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Archipiélago Hemingway Ernest Hemingway tomó la cita de John Donne, aquella de “Ningún hombre es un isla”, para introducir su célebre ‘Por quién doblan las campanas’. En su caso podríamos decir que, en efecto, él mismo, casado cuatro veces, padre de tres hijos y casi siempre rodeado de amigos, nunca fue una isla. Lo que quizás no sospechaba era que su obra y él mismo serían mucho más: un archipiélago. Un archipiélago creciente de re-ediciones, biografías renovadas, estudios críticos, adaptaciones cinematográficas y televisivas, tesis doctorales y un sin fin más de publicaciones. Pretender ofrecer aquí cartas marinas o derroteros para navegar en ese archipiélago sería desconocer la complejidad del mismo. Nos limitaremos por tanto a apuntar unos pocos libros como invitación a visitar el archipiélago Hemingway. En este caso limitándonos o bien a las autoras y autores que han participado en esta publicación, o bien a publicaciones que tienen que ver con los territorios y las gentes de las que hemos hablado en estas páginas. Naomi Wood y su best-seller ‘Mrs. Hemingway’, traducida al euskara por Garazi Goia, también escritora; Sandra Spanier y el gigantesco proyecto colectivo que consiste en la publicación de la colección completa de cartas del escritor; Edorta Jiménez y sus trabajos sobre Hemingway y los vascos, tanto en castellano como en euskara; las propias obras de Hemingway traducidas a la lengua vasca; el celebrado y premiado ‘Hemingway: Comer con / Eat with / Monger Avec’ de Javier Muñoz; y algunas más. La selección reconoce al autor en las lenguas de los territorios que abarca esta publicación, además de en la original. Y más allá de ese reconocimiento, los libros que presentamos son una invitación al viaje. Él, el gran viajero y correcaminos Hemingway, nunca se hacía al camino sin la compañía de los libros. Muchas veces prestados o alquilados. Ya en ‘Fiesta’ nos dice que llegó a Navarra con un libro de Turgenev en la mochila. Lo leyó a las orillas del Irati, mientras pescaba y hacía pic-nic en un entorno que como el mismo dijo “parece sacado de un cuento de hadas”. El libro lo había tomado prestado de la célebre Shakespeare&Company de París. Era no cuando no tenía dinero para comprarlos, qué más da. También la orilla del Irati era gratis, como lo sigue siendo ahora. Y el vino era barato, casi como ahora también. Al menos en nuestros territorios, que hizo suyos. No presentamos libros acomodados a una visión estereotipada de Hemingway. Hubiera sido el primero en criticarlo. Sabemos que hay más y posiblemente mejores. En nuestra navegación por el archipiélago nos hemos encontrado con la cortedad de nuestra vista en contraste con la amplitud del horizonte. Si alguien da con fondos que no esperaba, como los de los cayos de Cuba o de Florida, o con algún viento no previsto, como en el propio Cantábrico, solo nos queda decirle que es el riesgo que siempre acompaña a quien se toma la libertad de zarpar y navegar.

1847. ‘Memorias de un cazador’ ‘A Sportsman’s Sketches’ by Ivan Turgenev 125

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Hemingway Traveler  

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