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Después de este proyecto vino Prelude, un fantástico trabajo con bailarines del Teatro Mijailozsky de San Petersburgo, que en cierta medida guarda algo de relación con el boxeo. Háblanos de este trabajo. Sí, en cierta medida es una coreografía, de hecho, el trabajo del ballet fue justo después del que realicé con el boxeo, fue como una continuación. Toda la serie está basada en el poema Prelude, que es el comienzo del poema de Mallarmé que, con la Siesta del fauno, digamos que fue la ruptura entre el ballet clásico y el contemporáneo. Entré en este teatro gracias a la invitación de Nacho Duato, que estaba dirigiendo e introduciendo lo contemporáneo dentro de lo que es la cuna del ballet ruso en Teatro Mijailovski de San Petersburgo. A mí me interesó mucho este proyecto, no tanto retratar al bailarín dentro del estereotipo de lo que es un bailarín, sino escindirle de lo que es la figura de un bailarín y centrarme en el retrato, en el exceso de maquillaje, el dolor, el cansancio y centrándome en los momentos previos a la entrada en escena y los posteriores, que son uno de los momentos psicológicos más interesantes que me parecía captar. ¿Cómo fue tu día a día con los bailarines? Estuve casi tres meses viviendo en el teatro, compartiendo habitación con una solista y compartiendo absolutamente todo con ella. Creo que esa convivencia era la única manera posible para romper con el estereotipo. También es cierto que me gusta mucho la danza, he bailado, aunque no con mucha facilidad (risas) digamos que tengo el gusto por la danza y por todo lo que genera y eso me ayudó bastante a la hora de realizar el proyecto. ¿Qué fue lo que más te atrajo? Con el trabajo del ballet me pareció interesante anclarlo en una época postsoviética. El Lago de los Cisnes, que es una obra que a mí me gusta mucho, según me dijeron los bailarines, a ellos les recordaba a una época muy mala de Rusia, porque era una de las obras que ponían constantemente en televisión, digamos que para no mostrar lo que realmente estaba pasando en el país, por eso era interesante entender el mensaje desde ellos, los bailarines. Perteneces a la plataforma Anhua, junto a otros grandes fotógrafos. Con esta plataforma realizaste el proyecto Waniku en el Amazonas, háblanos de este proyecto.

En Anhua somos cuatro fotógrafos que desarrollamos varios proyectos, uno de ellos lo hice con Álvaro Laiz en el Amazonas, él hizo Wonderland, que era sobre indígenas transgénero y yo estuve haciendo durante casi tres meses una serie sobre mujeres warao, una etnia venezolana. Más que documentar su día a día, quise involucrarme más y basarme en la mitología warao para recrear la creación de su mundo y de cómo llegaron allí. Las mujeres warao llevan una curiosa vestimenta que fue traída por los monjes capuchinos y que ellas han adoptado como parte de su indumentaria, esta etnia se la conoce como la “gente del agua”. En el proyecto fotográfico aparecen siete mujeres y cada una tiene el nombre de una de las estrellas que conforman la Osa Mayor. Cuenta la tradición warao que ellos vivían por encima de las nubes y que había un indígena, que se llamaba Brazo Fuerte, que tiró una flecha intentando cazar un pájaro, erró, no le dio al pájaro pero hizo un agujero en las nubes, se asomaron por el agujero y vieron aquella zona apartada del mundo donde viven. Por este agujero fueron bajando todos, uno a uno, a excepción de una mujer que se quedó atrapada por el muslo y allí se quedó eternamente vigilando a los que bajaban a la tierra en forma de constelación. A través de ese mito hice siete estrellas, representadas por siete mujeres con sus trajes capuchinos dentro del entorno que es el agua. ¿Cómo descubriste esta historia? Leyendo mucho sobre mitología warao y también gracias a una antropóloga que me facilitó mucha información sobre esta etnia. ¿Fue fácil trabajar con las mujeres warao? Fue complejo porque, de alguna manera, estás recreando una idea. Los warao, aunque viven sobre el agua, en palafitos etc, lo que más me costó de ellas es que se metiera la primera en el agua, eso sí, una vez que se metió la primera todas quisieron meterse en el agua. También había una parte de trueque, nos llevamos una pequeña impresora, quería hacerles partícipes de alguna manera entregándoles su propia foto a cada una de ellas. El último proyecto en el que has estado trabajando ha sido con el equipo de rugby del Biarritz Olympique, háblanos de este trabajo y de cómo surgió la idea. No es un proyecto sobre deporte, tampoco es un proyecto sobre el día a día de un equipo, es un proyecto

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Es Madrid no Madriz Magazine  

Nº 41 Enero 2016 Madrid desde el aire / Navalcarnero / Gaviotas en Madrid / Basílica del Sagrado Corazón de Bruselas / Carlos Villarías /...

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