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edici贸n especial digital


> especial escuela de pastoral En los próximos número iremos publicando los talleres de la Escuela de Pastoral 2012.

revista de pastoral juvenil Nº 487 febrero 2013 DIRECTOR

Carles Such Hernández [rpj@escolapios.es] EQUIPO DE REDACCIÓN

Manel Camp Mora Camilo Llorca Escolano José Ángel Beltrán Solano Concha Domínguez Ángel Ayala Guijarro Guillermo Gómez Megías PRODUCCIÓN EDITORIAL

Diana Blázquez DISEÑO

José Montalvá

La Revista de Pastoral Juvenil está bajo una licencia Creative Commons lo que permite compartir cualquier contenido siempre que se cite su procedencia.

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Edita

05 José Picón, 7. 28028 Madrid T 91 725 72 00 · F 91 361 10 52 www.icceciberaula.es produccion@icce.ciberaula.es

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Cada autor se hace responsable del contenido de sus escritos Depósito Legal: NA 14-1958 ISSN: 1577-273-X

España Sin IVA 40,77 euros Con IVA 42,40 euros Europa 71,40 euros Resto del mundo 86,60 euros Publicación mensual excepto julio, agosto y septiembre.

> a vuelapluma

Un acto más de racionalidad

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presentación

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ven Y sígueme

Suscripción anual 2013 Número suelto: 6,30 euros

presentación recomendaciones > carles such

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> álvaro chordi

> josé luis pérez

> ignacio dinnbier

suscitar experiencias que lleven a dios


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> editorial

Dios vive en ti, ¿Dios vive?

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omienza a ser una afirmación compartida y asumida por muchos, que no vivimos tanto una crisis religiosa o espiritual cuanto una crisis de Dios. Esto supone que el momento es más radical, más dramático. Pero también nos permite pensar una pastoral y evangelización que parte de la ‘nada’, sin contaminaciones ni fundamentos a medio hacer. La situación nos anima a redescubrir al ser humano, descubrir en él la presencia de Dios y desde ese encuentro compartido, adentrarnos en la experiencia de la fe. Un reto evangélico si observamos con detenimiento las ‘formas evangelizadoras’ del mismo Jesús de Nazaret. En pastoral con jóvenes andamos en tiempos de ‘traspasos’. Unos buscan, otros repiensan, otros intuyen, la mayoría cambia… Los carteles de ‘cerrado por defunción’ van dando paso a los ‘cerrado por traspaso’. Se va estableciendo un nuevo sendero que ya no proclama la imposibilidad, el pesimismo, el cansancio, cuanto la novedad de un nuevo impulso, de una nueva búsqueda compartida y vivida por cuantos acompañan a jóvenes en el momento de ‘abrir la puerta de la fe’ y transitar sus primeros metros. Estamos en ello. Desde RPJ aportamos en este número la reflexión que sobre este momento se realizó en la Escuela de Pastoral en diciembre pasado. Un ámbito de encuentro intereclesial y diverso donde comenzamos a hilvanar procesos nuevos, a intuir caminos que transitamos juntos de la pastoral con jóvenes. Ciertamente nos queda mucho por hacer, pero avanzamos. Hay esperanza, sólida esperanza. Pero con la esperanza, el interrogante acechando tras todas las esquinas. Lo nuestro es afirmar, confirmar: Dios vive en ti. Dejemos que otros cuestionen. Este año la Escuela se centró en la experiencia cierta de que Dios vive en cada uno de los jóvenes (Dios vive en ti). Es un punto de partida: Dios y el joven. No podemos partir de menos y seguramente tendremos que aprender a no partir de más y hacer poco a poco el trayecto. Las nuevas generaciones requieren de un acompañamiento seguro, sereno, lento. Comenzando por reconocer que son ellos los que van mostrando el camino porque Dios está habitándolos. Nos toca acompañar, suscitar metas, aconsejar paradas, orientar lugares habitables. Esta es la propuesta que nos hacen José Luis Pérez e Ignacio Dinnbier. Desde las buenas prácticas que avalan un proceso vital de 50 años entre los jóvenes (¡felicidades José Luis!) y las intuiciones valiosas fruto de la reflexión y el trabajo compartido a pie de calle de Ignacio. Dos artículos que vale la pena leer con detenimiento. El resto de la RPJ es conocido. Y déjennos advertirles de lo que nos viene encima dedicando un tiempo al visionado de Amour (recientemente oscarizada) y dejándonos interrogar hasta el tuétano de nuestra fe. Esperamos gusten de la nueva sección sobre Series que iniciamos con este número. Si no tenemos oportunidad de leernos, aprovechemos este tiempo de renovación personal (cuaresma) y eclesial (nuevo Papa). Gracias, de corazón, Benedicto XVI.


> buceando en la red enlace juvenil

Jóvenes seducidos por Jesús

Creatividad y carteles Miles son las páginas webs repletas de recursos para pastoral, en esta sección intentaremos acercar aquellas que ofrezcan recursos interesantes.

> recomendamos > revista imágenes de la fe. enero 2013 Los jóvenes protagonizan el monográfico de enero de “Imágenes de la fe”. De la mano del colaborador de la RPJ, José Moreno Losada, el especial “De la indignación al compromiso” está vertebrado en torno a un decálogo del que surgen otras tantas vidas concretas y reales de jóvenes que “encontrándose con Cristo, han arriesgado y a día de hoy son, por la gracia, auténticos y originales en medio del mundo y de la Iglesia”. Y así van transitando los testimonios de Carmen, Sonia, Charly, Jesús... experiencia humanas que vienen a encarnar el Evangelio y que constityen el mejor testimonio de una juventud inserta en el mundo de hoy y comprometida en la construcción del Reino. Desde la experiencia de Moreno Losada –como delegado de Pastoral Universitaria de la archidiócesis de Mérida-Badajoz y consiliario general de la Juventud Estudiante Católica–, el especial de Imágenes de la fe es una radiografía anómala, vistos los registros con los que algunos abordan el mundo juvenil –y sus desmanes– y, al mismo tiempo, un ejercicio necesario y esperanzador

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> la cifra y la reflexión de los jóvenes considera que en la Iglesia se dicen cosas importantes en cuanto a ideas e interpretaciones del mundo. “Jóvenes españoles 2010”. Fundación SM

“Ya no surgirán cristianos de procesos sociológicos o grupales. La clave de la pastoral con jóvenes es la Teódulo García, lasaliano, en las Jornadas de Pastoral 2013 interioridad”.

Enlace Juvenil es un canal de televisión por satélite católico ubicado en San José de Costa Rica (www.enlacejuvenil.tv) “y cuyo mensaje de motivación, espiritualidad, amor y fe, es transmitido de una forma dinámica, llena de energía, música y en el código que el joven entiende y acepta”. Sin embargo, nos ha llamado la atención la creatividad de sus carteles, que distribuyen a través de su página de facebook con una estética adaptada a los tiempos. Se trata de carteles sencillos y muy útiles para nuestro trabajo con adolescentes, para utilizarlo en presentaciones o dinámicas de grupo.

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> a vuelapluma

Un acto más de racionalidad El 19 de abril de 2005 fue lo más razonable por parte del Cónclave celebrado tras la muerte de Juan Pablo II elegir al Cardenal Ratzinger como nuevo Papa. Desde entonces este aspecto de lo ‘razonable y racional’ ha caracterizado el pontificado de Benedicto XVI.

Auspiciado en su lema episcopal: ‘Cooperador de la verdad’, ha sabido congeniar la verdad humana con la Verdad de Dios como un único prisma en manos del hombre. Como un artesano que conoce su oficio y sabe dar los pasos adecuados al margen de los ruidos exteriores, Benedicto XVI ha ido modelando una manera de ser cristiano, creyente, de ser hombre abierto a la Trascendencia. Sin renunciar a nada de las sanas tradiciones, ha optado por la discreción frente a la prepotencia y el boato. Salvo algunas prendas de su atuendo cotidiano y litúrgico, el resto de sus propuestas han estado vigiladas por la prudencia y la medida clásica, con el buen hacer de los sabios. Ese hacer y decir evangélico que Jesús intentó poner de moda y que tan poco éxito ha tenido a lo largo de los siglos. Por eso, Benedicto XVI, ya sorprendió desde el principio con un discurso racional pero cercano, próximo y entendible. Y para sorpresas, su primera palabra ‘oficial’ Deus Caritas est. Cuando lo intentamos encuadrar en los límites de la angosta disciplina teológica y su discurso tantas veces críptico, rompe esquemas y habla de la racionalidad del amor en todas sus dimensiones. A nosotros desde RPJ nos toca destacar su papel en relación con la Pastoral con jóvenes. Y de manera sucinta podemos afirmar: • Supo encajar la herencia de Juan Pablo II, con un estilo sobrio, reduciendo al máximo ‘el fenómeno’ para centrarse en lo esencial: seguir a Cristo como una opción razonable. • Tuvo una mirada siempre positiva sobre la realidad de los jóvenes, y más que hablar sobre ellos, en varias ocasiones invitó a que la Iglesia se pusiera a su escucha. Nos quedamos con aquel reto lanzado a sus propios hermanos obispos: debemos aceptar la provocación de los jóvenes. • Aportó una línea de trabajo de manera incansable en los últimos tiempos subrayando la ‘emergencia educativa’, el valor y la necesidad de la educación y la buena formación. La necesaria racionalidad de la fe. • Templó con firmeza de pastor y entrañas paternales las diferentes ‘tendencias’ eclesiales, no privilegiando sino apoyando y animando a caminar juntos desde lo que nos une. • Dio un espaldarazo, un empujón eclesial a los ‘hechos probados del Espíritu’ en el Concilio Vaticano II como luz que alumbra el porvenir. Y serían muchos los detalles que quizá tendremos que ir subrayando en estos tiempos venideros. Y ahora, finalmente, en un ejercicio de coherencia vital y de conciencia, lo razonable era renunciar y dejar el paso a otro. Esta es la racionalidad de la fe hecha decisión: … Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu… Magnífica hermenéutica. Envidiable coherencia. Humilde y sólida fe. Impecable testimonio. Sabia decisión.


