, y había que superar ese formalismo y dedicarse, “entre comillas”9 a los verdaderos temas, es decir: la política, el poder y la representación”. Manifestó inmediatamente, que también él había sido capturado por esa división, pero luego, cuando estudió los procesos de democratización, confesó que redescubrió el derecho. Expresó que volvió a estudiar, que leyó a otros autores, estudió constituciones contemporáneas; y como consecuencia se convenció rápidamente de “que no se puede pensar la democracia, y ni por cierto el estado, sin tener como una dimensión fundamental de ambos: la ley y el derecho”.10 Remarcó que –aunque parezca obvio para algunos– no se puede entender la democracia, ni el estado, “sin tomar muy en serio a la ley y el derecho” y por eso entendía que la cuestión merecía algunas reflexiones y para profundizar en este problema elegía vincular los conceptos de democracia, estado y derecho. Enunció: “Comienzo por la democracia, más específicamente por una parte de la democracia: el régimen democrático. Según yo lo concibo el régimen democrático consiste en elecciones que son razonablemente limpias y competitivas; de la vigencia durante y después de las elecciones de ciertas libertades llamadas políticas”. Enseguida pasó a explicar que estas libertades políticas en el fondo son derechos civiles, (como los de asociación, de reunión, de expresión) a los que habría que sumar los derechos positivos de participación en actividades políticas: votar e intentar ser elegido. Acorde con sus últimos aportes teóricos, manifestó que esos elementos combinados de elecciones y derechos definen un régimen político democrático.11 Su alocución incorporó, inmediatamente, el problema de la relación que vincula sujeto y derecho: la personalidad legal. Sobre ese soporte filosófico denunció que la ciencia política contemporánea –como consecuencia de su divorcio crítico de la ciencia jurídica– no advirtió algunos aspectos fundamentales tales como: “estos derechos, estas libertades de asociación, de expresión, los derechos positivos de participación son atributos de individuos que tienen personalidad legal, y que no existen solamente en un sentido legal sino que hacen posible que estos derechos no floten en el aire sino sean derechos “accionables” contra otros individuos y contra el estado”. Según lo expuso, si no se comprende la importancia de este problema, la libertad y los derechos son simplemente un papel blanco, y esto es porque “el papel del sujeto de la democracia, –la ciudadana o el ciudadano– solo puede ser tal si el sistema legal lo reconoce como persona legal. Este “re-conocimiento”12 de esta institución de la ciudadanía como tal, o sea como persona legal, es lo que permite que pueda anclarse en una sociedad un auténtico régimen democrático”,


reclamando que desgraciadamente la ciencia política olvidó que sin esa vigencia efectiva de la legalidad no hay régimen democrático y, según sus palabras textuales: (la ciencia política) “dejó flotando esta sinergia de ciudadanía y derecho en un espacio que no tiene ancla en la efectividad y en la exigibilidad que viene de un derecho democráticamente inspirado”. Y lo reafirmó al expresar: “Es decir que si estos derechos y libertades no rigen, no son sancionados –no son bien sancionados– o son descuidados, entonces realmente el régimen, a pesar de la apariencia que viene de su origen electoral, se desnaturaliza y acaba siendo no democrático. Por supuesto, esta posibilidad de un pasaje de una democraticidad real a una falsa democraticidad exige e implica investigar permanentemente que esos derechos y libertades sean realmente efectivos y, como acabo de decir, que no se conviertan en letra muerta”. La referencia socio-histórica de su conferencia es el reconocimiento de la debilidad del estado democrático en América Latina, que en varias oportunidades se enfoca hacia los espacios en el interior de los estados nacionales, expresando en tal sentido: “para que exista un tipo de régimen auténticamente democrático tiene que haber por lo menos, lo que yo denomino un estado parcialmente democratizado; tema este que nos trae mucho a la actualidad nuestra, de América Latina y a nuestro país, es decir, estados que contienen todavía fuertes bolsones de prácticas y valores e incluso legislación autoritaria, pero, en tanto el régimen es democrático tienen aspectos de ser (estados) democráticos” … “Yo creo que en nuestras democracias, –pobres democracias, en el sentido de limitaciones– estamos todavía muy lejos de llegar a ese tipo de estado, vivimos en el mejor de los casos en estados parcialmente democratizados en los cuales coexisten esta mezcla curiosa de estos bolsones (poderosos) y estos pedazos de libertades que nos permiten todavía hablar de un régimen democrático. Por supuesto, si no fuera así, el régimen habría dejado de ser democrático, se habría deslizado hacia el autoritarismo, aunque formalmente conserve, básicamente, la parodia, de haber elecciones competitivas… Esto, yo creo que ha llevado en América Latina y, no solo en América Latina, a lo que en la ciencia política se podrían llamar los autoritarismos electorales”; y cierra el tema diciendo “Estos regímenes electorales autoritarios están en el horizonte de nuestras deficientes democracias... (se trata) del problema de las democracias delegativas que tienen una tendencia muy peligrosa a deslizarse a ciertos autoritarismos”.13 “Creo con eso que las luchas por la democracia son en todas partes y todo el tiempo”, afirmó.

Leer correctamente a Weber

“El estado de derecho es un aspecto fundamental de la democracia y es siempre un horizonte normativo”. Con estas palabras Guillermo O’Donnell inscribió su teoría del estado democrático en una dimensión normativa, cuya vigencia se asocia a la calidad de la democracia y, esta, a la efectividad del sistema jurídico.14 Nos dijo: “no existe ni existirá jamás un perfecto estado de derecho donde todas

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Los autoritarismos electorales

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las libertades y derechos se implementen y se vivan; pero es un horizonte normativo en el cual la realidad está más lejos o más cerca”. Invocando a Max Weber, indicó “que un estado es básicamente una unidad de base territorial que consiste en una serie de burocracias que ostentan el predominio del control legítimo de los medios de coerción en un territorio. Esto es correcto, realmente Weber dijo eso, pero por otro lado lo que esta literatura olvidó es que para el propio Weber no era menos importante en la caracterización del estado, el estado como una dimensión legal, el estado como una legalidad. La reducción que tiene el aparato del estado, que ha hecho una buena parte de la ciencia política contemporánea, olvidándose de la ley y el derecho, ha implicado una visión del estado como algo afuera y encima de la sociedad, sin ningún vínculo constitutivo con la sociedad; y por lo tanto, sin ninguna o muy pocas posibilidades, analíticas y empíricas, de trazar seriamente los vínculos posibles, negativos o positivos, entre el estado y las características políticas de la sociedad e inclusive la democracia”. Remarcó su insistencia en que debía recurrirse a Weber, pero en forma completa15, en la cual el estado es un conjunto de burocracias pero que “es también una legalidad, que ya no está afuera y encima de la sociedad sino que penetra en la sociedad, la teje, la entreteje y provee –cuando funciona razonablemente– el gran bien público de la previsibilidad de las relaciones sociales. Que cuando ese estado, además, se va acercando a un estado más propiamente democrático le provee también el enorme bien público de implementar, expandir y garantizar relaciones que son consistentes con la democracia, y que crean empoderamientos sociales que permiten que la sociedad se proponga avanzar en esta democracia con su propia fuerza”. O’Donnell advierte que esta cuestión abre discusiones importantes, en las que habrá diferentes posiciones que van a influir en diferentes respuestas, pero deja sentado que “cualquier respuesta debe estar presidida por la conciencia muy aguda –que solo se puede dar la ciencia jurídica– …cuando se habla de ciertas libertades y ciertos derechos”.

La necesaria reconciliación

Ya, casi al final de la conferencia, Guillermo O’Donnell arengó diciendo que el problema del estado democrático nos concierne a todos, no obstante, conciente del auditorio que lo seguía atentamente aleccionó respecto de que esa responsabilidad les cabe especialmente a los juristas actuales y futuros, a quienes les pidió que recuerden a Von Ihering, “que persuasiva y tan elocuentemente reclamaba la lucha por el derecho”, remarcando que este autor “ decía e invocaba, que esa lucha debe darse desveladamente por la defensa de todo y cada derecho que existe, porque la suerte de una convivencia civilizada y democrática se juega en la vigencia de la lucha por cada derecho”. Inmediatamente pidió la reconciliación en estos términos: “Esto en la conciencia jurídica, es por supuesto también, profundamente político”; advirtiendo a continuación “que en ese desandar estaba tratando de juntar dos lados, que por un tiempo han estado muy divorciados. Por el lado de la ciencia política recordar la implicación indispensable de ese régimen democrático en la ley y el derecho; por el lado de las ciencias jurídicas


Causa de honor

Guillermo y Gabriela estuvieron unos días entre nosotros, visitando nuestra hermosa provincia de San Luis. Entonces pude comprobar que Guillermo era un formidable antropólogo político, buscando constantemente el sentido de lo instituido; hacía muchísimas preguntas, y reflexionaba con mucho sentido del humor. Todo parecía interesarle, y creo que eso tenía que ver con su inagotable fortaleza de desafiar lo conocido y buscar explicaciones a través del cuestionamiento constante, que se traduciría luego en su inagotable voluntad de producir conocimiento. Corregía –por esos momentos– su último libro en el cual demostró nuevamente su condición de filósofo político capaz de ver los fenómenos más allá de lo evidente, buscando responder desde una concepción del sujeto. Todo esto tendría su correlato en la teoría de la agencia y en su demanda de que, para que un estado fuera democrático, debía hacer realidad la ciudadanía plena.

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recordar que también, ha sido un tema bastante olvidado en la práctica habitual de bastantes años”. A su entender “este divorcio entre la ciencia política y la ciencia jurídica obedece a que realmente el concepto que adoptó la ciencia política del estado fue un concepto muy reduccionista”. “Por eso mismo, y por esta condición del estado de ser también una dimensión constitutiva de legalidad, la lucha por la democracia es la lucha por el derecho, no solo luchas por la democratización de la sociedad son también luchas por la democratización del estado, es decir, son luchas por introducir valores democráticos, republicanos y de respeto humano en las instituciones estatales, otro terreno en el cual desgraciadamente a nuestros países nos queda muchos por hacer…”. Y subrayó enfáticamente: “no solo por las razones teóricas sino porque son muy prácticas en la Argentina de hoy, las luchas por la democracia son necesariamente luchas por la legalidad estatal”. Y a continuación remarcó que “este divorcio –que en los años sesenta y setenta era radical entre la ciencia política y la ciencia jurídica– había sido últimamente atenuado, pero se estaba muy lejos todavía de haber vuelto a la necesaria y mutua implicación. Reclamó entonces que “el divorcio se termine, que realmente los politólogos aprendamos mucho de la ciencia jurídica, que los juristas acepten nuestros conocimientos de ciertas realidades de la práctica del poder, que a veces escapa a la formulación de los textos legales o discursos jurisprudenciales”. Ya cerrando su alocución, exaltó el nacimiento de las carreras jurídicas en la Universidad Nacional de San Luis en “una cuna pluridisciplinaria”. Remarcó “que debe darse una combinación de un excelente trayecto profesional con una impregnación y una mostración de esta ligazón de ese conocimiento profesional con estos valores democráticos, que, finalmente, son los mayores valores de respeto humano implicados por el reconocimiento de nuestra condición”. Finalmente demandó a los jóvenes estudiantes no olvidar que las ciencias jurídicas deben ser siempre, “un camino fundamental para la construcción de una sociedad más democrática y más justa”.

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Colegas –como él solía llamarnos– creo que Guillermo nos deja también otra lección fundamental: que la ciencia política no se trata solo de una importante producción de conocimiento, sino que implica promover su utilidad a través de la sabiduría. Por ello comparto con el lector una reflexión que realicé al presentarlo en aquella conferencia. Recordé que honoris causa significa “causa de honor”; por lo tanto cuando nuestra Universidad otorgaba esta distinción era porque había una causa para honrar alguna forma de sabiduría. Esto es porque la sabiduría supone la existencia de un don –la inteligencia– unido a la responsabilidad ética en su uso. Por eso, en cada homenaje que hacemos a Guillermo honramos una mente brillante que producía ciencia política, pero además, honramos el cometido ético subyacente en toda su obra que demanda que todos los seres humanos tienen derecho a vivir en una democracia en la cual la vida merece ser vivida. Referencias

1. Este texto fue reimpreso como Capítulo IX en O’Donnell, 1997. 2. Me refiero especialmente a G. Trocello (2008). A partir de sus comentarios a mi libro, iniciamos vía correo electrónico un rico intercambio de opiniones vinculado especialmente a su categoría de democracia delegativa. 3. En un e-mail me expresó: “San Luis me hizo recordar el discurso fascista de que en Italia los trenes llegaban en horario”. 4. El 28 de diciembre de 2009 el Consejo Superior de la Universidad Nacional de San Luis, por Resolución N° 334 resolvió otorgar al Doctor Guillermo O’Donnell el Grado Académico de Doctor Honoris Causa. 5. El 21 de agosto de 2009 el Consejo Superior había resuelto la creación de las carreras jurídicas de Abogacía y de pregrado de Procurador y Técnico Universitario en Asistencia Jurídica. El inicio de estas carreras debía ser en el primer cuatrimestre de 2010. 6. La Universidad Nacional de San Luis está en deuda respecto de esta publicación. 7. Guillermo O’Donnell usó generalmente el término ciencia política en singular y para la ciencia jurídica usó muchas veces el plural “ciencias jurídicas”, tal como se denomina a las carreras en su conjunto en la Universidad Nacional de San Luis. 8. Agradezco especialmente a la Lic. Leticia Gutiérrez su aporte en la desgrabación de la conferencia. 9. La frase fue acompañada por el gesto de poner comillas con sus manos. 10. En esta instancia Guillermo O’Donnell hace alusión a que ya ha escrito varios trabajos y que saldría en breve un libro, que sería Democracia, agencia y estado. Teoría con intención comparativa. 11. Este tema lo desarrolló explícitamente en O’Donnell (2010) y en O’Donnell (2008). 12. Al enunciarlo poner hincapié en separar los vocablos. 13. Los ejemplos utilizados según sus palabras: “pasó con Fujimori en Perú, pasó con Putín en Rusia, creo que está pasando con Chávez en Venezuela y creo que Argentina no está vacunada contra este peligro”. 14. En la conferencia adelantó lo que sería uno de los ejes de la teoría del estado que terminó de ajustar en O’Donnell (2010). También me expresó que este libro lo venía elaborando desde hacía aproximadamente veinte años, lo que coincide con lo expuesto en la conferencia al decir que sus preocupaciones sobre el divorcio entre ciencia jurídica y ciencia política aparecen al estudiar los procesos de democratización. 15. A su entender “este divorcio entre la ciencia política y la ciencia jurídica obedece a que realmente el concepto que adoptó la ciencia política del estado fue un concepto muy reduccionista” (en la conferencia que se comenta) .


Bibliografía

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Gloria Trocello, “La necesaria reconciliación entre Ciencia Política y Ciencia Jurídica. Apuntes sobre la Clase Magistral de Guillermo O’Donnell: ‘Acerca de la Ley, el Estado y la Democracia’”. Revista

Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 31-39.

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 31-39

Recibido: 13/08/12. Aceptado: 30/08/12.

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Un politólogo absoluto An absolute political scientist Martín D’Alessandro

resumen

summary

Si pudiera condensarse la obra de O’Donnell en una línea, la más adecuada sería “democratizar el Estado, institucionalizar la democracia, y profundizar la ciudadanía”. Estos tres temas, que son también tres aspiraciones normativas, fueron los que incentivaron toda su carrera como politólogo, como intelectual, como docente, y como ciudadano comprometido con América latina. En efecto, todas sus preocupaciones giraron ‒y marcaron el camino de varias generaciones de politólogos de la región y más allá‒ sobre estos temas desde sus primeras publicaciones. Este texto dará cuenta de parte de ese recorrido.

The work of O’Donnell could be condensed in one of many possible lines, the most appropriate would be “democratize the State, institutionalizing democracy and strengthen citizenship. These three issues, which are also three normative aspirations in O’ Donnell career as a Political Scientist, as an intellectual, as a teacher, and as a citizen committed to Latin America. In fact, all of his worries are the worries of young generations of political scientists in the region and beyond. This text is about part of these worries.

palabras clave

Estado / institucionalización / democracia

keywords

State / institutionalization / democracy

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 41-46

Martín D’Alessandro es Profesor de la UBA e investigador del CONICET, Argentina. E-mail: martindalessa@gmail.com

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Nada podrá cambiar el hecho de que Guillermo O’Donnell sea para siempre la gran figura indiscutida de la ciencia política argentina. Su obra ha trascendido diversas fronteras: publicada en inglés, coreano, chino, japonés, portugués, y por supuesto, castellano, es conocida y enseñada prácticamente en todas las universidades del mundo en las que se enseña ciencia política, e incluso también se ha ganado un lugar de referencia en los estudios latinoamericanos de economía, sociología e historia, por ejemplo. Si se pudiera condensar la obra de O’Donnell en una línea, la más adecuada sería “democratizar el Estado, institucionalizar la democracia, y profundizar la ciudadanía”. Estos tres temas, que son también tres aspiraciones normativas, fueron los que incentivaron toda su carrera como politólogo, como intelectual, como docente, y como ciudadano comprometido con América Latina. En efecto, todas sus preocupaciones giraron –y marcaron el camino de varias generaciones de politólogos de la región y más allá– sobre estos temas desde sus primeras publicaciones. Un primer momento en su carrera está dominado por lo que llamó el “autoritarismo burocrático”. El disparador intelectual fue la (im)posibilidad de la democracia política en América Latina (y particularmente en Argentina). Desde una perspectiva intelectual pero nunca distante de los problemas de la política real, esa casi constante característica regional motivó sus estudios sobre el autoritarismo y su preocupación por la sistematización teórica sobre el Estado. Su primer gran libro, Modernización y autoritarismo (1972), tuvo una repercusión inmensa al contribuir a destronar a la teoría de la modernización y del desarrollo político mostrando que era posible que la modernización, la industrialización y la urbanización de las sociedades no solo no desembocaran en la democracia política, como se suponía entonces, sino que incluso condujeran al autoritarismo. Su principal argumento es que en Sudamérica, en general, se tendió a generar un tipo específico de autoritarismo, el “burocrático”. Su segundo gran libro –su tesis doctoral en la Universidad de Yale–, El Estado burocrático autoritario 1966-1973. Triunfos, derrotas y crisis (1982) detalla, concentrándose en el caso argentino, las características de este tipo de Estado como forma de dominación. El argumento vertebral es que el autoritarismo burocrático surge como respuesta a supuestas amenazas populares al orden político y económico, pero la misma exclusión de lo popular que posibilita su existencia trunca a su vez su futuro como forma de gobierno viable. En el tránsito entre uno y otro libro, O’Donnell fue profundizando su interés en el funcionamiento del Estado y sus interrelaciones con el régimen político, la sociedad y la economía a través de conceptos clave como nación, pueblo y ciudadanía. Aunque aquí predomina el Estado, también la democracia y la ciudadanía son centrales: el Estado es una forma de dominación capitalista –desarrolló estos argumento combinando sin complejos a Weber y a Marx– que cuando no se legitima a través de mediaciones de identidad colectiva (la nación), de igualdad formal ante la ley y participación democrática (la ciudadanía) y de igualdad sustantiva materializada en el reconocimiento y la ayuda a los sectores desfavorecidos (el pueblo), muestra su carácter compulsivo de una manera tan cruda que se vuelve insoportable.


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Un segundo momento estaría marcado por el estudio de la democratización y los déficits de funcionamiento de las democracias en países no desarrollados –o en términos de O’Donnell, que no pertenecen al cuadrante noroccidental del mundo–. Aquí es la democracia la que da un paso al frente, también a la luz de los acontecimientos políticos en la región. Es imprescindible mencionar al célebre Transiciones desde un gobierno autoritario que compilara junto a Philippe Schmitter y Laurence Whitehead en 1986, que abriera un importante campo de investigación en la ciencia política. En el último de sus cuatro tomos está el marco teórico básico –también novedoso para la época– del tránsito de los autoritarismos a la democracia: dentro de los regímenes autoritarios hay sectores “duros” y sectores “blandos”, cuyas estrategias, sumadas a las de los actores democráticos, resultan en diferentes caminos hacia la democracia. Aunque la realidad y las observaciones que más lo influían eran las regionales (y particularmente las argentinas) su producción intelectual fue capaz de viajar en el tiempo y el espacio. Como prueba de ello, y probablemente más que en otros casos de su fecunda producción, la estructura conceptual de Transiciones… fue usada por actores políticamente relevantes en muchas y muy diversas partes del globo, Asia y África incluidas. Pero así como los caminos hacia la democracia son múltiples y contingentes, también lo son los resultados, y consecuentemente, los funcionamientos efectivos de las democracias resultantes. Sobre este último punto publicó algunos artículos emblemáticos, como “¿Democracia delegativa?” (1992), “Otra institucionalización” (1996) y “Accountability horizontal” (1998). En ellos la preocupación se concentra en la ausencia o deficiencia de mecanismos institucionalizados de control a los gobernantes y de búsqueda de acuerdos que prima en varias democracias de la región y en otras latitudes. Ello incluye el análisis de las instituciones en abstracto y de las distintas corrientes que conforman la tradición democrática. En el tercer momento de su carrera, o mejor dicho, en el tercer núcleo de su pensamiento, el foco principal se corre hacia la ciudadanía, aunque por supuesto, en interrelación con el Estado y el régimen democrático. Esta articulación trasciende los análisis tradicionales de la teoría política, y ha sido abordado por O’Donnell en varios artículos también importantes: “Acerca del Estado, la democratización y algunos problemas conceptuales. Una perspectiva latinoamericana con referencias a países poscomunistas” (1993), “Pobreza y desigualdad en América latina: algunas reflexiones políticas” (1997), “Teoría política y política comparada” (2000) y “Las poliarquías y la (in)efectividad de la ley en América Latina” (2002). La situación de pobreza de vastos sectores de la población latinoamericana, la imposibilidad del Estado de hacer regir la ley en todo su territorio, su articulación con los rincones menos democráticos del régimen y la concomitante limitación a los seres humanos en su dignidad de ciudadanos y agentes, son los ejes de estos artículos y de Democracia, agencia y estado. Teoría con intención comparativa (2010), que no solo es su libro póstumo sino la condensación de una larga y fructífera vida de trabajo intelectual. La vinculación del Estado –y sus manifestaciones físicas, como el territorio o la burocracia, y simbólicas, como la identidad–, con la democracia y los indivi-

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duos (principal preocupación del autor durante el siglo XXI) redunda además en una fuerte toma de posición normativa y en una –otra vez– crítica aguda a gran parte del mainstream politológico estadounidense, que incluye a la ciencia política “procedimentalista” y a la teoría democrática circunscripta exclusivamente al análisis del funcionamiento de las reglas del régimen. Según O’Donnell hay múltiples razones que hacen preferible a la democracia política, pero ella es solo un aspecto, indispensable, de la democracia. Una adecuada conceptualización de la democracia requiere moverse en tres niveles –ciudadanía, régimen y Estado– con conciencia de que cada caso tiene legados históricos y diferencias comparativas. Y como el carácter siempre abierto de la democracia prohíbe una definición rígida, la teoría de la democracia que propone se orienta más a la democratización que a la democracia, es decir, a la adquisición y respaldo legal de derechos y libertades civiles, políticos, sociales y culturales; en otras palabras, una teoría de la democracia que tiene en cuenta las condiciones sociales de la ciudadanía –y no solo la constitución de los “votantes”–, y que se mueve en un terreno intermedio entre los extremos de, por un lado, el politicismo estrecho, y por otro, la indeterminación sociologizante. Así, el derrotero intelectual de O’Donnell lo muestra como un académico a la vez desafiante y constructor. Su producción ha estado, por un lado, destinada a remover críticamente varios cimientos del saber convencional, y por otro, sus aproximaciones no solo han generado un interés inmediato en la comunidad politológica regional, sino que han construido un bagaje teórico y conceptual nuevo, produciendo en definitiva grandes avances en la construcción del conocimiento social y político a nivel mundial. Guillermo O’Donnell se convirtió así en una de las figuras más importantes de las ciencias sociales de la región, destacado no solo como intelectual sino incluso como creador de instituciones de larga trayectoria y prestigio internacional: en 1975 fue co-fundador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), y en 1982 asumió como el primer Director Académico del recientemente creado Kellogg Institute for International Studies en la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, convirtiéndolo en un centro de referencia mundial en el estudio de la democracia, particularmente en América Latina. Como se ve, Guillermo O’Donnell fue un politólogo que no aceptaba límites. Así como el Estado absoluto es el Estado sin límites, O’Donnell es lo más parecido a un politólogo absoluto, un politólogo sin límites. En primer lugar, sin límites teóricos, puesto que mientras los politólogos en general nos circunscribimos a trabajar dentro de marcos interpretativos que nos parecen razonables, O’Donnell ha expandido las fronteras de la interpretación de los fenómenos políticos (también económicos y sociales): no solo ha utilizado conjunta a integradamente argumentos de familias teóricas bien disímiles (por ejemplo, el estructuralismo marxista y la teoría de los juegos), sino que ha desafiado con éxito a diferentes mainstreams de la disciplina. En segundo lugar, sin límites conceptuales, puesto que ha identificado realidades desconocidas anteriormente a través de tipificaciones conceptuales con atributos rigurosamente definidos. Y finalmente, sin límites empíricos, puesto que de lo recién dicho se desprenden no solo las implementaciones empíricas de


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sus investigaciones –recordemos que sus construcciones teóricas se caracterizan por la referencia empírica explícita en los casos analizados–, sino que ha inspirado nuevas agendas de investigación sobre el funcionamiento del Estado y del régimen democrático en muchos países, convirtiéndose además en uno de los fundadores y referentes de los estudios sobre la calidad de democracia. Todas estas características lo han puesto en el tope indiscutido de la jerarquía y la legitimación intelectual de la ciencia política. Por todas estas razones, además de su generosidad y respeto por los demás, la obra de Guillermo O’Donnell no solo es constitutiva de la identidad de los politólogos argentinos, es decir, aquello que nos hace ser quienes somos, sino que también seguirá siendo modelo del trabajo de la ciencia política hacia adelante. Se podría desarrollar mucho más sobre lo primero, esto es, sobre la impronta que O’Donnell ha dado a la ciencia política hasta ahora, pero también vale la pena echar una mirada a lo segundo, que es lo que seguirá impactando hacia adelante en el trabajo cotidiano en ciencia política. Y eso es, fundamentalmente, lo que O’Donnell ha buscado, lo cual podría desagregarse en tres niveles. En primer lugar, a lo largo de todos sus trabajos hay una intensa preocupación por la complejidad teórica. Particularmente hay en ellos una búsqueda de una teoría del funcionamiento estatal, como forma de dominación y como régimen político, pero de manera integrada con la sociedad, el derecho y la economía. Eso nos recordará que no debemos aislar a la política de las otras manifestaciones sociales, ni aislar nuestros análisis en enfoques demasiado restrictivos. En segundo lugar, ya sea desde aproximaciones más estructurales o desde aproximaciones basadas en el comportamiento de las elites y las instituciones, hay una búsqueda de crear, sistematizar y operacionalizar conceptos y categorías analíticas claras y precisas. Siempre mucho más atento a la realidad –tanto a los acontecimientos como a la forma de razonar de los actores políticos– que a la construcción de una carrera académica prolija, sus análisis tienen un punto de partida complejo pero a la vez claro y concreto, sobre cómo funcionan y se pueden mejorar, incluso de a pequeñas puntadas, el Estado y la democracia. Con ese horizonte, todo era válido: marxismo y weberianismo, teorías estructuralistas e individualistas, niveles de abstracción altos, medios y bajos, estudios de caso, comparaciones cualitativas y cuantitativas, etc. Eso nos recordará que la ciencia política debería ser útil para comprender la política no de una manera ontológica ni críptica, sino empírica, clasificatoria y abierta, para poder, justamente, operar sobre la realidad. En tercer lugar, en O’Donnell la ambición teórica y el enfoque empírico y metódico conviven con la búsqueda de un deber ser. Siempre ha trabajado con el horizonte puesto en que sus conciudadanos vivan una vida autónoma y digna. Eso nos recordará que el trabajo académico debería estar acompañado por la honestidad intelectual, y el compromiso ético y democrático de pensar en mejorar la vida de nuestros semejantes. Releer la obra de O’Donnell será siempre entonces, más allá de cuánto cambie la realidad, de cuánto evolucione la teoría, de cuánto se sofistiquen los métodos, un aprendizaje profesional y ético sobre cómo encarar la función del intelectual,

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del investigador y del docente, porque Guillermo O’Donnell tenía, además de una irrefrenable voluntad transformadora de la política, una clara conciencia de que el conocimiento es una construcción no individual sino colectiva, y por ese motivo tampoco ahorró esfuerzos ni recursos en ayudar a consolidar e institucionalizar SU disciplina, la ciencia política. Recibido: 21/06/12. Aceptado: 23/07/12.

Martín D’Alessandro, “Un politólogo absoluto”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 41-46.


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Las metáforas y los conceptos. Ensayo en honor a Guillermo O’Donnell The metaphors and concepts. Essay in honor of Guillermo O’Donnell Cecilia Lesgart

resumen

summary

Este escrito analiza dos labores conceptuales presentes en los trabajos de Guillermo O’Donnell: la producción de términos científicos y la creación de metáforas. Por un lado, analiza la génesis, emergencia y composición de un concepto clave, lo burocrático-autoritario, legado a la Política Comparada regional, y que ha viajado más allá de las fronteras definidas por la geografía latinoamericana y la Ciencia Política producida en estas latitudes. En este sentido, se examina una tarea con intenciones analíticoexplicativas, vinculada a traspasar la limitación que impone la observación de experiencias y problemas concretos, delimitados temporal o territorialmente, para hacer que los términos se vuelvan concentrados de múltiples contenidos significativos. Por otro lado, se observa la composición de un léxico afectivo, metafórico, en algunos casos sólo comunicable en “lengua materna”. Inflexiones figurativas que no consideramos como un momento “pre-científico” en la elaboración del conocimiento politológico. Antes bien, la utilización de estos términos metafóricos, más descriptivos que explicativos, y en ciertos casos evaluativos, que apasionaban a su autor, fortalecieron la tradición de discurso politológica y comparativa.

We analyse two conceptual intentions in Guillermo O’Donnell´s hold work: the composition of scientific concepts and the production of metaphors that we suspect were not seen as pre-scientific stage in his work. First, we observe the emergence and composition of bureaucratic-authoritarianism as a key concept with analytic and explicative purposes, and link with the willing to trespass the narrow center case experience, and the national theoretical borders. Second, we examine the production of expressive and descriptive words. Used with the disposed to evaluates political, social and cultural situations, they strength the Political Science discursive tradition.

palabras clave

conceptos / intenciones analítico explicativas / burocrático-autoritario / metáforas / descripción

keywords

concepts / analytic and explicative purpose / bureaucratic-authoritarianism / metaphors / description

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 49-58

Cecilia Lesgart es Profesora Titular Ordinaria de Teoría Política III, Facultad de Ciencia Política y RR.II., Universidad Nacional de Rosario e Investigadora Adjunta del CONICET, Argentina. E-mail: celesgart@hotmail.com

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1. Cuando fui invitada por la Facultad de Ciencia Política a la realización de este merecido homenaje a Guillermo O’Donnell, me propuse no hacer una reconstrucción de su biografía intelectual en relación a una historia más general de la Ciencia Política. Tengo algunas explicaciones para esto, que forman parte de mi humilde consideración sobre su gran legado. Me niego a volver a los trazos fundamentales de una historia de la disciplina en Argentina, no porque ella no pueda ajustarse al nombre propio. Me animaría a decir que gran parte del pasado y del presente de la Ciencia Política coincide, en sus mojones generales, con el nombre de Guillermo O’Donnell. Pero después de haberme preocupado en otros escritos por esta relación1, me fui dando cuenta que en los últimos años, O’Donnell había realizado un profundo esfuerzo rememorativo y autobiográfico por narrar y vincular su historia personal, intelectual, académica, en relación con las particulares condiciones de producción de sus textos. En este sentido, hay parte de su legado “cuidado” y “curado” por él mismo. Y por eso vale detenerse en las notas y encabezados de compilaciones de textos significativos de diferentes épocas, como Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre el autoritarismo y la democratización de 1997, o Catacumbas de 2008. También en los Prólogos reescritos y actualizados de obras aparecidas muchos años atrás, como es el caso de Estado Burocrático Autoritario en 2009, y Transiciones desde un gobierno autoritario de 2010.2 Sin dudas estaba atento a las críticas y elucidaciones que se realizaban de su obra, a las reinterpretaciones o validez que poseían en la actualidad. Y después de escucharlas o leerlas, volvía sobre sus textos y sobre sí mismo, y escribía, corregía, entablaba discusiones públicas y/o publicadas a través de sus Prólogos o notas al pie de página. Hace pocos años, sometió su concepto “democracia delegativa” a la discusión abierta de un grupo de académicos en la ciudad de Rosario.3 Tal como muchos años atrás lo había hecho con su primer concepto –burocrático-autoritario–, ese que gestó una historia dentro de la disciplina politológica, y al que me voy a dedicar más adelante. A mí misma me sucedió que, estando a punto de presentar un libro en la Universidad de Buenos Aires, se apersonó Guillermo portando el libro en sus manos, se sentó, escuchó cada una de las intervenciones, y participó de ellas con fuerzas. Pocos días después me invitó muy gentilmente a discutir lo que decía sobre su obra en aquel largo artículo. Viajé a Buenos Aires un día de lluvia torrencial. Él me atendió en casa de su madre, con su “pierna mala” arriba de una silla, dispuesto a conversar sobre lo que yo había escrito, y detallar cuestiones que luego aparecieron en Catacumbas y en el Prólogo realizado para la edición 2010 de Transiciones desde los gobiernos autoritarios. Y preocupado, sobre todo ansioso, por saber si las críticas por mí formuladas eran bienintencionadas. Nunca le respondí por sí o por no a esa pregunta. Pero en este homenaje va mi respuesta: me parece dificultoso hablar y escribir en su honor sobre cosas que él mismo no pueda contestar, corregir, reescribir. Pensé entonces, ¿cuál puede ser mi contribución? Se me asomaron sus conceptos. La génesis, emergencia y composición de algunos de aquellos términos que estructuran una batería conceptual significativa que Guillermo O’Donnell le


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legó a la Política Comparada regional, y que han viajado más allá de las fronteras definidas por la geografía latinoamericana y la Ciencia Política producida en estas latitudes. Se me apareció un hombre apasionado por los conceptos. Por darle un nombre –más o menos definitivo, más o menos provisorio– a las experiencias que observaba. Y también preocupado por traspasar la limitación que impone la observación de experiencias y problemas concretos, delimitados temporal o territorialmente. Es decir, por volver sobre esos “nombres”, y tornarlos concentrados de múltiples contenidos significativos: salir de las palabras que describen las experiencias observadas y elaborar conceptos. Términos con intenciones analítico-explicativas, que puedan retratar más de un caso, y que reúnan e iluminen en su significado varias experiencias empíricas, y ninguna particular a la vez. Pensé que tal vez, O’Donnell confiaba en que la Ciencia Política hallaba parte de su estatuto científico en esta capacidad para observar un caso, y con la limitación que impone la experiencia particular, nombrar. Procedimiento que luego debía fortalecerse mediante la producción de conceptos que con su sola mención nos representen escenarios complejos, ubicándonos dentro de un vocabulario que se vuelve compartido y común porque ha sido utilizado en diversas ocasiones, discutido y debatido por pares en reuniones informales y en proyectos de investigación, empleado y criticado por profesores y estudiantes, y finalmente usado y transmitido a lo largo del tiempo. Este es el caso de su primer gran concepto, burocrático-autoritario. Pero para marcar desde el comienzo una primera cualidad que distingue al término burocrático-autoritario, vale la pena hablar brevemente de otras palabras a las que apeló O’Donnell para componer parte de sus teorizaciones. Se trata de un léxico afectivo, tal vez empático con su lugar de origen, y en algunos casos sólo comunicables en “lengua materna”. Es decir, no tanto entre quienes hablan un mismo idioma, sino entre quienes comparten su horizonte de sentidos. Me refiero a giros altamente alegóricos, impresionistas o expresivos, como “darle nombre a la bestia”, “a mí que mierda me importa”, o “nuevo animal” que habita una “zona gris”. El primero, “darle nombre a la bestia”, usado como una figura referida a la aparición de los gobiernos militares vía golpe de Estado. Lo que posteriormente conceptualizará como “burocrático-autoritario” –en su connotación régimen político o Estado– y usado aquí para describir y adjetivar la emergencia del “onganiato” en el ’66 en Argentina, y al régimen brasilero de 1964. El segundo, “a mí que mierda me importa”, es una percepción surgida de la observación cotidiana de distintos rasgos de sociabilidad hallados en Argentina y en Brasil, los que le permiten parangonar atributos de la cultura política y la presencia y/o ausencia de ciudadanía en ambos países. El tercero, ese “nuevo animal que habita una zona gris” de la política, una frase que colorea lánguidamente la forma que adquieren las democracias de esta zona sur del mundo, a las que les falta, luego de haber transitado desde los gobiernos autoritarios y a la democracia política, consolidarse. Un proceso que ya no es descripto de manera gráfica como “algo firme y fuerte, que nuestros hijos puedan heredar y perfeccionar”. Sino que es presentado en comparación con aquellos “parecidos de familia” que son las democracias del cuadrante

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noroeste del mundo. Después de haber sido optimista en relación al potencial de las transiciones y de la adquisición de una fisonomía poliárquica, consolidación refiere ahora a esa “otra institucionalización” que necesitan realizar las democracias delegativas.4 La comparación es, ciertamente, un segundo nivel en el que O’Donnell creyó encontrar que la ciencia política podía construirse como ciencia, controlando sus elaboraciones hipotéticas y contribuyendo a la producción de términos capaces de recoger sentidos particulares y albergar la generalización. Ahora bien, estas inflexiones figurativas, daban paso a la gestación de los diferentes conceptos que fueron fortaleciendo la tradición de discurso politológica y comparativa. Entonces, no considero que nuestro homenajeado percibiera que esas metáforas fueran un momento “pre-científico” en la elaboración del conocimiento politológico. Antes bien, la utilización de estos términos metafóricos, más descriptivos que explicativos, y en ciertos casos evaluativos, apasionaban a su autor. No creo equivocarme, pues, si digo que no consideraba que la “indeterminación conceptual” proveniente de las metáforas se opusiera a la robustez de los conceptos que denotaban la reunión de clasificaciones, calificaciones, y explicaciones, capaces de durar en el tiempo, de viajar a través de generaciones, de fronteras idiomáticas y bordes geográficos. En este caso, hay un segundo conjunto de términos que lo identifican en el mundo más global de la Ciencia Política y de la Política Comparada: burocrático-autoritario, transiciones desde los gobiernos autoritarios (y a la democracia), democracias delegativas. Todos ellos pueden y deben ser diferenciados analíticamente, porque fueron elaborados en distintos textos y bajo diferentes condiciones de producción. Sin embargo, es preciso aclarar que desde el momento en que O’Donnell pensó y escribió Modernización y Autoritarismo, y posteriormente El Estado Burocrático Autoritario, la poliarquía se constituyó en un horizonte de sentido para pensar y definir por contraste las nuevas formas opresivas del ejercicio del poder político. Lo que más tarde sería pensado como transiciones a la democracia política. Esta es una segunda cualidad que distingue al concepto burocrático-autoritario, y a una agenda de reflexiones que indica algunas cosas adicionales. Primero, que O’Donnell tuvo una manera secuencial de ordenar sus temas de investigación y de preocupación por la cual los regímenes militares dan paso al pensamiento sobre la construcción de un régimen político democrático, y éste a sus posibles diferentes modulaciones, desde la liberalización a la transición, y desde ésta a la consolidación y la pregunta por la calidad. Proceso teórico y reflexivo en el que O’Donnell puso en cuestionamiento el empleo y/o la definición de los conceptos por él mismo utilizados. Segundo, la construcción de una perspectiva sobre el futuro, en el sentido en que éste no se puede predecir pero se puede prever. Pensar escenarios futuros, posibles o deseados, es una manera de diseñar y prepararse para lo que vendrá. De alguna manera, las transiciones obraron como una especie de prospectiva desde los gobiernos autoritarios (y hacia la democracia). Puede ser que nuestro homenajeado considerara que con ella se realizaba un aporte fundamental desde la politología a la construcción efectiva de regímenes políticos, y se imprimiera una modulación más a su significación como ciencia.


