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Nos disculpamos por los inconvenientes, pero esto es una revolución. Subcomandante Marcos

El juego exige un total abandono al mismo. Se juega como se ama. Pasionalmente. Se juega y durante el tiempo que perdura, la memoria deserta. No es exagerado afirmar, al respecto, que en el juego, temporalmente, cierta pérdida de identidad adquirida se diluye junto a sus mecanismos alienantes ante el hecho flagrante de que durante ese intervalo de tiempo, la floración espontánea de otra nueva otorga, cuanto menos, el beneficio de rendirnos al estado de inocencia. Aquí no valen los equívocos: cuando se juega, se juega (…) Jugamos e implícitamente experimentamos. Celebramos la regeneración espontánea de la imaginación. Asumimos la actividad lúdica como una expresión particular en el engranaje del pensamiento poético. Grupo Surrealista de Madrid

En la fiesta de la enfermedad desenterrad el lenguaje. Aldo Pellegrini


Plegarias para una guitarra muerta Dame mis manos degolladas por el antiguo oficio de la infancia. Blanca Andreu

Dame la capilla ardiente del barro. Dame arena muy fina que entre bien a los ojos, mis ojos encendidos sobre el barro de abril. Dame mis lágrimas incendiadas por la rebelión del castor en la nieve. Dame el control sobre los enanos que mastican el diapasón de nuestros estómagos. Dame el pentagrama del albañil de las estrellas. Dame los bucles de luz de la sinfonía del mármol. Dame una hoz de plata para cortar la claustrofobia de las palomas. Dame mis ovarios heridos como una alondra que se arroja hacia el mar. Dame la transparencia amniótica de la guitarra muerta. Dame lo desconocido, dame un respiro, dame una tregua.

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Oda al señor del cortijo hueco Si el pavimento de madera se entreabriese en la cima de las montañas. André Breton

Si al menos alguien talara el cordón umbilical del mundo. Si al menos la caja de los truenos pudiera convertir el océano en dientes de cometa. Si el erizo mudo escupiera al telescopio. Si tentases al sediento con néctar salado. Si al menos el grito del pelícano despertase al sílice recién nacido. Si por el mar de los precipicios surcara un maremoto de pájaros líquidos. Si los orificios de salida se enfurecieran con alfileres y miel. Si al menos la carcoma del cristal verdadero floreciera en las esquinas de los almanaques. Si este cenicero de espuma de centauro no acunara tantas llagas de luz. Si al menos sintiéramos calambres al ser dibujados por las manos heridas de los niños. Si al menos mi estupidez retrocediera y el alacrán fuese condición del sueño. Si al menos la piel del mundo colgara del filo de la navaja.

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Avispero en llamas A las ardillas dad nueces y avispas. Miguel Ángel Bernat

Dad de comer a las rosas hambrientas que habitan en las cavernas del deseo. A los atunes, dad certeza de murciélago y la saliva que llora el huerto. A las puertas de madera, una orquesta de termitas para liberar los esqueletos de la ciudad de las espinas. A los que se alimentan del aire, dejad que sigan comiendo polvo. A las muchachas, dad pan y hambre. A los niños que pierden el balón, dad un corazón de oro. A las piedras, el sudor de los faisanes. A la arquitectura helada del lenguaje, dad un avispero en llamas.

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Acuérdate

Acuérdate del día en que desgarraste la tela y te apresaron vivo. René Daumal

Acuérdate de escarbar en mis ojos, allí podrás ver todos los espejos ciegos. Acuérdate de mi sombrero de eucalipto, de mi saco de alambres. Acuérdate del desorden de mis dedos que te enseñaron el almíbar de la madrugada. Acuérdate de que las medusas brujulean por los salones sin salida. Acuérdate de que el fuego quema pero no se mueve y el viento se mueve pero no quema. Acuérdate de que no es amor, son labios que nos ciegan. Acuérdate de observar las hormigas que dibujan la sombra de mi espalda. Acuérdate de la huella que dejó en la orilla de tus venas vacías la niña del pie de plata. Acuérdate de que tu ceniza no es tuya, es de la boca de la tierra y tus huesos hierven en su saliva. Acuérdate de aquel tranvía que andaba sobre las nubes y hoy destripa al viejo espantapájaros. Acuérdate de cuando el arco iris necesitaba un laberinto de luz. Acuérdate de que en mis manos torcidas se estremece el cetáceo dorado. Acuérdate de que estuve muerta y que, incluso en la tiniebla, te di de comer.

