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Revista Vega

Noviembre de 2013

Revista Literaria VEGA

Especial FantasĂ­a


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Secciones: Editorial CRÓNICA: VIII ENCUENTRO LITERARIO FANTÁSTICO EN DOS HERMANAS

Poesía Suicidio.

¿Qué fui para ti?

Sol Asesino.

Madre e Hija

Fermín Castro Pesadillas. Me rindo. Querida sociedad Alma-Raquel Martínez Delgado

Relatos EL ALETEO DE LA MARIPOSA

Mariola García Fernández

De las absurdas ensoñaciones del estudiante Genéticos, de cómo expandió sus horizontes y de cómo le fue revelado el gran arcano Jesús García Fernández

Anobium pertinax Porciones del Alma Jesús García Fernández Maricruz Garrido Perfiles de Escritores y Poetas LA PUERTA ABIERTA: la sección donde publicar tus escritos Poemas de Jesús Feit


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ditorial Nuevo número de Vega, y van cuatro. Es un número de parabienes y congratulaciones. Vayamos por partes: gracias nuevamente a todos los autores que, con vuestro esfuerzo y talento lográis que salga adelante este proyecto tan emocionante y hermoso que es Vega Literaria. Por otro lado el joven escritor Jesús García Fernández, amigo y compañero de esfuerzos literarios, ha conseguido que se vea su obra publicada gracias a Pasiones del Alma, una antología de microrrelatos en la que colabora con un magnifico microrrelato, para mi el mejor del libro. Además el Presi, Fermín Castro González ha ganado el XVI Certamen Literario de Motril gracias a su relato Gaviota. Y por último nuestra amiga Maricruz Garrido ha presentado su obra Perfiles de Escritores y Poetas, donde ha tenido la consideración de incluir al Presi. Bueno un número en el que encontrareis la actualidad literaria, poesía, relatos, y en La Puerta Abierta nuestro amigo el isleño Jesús Feit nos envía un buen puñado de poemas. Bon apetit. ¡Uníos a Vega!

Presidente: Fermín Castro González Autores Fundadores: Alma Raquel Martínez Delgado Jesús García Fernández M. ª Dolores García Fernández

Asociación de escritores VEGA Tel. 957 643 841 Dirección: C/ Alamillos, 25. Palma del Río, Córdoba (14700) Facebook: Vega Literaria asociacionescritoresvega@hotmail.es


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RELATO: EL ALETEO DE LA MARIPOSA Mariola García Fernández

El terroso camino surcado de bifurcaciones se perdían a lo lejos, donde mi vista no podían alcanzar. Eché una última mirada a aquel pueblo perdido entre las lomas de mi añorado valle. El Guadalquivir la rodeaba, protegiéndola, arropándola con sus brazos. El fuego abrasador y el negruzco humo lo habían arrasado todo. Absolutamente todo. Llamas, sangre, lágrimas y gritos. Fue el fin. Incluso en aquel infierno que se desató, una pequeña esperanza rasgó mis tinieblas. Una mano surgió entre las sombras de la noche y me arrancó de aquel infierno de fuego y dolor. Apenas podía vislumbrar nada entre la densa oscuridad del plomizo humo. Mis músculos estáticos como losas de mármol no me respondían. Una fuerza vigorosa me arrastraba con todas sus energías. ¿Sería amiga o enemiga?. Empezaron a brotar lágrimas recorriendo mi ahumado rostro. Intenté hacerme un ovillo, acurrucarme en la pequeña oquedad pero esa fuerza me izaba. Blanca como la nieve y de alargados dedos me sujetaban con firmeza…era tan suave como el terciopelo... los ojos de azul intenso me miraban con ternura y cierta curiosidad. Los carnosos labios se movían pero el estruendo que nos rodeaba no me permitía poder escuchar su voz. Nos miramos. Su otra mano, cálida como el sol tras un duro invierno, acarició mi rostro ennegrecido y su sonrisa, hizo acercarme más y más. Me cogió entre sus brazos. Pude sentir el calor tibio de su cuerpo, el susurro de su voz reconfortándome y una sensación de extraña placidez inundó todo mi cuerpo. No pude resistirme más, mi cuerpo se volvió pesado como el hierro, los parpados caían intermitentemente y …finalmente…cerré los ojos. Un repiqueteo insistente me fue despertando de mis terribles pesadillas nocturnas. Abrí los ojos y la luz de la ventana inundó toda la estancia. Me encontraba en una amplia habitación, vigas de madera oscura me miraban desde el techo, un dosel vaporoso se mecía suavemente y una vela ya derretida descansaba sobre una pequeña mesa de madera. Intenté recordar cómo había llegado a ese lugar. Lo último que recordaba era esa mirada


