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panorámica

agua, eran a la vez caldera, horno, placa… Era un arte encenderla y mantenerla, pero cuando estaba encendida, con ese fuego, funcionaban cocina, horno y caldera… Así que “brota la llama”, “abarca todas las dimensiones”, “se enciende el fuego”. Es mi imagen mental de lo que requiere la educación: conocimientos, destrezas, previsión, cuidados, dedicación, paciencia, tiempo, atención integral… no valen atajos, ni exclusiones, ni prisas… Para acompañar al niño (niña) en su crecimiento integral hasta llegar al hombre (mujer) que puede ser ¡se requieren tantas cosas por nuestra parte! ¿Pero no es ese el camino que hemos elegido? ¿No dará ese fuego plenitud a la vida del niño, como la daba a la de nuestra cocina? Afectivo En un momento en que se habla tanto de emociones, cuando parece que hemos descubierto la gran importancia de la inteligencia emocional y enseñar a los niños a reconocer y manejar sus emociones se ha hecho tan popular, (recordemos el éxito de libros infantiles como “El monstruo de los colores” y tantos otros sobre el tema, o de la película “Del revés”) el estudio de la afectividad se hace imprescindible. ¿Acaso los afectos, las emociones, no están presentes en nosotros desde el nacimiento a la muerte? ¿No determinan nuestra conducta, nuestras decisiones? ¿No consideramos la inteligencia emocional como una dimensión humana que hay que conocer, cultivar y saber utilizar? ¿No hablamos de la necesidad de educarla? La afectividad es una dimensión humana que construye a la persona, que nos abre al otro, que determina nuestras elecciones. Aprendemos mejor lo que nos gusta, nos relacionamos con las personas que más nos agradan, cultivamos en nosotros lo que nos parece más atractivo. La educación afectiva nos ayuda a reconocer nuestros sentimientos, a conocernos y aceptarnos, a conocer y aceptar: personas, ideas, conocimientos… y a comunicar esos sentimientos positivos o negativos de la mejor manera posible. La efectividad es evolutiva, abarca toda la vida de la persona y por tanto, puede y debe educarse. Sexual Somos seres sexuados, y la sexualidad es la capacidad que nos permite reconocerabril 2019

Propongo que no busquemos una educación sexual, sino afectivo-sexual, no una educación para la genitalidad sino sexual en su totalidad nos, vivir, expresarnos y relacionarlos con nosotros mismos y con los del mismo o distinto sexo. La sexualidad nos construye desde la concepción hasta la muerte, es evolutiva y lo es biológica y psíquicamente, su maduración es paralela a la de la afectividad, ambas consisten en procesos del YO al TÚ y al NOSOTROS, del egoísmo a la generosidad, por eso y porque desde nuestro cuerpo y nuestra forma de vivir nuestra sexualidad expresamos los afectos, es importante estudiarlas, comprenderlas y enseñarlas, como una unidad AfectivoSexual. La unión de estas dos capacidades enriquece, completa y determina el modo de vida de cada uno de nosotros. Y además de unidas tenemos que estudiarlas de forma integral, desde todos los campos que abarcan, no es posible comprender capacidades tan complejas solo desde algunos puntos de vista, pues obtendremos visiones parciales que nos llevarán al equívoco. Hay muchas formas de acercarse a la persona, pero solo desde su conocimiento holístico, obtendremos una visión más real y que nos permitirá un acercamiento más profundo a su realidad y a la nuestra. Propongo por tanto que no busquemos una educación sexual, sino afectivo-sexual, no una educación para la genitalidad (es solo una parte) sino sexual en su totalidad, no solo preventiva sino relacional, con una visión positiva y abierta, desde un conocimiento científico no sesgado; en la libertad no en el adoctrinamiento; en el contexto de la educación total de la persona, con los mismos valores éticos que en cualquier otro área, implicando a toda la comu-

nidad, que favorezca la integración de todos los aspectos de la personalidad, educando todas las capacidades de la persona, como lo son la inteligencia y la voluntad, que no tenemos recelo en educar, que llevamos años educando y con las que están relacionadas. Desde el respeto, enseñándolo desde el nuestro. Desde Infantil a Bachillerato, atendiendo a la etapa en que se encuentran, con temarios, métodos y materiales adecuados a cada uno de ellos. No les demos respuestas, fomentemos su interés, busquemos que se hagan preguntas… acompañándoles siempre. Una educación afectivo-sexual integral hará crecer la autoestima de nuestros alumnos, pues les dará seguridad y confianza. Aprenderán a valorar y aceptar su cuerpo, a comprender y expresar sus sentimientos, a mejorar sus relaciones. No olvidemos que la falta de autoestima está detrás de los fenómenos alarmantes de los que hablábamos al comienzo de este artículo: los celos, el control, la sumisión ¿no proceden acaso de la inseguridad del que teme perder a su pareja? Un joven con autoestima alta y que ha aprendido a amar y a relacionarse no necesitará saber, en cada momento, dónde está, con quien y qué hace su pareja. Por otra parte, esta no aceptará, por miedo a perderle, el dominio y el control que le impone. Los ataques en grupo ¿no denotan, en muchos casos, la necesidad de sentirse fuertes, unidos para demostrar su superioridad y dejar indefensas a unas mujeres por las que se sienten atacados en su virilidad, ante la independencia y la no sumisión de las jóvenes? Aprenderán también los significados del amor, los cuidados que exige, los valores en que ha de vivirse ¿no contribuye este conocimiento y la convicción de que el amor debe cuidarse y celebrarse cada día, a formar parejas más felices y estables? Todo son beneficios en una educación que supone un cambio de paradigma y un gran esfuerzo por parte de todos, pero que ayuda a crear sociedades más felices, más solidarias, más pacíficas, con vidas más gratificantes para todos sus ciudadanos. Hagamos una oferta valiente, tenemos mucho que aportar. revista de escuelas católicas

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