> especial

escuela de pastoral

El pasado mes de diciembre tuvo lugar la XI Escuela de Pastoral de Jóvenes, que nació al amparo de las comunidades Adsis y que en esta edición ha contado también con la participación de La Salle, Institución Teresiana–Acit Joven, Marianistas, Congregación Romana de Santo Domingo, Escolapios, Acción Católica. En los próximos número iremos publicando los talleres y experiencias compartidas durante la Escuela.

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especial escuela de pasoral

La propuesta explícita de la fe necesita de la interioridad

presen >tación dios vive en ti. escuela de pastoral 2012 Sed bienvenidos a la XI Escuela de Pastoral de Jóvenes, que nació al amparo de las comunidades Adsis hace once años y que en esta edición la organizan La Salle, Institución Teresiana–Acit Joven, Marianistas, Congregación Romana de Santo Domingo, Escolapios, Acción Católica y las Comunidades Adsis, inspirados en el espíritu del Fórum de Pastoral con Jóvenes de 2008. Os invitamos a que disfrutéis de este espacio de formación, intercambio de experiencias, comunicación, diálogo y celebración para mejorar nuestro servicio evangelizador con las personas jóvenes. En esta ocasión centramos nuestra atención en una inquietud pastoral compartida por muchos educadores y educadoras: ¿cómo suscitar en las personas jóvenes experiencias de trascendencia que lleven a Dios? El camino hacia Dios pasa por la experiencia personal. Dios solo empieza a ser Dios para las personas jóvenes cuando se encuentran afectiva y efectivamente con Él en su vida. El punto de partida de toda experiencia de Dios es su previa presencia en la vida de las personas jóvenes. Empleando palabras del Dios de Pascal, “no me buscarías si no me hubieses encontrado”. El camino hacia Dios pasa por el conocimiento de uno mismo. Todo en la persona remite a un más allá de sí mismo con el que no coincide, pero al que no puede dejar de aspirar. La experiencia de Dios requiere unos presupuestos existenciales, unas formas de vida que les permitan llegar a esa intimidad en la que Dios calladamente habita. El Misterio no deja a nadie sin noticias de sí. En cada joven está acogerlas y convertirlas en experiencias personales. De esta comprensión de la experiencia de Dios

se siguen los pasos de una pastoral “mistagógica”, de iniciación en la experiencia del Misterio, en la que nos guiará Ignacio Dinnbier, jesuita, del Centro Arrupe de Valencia. El cardenal Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, en el recientemente Congreso Nacional de Pastoral Juvenil celebrado en la catedral de Valencia, señaló que “las jóvenes generaciones tienen derecho a recibir el anuncio de Dios de manera explicita y directa… Aunque no siempre sean capaces de articularla, los jóvenes tienen sed de Dios”. En una época como la actual en la que lo sagrado corre cierto peligro de desaparecer, necesitamos conceder más espacio a lo sagrado. A los jóvenes solo le da suficiente aquel que le hace presente a Dios, y no a cualquier Dios, sino al “Dios con nosotros”, al Dios encarnado que celebramos cada año en Navidad.


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Hemos de recuperar y educar la interioridad como camino que conduce al reconocimiento del amor de Dios en nuestras vidas. Hemos de localizar en el interior de las nuevas generaciones cuál es el lugar en el que sitúa la experiencia del Dios cristiano. Los y las jóvenes ya viven en su interior presencias que le trascienden con sus correspondientes reflejos afectivos. Acompañarles en el camino hacia el interior para ayudarles a que sean más conscientes de las trascendencias que ya viven y sobre todo de las posibilidades que se abren cuando se permite la entrada del amor absolutamente trascendente del Dios Padre de Jesús. Esta tarea exige acompañantes que cultiven la interioridad en sus vidas y que hagan emerger al Cristo interior. El ritmo de vida frenético y la falta de espacio para la reflexión reclaman el diseño de una cultura de la interioridad. Es urgente reconstruir una interioridad madura, abierta a los otros y al Otro. No es fácil animar hoy en día a las personas jóvenes a la reflexión, al análisis de nuestro mundo, a la comunicación profunda de vivencias, al silencio o a la contemplación, porque todo a su alrededor estimula en sentido contrario. Pero si los y las jóvenes no acuden a la cita de la interioridad, en la que el Espíritu de Dios les está esperando, será imposible acompañar cierta apertura a la trascendencia y llevar a cabo la propuesta cristiana, que es oferta de profundidad, amor y plenitud que se dirige a alguien que decide ser sujeto y

protagonista de su existencia y no mero esclavo de estímulos externos. La propuesta explícita de la fe necesita de la interioridad. Si nuestras iniciativas pastorales no logran que las nuevas generaciones entren en la profundidad de sus vidas y lleguen a perforar la realidad, todas nuestras actividades posiblemente sean estériles. En el marco de la Asamblea del Sínodo de Obispos sobre “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana” celebrada en octubre, esta XI Escuela de Pastoral quiere contribuir en el cambio de paradigma mistagógico en su aplicación en la pastoral con jóvenes. Estamos celebrando el “Año de la Fe” con motivo del 50 aniversario del inicio del Vaticano II. Este acontecimiento eclesial ha marcado la pastoral con jóvenes, y en nuestro país ha habido una persona que ha desarrollado las intuiciones del Vaticano II en el mundo juvenil. Nos referimos a nuestro hermano José Luis Pérez Álvarez, fundador de las comunidades Adsis y autor de numerosos libros de espiritualidad y pastoral y del que podremos escuchar su viva experiencia. “Dios vive en ti”. Así hemos titulado esta XI Escuela de Pastoral con Jóvenes, que se desarrollará a modo de ponencias, comunicación de experiencias, talleres, testimonios de encuentro con Dios y una celebración de la eucaristía con la que clausuraremos la Escuela.


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ven y sígueme José Luis Pérez Álvarez.

fundador movimiento adsis

La fe es una vivencia que nace y vive en un permanente proceso de enamoramiento

INTRODUCCIÓN

Desde que recibí la invitación a hablaros en este Encuentro de Pastoral, he venido pensando en qué términos comunicaros, desde el Evangelio, los caminos que definen la aventura de la fe cristiana vivida y transmitida. Aprovecho para ofreceros el libro recién editado “Sendas de vida con los jóvenes” (PPC, 2012) en el que podréis encontrar planteamientos y opciones de vida sobre los diversos aspectos de nuestro interés personal y comunitario. En esta comunicación deseo comentar con vosotros cómo Jesús actuó con los suyos como Maestro que convoca y educa en la fe por el Reino de Dios. Nos vamos a detener en los sucesivos pasos y experiencias que Jesús comparte con sus discípulos, configurando su corazón en una comunidad sencilla donde la Palabra y lo signos del Señor van transformándolos como seguidores enamorados de su Maestro. Necesitamos descubrir cómo Jesús amaba a la gente y convertía al amor apasionado a los jóvenes que a se acercaban a él. Descubriremos que la fe es una vivencia que nace y vive en un permanente proceso de enamoramiento. Cuando aprendemos qué es la fe, nos hablan de verdades que hay que creer, de ritos que hay que practicar, de mandamientos que hay que cumplir, de instituciones a las que hay que pertenecer...Todo esto es necesario como expresiones constituyentes de la fe. Pero la fe como vivencia personal implica una relación amorosa que nace de un encuentro, de un conocimiento profundo, de una adhesión vital y de una alianza que compromete toda la vida compartida y entregada a la persona que nos cautiva y enaltece. En las siguientes reflexiones queremos dejarnos guiar por el Evangelio, siguiendo a Jesús como Maestro que inicia a sus discípulos en la fe. Ven y sígueme.


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I – LA APERTURA A LA FE.

