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20 de mayo de 2015 “En Ramá se oye una voz, profunda angustia y llanto amargo. Es Raquel que no quiere consolarse porque llora a sus hijos muertos”. Jeremías 31:15 El dolor que nos desmorona y afirma. Infligirlo. Cargarlo como una cruz. Hacer estallar los mapas para no encontrar el camino de vuelta a casa. Llegar de todas formas pasados unos años. Con el dolor de no saber si podremos reconocernos. El dolor que nos convierte en monstruos y nos hace humanos. El dolor de los desaparecidos y el de aquellos que los esperan. El dolor de tantas mujeres que fueron golpeadas, silenciadas. Desconexión. Un dolor que no se entiende. Un dolor que se desprecia. El dolor a este lado. Preciso y exacto como el anuncio de sirenas a las 12 del mediodía. ¿Y mi dolor? ¿Cómo lo traduzco? Todos esos libros que leí y guardé para volver al tiempo de la gratitud. Los dejé en aquel lado. “Yo soy el que ha venido a sufrir por el dolor de los hombres”. Está escrito en la Biblia. Después de descubrir aquella frase fui al baño a vomitar. Por el eco en mi útero. Por las palabras que no entiendo y se vacían en mis huesos causando todo el dolor de los hombres que no conozco ni conoceré. Por mi abuelo Joaquín y el cáncer que le roía los órganos. “Su piel son las alas de una mariposa. Su tristeza es calma. Su debilidad mi fortaleza”. Pero ningún pensamiento agradable impidió que su dolor nos llevara también, un poquito hacia la muerte. Y mamá insiste en que vuelva a sus brazos. Me supera la distancia, el desarraigo. Los propósitos, buenas-intenciones, ¿para qué? Los temblores de la tierra. El abrumador poder de la tempestad. Guardo silencio, por días, meses, hasta que mis pasos me traen aquí, al papel, donde me consuelo escribiendo acerca de lo añorado y lo perdido. Y también, a veces, de todo lo bueno que ha de suceder. (...) Después del trabajo caminaré por el centro, buscando quizá el vuelo de algún pájaro que embellezca las fotos. Tomaré una cerveza o un café, todavía no me decido. Me romperé los sesos debatiendo sobre si es sano para mi economía comprar otra cámara desechable o disparar con el móvil y luego imprimir las fotografías que más me gusten en la tienda Kodak del Paseo Ahumada. Sé que el resultado no va a ser el mismo y tampoco me va a satisfacer igual, pero el dinero escasea y no puedo permitirme los lujos de siempre. El centro es un hervidero de gente caminando arriba y abajo. Los vendedores ambulantes preparan sus carritos para el invierno. Gorros de lana, calzas e interiores de polar, bufandas coloridas y guantes siempre una uña más grande que los dedos de las manos. En la Plaza de Armas evangélicos con sus parlantes se esfuerzan por atraer las miradas y oídos de los vecinos devotos que una y otra tarde se sientan a escuchar la palabra del señor: “La mujer no vestirá ropa de hombre, ni el hombre se pondrá ropa de mujer; porque cualquiera que hace esto es abominación a Jehová tu Dios”. Más tarde asistiré a la primera sesión del gabinete de escritura (19 de mayo de 2015) y tendré que esforzarme por sonreír porque es verdad que me siento un poco decaída. Clemente, Ivo y yo somos por el momento los tres únicos integrantes. Vuelco todas mis esperanzas en esta cita. De verás lo hago. Evalúo lo que las sesiones pueden significar para mi escritura. En como utilizaré las críticas para lograr que mi forma y estilo crezcan hasta el punto que me hagan sentir segura y orgullosa. ¡Podría incluso publicar los textos! Ya veremos. (…)