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dulce y como me rendí a su abrazo, después de eso, el cansancio se apoderó de mí. Alá es grandioso, me había salvado de una muerte casi cierta. Recuerdos vagos vinieron a mi mente… una casa abandonada y llamas devoradoras en la que hace pocas horas había sido mi hogar. Hambrienta y muerta de miedo corrí hasta encontrar un escondite. No iba a permitir que los invasores me cogieran. Mis ojos fueron testigos de las más crueles escenas: un olor nauseabundo se mezclaba con sudor, orines y putrefacción. Los cadáveres se repartían despedazados en varios kilómetros a la redonda, mujeres semidesnudas gritaban despavoridas huyendo de los soldados invasores que las perseguían con la lujuria en sus ojos. Niños llorando a los pies de sus padres se confundían con el barro y las patas encabritadas de los caballos. Las espadas ensangrentadas cercenaban cuellos y las flechas voladoras asaetaban extremidades y torsos. La impotencia y la ira se mezclaban en los rostros de mis vecinos, amigos y familiares. Nuestro rey, la única salvación, había huido. Ibn Hud engañado vilmente y creyendo en la existencia de un ejército castellano de gran magnitud había pactado con el rey usurpador una huida rápida. Nuestra única esperanza voló en dirección hacia el oriente de Al-Andalus, dejando a nuestro pueblo a expensas del rey invasor. Los alimentos empezaron a ir escaseando paulatinamente. El pacto real fue dando paso a un hostigamiento cada vez más asfixiante y cruel. Recuerdos tan dolorosos se mezclaban junto a otros tan dulces como mis juegos infantiles a orillas del Guadalquivir. Un hambre atroz me devoraba por dentro. Al levantarme de la mullida y cálida cama pude ver una bandeja de madera con algo de comida: un trozo de pan, queso, un tazón de leche y una manzana. Me abalancé con un ansia tremenda. No recordaba los días que llevaba sin comer ni beber nada. Lo engullí casi sin masticar. En unos segundos la bandeja se quedó vacía. Me senté en el frio suelo de madera, un escalofrío recorrió mi cuerpo en un segundo. ¿Dónde estaría? ¿Debía huir?¿Pero a dónde? Mi hogar había desaparecido. No tenía dinero ni comida ni rumbo. Mi vida se presentaba incierta. Más allá de esas paredes de piedra no existía nada que me reclamara. Mis padres posiblemente habrían sido hechos prisioneros o muertos en la batalla. A mis trece años sin padre ni marido que me protegiera…¿qué podía hacer?. Me acurruqué abrazando mis rodillas e incliné mi cabeza sobre ellas. Alá me había salvado. −Oh misericordioso Alá, bendito sea tu nombre. Muéstrame el camino que debo de tomar. Me encuentro perdida. Hazme una señal. Si debo seguir en esta casa házmelo saber a mis ojos –dije suplicante en mi pequeño acto de


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oración. A los pocos minutos un pájaro multicolor apareció en la vieja ventana de madera. Empezó a cantar una dulce melodía, batía sus alas carmesíes y golpeaba levemente el cristal. Me acerqué hacia la ventana y la abrí. Se posó rápidamente sobre mi mano. Distantes ecos de voces se escuchaban, quizás fuera en la planta inferior. Descalza y despacio para no hacer el más mínimo ruido me acerqué a la puerta. Pude abrirla sin dificultad. Muerta de curiosidad descendí con sumo cuidado las escalera de roble que comunicaba con la zona inferior de la casa. A simple vista era una casa señorial construida principalmente en madera y piedra. Las antorchas ya apagadas adornaban el pasillo de la planta superior. Finalmente pude llegar y me escondí debajo de una mesa de madera. Se escuchaba el crepitar de la chimenea y dos voces discutiendo. −Sabes que no se puede quedar aquí, Isabel. Lo sabes muy bien. Debemos entregarla a las autoridades. Ellos sabrán qué hacer con ella. Desde luego que aquí no se puede quedar. –expresó con vehemencia el hombre de espesa barba y ojos achinados. -Está perdida y sola. Sus padres seguramente estarán muertos. Ten compasión de ella y de mí…si me estimas un poco. Me siento muy sola…en este caserón. Tú y Gonzalo os vais a vuestra guerra con nuestro rey y yo me quedó aquí tan triste y desconsolada tras vuestra partida. Ella me dará compañía y me ayudará con la casa. No damos abasto con el poco servicio que podemos mantener gracias a las esplendorosas mercedes que su graciosa majestad ha osado darnos –lanzó un profundo suspiro cerrando levemente los ojos. -No insistas. Ella debe estar con los suyos…este no es su lugar. Si tiene que abandonar Córdoba como ha impuesto nuestro rey y marchar en exilio, es lo que va a hacer. No podemos ir en contra de un mandato real. Debemos fidelidad a nuestro rey, Isabel…No hay nada más que hablar –expresó con rotundidad él dando un golpe seco sobre la mesa. -Rodrigo…cariño, nunca te he pedido nada con tanta convicción…por favor…sé que tengo que cuidar de esa niña…Dios me la puso en mi camino por algo, estoy convencida de ello. Él en su inmensa sabiduría no me concedió la alegría de un hijo que cuidar y amar. Ahora lo entiendo todo. No se pude ir en contra de los designios del Altísimo. Dejemos que se quede con nosotros al menos unos días, así se recuperará y podremos pensar con calma qué hacer con ella…por favor es lo único que te solicito…unos días –suplicó ella con lágrimas en los ojos.