1.1 La búsqueda y el encuentro Juan, en los dos primeros capítulos de su Evangelio, nos ofrece una lección clarísima de la inicial apertura a la fe de los primeros discípulos de Jesús. Lo primero que nos presenta es el profeta y su propuesta. La figura de Juan Bautista es el icono fundamental de la comunidad que, habiendo encontrado a Jesús, lo presenta a los jóvenes. En el Bautista se simboliza la comunidad que se hace presente en el desierto y que da a conocer que Jesús habita y pasa por allí: cerca del agua viva, en un desierto habitable, donde actúa también el Espíritu… La comunidad ha de estar presente allí como el Bautista, con el corazón enamorado, para distinguir que es él el que pasa y para vivir atenta a las expectativas de los jóvenes con quienes convive. Bajando por el cauce del Jordán hasta las aguas de Salim, cerca de la Betania transjordánica, dos jóvenes pescadores de Betsaida, pueblito que está al norte del Lago, han venido atraídos por la fama, a visitar al Bautista, Son dos amigos, Juan y Andrés, que están pasando el fin de semana con el profeta y las gentes que hacían cola para ser bautizadas. Juan Bautista ve a Jesús que pasa. Conoce la búsqueda de estos jóvenes que están allí sentados junto al torrente... Y Juan Bautista les llama la atención, indicándoles que aquel que pasa por la orilla es el Esperado de Israel. Hoy nosotros, en este encuentro de pastoral, juntos nos

preguntamos: ¿Cómo hacer para que nuestra propuesta sobre Jesús se vincule a la búsqueda, a la nostalgia, al deseo o al fracaso, al vacío de tantos jóvenes? ¿Cómo podremos señalar al que pasa si realmente nosotros no lo advertimos? ¿Cómo podremos suscitar un impulso interior de curiosidad por conocer al que pasa? ¿Por qué Zaqueo, en medio de la gente, sintió el irresistible impulso de subirse a un árbol para ver mejor al que pasaba? Lo primero que tiene que hacer una Comunidad es discernir que Jesús pasa por el camino y por la expectativa de tantos jóvenes para convertirse ella misma en palabra, en profecía, en signo, en icono del que pasa. Ante el testimonio vivo de una atrayente experiencia y de una relación llena de reclamos e incógnitas, los dos jóvenes galileos, confiados en la amistad del profeta de Salim, deciden ir detrás del misterioso caminante, ¡a ver qué pasa…! Jesús deja que le sigan un trecho del camino, luego se vuelve y mirándoles de frente…, les pregunta sin más: ¿Qué buscáis…? Ellos de momento, no quieren nada en concreto, porque si lo supieran ya no estarían tan perdidos e insatisfechos en su vida, hartos de pescar y pescar en el lago con sus dos hermanos mayores, que son los que llevan el cotarro y que ya han decidido irse a vivir a Cafarnaum, porque en Cafarnaum se pesca mejor, hay más negocio y más gente… Ellos están allí, son segundones... y siguen a este incógnito personaje porque el Bautista se lo ha indicado… Pero


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entonces, de buenas a primeras, improvisan una contestación muy sencilla: ¿Dónde vives? Esta pregunta será la clave de su destino. La respuesta de Jesús cambiará totalmente toda su existencia. Los dos jóvenes desean conocer a Jesús en su vida normal, en su lugar de residencia, en las relaciones, ocupaciones y tareas cotidianas… En fin, desean participar de la intimidad de aquel que les ha sido presentado como el Esperado, el que ha de venir a colmar las expectativas del pueblo. 1.2 – La experiencia La respuesta de Jesús es concluyente: Venid y lo veréis. La invitación de Jesús es plena y sin condiciones. Aquella experiencia marcó sus vidas para siempre. Muchos años más tarde escribiendo su Evangelio Juan describe esta experiencia fundamental de su encuentro con tres pasos: Fueron, experimentaron y se quedaron… ¿Qué experimentaron todo aquel día… mejor dicho, toda aquella noche, ya que el día judío empezaba a las cuatro de la tarde del día anterior hasta las cuatro de la tarde del día siguiente? ¿Qué experimentaron los dos jóvenes con Jesús comunicando y compartiendo juntos toda la noche en la cueva de su retiro en el desierto…? ¿Cómo Jesús se dio a conocer para que ellos volvieran a Betsaida con el corazón enamorado y la certeza de haber encontrado al Mesías de Dios? 1.3 – La comunicación convocante. Hemos encontrado al Mesías, dice Andrés a su hermano Pedro al día siguiente cuando vuelven a Betsaida. Jesús llama a Felipe, amigo de Pedro, y este a su amigo Natanael… La experiencia de aquel primer encuentro da lugar a una comunicación intensa entre amigos. La comunicación se convierte en una convocatoria abierta a un grupo que será el germen de la nueva comunidad de Jesús. En esta convocatoria a la formación del grupo de seguidores de Jesús se dan tres realidades que siguen constituyendo la trayectoria del primer amor creyente para todos nosotros: - La experiencia de un encuentro con Jesús en el que su Palabra y su persona nos deja cautivamos y esperanzados. - La expectativa que nace en cada uno al reconocer que Jesús nos conoce, nos ama y tiene un proyecto de vida nueva para cada uno y para el grupo. - La apertura a la trascendencia del Reino de Dios como promesa y proyecto de personas y sociedades nuevas. 1.4 – El vino nuevo. Era necesario que esta adhesión primera de los jóvenes amigos de Jesús se confirmara y se significara con un sig-

no especial de una Alianza nueva. Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús (Jn 2, 1).

Lo que realmente acontece en este encuentro de bodas es significativo. María es signo de la comunidad que invita a los jóvenes discípulos a acompañar a Jesús a estas bodas de amigos. A este grupo de invitados les falta el vino… María hace intervenir a su Hijo para ayudar a los jóvenes en la celebración de su boda. Varios signos son importantes para la confirmación en la fe de los discípulos: • Poner nuestras vidas en sus manos (Llenar las tinajas de agua) • Vivir obedientes a su Palabra (Haced cuanto él os diga) • Comprometerse en la conversión del corazón (Dejar que Jesús cambie nuestra agua en vino) A través de este proceso de conversión, la fe crece y se convierte en conocimiento profundo, amor intenso y manifestación apasionada. Así en Caná de Galilea dio Jesús comienzo a sus señales .Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos (Jn 2, 11). Es de admirar cómo en estos dos primeros capítulos del Evangelio de Juan se nos descubre cómo Jesús, suscita los primeros creyentes en aquellos pobres jóvenes, pescadores, ignorantes, perdidos en aquellas aldeas. Cómo provocó encuentros en la intimidad, experiencias de profunda


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expectativa, amor por un proyecto ilusionante de vida en el seguimiento y en la comunidad. II. APERTURA A LA COMUNIDAD

2.1 – La casa junto al lago Cuando estamos enamorados sentimos la necesidad de compartir juntos la vida. Así Jesús con los suyos se trasladan a vivir a Cafarnaúm a la nueva casa junto al lago que había adquirido Pedro y los suyos. A veinte metros de la playa comienza a vivir la joven comunidad abierta a las travesías por el lago, aprendiendo a ser discípulos y pescadores de hombres. La casa donde también María habitó con los suyos un tiempo, es lugar de comunión fraterna y lugar de citas para los vecinos enfermos y abatidos. A la casa irá la gente a escuchar a Jesús, después de escucharle en la sinagoga cercana. A la casa se acercan al atardecer los enfermos a ser curados. Por la terraza abierta de la casa, los amigos del paralítico le dejarán caer a los pies de Jesús. El “Lago” es símbolo de la historia, por donde las barcas suben y bajan de una orilla a otra. Las aldeas limítrofes se asoman a sus aguas. De la casa se saldrá a los caminos, y a las aldeas, porque la comunidad de Jesús se abre a la itinerancia por los caminos de los pobres, haciéndose solidarios con leprosos, con perdidos, con moribundos, con enfermos, y proclamando el Reino de Dios.

III – LA ITINERANCIA

Jesús sabe que la Comunidad para anunciar el Reino de Dios ha de abrirse a los caminos de los hombres. Por eso Jesús se empeñó en enviar a sus discípulos, de dos en dos, por las regiones cercanas a anunciar el Reino de Dios. Desde luego, el Señor no favoreció para nada el alejamiento de los suyos. Los envió peregrinos por las aldeas y regiones de su entorno. El Reino no se puede proclamar desde una institución cerrada en sí misma, sino asumiendo la vecindad con la gente y la solidaridad con sus tareas y desvelos. La itinerancia cristiana no busca acrecentar nuestra clientela. La itinerancia busca la solidaridad y la oferta mutua de cuanto somos y necesitamos. Los jóvenes con sus búsquedas y querencias nos dan la oportunidad de compartir juntos experiencias y relaciones enriquecedoras. Con ellos podemos entender la Palabra desde su vida y convertir juntos nuestra agua en vino nuevo. En mi comunidad de Peñagrande tenemos un proyecto de acogida y servicios para inmigrantes subsaharianos con la ayuda de un buen grupo de voluntarios. Cuando en la casa, los sábados y los domingos, nos entra África por todas las puertas, sentimos que Dios nos visita. En esos ojos, en esas miradas tan pacientes y tan necesitadas, en esas pateras, nos viene a visitar Dios. Su itinerancia nos convierte a un encuentro solidario en el Reino de Dios.