Imagen: recuerdos maniatados al corazón. Una vez escribí: “sentirse menos solo es apretarse el corazón”. Pero alguien en un sueño me dijo que al corazón hay que abrazarlo. Y cambié el verbo. Pero el significado no varió. El dolor tampoco disminuyó. Saberme sola pero a salvo no cicatrizó la herida. Herida y cobijo. Una herida que es herencia de los padres, de los padres, de los padres de mis padres. Dificultades y aullidos lejanos. Aun me visitan en sueños. Encuentro cobijo en los ojos extraviados de un pájaro sin vida tirado en la hierba del parque Inés de Suarez. El gesto torcido de su cuello pidiendo perdón. Desearía verme como lo hacen los otros. Saber qué parte de mí existe en su recuerdo. Si advierten el peso inexacto de mi fosforescencia. / “Fosforescencia: nombre femenino. Propiedad que tienen algunas sustancias de reflejar luz durante un largo período de tiempo, después de cesar su exposición a una fuente luminosa”. / Porque sí, a pesar de todo, esa luz existe, como existe en la memoria el contacto de mi mano en tu piel y cómo hice de aquel instante un lugar, un océano por ejemplo, en el que podía nadar sin ahogarme. Me armé de valor y alquilé un departamento en el piso 25. Pensé: “Quizá estar a más distancia del suelo de Santiago me haga sentir más cerca de casa”. Pero las ciudades se alejan tanto o más que las personas. Santiago de Chile, la ciudad que no esperaba, estaba esperándome. Me digo: “Su oscuridad es indefensa” y descorro las cortinas cada noche y bailo y celebro el vértigo y las lágrimas que me sacuden y que nadie conoce. Frenesí. “Es lo que no alcanzas lo que duele”. Y este pensamiento me apacigua un poco. Pero al cabo del rato, el cuerpo igualmente se te invierte. Cuando ya estoy dormida, el cuerpo se me invierte. Y esto es algo tan serio como cierto. “Estás mal María, me digo. Eres víctima de tu propia navaja. De tus resistencias. Tú eres tu abismo, tu tortura indecible. Aléjate por un instante de ti y dime dónde estás, qué ves, quién eres”. (…) Año 1996. Estoy en mi habitación. Mis padres discuten en el comedor. Hay un joyero en la estantería donde tengo los libros, las cintas de cassette. También hay una vela y las agendas escolares donde a modo de diario anoto lo que considero más relevante. “Sábado: Quedo con las Mellis para ir a Dixi. La Laura y la Judith se han enfadado con nosotras porque piensan que solo queremos estar con ellas porque nos pasan sus carnets para entrar. Bebemos en las escaleras. El Uri y el Eli no han aparecido. Mis padres discuten el comedor. Ruido y gritos. Gritos y música y ruido de televisor y más gritos y comienza el llanto de mamá. Y yo intento gritar también pero solo ‘how ever far away I will always love you’. Quiero gritar pero solo un gato lamiéndose el lomo en mi garganta. Y el cuerpo afuera con todos sus órganos vitales en el suelo. Y la piel. La piel late hacia adentro. El gato que se lame, el gato en mi garganta y yo que no consigo gritar yo que solo ‘how ever far away I will always love you’”. Rompo el joyero y recojo uno de los pedazos que cae al suelo. Lo hundo en mis muñecas y estas gritan solo gritan ‘how ever far away I will always love you’. “Domingo: Las Mellis ven las marcas. No dicen nada. Vergüenza infinita. Sé que también a ellas las defraudo constantemente”. (…) ¿Qué opinaría un doctor? Le diría algo así como, doctor mi problema es que ya no recuerdo si mis recuerdos son verdades y existieron, o solo existen en este momento que los escribo y sin ningún significado tienen más sentido que todo lo que existe.