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Hor

Os hablo desde el segundo cuento de un libro. Lo que estoy haciendo no es, desde luego, interesante. En estos momentos desgrano, escribiendo con un dedo sobre una capa de polvo ancestral, ridículas fórmulas relativistas sin sentido. Igual de absurdo es todo lo que me rodea. En una de las salas de este palacio invadido por las telarañas, unos señores y señoras detenidos en el tiempo tratan de ponerse de acuerdo sobre una herencia. Pero lo más caprichoso y arbitrario de todo es Hor. Todo el mundo ha escuchado al menos una vez ese nombre, lo que ocurre es que lo ha olvidado. A pesar de todo, yo le sigo el rastro. A juzgar por los cuadros que lo representan (única manera de conocer su apariencia), Hor es un monstruo triste. Así lo indica la pintura que tengo delante. En ella, un toro de pie sobre un encerado mira con expresión desgraciada unas uvas que están sobre una silla. Él está detrás de ella, pero no se le ocurre darle la vuelta a la silla o girar alrededor de ella para que los frutos sean suyos.

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La danza del lodo

Toma mi sudor de perlas, el sudor del eclipse con andrajos sagrados, con desordenes de símbolos sin logística ni herencia. El sudor cóncavo y convexo mercenario pagano, amortajado sin disfraz ni medida, héroe de las batallas púbicas. Si tomas ahora el diseño de mis noches sin tabernáculos ni custodios ni pájaros bordados en mis labios, solo bailaremos la danza del lodo. Te mostraré hipótesis sonámbulas de orquídeas irreverentes y perforadas y el falo onírico y la ralea del toro dormido en los campanarios. Sudor machihembrado de ceremonial, sudor de tronco y bulbo, como Amanita en la herida galopante, como planeta conjurado de ritmos consanguíneos y salvajes. Sumiso testimonio de todas las quimeras

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Grito hacia la zona cero

En la zona cero la cigüeña de tinta ya no trae botones de oro, hay un espejismo enterrado en cada centavo y el hombre araña yace colgando de un dolor de escarcha. En la zona cero dos ballenas de fuego volaron recitando el versículo de la ceniza del dólar y tras la gran explosión, de sus panzas de lava saltaron los billetes en bolsas de pelícano. Oh ballet de las llagas imposibles que destapas las vísceras de Broadway. Hace años que los centauros de ojos líquidos se mean en tu coso de tabernas. En la aguja del Empire State Building hay pinchado un ojo que a todos nos mira con lágrimas de estrella encinta En la zona cero las portadas ya solo hablan del balbuceo del zapato de Obama, el Hudson River se deja violar por un barco de cementerios diminutos, y una danza de titánicas termitas se pasea por el hombro de Clark Kent. 13


En la zona cero estallaron todos los diamantes del acontecer. Ojos japoneses crepitaron en las sartenes flotando entre ángeles de uranio enriquecido dejando un rastro de hiel en el ocaso. Y a Malcolm X le clavaron en el pecho el negro clavel del topo. Oh capitán de las espadas de neón y cartón piedra. Hace años que tu escudo no espanta los misiles de la luna. Te vendiste a los decrépitos pingüinos que llenan sus barrigas con la muerte embrutecida. En la zona cero nidos de corbata ensayan infartos con la mortaja del pájaro loco, copos de serpiente caen en mi escafandra para el desayuno. Y en mis sueños de lata me acarician el pelo los dedos cortados de Lady Liberty. Y en la lápida final de este cómic por hacer, una voz en off gemirá la espina dorsal de nuestro epitafio. Y un rugido de acordeones desnudará el corazón de los cuervos En la zona cero.

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La pereza y la pena (a grandes rasgos) Conozco la desesperación a grandes rasgos. André Breton

-IConozco la pereza a grandes rasgos. La pereza no tiene días, ni horas, ni es una hija aventajada de los deseos vespertinos. Observa desde detrás de las cortinas los pequeños e insignificantes gestos de quienes se afanan en los salones. No es refrescante como el soplo del dragón en la nuca del unicornio, ni como el aliento del reno entre las nubes de otoño. Conozco la pereza a grandes rasgos. Araña las gargantas agradecidas de siglos de estupor, pero sigue indolente su camino tortuoso hacia la noche de los chacales que merodean por el filo de la navaja buscando las absurdas razones del bosque inanimado. La pereza que conozco a grandes rasgos me espera agazapada tras el monóculo del vendedor de lágrimas, tras el sombrero de cinco puntas del escanciador de espuma y risas, tras el último guiño del recaudador de desesperanzas y ocios. Esta pereza que conozco a grandes rasgos me acompaña pegada a la cintura como un cinturón de mar amargo, como un armiño espeluznado y agorero, como la propia vida que me espera a la vuelta del incendio.