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3.1 – La compasión misericordiosa La Iglesia es sacramento de Cristo en el mundo. Cuando la Comunidad pierde su sentido sacramental, de signo, y se convierte en institución alternativa al mundo, se hace imposible la Pastoral. La Iglesia no es alternativa al mundo. La Iglesia es fermento para el mundo. Y el fermento es siempre pequeño en su apariencia, pero grande en su fuerza transformadora. El amor compasivo es el motor de toda actividad de solidaridad y de testimonio en la comunidad cristiana. Toda comunidad es destinada a vivir la misericordia. La actividad pastoral es oferta de misericordia. No de la misericordia que nosotros ejercemos en los demás, sino de la misericordia que Dios ejerce con nosotros y que al experimentarla, rebosa hacia los demás. La comunidad de Jesús es comunidad abierta porque el Reino es invitación para todos, especialmente para los pobres y sencillos como niños. ¡Cuánta gente se sentía atraída por la compasión infinita de Jesús...! Jesús no preguntaba a los publicanos y a las prostitutas que comían con él si eran creyentes o no. Eran ante todo necesitados, marginados socialmente que necesitaban encontrar a alguien que creyera en ellos… 3.2 – Y también la felicidad Me sorprende que cuando Jesús se dispone a proclamar la identidad de sus discípulos, los define como “bienaventurados”, es decir, gente feliz y de vida en plenitud. Cuando experimentamos el plan de felicidad que ofrece Jesús llegamos a la conclusión de que él no nos engaña, a pesar de que su lenguaje y su oferta nos pueda parecer contradictoria y opuesta a lo que a primera vista se nos antoja como experiencias de felicidad… El desprendimiento, la compasión, la solidaridad con los que sufren, la sinceridad y la honradez en las relaciones con los demás, las buenas intenciones del corazón y la lucha por la paz verdadera, son expresiones de la felicidad de los discípulos de Jesús porque todas estas vivencias son frutos de un amor nuevo que recibimos y aprendemos de él. Por el contrario, la felicidad centrada en la sensación pasajera, en la dominación sobre los demás, en la satisfacción del poder o del prestigio aparente…, no son más que destellos pasajeros y engañosos que no nos liberan del vacío del corazón y del sinsentido de una vida carente de proyección personal y social. En Jesús crucificado, desnudo, clavado y entregado, los cristianos encontramos la sabiduría y la fuerza de Dios, fundamentos de nuestra felicidad permanente.

IV - EL MONTE Y LA LLANURA

En estos trajines por Galilea encontramos el monte y la llanura. Y aquí tenemos dos retos pastorales muy importantes. El monte, donde encontramos a Jesús transfigurado, su rostro brillante como el sol y como la nieve blancos sus vestidos. Encontramos a Jesús en medio de Moisés y de Elías para significar que en Jesús comprendemos el verdadero sentido de la historia humana y de la profecía de su Evangelio. El Tabor es el monte deseado, donde nos encontramos con Cristo como centro del nuestra vida en quien se manifiesta y se realiza la salvación de Dios. Pero también la llanura, porque la transfiguración que describe el Evangelio no acaba en el Tabor donde los discípulos sólo veían a Jesús, sino que acaba abajo, en la llanura, donde el joven poseso necesita ser transfigurado por Jesús. • En la llanura encontramos al joven poseso: este demonio solo con la oración es espantado... • Encontramos en la llanura al joven rico que desprecia la oferta de Jesús. • Encontramos a Bartimeo, que tira su manto y se pone a dar saltos al encuentro de Jesús y, al recobrar la vista, se dispone a seguirlo. • Encontramos al herido en camino de Jerusalén a Jericó, y al Samaritano que lo socorre... • Encontramos a tantos jóvenes como el hijo el pródigo, que retornan hambrientos, desde la pocilga de los cerdos, a la casa de su Padre... Entrar en el Reino es entrar en relaciones nuevas con el Padre, con su casa, con su mesa, con sus amigos. La Comunidad es oferta si en ella acontece el Reino. V – LA CRISIS

En la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús hace su discurso sobre el Pan de vida, en el que, entre otras expresiones, dice: El que no come mi carne y bebe mi sangre, no vive en mí y el que no vive en mí no puede entrar en el Reino. Y la gente reacciona perpleja: algunos piensan que Jesús está afectado de locura: ¿Quién puede entender un discurso tan duro...? Entonces Juan, al final del capítulo sexto de su Evangelio, escribe: Muchos dejaron ya de andar con él. Hasta tal punto que al atardecer, en casa, Jesús pregunta a Pedro: ¿Vosotros también vais a abandonarme? Y Pedro dice: Señor, ¿a dónde vamos a ir? Sólo tú tienes palabras de vida eterna. La respuesta de Pedro contiene una expresión de fe en el proyecto de Jesús y una declaración de amor a su persona.


Sólo tú tienes un proyecto que nos hace vivir y sólo tú eres el Señor de nuestras vidas. A pesar de todo, los discípulos se sienten un poco decepcionados por el abandono de tantos. La crisis también hace mella en ellos. Como si la disminución del número pusiera en tela de juicio su identidad de amigos de Jesús y el sentido de su vida. Mucha gente que nos quiere conocer, me pregunta de partida: ¿Cuántos sois? Yo pienso entonces que la identidad no radica en el número sino en aquello por lo que se vive, aquello que se ama profundamente. Solo tú tienes un proyecto de vida en plenitud. Al día siguiente, estando allí presente la comunidad, Jesús les dice: No temáis, pequeño rebaño porque en vosotros acontece el Reino. Y acontece el Reino porque toda esta gente joven necesitada camina con vosotros entre el monte y la llanura. VI – LA FE QUE SALVA

Y es que entre la gente de la llanura que busca a Jesús, muchos de ellos son gente de gran fe. Y así lo manifiesta el Señor en múltiples ocasiones cuando les dice una y otra vez: Tu fe te ha salvado”. • A la hemorroísa (Mt.9,22; Lc.8,48), • a los dos ciegos (Mt.9,29), • a la cananea (Mt.15,28), • al leproso (Lc.5,12-15), • al paralítico y sus amigos (Lc.5,17-27), • al centurión (Lc.7,1-11), • a la mujer pecadora (Lc.7,36-50), • a la hija de Jairo (Lc.8,50), • a Bartimeo (Lc.18,35-43; Mt.10,46-52)... a todos les dice Jesús literalmente: “Tu Fe te ha salvado”. ¡Tu Fe ! A la sirofenicia, aquella mujer de Tiro que de israelita no tenía nada. La pobre estaba desesperada. Supo por sus amigas que Jesús estaba escondido en una casa de la aldea y entonces fue a buscarlo. ¡Qué importante es la búsqueda en todos los relatos evangélicos! Al encontrarlo en la casa, se tiró a sus pies y llorando desolada, gritó: Señor, mi hija se muere... Pero Jesús, queriendo confirmar el propósito ineludible de aquella extrajera, dice: No está bien que la comida de los señores se les dé a los perros. Y la mujer, asumiendo positivamente el reto que le brinda Jesús, responde decididamente: Sí, Señor, es verdad, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de su señor”. Entonces Jesús, no pudiendo contenerse más, exclama: ¡Oh, mujer, nunca en Israel he encontrado tanta Fe! La Fe de esta mujer, reconocida y confirmada por Jesús, es una necesidad vital vinculada a una profunda y definitiva confianza en la compasión de Jesús. Una necesidad en la que le va la vida, que es capaz de engendrar en ella confianza ciega y búsqueda incesante en Jesús, en la comunidad donde vive Jesús. Recuerdo a Pep, el primer subsahariano de Mali que vivió con nosotros en Peñagrande cuando empezamos el proyecto Baroké con los inmigrantes. Pep no era ni musulmán ni cristiano ni evangelista ni nada que se pudiera clasificar como religioso. Había perdido a toda su familia. Estaba solo en la vida. Du-

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Cuando la Comunidad pierde su sentido sacramental, de signo, y se convierte en institución alternativa al mundo, se hace imposible la Pastoral. La Iglesia no es alternativa al mundo. La Iglesia es fermento para el mundo.


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rante siete años había atravesado el desierto y trabajado en Argelia y en Marruecos. Había llegado a Madrid desde Málaga. Lo encontramos por Cuatro Caminos intentando dormir en un banco en una de aquellas noches de invierno... Vino a nuestra casa a vivir… y solía decir: Yo no le digo a nadie dónde vivo, porque si se enteran todos quieren venir aquí y luego no hay sitio. Si me preguntan dónde vivo, yo digo siempre que vivo en la casa de Dios. Él no se definía como creyente, pero intuía que donde encontraba tanto amor gratuito por él, allí estaba Dios. Al encontrar a Dios dejó de vivir en la soledad más inhóspita. Cuando se fue a vivir por su cuenta, nos pidió a algunos de casa hacernos una foto con él a los pies del crucifijo en la Capilla. Cuando hay una necesidad vital y hay confianza y solidaridad, el amor es el que empieza a dominar las relaciones. El amor es la antesala de la trascendencia, porque empezamos a atisbar que la fe de los que nos aman es también nuestra esperanza. VII – YO, ¿QUIÉN SOY PARA TI?

