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contratiempo

número 57

junio 2008

Directiva Frances R. Aparicio, Raúl Dorantes, Gregory X. Gorman, Jochy Herrera, Fernando Olszanski, Félix Masud-Piloto, Moira Pujols, Helen Valdez

Directora ejecutiva Moira Pujols

Director editorial Julio Rangel

Consejo editorial

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Beatriz Badikian, Gerardo Cárdenas, Julio Rangel, José Castro Urioste, Raúl Dorantes, Febronio Zatarain

Jefe de redacción Febronio Zatarain

Directora de arte Esmeralda Morales

Diseño gráfico Marisa Bueno, Esmeralda Morales

Diseño de portada Jorge Rosas Pérez

contrafoto Jesús Sereno

Correctora de estilo Mayavel Saborío Carranza

Las opiniones expresadas por los escritores que colaboran en contratiempo no son necesariamente las de la revista, o de la entidad que la publica, contratiempo nfp, una entidad 501 (c)3 sin fines de lucro.

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contratiempo nfp

1702 South Halsted St., Chicago Il 60608 (312) 666 7466 Para obtener más información sobre las distintas secciones de la revista publicidad o suscripciones, escríbanos a: info@revistacontratiempo.com

contenido 3

Editorial

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El libro, ese singular universo, René Rodríguez Soriano

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La revolución no será televisada. (Pero podrán verla en YouTube), Jorge Frisancho

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Un mundo feliz: La música en el ciberespacio, Catalina María Johnson

dossier 8

Desde las trincheras cibernéticas, om ulloa

latinidad 9

Los latinos, la religión y los asuntos sociales

11 Deshoras. El narrador hondureño Hernández Gallardo 12 Las marabuntas 16 La condesa 17 Partes humanas

deshoras 18 Hiroshima mirada 14 Invitación a cervantear… al estilo de Roberto Matta, Delia Negro 19 El Hogar de Jane y de todos, Moira Pujols 20 Revistas literarias y culturales en Chicago (Segunda de dos partes), Raúl Dorantes y Febronio Zatarain 22 Perdone caballero: ¿Es esa una avellana o ha escupido usted un diente en mi plato?, Gerardo Cárdenas 23 Rockotitlán, Stephanie Manríquez

Para envío de colaboraciones:

24 Goya en tiempos de Guerra, Jochy Herrera 25 Inmigración y desarrollo: El envío de remesas, Boris Svetogorsky

Julio Rangel

26 Pequeñísimo recuerdo de Roberto Bolaño, Francisco Pamplona

directoreditorial@revistacontratiempo.com

27 entrega inmediata

Gerardo Cárdenas tiempoextra@revistacontratiempo.com

tiempo 27 extra

contrafoto, Jesús Sereno


editorial Cuando en 1969 se crearon los primeros enlaces entre tres universidades de California y Utah a través de líneas telefónicas para formar el sistema conocido como ARPANET, pocos imaginaron que el desarrollo tecnológico que derivó en lo que hoy es Internet iba a desempeñar un papel fundamental en nuestras vidas y a cambiar patrones culturales ancestrales, al crear un fluido mecanismo de información que fragmentaría las grandes avenidas de los discursos hegemónicos. Entre las múltiples tecnologías derivadas de Internet se destacan la red, proveedora de libre acceso a las artes, la música y la literatura; el chateo, los social networks, search engines como Google, y por supuesto, los blogs, que ya alcanzan los centenares de miles. Las denominadas “Redes sociales” cibernéticas, entre las que se destacan Facebook y MySpace, han transformado la interacción que se da entre los millones de adolescentes que día por día utilizan estos espacios como “centro de operaciones”. Las compañías propietarias de dichas redes, mientras tanto, amasan fortunas que alcanzan los cientos de millones de dólares al año. Las estadísticas más recientes indican que los usuarios de Internet ascienden al 19 por ciento de la población mundial, unos 1200 millones de personas. En Estados Unidos, el 70 por ciento de la población tiene acceso a Internet de manera regular. Es preocupante, sin embargo, que la brecha en su uso entre los países desarrollados y los más pobres continúe ampliándose, y que algunos gobiernos regulen su uso hasta llegar a la censura. Es sabido, por ejemplo, que Yahoo aceptó el pedido de las autoridades chinas de “filtrar” información privada de ciertos usuarios y el acceso a husmear correos electrónicos, lo que resultó en el encarcelamiento de un periodista por enviar información “delicada” al exterior. La capacidad de diseminación de contenidos en Internet hace que continuamente gobiernos, grupos o intereses particulares deseen controlarle. Ahora que el libro ha cedido su hegemonía como principal vehículo de conocimiento –y dado que tendemos a confundir información con conocimiento– abundan las visiones apocalípticas sobre el futuro de la literatura misma ante el posible desvanecimiento del soporte físico de la letra impresa. Muchos nos debatimos entre el amor fetichista y sensual al papel y la tinta y el prodigio de un sistema que nos permite acceso a bibliotecas y periódicos en otros lugares del mundo, así como leer escritores que no tienen que esperar a que alguna editorial grande los publique para abrir su espacio literario virtual. Gutenberg nunca imaginó el alcance de la transformación que la imprenta trajo al quehacer y conocimiento humanos; jamás sospechó que los sueños de nosotros, lectores, estuvieran basados en historias escritas en el papel por nuestros ancestros. De seguro, nadie imaginó tampoco que la electrónica binaria de los chips alcanzaría el poder que el acceso cibernético ofrece tras sencillamente teclear en nuestro portal favorito. El presente número de contratiempo intenta, en unas breves páginas, repasar el impacto de Internet en nuestra vida cotidiana. Desde el ejercicio político hasta el ligue amoroso, la computadora se impone como instrumento mediador, de cierta forma recordándonos el lugar que la televisión tuvo en la década de los cincuenta y superándolo, al permitir la interacción del usuario y no limitarse a la recepción pasiva de sus contenidos. Desde diferentes perspectivas, los artículos de este dossier abordan este complejo sistema tecnológico, siempre en proceso.

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Al cabo de cincuenta generaciones (Tales abismos nos depara a todos el tiempo) Vuelvo en la margen ulterior de un gran río Que no alcanzaron los dragones del Viking, A las ásperas y laboriosas palabras Que, con una boca hecha polvo, Usé en los días de Nortumbria y de Mercia, Antes de ser Haslam o Borges. Jorge Luis Borges

De vez en cuando vuelvo a las tandas de maní tostado y Manuelico; no había placebos ni en la radio ni en la televisión, él llenaba de historias y de asombro los umbrales del anochecer. Había fogata, té de jengibre, y eran hondas, remotas y sin protocolo las historias, ¡pero cuánto se gozaba a lomo de la alfombra mágica en la que nos montaba Manuelico: amo y señor de los artilugios para conjurar ese mundo maravilloso que al final de cada día esperábamos con gozosa ansiedad! ¿A dónde iban las palabras y de qué lugar regresaban cada noche? Manuelico volvía con más historias, y nosotros nos internábamos subyugados a los reinos del espanto y de los sueños. A la luz de la leña seca, crujiente y luminosa, la oralidad se apropiaba del instante y del espíritu de niños y mayores, y no había de otra que esperar el atardecer del nuevo día. Ni pensar en Gutenberg, en Borges o en la Biblioteca de Alejandría; Pedro Animal, Juan Bobo y el Sastrecillo Valiente mantenían a raya a Pedro el Cruel y todas sus malvadas huestes. La memoria era el templo donde oficiaba Manuelico, y cual si fuera un sombrero de copa, noche a noche, por su lengua florecían como conejos los más inimaginables caminos de la magia y la aventura. El libro entraría después, lleno de ilustraciones que sucumbieron cada vez que la abuela descuidó el costurero e, insumisos, alcanzábamos a manipular sus tan vedadas tijeras. Éramos una aldea que apenas alcanzaba para un solo cruce al arroyito que zumbaba por las noches mil tonadas de grillos y cocuyos. Cada historia concluía justo donde iniciaba la otra. Y habría de llegar la escuela con su arsenal de tizas y creyones para desvelarnos la grafía de las palabras; íbamos hacia ella por los mismos trillos por donde se

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El libro, El libro, ese singular universo ese singular universo René Rodríguez Soriano arreaba el ganado y entraban y salían los trabajadores con sus aperos y arneses. Y aunque Dolores con sus trastos y su entrega, no dominaba el fuego y sus fisuras como Manuelico, nos dotó de destrezas para nadar con tino en las turbias aguas del lenguaje y la memoria: aprendimos las letras y su topografía. Entonces fuimos a los libros, a beber de su savia, a volar. Cuando llegó el primer libro, me interné entre sus páginas con desmedido encanto. Nacieron cientos y cientos de preguntas, tomaron cuerpo y se esparcieron las dudas y las descreencias; de un tirón, sin respirar, quise leerme entera la exigua Biblioteca Municipal e intenté devolver a sus antiguas páginas cada una de las litografías que antaño trasquilé de los anaqueles de mi hermano. ¿Fue acaso corretear de nuevo por los yaraguales llenos de guarapo y florecitas fucsia tras las mariposas amarillas? Confronté, consentí: leer era viajar un poco más allá del ancho mundo donde había llegado a lomo de la ya cansada yegua del viejo Manuelico. Y entonces quise más y más. El libro, sin lugar a dudas, fue la llave para abrirme una ventana a lo desconocido, novedoso. Quiroga, los Andersen, Mark Twain, Salgari, Perrault, Verne y ese inolvidable tomo de Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica, de Gustav Schwab, me llevaron y me trajeron por furnias, pantanos, quebradas y senderos de palabras. Leí mi isla, mis contornos, preñados de leyendas y alzados sin camisa corrigiendo la historia a machetazo limpio: Bosch, Cestero, Roumain, Penson, Lacay Polanco, Rijo… Y las palabras se quedaban allí, página tras página. Podía volver a ellas y encontrarle los mil y un significados; perderme en el armazón del libro, su forma, su peso, su grosor, su densidad. El libro tenía cuerpo, volumen y podía ponerlo y tomarlo de encima de la mesa; acomodarlo junto a otros en pequeños o grandes anaqueles; prestarlo, extraviarlo y recuperarlo, sin que jamás perdiera su contenido, se diluyera en el vacío: tenía vida y había sobrevivido desastres y hecatombes. Alguien me habló de Alejandría, de las llamas, del odio acérrimo de tiranos y patronos por el contenido y continente de los libros. Y entonces llegué a Borges, Novalis, Flaubert, Goethe, Mallarmé y Calvino en su afán de infinito: escribir el libro absoluto que traspasara la inmensa llanura que es una misma en cualquier lugar de la tierra, del tiempo y de las lenguas. Y en esas andaduras, tropecé con Cortázar, García Ponce, Elizondo, Felisberto, Musil, Proust y el viejo de los Garmendia, administrando con mesura los signos y los símbolos convencionales de la lengua; dejando vida y piel en cada renglón,

a toda página, y en cada libro que, a su vez, engendraba y procreaba cientos de cielos y universos. Sé que hay un infierno. Vive en las palabras de Dante y nos asaetea con su presencia cotidiana en una realidad que, además de chata y monda, se empecina en imitar la fantasía. Y, como fuente de las palabras que se suceden y se suceden, desde dentro de sí mismo, el libro se reinventa, se cuestiona, se retroalimenta y da nueva vida a infinitas posibilidades del libro que, palabra en ristre se yergue airoso contra todo vaticinio apocalíptico, ni el fuego ni el desdén ni la apatía ni la sevicia ni el odio darán al traste con una de las herramientas más singulares de la humanidad. Su importancia no sólo radica en las horas de placer y de vuelo que nos brinda su lectura; el libro, desde sus primeros soportes en tablillas de arcilla o sobre las rocas, nos posibilita salvaguardar y propagar la historia, viabilizando de manera muy puntual y precisa, la comunicación en el sentido más amplio. Cada etapa del desarrollo de la humanidad, con sus limitaciones y sus luces, amplía el abanico de posibilidades. Viniendo desde el papiro de los egipcios, pasando por el papel de los chinos y auxiliándose de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg, el libro en soporte de papel que conocemos hasta hoy ha llenado sus cometidos: enseñarnos a pensar, hacernos libres. Ni el hombre de las cavernas con sus figuras cuneiformes, ni Manuelico con aquella inmensa voz que nos dibujaba el mundo a mitad del siglo pasado, visualizaron jamás un soporte virtual para sus imágenes y sus palabras que no se almacenarían ni encima ni una detrás de la otra. El libro digital es una realidad de la era tecnológica que comenzó a tomar control de las cosas desde el momento mismo en que la casi subutilizada máquina de escribir se viste de obsolescencia, y se convierte en simple objeto coleccionable. Y el Blogger, ¿no será acaso un descendiente lejano de Manuelico que nos visita puntualmente con toda su música de luciérnagas, fantasmas e imaginería suelta a toda cancha? Cambian los tiempos; cambian las formas y se acortan las distancias, y se es gato o se es liebre, simplemente. De la misma manera que el nombre no es el hombre, el soporte no es el libro en sí. Hablo del libro que contiene ese texto o tejido con ese poco de neurosis necesario del que con tanta pasión y placer hablara Barthes; ese jaguar que nos consume en las llamas de su goce de entregarse o engullirnos es más fuego aún, llama ardiendo en las arenas del tiempo, coexistiendo, auxiliándose, confabulándose; engendrando nuevos tramos, nuevas vías y soportes, dotándonos de alas para abordar los retos, los páramos, las taras y las innovaciones con el placer lector que nos libera más allá del divino laberinto de los efectos y de las causas. René Rodríguez Soriano. Narrador y poeta dominicano, autor de Pas de deux. Es ganador del Premio Nacional de Narrativa 1997 en República Dominicana. junio 2008


La revolución no será televisada La revolución no será televisada verla en YouTube) (Pero podrán verla(Pero en podrán YouTube) Jorge Frisancho

Usted, lector, probablemente no sepa quién es George Allen (y está muy bien que así sea). Hace apenas un par de años, sin embargo, el partido Republicano tenía planes muy distintos: a estas alturas de la campaña electoral hacia la presidencia, todo el mundo conocería a este personaje, mentado ya desde entonces como uno de los más importantes pre-candidatos del así llamado Grand Old Party, heredero de George W. Bush y engreído tanto de los conservadores tradicionales como de los neo-ídem. Es verdad que el largo proceso electoral que venimos sufriendo está repleto de candidaturas “mágicas” que, de alguna manera un otra, se quedaron pronto en el camino. Rudolph Giuliani, Fred Thompson y Ron Paul vienen fácilmente a la memoria, y cabe la posibilidad de que Allen, de haberse lanzado al cuadrilátero, acabara sumándose a tan selecta compañía. Pero lo cierto es que Allen no llegó nunca a entrar en la liza; más aún, la posición de prestigio y expectativa que tenía en el partido se esfumó incluso antes de que le fuera posible hacerlo. Y se esfumó, en buena medida, gracias a la Internet. Macaca Allen fue gobernador del estado de Virginia, y en 2006, cuando la campaña por las nominaciones partidarias a la presidencia empezaba apenas a tomar forma (Allen había estado visitando Iowa y New Hampshire, escenarios de las primarias más tempranas, y el Washington Post lo anunciaba como frontrunner para la presidencia) era senador por ese mismo estado. Ese año, se recordará, hubo elecciones legislativas, y Allen aparecía ampliamente como favorito para reafirmarse en el puesto. Su rival demócrata era Jim Webb, veterano de la infantería de marina en la guerra de Vietnam y conocido como escritor de novelas policiales. De acuerdo con todos los cálculos, Allen iba a barrer el piso con Webb. En agosto de 2006, en el pueblo de Breaks, Virginia, Allen estaba dando un discurso ante unos 100 partidarios cuando distinguió entre ellos a S. R. Sidarth, muchacho de 20 años y ancestros hindúes, que trabajaba para su oponente. Sidarth había estado siguiendo a Allen a través del estado, filmando sus discursos. Irritado, Allen llamó la atención de sus oyentes sobre la presencia de Sidarth, y a éste lo calificó de macaca. Eso fue todo. Una palabra oscura, de proveniencia inicialmente desconocida. Algo que, apenas unos años antes, no hubiera llamado la atención de nadie ni le hubiera costado al candidato un céntimo de su potencial. En cuestión de horas, sin embargo, el clip de Allen profiriendo esa palabra estaba en YouTube, el sitio Web de recopilación y difusión de videos, y fue visto por millones de personas en todo el país. Se supo entonces que macaca es una palabra común en los países francófonos del norte de áfrica, y que significa “mono”—un insulto común para la gente de color. Allen negó conocer el término, pero muy pronto se supo también que su madre viene de Túnez, donde macaca es parte del lenguaje cotidiano. Más aún, se supo que la señora Allen es judía, y que su hijo se había pasado la vida negando ese origen. Finalmente, bajo el escrutinio que toda esta publicidad negativa estaba provocando, se supo que Allen había expresado puntos de vista extremadamente discriminatorios y racistas en su juventud,

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y que nunca se había distanciado de ellos. En suma, el incidente acabó pintando la candidatura de Allen con muy distintos colores y sus planes de reelección se desinflaron pronto. Hoy, Jim Webb es senador por el estado de Virginia y George Allen ha dejado, al menos por el momento, la política pública. Es cierto que no se le puede atribuir al incidente macaca la responsabilidad única por estos resultados. Jim Webb —veterano de guerra, hombre elocuente y de obvia inteligencia, padre de un oficial activo en Irak— no era un mal candidato, y no es un mal senador. Más aún, el electorado virginiano, como el electorado nacional, estaba en 2006 listo para el cambio, cansado de las políticas guerreristas y extremadamente conservadoras de la administración Bush, de modo que aquellas elecciones senatoriales no estaban tan cantadas como los comentaristas y los medios parecían creer. Pero aún así, es evidente que sin la Internet nada de esto hubiera sucedido en la forma en que sucedió. Filtradas por los medios tradicionales, con sus ciclos relativamente lentos de noticias, sus temas fijos y sus intereses creados, las palabras de Allen no hubieran encontrado el eco que encontraron. Puestas en YouTube, al alcance inmediato de cualquiera con un módem, fue imposible revertirlas, explicarlas, hacerlas desaparecer. La evidencia estaba ahí, ante los ojos de los votantes, en estado mucho más crudo del que permiten los periódicos, la radio y la televisión. En ese sentido y en esta particular instancia, YouTube ofició como un mecanismo de democratización del proceso electoral, poniendo en manos del público herramientas para una construcción más directa, menos mediatizada, de opiniones y acciones políticas. La Internet y el espacio público Ya en los años 90, cuando la Internet y medios afines empezaban a instalarse como parte esencial de la vida cotidiana de las clases medias en los Estados Unidos, muchos observadores anotaron este potencial democratizador de las herramientas de comunicación electrónicas en el terreno político. Ciertamente, la Internet alienta una cultura participatoria, y en eso se distingue con claridad de los mass media tradicionales. Hasta cierto punto, la manera de ver la política y al sociedad de una generación criada con Google, Facebook y demás como su principal medio de comunicación, es por necesidad distinta de aquella que caracterizó a sus padres, e incluso a sus hermanos mayores. Para los nativos de la era digital —aquellas personas, entre los 18 y los 30 años de edad, que no tienen la experiencia de un mundo sin la Internet—, la comunicación no es unidireccional. Uno no recibe pasivamente el contenido que ciertas grandes empresas (las dueñas de periódicos o canales televisivos) deciden debe trasmitirse. Uno sale a buscar sus propios contenidos, y en muchos casos los crea. Al mismo tiempo, la Internet y los medios de comunicación electrónica han bajado los costos de la participación política, haciendo posible que muchos más ciudadanos no sólo se interesen en el proceso sino que se hagan parte de él de maneras diversas. Esto, en sí mismo, ya es una transformación sustantiva de la vida pública, que con tanta frecuencia en el pasado parecía diseñada para desmotivar la participación de los civiles y la gente de a pie.

