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El gobierno ante los monopolios

Por Luis Pazos “Facilitar la entrada en cualquier sector a todos los interesados que cumplan con reglas generales y pagos que se apliquen en todos es la mejor forma de fomentar la competencia, y no que desde una oficina, un grupo de respetables funcionarios, decidan quienes son o no monopolios, a quien se autoriza y a quien no, una concesión o fusión, situación que no va de acuerdo con una economía basada en un estado de derecho, en la certidumbre jurídica y que busca mercados competitivos y libres.” Los monopolios encarecen los productos, bajan la calidad y perjudican a los consumidores, la solución es la competencia; sin embargo, muchas veces los gobiernos en un afán de impulsarla, sobreregulan y dejan al arbitrio de funcionarios el decidir en una oficina sobre fusiones, divisiones e inversiones de las grandes empresas. Esas decisiones, basadas en parte en percepciones e interpretaciones de la ley, los dejan como el cuetero, si no explota el cuete les chiflan y si sale también chifla el cuete. La función del Legislativo y el Ejecutivo es generar un entorno jurídico y administrativo que facilite a quien lo solicite la entrada a cualquier sector de la producción, en base a reglas generales y no en las decisiones de los funcionarios. Lo que genera monopolios dañinos a la sociedad son leyes que impiden a otros inversionistas dedicarse a lo mismo que el monopolista, como la exploración, extracción y transformación de hidrocarburos en el caso de PEMEX. En el sector de las telecomunicaciones, la función de un gobierno no es impedir fusiones ydificultar la entrada, sino que a todo aquel que solicite una frecuencia o espectro, si existe la posibilidad técnica de dársela y cumple con requisitos generales, otorgársela. Si TELMEX solicita un canal de televisión, hay que dárselo. Si TV Azteca y Televisa quieren unirse para invertir conjuntamente en telefonía hay que dejarlos. Querer ser más papista que el papa en materia de competencia trae resultados contraproducentes, reduce la inversión, genera incertidumbre jurídica y se presta a favoritismos. Facilitar la entrada en cualquier sector a todos los interesados que cumplan con reglas generales y pagos que se apliquen en todos es la mejor forma de fomentar la competencia, y no que desde una oficina, un grupo de respetables funcionarios, decidan quienes son o no monopolios, a quien se autoriza y a quien no, una concesión o fusión, situación que no va de acuerdo con una economía basada en un estado de derecho, en la certidumbre jurídica y que busca mercados competitivos y libres. lpazos@prodigy.net.mx 1


El Presidente ¿El Único Poder? Por: Luis Pazos Una de las percepciones políticas obsoletas es pensar que el Presidente ordena o les sugiere a los legisladores, ministros y gobernadores qué hacer o no hacer, como acontecía en el siglo pasado. Esa percepción no sólo es fruto de la ignorancia de lo que sucede en el México actual, sino de una estrategia electoral de los partidos de oposición al del Presidente, con la finalidad de que todo lo negativo que sucede en el país sea atribuido únicamente al Presidente de la República, como si fuera el gran “tlatoani”, a semejanza de los presidentes del siglo pasado. La pérdida de competitividad, la imposibilidad de mayores crecimientos y de crear más empleos, se la endosan al Presidente, siendo que los legisladores de oposición son quienes han obstaculizado los cambios para lograr más competitividad, crecimiento y empleos. En el caso de la inseguridad, impunidad y asesinatos, que tienen disgustada a la sociedad, también por ignorancia o estrategia política, se le atribuyen únicamente al Presidente Calderón, siendo que la Constitución (Art. 21), deja claro que la seguridad es corresponsabilidad de los tres órdenes de gobierno. La pasividad y no en pocos casos, complicidad de las autoridades estatales ha sido un factor fundamental en el crecimiento de los delitos en muchos estados, de los cuales el 90% son del orden común. En este siglo empezó a funcionar en México una verdadera división de poderes, que no existía el siglo pasado y que todo analista serio y honesto toma en cuenta a la hora de señalar responsables de los males de México. Los gobernadores a partir del siglo XXI deciden sin consultar al Presidente, gastan y se endeudan sin la aprobación del Ejecutivo Federal ni del Congreso de la Unión. Lo correcto es responsabilizar de sus éxitos y fallas a cada poder: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, así como a cada nivel de gobierno. Y no por motivos políticos electorales, atribuirle todo lo negativo sólo al Presidente de la República, que cogobierna el país con el Legislativo, el Judicial y los gobernadores. lpazos@prodigy.nrt.mx