Entregado a esta itinerancia solidaria y compasiva, Jesús ha llegado hasta las ciudades de la Decápolis. De vuelta a Galilea, el Señor pasa con sus discípulos por Cesarea de Filipo y se dirige con ellos a las afueras de la ciudad junto a los manantiales de Banías que desembocan en el Jordán. Allí, en la intimidad, Jesús les pregunta: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Ellos le respondieron: Algunos dicen que eres Juan Bautista, otros que Elías, unos que Jeremías o alguno de los profetas. Jesús volvió a preguntarles: Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Este examen definitivo sobre la fe de los discípulos nos ofrece la razón última de la adhesión de la comunidad a Jesús: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Pedro no solo manifiesta su fe en Jesús, sino que, al mismo tiempo manifiesta la razón de su adhesión y pertenencia a Jesús: ¡Tú eres nuestro Señor ! ‘No llaméis a nadie señor, ni padre. No llaméis a nadie maestro, porque vosotros sois hermanos. Y si alguno quiere ser el líder entre sus hermanos que se haga su siervo’. Al reconocer a Jesús como camino, verdad y vida en la comunidad, nos reconocemos unos a otros como hermanos a quienes amar y servir. Jesús es nuestro Señor, el mejor Señor, el único Señor. Hace poco he escrito para los jóvenes un librito sobre Jesús titulado: Tú, ¿quién eres? Son capítulos del Evangelio, donde los protagonistas que se han encontrado con Jesús narran sus vivencias a partir de este encuentro. En estas historias encontramos nuestra historia en relación a Jesús. Porque en el Evangelio está nuestra historia en la Palabra y en los signos de Jesús. Siempre cabe que entre

Jesús y cada uno de nosotros surja la necesidad de renovar nuestro mutuo reconocimiento: ¿Quién soy yo para ti? Tú, ¿quién eres para mí? VIII – LA COMUNIDAD FRATERNA

La Comunidad tiene que convertirse, que hacerse más Reino. La Comunidad no se hace Reino si no se hace Comunidad entrañable en sus vivencias y Comunidad popular en su presencia y servicio. Betania y Betfagé. Son dos pequeñas aldeas que muy están próximas junto al Monte de los Olivos, llegando ya a Jerusalén. En Betania Jesús hace morada en la casa de los hermanos Lázaro, Marta y María después de sus caminos por Galilea y Samaria. Betania es símbolo de la comunidad fraterna abierta a la escucha de la Palabra (María) y al servicio (Marta). Toda comunidad entrañable vive abierta a la profecía y al servicio. Desde esos ministerios la comunidad invita a una vida nueva representada por la resurrección de Lázaro y por la acogida a cuantos se sienten atraídos por el testimonio de la fraternidad que, como el perfume de nardo puro, es signo de la presencia de Jesús. Orígenes llama a Betania “casa de la misericordia”. Más cerca de Jerusalén, casi como un barrio cercano a la ciudad, está Betfagé, aldea más pequeña, más popular y de gente muy sencilla, Betfagé significa “casa de los higos”. Allí la gente está entusiasmada con Jesús. De tal manera que, cuando llega el momento de su entrada en Jerusalén, le prestan el burro, tiran sus mantos por el suelo, cortan los ramos de los olivos y entran con él triunfante en la ciudad. Betfagé es símbolo de la comunidad abierta y solidaria. Es necesario comprender que el seguimiento a Jesús se realiza en comunidad de hermanos y de siervos por el Reino. El testimonio de la fe y el compromiso de una vida cristiana implican asumir las opciones por una comunidad en la que compartimos y comunicamos la apertura a la Palabra y la oración, una comunidad en la que celebramos juntos la fe y nos comprometemos juntos por la solidaridad del amor cristiano y el testimonio evangelizador. IX – TAMBIÉN JERUSALÉN

La comunidad debe entrar en Jerusalén y vivir apasionadamente el testimonio en sus calles, la fraternidad del Cenáculo, la entrega del Crucificado y la vida nueva del Resucitado.


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Por las calles… La palabra de Jesús en Jerusalén ya no tiene parábolas. Es luz clara y expuesta con autoridad, una palabra se alimentará cada día de la oración en Getsemaní y de la intimidad de la comunidad en Betania. Jesús da testimonio de su Padre y habla abiertamente de su misión en el mundo. Revindica con autoridad su misión recibida de Dios, la santidad del templo, la superación de la ley por el amor. Denunciará la hipocresía y la incredulidad y anunciará su glorificación por la muerte. Por los caminos de Betania al encuentro de su amigo Lázaro muerto, por las calles de la ciudad al encuentro del ciego de nacimiento en Siloé, defendiendo y perdonando en la plaza a la mujer adúltera que querían apedrear…, Jesús se manifiesta como la luz del mundo y el enviado del Padre. Sus enemigos se endurecían contra él, los griegos extranjeros se interesaban por él, los discípulos clandestinos se sentían estimulados a mayor coherencia… Jerusalén es la hora de la verdad en la que caminando hacia el Padre nos declaramos a favor de Jesús y del Reino de Dios. La calle donde viven y trasiegan tantos jóvenes es el ámbito de nuestro testimonio sobre Jesús. Para ser escuchado es preciso antes aprender a escuchar. Siendo joven sacerdote y profesor de teología tuve la ocasión en Salamanca de encontrar a muchos jóvenes y hacernos amigos. Los atendía diariamente durante horas en las calles, comunicaban sus solicitudes, confesaban sus debilidades, acogían la amistad sin dependencias y se abrían a una fe liberadora y gozosa. De esa capacidad de cercanía, escucha y respeto surgieron tantos jóvenes que supieron posteriormente vivir en comunidad fraterna y solidaria para ofrecer oportunidades a cuantos buscan un proyecto de vida en plenitud. El Cenáculo De las calles y, sin abandonarlas, entraremos en el Cenáculo para abrirnos a la Palabra y celebrar en comunidad una vida nueva, aprendiendo a amar y a com-

El amor es la antesala de la trascendencia, porque empezamos a atisbar que la fe de los que nos aman es también nuestra esperanza.


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Tengamos en cuenta que lo nuevo no es lo distinto, lo nuevo es lo más profundo, y lo más profundo es el amor que invade la persona con pasión. partir el Pan.Es necesario que los jóvenes aprendan en la intimidad de sus grupos y comunidades a interiorizar la Palabra de Jesús: • El único mandamiento es el amor fraterno: Como yo os he amado. • La gran tarea: permanecer en su Palabra y orar al Padre. • Vivir abiertos al Espíritu que nos hará entender y perseverar. • Tener conciencia de que somos amigos y elegidos de Jesús. En el Cenáculo aprendemos a lavarnos los pies unos a otros y a compartir juntos el Pan de la Eucaristía. X - EL CRUCIFICADO ESTÁ VIVO

Y en la cruz encontraremos el perdón, las llagas de sus manos y de sus pies, el corazón abierto. A los pies de la cruz se formó la nueva comunidad de María y del discípulo enamorado. Y admiramos la fe de los extraviados: la fe de Dimas el ladrón y del centurión romano. ¿De dónde les brotaba a estos la Fe? Quizás de una mirada más profunda… La Fe de los extraños, la fe de Nicodemo y de José de Arimatea, los clandestinos que salen a la luz nueva…

1/ Qué fe vivimos y qué fe ofrecemos. Porque la fe no se exporta. La fe se vive como un amor que apasiona y que se contagia desde la vida compartida. 2/ Qué Comunidad formamos y significamos. Porque los jóvenes entienden ese amor en la relación que nace y se cultiva en la actividad solidaria y en la vida comunicada y compartida. ¿Dónde vives? No es solamente una petición de identidad sino de relación, con quién vives, para quién vives. Si no hay relación no hay vida. 3/ A qué jóvenes servimos. Hablar de jóvenes es hablar de múltiples situaciones. • Los preadolescentes, que está siendo una batalla urgente a afrontar. Los preadolescentes en la escuela, los preadolescentes en la familia, los preadolescentes en las asociaciones... Tienen una edad en la que están abiertos a la objetividad y al conocimiento. • Los adolescentes, con necesidad de personalización de la fe y de maduración de los afectos y relaciones. • Los jóvenes, con los desafíos de la primera adultez y la necesidad de encarnar la vivencia de la fe en opciones adultas.

XI - SERÉIS MIS TESTIGOS

4/ Qué ofertas ofrecemos. Ofertas adecuadas de solidaridad, de alteridad, de servicio, de grupo o comunidad, de formación… 5/ Y en qué ambientes nos hacemos presentes. Los ambientes, es una realidad donde las relaciones y la actividades tienen su lugar y su oportunidad. Ambientes que ya están institucionalizados, como son los ambientes de estudios, ambientes profesionales, ambientes sociales, ambientes deportivos y lúdicos. Ambientes explícitamente cristianos, abiertos al encuentro, a las celebraciones y a la comunicación desde la fe.

Tengamos en cuenta que lo nuevo no es lo distinto, lo nuevo es lo más profundo, y lo más profundo es el amor que invade la persona con pasión. La pasión siempre es nueva. Con este amor apasionado a Jesús, a la Iglesia y a los jóvenes, he aquí algunas Tareas prioritarias que nos comprometen.

Cincuenta años desde el Concilio, medio siglo, poniendo la vida y el corazón en el encuentro y en el servicio entre los jóvenes. Este empeño nos conserva jóvenes. Porque donde hay pasión hay juventud. Donde no hay pasión, aun con poca edad, hay rutina y vejez prematura.

Yo sospecho que tantos jóvenes son discípulos clandestinos, aunque ellos no lo sepan. Cuando un joven empieza a sospechar que el Dios de la misericordia le persigue... y que en la cruz encuentra una alianza de vida nueva y de una amistad fiel y sincera, el enamoramiento comienza su andadura sobre todo si encuentra en su camino hermanos de la misma aventura. ¡Qué gozo tan profundo y qué luz tan intensa cuando descubrimos que en el Crucificado desnudo y agonizante Dios nos manifiesta su sabiduría y su poder!


especial escuela de pasoral

¿Cómo suscitar en los jóvenes experiencias de

trascendencia que lleven a dios?