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Cabe preguntarse, sin embargo, si este cambio es del todo positivo. A fin de cuentas, el modelo instaurado por los viejos medios de comunicación, ya desde sus primeros atisbos en el siglo XVIII, fue el de generar un público relativamente unificado, relativamente homogéneo, sobre la base de las muchas diversidades (de clase, de origen, de educación, etc.) que conforman la sociedad moderna. En buena medida, esa misma sociedad moderna es el producto del grado de homogeneidad cultural hecho posible por los medios de comunicación tradicionales, incluidos, hasta no hace mucho, los medios electrónicos. En esa medida, la sociedad mediática —una manera de definir a las sociedades modernas— es una en la que la multitud de voces emergidas del espacio colectivo pueden encontrarse en lugares centrales, converger en ellos, y dialogar. Por supuesto, en términos reales y concretos las cosas no suceden de esa manera —a fin de cuentas, los medios son controlados por intereses específicos, y muchas voces son relegadas a la marginalidad y al silencio—, pero lo que quizá podríamos llamar la utopía comunicativa de la sociedad occidental contemporánea cobra su cabal sentido en ese contexto. Sin medios de comunicación medianamente centralizados, y sin un público definido por ellos, es mucho más difícil hablar en esos términos. La contraparte del potencial democrático que algunos han querido ver en la Internet es su capacidad para dislocar, desagregar y fragmentar ese espacio público, haciendo la comunicación, si no unidireccional, mucho más monocorde. Puestos a escoger los mensajes que quieren recibir, los ciudadanos en línea escogerán, con más frecuencia que no, aquellos mensajes que no los cuestionan ni los interrogan, aquellos mensajes con los que ya están de acuerdo. Una sociedad dominada por los nuevos medios, por blogs y sitios Web, es también una sociedad de infinitos nichos individuales, donde las colectividades se forman por elección y uno jamás tiene necesidad de escuchar puntos de vista divergentes, a menos que salga a buscarlos.

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En otras palabras —como descubrió el Internet and American Life Project del Pew Research Center en 2006—, la Internet tiene el potencial de fragmentar el espacio público hasta hacerlo irreconocible, y por ese camino puede también alterar fundamentalmente la dinámica de nuestra vida política, haciéndola menos afín al ágora de los griegos y más, mucho más, a la minuciosa construcción de nichos de la mercadotecnia contemporánea. ¿Dónde está el dinero? Más allá de tales consideraciones, lo indudable es que la Internet y los medios electrónicos están aquí para quedarse, y su importancia en el proceso político ha venido creciendo de manera acelerada a lo largo de la última década. Una forma en la que ese crecimiento ha sido obvio es en el trabajo de reclutamiento ideológico, a través de movimientos grassroots. En ese terreno, la Internet y los nuevos medios de comunicación han sido de gran beneficio sobre todo en el lado izquierdo del espectro político. Así como el movimiento conservador y la derecha tuvieron el direct mail y el talk radio como mecanismos esenciales de crecimiento desde los años 80 (y los tienen hasta hoy), los organizadores del más bien desperdigado movimiento liberal han encontrado formas de usar la Internet para distribuir su mensaje y captar adherentes. Esto, se dice, está en la raíz de un fenómeno quizá mucho más significativo de lo que parece: el hecho de que en las primarias Demócratas de este año la participación de votantes jóvenes está batiendo todos los récords históricos. Tanto el partido Demócrata como el Republicano son conscientes de ello y han tratado de aprovechar esta oleada de comunicación electrónica —y de controlarla. A los partidos establecidos, la posibilidad de un surgimiento de grupos independientes y desafiliados dedicados a propagar mensajes en su nombre no termina de convencerlos del todo, por razones obvias. Todas las campañas, en ambos bandos, han tratado de limitar el uso del nombre del candidato en sitios Web no patrocinados por ellos, llegando incluso (como en el caso de la página de Barack Obama en MySpace)

a apropiarse de ellos prácticamente por la fuerza, a riesgo de enemistarse con los usuarios. A fin de cuentas, para los políticos tradicionales que compitieron y compiten en estas elecciones, la principal función de los nuevos medios electrónicos ha sido la de captar donaciones monetarias. Obama, nuevamente, es el ejemplo más claro (pero no el único). Buena parte de su ventaja financiera inicial se construyó sobre la base de donaciones pequeñas obtenidas a través de la Internet, y esa fue la piedra angular de su viabilidad como candidato en los primeros meses. Sin embargo, hay que notar algo importante. De los fondos así capturados, la mayor parte pasó inmediatamente —en el caso de Obama como en el de los demás candidatos, demócratas y republicanos— a financiar… anuncios en los medios de comunicación convencionales. En efecto, aunque la Internet ocupa un lugar de importancia en el diseño de las estrategias electorales, ese lugar no es todavía central: en el centro están los periódicos, las estaciones de radio y, sobre todo, las televisoras. Es ahí donde los candidatos vuelcan sus recursos. El Pew Research Center ha calculado que este año el desembolso en publicidad política en medios electrónicos podría llegar a unos 80 millones de dólares, suma geométricamente mayor que la que se vio cuatro años atrás. Para ponerla en contexto, sin embargo, hace falta recordar que el monto total de los gastos en este rubro se proyecta en 2,600 millones de dólares. Es decir, las inversiones publicitarias que los candidatos han hecho y proyectan hacer en la Internet son todavía una fracción mínima de aquellas que ellos mismos dirigen hacia los medios convencionales. Este dato sirve para revelar un hecho que quizá no sea del todo obvio: en el terreno político, la Internet tiene un enorme potencial revolucionario, pero ese potencial no está aún realizado. Los grupos en la margen izquierda del espectro pueden crecer y solidificarse gracias a ella, y los partidos establecidos encuentran ahí herramientas eficaces para captar dinero y adherentes. Pero cuando se trata de difundir masivamente su mensaje y pelear sus más intensas batallas, todos los que pueden hacerlo recurren a la televisión. Con lo cual estamos, si no en el mismo lugar en el que estábamos al principio, en uno muy parecido. Este 2008 no ha sido todavía el año en el que la Internet revolucionó la vida política norteamericana. Pero sí hay claros indicios de que las cosas van por ese camino, y los hay también de que los partidos políticos están montándose a la ola, tratando de controlarla pero también dejándose llevar por ella. Para saber qué forma final tomará este proceso tendremos que esperar un poco más. Jorge Frisancho es poeta peruano. Autor de Estudios sobre un cuerpo. Vive en Chicago

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Un mundo feliz:

La música en el ciberespacio Catalina María Johnson Si accedes a la página web: http://www.firstsounds. org/sounds/1860-Scott-Au-Clair-de-la-Lune.mp3 podrás escuchar la grabación musical más antigua en existencia, descubierta en París apenas en abril de este año. Se trata de la canción Au clair de la lune del siglo XVIII, que comienza: A la luz de la luna, mi amigo Pierrot Préstame tu pluma, para escribir una palabra…

La grabación, realizada por el francés Eduard-Leon Scott de Martinville, es anterior por casi dos décadas a la del estadounidense Thomas Alva Edison, quien lograra reproducir sonidos de un coro de Handel en su fonógrafo y fuera hasta ahora considerado el inventor del sonido grabado. Los diez segundos de esta canción anónima, grabados en 1860, están a disposición de los 1 407 724 920 individuos que, según cifras recientes, acceden al “ciberespacio”, la realidad virtual que existe entre todas las computadoras y redes de todo el mundo, término utilizado por primera vez por William Gibson en uno de sus cuentos, que posteriormente llega a ser el universo central de su novela de ciencia ficción Neuromante, escrita en 1984. En el espacio físico y real por el cual se mueven nuestros cuerpos, hasta esos momentos históricos en que Eduard-Leon y Thomas Alva se disputaban el futuro trono del primer grabador de audio, el arte efímero de la música cumplía su cometido estético dentro de un contexto social, comunitario y utilitario: Corridos, baladas, trovadores, coros, cantos de chamanes, cantos espontáneos entre amigos, ceremonias, celebraciones militares, bailes. La música exigía acto de presencia. No se podía llevar a casa ni escucharla de nuevo, ya que después de ser producida y escuchada, dejaba de existir con la excepción de su recuerdo. En el siglo veinte, la música se transforma en producto que se puede tocar repetidamente en cualquier contexto, y el poder de la industria se concentra en enormes compañías disqueras que aportan fondos para la grabación, la manufactura, la distribución y las actuaciones que impulsarán las ventas, pero no de la música sino, como comenta David Byrne en su excelente artículo en Wired, el mercado lo impulsaban las condiciones y las necesidades de los contenedores de la música ­ —primero el vinilo, luego la cinta y, finalmente, el disco—. En el ciberespacio, en la última década, el panorama cambia completamente, ya que la música digitalizada revoluciona la producción, la distribución y el consumo

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de la música, y los servicios costosos de las compañías disqueras, esclavizantes para los artistas, van perdiendo su valor. Cuesta poco grabar, el álbum se puede crear en una computadora, ni siquiera demasiado sofisticada, y la distribución es gratis. Las actuaciones musicales ya no se consideran medio para darles publicidad y vender los

estrenos, sino que se vuelven un fin en sí mismas y un talento que se comercializa por separado de la grabación. Las armas de la distribución las han tomado los artistas. Radiohead permitió que los fans fijaran por sí mismos el precio que estaban dispuestos a pagar por el disco In Rainbows, decisión que les ha resultado sumamente rentable. Más aún, a los fans se les está invitando a participar en el proceso creativo. El grupo Mudvayne, por medio de una encuesta en su página web, han dado la oportunidad a los fans de apoyar en la creación del arte del disco, escogiendo las canciones de una lista de posibilidades y participando en la creación del video promocional. La directora de orquesta y compositora, Maria Schneider, distribuyó digitalmente su disco compacto Concert in the Garden, premiado con dos nominaciones al Grammy en el 2004, y su último compacto, Sky Blue, con una composición premiada con Grammy en el 2007, se produjo mediante una propuesta en el ciberespacio en la que los fans presenciaron el proceso creativo y participaron en la producción del CD en la misma medida de su colaboración económica. A la par, ha surgido el fenómeno de los 200 millones o más de weblogs que distribuyen no sólo información y opiniones —desde las más sublimes a las bastante ridículas— sino que muchos comparten música en formato de MP3. La gran accesibilidad de la música a través del ciberespacio existe porque se ha creado una red informática entre iguales (en inglés, peer-to-peer, conocida como P2P) que no tiene ni clientes ni servidores fijos si no una serie de nodos que se comportan simultáneamente como clientes y como servidores de los demás nodos de la red, y comparten archivos con gran eficiencia. Aún frente al dominio cibernético de la distribución musical (el año pasado responsable del 50 por ciento de las ventas de música), se ha visto el renacimiento del mercado del vinilo, cuya muerte predijeron con la aparición del disco compacto en 1992. La pervivencia del vinilo se debe, en parte, al interés de los músicos electrónicos, el hip hop y el nuevo rock de guitarras, y al de los coleccionistas en el valor visual de las portadas. Al mismo tiempo, el aficionado histórico acude al vinilo, porque apenas el 20 por ciento de

la música editada en toda la historia se encuentra en disco compacto. El mismo ciberespacio apoya la difusión del material en vinilo, ya que los coleccionistas

comparten sus hallazgos de música en vinilo a través de archivos en formato de MP3 publicados en sus weblogs. El nuevo mundo de comunicación horizontal y democrática entre el artista, el experto, el aficionado y el consumidor va creando un gran consciente colectivo y, al igual, nos ofrece interesantísimas posibilidades a los que amamos la música. Por ejemplo: gracias a la mayor importancia de la actuación en vivo, se están realizando gran número de conciertos y festivales a nivel mundial, sobre todo en sitios exóticos. En la edición del 2004 del Festival en el Desierto, que se celebra en un oasis del Sahara, se unieron en el escenario los músicos miembros de los Tuareg y de los Woodabe-Fulani, dos tribus nómadas del Níger. El éxito contundente de esa actuación espontánea resultó en la creación de Etran Finitawa —la Estrella de la Tradición—. Actuaron aquí en Chicago hace unas semanas en Old Town School of Folk Music y, después del concierto, mediante solo un par de clics, pude descargar del ciberespacio los dos CD´s que han grabado. Otro par de clics, y me enteré del Festival en el Desierto, detalles del origen del grupo y las características de cada tribu a través de artículos periodísticos y mensajes publicados en weblogs. Pero nada de eso me informó de la misma manera que escuchar a los Woodabe-Fulani tocar una enorme calabaza pintada flotando en agua dentro de medio guaje de aún mayor tamaño, un latir profundamente sonoro; ni me rodeó de la magia del canto polifónico de los miembros de esta misma tribu, acompañado del tintineo de campanas y sonajas que traían amarradas a los tobillos y sonaban cuando brincaban; ni me podía haber descrito de manera adecuada la belleza del azul cielo de los turbantes y las ropas de los Tuareg; ni la sorpresa de la raya amarilla que marcaba la cara de los Woodabe-Fulani, pintada desde la frente y bajando por la nariz hasta el mentón; ni el trance del tejido musical creado en la fusión de los sonidos de las dos tribus, un blues intenso con mucho sabor a desierto. Artistas en control de la distribución de su música, mayor número de conciertos en vivo y consumo inmediato en el ciberespacio de la música y de la información pertinente con un par de clics: ah, mundo feliz. A la luz de la luna, préstame tu computadora, para escribir unas palabras… Catalina María Johnson, Ph.D. es conductora y productora de programas de música latina para estaciones de radio pública. Para mayor información: www.beat-latino.com contratiempo




Desde las trincheras

cibernéticas om ulloa

A principios de abril del 2008 sucedió algo increíble que estremeció el siempre raro mundo llamado Cubayami. En esos días, el diario español El País otorgó uno de sus distinguidos premios Ortega y Gasset, en concreto el de periodismo digital, a Yoani Sánchez, residente en La Habana, “por la perspicacia con la que su trabajo ha sorteado las limitaciones a la libertad de expresión que existen en Cuba”. Con ese premio, El País reconocía a nivel internacional la importancia y el impacto del blog “Generación Y” (http://desdecuba. com/generaciony/), donde Yoani, filóloga retirada a los 32 años y convertida en bloguera, apunta desde su trinchera cibernética al nuevo rey del otrora “paraíso obrero tropical”, ahora primer territorio monárquico comunista de América. El libre acceso a la Internet y la prensa no controlada por el estado siguen siendo tabú en la Cuba dFC (después de F. Castro). El ciudadano común no tiene acceso a Internet como se conoce en la mayor parte del mundo. Puede recibir y enviar e-mails, que muchas veces no llegan, después de hacer la consabida cola para usar arcaicas computadoras que hay que pagar en moneda extranjera. Sin embargo, la Internet plena sólo es accesible a través de cibercafés y hoteles para turistas, a pagar también en moneda extranjera, un promedio de $6/hora, cantidad que un trabajador cubano apenas gana en un mes. A principios del 2007, por una estrecha apertura del telón del centro entró Yoani Sánchez a Cubayami con su blog de crónicas ciudadanas, simples viñetas cotidianas bordadas de frustración y crítica a un gobierno estancado en un archipiélago alérgico a la libre expresión y, por lo tanto, al ciberespacio. Poco a poco “el blog de Yoani”, como lo conoce la mayoría, fue cautivando a muchos en el mundo, más allá de Cubayami y a los pocos cubanos en la isla que lo podían leer. En febrero del 2008, el blog alcanzó la cifra de 1.2 millones de visitantes y, a partir del premio, ha llegado a los 4 millones. Desde que empecé a leer “Generación Y”, a mediados del 2007, me confirmé una vez más que los ovarios de la mujer cubana son, en todo sentido, superiores al órgano eréctil del que tanto alardean nuestros machos cabríos. Yoani es una mujer delgada, de apariencia frágil, con ojos intensos que proyectan buen humor desde la foto de su blog. Engaña esa imagen de flaca promedio que no parece ser la de la leona suelta en el restringido ciberespacio de La Habana y ecléctica red del resto del mundo, ese espacio virtual donde ella ruge con inteligencia, critica con imparcialidad y sobre todo, da la cara. Hasta su carnet de identidad, con nombre y dirección, postea con la aplastante sinceridad del que no tiene mucho más que perder. El día del anuncio del premio respiré esperanza por primera vez en mucho tiempo. Yo que soy fruto de una generación perdida en el limbo cubano del exilio, le sonreí eufórica a la pantalla mientras admiraba a la sonriente Yoani y me la imaginaba, saltando de alegría en el balcón de su barrio habanero donde algún día la desilusión y la apatía tendrán que terminar al igual que este limbo perenne. Y qué maravilla, pensé agradecida, estos gallegos de mi alma, otorgar con pulcra coincidencia el gran reconocimiento a Yoani y su