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Pecados capitales y éxito Por Luis Pazos

“Los llamados pecados capitales no solo violan la moral cristiana, sino nos dificultan alcanzar el éxito integral.” El soberbio se cree superior a los demás, por lo que difícilmente tendrá verdaderos amigos, serán pocos sus clientes y sus jefes pensarán dos veces en promoverlo. La avaricia, el afán desordenado de poseer y adquirir riqueza, nos lleva a cometer abusos y violar las leyes: engañar y robar. Nos crea mala fama y no pocas veces nos lleva a la cárcel. El lujurioso es excluido de los círculos de amigos, acusado de mirar libidinosamente a sus compañeras de trabajo y familiares. Difícilmente mantendrá un hogar estable. Quien constantemente se deja llevar por la ira, además de ser víctima del estrés y de un colesterol alto, perderá clientes, amigos y nadie lo querrá tener cerca. La ira implica falta de control y puede llevarnos a insultar o hasta a golpear a una persona por cualquier diferencia. La gula, que involucra el vicio de comer en exceso, además de producir hipertensión y sobrepeso, refleja falta de voluntad y de disciplina. El goloso excepcionalmente es promovido en una empresa y su salud se verá quebrantada más temprano que tarde. La pereza, que es la negligencia y descuido de las cosas, lleva en sí misma su castigo, pues es raro que un perezoso tenga éxito no tan solo económico, sino también familiar o intelectual. Si queremos tener éxito en lo económico, familiar, sentimental y espiritual, no solo debemos evitar los siete pecados capitales, sino practicar las siete virtudes, contrarias a esos pecados: humildad, generosidad, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia. Si ya se te olvidó lo que implica cada una de esas virtudes, investígalas y tendrás la llave, no tan solo del éxito económico, sino probablemente de la felicidad, que es el éxito integral. lpazos@proditgy.net.mx

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Subsidio a campañas: Pecado y tiranía