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Él se alejó lentamente de ella y se aproximó a la chimenea que todavía mantenía algunos rescoldos de la hoguera nocturna. Apretaba con firmeza la empuñadura de su espada y con su otra mano se rascaba la espesa barba. La miró. −Solo unos días. No saldrá de la habitación. No quiero que corra la voz que escondemos a una hereje bajo nuestro techo. ¡¡Es mi última palabra!! –sentenció señalándola enérgicamente con el índice. Los días se fueron sucediendo entre risas, temores y curiosidad. Isabel me cuidaba y mimaba como ni mi madre supo o quiso hacerlo. Por mi habitación pasaron juguetes infantiles desconocidos para mí. Maravillosas viandas degustaron mi paladar, una sinfonía indescriptible de texturas y sensaciones despertaron mis sentidos: dulces, salados, picantes. Un mundo tan extraño y lejano era aquel que Isabel me mostraba. Abrí mis ojos curiosos y expectantes ante el universo mágico de sus palabras. Los entretenimientos infantiles poco a poco dieron paso a las caricias de los velos, trajes multicolores y tocados de ensueño. Cuchicheos, risas, bromas, abrazos y un tierno amor se fue mezclando con breves visitas casi a escondidas detrás de la puerta encajada de mi habitación: un Rodrigo en la sombra me observaba en horas intempestivas. Podría ser a altas horas de la noche o en las primeras del alba. Sus ojos buscaban los míos en esas horas inciertas tras el velo de la noche pero solo encontraba lejanía y oscuridad. Las visitas a escondidas se fueron sucediendo noche tras noche en un sinfín interminable de miradas hasta que en una de aquellas noches el sueño atrapo mis ojos cansados. El frescor empezó a despertar mi piel. El crujido de la madera llego hasta mis oídos tan levemente que apenas consiguió abrir mis ojos adormilados. El roce de unas sábanas acariciándome dejó al descubierto mis piernas. Mi corazón empezó a acelerarse y, al abrir los ojos me encontré con unos brillantes ojos achinados y unas manos que recorrían mi cuerpo. Mi corazón tamborileaba desbocándose en mi pecho. Las lágrimas empezaron a brotar sin control y todos mis músculos temblaban descompasadamente. Sus manos, ávidas de mi cuerpo, recorrían cada centímetro de mi piel. Su boca se empezó a acercar más y más a mí. Sentí su aliento recorriéndome, y su lengua humedeciendo la curva de mi cuello. Esas manos, como garras afiladas rasgaron el breve tejido que cubría mi cuerpo. Mis músculos empezaron a despertarse del letargo y una furia, desde lo más profundo de mis entrañas luchaban por gritar. -¡¡¡Nooo, suéltame!!!! –grité despavorida arañándole en el pecho.


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-Te deseo aquí y ahora. Mi hermosa Yasira. No te resistas nadie puede ayudarte. Ni siquiera tu adorada Isabel –me susurro al oído, mientras me agarraba por el cuello firmemente. Me sonrió. -¡¡¡Nooooo, me das asco, suéltame escoria o te arrepentirás. Te lo juro!!! –grité, patalee, arañé y escupí. -¿Pero qué diablos estás haciendo? –unos ojos claros profundos y acuosos como un océano nos miraba desde la puerta. Su boca apretada temblaba sin control. Segundos después una delgada línea roja, goteante, empezó a salpicar de un rojo carmesí mi cuerpo desnudo. Mi puño apretaba con ansía la afilada y curva daga. Finalmente se rindió y el sonido metálico rasgo el silencio denso y oscuro de esa aciaga noche. El cuerpo ensangrentado, mi cuerpo acurrucado y unos ojos claros que miraban estupefactos ante aquella escena. Una Isabel derrumbada y rota sobre dos cuerpos ensangrentados apareció ante los primeros rayos del amanecer. -Mama…mamá… -susurre entre lágrimas intentando controlar el temblor de mis manos -Shhhh mi pequeña Yasira. No digas nada. No te voy a perder a ti también…Todo se va a solucionar mi pequeño tesoro… Todo va a salir bien…Tranquila –Me abrazó tan fuerte que apenas podía respirar. Las tinieblas empañaron mis recuerdos tras esas palabras de consuelo. Volví a echar otra mirada a mi ya lejano pueblo cuajado de naranjales y protegida por el Guadalquivir. Apoye mi cabeza y me estreche en un abrazo a su cálido cuerpo. El viento ondeaba livianamente el velo que cubría mi cabeza. -Mama ya podemos partir –me apreté mas a su cuerpo -Vale cariño. Ya no miremos mas atrás –me susurro dulcemente Isabel Los primero rayos del alba iban despertándose alejando las tinieblas nocturnas. Un terroso camino serpenteaba hasta perderse en un horizonte muy lejano. El reluciente caballo de crines oscuras galopó veloz sobre el camino. Mi velo multicolor se escapó entre las ráfagas de viento que inundaba cada centímetro de mi rosto. Las ondas desordenadas de mi pelo entrechocaban libres. Al fin libres.