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2. ¿Cómo calificar y clasificar el surgimiento y expansión de experiencias opresivas en esta parte del mundo?, ¿cómo distinguirlas de otras, aparecidas y halladas en estos países en el pasado inmediato?, ¿qué diferencias guardan con los fascismos y totalitarismos de los países europeos, ocurridos desde la primera mitad del siglo XX? Varias de estas preguntas están contenidas en las capas de sentido que se fueron adicionando y se montaron sobre el término burocrático-autoritario. Una palabra usada para “darle nombre a la bestia”, un concepto nacido con ánimo exploratorio, construido con intenciones analítico-explicativas, y empleado también, de manera descriptiva. Como se sabe, en Modernización y Autoritarismo, obra a la que centralmente nos dedicaremos, Guillermo O’Donnell desafía las llamadas “hipótesis optimistas” del desarrollo político elaboradas en Estados Unidos para pensar América Latina y el Tercer Mundo.5 Su “ecuación pesimista” supondrá desconfiar de la correspondencia lineal entre estructura socioeconómica y tipo de régimen político: difícilmente el desarrollo económico seguido por una alta modernización social acompaña el despliegue y estabilidad de la democracia política. En realidad, los regímenes burocráticos-autoritarios son respuestas probables a las numerosas tensiones que genera una alta modernización.6 Particularizando esta sospecha para el caso de Argentina (1966), en comparación con el Brasil (1964)7, demuestra que países modernizados se corresponden con autoritarismos burocráticos.8 Plasmado originalmente en Modernización y Autoritarismo, lo burocráticoautoritario fue adquiriendo diversas modulaciones debido a los intercambios argumentativos que generó y las capas de sentido que recogió a través del paso del tiempo. Fue centralmente especificado como un tipo de régimen político. Es decir, como un conjunto de patrones que establecen la modalidad de reclutamiento y acceso a los roles gubernamentales, y los criterios de representación a partir de los cuales se formulan las expectativas de acceso a dichos roles. Asimismo, después de entablar distintos intercambios argumentativos indicativos de la búsqueda por determinarlo conceptualmente, el término se fue precisando como un tipo de Estado y como una configuración del ejercicio del poder político, lo que se puede notar en el libro El Estado Burocrático-Autoritario.9 Pero también como un “modelo”, en el sentido general utilizado por David Collier en la compilación El Nuevo Autoritarismo en América Latina.10 El término no existía en el universo conceptual de las ciencias sociales, en este sentido es nuevo. Pero su composición se realiza tomando elementos de la sociología política, de la ciencia política del desarrollo político que emerge a fines de los años ’50 y principios de los ’60 en Estados Unidos, y de la política comparada que en la misma geografía fortalece sus preocupaciones exploratorias sobre América Latina con posterioridad a la Revolución cubana. En un primer registro resuenan los ecos de la obra de Barrington Moore, Los orígenes sociales de la dictadura y de la democracia, que ya en 1966 había indicado los posibles y diferentes caminos hacia la industrialización. En esta primera obra de O’Donnell se especifican como una reacción a las tensiones crecientes de

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la industrialización, en donde una coalición encabezada por la institución Fuerzas Armadas –secundada por altos funcionarios públicos y civiles, empresarios y grandes firmas, sectores terratenientes, apoyo inicial de la clase media urbana– buscaba acelerarla pero disminuyendo los riesgos de revolución social, en sociedades donde el sector popular se encuentra políticamente activado. En este sentido, el autoritarismo surgía para aplicar coerción gubernamental, desactivando y excluyendo políticamente a los sectores populares, surgidos precisamente del proceso de modernización. El proceso de industrialización entendido como aspecto más dinámico y visible como consecuencia del desarrollo, ya había sido indicado por David Apter en La política de la modernización. De Apter, quien fuera su director en Yale, y de la expresión “sistema burocrático”, fue tomada la palabra burocrático. A diferencia de la democracia que supone –al menos teórica y filosóficamente– la distribución horizontal del poder político, la organización burocrática se hace sobre rígidos controles y arreglos verticales de la autoridad, lo que concentra al poder político en la cumbre. En el caso de los autoritarismos burocráticos, no en un líder o jefe máximo, sino en la institución Fuerzas Armadas. Rasgo este que servirá para diferenciar estos autoritarismos burocráticos de otros sistemas industrializadores y con un poder político personalizado en el liderazgo, en este caso particular, los genéricamente llamados populismos.11 El término burocracia tiene, ciertamente, una impronta weberiana. Pero aquí hay un uso ligado a la tecnocracia que supone, dentro del clima de la Guerra Fría, la intervención de actores formados en un nuevo profesionalismo, y un conjunto de saberes especializados adquiridos y difundidos internacionalmente, con una ideología que se presenta con pretensión de neutralidad. La cuestión de la ideología conduce a otro de los sentidos con que se compone un término que resiste ser asimilado a aquella batería creada para especificar las formas opresivas del ejercicio del poder político propias del siglo XX, el totalitarismo. En efecto, tomando a Juan Linz en su trabajo de diferenciación del franquismo de otras experiencias europeas totalitarias, el autoritarismo burocrático se especifica por la ausencia de una ideología movilizadora de masas, pero con la presencia de unas normas instrumentales pensadas en función del cálculo entre medios y fines. Así, en otro de sus registros, el vocablo autoritario nos lleva a Juan Linz, quien se había preocupado por pensar el franquismo diferenciándolo del nazismo o del fascismo, y desconcentrándolo del problema del Estado para centrarse en el régimen político. Así lo había hecho en su artículo seminal, “An authoritarian regime: Spain” de 1964.12 Como vemos, el autoritarismo se escoge frente al totalitarismo, un término altamente ideologizado y polarizado por sus usos durante la Guerra Fría, en cierto sentido y antes del final de los “socialismos reales”, desprestigiado por su asociación con el “mundo libre”. El vocablo autoritarismo reúne, además, una serie de características no hallables en los totalitarismos, pero sí en España, las que servirán para identificar las nuevas experiencias surgidas en América del Sur. Los autoritarismos pues, se caracterizan por el control y la coerción gubernamental sobre diversos sectores de la vida política y social, y un contenido ideo-


3. Más allá de los insumos que lo inspiraron y organizaron, hay conceptos que con su sola mención remiten a un nombre propio. Burocrático-autoritario nos conduce sin dudarlo a Guillermo O’Donnell, quien compuso e introdujo este término novedoso, que iluminaba zonas nuevas de la política argentina y sudamericana. Nuevo en relación a otros conceptos en danza dentro del ámbito académico nacional, y del ambiente internacional. Mientras dentro del país se usaban otras palabras para tematizar las novedades que representaba el golpe de 1966 (tales como “revolución argentina”, “régimen militar”, más tarde “el onganiato”), O’Donnell fue capaz de acuñar un término que diera cuenta de la experiencia particular inaugurada, pero escapando, al mismo tiempo, de los límites que pueden generar los estudios de caso si se atienen al día a día, o prescinden de la comparación con prácticas lejanas, teorizaciones extrañas, pero que obran como modelos para cotejar similitudes y diferencias. Fuera del ámbito nacional, otros vocablos ayudaban a pensar en las formas opresivas en que puede presentarse el ejercicio del poder político. Algunos señalaban las terroríficas novedades que estas prácticas traían en el siglo XX, como totalitarismo; y otros intentaban lidiar con términos abarcativos, pero al costo de quedar amarrados a las singularidades de la situación concreta, como nazismo, franquismo. El vocablo fascismo fue usado para designar al régimen de Mussolini, tanto con ánimo analítico como con intenciones de denuncia política. Más acá de la elaboración de un concepto, los “nuevos autoritarismos” o autoritarismos-burocráticos entroncados con estudios internacionalizados, marcan cierta impronta fundacional de lo que hoy llamamos en nuestro país ciencia política, y que trató y trata sobre Argentina, pero también sobre lo que enseguida comenzó a llamarse América Latina. Efectivamente, el estudio sobre las rupturas institucionales, llamadas con ánimo francés más que norteamericano “golpes de Estado”, le dieron un rasgo temático distintivo a la ciencia política producida en estas latitudes en un contexto argumentativo internacional que insistía en que la ciencia política

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lógico signado no por la reunión de las masas en el espacio público, sino por su desmovilización. En este sentido, el autoritarismo es contrapuesto al pluralismo, o definido con relación a las serias limitaciones operadas sobre el pluralismo: restringe la expresión de la soberanía popular en relación con el ejercicio amplio de los derechos políticos, obstaculizando seriamente el ejercicio de los derechos civiles.13 Inclinado a perseguir hasta eliminar a los opositores políticos, prescinde de una esfera pública que puede elegir y/o expresarse en sus diferencias: suprime las elecciones, domestica o destruye a las organizaciones confrontativas, y/o que aglutinan a sectores real o potencialmente adversos, o cuyas demandas sean percibidas como excesivas y dificultosas para llevar adelante un proyecto industrializador no redistributivo (partidos políticos, sindicatos). Así, y a diferencia de los totalitarismos, la línea de demarcación de quién es un opositor está menos sujeta a la totalización de una enemistad. Es coercitivo y utiliza la violencia para la organización férrea de la vida social y política, arrinconando pero sin llegar a eliminar cierta autonomía individual concentrada en la esfera de la intimidad y/o en el espacio privado.

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moderna –behaviorista en aquellos tiempos–, se caracterizaba por nacer al mismo tiempo y por lo tanto abocarse al estudio de las emergentes democracias liberales desde mediados del siglo XX. Más allá o más acá de todo lo anterior, en la temporalidad que corre entre Modernización y Autoritarismo y El Estado Burocrático Autoritario, O’Donnell fue capaz de introducir en “estas pampas” una dimensión innovadora para el estudio científico de la política, la del régimen político, que permitía pensar en el complejo juego entre actores, instituciones formales e informales y procesos, introduciendo, al mismo tiempo, una impronta pluralista que le quitaba centralidad al estado y peso a la determinación de las estructuras.14 Pero nunca lo usó como “breakdown”, como quiebra, caída y reequilibrio de la democracia, a la manera de Linz. Para hablar del futuro esperado, usó varios términos: el de pluralismo, distinguiéndolo del de democracia política, y éste empleado en semejanza con el de poliarquía, acuñado por Robert Dahl. La democracia política en sinonimia con la poliarquía, contribuyó para delimitar por contraste las situaciones autoritarias –y autoritarias-burocráticas– presentes, pero no deseadas en el futuro. Sirvió para imaginar cómo alejarse teóricamente de los burocráticos-autoritarios, primero de los de la década del ’60, y posteriormente, de los mucho más violentos y represivos de la década del ’70.15 Un tiempo después, y probablemente estimulado por el artículo de Dankwart Rustow (1970), presumió que el término transición podía dar una idea más dinámica, menos rígida y lineal que la de quiebre. El vocablo transición también fue pensado por O’Donnell de una manera distinta al tipo de tránsito dual que señalaba dos momentos precisos (como en la sociología, tradicional/moderno). Conjeturaba así, un camino hacia el cambio político no concluyente como la toma o el golpe. Tampoco realizado en una sola jugada, y para graficarlo utilizó la imagen de un juego de ajedrez realizado en múltiples partidas y tableros simultáneos. La transición desde los gobiernos autoritarios (y hacia la democracia), concepto usado como metáfora temporal y espacial de movimiento, si bien designaba un lugar de arribo, preveía un rumbo incierto entre idas y venidas, avances y retrocesos. Fue la construcción de una prospectiva, pero sobre todas las cosas, la base de un objetivo deseado por sí mismo, una “fantasía bien pensada”16, al que nuestro homenajeado nunca renunció como horizonte de sus trabajos. Desde la ciencia política, fue su manera de meter los dedos en los rayos de la rueda de la historia. Referencias 1. Principalmente en Lesgart, Cecilia (2003). Una versión anterior sobre la que discutí con O’Donnell, se encuentra en Lesgart, Cecilia (2002). 2. El Estado Burocrático Autoritario se publicó por primera vez en el año 1981. Se puede consultar la historia, condiciones de producción y publicación del libro en la edición de Prometeo del año 2009. Los 4 volúmenes de Transiciones desde un gobierno autoritario fueron publicados en inglés en 1986 y en español en 1988. Se pueden consultar las notas sobre la historia y condiciones de producción en el volumen publicado en 2010 por Editorial Prometeo. También Lesgart, Cecilia (2003; 2007). 3. Y que fueron compiladas en O’Donnell, Guillermo, Osvaldo Iazzetta y Hugo Quiroga (coords.) (2011).


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4. Otro concepto elaborado y legado por O’Donnell, y al que se referirá mi compañero de panel, Hugo Quiroga. 5. Como dice O’Donnell siguiendo a Apter, no es el desarrollo político, económico o social, sino la modernización, dividida en varios componentes analíticos, la que ha de ser abordada, puesto que los regímenes burocráticos-autoritarios son respuestas probables a las numerosas tensiones que genera una alta modernización. Ellos buscan desactivar a los sectores populares movilizados y activados en el período anterior y debido a la industrialización, en el caso de los llamados populismos, una industrialización sustitutiva de importaciones que es por la cual se incorporan los sectores populares urbanos al mundo social y político. 6. “La experiencia histórica nos ha demostrado que no hay correspondencia necesaria entre la estructura socioeconómica y el tipo de régimen político, pero no cabe duda que el conocimiento de la primera permite una importante aproximación para el estudio y predicción del tipo de régimen político que es probable que exista en un momento y en un espacio históricamente dados”, en Modernización y Autoritarismo (1972: 15). 7. Y en donde ya se asoman países europeos (como España, Grecia y Portugal) como casos con los cuales comparar la experiencia autoritaria burocrática de lo que O’Donnell llama países sudamericanos. 8. “(…) el autoritarismo político y no la democracia es el concomitante más probable de los niveles más altos de modernización en el contexto sudamericano contemporáneo”, en Modernización y Autoritarismo (1972: 22). 9. Con Fernando Henrique Cardoso se entabló una discusión en torno a si debía ser considerado una forma o tipo de Estado o una tipología de régimen político, postura esta que sostuvo Cardoso. Se puede mirar su desarrollo en el libro de David Collier, para completar otras miradas, por ejemplo, la de Robert Kaufman que coincide con la de Cardoso. O’Donnell siempre dijo que El Estado Burocrático Autoritario se había publicado en 1981 pero había estado listo en 1974, con un intento de publicación fallido en 1976. Pero el texto compilado por Collier, en donde se pueden leer los debates mantenidos con Cardoso, se publica antes. En El Estado Burocrático Autoritario, O’Donnell precisará tres conceptos adicionales (entre la especificación de otros conceptos). Dirá que al Estado hay que estudiarlo desde un nivel analítico como un entramado fundamental (pero no único) de las relaciones de producción capitalistas. En este sentido, el Estado sería el aspecto analítico de las relaciones sociales de dominación que sirve de apoyo a estas relaciones y las organiza. El burocrático-autoritario es un tipo específico de Estado capitalista, aquel que se encuentra en sociedades dependientes pero extensamente industrializadas, y con un sector popular previamente activado al que hay que desmovilizar. Este sería un segundo nivel, concreto, por el cual el Estado es el conjunto de instituciones y de leyes que realizan esta función. Por ello, tipo de Estado y de régimen político se corresponden de manera cercana pero no unívoca. El Estado comprendería así, un Poder Ejecutivo o gobierno como cabeza del Estado, entre otros poderes (legislativo, judicial), una burocracia pública, un sistema legal, un complejo sistema de empresas públicas. Además, mantendrá la idea de que régimen político es el conjunto de patrones que establecen la modalidad de reclutamiento y acceso a los roles gubernamentales, y los criterios de representación sobre la base de los cuales se formulan las expectativas de acceso a dichos roles. Ese conjunto de patrones vigentes puede o no estar formalizado, o jurídicamente consagrado. De alguna manera, un régimen político es un trazado de rutas que conduce a la cumbre estatal o gobierno, aunque hay que distinguir el régimen de los ocupantes particulares y temporarios. Consultar todo el capítulo I. 10. El Nuevo Autoritarismo en América Latina fue publicado originalmente en inglés en 1979, y en 1985 en español por Fondo de Cultura Económica. Es decir, que su publicación antecede a El Estado Burocrático Autoritario. 11. Este sería un autoritarismo burocrático, lo que O’Donnell y otra amplia literatura compara con los autoritarismos populistas y con los tradicionales. 12. Más tarde lo precisaría en “Totalitarian and Authoritarian Regimes”, publicado en el Handbook of Political Science en 1975, y en la obra de 4 tomos The breakdown of Democratic Regimes, originalmente publicado en 1978. 13. Aunque ni el pluralismo ni la pluralización son lo mismo, insiste O’Donnell, que la democracia política.

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14. El trabajo en torno al Estado, no ya burocrático-autoritario, será una de las grandes deudas pendientes de esta “primera generación” de politólogos y estudiosos de América Latina. En el caso de O’Donnell, sus últimos trabajos que volvieron a pensar y estudiar al Estado, intentaron saldar una deuda teórico-política. 15. La poliarquía fue usada como un “parecido de familia” con las democracias del cuadrante noroccidental del mundo, al cual debían aproximarse las transiciones a la democracia de esta geografía. Su empleo fue motivo de una profunda reconsideración por parte de O’Donnell. Consultar su hermoso texto: “Otra institucionalización”, en Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización (1997). 16. Es la expresión usada por Abraham Lowenthal en las Palabras Preliminares, en O’Donnell, Guillermo y Philippe Schmitter (2010).

Bibliografía

C. LESGART (2007), “Pasado y presente de la Ciencia Política. Apuntes para un debate sobre su porvenir”, en Temas y Debates, Revista universitaria semestral de ciencias sociales, Año 11, N° 14, julio-diciembre. C. LESGART (2003), Usos de la Transición a la Democracia. Ensayo, ciencia y política en los años ’80, Rosario, Homo Sapiens Ediciones. C. LESGART (2002), “Ciencia Política y producción de la idea democrática. La reorganización de un campo de conocimiento”, en A. FERNÁNDEZ (comp.), Historia de la Ciencia Política en Argentina, Buenos Aires, Biebel. G. O’DONNELL; O. IAZZETTA y H. QUIROGA (coords.) (2011), Democracia Delegativa, Buenos Aires, Prometeo. G. O’DONNELL y P. SCHMITTER (2010), Transiciones desde un gobierno autoritario, Buenos Aires, Prometeo. G. O’DONNELL (1997), Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización, Buenos Aires, Paidós. G. O’DONNELL (1972), Modernización y autoritarismo, Buenos Aires, Paidós. D. RUSTOW (1970), “Transitions to Democracy. Toward a dynamic model”, in Comparative Politics, Vol. 2, Number 3, April. Recibido: 22/06/12. Aceptado: 30/06/12.

Cecilia Lesgart, “Las metáforas y los conceptos. Ensayo en honor a Guillermo O’Donnell”. Revista

Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 49-58.


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Guillermo O’Donnell: sus contribuciones a la institucionalización de la ciencia política en Argentina Guillermo O’Donnell: their contributions to the institutionalization of political science in Argentina Gustavo Dufour

resumen

summary

Esta presentación destaca especialmente tres aspectos de la obra de Guillermo O’Donnell: el primero de ellas es el innegable y extenso aporte que el politólogo argentino promovió en la construcción del conocimiento disciplinar. En segundo lugar, su contribución a la institucionalización de la Ciencia Política y muy vinculado a esto, su convicción de institucionalizar o construir un entramado de publicaciones científicas y académicas.

This presentation focus on three main aspects of the Guillermo O’Donnell work. First of all, his undeniable and extensive contribution to the Argentine Political Science promoted the construction of disciplinary knowledge. Secondly, his contribution to the institutionalization of Political Science and closely linked to this, the possibility to build scientific and academic journals.

palabras clave

ciencia política / institucionalización publicaciones científicas

/

keywords

political science / institutionalization / scientific journal

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 61-65

Gustavo Dufour es candidato a Doctor en Gobierno y Administración Pública por la Universidad Complutense de Madrid y profesor en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y en la Universidad de Buenos Aires. E-mail: gustavodufour@hotmail.com

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Para mí es un honor poder estar acá, compartir con ustedes algunas palabras sobre la obra y la vida de Guillermo. Quiero agradecer fundamentalmente a la Universidad por haberme invitado a participar aquí, en este primer panel y también agradecer el entrañable afecto que me une a Gabriela desde hace un tiempo y que me da siempre fuerzas para seguir pensando en cuestiones que tienen que ver con las cosas que nos ha dejado Guillermo que, como se dijo ya, trascienden la cuestión ligada a sus aportes al conocimiento o a la ciencia política en particular. En esta presentación me voy a centrar, por razones de tiempo, en uno de los tres aspectos que a continuación mencionaré, porque con Martín D´Alessandro coordinamos los temas a desarrollar y seguramente el abordará alguno de los otros aspectos. Entiendo que si uno tuviera que clasificar cuáles son las enseñanzas de Guillermo podría reconocer tres grandes temas, tres grandes cuestiones. Sin duda una que es la que uno, como politólogo, más reconoce o a la que más se enfrenta día a día, más repercusión tiene, se vincula con los aportes que Guillermo hizo al avance del conocimiento de la ciencia política. Cuando digo esto lo pongo a modo de título. Está claro que Guillermo fue una persona capaz de construir agendas de investigación y con una particularidad y este sería un segundo punto: es la capacidad o la creatividad que Guillermo tenía para ponerle nombre a las cosas, a ese contexto o esas realidades con las cuales se enfrentaba. Creo que en ese sentido, la obra de Guillermo trasciende entre nosotros, por eso no va a desaparecer, nos enfrentamos día a día con sus textos en las clases, en los papers que escribimos y eso queda, eso va a quedar e incluso eso va a estar presente entre quienes no tuvieron la oportunidad de conocer a Guillermo. Hay una segunda cuestión que tal vez sea sobre la que uno puede aportar un poquito más, que no quiero descuidar porque creo que es tan importante como la primera: es la contribución que hizo Guillermo a la, yo digo, institucionalización de una comunidad académica. Quedó un poco implícito en el panel anterior, pero en mi rol, si se quiere, de ser miembro activo de la Sociedad Argentina de Análisis Político, no quiero dejar pasar por alto esta oportunidad para reconocer la importancia que Guillermo ha tenido dentro de lo que podemos llamar la construcción de la comunidad académica. Guillermo ha sido una persona no solo preocupada por el estudio de las instituciones o por su funcionamiento sino que ha sido una persona extremadamente preocupada por la necesidad de crear instituciones. Y si hay algo que Guillermo nos ha dejado, entre ellos a quienes formamos parte de la Sociedad Argentina de Análisis Político es, justamente, la impronta que Guillermo dejó en nuestra Asociación. Él ha sido una persona que, más allá de su lugar o su prestigio merecidamente ganado, se ha puesto codo a codo, al lado nuestro, de generaciones relativamente más jóvenes, tratando de ver de qué manera podíamos construir mejores instituciones y de qué manera podíamos construir o solidificar una comunidad académica. Guillermo en este sentido tenía una visión muy particular, muy coherente con su forma de pensar el funcionamiento de las instituciones, una forma distintiva de pensar cómo se construyen comunidades académicas. O’Donnell tenía una mirada


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en la que primaba la horizontalidad en los procesos de construcción institucional. Guillermo era una persona que estaba muy preocupada no sólo por el reconocimiento de elementos que tienen que ver y que en toda comunidad existen, principios más jerárquicos en la organización, Guillermo era un tipo muy preocupado por las cosas que le pasaban a otros y esos otros podían ser colegas, compañeros, o esos otros podían ser alumnos, asistentes, colaboradores, becarios. Guillermo en todo momento ha puesto un trabajo y una dedicación extremadamente fuerte en esta tarea de construir instituciones. Uno, a veces, por el lugar que ha tenido, puede poner anécdotas, puede recordar hechos pero Guillermo en todo momento ha estado preocupado, y este es un punto que quiero resaltar, por la necesidad de fomentar el desarrollo de jóvenes en esta comunidad. Guillermo ha sido una persona que siempre ha alentado a los jóvenes, que siempre ha estado preocupado por los jóvenes. No eran solo palabras, eran hechos. Guillermo colaboraba, Guillermo trabajaba, Guillermo se ponía a trabajar con nosotros, Guillermo se ofrecía a trabajar con nosotros en los concursos que se armaban, Guillermo donaba premios que recibía para que nosotros pudiéramos formar o contribuir a la formación de investigadores. Guillermo era una persona extremadamente generosa y esa generosidad se veía reflejada en cosas en las cuales, además, él buscaba siempre tener un bajo perfil, él no era una persona que buscaba tener protagonismo, era una persona de muy bajo perfil, pero, sin embargo, su contribución en este tipo de discusiones ha sido extremadamente sustantiva. El aprendizaje que uno ha adquirido a lo largo de estos años trabajando en la Asociación, trabajando al lado de Guillermo es inigualable, porque lo que uno aprende ahí son lecciones de vida. Vuelvo a subrayar, me pongo por fuera de lo que son los aportes sustantivos, que, obviamente, nos atraviesan en nuestras lecturas, en nuestros escritos. Guillermo nos enseñaba a cada rato con sus acciones y esas acciones aparecían en nuestro caso o en el caso particular de nuestra experiencia personal, vinculadas a esta preocupación por cómo construir comunidades académicas. Otra forma vinculada con esta institucionalización de la comunidad académica y que en Guillermo apareció como una preocupación muy fuerte, que se liga con el tercer punto que quiero mencionar, tiene que ver con la convicción que tenía Guillermo de institucionalizar o construir un entramado de publicaciones científicas académicas. Guillermo ha sido una persona que ha participado activamente en todas las publicaciones científicas que yo creo conocer que existen en la Argentina. Esto se daba independientemente de si estas publicaciones estaban avaladas institucionalmente o no. Martín D´Alessandro y yo somos fundadores de una revista, Postdata, pero también había otra revista, Ágora, de otro colega, Sebastián Mazzuca. En ese momento éramos personas desconocidas, que nos acercábamos a Guillermo con iniciativas, con propuestas, y la generosidad con la cual Guillermo recibía esas propuestas, y los aportes sustantivos que hacía eran realmente importantes. Esa generosidad se reflejaba en algo que nosotros, luego, lo bautizábamos de otra forma en el lenguaje interno. Era su aporte, y él sabía que lo estaba haciendo pero no lo quería decir, su aporte consistía en poner sus propios artículos

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en estas revistas. O sea, no era solamente el apoyo en palabras, la palmada en el hombro, de decirnos sí, te acompañamos, contribuimos, no, Guillermo ofrecía sus producciones, ofrecía sus textos para que fueran publicados ahí. Y todos sabíamos, y en la jerga lo decíamos, tenemos un O’Donnell; gritábamos: tenemos un O’Donnell!!! y nos poníamos a llorar porque teníamos un O’Donnell y sabíamos que reflejaba la importancia que la revista podía tener y el cariño que el propio Guillermo tenía por cada uno de nosotros a través de estas cosas que hacíamos. El tercer punto que quiero marcar es algo que está ligado con la forma con la cual Guillermo pensaba la construcción de la comunidad académica pero yo lo pongo en un lugar distinto y es que Guillermo estaba muy preocupado por el nexo o el vínculo entre generaciones, el diálogo entre generaciones. Guillermo era una persona que podía dialogar con cualquiera, de hecho cualquiera se podía acercar a él para dialogar, pero Guillermo era una persona que, cuando veía un alumno, cuando tenía un becario enfrente, cuando tenía a un joven o a una joven privilegiaba ese contacto porque sabía que ahí había algo importante. Eso habla muy bien de las personas, habla de la preocupación que Guillermo tenía por las nuevas generaciones. Quiero marcar dos anécdotas en este punto, que tal vez lo muestran a Guillermo como persona. Una es, y está vinculada en parte con el video que se proyectó al inicio, la famosa conferencia que organizamos desde la Sociedad Argentina de Análisis Político, con Carlos Strasser. Dos semanas antes Guillermo había tenido un problemita vinculado a su pierna y nos mandó un mail diciéndonos que lamentablemente no iba a poder estar, que el médico le había prohibido movilizarse, después Gabriela misma nos llamó por teléfono. Ahí no sabíamos qué hacer, si suspender o no la conferencia. Creo que dos días antes, 48 horas antes de la conferencia, recibí un llamado de la casa de Gabriela, al rato hago la devolución y era Guillermo que me decía: Gustavo, a pesar de todo, a pesar de las recomendaciones médicas, a pesar de que me dijeron que no, quiero estar ahí, y él me dio una explicación de por qué quería estar ahí. Me dijo: a mí lo único que me preocupa son los jóvenes. Yo sé que a esa conferencia van a ir muchos chicos, muchos estudiantes y, la verdad, siento que los estoy defraudando. Quiero estar ahí, quiero compartir ese momento No sé cómo voy a llegar, cómo voy a poder trasladarme, o por dónde me voy a acomodar, pero mi única preocupación es no defraudar a esa gente, a esos chicos, a esos jóvenes, a los cuales se les anunció una conferencia en la que yo voy a participar, y yo quiero participar, yo quiero estar ahí, yo no quiero dejar a esos jóvenes defraudados. Primera anécdota. Segunda anécdota, y Lucas, Martín, no me dejan mentir. Presentación en la Feria del Libro de uno de los libros que había publicado Prometeo. Guillermo nos llama por teléfono a varios, individualmente, por supuesto, para la presentación del libro, y uno dice bueno, sí, nos llama para promocionar, para difundir la presentación, y bueno, la SAAP, y bueno, tenemos que colaborar, y nosotros queríamos, obviamente, participar difundiendo esa actividad que se iba a hacer. Guillermo nos llama a varios y me dice a mi: Gustavo, quiero que vengas a la Feria del Libro a la presentación – Sí, bueno, Guillermo, ahí vamos a estar, no hay duda… - Sí, sí, sí,


pero quiero que vengas a presentar el libro – ¿Cómo? – Sí, sí, sí, a presentar el libro – Pero Guillermo, ¿le parece? Y usted… ese libro, es una obra importante, ahí tendrían que estar personas más instruidas, más formadas, con más capacidad para dialogar con usted… – Yo ya dialogué con esa gente, yo quiero saber qué piensan ustedes, qué piensan los jóvenes de las cosas que uno escribe. Y esas cosas me parece que reflejan la forma en que Guillermo pensaba la ciencia política, pensaba la construcción de la comunidad académica, y pensaba o se dedicaba a construir vínculos o lazos entre generaciones. En esa mesa de la Feria del Libro estábamos todos, no digo tan jóvenes porque tan jóvenes no somos, estábamos todos, generaciones, Lucas, Martín, Marcelo y yo, todo hablábamos y planteábamos y uno sentía que Guillermo estaba preocupado y atento a todas las consideraciones que hacíamos, para una devolución, o sea, él estaba preocupado, consideraba en el debate las cosas que nosotros podíamos decir de una obra que nos había, obviamente, formado. Vuelvo a decir, estas dos últimas cuestiones: la importancia o el impacto que ha tenido el trabajo, las acciones de Guillermo en la construcción de la comunidad académica, la preocupación y la dedicación con la cual ha trabajado por la construcción de un vínculo entre generaciones para mí son dos cualidades que hablan de Guillermo hombre, de Guillermo persona, no de Guillermo politólogo y yo confieso, aun siendo politólogo, si tuviera que elegir, me quedo con el recuerdo de Guillermo como persona. Nadie tiene dudas, están fuera de discusión los aportes de Guillermo, pero creo que encontrar tan buenos hombres, tan generosos, tan sinceros, tan honestos, capaces de decirte cosas que a uno pueden no gustarle, me parece que valen la pena, creo que eso es lo que más me quedó de Guillermo, lo que, obviamente, más voy a extrañar de él en esta ausencia.

Gustavo Dufour, “Guillermo O’Donnell: sus contribuciones a la institucionalización de la ciencia política en Argentina ”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 61-65.

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 61-65

Recibido: 24/06/12. Aceptado: 09/08/12.

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El legado de Guillermo O’Donnell a la política comparada latinoamericana The legacy of Guillermo O’Donnell to the Comparative Politics of Latin America Cintia Pinillos

resumen

summary

El presente trabajo propone una reflexión sobre el aporte que la producción académica de Guillermo O’Donnell ha realizado a la Ciencia Política en general y a la política comparada en particular. En este sentido, pone el énfasis en su capacidad para iniciar agendas de investigación que fueron centrales para el desarrollo de estudios comparados sobre procesos latinoamericanos recientes. Asimismo, se menciona su contribución en términos de innovación conceptual para comprender tanto el autoritarismo como la democratización en contextos diversos.

This work aims to consider the contribution of the academic production of Guillermo O’Donnell to Political Science in general and to Comparative Plitics in particular. In that respect, the article emphasizes his ability to lead investigation agendas which were essential in the development of comparative studies about recent Latin American processes. Likewise, the paper specially highlights his contribution in terms of conceptual innovation to understand not only the authoritarianism but also the democratization in different contexts.

palabras clave

Guillermo O’Donnell / política comparada / América latina / innovación conceptual / democratización

keywords

Guillermo O’Donnell / comparative politics / Latin America / conceptual innovation / democratization

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 67-73

Cintia Pinillos es docente e investigadora de la Universidad Nacional de Rosario y de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Argentina. E-mail: cintiapinillos@hotmail.com

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Cuando desde la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario comenzamos a pensar en la Jornada de Homenaje a Guillermo O’Donnell sabíamos que esta actividad formaría parte de una serie de recordatorios y homenajes que se realizarían en distintos lugares de nuestro país y del mundo, promovidos por prestigiosas instituciones académicas. Sin embargo, consideramos que nuestro homenaje debía contribuir a promover la reflexión sobre el aporte de O’Donnell a la Ciencia Política y la relevancia de su legado para las actuales y futuras generaciones de politólogos en el marco de nuestra comunidad académica. A esta razón inicial que daba fundamento a la convocatoria, se sumaban otras que lo hacían necesario en un sentido aún más profundo. Guillermo O’Donnell mantuvo hasta el final relaciones de amistad duraderas con colegas de nuestra institución. Con algunos de ellos produjo en colaboración trabajos académicos valiosos. A la par de esas relaciones personales de afecto y cooperación intelectual, O’Donnell fue construyendo a lo largo del tiempo un vínculo comprometido con nuestra institución y sobre todo en los últimos años participó de distintas actividades que favorecieron el diálogo con docentes y estudiantes. Por mi parte, no tuve la fortuna de conocer a Guillermo O’Donnell en profundidad como gran parte de los expositores que participaron de la Jornada de Homenaje. Lo conocí a través de su obra, leyéndolo incansablemente y escuchándolo en distintas conferencias que ha dictado en reuniones científicas nacionales e internacionales. Más recientemente, en el marco del Seminario Internacional “Revisitando el concepto de democracia delegativa”, realizado en nuestra Facultad a finales de 2009, tuve la posibilidad de intercambiar algunas palabras con él, y de confirmar su interés por vincularse con estudiantes de grado y posgrado, así como su atención al escuchar nuestras intervenciones y preguntas. Tal vez por las razones expuestas ese Homenaje y las notas que siguen no pertenecen al pasado sino al futuro de la Ciencia Política. Durante muchos años Guillermo O’Donnell escribió sobre Argentina desde el exterior y reflexionó sobre América latina desde Estados Unidos. Sin embargo, sus trabajos nunca fueron extranjeros, ya que siempre estuvieron inspirados en un profundo conocimiento de nuestro país y de la región. Entre sus interlocutores estuvieron colegas formados en universidades norteamericanas y europeas, pero también colegas, discípulos y amigos de las universidades latinoamericanas. Él solía incluir en un mismo grupo a los autores nacidos en alguno de nuestros países y aquellos que sin ser de América latina, se habían dedicado seriamente a conocer los procesos políticos e hicieron contribuciones valiosas justamente porque intentaron entender los problemas latinoamericanos en sus propios términos (2007: 188). Los trabajos de Guillermo O’Donnell influyeron en los principales debates de la Ciencia Política sobre el autoritarismo y la democracia, pero siempre fueron escritos desde América latina. O’Donnell es un politólogo internacional en todo el sentido de la palabra, por el tenor de su aporte y por el reconocimiento que ha cosechado a lo largo de su carrera. Aún así, el motor de su inquietud intelectual siempre fue la tortuosa historia de la democracia en América latina y sobre todo en nuestro país.


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El politólogo argentino ha dedicado buena parte de los últimos años de su vida académica a una tarea laboriosa de ordenamiento de su frondosa producción, favoreciendo nuestro acercamiento y el de las futuras generaciones a su legado. En este sentido, las compilaciones Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización (1997), Disonancias (2007) y Catacumbas (2008), constituyen una puerta de ingreso a su obra, ya que además de reunir trabajos difundidos ampliamente en nuestro medio, se incluyen textos que habían tenido menor difusión. Esos libros son fundamentales, además, porque en ellos O’Donnell explicita el contexto de producción de cada trabajo. Con una prosa atrapante, en las introducciones de estos libros y en las notas al pie de los textos allí reunidos, nos abre la cocina de su producción, dejando pistas acerca de cómo fueron tomando forma aquellos problemas de investigación que luego han contribuido a iniciar importantes agendas de debate más allá de nuestras fronteras. En esos párrafos nos invita a reconstruir los viajes, a visitar las instituciones, a conocer a los interlocutores, a habitar los encuentros y desencuentros de una generación de científicos sociales que ha construido las bases de nuestra disciplina. En muchos casos, los trabajos compilados tienen como escenario los pasajes más oscuros y dolorosos de la historia reciente de nuestro país, y a partir de ellos se comprenden los dilemas, las tristezas y esperanzas que lo impulsaron a promover alrededor del mundo discusiones sobre la naturaleza del autoritarismo y la democracia. La desaparición de Guillermo O’Donnell abre un espacio de recapitulación y nos obliga a reflexionar sobre nuestras propias prácticas científicas. Para quienes nos interesamos por la política comparada, es momento de volver detenidamente sobre su obra para reflexionar sobre lo que se está produciendo hoy en ese campo de la Ciencia Política desde (y sobre) América latina, en el mismo sentido en el que él lo entendía. A diferencia de buena parte de la producción incluida en el sub campo de la política comparada contemporánea, el politólogo argentino recurría a la comparación para mostrar los límites de las generalizaciones disponibles inspirado en la evidencia que observaba en los procesos históricos, preocupado por los abusivos estiramientos conceptuales y los postulados estilizados que si bien tenían utilidad para incluir un número amplio y diverso de casos, poco podían explicar de la naturaleza profunda de los mismos. Los trabajos de O’Donnell estaban guiados a la vez por un conocimiento profundo de los procesos históricos y la intención de promover explicaciones que pudieran trascender la realidad que originalmente lo había inspirado para poder analizar fenómenos semejantes. En este camino, desde su trabajo fundamental Modernización y autoritarismo (2011 [1972]) no dudó en discutir con las teorías predominantes cuando era necesario iluminar de manera más adecuada aquellos procesos que habían desencadenado fenómenos anclados temporal y espacialmente en nuestra región, para poder explicarlos y definir patrones que permitieran analizar casos semejantes. El paradigma dominante en los ’60 para estudiar la relación entre el desarrollo económico y la vigencia de la democracia política, había sido delineado por Lipset

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a comienzos de la década. Esta línea de investigación había iniciado una prolífica bibliografía comparada y parecía tener una validez prácticamente general, promoviéndose como uno de los aportes indiscutibles para abordar los procesos en curso en distintas regiones. Guillermo O’Donnell llamó “metáfora optimista” a esta generalización explicativa que rezaba que a más desarrollo socioeconómico había más probabilidades de que floreciera una democracia política. El politólogo argentino pudo identificar los límites de este aporte para explicar la política en Argentina y de otros países de América del Sur. Para él era necesario superar la fotografía y reconstruir la película, para comprender la dirección del movimiento de los actores y los patrones más frecuentes de interacción entre ellos (2011: 19). Recuperar el sentido de los procesos históricos de Argentina y Brasil, lo llevó a comprender la compleja naturaleza del autoritarismo burocrático en sociedades heterogéneas. En los trabajos de O’Donnell la teoría es interrogada por los procesos históricos, que son en definitiva los que definen su destino. Ésta fue la premisa que guió su primer gran aporte a las Ciencias Sociales y que va a aparecer, encarnada en distintas estrategias y estilos a lo largo de toda su obra. Recuperando la clasificación propuesta por Theda Skocpol y Margaret Somers (1994), emerge como contraste de contextos para iluminar las diferencias y similitudes de las culturas políticas argentina y brasileña en Y a mí que mierda me importa. Notas sobre sociabilidad y política en Argentina y Brasil1, o para inspirar e ilustrar su propuesta teórica alternativa en las diferentes versiones de su famoso concepto democracia delegativa.2 Aunque como O’Donnell nos cuenta, se pasó muchos años estudiando un tema que aborrecía, el autoritarismo, siempre su motivación central era encontrar los signos, los caminos, que conducirían a la democracia, o más claramente a la profundización de un proceso de democratización que trascendiera al régimen político e involucrara al Estado, a la sociedad, a la ciudadanía. Estas huellas lo llevaron a buscar en los movimientos de los actores y en la naturaleza de las instituciones que configuraban los procesos históricos respuestas más satisfactorias y precisas. Para la literatura comparada más encumbrada, las nuevas democracias que emergían en los países latinoamericanos en los ‘80, nuestras democracias realmente existentes, diversas y esquivas desde los parámetros establecidos por el derrotero de las democracias noroccidentales, se encontraban salvo excepciones a mitad de camino de lo que las corrientes teóricas predominantes consideraban el punto de llegada, las poliarquías consolidadas. La literatura sobre la democratización promovida por O’Donnell propuso nuevos conceptos que, sin caer en la fácil tentación del parroquianismo, pudieran dar cuenta de la naturaleza de los procesos políticos en nuestra región en un nivel medio de generalidad. En este sentido, la obra de O’Donnell, se inscribe en las principales agendas de la política comparada latinoamericana, y las enriquece a lo largo de más de cuatro décadas. Como afirma Munck, la teorización inspirada en América latina ha combinado información acerca de los casos y procesos políticos de la región con ideas de los autores clásicos de la teórica política y social. En este camino, se han producido conceptos nuevos o se han reformado los viejos, considerando varia-


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ciones empíricas entre los casos para ofrecer formulaciones iniciales a problemas sustantivos. Guillermo O’Donnell ha generado un rol relevante como promotor de agendas de estudio sobre la política en América latina. La mayor parte de la teorización puede ser caracterizada como de “alcance medio”, concentrada en alguna dimensión de la política o en parte de un proceso más amplio (Munck, 2007: 9). La insatisfacción de O’Donnell con las respuestas disponibles que intentaban explicar los procesos de democratización a partir de etapas inspiradas por procesos anteriores, queda claramente explicitada en Ilusiones sobre la consolidación (1996) y en un trabajo que fue publicado por primera vez hace más de una década: Teoría democrática y política comparada (2000). En el primer artículo mencionado aparece el germen del concepto de poliarquías institucionalizadas informalmente, que lo llevaría a producir una de las caracterizaciones más interesantes para comprender el funcionamiento de las instituciones políticas en nuestros países que, luego, se plasmaría en otros trabajos. En este artículo queda de manifiesto la incomodidad que le generaban las definiciones poco precisas que generaban limbos teóricos. El amplio alcance y la escasa efectividad que alcanzó en la década de los ’90 el concepto de consolidación democrática, constituye un ejemplo de estrategias comparativas que si bien presentan una fuerte capacidad para analizar en contextos diversos, presentan serias dificultades para decir algo relevante sobre los casos que son analizados. Por su parte, Teoría democrática y política comparada, es definido por su propio autor como un texto sobre teoría democrática a secas, que persigue el objetivo de aclarar el terreno conceptual para futuros trabajos. Buscando herramientas teóricas más adecuadas que las disponibles para comprender las nuevas democracias, encuentra inconsistencias que no solo dificultaban la comprensión de muchos casos de reciente democratización sino que ponían en cuestión la propia consistencia de la teoría democrática (2000: 521). Así plantea que sería un error emprender el estudio comparativo como si las teorías disponibles ofrecieran un ancla conceptual firme (2000: 523). En este sentido, para O’Donnell el desafío no radicaba exclusivamente en evaluar la significación dispar de los adjetivos que se proponían para precisar el fenómeno democrático en distintos contextos, sino también en interpelar el propio campo semántico de los conceptos de democracia disponibles. Los argumentos de este trabajo y otros posteriores, decantarían luego en su último libro individual Democracia, agencia y estado. Teoría con intensión comparativa (2010), en el cual sintetiza sus aportes a la teoría democrática, recuperando su reflexión de varias décadas sobre la democracia. Como todo buen investigador con una sólida formación teórica sabía que en el mismo acto de desarrollar empresas comparadas había que ocuparse adecuadamente de las “incertidumbres conceptuales”. En un artículo reciente, Aníbal Pérez Liñán (2008) nos recuerda que si bien comparamos fundamentalmente para probar hipótesis, hay otras buenas razones por las cuales se compara, entre ellas está la formación de conceptos y la formulación de hipótesis. Es a través de la observación comparativa que identificamos nuevas categorías para pensar el mundo, y la importancia de esta tarea se ve cla-

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ramente reflejada en aquellos conceptos innovadores que inauguraron debates y nuevos campos de investigación. Asimismo, podemos compartir con el autor que las proposiciones teóricas que realizan una mayor contribución suelen estar fundadas en un profundo conocimiento comparativo de al menos algunos casos. La literatura teórica contribuye sin dudas al proceso de formulación de hipótesis, pero la reflexión puramente teórica, sin el conocimiento de distintos casos históricos, puede resultar insuficiente (2008: 6). O’Donnell fue un agudo productor de conceptos –Estado burocrático-autoritario, poliarquías informalmente institucionalizadas, democracia delegativa, entre otros– y sin dudas el vuelo que los mismos alcanzaron fue impulsado por el conocimiento comparativo que los habían inspirado. Entiendo que los politólogos y las politólogas que desde América latina estamos produciendo en el campo de la política comparada tenemos que recordar, inspirados en el camino transitado por Guillermo O’Donnell, que es posible hacer contribuciones relevantes a la ciencia política partiendo de la especificidad histórica de nuestra región y que los estudios de área son una excelente estrategia para abordar problemas complejos y sortear las falsas promesas de relaciones causales estilizadas que no conducen a producir conocimiento significativo. Como ha demostrado el autor argentino, si nuestras investigaciones sobre un número modesto de casos que comparten aspectos semejantes y diferentes están bien formuladas e interpeladas teóricamente, pueden permitirnos identificar temas y problemas que, con características propias se desarrollan en otras partes del mundo. Tomar este camino no implica lanzarnos a proponer conceptos e hipótesis parroquiales sino conocer en profundidad las teorías disponibles y a partir de ese conocimiento atrevernos a dudar cuando no nos ayuden a explicar nuestros casos de estudio. Tomar este camino implica no resignarnos a producir datos que cuadren adecuadamente en teorías extranjeras para ocupar un espacio en las notas al pie de los autores centrales de turno. Retomando el desafío de los mejores exponentes actuales y pasados de las ciencias sociales latinoamericanas, de las que sin dudas Guillermo O’Donnell es uno de los autores más importantes, tomar este camino nos impulsará a avanzar al mismo tiempo en la elaboración de datos comparables y en formulación de teoría. Como él enunciara, nos llevará a negarnos “… a reproducir en las ciencias sociales y en la historia, algo muy semejante a la ecuación de la dependencia originaria de América Latina” (2008: 188).3 Referencias

1. En Contrapuntos: ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización (1997). 2. Se sugiere consultar su último libro, recientemente publicado por Prometeo: O’Donnell, G., Iazzetta, O. y Quiroga, H. (coordinadores), 2011. 3. Originalmente escrito cuando recibió el premio Kalman Silvert. Congreso de LASA. Dallas, abril de 2003.

Bibliografía

T. SKOCPOL y M. SOMERS (1994), “The uses of comparative History in Macrosocial Inquiry”, in


Social Revolutions in de Third World, Cambridge, Cambridge University Press. G. MUNCK (2007), “Agendas y estrategias de investigación en el estudio de la política latinoamericana”, en Revista de Ciencia Política, Vol 27, N° 1. G. O’DONNELL (1996), “Ilusiones sobre la consolidación”, en Nueva Sociedad, N°144. Julioagosto. G. O’DONNELL (1997), Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización, Buenos Aires, Paidós. G. O’DONNELL (2000), “Teoría democrática y política comparada”, en Desarrollo Económico, Vol. 39, N° 156, enero-marzo. G. O’DONNELL (2007), “Ciencias sociales en América Latina. Mirando hacia el pasado y atisbando el futuro”, en Disonancias. Críticas democráticas a la democracia, Buenos Aires, Prometeo Libros. G. O’DONNELL (2008), Catacumbas, Buenos Aires, Prometeo Libros. G. O’DONNELL (2010), Democracia, agencia y estado. Teoría con intensión comparativa, Buenos Aires, Prometeo Libros. G. O’DONNELL, O. IAZZETTA y H. QUIROGA (2011), Democracia delegativa, Buenos Aires, Prometeo Libros. A. PÉREZ-LINÁN (2004), “Cuatro razones para comparar”, en Boletín de Política Comparada, N° 1, junio.