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inteligente voz cibernética mientras que en La Habana se celebraba el ineficaz pero oficial VII Congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), esos eunucos que han aprendido tan bien a babear a coro: “todo lo que fortalezca éticamente la revolución es bueno, todo lo que la debilite es malo”, citando las palabras enviadas por el fantasma del compañero Fidel en su mensaje escrito al congreso, velada advertencia paternal a sus debates, desde el más allá. En aquel momento los eunucos discutieron y razonaron las absurdas prohibiciones que existen en la isla (y que el heredero Castro II promesdice levantar en un futuro no muy lejano… encargos por cumplir no se vale mencionar). En el susodicho congreso se masticaron graves problemas, como la carencia de estímulo general debido a la dualidad monetaria para los cubanos, cuyos salarios los paga el gobierno en la mísera moneda nacional mientras les quiere vender computadoras, sin acceso a Internet, en dólares y euros. Hasta discutieron los eunucos sobre el deterioro de servicios tan “revolucionarios” como la salud y… ¡la educación! Vaya, tocaron la vaca sagrada de la monarquía que tanto exalta su séquito de extranjeros “groupies”, vaya, vaya. En ese mismo mensaje al congreso, el que fuera aquél y no se sabe si es éste, nuestro oyente perenne, cuestionaba si tenía “algún sentido” el empleo de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana “que promete el imperialismo”, y advertía que cada invento será sustituido por otro “más efectivo … de manera que ya no puede siquiera garantizarse el secreto de lo que habla una pareja en un parque”. Vaya, vaya de nuevo, iluminadas palabras de la boca casi llena de moscas del creador de los comités de defensa de la revelación constante con el revolucionario propósito de chivatear al prójimo 24/7/365. Ah, pero ese cadáver se lo comerá la historia, que para absolver ni siquiera Nuremberg le sirve. Citemos mejor a Yoani, quien con voz pausada dice a quienes de pronto la buscan para analizar “la transición”, que lo más importante es que en Cuba “…ya nos estamos olvidando de Fidel”. Las voces vivas como la suya y otros pocos, a quienes no les queda otra alternativa que usar estas nuevas tecnologías tan capitalistas que ofrece el imperialismo yanqui al mundo, serán los nuevos ecos a escuchar en el futuro cubano por ser las voces oprimidas y no las opresoras. Días después del premio, Yoani declaró en una entrevista que esperaba asistir a la entrega de premios el 7 de mayo en Madrid: “Estoy

optimista en que podré viajar”, dijo. ‘‘Espero que el gobierno cubano no haga el ridículo de no dejarme ir”. Era demasiado esperar de la recién estrenada monarquía en su casi quincuagésimo aniversario. El permiso a viajar fuera de la isla le fue negado a Yoani, como ocurre con cualquier cubano, al antojo del regente de turno, Castro I o Castro II. El ridículo, una vez más, acopló bien con el estricto uniforme militar. En Madrid, la noche del 7 de mayo sí pudieron asistir a la entrega de premios los otros merecedores del Ortega y Gasset: la mexicana Sanjuana Martínez, premiada por su trabajo de investigación sobre la pederastia protegida en el clero mexicano, la revista mexicana ZETA, de Tijuana, por su trayectoria profesional y el fotoreportero español Gervasio Vázquez. Sin embargo, como lo propagaron los medios de todo el mundo, sin duda la estrella de la noche fue la ausente cubana Yoani Sánchez, cuya voz se escuchó esa noche gracias a una previa grabación por teléfono. Retumbó en la sala su deje pausado y habanero al decir, como las teclea, otra verdad más: “Nada de lo que he escrito en ese blog es tan evidente como mi ausencia en esta ceremonia”. Trucutú… otro disparo certero desde la trinchera cibernética de Yoani Sánchez a la corona falsa del impuesto rey cubano. Om Ulloa. Autora de Prendas de Mujer. Vive en Chicago.

Yoani Sánchez autora del blog Generación Y.

Denegación de permiso emitido por el gobierno cubano.

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Los latinos, la religión y los asuntos sociales Luego de las elecciones presidenciales de 2004, los informes periodísticos se enfocaron en los complejos resultados que surgieron de la inserción de los “valores morales” en la lista de asuntos sobre cuya influencia potencial se preguntó a los votantes en encuestas a pie de urna. Según algunos análisis, el 80 por ciento del electorado señaló a los “valores morales” como el factor más importante que influyó en su voto por un candidato presidencial.

Sin embargo, una innovadora investigación del Pew Research Center encontró que si bien los “valores morales” fueron un factor importante”, la “guerra en Irak” y “el liderazgo” jugaron papeles más decisivos para determinar el comportamiento del votante. (Pew Forum on Religion & Public Life 2004). Es interesante ver cómo los votantes latinos pusieron otros temas por delante tanto de la guerra en Irak como de los “valores morales”. La tabla 6 compara los asuntos que los votantes latinos católicos y protestantes consideraron como extremadamente importantes en la primavera previa a la elección de 2004. Como el gráfico demuestra, si bien el orden exacto varía, los votantes latinos católicos y protestantes que participaron en el estudio de Pew en 2004 identificaron los mismos cuatro asuntos –educación, salud y Medicare, la economía y los empleos, y la campaña contra el terrorismo– como sus principales prioridades para los comicios de 2004. Los votantes latinos, tanto católicos como protestantes, ubicaron a los “valores morales” muy por debajo de los otros asuntos (octavo y sexto lugar, respectivamente), y así indicaron que los “valores morales” eran menos determinantes de su voto que otros temas fundamentales, un hallazgo que resultó cierto hasta en los individuos de mayor actividad religiosa. Sin embargo, persiste una fuerte división en el público americano sobre los temas del matrimonio homosexual, el aborto y otros asuntos sociales y culturales. Para determinar de qué manera la religión y la afiliación religiosa determinan el punto de vista de los latinos en estos temas, analizamos las respuestas que los latinos dieron sobre aborto, matrimonio homosexuales, divorcio, y paternidad fuera del matrimonio en la Muestra Nacional de Latinos 2004. En el tema del aborto, la Muestra preguntó si el aborto debería ser: 1) legal en todos los casos; 2) legal en la mayoría de los casos; 3) ilegal en la mayoría de los casos; o, 4) ilegal en todos los casos. Una mayoría de latinos –52 por ciento– dijo que el aborto debe ser ilegal en la mayoría o en todos los casos, en tanto el 42 por ciento dijo que debería ser legal en todos o en la mayoría de los casos. La afiliación y participación religiosas generan considerables diferencias en los puntos de vista de los latinos hacia el aborto. Una mayoría de católicos religiosamente activos (55 por ciento) sostuvo que el aborto debe ser ilegal en la mayoría o en todos los casos, contra un 43 por ciento de católicos no activos. Pero la diferencia entre protestantes religiosamente activos y no activos, en este tópico, es considerablemente mayor, con 70 por ciento de protestantes activos afirmando que el aborto debe ser ilegal todo el tiempo o en la mayoría de los casos, contra sólo 39 por ciento de protestantes no activos. Si bien los protestantes religiosamente no activos y los católicos tienen respuestas similares a esta pregunta (54 y 51 por ciento, respectivamente, afirman que el aborto deber ser legal en la mayoría o en todos los casos), los católicos religiosamente activos están menos predispuestos a oponerse contundentemente al aborto (55 por ciento), comparados con los protestantes religiosamente activos (70 por ciento).

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Si bien el género es visto como factor que determina el punto de vista sobre el aborto, nuestro análisis no encontró diferencias significativas entre latinos y latinas, dentro de los grupos religiosos. Entre católicos hubo una división casi por la mitad, con virtualmente el mismo número de hombres y mujeres católicos (48 y 47 por ciento, respectivamente) afirmando que el aborto debe ser ilegal en todos o la mayoría de los casos, y un 45 por ciento de católicos y 46 por ciento de católicas afirmando que debería ser legal. Una mayoría de protestantes de ambos sexos

(63 por ciento de hombres y 61 por ciento de mujeres) opinaron que el aborto debe ser prohibido, en tanto que un tercio de hombres y mujeres protestantes (33 y 34 por ciento, respectivamente), dijeron que debería ser legal. De tal manera, la afiliación religiosa parece tener más peso que el género en la predicción del punto de vista de latinos y latinas sobre el aborto. El lugar de nacimiento tuvo una considerable correlación con los puntos de vista de los latinos católicos sobre el aborto, con un 58 por ciento de católicos nacidos en el extranjero en contra del aborto, contra 37 por ciento de sus homólogos nacidos en los Estados Unidos. En contraste, el lugar de nacimiento representó una diferencia considerablemente menor entre latinos protestantes con relación al aborto (65 por ciento de nacidos en el exterior y 60 por ciento de los nacidos en Estados Unidos opinaron que el aborto debe ser ilegal. Por ende, en cuanto al aborto, la asistencia frecuente a la iglesia, más que el lugar de nacimiento, se corresponde fuertemente con una postura antiaborto entre los protestantes, en tanto que entre los católicos es el lugar de nacimiento, especialmente si éste es en el extranjero, más que la asistencia, el que ejerce más influencia. Otro tema que recibió mucha atención durante las elecciones de 2004 fue la homosexualidad y el matrimonio homosexuales, particularmente por los referendos en once estados para prohibir el matrimonio entre miembros del contratiempo

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mismo sexo. Como lo reportó The Washington Post, estas iniciativas fueron vistas como determinantes para movilizar el voto entre evangélicos y otros cristianos conservadores (Milbank 2004). Los latinos, católicos y protestantes, también intervinieron en estas iniciativas, y lo que se desprende es que los latinos no se oponen al matrimonio homosexual con el mismo nivel de intensidad con que se oponen al aborto. El único grupo en el que una leve mayoría apoyaba una enmienda constitucional que prohibiera el matrimonio homosexual fue el de los protestantes activos (53 por ciento de los nacidos en este país y 56 por ciento de los nacidos fuera). Para determinar si los votantes registrados se desviaron del muestreo general, analizamos las respuestas de los mil 166 votantes registrados en el estudio del 2004 (51 por ciento del muestreo general) y encontramos que exhibieron el mismo nivel de ambivalencia con relación a una enmienda constitucional contra el matrimonio homosexual, que el grupo mayor. Los votantes latinos católicos quedaron divididos por la mitad en este asunto, sin importar su nivel de participación religiosa, en tanto que una pequeña mayoría de votantes latinos y protestantes (54 por ciento) y una proporción más alta de votantes protestantes religiosamente activos (62 por ciento) expresaron apoyo por una enmienda constitucional que definiese al matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. En contraste, sólo 48 por ciento de votantes latinos católicos religiosamente activos apoyaron esa medida. Cuando examinamos el impacto del lugar de nacimiento en las opiniones de los votantes latinos registrados, encontramos que los protestantes nacidos en el exterior expresaron el más fuerte de los apoyos por una enmienda constitucional, con un 62 por ciento a favor y un 37 por ciento en contra. En contraste, sólo 50 por ciento de los protestantes nacidos en los Estados Unidos apoyaron esa medida. Una brecha similar existe entre los católicos latinos registrados (52 por ciento para los nacidos fuera, contra 40 por ciento para los nacidos aquí). Los católicos empadronados y nacidos en Estados Unidos constituyen el grupo más reticente a una enmienda constitucional que defina al matrimonio. En ambos grupos religiosos, los latinos nacidos en los Estados Unidos son más proclives a oponerse a una enmienda sobre el matrimonio, que los latinos que nacieron fuera de los Estados Unidos. El divorcio, las relaciones sexuales entre adultos del mismo sexo, y la paternidad fuera del matrimonio fueron otros asuntos sociales y culturales que separaron a los latinos y latinas de diferentes denominaciones religiosas. Debido a que el estudio de 2004 de Pew no preguntó sobre éstos temas, analizamos la Muestra Nacional de Latinos del 2002, dado que ésta provee información útil para examinar esas actitudes. Este estudio encontró que la mayoría de católicos latinos, incluyendo los religiosamente activos, consideran aceptable el divorcio y tener hijos fuera del matrimonio. Con relación al divorcio, 56 por ciento de todos los católicos, y 51 por ciento de los religiosamente activos dijeron que la práctica es aceptable. Un 59 por ciento de todos los católicos, y 55 por ciento de los religiosamente activos consideraron aceptable el tener hijos fuera del matrimonio. En contraste, la mayoría de protestantes latinos, particularmente los religiosamente activos, están mucho menos dispuestos a aceptar ambas prácticas. Sólo 48 por ciento de los protestantes en general, y 44 por ciento de los religiosamente activos, aceptan el divorcio, en tanto que 44 por ciento de todos los latinos protestantes, y 41 por ciento de los religiosamente activos consideran aceptable el que las personas tengan hijos fuera del matrimonio.

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Comparando sus puntos de vista con los del aborto y el divorcio, los católicos fueron mucho menos tolerantes con respecto a relaciones sexuales entre adultos del mismo sexo, con sólo 26 por ciento de católicos en general y 21 por ciento de católicos activos afirmando que la práctica es aceptable. Aquí, de nuevo, los protestantes fueron aún menos abiertos al tema, con sólo 15 por ciento de protestantes en general y 11 por ciento de los religiosamente activos afirmando que las relaciones homosexuales son aceptables. La homosexualidad recibió el nivel menor de aceptación entre los grupos estudiados, con la variante de lugar de nacimiento fuertemente correlacionada con diferencias en punto de vista. En todas las preguntas sobre este asunto, los latinos y latinas nacidos en el extranjero mostraron niveles menores de aceptación que sus homólogos y homólogas nacidas en este país. Entre los católicos religiosamente activos, la primera generación de inmigrantes (16 por ciento) estuvo menos dispuesta que sus homólogos nacidos en este país (32 por ciento) a aceptar las relaciones homosexuales. La oposición a las relaciones homosexuales fue aún mayor entre protestantes religiosamente activos, con sólo ocho por ciento de los nacidos fuera y 15 por ciento de los nacidos en Estados Unidos opinando que las relaciones sexuales entre adultos del mismo sexo son aceptables (Tabla 26). La misma diferencia generacional es evidente en el punto de vista de los latinos con relación al divorcio y a tener hijos fuera del matrimonio. Los protestantes religiosamente activos y nacidos en Estados Unidos están más dispuestos a aceptar el divorcio que sus homólogos nacidos fuera (49 contra 39 por ciento, respectivamente) y a tener hijos fuera del matrimonio (45 contra 37 por ciento, respectivamente). De la misma manera, los católicos religiosamente activos y nacidos en Estados Unidos son más abiertos a aceptar estas situaciones que sus homólogos nacidos fuera (60 contra 47 por ciento, respectivamente, en materia de divorcio; y 66 contra 51 por ciento, respectivamente, con relación a tener hijos fuera del matrimonio). Como lo indican estos hallazgos, la actividad religiosa se correlaciona con niveles reducidos de aceptación de los tres asuntos bajo consideración. Existe una brecha que va del 10 al 22 por ciento entre los católicos religiosamente activos nacidos en Estados Unidos y los religiosamente no activos, y entre los católicos nacidos en el exterior religiosa-

mente activos y los no activos. Es interesante constatar, sin embargo, que haber nacido fuera de los Estados Unidos tiene un efecto conservador en materia de los puntos de vista de latinos y latinas, en tanto que miembros de una comunidad religiosa. Los católicos nacidos fuera, y que no son activos religiosamente, registran niveles de aceptación casi idénticos para los tres asuntos, que los católicos religiosamente activos, y nacidos en Estados Unidos. Y si bien los protestantes religiosamente activos, independientemente de su lugar de nacimiento, son considerablemente menos tolerantes de los tres asuntos, que los católicos religiosamente activos, los protestantes activos nacidos en este país mostraron niveles similares de aceptación que los católicos nacidos en el extranjero. El impacto aparente del lugar de nacimiento, la intensidad religiosa y la afiliación religiosa sobre los puntos de vista de los latinos y las latinas queda reconfirmado por nuestro hallazgo de que los católicos nacidos en Estados Unidos, y religiosamente no activos, son los más abiertos en relación a esos tres comportamientos (82 por ciento sobre divorcio, 76 por ciento sobre tener hijos fuera del matrimonio, y 44 por ciento sobre relaciones homosexuales), en tanto que los protestantes activos y nacidos en el exterior son los menos tolerantes (39, 37 y ocho por ciento, respectivamente sobre esos comportamientos). En resumen, nuestro análisis revela que la participación religiosa activa, aparejada con haber nacido fuera de los Estados Unidos, genera un efecto marcadamente conservador sobre las actitudes de latinos y latinas en este país. Si bien esto es cierto tanto para católicos como para protestantes, los latinos y latinas protestantes están más predispuestos a asumir puntos de vista conservadores sobre temas de familia y reproducción, que sus homólogos católicos. Edwin I Hernández, Kenneth G. Davis, Milagros Peña, Georgian Schiopu, Jeffrey Smith y Matthew T. Loveland son investigadores que colaboran con el Instituto de Estudios Latinos de Notre Dame University. Traducción: contratiempo

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el narrador hondureño hernández gallardo pertenece a la primera generación de escritores inmigrantes radicados en Chicago. Llega a esta ciudad a principios de los ochenta; trabaja como lavaplatos, busboy, cocinero y, luego de tres lustros, se establece definitivamente en el ramo de la construcción y las bienes raíces. En forma paralela, sus inquietudes intelectuales lo llevan a retomar la educación universitaria y obtiene la maestría en Literatura Hispanoamericana en la Roosevelt University. Al igual que otros escritores latinoamericanos radicados en la Ciudad de los Vientos, comienza a escribir relatos cortos, que en mayo de 2005 publica en el libro Había una vez en el futuro. Pero ¿cómo podemos definir a un escritor inmigrante? A diferencia del exiliado, el escritor inmigrante se forma como narrador en la tierra que ha adoptado. Y obviamente sus primeras incursiones en la literatura han de publicarse y difundirse en dicha tierra. El escritor inmigrante, además, está marcado por la nostalgia; de ahí que comience a escribir relatos que por lo general toman lugar en el lugar de origen, el terruño. Hernández Gallardo no es la excepción: por lo menos una docena de sus primeros cuentos ocurren en Honduras. Lo mismo sucede con su primera novela, Los Yakis (2007), que da inicio cuando en Tegucigalpa aterriza el avión que trae de regreso al inmigrante. A propósito de Los Yakis, en las siguientes páginas publicamos uno de los capítulos más logrados: “Las marabuntas”. En su tercer libro —la novela inédita titulada La condesa—, Hernández Gallardo ya intenta sumergirse en su actual territorio de vida: Estados Unidos, y muy específicamente Chicago. En esta entrega de Deshoras incluimos el capítulo inicial. En los últimos años, Hernández Gallardo también ha incursionado en problemáticas humanas propias del hombre contemporáneo. Para muestra, dos botones: en “Hiroshima” seguimos la preocupación del autor ante la posibilidad de otra guerra mundial y ante sus desastrosas consecuencias a largo plazo; y en “Partes humanas” lleva al extremo (que no por su humorismo es menos trágico) un caso de compraventa de órganos. Los que viven en los países del sur se encargan de vender hasta un brazo, si es posible; los del norte sólo tienen que pagar. No deja de llamar la atención que el autor firme su obra sólo con sus apellidos: Hernández Gallardo. ¿Por qué omite su nombre de pila? Nos atrevemos a afirmar que de esta manera quiere remontarse a sus orígenes. No es casual que desde el primer capítulo de Los Yakis se lamente por no haber retornado a Honduras para “despedirse” de su padre. Ahora vuelve: lo llama la enfermedad de la mamá, la inminencia de su muerte. El Hernández ya se fue. Y el Gallardo está por irse. Esperamos, lector, que este Deshoras le sirva como punto de partida para conocer la obra de Hernández Gallardo.

