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CUBA Volviendo a Andrés Untzain, no sabemos cómo entró en relación con Ernest Hemingway, aunque es casi seguro que lo hiciera en el frontón principal de La Habana, el llamado “Palacio de los gritos”. Andrés Untzain nunca dejó de visitar la Finca Vigía a partir de que el escritor y su tercera esposa, Martha Gellhorn, la compraran allá por 1939. En aquellas visitas, que habitualmente tenían lugar los miércoles y a las que acudían el resto de los amigos vascos del escritor, compartían mesa y se alargaban en tertulias de sobremesa y partidas de cartas. Y mucho más, tal y como él mismo viene a sugerir en una carta escrita en castellano y dirigida a Andrés Untzain a Mundaka en la que le llama “mi manager espiritual”. En 1959 el escritor se acercó a Mundaka a visitar la tumba de Don Andrés, o Don Black, que de ambas maneras gustaba de llamarle. El sacerdote había muerto en 1955. Siguiendo con los vascos amigos de Hemingway en La Habana, la tercera esposa de Hemingway, Martha Gellhorn, también periodista y escritora, nos dejó una descripción impagable de cómo tanto ella como su marido se relacionaban con los jugadores de Jai-Alai. Hablamos del relato ‘Night Before Easter’, incluido en su libro de relatos The Heart of Another. El relato, tal y como su título indica, cuenta cómo transcurrió la noche víspera de la Pascua. Noche en la que Martha bebe, charla y baila con Félix Aretio Ermua, uno de los mejores pelotaris del momento. En el relato estaríamos en 1942 o 1943, y ese Félix sería el mismo Félix Areitio Ermua que en 1945 firmara una entrevista con Ernest Hemingway publicado en la revista mexicana ‘Cancha’. En esa entrevista el futuro premio Nobel de Literatura habla de su relación con los vascos y con la pelota, por supuesto. Quizás Martha no tuvo tiempo para aprenderlas, pero tanto Ernest Hemingway como su cuarta esposa, Mary Welsh, solían cantar canciones vascas, tal y como ellos mismos cuentan por escrito en varias ocasiones. Volviendo al relato de Martha, hacia la parte final del relato se nos presenta a Pachi. No se nos dice su apellido, mas sabemos que se trata de Patxi Ibarluzea, otro de los grandes del Jai-Alai de su época. De la relación de Hemingway con Patxi Ibarluzea tenemos el testimonio del propio escritor, que lo describe en su ‘First poem to Mary in London’. Para entonces son historia sus aventuras con los exiliados vascos y españoles en la red de espionaje que él bautizó como “The Crook Factory”, como también era historia su aventura a la caza de submarinos nazis a bordo del yate Pilar. Sabemos quiénes eran algunos de los habituales del yate: el capitán Duñabeitia, el sacerdote Untzain, los pelotaris y un exiliado a quien en la ficción llama Ara, “un vasco serio que había sufrido mucho en la guerra”, cuya identidad real desconocemos. Con todo, faltaría nombrar a Paco Garay, oriundo de Vitoria-Gasteiz, ex-pelotari y vecino a la Finca Vigía. Paco Garay y Ernest Hemingway eran vecinos y además amigos. En 1931 Paco Garay estuvo en el intento por derrocar a Gerardo Machado y Morales, que fracasó, por lo que fue primero encarcelado y más tarde exiliado. Tras la marcha de Machado al exilio en 1939 Paco Garay pasó a ser una persona influyente ante el gobierno cubano, quizás precisamente por ello. A él recurrían tanto Ernest como Mary Welsh, su cuarta esposa, cuando él no estaba en casa, tal y como ella misma lo cuenta en su libro de memorias ‘How it Was’. Pero sin duda el gran amigo vasco de Hemingway, junto a Patxi Ibarluzea y Andrés Untzain, fue Juan Duñabeitia. Baste decir que él y los otros vascos se ocupaban de la Finca Vigía en ausencia de sus dueños.

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