Cintia Pinillos, “El legado de Guillermo O’Donnell a la política comparada latinoamericana”. Revista

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Recibido 28/08/2012. Aceptado: 01/10/2012.

Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 67-73. 73


El derecho a un buen estado The right to a good State Enrique Peruzzotti

resumen

summary

Este artículo recupera la reflexión de O’ Donnell sobre las formas modernas del autoritarismo militar, los procesos de democratización, los desafíos que presentan los procesos de institucionalización democrática en América latina. El autor, en Democracia, agencia y estado se embarca en un proyecto de teoría política orientado a elaborar una teoría democrática “con intención comparativa” que permita abrir líneas de discusión teórica e investigación empírica sobre la experiencia de la democratización en países que no pertenecen a lo que él denomina `el cuadrante Noroccidental del mundo´. La fuente de inspiración de dicha teoría, aclara el autor, es la preocupación por las falencias que presentan varias de las democracias latinoamericanas contemporáneas.

This article shows the reflection of Guillermo O ‘Donnell on modern forms of military authoritarianism, democratization and the challenges of the process of institutionalization of democracy in Latin America. The author, in Democracia, agencia y estado develops democratic theory “with comparative intent” to allow open lines of theoretical discussion and empirical research on the experience of democratization in countries that do not belong to what he calls `the Northwest quadrant of the world´. The inspiration for this theory, the author explains, is the concern for the failings that have several contemporary Latin American democracies.

palabras clave

democracia / liberalismo / Estado democrático / derechos

keywords

democracy / liberalism / Democratic state / rights

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Enrique Peruzzotti es Ph.D. en Sociología por The New School for Social Research, investigador independiente del CONICET y profesor investigador de tiempo completo del departamento de ciencia política y estudios internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, Argentina. E-mail: peruzzot@utdt.edu

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Luego de haber reflexionado sobre las formas modernas del autoritarismo militar, sobre los procesos de democratización, y acerca de los desafíos que presentan los procesos de institucionalización democrática en América latina, Guillermo O’Donnell en Democracia, agencia y estado se embarca en un proyecto de teoría política orientado a elaborar una teoría democrática “con intención comparativa” que permita abrir líneas de discusión teórica e investigación empírica sobre la experiencia de la democratización en países que no pertenecen a lo que el denomina `el cuadrante Noroccidental del mundo´. La fuente de inspiración de dicha teoría, aclara el autor, es la preocupación por las falencias que presentan varias de las democracias latinoamericanas contemporáneas. En su opinión, las teorías inspiradas en la experiencia histórica del Noroeste (fundamentalmente Europa Occidental y EE.UU.) –teorías que ejercieron una fuerte influencia en la literatura sobre procesos de transición y consolidación democrática– resultan insuficientes frente a los formidables desafíos que enfrentan muchas de las nuevas democracias en el continente americano así como en otras regiones del planeta. Los déficits políticos, institucionales y sociales que exhiben las democracias de América latina, argumenta O’Donnell, no pueden ser entendidos exclusivamente a partir de un análisis acotado a la naturaleza de sus respectivos regímenes políticos sino que expresan problemas que los exceden y que nos obligan a reflexionar acerca de la naturaleza de sus estados así como de las estructuras sociales de dichas sociedades. Una indagación profunda de los problemas de la democracia en la región requiere en opinión del autor de un arsenal conceptual más amplio que el que nos propone el minimalismo democrático. Las teorías minimalistas argumenta O’Donnell, reducen la idea de democracia a la de régimen político. Esta concepción la inaugura Joseph Schumpeter en un texto ya clásico donde propone su lectura ‘realista’ de la democracia contemporánea (Schumpeter, 1983). En esta última, la democracia es exclusivamente entendida como el conjunto de instituciones y procesos que determinan el acceso al gobierno.1 Si bien autores posteriores ampliaron dicha definición a fin de incluir una serie de libertades concomitantes que hacen posible las elecciones libres, se mantienen dentro de una visión que acota la democracia a una forma particular de régimen político (O’Donnell, 2010: 29). El régimen democrático supone, en dicha concepción, la presencia de dos elementos que hacen posible el acceso electoral a posiciones gubernamentales: a) el primero es que las elecciones sean libres, competitivas, igualitarias, inclusivas, y decisivas; b) el segundo, es la presencia de una serie de libertades necesarias o suficientes para la existencia de elecciones limpias, decisivas e institucionalizadas (O’Donnell, 2010: 30-1).2 En opinión de O’Donnell es necesario ampliar dicha visión electoralista de la democracia. El régimen democrático, argumenta, no solamente supone votantes que eligen representantes sino también, y fundamentalmente, la presencia de ciudadanos con agencia política. La función de las libertades constitucionales no se reduce a garantizar un adecuado proceso electoral sino que instituyen la idea misma de agencia política.3 La idea de agencia es el principio alrededor del cual O’Donnell construye su teoría democrática. Es la “atribución legalmente respaldada y universalista de la


“La realidad actual de nuestra región muestra que un estado de baja eficacia, efectividad, credibilidad y filtrado puede coexistir con elecciones razonablemente limpias y ciertos derechos y libertades políticas. Pero, grande o pequeño, ese estado poco funciona como propulsor de la extensión de derechos civiles y, aun menos, sociales. Este estado no parece ser un estado

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agencia” lo que en su visión representa el elemento distintivo de la democracia. La democracia, sostiene, “es el único régimen que nos constituye como agentes” (O’Donnell, 2010: 271). Esto implica que el derecho constitutivo de la democracia no es el del voto sino el derecho a la personalidad jurídica, derecho que subyace a todos los otros como su fundamento necesario (O’Donnell, 2010: 51). Es este derecho el que nos dota de agencia y nos da el derecho a reclamar por derechos. Es necesario por tanto distinguir los derechos positivos y participativos de votar (y de eventualmente ser elegido) de un conjunto más amplio de libertades que no solamente hacen posible las elecciones sino el propio ejercicio del derecho a participar (O’Donnell, 2010: 37). La aparición del concepto jurídico de idea de agencia en los países del noroeste –entendido como el reconocimiento por parte del estado del sujeto jurídico como portador de derechos individuales– argumenta O’Donnell, fue parte del proceso de mutación social más amplio de construcción de estados y mercados territorialmente delimitados, procesos que tuvieron como base la aparición del derecho moderno. La idea de individuo jurídico está íntimamente relacionada con la de Estado moderno y con las demandas de juridificación del mismo que estuvieron detrás de los diversos movimientos liberales que desafiaron al estado absolutista. El establecimiento de un orden político liberal parcialmente democratizado representa, desde su perspectiva, una revolución copernicana en tanto instituye una legitimidad ascendente que surge de ciudadanos legalmente reconocidos como agentes (O’Donnell, 2010: 68). La democratización de dicho orden político –proceso que se completa en el Noroeste recién a mediados del siglo XX– resultará en el establecimiento de la agencia política de todos los ciudadanos de determinado estado. La conclusión exitosa de dicho proceso de construcción democrática se vio favorecida, en gran medida, por la simultánea institucionalización de un estado con un alto grado de control legal sobre el territorio y su población así como de un capitalismo dinámico y vigoroso. Estas dos últimas condiciones fueron las que permitieron el establecimiento de un umbral de bienes materiales y legales que posibilitaron el ejercicio efectivo de agencia para todos los ciudadanos, inaugurando de esta manera la posibilidad de una política propiamente democrática, punto de partida para futuras luchas por la ampliación de derechos (O’Donnell, 2010: 72). No es ��sta, advierte O’Donnell, la experiencia de América latina cuya historia ha sido más desarticulada y cuya realidad exhibe un problema de heterogeneidad estructural que afecta no solo a su sociedad sino también a los estados mismos. Es aquí donde el autor introduce la cuestión de la debilidad del estado en gran parte del continente a fin de señalar como dicha debilidad condiciona las posibilidades de éxito de cualquier proyecto de democratización:

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para la nación/pueblo/ciudadanía, y no pocas veces tampoco parecen serlo para los propios gobierno” (O’Donnell, 2010: 206). La debilidad del estado se traduce en debilidad de la política democrática: “En dicho contexto, la democracia política y sus dimensiones universalistas e igualadoras parecen ser dejadas a la deriva en una sociedad fragmentada, desigual y débilmente vinculada a un estado de deficiente desempeño… en la medida en que el estado parece desintegrarse en la banalidad de sus incapacidades y escándalos de su corrupta colonización, la política en si misma parece participar de esa aparente banalidad” (O’Donnell, 2010: 214). En la otra vereda, paralelamente, nos encontramos como una sociedad heterogénea y fragmentada en la que significativos sectores de la población no han alcanzado ese nivel básico de derechos y capacidades que los habilita como agentes (O’Donnell, 2010: 242-3). Según O’Donnell, “La efectividad de las libertades y derechos políticos exigen que se hayan alcanzado capacidades y derechos humanos básicos; a la inversa, las luchas por alcanzar esos derechos y capacidades pueden beneficiarse de los potenciales empoderamientos provistos por la democracia política” (O’Donnell, 2010: 249). Frente a este contexto, una teoría de la democracia organizada alrededor de una concepción acotada al régimen político es inadecuada para comprender los desafíos que confrontan muchas de las sociedades que recientemente han experimentado procesos de democratización.4 Una apropiada conceptualización de dichos desafíos obliga a expandir nuestra perspectiva conceptual tanto hacia arriba como hacia abajo, es decir, hacia el nivel macro del estado como al nivel micro del ciudadano/a agente. El análisis de O’Donnell tiende a concentrarse en el nivel macro, es decir, en la problemática del estado democrático. A pesar de que el autor distingue entre las diversas facetas que dan entidad al estado como institución, el énfasis del libro es fundamentalmente en la dimensión legal del mismo, la cual es vista como “el hilo que teje su unidad” institucional según la metáfora a la que recurre el autor (O’Donnell, 2010: 184). El libro desarrolla una justificación del concepto de estado democrático de derecho, el cual es presentado como el único marco institucional que posibilita el ejercicio de agencia democrática. En abierto contraste con sus iniciales teorizaciones acerca del estado –centradas fundamentalmente en el análisis de una particular versión autoritaria del mismo e inspiradas en las teorías marxistas del estado capitalista (O’Donnell 2009: 215264)– la teoría del estado democrático propuesta es de neta inspiración liberal. La relación entre liberalismo y democracia no es considerada por O’Donnell como


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una articulación histórica de naturaleza contingente (Schmitt, 1985; Laclau, 2000: 167) sino que el libro busca destacar la intrínseca y necesaria relación que existe entre ambos. La presencia de un componente liberal en la institucionalidad estatal es indispensable para el buen funcionamiento de la democracia puesto que establece un tipo de legalidad constitucional que es la que da unidad institucional al estado y simultáneamente hace posible la idea de agencia ciudadana. El argumento central del libro subraya la indispensabilidad de un sistema legal autónomo para la existencia de agencia en un doble sentido: ciudadana y estatal. En primer lugar, establece –a partir de la discusión de autores clásicos de la teoría política– la conexión conceptual que existe entre sistema legal, derechos, y agencia ciudadana. El proceso de democratización de los actuales regímenes políticos depende, desde la perspectiva propuesta por O’Donnell, del éxito de las luchas de movimientos sociales por la adquisición de un piso de derechos civiles mínimos para la totalidad de los ciudadanos; de manera que los mismos pueden servir de eventual trampolín institucional para el logro de otras libertades, incluidas las políticas y sociales. Los derechos civiles, argumenta O’Donnell, no solo protegen a los ciudadanos de la arbitrariedad estatal sino que los empoderan políticamente: establecen el piso institucional, hacen posible el surgimiento de una política de derechos. La existencia o no de una dinámica democratizante está relacionada con la capacidad que tenga un régimen de institucionalizar un sistema legal con la autoridad suficiente para hacer efectivos los reclamos por derechos. En segundo lugar, O’Donnell señala cómo dicho componente liberal es indispensable para la existencia de agencia estatal. Es el derecho moderno, es decir, las normas legales generadas por un sistema legal autónomo o despolitizado, lo que dota de institucionalidad al estado. La demanda por una estatalidad fuerte no puede por tanto independizarse de los reclamos por cierto tipo de legalidad, puesto que es ésta la que permite construir soberanía estatal frente a las acciones de privatización o colonización del aparato estatal por parte de grupos, partidos, corporaciones o redes mafiosas. Las acciones de ilegalidad cometidas por funcionarios o agencias públicas suponen una distorsión de la lógica estatal que erosiona la capacidad de agencia de determinada institución y la calidad de las políticas publicas. En este sentido, la política de derechos y de rendición de cuentas social –lejos de expresar manifestaciones hostiles al estado– expresan la aparición de una demanda social de estatalidad propiamente democrática. Es por esto que las mismas pueden ser vistas como expresión de una demanda fundamental: “el derecho a un buen estado” (O’Donnell, 2010: 276). La propuesta de O’Donnell es una invitación a desarrollar una teoría crítica de la democracia organizada a partir de la experiencia latinoamericana. En este sentido, Democracia, agencia y estado es un importante primer paso en esta dirección. Desde mi punto de vista, su aporte fundamental es el de llamar la atención acerca de la necesidad de construir un estado propiamente democrático que permita establecer ese piso institucional mínimo que posibilita que todos los ciudadanos tengan capacidad de agencia política. El texto refleja la preocupación que guió al autor en todos estos años acerca de la necesidad de establecer controles efectivos

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al accionar de los gobernantes donde su énfasis en la dimensión horizontal de la rendición de cuentas es ahora complementado con la idea de una agencia ciudadana de naturaleza vertical organizada alrededor de una política de derechos.5 El énfasis en el liberalismo es el punto destacable y a la vez la limitación principal del libro. Los argumentos conceptuales de O’Donnell acerca de la necesidad de proteger y desarrollar el componente liberal de la democracia representan un importante llamado de atención en una coyuntura regional donde predomina en ciertos proyectos de profundización democrática un marcado tono antiliberal.6 Los argumentos de O’Donnell buscan preservar la innovación que implicó la aparición de un discurso de derechos en la región y su concomitante demanda por un estado democrático de derecho (Peruzzotti, 2000) frente a la aparición de proyectos democráticos alternativos hostiles a las formas de la democracia liberal. En un periodo en que el discurso progresista propone la idea de un estado fuerte como antídoto a los dramáticos efectos del neoliberalismo, el análisis de O’Donnell sirve como un crucial llamado de atención acerca de cómo se construye una estatalidad propiamente democrática. Sería contraproducente el intentar dicha reconstrucción promoviendo una institucionalidad de cuño antiliberal organizada alrededor de la figura de un ejecutivo discrecional y omnipresente. Dichos llamados a incrementar el papel del estado desde el antiliberalismo están basados en la errónea percepción de que este último supone la presencia de una estatalidad débil. Franz Neumann advirtió hace ya mucho tiempo contra la falacia de confundir la noción de estado mínimo con la de estado débil. El estado liberal, sostiene, ha sido siempre tan fuerte como lo requiriera la situación política y social del momento, independientemente que se le atribuyera a dicho estado funciones limitadas (Neumann 1957: 22). Esta conexión entre constitucionalismo y soberanía estatal es muchas veces ignorada por una visión esquemática del liberalismo constitucionalista que solamente enfatiza la función de limitación del poder que cumple el constitucionalismo sin tomar en cuenta que es esa misma limitación la que constituye la soberanía estatal.7 En este sentido, Democracia, agencia y estado aparece como un acertado recordatorio de dicha conexión conceptual. Sin embargo el libro no avanza mucho más allá del argumento liberal. Si bien acertado, sostener la importancia del componente liberal de la democracia es de por si insuficiente como base para una teoría democrática contemporánea: es necesario reflexionar acerca de los otros componentes institucionales que hacen a la democracia incluidos los propiamente democráticos, es decir, aquellos que refieren a los mecanismos institucionales a través de los cuales se forma y expresa la voluntad popular. Esto último remite a la dimensión propiamente política de la rendición de cuentas; dimensión que no fue debidamente incorporada en la discusión que planteara O’Donnell sobre la debilidad de los mecanismos horizontales de control de la legalidad8 (Peruzzotti, 2010) y que tampoco aparece adecuadamente tratada en Democracia, agencia y estado. En realidad, el problema con el minimalismo no es simplemente el que restringa la idea de democracia a un régimen que regula el acceso a las posiciones de gobierno, sino el de negar toda posibilidad de realización al principio mismo de la soberanía popular. Es esta visión elitista de la política lo


Referencias

1. La propuesta schumpeteriana de concebir a la democracia exclusivamente como un método para seleccionar gobernantes dará inicio, en opinión de O’Donnell, a una influyente y sofisticada corriente de

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que conspira abiertamente con cualquier idea de agencia ciudadana y sobretodo contra la efectivización de los derechos políticos. Desde la perspectiva de O’Donnell, el proceso de democratización en América latina supuso una inversión de la secuencia clásica postulada por T. H. Marshall, donde el logro de los derechos políticos precedió a la completa institucionalización de las libertades civiles. Es esta lectura la que lo lleva a argumentar que “un programa progresista hoy consiste en sostener una política agresivamente liberal” y que por lo tanto la agenda democratizante debe de concentrarse fundamentalmente en la efectivización de los derechos civiles de los sectores populares (O’Donnell, 1996: 64). Este no es un diagnóstico erróneo sino parcial, puesto que no problematiza suficientemente los obstáculos que existen para la efectivización de los derechos propiamente políticos. La realidad política de varias de nuestras sociedades muestra las limitaciones de dicho diagnóstico: vemos cómo en diferentes expresiones contemporáneas del minimalismo democrático, incluyendo su variante local delegativa, conviven el principio de elecciones libres con políticas de promoción de derechos civiles, sin por eso modificar la naturaleza propiamente elitista del proceso de toma de decisiones político. Sin descuidar la valiosa defensa de un núcleo institucional de impronta liberal básica que fomenta tanto la capacidad de agencia del estado como de la ciudadanía, es necesario pensar en el desarrollo de otras formas de institucionalidad sean de naturaleza republicana o propiamente democrática que permitan no solamente la protección de un piso mínimo de derechos civiles, sino también la efectivización de derechos propiamente políticos. Son estos últimos los que harán posible promover un proceso de formación de la voluntad popular ciudadana desde abajo (en contraste con el elitismo reinante) y el empoderamiento de aquellos sectores que por sus características específicas carecen de capacidad de ejercer influencia efectiva sobre los centros de decisión política. El componente liberal es necesario para la creación de bases mínimas de agencia política pero no es de por sí suficiente: a fin de superar los formidables obstáculos que la estructura social de las actuales democracias presentan para el ejercicio de agencia de determinados grupos es necesario complementar al mismo con formas post-institucionales de institucionalidad.9 O’Donnell probablemente no presentaría ninguna objeción al respecto. Eso sí, nos recordaría que la existencia de dicha pluralidad de formas democráticas supone un piso institucional básico que es el que permite la capacidad de agencia tanto del estado democrático como de sus ciudadanos. Y nos advertiría acerca de aquellos intentos que, a pesar de que declaman sostener una agenda progresista de profundización democrática, promueven formas de hacer política que socavan la capacidad de agencia democrática ciudadana.

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análisis sobre el régimen político democrático que incluye a autores como Adam Przeworski, Samuel Huntington y Robert Dahl. 2. Esta definición es tomada de Robert Dahl, un autor que sin bien no puede ser encasillado dentro de los parámetros del minimalismo democrático, es el que en la visión de O’Donnell elabora la definición más interesante de régimen político democrático. 3. Para la definición detallada de régimen político que propone O’Donnell a partir de la revisión de la provista por Dahl ver O’Donnell (2010: 33). 4. Para una excelente discusión de dicha omisión en la teoría democrática latinoamericana reciente ver Iazzetta (2007: 33-54). 5. El problema con la democracia delegativa desde esta perspectiva no es ya solamente la tendencia del Poder Ejecutivo a transgredir las jurisdicciones de los poderes legislativo y judicial (o de la sociedad civil) sino el de la ausencia de agencia ciudadana. Los contextos delegativos, sostiene O’Donnell, son alimentados por una ciudadanía que se limita a contemplar y eventualmente festejar los logros de la gesta salvadora del Ejecutivo (O’Donnell, 2011: 31). 6. Ernesto Laclau por ejemplo, retoma el argumento de Carl Schmitt acerca de la contingente relación entre liberalismo y democracia. On populist reason presenta al populismo como la estrategia por excelencia para promover un proceso de profundización democrática, equiparando al mismo con la idea misma de la democracia. Dado que desde su punto de vista no existe una relación de necesidad entre democracia y liberalismo, el proyecto populista puede asumir tanto formas compatibles con el estado de derecho como abiertamente anti-liberales (Laclau, 2005: 171). Para un análisis de algunos de los rasgos anti-liberales de algunos de los regímenes populistas contemporáneos ver De la Torre (2010). 7. Sobre esta función constitutiva del derecho ver Holmes (1988: 195-240). En varios artículos he argumentado que en realidad el constitucionalismo moderno cumple un doble papel institucionalizante puesto que en un mismo movimiento establece las bases institucionales para la existencia de un estado de derecho y de una sociedad civil (Peruzzotti, 1997; 1999). 8. Ni en los análisis sobre accountability social que la tipología de O’Donnell inspirara. 9. Diferentes procesos de innovación política e institucional que se desarrollaron en años recientes en diversos países de la región, desde Brasil a Bolivia, establecieron arenas participativas orientadas a promover el empoderamiento de grupos cuya voz no estaba reflejada ni por la legislatura ni por los partidos políticos tradicionales. Dichas arenas se organizan alrededor de una forma de articulación post-liberal entre sociedad civil y sistema político, promoviendo esquemas de co-gobierno en áreas específicas así como nuevas formas de representación política de base no electoral. Para un análisis de algunas de dichas innovaciones ver Arditi (2005), Avritzer (2009), Seele y Peruzzotti (2009).

Bibliografía

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rience”, Constellations. An international journal of critical and democratic theory, vol. 4:1. E. PERUZZOTTI (1999), “Constitucionalismo, populismo y sociedad civil: lecciones del caso argentino”, en Revista Mexicana de Sociología 4/99. E. PERUZZOTTI (2000), “Towards a new politics: citizenship and rights in Argentina” Citizenship Studies, 6:1. E. PERUZZOTTI (2010), “El otro déficit de la democracia delegativa”, en Journal of Democracy en Español, vol. 2. J. SCHUMPETER (1983), Capitalismo, socialismo y democracia, Madrid, Orbis. C. SCHMITT (1985), The Crisis of Parliamentary Democracy, Cambridge, The MIT Press. A. SEELE y E. PERUZZOTTI (2009), Participatory Innovation and Representative Democracy in Latin America, Baltimore, The John Hopkins University Press.

Enrique Peruzzotti, “El derecho a un buen estado”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 75-83.

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 75-83

Recibido: 31/07/12. Aceptado: 10/08/12.

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Pragmatismo teórico-metodológico, interdisciplinariedad, construcción institucional y pasión democrática: los legados de Guillermo O’Donnell Theoretical-methodological pragmatism, interdisciplinarity, institutional building and democratic pasion: the legacies of Guillermo O’Donnell Carlos H. Acuña

resumen

summary

La presentación refiere a tres grandes temas a resaltar en la obra de Guillermo O’Donnell. Primeramente, su pragmatismo teórico-metodológico; en segundo lugar, la relación entre su forma de pensar la sociedad y la política y su manera de actuar como constructor de instituciones; y, finalmente, sus desconfianzas y el estilo beligerante de su producción.

The presentation refers to three main themes to highlight of the work of Guillermo O’Donnell. First of all, his theoretical and methodological pragmatism, secondly, the relationship between his idea of society and politics and the institutions and, finally, his distrust and belligerent style of production.

palabras clave

pragmatismo teórico-metodológico / interdisciplinariedad / construcción institucional / democracia

keywords

theoretical-methodological pragmatism / interdisciplinarity / institutional building / democracy

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Carlos H. Acuña es PhD en Ciencia Política, University of Chicago; Investigador Principal de CONICET y miembro del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Argentina. E-mail: chacu53@gmail.com

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Ante todo el agradecimiento a la Facultad de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario y a la SAAP por la organización de este homenaje; realmente ha sido un día muy rico. Voy a referirme a la obra no solamente de un gran politólogo, sino también de un amigo y un maestro. Guillermo estuvo en las dos puntas de mi educación como politólogo: fue mi profesor ya desde el inicio de mi formación en la Universidad del Salvador y también fue parte de mi comité doctoral, más de veinte años después. Como a todos en nuestro caso, el trabajo de Guillermo nos ha formado desde muy chicos. Debo destacar que en este momento tenemos un problema, porque estamos hablando en el último panel después de un día en el que se dijeron cosas muy ricas y, la verdad, que es osado suponer que podemos decir algo original después de todo lo que se dijo…, así que sugiero bajar las expectativas. Sean generosos y hablemos entre amigos. Ha sido un día muy rico y también, creo, un día con fuertes coincidencias. En mi presentación voy a referirme a tres grandes temas que para mí resaltan en Guillermo y su obra: su pragmatismo teórico-metodológico; la relación entre su forma de pensar la sociedad y la política y su manera de actuar como constructor de instituciones; y, finalmente, sus desconfianzas y el estilo beligerante de su producción. Les adelanto que estos temas, por su interrelación, seguramente surgirán entremezclados, apareciendo y reapareciendo en distintos momentos de mi presentación. Como primera cuestión surge algo que ya destacaron varios expositores y, en parte, Lucas González en el panel anterior. Si pensamos en la obra de Guillermo, por supuesto empezó a ser reconocida con Modernización y Autoritarismo; al tiempo estaba escribiendo La democracia como un juego imposible. La democracia como… constituye análisis estratégico del más puro, en el que se enfrentan actores racionales con un resultado de su interacción colectivamente subóptimo y estable: la ausencia de democracia en la Argentina. En ese trabajo no se presenta a la Argentina como una sociedad donde pululan actores irracionales con problemas culturales (supuestos que predominaban en el entendimiento de la época sobre los problemas argentinos). Quizás el problema en la Argentina es que los actores son demasiado racionales y cuentan con demasiada información, por lo que es entonces una sociedad difícil para generar hegemonía y los actores empatan y se vetan mutuamente (previendo la dirección del proceso histórico). Sin quedarse ahí, inmediatamente avanza con pragmatismo en el uso de las herramientas metodológicas. Esta es una característica de gran pensador. La prioridad está en el objeto de estudio, en entender lo que preocupa, variando la estrategia metodológica cuando es necesario. Lo que pasa es que eso no es fácil de hacer. Lo que es fácil, cuando uno intenta hacer eso, es terminar en contradicciones y ser un confuso tonto. Para colmo, los cambios metodológicos llaman a las agresiones: “ese tipo se contradice, piensa de una manera y después de otra…”. El problema es poder elaborar la articulación del uso de distintas herramientas metodológicas, articular axiomas de diversas teorías de manera consistente y eso implica brillantez. Guillermo se corre del juego político y trabaja con Oscar Oszlak el tema del Estado y las políticas públicas, avanza sobre el tema de la burguesía, desarrolla,


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como nos recordaba Hugo Quiroga, Apuntes para una teoría del Estado, abandonando el individualismo metodológico tan propio del análisis estratégico para adoptar un enfoque holista, estructuralista. Trabaja, por supuesto, el autoritarismo burocrático, la sociabilidad en ¿Y a mi qué mierda me importa?, un artículo que pegó muy fuerte por su vigencia al hablarnos de Argentina complicada de gobernar porque muestra una estructura social bastante más igualitaria, menos vertical, que otros países latinoamericanos. Ya lo comenté otras veces: estoy cansado de escuchar que Chile es un ejemplo de calidad institucional y de una sociedad ordenada. ¿Qué ejemplifica la sociedad chilena?, ¿la producción de hegemonía?; ¿un orden socio-político clasista excluyente, donde después de que se disminuyó la pobreza a la mitad, no pudo afectar el 0,001 de su estructura desigual? Claro que Chile muestra capacidades macro económicas interesantes, así como también muestra solo el 3% de la clase obrera cubierta por convenios colectivos de trabajo. Eso también es institucionalidad; la institucionalidad no es solo la relacionada con la seguridad/certidumbre jurídica para el inversor, también es la relacionada con el trabajador, sus derechos e intereses. ¿Cómo evaluar la institucionalidad? ¿Cómo hacer ese tipo de comparaciones que nos interesan? Guillermo nos da las pistas. Trabaja las transiciones autoritarias, tipos de democracia, ciudadanía, la última etapa con foco en el derecho, la ley y siempre la democracia. Cuando uno analiza la forma de trabajar de Guillermo, la puede calificar como ecléctica, cambiante. Hoy se argumentó varias veces, y es verdad, que Guillermo tenía una fuerte impronta weberiana. Pero tenía también una fuerte impronta clasista. Basta con leer Estado y alianzas. Por supuesto no olvidemos al ya mencionado Apuntes para una Teoría del Estado. Con espíritu poulantziano uno puede discutir cuánto se contrabandea en este texto, una lógica estructural funcionalista, con la que O’Donnell sin embargo confrontaba. ¿A dónde voy con esto? A reiterar el entendimiento de la obra de Guillermo como la de un intelectual comprometido con entender, explicar su objeto de estudio a través de un absoluto pragmatismo con respecto al tipo de herramienta metodológica y los puntos de partida de la explicación (las estructuras o los actores). Si uno le toma la foto a Estado y alianzas, uno le puede hacer una crítica por reduccionista. Recuerden que en el esquema de Estado y alianzas se tiene una estructura de clases que está determinada por una dinámica de división del trabajo internacional y, de esa estructura de clases, se derivan distintas alianzas, sistemas de alianzas que se forjan y desarticulan en función del momento en el ciclo económico, distribuyendo capacidades de veto que resultan en un Estado y en políticas públicas sin mayor autonomía ni estabilidad. Frente a un relato así uno se podría preguntar: ¿y las instituciones?; ¿y la ideología? Uno le podría hacer la crítica de que el trabajo constituye un reduccionismo estructuralista clasista y cerrar el análisis del autor. Salvo cuando se toma en cuenta que Estado y alianzas le sirvió como matriz para incorporarla dentro del Estado Burocrático Autoritario, donde sí hay instituciones, sí hay ideología, sí hay estrategias. ¿Está claro lo que argumento? Si uno toma varias fotos de los trabajos de Guillermo, se observa el uso de distintas

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herramientas metodológicas, distintos (y articulables) presupuestos en diversos momentos. Como decía Lucas González, este gran desafío es poder decir “en el capítulo I hago econometría, en el II trabajo con un modelo de juegos y en el III me doy el lujo de usar estructuralismo histórico”, por lo que alguien puede afirmar “¡¡es una locura!!”. No Guillermo, porque estaba en condiciones de articular diversos enfoques teórico-metodológicos. Entonces uno encuentra en estas diversas lógicas analíticas una mezcla particularmente robusta, particularmente poderosa en términos explicativos y muy difícil de concretar de manera parsimoniosa. Yo creo que todos los grandes pensadores tienen esta característica. Uno puede llegar a decir que Marx era un estructuralista, con tonos funcionalistas en algunos de sus trabajos. Sin embargo, se encuentra en una obra de Marx un holismo causal, en otra un holismo funcionalista y en otra análisis estratégico. En El 18 Brumario se observan actores que piensan, que se equivocan, que meten la pata. A Marx le interesaba explicar la lógica de la historia como motorizada por la lucha de clases y para explicarla, cambiaba de metodología, fue y vino. Yo puedo sacar una foto y en la Sagrada Familia con Engels, encontrar una afirmación del estilo: “no nos interesa lo que la clase obrera quiere hacer. Lo que nos interesa es lo que la clase obrera se va a ver obligada a hacer. Su fin y razón histórica que es irrevocable”. ¡¡Impresionante!! Una razón histórica para cuyo alcance la clase obrera se va a ver obligada irrevocablemente a comportarse de una manera determinada. Es la lógica de la estructura la que explica comportamientos y procesos que persiguen una meta, un fin histórico; esto no solamente es estructuralismo sino que grita funcionalismo. Por otra parte en El capital desarrolla argumentos estructuralistas-causales y no funcionalistas. Son las idas y venidas de los grandes pensadores. Weber… mi tesis de maestría en metodología de la investigación está dedicada a criticar a Weber. Se llama La práctica metodológica de Weber y está dedicada a demostrar que la obra de Weber era tautológica, que no nos decía nada. Me llevó más o menos 20 años darme cuenta que algo decía. Un poco rebuscado, con muchas comas y listados, pero algo relevante decía. Soy burro. Hay gente que la ve más clara más rápidamente. En el momento que uno comprende lo que quiere decir individualista sociológico para Weber, reconoce que resulta algo mucho más complejo que los supuestos del individualismo metodológico, caminando un terreno en el que dialogan las estructuras y los actores como potenciales puntos de partida para comprender (explicar) lo social. Yo creo que eso es lo que pasa con los grandes pensadores. Y eso es muy difícil de hacer. Guillermo era eso. Un gran pensador. Martín D´Alessandro hoy decía algo en esta línea: Guillermo se corría de los paradigmas, usaba elementos de distintos paradigmas. Combinar elementos o presupuestos de distintos paradigmas parece estar destinado a la contradicción. Estamos de acuerdo en que los paradigmas pueden ser contradictorios. Sin embargo, es factible tomar la premisa 1 del paradigma 3 y la premisa 2 del paradigma 1, y articularlas de una forma que estrictamente no resulta contradictoria. El problema es que para poder hacer este tipo de ejercicios tengo que conocer muy bien a ambos paradigmas, tengo que entender el significado inmediato de cada una de


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las premisas y sus implicancias mediatas. Tengo que contar, en definitiva, con un entendimiento integral de posturas diversas y que se presentan como excluyentes. Eso demanda saber mucho y no solamente saber mucho. También demanda saber para qué uno se mete en ese baile, un baile particularmente costoso porque al abandonar la pureza paradigmática, la reacción usual de la comunidad académica es la agresión hacia el “desertor”. Tiene algo de tirarse a la pileta. Guillermo abandonaba o cruzaba paradigmas y, al hacerlo, contaba con convocatoria. Mezclar paradigmas es difícil. Es difícil porque se necesita cabeza y un conocimiento enciclopédico. Pero además se necesita otra cosa. Yo creo que se necesita cierta valentía ¿Por qué? Porque un paradigma es un refugio que nos da certezas. Si yo soy un estructuralista duro (o cualquier otra cosa) es muy difícil que a mi me presenten algo que empírica o lógicamente me demuestre la falsedad de mi teoría. Lo sabemos: las grandes teorías permiten manipular el dato de manera tal que sobreviven. Son un refugio en el sentido que nos hacen sentir cómodos; nos mantienen dentro del circuito académico que, además, nos da de comer (lo que no es un tema menor), Además, si me creo el paradigma, ayuda a nuestra tranquilidad de conciencia. Hay cierta inocencia en mi convicción; de manera sincera pienso que entiendo mejor la realidad. Sin embargo, Guillermo era alguien que abandonaba refugios. Estaba dispuesto a abandonar certezas y efectivamente muchas veces dudaba de sus propios argumentos. Entonces el primer punto que yo creo que a mi me impacta mucho de la obra de Guillermo, de la forma de pensar de Guillermo, es su capacidad de usar para esto la teoría de los juegos, para esto otro un estructuralismo histórico y para aquello algo de estadística; ¿cuál es el problema? ¿Qué problema surge si el producto que genero me permite explicar mejor lo que pasa? Creo que esta lógica analítica es muy útil, muy poderosa para entender lo que queremos entender: la sociedad, por qué pasa lo qué pasa y cómo lo podemos cambiar. El segundo punto o cuestión que quiero destacar es sobre el objeto de estudio, de compromiso (y de insomnio) en la obra de Guillermo. O’Donnell podía mostrar esta capacidad de cambiar y articular métodos y teorías porque tenía muy claro cuál era su objeto de estudio y eso nunca lo perdió de vista. Yo creo que el objeto de estudio de Guillermo era la política y la acción política. Él dice explícitamente: lo que me preocupa es entender qué es la política y para qué es esto de la política ¿Estado, régimen, ciudadanía para qué? La pregunta sobre qué es la política y para qué es la política, como marcaron varios, es una pregunta analítica, teórica y normativa. Porque en el momento de preguntarse el para qué, uno se pregunta ¿qué sentido tiene esta producción teórica? Suponemos que hay algo más que una mera cuestión cognitiva. Como destacó Hugo Quiroga hoy a la mañana, en el momento que uno hace esa pregunta, que se interroga sobre esa conjunción, sobre qué es y para qué es esto, necesariamente la respuesta es una respuesta sin neutralidad. Necesariamente uno tiene que tomar posición. Es un análisis a partir de una postura, de una posición. Esto quiere decir que, y esto voy a remarcarlo como tercer punto, la trayectoria de Guillermo siempre fue una trayectoria en conflicto y beligerancia. Siempre ha-

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bía alguien, una contraparte con respecto a la cual Guillermo estaba desarmando un argumento o posición en sus aspectos teóricos y en sus implicancias normativas. Y eso comprometía su palabra y apasionaba como tipo. Su estilo académico implicaba conflicto. Guillermo puede haber variado axiomas o metodologías, pero nunca perdió de vista su objeto de estudio. Esto se reduce al análisis y la acción relacionados al poder, a su construcción y distribución. Cuando analizaba el estado burocrático autoritario o distintos tipos de democracia, analizaba quién contaba con poder y lo ejercía, quién lo ganaba o lo perdía y, sobre todo, por qué. Nos estaba hablando permanentemente de esta cuestión. Y esto le aseguró consistencia temática; le aseguró un sentido y un carácter conflictivo a su trabajo. En realidad, esto mantiene absoluta vigencia en términos del desafío que implica: gran parte de lo que es la elaboración de la investigación en ciencia política en este momento a lo sumo araña el poder y su entendimiento. Guillermo era muy explícito en este sentido. Hay actualmente un predominio neo-institucionalista que, aunque puede exhibir sofisticación en alguno de sus planteos, resulta un entendimiento bastante superficial, bastante angosto, que nos dice poco sobre las causas de los problemas y de la potencialidad de la política en nuestra sociedad. Esto no quiere decir que las instituciones no sean importantes. Yo creo que Guillermo, incluso al trabajar temas institucionales, nunca perdió de vista la necesidad de que su comprensión demandase miradas más integrales y flexibles. ¿A dónde lo llevó esta mezcla de métodos y articulación de elementos que pertenecían a distintos paradigmas? Lo llevó al análisis interdisciplinario. Les doy un ejemplo: en Modernización y Autoritarismo discute con Rostow cuando, claro, había otros autores que discutían la teoría del despegue. ¿Quiénes le dan pista para pensar distinto a Guillermo? Muchos, entre los que se encuentran economistas como Geschenkron, Albert Hirschman o Díaz Alejandro. Guillermo va a la historia de la economía, a leer a los economistas que planteaban que distintas etapas de la industrialización mostraban diversas relaciones con regímenes políticos o que los ciclos económicos argentinos tenían que ver con una estructura productiva de dos sectores: uno dinámico integrado al mercado internacional y el ligado al mercado interno. Economía, sociología, política, articuladas en un análisis interdisciplinario. ¿Qué resultó de esta forma interdisciplinaria de pensamiento? Una forma de repensar tanto su trabajo como la organización institucional de la investigación. Pasa por el Instituto Di Tella, funda el CEDES, Centro de Estudios sobre Estado y Sociedad, es cofundador de la Sociedad Argentina de Análisis Político, porque Guillermo sostenía que se debe convocar a la construcción de análisis colectivos a sociólogos, historiadores, economistas, politólogos, en definitiva la gente que hace desde distintas disciplinas análisis político. Una de las primeras cosas que hace en el CEDES, con Oscar Oszlak, Marcelo Cavarozzi, Jorge Balán, Shevy Jelin, es convocarlo a Adolfo Canitrot. Entiende, responde y nos enseña que nuestras disciplinas quedan chicas para ciertos objetos de estudio, cuando actúan solas. Hay ciertos temas que o los trabajamos en forma interdisciplinaria o no vamos muy le-


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jos. Así pensaba él y así eran las instituciones que creaba y forjaba. Así se pensó la SAAP, así conformó el CEDES. Funda el Kellogg Institute en Notre Dame. ¿Qué producía el Kellogg? Investigación de economía, sociología, de historia y política. Su lógica de pensar fue también su lógica de construcción institucional. Él no hubiera armado el centro de estudios de los politólogos para que nos regodeemos y discutamos solamente la modificación del artículo 2 en la ley electoral. Claro que a temas de esta especificidad institucional hay que tomarlos en cuenta, pero él tenía una mirada más amplia sobre la política. Pensaba cosas grandes que, hasta cierto punto, se han perdido en la investigación que domina a la ciencia política de hoy. Cuando digo que se han perdido “cosas grandes” como objetos de estudio/ investigación, digo que ha perdido terreno una forma de pensamiento como la de Guillermo en la ciencia política. Fuera de ámbitos como el que hoy compartimos, ¿no se discute la bondad y el aporte de la obra de Guillermo? De hecho sí se lo discute. El reconocimiento que se está llevando adelante en este ámbito y la capitalización de la lógica “odonnelliana” depende de una lucha teórico-metodológica en pleno auge (y del que el propio Guillermo fue partícipe). Es una lucha teórica, porque para importantes sectores que producen, que publican local e internacionalmente, O’Donnell es un pasado de poca utilidad presente para la disciplina. Somos parte de una academia más amplia que la que está representada en este encuentro. ¿Qué quiere decir amplia? Que hay académicos que piensan que el pragmatismo metodológico e interdisciplinario propio del análisis de Guillermo es una etapa superada de la ciencia política. Hace años que observamos un repliegue de las disciplinas sociales en sí mismas. Gran parte de los economistas cerraron su diálogo y, neoclásicamente, apuntaron a entender las relaciones sociales y todo comportamiento individual o colectivo, por su cuenta (con un aparataje teórico-metodológico formal, pequeño y reduccionista, como resultaron sus pobres explicaciones de lo político). Los politólogos nos encerramos dentro de nuestras propias escuelas y también perdimos diálogo no solo con los economistas, sino con los sociólogos y los historiadores. En medio de esto, lo que hay que rescatar es la lógica de pensamiento y construcción institucional de Guillermo. Su forma de pensar y su forma de construir instituciones, no han sido meramente un ciclo de una historia personal. Estas son cuestiones en plena discusión. Son parte de un debate vigente, de una pugna entre diversas teorías, axiomas, presupuestos y lógicas de organizar la producción del conocimiento. Mi tercer argumento apunta a mezclar dos cuestiones a las que se hizo referencia y que son absolutamente verdad: Guillermo mostraba como indicador de su capacidad, su brillantez, en su reiterada capacidad de fijar agenda. También se dijo en estas jornadas, varias veces creo, que tenía la capacidad de ponerle nombres a las cosas y todo el mundo pasaba a llamarlas de esa forma. ¿Qué causaba estas capacidades? Para explicarlas creo que opera algo que decía al principio. Guillermo tendía a distanciarse de paradigmas establecidos. Tenía una tendencia a ser desafiante con las teorías dominantes y contaba con la capacidad de incorporar distintos ángulos en el análisis. Esto era la consecuencia de esta mirada multidis-

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ciplinaria y de una estrategia pragmática en el uso de herramientas metodológicas, a las que ya hice referencia. Veía cosas que el resto no veía, tanto por la calidad de su formación, como por una inteligencia excepcional. ¿Por qué quiero rescatar la formación y la inteligencia? Yo creo que el análisis interdisciplinario es muy difícil y muy poderoso. Creo que no hay forma de evitarlo para entender ciertos objetos de estudio. Pero para hacer análisis interdisciplinario se tiene que entender a fondo la disciplina de uno; entender bien otras disciplinas para establecer un diálogo; y, después, estar en condiciones de producir articulando estos diversos lenguajes. Ese es un esquema bonito para dibujar en el pizarrón, pero de gran complejidad en su concreción. El análisis interdisciplinario es un análisis difícil, cuesta; es un análisis que demanda cierta valentía. Me muevo, me voy a ese otro lado y, yo diría, muy probablemente con estos movimientos se choca con la dureza y sanciones de los que sostienen los paradigmas vigentes. No me quiero olvidar de otra cosa como parte de este tercer punto. En medio de sus desafíos, Guillermo dijo explícitamente que mantenía una profunda desconfianza hacia las teorías que llamaba “del norte”. Se formó allá, trabajó allá, pero siempre mantuvo una saludable desconfianza hacia teorías que obturan el peso de la propia historia. Era una desconfianza fundada en términos teóricos e históricos. Él argumentaba que el problema con las teorías “del norte” es que algunas se nos presentan como si no tuvieran historia. Y para Guillermo el tema de la historia era fundamental en la comprensión de la política y las relaciones sociales. Dar sentido histórico, espacial y temporalmente a lo que está pasando, para él resultaba ineludible en la explicación. Sin este conocimiento no era posible sostener generalizaciones teóricas. Nos decía que la estructura social sintetiza un proceso histórico. Sostenía, de esta forma, que en esa producción fuera de la región, hay elementos que sirven y valen para capitalizar en la comprensión de nuestras realidades; y, por otra parte, también hay elementos que se nos presentan sin historia y, en realidad, están materializando supuestos sobre historias y estructuras sociales divorciadas de aquello que tratamos de entender en nuestro espacio-tiempo. En la última etapa, cuando Guillermo encara los temas de la ley, democracia y ciudadanía, parece dar un giro a la agenda neoinstitucionalista. Sin embargo, cuando se analiza el texto, a la ley se la entiende en su articulación con la estructura social, por lo que lo que se lleva adelante es una búsqueda de las condiciones reales del ejercicio de los derechos formales. ¿El tema son los derechos formales? En parte sí, pero tan importante como éstos son las condiciones reales de su ejercicio. ¿Cuáles son las condiciones reales de su ejercicio y cómo se las entiende? Guillermo liga en el análisis elementos formales, en algunos aspectos muy teóricos ‒casi filosóficos‒, con la estructura social y la historia en las que esos derechos formales se ejercitan, se frustran o se niegan. Este análisis que articula los mecanismos institucionales y formales con la estructura social, en la obra de Guillermo articuló concepciones weberianas y clasistas, aunque manteniendo un acuerdo fundamental sobre la noción de instituciones. El acuerdo fundamental es que las instituciones resuelven problemas de coordinación, pero también resuelven conflictos de intereses.


