Este viaje nos llevó por dos joyas del campo bonaerense. En Villa Lía, el alma inmigrante y la calidez de su gente nos recibieron entre estaciones de tren, plazas tranquilas y casonas con historia. Más tarde, San Antonio de Areco nos envolvió con su espíritu gaucho, calles adoquinadas y un atardecer mágico junto al puente. Un recorrido para mirar, sentir y capturar con el corazón.