Ignacio Dinnbier, SJ. Director del Centro Arrupe de Valencia

Lo sabemos por propia experiencia: la cercanía a la persona de Jesús y su Evangelio ha dado anchura y horizonte a nuestras vidas. Hasta ese momento quizá habíamos vivido a base de metas. Las habremos logrado o no, pero lo cierto es que a veces sentimos que se quedan cortas, que no acaban de responder a ese impulso interior que nos empuja a ir más allá. Las metas nos las ponen o nos las ponemos nosotros mismos, el horizonte nos es dado. Es un referente que orienta, da sentido y dirección a la propia vida. Por ello cuando este horizonte falta o está debilitado nos sentimos desorientados y quedamos varados en nosotros mismos. Plantear, por tanto, cómo suscitar experiencias de trascendencia en los jóvenes que lleven a Dios implica la referencia de un horizonte sin el cual dicha experiencia no es posible. No se trata de pensamiento mágico sino de una certeza experimentada: en la cercanía a la persona de Jesús se nos ha ido mostrando un horizonte de vida hacia el que somos atraídos. El mismo Jesús hablará de ello cuando afirma que “nadie puede venir a mí si mi Padre que me ha enviado no lo atrae” (Juan 6,44) La atracción está ahí movilizando pero necesita, por nuestra parte, unas condiciones de posibilidad para avanzar hacia donde somos atraídos. Por ello, en un primer momento trataremos de identificar aquellas capacidades que si las desarrollamos nos ayudan a encaminarnos hacia ese horizonte. Plantearemos

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también la necesidad de cuidar dinámicas tales como los ritmos de vida que llevamos o nuestros ensimismamientos que debilitan esa posibilidad de trascender, ir más allá de nosotros mismos. Finalmente nos acercaremos al relato de Pablo camino de Damasco. Se trata de un itinerario mistagógico en donde la figura de otro que acompaña es esencial para ayudar a nombrar y comprender lo que sucede cuando irrumpe en nosotros aquello que nos saca de nosotros mismos. 1. Rehabilitar para la experiencia de trascendencia

El primer momento es rehabilitar para la experiencia de trascendencia ayudando a desarrollar unas capacidades y cuidando dinámicas que disponen para ella. 1.1. Rehabilitar el corazón desarrollando capacidades que le son propias • Capacidad de mirar hacia dentro Tenemos la experiencia aunque no siempre lleguemos a nombrarla: lo que vivimos y nos sucede nos afecta de modos distintos. Hay cosas que “nos resbalan” y otras que “nos llegan al corazón”. Hay cosas que quedan en la superficie y otras alcanzan lo más hondo de nosotros mismos. Reconocemos, pues, que hay niveles distintos en eso que llamamos “dentro” de nosotros: la interioridad. En nuestro imaginario estamos acostumbrados a contraponer la exterioridad a la interioridad, cuando en realidad lo contrario a aquella es la superficialidad, el quedarse en lo epidérmico de nosotros mismos, de los otros. Por tanto, desarrollar la capacidad de interioridad supone: • Capacidad de mirar hacia dentro, es decir, capacidad de conectar con nuestro mundo interior, de captar lo que pasa “dentro” de nosotros, de ponerle nombre. • Capacidad de vivir desde dentro, es decir, capacidad de relacionarnos con lo exterior desde dentro de nosotros mismos. ¿Cómo ayudar a capacitarnos en todo ello? ¿Cómo ayudar a conectar con “lo interior”, a darse cuenta nombrándolo? ¿Podemos ayudar a que los jóvenes identifiquen esos niveles en los que se ven alcanzados y afectados de formas diferentes por lo que viven?

Sólo a partir de ese reconocimiento podemos identificar hacia dónde conduce todo ello. Somos movidos en una dirección u otra por lo que acontece en nosotros: en ocasiones lo que vivimos nos encierra y, otras, nos despliega más allá. • Capacidad de vivir desde dentro Suscitar experiencias de trascendencia implica contar con un horizonte, un “hacia dónde”. Su ausencia provoca un estado de confusión en el que la falta de claridad nos desorienta. En esos momentos lo normal es ir tirando, vivir a base de impulsos, reactivamente. Por ello, el “hacia dónde” debe complementarse con el “desde donde”. La mirada atenta “hacia dentro” ayuda a descubrirlo y reconocer que estamos arraigados en lo que recibimos, que no nos construimos desde lo que conquistamos con nuestro esfuerzo y voluntarismo sino desde lo que nos es dado y vamos siendo capaces de recibir. Salir de la lógica de lo conquistado y entrar en la del don despierta el agradecimiento y éste intensifica el deseo, la fuerza afectiva que moviliza a toda la persona sacándola de sí misma. Por ello, para suscitar la experiencia de trascendencia ayudaría proponer una pedagogía del deseo. Nuevamente la mirada “hacia dentro” será de gran ayuda ya que permitirá identificar y reconocer la trama del deseo sabiendo que éste se puede confundir con los caprichos de la sensibilidad o con la gratificación de las apetencias. Es una pedagogía que va ayudando a que el deseo se configure en la relación interpersonal pero no cualquier relación, sino con aquella en la que el yo se desprotege y hace la única aventura digna del corazón humano: el amor que trasciende y le abre más allá de sus necesidades. Por ello, el mirar hacia dentro debe dar paso al vivir desde dentro ya que si no corre el riesgo de quedar reducido a un ejercicio de introspección y autoanálisis que empieza y termina en uno mismo1. • Capacidad de gratuidad Suscitar experiencias de trascendencia implica contar con un “desde donde”, es decir, necesita un arraigo personal desde el que poderse desplegar. “Los humanos enfermamos de dos maneras: por carecer de fundamentos o por situarlos en lugares falsos; por ausencia de horizontes o por fijarlos en metas equivocadas.

Una pedagogía de la pregunta ayudaría a la persona a adentrarse y recorrer con mayor profundidad esos estratos interiores a la vez que nombrando lo que ahí sucede.

1.- Esta atención tiene una doble orientación: hacia la propia interioridad (enstasis) y, al mismo tiempo, hacia la alteridad (éxtasis)


De ahí la centralidad de no errar el tiro a la hora de establecer las bases de sus-

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tentación que deseemos dar a nuestro yo y el horizonte hacia el que queremos que se despliegue. No estamos ante una cuestión baladí. Estamos tal vez ante la tarea más decisiva de la vida humana y de la fe, y también la más difícil de procesar evangélicamente. ¿Hacia dónde nos conduce el Espíritu del Resucitado? Hacia un cambio de fundamentos en las bases del yo. El suelo del yo, su roca, según la fe, no está en lo que el yo puede hacer, sino en el dato primero y originante de ser criatura que surge del amor y de la llamada de Dios”2.

Una mirada atenta hacia dentro nos permitiría identificar cuáles son esas “bases de sustentación” en las que estamos haciendo pie. La pedagogía de la pregunta a la que hacíamos referencia sería fundamental en este descubrimiento ya que ayudaría a identificar los fundamentos del propio yo. ¿Están “en lo que el yo puede hacer” o más bien “en el dato primero y originante de ser criatura que surge del amor y de la llamada de Dios”? Responder a ello pide tiempo y acompañamiento. Gracias a esa mirada atenta podemos reconocer que oscilamos entre poner nuestras bases de sustentación en el propio yo y lo que éste va conquistando o en el don que nos es concedido, en lo recibido. Desde cada una de estas bases de sustentación se despliegan dinámicas de vida distintas haciendo que nos decantemos en una dirección u otra: no es lo mismo vivir desde la autoafirmación de lo conquistado por el yo que desde la gratuidad que surge del agradecimiento ante el don recibido. El impacto que éste provoca en la persona es el que nos moviliza y nos orienta hacia la fuente de donde surge. • Capacidad de encuentro Suscitar experiencias de trascendencia conlleva plantear si la persona se hace a sí misma o si por el contrario necesita de experiencias recibidas de fuera. Estas son las que nos configuran a partir del encuentro con el otro y es en ese ámbito donde descubrimos lo que está más allá de nosotros mismos como provocación y referencia absoluta. Por ello, desarrollar esta capacidad nos permitirá establecer relaciones que vinculen, que vayan generando una trama de afectos. De esta manera, las personas creamos el ámbito en el que nos revelamos al otro, donde se va desvelando el misterio que somos y nos habita. Sin embargo, este misterio puede quedar en la opacidad cuando el encuentro se ve amenazado por la tendencia a la apropiación dificultando la libertad que es propia del encuentro que vincula. Quedar, por tanto, en la esfera de la apropiación es reducir el encuentro a simple proyección de necesidades. Como afirma Fritz Perls creador de la Terapia Gestalt: “Yo soy Yo. Tú eres Tú. Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas. Tú no estás en este mundo para cumplir las mías. Tú eres Tú. Yo soy Yo. Si en algún momento o en algún punto nos encontramos, será maravilloso. Si no, no puede remediarse. Falto de amor a mí mismo, cuando en el intento de complacerte

2.- J.A.GARCÍA, Cómo vivir el éxito y el fracaso. Claves evangélicas Sal terrae: Revista de teología pastoral, Tomo 90, Nº 1059, 2002, págs. 673-686

Estamos acostumbrados a contraponer la exterioridad a la interioridad, cuando en realidad lo contrario a aquella es la superficialidad


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me traiciono. Falto de amor a ti, cuando intento que seas como yo quiero, en vez de aceptarte como realmente eres. Tú eres Tú y Yo soy Yo.”