Recibido: 06/08/12. Aceptado: 20/08/12.

Carlos H. Acuña, “Pragmatismo teórico-metodológico, interdisciplinariedad, construcción institucional y pasión democrática: los legados de Guillermo O’Donnell”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 85-93.

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El acuerdo Weber-Marx en el que siempre navegó la obra de Guillermo, es que para poder entender la política y el poder, hay que reconocer que el conflicto les es constitutivo a ambos. A Weber lo perseguía el fantasma de Marx, pero los dos estaban de acuerdo en que las instituciones resuelven conflictos. Esto tiene implicancias teóricas y políticas importantes. Por ejemplo, permite reconocer que reformas institucionales tendientes al mejoramiento de su calidad no necesariamente nos llevan a puntos Pareto superiores, aquellos donde alguien gana algo pero nadie pierde. A veces con las reformas se mejoran las instituciones y porque se mejoran las instituciones, alguien pierde porque hay ganadores, beneficiados, en una mala institucionalidad. Es, por la mejora de las instituciones que, a veces, se genera un escenario conflictivo. Y, como contracara, dadas ciertas condiciones es porque se mantiene una pobreza institucional que, en parte gracias a poderosos beneficiarios de esta pobreza, se reproduce un escenario poco conflictivo, de fácil reproducción “del orden público”. No es como piensa North; no es como piensa el neofuncionalismo que hoy está tan presente en el análisis político y domina gran parte de la ciencia política internacional. En ese sentido, por ejemplo, Guillermo estaba, como tantas veces, en un bando teórico en confrontación con otro. Guillermo mantenía su mirada de las instituciones del lado que las ligaba con las desigualdades, la estructura social y sus contradicciones de intereses, confrontando con miradas más funcionalistas, más formalistas, en las que el conflicto está fuera de lugar o se presenta como anomalía y la distribución de poder por lógicas estructurales incomoda, no encuentra un lugar analítico de peso. Hasta aquí las tres cuestiones que quería marcar sobre Guillermo y su obra. Espero no haber sido demasiado repetitivo con respecto a los otros colegas. Muchas gracias.

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La tradición clásica al servicio de una pasión intelectual The classical tradition in social science in the service of an intellectual passion Osvaldo Iazzetta

resumen

summary

En primer lugar, este artículo recupera algunos vínculos de la obra de O’Donnell con los autores clásicos, especialmente con Max Weber. A continuación, se concentra en la revalorización del vínculo del estado y la democracia. Finalmente, avanza sobre la redemocratización como un proceso potencialmente reversible. Guillermo O’Donnell estaba convencido de la necesidad de un estado para la democracia. Sin embargo, esa valoración del estado no le impidió reconocer los riesgos potenciales que éste encierra cuando sus funcionarios ‒en posesión del poder público‒, se presentan como algo que existe por afuera y encima de la sociedad que le ha dado origen.

In first place, this article is about some lines of the work of O `Donnell with the Sociology classical authors, especially with Max Weber. Then focus on the appreciation of the link between state and democracy. Finally, advances over the democratization as a potentially reversible process. Guillermo O ‘Donnell was convinced of the need of the state for democracy. However, the assessment of the condition did not prevent him to recognize potential risks when it holds official members that are presented as something that exists outside and above society that has given rise.

palabras clave

democracia / ciudadanía / estado

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democracy / citizenship / state

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 95-102

Osvaldo Iazzetta es profesor de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario e investigador del Consejo de Investigaciones de dicha Universidad, Argentina. E-mail: iazzetta@arnet.com.ar

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1. La sensibilidad por la tradición clásica

Como es sabido, dentro de la extensa lista de clásicos, Weber era su gran debilidad.1 Nunca ocultó su simpatía por este autor alemán y esa deuda teórica puede reconocerse en diferentes momentos y pasajes de su amplia y fecunda obra. Algunas muestras de esa influencia podemos hallarlas en el uso de una categoría tan weberiana como afinidades electivas cuando retrató la tensa conexión entre economía y política en sus primeros trabajos sobre el Estado burocrático-autoritario2; en el ingenioso recurso con el que coloreó nuestros mapas –de marrón, azul y verde–, al considerar la dispar penetración del estado de derecho en el territorio y las relaciones sociales de las nuevas democracias3, o en su revalorización del estado como un orden jurídico, tan presente en sus últimos trabajos. Weber era su maestro, es cierto, pero sentía igual reconocimiento y admiración por Marx, Durkheim, Simmel, Gramsci, Polanyi, Elias y tantos otros nombres tan clásicos como inclasificables, que no son privativos de la ciencia política ni de la sociología. En suma, autores siempre vigentes que conviven en los estantes de toda buena biblioteca y continúan nutriendo el pensamiento político y social actual. Guillermo no disimulaba su nostalgia por esos tiempos en que aún era posible disponer de conocimiento suficiente –empírico y teórico– para desentrañar el sentido de la historia e indicar las líneas generales, pesimistas u optimistas, dentro de las que seguiría desplegándose el futuro. No desconocía sin embargo, que el vértigo de nuestros días y la inmensa complejidad del mundo en que nos movemos nos condena a sentirnos alejados de aquella ilusión y a aceptar que ya no podemos saber tanto.4 Aunque era plenamente consciente de la imposibilidad de repetir aquellos intentos totalizadores, su sensibilidad por los clásicos no es ajena a su –no siempre confesada– búsqueda por aliviar y atenuar la profunda angustia, desorientación y desasosiego que nos provoca no poder captar el sentido de los procesos en los que estamos inmersos. Su obra no sólo recoge el legado de la teoría social y política clásica sino también es reveladora de una intensa vocación teórica que se manifestó a lo largo de todo su trayecto intelectual pero que quedó especialmente condensada en su último libro, Democracia, agencia y estado. Teoría con intención comparativa, publicado en español en 2010, y ya traducido al inglés5 y portugués.6 Este es un libro de teoría política, escrito con una pluma elegante y refinada que resume las pasiones y preocupaciones de un intelectual que trabajó pacientemente durante una década como quien prepara cuidadosamente su testamento.7 Consagró sus últimos años a este libro y no había colega –en los puntos más distantes del mundo– que no supiera de su trabajo y aguardara expectante su aparición. Él sabía mejor que nadie lo que significaba ese libro como coronación de su recorrido intelectual y cuando éste finalmente ingresó a la imprenta lo celebró con un gesto de alivio: ya podía sentirse tranquilo. Ese libro, cuya discusión aún nos debemos como comunidad académica, condensa lo esencial de Guillermo. Por un lado su convicción de que toda disciplina


2. La revalorización del vínculo estado y democracia

Los años 90 marcan un nuevo punto de partida en su reflexión sobre la democracia, luego de sus trabajos pioneros en torno a la transición y la consolidación

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avanza a través de teorías, esto es, el conocimiento acumulado debe traducirse en nuevas teorías que reúnan mayor capacidad explicativa. Pero al mismo tiempo, esa búsqueda estuvo guiada por la idea de que la labor de un intelectual encierra el compromiso moral de realizar un aporte integral al conocimiento de la realidad en la que vivimos. Esta postura y este modo de asumir la vida, le dio un sello muy particular a su obra. Ese temperamento actuaba como un poderoso estímulo para pensar con intuición sagaz y vocación propositiva, el mundo que lo rodeaba. En una ocasión confesó que “…si quien escribe [esas teorías] no tiene ciertas pasiones –por la gente, por lo que pasa en el país y en el mundo– la teoría resulta muy estéril”.8 Eso explica no sólo la pasión intelectual que siempre lo impulsó sino también, el profundo compromiso ético con que encaró cada empresa. Este último libro, que él mismo anunciaba como “su teoría del estado” –pero de un estado en y para la democracia– recoge y sistematiza lo trabajado durante los últimos 20 años, cuando preocupado por el magro desempeño de nuestras democracias redescubre la importancia del estado como sostén de éstas. El estado siempre formó parte de sus preocupaciones, ya sea como expresión brutal del autoritarismo (en el Estado burocrático-autoritario); como un aparato jaqueado por la politización corporativa y colonizado por intereses particularistas9, o más recientemente, como un estado democrático, explorando los complejos y tensos vínculos que conectan democracia y estado. Sus énfasis sobre el estado fueron variando y a partir de los años 90 es palpable su interés en incorporar a sus trabajos una teoría del estado con fuerte fundamento jurídico que le permitiera dar cuenta de las conexiones entre estado, ciudadanía y democracia. Solía bromear con este redescubrimiento de la dimensión jurídica presentándolo como un regreso a su primera reencarnación como abogado.10 Sin embargo, más allá de esa simpática ocurrencia, ese viaje personal revelaba su marcado interés en juzgar nuestras democracias por su capacidad de hacer efectiva la promesa de ciudadanía pues estaba convencido de que en ese frente se ponía especialmente a prueba la calidad de aquéllas. Esta recuperación de la dimensión jurídica le permitía realzar un aspecto del estado que había sido ignorado bajo el vendaval neoliberal –sólo obsesionado por su relación con el mercado– pero también por el enfoque neo-institucional que lo redujo a su dimensión administrativa y a un conjunto de burocracias públicas. De este modo impulsaba la necesidad de superar una doble reducción conceptual de la que adolecen los enfoques predominantes sobre democracia y estado: la primera identificando a la democracia con régimen político pero silenciando su necesidad de un estado; la segunda concibiendo a éste como un simple aparato económico o burocrático pero desconociendo su rol como garante de derechos ciudadanos.

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democrática, tema este último del que pronto se apartó, tras una inusual y valiente rectificación pública.11 Tras aquellos primeros análisis su atención se centró en explorar qué tipo de democracia tenemos –tal como podemos apreciar en su texto que introduce la idea de democracia delegativa12–, y poco después esa preocupación se amplía y completa cuando se pregunta ¿qué tipos de estado acompañan a esas democracias?13 En este último texto, describe democracias que se muestran impotentes para imponer una legalidad efectiva y garantizar derechos ciudadanos. “¿Qué ocurre –se interroga– cuando la efectividad de la ley se extiende muy irregularmente (si no desaparece por completo) por el territorio y las relaciones sociales (étnicas, sexuales y de clase) que, según se supone, debe regular? ¿Qué tipo de estado (y de sociedad) es éste? ¿Qué influencia ejerce sobre el tipo de democracia que surja?” (1993: 169). Los estados –agrega– están interrelacionados de distintas y complejas maneras con sus respectivas sociedades y “…las características de cada estado y cada sociedad influyen poderosamente sobre las características de la democracia que habrá (o no) de consolidarse –o simplemente sobrevivir y eventualmente ser derrocada–”. La centralidad de este vínculo le permitió advertir un nuevo modo de entender la tarea de construcción democrática y concluir que aún no hemos estudiado sus implicaciones desde el punto de vista de la problemática de la democratización (1993:165). Esta inquietud asumía un particular sentido de urgencia luego de las políticas neoliberales que arrasaron nuestros estados. Hasta los primeros años 90, muy pocos habían advertido que el estado mínimo alentado por aquellas políticas no resultaría indiferente para las nuevas democracias: su reducción indiscriminada comprometía tanto el cumplimiento de sus funciones básicas como sus posibilidades de asegurar ciudadanía. Las reformas aplicadas en nombre del recetario neoliberal agravaron el déficit de ciudadanía ya existente y pusieron de manifiesto la importancia del estado para una democracia (O’Donnell, 1993). Guillermo cumplió un papel decisivo en esos años, impulsando una revalorización del estado, ya no sólo entendido como actor económico y social, sino también, como un sustento crucial de la democracia. Para dimensionar este aporte, vale recordar que ni la teoría democrática predominante hablaba entonces del estado ni la teoría del estado entendía a éste como parte de la construcción democrática a encarar. Hoy sabemos, gracias a su insistencia, que la democratización no se agota en la realización de elecciones periódicas, libres y competitivas, sino que también incluye –entre otras metas– contar con un estado que asegure los derechos ciudadanos. En el abordaje de ese vínculo es posible identificar dos momentos claramente diferenciados. El primero de ellos podemos reconocerlo en su texto “Acerca del estado, la democratización y algunos problemas conceptuales. Una perspectiva latinoamericana con referencias a países poscomunistas” (1993). En él hallamos una indagación que parte primordialmente de lo negativo, es decir, de las severas insuficiencias que acusa el estado latinoamericano para cubrir las exigencias de


una democracia, reuniendo evidencias que le permiten inventariar lo que aún falta reconstituir del estado para tornarlo consistente con aquélla. Esta reflexión es retomada y complementada una década después en la fundamentación teórica que elabora para los informes del PNUD (2004 y 2008)14, ofreciéndonos una versión positiva (y propositiva) que ya no se limita a señalar las debilidades y carencias del estado sino que ofrece una detallada agenda de tareas que favorezcan su democraticidad. Ambos informes constituyen momentos decisivos de ese recorrido intelectual iniciado en los primeros 90, sin embargo, ese trayecto tiene en su libro de 2010, su expresión teórica más sistemática, expandida y refinada. Nos detendremos un momento en su último libro centrándonos en dos aspectos que a nuestro entender, abren una senda fértil para futuras indagaciones teóricas y empíricas. En primer lugar, O’Donnell (2010: 292-293) sugiere que “el objeto adecuado de reflexión, así como de la práctica, reside más en la democratización que en la democracia”. Este desplazamiento del objeto y la práctica nos invita a pensar en un trayecto que no tiene término y apuesta a que este impulso democratizador no se agote en el momento electoral y pueda expandirse a la sociedad y al estado, en suma, que logre permear nuestra experiencia social cotidiana de la manera más amplia posible.15 En segundo lugar, y asociado al punto anterior, advierte que estos procesos de democratización no sólo no tienen fin sino que son “… potencialmente reversibles: siempre es posible que sean interrumpidos…” e inviertan la ruta. Aunque era un optimista incorregible que no se doblegaba fácilmente ante la adversidad, tampoco ignoraba los riesgos de reversión a los que está expuesta una democracia. Sobre este punto nos alerta en un exquisito apartado de su último libro titulado “Acerca del riesgo de reificación”. Son sólo tres páginas –pero cruciales por cierto– apoyadas en categorías provenientes de la tradición marxista (fetichismo, alienación, reificación, etc.), que incluye citas textuales de Marx y Engels –una inesperada nota al pie de Durkheim– y alusiones a las interpretaciones que sobre esos temas aportaron Lukács y Honneth, entre otros autores. Como en el fetichismo de la mercancía y el capital retratado por Marx, también advierte el mismo riesgo cuando los ciudadanos, en un momento de extroversión, perciben al estado y sus gobernantes como un “otro” radicalmente diferente, situado afuera y encima de nosotros.16 De esa manera se le concede una existencia naturalizada, puramente externa y autónoma a entidades sociales que son producto de la acción humana. El hombre desconoce su propia autoría del mundo humano e ignora que somos “…el verdadero origen y justificación del poder y la autoridad reivindicados por el estado…” y sus funcionarios (O’Donnell, 2010: 196-197). Para contrarrestar este riesgo –agrega– resulta preciso entender el ejercicio de la ciudadanía y de la democracia como un permanente redescubrimiento de este hecho crucial. En suma, “la democracia, o mejor la democratización es un movi-

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3. Democratización como un proceso potencialmente reversible

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miento interminable, siempre alienable y reversible (…) que consiste en la continua reapropiación crítica del verdadero origen y justificación de los poderes emanados de la sociedad…”. Dado que esta reapropiación es una tarea permanente y compartida por toda la ciudadanía, la práctica de la democracia debe entenderse como “… un acto de auto-pedagogía colectiva…” (O’Donnell, 2010: 199).

4. Breves palabras finales

Guillermo estaba convencido de la necesidad de un estado para la democracia. Sin embargo, esa valoración del estado no le impidió reconocer los riesgos potenciales que éste encierra cuando sus funcionarios –en posesión del poder público–, se presentan como algo que existe por afuera y encima de la sociedad que le ha dado origen. No hay en su enfoque un esencialismo de estado que lleve a hipostasiarlo o a confiar en que su mero fortalecimiento baste para tornarlo consistente con una democracia. La democracia necesita de un estado, pero no de cualquier estado. Esto es preciso recalcarlo pues el nuevo clima ideológico instalado tras el fracaso de las políticas neoliberales tiende a presentar el regreso del estado como si ello bastase para fortalecer las democracias de la región. El estado no tiende inherentemente a la democratización ni es por esencia progresista, ambas cualidades son contingentes y que ello resulte posible dependerá de las tareas que se imponga y encare una sociedad en cada momento. Comenzamos hablando de su sensibilidad por el pensamiento clásico y cerramos aludiendo a un pasaje maravilloso apoyado en referencias textuales de Marx, Engels y Durkheim. Como ya no contaremos con su potente y respetada voz para recordarnos la importancia de estos pensadores, nuestro compromiso, de ahora en más, será insistir ante las nuevas generaciones de politólogos sobre la relevancia y potencialidad de ese legado clásico. Ello no sólo nos ayudará a construir las nuevas teorías que los tiempos nos demanden sino también, será un modo de honrar a este otro “gigante de las ciencias sociales contemporáneas” –como lo recordó Scott Mainwaring en su sentida semblanza–, que fue además, un generoso amigo y un entrañable “compañero de esperanzas”. Referencias

1. Véase al respecto cómo recuerda su llegada a la Universidad de Notre Dame en 1983 y su contacto con algunos colegas que conoció en esa institución: “…no sólo encontré amplio apoyo y plena libertad académica sino también excelentes amigos –incluso un padrecito, Tim Scully, que quería aprender ciencia política y lo hizo brillantemente (lecturas iniciales de Weber mediante) y que hoy es algo así como mi jefe en su condición de vicepresidente de Notre Dame–” (O’Donnell, 2004a: 119). 2. Estamos aludiendo a un concepto que Weber utilizó en La ética protestante y el espíritu del capitalismo y O’Donnell recuperó para explicar esa compleja relación en su libro Modernización y autoritarismo: “…valdría la pena el hecho de hacer verosímil y abrir la puerta para futuras investigaciones destinadas a verificarla más adecuadamente la afirmación de que –para decirlo en términos weberianos– existe una marcada ‘afinidad electiva’ entre las situaciones de alta modernización y los regímenes políticos burocrático-autoritarios” (1972: 10).


Bibliografía

G. O’DONNELL (1972), Modernización y autoritarismo, Buenos Aires, Paidós.

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3. Nos referimos a su celebrado texto “Acerca del estado, la democratización y algunos problemas conceptuales. Una perspectiva latinoamericana con referencias a países poscomunistas” (O’Donnell, 1993). 4. Esta nostalgia puede verse reflejada en O’Donnell (1998: 9-11). 5. Democracy, Agency, and the State: Theory with Comparative Intent, Oxford University Press, USA (Agosto de 2010). 6. Democracia, agência e estado: teoria com intenção comparativa, São Paulo, Paz e Terra, 2011. 7. En su “Introducción” confiesa que ha “…cargado mentalmente este libro durante aproximadamente diez años” (2010: 21). 8. Esta frase corresponde a una entrevista que le efectuamos junto a Hugo Quiroga en diciembre de 1996 que publicamos en un libro titulado Hacia un nuevo consenso democrático. Conversaciones con la política (1997a: 70). 9. Véase al respecto su conocido texto sobre la cultura política en Argentina y Brasil. Al referirse al caso argentino lamenta que en nuestro país el “aparato estatal ha bailado al compás de las fuerzas de la sociedad, más como campo de batalla que como instancia de formulación de intereses más generales que el de las corporaciones y clases en conflicto” (1984: 21). 10. En la conferencia magistral que brindó al recibir el Doctorado Honoris Causa en la Universidad Nacional de Rosario, el 13 de agosto de 1999, confesaba que “…después de haber trabajado mucho tiempo como politólogo…, en los últimos años he vuelto –en una especie de viaje a mi juventud–, a mi primer reencarnación como abogado, redescubriendo y tratando de incorporar a mis trabajos una teoría del estado con fuerte fundamento jurídico”. Puede consultarse la versión desgrabada de esa presentación en O’Donnell (2001: 8). 11. Sobre este tema pueden consultarse “Otra institucionalización” (1996), “Ilusiones y errores conceptuales” (1997b) e “Ilusiones sobre la consolidación” (2002). 12. Eso lo aborda en su texto sobre “¿Democracia delegativa?”, cuyas primeras versiones comienzan a circular como documento de trabajo en diciembre de 1990 en el IUPERJ (Brasil) y luego es publicado en portugués en octubre del 91 en la revista Novos Estudos del CEBRAP (Brasil). En 1992 fue publicado en español (Cuadernos del CLAEH, Montevideo) y en 1994 en inglés (Journal of Democracy), aunque ya circulaba en esa lengua desde mucho antes como working paper en la Universidad de Notre Dame. El texto fue recogido en un libro del autor titulado Contrapuntos (1997) que se editó en Argentina (Paidós) y también en inglés (Counterpoints) en 1999. 13. Esta preocupación puede advertirse en su texto de 1993, “Acerca del estado, la democratización y algunos problemas conceptuales. Una perspectiva latinoamericana con referencias a países poscomunistas”. 14. Nos referimos a los informes sobre La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos (2004) y Hacia un Estado de y para la Democracia en América Latina (2008), para los cuales O’Donnell aportó documentos que sirvieron de guía para su realización (2004b; 2004c; 2008). 15. Cabe aclarar que la problemática de la democratización ya formaba parte de sus preocupaciones en el texto publicado en 1993: “Acerca del estado, la democratización y algunos problemas conceptuales. Una perspectiva latinoamericana con referencias a países poscomunistas”. Este texto contiene en estado embrionario, muchos de los aspectos de su teoría sobre el estado y la democracia que luego desplegaría con mayor detalle en sus trabajos posteriores. 16. En rigor, Guillermo atribuye a Engels el mérito de extender al estado la idea de fetichización que Marx aplicaba al capital y las mercancías. El socio intelectual de Marx publica en 1884 El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado anunciando que “en posesión del poder público y tributario, los funcionarios se presentan como órganos por encima de la sociedad. … [ellos] se colocan como algo por afuera y encima [de la sociedad]”, cit. O’Donnell (2010: 196).

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G. O’DONNELL (1984), ¿Y a mí, que me importa? Notas sobre sociabilidad y política en Argentina y Brasil, Buenos Aires, CEDES. También disponible en G. O’DONNELL (1997), Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización, Buenos Aires. G. O’DONNELL (1991), “Democracia delegativa”, en Novos Estudos, Nº 31, Sao Paulo, Nº 31. También puede hallarse en G. O’DONNELL (1997). Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización, Buenos Aires, Paidós,. G. O’DONNELL (1993), “Acerca del estado, la democratización y algunos problemas conceptuales. Una perspectiva latinoamericana con referencias a países poscomunistas”, en Desarrollo Económico, Buenos Aires, Vol. 33, Nº 130. G. O’DONNELL (1996), “Otra institucionalización”, en Ágora. Cuaderno de Estudio Político, Buenos Aires, Nº 5. G. O’DONNELL (1997a), “Hoy ser progresista es ser liberal, y viceversa”, en H. QUIROGA y O. IAZZETTA (coords.), Hacia un nuevo consenso democrático. Conversaciones con la política, Rosario, Homo Sapiens. G. O’DONNELL (1997b), “Ilusiones y errores conceptuales”, en Ágora. Cuaderno de Estudio Político, Buenos Aires, Nº 6. G. O’DONNELL (1998), “Estado, democracia y globalización. Algunas reflexiones generales”, en Realidad Económica, Buenos Aires, Nº 158. G. O’DONNELL (2001), “Régimen y estado en la teoría democrática”, en Temas y Debates, Rosario, Nº 4-5. G. O’DONNELL (2002), “Ilusiones sobre la consolidación”, en Nueva Sociedad, Caracas, Nº 180181. G. O’DONNELL (2004a), “Ciencias sociales en América Latina. Mirando hacia el pasado y atisbando el futuro”, en El Debate Político. Revista Iberoamericana de Análisis Político, Buenos Aires, Nº 1. G. O’DONNELL (2004b), “Notas sobre la democracia en América Latina”, en Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos, Buenos Aires, PNUD, Anexo en CD-ROM. G. O’DONNELL (2004c), “Acerca del estado en América Latina contemporánea: diez tesis para discusión”, en Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos, Buenos Aires, PNUD. G. O’DONNELL (2008), “Hacia un Estado de y para la democracia”, en Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Democracia/Estado/Ciudadanía. Hacia un Estado de y para la Democracia en América Latina, Lima, PNUD. G. O’DONNELL (2010), Democracia, agencia y estado. Teoría con intención comparativa, Buenos Aires, Prometeo. Recibido: 14/06/12. Aceptado: 30/06/12.

Osvaldo Iazzetta, “La tradición clásica al servicio de una pasión intelectual”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 95-102.


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Guillermo O’Donnell y su compromiso con la democratización1 Guillermo O’Donnell and his commitment to democratization Luis Tonelli Luis Tonelli es Director de la Carrera de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, UBA, Argentina. E-mail: luis_tonelli@hotmail.com

resumen

summary

La obra académica de Guillermo O’Donnell está signada por el imperativo categórico de no permanecer ajeno a ninguno de los momentos históricos de su país y de su región, momentos históricos que él mismo colaboró en definir, explicar y en los que tomó parte en un amplio debate sobre ellos. Un trabajo titánico en el que O’Donnell enfrentó al etnocentrismo dominante del mainstrean disciplinar para demostrar en cambio que lo que sucedía en los arrabales del mundo tenía relevancia e interés para la ciencia política en su totalidad. El artículo realizará un recorrido por algunas de sus preocupaciones teóricas y coyunturales más relevantes.

The academic field of Guillermo O’Donnell is marked by the categorical imperative to understand and to not remain detached to the historical moments of his country and the region, historical moments that he helped to define, to explain and to take part in an extensive discussion on them. A titanic work in which O’Donnell faced to disciplinary mainstrean dominant ethnocentrism to demonstrate instead, that the process that were happening in this part of the world, had relevance and interest to political science as a whole. The article will tour some of his theoretical and circumstantial concerns most relevant.

palabras clave

ciencia política / producción científica / América latina

keywords

political science / scientific production / Latin American

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(1) Una versión más extensa de esta comunicación será publicada próximamente en la Revista Argentina de Ciencia Política, Eudeba.

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En los cuarenta años de su brillante trayectoria como politólogo, Guillermo hizo gala de una amalgama infrecuente: su talento académico iba a la par de una actitud política notable. Porque, aunque la “academia” fue su lugar en el mundo (y que duda cabe de esto), a O’Donnell le cabe perfectamente lo que Karl Jaspers ha dicho de Max Weber: “su pensamiento representa la realidad de alguien que es político hasta la médula, alguien con un deseo de actuar al servicio del momento histórico” (Jaspers, 1998). Y todo alimentado por una voluntad inquebrantable que algunos cifran en los efectos de una poliomielitis contraída a la edad de 20 años, que dejó secuelas permanentes. No tengo los conocimientos suficientes para evaluar esa hipótesis psicológica, aunque sospecho que O’Donnell, sin la polio, hubiera sido el mismo O’Donnell. La obra académica de Guillermo está signada por el imperativo categórico de no permanecer ajeno a ninguno de los momentos históricos de su país y de su región, momentos históricos que él mismo colaboró en definir, explicar y tomar parte en un amplio debate sobre ellos. Un trabajo titánico en el que O’Donnell enfrentó al etnocentrismo dominante del mainstrean disciplinar para demostrar en cambio que lo que sucedía en los arrabales del mundo tenía relevancia e interés para la ciencia política en su totalidad. Guillermo se destacó también en la creación y dirección de instituciones académicas de la envergadura del CEDES en Buenos Aires, o el Instituto Kellogg en la Universidad de Notre Dame para que funcionaran como plataforma logística (y de poder) desde donde formar recursos humanos y producir y difundir ese conocimiento desafiante. O dirigiendo la International Political Science Association (IPSA) cuando fue elegido para presidirla durante el período 1988-1991. A lo que hay que sumarle sus actividades de asesoramiento en políticas públicas y su disponibilidad para intervenir en el debate público. Ciertamente, su actitud y perspicacia política resultarán evidentes en sus tareas directivas y de creación institucional pero también, y este es el argumento que quiero desarrollar en esta comunicación, tanto en la forma de acometer su trabajo científico (en lo concerniente al papel de sus conceptualizaciones en relación al mainstream disciplinar, y en la construcción misma de sus conceptos) como en la función que él le reservaba a la ciencia política frente a la política y especialmente en el proceso de democratización. En él, el hombre académico y el hombre político forman una unidad indisoluble. Es que aunque la producción de O’Donnell es una obra personalísima, ella está muy lejos, sin embargo, de ser esotérica o alternativa, y ya la naturaleza de esa excepcionalidad nos proporciona una clave para comprenderla: Guillermo fue un politólogo que supo estar en el centro del mainstream de la ciencia política pero desafiándolo permanentemente. Evidentemente, O’Donnell no fue el típico investigador cuya tarea es la de llenar alguno de los múltiples casilleros en blanco que genera el establecimiento de un nuevo paradigma, esa actividad de investigación científica denominada por Thomas Kuhn como “ciencia normal”. Pero tampoco fue alguien que aspirara a la fundación de un paradigma alternativo (o por lo menos, hasta su último trabajo,


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el monumental Democracia, agencia y estado, cosa que discutiré brevemente al final de este trabajo). O’Donnell dedicó la mayor parte de su actividad intelectual a entablar una dialéctica con el mainstream de la disciplina, desde dentro del mismo mainstream, logrando una intervención de peso en la confección de su agenda de investigación, al dirigir el foco de atención de la política comparada hacia muchos de los fenómenos que él contribuyó a definir decisivamente. Esta peculiar modalidad de intervención echa por tierra la posición de quienes consideran que la obra de O’Donnell tiene un carácter mayormente ideográfico, de “thick description” de un fenómeno individual, localizado en tiempo y en espacio, más allá de la terminología politológica utilizada nada más que como “jerga”. Por el contrario, la estrategia en la que O’Donnell se embarca con su producción politológica logra políticamente, en el interior de la disciplina, trascender lo periférico de ese fenómeno que ocurre en el lejano Cono Sur de América Latina, gracias a establecer una conceptualización que discute con los marcos teóricos establecidos y que tiene, entonces, un doble efecto recontextualizador: la del fenómeno en si mismo que queda inscripto, en tensión, en el marco de una matriz teórica a la que desafía (parcialmente), y la segunda, la de la teoría en cuestión. De esta manera, su intervención produce una reorganización alternativa del campo intelectual de la ciencia política, atrayendo recursos humanos e institucionales ya sea en apoyo total, o en abierto rechazo de sus contribuciones, pero logrando que se suscite una discusión productiva (Bourdieu, 1971). La estrategia de O’Donnell de discutir con el mainstream desde el corazón del mismo mainstream contrasta con la “actitud revolucionaria” de quienes se colocan fuera de él para fundar un circuito institucional alternativo. Ni siquiera durante la que podríamos considerar la “etapa neo-marxista” de su producción, trabajando en las “catacumbas” del CEDES durante la noche negra de la feroz dictadura del Proceso, Guillermo adoptará la actitud del intelectual que desde la autoridad que da su conocimiento científico de la realidad, y “fuera del sistema” reclama el lugar privilegiado de dirigir la vanguardia iluminada que llevará al cambio total. Hay, si, muchísimas afinidades con respecto a la trayectoria de ese otro gigante de las ciencias sociales que es Max Weber, de gran influencia sobre O’Donnell, como él mismo lo confesaba con admiración. Uno no menor, es que ambos intentaron fallidamente una carrera política. Max Weber intentó sin éxito ser diputado y también fracasó en su intento por organizar un partido que atrajera a socialdemócratas y liberales con el fin de estabilizar la polarizada política alemana (Mommsen, 1989: 3-23). De todos modos, siguió siendo una persona de consulta permanente por las autoridades y políticos del Imperio (especialmente Friedrich Neumann) e incluso participó en la redacción de la Constitución de Weimar, abogando decisivamente por la inclusión de su polémico artículo 48, aunque Hugo Preuss fue finalmente designado como secretario del Interior, en lugar de Weber, señalado como el principal candidato al cargo (Mommsen, 1984: 332-381).

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Para O’Donnell, en cambio, su experiencia política fue tan efímera como traumática: nombrado subsecretario del Interior cuando solo tenía 25 años durante el gobierno de Guido, su corta experiencia en el cargo se dio en un violento contexto signado por la polarización exacerbada entre peronismo y antiperonistas, renunciando luego de una serie de polémicas medidas tomadas por su superior inmediato1 (Barón et al., 1995; Springler, 1968; Potash, 1996: 105). Después de unos pocos años recluido en su estudio de abogado y dictando clases en la flamante Escuela de Ciencia Política de la Universidad del Salvador decidió viajar a Estados Unidos como estudiante del doctorado de la Universidad de Yale. Sin embargo, Weber y O’Donnell presentan una trayectoria sorprendentemente invertida: del politeísmo valorativo que, para él caracterizaba la política moderna, Weber eligió en sus trabajos como el fin último los intereses de poder de la nación alemana, su grandeza, sostenida en una visión teórica de la Machpolitik en el que la democracia solo tenía un valor circunstancial. Pero en un afamado artículo, Raymond Aron señaló que “En el fondo, Max Weber se traicionó a sí mismo con su teoría de la política pues jamás el poder, ni el suyo ni el de la nación, fue su dios” (Aron, 1981 [1964]: 403). O’Donnell, por su parte, vivió una corta experiencia política frustrante en medio de la prohibición del peronismo, la creciente polarización y el conflicto entre “azules y colorados”, pero toda su actividad académica estuvo orientada a la construcción de una ciencia política con un fuerte compromiso valorativo con la democracia. Una de las críticas habituales que se le hace a la producción científica de O’Donnell es que sus conceptualizaciones eran demasiado demandantes en términos de datos, y que así sus contribuciones estaban más allá de la prueba empírica. Incluso, más allá de la posibilidad a futuro de llegar a operacionalizar sus variables, a la espera de que alguna vez la metodología pudiera dar respuesta técnica a semejantes desafíos (por lo que se criticaban las debilidades en su cientificidad metodológica). Para la otra barricada de la ciencia política, los conceptos e hipótesis de Guillermo O’Donnell no se inscribían en el individualismo metodológico de la elección racional ni procedían deductivamente de axiomas de racionalidad primeros (por lo que se le criticaba su cientificidad teórica). Cuando, muy tempranamente, en su Modernización y Autoritarismo, a décadas de la generalización del uso actual de este enfoque en ciencia política, acudió a la teoría de juegos, lo hizo con una carga irónica muy importante, como para demostrar que los políticos argentinos, pese a querer hacer lo mismo que hacían los políticos de todo el mundo, o sea “maximizar los votos”, obtenían un resultado distinto al del obtenido en las democracias consolidadas: el golpe de Estado. En las particulares circunstancias de la política inmediatamente después de la caída de Perón finalmente los políticos y los electores advertían que habían participado de un “juego imposible”, siempre cancelado por su árbitro, las Fuerzas Armadas (O’Donnell, 1972). O sea, O’Donnell no incurrió en la exploración ateórica de datos para dar cuenta de sus correlaciones a partir del análisis estadístico. Ni siquiera en la búsqueda


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estricta de material empírico para contrastar una conceptualización vigente y sobre la cual fundar una conceptualización alternativa, como reza el credo hipotético deductivo de la política comparada. Pero tampoco su teorización se basó en la deducción axiomática, para desde allí generar una naturaleza alternativa supuestamente explicativa de la política. Guillermo, en cambio, tenía una capacidad única para generar conceptos que se convertían en verdaderos nombres propios, ese “darle el nombre a la bestia” (que elíptica y risueñamente quedaba asociada a la palabra inglesa conformada por sus iniciales: G.O.D.), esas “signaturas”2 polémicas que reformateaban la discusión, al alterar el contexto teórico en el que se daban. Es que no solo aprendemos porque nuevos datos desafían nuestro conocimiento anterior (del tipo, a mayor desarrollo no siempre mayor democratización, lo cual era simplemente una “anomalía” teórica de la escuela del desarrollo político liderada por Seymour M. Lipset). Ni tampoco cuando logramos deducir de modo más sofisticado implicaciones particulares de axiomas genéricos. También aprendemos, cuando recontextualizamos nuestro conocimiento previo (Rorty, 1993: 29). Y esa recontextualización no fue solo un efecto de la peculiar relación “política” establecida por O’Donnell respecto al campo intelectual sino que, también, esa actitud política se refleja en la construcción conceptual misma que efectúa O’Donnell. Así se sucedieron “conceptos-signaturas” como el “B.A.”, el “Juego Imposible”, la puja entre “palomas y halcones” en la transición democrática, “Democracias Delegativas”, “Accountability Horizontal”, “Zonas Marrones”, “Ciudadanía de baja intensidad”, etc. La estrategia nominativa de O’Donnell abrió un campo de investigaciones en si mismo con cada “concepto-signatura”, que conseguía inmediatamente al ser “dominio público” en la ciencia política, despertando polémicas con las teorizaciones del mainstream, contrastaciones empíricas, y debate público, en la medida que la ciencia política puede generarlo. Guillermo O’Donnell alcanzó el reconocimiento académico en los inicios mismos de su carrera como politólogo por su contribución a los estudios sobre América Latina. Y ese interés por lo que sucedía en su país, la Argentina y el continente latinoamericano fue el motor continuo de sus reflexiones y trabajos. Pero como vimos, su estrategia para que ellos adquirieran relevancia era generando un “concepto-signatura” que los identificara y construyendo hipótesis que dieran cuenta de las especificidades del caso o regionales, interpelando las teorías generales para que esos fenómenos contribuyeran al cuerpo teórico de la democratización. Pero fundamentalmente, también para que esas conclusiones teóricas se plasmaran en políticas públicas y enriquecieran el debate público. O sea, que tuvieran un impacto real sobre la realidad. En la visión del O’Donnell de Democracia, agencia y estado, los ciudadanos, pero especialmente, los politólogos a los que el libro va dirigido tanto “debemos preferir” a la democracia como “debemos cuidarla”, y de este modo, para él la ciencia política no está ni debe estar libre de valores. Finalmente, la machtpolitik, el realismo político no deja de ser profundamente valorativo y nocivo para la de-

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mocracia. El conocimiento empírico y con la intención de objetividad científica es el que debe ser puesto al servicio de la causa por la democratización del régimen y también por la democratización de la sociedad y del Estado. En su artículo de 1996 sobre la pobreza (O’Donnell, 1996), que comienza con la potente frase “La situación social en América Latina es un escándalo”, Guillermo va a dar una serie de “consejos” a los que pretenden combatirla. Allí su concepción de la ciencia política se acerca mucho más a la de John Dewey y de los primeros impulsores de la ciencia social estadounidense de producir conocimiento riguroso para alimentar la reforma social, cultural y política que al “cientificista” que luego se impuso en la ciencia política del mainstream (Farr et al., 1999; Tonelli y Aznar, 1993; Rorty, 1991). Y también sus recomendaciones para los reformadores evidencian la “estrategia política” seguida por el mismo O’Donnell en el interior de la ciencia política, ya considerada. Los reformadores tienen que tener en cuenta las condiciones políticas que permitirían que los cambios sean aceptados y se produzcan, y Guillermo, lejos de proponer acciones revolucionarias, aconseja una táctica en donde los privilegiados puedan admitir las reformas (en la misma veta que él siguió respecto al mainstream de la ciencia política). A pesar de que como él mismo lo admite, es poco lo que la ciencia política puede hacer frente al enorme problema de la pobreza, Guillemo afirma: “No subestimemos lo que puede ser conseguido por martillar resueltamente con propuestas de políticas públicas y con datos sobre la situación” (O’Donnell, 1998: 11). Frase que resume su propio compromiso político y moral con la democratización en un sentido integral, su inveterada voluntad para hacerle frente a las adversidades y su vocación por hacerlo desde el saber producido por la ciencia política cuando aconseja “analizar más sistemática y comparativamente políticas públicas sociales públicas y privadas”, el operar para que las “políticas públicas sociales ganen autonomía frente a la política económica”, y dejen de ser su “pariente pobre”, y dado que “lo mejor es enemigo de lo bueno”, no querer hacerlo todo y de una vez, si no estableciendo reformas parciales. Desde el CEDES de Buenos Aires, en plena dictadura argentina, O’Donnell junto con Oscar Oszlak lanzaría una línea de estudios de políticas públicas, como un artilugio para hacer ciencia política crítica y propositiva en esos años de plomo. Para O’Donnell y Oszlak las “políticas públicas” configuraban “nudos” que resultaban puntos de observación privilegiados para considerar la toma de posición de los diferentes sectores del Estado y de los actores sociales involucrados y así afirmaban “que las políticas estatales deben ser entendidas en el marco de otras políticas estatales y de “políticas privadas” es, por supuesto, trasponer a un nivel más puntual el tema general del estado y la sociedad”. Así O’Donnell utilizaba todos los recursos, todos los registros, todas las oportunidades que como politólogo se le presentaban para contribuir a su perspectiva de democratización integral de la sociedad. Si en el plano del mainstream académico, Guillermo conseguía influir decisivamente en su agenda de investigación comparativa, el análisis de políticas públicas sería un puente fecundo para unir el cono-


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cimiento académico con las decisiones político-estatales. A lo largo de su carrera, participaría de numerosos proyectos de análisis concretos de políticas públicas. Se destacan sus informes para el PNUD de 2004 “La Democracia en América Latina: Hacia una Democracia de Ciudadanas y Ciudadanos” y también asesoraría sobre iniciativas puntuales y concretas para aumentar la calidad de la democracia, como las Auditorías Ciudadanas de Costa Rica y Argentina. En su ambición por contribuir al proceso de democratización de la política y las sociedades, especialmente las de América Latina, O’Donnell no dudó en saltar las fronteras paradigmáticas de la ciencia política e incluso las disciplinarias, abrevando también en la economía, en la sociología, en la antropología, y en sus últimas obras, en el derecho, retornando a su disciplina originaria. Pero así como acudía a las diferentes “positividades” que podían servirle pragmáticamente a sus intereses explicativos, también entremezclaba, sin solución de continuidad, hipótesis sustentadas en conocimiento empírico con recomendaciones de política pública basadas en su instinto político junto con juicios de valor y complejos argumentos deontológicos. En un punto, O’Donnell ‒que tenía en alta estima las investigaciones empíricas‒ sentía que los problemas que generaban sufrimiento no podían esperar a que la ciencia política resolviera sus dilemas metodológicos para brindarles alguna respuesta. Vale la pena citarlo en extenso reflexionando sobre estas limitaciones al recibir el título de Doctor Honoris Causa otorgado por la Universidad Nacional de Rosario: “En el fondo, esto nos remite a la eterna discusión –que como estudiosos de la política ustedes conocen–, acerca de qué es la política y cuáles son sus límites. La actual respuesta proveniente de la tendencia neo-conservadora es reducir excesivamente los límites de la política y asignarle un espacio muy pequeño, siendo el resto mercado y pasión. Esta postura sugiere que la política ocupe un lugar reducido pues de lo contrario podría resultar peligroso. El consejo metodológico que deriva de esta posición –y esto es motivo de algunas discusiones infinitas que vengo sosteniendo con mis colegas en el Norte– es que si no nos mantenemos dentro de esa pequeñez prolija, su abordaje se complica mucho teórica y metodológicamente, lo cual es cierto, y ese es el gran desafío. Si nos limitamos a analizar un estudio muy formal de alguna institución o régimen, o si nos limitamos a analizar como digieren los trabajadores políticas públicas bien conservadoras, si nos mantenemos en ese espacio, lograremos una buena empiria, salvo que asumamos los costos de preguntarnos cuál es el lugar que ocupa esa empiria en términos de la problemática de la democracia” (O’Donnell, 2001). Una de las consecuencias de la obra de O’Donnell es que las insuficiencias de la ciencia política, derivadas de seguir manteniendo límites estrictos entre la investigación empírica y la teoría política (que aparecen fáciles de trazar solo desde la ingenuidad o la ignorancia) no deben ser barridas debajo de la alfombra, sino que es necesario encararlas y problematizarlas. No es casualidad que la “positividad” de la ciencia política provenga o de la base teórico-metodológica heredada de la sociología o de la adoptada (o impuesta imperialmente) por la economía (Barry, 1970).