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Esteban se tomó la mitad de la pacha de a octavo de licor de un golpe. Exprimió la tajada de limón en la boca usando los dedos, los labios y los dientes amarillos de tanta nicotina. “El otro me lo tomo antes de dormir”, pensó, tapando la botellita con el tapón anaranjado, señal inconfundible del licor barato. Metió el pomo en uno de los bolsillos del pantalón, al mismo tiempo sintió el espíritu burlón del licor esparcirse por todo su cuerpo. El guaro que había ingerido le servía de reconstituyente para trabajar a esas horas de la noche. La ciudad ya había recogido los cables de los aparatos receptores de imágenes y se había arropado con el sueño de zozobra que en ese tiempo se vivía. Afuera, en la oscuridad de la noche, el viento apresuraba la basura que encontraba a su paso, haciéndola sonar contra el pavimento todavía cálido. Esteban inhaló una bocanada de humo, que se precipitó entre

La situación no estaba como para andar llevando pasajeros a barrios peligrosos. Esteban quedó viendo los ojos del desconocido, tratando de reconocerlo o de penetrar en sus pensamientos a través de los ojos oscuros como esa noche. Esteban era de esas personas que no olvidaba una cara, era parte de su trabajo; no, no lo había visto jamás. La ciudad había crecido tanto y se había vuelto tan peligrosa que hasta un taxista tan experimentado como él tenía que tener mucha precaución con los clientes. Con otra bocanada de humo dejó ir los pensamientos hacia atrás, cuando recién había adquirido el taxi, y que la gente del lugar mencionaba el nombre del dueño en vez del número. La ciudad era chica en ese entonces, todos se conocían, el carro duraba más porque los barrios marginales, como el que había mencionado el desconocido, donde los baches quebraban las suspensiones y en el invierno no había acceso, no existían. —Le voy a dar ciento cincuenta. Es que mi esposa va dar a luz esta noche en cualquier momento —insistió. Esteban iba a contestarle que qué andaba haciendo lejos de su casa si su mujer estaba desocupándose cuando escuchó la voz de la cantinera que trataba de deshacerse de los últimos dos borrachos. —¿Por qué no se van con Esteban?

los dientes incisivos, buscando los pulmones, del cigarrillo mentolado que había encendido. Extinguió la pequeña llama del cerillo exhalando el mismo humo que ahora salía

—Porque nos vamos a echar el último trago en la San Diego —dijo uno de los borrachitos, mencionando la otra cantina que permanecía abierta hasta altas horas de la noche como farmacia de turno.

de las calles empolvadas sintió la dureza del cañón del revólver negro en el cuello. No vio al individuo sacar el arma. Calló, apretujó toda reacción que su cuerpo quiso denotar contra el espejo retrovisor. Los ojos de expresión calmada del desconocido se habían tornado fríos, sin luz. Esteban era así, una seña le bastaba para darse cuenta lo que sucedía. Vio el calibre del revolver cerca de su ser; así como veía su muerte. — Dale recto —dijo el desconocido, apuntando la dirección con el arma negra. Esteban se concentró en el camino y en el espejo retrovisor. Las piernas le temblaban del miedo, sin embargo no demostraba esta emoción. El cuestionamiento y la culpabilidad llegaban acompañados del rumor del motor del carro. ¿Cómo pudo este tipo engañarlo? Él que era uno de los taxistas más experimentados, había caído en el engaño más burdo. Su mente volvió a la realidad: había caído en una trampa mortal y no tenía tiempo de recriminaciones. Algo tenía que ocurrírsele. Los latidos del corazón acelerado comenzaron a formar un ritmo siniestro con el rumor del motor. El individuo tocaba el hombro de Esteban con el cañón del arma, después apuntaba con el calibre el rumbo que debía tomar. El automóvil se comenzó a balancear como una pequeña embarcación a la deriva en un mar feroz cuando llegaron al barrio El Limón. Los faroles del carro alumbraban los tugurios hechos de adobe, laminas de asbesto y zinc, madera y cartón. — Allí —dictó el tipo, señalando con la pistola una casa de adobe que tenía una cruz pintada, una cruz blanca en la puerta de madera.

por los labios finos en forma de una pequeña corriente gris hasta perderse en la noche. Al salir de la cantina tiró el minúsculo palo a la calle, al mismo tiempo buscaba la voz que había dicho: —¿Usté anda ese taxi compa? —Sí —le contestó al desconocido, acercándosele a manera de que lo pudiera ver bien bajo la bombilla que alumbraba el pálido rótulo de la cantina. — ¿Por cuánto me lleva al barrio El Limón? —preguntó.

El espíritu del aguardiente que había ingerido le llegó al cerebro, dándole una falsa seguridad. Después de dar la última chupada al cigarrillo a medio consumir, lo aventó a la calle desierta, usando el índice como catapulta. El aroma del mentol lo volvió a llevar al pasado cuando la carrera valía cincuenta centavos, pero toda la gente era de confiar. La cantidad que el individuo mencionó apartó los pensamientos del pasado. El dinero en cuestión era suficiente para completar la tarifa de la noche. —Si me deja recoger a mi sobrino que vive a unas cuadras de aquí y me paga adelantado lo llevo adonde va. —Bueno, como usté diga compa. Esteban partió con el desconocido que se había posesionado del asiento trasero. Las luces del taxi alumbraban la oscuridad de la noche, que se pronunciaba por la falta de alumbrado público, en las calles desiertas. El taxista escudriñaba al desconocido tratando de adivinar sus pensamientos. Al doblar una

— Ya te haciyamos lejos de aquí —dijo el que abrió la puerta. — Pensamos que te cortariyas o nos traicionariyas como el Moscas —dijo otra voz que se escudaba detrás de la puerta media abierta. —Prendete la lamparita de la mesa, Jocho —volvió a comandar el tipo que había abierto la puerta. Esteban sintió pisadas de varias personas por toda la casa como buscando una posición determinada, una docena calculó. La orden fue acatada de inmediato. Una pipa de vidrio, una bolsa plástica con un kilo de cocaína, unos paquetes de marihuana en forma de ladrillos, dos pistolas y un espejo con un pequeño bulto del polvo blanco aparecieron sobre la mesa cuando el pequeño quinqué empezó a desparramar la tímida luz. Esteban sintió el olor fuerte de la hierba convertida en humo que invadía el recinto. La luz rebotó en los torsos desnudos de los que usaban las drogas esparcidas por la mesa, mostrando sendos tatuajes por donde la camisa cubre el cuerpo. Esteban volvió a sentir

— Yo no voy a ese lugar a estas horas.

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pavor al darse cuenta de que los sujetos estaban drogados. —Agarramos al Moscas en el desvío de Santa Elena, a lo mejor esperaba el bus para darselas a Tegus. Mirá con lo que nos queriya poner —dijo el que había abierto la puerta, señalando la droga, al recién llegado. —Ese hijueputa no sabe lo que le espera —secundó el que se había escudado detrás de la puerta, levantando la K47 que había escondido a lo largo de su cuerpo. —Y a éste, pa qué lo trajiste. —Se me haciya tarde, jefe, y no queriya faltar a la cita. —Bueno, vas a tener que ver qué haces con él. Lo que le vas hacer al Moscas te va pasar a vos si nos salís con la misma mamada. —No se preocupe jefe, yo soy una persona legal. Esteban sintió que su vida se le acababa al ver el arma de calibre grueso y la última conversación de los compinches. Los tatuajes que mostraban como prendas de oro por todo el cuerpo lo amedrentaron más porque se daba cuenta que no hablaban en vano. Sabía con toda seguridad quiénes eran las personas que tenía enfrente, y de lo que eran capaces de hacer. Su instinto de conservación le indicaba que debía mantenerse callado y tratar de pasar lo más desapercibido. También tenía la certeza de que a él lo habían involucrado por un accidente, así como cuando se le pinchaba una de las llantas de su automóvil. Esteban era una persona de acción, ya su mente empezaba a calcular la manera de salir de la situación en que se encontraba. No pudo evitar que sus pensamientos se alejaran de la realidad para remontarse a la época cuando era miembro y jugador de los Yakis, cuando era llamado El Candado, por la cerradura que ponía al jugar de defensa. Tal vez, los pensamientos le venían porque sentía la afinidad que se tenían los pandilleros que lo rodeaban, o, quizás era porque ese mismo instinto de conservación se había manifestado en él varias veces durante las aventuras con los Yakis. Esteban no quiso cavilar más sobre un pasado que no tenía nada que ver con la situación en que se encontraba en ese momento. Lo que Esteban supo en ese momento era que tenía la ventaja de que los pillos estaban drogados; de que sus mentes astutas perdían pequeños detalles como el de no haberlo registrado. En el mismo instante en que Esteban soltaba los pensamientos antiguos, los pillos acarreaban por los brazos al mentado Moscas, que venía atado por todo el cuerpo como una iguana recién atrapada, la boca tapada, atrapando los gritos convertidos en gemidos suaves, con un esparadrapo. El moscas quedó tendido a los pies del llamado jefe.

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Esteban sólo había oído hablar de lo perverso que eran esos pandilleros, pero jamás se había imaginado que presenciaría tan siniestro asesinato. El tipo que había traído a Esteban tomó el sendo machete que el jefe de la pandilla le había pasado. El machetazo fue certero, lo recibió en el momento en que se arrodillaba el Moscas para incorporarse; la cabeza del Moscas cayó al suelo y rodó como un coco. La trayectoria del machetazo por el aire salió como un latigazo. Al chocar el machete contra la cabeza el sonido se convirtió en un chasqueo. La sangre salió como un surtidor manchando las paredes del cuarto y los cuerpos que rodeaban al Moscas. El olor de la sangre fresca quedó atrapado en las partículas del pesado humo de la droga. Cuando la cabeza se detuvo cerca de los pies de Esteban, la luz del mechero alumbró la cara muerta. El asesino se acercó a la mesa, reclinó la cabeza y aspiró la droga blanca. Los demás reían al ver que el cuerpo descabezado aún pataleaba como queriéndose desatar. Uno de los compinches le pasó al asesino un cigarrillo de cannabis que momentos antes había estado forjando serenamente como esperando a que empezara la función. El alcohol y las drogas que consumían los volvía torpes, pero al mismo tiempo agresivos, combinación fatal. —Ya son las dos, terminá el trabajo—dijo el jefe al que llegó en el taxi—Vamos a darle una lección a la gente de este pueblo para que nos respeten—todos rieron. El tipo que recibió la orden comenzó a despedazar el cuerpo del Moscas como si se tratara de una res. Separó las extremidades de sendos machetazos. La sangre inundó el cuartucho, la muerte que respiró Esteban salió por las rendijas, escondiéndose en la oscuridad de la noche. El destazador entró en éxtasis al sentir la sangre cálida empapar sus manos, la ropa y los tenis blancos que se volvían ocres. Los espectadores guardaban silencio y bebían a pico de botella el licor. El que despedazaba hacía pausas para tomar licor e ingerir drogas. La somnolencia que causaba el licor la despertaba la cocaína, entumeciendo el cerebro de los asesinos, que actuaban como orates en ese momento. Esteban tenía que actuar de inmediato, de lo contrario terminaría como el Moscas. El asesino se sentía orgulloso de la atrocidad que cometía al ver la cara de aprobación de los demás secuaces. Dos de los asesinos comenzaron a llevar el cuerpo despedazado del Moscas miembro por miembro al baúl de taxi. Cuando todas las partes humanas, envueltas en papel periódico, se encontraban en el coche partieron como quien va al cine, llevando a Esteban de chofer.

Los otros tres compinches que iban en el asiento de atrás del carro empezaron a reír a carcajadas de orates al escuchar los nombres de los colegios de la ciudad, donde dejarían colgados los miembros del Moscas, como señal de conquista de un pueblo que los miraba con desdén y miedo, y para que supieran quiénes eran los que mandaban en ese lugar. Esteban no escuchó la última dirección, en parte por las risotadas, pero más todo porque le llegó un pensamiento que sería, tal vez, su salvación. Esteban callaba al escuchar a los asesinos, sólo movía la cabeza en señal de aprobación, tratando de acatar las órdenes sin cometer ningún error, de esa manera prolongar su vida. La noche se convertía en madrugada, sin embargo, Esteban no sentía ni una pizca de cansancio, al contrario, su cerebro corría tanto como el carro donde viajaban. El plan no tenía que fallar, era peligroso porque en el intento podría perder la vida, o podría fallar porque el señor Cupertino, su viejo amigo desde el tiempo en que había jugado al fútbol con Los Yakis, no estuviera trabajando esa noche. Pero no, él no era así. El señor Cupertino tenía que estar allí porque él era puntual, eficiente y cabal. Al aproximarse al mercado viejo, volvió a mirar la hora de su reloj, tratando de que su mirada llegara hasta el tablero del carro, como quien lee el medidor de la gasolina. Él sabía dónde se encontraba en ese momento su amigo Cupertino. Tenía que estar allí, en ese momento, a esa hora de la madrugada, en ese puesto del mercado donde tantas veces lo había visitado para tomar un trago, a fumar un cigarrillo, o a charlar porque el trabajo estaba malo. Como los puestos que rodean el mercado son de madera pintada de colores llamativos, el estruendo del taxi al romper las tablas se escuchó por todo el barrio. Los asesinos, que comenzaban a sentirse adormecidos por las drogas y el alcohol, se sobresaltaron al sentir el impacto, del desconcierto se paralizaron por un momento. Esteban aprovechó esos segundos de conmoción para abrir la puerta del taxi y escapar. La oscuridad de la madrugada lo ayudó a desaparecer cuando echó a correr por la calle desierta. El señor Cupertino, hombre acostumbrado al peligro, salió del puesto del mercado, contiguo al que había destartalado el taxi, con la carabina en mano. Los asesinos al verse descubierto abrieron fuego con las armas que portaban. El señor Cupertino anticipo la ráfaga de balas ocultándose detrás del muro de uno de los portones del mercado, desapareciendo entre las sombras de los puestos del mercado viejo que el conocía como los senos de su mujer. Los asesinos avalentonados por las drogas, el licor y las armas quisieron afrentar a la sombra que había desaparecido. El señor Cupertino les salió por un costado inesperadamente, los agarró entre el taxi y la caseta destruida. Al levantar la carabina para disparar, vio a los cuatro asesinos correr como lo había hecho Esteban; pero lo hacían en dirección contraria. Los disparos que hizo el señor Cupertino fueron al aire pero tronaron en los oídos de los asesinos. Esteban los escuchó más lejanos, pero corrió más, sin prestarle atención a la sangre que corría por su pierna. Cuando logró agarrar de nuevo el ritmo de la respiración, rio para sí mismo porque se dio cuenta que el líquido que sentía por la pierna era el contenido de la pacha de guaro que se había quebrado.

— Primero te vas al Goretti —dijo el que iba a la par de Esteban que manejaba, apuntándole con el revolver—,después al Chilo, después al Superación, después doblás por la calle central hasta el parque Valle y por último...