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Poesía Suicidio

El dolor, en todas sus formas, es el gran motor, la ficha que arrastra a las otras. Pero si ha de hacerse… que sea por estética. Date un buen tajo en las venas y dibuja figuras japonaises en el papel de la pared. Deja un postrero haiku, pero, por favor, no acabes con tu existencia de forma vulgar y sucia. Con monóxido de carbono del coche. ¡No contamines! ¡Suicídate ecológicamente!


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Poesía El sol asesino

Todos afirman que el sol es luz, otorga la vida, ilumina el mundo.

Hay un grupo de personas que, inundadas por su fulgor ardiente, sollozamos. El sol mata y aniquila los sueños. Las vidas se desvanecen bajo su brillo de fuego, que seca y quema, ennegreciendo corazones, pudriendo sueños. Añoramos la luna como nuestra madre, nuestra verdadera madre, no esa otra que dice serlo. ¡Oh! Amigas nubes de tormenta, hermanas, ¡guerreras!


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Poesía

Madre e hija

¿Puede la hija ser reflejo de lo que fue la madre? ¿Puede ser la madre visión de lo que será la hija? El amor hacia la madre se confundía, en un caos de deseo, con la hija. Son las pasiones mareas de fuego que aniquilan conciencias, turban corazones.

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Me Rindo

Vuelve la lluvia. Una gota clara y limpia. Para recordar que todo acabo. Para recordarte que te perdiste. En aquel inmenso mar. Tapado por un manto de oscuridad. Una pequeña frase. Aquella que eres capaz de gritar. Aquella que te salva la vida muy a tu pesar. Ya que juraste jamás pronunciar. Pero es la única con la que eres capaz de hablar…Me Rindo

Alma-Raquel Martínez Delgado

Querida sociedad…no me vengas ha etiquetar…porque no soy producto que puedas vender o comprar…llevo por bandera unos ideales que tu ya olvidaste…y sé que mi vida no será perfecta, pero no pretendo que lo sea…quiero ser feliz y no voy a buscar el complacerte a ti Alma-Raquel Martínez Delgado


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¿Qué fui para ti?

Oculta me sentí mientras en tu vida viví… ¿Qué fui para ti? Tus amigos nada sabían de ti y de mí y en tu casa presa siempre estuve, mas tú a la calle jamás conmigo quisiste salir… ¿Qué fui para ti? Llegabas y con una sonrisa y 4 caricias bien dadas mi ira apaciguabas… Pero ¿Qué fui para ti? Más si yo a tus deseos no claudicaba… buena película la que me montabas… ¿Qué fui para ti? Tiempo tiene desde que escribí esto… mas hasta hoy no le di respuesta… Sigo sin saber que fui para ti, aunque hoy ante todos puedo decir lo que yo sentí… Solo fui el reloj que te despierta fastidiosamente, saco de boxeo de tus falsos cabreos, victima inocente de tu hipocresía, ayudante en la sombra de tu jodida cobardía…eso es lo que me sentí el tiempo que estuve atada a ti…aunque ni a mi misma me puedo mentir…todo esto no lo descubrí hasta que de tu lado salí.

Alma-Raquel Martínez Delgado


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Pesadillas Tantas tardes pérdidas Esperando una llamada A escondidas Tantas noches en vela Intentando entender Tú filosofía de vida Tan poca linterna Para tanta oscuridad Me han hecho pensar En si puedo aceptar Lo que me das Tantas mentiras Creídas Disfrazadas con un fino cristal De verdad Tantas pesadillas En tan poca verdad. Tanta tormenta Llamada ilusión y amor Para marcar mi ya malherido corazón

Alma-Raquel Martínez Delgado

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Relato: De las absurdas ensoñaciones del estudiante Genéticos, de cómo expandió sus horizontes y de cómo le fue revelado el gran arcano

I. De cómo el estudiante Genéticos fue expulsado de la facultad de biotecnología y de cómo se distendió El joven estudiante Genéticos, recién expulsado de la facultad de biotecnología, de manera irremediable, irrevocable e inapelable, urdía en sus entrañas, recientemente arrancadas sin piedad, cómo echarlas mediante la ingesta intolerable de vinagrosos trinquis, ora de lata roñosa, ora de copa de balón; pues su espíritu había sido denigrado, vituperado su teorema trófico, con tamaña maña elucubrado. Enchufó la radio con una delicadeza impropia de su deplorable estado, levantó la tapa, insertó un disco compacto pirata, con repleción de bateristas, bajistas, guitarristas, gaiteros y vocalistas, prestos en deleitarle los sentidos, pulsó el taumatúrgico botón play, sobrellenó la bañera con una mezcla milimétricamente mensurada de cálido y gélido líquido elemento y se dispuso a distenderse de aquellas infinitesimales, pero fatídicas y aciagas, horas de su existencia. Más tarde que pronto, rayana la condición beoda, martilleada la cabeza por el trasiego, mas arrullada por los alardes a la guitarra de Angus Young durante It’s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock ‘n’ Roll), el estudiante se sumergió en un ensueño inquieto.