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Ciencias que ostentan una unidad de objeto, teoría y método que no tiene la ciencia política contemporánea y que la toma prestada de ellas, ya sea adoptando al homo sociológicus (estructuras sociales, internalización y externalización de valores, generación de hipótesis inductiva, y contrastación empírica) o al homo económicus (individuos maximizadores, rational choice, axiomas e inferencia deductiva) como la matriz donde situar a los actores y los procesos políticos. Sin embargo, el homo politicus, ese que propone conjuntamente metas colectivas, y define y redefine (o sea, recontextualiza continuamente) “lo público”, no admite límites “positivos” para dar cuenta significativamente de una actividad que también es profunda y esencialmente normativa (Tonelli, 2007). A partir de la materialización de ese gran proyecto de investigación que fue Transiciones desde un gobierno autoritario (1998), en el que junto a Phillippe Schmitter y Laurence Whitehead compilaron importantes trabajos de afamados colegas (además de escribir sus propias contribuciones), los tres siguieron ocupándose de la temática de la democratización, aunque cada uno seguiría un derrotero propio y personal. O’Donnell, por su parte, ocupándose cada vez más de las cuestiones teóricas de la democratización, especialmente en los artículos luego compilados en su Disonancias (O’Donnell, 2007), incursiona en la filosofía política y en el derecho (seguramente porque en la dimensión legal, encontraba aunque más no sea la promesa de que lo deontológico tuviera materialización cierta), y redobla sus advertencias acerca de la necesidad de un Estado fuerte (y democratizado). Culmina colocando, finalmente, en el centro de su teorización, como “agencia”, protagonista y responsable de las democratizaciones ulteriores al “ciudadano/a” (Ippolito-O’Donnell 2009a; 2009b) en la que sería su obra-legado, producto de una vida de reflexión y acción, su Democracia, agencia y estado. Y es justamente, en esa última obra-legado, donde más que proporcionar un paradigma alternativo, O’Donnell ‒al cruzar todos los límites de su eclecticismo y pluralismo teóricos‒ hace un mapa conceptual de la democratización, que de tan complejo y pletórico en detalles y argumentaciones recuerda a ese mapa al que se refería Borges; un mapa que finalmente era la realidad misma. Quizás, porque en su madurez total, Guillermo comprendió ‒un tanto melancólicamente‒ que más allá de sus esfuerzos y consejos de toda una vida, la democratización era obra de su protagonista, la agencia: la ciudadanía. Y de nadie más. Referencias

1. Como él mismo lo narró extensamente en una entrevista. 2. Hago uso libre y lúdico de la síntesis de la teoría de las signaturas del S XVI que hace Michel Foucault en Las Palabras y las Cosas: “el sistema de signaturas invierte la relación de lo visible con lo invisible. La semejanza era la forma invisible, de lo que en el fondo del mundo, hacía que las cosas fueran visibles; sin embargo, para que esta forma salga a la luz, es necesaria una forma visible que la saque de esa profunda invisibilidad” (Foucault, 1974: 35).


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Recibido: 19/05/2012. Aceptado: 21/06/2012

Luis Tonelli, “Guillermo O’Donnell y su compromiso con la democratización”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 105-114.


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Teoría, método y compromiso. Algunas reflexiones en torno al legado de Guillermo O’Donnell Theory, Method and Commitment. Some Reflections on the Legacy of Guillermo O’Donnell Lucas González

resumen

summary

Este artículo resalta algunas contribuciones de O’Donnell para la disciplina en general y para los estudiantes de ciencia política en particular. Entre ellas, destaca la necesidad de focalizar las preguntas de nuestras investigaciones en problemas sustantivos, relevantes; la centralidad de la teoría para responder a ellas y para comprender un caso o pocos casos; y el rol de las herramientas, que no deben determinar las preguntas ni las respuestas, sino que deben ser elementos que ayuden a llegar a ellas.

This article highlights some of O’Donnell’s contributions to the discipline, in general, and to political science students, in particular. Among them, it stresses the need to focus on substantive and relevant research questions, the centrality of theory to answer them and to understand a case or a few cases, and the role of tools in political science, which should not determine our questions or answers, but are elements that should help us getting them.

palabras clave

ciencia política / herramientas / teoría / compromiso

keywords

political science / tools / theory / commitment

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Lucas González es Ph.D. en Ciencia Política de la Universidad de Notre Dame y profesor en la Universidad Católica Argentina y Universidad Nacional de San Martín, Argentina. E-mail: lgonzalez@unsam.edu.ar

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Quisiera desarrollar tres puntos muy sencillos sobre algunos de los importantes legados que Guillermo O’Donnell dejó a la disciplina. Es un modesto homenaje a este gran maestro, pero además pretendo que esta nota sirva a los más jóvenes que se inician en el camino de estudiar Ciencia Política. Es una simple manera de transmitir algunas importantes enseñanzas que resultaron del privilegio y del honor de haber podido trabajar con él como mi director de tesis de doctorado. En primer lugar, O’Donnell tenía, sobre todo, una fascinante capacidad para comprender la política. La primer pregunta que me hizo, cuando estaba presentando el tema de tesis fue: ¿quiénes son los actores, qué quieren y por qué luchan? La clave para él radicaba en identificar los actores relevantes y sus intereses. Pero esos intereses había que problematizarlos, no estaban “dados”, no eran exógenos; yo tenía que analizar de dónde surgían. ¿Son intereses económicos, políticos? ¿Cuál es el rol de la ideología? O’Donnell tenía una visión muy crítica respecto de una postura muy sencilla de una parte de la ciencia política contemporánea que se puede formular así: “ciertas instituciones existen, y si es así, debe ser porque hay actores que crearon esas instituciones, y estos actores hicieron eso porque esas instituciones les favorecían”. El razonamiento obviamente tautológico es el siguiente: “¿por qué existen ciertas instituciones?” “Porque hay actores que las querían.” “¿Y por qué las querrían?” “Porque esas instituciones existen.” Bajo este postulado, si existen ciertas instituciones, hay que identificar cuáles, en teoría, deberían ser los actores que estuviesen interesados en crearlas. Algunos llamaron a esto “funcionalismo basado en los actores.” O’Donnell nos aleja de este tipo de razonamiento teórico y nos fuerza a pensar la política y problematizar algunos puntos centrales en ella, como son el rol de los actores, sus intereses y las instituciones que crean. Es en estos asuntos donde aparece la teoría para O’Donnell. Él resaltaba la centralidad de la teoría, primero, para entender un caso (o algunos casos): no usaba el caso para desarrollar la teoría, la teoría era utilizada para comprender y analizar un caso. Para conocer los actores, sus intereses y sus conflictos, un buen punto de partida era conocer la historia, pero no como historiadores. Y cito un problema puntual en mis discusiones sobre la tesis de doctorado con O’Donnell. Yo tenía mucho interés en desarrollar un capítulo histórico en mi tesis, lo suficientemente extenso como para dar cuenta de que conocía algo de la historia de los casos en estudio. O’Donnell me dijo que creía que debía estudiar mucha historia de los casos, hacer mucho trabajo de campo, pero que no debía tener un capítulo histórico en la tesis porque eso debería resolverlo en “tres párrafos y dos notas al pie.” La primer reacción fue no entenderlo. La segunda fue cuestionarlo. Finalmente decidí hacer lo que quería y empecé a escribir un capítulo histórico en mi tesis. Un año después y setenta páginas tiradas en la basura, terminé entendiendo por qué, en realidad, estaba sugiriéndome eso. La historia y el trabajo de campo eran centrales para conocer los casos y, por lo tanto, para desarrollar el argumento teórico. Pero mi trabajo no era el de un historiador, era el de un politólogo. Lo que estaba diciendo O’Donnell es que no hacemos conocimiento del pasado; usamos ese conocimiento del pasado para desarrollar


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una teoría y presentar una respuesta a un problema sustantivo que nos permita entender mejor el caso (o unos pocos casos). Traigo a colación una discusión que quizás pueda poner en claro este punto. En Estados Unidos, un senador republicano de Oklahoma, Tom Coburn, presentó una propuesta para hacer desaparecer el financiamiento público a la ciencia política. La argumentación que él sostenía era que durante los últimos tres años se habían gastado en ciencia política 91,3 millones de dólares que no habían servido para nada. Coburn sostenía que había que gastar esos fondos en biología, ciencias farmacéuticas y química, que eran disciplinas que hacían cosas útiles. Este senador republicano de Oklahoma busca sistemáticamente áreas en las que el Estado federal malgasta el dinero de los contribuyentes e identificó que la ciencia política era una de ellas. La votación se llevó a cabo el 5 de noviembre de 2009. Tuvo treinta y seis votos a favor y sesenta y dos en contra. Dentro de los treinta y seis votos a favor hubo cinco votos demócratas. Como era de esperarse, su proyecto generó una gran discusión en la ciencia política norteamericana; discusión que todavía continúa. Por un lado, la Asociación Norteamericana de Ciencia Política apareció naturalmente en defensa del financiamiento público. Pero más allá de los resultados de la votación del proyecto de Coburn y de las posiciones institucionales, hay muchos politólogos que siguen siendo muy críticos de los derroteros de una parte de la disciplina. Por ejemplo, Green y Shapiro en su crítica al enfoque de elección racional decían que una parte importante de la ciencia política, particularmente una centrada en ese enfoque, se había dedicado a decir trivialidades y obviedades de la manera más compleja posible. Joshep Nye dijo que el problema de la ciencia política es que actualmente se están diciendo cada vez más y más cosas sobre menos y menos. Theda Skopcol y Robert Putman, entre otros, junto con O’Donnell, reclamaban la vuelta de las grandes preguntas, las preguntas fundamentales de la ciencia política. El legado de O’Donnell nos lleva a preguntarnos sobre cosas importantes, a discutir cosas importantes, sustantivas. Terry Lynn Karl en un evento en honor a O’Donnell empieza su exposición parafraseándolo a él: “la situación social en Estados Unidos es un escándalo”. O’Donnell dijo eso sobre América Latina, pero Karl usa la misma expresión en referencia a los Estados Unidos de hoy. Está sintetizando esa discusión y pidiendo, en definitiva, una vuelta a las grandes preguntas, como el problema de la desigualdad y la pobreza en Estados Unidos y, a su vez, la vuelta de la disciplina a los problemas sustantivos. Esto es teoría pero no por la teoría misma, sino que es teoría para comprender problemas sustantivos de los casos. El segundo punto que me gustaría resaltar es algo que fue también resultó de una experiencia personal trabajando en mi tesis con O’Donnell. Estaba muy preocupado porque tenía modelos de regresión que, combinados, no daban los mismos resultados y equilibrios en teorías de los juegos que no podía resolver. O’Donnell me dijo “esas son herramientas. Tu tesis no es una herramienta; la herramienta te tiene que servir para desarrollar un argumento teórico que te permita responder una pregunta sobre un problema sustantivo.”

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Otra anécdota es ilustrativa al respecto: un profesor, en una reunión del departamento, me pregunta cómo estaba avanzando en la tesis. Le dije que bien, porque ya había terminado el capítulo uno y estaba trabajando en el capítulo dos. Me preguntó cuántos capítulos pensaba escribir en la tesis. Le contesté “cinco”, a lo que respondió con cierto escepticismo “¿Cinco capítulos?...” “Ambicioso proyecto…” Inmediatamente me pregunto de qué trataba el capítulo uno. Respondí que era un análisis cuantitativo de diferentes modelos en donde trataba de analizar si había sustento empírico para algunas de mis variables. Entonces me preguntó lo mismo sobre el capítulo dos. Contesté que en ese capítulo intentaba modelar un juego entre presidentes y gobernadores para ver cómo se generan equilibrios que explican distintos resultados de soluciones institucionales. Cada vez un poco más preocupado, me pregunta: “Teoría de los juegos mezclada con análisis cuantitativo, ¿y el tercer capítulo de qué es…?” Contesté que era un análisis histórico comparado entre presidentes y gobernadores a la luz de ese juego en Argentina y Brasil. Su última pregunta reflejó su preocupación: “¿Cuántos años pensás utilizar para terminar tu tesis?” La respuesta está en la influencia de O’Donnell en su postura ecléctica respecto a las herramientas. Ellas no son nada más que eso. En mi tesis, no tenía que desarrollar una nueva herramienta cuantitativa; no tenía que diseñar el último avance ni siquiera conocer todos los últimos avances en teoría de los juegos. O’Donnell tenía una capacidad única de combinar magistralmente todo eso en un mismo texto. Claramente mi tesis no logra eso ni por asomo, pero O’Donnell logró relajar mis nervios respecto del rol que deben cumplir las herramientas, y esto algo que en una parte de la disciplina muchas veces pierde de foco. Solemos leer trabajos que son teoría por la teoría misma o herramientas por las herramientas mismas, sin que necesariamente respondan una pregunta sustantiva, sin que necesariamente nos ayuden a comprender algún problema político o social concreto. O’Donnell nos recuerda permanentemente eso: las herramientas no determinan las preguntas ni las respuestas, son elementos que te ayudan a llegar a ellas. El último punto que me gustaría resaltar es la dimensión normativa, siempre presente en O’Donnell. Él era un “disconforme estructural” y, cuando hablábamos de política, siempre decía “Yo siempre asumo la posición más fácil, ser crítico”. Y eso es lo que él reclamaba para un intelectual, para un académico: el cuestionamiento al status quo y la disconformidad con aquello que nos rodea. Partía de una posición genuinamente normativa, valorativa, que era una preocupación legítima por la democracia, por los problemas de la democracia. Formulaba una permanente crítica democrática a la democracia. En definitiva, estos modestos puntos de un proceso único de aprendizaje junto a un gran maestro y amigo, pretenden resaltar que O’Donnell a través de sus legados nos invita continuamente a rescatar nuestros trabajos (como lo hizo con mi tesis en su momento) y la disciplina de lo trivial y lo intrascendente. Y este es uno de los legados que me gustaría rescatar de Guillermo O’Donnell. Recibido: 19/06/12. Aceptado: 11/07/12.


O’Donnell”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 117-121.

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Lucas González, “Teoría, método y compromiso. Algunas reflexiones en torno al legado de Guillermo

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El arte de nombrar: Guillermo O’Donnell y el desarrollo de la ciencia política en América latina The art of naming: Guillermo O’Donnell and the development of political science in Latin America Pablo Bulcourf* Pablo Bulcourf es Profesor e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. E-mail: pablo_bulcourf@yahoo.com.ar

resumen

summary

Este artículo analiza los aportes del destacado politólogo argentino Guillermo O’Donnell a partir de su biografía intelectual, haciendo hincapié en su capacidad para crear conceptos que den cuenta de la particularidad histórica de los procesos socio-políticos en América latina. Como así también el papel que ha ocupado este intelectual en la construcción de las principales instituciones y redes dentro de la ciencia política tanto a nivel nacional como así también regional y mundial.

This paper analyzes the contributions of prominent political scientist Guillermo O’Donnell Argentina from his intellectual biography, and emphasizing his ability to create concepts that show the historical particularity of the socio-political processes in Latin America. As well as the role he has held this intellectual construction of major institutions and networks in political science at the national as well as regional and global levels.

palabras clave

Guillermo O’Donnell / ciencia política / estado burocrático-autoritario / modernización / democracia delegativa

keywords

Guillermo O’Donnell / political science / bureaucratic-authoritarian state / modernization / delegative democracy

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 123-143

* El autor agradece la gentiliza de Gabriela Ippolito-O’Donnell en el suministro de materiales y documentos biográficos de Guillermo O’Donnell.

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Entre biografía e historia

Una biografía no puede comprenderse por fuera de su contexto histórico, pero también la historia no transcurriría sin el hacer cotidiano de las personas, sin sus decisiones, algunas más concientes que otras, más o menos intencionales; en su cotidianeidad pero también en sus aspectos excepcionales. Pensar la historia es siempre reinterpretarla, guionarla con el acento de un presente que rápidamente se transforma en pasado. Los hechos se reconstruyen como cuentas enhebradas en el hilo de la contingencia, de una especificidad que pretende universalizarse pero que queda atrapada en su propio espacio, donde en cada reloj resuena una hora diferente. Pero a pesar de la prisión en la que biografía e historia encierran a una realidad que se reconstruye sin acabarse en ningún proyecto, podemos ir descubriendo trazos compartidos, experiencias comunes, lugares visitados por grupos diversos, a veces multitudes. En este pequeño trabajo intentaremos dar cuenta de algunos de los aportes de Guillermo O’Donnell al desarrollo de las ciencias sociales tanto en la Argentina como en América latina; una biografía singular que se enlaza con la historia turbulenta de un país y una región y que se expresó en la necesidad de nombrar las particularidades de sus procesos políticos y sociales, lo que quedó atrapado en la elaboración discursiva de una disciplina particular: la ciencia política. Cuando hablamos de una “biografía intelectual” hacemos referencia a un aspecto específico de las múltiples facetas de una persona sin dejar de tener en cuenta que éstas están intrínsecamente conectadas. Por otra parte el rol de los intelectuales, muchos de ellos también científicos y académicos son producto y parte de una historia social y política en la cual han desarrollado un rol en la construcción de opciones y miradas que otros han tenido en un determinado momento y lugar. La importancia tanto de la obra como de la labor académica de Guillermo O’Donnell fue central para determinar la agenda de temas y problemas por los que atravesó la ciencia política en la Argentina y en América latina durante los últimos cuarenta años. Su visión sobre la política no solo impactó dentro de la comunidad de politólogos sino que también se proyectó hacia la propia política manteniendo a veces una mirada crítica, con ironía, pero con el entusiasmo de quien apostó a la democracia en condiciones de dignidad tanto hacia la persona humana como hacia la construcción de instituciones estables y duraderas.

Comprender el desarrollo de las ciencias sociales

Estudiar el desarrollo de una disciplina requiere comprender la relación entre una comunidad científica y la sociedad en la cual ésta se desarrolla. La ciencia no es una actividad aislada, se encuentra condicionada por aspectos culturales, políticos, económicos y sociales. Desde las ciencias naturales, hasta el campo humanístico y social, toda indagación requiere configurar un conjunto de factores que permiten o reprimen su desarrollo. Las disputas entre la religión y la actividad científica en el Renacimiento, las tensiones entre la fe revelada en las escrituras y el concepto de evolución provisto por Charles Darwin, hasta la aparición del


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psicoanálisis, nos revelan una verdadera “batalla” por el criterio de verdad en la civilización occidental y su expansión al resto del planeta. En las últimas décadas varios estudios han dado cuenta de la historia de las ciencias sociales, tanto a nivel internacional como en nuestro medio. Los aportes de la epistemología, la sociología de la ciencia, la historia de la ciencia, y la propia reflexión realizada por los cultores de cada disciplina dan cuenta de un corpus de conocimientos que nos permite analizar sus aportes y su vinculación con otros aspectos de la vida social. El enfoque que hemos adoptado en este trabajo se considera deudor de los llamados estudios “metateóricos”, los que tratan de combinar elementos provenientes de los saberes mencionados (García Selgas, 1994; Zabludovsky, 1995). La ciencia política es una actividad humana principalmente cognitiva, esto quiere decir que su principal objetivo –y no el único– es la producción de conocimientos sobre cierta porción de “realidad social” que define como “política” y que constituye su objeto de estudio (Bulcourf, 2007 y 2012). Al ser un quehacer humano es histórico y posee su “propia historia”. Al ahondar como práctica “las propias prácticas de las personas” se entrelaza en una doble hermenéutica en donde sujeto y objeto de conocimiento no pueden ser tajantemente separados; situación que comparte con las otras ciencias sociales, y en parte, con toda reflexión humana.1 La actividad científica sistemática producida desde la modernidad se encuentra anclada dentro de lo que comúnmente denominamos “comunidad científica”, la cual presenta, acorde a cada disciplina y momento histórico, diferentes grados de heterogeneidad u homogeneidad. La diversidad es un rasgo distintivo de toda actividad científica. Esto no debe ser visto como un defecto o retraso en el desenvolvimiento de la actividad cognitiva sino algo propio de su acontecer y desarrollo. Por otro lado, en disciplinas que reflexionan sobre el poder, las instituciones y los sistemas de dominación que han implementado los hombres, todo intento de hegemonía cognitiva es perjudicial para comprender la complejidad de la propia política y tiende a callar voces disidentes. En nuestro mundo la ciencia ha pasado a ser la profesión de los científicos, o sea su trabajo, su medio de subsistencia. La aparición de prácticas profesionales propias de este campo con cierto grado de reconocimiento por el resto de la sociedad es una característica de la profesionalización. Es aquí donde podemos hablar del establecimiento de un “campo intelectual” propio de una ciencia.2 Para el estudio de la relación entre la sociedad y las diferentes comunidades científicas varios expertos han señalado dos dimensiones para este análisis; lo que han denominado la “historia interna”, esto significa las características propias del grupo científico y sus quehaceres y peculiaridades; y otra “historia externa” hace referencia a los condicionantes mencionados. Entre ambas dimensiones existe un verdadero “juego dialéctico” ya que también el desarrollo científico condiciona y modifica las prácticas sociales. Por otro lado las particularidades de cada historia nacional, sus clivajes liguísticos, étnicos y regionales establecen criterios de institucionalización y profesionalización diferenciados dentro de un propio Estadonación.

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Para dar cuenta del desarrollo de un campo científico-académico proponemos abordar los siguientes aspectos: • Los actores, entendidos como las personas y grupos, portadores de su biografía, accionar y valores fundantes. Son agentes sociales en tanto productores y reproductores de sus prácticas con diferentes grados de conciencia y libertad, pero condicionados históricamente. Los actores son constructores de su subjetividad. Estos no solo actúan en el nivel del “individuo” sino que en la actividad científica se suele hablar también de “comunidades”; es decir los llamados equipos de trabajo o investigación.3 • Las instituciones, en tanto ámbitos o espacios en los que se producen y reproducen las prácticas. Las instituciones proveen de marcos de contención, limitación y recursos, como así también la presencia diacrónica de las mencionadas prácticas. La comunidad científica posee sentido e identidad en tanto existan las instituciones y su reproducción. Entre los tipos de instituciones, dependiendo de cómo se va estructurando la comunidad científica en cada país o región, éstas pueden ser de “enseñanza” o de “investigación”, o privilegiar algún rol sobre el otro. • Los productos, entendidos como los conocimientos que produce y comunica la comunidad científica. Los que se “materializan” en publicaciones, patentes, tecnologías, entre otros. En el campo de las ciencias sociales podemos decir que las publicaciones en revistas científicas, los libros especializados, las comunicaciones y ponencias en congresos y jornadas, los informes de investigación y documentos de trabajo son la expresión acaba de éstos. • Las redes, entendidas como los lazos interinstitucionales y de vinculación entre la propia comunidad científica y, a veces, con otros ámbitos de la vida social. la cantidad de éstas y su densidad son elementos centrales para analizar los grados de institucionalización de una disciplina. Un ejemplo de ello lo constituyen las asociaciones científicas, verdaderas redes de instituciones y actores. Este trabajo, si bien se articula a partir del desarrollo de la biografía intelectual de un “actor” particular, nos permite analizar claramente la interacción de los factores señalados. Por un lado el trabajo de O’Donnell permitió la constitución de numerosos equipos de trabajo que desarrollaron la ciencia política tanto en la Argentina, Brasil y los EE.UU. La producción expresada en libros, artículos, documentos de trabajo, compilaciones y capítulos de libros constituyeron uno de los aportes más importantes de la disciplina, orientando la reflexión teórica y empírica de cuarenta años de desarrollo en la región. O’Donnell se desempeñó en numerosas instituciones como investigador y como docente; lo mismo que como consultor internacional en varias ocasiones. Tuvo un rol central en la creación del CEDES en la Argentina y del CEBRAP en Brasil, posteriormente dirigió el Helen Kellog Institute en los EE.UU.. Su trabajo en la redes ha sido muy destacado principalmente en la IPSA y en la creación, desarrollo y posterior apoyo a la SAAP en la Argentina.


Intentaremos en este pequeño trabajo analizar un período fundamental de la historia de la ciencia política a partir del aporte sustantivo de uno de sus principales cultores: Guillermo O’Donnell. Como nos sucede absolutamente a todos, nuestra historia intelectual y profesional encuentra sus cimientos en sucesos y circunstancias de nuestra vida temprana. Como una sentencia psicoanalítica nuestros vínculos familiares y personales condicionaron aquellos que hemos realizado en nuestro período adulto. La biografía de Guillermo O’Donnell se acumula en los ejemplos que corroboran lo dicho. Proveniente de una familia acomodada, Guillermo O’Donnell tuve un traspié temprano en su vida al ser víctima de una de las tantas epidemias de polio; esta situación evidentemente condicionó su vida. Hijo de un destacado médico pediatra, Guillermo y sus dos hermanos menores tuvieron una excelente educación bajo la constante dedicación de su madre. En varias entrevistas que hemos podido realizarle, O’Donnell resaltó la figura de sus progenitores; con su padre mantenía un vínculo tradicional marcado por el respeto de aquellos tiempos (de hecho no lo “tuteaba”) en el cual la política se presentó de manera temprana. En una ocasión nos comentó que desde adolescente discutía con él ya que no compartían el mismo posicionamiento ideológico. Su padre era fervientemente nacionalista y Guillermo simpatizaba con ideas más liberales y republicanas. Su madre lo acompañó constantemente en sus estudios, posiblemente por la secuela de la polio. Si bien Guillermo tenía una gran pasión por el deporte, principalmente por el fútbol y su sentimiento por Racing, las posibilidades de practicarlo no eran óptimas, lo que lo orientó tempranamente por la lectura con una fuerte orientación humanista. Los textos clásicos de la filosofía y principalmente la historia fueron una constante en su vida. Durante la escuela secundaria en el Instituto Argentina Modelo, logró excelentes notas, pero su conducta era desafiante, un rasgo de personalidad que lo acompañará siempre expresándose teóricamente en sostener un pensamiento crítico sin estereotipos prefijados. Durante su vida universitaria Guillermo O’Donnell tuvo una importante participación en la política de la Universidad de Buenos Aires y principalmente dentro de su Facultad de Derecho y Ciencias Sociales donde siguió la carrera de abogacía. En esos tiempos militaba en un importante grupo cristiano de carácter “progresista” llamado Humanismo Cristiano el que se encontraba orientado por el pensamiento del destacado filósofo Jacques Maritain. En una primera etapa el grupo no contaba con el aval del episcopado argentino, principalmente de Monseñor Derisi, arzobispo de Buenos Aires quien llegó a denunciarlos al Vaticano, teniendo que interceder el propio Maritain ante la Santa Sede. Era una época de fuerte politización en la Argentina donde la mayoría de los estudiantes universitarios no simpatizaba con el peronismo gobernante, ni por izquierda, ni por derecha. Pero también es cierto que el clima intelectual permitía un debate profundo, donde se destacaron personas como Carlos Strasser, José Nun y Mariano Grondona, todos estudiantes en la misma Facultad.

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Juventud y política

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En la política estudiantil llegó a ser miembro del Consejo Directivo de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y del Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires; ocupó también la secretaría y la presidencia provisoria de la Federación Universitaria de Buenos Aires. Durante la década del sesenta ejerció la abogacía en el Banco Nación y también de forma independiente mientras se desempeñaba como docente primero en su universidad de origen y posteriormente en la Universidad Católica Argentina. Su compromiso político le permitió ocupar por algunos meses el viceministerio del interior durante el gobierno interino de José María Guido, cargo que siempre le valió una constante reflexión con tono amargo. En varias ocasiones, tanto públicamente como en entrevistas, O’Donnell manifestó su descontento con su pequeño y efímero puesto. Hacia fines de la década del sesenta, ya casado en primeras nupcias y con la mayoría de sus hijos nacidos, se radica en los EE.UU. para realizar estudios de doctorado en la prestigiosa Universidad de Yale; ahí interactúa con destacados politólogos como Alfred Stepan, Robert Dahl, Juan Linz y David Apter, estudiando intensamente las principales corrientes de la ciencia política norteamericana sin perder el estudio de los grandes autores clásicos de la filosofía política occidental. Su tema doctoral inicial consistía en un estudio crítico de las teorías de la modernización enfocado desde los procesos políticos específicos latinoamericanos. En 1972 se publica simultáneamente en la Argentina y en los EE.UU. Modernización y autoritarismo, una de las obras más importantes de la ciencia política en esos años. De ahí en más la vida de Guillermo O’Donnell se encuentra entrelazada con el desarrollo de la ciencia política tanto en nuestro ámbito como en el resto del mundo. Su capacidad de crear conceptos para dar cuenta de la especificidad de ciertos fenómenos políticos, como su trabajo constante en la construcción de instituciones vinculadas al desarrollo y promoción de la ciencia política lo convertirán en uno de los politólgos más importantes de los últimos cuarenta años. Evidentemente su personalidad y su historia particular le permitieron comprender los engranajes del poder con un tono crítico, irónico y a veces amargo. Su preocupación ética por promover la democracia en América latina lo llevó a ahondar como ningún otro por los laberintos del autoritarismo y las estructuras políticas y sociales que lo sustentaron, el análisis de los actores intervinientes y las condiciones culturales que brindaron un horizonte afín a estas formas políticas.

El arte de nombrar, o cómo ponerles nombre a las bestias

De regreso a Buenos Aires, Guillermo O’Donnell ingresó como investigador en el Centro de de Investigaciones en Políticas Públicas (CIAP) perteneciente al Instituto Di Tella, dictando clases de ciencia política en la Universidad del Salvador.4 Al poco tiempo, por desavenencias políticas y teóricas, junto a Oscar Oszlak y Eduardo Boneo dejarán el CIAP para crear del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES). Rápidamente esta institución, financiada por fundaciones internacionales, se convirtió en el principal centro de reflexión en ciencia política. La mayoría de sus integrantes cultivaba el llamado “enfoque estructural” que combinaba en forma crítica los aportes de la sociología funcionalista y weberiana, el


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marxismo y la teoría de la dependencia. El conjunto de trabajos se caracterizó por la particularidad de reflexionar sobre la realidad latinoamericana. Su producción se reflejó principalmente en los Documentos del Cedes, algunos de los cuáles tuvieron una enorme trascendencia en la ciencia política regional e integraron posteriormente diversas publicaciones periódicas como artículos y capítulos de libros. El comienzo de este período, como señalamos anteriormente, comienza con la publicación de Modernización y autoritarismo en 1972, fruto del trabajo de su estancia en los EE.UU. En esta primera obra ya se expresa tanto su crítica a las teorías dominantes en los países centrales como su “capacidad de nombrar”.5 Su concepto de “régimen burocrático-autoritario” para referirse a la particularidad de los autoritarismos de países de alto desarrollo en la región como son los casos de Argentina y Brasil demuestran su habilidad en la construcción de nuevos conceptos; lo que posteriormente se irá profundizando en los mencionados Documentos del Cedes como en la investigación de estudio de caso sobre la “Revolución Argentina” que se plasmará en su libro de 1982: El estado burocrático-autoritario. La necesidad de dar cuenta de los procesos de transición a la democracia por los que atravesaron varios Estados a partir de la llamada “tercera ola democratizadora” enfrentará a Guillermo O’Donnell junto a sus compañeros de ruta Philippe Schmitter y Laurence Whitehead en una triple encrucijada: 1) dar una respuesta teórico-empírica a una serie de rápidas transiciones; 2) incluir desde la política comparada y sus estrategias analíticas a un conjunto muy diferentes de casos y; 3) resolver la “incertidumbre” ética que se plasma en el compromiso de brindar algunos elementos que contribuyan a consolidar las instituciones democráticas.6 El proyecto del W. Wilson Center representó el aporte más importante de la ciencia política de comienzos de los años ochenta, constituyendo el trabajo colectivo más grande de la disciplina, el cual no sólo sirvió como una referencia posterior dentro de la ciencia política sino que actuó de “faro” para los propios actores involucrados en estos procesos (Lesgart, 2003). La magnitud de este programa puede apreciarse décadas después a partir de los estudios emprendidos por Juan Linz, Dirk Berg-Schlosser, Jan Teorell, Axel Hadenius y Gerardo Munck en 2007, que expresan la visión de gran parte de la IPSA en esta temática. Pero, consolidadas las democracias en América latina, Guillermo O’Donnell fue más allá de los aspectos básicos que hacen a una democracia liberal y se preguntó por el tipo y particularidad de las experiencias de la región. Un concepto estaba por nacer, una nueva “bestia” reclamaba ser nombrada. Deduciendo que existía un fuerte contraste con las ya longevas democracias occidentales, principalmente en sus componentes republicanos y liberales, surge el concepto de “democracia delegativa” en 1990 circulando originalmente como un documento de trabajo en el IUPERJ de Río de Janeiro, publicándose en portugués en octubre de 1991 en la revista Novos Estudos del CEBRAP de San Paulo. Posteriormente vinieron las versiones en inglés como working paper del Kellog Institute siguiéndole las versiones en español en los Cuadernos del CLAEH de Montevideo y del Journal of Democracy, hasta que en 1997 el trabajo fue recogido en su célebre libro Contrapuntos y en su versión en inglés de 1999.7 Durante todo este itinerario editorial el concepto

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se transformó en el centro del debate académico sirviendo de “bisagra teórica” a los estudios en América latina. Varios colegas han clasificado a estos trabajos en una “primera generación” guiada por los estudios conjuntos ya mencionados del W. Wilson Center y, otra “segunda generación” con el planteo conceptual de la particularidad de las democracias delegativas. Casi veinte años después del nacimiento del término se realizó en la ciudad argentina de Rosario un encuentro organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. En esta actividad participaron destacados especialistas como Marcelo Cavarozzi, Isidoro Cheresky, Gabriela Ippolito-O’Donnell, Osvaldo Iazzetta, María Matilde Ollier, Hugo Quiroga, Francisco Weffort y el propio Guillermo O’Donnell. Estas jornadas dieron como resultado la obra colectiva Democracia Delegativa, la que reúne algunos de estos trabajos a los cuales se le sumaron los aportes de Andrés Mejía Acosta y Alberto Olvera. En el recorrido por estos escritos podemos observar la riqueza de miradas que se han disparado a partir del planteo de O’Donnell, los cuales sintetizan el debate democrático en la región como pocos trabajos lo han logrado.8 La temática sobre el Estado “y” su vínculo con la sociedad van a ser otra de las preocupaciones constantes de Guillermo O’Donnell. Desde sus trabajos en el CEDES bajo el “enfoque estructural” centrados en documentos como Apuntes para una teoría del Estado9; Reflexiones sobre las tendencias generales de cambio en el Estado burocrático-autoritario y Estado y Alianzas en la Argentina, 1956-1976; O’Donnell irá construyendo una teoría del Estado que, bajo un esquema weberiano, irá engarzando los aportes del marxismo estructuralista vigente en esos años, la teoría de la modernización y los desarrollos regionales de la teoría de la dependencia.10 Esta concepción se irá ampliando posteriormente con el análisis ya mencionado del tipo específico de régimen democrático caracterizado por la delegación y expresado en trabajos como Estado, democratización y ciudadanía.11 Su última obra individual Democracia, agencia y estado representa una verdadera síntesis en torno a tres temas que se articulan en todo campo político: 1) el rol de los actores entendidos como agentes; 2) el tipo de régimen político y; 3) la dinámica entre el Estado “y” la sociedad. Este trabajo también hace hincapié en aspectos de índole jurídico vinculados a la concepción del sujeto político como un agente poseedor de derechos.12 Esto hace que los problemas de la vigencia de la ley pasan a ser también sustantivos y se incorporan al análisis propio de la ciencia política. Vinculado con la teoría del estado es fundamental mencionar la importancia que ha tenido el trabajo que realizara conjuntamente con Oscar Oszlak Estado y políticas estatales en América Latina: Hacia una estrategia de investigación aparecido originariamente como documento del CEDES en 1976. Este trabajo inserta en la problemática estatal la importancia del proceso de políticas públicas y del rol de los diferentes actores e intereses involucrados en el mismo. A partir de su publicación en varias revistas internacionales el artículo pasará a ser el trabajo más citado en los estudios sobre administración y políticas públicas en la región (Bulcourf y Cardozo, 2010).


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Una serie de preguntas orientan nuestra indagación sobre la obra y los aportes de Guillermo O’Donnell. ¿A qué se debe la necesidad de “inventar” conceptos? ¿Por qué razón éstos guiaron la agenda de la ciencia política en la región? ¿Por qué la gran mayoría de los politólogos reconocen en Guillermo O’Donnell a un referente indiscutido? ¿En qué perspectiva teórica podemos clasificar a sus obras? ¿Cómo ha podido articular la teoría política con la política comparada? Intentar responder a estos interrogantes constituyen un verdadero desafío para todos aquellos que indagan sobre la historia y el desarrollo de la ciencia política. Para nuestra visión la obra y la vida académica de Guillermo O’Donnell estuvieron siempre vinculadas con los principales problemas por los que ha ido atravesando la sociedad latinoamericana desde los años cincuenta hasta nuestros días. Como hemos sostenido desde el comienzo, se produce una verdadera “interacción dialéctica” entre biografía e historia. O’Donnell estuvo en el lugar indicado en el momento justo, y se animó a pensarlo, a expresarlo en palabras que posteriormente generaron una trama de discusiones dentro de la disciplina. A lo largo de sus obras es muy difícil encasillar en alguna perspectiva teórica su producción; en este sentido Guillermo O’Donnell cultivó un fuerte “pragmatismo teórico”. Discutió las teorías de la modernización y de la dependencia sin dejar de reverenciarse en los clásicos del pensamiento político.13 Indagó sobre el Estado articulando los aportes de la tradición weberiana y marxista aproximando estas teorías a la especificidad de la historia de América Latina.14 Utilizó los aportes del neoinstitucionalismo sin caer en reduccionismos tratando de dar cuenta de cambios repentinos sin vislumbrar un horizonte de certidumbres. Visualizó tempranamente la especificidad y diferencia entre las democracias consolidadas en los países centrales con las latinoamericanas. Incorporó el concepto de agencia a la comprensión de los actores políticos y los marcos legales que brindan derechos y construyen ciudadanía.15 Este “pragmatismo teórico” se articuló con la necesidad de construir una ciencia política empírica, poseedora de conceptos capaces de explicar y comprender la compleja trama de relaciones sociales. Por esta razón la “evidencia empírica” es un rasgo central de todos sus aportes, desde Modernización y autoritarismo hasta sus últimos escritos en el libro colectivo Democracia Delegativa. Para O’Donnell la teoría es “útil” si permite captar algunos de los aspectos de esta trama; pero la realidad no emana en forma neutral y linealmente sino que siempre es reinterpretada y reconstruida desde la teoría. Toda “realidad social” posee su especificidad histórica, su carácter irrepetible, pero también, si intentamos hacer un análisis comparado, nos brindará elementos para comprender situaciones similares.16 Para O’Donnell tanto la producción de una determinada comunidad científica como los fenómenos que ésta trata de estudiar se desarrollan en determinadas coordenadas de tiempo y espacio. Esto limita su “universalidad” en términos del campo de las ciencias sociales y humanas, pero brinda profundidad y comprensión. Guillermo O’Donnell produjo desde una visión latinoamericana sobre problemas principalmente de su región, pero en constante diálogo con las teorías y los procesos políticos y sociales que se desarrollaron

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en los países centrales. De ahí que su “especificidad histórica” adquiere relevancia para toda la disciplina, algo que ha sido reconocido por colegas de todas las latitudes. Esto también se expresó en su propia labor institucional tanto en la Argentina, Brasil como en los EE.UU. y Europa. Cuadro

Estructura de la conformación analítica del pensamiento de Guillermo O’Donnell

Fuente: elaboración propia

La política formó parte central de la vida de Guillermo O’Donnell desde su juventud. Su militancia estudiantil y su constante preocupación por los problemas políticos y sociales de la Argentina y la región constituyen una constante en su pensamiento. Jamás negó su vinculación con determinados acontecimientos políticos sobre los cuales siempre reflexionó en tono crítico y amargo. Nunca eludió responsabilidades ni dejó de dar cuenta de una historia política e institucional marcada por visiones antagónicas y enfrentadas. Su compromiso con la democracia lo llevó a indagar sobre las profundidades del terror desde sus primeros escritos. La calidad de las democracias consolidadas en Latinoamérica y la singularidad de sus tipos de institucionalización lo llevaron a mantener un tono crítico con advertencias constantes. Sus estudios sobre la ciudadanía y su “baja intensidad” representan un verdadero escude ético que fue ampliando a lo largo de su vida. No vaciló en mantener su tono crítico a pesar de los constantes ofrecimientos desde el propio poder político. No justificó jamás las debilidades de las democracias latinoamericanas para conseguir los favores de los políticos de turno. Este aspecto, su “compromiso ético” no es ajeno a su producción académica y debe ser insertado para comprender verdaderamente sus aportes a la ciencia política y a las propias instituciones democráticas.