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- II -

Conozco la pena a grandes rasgos. La pena no tiene alegría, ni se halla en la cama ni tampoco en el sofá y mucho menos en la alberca. La pena está en el cambio de vías sin guarda agujas. La pena es algo que quien no la ha bailado no sabe lo que es. La pena es algo que no se ve pero se toca, que no se come pero se bebe. La pena ha vivido muchas lunas de sangre verde y espesa. La pena habita en los pies porque el corazón está en huelga de brazos caídos. La pena a veces canta, corre, habla, pero no sabe lo que hace. Amo a esta serpiente que me arrastra a su mimbre. La pena sangra como llagas en las rocas. La pena entra sigilosa de puntillas buscando un resquicio en el recuerdo. La pena mirando en sus adentros ha vuelta a ser pena.

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El llanto de las fieras

He sentido el necrosado perfume del palo santo, la putrefacta canasta de hierba seca y la sudada lanza del arcángel ebrio. He comido la piedra roja del mugriento plato, el licor tibio de un jarrón plateado, la desatada cobra de gesto recio y el soberano cobijo de la pulpa turca. He visto al minotauro manso de asta blanca, y a las montañas de fuego que engullen las almas. He oído a batallones marchando en profundas cuevas, a los troncos que trenzan las trampas y a los silbidos de lino cosidos al llanto de las fieras.

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La luz inversa

La luz es una muñeca amarilla con zarcillos de oro. En el hogar viste de encajes las enaguas del fuego. Reposa en la sangre verde que nutre la magia de estas hadas extrañas. Tiene la cabeza de mil fósforos desfilando en el pensamiento. Desorienta los pasos del aspirante a ser. Es el sí de las pupilas. La negación de la nada.

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Amar Gonía

Allende los mares de allende las montañas, existe una ciudad soleada llamada Amar Gonía que respira el aire salado de una bahía pequeña, y juntas conforman una bonita sonrisa mirada desde una cometa. En ella conviven Grises y Multicolor. Los grises son personas que ven la vida en blanco y negro. Suelen ser austeros en sus ropajes y peinados. Son meticulosos con sus horarios e higiene, obsesivos con sus oraciones en templos grises y fríos. Pintan sus casas completamente de blanco, por dentro y por fuera, haciendo juego con la ausencia de color de sus vidas. Se sientan de espaldas al mar, y observan, desde sus ojos estáticos, con austeridad y prejuicio. Cuando entierran a sus muertos no les ponen flores, y las nanas, boleros y música que sosiega el alma, no se hicieron para ellos, eso es cosa de los multicolor, o como también los llaman: Los pobres de espíritu. Los multicolor ven la vida en colores. Suelen escaparse a la playa en cuanto pueden sentándose de cara al mar, procurando broncear su piel con tonos semejantes a palitos de canela. Las mujeres adornan sus pelos alborotados con flores de temporada. Sus ropajes son de trocitos de telas de diferentes colores y estampados. Hombres y mujeres decoran sus uñas con coloristas lacas y pegan sobre ellas semillas de lino o amapolas, polinizando allá donde van, como si fuesen enormes abejas.

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Cantan y tararean a todas horas, bailan tangos y boleros sin ninguna vergüenza. Por las noches se oye en el silencio del pueblo el murmullo de cientos de padres arrullando a sus bebés con dulces nanas. No tienen religión, ni templos, ni fajas. Se sienten felices así. Intentan ser cordiales con los grises, pero con éstos solo comparten espacios en la ciudad, no pueden dar más de sí. Están eternamente condenados a no entenderse, ya que los grises ven a los multicolor en blanco y negro, y los multicolor los ven en colores. Ninguno sabe, ni sabrán, que ven la vida a su manera.