II. De cómo el estudiante Genéticos afrontó la ensoñación de los portales … ante Genéticos se alzaban dos portales luengovalados, sobre los que había esculpidos, recubriendo los portales en su totalidad, y a modo de ornamento, unos relieves recargados, al más puro estilo rococó, ebúrneos los del portal siniestro, córneos los del portal


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diestro. Admirado, Genéticos se dio la vuelta para contemplar el resto de la estancia. Mas era una estancia vacía, igualmente oval, cuyas paredes, que destellaban ampo, herían despiadadamente las retinas. Genéticos se obstruyó los ojos, no solo párpados mediante, sino con las manos, de hinojos y acochándose contra el enlosado. Uno… dos… tres… evo. Postreramente, por fin sanada la ceguedad, Genéticos se acercó, cuidándose de no volver la vista a ningún otro punto que no fuesen los portales. «Carecen de pomo que girar y de picaporte que accionar», pensó. Tanteó, con la mano izquierda, el portón siniestro, y con la derecha, el diestro. —¡Ah! —chilló de dolor. Se miró las manos. Sangraban. Se sentó con las piernas cruzadas ante los portales, apoyados los codos en las rodillas, apretados los puños ensangrentados, sustentada la frente sobre los puños, clausurados los ojos. De súbito, pronunció, solemnemente: —Ábrete, sésamo—. Mas la clásica fórmula no surtió efecto. Continuó cavilando… —¡Alohomora!—. Tampoco dio resultado. —¡¡Mellon!!—. Ni una pizca giró el quicio. —¡¡¡Traigo cervezas!!! —voceó finalmente. Sin embargo, nada ocurrió. Reflexionó, discurrió, razonó y, finalmente, se desesperó. Volvió a mirar las paredes, volvió a enceguecer, volvió sanar la ceguedad, volvió a desesperarse. Hasta tres veces concatenó dichos actos, mas cada vez más, vilmente lo invadía la vesania. Y la vesania lo incitó a la muerte. Y entonces recordó estas palabras: «La muerte abre la puerta de la fama y cierra tras de sí la de la envidia». Se quedó perplejo. Y entonces, ambos portales parecieron decir: «Contra mí, contra mí». Estremeciéndose de arriba abajo, echó a correr contra el diestro…

III. De cómo el estudiante Genéticos se vio sorprendido por maná que brotaba del firmamento … ante Genéticos se extendía un descampado inmenso, ilimitado, poblado de hierbajos, secos en su mayoría. Alzó la mirada. El firmamento, de color ceniciento, estaba salpicado, por acá, por allá y por acullá, de lo que parecían ser las ascuas sobrevivientes.


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Genéticos se restregó los ojos, boquiabierto. Vientos impetuosos, que soplaban desde los cuatro puntos cardinales, iban reuniendo, cada vez más, aquellas ascuas en el centro del firmamento. Y de súbito, un refucilo; un tronido; fragor de cascos; colisión de lanzas. Impulsados por los vientos, cuatro jinetes, de talla colosal, encajados en refulgentes armaduras azabaches, a horcajadas sobre corceles, asimismo azabaches, a modo de un mismo ser, se lanceaban. De aquel firmamento, antes ceniciento, ahora incendiado, manaba una lluvia diluviana. Aterrado, Genéticos echó a correr, resbalando y tropezando cada dos por tres, ensordecido por los pavorosos relinchos, cegado por los luminosos refucilos… a la intemperie. El incesable lance destellaba allá en lo alto, mas tales destellos alcanzaban la superficie en forma de rayo. Sorprendentemente, al impactar contra el suelo, levantaban un olor que, paradójicamente, no era a rayos: chuletas braseadas, chuletas ahumadas, chuletas asadas, chuletas tostadas, chuletas horneadas, chuletas fritas, chuletas doradas, chuletas gratinadas, chuletas torradas, chuletas socarradas, chuletas salteadas, chuletas rebozadas, chuletas mechadas, chuletas aliñadas, chuletas adobadas… Olvidándose del terror, miró hacia arriba. Un rayo se precipitaba…

IV. De cómo el estudiante Genéticos expandió sus horizontes … ante Genéticos se hallaba una caverna, de amplia boca, mas no tenebrosa, como habitualmente sucede en estos casos, sino esplendente, en la que fulgores danzarines cabriolaban remeciéndose cual belicosa pugna entre criaturas interestelares ansiosas por salvaguardar o asolar el planeta azul. Pocos pasos había dado hacia el interior cuando encontró, sentados a las mesas, que se extendían por espacio de unos cincuenta metros, una hornada de gigantes que devoraban gratamente manjares de apetitoso aspecto. Zampaban como posesos. En una mano agitaban jarras descomunales, con lo que su contenido se vertía por todas partes: cervezas, vinos, hidromieles, sidras, polícromos licores, ambrosía… Uno de los gigantes reparó en Genéticos. Su semblante achispado lo conformaban tres ojos desiguales, aunque en posición isoscélica: el más pequeño de ellos se situaba en la parte izquierda del rostro,