En el anterior cuadro podemos apreciar como se articulan los aspectos señalados que hacen a la construcción de la concepción de Guillermo O’Donnell sobre los fenómenos políticos y la capacidad, siempre limitada, de la ciencia política para dar cuenta de ellos. Por otro lado los trabajos de Guillermo O’Donnell han intentado presentar diferentes niveles de análisis en su plano ontológico, combinando niveles micro (actores e intereses) con aspectos estructurales. Si bien en algunas obras enfatiza algunos de estos aspectos su concepción global tiende a vincularlos. Lo mismo sucede con la importancia de construir una política comparada que no sea deudora de un inductivismo o empirismo ingenuos, sino que articule la teoría política con la política comparada lo que permite construir un campo disciplinar rico y con capacidad teórico-analítica. Guillermo O’Donnell, junto a Oscar Oszlak, Marcelo Cavarozzi y Horacio Boneo, crearon el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES), donde comenzó su larga “militancia institucional”, desempeñándose como director de la organización desde 1975 hasta 1979. En esos años (desde 1975 hasta 1979) también participó como miembro del Comité Directivo del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES), institución que hasta la fecha ha venido publicando la revista de ciencias sociales Desarrollo Económico. Durante estos mismos años también trabajó como Director del Comité de Investigaciones sobre el Estado del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Estos no fueron años fáciles para los intelectuales, muchos de los cuales sufrieron cárceles, persecuciones, el exilio y hasta la muerte (Bulcourf y Dufour 2012a y 2012b). El propio O’Donnell fue exonerado del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) donde hasta habían hecho desaparecer su ficha personal. Con la participación de Guillermo O’Donnell como miembro del Comité Académico del Programa Latinoamericano del Woodrow Wilson Center for International Scholars de los EE.UU., actividad desarrollada entre 1976 y 1983, comenzará una fuerte inserción internacional. Durante este lapso se llevarán a cabo los procesos de transición democrática de la tercera ola democratizadora, los que serán estudiados en forma comparada en el proyecto Transitions from Authoritarian Rule, del que O’Donnell fuera su co-director, actividad conjunta entre el Kellogg Institute, el European University Institute y la Oxford University. Entre 1982 y 1997 O’Donnell será el director académico del Instituto para Estudios Internacionales del Helen Kellogg de la Universidad de Notre Dame y entre 1982 y 1986 miembro del Comité de Estudios de Política Exterior del Comité de Investigación de Ciencias Sociales de los EE.UU. (SSRC), uno de los reconocimientos más grandes que puede recibir un científico social en ese país, donde entre 1999 y 2000 se desempeñará como vicepresidente de la Asociación Norteamericana de Ciencia Política (APSA). En Brasil Guillermo O’Donnell fue investigador, entro 1980 y 1982 en el Instituto Universitario de Pesquisas de Rio de Janeiro (IUPERJ); y entre 1983 y 1988

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La construcción de instituciones y redes

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se desempeñó como investigador titular del Centro Brasilero de Analise e Planejamento (CEBRAP); en donde fue codirector de dos importantes proyectos: Políticas Sociales en el Cono Sur y Brasil (1990-1993) con el Instituto Kellogg y, Dilemas y Oportunidades de Consolidación Democrática en América Latina Contemporánea (1985-1987) con la Universidad Federal de Minas Gerais. Entre 1993 y 1996 se desempeñó como miembro del Consejo Académico del Centro de Políticas Internacionales y Comparativas de la Universidad de São Paulo.  O’Donnell desarrolló también una intensa labor como consultor internacional. Estos trabajos permitieron dar a la ciencia política un fuerte contexto de aplicación por fuera del campo universitario lo que a su vez fue construyendo una serie de redes sobre temas de agenda política, vinculando organismos internacionales, gobiernos y el campo intelectual. Entre 1992 y 1997 fue miembro del Comité Consultivo Internacional del Instituto de Investigaciones sobre Desarrollo Social de la Naciones Unidas (UNRISD), y entre 1995 y 1996 ocupó el mismo lugar en el Comité Consultivo Internacional de la Organización para Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR). Desde 2001 hasta 2005 fue miembro del Comité Consultivo Académico del Club de Madrid, y entre 2002 y 2004 miembro del Club Tampere por la Paz y la Democracia, de Finlandia. A partir de 2004 y hasta 2006 en México fue miembro del Comité Consultivo Internacional del Centro de Responsabilidad, Legalidad y Estado de Derecho (FIACSO). Entre 2006 y 2008 también integró tanto el Comité Consultivo del Fondo sobre la Democracia de las Naciones Unidas (UNDEF) y el Comité Consultivo Internacional del Foro Internacional para la Paz y la Civilización de la Academia Científica de la República de Corea. Su desempeño en la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA) le permitió alcanzar una serie escalonada de roles. En el año 1982 se desempeñó como Director del Comité del Programa del XII Congreso Mundial de la disciplina realizado en Río de Janeiro; entre los años 1982 y 1988 fue miembro del Comité de Investigación de Comités y Grupos de Estudio de la asociación; asumiendo su vicepresidencia de 1985 hasta 1988, año en el que fue nombrado presidente hasta 1991. Este mismo año el Congreso Mundial se desarrollará en Buenos Aires, siendo el evento de ciencia política más importante desarrollado hasta la fecha en la Argentina. Frente a la negativa de la vieja Asociación Argentina de Ciencia Política de incorporar como miembros plenos a gran parte de los expertos que se encontraban exiliados en el exterior, O’Donnell acompañó a un conjunto de colegas liderados por Oscar Oszlak en la creación de una nueva asociación: la Sociedad Argentina de Análisis Político. Dado el rol de O’Donnell a nivel mundial, la IPSA permitió la excepción de aceptar dos asociaciones por parte de la Argentina, siendo ambas las encargadas de realizar el congreso mundial en 1991. En el año 2003 Guillermo O¨Donnell fue nombrado “presidente honorario” de la asociación (De Luca, 2011). Su labor como docente universitario comenzó siendo asistente de docencia en la carrera de derecho de la Universidad de Buenos Aires desde 1958 hasta 1966,


año en el que ingresa como profesor hasta 1968 en la carrera de ciencia política de la Universidad Católica Argentina. Desde 1972 hasta 1976 se desempeñó como profesor en la Universidad del Salvador. Es durante este período que comienza su actividad como profesor visitante en el mundo anglosajón, primero en la Universidad de Michigan, en Arbor durante los años 1973 y 1974 y en la Universidad de California en Berkeley durante 1982. En estos años también desarrolló docencia en Brasil siendo profesor titular entre 1980 y 1982 en el Instituto Universitario de Pesquisas de Río de Janeiro (IUPERJ). En la Argentina, durante la mencionada dictadura, solo pudo ejercer la docencia de posgrado en la sede Buenos Aires de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) en los años 1978 y 1979. En 1982 comienza su largo período como profesor titular de la cátedra Helen Kellogg de Gobierno y Estudios Internacionales de la Universidad de Notre Dame, siendo nombrado profesor emérito en 2009; durante estos años participó de varios cursos de posgrado en universidades europeas, siendo profesor visitante en 2005 en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March en Madrid; profesor de la cátedra Simón Bolivar de la Universidad de Cambridge entre 2002 y 2003 y miembro permanente del Clare Hall College, a partir de 2003; profesor visitante en el Balliol College de la Universidad de Oxford entre 2007 y 2008 donde también fue investigador y miembro asociado del Nuffield College en 2005 y entre 2007 y 2010. Desde su regreso parcial a la Argentina se desempeñó, a partir de 2007, como profesor ad honorem en la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Nacional de San Martín donde dirigió el CIESDAL.

Biografía e historia. Hemos intentado indagar sobre algunos de los aportes de uno de los intelectuales y politólogos más destacados de los últimos cuarenta años. Su importancia no se redujo al ámbito nacional sino que se proyectó a nivel regional e internacional. La obra de Guillermo O’Donnell, como hemos sostenido, ha marcado la principal agenda de discusión en la ciencia política latinoamericana desde la publicación de Modernización y autoritarismo en 1972, pasando por El estado burocrático-autoritario de 1982 y siguiendo por el trabajo colectivo sobre transiciones a la democracia emprendido desde el W. Wilson Center. Numerosos documentos de trabajo y artículos constituyeron mojones fundamentales en el desarrollo de la ciencia política. Contrapuntos, Disonancias y Catacumbas pudieron sintetizar un conjunto de aportes durante décadas de trabajo. Varios trabajos para organismos internacionales permitieron articular los logros científico-académicos con una orientación política tendiente a fortalecer tanto la democracia como la ciudadanía en la región. Democracia, agenda y estado representa un libro de madurez que sintetiza una vida académica en la cual los aspectos analíticos se articulan con un mandato ético que se expresa en la constante lucha por mejorar las condiciones de la democracia y la ciudadanía en la región. Las discusiones expresadas en la obra colectiva Democracia Delegativa se orientan en el mismo sentido, afianzar una democracia en América latina que no abandone sus aspectos liberales y republicanos.

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Conclusiones tentativas sobre una vida apasionada

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La discontinuidad política e institucional en la región no brindó condiciones propicias para el desarrollo de las instituciones de enseñanza e investigación vinculadas a la ciencia política, de igual forma para la constitución de asociaciones nacionales y regionales. En este sentido el trabajo de Guillermo O’Donnell, desde su participación en el CIAP y la posterior creación del CEDES, ha sido fundamental. Su rol en la creación de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP) y la realización en 1991 del Congreso Mundial de Ciencia Política en la ciudad de Buenos Aires han sido hitos centrales en el tramado de redes en la Argentina. Su trabajo en Brasil, tanto en el IUPERJ como en el CEBRAP también lo tuvieron como un actor relevante en el desarrollo de la ciencia política en el país carioca. Su rol en la creación y conducción del Kellog Institute de la Universidad de Notre Dame en los EE.UU. va a permitir nuclear a uno de los grupos de comparativistas más importantes de la disciplina.17 En la IPSA ocupó varios cargos, entre ellos la vicepresidencia y la presidencia de la institución brindando un papel relevante a los politólogos latinoamericanos. Durante el Congreso Nacional de Ciencia Política realizado en Buenos Aires en 2007 la gran mayoría de sus colegas y de los estudiantes de ciencia política lo propusieron como el politólogo más destacado del país y sus libros El estado burocrático-autoritario y Contrapuntos señalados como los más importantes de la producción nacional (Archenti y Alonso, 2008).18 Su muerte acontecida a finales de 2011 repercutió no solo en la Argentina sino en toda la comunidad politológica internacional. Desde ese momento hasta la fecha se han realizado numerosos homenajes que congregaron a los más destacados especialistas de la disciplina.19 Evidentemente la obra de Guillermo O’Donnell seguirá constituyendo un punto de referencia central para la ciencia política. Sus contribuciones continuarán despertando interrogantes y generando discusiones y críticas. El tiempo nos dirá si las generaciones futuras le otorgarán el título de “clásico” a este pensador argentino que se animó a ponerles nombre a las bestias. Referencias

1. Coincidimos con Anthony Giddens al señalar: “el deseo de establecer una ciencia natural de la sociedad poseedora de la misma especie de estructura lógica y que persiga los mismos logros que las ciencias de la naturaleza probablemente subsiste, en el mundo de habla inglesa por lo menos, como el punto de vista dominante. Por supuesto, muchos de los que aceptan este criterio han abandonado, por varias razones, la creencia de que las ciencias sociales podrán igualar en el futuro cercano la precisión y el alcance explicativo de las naturales, aun de las menos avanzadas. Sin embargo, es bastante común cierto anhelo de que aparezca un Newton de las ciencias sociales, aun cuando hoy probablemente son muchos más los escépticos que quienes siguen acariciando esa esperanza. Aquellos que todavía se aferran a la esperanza de la llegada de un Newton no solamente aguardan un tren que no arribará, sino que se equivocaron totalmente de estación” (Giddens, 1987: 15). 2. El concepto de “campo intelectual” ha sido definido por Pierre Bourdieu de la siguiente forma: “para dar su objeto propio a la sociología de la creación intelectual y para establecer, al mismo tiempo, sus límites, es preciso percibir y plantear que la relación que un creador sostiene con su obra y por ello, la obra misma, se encuentran afectadas por el sistema de las relaciones sociales en las cuales se realiza la creación como acto de comunicación o, con más precisión, por la posición del creador en la estructura


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del campo intelectual, la cual, a su vez, es función, al menos en parte, de la obra pasada y de la acogida que ha tenido. Irreductible a un simple agregado de agentes aislados, a un conjunto de adiciones de elementos simplemente yuxtapuestos, el campo intelectual, a la manera de un campo magnético, constituye un sistema de líneas de fuerza: esto es, los agentes o sistemas de agentes que forman parte de él pueden describirse como fuerzas que, al surgir, se oponen y se agregan, confiriéndole su estructura específica en un momento dado del tiempo. Por otra parte, cada uno de ellos está determinado por su pertenencia a este campo: en efecto, debe a la posición particular que ocupa en él, propiedades de posición irreductibles a las propiedades en el campo cultural, como sistema de relaciones entre los temas y los problemas y por ello, un tipo determinado de inconsciente cultural, al mismo tiempo que está intrínsecamente dotado de lo que se llamará un peso funcional, porque su “masa” propia, es decir, su poder ‒o mejor dicho, su autoridad‒ en el campo, no puede definirse independientemente de su posición en él” (Bourdieu, 2003: 13-14). 3. Es muy importante, cuando se realizan estudios en profundidad establecer el capital material y el simbólico que poseen los individuos y grupos. De esta forma podemos observar cómo se vinculan estructuralmente con la sociedad en donde se desarrollan. La procedencia familiar, los lazos personales, el lugar de estudio de origen permiten establecer relaciones de poder diferentes en el campo en cuestión. Los trabajos de Pierre Bourdieu han marcado el camino de esta faceta de análisis (Bourdieu, 2008). 4. En ese momento la carrera de ciencia política de la Universidad del Salvador era la más destacada de la Argentina, principalmente a partir de la reforma curricular desarrollada por Carlos Floria en 1969 (Bulcourf y D’Alessandro, 2003 ; Bulcourf y Jolías, 2006). 5. En este libro Guillermo O’Donnell realiza un detallado análisis de las diferentes concepciones que se han ido desarrollando en la ciencia política, que vinculan la relación entre el tipo de régimen político y el desarrollo económico planteando su crítica a la ecuación optimista, fuertemente arraigada en la tradición anglosajona, que establecía que a mayor desarrollo socio-económico existía una mayor posibilidad de encontrar una democracia política. Con un detallado estudio empírico de la realidad política, social y económica latinoamericana rechaza esta hipótesis planteando lo que ha llamado la “hipótesis pesimista”, estableciendo una correlación más adecuada entre desarrollo económico y “pluralización política” (participación) que no necesariamente significa una democracia política. Es más, en casos como el argentino o el brasilero esto dio lugar a la instauración de regímenes populistas o burocrático-autoritarios. Esta nueva concepción combinaba los aportes de Juan Linz (el elemento autoritario) y de David Apter (el elemento burocrático) (Bulcourf y Reina, 2006 y 2009). 6. Como afirman O’Donnell y Schmitter en Transiciones desde un gobierno autoritario: “El primer tema general compartido es de índole normativa. Y se refiere a que la instauración y eventual consolidación de una democracia política constituye, per se, un objetivo deseable. Algunos autores han sido más sensibles que otros a las concesiones que esto puede implicar en términos de pérdida o postergación de oportunidades para una mayor justicia social e igualdad económica; pero todos han concordado en que la fijación de ciertas normas sobre una competencia política regular y formalizada merece la atención prioritaria de estudiosos y de profesionales. El segundo tema, que en cierta medida es un corolario del primero, se refiere al esfuerzo por captar la extraordinaria incertidumbre del proceso de transición, con sus numerosas sorpresas y dilemas. Pocos períodos plantean opciones y responsabilidades éticas y políticas tan gravosas” (O’Donnell y Schmitter, 2010: 23-24). 7. Guillermo O’Donnell definía tempranamente a las democracias delegativas como: “Las democracias delegativas se basan en la premisa de que la persona que gana la elección presidencial está autorizada a gobernar como él o ella creen conveniente, sólo restringida por la cruda realidad de las relaciones de poder existentes y por la limitación constitucional del término de su mandato. El presidente es considerado la encarnación de la nación y el principal definidor y guardián de sus intereses. Las medidas de gobierno no necesitan guardar ningún parecido con las promesas de campaña: ¿acaso no fue el presidente autorizado a gobernar él creía mejor? Puesto que se supone que esta figura paternal ha de tomar a su cuidado el conjunto de la nación, su base política debe ser un movimiento, la superación vibrante del faccionalismo y los conflictos asociados a los partidos. Típicamente en las DD, los candidatos presidenciales victoriosos se ven a si mismos como figuras por encima de los partidos políticos y de los intereses organizados. (…) Desde esta perspectiva, otras instituciones –los

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tribunales y las legislaturas, entre otras– son sólo estorbos que desgraciadamente acompañan a las ventajas domésticas e internacionales resultantes de ser un presidente democráticamente elegido. La accountability entre esas instituciones es vista como un mero impedimento de la plena autoridad que se ha delegado al presidente” (O’Donnell, 1997: 293-29). 8. El propio O’Donnell señala en la Introducción a esta compilación: “Desde su aparición, innumerables trabajos han invocado este concepto, convirtiéndolo en un punto de referencia ineludible para pensar las singularidades de las democracias que recomenzaron hace tres décadas en la región. (…) el concepto suscitó un amplio debate y recibió adhesiones y respuestas de diverso tenor y, aunque no faltaron intentos por acotar su vigencia a circunstancias puntuales y pasajeras (aludiéndose a un “desvío” delegativo transitorio). La historia posterior confirmó la persistencia de una concepción mayoritaria de la democracia que permea no pocas fuerzas políticas y amplios sectores de la sociedad, y que no parece limitarse a las experiencias neoliberales retratadas en los años ´90. Algunas situaciones posteriores sugieren que lo que el concepto destacaba en aquellos años representaba algo más que un simple desvío autoritario momentáneo atribuible a la severidad de una crisis, aunque éstas contribuyan a activarlo y exacerbarlo” (O’Donnell, 2011a: 12-13). 9. Ya en este estudio nuestro autor sostiene: “Entiendo por Estado el componente específicamente político de la dominación en una sociedad territorialmente delimitada. Por dominación (o poder) entiendo la capacidad, actual y potencial, de imponer regularmente la voluntad sobre otros, incluyo pero no necesariamente, contra su resistencia” (O’Donnell, 1985: 200). Afirmando luego: “Lo político en sentido propio o específico lo entiendo, entonces, como una parte analítica del fenómeno más general de la dominación: aquella que se halla respaldada por la marcada supremacía en el control de los medios de coerción física en un territorio excluyentemente” (O’Donnell, 1985: 200). 10. La influencia de las teorías neomarxistas son claras, O’Donnell afirma: “El Estado que nos interesa aquí es el Estado Capitalista. La modalidad de apropiación del valor creado por el trabajo constituye a las clases fundamentales del capitalismo, a través de, y mediante, la relación social establecida por dicha creación y apropiación. Los mecanismos y consecuencias más ostensibles de esa relación son económicos. La principal –pero no la única– relación de dominación en una sociedad capitalista es la relación de producción entre capitalista y trabajador asalariado, mediante la que se genera y apropia el valor del trabajo. Este es el corazón de la sociedad civil, su gran principio de contradictorio ordenamiento” (O’Donnell, 1985: 202). 11. En este trabajo O’Donnell señala: “El Estado es (...) un conjunto de relaciones sociales que establece cierto orden en un territorio determinado, y finalmente lo respalda con una garantía coercitiva centralizada (...) Muchas de estas relaciones están amparadas, contenidas o mejor dicho formalizadas, mediante un sistema legal provisto y respaldado por el Estado. El sistema legal es una dimensión constitutiva del Estado y del orden que este establece y garantiza en el territorio dado. No se trata de un orden igualitario, socialmente imparcial (...) Pero es un orden, en el sentido en que compromete múltiples relaciones sociales en base a normas y expectativas estables. (...) La eficacia de la ley  sobre un territorio determinado se compone de innumerables conductas hechas de hábito, que por lo general, conscientemente o no, son compatibles con la prescripción de la ley. Esa eficacia se basa en una expectativa muy extendida, (...) de que de ser necesario, la autoridad central investida con los poderes pertinentes hará cumplir esa ley. (...) Vemos que la ley es un elemento constitutivo del Estado: es la parte del Estado que proporciona la urdimbre regular y subyacente del orden social que existe en un territorio determinado” (O’Donnell, 1993: 4).  12. Guillermo O’Donnell incorpora este concepto de “agencia” sosteniendo: “Agencia implica la presunción de capacidad de tomar decisiones consideradas suficientemente razonables como para tener importantes consecuencias, tanto en términos de la agregación de los votos como del ejercicio de cargos gubernamentales y/o estatales. Los individuos pueden no ejercer tales derechos y libertades, pero el sistema legal de un régimen democrático construye a todos como igualmente capaces de ejercitar tanto estos derechos y libertades como sus obligaciones correspondientes. La atribución legalmente respaldada y universalista de la agencia efectuada por la democracia política es un hecho absolutamente crucial, en sí mismo y por sus múltiples repercusiones, sobre las que volveré a lo largo de este libro” (O’Donnell, 2010: 40).


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13. Para una clasificación de los diferentes paradigmas, enfoques, perspectivas y tradiciones teóricas existentes en la ciencia política hemos tenido como referencia los trabajos de Robert Alford y Roger Friedland y de Gabriel Almond (Alford y Friedland, 1991 y Almond, 1999). 14. Es muy interesante analizar este “pragmatismo teórico” en obras como Modernización y autoritarismo en donde, en su último capítulo “El juego imposible” O’Donnell incorpora las teorías más “económicas” vinculadas a la elección racional, lo que demuestra que concepciones muy dispares teóricamente pueden permitirnos comprender aspectos diferentes de fenómenos complejos. 15. Al respecto O’Donnell señala: “la condición de ciudadanía política es compleja. Es adscriptiva, por cuanto (salvo el caso de naturalización) corresponde a los individuos por el mero hecho de haber nacido en un territorio (ius solis) o de una descendencia (ius sanguinis). Es potencialmente empoderadora, por cuanto los individuos pueden querer usar esos derechos y libertades a fin de llevar a cabo una variedad de acciones. Es limitadamente universalista, en el sentido de que dentro de la jurisdicción del estado se asigna en iguales términos a todos los adultos/as que cumplen con el criterio de nacionalidad. Es también una condición formal, pues es establecida por normas legales que en su contenido, promulgación y aplicación satisfacen criterios estipulados, a su vez, por otros normas legales. Por último, la ciudadanía política es pública. Con esto quiero decir, primero, que es resultado de leyes que deben cumplir exigencias cuidadosamente explicitadas en cuanto a su publicidad y, segundo, que los derechos, libertades y obligaciones que se asignan a cada ego implican (y demandan legalmente) un sistema de reconocimientos mutuos entre todos los individuos, independientemente de su posición social, como portadores de esos derechos, libertades y obligaciones” (O’Donnell, 2010: 43). 16. Esta articulación queda planteada en la forma con la que O’Donnell expresaba la necesidad de estudiar el fenómeno democrático, sosteniendo: “A. Una teoría adecuada de la democracia debe especificar las condiciones históricas de surgimiento de los distintos tipos de casos, o, lo que es lo mismo, debe incluir una sociología política históricamente orientada. B. Ninguna teoría referida a un objeto social debe omitir el examen de los usos lingüísticos de dicho objeto. Desde tiempos inmemoriales se le han atribuido al término “democracia” fuertes y diferentes connotaciones morales, fundadas en una visión de los ciudadanos como agentes. Esto determina que la teoría democrática, incluso la de orientación empírica, debe abordar complicadas pero ineludibles cuestiones de filosofía política y de teoría moral. C. Una teoría de la democracia (de la democracia a secas) debe incluir también, y en un lugar muy central, diversos aspectos de teoría del derecho, en la medida que el sistema legal promulga y sustenta fundamentales características de la democracia y, como veremos más adelante, de la ciudadanía como agencia. D. Esto entraña que la democracia no solo debe ser analizada en el plano del régimen, sino también en el plano del estado sbre todo del estado como sistema legal; y de ciertos aspectos del contexto social general” (O’Donnell, 2007: 21-22). 17. La importancia internacional de Guillermo O’Donnell también se vio reflejada en una gran cantidad de honores como los doctorados honoris causa en las siguientes instituciones: Universidad de Chile (2009), Universidad Católica de Córdoba (2009), Universidad Nacional de Córdoba (2009), Pontificia Universidad Católica del Perú (2009), Universidad Libre de Berlín (2005), Universidad Nacional de Rosario (1999); fue nombrado “profesor distinguido” de la Universidad Nacional de Mar del Plata (1997) y de la Universidad de Buenos Aires (1996). Recibió los siguientes premios: premio “Lifetime Achivements in Political Science” de la Asociación Internacional de Ciencia Política (2006), premio Kalan Silvert otorgador por la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) (2003), premio “Luebert” al mejor trabajo en política comparada otorgado por la Asociación Americana de Ciencia Política (2002), premio “Konex” a los estudios políticos (1997). Fue declarado “Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires” por la Legislatura (2008). Miembro titular permanente de la Academia Americana de Artes y Ciencias (1995); miembro y medalla de “Orden por Mérito Cultural” otorgada por el Gobierno de Brasil (2002) y “Presidente Honorario” de la Asociación Argentina de Análisis Político (SAAP) (2003). 18. Las autoras sostienen: “Lo que no presenta margen de dudas es quien es visto como el politólogo más destacado de la disciplina en nuestro país: el 66 por ciento de los encuestados nombró en forma espontánea a Guillermo O’Donnell, quien acaparó 142 menciones. Su nombre aparece seguido por una multiplicidad de otros nombres (33) que acumulan en promedio menos de 9 menciones cada uno.

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El prestigio de O’Donnell se ve reconfirmado al momento de señalar los textos más importantes de la Ciencia Política entre los que se destacan seis de su autoría, dos de los cuales ocupan los primeros lugares: El Estado burocrático autoritario (11,9 por ciento de los encuestados) y Contrapuntos (10,7 por ciento de los encuestados). El alto consenso en torno a la figura de un solo autor y la gran dispersión de menciones entre el resto de los nombrados como politólogos más destacados pone de manifiesto, por un lado, el amplio reconocimiento que tiene la figura de O’Donnell, dentro de este sector de la comunidad politológica argentina y, por otro lado, la ausencia de otras figuras capaces de convocar un consenso respecto al prestigio de su obra. Es decir, junto al liderazgo de Guillermo O’Donnell, la ciencia política argentina parecería funcionar como una comunidad de pares donde cada uno/a es reconocido/a por algún otro/a en su trabajo científico pero sin destacarse ninguno/a en especial” (Archenti y Alonso, 2008: 466). 19. En Buenos Aires se llevaron a cabo una serie de homenajes organizados por la Universidad de Notre Dame, la Sociedad Argentina de Análisis Político, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de San Andrés, la Universidad de San Martín y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Posteriormente se organizaron diferentes homenajes en la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad Nacional del Litoral, La Universidad Nacional de Entre Ríos y la Universidad Católica de Córdoba. En el ámbito internacional se organizaron homenajes durante el Congreso de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política, en Quito; durante el Congreso Mundial de IPSA en Madrid; durante el Congreso Brasilero de Ciencia Política organizado por ABCP en Gramado; Durante en Congreso Chileno de Ciencia Política organizado por ACCP en Santiago de Chile; durante el Congreso Uruguayo de Ciencia Política organizado por la AUCiP en Montevideo y durante el Congreso Internacional del CLAD en Cartagena de Indias.

Bibliografía

Hemos decidido clasificar la bibliografía separando las obras generales de aquellas pertenecientes a Guillermo O’Donnell. 1.Bibliografía general R. ALFORD y R. FRIEDLAND (1991), Los poderes de la teoría, Buenos Aires, Manantial. G. ALMOND (1999), “Mesas separadas: escuelas y corrientes en las ciencias políticas”, en G. ALMOND, Una disciplina segmentada. Escuelas y corrientes en las ciencias políticas, México, Fondo de Cultura Económica. N. ARCHENTI, y M. ALONSO (2008), “VIII Congreso Nacional de Ciencia Política. Un espacio con nuevas Voces”, en Revista SAAP, Vol. 3, N° 2, junio, Buenos Aires. D. BERG-SCHLOSSER (2007), “Concepts, Measurements and Sub-Types in Democratization Research”, en D. BERG-SCHLOSSE (ed.), Democratization. The state of the art. Te World of Political Science: The Development of the Discipline, Opladen, Barbara Budrich Publishers (Book Series. Edited by M. STEIN y J. TRENT). P. BOURDIEU (2003), Campo de poder, campo intelectual, Buenos Aires, Quadrata. P. BULCOURF (2007), “Las nieves del tiempo platearon mi sien: reflexiones sobre la historia de la ciencia política en la Argentina”, en Sociedad Global, Vol. 1, N° 1, diciembre, Buenos Aires. P. BULCOURF (2012), “El desarrollo de la ciencia política en la Argentina”, en Revista de Ciencia Política, Vol. 50, N° 1, Santiago de Chile. P. BULCOURF y M. D’ALESSANDRO (2003), “La ciencia política en la Argentina”, en J. PINTO (comp.), Introducción a la ciencia política, Buenos Aires, Eudeba. P. BULCOURF y J. C. VAZQUEZ (2004), “La ciencia política como profesión”, en revista PostData, N° 10, diciembre, Buenos Aires. P. BULCOURF y L. JOLIAS (2006), “La Historia de la Ciencia Política en la USAL”, en E. SUAREZ (comp.), La Ciencia Política en la Argentina, Buenos Aires, Universidad del Salvador. P. BULCOURF y A. REINA (2006), “El concepto de estado en la obra de Guillermo O’Donnell”.


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2.- Bibliografía específica de Guillermo O’Donnell utilizada G. O’DONNELL (1972), “Modernizacion y Golpes Militares. Teoría, comparación y el caso argentino”, en revista Desarrollo Económico. Vol. XII, N° 47. G. O’DONNELL(1972), Modernización y Autoritarismo, Buenos Aires, Paidós. G. O’DONNELL (1977), “Estado y Alianzas en la Argentina, 1956-1976”, en revista Desarrollo Económico, Vol. XVI, N° 64. G. O’DONNELL (1985), “Apuntes para una teoría del Estado”, en O. OSZLAK (comp.), Teoría de la burocracia estatal, Buenos Aires, Paidós. G. O’DONNELL (1993), “Estado, democratización y ciudadanía”, en Revista Nueva Sociedad, N° 128, Caracas. G. O’DONNELL(1996), El Estado Burocrático Autoritario, Buenos Aires, Editorial De Belgrano. G. O’DONNELL (1997), Contrapuntos, Buenos Aires, Paidós. G. O’DONNELL (2004), “Ciencias Sociales en America Latina. Mirando hacia el pasado y atisbando hacia el futuro”, en revista El Debate Político, N° 1, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica. G. O’DONNELL (2007), Disonancias. Críticas democráticas a la democracia, Buenos Aires, Prometeo. G. O’DONNELL (2008), Catacumbas, Buenos Aires, Prometeo. G. O’DONNELL (2010a), “La democracia y las fronteras dinámicas de la política”, en GARCIA LINERA, E. LACLAU y G. O’DONNELL, Tres pensamientos políticos, Buenos Aires, UBA Sociales-Publicaciones. G. O’DONNELL (2010b), Democracia, agencia y estado. Teoría con intensión comparativa, Buenos Aires, Prometeo. G. O’DONNELL (2011a), “Introducción”, en G. O’DONNELL, O. IAZZETTA y H. QUIROGA (coords.), Democracia delegativa, Buenos Aires, Prometeo. G. O’DONNELL (2011b), “La retrospectiva de Schmitter: algunas notas de desacuerdo”, en revista PostData, Vol 16, N° 1, abril, Buenos Aires. G. O’DONNELL y P. SCHMITTER (2010), Transiciones desde un gobierno autoritario. Conclusiones tentativas sobre democracias inciertas, Buenos Aires, Prometeo. G. O’DONNELL, O. IAZZETTA y H. QUIROGA (coords.) (2011), Democracia delegativa, Buenos Aires, Prometeo. O. OSZLAK y G. O’DONNELL (1982), “Estado y políticas estatales en América Latina: hacia una estrategia de investigación”, en Revista Venezolana de Desarrollo Administrativo, N° 1, Caracas. 3.- Documentos escritos por Guillermo O’Donnell en el CEDES relevantes para este trabajo G. O’DONNELL (1975), Reflexiones sobre las tendencias generales de cambio en el Estado burocrático-autoritario, Buenos Aires, CEDES, 66 p. (Documento Cedes, 1). O. OSZLAK y G. O’DONNELL (1976), Estado y políticas estatales en América Latina: Hacia una estrategia de investigación, Buenos Aires, Cedes, 44 p. (Documento Cedes, 4). G. O’DONNELL (1976), Estado y Alianzas en la Argentina, 1956-1976, Buenos Aires, Cedes, 40 p. (Documento Cedes, 5). G. O’DONNELL (1977), Apuntes para una teoría del Estado, Buenos Aires, Cedes 49 p. (Documento Cedes, 9). G. O’DONNELL (1978), Tensiones en el estado Burocrático-autoritario y la cuestión de la democracia, Buenos Aires, Cedes, 36 p. (Documento Cedes, 11). 4.- Documentación personal G. O’DONNELL (2009), Curriculum Vitae I. G. O’DONNELL (2010), Curriculum Vitae II. G. O’DONNELL (2010), Curriculum Vitae III. Colegio Argentina Modelo (1950), Boletín de Estudios de Guillermo O’Donnell, Buenos Aires.


Pablo Bulcourf, “El arte de nombrar: Guillermo O’Donnell y el desarrollo de la ciencia política en América latina”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 123-143.

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 123-143

Recibido: 25/09/2012. Aceptado: 05/10/2012.

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Modernización y autoritarismo y El Estado burocrático autoritario de O’Donnell. Una nueva lectura para comprender las claves del dilema argentino Modernization and Bureaucratic-Authoritarianism and The Bureaucratic-Authoritarianism State of O’Donnell. A new reading to understand the keys of Argentine’s dilemma

Gastón Souroujon - pp. 147-156.

communications

comunicaciones

Transiciones a la democracia: temor, incertidumbre y compromiso intelectual y político Transitions to democracy: fear, uncertainty and intellectual and political commitment

Melina Perbellini - pp. 159-166. Notas sobre Democracia, agencia y estado en el legado de Guillermo O’Donnell Notes about Democracy, agency and the state on Guillermo O’Donnell’s legacy

Mariana Berdondini - pp. 169-179. Ciencia y profecía: autoritarismo, democracia y Estado en tres textos de Guillermo O’Donnell Science and Prophecy: authoritarianism, democracy and State in three Guillermo O’Donnell’s texts

María Elena Nogueira - pp. 181-191.


Modernización y autoritarismo y El Estado burocrático autoritario de O’Donnell. Una nueva lectura para comprender las claves del dilema argentino Modernization and Bureaucratic-Authoritarianism and The BureaucraticAuthoritarianism State of O’Donnell. A new reading to understand the keys of Argentine’s dilemma Gastón Souroujon

resumen

summary

El presente escrito se propone interrogar las dos primeras obras de O’Donnell: Modernización y autoritarismo y El Estado burocrático autoritario, considerándolas como un capítulo más de la tensa relación entre capitalismo y democracia, relación que ha estructurado uno de los debates más ricos del siglo XX. Estos textos cobran una relevancia significativa para nosotros al explicitar la forma que asume esta tensión en países de modernización tardía como los de Latinoamérica, en donde el juego incorpora otras complejidades y ciertos actores externos juegan un rol trascendente. Más aún, la interpretación sobre el proceso argentino de la década del ´60, es un buen punto para comprender los fracasos posteriores que signaron a nuestro país, y la fina cuerda por donde puede pasar una solución de compromiso. Teniendo como guía estos escritos trabajaremos sobre cuatro ejes: capitalismo, Estado, menemismo, peronismo, desde los cuales seguiremos esta tensión a lo largo de la historia reciente de nuestro país.

This paper proposes to interrogate first two O’Donnell’s works, Modernization and authoritarianism and The BureaucraticAuthoritarianism State, regarding them as another chapter in the tense relation between capitalism and democracy, relation that has structured one of the richest debates of the 20th century. These texts receive a significant relevancy for us, since these explain the form that assumes this tension in countries of late modernization as those of Latin America, where the game incorporates other complexities and certain external actors play a transcendent role. Furthermore, the interpretation of the Argentine process in the ‘60s, is a good place to understand the subsequent failures that marked our country, and the thin rope where it can spend a solution of commitment. Having as guide these writings we will work on four axes from which we will follow this tension along the recent history of our country: capitalism, state, menemism, peronism.

palabras clave

keywords

O’Donnell / democracia / Estado / peronismo / capitalismo

O’Donnell / democracy / state / peronism / capitalismo

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 147-156

Gastón Souroujon es Magíster en Ciencia Política y Sociología y profesor adjunto de Teoría Política III en la Universidad Nacional de Rosario y de Teoría Política en la Universidad Nacional del Litoral, Argentina. E-mail: gsouroujon@hotmail.com

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La lectura de los primeros trabajos publicados por Guillermo O’Donnell, Modernización y autoritarismo (1972) y El Estado burocrático autoritario (1982), no sólo sigue ofreciendo uno de los análisis más detallados y ricos de la Argentina de los ´60 y principios de los ´70, de la “Revolución Argentina” y sus años precedentes, a la vez que constituyen la literatura obligatoria desde la que deben partir aquellos que pretendan comprender el Onganiato, y las experiencias similares en América latina. Sino que también, si la miramos desde otro registro, el trascurrir de estas páginas puede dejarnos vislumbrar ciertas respuestas y ciertas preguntas para otros problemas que trascienden un momento histórico específico, ciertas señales para transitar, perdernos y encontrarnos por otros laberintos que nos siguen persiguiendo en el presente. Para algunos esta cualidad estaría otorgando a estas obras el carácter de clásicos dentro de la literatura politológica de la región. Nuestra postura es menos pretenciosa, para no cargar a estos trabajos con una canonización que corre el riesgo de enmudecer sus palabras, consideramos que nos estamos enfrentando ante obras que han podido reconocer y explicitar dentro de una problemática situada en una coyuntura concreta, ciertos ejes sensibles que trascienden el período. Uno de estos focos desde los cuales mirar estas obras, es la historia disciplinar de la Ciencia Política en nuestro país. Como bien ha apuntado Lesgart (2007), la publicación de Modernización y autoritarismo de O’Donnell en 1972 junto con El régimen militar 1966-1973 de Botana y Braun en 1973, son expresiones clave de un segundo gran momento en el devenir de la disciplina en el contexto nacional. Es a partir de allí que la Ciencia Política logra emanciparse de la sociología y del derecho para hallar, en palabras de la autora, un rasgo temático distintivo que se profundizaría en las décadas subsiguientes, en las cuales aparecería la segunda gran obra de O’Donnell: El Estado burocrático autoritario. Este elemento distintivo está dado por “el interés por pensar, narrar y/o explicar una ruptura producida en el nivel político –régimen o Estado– motivado en la emergencia del golpe de Estado del llamado Onganiato” (Lesgart, 2007: 133). En este sentido la publicación de las obras de O’Donnell se convierte en un hecho fundacional de la Ciencia Política argentina, producto de su experiencia académica en el extranjero, concretamente en Estados Unidos, que habilita los umbrales para dotar a la disciplina de una corporeidad específica y para empezar a reflexionar en torno a la profesión del politólogo, temáticas que desarrollará toda su potencialidad en las décadas subsiguientes. En el presente escrito nos proponemos interrogar estas obras considerándolas como un capítulo más de la tensa relación entre capitalismo y democracia, relación que ha estructurado uno de los debates más ricos del siglo XX en los cuales, desde distintos lugares del arco ideológico, se ha intentado redefinir estos conceptos para hacer convivir las desigualdades socioeconómicas que reproduce el capitalismo, con las igualdades políticas de la democracia, establecer cuáles son los límites de una y otra. Para usar un registro heurístico caro a O’Donnell la pregunta sería cómo hacer para que dos juegos con reglas, movimientos, y objetivos tan disímiles, puedan desarrollarse a la par, cómo en una misma partida, poder jugar al póker


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y al blackjack simultáneamente. Las respuestas que se han ensayado, como hemos dicho, supusieron trastocar las distintas reglas y objetivos de cada juego, pero sobre todo repensar la tarea del “croupier”, el Estado, aquel que tiene la responsabilidad de arbitrar el juego mediante el monopolio de la violencia física, y repartir la baraja a partir de sus decisiones. En este orden la democracia mínima y el Estado de Bienestar son ejemplos de la variada gama de soluciones que se sucedieron. Los textos de O’Donnell cobran una relevancia significativa para nosotros al explicitar la forma que asume esta tensión en países de modernización tardía como los de Latinoamérica, en donde el juego incorpora otras complejidades y ciertos actores externos juegan un rol trascendente. Más específicamente, sus interpretaciones sobre el proceso argentino de la década del ´60, son un buen punto para comprender los fracasos posteriores que signaron a nuestro país, y la fina cuerda por la que puede pasar una solución de compromiso. Para una mayor claridad expositiva desarrollaremos en primer lugar las dos hipótesis principales que se desprenden de los trabajos de O’Donnell aquí visitados, para luego recuperar cuatro puntos clave que nos permitan seguir esta tensión a lo largo de la historia reciente de nuestro país. A partir de los trabajos de las ciencias sociales norteamericanas, reinaba un consenso entre los intelectuales latinoamericanos: existía una correlación entre desarrollo económico y democracia. A partir de la experiencia del camino emprendido por los países centrales, se postulaba una ley general, un mayor desarrollo económico habilitaría por sí mismo el progreso en sentido democrático. O’Donnell en Modernización y autoritarismo, tras una crítica a esta postura, trabaja una hipótesis contraria para Sudamérica, en donde se apreciaría que los países con más alto nivel de modernización (Brasil y Argentina) se estructuran sobre regímenes no democráticos, más precisamente burocráticos autoritarios. En estos escenarios luego de haber llegado a un cierto nivel de expansión los grupos más concentrados de la burguesía vieron necesario excluir de la arena política a los sectores populares cuyas demandas políticas eran vistas como excesivas. En este sentido existe un punto crítico de modernización tras el cual se torna incompatible con la democracia. La segunda hipótesis que nos interesa rescatar, es trabajada por O’Donnell en los dos libros que nos atañen, y quizás está regida por un espíritu más pesimista aún que la anterior. La alternancia entre pretorianismo de masas y autoritarismos burocráticos parece ser el destino que signa a los países con mayor modernización de Sudamérica. La democracia tiende a devenir en populismo al inaugurar un tiempo de activación política de distintos actores que entran al juego político para maximizar sus beneficios lo que genera un aumento de la conflictividad y deja entrever la incapacidad del Estado para imponer orden y garantizar el desarrollo normal de la economía. Ante eso, el Estado burocrático autoritario se erige como la salida más promisoria para la burguesía más concentrada al garantizar la normalización económica desactivando la participación de las masas, y reconstruyendo la paz social, metas que en un contexto de crisis también seducían a los sectores medios. Problemas que a mediano plazo reaparecen con más virulencia, dado el grado de exclusión y desigualdad que supone la normalización económica, y los

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altos grados de coacción que exige mantener la paz social. Volviendo de esta manera a una democracia que esconde el huevo de la serpiente del populismo, de una nueva forma de pretorianismo de masas. La hipótesis de que en estos países la única alternativa era entre un autoritarismo capaz de imponer las reformas de mercado y una democracia distribucionista que tendía hacia la autodestrucción económica, fue ganando consenso en los años subsiguientes entre los académicos preocupados por América latina (Remmer, 1997). Más allá del carácter simplificado, como luego veremos, podemos extender esta lógica en el caso argentino hasta el fin del mandato de Alfonsín en 1989. En esta línea, nuestro país no pudo salir del estrecho de Messina y se ha echado sucesivamente a las manos de Escila y de Caribdis, para huir de la anterior. El problema fundamental es la ausencia de un Ulises con la legitimad suficiente para imponer su autoridad sin cuestionamientos, y así los sacrificios en pos del bien común. La pérdida de seis marineros fue el costo de la llave, según nos cuenta Homero, que tuvo que pagar Ulises para escapar de ese dilema. Si las expectativas se generan en función de las experiencias pasadas ningún actor accederá a sacrificar sus intereses inmediatos por un futuro cuyas garantías nadie es capaz de firmar. La lectura anterior nos revela un primer eje problemático que aún sigue asolando a los países de la región, la gran dificultad que éstos poseen para plasmar un capitalismo inclusivo y estable en el tiempo, dificultad que también es extensible a los países más desarrollados del hemisferio norte, como lo demuestran las experiencias recientes. Como hemos insinuado, esta posibilidad sólo podría salir a la luz tras una negociación entre democracia y capitalismo que permita compatibilizar ambas lógicas. Dentro del juego capitalista las desigualdades socioeconómicas son una consecuencia del funcionamiento eficaz del mercado, y un requisito para su reproducción. De acuerdo al planteo del liberalismo igualitarista (Rawls, 1996) una igualdad total en términos económicos se constituiría en una traba para el desarrollo del mercado al desmotivar los incentivos de los actores. La universalización de la igualdad política que supuso la instauración del sufragio universal, es un juego que introduce en la esfera política una pluralidad de voces y de demandas que presiona por poner el punto de partida igualitario del capitalismo, la mera igualdad jurídica, en un horizonte más lejano, exigiendo igualdad no sólo en ciertas condiciones, sino también en ciertos resultados. En Argentina, como lo expone O’Donnell, la “normalización económica” que cíclicamente retorna con la promesa de resolver las crisis del capitalismo, se sustancializa bajo los cánones del liberalismo económico, abriendo los mercados a la competencia exterior, ajustando los gastos públicos, y multiplicando los beneficios de los sectores más acomodados de la burguesía y excluyendo de éstos a los sectores medios y a los trabajadores. Esta exclusión económica solo es posible con una recíproca exclusión política. En tanto la democracia regida por una lógica cuantitativa, por la necesidad de mantener el apoyo del mayor número se entrega a las demandas de los grupos más organizados afectando la performance económica a mediano plazo.