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mirada cómplice Invitación a cervantear… al estilo de Roberto Matta Delia Negro

“Cervantear es alzar la lanza a dos manos en contra de los churrulleros que deslizan entre nosotros sus descarrillados cuentos, cervantear es desgañitarnos en contra de sus desmorroneantes desparpajos hollywoohediondos de pinochetorreas, cervantear es hazañar hazañas y sus helechos en el lecho del hecho…” “don quejados de las manchas” - roberto matta

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La muestra Don Qui, Homage from Matta to Don Quixote presentada por el Instituto Cervantes de Chicago durante los meses de mayo y junio, reúne una serie de litografías, dibujos y pasteles que despiertan gran interés por tratarse de una colección inusual en el ámbito pictórico-literario. Esta exposición es parte de los actos conmemorativos que comienzan a realizarse por el centenario del artista, que se cumplirá el 11-11-2011. Matta, nacido en 1911 y un 11 del 11, consideraba esta fecha casi de carácter cabalístico y, además, la leyenda agrega que había nacido a las 11 de la mañana… excelente presentación para uno de los hijos del surrealismo. Matta se definía a sí mismo como el “poeta de la expresión plástica”… “mis cuadros son paisajes del inconsciente.” Pintar con palabras, parafrasear con colores era su estilo. Comprometido y convencido con su función, consideraba que la misión del arte es “construir una conciencia” y la del artista es actuar como mediador para que ello se cumpla. “Yo soy la imagen de un personaje combatiente, que combate en sí mismo y en contra de este mundo”. Como Don Qui, Matta expresa un conflicto entre la necesidad de cambiar el mundo y la necesidad de cambiar su propia vida. Dos locuras geniales se encuentran en la alucinación cotidiana y juegan con la palabra, la imagen y el color. Matta no ilustra al Quijote; por lo contrario, comparte con él alucinaciones que producen formas y que flotan en un soporte difuso de color. La función del artista es reinventar la humanidad y la cultura de la imaginación es el medio para lograrlo. Don Qui y Qui d’Eux, serie de litografías de línea depurada, iluminadas con colores brillantes y trazos definidos e indefinidos en su propia maraña, crean un movimiento constante a las alucinaciones de Don Qui-Matta. Estas alucinaciones afloran en una propuesta surrealista netamente latinoamericana, que recuerda los códices antiguos de civilizaciones milenarias. Estas litografías aparecen colgadas marcando la intención creativa de su autor, en la sucesiva reiteración de la imagen, tanto de la superficie pictórica como de su esencia litográfica. Las series Don Qui y Quid’Eux se intercalan, unas como humorísticas viñetas y otras como imágenes extraídas y agrandadas de esa misma composición, acercándose al observador en un proceso de magnificación y de explosión de color en verticalidad. “Soy solamente un hombre que atestigua morfológicamnete lo que ve”. Y en una atmósfera difusa que concreta formas, y en la degradación de colores brillantes o sombríos, el artista descubre el camino de la abstracción, partiendo de lo figurativo hacia una síntesis lineal, y destacando siempre masas pictóricas con criterio expresivo, ideológico y visual. Aunque el espacio de exhibición sufre una selección demasiado ambiciosa por cantidad y distribución, que perjudica la cómoda observación de un excelente material sin excepciones, las obras pueden ser apreciadas en su magnitud. Escenas y citas del famoso caballero, se concretan en ensayos de un ágil trazo en el dibujo, que se desplaza por el papel buscando una definición lejos de lo figurativo y muy cercano a la abstracción. Sin embargo, los pasteles colgados en el otro extremo del recinto despliegan su importancia y su lenguaje pictórico alejándose de la definición, en una búsqueda ansiosa de la decoloración y del esfumado, favorecida por el áspero material que parece licuarse en su desplazamiento. Esta exhibición constituye una de las óptimas opciones plásticas que nos ofrece la ciudad de Chicago en esta primavera y permanecerá abierta hasta el 20 de junio. Instituto Cervantes: 31 West Ohio Street, Chicago Delia Negro es profesora en el Instituto Cervantes.

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deshoras | la condesa

entí su cuerpo fláccido apoyarse más sobre mi brazo al cruzar la puerta del cuarto de transfusiones. Caminábamos despacio por su edad y por la protuberancia que le había salido en la cadera al volverse octogenaria. La llevaba sostenida de su escuálido brazo. Mis dedos se hundían en la carne fofa hasta sentir el tejido óseo de su húmero. Se detuvo un momento so pretexto de arreglarse la cartera de cuero que traía en el antebrazo izquierdo. De inmediato supe que se desplomaba por la impresión del cuadro que veíamos. Durante los años que llevaba de conocerla, nunca la había sentido fuera de control, sin embargo, las caras pálidas como la muerte y los ojos vacíos de esperanza que nos veían entrar, la trajeron a la realidad. Los pacientes estaban prendidos de los brazos arrugados a las bolsas plásticas color carmesí que contenían el plasma. Un pequeño reloj digital, con grandes numerales rojos, interrumpía la carrera hacia abajo de los pequeños tubos como lianas, contando las gotas del líquido vital que penetraban por las venas en los cuerpos rancios.

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no sin La Condesa no sintió miedo cuando el doctor le dijo que tenía t leucemia y que le quedaba poco tiempo de vida. No, más bien fue cólera la que invadió su cuerpo pálido por los años. Pensó en sus amigas; en el qué dirán. Pensó en las actividades sociales a las que ya no asistiría. Pensó en los boletos de la ópera que n d había comprado con anticipación para todo el año. Pensó en la incomodidad de venir al o el d o hospital a cambiarse la sangre. Pensó en lo que había dicho y hecho a las amistades que habían ctor le dijo que te caído enfermas, y que jamás se habían recuperado. Pensó en el bochorno de estar recluida en su casa. Pensó en que nunca se había enfermado. Pensó en las llamadas telefónicas de sus amistades lamentando su enfermedad, pero que, así como ella, no se atreverían a visitarla. Pensó en los boletos para las funciones de Ravinia y en el dinero que había gastado al comprar el permiso de estacionarse en el área para inválidos. Quizás, no había sentido miedo porque el médico que le dijo que le quedaba poco tiempo de vida no era su médico de cabecera. O, tal vez, no le creyó porque estaba acostumbrada a creer su propia realidad, su mundo, como si todo a su alrededor no tuviera importancia para ella.

El doctor Goldstein, su médico de verdad, como lo llamaba, llegó al hospital cuando ella se encontraba a dos horas de la transfusión. Él la había mandado con el especialista, a pesar de saber a ciencia cierta el tipo de cáncer, que él mismo había detectado. El médico era así: profesional, ecuánime y sobre todo franco con sus pacientes, en especial con ella porque no la aceptaba como era. La quedó viendo a los ojos que habían cambiado del color verde al gris y dijo:

— Ya hablé con el especialista sobre tu enfermedad.

— ¿Cuánto tiempo de vida me queda? —preguntó la Condesa a quemarropa, sosteniendo la mirada del doctor.

— Tres meses, seis meses, un año, no se sabe en estos casos.

Yo leía cuando entró el doctor. Al comenzar ellos la conversación, empecé a fingir que seguía leyendo para poder escucharlos. Cuando el doctor dijo seis meses me di cuenta que mentía. Lo conocía porque él era mi médico, también. — ¿Qué puedo hacer para mejorar? —insistió ella, con un hálito de esperanza. — Nada, sólo la transfusión —contestó, señalando los tubitos de plástico por donde corría hacia abajo la sangre nueva. La frustración y la impotencia saltaron por los dedos blancos, flacos y torcidos de la Condesa, mezclándose con las letras del libro que había estado tratando de leer mientras se cambiaba el plasma. Sus pensamientos la llevaron a un pasado lejano, cuando le diagnosticaron diabetes a su esposo. La diabetes de su esposo era de la peor, sin embargo, jamás tendría problema alguno a causa de esa enfermedad. El doctor le dijo a su esposo que perdiera veinte libras de peso; él las perdió con la ayuda de ella. La sal y el azúcar nunca más rondaron por la mesa del comedor, y al cabo de los meses se perdieron de la mente de los moradores de esa casa. Fue por su perseverancia que su esposo llegaría a tener la rutina de hacer ejercicios físicos. Ella era la que andaba, metódicamente, cuidando de que su esposo se tomara los medicamentos como lo había recomendado el médico. Además, ella jamás había padecido de enfermedad alguna. Ella jamás había aumentado o bajado las ciento veinte libras de peso. Ella era una mujer sana, qué sabían los doctores de su cuerpo, acaso era de ellos. Era estúpido pensar que no podría hacer nada para mejorar su condición, o mejor dicho: los doctores no sabían de lo era capaz, porque ella siempre había estado a cargo de todo y de todos.

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partes humanas | deshoras

—Con estos diez mil dólares te puedes comprar muchas cosas —dijo el hombre que compraba, mostrando la pequeña resma de billetes de a cien sobre el escritorio. Era la verdad. El hombre que vendía volvió a su realidad cruel, hacía varios años que no tenía un trabajo fijo. Los trabajos que había desempeñado durante ese tiempo habían sido temporeros y mal pagados. El poco dinero que llevaba a su casa, lo devoraba la familia con la misma facilidad que se perdía en la gaveta del tendero de su barrio, a quien siempre le quedaba debiendo. Su mujer, preñada de otro niño, a pesar de haberse operado para no tener más familia, lo había persuadido para acudir a la entrevista. —Mira, la operación ni te va a doler, te aseguro que en el mismo día vas a salir caminando de la clínica derechito a tu casa, como si nada te hubiera pasado —continuó hablando el hombre que compraba, tratando de convencer al entrevistado. La transacción tenía lugar en una de las nuevas oficinas llamadas Organoclínicas. El hombre que hacía la entrevista portaba el título de Intermediario Social, es decir, el que conectaba al comprador de órganos con el vendedor, profesión que había florecido por todos los países pobres. La compra y venta de órganos humanos, que era legal, había creado oportunidades de trabajo relacionadas con este tipo de transacciones. La comunicación instantánea había favorecido la compra y venta de partes humanas porque esta clase de negocio se podía hacer en cualquier lugar del planeta. También, se daba la oportunidad de preparar al paciente con anticipación, mientras se enviaba el expediente médico del donador por cable o satélite. El órgano era transportado directamente al hospital donde el recipiente se preparaba para la operación. Transportar un órgano de un extremo del planeta a otro era cosa de horas. La esperanza de vida de los humanos se había triplicado debido a los avances tecnológicos y medicinales, pero esto ocurría en los países ricos. En los países pobres se prolongaba la vida vendiendo órganos, el pelo para un transplante, la sangre para los leucémicos, es decir, haciendo como las del cangrejo que se corta una pata para darse una tregua de su enemigo natural. La precisión del rayo láser y la exactitud de los robots permitían ejecutar operaciones de tejidos tan delicados como los tendones, músculos, articulaciones, huesos. Problemas de rechazos de tejidos habían sido solucionados hacía mucho tiempo. Todo tipo de transplante era factible. Las enfermedades físicas de la gente ya no existían. Los humanos morían porque tenían que morir, y las causas más frecuentes eran psíquicas. Los cuerpos deformes terminaban solos, murmurando palabras ininteligibles en los sanatorios para enfermos mentales. El mundo había avanzado mucho, pero corría en direcciones opuestas: hacia la riqueza y hacia la pobreza, hacia la ostentación y hacia le escasez. Los países pobres, carentes ya de recursos naturales, sólo tenían a sus ciudadanos como fuente de ingresos; los cuales eran alquilados a los países ricos para trabajar. Los ciudadanos de los países ricos no trabajaban, sus inversiones les permitían todo tipo de ocio y diversión. Los ciudadanos de los países pobres eran los mercenarios de las guerras que los ciudadanos de los países ricos creaban. Los habitantes de los países ricos vivían para comprar, mientras que los ciudadanos de los países pobres vivían para venderse. Así estaba el mundo cuando se llevaba a cabo esta transacción de órgano. — El brazo derecho no te sirve para nada porque tu eres zurdo —decía el Intermediario Social, sin esperar contestación, porque ya había sentido la avaricia rodar por el escritorio como una bola de billar. El fajo de billetes era más que convincente. La necesidad era más que todo un impulso para aceptar el trato. El zurdo ya no pensaba en la operación ni en la pérdida del brazo ni en la incomodidad de tener sólo una extremidad superior. Pensaba en lo que compraría con los dólares: ropa nueva, comida para toda la familia, juguetes para los niños. Lo más importante era pagar todo lo que debía, ya podría dormir tranquilo, ya podría pasar por las calles que evadía para no tener un encuentro con sus deudores. Con el dinero se quitaría de encima a su mujer que lo martirizaba por la lipidia en que vivían, como si fuera su culpa no encontrar trabajo. Cuando firmaba el contrato, con la mano izquierda, por supuesto, se preguntó cómo firmaría si decidía vender el otro brazo.

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hiroshima | deshoras Iochiqui apareció en medio de la acera, como salido de la nada, no había otra explicación, porque se había materializado de los pies a la cabeza. La mujer que chocó contra él, sintió el cuerpo caliente como salido de un baño sauna. Iochiqui se disculpó por el accidente que había creado. La mujer, que no se dio cuenta de la aparición por la cercanía de los cuerpos, no encontró que responder. Sin embargo, la gente que circulaba por la acera había presenciado la aparición como si hubiera ocurrido en un acto de magia de un circo. Lo extraño no había sido la aparición de Iochiqui sino su vestimenta. La gente, acostumbrada a los trucos y las manipulaciones del gobierno, no le prestó mucha atención a la materialización del individuo con la ropa fuera de lugar, de otros siglos atrás, como los personajes de una obra teatral. La misma impresión recibió Iochiqui de los individuos que lo quedaban viendo con cierta incertidumbre. Las vestimentas sintéticas y de colores llamativos le hicieron recordar los festivales de la villa, a escasos kilómetros del gran puerto, donde había nacido. Las personas que se interponían en su camino, y que llevaban la cara pintada como los cantantes de ópera, le recordaron a las concubinas de los poderosos y ricos que había conocido en su lugar. Lo más extraño para él eran los edificios altos, transparentes como de vidrio, pero que no se lograba ver a través de ellos y las aceras que se movían silenciosas hacia ambas direcciones bajos sus botas estilo militar. Las gentes que circulaba por las aceras no caminaban. Fue en ese momento que sintió la acera moverse bajo sus pies. Cuando tendió la mirada por la calle llena de personas, que se desplazaban flotando como globos, y sin automóviles, se dio cuenta que se encontraba en un lugar desconocido. Iochiqui recordó que se dirigía hacia los muelles donde trabajaba de peón cargando las bodegas de los barcos que transportaban medicinas, comida, ropa y todo equipo bélico a los frentes de batalla. La orden de ese día era llenar la gran barriga de la barcaza llamada Kiriguá, que a él se le antojaba como una ballena gigante con la panza abierta. Rememoró con miedo que estaban en guerra. El mismo miedo había sentido cuando la oleada de calor le llegó a la cara ese día de agosto. El miedo se le pronunció al recordar la horrible escena al desintegrarse todo lo que había a su alrededor, incluso él mismo; pero eso no lo sabía, nunca lo supo. El aire caliente como un horno y la picazón por todo su cuerpo era lo último que evocaba. En ese momento se encontraba rodeado de una multitud de desconocidos, que si bien era cierto lograba entender lo que hablaban, había muchas palabras que no sabía el significado, en un lugar extraño de edificios raros. La acera lo empujó hasta la esquina hacia donde se dirigía. Allí, en medio de personas que iban y venían quedó con la boca abierta al ver la actividad de los muelles, las barcazas, las cargadoras y el mar adentro de color rosa. Otras personas comenzaron a materializarse, en la misma calle y de la misma manera en que lo había hecho Iochiqui. Cuerpos quemados aún ardiendo, ya sin vida, también aparecieron por las calles. El pánico corrió por las calles cuando se comenzaron a escuchar los gritos de dolor y las expresiones retorcidas de las personas mutiladas. El olor de la materia quemada: carne, madera, metales y materiales sintéticos era como la lluvia antes de caer, llena de electricidad. Lo raro de las personas que corrían del dolor era que de las quemaduras no salía humo. El caos explotó por toda la ciudad cuando los árboles y los edificios que aparecían comenzaron a derrumbar los edificios nuevos. No, no era ningún terremoto, común en esa ciudad puerto, la tierra no se movía. Las personas, edificios, árboles, animales, tuberías de agua potable, postes y cables conductores de electricidad y todo artefacto usado en las ciudades, se materializaban, tumbando lo que encontraban en la aparición. En el desconcierto la gente no se daba cuenta que los aparecidos no correspondían a esa época, que los edificios que derrumbaban otros edificios eran muy pero muy antiguos, que los caninos y los felinos que aparecían de la nada eran de razas ya pasadas de moda, muchas ya extintas. El desorden duró pocos segundos como un terremoto. El fenómeno que había ocurrido en Hiroshima atrajo la atención mundial. Científicos de todas partes hicieron las investigaciones correspondientes en el lugar de los hechos. Se concluyó que lo que había sucedido, había sido consecuencia de la explosión de la primera bomba atómica. El primer desencadenamiento de los átomos, ocurrido en una ciudad, el 6 de agosto de 1945, repercutía varios siglos después. La explosión atómica rompió las cuerdas con las cuales se encontraba atada la materia de este universo a los otros universos paralelos. Es decir, la velocidad con que viajaron los electrones, al momento de la explosión atómica, mayor que la velocidad de la luz, desató los ligamentos de la gravedad. La materia desligada viajó a otra dimensión, a través de los ínfimos agujeros negros que creó la explosión. Iochiqui, los animales, las plantas, los metales y los materiales, que aparecieron ese día, salieron de esa dimensión en la que quedaron atrapados por siglos. La conmoción sucedió porque el espacio donde se desvaneció la materia ya lo ocupaban otros materiales nuevos. Iochiqui tuvo suerte porque en el momento de su aparición ningún cuerpo o materia ocupaba el lugar. Los cuerpos y los materiales que quedaron calcinados en la ciudad, el día de la explosión atómica, no desaparecieron de este universo porque las partículas atómicas no viajaron a una velocidad constante. Desde que ocurrió este fenómeno el hombre no encontraría sosiego. La vida lineal o cronológica que conocía, la volvió intermitente. El hombre aprendió a quedar atrapado en otras dimensiones, en otros universos, para aparecer siglos después, prolongando la vida terrenal muchos milenios. El hombre aprendió a adelantarse a los acontecimientos, a vivir en el futuro. Claro, los que aprovecharían los adelantos, como siempre, serían los que tenían la capacidad para pagar estos invernaderos. En ese tiempo, cuando el hombre llegó a dominar el futuro, trató de alcanzar el pasado prolongando el futuro hasta el infinito. Lo que el hombre no se dio cuenta fue que, alcanzando el pasado, se desvanecería en la nada de donde había aparecido.