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No llueve en mi monzón

No llueve en mi monzón. No llueve. Solo hay sequía, como en mi corazón. No llueve en mi monzón. No llueve. Los sueños se desvanecen a través de las lágrimas de una quinceañera. La realidad se esfuma y se agota a través de las sudoraciones de una veinteañera. No llueve en mi monzón. No llueve. Mi vida se estremece ante lo que pueda llegar a ser. Rosa marchita, bufón de nadie, risas locas, risas tontas, risas al aire.

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No llueve en mi monzón. No llueve. Mi corazón sufre a menudo muchas veces y no tengo recuerdos que sirvan de escudo. No llueve en mi monzón. No llueve. El corazón acecha y las maletas en la puerta por si un farero azul apareciera prisionero de mi boca, de mi carne y de mis sueños… Pero no llueve en mi monzón. No llueve.

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El instante de la flecha La noche con la inquietud de un planeta. García Lorca

La flecha me clava de muerte con témpanos entre las rocas, la del frágil amorcillo que salta impetuoso contra la ventana. La flecha traspasa mi costado y ardiendo se abre. La flecha dorada que silba en el umbral de mi falda. La flecha del tiempo en carne viva. La flecha marca el punto de encuentro entre la bala y la risa. Los niños sueñan con flechas de ojo de perdiz. La flecha libera a los gigantes de sus duelos, sus selvas, su poder y su sexo. La flecha de caña escribe con la sangre de los sueños. En la noche de la flecha se abren los campos. En la oscuridad, un brillo.

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La barcaza El Mascarón. ¡Mirad el mascarón! ¡Cómo viene del África a New York! García Lorca

La barcaza. Contemplad la barcaza. Atraviesa el estrecho de África a España. Se fueron las serpientes del terror, las piedras de la herida sobre el fuego. Se fueron los espinos del silencio, las grandes alambradas de los miedos y las minas de las miserias profundas de diamantes ciegos. Era la hora de las compuertas negras, de las palomas de penumbras, de la boca acerada de la espera, del naufragio de lunas rotas y el último cobrizo suspiro de las mareas. Era el instante de los peces muertos cegados por la lluvia astuta del olvido con zarpas de increíbles selvas, la evidente sonrisa de las hienas en la más absoluta dejadez.

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Sin adorno giraba la quebrada barcaza, partido el mundo en dos un trozo de coral. Plomo y desolación el otro. La barcaza. Contemplad la barcaza. Agua, lagartos, dudas sobre España. Todos los soles muertos. Racimos de tristeza lamen sangre de estrellas despedazando el gran corazón de la arena. En los azules ojos erizados de sal, brotan flores de cieno, para anónimas calaveras. La barcaza. Contemplad la barcaza. Cómo arroja arsénico de maleza. Por la agitación quieta de España sueños, soledad y quimera.

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Escritura automática

Llanuras de piel, de un hueso a otro, papel atrapado en el talón, sonidos de maleta en el asfalto, detrás tic-tac, reloj, cuento más de doce saltos, las ramas no llegan a mis ojos, los dedos de mis pies sienten el fresco, hora de cerrar ventana, hojas de periódico corren por el salón, balanceo alli arriba y la niñita sigue llorando, las patas de los elefantes están bien ancladas en la tierra.

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Ofrenda

A las cuerdas, el desencuentro de las arenas volando a travĂŠs de los velos. A los velos, la paja que se entreteje entre finas hierbas. A ti, collares de manjares alrededor de Venus. A mĂ­, estrellas nadando en las manos. A los desenamorados, un refugio de plumas para reparar las alas. Al fuego, la danza de los ancestros que habitan en los copos de nieve. Al final, todos los finales reunidos en las conchas de la playa.

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Mensaje en una probeta

Rescatadme de este naufragio amniótico. En mis heridas de leche vaciad la leche probeta. A estos pechos de guillotina dad el reposo de la boca migrada. A los escombros de mi útero robadles un planeta huérfanos de hijos. Rescatad mis verbos irreversibles, pero no toquéis la cáscara de este luto de cometas. A la sangre póstuma dad un apellido para que crea en raíces y también crea en coronas. Dad cuerda a este corazón inconstante, y volcad en su hueco preñado, si queréis, las cenizas menguantes y la saliva de todas las aves muertas. Pero a esta pérdida canope que me azota tripas y ortigas, dad solo lo que necesita; Dad el polen de las constelaciones hueras, el semen de las alas reinas.