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En todo este ciclo se pone en funcionamiento un círculo vicioso motorizado por una racionalidad de “botín” que impulsa a los distintos actores a obtener los mayores beneficios a corto plazo, empujando a resultados negativos en el tiempo. Esta es la lógica que se halla tanto detrás de las presiones inflacionarias con las que suelen culminar las democracias, como de las explosiones populares que desgastan las reformas de mercado. Los actores se comportan como si fuera un juego de un solo tiro, cerrando la posibilidad de una segunda jugada. Así en su afán por comer un alfil (por presionar por un aumento real del salario, o por concentrar más la economía), descuidan al rey, reproduciéndose un comportamiento autodestructivo. Siendo un caso de dilema del prisionero, en el cual la no cooperación lleva a resultados menos óptimos para los distintos participantes y para el sistema en su conjunto. Obviamente este comportamiento no obedece a una patología perversa que afecta a los habitantes de estas partes del mundo. El capitalismo como bien intuyó Weber (1996), requiere para su funcionamiento predecibilidad, es por eso que siguiendo al autor, es uno de los impulsos más fuertes para el proceso de racionalización que signó a occidente, materializado en el derecho positivo. El capitalismo en este orden es contrario a lo extraordinario, a la excepcionalidad que presenta la dominación carismática, que se ve empujada a rutinizarse para no entorpecer la lógica económica. La predecibilidad supone dos garantías para los actores: la seguridad de que las reglas del juego seguirán vigentes en el tiempo, y a su vez la seguridad de que los otros actores ajustarán sus comportamientos a estas reglas. A su vez esta última garantía esta atada a que los actores perciban estas reglas como justas y adecuadas a sus expectativas. El depositario final de estas garantías es el Estado, él es el encargado de mantener y hacer respetar las reglas del juego y el que se encuentra en una posición más ventajosa para reclamar la equidad de éstas. Los resultados irracionales que se desprenden del comportamiento racional de los actores en los países de esta región son consecuencia de la incapacidad del aparato estatal para despertar confianza. El lema non aes sed fides, que esta inscrito en la moneda de Malta, es el verdadero secreto que signa el ciclo económico, éste no depende del bronce, del dinero, sino de la confianza.1 Lo que nos introduce al segundo eje que consideramos menester discutir: el Estado. En su obra El Estado burocrático autoritario, O’Donnell señala que éste es un Estado capitalista y que como tal es garante y organizador de la reproducción de las relaciones sociales capitalistas, y no de la clase burguesa o de una fracción de la misma. De lo que se desprende que en ciertas ocasiones pueda tomar decisiones contrarias a los intereses inmediatos de las clases dominantes para asegurar a largo plazo la lógica del capitalismo y su posición en el tablero político, por lo que el problema de la primacía de una racionalidad microeconómica que lleva a un callejón sin salida al capitalismo y genera fricciones en la vida política, se supera con una instancia que posee la facultad de ver las jugadas futuras y reconoce el objetivo principal a largo plazo (O’Donnell, 2009: 16).2 Un Estado con autonomía suficiente podría erigirse como vehículo de un capitalismo inclusivo y estable en el tiempo, en tanto se encuentra con más herramientas

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para aparecer ante los actores como aquel que puede garantizar los dos registros de la predecibilidad que hemos comentado, y fundamentalmente presentar sus decisiones como equitativas, independientes de intereses particulares. Durante las décadas que nos ocupan aquí, en Argentina el Estado no pudo funcionar de manera satisfactoria bajo este mecanismo, fue siempre un Estado colonizado cuyos movimientos estuvieron atados a los intereses inmediatos de las distintas clases y grupos de poder. En el caso de los regímenes burocráticos autoritarios, podemos extender las conclusiones que O’Donnell plantea para la Revolución Nacional al Proceso de Reorganización Nacional. El Estado fue excesivamente transparente en los intereses de clases que asumía, exhibiendo diáfanamente la conjunción de sus capas burocráticas civiles y militares con las clases dominantes especialmente la gran burguesía (O’Donnell, 2009: 266), impidiendo que la misma tecnocracia que se introdujo en estas coyunturas pueda aplicar una racionalidad a largo plazo y organizar así a los distintos actores. Más allá del consenso inicial con que contaron estos procesos, rápidamente al Estado quedo impregnado de la racionalidad a corto plazo de los sectores que tomaron el poder, a la vez que su carácter no democrático fue una tentación para acudir más a la coacción que al consenso para imponer sus decisiones. Esto último es un elemento clave, en ambos casos no se logró articular exitosamente la política económica con una construcción simbólica e imaginaria que le otorgue legitimidad, una construcción que confiera la creencia de que era un Estado para la Nación (O’Donnell, 1993) y no para un sector. En este sentido como indica O’Donnell la crisis previa a la asunción del poder marca las fronteras y las posibilidades, la crisis de 1966 fue mucho más acotada tanto en términos políticos como económicos que la que se desataría una década después, por lo que la posibilidad de aplicar decisiones contrarias a gran parte de la sociedad fue mucho más limitada. Tampoco las experiencias democráticas, procedimiento que a priori le otorgaría al Estado mayores posibilidades para inscribir como legítimas sus decisiones, lograron concretar en nuestro país una mayor autonomía del Estado en relación con intereses sectoriales. El Estado siguió sitiado por las presiones de distintos sectores que lo guiaron por caminos erráticos, limitando las capacidades estatales. Ni siquiera el gobierno de Alfonsín, que tuvo un relativo éxito en la reconstrucción del Estado de derecho, se vio liberado de este escenario. Como afirma Sidicaro (2009) este gobierno heredó las alianzas con los grupos económicos consolidados en la dictadura con quienes se vio obligado a pactar la estabilidad de la moneda. Paralelamente el sector obrero recuperó su protagonismo luego del ostracismo de los tiempos del proceso, demandando mejoras sectoriales y cuestionando el tibio e incierto rumbo que Alfonsín proponía. Durante este período las ataduras más o menos rígidas que signaron al Estado impidieron que éste pueda generar la confianza necesaria para el rumbo económico. En el caso de los autoritarismos se transformó en juez y parte, a la vez que no logró constituirse ni en juez ni en parte en las democracias.


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Durante las dos décadas que sucedieron el primer trabajo de O’Donnell, la premisa en torno a la incompatibilidad entre democracia y reformas de mercado se convirtió en un lugar común entre los intelectuales de la región, un capitalismo excluyente no era viable dentro de la lógica democrática. Aserción que sorpresivamente deja de tener asidero con la asunción de Menem a la presidencia en 1989. Tras una campaña electoral plagada de lemas que prometían volver a un intensificado pretorianismo de masas, “Salariazo”, “Revolución productiva”, sin embargo para sorpresa de propios y extraños la nueva administración justicialista lanza un programa de ajuste y reforma económica más radical aún que la “normalización económica” ensayada por los anteriores autoritarismos burocráticos. Más desconcertante aún fue el relativo consenso que este gobierno ostentó por casi una década, ganando las distintas elecciones nacionales (legislativas: 1991, 1993, 1995; ejecutivas: 1995 y constituyentes: 1994), y manteniendo bajos niveles de conflictividad social. Recién en 1997 empiezan a vislumbrarse los descontentos de este plan de reforma con un aumento de las tensiones sociales, en particular en las provincias del interior del país, y con la derrota legislativa de ese año. ¿Cuáles fueron las claves que permitieron al menemismo zanjar la incompatibilidad que los trabajos de O’Donnell explicitaron y que durante años atravesó la historia política nacional?3 La primera clave que halló un relativo consenso en el mundo académico, fue la crisis hiperinflacionaria que culminó con el gobierno de Alfonsín y acompañó al gobierno de Menem en los primeros años. Nuevamente el trabajo de O’Donnell puede servirnos de guía para comprender la relevancia de la crisis en la implementación de las transformaciones económicas. Si el nivel bajo de crisis que precedió al Onganiato en 1966 explica la temprana aparición de conflictos y tensiones, la hiperinflación fue sentida por los distintos actores sociales como una crisis profunda que amenazaba la misma reproducción social, acercándose a lo que O’Donnell llamará una crisis de dominación celular (2009: 49), aunque ésta no supuso amenazas anticapitalistas. La crisis de 1989 dotaría al gobierno de un consenso mayor, y un amplio grado de libertad a la hora de implementar sus políticas. Sin embargo, debemos estar atentos en no sobrestimar el papel de la crisis como única variable para comprender la normalización económica en democracia que logró el menemismo. No hay una relación unívoca entre gravedad de la crisis y aceptabilidad de un capitalismo excluyente, principalmente porque no es posible cuantificar los grados de una crisis como si fueran un dato objetivo independiente del contexto histórico en que se produce, y a su vez existen grandes variaciones en la forma en que la crisis es utilizada por el gobierno de turno para legitimar sus política. La nefasta experiencia de la última dictadura militar coartó la posibilidad de resolver las futuras crisis con un nuevo gobierno de facto. Sin embargo la amenaza militar aun no se había disipado en la década del `80 de la esfera política. En este orden encontramos una segunda clave para comprender el “éxito” menemista, la capacidad que tuvo su gobierno para imponer la autoridad estatal sobre los dos grupos de poder cuyo comportamiento motorizaban la alternativa pretorianismo de masas-autoritarismo burocrático, las fuerzas armadas y los sindicatos. Estos

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últimos luego del desconcierto inicial por el camino emprendido por un gobierno peronista, nunca pudieron articular una oposición unificada al mismo, fraccionándose el campo sindical en tres sectores, colaboracionistas, negociadores y confrontadores, sectores que el mismo menemismo ayudaba a dividir (Palermo y Novaro, 1996: 345), a partir de una estrategia de premios y castigos que también se reprodujo en relación con el sector militar. En ambos casos el menemismo fue capaz de imponer duros castigos ante cualquier intento de obstaculizar las reformas emprendidas o de levantamiento militar. Operando como ejemplo disuasivo para otros actores, y fundamentalmente recuperando ciertos espacios de autonomía para el desempeño del Estado como árbitro de la sociedad. Sin embargo el menemismo tampoco pudo resolver la desconfianza en la capacidad del Estado de erigirse como árbitro y ser garante de predecibilidad. La respuesta desde el gobierno fue profundizar esta desconfianza, argumentado que el Estado por naturaleza era un órgano que genera imprevisibilidad. Ante esto la única manera de recuperar la confianza en el ciclo económico era el autoatamiento que se materializó con la convertibilidad (Gerchunoff y Torre, 1996), la renuncia del Estado a intervenir en materia de política monetaria. Paradójicamente el menemismo hizo residir la credibilidad en la moneda y en las reglas del mercado a partir de la desconfianza en el Estado. Estrategia que permitió por un tiempo la convivencia de la democracia con un capitalismo estable y excluyente, pero que a mediano plazo demostró sus limitaciones. La última clave a tener en cuenta fue la capacidad que el menemismo tuvo para articular este rumbo económico con un complejo imaginario político, en el que se entrecruzaban una invocación a la tradición imaginaria del peronismo, una nueva versión coherentemente narrada de la excepcionalidad argentina y de las posibilidades de que esta política logre desarrollar toda su potencialidad, y la edificación de una relación carismática a partir de elementos novedosos, como ser la relevancia de la vida privada del líder para irradiar carisma, y viejos, la aparición del líder como el verdadero representante de los intereses del pueblo. El último eje que se desprende de la lectura de estas obras de O’Donnell y que nos sirve para pensar los caminos posteriores que marcaron la tensión entre democracia y capitalismo, es el peronismo. En un extremo el peronismo jugó un rol esencial en la gestación del problema al haber sido el actor principal que impulsó la activación política de los sectores populares que limitaban la posibilidad de articular una democracia con un capitalismo excluyente, dificultad que se agudiza con la aparición en la década del ´60 de grupos radicalizados que interpretan al peronismo como una forma de realizar un socialismo nacional. Pero en el otro extremo estos años tornaron evidente la imposibilidad de plasmar un capitalismo estable mediante la exclusión del peronismo. Este escenario llevó, como nos relata O’Donnell, a que en el epílogo de la “Revolución Nacional” distintos sectores de la burguesía encontraran la salida de la encrucijada en el regreso de Perón, quien podía contener los sectores más extremos del movimiento apoyándose en sus sectores más conservadores. Allende que la década de los `70 fue testigo de un desenlace distinto, hay un elemento que sigue teniendo vigencia, el único actor capaz de llevar a buen puerto


esta tensión era el peronismo. En un escenario completamente distinto, sin la presencia de grupos radicales en su interior, y tras una crisis de identidad producto en parte de la derrota electoral de 1983, fue en cierta medida el fuerte enraizamiento que tenía el peronismo en los sectores populares lo que facilitó la implantación de un capitalismo excluyente en la década del `90. Se demuestra así que esta forma de imbricación entre capitalismo y democracia solo puede llevarse a cabo mediante una desactivación desde dentro de las presiones distributivas que históricamente el peronismo había alentado. Por otro lado la experiencia kirchnerista puede leerse como la otra cara de la moneda, la posibilidad de conciliar democracia con un capitalismo más inclusivo también depende solo del peronismo. Estas reflexiones, que ponen entre paréntesis factores históricos y económicos para el análisis, no tienen la intención de ser afirmaciones concluyentes. Solo tratan de recuperar el legado problemático de las primeras obras de O’Donnell, para comprender como éste se ha comportado en los años recientes. Y en este orden nos encontramos ante una realidad que no podemos omitir, los períodos en que la democracia se ha podido reproducir acompañada de capitalismo, más allá de las características de este último, de forma relativamente estable, fueron períodos encabezados por gobiernos peronistas. La visualización de Perón como salida de la encrucijada de fines del ´60, posee en este sentido ciertos rasgos que trascienden la coyuntura específica de esos años. Solo un movimiento con cien caras, como lo describe O’Donnell, capaz de incluir en su interior las distintas ambigüedades y contradicciones que anidan en la sociedad puede ser el artífice de una solución al dilema, y articular las distintas racionalidades que signan a los diferentes sectores de la sociedad.

1. “[…] además, ha de existir la creencia de que el dinero que ahora se acepta, se podrá entregar, también a cambio de un mismo valor. Lo imprescindible y decisivo vuelve a ser: “non aes sed fides”, o sea, la confianza en el ciclo económico, en el sentido de que éste nos restituirá sin pérdidas la cantidad de valor entregada a cambio de un valor interno, las monedas […] Igual que la sociedad desaparecería sin la existencia de la fe recíproca de los hombres […] del mismo modo se interrumpiría el ciclo monetario si aquella no existiera” (Simmel, 1977: 189). 2. Si bien O’Donnell lejos está de ser un autor marxista, esta reflexión en torno al Estado deja entrever la influencia del teórico del marxismo Poulantzas, quien retomando a Gramsci reconoce que el Estado posee una autonomía específica que lo despega de la definición instrumental del marxismo que lo concebía como agente de los intereses económicos de la burguesía. Autonomía específica que le permite satisfacer ciertos intereses de las mismas clases dominadas para mantener la dominación “En este sentido, el Estado capitalista lleva inscrito en su estructura misma un juego que permite, en los límites del sistema, ciertas garantías de intereses económicos de ciertas clases dominadas. Esto forma parte de su función, en la medida en que esa garantía está conforme con el predominio hegemónico de las clases dominantes…” (Poulantzas, 1971: 241). 3. En la década del `90 O’Donnell procuró interpretar la experiencia menemista como un caso de democracia delegativa, que combina una ciudadanía de baja intensidad con un ejecutivo con escasas restricciones institucionales, y sin control por parte de los otros poderes, que se presenta como la encarnación del país. Producto de elementos estructurales insertos en la vida política de nuestro país, y

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Referencias

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de la crisis en la que asume, que al generar una sensación de urgencia libera las tendencias delegativas (O’Donnell, 1994).

Bibliografía C. LESGART (2007), “Pasado y presente de la Ciencia Política producida en Argentina. Apunte para un debate de su porvenir” en Temas y Debates, N° 14. G. O’DONNELL (1993), “Acerca del Estado, la democratización y algunos problemas conceptuales”, en Desarrollo Económico, Vol. 33, N° 130. G. O’DONNELL (1994), “Delegative democracy”, en Journal of Democracy, N° 1. G. O’DONNELL (2009), El Estado burocrático autoritario, Buenos Aires, Prometeo. G. O’DONNELL (2011), Modernización y autoritarismo, Buenos Aires, Prometeo. P. GERCHUNOFF y J. C. TORRE (1996), “La política de liberalización económica en la administración Menem”, en Desarrollo Económico, Vol. 36, N° 143. V. PALERMO y M. NOVARO (1996), Política y poder en el gobierno de Menem, Buenos Aires, Norma. N. POULANTZAS (1971), Poder político y clases sociales en el estado capitalista, México, Siglo XXI. J. RAWLS (1996), Sobre las libertades, Barcelona, Paidós. K. REMMER (1993), “The political economy of elections in Latin American 1980–1991”, en The American political science review, Vol. 87, N° 2. R. SIDICARO (2009), La crisis del Estado, Buenos Aires, Eudeba. M. WEBER (1996), Economía y sociedad, México, Fondo de Cultura Económica.

Recibido: 13/08/12. Aceptado: 30/08/12.

Gastón Souroujon, “Modernización y autoritarismo y El Estado burocrático autoritario de O’Donnell. Una nueva lectura para comprender las claves del dilema argentino”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 147-156.


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Transiciones a la democracia: temor, incertidumbre y compromiso intelectual y político Transitions to democracy: fear, uncertainty and intellectual and political commitment Melina Perbellini

resumen

summary

Este artículo analiza la importancia de la obra Transiciones desde un gobierno autoritario, compilada por Guillermo O’Donnell, Philippe Schmitter y Laurence Whitehead, y publicada, en su primera versión, en 1986. Este libro marcará la producción académica de la Ciencia Política en las décadas del ’80 y del ’90. Consideramos que hay dos elementos centrales en el trabajo: por un lado, la incertidumbre que rodea los procesos de transición a la democracia, y por el otro, el miedo al retroceso autoritario. Por último, nos centramos en analizar su vigencia 25 años después.

This paper analyzes the importance of the book Transitions from Authoritarian Rule, edited by Guillermo O’Donnell, Philippe Schmitter and Laurence Whitehead. This book was published in 1986. In the 80’s and the 90’s this text would influence Political Science. We consider there are two main issues in this work: the uncertainty of democracy transitions processes and the fear of an authoritarian regression. Twenty five years later we analyze its current importance.

palabras clave

transiciones a la democracia / incertidumbre / retroceso autoritario

keywords

transitions to democracy / uncertainty / authoritarian regression

temas y debates 24 / año 16 / julio-diciembre 2012 / pp. 159-166

Melina Perbellini es Lic. en Ciencia Política, Becaria CONICET, docente de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Argentina. E-mail: melinaperbellini@gmail.com

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Introducción

Transiciones desde un gobierno autoritario es un libro ‒conformado por cuatro volúmenes‒ compilado por Guillermo O’Donnell, Philippe Schmitter y Laurence Whitehead, y editado en 1986, en su primera versión en inglés, por The Johns Hopkins University Press. Este libro marcará la producción académica de la Ciencia Política en general y de la política comparada latinoamericana en particular en las décadas del ’80 y del ’90. A partir de la aparición de estos volúmenes, comenzaron a surgir una cantidad importante de estudios que se focalizaron en analizar las transiciones a la democracia en diferentes países (Mainwaring y Share, 1986; Caetano y Rilla, 1987; Fontana, 1990; Garretón, 1991; entre otros), y estudios con un tinte más teórico (Karl, 1991; Przeworski, 1991; Haggard y Kaufman, 1995; González Enriques, 1995; Linz y Stepan, 1996), que de alguna manera referenciaron ‒criticándola o tomándola para su análisis‒ la obra compilada por O’Donnell, Schmitter y Whitehead. En este artículo nos proponemos realizar una reflexión sobre la obra Transiciones…, resaltando su importancia dentro de la producción académica de la Ciencia Política y su vigencia 25 años después.

Transiciones…, una obra colectiva

Transiciones… nace a partir del trabajo colectivo de diferentes investigadores en un proyecto radicado en el Centro Woodrow Wilson y titulado “Los períodos de transición posteriores a los gobiernos autoritarios: perspectivas para la democracia en América Latina y Europa meridional”. Este proyecto fue llevado adelante por el Programa Latinoamericano de dicho Centro, creado en 1977 con el objetivo de centrar la atención en el Hemisferio Occidental, y procurando servir de puente entre latinoamericanistas y norteamericanos de diversas especialidades para facilitar las investigaciones comparadas. El proyecto contó con la participación de investigadores de diferentes países, quiénes trabajaron juntos en una serie de talleres, seminarios y congresos, focalizando su atención en los casos latinoamericanos. Estos encuentros se llevaron a cabo en Estados Unidos entre 1979 y 1981. El objetivo era ampliar la gama de estudios sobre los regímenes de transición en general y promover debates en los que se compararan casos concretos (Lowenthal, 1994: 8). Lo interesante de este libro es que fue escrito, discutido y trabajado a principios de la década del ’80 cuando todavía estaban en curso procesos autoritarios en diferentes países, o, a lo sumo, recién comenzaban a darse las primeras transiciones hacia la democracia. Pensemos que el ciclo de gobiernos democráticos se inaugura con el fin del régimen autoritario en Portugal en 1974 y se va extendiendo a otros países de Europa del sur y América latina, siendo los últimos casos los de América central y Europa oriental en la década del ’90. Colomer plantea que se pueden distinguir dos enfoques básicos en los estudios sobre los procesos de democratización. En primer lugar, el “estructuralista”, que va a estar marcado por los trabajos de Lipset, Almond y Verba, Huntington, entre otros, y que planteaban que los autoritarismos eran un problema de estructuras so-


cioeconómicas insuficientemente avanzadas. En segundo lugar, el enfoque denominado de “la elección” que atribuía un alto grado de autonomía a la política con respecto a los factores estructurales, y una inherente incertidumbre a los procesos de cambio político (Colomer, 1994: 247). Dentro de este último enfoque colocamos la obra Transiciones…, apareciendo como una renovación intelectual que comenzó a discutir los marcos teóricos existentes que hacían eje en los factores estructurales, sociales o económicos, como requisitos previos para la democracia. Este libro contempla una cantidad importante de artículos de diversos investigadores, con estilos y perspectivas diferentes, pero con ciertas premisas básicas que dan coherencia a los cuatro volúmenes: la instauración y consolidación de una democracia política como un objetivo deseable; la importancia de captar la incertidumbre del proceso de transición; y la necesidad de analizar estas situaciones con conceptos políticos singulares (O’Donnell y Schmitter, 1994: 16-17). Las motivaciones que guiaron a estos investigadores fueron estudiar un tema muy interesante pero poco explorado y brindar instrumentos útiles para todos aquellos que, como bien plantean O’Donnell y Schmitter, “quieren aventurarse por el incierto camino que lleva a la construcción de formas democráticas de organización política” (1994: 18). Hay varios temas que aparecen como centrales en esta obra. Uno lo podemos encontrar en el mismo subtítulo del último volumen del libro: “Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas” que es escrito por O’Donnell y Schmitter. La incertidumbre es el elemento principal que va a marcar a esta obra en diferentes sentidos. En primer lugar, con relación al propio momento histórico que estaban transitando. Como bien explica Schmitter, cuando escribieron este libro tenían pocos casos y prácticamente ninguna literatura sobre la cual basarse. A su vez, ninguno imaginó que los esfuerzos incipientes que observaban en Europa del sur y América latina serían seguidos por más de cincuenta transformaciones de régimen en todo el mundo (2011: 11). En segundo lugar, la incertidumbre como elemento central de los procesos de transición. O’Donnell y Schmitter van a concebir a la transición como el intervalo que se extiende entre un régimen político y otro. En este caso, desde un determinado régimen autoritario a “alguna otra cosa incierta”. Lo característico de la misma es que en su transcurso las reglas del juego político no están definidas. Esto supone un proceso marcado por un alto grado de incertidumbre (1994: 19). A su vez, estas reglas no solo se hallan en flujo permanente sino que, además, son objeto de ardua contienda donde los actores luchan por definir las reglas y procedimientos de esa transición y del régimen posterior (O’Donnell y Schmitter, 1994: 19). Y aquí encontramos el segundo elemento importante: un enfoque que focaliza su explicación del cambio de régimen en las decisiones de los actores. O sea, un enfoque procesual centrado en los actores (Munck, 1996: 663).

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Democracias “inciertas”

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En este sentido, para explicar el inicio de las transiciones, los autores van a poner énfasis en las divisiones internas del propio bloque autoritario, entre lo que han denominado “duros” y “blandos”. Los primeros son aquellos que suponen que la perpetuación de un régimen autoritario es posible y deseable, rechazando toda forma democrática. Los blandos son las facciones que comienzan a tomar conciencia de que el régimen que contribuyeron a implantar tendrá que recurrir en un futuro previsible a algún grado o forma de legitimación electoral y conceder ciertas libertades (1994: 32-33). Un tercer tema importante que aparece en esta obra es la transición hacia lo que denominan una democracia política. Y en este punto nos vamos a detener. La obra compilada por O’Donnell, Schmitter y Whitehead se titula: “Transiciones desde un gobierno autoritario”. La pregunta es: ¿por qué no se la tituló “Transiciones hacia la democracia”? La respuesta está relacionada íntimamente con la incertidumbre que rodeaba todo el proceso. Como bien planteamos anteriormente, esta obra fue discutida en diferentes seminarios y encuentros de trabajo desde el año 1979. Años de plenos procesos autoritarios en la mayoría de los países que luego fueron objeto de estudio. El año de publicación de la obra es 1986, cuando recién se estaban dando algunas transiciones hacia la democracia. Lo que iba a suceder luego de estas transiciones todavía era muy incierto. Por otro lado, el miedo hacia el retroceso autoritario estaba presente en todo momento. La incertidumbre sobre el futuro y el miedo al retroceso autoritario va a marcar fuertemente toda la obra. Dentro del proceso de transición, O’Donnell y Schmitter reconocen diferentes fases. Una de ellas es la liberalización que es el proceso de redefinir y ampliar los derechos que protegen a individuos y grupos sociales (1994: 20). La segunda es la denominada democratización, que comprende aquellos procesos en que las normas y procedimientos de la ciudadanía son aplicados a instituciones políticas antes regidas por otros principios, o ampliadas de modo de incluir a individuos e instituciones que antes no gozaban de tales derechos y obligaciones (1994: 22). Lo interesante es que estas dos fases pueden no darse simultáneamente. Los gobernantes autoritarios pueden tolerar y promover la liberalización creyendo, que al abrir ciertos espacios, pueden aliviar diversas presiones y obtener apoyos sin alterar la estructura de autoridad. O también puede suceder que una vez iniciada la democratización, si sus defensores moderados temen la expansión excesiva de este proceso, pueden auspiciar que se sigan imponiendo las antiguas restricciones a la libertad de individuos o grupos (1994: 23-24). Sin embargo, plantean los autores, una vez concedidos ciertos derechos, se vuelve más difícil justificar que se sustraigan otros. A medida que avanza la liberalización, también se intensifican las demandas de democratización. Y es aquí donde aparecen los dos elementos que sobrevuelan esta obra: la incertidumbre y el temor. “Una de las principales incertidumbres de la transición es si estas demandas serán lo bastante fuertes como para generar dicho cambio, pero no tanto (…) como para provocar una regresión autoritaria” (1994: 25).


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La última fase descripta por O’Donnell y Schmitter es la socialización, a la que denominan una “segunda transición” hacia la democracia social y económica. Pero como bien plantean, en ese momento solo se podía pensar en que el fin último y deseable de los procesos de transiciones sería hacia la democracia política. “La democracia política es, per se, una meta digna de alcanzarse, aún a expensas de renunciar a caminos alternativos que parecerían prometer beneficios más inmediatos en términos de socialización” (1994: 29). El temor por la posibilidad de un retroceso hacia el autoritarismo, O’Donnell lo retoma en su artículo “Transiciones, continuidades y algunas paradojas” publicado en 1989, en el cual deja en claro su postura. “En la historia reciente de nuestros países, las luchas contra el autoritarismo han sido duras, difíciles e inciertas. (…) A esas democracias débiles, incompletas y, en muchos sentidos, decepcionantes, hay que cuidarlas y protegerlas contra los riesgos de un regreso al autoritarismo” (1989: 19). Aquí nacía otra preocupación: “¿cómo se hace una crítica democrática a la democracia, sobre todo cuando ésta es tan incompleta y se halla amenazada por nuestros antiguos enemigos?” (O’Donnell, 1989: 19) La cuestión era aclarar obstáculos, señalar peligros y criticar acciones y omisiones que se presentaran como trabas para que estas democracias sobrevivan, se consoliden y expandan en áreas en las cuales se han logrado pocos avances. O’Donnell retoma en este artículo la idea de la doble transición. La primera es la que va del régimen autoritario hasta la instalación de un gobierno democrático, y es lo que trabaja exhaustivamente en Transiciones…. La segunda va desde ese gobierno hasta la consolidación de la democracia, o sea, hasta la vigencia efectiva de un régimen democrático. Ésta es la preocupación que lo va a desvelar de aquí en adelante, y sobre la que retornará en numerosos artículos. Un último tema que queremos subrayar, es acerca de la participación de la sociedad civil en los procesos de transición. Indican O’Donnell y Schmitter, “la dinámica de la transición desde la dominación autoritaria no depende sólo de las predisposiciones, cálculos y pactos establecidos por la élite. (…) Una vez que algo ha sucedido es probable que haya una movilización generalizada, que hemos preferido describir como ‘la resurrección de la sociedad civil’” (1994: 79). En esta instancia, comienzan a resurgir grupos hasta el momento acallados, las identidades políticas previas vuelven a brotar y otras a aparecer, y en algunas circunstancias, confluyen en el denominado “levantamiento popular”. Sin embargo, los autores plantean que la repercusión de este levantamiento en la transición es mucho más clara que en la gestación del proceso. Estos levantamientos populares siempre son efímeros, pero cumplen el papel decisivo de empujar la transición un paso más adelante que lo que de otra manera habría ocurrido. El papel de la movilización social en los procesos de transición fue uno de los temas que más debates suscitó entre los mismos autores. Esto lo podemos comprobar cuando, 25 años después, observamos que vuelve a motivar discusiones entre ellos.

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Recapitulando 25 años después

25 años después de la publicación de Transiciones…, y cuando este tema parecía cerrado y olvidado, O’Donnell y Schmitter vuelven a la carga y publican en 2010, a pedido del Journal of Democracy, dos breves artículos en los cuales desarrollan los hallazgos y las limitaciones de la teoría de las transiciones a la luz de las nuevas democracias y de las transiciones ocurridas con posterioridad. Como bien indica Schmitter (2011), 25 años antes ni él ni O’Donnell imaginaron que este libro iba a tener tanta repercusión, ni que iba a ser utilizado como caja de herramientas para analizar diferentes procesos históricos, muchos de ellos imposible de analizar desde esta perspectiva. “Muchos trataron nuestro tomo como si pretendiera contener una fórmula mágica para el éxito de la democracia o incluso lecciones sobre cómo consolidar dicho régimen” (2011: 11). Escribir este nuevo artículo, señala O’Donnell, “me trae buenos recuerdos de la excitación intelectual que sentimos mientras nos aventurábamos dentro de un terreno que era claramente importante, pero al mismo tiempo pobremente analizado. Recuerdo también nuestro sentido de compromiso moral y político, ya que buscamos maneras de ayudar a liberar al mundo de regímenes autoritarios que detestábamos con muy buenas razones” (O’Donnell, 2011: 27). Aquí vuelve a quedar claro el fuerte compromiso tanto intelectual como político que asumieron estos autores en su momento. Un período en el cual regía el temor y la incertidumbre. Lo sorprendente es cómo desafiaron estos procesos y se animaron a estudiarlos, sin amedrentarse y con el fuerte compromiso político de “liberar al mundo de regímenes autoritarios” (O’Donnell, 2011: 27). En estos pequeños artículos, los autores se vuelven a animar a repensar su teoría y criticarla. Es Schmitter quien desarrolla en 15 puntos los hallazgos y limitaciones de la teoría de las transiciones democráticas, y es O’Donnell quien expone una serie de desacuerdos con la posición de su compañero. Para Schmitter (2011: 12), uno de los problemas centrales de la teoría de la transición fue otorgarle una importancia muy limitada a la movilización de las masas desde abajo, señalando que si bien la sociedad civil podía tener un rol significativo, éste sería efímero. O’Donnell (2011: 28), critica fuertemente esta postura, ya que indica que no se le ha otorgado un rol limitado a la movilización de la sociedad civil. Por el contrario, en el texto dejaron claro que tanto el “levantamiento popular” como la “resurrección de la sociedad civil” eran imprescindibles para empujar las transiciones más allá de las meras instancias de la liberalización. Si bien tales movilizaciones tendían a desaparecer, esto no quita el importante papel que tuvieron en las transiciones. Otro punto de desacuerdo tuvo que ver con la facilidad o no de los procesos de democratización. Para Schmitter “la democratización ha demostrado ser mucho más fácil de lograr en el contexto histórico contemporáneo de lo que en un comienzo pensé que sería” (2011: 13). Sin embargo, “también ha sido menos consecuente” (2011: 14). Para O’Donnell es necesario clarificar esta postura. Si bien pudo llegar a ser más


fácil de lo esperado en los casos que estudiaban, esa relativa facilidad no fue tal para aquellos que estaban luchando en nombre de la democracia antes de que ésta se volviese realidad. Y, a su vez, la democratización pudo haber sido relativamente fácil en algunos países, pero no en otros (2011: 29). Por último, los autores tienen un desacuerdo con relación al desencanto sobre la democracia. Plantea Schmitter, “la democracia realmente existente ha sido decepcionante, tanto para sus beneficiarios previstos como para nosotros, los académicos” y “los analistas compiten para encontrar el adjetivo más despreciativo para colocar delante o detrás de la palabra ‘democracia’” (2011: 15). Para O’Donnell, esto es muy injusto ya que estos adjetivos no fueron pensados para despreciar la democracia sino para ayudar a identificar sub-tipos de democracia. Lo que se intentaba es “ofrecer críticas democráticamente constructivas a esas democracias de pobre calidad” (2011: 29).

Transiciones… se ha convertido a través de los años en un libro de consulta obligada para el estudio de las transiciones a la democracia. Ya sea para recurrir a su caja de herramientas conceptuales para analizar diferentes casos, o para criticar su enfoque por dejar de lado elementos imprescindibles para pensar estos procesos. Sea como fuera, no se puede encarar una investigación sobre las transiciones sin acercarse a este libro. Como planteamos anteriormente, esta obra marcó la producción académica de la Ciencia Política en las décadas del ’80 y del ’90, y fue utilizada mucho más allá de los límites que se plantearon los propios autores. Hoy en día nos preguntamos: ¿perdió vigencia esta teoría?, ¿estos procesos ya se han clausurado y no hay nada más que analizar? Y por último: ¿es posible un retroceso autoritario en nuestra América latina? En los últimos años se han consumado ciertos procesos destituyentes que nos marcan que debemos estar atentos ante la posibilidad de rupturas democráticas. En Honduras, en 2009, el presidente Zelaya fue secuestrado por un grupo de militares con el aval de la Corte Suprema y el Congreso, y enviado en avión a Costa Rica. En su lugar asumió el presidente del Congreso. En Paraguay, en junio de este año, la Cámara de Senadores llevó adelante un juicio político totalmente irregular al presidente Lugo que terminó con su destitución y el nombramiento del vicepresidente en su lugar. Estos hechos nos muestran que es necesario estar atentos, que nuestra América no está libre de retrocesos, que si bien con características diferentes a las de los regímenes autoritarios de las décadas del ’70 y del ‘80, y con otros actores involucrados, los procesos destituyentes existen. Como bien señalara O’Donnell “antes de que declaremos que una amplia desafección no es una amenaza para la democracia, deberíamos asegurarnos de que no estamos usando estas tranquilizadoras palabras de forma prematura” (2011: 30).

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Comentarios finales

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Bibliografía

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Melina Perbellini, “Transiciones a la democracia: temor, incertidumbre y compromiso intelectual y político”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 159-166.


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Notas sobre Democracia, agencia y estado en el legado de Guillermo O’Donnell Notes about Democracy, agency and the state on Guillermo O’Donnell’s legacy Mariana Berdondini

resumen

summary

El presente artículo analiza el legado de Guillemo O’Donnell a partir de su libro Democracia, agencia y estado en atención a los grandes ejes articuladores de su inconmensurable producción académica. Con la intención de generar nuevas miradas comparativas, la obra se constituye en un verdadero tratado de teoría política. En función de ello, se revisan las dimensiones principales de sus aportes respecto a la teoría democrática, el estado, la agencia y su historización, el Estado de derecho y las implicancias sobre la ciudadanía, su mirada sobre la democracia en América latina y las discusiones en torno a la Democracia Delegativa, con las conclusiones de lo que ha sido su preocupación y motivación: la democratización como construcción que no tiene límite. Confirma con ello su capacidad única para articular aportes y paradigmas diversos, proponer conceptos y teorizarlos, dejando su impronta intacta en la agenda de las ciencias sociales.

These work analyze Guillermo O’Donnell’s legacy on Democracy, agency and state attending to his mains ideas in the academic production. O’Donnell’s works constitutes an important political theory treated, in order to generate new comparatives perspectives. In order to these, the main contributions on democracy and the state, its historicization, the state of law and its implications on citizenry, his ideas on Latin America democracy and the discussions around Delegative Democracy, and the conclusions on his main concerning and motivation: democratization as a construction without boundaries. His legacy endures untouched on the social sciences agenda, confirming his unique capacity to articulate diverse paradigms and contributions, to propose concepts and theories about them.

palabras clave

democracia / estado / agencia / O’Donnell / legado

Guillermo

keywords

democracy / state / agency / Guillermo O’Donnell / legacy

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Mariana Berdondini es Lic. en Ciencia Política, Becaria CONICET y docente de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. E-mail: marianaberdondini@yahoo.com.ar

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Introducción

Democracia, agencia y estado es uno de los últimos libros de la vasta e incomensurable producción y legado académico de Guillermo O’Donnell. En la misma introducción lo presenta como un libro“moral y políticamente motivado” por la preocupación que despiertan las falencias de las democracias contemporáneas y las crudas realidades sociales que subyacen a ellas. Esa motivación –muy probablemente– iluminó toda su producción que es posible articularla en función de estos tres grandes ejes reunidos en esta obra. Este libro aglutina sus principales ideas y conceptos. Su riqueza, complejidad y lucidez trascienden el presente artículo que pretende más bien reflexionar –una vez más– sobre las ideas teórico-políticas de O`Donnell. Un verdadero tratado de teoría política en el que su legado toma cuerpo, recapitulando a cada paso, en una especie de “síntesis” integradora y, porqué no superadora, en la cual diversos aspectos de la democracia y el estado –en sí mismos y en sus relaciones– son abordados con el fin de dar cuenta de nuevas miradas comparativas.

Teoría Democrática: agencia y estado

El eje del argumento es que la democracia, incluso en su versión limitada –como democracia política–, presupone la concepción del ser humano como un agente que ha logrado, a través de procesos históricos que han variado a lo largo del tiempo y el espacio, el título de ser reconocido y legalmente respaldado como portador de derechos a la ciudadanía, no sólo política, sino también civil, social y cultural. Al tiempo que los portadores de esos derechos y libertades son ciudadanos/as políticos, esos mismos derechos y libertades los definen como agentes. Desde esta perspectiva, el ser humano como agente-ciudadano es el microfundamento que enraíza los aspectos empíricos y normativos de la democracia, repercutiendo fuertemente, sobre la democracia, el estado y sus interrelaciones (O’Donnell, 2010: 9-10). A ello nuestro autor ha dedicado gran parte de sus reflexiones teórico-políticas. La reapertura del debate democrático a partir de los procesos de transición democrática, el fin de la guerra fría y la profundización del proceso de globalización diversifica las perspectivas analíticas sobre la democracia a partir de enfoques que vinculan lo procedimental con forma de perfeccionamiento de la convivencia humana. Indicios de estas perspectivas son las obras de autores como Lefort (1986), Castoriadis (1986) y Habermas (1984; 1995) en los países del Norte; y Lechner (1988), Borón (1994) y Nun (2000) en los países del Sur. Este devenir y desarrollo teórico en la comunidad académica y política ha tenido como interlocutor ineludible a Guillermo O’Donnell, abordando aspectos largamente desatendidos por las teorías del estado y por la teoría democrática predominante. El legado de Guillermo O’Donnell ilumina discusiones centrales en torno a la teoría democrática en la agenda académica internacional. Por un lado, quienes entienden que el gobierno representativo es una mezcla de democracia –en la autorización– y aristocracia –en el ejercicio político– se dividen en una perspectiva democrática realista o elitista (Schumpeter, 1976; Sartori, 1987); otra democrática participativista (Pateman, 1976; Macpherson, 1977 y Barber, 1984); y otros desde


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una deliberativista (Habermas y otros). Por otro lado, desarrollos centrales sobre la representación en la teoría democrática contemporánea son aquellas que concentran en el acto eleccionario las posibilidades de autorización y rendición de cuentas (accountability) (Pitkin, 1972; Manin, 1998; przeworski y Stokes, 1999) y las perspectivas de inclusión de las minorías (Kymlicka, 1995; Mansbridge, 2003; Young, 2000). En su “crítica democrática a la democracia”, no hay alternativa mejor a la democracia. Al respecto, la democratización del régimen político es el primer requisito de un proceso más amplio de construcción y aprendizaje colectivo. Por un lado, la democracia política contemporánea es el único régimen resultante de una apuesta institucionalizada, universalista e inclusiva que ha de contener tres clases de componentes: elecciones limpias; derechos positivos y participativos de votar y eventualmente intentar ser elegido, junto con las actividades relacionadas con el ejercicio de esos derechos; y tercero, un conjunto de libertades concomitantes, necesarias para posibilitar tales elecciones y el ejercicio de sus derechos de participación (O’Donnell, 2010: 37). Para ello, las elecciones democráticas no solo han de ser limpias, sino decisivas e institucionalizadas. En este marco, la condición de la ciudadanía política –compleja– es adscriptiva, potencialmente empoderadora, limitadamente universalista y también una condición formal y pública (O’Donnell, 2010: 43).1 Por otro lado, revisa en clave personal las implicancias de vivir bajo un estado terrorista durante el período dictatorial en la Argentina, marcando un claro contraste con las características de la democracia. Mientras que la primera circunstancia no admite agencia ni ciudadanos, bajo la democracia el ejercicio de la agencia y las posibilidades de interpelaciones y redes dialógicas “están ahí”, disponibles socialmente y respaldadas legalmente, pudiendo actuar en consecuencia. Cuanto más se utilizan esos derechos y más se entrecruzan las redes dialógicas con diversas interpelaciones, más rica es la esfera pública y consiguientes deliberaciones de una democracia (O’Donnell, 2010: 191).2 Los fundamentos de la democracia en la ciudadanía y la agencia residen en que los ciudadanos/as-agentes son la fuente y última justificación de la autoridad y los poderes del estado y del gobierno. He aquí uno de los ejes de su argumentación, adelanto de las conclusiones: la democratización es un movimiento interminable, en permanente construcción, “la práctica de la democracia es un acto de auto pedagogía colectiva, una paideia” (O’Donnell, 2010: 199). Al mismo tiempo, hace su principal contribución al llamar la atención sobre la relevancia del estado en los procesos de democratización y de ampliación de ciudadanía, contemplando sus múltiples caras y dimensiones, analizando su construcción histórica y explicando minuciosamente las implicancias del déficit en las dimensiones de estatalidad y sus relaciones.