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tiempo extra El Hogar de Jane y de todos Moira Pujols El Hogar del Niño está bien afincado en el mismo corazón de Pilsen, en el cruce de las calles 18, Blue Island y Loomis, rodeado de epicentros culturales como la biblioteca Rudy Lozano, Radio Arte, La Casa del Pueblo, Café Efebos y Casa Michoacán. El simple y austero exterior del edificio no te prepara para el ambiente cargado de actividad y energía que respiras tan pronto pasas por sus puertas. Me recibe Jane Garza Mancillas, su directora ejecutiva, y de inmediato comprendo que la combinación es un reflejo de ella misma. Para abrirnos paso hacia su oficina, hace falta pararnos constantemente para que Jane pueda saludar, dirigir o resolver dudas. Todo requiere de su atención. El primer grupo de niños que veo salir tiene entre 3 y 5 años de edad. Van de paseo con una maestra y una asistente, y mientras salen, van despidiéndose de Jane, uno por uno. De camino a su despacho, preguntas sobre documentación de un archivo nos detienen otra vez. Luego, un inspector municipal viene para asegurarse de que el ascensor cumple los requisitos de la Ciudad, ahora que el Hogar ya tiene licencia para ampliar sus servicios a niños desde los 18 meses a los 3 años de edad. Para ellos, nos explica Jane, ya montadas en ese mismo ascensor, se construyó un área de juego en el techo, donado por el McDonald´s local. Tanto al personal como a los padres les preocupaba que salieran a jugar, puesto que todavía se da una que otra disputa de pandillas ocasionalmente en el parque. Una vez en el techo, suena la campana y un grupo se dispone a volver al aula, mientras que el siguiente grupo espera ansioso su turno para abalanzarse hacia los juegos. Allí hablamos más del programa de educación del Hogar: El currículum se diseñó adoptando los principios de aprendizaje autodirigido del sistema Montessori. El Hogar ofrece cuidado diurno y actividades educativas y extraescolares para niños hasta que cumplen los 12 años. El énfasis es la instrucción individualizada bilingüe, y para asegurarlo, cada aula está a cargo de una docente y una asistente, una de las cuales domina y habla con los niños en inglés y la otra el español. Actualmente, 600 niños asisten al Hogar. Jane no pierde la oportunidad de destacar varias veces que de los niños que han estado en el centro a través de los años, todos menos ocho se han graduado de la escuela secundaria y obtenido trabajos. Y esto significa dos mil 545 alumnos desde su fundación en el 1972. Crecimiento progresivo En ese entonces, Jane trabajaba en una de las instalaciones del Departamento de Parques y Recreación de Chicago. Los padres venían temprano por la mañana a trabajar, y dejaban a los hijos más pequeños al cuidado de los más grandes. Pronto había un grupo de edades mixtas. Jane comenzó a entretenerlos con actividades, y por necesidad se fue convirtiendo el espacio en guardería. Pidió donaciones de materiales, comida, y hasta autobuses—“en esa época la Policía donaba autobuses”, dice Jane —para transportar a las familias, y atender a los niños. Los planes de Jane eran hacer su maestría en el estado de Georgia. Ya con todo preparado y llegada la

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hora de partir, los padres le rogaron quedarse. Jane recuerda que Juan Morales, le dijo: Vete al basement de la iglesia porque hay siete mamás que van a abrir una guardería y necesitan que las guíes. La historia ya es parte de Pilsen: Allí llegó Jane vestida de gimnasia, pantalones cortos incluidos, y se encontró con el grupo de mamás vestidas de tacones y medias. Respondió las preguntas que le hicieron, y se disponía a marcharse, dando por sentado de que ella y su atuendo no habían creado una buena impresión en el grupo, cuando le dijeron: Quédate y ayúdanos. Desde esos principios, mucho ha cambiado y mucho sigue igual. El Hogar es ahora una institución con un presupuesto de más de 5 millones de dólares, la generación de padres es otra, pero la comunidad sigue pobre y falta de servicios comparada con su contraparte anglosajona; según estudios del Educational Testing Service, el 29 por ciento de niños hispanos vive en la pobreza, comparado con 11 por ciento de los anglosajones. Por esto El Hogar incorporó casi desde el principio asesoría y clases para los padres. Para facilitar la asistencia, se hacen de noche y se ofrece comida. “Pero son difíciles las clases. Se espera mucho de ellos”. Premios, subsidios y jaquecas A la pregunta de cómo han cambiado los padres de ese entonces a los de ahora, me dice que el cambio sigue los patrones migratorios. “Pilsen es un puerto de entrada. Eso sigue siendo igual. Pero los padres no se quedan tanto tiempo en un solo lugar como antes. Vienen y van”. “Y hoy”, dice Jane, “porque trabajamos con niños pequeñitos de 2 años, podemos llegar a muchas madres adolescentes que no tienen los conocimientos, la seguridad económica y el nivel educativo necesarios para manejar la responsabilidad.” Por sus servicios en este sentido, El Concilio Nacional de La Raza les premió en el 2007 con el Family Strengthening Award. Pero los servicios no son gratuitos: Los padres pagan dependiendo de su nivel de ingresos, lo que significa que el Hogar refleja la población latina de Pilsen, desde el padre agricultor recién llegado hasta los profesionales. Las hijas del concejal Danny Solís, por ejemplo, asistieron al Hogar. Para compensar por los que no pueden pagar y poder ofrecer el servicio, entonces, el Hogar depende de subsidios gubernamentales que también conllevan sus dolorcitos de cabeza. El número uno, el enorme papeleo que esto significa, y los correspondientes recursos humanos necesarios para manejarlo. Durante mi visita, veo archivos y archivos llenos del tipo de expediente que ya no se estila fuera de las agencias estatales y federales: formularios en duplicado y triplicado, hojas y más hojas, y dos asistentes documentando detalles y procurando la firma de Jane. “Sin los subsidios no podemos subsistir, pero a veces es abrumador, y el trabajo, inacabable”, me dice. “Lo que se propone Jane, lo hace. Su voluntad y determinación es fenomenal”, dice Rick Callahan, miembro de la mesa directiva de Hogar del Niño. “La conocí hace más de treinta años, pero fue hace

Jane Garza en los primeros años del Hogar.

cinco que fui a un evento benéfico y me di cuenta del maravilloso trabajo que hace en la comunidad. Los que han recibido cuidado gratuito del Hogar tienen la responsabilidad de garantizar lo mismo para la próxima generación.” Jane comenta que lo más inspirador de su trabajo en el Hogar ha sido ver el cambio y el progreso en los niños y las familias, y saber que fue parte del cimiento de la institución. Que una carrera universitaria ya no parece un sueño inalcanzable para los niños que se gradúan del Hogar. E incluso que 24 de las propias profesoras del Hogar, que empezaron sin diploma, ahora tienen Associate Degrees y 9 tienen certificación federal Type 4, capacitación necesaria para tener mejores salarios los maestros, y para facilitar ciertos niveles de subsidios que reciba la institución. “Siempre han encontrado la manera de seguir operando en tiempos difíciles, con pocos fondos”, explica Miguel del Valle, antiguo senador estatal y secretario de la Ciudad de Chicago actualmente. El Hogar es único, no sólo por el espíritu pionero de Jane y los demás fundadores, sino porque hay muy pocas instituciones de este tipo creadas y controladas por latinos en la comunidad latina. Son gran motivo de orgullo”. Moira Pujols es directora ejecutiva de contratiempo El Hogar del Niño tendrá su gala anual de recaudación de fondos este 27 de junio. Para más información sobre el evento, llamar al 312 -523-1629. Además, el Hogar está haciendo un llamado especial a los ex alumnos a que visiten www.hogardelnino.org, se inscriban en la base de datos y aporten fondos a la institución.

Jane Garza, Miguel del Valle y una invitada en el Hogar del Niño.

Alumnos del Hogar del Niño en el desayuno. contratiempo

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Revistas literarias y culturales en Chicago (Segunda de dos partes) Raúl Dorantes y Febronio Zatarain Entre los artistas inmigrantes de origen hispano que radican en Chicago podemos distinguir dos tipos: por un lado, están aquellos que en su propio país ya habían logrado cierto reconocimiento (un premio, la publicación de un libro, la grabación de un disco o la exposición individual), reconocimiento que les ayuda a abrirse paso en el nuevo mercado de trabajo; por otro, están los que conforman la mayoría, los que empiezan a plasmar sus inquietudes plásticas, musicales o literarias en estas nuevas tierras. Tal como señalamos en la primera parte, publicada en la edición anterior, de estas disciplinas la literatura es acaso lo último que brota. La música, la pintura o la escultura son ya lenguajes por sí mismos. No necesitan ser traducidos. En Chicago, por ejemplo, Marcos Raya, al montar una instalación, sabe que el espectador de su obra puede ser hispanohablante o de cualquier otro grupo lingüístico, pero el público del escritor se reduce exclusivamente a los que comprenden su lengua. Un pintor, un bailarín, un escultor o un músico pueden saltar de los espacios netamente hispanos a los que corresponden al mundo anglosajón o al de cualquier otro; son crossover por naturaleza. En cambio, el escritor que se expresa en español si quiere dar ese salto precisa de cierto éxito para que su obra sea traducida. Si bien la razón anterior es de subsistencia —es decir, que la obra del artista se difunda y le genere ingresos—, hay otra razón que tiene ver con la conciencia. Porque la palabra escrita en sí es conciencia. Una pintura o una pieza musical, sin el auxilio de la palabra, difícilmente crean conciencia; son artes que tienden más a la pureza. El Guernica, de Pablo Picasso, o los murales de José Clemente Orozco precisan de un conocimiento artístico para tocar con plenitud las fibras del espectador. Por su parte, un texto literario tiene que llevar al plano estético palabras y frases que han surgido en la vida diaria. Esa impureza, sin embargo, les permite tanto al escritor como al lector estar más cerca de la conciencia de sí. Y tomar conciencia de sí implica plantearse, entre otras, una pregunta fundamental: ¿quién soy? Es más fácil que el fragmento de un poema, por decir, de Jorge Hernández, nos remita a esta pregunta que una pintura o una pieza musical: no me conozco nunca me he visto y ya estoy cansado de tanta luz algo tengo algo los espejos se pudren a mi paso

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El que nació en las ciudades estadounidenses como escritor también se ve obligado a buscar sus propios lectores; de ahí que su labor no se reduzca estrictamente a la creación sino también a la formación de talleres literarios y a la fundación de revistas culturales. En contraparte, hemos visto que el inmigrante que ya llegó siendo escritor tiene sólo una preocupación fundamental: publicar, pues seguramente en su país ya pasó por la experiencia de los talleres y de la creación de revistas. Allá cuenta con un público y quizás con el apoyo de una casa editorial; su lector implícito no es el hispano que vive en Dallas o Chicago sino el que reside en Lima, Buenos Aires o la Ciudad de México.

Asimismo, el escritor inmigrante ha insistido en la recuperación del habla (o la jerga) de diversos lugares y tiempos latinoamericanos. Hay otros, en cambio, a los que el habla hispana de los Estados Unidos los ha llevado a actitudes puristas, olvidándose que una de las labores del escritor consiste en describir y recuperar las hablas que están surgiendo en su nueva circunstancia. Cabe señalar que en los últimos números de Fe de erratas sí aparecieron con frecuencia relatos que acontecían en Chicago o en otros espacios estadounidenses. En el cuento “Ensayo de maneras. O: Tiempo de sobra”, del ya fallecido Ricardo Armijo, leemos lo siguiente:

Persistencia editorial De las ciudades estadounidenses con barrios hispanos significativos, Chicago es la única en la que han surgido revistas literarias y culturales en español de un modo persistente a lo largo de las últimas dos décadas. (En este ensayo, no nos referimos a revistas académicas que dependan de alguna universidad.) De 1990 a 1993, se publicaron ocho números de Tres Américas, y de 1992 a 1995, aparecieron doce números de Fe de erratas. Estas dos publicaciones compartían, en forma tácita, un mismo objetivo: dar a conocer la literatura en español que se estaba haciendo en Chicago, sobre todo cuentos y poemas. En otras palabras, estas dos revistas se fueron convirtiendo en los vehículos para que se dieran a conocer los primeros textos escritos en español en Chicago. Tanto los cuentos como los poemas parten, en términos generales, de la tradición latinoamericana. En los cuentos que aparecen en Tres Américas y Fe de erratas resalta la influencia de los escritores del Boom, fundamentalmente Cortázar, Rulfo y García Márquez. Esto nos hace pensar que al inmigrante, por la distancia que ha tomado de su patria y por la soledad que ha encontrado en la tierra nueva, se le facilita dar el salto de la posición de lector a la de escritor; aquí, la simple lectura de tres libros (como Bestiario, El llano en llamas o Los funerales de la Mamá Grande) pueden llevar al lector a tomar la pluma. Llama la atención que muchos de los relatos tomen lugar no en espacios estadounidenses sino en los pueblos o países de origen de los autores. Pues así como un cocinero logra transportarse un viernes desde una barra de cantina a las calles de su pueblo o una babysitter consigue viajar de la pista del Aragon Ballroom a la cancha deportiva de su poblado, el inmigrante que nace aquí como escritor logra recrear aquellas calles en una hoja de papel.

Mandé mi curriculum vitae y heme aquí. La Hispanic Health Coalition (HHC) es una non-for profit organization seeking to reduce the socio-cultural barriers that inhibit the Hispanic community from improving its health status. Me sé la oración de memoria, la escribo cada vez que la HHC pide dinero a cualquier fundación que esté dispuesta a creer en su misión y a soltar la plata, que es lo único que verdaderamente importa. Los poemas generalmente rebasan la problemática del espacio. Porque lo que describe un verso o una estrofa, más que un espacio, son las impresiones y los sentimientos del poeta en un momento dado. Acaso eso nos sirva para afirmar que casi todos los poemas publicados en Tres Américas y en Fe de erratas sugieren que pudieron haber sido escritos en cualquier parte. Sólo muy de vez en cuando se menciona el nombre de una ciudad o de una calle de los Estados Unidos. Por ejemplo, en el poema “Manhatan A.M.”, de la puertorriqueña Juana Iris Goergen, sólo el título nos ayuda a ubicar el espacio evocativo: Me pierdo en el espacio entre las sílabas es decir en el beso.

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Al igual que los cuentistas, los poetas también parten de la tradición latinoamericana; las influencias van desde Gabriela Mistral, Pablo Neruda y César Vallejo hasta Octavio Paz, Julia de Burgos y Jaime Sabines. Hoy, después de haber vuelto a leer las revistas publicadas y otros trabajos inéditos, creemos que hay autores con una obra poética y narrativa ya madura. Basta mencionar los casos de otros escritores que no hemos citado: Graciela Reyes, Bernardo Navia y Om Ulloa. Sobresale el caso de León Leiva Gallardo, que ya publicó dos novelas bajo el sello de Tusquets Editores: Guadalajara de noche y La casa del cementerio. Migración como motivo En 1997, se publicaron ocho números de zorros y erizos, y de 1999 al 2000, aparecieron trece números de Tropel. Además de cuentos y poemas, en zorros y erizos se publicaron artículos y reportajes que ya rebasaban el terreno de lo estrictamente literario. Poco a poco, la problemática política y social de los barrios hispanos de Chicago fue tomando las páginas de zorros y erizos; en algunos de sus números ya se abordaron temas como el de los vendedores ambulantes, el desplazamiento urbano, la inmigración indocumentada, las pandillas, la educación bilingüe, etcétera. Ya con la experiencia adquirida en zorros y erizos, Tropel consigue desde su primer número una mayor definición y ubicación: se trata de una revista inmigrantista. El editorial del número 0 dice lo siguiente: “El tema de la migración es algo muy palpable en nuestras calles, en nuestros lugares de trabajo y en nuestros lugares de esparcimiento. Es ya sabido que este fenómeno se vive con sus rasgos muy particulares en Los Ángeles, París o Tokio, entre otras ciudades. En Tropel intentaremos abordar las particularidades que fenómenos como éste tienen en nuestra ciudad.” Pero la literatura nunca quedó fuera de Tropel; en todos los números se incluyó siempre la obra de un cuentista y de un poeta. Casi al mismo tiempo que Tropel, el semanario La Raza publicó un suplemento mensual: Arena cultural, que llegó a imprimir cincuenta y seis números (en varias épocas). El tiraje de Arena cultural rebasaba las 50 000 copias. Y su mayor importancia radicaba en el hecho de ser el primer suplemento cultural de un semanario en español en los Estados Unidos. Aunque en este suplemento preponderara el carácter latinoamericano que va del río Bravo a la Patagonia, en casi todos sus números llegamos a encontrar dos o más textos de escritores que viven en los Estados Unidos; ya en su última época, Arena cultural daba prioridad a los escritores latinoamericanos en los Estados Unidos. Aquí cabe señalar que ni La opinión de Los Ángeles, ni la edición en español del Miami Herald de Miami, ni el Hoy de Chicago han tenido un suplemento cultural y literario. Los consejos editoriales de estos diarios se han olvidado que una publicación de su naturaleza debe tener una función formativa; además, está claro que desdeñan la capacidad intelectual de la comunidad latina. Pero ¿por qué se ha dado este fenómeno cultural en Chicago y no en Los Ángeles o en Miami? Una hipótesis inicial es que en ciudades del sudoeste —como Los Ángeles— se vivió el Movimiento Chicano de una manera efervescente a fines de los sesenta y principios de los setenta. Este movimiento político y cultural tuvo su veta literaria mayormente en inglés. El eco de esa veta todavía se oye en estados como California, Nuevo México y Colorado; por eso en aquellos lares muchos inmigrantes jóvenes con inquietudes literarias empiezan a escribir directamente en inglés, pero siempre dentro de los cánones de la literatura chicana, es decir, mezclando los dos idiomas. Vale mencionar el caso del escritor performista Guillermo Gómez-Peña; su capacidad de comunicación es mucho mejor en español, pero su capacidad expresiva ha logrado mayor contundencia en un inglés moteado con vocablos y expresiones del español. En esta ciudad del Medio Oeste, el Movimiento Chicano no tuvo la misma resonancia que en California o Nuevo México. Aquí, desde mediados de los setenta, el movimiento social latino fue adquiriendo un carácter más y más inmigrantista, a tal grado que dirigentes nacidos y criados en los Estados Unidos, como Rudy Lozano, se autonombraban mexicanos y tomaban como lucha primordial las reivindicaciones de los indocumentados. Pese a que no ha habido un movimiento cultural de la magnitud de aquel Movimiento Chicano, la actitud y la identidad de los dirigentes políticos y comunitarios le han dado un carácter mexicanista y latinoamericanista a los fenómenos culturales de esta ciudad; no es casual que las instituciones más importantes sean el Museo Nacional de Bellas Artes Mexicanas (organizador, entre otros eventos, del Festival Sor Juana) y el Centro Cultural Latinoamericano (que organiza el Festival de Cine Latino). En lo que a revistas culturales en español se refiere, la incógnita para nosotros sigue siendo Miami, una ciudad en la que el español cubano ha estado presente durante las últimas cinco décadas; se trata de una comunidad, además, en la que su población no deja de revitalizar a diario la lengua de Cervantes. Y aún así —con una tradición mucho más firme que Chicago— es una ciudad en la que no han perdurado o sobresalido las revistas literarias. Para explicar esto, tal vez se pueda plantear una hipótesis que nos sirva de contraejemplo histórico del caso de Chicago: los cubanos de Miami constituyen un grupo de poder dotado de un estatus político importante en La Florida y en el país en general. Además, la personalidad cultural de los cubanos no se ve atacada por la sociedad norteamericana, sociedad que otorga al cubano una condición de exiliado o de huésped (el mexicano o el centroamericano, en cambio, son vistos como intrusos). Acaso por esto no tienen la necesidad de defender por la vía de la cultura algo que tienen ganado por la vía de la política. Raúl Dorantes y Febronio Zatarain: Mexicanos, autores de …Y nos vinimos de mojados.

