Page 119

que no pertenece nada más que a sus hablantes. Pero, eso sí, no ser partidario de radicalismos lingüísticos no implica que no haya que educar en la corrección, en el uso adecuado y en la norma razonable y flexible, que permita cierta unidad del idioma. Me preocupa más que la pureza de la lengua, su pobreza. La pobreza del idioma nos reduce, adelgaza nuestras ideas y nos expone con facilidad a la manipulación de los eslóganes y del poder. Ahora quisiera que nos paráramos en tu último trabajo como escritor. En tu primera novela y en las dos anteriores el escenario normal es el Madrid de la Guerra Civil. ¿Por qué ese contexto para una novela negra? Madrid está presente siempre en casi todo lo que escribo. En el caso de El retrato de Sophie Hoffman y de Los papeles de Madrid, la ciudad es un escenario prebélico y postbélico que me permite crear el ambiente de lo que podríamos considerar que es el género policiaco, casi siempre asociado al mundo anglosajón y a las grandes ciudades norteamericanas. ¿Y por qué Madrid especialmente? Madrid es una ciudad que permite crear ambientes, sus contrastes, su propia historia, sus calles... conozco bien la ciudad y me parecía que no tenía la necesidad de inventar ningún otro espacio en el que contar las historias porque Madrid tenía esa doble función de situar históricamente los hechos y crear los ambientes de la novela. En mi tercera novela, Un hombre detrás de la lluvia, Madrid aparece más accidentalmente, porque la historia se centra en el París de los años previos a la II Guerra Mundial. ¿Qué significa la metáfora de la lluvia en este última novela? Me interesaba la metáfora de la lluvia porque me permitía hablar también sobre cómo se escribe una novela. El libro además de contar la historia de un personaje que cuenta por qué no asesinó a

quien le encomendaron, es también una novela sobre cómo se escribe una novela, y la lluvia es una especie de estadio en que se encuentra el escritor, que en este caso soy yo, novelado, y narrador al mismo tiempo. Los escritores observan, como los protagonistas de esta novela a los demás, para poder escribir. Utilizan la lluvia para no ser vistos, como hacemos quienes miramos a los demás para escribir sobre ellos. Los escritores además de héroes silenciosos somos personajes que vivimos en la oscuridad, que nos ocultamos en las sombras, que desaparecemos para dejar hablar a los personajes que creamos. Además, la lluvia representa ese lugar intermedio entre el cielo y la tierra, que es donde también estamos los escritores; en un sitio incierto que no pertenece a ningún lugar. Al leer tu novela he observado que usas el juego de los espejos entre los personajes. Háblanos un poco de ese estilo al escribir tu libro. Siempre me ha gustado la literatura realista, entendiendo la novela como Stendhal afirmó que era: un espejo junto a un camino, en el que la vida se reflejase. En Un hombre detrás de la lluvia, quiero situar el espejo frente a mí mismo, y ver reflejado en él no lo que soy, sino lo que soy gracias a los demás. Quería que la novela no hablara de mí, sino de lo que los otros hacen mientras el protagonista va reconstruyendo sus historias, que están entre la verdad y la mentira. Me gusta jugar con eso: el espejo refleja la realidad, pero lo que vemos no es la realidad, sino una imagen invertida de esta. Y en esa paradoja del espejo quería moverme: tensar los límites entre lo que es verdad y lo que no es verdad. Algo así hago también con los géneros literarios: la novela policiaca, el ensayo, la biografía, la novela histórica. Confundir los géneros como se confunde la propia realidad en las novelas. Dónde empieza la ficción es lo que tiene que descubrir el lector, que verá cómo esta novela es un imposible hecho realidad. Muchas gracias Luis, y suerte en el camino.

EMNMM - 119

Es Madrid no Madriz Magazine  

Nº 41 Enero 2016 Madrid desde el aire / Navalcarnero / Gaviotas en Madrid / Basílica del Sagrado Corazón de Bruselas / Carlos Villarías /...

Advertisement