Por Arturo Damm “Qué spotiza nos están metiendo…” tweeteó alguien el pasado viernes 20 de marzo, día del inicio formal (porque pese a la veda electoral informalmente los entonces precandidatos, ¡ahora por fin candidatos!, nunca dejaron de hacer campaña) de las campañas electorales, “¡Y lo que falta!”, respondió, ni tardo ni perezoso, otro twittero, agregando que “no será tanto lo duro sino lo tupido”. Para darnos una idea de lo que falta, recordemos lo que nos informó el IFE: “En los próximos 90 días se transmitirán cerca de 16.9 millones de promocionales, (de tal manera que) durante las campañas electorales rumbo a la elección del 1 de julio serán transmitidos a diario 7,380 spots o promocionales de los partidos políticos”, esto es, 307.5 cada hora o, para darnos una idea más puntual de lo tupido del bombardeo publicitario, 5.1 cada minuto o, para más puntualidad, uno cada 12 segundos, todo cargado a la cuenta de los contribuyentes, lo cual supone, de parte del gobierno, un doble abuso. El primer abuso es el que corresponde, en general, al cobro de impuestos (es decir: al obligar al contribuyente a entregarle al recaudador parte del producto de su trabajo) con fines redistributivos (quitarle a unos para darle a otros). El segundo abuso es el relacionado, en particular, con el obligar al contribuyente a entregarle al recaudador parte del producto de su trabajo (esto es: a pagar impuestos), para redistribuir a favor de los partidos políticos y sus candidatos (quitarle a unos para darle a políticos en campaña), cobro de impuestos que, cuando se realiza con tal fin, supone obligar a los contribuyentes a subsidiar, ¡que no financiar!, partidos políticos y propuestas electorales con los cuales pueden no estar de acuerdo, lo cual es injusto, injusticia cometida por el gobierno, cuya tarea debe ser velar por la justicia, no cometer injusticias. Lo dijo muy claramente Thomas Jefferson: “Obligar a un hombre a proveer fondos para la propagación de ideas en las que no cree y que aborrece, es pecaminoso y tiránico.” Es, para usar otros términos, abusivo e injusto. ¿Qué parte de mis impuestos (y de los suyos) se están destinando a subsidiar partidos políticos y propuestas electorales con los cuales no estoy (y usted no está) de acuerdo? ¿Tiene o no razón Jefferson cuando califica al subsidio otorgado por el gobierno a propuestas electorales y a partidos políticos de conducta tiránica (dejemos de lado, para no meternos en los terrenos del Señor, lo de pecaminosa)? En el inciso I, del artículo 41, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, leemos que “los partidos políticos son entidades de interés público”. En el inciso II, del mismo artículo, se apunta que “la ley garantizará que los partidos políticos nacionales cuenten de manera equitativa con elementos para llevar a cabo sus actividades y señalará las reglas a que se sujetará el financiamiento (debe decir subsidio) de los propios partidos y sus campañas electorales, debiendo garantizar que los recursos públicos (debe decir gubernamentales) prevalezcan sobre los de origen privado.” Con relación a lo citado vale la pena comentar lo siguiente. Primero: qué curiosas entidades de interés público aquellas que necesitan del subsidio gubernamental o, dicho de otra manera, aquellas con relación a las cuales el gobierno debe obligar a los ciudadanos, ¡al público!, a subsidiar. Si fueran de interés del público; de mayor interés del público; de interés de más público; de mayor interés de más público, ¿necesitarían del subsidio (que no financiamiento) gubernamental (que no público)? Segundo: ¿por qué el subsidio gubernamental debe prevalecer 4


sobre el financiamiento (ahora sí: financiamiento) público (ahora sí: público y no privado), primacía del subsidio gubernamental sobre el financiamiento público que inhibe la competitividad de los partidos políticos, es decir, sus esfuerzos por generarmayorinterés de más público, con el fin de lograr más financiamiento público, es decir, del público? Entiendo cuáles pueden ser los inconvenientes del financiamiento del público a los partidos políticos (por ejemplo: el “secuestro” de los partidos políticos de parte de aquellos que aporten más financiamiento), pero no puedo dejar de preguntarme si el subsidio gubernamental, tanto por lo que de entrada implica (obligar a los ciudadanos a subsidiar partidos políticos y propuestas electorales con las que no comulgan), como por lo que de salida puede ocasionar (inhibir los esfuerzos de los partidos políticos por generarmayorinterés de más público competitividad -, con el fin de lograr más financiamiento del público), es correcto, tanto desde el punto de vista de la justicia (el pecado y tiranía que menciona Jefferson), como desde la perspectiva de la eficacia (la competitividad a la que hice referencia). Ayn Rand dijo que “la libertad de expresión (…) incluye el derecho de disentir, de no escuchar, y de no financiar a los propios antagonistas”, libertad de expresión que se viola cada vez que el gobierno, por medio del cobro de impuestos, le impone a los ciudadanos la obligación de subsidiar a partidos políticos, y a propuestas electorales, contrarias a sus principios, a sus convicciones, a sus creencias, todo lo cual, vuelvo a Jefferson, resulta “pecaminoso y tiránico”. Y, pese a ello, es el pan nuestro de cada día, consecuencia, tal vez, del error de creer que la justicia y eficacia de una acción depende de la identidad del agente, y no de la naturaleza de la acción, de tal manera que, dado que quien otorga el subsidio a partidos políticos y a propuestas electorales es el gobierno dicha acción es justa y eficaz. Sí, ¡cómo no! Volviendo a la spotiza que nos están metiendo, sin olvidar que no será lo duro sino lo tupido, por lo que pude oír el primer día de campaña, y teniendo en cuenta la degeneración de la democracia electoral en mercado electorero, mercado electorero que tiene como principal protagonista al gobierno ángel de la guarda (que pretende preservarnos de todos los males), y al gobierno hada madrina (cuya intención es concedernos todos los bienes), sugiero, con el fin de evitar tanto gasto, y “ahorrarle” varios millones de pesos a los contribuyentes, que los cuatro candidatos, en una sola exhibición, propongan que, de llegar a la presidencia (así, con minúsculas) lucharán a favor de TODOS los bienes y en contra de TODOS los males. Al final de cuentas eso es lo que, durante la campaña electoral, nos van a prometer: que además de ser gobierno gobierno, y garantizar la seguridad contra la delincuencia e impartir justicia, serán gobierno ángel de la guarda, y nos preservarán de todos los males, y gobiernos hada madrina, y nos concederán todos los bienes, momento de recordar que en la sociedad de hombres verdaderamente libres el único mal en contra del cual debe luchar el gobierno es la delincuencia, y que el único bien que debe proveer es la impartición de la justicia, siendo la lucha a favor de todos los otros bienes, y en contra de todos los otros males, responsabilidad de cada uno. Vuelvo a Ayn Rand quien, relacionado con este tema, dijo que “un patrocinador tiene el derecho inalienable de retirar su apoyo económico a quienes defienden convicciones contrarias a las suyas,” derecho que el subsidio gubernamental a partidos políticos y campañas electorales viola de manera pecaminosa y tiránica. arturodamm@prodigy.net.mx