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bajo la mejilla; equidistantemente, pero en la parte derecha, tenía un ojo mediano paralizado; y en la frente parpadeaba sin cesar el más grande de todos. Justo bajo este gran ojo se hallaba la boca, repleta de dientes negruzcos y podridos, y entre los ojos de la base, la nariz afilada moqueaba constantemente. —¡Eh! ¡Mirad lo que he encontrado! —exclamó alzando la voz por encima del clamor. Los gigantes prorrumpieron en gritos de júbilo—. Únete a nosotros, personilla. Allí al fondo está la barra. Ve y pídete algo—. Y entre el creciente jolgorio, Genéticos se dirigió a la barra. Una vez allí, el pánico se apoderó de él. Terribles fueron las visiones que le revelaron sus ojos. Había diferentes cercados en los que varias especies esperaban su turno para ser degolladas: centauros patiatados, minotauros descornados, esfinges inaladas, sirenas silenciadas, gorgonas cegadas y licántropos desdentados. Cuando se percató, estaba atrapado en manos del gigante cocinero: —¡Ajá! Aquí tenemos el colofón para nuestro antropófago festín. Nos faltaba la verdadera esencia humana—. Y tras decir esto, el cocinero comenzó a trocear a Genéticos, que vio cómo su cuerpo, una vez mutilado, era echado a una olla abismal. Lo último en caer en tal olla fue su cabeza. Allí sintió remover, no solo sus entrañas, sino todos y cada uno de los órganos de su ser. Aquella olla era una especie de Caribdis maelstrómica en la que Genéticos giraba y giraba, cada vez a más velocidad, en sufrimiento interminable, pues jamás acababa de ahogarse. Y de repente, se desmayó. Cuando recuperó la conciencia, se vio en un cucharón enorme que un gigante de rostro desfigurado se llevaba a la boca…

V. De cómo le fue revelado al estudiante Genéticos el gran arcano por parte del oráculo —… y este es el gran arcano que te ha sido revelado—. Y el tabernero se desvaneció. Genéticos no podía salir de su asombro. «¿Cómo tan vil y repugnante criatura puede contener dicho ingrediente? ¿Acaso si lo aplicase… y entonces… y al día siguiente… rectificándole pues el… y combinándolo con… en un recipiente de forma… con lágrimas de… y sangre de… y extracto filtrado de… junto con un poco de


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fluidos procedentes de… dejándolo reposar otras veinticuatro horas… batiendo con energía… y añadiendo una pizca de… y al horno? ¿Constituye realmente el método definitivo e infalible para saciar a tales…?»…

VI. De cómo el estudiante Genéticos se despertó helado en la bañera, de cómo de un salto salió de ella desnudo, de cómo, tras abrir la puerta, se lanzó a la calle eufórico y de cómo comenzó a vociferar —¡¡Eureka!!

Jesús García Fernández


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Anobium pertinax Porciones del Alma Ya sabeís la pasión que desde Vega sentimos por el relato y fundamentalmente por el microrrelato. Por ello estamos de enhorabuena porque acaba de salir a la calle una antologia de microrrelatos Pasiones del Alma editado por Diversidad Literaria, el parabien es además por partida doble ya que nuestro amigo y escritor Jesús García Fernández ha sido seleccionado como uno de los integrantes para esta antología de microrrelatos. Los lectores de Vega podeís disfrutar mensualmente de su fino ingenio, acida visión y arcaicos vocablos pues nunca falta a la cita con Vega. Podeís leer sus relatos:  De las absurdas ensoñaciones del estudiante Genéticos, de cómo expandió sus horizontes y de cómo le fue revelado el gran arcano (en este número de Vega)  Vida y milagros de una patata. (Vega 2)  El Paraiso (Vega 2)  Splin (Vega 2)  De las absurdas aventuras de Fito Lambruzón, de las vicisitudes que le acontecieron y de cómo alcanzó su sino (Vega 1)


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Anobium pertinax Maricruz Garrido presenta su nueva obra: Perfil de Poetas y Escritores. Hay personas a las que quieres de forma natural, instantánea, casi mágica. La poetisa Maricruz Garrido es de ese tipo de personas. Recuerdo aquella tarde en Priego de Córdoba, compartiendo un café en el restaurante junto a la Hospedería de san Francisco, aquella tarde ella haría la presentación de mi última obra. Desde entonces tiene un lugar en la rosa de lo vientos de mi vida. Su humanidad, su inteligencia refinada y chispeante y esa sonrisa perspicaz tan suya que desarma a cualquier divo literario, la hacen de esas personas que te alegras de haber conocido. Lleva muchos años dedicada a la enseñanza y he comprobado como los alumnos la idolatran, no puede ser de otra forma. Una vez le pregunté que como alguien que podía vivir una vida apacible, agradable y tranquila sin preguntarse por el mañana económico, social,

se metía en tantos

berenjenales culturales. Me contestó que no podía quedarse quieta. En Perfil de Poetas y Escritores, Maricruz Garrido nos ofrece una breve, pero amena semblanza de autores de ayer y hoy de la provincia de Córdoba, unido a una bien seleccionada antología de textos poéticos que harán las delicias de todos los amantes de las buenas letras. El libro está editado por ediciones Dauro, aquí os dejo el enlace: http://www.edicionesdauro.com