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La relevancia del estado. Complementariedad entre Estado de derecho y democracia

O’Donnell ha señalado los límites de las teorías del estado respecto a la eficacia de sus instituciones y la eficiencia de sus leyes, problematizando la penetración territorial y funcional.3 De aquí la necesidad de ampliar el concepto de democracia atendiendo al papel del estado. Para ello trabaja sus diversas dimensiones ampliamente y su relevancia en función de tres aspectos4: el primero, como entidad territorial que delimita a quienes son ciudadanos/as políticos; el segundo, como sistema legal que promulga y respalda la asignación de los derechos, libertades y obligaciones correspondientes; y, el tercero, al menos como el conjunto de burocracias estatales que actúa en básica consonancia con la efectividad de esos derechos, libertades y obligaciones.5 En este sentido, define al estado –de cuño weberiano– conceptualizando las dimensiones del monopolio legítimo del uso de la fuerza, el poder, las burocracias, el sistema legal y como foco de identidad colectiva o grado de credibilidad del estado. Sin embargo, distingue analíticamente las definiciones del Estado de derecho, algunas consecuencias de esta concepción y sus características en democracia. Éstas lo aproximan a ser un estado democrático de derecho, que sostiene una legalidad propiamente democrática por medio de la sanción y efectividad de un amplio conjunto de derechos políticos, civiles, sociales y culturales de su población. Se trata de un horizonte normativo nunca alcanzable por completo pero de utilidad como guía conceptual y empírica para detectar y evaluar cambios en su dirección (O’Donnell, 2010: 139) cuyas tensiones, modos y grados ha examinado vastamente.6 Una vez más O’Donnell reconoce una de sus principales preocupaciones: el escaso poder que en América latina tienen los gobiernos democráticamente electos, y en general los estados que contienen un régimen democrático, para gobernar efectivamente sobre cuestiones importantes y avanzar en la democratización y el bienestar de sus respectivos países (O’Donnell, 2010: 82-85). Al respecto, destaca la relevancia de los puntos de encuentro entre los ciudadanos y las burocracias estatales para la calidad de la democracia –y de la vida política en general– y define lo entendido por “gobierno” para especificar las características del estado en un país democrático, el sistema representativo. Pese a que otras mediaciones de intereses, poderes e identidades inciden sobre las decisiones u omisiones del gobierno y del estado, la principal fuente de legitimación de las políticas públicas proviene del régimen democrático, expresado mediante elecciones limpias. A partir del reconocimiento de cambios en el sentido de la democracia representativa, sus actores y la renovación de los mecanismos de articulación política existentes, es interesante volver la mirada sobre discusiones centrales en torno a la representación y legitimidad democrática más allá del momento electoral (Plotke, 1997; Urbinati, 2000; Avritzer, 2007; Warren y Urbinati, 2008; Peruzzotti, 2010; Rosanvallon, 2011 y 2009). Por un lado, la ampliación del ámbito político, la diversidad y complejidad de temas por resolver en el sistema político es acompañado por un debilitamiento del rol intermediador de los partidos políticos y una


influencia creciente de los medios de comunicación (O’Donnell, 2010, Quiroga, 2010). A partir de ello, el surgimiento de una nueva ciudadanía (Cheresky, 1999) en la política después de los partidos, libre para elegir a quién votar más allá de las lealtades de clase o partidos (Cheresky, 2006). Por otro lado, a la par de las elecciones, ganan relevancia otras vías formales e informales de legitimidad política (Strasser, 1990 y 1991). Sin embargo, el voto no da por supuesto que el mandato representativo implique cualquier decisión, un fenómeno de “movilización cognitiva” signada por mayor información, formación y predisposición a actuar impacta generando nuevas formas de acción política y novedosos actores por otros medios (Font, 2003). En este sentido, para Warren y Urbinati (2008) la idea estándar ligada a la representación electoral en base territorial está cuestionada por una tensión entre sistemas basados en la elección de representantes y decisiones que incluyen nuevos temas, lugares y actores, informales tipos de representación, más pluralizada y crecientemente dependiente de negociaciones y deliberaciones informales para generar legitimidad. Por su parte, Peruzzotti (2010) advierte que la representación democrática se expresa en diversas arenas de intermediación entre sociedad y Estado, resultado de una multiplicidad de interacciones entre diversos constituencies y las instituciones representativas mas allá de las elecciones, enfatizando la rendición de cuentas política. Mientras que Rosanvallon (2009) muestra que el poder democrático se somete a pruebas de control y validación, al mismo tiempo en competencia y complementarias de la expresión mayoritaria, asumiendo un triple desafío en la legitimidad democrática: imparcialidad, reflexividad y de proximidad. De forma minuciosa y fiel a su estilo, realiza una historización de la agencia y el proceso de llegada al estado revisando las reticencias y luchas para hacerlo posible. En primer lugar, la construcción legal y pre-política de la agencia relativa a los derechos civiles, que consagra el derecho a la personalidad jurídica, fundamento necesario y constitutivo de la democracia. Al analizar el proceso de surgimiento y evolución de la agencia hacia los derechos políticos, cuyos orígenes sitúa en las grandes religiones creacionistas, repasa la vinculación con la teoría política, desde Cicerón y los estoicos, Hobbes y los contractualistas a Marx y Weber. Al respecto, el proceso de construcción jurídica de la agencia individual no fue lineal ni pacífico y se desplegó en una relación mutuamente dinamizadora con el pleno surgimiento del capitalismo. En la medida que los estados y el capitalismo generaron mercados territorialmente delimitados, éstos incorporaron una densa trama de derechos subjetivos antes que surgiera la democracia política (O’Donnell, 2010: 60). Históricamente, la Revolución Francesa y Norteamericana implicaron un cambio en el concepto de representación consagrando al ciudadano individual como su unidad básica (O’Donnell, 2010: 68). Aquí la relevancia del liberalismo y sus principios como una de las corrientes –junto con el republicanismo y la democracia– que han convergido en las de-

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Implicancias sobre la ciudadanía

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mocracias contemporáneas, concretándose en los regímenes constitucionales en el estado liberal, antecedente del estado democrático. Al respecto, Claudia Hilb señala que en la actualidad la república democrática y liberal requiere que los elementos de las tres tradiciones sean compatibilizados unos con otros, conjugando el ideario republicano y la representación política con el fin compartido de la libertad pública y el equilibrio virtuoso del conflicto (Hilb, 2002: 97). En este punto es interesante advertir cómo determinados componentes del republicanismo y la democracia son contenidos o matizados con los elementos liberales, permitiendo ajustar mayormente los regímenes políticos a los desafíos de las sociedades actuales. También O’Donnell recuerda que se manifiesta de manera muy compleja y a veces contradictoria. Una recapitulación le permite dar cuenta de las múltiples caras del estado y advertir, con especial énfasis en la faceta de éste respecto a los sectores pobres, excluidos y/o discriminados. Se trata de graves negaciones de la agencia y los derechos de ciudadanía, significando no solo pobreza material sino también legal, denominada como ciudadanía de baja intensidad que afecta la calidad e incluso la existencia de la misma democracia. He aquí otro de los grandes aportes conceptuales que Guillermo O’Donnell construye y “lega”. Su preocupación respecto a la expansión de los derechos sociales y el reconocimiento son resumidas con una cita de Tilly (1998): “los derechos son productos históricos, resultados de la lucha y la ciudadanía surge como producto de disputas, frecuentemente violentas…Como consecuencia de sus orígenes históricos y negociación continua, la ciudadanía existente es siempre incompleta y desigual” (O’Donnell, 2010: 72). Pese a su convencimiento sobre algunos estándares básicos de democracia y ciudadanía pese al contexto social y cultural, O’Donnell no deja de señalar su escepticismo al respecto7, reconociendo a los ciudadanos como seres sociales producto de diversas trayectorias en torno a la historia, cultura e identidades (2010: 269-271). La noción de ciudadanía en disputa no puede anclarse en prácticas fijas, establecidas de antemano, ni en la clásica división de derechos postulados por Marshall.8 Nos alerta Jelin (1997) sobre el peligro y la insuficiencia de identificar exclusivamente la ciudadanía con la afirmación ahistórica de un conjunto de prácticas concretas, por cuanto no hay una única vía para convertirse en ciudadano. Es preciso comprender que la ciudadanía, como el resto de las categorías sociopolíticas, es parte de un devenir permanente de construcción y cambio. Bajo esta idea de proceso, y no solo de status o práctica concreta, la condición de ciudadanía refiere a “una práctica conflictiva vinculada al poder, que refleja las luchas acerca de quiénes podrán decir qué en el proceso de definir cuáles son los problemas sociales comunes y cómo serán abordados”.9 De este modo, como categoría analítica y como práctica subjetiva, en los últimos años el carácter fluido y cambiante de su sentido viene impulsando el pasaje de una concepción liberal-moderna, con ciertos atributos inmutables –la igualdad jurídico-política– o definida verticalmente por el Estado y otros sectores dominantes10, hacia una concepción polisémica, construida “desde abajo”.


Al analizar la democracia en América latina, realiza en primer lugar una referencia histórica y contextual en la cual caracteriza a los estados por su baja eficacia, efectividad, credibilidad y filtrado, que coexiste con elecciones razonablemente limpias y ciertos derechos y libertades políticas pero es poco propulsor de derechos civiles y sociales.11 Para ello toma datos contemporáneos respecto a las percepciones de la ciudadanía sobre las democracias y las define como “democracias extrañas y defectuosas pero que sobreviven” (O’Donnell, 2010: 215), que presentan fortalezas y debilidades. Con ello revisa su concepto de democracias delegativas pero no representativas. El debate latinoamericano en torno de la rendición de cuentas y representación democrática luego de la transición de los regímenes autoritarios, ha estado fuertemente influenciado por el concepto de democracia delegativa propuesto por Guillermo O’Donnell (1991, 1998, 2001, 2010), focalizado en el análisis de los mecanismos formales –administrativos, legales y constitucionales– de accountability horizontal y vertical. Como una tipología de ésta, producciones ligadas al accountability social (Smulovitz y Peruzzotti 2000 y 2002) dieron cuenta de un subgrupo de iniciativas y acciones ciudadanas, ONGs, movimientos sociales y/o medios o prensa independientes organizados alrededor de demandas de rendición de cuentas legal a partir de la denuncia de actos de trasgresión por parte de las autoridades públicas, desarrollando nuevos recursos que se sumaban al repertorio clásico de instrumentos electorales y legales de control de las acciones de gobierno. Por otro lado, un nuevo tipo de “controles verticales gubernamentales”, prácticas de presión y cooptación ejercidas desde el estado sobre movimientos sociales y sindicatos, especie de reedición de las tradicionales prácticas clientelares (Ippolito-O’Donnell, 2009). También Quiroga (2005 y 2010) ha conceptualizado como “decisionismo democrático” a un estilo de gobierno que invoca siempre a la emergencia para justificar estas prácticas, sustentando su acción política tanto en la ley como en las medidas de emergencia empleadas en épocas de normalidad. Al tiempo que presupone en parte una ciudadanía pasiva, no se explica sin la conexión estructural de los tres poderes del Estado: “es una combinación del gobierno de los hombres, del gobierno atenuado del Estado de derecho y de la ausencia de poder de contralor”. La decisión esquiva los controles parlamentarios y judiciales y únicamente se siente obligada frente al veredicto popular (Quiroga, 2010: 98). De allí los “parecidos de familia” de la democracia delegativa y el decisionismo democrático (Quiroga, 2011). Peruzzotti (2010) ha llamado la atención sobre otro aspecto de las democracias de la región, respecto a la dimensión vertical no electoral de la rendición de cuentas política aludiendo a la debilidad de las mediaciones entre sociedad y Estado. Refiere en este sentido a la representación democrática como política mediada, expresada en una multiplicidad de formas asociativas a partir de las cuales se crean y reproducen diversas constituencies y en la construcción de arenas formales e

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Con la cabeza y los pies en América latina: el debate en torno a la Democracia Delegativa

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informales de encuentro entre dichas formas asociativas y las instituciones representativas (Peruzzotti, 2010: 61). Al tiempo que recientemente Osvaldo Iazzetta (2011), analizando la vigencia del concepto de DD12, señala que es el producto de un doble y contradictorio impulso social, en el que la misma sociedad que demanda y tolera esos estilos durante la crisis, experimenta fatiga a medida que la situación se normaliza, siendo la tradición política plebiscitaria compartida indistintamente por gobernantes y gobernados (2011: 92). Diversos derechos de la democracia política (asociación, expresión y similares) han sido usados e invocados para movilizar, de maneras que abarcan desde el voto y acciones masivas hasta acciones judiciales, la demanda de una variedad de derechos, lo que hace que la democracia sea una frontera de investigación recientemente abierta, incluso para el mismo O’Donnell que deja su huella y vigencia indemne por haber iluminado y dado nombre a este “nuevo animal” característico de la región.

Conclusiones. La democratización, una construcción que no tiene límite

O`Donnell corporiza su legado en este tratado de teoría política. Las intersecciones entre democracia, desarrollo humano y derechos humanos resultan ser claves en su teoría.13 Las luchas históricas se entremezclan con fenómenos que siempre han existido pero se han incrementado significativamente en tiempos recientes, con los procesos de pluralización y globalización que nutren los de democratización. Las conclusiones confirman su motivación y compromiso. La democracia siempre es imperfecta y perfectible y, pese a los graves problemas, es preferible a cualquier otro tipo de dominación política. Lo diferencial de ésta es que quienes no gobiernan son fuente y justificación, no solo sujetos del poder y la autoridad política, por lo tanto jueces de quienes deben ejercerla y de la forma en que deben hacerlo. La democratización es una construcción que no tiene límite, que demanda esfuerzos continuos en difundir y ampliar sus principios a todos los espacios de la vida. O’Donnell hace una de sus principales contribuciones al alertar sobre la relevancia del estado en los procesos de democratización y de ampliación de ciudadanía, contemplando sus múltiples caras y dimensiones, analizando su construcción histórica y explicando minuciosamente las implicancias del déficit en las dimensiones de estatalidad y sus relaciones. A lo largo de su lectura –y necesaria relectura– es posible descubrir no solo la historización y teorización de estos conceptos y conexiones, sino también recorrer –en una especie de paseo magistral– cada fase de su vida, de su pensamiento y consecuente desarrollo teórico. Enriqueciendo sus propias ideas a la luz de la multiplicidad de experiencias y diversidad de enfoques y perspectivas, de distintas tradiciones y tiempos, O’Donnell da cuenta de su capacidad única para hacer teoría y originar conceptos que seguiremos “haciendo viajar”.


Una vez más, con su impronta intacta en la agenda de las ciencias sociales, O’Donnell trasciende a la ciencia política e interpela a diversas disciplinas. Su compromiso moral e intelectual, su capacidad única para articular aportes y paradigmas diversos, proponer conceptos y teorizarlos queda plasmado en esta obra y en su producción. No ha sido casual, como él mismo lo señala, que haya cargado mentalmente con este libro los últimos diez años de su vida. El agradecimiento equivalente a su inconmensurable legado pasará por continuar visitando, releyendo y discutiendo su obra.

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Referencias

1. Véase Capítulos IV y IX. 2. Véase Cap. VII: “Dialógica, agencia y democracia”. 3. En O’Donnell, 2003 y 2004 analiza un profundo déficit en las tres dimensiones de la estatalidad en el caso de América latina. 4. Capítulo III. 5. Desarrollado en el Capítulo V. 6. Véase Cap. V así como O’Donnell, 2003. 7. Véase Cap. X. A raíz de su experiencia en Yale, se genera su escepticismo sobre la conveniencia y posibilidad de alcanzar un tipo único y abstracto de democracia. En función de ello, desarrolla su mirada y contrapuntos en un rico enfoque sobre la globalización y el pluralismo legal. 8. Thomas H. Marshall en su célebre ensayo “Ciudadanía y clase social” (1950), define a la ciudadanía exclusivamente en función de la plena adquisición de derechos civiles, políticos y sociales. 9. Van Gunsteren (1978), citado por Jelin (1997: 3). 10. En la década del noventa la noción de ciudadanía fue confinada al uso y definición estratégica que de ella hicieron los gobiernos neoliberales en Latinoamérica, concebida desde la neutralidad axiológica reduciendo su dimensión política y comprendiéndola exclusivamente en términos individuales. Afirma E. Dagnino (2008: 3 y 13): “Desde entonces, como parte de la agenda de reforma neoliberal, se comenzó a comprender y promover la ciudadanía como una simple integración individual en el mercado. Al mismo tiempo, y como parte del mismo proceso de ajustes estructurales, los derechos consolidados de los trabajadores latinoamericanos han ido desapareciendo progresivamente. Ser ciudadano, entonces, es la integración individual al mercado, ya sea como consumidor o como productor”. 11. También en O’Donnell (2003 y 2004). 12. Al respecto, el Taller “Revisitando la idea de democracia delegativa, dos décadas después”, realizado en noviembre de 2009 en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR permitió discutir el concepto y su vigencia. Los resultados de este encuentro dieron origen al libro Democracia Delegativa (2011) coordinado por G. O’Donnell, O. Iazzetta y H. Quiroga, que cuenta con escritos de destacados académicos. El abordaje de ellos trasciende los límites de este artículo pero son indispensables para dar cuenta del estado actual del debate en torno al concepto de DD. 13. Véase Capítulo IX. También se examina en profundidad en O’Donnell, Iazzetta y Vargas Cullel (2003).

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Mariana Berdondini, “Notas sobre Democracia, agencia y estado en el legado de Guillermo O’Donnell”.

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Recibido: 13/08/12. Aceptado: 30/08/12.

Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 169-179. 179


Ciencia y profecía: autoritarismo, democracia y Estado en tres textos de Guillermo O’Donnell Science and Prophecy: authoritarianism, democracy and State in three Guillermo O’Donnell’s texts María Elena Nogueira

resumen

summary

El texto que sigue presenta un recorrido posible por tres libros de la extensa obra de Guillermo O’Donnell: Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización (1997), Disonancias. Críticas democráticas a la democracia (2007) y Democracia delegativa (2011). Para la exposición se han escogido tres ejes analíticos: autoritarismo, democracia y Estado, conceptos que se desarrollaron, desde la óptica de este autor, en modo general e integrado. Con este fin, se tomaron en consideración los tres textos mencionados y algunos otros del autor y de especialistas en las temáticas que se abordan en este fragmento de su obra.

This brief paper presents one possible “tour” of three books of the extensive work of Guillermo O’Donnell, Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización (1997), Disonancias. Críticas democráticas a la democracia (2007) and Democracia delegativa (2011). For the exposition, we considered three analytical issues: authoritarianism, democracy and “rule of law”, concepts that were developed from the perspective of this author, in a comprehensive and integrated way. In order to this, we considered those texts and some others of the author and different specialists in the same issues.

palabras clave

autoritarismo burocrático / democracia delegativa / Estado democrático de derecho

keywords

bureaucratic authoritarianism / delegative democracy / democratic State of law

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María Elena Nogueira es investigadora asistente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET) y docente en la Universidad Nacional de Rosario, Argentina. E-mail: mariaelenanogueira@gmail.com

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A modo de introducción “Y los ‘lamentos’ son críticas. (…) no dejaremos de hacer la crítica democrática a estas democracias que, como intelectuales y ciudadanos/as, nos compete. Si hay algo que, a lo largo de su historia y de sus diversas corrientes y periodos, distingue a las ciencias sociales latinoamericanas, es su espíritu crítico” Guillermo O’Donnell. Disonancias, 2007, p.149. La obra de Guillermo O’Donnell no requiere presentación entre quienes se desempeñan en el ámbito de las Ciencias Sociales y, especialmente, de la Ciencia Política. Aunque siempre mirando a América latina y en particular a la Argentina, este gran intelectual ha sabido comprender la construcción política en diferentes contextos, y sobre todo, explicarla y transmitirla a partir de sus escritos, conferencias, artículos periodísticos, etcétera. En esta oportunidad, se tomarán tres libros de esa extensa, compleja y sugerente obra que no la agotan en absoluto: Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización (1997), Disonancias. Críticas democráticas a la democracia (2007) y Democracia delegativa (2011).1 Si hubiera que sintetizar en pocas palabras los ejes teóricos de estos libros, éstas podrían ser autoritarismo, democracia y Estado. Nótese que no son textos necesariamente consecutivos y que, en todos los casos, recogen buena parte de los escritos de O’Donnell en revistas internacionales y otros surgidos de Seminarios de discusión o que circularon, al menos por momentos, como documentos de trabajo. Los textos reunidos en estos libros han sido escritos en muy diferentes contextos y, como suele pasar en esta materia, recorren las preocupaciones intelectuales pero también personales del politólogo argentino. El trabajo contará entonces de tres apartados en los que se desarrollarán los ejes teóricos propuestos mientras que, en las palabras de cierre, se intentará mostrar ‒aún sin ser necesario‒ la utilidad de seguir pensando en clave “o’donnelliana” los problemas, desafíos y oportunidades de la democracia y el Estado en la actualidad.

I. Sobre el autoritarismo

En 1972 la editorial Paidós publica en Buenos Aires uno de los textos centrales de la Ciencia Política argentina: Modernización y autoritarismo.2 En pleno contexto de modernización3, el politólogo argentino advierte que el crecimiento económico no necesariamente asegura una democracia política (poliarquía4) como régimen. Sin embargo, algunas experiencias recientes de aquellos años, demuestran que esta aparente relación causal-lineal no se reproduce en esos términos. El autor, a partir de una extensa investigación sobre Argentina y Brasil, encuentra que en estos países, avanzados en el proceso de modernización, aparece una nueva forma de autoritarismo (diferente de la tradicional y populista) que responde al tipo burocrático.


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La primera sección de artículos de Contrapuntos… analiza precisamente estos aspectos. Estos artículos, algunos escritos durante los años oscuros previos a y durante la última dictadura militar de 19765, y otros, directamente en el exilio, dan cuenta del modo particular en el que se relaciona la modernización: política, económica y cultural con este autoritarismo de nuevo tipo. O’Donnell, apelando a Weber, no tratará de explicar un elemento que vincule estos dos planos sino que lo hará al modo de las afinidades electivas, describiendo y analizando contextos, actores y problemáticas que complejizan la explicación de lo que posteriormente se denominará Estado Burocrático Autoritario: EBA. Una de las reflexiones es acerca de la estructura social: en Argentina, la conformación de una burguesía agraria local y los vínculos de ésta con el capital internacional serán un aspecto a tener en cuenta. De hecho, como indica O’Donnell, el Estado argentino, como liberal, se comprende solo como “punto de engarce” de la burguesía pampeana con el capital internacional.6 Este es un argumento central para definir el tipo “burocrático autoritario” (en adelante BA). Y es que la clave explicativa está en las alianzas de las distintas fracciones de la burguesía y la articulación de un patrón en este sentido. Aquí, hay una mirada weberiano-marxista del Estado como aparato y como relación de dominación. En rigor, el Estado en el BA se encuentra directamente asentado en esta estructura de clases que lo define como un conjunto de instituciones (o aparatos) y fundamentalmente, a través de relaciones de dominación política. Esto evidencia un nivel bajo de autonomía relativa de este complejo institucional. En el BA, el Estado organiza el consenso que actúa como contracara de su legitimación. La “cosificación del Estado en sus objetivaciones institucionales” (p.71) esconde su rol de garante de la dominación pero, al dividirse Estado de sociedad, genera mediaciones entre ambos. Estas son tres: la idea de Nación, la de ciudadanía y la de interés general (la construcción del “nosotros”, el pueblo). El BA anula estas mediaciones, las encubre y se presenta a sí mismo como portador del interés general. El BA supone un rol protagónico de la gran burguesía, la existencia de instituciones “normalizadoras”, la supresión de la ciudadanía, el cierre de los canales democráticos y la internacionalización de la estructura productiva. Aún siendo privatizador, el BA “estatiza” los significados de “nación”, hace uso de los símbolos patrióticos pero despolitiza, generando un “consenso tácito” a partir del cual “la dominación se desnuda como política”. Esto anuncia lo que será radicalmente violento al agregarse al BA el terror: la anulación de las voces, no solo las horizontales y verticales, sino la oblicua, una voz particular de voz horizontal (p.159).7 Sin embargo, reconocer la ausencia de esas voces también revela el talón de Aquiles de este tipo de dominación provocando una nostalgia de las mediaciones o, lo que será lo mismo, la cuestión de la democracia. Pero si a finales de los sesenta la ecuación optimista (aquella en la que se indicaba que un mayor desarrollo socio-económico traería como consecuencia un régimen político democrático) no funcionó, las salidas de los autoritarismos hacia fines de los setenta, fueron mucho más dramáticas. El golpe militar de Argentina en 1976 institucionalizó el terror, ejerciéndolo de manera progresiva y sistemática.

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Para tomar una expresión de Lechner (1986), el golpe se constituye como una alteración de la vida cotidiana (con el acallamiento de todas las voces, y hasta de la oblicua que se mencionará a continuación), en la anulación del “otro” como sujeto de la política. Es así como ‒a pesar de esta extrema simplificación de la cuestión‒ del análisis de los orígenes y la naturaleza de los regímenes autoritarios aparece, promediando los años de 1980, la cuestión de la democracia en la agenda política y académica. Por entonces, este régimen político “aparece más como esperanza que como problema” (Lechner, ídem).

II. Sobre la democracia

Para tomar las palabras del propio O’Donnell, hemos referido aquí a algunos aspectos “macro” o estructurales, tales como la configuración de la dominación estatal del BA y otros que asoman “micro”, como la cuestión de la voz oblicua. En este punto, merece la pena interrogarse acerca de las “texturas celulares de lo cotidiano”, de un “pathos microscópico” que permite adentrarse en el universo de una de las mediaciones que resurge con más vitalidad en los procesos de democratización: la ciudadanía o lo que es lo mismo, las responsabilidades que a ella le caben en el triunfo de nuevos ‒pero también viejos‒ autoritarismos. La democracia requiere en este sentido un proceso de largo aprendizaje. Menciona O’Donnell: “el problema de la consolidación y la expansión de la democracia en Argentina pasa tanto por el Estado y la política como por la sociedad y esto no viene solo de los setenta sino de mucho antes” (1997: 144). Así, antes del golpe, la sociedad argentina ya era autoritaria y moderna, aunque también igualitaria (ídem: 172). Las salidas de los BAs y sus consecuentes procesos de democratización podrán abordarse entonces desde tres ejes no excluyentes e interrelacionados: 1) las precisiones conceptuales acerca del “desde qué” y “hacia dónde” que se encuentran implicados en la idea de transición; 2) el delineamiento de la coalición que dinamiza la transición y; 3) la “resurrección” de la sociedad civil. Si lo central en la transición supone la construcción de un nuevo régimen político8, la democracia es solo un desembarque posible y deseable (considerando que, como mínimo, tres atributos del BA ya no existen: exclusión política de los sectores populares, inexistencia o subsistencia de instituciones democráticas y restricción de las áreas del Estado a ciertos sectores civiles y militares). En el capítulo VIII de Contrapuntos… el autor indicará dos transiciones: 1) desde el régimen autoritario anterior hasta la instalación de un gobierno democrático y 2) desde ese gobierno hasta la consolidación democrática (la vigencia efectiva de un régimen democrático). Como será evidente para cualquier lector de la obra de O’Donnell, democracia política (poliarquía) no es lo mismo que democratización socio-económica y cultural. En el proceso de consolidación, los actores democráticos tendrán que ser capaces de neutralizar a aquellos autoritarios extremos y, procurar que los neutrales fomenten prácticas, al menos en términos operativos, compatibles con un régimen político democrático. En este proceso, la construcción de instituciones representativas sería el hilo conductor de la consolidación; sin ellas, todo el andamiaje será precario. El énfasis en la


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noción de “representación” proviene de un aspecto excluyente para las democracias contemporáneas: es que a partir de ella O’Donnell argumenta la necesidad de una dimensión republicana: “un gobierno que no es mínimamente republicano no es democrático” (1997: 241). Esta dimensión supone dos aspectos sobre los que se volverá a hacer referencia: la distinción público/privado (que también estará presente en la dimensión liberal) y la existencia de la accountability que, en principio, se indicará como aquellos mecanismos que permitirán el imperio de la ley sobre los hombres.9 He aquí un dilema que no solo aparece en Contrapuntos…, sino que también está presente en Disonancias… y en el que sería su último libro, Democracia Delegativa, coordinado junto a Osvaldo Iazzetta y Hugo Quiroga. Este capítulo de Contrapuntos…, sin embargo, tiene un final (post scriptum) escrito en marzo de 1997 que advierte más enfáticamente el giro de su preocupación hacia las prácticas patrimonialistas progresivas y constantes durante los gobiernos de Carlos Menem entre 1989 y 1999 ‒O’ Donnell ya había acuñado el concepto de democracia delegativa al que se hará alusión más adelante‒ y por tanto, la ausencia de accountability y el resquebrajamiento de la dimensión republicana de la política se constituía casi como un atributo sine qua non del dos veces presidente. De allí que no es casual que el politólogo argentino afirme: “actualmente creo que la propia idea de ‘consolidación democrática’, incluso la que propuse en este texto [refiere al capítulo VIII de Contrapuntos…] es errónea” (1997: 254). En esta línea, ya en el capítulo XI ‒escrito en 1995‒ del mismo libro aparecen puntos en común con esta autocrítica; O’Donnell indica que dos términos tan polisémicos como “democracia” y ‘consolidación’ no pueden formar una buena pareja. A diferencia de lo dicho por algunos autores (entre ellos J. Linz), O’ Donnell argumenta que “no hay teoría que nos diga por qué y cómo las nuevas poliarquías que institucionalizaron las elecciones van a ‘completar’ su complejo institucional o llegar a ‘consolidarse’. Todo lo que podemos decir con nuestros actuales conocimientos es que mientras las elecciones estén institucionalizadas, las poliarquías subsistirán” (ídem: 316). Lo cual, en realidad, nos habla acerca de solo una parte del proceso de democratización. Pero, ¿de qué democracia se está hablando? Estas democracias recuperadas, incompletas, grises, ¿son solo poliárquicas? Hasta aquí, se ha referido a la cuasi ausencia de la dimensión republicana, por tanto, tampoco estamos frente a democracias representativas en términos concretos. Como se mencionó, en 1992, O’Donnell acuñará el concepto de democracia delegativa (en adelante DD). Este, “nuevo animal” trajo tras de si mucha tela para cortar, incluso y especialmente, hoy, veinte años después. Aquí, ya no se discute la transición, sus atributos poliárquicos son un hecho. “La DD es más democrática pero menos liberal que la democracia política”. En ellas, existe un líder, de tradición movimientista, que aparece como “salvador” de la Nación. Los mecanismos de accountability horizontal (en adelante AH) son inexistentes o están claramente sin funcionar ‒permitiendo en exceso las prácticas patrimonialistas que antes fueron mencionadas‒ y la ciudadanía es de “baja intensidad”, apática, desentendida de

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la cosa pública y delega, en el mando del líder, su destino. Líder, entonces, que no es interpelado, todavía, por otros mecanismos de accountability vertical de tipo social (Peruzzotti y Smulovitz, 2002). Con un parecido de familia, es sugerente lo que indica Quiroga (2011a y 2011b) respecto de que el poder delegado necesariamente crea y recrea una ciudadanía pasiva. Esto supone no cargar tintas exclusivamente sobre la construcción de poder del Ejecutivo y considerar que tanto la debilidad de la función legislativa10, como la ausencia del poder de contralor (la rendición de cuentas que en palabras de Manin constituye el componente democrático de la representación) sustentan lo que Quiroga denomina “decisionismo democrático”. En el capítulo I de Disonancias…, O’Donnell hace referencias directas a la teoría democrática. Encuentra que buena parte de la literatura existente al respecto es una “destilación” de la trayectoria histórica y los contextos en el Norte. Interroga así las visiones schumpeterianas, minimalistas o procesuales de la democracia marcando el énfasis que ponen éstas en el régimen dejando en un lugar secundario al Estado. Volveremos sobre este punto. En este capítulo, el politólogo argentino desarrolla una idea, que ya había considerado en 1997 y que volverá a considerar en 2010, vinculada con la accountaility vertical que la ciudadanía ejerce a través del voto. Se refiere entonces a la capacidad de agencia. Esto es, los ciudadanos, no son solo votantes comparten, además, quieran o no, la responsabilidad de decisiones vinculantes para la sociedad civil. Dice O’Donnell, “lo importante del derecho al sufragio y a ocupar cargos electivos es lo que define un agente. Esta es una definición de base jurídica” (2007: 45). Volviendo a la cuestión de la accountability, ésta supone que los regímenes son democráticos, los ciudadanos pueden ejercer su derecho al voto. Sin embargo, lo que se resiente con la ausencia de AH son dos de los componentes centrales de la democracia: sus dimensiones liberal y republicana. La bisagra que vincula la democracia con estas dos dimensiones es la figura del Estado, no de cualquier tipo sino el Estado democrático de derecho.

III. Sobre el Estado

Como se ha adelantado, el Estado no es “cualquier” institución. Es una institución sintética que debe comprenderse “en y desde” la sociedad civil. El politólogo argentino indica en otro texto que “el Estado procesa y condensa poderes que emergen de la sociedad (a nivel local, internacional y transnacional), así como también genera sus propios poderes, como resultado de lo cual devuelve a la sociedad diversos tipos de políticas públicas, y a veces también importantes omisiones” (O’ Donnell, 2010: 78). Asimismo, es pertinente mencionar que la idea de un Estado democrático de derecho no es factible sin la dimensión republicana o, lo que es lo mismo, la AH (Iazzetta, 2011). Como señala este último autor, es preciso “democratizar el papel estatal inaugurando un nuevo vínculo entre Estado y sociedad civil”11 (2010: 79). No es posible reflexionar y construir la democracia sin el Estado y esto remite a


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considerar una concepción del poder explícita que, en las DDs está vinculada ‒entre otras cosas‒ con la ausencia de rendición de cuentas, de AH. No obstante, solo a través del Estado, a través de sus acciones y las que “estimule” en otros agentes es posible “movilizar y concretar el bien público” (O’Donnell, 2007: 338). Si el Estado, como se ha indicado, se relaciona de distintas maneras con la sociedad civil ‒no es algo externo a ella (ídem)‒ y su función es garantizar certidumbre, el alcance de su dimensión legal y no ya de su aparato o conjunto de burocracias, será central. En un excelente artículo publicado originalmente en 199312 O’Donnell se explaya precisamente sobre la capacidad del Estado en imponer su legalidad territorialmente, esto es, en todo el territorio que abarca. Establece una caracterización de países en base a colores en los que define los de mayor alcance legal con azul, los de alcance medio con verde y por último, las “zonas marrones”, donde este alcance está prácticamente ausente: “en los países con grandes áreas marrones, las democracias se basan en un Estado esquizofrénico en el que se mezclan funcional y territorialmente importantes características democráticas y autoritarias” (1997: 271). Nótese sin embargo la advertencia de O’Donnell: no solo las crisis socioeconómicas contribuyen a la multiplicación de las zonas marrones, las crisis del Estado tendrán efectos excluyentes sobre la existencia de las mismas. Paralelamente, el razonamiento para revisitar, en 2010, el concepto de DDs tendrá el mismo trasfondo, dichas zonas no solo pueden existir con el soporte de una situación de emergencia económica sino que pueden hacerlo, incluso renovadamente, en contextos de recuperación económica. Después de los años de 1980, cuando la democracia como régimen político llegó felizmente para quedarse, la pregunta sobre su calidad, sus problemas y desafíos cobró centralidad. Nuevamente, como indica Iazzetta (2007) tras el pasado autoritario, la democracia se revaloriza estimulando nuevas formas de la relación con el Estado y de éste con la sociedad civil, en su calidad de “forma de vida”. Las tareas pendientes de la democracia habilitan a reflexionar y construir un mejor Estado, mientras que la contracara de las DDs es un Estado débil. Cuando O’Donnell (2011) trae nuevamente a la discusión el concepto de DD y su vigencia, éste sigue siendo unos de los principales desafíos: la construcción de un Estado democrático de derecho. La DD continúa siendo intolerante a las redes dialógicas (O’Donnell, 2010), sostiene un modo “monista” de ejercer el poder que, en muchos países ‒Argentina incluida‒ no hace más que erosionar su sustento republicano que, aunque frente a un Estado con ciertas capacidades recuperadas, sigue teniendo pendiente numerosas “zonas marrones”.

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Algunas palabras de cierre “ (…) si bien por un lado es preciso luchar para profundizar la ‘democraticidad’ del régimen, también hay una lucha muy importante, mucho más compleja, en muchos más frentes, que es la lucha por la extensión de derechos civiles y por generar una relación de la sociedad con el estado, en la cual éste nos re-conozca como ciudadanos agentes portadores de derecho” Guillermo O’Donnell, Clase Magistral en ocasión de recibir el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario en agosto de 1999, reproducida en Temas y Debates (2001). Este escrito ha intentado recorrer los puntos más álgidos que se encuentran complejizados en Contrapuntos…, Disonancias… y Democracia Delegativa. La situación actual es, sin embargo, distinta al momento en el que O’Donnell acuña el tan atinado concepto de “democracia delegativa”. Sin embargo, eso no inhabilita recuperarlo, entre otros, para reflexionar crítica y constructivamente sobre la democracia en la actualidad, particularmente en nuestro país, donde el Estado democrático de derecho ha tenido aciertos y desaciertos. Estos últimos se presentan como los grandes desafíos de la democracia á venir y la obra de O’Donnell sirve para eso, para esa construcción. Desde este argumento, el título de este texto cobra sentido: el politólogo argentino colocó numerosos y consistentes ladrillos en la construcción de la Ciencia Política latinoamericana, y argentina en particular. Asimismo, esa construcción fue profética, adelantó explicaciones y sugirió otras para las realidades por las que, esta parte del continente al menos, transita. Para concluir, se tomará un fragmento sintético y revelador de Disonancias… en el que O’Donnell refina y afirma tres aspectos que necesariamente un Estado democrático de derecho debe atender: 1) el respeto hacia las libertades y garantías políticas de las poliarquías; 2) el respeto de los derechos civiles de la población y; 3) el establecimiento de redes de responsabilidad y accountability que impliquen a todos los agentes públicos y privados. Así, y solo así, el Estado no es únicamente un Estado regido por la ley, es un Estado democrático de derecho. Las democracias actuales han logrado avanzar un poco más en 1 y 2; sin embargo, el punto 3 sigue siendo el gran talón de Aquiles; que incluso se reproduce, como indican varios autores en O’Donnell et al. (2011), en los niveles subnacionales, reforzando una política patrimonialista y clientelar de la que democracia y Estado deben poder desprenderse. El Estado, y más precisamente el Estado de derecho, sigue siendo el “puntal de toda democracia de buena calidad” y en ese sentido, en esa construcción y con las advertencias de la historia, es que la democracia continúa teniendo, a pesar de sus aciertos, deudas pendientes. O’Donnell no solo advirtió esto dos décadas atrás sino que, esencialmente, brindó las herramientas para comenzar esa permanente construcción.


1. En rigor, el libro fue coordinado por Guillermo O’Donnell, Osvaldo Iazzetta y Hugo Quiroga y recoge las discusiones realizadas en el marco del Taller Internacional: “Revisitando la idea de democracia delegativa, dos décadas después”, realizado en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario, Rosario, 4 y 5 de noviembre de 2009. 2. Se harán algunas referencias a este libro solo para marcar el contexto y la continuidad del tema con los artículos que forman parte de las I y II secciones de Contrapuntos…. Asimismo, se sabe ‒a modo de anécdota‒ que en principio este texto habría sido ‒de no publicarse‒ la Tesis Doctoral de Guillermo O’Donnell. Una caracterización más acabada de este texto podrá encontrarse en el escrito de Gastón Souroujon en este mismo volumen. 3. Como es sabido, durante los años de 1950 y parte de la década de 1960, de la mano de la teoría de la modernización, existía una matríz de pensamiento en “clave optimista” que daba cuenta en forma lineal de la democracia, el desarrollo y la autonomía nacional. La democracia es aquí una consecuencia de esa modernización (Iazzetta, 2004). Con el interregno de varias corrientes: el enfoque de la dependencia, el autoritarismo burocrático, la teoría de la marginalidad etc. (Véase el citado texto de O’Donnell (2007) sobre el recorrido de las Ciencias Sociales en América latina), la democracia arribó a estos lugares, en la década de 1980 como condición excluyente ‒aunque no única‒ para lograr el desarrollo. Se convirtió a “la democratización política en el paso previo y obligado de la modernización económica y social” (Iazzetta, ídem). Finalmente, en los años de 1990, como lo apunta Lechner (1993), el impulso a la modernización proviene de la dinámica capitalista que permite la inserción de los países latinoamericanos en los procesos de integración transnacional. Como las condiciones estructurales y superestructurales de estos países para lograr una integración plena continúan siendo incompletas, la modernización sigue sin generar desarrollo. Genera, por el contrario, una segmentación que desemboca en nuevas formas de exclusión y en una temible “naturalización de las desigualdades”. 4. En todos los casos, O’Donnell toma de la noción de poliarquía de Robert Dahl, los siguientes atributos: 1) autoridades públicas electas, 2) elecciones libres y competitivas, 3) sufragio universal, 4) derecho de competir por los cargos públicos, 5) libertad de expresión, 6) fuentes alternativas de información y 7) libertad de asociación. En O’Donnell (1997) ‒originalmente publicado en 1996‒, se agregan a estos atributos, los siguientes: 8) las autoridades públicas electas (y otras designadas, como los jueces de los tribunales superiores) no deben ser arbitrariamente depuestas antes de que concluyan sus mandatos constitucionales, 9) las autoridades públicas electas no deben estar sometidas a restricciones o vetos severos ni ser excluidas de ciertas esferas políticas por otros actores no electos, como las fuerzas armadas y 10) debe existir un territorio indisputado que defina claramente la población que vota. 5. O’ Donnell relata en el capítulo IV de Contrapuntos… su experiencia “acerca de lo cotidiano en Buenos Aires durante los años más represivos (…)” (p.133). En numerosas y sugerentes notas, el autor indica sus impresiones respecto de las escenas de lo cotidiano y las contradictorias respuestas de personas entrevistadas durante esos años. 6. Como nota de color, se agrega que en este texto ‒de 1976‒ O’Donnell ya advertía casi proféticamente el lugar que tendría el agribusiness en la estructura agraria de nuestro país: “un fuerte aumento de la producción pampeana (y de sus exportaciones) no puede producirse sin convertirse sus estancias en un Agribusiness mucho más intensivo en capital y tecnología” (1997: 45). 7. Para O’Donnell, la voz oblicua “intenta ser oída y comprendida por “otros como yo” en nuestra oposición a un régimen represivo y, al mismo tiempo, espera no ser percibida por sus agentes” (1997: 161). 8. El autor advierte, en una nota al pie, que es necesario distinguir entre Estado, gobierno y régimen. Remite al lector a sus “Apuntes para una teoría del Estado”, CEDES/GE. CLACSO, N° 9, Buenos Aires, 1977 y agrega que “régimen” indica aquí un conjunto de prácticas vigentes (aunque no necesariamente institucionalizadas a través de las cuales se definen a) el reclutamiento y acceso a los cargos gubernamentales y b) los criterios de representación de los sectores sociales. “Gobierno”, refiere en tanto a las instituciones superiores del aparato estatal que se definen a partir del régimen (1997: 202). 9. La noción de accountability, como muchos otros conceptos aquí referidos, aparece en los tres textos desde los que parte este análisis. O’Donnell amplía lo dicho en su original texto de 1997

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Referencias

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‒“Accountability Horizontal”‒ (2007) indicando que este concepto se vincula con la responsabilidad y la rendición de cuentas. En el caso de la de tipo horizontal, es decir, en el plano de las relaciones interestatales, existe una accountability de balance, que es ejercida por uno de los tres poderes del Estado que, a su vez, contribuye a otra de tipo asignada (Ombudsman, auditorías, etc.). Por su parte, si la accountability vertical se expresa a través del voto, desde la ciudadanía al Estado, existen otras formas de accountability ‒social‒ vertical. Asimismo, el artículo en el que desarrolla estos aspectos diferenciales en la idea de accountablity fueron publicados originalmente en el texto de Peruzzotti y Smulovitz (2002) en el que los autores van más allá de la horizontalidad expresada originalmente por O’Donnell en 1997 para dar cuenta de una accountability social que definen como “un mecanismo de control vertical, no electoral, de las autoridades políticas basado en las acciones de un alto espectro de asociaciones y movimientos ciudadanos, así como también en acciones mediáticas” (Peruzzotti y Smulovitz, 2002: 32). 10. En Quiroga (2011b) se argumenta que si bien los partidos no han desaparecido, ya no representan lo mismo. En otro lugar, el autor llama esto “política-rating” indicando que la selección de los candidatos depende en gran medida de encuestas y el índice de popularidad que van mucho más allá que las aptitudes reales y el talento de políticos y plataformas electorales. 11. Iazzetta advierte que los atributos que definen la estatidad de un Estado no garantizan su democraticidad (2010: 78). Ya en otro texto (2005), el autor había advertido el desarrollo de ciertas capacidades estatales en dos años de gestión de Nestor Kirchner, incorporando políticas que lo diferenciaban de gobiernos anteriores (especialmente de las de las dos presidencias de Carlos Menem entre 1989 y 1999), mientras que el modo delegativo de comprender el poder se mantiene intacto. 12. Nos referimos a “Acerca del Estado, la democratización y algunos problemas conceptuales. Una perspectiva latinoamericana con referencias a países poscomunistas”, publicado en Desarrollo Económico, Vol. 33, N° 130, julio-setiembre de 1993 y que se reproduce en Contrapuntos…

Bibliografía

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en perspectiva comparada”, en I. CHERESKY (comp.), Ciudadanía y legitimidad democrática en América Latina, Buenos Aires, Prometeo.

María Elena Nogueira, “Ciencia y profecía: autoritarismo, democracia y Estado en tres textos de Guillermo O’Donnell”. Revista Temas y Debates. ISSN 1666-0714, año 16, número 24, julio-diciembre 2012, pp. 181-191.

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Recibido: 02/08/12. Aceptado: 20/08/12.

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