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Las campañas y la economía Por Arturo Damm Formalmente han dado inicio las campañas electorales, y no faltan los ilusos (producto de cierto keynesianismo trasnochado), que creen que las mismas traerán como consecuencia, dados los gastos que generan, un impulso a La Economía, considerada así, con mayúsculas, como si realmente existiera tal cosa como La Economía Mexicana, misma que no pasa de ser una abstracción, ya que lo que existe son las actividades económicas de los distintos agentes económicos: empresarios, productores, inversionistas, trabajadores, comerciantes, consumidores, ahorradores, especuladores, etc. Las campañas electorales no tendrán como consecuencia un impulso económico generalizado, sino un impulso económico focalizado en determinadas actividades económicas, que tendrá como contraparte un freno en otras actividades económicas, impulso que se verá contrarrestado por el freno, impulso que supone ciertos ganadores, freno que supone determinados perdedores, todo ello consecuencia de que lo que se gaste en bienes y servicios para las campañas electorales dejará de gastarse en otros bienes y servicios, todo ello como que dos más dos son cuatro. En pocas palabas: el dinero que se gaste en bienes y servicios para las campañas electorales, desde espectaculares (bienes) hasta encuestas (servicios), dejará de gastarse en otros bienes y servicios, todo ello, insisto, como que dos más dos son cuatro, de tal manera que los gastos de las campañas electorales benefician a quienes ofrecen el primer conjunto de bienes y servicios pero perjudica a quienes ofrecen el segundo. Habrá, consecuencia de las campañas electorales, una reasignación de gastos (se gastará más en X y menos en Y), pero no un aumento en el gasto agregado (el gasto de todos), de tal manera que habrá ganadores (quienes ofrecen los bienes y servicios demandados en las campañas electorales) y perdedores (algunos de quienes no ofrecen las mercancías demandadas en las campañas electorales), motivo por el cual quienes creen que las campañas electorales traerán como consecuencia, dados los gastos que generan, un impulso a La Economía, no pasan de ser unos ilusos. Las campañas electorales traerán un impulso a ciertas actividades económicas y, consecuencia de ello, generarán un freno en otras. ¿Qué se requeriría para que el gasto generado por las campañas electorales sí ocasionara un impulso a La Economía y no solamente a ciertas actividades económicas en detrimento de otras? Que los partidos políticos gastaran más, tal y como sucede durante las campañas electorales, sin que nadie más gastara menos, para lo cual se necesitaría que ese mayor gasto de los partidos políticos fuera financiado, no con recursos provenientes, o del erario gubernamental, o de donaciones privadas, sino con emisión primaria de dinero, es decir, con impresión de billetes y acuñación de monedas, proveniente del Banco de México, algo que sería un fraude monetario que le restaría poder adquisitivo a nuestro dinero, fraude que, afortunadamente, no le está permitido, por la Constitución, al banco central. Dado que esta práctica está prohibida es que las campañas electorales no ocasionarán un impulso a La Economía, sino solamente a ciertas actividades económicas, que tendrán su agosto en abril, mayo y junio. ¡Que aproveche! arturodamm@prodigy.net.mx