Si por lo menos pudiera respirar sin que la espalda se me retuerza. Si pudiera al menos decirte te amo y después no verte más. Quizá entonces mi carne sería rosada y mis huesos blancos. Como los de cualquiera. Pero mis huesos y mi carne son un bosque de eucaliptos que nadie cuida y protege. Un bosque sin ruido es un bosque muerto. Un bosque sin pájaros es un bosque que no existe. Decirte te amo no cambia las cosas. No decirlo tampoco. ¿Sabes que deseo? Hacer explotar mi lengua. Escribir versos que pueda leer y entender. Que me hagas el amor y no solo me glutas el sexo como si el mío fuese el último. ¿Sabes que quiero? Quiero ser la primera a la que ames sin saber porque lo haces. Que sea esa tu única certeza. 25 de mayo de 2015 11.50 horas (en el trabajo. a escondidas) Asuntos pendientes: Escribir sobre el viaje a Guanaqueros Escribir sobre la nueva situación de Gonzalo (no se va a EEUU) Después del viaje, del descenso (estaba pensando en descanso pero he escrito ¿descenso?. analizar) del sol y los paseos, de las puestas de sol y la humedad de las sábanas. Aprovechar estas instancias de tranquilidad para evaluar y trabajar en todos los porque? Convertirlos en respuestas que sirvan de apoyo y sustento para cuando más adelante me sienta ofuscada. Seguir con el diario para el gabinete (corregir el texto y ampliarlo con más detalles acerca del episodio del espejo) 27 de mayo de 2015 Cata, Lore, Gabo, Carolina (laflaca) y yo. Casa de Gabo. Cervezas, comida árabe. Conversamos sobre sexo, sobre las inseguridades de cada una. Nuestras fortalezas olvidadas. “Coloro se enamoró de mi independencia, y ahora hace tres semanas que no tenemos sexo. El estrés de la mudanza, la falta de trabajo. Soy una mantenida económica, sin recursos emocionales. No salgo de la cama. No puedo. Me visto e intento ir a la oficina pero luego pienso que no sirve de nada si no tengo clientes. Nada me motiva. Coloro siente mi energía muy baja. No sabe cómo contenerme” Esto me lo contó estando a solas. Al verla hoy le he dicho que estaba preciosa. Tenía el pelo diferente y sus ojos brillaban de otra forma. Más placidos. “Ayer conseguimos conversar. A veces es tan complicado saber comunicarse y hacerse entender”. Ella nos cuenta acerca de su papá, el General Lee y su papel en la historia de Chile. Como ella todavía hoy se ha sentido discriminada por ser hija del general. Sería interesante conocer más acerca de la historia y política de Chile, sobre el gobierno de Allende, la dictadura... Quizá así no me sentiría tan ajena e ignorante. Compartir con ellas me hace bien. Banalizamos nuestro dolor contando anécdotas del pasado. Reímos a carcajadas recordando tal o cual personaje que conocimos aquella noche, ¿Te acuerdas en el Moog, de cómo aquel rollo se convirtió por unas semanas en motivo de espera y fatigas. De cómo todo pasó cuando apareció aquel otro? 29 de mayo de 2015 19.54 horas Empiezo el anecdotario sobre el viaje a Guanaqueros en el cuaderno de Clemente. Había llevado las dos cámaras, una analógica con película en blanco y negro y otra digital que me regaló unas semanas antes Gonzalo. Cuando llegamos a la playa ninguna funciona. Disparo con


el móvil y revelo las fotos a la vuelta. Son una basura. Pero me niego a deshacerme de esos días plácidos. Las imprimo en la tienda Kodak, las recorto y las incluyo en el anecdotario. (…) extracto de cuaderno · órgano vital · corazón. últimas páginas (15 de mayo de 2015) Los textos debieran reflejar madurez. Dejar la cursilería y florituras para centrarme en las verdaderas palabras, en las imágenes que representen de una forma más concreta y sincera mis visiones y pensamientos. Para conseguirlo debo estudiar y ampliar mi vocabulario. Dejar atrás los recursos manidos. He de obligarme a parar