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CRÓNICA: VIII ENCUENTRO LITERARIO FANTÁSTICO EN DOS HERMANAS El pasado sábado 26 de octubre tuve la suerte de poder asistir, in extremis, porque prácticamente me enteré de su celebración el día anterior, al VIII Encuentro de Literatura Fantástica en la sevillana localidad de Dos Hermanas. Antes de nada, me gustaría felicitar desde aquí a los organizadores, puesto que el encuentro fue fantástico (nunca mejor dicho), muy completo en cuanto a los temas que se trataron y en un ambiente distendido. Además, obsequiaron a los asistentes con los dos capítulos iniciales de dos libros de fantasía, algo que es de agradecer y que podría servir para enganchar al lector. I. Aquí ya no sirven las espadas Después de una breve presentación, Santiago García-Clairac, autor, entre otras novelas, de El ejército negro, tomó la palabra. Durante su ponencia, Santiago se dedicó a quitarle importancia al asunto que parece ahora tener en mente todo lector: ¿papel o digital?, ¿iPad o Kindle?, ¿epub, mobi o pdf? Su respuesta fue clara: lo importante no es el soporte, sino leer, y leer contenidos de calidad. Además, pronunció una palabra que marcaría la que sería un interesantísimo turno de preguntas: «emoción». Para este autor, lo fundamental es leer obras que emocionen, cualesquiera que sean. No obstante, el público discrepó (con toda la razón en mi opinión) en que no se trata de emocionar a cualquier precio (lo que parecía querer decir el ponente a mi modo de ver, pues Santiago es publicista), sino en emocionar de forma elaborada, no despertando emociones «banales» (aquí entró en escena el denominado «género romántico»; el romanticismo está en Romeo y Julieta, no en Perdona si te llamo amor). Por lo tanto, ya no estábamos hablando de literatura, sino de ocio, de mercadotecnia. De hecho, esto se confirmó cuando contó una anécdota relacionada con un escritor amigo suyo: esta persona ganó un premio de una afamada editorial; sin embargo, dicha editorial, a pesar de concederle el premio en metálico, no le concedió el verdadero premio, la publicación, pues su «formidable novela» (palabras textuales) no iba a ser leída por la gran masa (¿estarían los espíritus de Melville, Bertrand, etc., entre el público?).


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II. Taller de autoedición digital La segunda ponencia no despertó polémicas. Fue una charla informativa. Los escritores Teo Palacios y Concha Perea, representantes de Bibliofórum y de Factoría de Autores, resumieron con bastante precisión el proceso de moda de la Ilustración 1. Charla sobre la autoedición digital. Fotografía de @sergiviciana. autoedición y la importancia de la mercadotecnia para el autor que se lanza de este modo al mercado, con especial hincapié en el uso de las redes sociales, principalmente Twitter, y en lo fundamental que resulta, antes de lanzar nada a la Red (ya sea una obra autopublicada, un relato a un concurso, un manuscrito a una editorial…) de registrar la propiedad intelectual de la obra, algo que se puede hacer sencillamente mediante Creative Commons. III. A la conquista del lector En la tercera ponencia, Alberto Morán y Xavier Marcé, escritores, y Juan Carlos Ramiro, editor de la editorial I.T.E. sobre libros interactivos, hablaron de la conquista del lector. De su charla destacaré los consejos que ofrecieron: perseverancia (la literatura es una carrera de fondo), fidelidad a tu estilo (debes ser reconocible, aun en la innovación), y búsqueda de un punto diferenciador en tu estilo y obra. En lo relacionado con este punto diferenciador, voy a resumir qué está haciendo Xavier con su obra: él ha creado a través de su saga La marca de Odín un universo completo (al estilo Tolkien); para enganchar al lector, dentro de cada libro hay un código que, insertado en una plataforma creada por él mismo, permite al lector entrar en ella y participar en foros, debates, etc., así como acceder a relatos, crónicas, ilustraciones o canciones que completan detalles del universo creado que no terminan de aparecer durante la saga. Después de esto, nos tomamos un merecido descanso para almorzar. Volvimos a las 17:00. IV. La epopeya de escribir En esta ocasión, Susana Vallejo, Virginia Pérez de la Puente y Carlos Sisi nos ilustraron con anécdotas, manías y opiniones personales

Ilustración 2. La epopeya de escribir. Fotografía de @sergiviciana.


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sobre la profesión de escritor. Hablaron de cómo escribir, de la dificultad de publicar con grandes editoriales y de la desconfianza que siente el lector frente a material autopublicado, de la manera de cada uno de tramar la obra, de su relación con los correctores y de los agentes literarios. V. Evolución del género épico Por último, la épica quedó para el final. José M.ª Miura inició la ponencia resumiendo qué es la épica grecorromana y medieval, Alberto Tirado, miembro de la Sociedad Tolkien nos ilustró sobre el padre de la épica moderna (que no de la fantasía moderna) y finalmente Sergio Mars repasó la fantasía postolkieniana hasta llegar al siglo XXI.