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Perdone caballero: ¿es esa una avellana o ha escupido usted un diente en mi plato? Gerardo Cárdenas Es media tarde y sigue haciendo frío en Chicago, pese a que media ya el mes de mayo. Mi amigo Bob Gallo y yo apretamos el paso rumbo al Union League Club, en la Jackson. En una esquina, esperando el verde del semáforo, Bob Gallo frunce el ceño ante el reflejo del sol poniente y pronuncia, desde la seguridad de su metro ochenta y cinco de estatura: “el boxeo es esencialmente un deporte de inmigrantes”. Y él, el italiano de New Jersey, y yo, el mexicano avecindado en Chicago, entramos meditabundos a uno de los clubes más exclusivos de la ciudad para ver a jovencitos en paños menores romperse la cara. Ellos, los jovencitos, no ganan nada por la actividad: sus peleas forman parte del torneo Guantes de Oro, la competición boxística amateur por excelencia aquí y en muchos países del mundo. Nosotros, los espectadores, debemos apoquinar 130 dólares por cabeza por una cena de cuatro platos (hors d’oeuvres, ensalada de atún y jamón serrano, steak au poivre y pastel de chocolate, regados por vinos que van de simples Pinot Noir a algunos Cabernet Sauvignon y Shiraz realmente complejos). El Union League Club no da pie a confusiones: la vestimenta de los espectadores debe ser estrictamente business. Ningún hombre va sin saco o corbata, ninguna de las poquísimas mujeres con algo menos que un vestido cocktail. Aclaremos las cosas: el Union League Club no abrió sus pesadas puertas a las mujeres hasta 1986, y se nota. Tal vez alguna de las que nos acompañan esta noche de pugilato es del oficio: hay una rubia y una afroamericana jóvenes, lozanas y de hermoso cuerpo, que no embonan bien con sus gordos, calvos y arrugados acompañantes, salvo por el sex appeal que da el alquiler, por parafrasear una canción de Serrat. Yo he visto boxeo en arenas, estadios, recintos universitarios y en la puñetera calle. Nunca lo había visto en un club donde la caoba y el aroma a habano y whiskey se imponen sobre el aroma a sudor y ungüento muscular. El Union League Club lleva 125 años dictando las costumbres y conductas de los barones de la industria y el comercio de Chicago —club de Toby multimillonario, club de cuates con traje Armani, gafas Cole Haan, zapatos de Ermenegildo Zegna y corbatas Brioni. La testosterona es tal, que marea. Entre los golpes, el alcohol, el steak, la conversación tiene que dirigirse, por esencia, al béisbol, el football (el de acá), el golf, dinero y las mujeres. La emisión de hormona es tal que uno puede olvidarse que está en el recinto que guarda la segunda colección privada de arte más importante de la ciudad. El Union League contiene entre sus muros, pero exhibe con orgullo, obras de Monet, Audubon, Barnes, Helwig Wyant, Albright o Pattison, entre las más de 750 que forman parte de su acervo. Bob y yo examinamos algunas obras, sendas botellas de cerveza en mano. Se nos ha unido un tal David, un irlandés bajito, ingenuo y católico. No sabe gran cosa de boxeo, lo que lo hace víctima ideal: no puedo evitar pintarle la escena: “nos vamos a sentar en ringside, para que nos caiga sudor, sangre, y con suerte, un diente aterrice en el puré de papas”. David sonríe entre emocionado y asustado.

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De la calle al cuadrilátero Estamos en el Main Dining Room, revestido de maderas oscuras, con el cielo raso, cuyas vigas están labradas a mano, a nueve metros de altura. Doce candelabros iluminan la sucesión de largas mesas, como de monasterio, donde hemos de sentarnos a esperar los combates. En el centro de la suntuosa habitación han instalado un cuadrilátero de medidas oficiales, con su esquina roja, su esquina azul, y sus esquinas neutrales: sus cubetas para escupir sangre y saliva, el cordaje tenso y listo. Nos sentamos, y frente a mí hay tres jóvenes corredores de bolsa. A Bob le ha tocado compartir con una serie de gerentes y subgerentes, mientras que a David le ha tocado el premio mayor y comparte con dos hombres calvos y de mirada torva: uno bajito y moreno, el otro gigantesco y rubio. El más pequeño es claramente caporegime de alguna familia mafiosa; el grande es su “músculo”, su guardaespaldas. Hablan poco y miran fijo. Quizás prospectan algún negocio, o esperan detectar a algún futuro campeón del mundo al cual promover. Tras el postre y café, entran los referís y jueces, el anunciador, dos sirenas que han dejado la juventud tiempo atrás pero aún conservan cierta lozanía probablemente debida al botox y la liposucción, y que se dedicarán a mostrar el número de asalto con grandes cartones, como si todos fuéramos analfabetos y no supiésemos contar del uno al tres (sólo tres asaltos en Guantes de Oro). De los jueces, se me queda grabado Irvin “Shifty” Shiftman, un flaco medio calvo y despeinado con gafas redondas que parece salido directamente de una película de Laurel & Hardy. Que lo apoden “Shifty” (“Voluble”) ya es mala señal. En total vemos ocho peleas, en categorías que van de las 120 libras al peso completo. No sabemos, ni nos

explican, sin son clasificatorias, eliminatorias, semifinales o qué. Son peleas, es todo. Habrá sangre, habrá diversión y quienes están auténticamente en ringside recibirán sangre, sudor, protectores bucales y otras delicias que el golpeteo puede producir. Bob tiene razón, a medias: la mitad de los púgiles son jovencitos de extracción mexicana, de varios gimnasios de Chicago o y de Gary, Indiana. Sus rivales son otros mexicanos, o bien puertorriqueños, o afroamericanos. El boxeo no sólo es migración, es calle, callejón, esquina brava. Estos chicos fueron recogidos de las pandillas para darles el sueño del pugilato profesional a través de los Guantes de Oro. Pero sólo un puñado llegará a la gloria, y de ellos, quizás solo uno o dos lleguen a profesional. Los demás volverán a la ganga. Sin importar peso o rival, se dan con todo, los brazos volando sin atención a los golpes específicos del boxeo: el recto, el uno-dos, el uppercut. Hay poco juego de piernas, y muchas ganas de tumbar al rival en segundos. Ni un solo nocaut en la noche es un hecho que da testimonio de la poca técnica. Pero ahí están y se dan duro. Los hombres de cuidadoso peinado y finas camisas y corbatas pierden la compostura y gritan exaltados. David el irlandés pega saltitos cada vez que un buen guantazo aterriza pleno en la cara de un púgil. Yo me olvido del inglés y apoyo a mis paisanos con roncos y acuciantes gritos: ¡ya rómpele su madre y déjate de mamadas! Ni los púgiles me oyen, ni mis vecinos me entienden. Hace falta un buen purito para digerir todo este proceso. Pero de pronto acabó la noche boxística, y antes que podamos decir “Muhammad Alí”, Bob, David y yo estamos en la calle. El frío de la noche nos separa rápidamente, cada quien en busca de su respectivo taxi. Gerardo Cárdenas, escritor y periodista mexicano, es miembro del consejo editorial de contratiempo.

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Rockotitlán Glosa

Stephanie Manríquez

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A nivel mundial, el 1 de Mayo es un día representativo para millones de trabajadores, y en Chicago no es la excepción. A Carlo s Gar este día y a las causas laborales, se les ha aunado desde hace tres cía Hace p oco tie años la lucha por los derechos de los inmigrantes. mpo a un con trás oc del So Los jóvenes artistas de barrios como Pilsen, La Villita y nid de Chic ido bar del n , en orte ago, se Beats) o, Zizek Urb Humboldt Park han formado una red para hacer una campaña an icono p r e sentó ing comod electró lés de la mú un ida de concientización universal a través del arte y la música. Es así s nic ic DIGITA resulta d del hogar 80’s, ll a desde los a L C . do de L ICK como surgen proyectos tales como Rockotitlán. amado Este tip la influ Es el house, Meat B Manife o de m encia d t e c h e s no, ne ú a desarr t Rockotitlán es un proyecto que tiene la finalidad de fusionar atmos w wav el olló en sica se experim o. Este cuart t fér e eto Alema y el no e (Meat ico y el amb rock, arte y cultura. Así, el pasado 3 de Mayo cumplió su comenia rte de de vid ntalista de e ient Beat M eo y so Europa dición caract a t n ik if n m ; e e idos an mantie se st an, Mo riz tido, en un lugar llamado Q4, que acogió a una multitud encauálogos ne un use on o, Plascristali a por su ág es , il y no son de enc Mars). sada por las luchas sociales. ajar en tilo difícil id (R o andom digital JUNGL tre género E Logic s y sub todos los Vladis El ambiente que se respiraba ese día era totalmente de lucha. Desarr género lav De , Umek, electró ollado la s n y d ic ) e en a, por perdid Las paredes del Q4 retozaban con personajes desde José Martí mutar el hech la as de In ciudades frecue DOWN o glate d p e r in n te cipios estilos TE hasta el Che Guevara pasando por Cesar Chávez y el Subcomande los rra a y tend mente de Música MPO n o 90; tom m e n in b c e re d dustria ias (am dante Marcos. Así mismo, nos encontrábamos frente a imágenes a su beat s lectrónica cu Se cara e Concrete e repit bass, d l, techno, dr bient, y o Jungle c t e e um & r iz ub, etc y rostros de las tres últimas marchas en Chicago, captadas por e s a . n e c p d u uencia or secu e brea na ). kbeat lenta, encias y cade e r m Alexy Lanza. Los artistas plásticos se encontraban en su máxima ít x t m e r e n ic nc Es un p mada te ac a oco co áreas d iosa. Se toca reggae eleradas y b m expresión, destacando el trabajo de algunos fotógrafos, pintores poder en e chill ajo , sobre entend plicado o lo u t, en b unge y una ba s de hardco er y ap su mú a s fi r r urbanos, e incluyendo las imágenes surrealistas (¿o realistas?) e e de e e s s t reciar t sica, s e as chno (Radio rrolló e obre to descon Zumbid pool side xclusiv . Se desado si s de Alfonso Nieves “El Piloto” que nos expresa las carencias y oce las o ). a gente mente e d entre g de po éneros iferencias DRUM obstáculos de la clase media trabajadora e inmigrante con sus recurso raza negra d r . He aq peque N ’B e bajo s A (F S uí un ño glo a S v B io s r e Goldie , Groo akbea sario b esculturas de arte mixto. el cual veride ). ts y lín ásico e podrán titivas r e , a n s r epe rentes de encon ´Maladicto’ abrió con su “metal-core” protestando por las tra so 140 bp bajo a más KRAUT más co nidos electró r difem.Un d de ROCK disfunciones sociales dentro de nuestra comunidad; ‘Tras de nocido nicos e J rivado ungle N ombre s. sin la in d co Regga fluenc el nada’ fue ideal para enfatizar y contagiar su punk, como lo ha a todo g n el que se c ia del e (Pho AMBIE rupo d onoce t e N k d T , y te, No A trónico e hecho por más de una década en la escena local de Pilsen y sus Creado rtec Co phroalemá rock elecen Ale ll n e 7 c d 0 t e los a ive). . Se tra mania los año alrededores. Llegando a la media noche, la fiesta comienza con en s DUB muy fu ta de un so ños es la m 70, el ambie nido t u ‘Los extraños unidos’, a ritmos de rock con fusiones latinas que r is nt úsica e t Abrevia ap desarr lectrón atmos tura de ollado ara su época férica. ica iban desde samba, bossa nova y tropical hasta latin-soul que nos (d d p , u o o c plicad ubled r omo K Re fusión raftwe grupos de clas sulta de una un est o). Define r hizo recordar a Santana, Los Lobos y Jorge Ben - su actuación y k , S N t ic il ockha estruct eu!, ismo y o ur n instrum de remixes Hambu usen, en Be Can llena de percusiones incitó a los espectadores al baile y a recibir a pora m as musicales uevas entale rlí rgo y D , incor elodía s p d iezas y e usseld n, se con s enso ritmos a o v nuestro último grupo ‘Los Vicios de Papá’. e r ir f, que x t ñ is ió a co te do métod en obliga os de p ntes, con maner mplejos. Exis ras y da par una referenc Los Vicios de Papá (LVDP) con una actividad de más de as de c r t o d e a ia d e n uc los inic la esce reggae dos rea tomar ios de na ele . No se ción los ruid r ambient: q c u cinco años y un disco grabado con Jump up Records, regret e r t ó r la a n ta de ica. os de la cotidia instrum na e v suene TECHN saron de un receso de más de un año. Incorporando nuevos real, sin ntación los pro y mezclarlo ida O s; o cesado o efecto que lo Desarr s a tra s, p recurso s integrantes a la banda y creando una amalgama musical de ska, oll vés de s elect electró rocesos y tr por Ju ado en Detro r u ó E n c n n ic o an Atk ic o os sea it s , The O os (Bria reggae y ritmos latinos, con mensajes de esperanza y resise ins sencia n parte May y rb, A n Murco l de la Kevin , Derrick f, Mon phex Twin, m b tencia, culminaron la noche de Rockotitlán con una explosión S a ú a jo m s u ic s est nderso ediado tero, M a. L BREAK n anrico BEAT con un án duplicado os la esce s de los 80. C a de sonidos que movieron a toda la audiencia presente. Uno de ) En est s efecto n uando a r e estilo ave y h d m e e la c z o y c menzó lado y la ouse se inte los fundadores originales de la banda, Sergio Zavala, dijo que: continu rrump ame instrum ra funciona nizacio a despuntar como ento a , organ “LVDP estamos listos para exportar y difundir nuestra música perder la s nte el beat sin e e s c l sonido omo proces ecue y Circu so g ar s Bedla Spiral Tribe a otros lugares, estamos abiertos a cualquier propuesta, pero eneralmente ncia y ritmo; rrollad riginales. D m a la tare s esa s op de pia a de m e dieron nos m e acompaña Tambié or King Tub sin olvidar nuestra lucha”. donde ontar fi elódic by. sec n es e produc se llama así música cuchaba est stas ciones a e tipo electró origina según de n hipnót les los ico e in ica, de corte (Lee Sc métodos de d a u r s reglos trial, c ra l Dub Profes tch Perry, M bajos c de cuerdas fi on or, Ho CHICA ltradas orrosiv wie B). ad GO HO , os, sencillo U Se des s con p contras arrolló SE E L ECTRO latillos rango aquí a pios de de ,y prin lo Desarr (Norte 130 bpm o ollado por lín s 80. Se car cimás c Colle eas de acteriz p o e c r n t K P iv los 70 raftwe anóptic e, Latin a bajos s percus rk a). sizer, imp ion breakb . Sobre una base más de es sólidas 4 les, eat ele /4 a ctrónic 120 be school M ás refe a a sintes hip ho rencia texturiz ts por minut p), voc (old http://w líneas s en: o, ales y ww.m a de sint marca yspace h tt dos co dos y contra e p://ww s fi .com/n o lt n r id a w n tarola s das y os rob .myspa opalbe la clav h tt p://ww c at óticos s e del e ciados w.mysp e.com/static s e stilo (F son h c discos tt u Knuck a m p c ene.com/f ://www e c á rankie n les, M ic iltrone .myspa (N a m u h tt e e a tl p v n c abel rsh e.com/c ://ww os Rico te Nopalb yanrec s). eat Co all Jefferson com/so w.myspace. s undsist , llective e rr h tt e ) c p o :/ HIP HO rds /ww CUT A P com/se w.myspace. ND norcoc Se usa onutuk Genero PASTE como sin e rap o p cual re lectro-music ara de ónimo del al el sulta d s Carlos ignar m e z cla e e cons una a travé García truir sd & blue ntre rap y rh es produ ythm s urba música e sampleos c t o n r y con de o y Floja, de Rui Contro (Boca ductor tentes sonidos ya e l Mach do de (Institu x ete). Fondo to Mex ise n W icano IDM RTE 9 0.5 FM promo O Inte y tor de lligent músic Dance e Música le c t a r M ó us nica e e n Chic puede lectrónica qu ic. es ago. e pista d cucharse en la e baile como en la

uencia os, vo sonoro das y efecto ces s (Kam s pion, S Stephanie Manríquez es productora y locutora de PolyForum en Coconut) r.

Radio Arte, Chicago.