unos instantes y pensar en lo que voy a decir y como he de decirlo. Debo seguir cuestionando cada relámpago en mi cabeza. No escribir borracha. No escribir con frío. No escribir desde el anonimato. Leer. Leer toda la poesía posible. Todas las cartas, ensayos, literatura… Los clásicos, los modernos, los jóvenes, los muertos. He de crear pautas de comportamiento y pautas de escritura. Cada cuaderno un latido. Cada latido un punto de sutura. Escribir cuando las mareas negras lleguen. Escribir durante las olas, durante el arrastre, durante el cansancio y hasta el agotamiento. Hasta que las voces cesen o se hermanen. Cualquier síntoma de ebriedad o impotencia será rechazado por la propia página. Buena letra. Legible. Se trata de respetar todo el proceso. Estos son mis diarios, mis cuadernos, mis órganos vitales. Debo cuidarlos. Debo cuidarme. Debo ser responsable, adulta, constante. Debo amar la lectura y la escritura por encima de cualquier otra cosa, en especial de cualquier hombre o mujer. Debo estar preparada para cuando lleguen más mareas negras. Debo deja de pensar en suicidarme cada diez minutos. Alejandra escribe: ya no puedo amar a nadie, estoy muy lejos, muy enferma. Sucede que me identifico con esa frase. Clarividencia. Escalofrío. Concluyo: el inicio del distanciamiento con mi yo se produce durante la relación y después de la ruptura con Mathiew. La gran mentira de su amor se revela y comienzan las alucinaciones. Después de esto no vuelvo a conectarme. Mathiew representa todo lo sublime y enfermizo. La continuidad de mi anhelo por agradar a papá y mamá. Mathiew fue mi lucha amplificada. En las relaciones que más tarde vendrán las exigencias insatisfechas se refuerzan. Invisibilidad. Ruego por el amor. Ruego por la compasión. Alimento a las criaturas de mi útero con llanto, con ecos pasados. Son los hijos de Raquel, los que se llevaron. Los puse en mi vientre y ahí han estado todos estos años. Creía que era amor. Al fin y al cabo eran mis criaturas. Pero en realidad tampoco yo podía amar a nadie. Estaba muy lejos. Muy enferma. A los tres meses de llegar a Santiago escribí: “Yo llegué a Santiago de Chile porque oía el crimen de la palabra aquí, queriéndome llegar”. Sensación de aterrizaje. La muerte de mi infancia y adolescencia. La muerte de mi fidelidad a la violencia espiritual y carnal. Vuelo, sonrío, me ensancho y descubro mi cuerpo erguido, fuerte. Ahora comprendo el propósito del cuaderno. Mi pensamiento me deslumbra. Me río de las risas que vendrán cuando alguien encuentre estas páginas. ¡No me importa! No me importa ser juzgada. No me importa que no agraden. Mi voz es una sola en este instante. Y es el instante más maravilloso que recuerdo. Una vez lamí tu sangre. Me tendí a tu lado, cuando ya te habías ido, al lado del charco seco y negruzco en la alfombra. Me tendí y te lamí por última vez. Urgencia por contártelo todo Manuel. Porque leas mis avances. Me gusta pensar que estas eran palabras solo para ti. Este cuaderno, este órgano vital, eres tú. Hoy he comprado a un vendedor ambulante 20 petunias rojas. Unas cuantas han muerto esta misma tarde por culpa del calor de la estufa. Las otras siguen firmes luchando contra el fuego, tal y como tú y yo hacemos. En el fuego, con el fuego, a pesar del fuego.


Ahora veo pasar una sombra junto a la ventana, pienso que podría ser el fantasma de mi antiguo yo saliéndome por un costado. Ha llegado hasta la cordillera y la ha traspasado. Se ha metido en el mar y ahora es una sirena. Canta. Hará que esta noche mueran muchos y lo harán con lágrimas en los ojos habiéndome conocido. Se irán y gritarán mi nombre antiguo y yo veré sus rostros en el cielo cada vez que salga a fumar un cigarrillo mientras contemplo la noche de Santiago iluminada.


/ maleza /