Twitter Para finalizar, voy a citar algunos de los tuits más interesantes que reflejan algunas frases que impactaron en los oyentes y también algunas impresiones.     

@IstarArt: Pagar para que te publiquen un libro no suele funcionar. Cuidado con las editoriales de co-edición. #ELF2h @Sergiviciana: Para escribir lo único que necesitas es tiempo. Lo demás son manías de pijo. @SusanaVallejoCh en #ELF2h @RabinoRabioso: #ELF2h El corrector de word es más traicionero que un Lannister. @IstarArt: #ELF2h Tolkien es el padre de la fantasía épica moderna porque sus personajes evolucionan a diferencia de los de los antiguos cantares. @sergiviciana: “Me encantan los correctores, porque pueden hacer brillar tu obra” @carlossisi #ELF2h


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Relato: El tiro de gracia Por la ventana se colaba el sonido de la radio, acababa de finalizar la sinfonía, era la tercera de Brahms; él la había estado escuchando, como dulce y romántico telón de fondo de sus pensamientos: “La felicidad es una fiesta movible”. Acababa de leerlo en Al otro lado del río y entre los

árboles, pero la voz del locutor lo estropeó todo, peroraba dando explicaciones y haciendo

comentarios

críticos, eruditos y sesudos. Él llevaba un buen rato leyendo, la temperatura había ido subiendo, la taza negra con café se encontraba sobre la mesa en el patio exterior. Como le solía ocurrir cuando se engolfaba en la lectura, el mundo se desvanecía y lo olvidaba todo, en parte. Pero el maldito locutor, con su cháchara pedante, lo había estropeado todo. Y ahora era consciente del calor, del murmullo molesto de los vecinos, ocupados en sus quehaceres domingueros, y lo que hasta ese momento había sido el lejano y alegre rumor del canto de pequeños pajarillos, se había transformado, casi por ensalmo o sortilegio maldito, en griterío chillón, en barahúnda de agudos pitidos que le hacían desear que todos murieran fulminados. Era demasiado temprano para salir y tomar una copa, y demasiado tarde para un nuevo café. Se encontraba apático, ya no quería seguir allí, pero carecía de la suficiente fuerza de voluntad para tomar una determinación.


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Las moscas decidieron por él. Respondiendo a un oscuro plan de ataque, aparecieron de improviso, en formación cerrada, aprovechando que el viento se había calmado. Él se transformó en un blanco fácil, pues solo llevaba encima un pantalón corto. El sol apareció finalmente, era el tiro de gracia, ya no podía seguir disfrutando del inicial nublado. Entró en casa, se calzó sus sports verdes y se puso una camiseta negra. Salió, fue al bar y pidió un medio de vino, aunque sabía que no era necesario, el camarero ya le tenía preparada su copa. -

¿Qué hay de nuevo, jefe? – dijo amablemente el camarero.

-

Sol, asqueroso sol.

-

Nadie quiere los nublados salvo usted, jefe. Los nublados son malos para el negocio, el turismo, ya sabe.

-

Al infierno el turismo, mi guerra contra el sol viene de antiguo. ¡A tu salud!

Alzó su copa y la apuró de un trago. El camarero sonreía. Ya estaba acostumbrado al ácido carácter del jefe.

Fermín Castro González


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LA PUERTA ABIERTA: la sección donde publicar tus escritos

La mar a treinta centímetros…

La mar a treinta centímetros… de la arena de un blanco fino. La gaviota vigila el pez menos listo, yo, a la que se orilla junto a mi sitio. Todos formamos el paraíso. El sol encandilando aprieta su intensidad mosqueado, la sombra robó su descaro. No hay fotógrafo que cuente un olimpo más censurado.

Jesús Feit García


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Punta tacón, punta tacón…

Punta tacón, punta tacón… Dame la saliva de tu amor. Tu espalda, mi cobijo, y aquí la duda, el vello… un ladrido. La punta de tu tacón, un abismo. Si la piso… el otro extremo me da el aviso, pues lámeme, prejuicio. Le silbo al viento mensajero, a la nube una forma le pido: la forma que la imagino. Un señor muy elegante me ha dicho: “¡Lo que imagina es ficticio! Pues tiempo tiene e instinto”.

Jesús Feit Garcí a


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El estrés… una buena forma de caer

El estrés una buena forma de caer. La prisa, su herramienta más fiel. ¡ Ten cuidado!, todos lo deberí amos temer. No insiste ni se deja ver La paciencia es su saber. De nombre, A ladino, tu mente, la alfombra de su desquicio, te cubre y te agota te hace de tres deseos sin principio. La batalla empieza al luchar con él La pierde quien más valiente es, ¡ cobarde!, este que nunca pierde una vez. La distancia transmite seguridad, a su medida, la altura, valora tu interés. Jesús Feit Garcí a

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Revista literaria Vega nº 4  

Especial Fantasía. TALLERES DE ESCRITURA, CUENTOS, POESÍAS, ENTREVISTAS, RESEÑAS, CONCURSO, SERIE-NOVELAS Y MUCHO MÁS…

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