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El dos de mayo de 1808 en Madrid

Los fusilamientos del 3 de mayo

Para eso habéis nacido

Goya en tiempos de guerra Jochy Herrera El dieciséis de noviembre de 1937, bombas incendiarias lanzadas por aviones nazis caían sobre el Museo del Prado en el Madrid cercado por las tropas franquistas. Decidido a poner a salvo el tesoro artístico conservado en la pinacoteca, la Segunda República ordena el traslado de las obras más importantes a Valencia, a la sazón, sede del gobierno. Sin embargo, una vez más, los cuadros deberán ser transportados por tierra durante la primavera del siguiente año, a fin de escapar al continuo ataque fascista; en ese marzo de 1938, dos Goyas de imperecedero significado histórico y pictórico, Los fusilamientos del 3 de mayo y El 2 de mayo o la carga de los mamelucos, son severamente dañados por las bombas mientras viajan en un camión con destino a Barcelona: un tajo de tres metros atraviesa el primero y numerosos agujeros maltratan severamente al segundo. Tras años de restauración, orgullosamente, el Prado inaugura la exposición “Goya en tiempos de guerra” donde reaparecen los lienzos por primera vez junto a otras doscientas piezas del maestro aragonés. La exposición, organizada por el Ministerio de Cultura Español y la Comunidad de Madrid, estará abierta al público desde abril a julio de 2008. El evento coincide con el segundo centenario de los sangrientos sucesos de la llamada guerra de la independencia, posterior a la invasión napoleónica, que culminaron con la reinstauración del fatídico reino absolutista de Fernando VII, la abolición de la Constitución liberal y el retorno de la Inquisición. Sin embargo, al estudiar en detalle las obras de Francisco de Goya y Lucientes agrupadas para la ocasión, evidenciamos que la muestra no trata sobre la gesta que los cronistas han definido como independentista; los lienzos ni son patrióticos en el sentido simplista de la palabra ni tampoco llevan un propósito necesariamente histórico-cronológico. Goya perseguía revelar .--y a mi parecer lo logra magistralmente-- el horror y el absurdo de los conflictos bélicos; sin tomar bandos, documenta el crimen del invasor francés con la misma intensidad que las deshumanizantes hazañas protagonizadas por el enardecido pueblo español resultado de aquellos abusos. Con el decidido propósito de sacudir al observador, el maestro preconiza la locura de tiempos por venir en uno de los dibujos pertenecientes a la colección Desastres de guerra: en el número 72, Las resultas, donde unos murciélagos en tinta negra atacan el cuerpo postrado de una mujer, para algunos la España herida, y a mi parecer, quizás la libertad amenazada, que vaticina la llegada de la sangrienta monarquía. Tres series o grupos de obras dan sostén al esqueleto de la exposición: Los fusilamientos, los Desastres de guerra y los Caprichos enfáticos. Los primeros evocan la dicotomía víctima-victimario protagonizada por la reacción popular ante la agresión de las

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fuerzas francesas del General Murat: en El dos de mayo tres corceles nos dirigen una aguda mirada detrás del cuerpo de otro caballo blanco que, en primer plano, está siendo acuchillado por un patriota. En El tres, un pelotón de la Grande Armée fusila hombres y mujeres que han intentado rechazar las tropas extranjeras: una linterna ocupa el centro del lienzo sólo para subrayar las facciones de un hombre, que manos en alto, y en reminiscencia al sacrificio de Jesús en la cruz, enfrenta la muerte con orgullo, desafiando a sus verdugos con valor y rebeldía. Son precisamente estas dos obras las que posteriormente se convirtieron en víctimas de la revuelta antifranquista, como si los enemigos de la libertad ansiaran que la denuncia de Goya no hubiese sobrevivido la historia. En el Desastre número 12, Para eso habéis nacido, un dibujo de apenas quince centímetros de largo, la máxima expresión de repulsión a la guerra es manifestada a través de una figura erguida sobre un montón de cadáveres. Ésta no es una silueta triunfante a pesar de que es la única que aparece de pie en la composición, al contrario, está tan derrotado este pobre hombre que deambulando tropieza con muertos tal vez anónimos; es un hombre que, incapaz de contener sus entrañas ante la tétrica escena, vomita frente a semejante visión del desamparo humano. La obra de Goya correspondiente a este período y los lustros posteriores significó un vuelco en temática y estilo, ya que a pesar de éste disfrutar los privilegios de pintor de la Corte y de haber sido respetado y solicitado por la nobleza y la aristocracia, los eventos que le tocaron vivir le trasforman en un artista que, en opinión de muchos críticos, fue pionero en desmitificar la guerra como acto enaltecedor de la humanidad y de los pueblos. Otros conocedores de su trabajo han sugerido la probable influencia que ejerció en artistas como Picasso (quizás en referencia al Guernica) o, más recientemente, Botero, quien de seguro pensó en Goya y sus Desastres mientras concebía los lienzos de Abu Ghraib.

¡Madre infeliz!

Visión de la guerra Goya supo expresar pictóricamente no sólo sus tormentos interiores sino también aquellos de que era testigo: contribuyó al arte caricaturista con los Caprichos enfáticos, una colección de viñetas sobre la conducta humana en momentos donde lo aciago era la rutina; destacó, casi como nadie, el importante papel de las mujeres en las manifestaciones de insurrección popular, quienes, junto a los campesinos y trabajadores humildes de la España monárquica precapitalista, plantaron los cimientos del desarrollo y participación social en el más atrasado de los Estados europeos de la época. Goya es, además, un precursor del estudio sociopolítico al documentar en sus grabados una estrategia militar de resistencia nunca antes conocida: las guerras pequeñas, Las guerrillas, título otorgado a los grupos armados organizados espontáneamente por la población contra el ejército francés. Más aún, la obra de esta fase goyesca refleja el ideal de un hombre consciente de sus propias contradicciones: capaz de pintar para la Corte a fin de sobrevivir económicamente y, al mismo tiempo, no renunciar a la sensibilidad social que le llamaba a ilustrar cuanta injusticia observaba. Así, rechaza el honor de ser invitado a compartir con el monarca reinstaurado por la nobleza y la Iglesia, prefiriendo trasladarse a Zaragoza, cerca de su tierra natal, a constatar en persona la desolación sufrida por aquel heróico pueblo como consecuencia del asedio de las tropas napoleónicas. El prestigioso crítico de arte de origen australiano, Robert Hughes, en su libro “Goya”, publicado en 2004, sugiere que la obra del artista en el período de la guerra obliga al hombre contemporáneo a comparar la imagen de uno de los Desastres de guerra, el número 50, titulado ¡Madre infeliz!, con la fotografía de aquella niña vietnamita que en 1972 recorrió el mundo: Phan Thi Kim Phúc contaba apenas con nueve años de edad cuando fue retratada huyendo desnuda tras haber sufrido quemaduras durante un bombardeo de napalm. El ¡Madre infeliz! de Goya, dos siglos antes, mostraba unos hombres que piadosamente arrastran el cadáver de una mujer víctima de la guerra mientras su hija se frota los ojos desesperadamente en lo que en opinión de Hughes es, de hecho, una de las más desgarradoras escenas en toda la obra de Goya. Goya murió sordo, envuelto en las tinieblas del pensamiento, mas dejó un legado ilustrativo del nuevo ser humano que aquel siglo XVIII insinuaba; de estar vivo hoy, seguramente hubiese comprendido la urgencia del fin de una guerra, que sin Mayos ni Fusilamientos, sin Caprichos y con todos sus imaginables y reales Desastres, está peligrosamente cerca de aquella España devastada por el poder y la ambición. Jochy Herrera. Dominicano, miembro de la mesa directiva de contratiempo.

junio 2008


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Inmigración y desarrollo: El envío de remesas Boris Svetogorsky Mucho se ha dicho ya sobre lo que significa el envío de remesas para dinamizar las economías de América Latina, al menos el flujo destinado desde los Estados Unidos. Pero debemos ligar este aspecto que influye a cualquiera de nuestras medianas economías latinoamericanas a las limitadas posibilidades de desarrollo económico y a las pocas plazas laborales que se crean anualmente en la región. Un 70 por ciento de los casi 13 millones de inmigrantes hispanos remiten dinero a sus familiares desde los Estados Unidos por lo menos una vez por mes. Se estima que la cifra de las remesas alcanzó el año pasado los 65 mil 500 millones de dólares. Para algunos de nuestros países, recibir estas remesas equivale a un monto mayor de lo que se recibe a través de Ayuda Oficial para el Desarrollo (ODA). Para países como Guatemala (4 mil 128 millones de dólares), El Salvador (3 mil 695 millones), República Dominicana (3 mil 120 millones) y Ecuador (3 mil 085 millones), las remesas constituyen uno de sus principales ingresos. El ingreso total per capita (IPC) de los inmigrantes hispanos residentes en los Estados Unidos se estima en unos 750 millones de dólares anuales. Se considera que este grupo presenta dos facetas importantes: a) compromiso fiel al trabajo y completa dedicación, y b) sus ansias el progreso personal y económico. El aporte de la fuerza laboral hispana se ve reflejado como parte de lo que puede denominarse retroalimentación de la propia economía estadounidense. Otras fuentes u orígenes importantes del envío de remesas son las que provienen de Europa y del Japón; particularmente en el caso europeo habría que ubicar a España en primer lugar plaza por ser el país donde reside el más alto número de inmigrantes latinoamericanos. Este flujo de dinero enviado constituye un importante estímulo para las economías de la región, tal es el caso de Ecuador o República Dominicana. Los inmigrantes latinoamericanos que buscan oportunidades en los Estados Unidos tienen como principales características la de constituir una fuerza laboral signada por su juventud, su vigor y su gran capacidad de adaptación a los cambios. Otra característica importante es su carácter bilingüe, en su gran mayoría, acompañada de su capacidad para la administración y el control del trabajo, sumada a un connotado compromiso con el trabajo y lealtad hacia su empleador. Al inicio de su estadía en Estados Unidos, en su enorme mayoría, los hispanos que realizan trabajos menores alcanzan a percibir un salario mínimo de 900 dólares mensuales, lo que representa para muchos de ellos un nivel salarial 3 o 4 veces superior al que percibían en su país de origen. En los Estados Unidos, los estados que presentan una mayor población hispana (California, Texas, Nueva York y Florida) son los lugares en que se originan las fuentes más significativas de envíos de remesas. Sin embargo, resulta interesante destacar que otros estados como Illinois, Maryland, Wisconsin, Pennsylvania, Nebraska y Nuevo México han aumentado considerablemente estos envíos hacia Latinoamérica.

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Un caso muy singular lo constituyó el estado de Louisiana, donde se registró un incremento de cerca del 240% en el envío de remesas, lo que se atribuyó al cúmulo de trabajadores hispanos que acudieron en su momento a cubrir plazas laborales para la reconstrucción y el mejoramiento de la infraestructura de ese estado como consecuencia de los destrozos causados por el huracán Katrina. El hecho es que los hispanos en Estados Unidos ya representan 41 millones de habitantes y con esta población se constituyen en la cuarta comunidad de origen Iberoamericano, en términos de en población, detrás de Brasil, México y Colombia. Lo más asombroso es que se estima que esta población hispana tendrá un poder económico de 1 billón (millón de millones) de dólares a finales de la presente década. Negocio bancario Según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), los hispanos residentes en los Estados Unidos se podrán convertir en los inversionistas más importantes en América Latina. Las remesas para América Latina ya sobrepasan el valor combinado de la inversión extranjera directa, la ayuda multinacional e, incluso, en algunos países hasta el monto destinado para el pago de intereses de la deuda externa. Resulta de sumo interés destacar que el envío de remesas hacia México ha decaído un buen porcentaje este último año. Esto indudablemente tiene varias explicaciones y consideraciones, pero una de las más importantes es la falta de garantías que hoy hallan los inmigrantes mexicanos para trabajar libremente y sin presiones en los Estados Unidos y la carencia de oportunidades para acceder a buenas plazas de trabajo que ofrezcan una mejor paga salarial. Esta situación, en muchos aspectos, se ha prestado para que algunos empleadores, conociendo estas limitaciones, cometan abusos, ofreciendo trabajo al inmigrante con un nivel bajo de remuneraciones, incluso inferior a lo estipulado por la ley. Para los bancos e instituciones financieras estadounidenses resulta sumamente atractivo llevarse una parte del lucrativo negocio del envío de remesas. Estas transferencias, en su gran mayoría, son giradas a través de entidades no bancarias, como Western Union y otros, a cadenas de venta minorista mexicanas. Las comisiones que se pagan por estas transferencias suelen ser porcentualmente altas en la mayoría de los casos. Según un reciente estudio de Goldman Sachs, en promedio, las comisiones por el envío de remesas se sitúan entre el 15% y 21%. Además, se utiliza el “anzuelo” de las remesas de los hispanos, para vender otros productos bancarios (cuentas, depósitos a plazo, fondos de inversión, hipotecas, etcétera) lo que, sin lugar a dudas, representa un atractivo negocio. Aún queda mucho camino por recorrer para que las remesas tengan un mayor impacto en las economías de la región latinoamericana. Un primer obstáculo a vencer es el alto costo de las transacciones. Hace cuatro o cinco años atrás, enviar dinero a Latinoamérica podría costar un promedio de 12% a 15% del total enviado. Hoy, afortunadamente, el costo ha caído a la mitad de estos porcentajes, pero aún resulta oneroso. A lo expresado antes, debe sumarse que los gastos de transacción resultan aún mayores si

las personas que reciben el dinero no tienen acceso a una cuenta bancaria. En algunos países de América Latina, los bancos continúan presentando obstáculos a las personas de bajos recursos. Apenas entre el 5% y el 10% de las familias que reciben dinero por concepto de remesas provenientes del exterior en América Latina lo hacen utilizando una cuenta bancaria. Con costos de transacción más bajos y facilitando el acceso a los bancos, los ciudadanos latinoamericanos no sólo podremos disponer de un mayor volumen de divisas sino que también mejoraremos el acceso al sistema bancario y contaremos con mayores posibilidades de acceso al microcrédito. Incrementar la transparencia del sistema y buscar una competencia justa, aplicando una tecnología adecuada y ampliando el acceso al sistema financiero de la población no bancarizada, podría significar un buen desafío para nuestros gobiernos. No sólo necesitaríamos contar con voluntad política sino que lo más significativo sería contar con el apoyo de las instituciones bancarias y financieras privadas. Boris Svetogorsky es diplomático uruguayo. Actualmente, es Cónsul General del Uruguay en Chicago.

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Poesía Infrarrealista

Pequeñísimo recuerdo de Roberto Bolaño Francisco Pamplona Hace treinta años en Guadalajara, había un auge de publicaciones independientes de literatura; muy pocas exploraban, además, el mundo de la política; aparte de la profusión de revistas, hojas de poesía, algunas en inexplicables formatos, desde la Universidad de Guadalajara también se proyectaban las inquietudes literarias en su revista “oficial”, y en Incluso. Una de las revistas independientes que surgió al final de la década de los setenta, fue Éxodo que hacíamos José Luis de la Isla, Manuel Zatarain, Ángel Caamaño, Paulino Nivón, Febronio Zatarain y yo. Teníamos la inquietud por la política y también por la literatura; hacía muy poco que habían surgido Proceso y Vuelta: las dos caras de una vocación que apenas se encauzaba en nosotros, como en tantos otros por aquellos años. En el número 2 de Éxodo (salió a distribución a principios de 1978), se publicó un pequeño artículo firmado por mi (que prometía una segunda parte que no tuvo lugar) sobre el “infrarrealismo”, movimiento literario que venía de Chile y cuyo principal representante e impulsor fue Roberto Bolaño. Para escribir aquel artículo, Paulino Nivón y yo nos entrevistamos con Rubén Medina (amigo de Bolaño y miembro del movimiento “Infra”) en el café La Habana de la Ciudad de México; poco después en 1979, tuve un encuentro multitudinario con Roberto Bolaño en una noche

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desaforada, de esas con poetas enloquecidos y acompañantes insensatos, aunque no puedo decir con quiénes, pues no lo recuerdo. En Éxodo nos convertimos en promotores y distribuidores de Correspondencia Infra, revista del movimiento, que conste. No vale la pena traer ese breve artículo y cansar la prensa con un producto inmaduro, escrito al calor de una época de cambios no digeridos aún por entonces. Vale la pena, sí, recordar a Bolaño cerca del quinto aniversario de su muerte (15 de julio de 2003), trayendo un poema publicado como parte de aquel viejo artículo. Salud, por el poeta infra, acompañante de la alegría y el dolor de lo mexicano, impulsor en la vanguardia, de quimeras literarias y sueños ácidos de letras por venir. Ignoro si el poema de Bolaño fue recogido en alguna publicación. Francisco Pamplona es poeta mexicano.

Chan

y

tal famil

ling skele

ver circ t of the e

res as y dolo les y poem te o h y s ostarse os año zar, a ac de much a s r é o u p , sp e e lv D r mbre vue sta muje a este ho rnas de e ie p s de cabez sposas la y e ama; s y algo ra u e c q ri r á je v u s or la con la m l, ratadas p , piensa é stán malt e a d u su rostro d n ié sin b m , y ta engan depilarse los se sost de tanto ta é p s co, o y u stro blan flor en c no un ro si s, no es una ja e b ir es a eres de tr mira dorm los cadáv nte; y la ie rr bió o c y sc ue le e ri s, común poemas q s con peca lo s o d to to, enta que uelen tan y se da cu pero le d , a jor d a v e nada me santa hu ue hacer g si son una n o c o en te, tanto, qu palpitan lo abren o pálido, c n o tr se arse a e a, que aferr él, por ell ban orar, por ll a e años esta rs e y pon e en esos u q s e n e s los jóv por todo citos. dos, pobre Bolaño enamora Roberto

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contrafoto Jesús Sereno

entrega inmediata La foto que aparece en la página 26 del número 56 contratiempo (mayo 2008), tomada por Carlos Flores y publicada en la sección titulada contrafoto, no es de los Young Lords, como dice el pie de grabado. La foto muestra a Antonio Zavala, y la fallecida líder de los derechos civiles María Saucedo, según nos alertó el propio Zavala. En la foto, Saucedo y Zavala hacen una presentación de “El León y los Grillos”, de la Compañía teatral Trucha. La fecha, 1976, es la correcta. Zavala aclaró también que la Compañía Trucha nunca fue parte de los Young Lords. contratiempo agradece la oportuna clarificación del lector.

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Contratiempo Magazine is a monthly spanish publication. Literature, Poetry and Arts made by latinamerican people. Art Director: Esmeralda M...