1.2. Cuidar dinámicas vitales El Evangelio no sólo ofrece un horizonte de vida sino que también llama la atención sobre la importancia de nuestros modos de vida. Relatos como el del buen samaritano dan muestra de ello al presentar dinámicas vitales opuestas. A partir del modo de proceder del sacerdote y el levita y la del samaritano podemos identificar lo que fortalece o debilita un sujeto capaz de experiencia de trascendencia.

con este horizonte de gratuidad es lo que definitivamente nos capacita como sujetos capaces de experiencia de trascendencia. Desde este relato podemos identificar más en concreto dinámicas de vida a cuidar que posibilitan la experiencia de trascendencia. Ruptura de inercias. “¿Hemos recibido las mínimas nociones necesarias para construir una hoja de ruta personal que nos permita definir proyectos anhelados, talentos que queremos desarrollar, iniciativas que queremos consolidar, causas a las que queremos contribuir, experiencias que deseamos vivir,

Caminar por la vida con los sentidos abiertos es la primera dinámica a cuidar. Así se sitúa el samaritano: la atención despierta, la mirada orientada más allá de sí mismo, descentrada, atento a lo de fuera. Esto le permite darse cuenta que en el borde del camino alguien necesitaba ayuda. La actitud de receptividad, de estar abierto a algo más allá de sí mismo le permite no quedar encerrado en lo suyo, en sus cosas.

legados que queremos dejar? Más bien diría que no. Lo habitual es tirar millas y dejar en manos de la inercia y la rutina el devenir. Desafortunadamente, en lugar de considerarse una reflexión necesaria y útil para dotar de dirección y sentido a nuestra vida, el hecho de plantearse construir una hoja de ruta personal parece, hoy por hoy, más bien un ejercicio de ingenuidad o el resultado de una crisis” 3.

La dinámica de vivir con los sentidos abiertos está vinculada con una sensibilidad capaz de percibir más allá de sí mismo. Vivir sólo atento a lo propio, insensible a lo ajeno hace que se pase de largo, como hicieron el sacerdote y el levita. Cuando cuidamos esa sensibilidad nos dejamos afectar por lo que se presenta y nos hace disponibles para posponer incluso los propios proyectos.

Alex Rovira constata que semejante ejercicio conllevaría una reflexión sobre las cuestiones importantes que dan sentido a nuestra vida, lo que la nutre y le aporta profundidad a nuestras experiencias. Algo así acontece cuando se producen rupturas de tal calibre en nuestras vidas que nos encontramos haciéndonos todas esas preguntas que antes habíamos evitado o eludido.

Una tercera dinámica a cuidar es la disponibilidad ante lo nuevo que llega, ante lo imprevisto e inesperado y que, en ocasiones, nos desencaja. Quizá por ello, el relato del buen samaritano pone el acento en la capacidad de conducta alternativa del samaritano al acercarse al que estaba al borde del camino. Frente al sacerdote y al levita, el samaritano tiene la osadía de romper con lo establecido, con la «corriente dominante>>. Sobrepasar el límite de lo razonablemente establecido, ir más allá de la propia seguridad, atreverse, tener osadía, ser valientes y decididos es, según el Evangelio, un modo de vida que fortalece al sujeto para vivir la experiencia de trascendencia.

Son experiencias de ruptura que, como dice Alex Rovira, tienen un efecto bofetada, un momento de lucidez donde “lo que no nos planteamos por convicción nos estalla en las narices por compulsión y reclama una respuesta. Entonces, la reflexión sentida y el sentimiento pensado se imponen”. De pronto, sucede algo que no es “más de lo mismo”, algo que se sale de la previsible rutina de cada existencia. Experiencias de ruptura que abren en canal, que quiebran y hacen que las cuentas dejen de cuadrar. Experiencias que sitúan a la persona en un nivel existencial más allá de la banalidad que habitualmente transitamos. Y estas experiencias se presentan, a veces, de golpe y porrazo. Se te imponen, sin más. Otras veces, van haciendo acto de presencia de un modo imperceptible y van erosionando silenciosamente.

Todo esto nos sitúa ante un horizonte de gratuidad ya que nada podía hacer prever al samaritano que iba a sacar algún provecho de todo aquello. Al parecer le acarreó más pérdidas que ganancias; ni siquiera hay una palabra de agradecimiento que pueda compensarle. El samaritano ha entrado en la esfera de Jesús al vivir desde la gratuidad, fuera de todo cálculo y de toda medida. Vivir

Los ritmos de vida Es llamativo el ritmo de vida acelerado que llevamos y 3.- A.ROVIRA, La hoja de ruta personal: El País Semanal (27 Enero 2008)


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la dispersión que provoca. Es un goteo imperceptible que va erosionando y fragmentando el ser a costa del hacer. Es una dinámica que va desgastando y que en ocasiones provoca desfondamiento en la persona a la que se le impone un sentimiento de no poder más. Pero más allá de las reacciones que se van dando, no podemos perder de vista que este ritmo de vida hace que nos situemos desde una mirada que le cuesta darse cuenta, ver con profundidad, percibiendo las resonancias que se dan en el alma. La razón es muy simple, no hay tiempo. Este ritmo de vida, ¿ayuda a suscitar experiencias de trascendencia? La experiencia nos enseña que más bien las dificultan ya que la mirada queda bloqueada en lo inmediato al carecer de la visión y la perspectiva que aporta el horizonte. El ensimismamiento Es otra de las dinámicas a cuidar si queremos suscitar experiencias de trascendencia: el propio yo ocupa toda la escena y no deja sitio para nada ni nadie más. Necesitamos lucidez sobre los procesos interiores que nos llevan hasta ese punto. Necesitamos vigilar para identificar los modos cómo nos adentramos en nuestros propios ensimismamientos. En ocasiones tiene que ver con lo ideológico ya que leemos, escuchamos, prestamos atención, damos validez a las cosas no ya en función del valor que tienen en sí mismas sino en función de aquello que absolutizamos como lo razonable. Otras veces nuestros ensimismamientos se nutren de nuestros objetivos, metas o propósitos incuestionables. Y nos encerramos en nosotros mismos cuando nos sentimos víctimas de injusticias, minusvaloraciones de los otros. Es entonces cuando se instala la queja y el lamento. Una variable de este ensimismamiento es el resentimiento o el rencor por algo que me hicieron. El resentimiento nos atrapa, deforma las percepciones de la realidad y nos hace volver, una y otra vez, sobre nuestras heridas.

El Evangelio no sólo ofrece un horizonte de vida sino que también llama la atención sobre la importancia de nuestros modos de vida.


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2. “Remontar hasta allí donde la fe tiene su fuente”

“Proponer hoy la fe a los jóvenes. Una fuerza para vivir” fue el documento conclusivo de la Asamblea de los Obispos de Quebec en marzo de 2000. En este documento se afirma que “lo que nos importa es remontar hasta allí donde la fe tiene su fuente; es decir, hasta el corazón de la experiencia de la gente. La fuente está en las personas, en los momentos esenciales de su vida, en las experiencias más básicas en que se dieron las primeras vibraciones, los primeros rumores de la fe. Esta fuente es la que está en el punto de partida de todos los caminos y es la que hay que volver a buscar continuamente, abrirla, canalizarla”4. La experiencia da que, en ocasiones, las personas alcanzamos a tocar esta fuente cuando algo nos ha afectado de tal modo que nos ha puesto en contacto con esa profundidad y hondura que nos habita. En algunos es un instante casi imperceptible que se pierde y queda anegado en la vorágine del día a día. En otros, es el inicio de un itinerario nuevo hecho a base de trazos discontinuos, desconcertantes e imprevisibles. No sabemos si eso que acontece de forma fragmentaria acabará produciendo un dinamismo de apertura pero no dejan de ser ocasiones donde algo nuevo puede comenzar. 2.1. Pablo y Ananías El relato de san Pablo camino de Damasco nos da orientaciones para proponer un modo de ayudar y acompañar cuando irrumpe aquello que nos permite ver más allá de nosotros mismos. El sentido de la vista es empleado en un sentido metafórico para describir la situación existencial de ceguera5. Vinculado con este sentido se presenta el corazón6 y con ambos el conocimiento y el entendimiento7: “No saben ni entienden, sus ojos están pegados y no ven; su corazón no comprende” (Is.44,18); Así, podemos decir que cuando el hombre ve con y por el corazón, llega a conocer8 el 4.- “Proponer hoy la fe a los jóvenes. Una fuerza para vivir” Asamblea de Obispos de Quebec (marzo de 2000), en Proponer la fe hoy, Sal Terrae, p.168-169 5.- En la Escritura, la ceguera simboliza las tinieblas del espíritu y la dureza del corazón. 6.- El corazón designa la sede de las fuerzas vitales; teniendo habitualmente un sentido metafórico. No significa de modo exclusivo la vida afectiva, sino que señala la fuente de las diversas manifestaciones del hombre, entre ellas la fuente de la fe (Rom.10,8s) y de la comprensión (Lc.24,25; Ef.1,18) 7.- El ojo se identifica con el corazón para designar al espíritu, al hombre en su totalidad que comprende algo (Si.17,8; Lc.19,42; Ga.3,1; Ef.1,18) 8.- Según la Biblia, el conocimiento no se reduce al acto de la inteligencia que aprehende un objeto. La palabra conserva una dimensión experimental que la caracteriza. El conocimiento de Dios es posible, porque es un reconocer a aquel que por su creación está ahí presente (Rom1,19-21.28; 1 Co 1,21). El conocimiento implica la percepción de los sentidos, en cuanto que aquello que se conoce se manifiesta. Es por ello por lo que, paralelamente a conocer, se encuentran los verbos oír y ver (Ex.16,6; Dt.33,9; 1 Sam.14,38; Is.41,20) y éstos son intercambiables con el