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Los candidatos y la economía Por Arturo Damm Tema obligado en las campañas electorales es el de los tres grandes retos que, en materia económica, enfrentamos en México: bajo crecimiento, empleo insuficiente e ingreso limitado, retos que se superan con inversiones directas, las que establecen empresas, producen bienes y servicios, crean empleos y generan ingresos, inversiones que dependen de la competitividad del país, definida como la capacidad de una nación para atraer, retener y multiplicar inversiones, competitividad que en México deja mucho que desear, tal y como lo muestran los resultados de Indice de Competitividad Global 2011- 2012, del Foro Económico Mundial, índice en el cual México ocupa el lugar 58 entre 142 países, con una calificación de 6.1 sobre 10. El Indice de Competitividad Global, calculado a partir de ciento once variables distintas, es una herramienta indispensable para, a partir de datos objetivos, proponer medidas para elevar la competitividad del país, es decir, su capacidad para atraer, retener y multiplicar inversiones directas, que son condición necesaria para resolver los problemas de crecimiento, empleo e ingreso, todo lo cual disminuye las posibilidades de alcanzar mayores niveles de bienestar, sobre todo para el 51.3 por ciento de la población que sobrevive en pobreza de patrimonio, incapaz de generar un ingreso que le permita satisfacer sus necesidades de alimento, educación, atención médica, vivienda, vestido y transporte público. El Indice de Competitividad Global, con sus ciento once variables, contiene mucha información valiosa para, a partir de datos objetivos, plantear soluciones, tal y como lo deben hacer los candidatos que buscan nuestro voto, soluciones a los problemas económicos que deben ser las correctas, no basadas, ni en el keynesianismo, ni en el mercantilismo, ismos en los cuales, en esencia, se agrupan las políticas económicas equivocadas, desde las intervencionistas (keynesianismo) hasta las proteccionistas (mercantilismo). Según el Indice de Competitividad Global los tres factores más problemáticos para invertir en México son: la seguridad pública, con el 16.5 por ciento de los “votos”; la corrupción, con 15.2 puntos porcentuales; burocracia ineficiente, con el 14.2 por ciento de las menciones. Seguridad pública, corrupción y burocracia ineficiente, los tres factores más problemáticos para invertir en el país, suman el 45.9 por ciento. ¿Cuál es el común denominador de estos tres elementos? Que son responsabilidad del gobierno, mismo que, al no cumplir con sus responsabilidades, limita la competitividad del país, limita las inversiones, y limita el crecimiento, la creación de empleos y la generación del ingreso. ¿No está claro cuál es el reto que los candidatos deben asumir en relación a la economía? Otro dato: entre regulación tributaria ineficiente, y tasas impositivas, otros dos factores que limitan la inversión en México, suman un 15.3 por ciento de los “votos”, todo lo cual, nuevamente, es responsabilidad del gobierno, y muestra de la necesidad de la reforma fiscal. Por último aclarar que al hablar del gobierno, y de candidatos, no me refiero solamente al Ejecutivo, sino también al Legislativo, legisladores que tendrán no poca responsabilidad en apuntalar la competitividad del país. ¡Ojo con quienes elegimos para el Congreso! ¡Mucho ojo! arturodamm@prodigy.net.mx

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Opinion 10 abril 2012