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Hoz de plata

Como una hoz de plata afilada el aire se infecta con el holocausto de una saeta. El cobalto metálico envenena el silencio y su lecho fue un cable de alta tensión. La muerte traslúcida se volvió acuarela. La tierra tembló con el impacto de una cometa. La lluvia trashumante sembró promesa. Mi sueño claustrofóbico me aprisionó clandestinamente. Una paloma cristalizó el pensamiento y mis manos torcidas estremecieron el cetáceo dorado. Si al menos el erizo enmudeciera telescópicamente y el grito se transformara en silencio. Las navajas bailan el dialecto de la sangre y la hierba crece entre las grietas de la luna.

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Un tanque lleno de alfileres embiste el viento y ahoga los esqueletos. La cascada siente la melancolía del alba mientras la enamorada bebe la espuma del delfín. El robot da cobijo y labra su propia tumba. Las dunas sueñan poemas para entrar en el mar. Y el terrateniente oye la música de réquiem en la noche tenebrosa.

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Color rojo abismo

Abriga sus alas en la madriguera del hombre de las nieves protegiéndolas de las provocaciones de las caricias. Pega saltos de calambre emocional y suda, entre piruetas y acrobacias, el remedio para la esclavitud, que recoge gota a gota debajo de la lengua, hasta besar a su dueño. Tiene largas pestañas de cerámica que lima para poder dormir con los ojos abiertos. Cuando se desvela compone la melodía de su sueño eterno, pero resucita para visitar otras catacumbas. Pinta sus labios con pigmento rojo abismo y se rasca cada pata para empezar a comprobar la acústica. En cada noche apagada, el grillo cristalino bebe granizada de pájaros silvestres, lleva gafas de lágrimas heladas y prepara una maleta de arándanos para esconder su silencio dorado.

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Carne de perro

Tengo un perro que tiene viviendo en sus ojos a todos los pájaros del mundo. Vive en azoteas rojas de día. De noche, vuela al poyete de mi ventana con un sueño recién cazado, con olor a sangre fresca, a sangre nueva, y lo duerme conmigo. Mi perro tiene alas negras que solo usa para abrazar. Mi perro tiene boca de estanque donde duermen todos los relojes. Mi perro tiene escamas cuando se acerca al mar y plumas cuando se ovilla a los pies de mi cama. Mi perro tiene corazón de lince pero su piel es de armiño. Mi perro tiene todas las edades del mundo porque nadie sabe cuándo nació. Mi perro es salvaje pero siempre vuelve a casa. No lleva correa como los demás perros, porque solo yo tengo su comida. Aunque él come con sus ojos peces, algunas algas, todo cuanto le apetece, solo se alimenta de mi carne.

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Cuando tiene sed me busca en la penumbra del cuarto para que le regale mi saliva. A veces me acompaña al baño y se sienta a mi lado y con ojos de pantera degollada me suplica el pan nuestro de cada noche. Mi perro se arranca las alas para que yo pueda volar, algunos días se las arranco yo. Mi perro es un esclavo libre. Tiene vocación de poema, pero los perros no pueden ser poemas por eso mi perro es Poesía. Mi perro alado es un manojito de letras impronunciables. Tendría que ponerle un nombre, pero no me cabe en ninguna palabra.

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RABIA Cuaderno de Ejercicios 15 es una obra colectiva compuesta por los integrantes de la Escuela de Letras Libres, y su edición ha sido auspiciada por la Escuela Municipal de Artes (E.M.A.) de la Casa de Cultura de Chiclana en la Frontera. RABIA Cuaderno de Ejercicios 15 ha sido maquetado bajo la cuidada generosidad de Deivid y bajo la cariñosa atención de los miembros de la ELL. RABIA Cuaderno de Ejercicios 15 está difundido bajo licencia copyleft por lo que queda totalmente permitida la reproducción, distribución o interpretación total o parcial de los textos, siempre que sea sin fines lucrativos y citando la fuente original. RABIA Cuaderno de Ejercicios 15 se editó en los talleres de los maestros copisteros de MultiXero durante el mes de junio de 2015, en un verano ventoso, rebelde y soñador. We don’t need no education We don’t need no thought control www.escueladeletraslibres.blogspot.com Perfil facebook: Escuela De Letras Libres


RABIA 15 - Cuaderno de ejercicios de Poesia Irracional  

Cuadernillo colectivo de la Escuela de Letras Libres, Chiclana, curso 2014/15 Con la práctica diaria de la mirada de la locura, realizada h...

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