Misterio que se le desvela: “Que [el Dios de nuestro Señor Jesucristo] ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados” (Ef.1,18). Frente a una mirada que queda en lo epidérmico de la vida, suscitar experiencias de trascendencia tendrá como elemento esencial la rehabilitación de la mirada que permita al corazón ver, reconocer y comprender aquello por lo que la persona ha sido alcanzada. De esta manera, de lo que se trata es de ayudar a ver, a reconocer y, por ello, a comprender. Ayudar a ver Conocemos el relato: Pablo va camino de Damasco para apresar a los discípulos que se habían dispersado y ocultado tras la matanza del diácono Esteban. En el camino ve algo; mejor dicho, ve a Alguien que se dirige a él, Alguien que le sale al paso. Aquello le derribó. Fue inesperado. Le cegó. No veía lo que podía significar. Ante aquello que ocurre tan inesperadamente, Pablo queda desencajado e incapaz de nombrar lo que le ha pasado. El horizonte en el que se estaba moviendo hasta ese momento queda completamente desdibujado: «aunque tenía sus ojos bien abiertos, no veía nada» (Hch 9,8). Detengámonos a considerar dos factores que podrían explicar esta ceguera en la que muchos nos podemos reconocer: por un lado, la instalación del hombre en “una situación de ilusión, inautenticidad y perdición”9; por otro, el condicionamiento cultural que, como afirma Michael Paul Gallagher, deja “a mucha gente, en una desolación cultural, a nivel de disposición o disponibilidad para la fe”10. •

La instalación en lo superficial. Recordemos que en la vida espiritual el binomio no es interioridadexterioridad sino interioridad-superficialidad. Por ello, para llegar al reconocimiento de la presencia de Dios, se debe “ayudar al sujeto a adoptar determinadas predisposiciones y a pasar por unos preámbulos existenciales para que la Presencia pueda aflorar a la conciencia y reclamar la adhesión de la libertad del sujeto”11. Estas predisposiciones conllevan superar la identificación de la persona con las funciones que ejerce, las posesiones que acumula y las accio-

creer (Jn.2,11; 20,8) y conducen nuevamente al conocer (Jn.14,9) 9.- T.MERTON, La experiencia interna: Cistercium 212 (Julio-Septiembre 1998), 853 10.- M.P.GALLAGHER, Nuevos horizontes ante el desafío de la increencia: Humanitas 6 (Abril-Junio 1997) 11.- J.MARTIN VELASCO, La transmisión de la fe en la sociedad contemporánea, Santander 2002, 92


nes que realiza, así como reorientar la mirada dispersa del hombre disipado en el olvido sistemático de sí mismo. Se tratará de ejercitar una mirada que no se contenta con el qué y el para qué de las cosas, sino que llega al por qué más radical del asombro y el sobrecogimiento que cristaliza en las cuestiones últimas. Por ello “necesitamos para disponernos a ese encuentro un largo período de rehabilitación para lo espiritual, lo personal, rehabilitación para el ejercicio de las dimensiones que la cultura científico-técnica en que vivimos nos está atrofiando por haber creado un clima espiritual en el que su ejercicio se hace sumamente difícil” 12. •

El condicionamiento cultural. El jesuita Michael Paul Gallagher13 plantea que cada cultura elabora sus propias definiciones de la realidad a modo de presupuestos por los que se rigen aquellos que participan de ella. De esta manera, lo que identifica a una cultura es el hecho de compartir unos mismos significados sobre qué es lo deseable, lo esperable, lo razonable, etc. Estos presupuestos culturales se caracterizan precisamente por esto: porque creemos en ellos sin ser conscientes de que creemos en ellos, los tomamos prestados, inconscientemente, de entre las actitudes vitales predominantes. De hecho, se constata que lo que moldea a la mayoría de las personas “es la convergencia de toda una serie de mensajes implícitos recibidos de su contexto social, que tienen un influjo decisivo sobre el horizonte de sus esperanzas”14. A pesar de ello las personas “tiene un deseo enorme de conocer la visión salvadora sobre su propia condición y la condición de su mundo [...] La visión es algo más que una comprensión intelectual. Es un conocimiento perfecto, un conocimiento al que la persona, en su globalidad, puede adherirse con un sí sin restricciones”15.

Ayudar a comprender Lo que le sucede a Pablo en el camino de Damasco tiene que ver con ese tipo de experiencias desconcertantes, que rompen la armonía y el orden en que vivía hasta ese momento. Pablo se encuentra ante algo que no es comparable con nada que le hubiera sucedido con anterioridad, y por ello lo percibe como novedad; se encuentra ante algo que supera los límites de su marco interpretativo, y 12.- J.MARTÍN VELASCO, La experiencia cristiana de Dios, Madrid 1997, 29-35

por ello se reconoce desbordado. En ese momento aparece Ananías, que le ayuda a comprender con claridad no sólo lo que había sucedido en el camino, sino también el sentido que tiene. Por eso, Pablo no se entiende sin Ananías. El lugar que éste ocupa en su itinerario es fundamental, y su modo de proceder exquisito: le acoge y le acompaña en un momento clave, y luego desaparece. Ananías tan solo está al servicio de aquello que el Espíritu ha despertado en Pablo, sin suplantar a Aquél que tiene el verdadero protagonismo, sin manipular la obra de Dios, consciente de que es Él quien va gestando lo nuevo, discípulo que ve y escucha en profundidad, hasta el punto de percibir esos gemidos que el Espíritu va balbuciendo en cada criatura (Rm 8,23). Ananías ayuda a Pablo a nombrar lo que le ha sucedido en el camino porque toda experiencia comporta dos momentos: su vivencia y su comprensión. Sólo si lo vivido es asimilado e incorporado, la vivencia podrá otorgar un nuevo horizonte y una nueva orientación a la persona. Ayudar a poner nombre Sin embargo, el presente momento cultural hace que podamos empezar a hablar de experiencia espiritual al margen de una tradición religiosa. Muchos de los que dan testimonio de tales experiencias no las refieren espontáneamente a una tradición religiosa, y al estar fallando esta vinculación con una tradición religiosa los sujetos de tales experiencias se encuentran con la dificultad para nombrarlas. La ruptura con la tradición religiosa hace que esas experiencias se queden en experiencias de la presencia ignorada de Dios:“la experiencia de Dios necesita de su Presencia y de la interpretación de una tradición religiosa. Esta hermenéutica tiene que ver más con el imaginario y su poder de desvelamiento de lo que existe “al otro lado” o en “el fondo inmenso de nosotros mismos” que con la racionalidad y su poder limitado de explicar o expresar toda la realidad”16. El reto de una evangelización en clave mistagógica radica, por tanto, en el acompañamiento que ayuda a nombrar lo vivido y a reconocer la presencia de Dios. Es la experiencia de Pablo de Tarso camino de Damasco. ¿Qué hubiera sido de él, cegado por el encuentro con Dios, si

13.- M.P.GALLAGHER, Nuevos horizontes ante el desafío de la increencia: Humanitas 6 (Abril-Junio 1997) 14.- M.P.GALLAGHER, o.c., 7 15.- H.NOUWEN, Un ministerio creativo, Madrid 1998, 47

16.- F. JAVIER VITORIA CORMENZANA, Dilatar el umbral de la fe. La mistagogía de la experiencia. Iglesia Viva, nº 231, jul-set 2007

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no hubiese sido acogido por Ananías y la comunidad de Damasco? ¿Dónde encontrar hoy a un Ananías que enseñe a nombrar y comprender lo acontecido? El Señor Resucitado que ilumina la vida de san Pablo es el mismo que despierta en su Iglesia hombres y mujeres, como Ananías, capaces de pronunciar la palabra de Dios de tal modo que el mundo será transformado y renovado por ella, Mirad que estoy a la puerta llamando Es cierto: está a la puerta llamando. Llama como huracán que arranca de cuajo de la tierra a la que se estaba agarrado; como terremoto que remueve seguridades en las que se estaba anclado; como fuego que arrasa certezas en las que se estaba aferrado. Es huracán, terremoto y fuego, pero habitualmente se presenta como brisa suave, imperceptible pero constante. Brisa que alivia, que reconforta sin violentar. Los que la han percibido dicen haberse sentido sobrecogidos: “al sentirla, Elías se cubrió el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva” (1 Reyes 19,13).

Dicen que como Abrahán intuyeron una promesa que los sacaba de lo suyo. Afirman que los adentró, como Moisés, en el desierto; que ante su santidad temblaron, como Isaías, de pies a cabeza y como le sucedió a Jeremías, su atracción les sedujo. Dicen como Samuel haber escuchado en el silencio de la noche una palabra que no lograban distinguir: unos como Sara rieron incrédulos ante esa palabra; otros como Israel murmuraron de ella; hubo quienes al intuir su alcance se desearon, como Elías, la muerte, mientras que otros, como Jonás, huyeron. Pero todos ellos dicen que van aprendiendo, como María, a acoger esa brisa y van dejando que el Espíritu geste lo inaudito: no saben cuándo será plenitud, sólo saben que no dependerá de ellos. Dicen que esa brisa les trae el recuerdo de lo de Jesús, y sienten -no te lo sabrían explicar- que su vida está llamada a ser como la de Él: grano de trigo que muere, cae en la tierra, es sepultada y germina dando fruto. No saben cuándo será. Sólo saben que no dependerá de ellos. Esta experiencia sigue sucediendo. Esta palabra sigue siendo pronunciada.

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Revista de Pastoral Juvenil, nº 487

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