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TEXTOS

seguir... (Al tiempo que pide trata de poner ante los ojos de los viajeros la fotografía que sostiene en su mano izquierda. Lo hace con cierta obstinación pese a la incomodidad de los viajeros que se ven obligados a mirar la foto que la mujer blande muy cerca de sus ojos) Una viajera se levanta de su asiento como subrepticiamente y va a colocarse junto a la puerta de salida. La mujer percibe el movimiento de la viajera. La mira intensamente. Se acerca a ella.

MUJER. ¡Significa que puede entenderme! ¡Que puedo hablarle! ¡Que las palabras que digo no caen en el pozo de la indiferencia ajena! Llevo tanto tiempo oyendo mis propias palabras como si estuvieran vacías que tengo miedo de convertirme en un fantasma... un fantasma que cuenta una historia imposible... y que sin embargo ocurrió... ¡Ocurrió! VIAJERA. ¡Eso no es asunto mío! MUJER. ¿Está segura?

MUJER. ¿La he molestado? ¡Dígame! ¿He dicho algo molesto?

VIAJERA. Oiga, mire, haga el favor... No tengo por qué escuchar...

La viajera se hace la desentendida. MUJER. ¿Me entiende usted? ¿Eh? ¿Me entiende? ¿Entiende mi idioma?

MUJER. Sí, ahora tiene que escuchar lo que lleva tantos años negándose a decirse a sí misma, tiene que escucharlo de mis labios, llevo meses siguiéndola para que tenga por fin que escuchar...

La viajera hace como que no oye a la mujer.

VIAJERA. ¡Cállese!

MUJER. (Casi acorralando a la viajera) ¿Por qué hace como si no me oyera? ¿Me conoce? ¿Eh? ¿Me conoce? (La viajera vuelve el rostro congestionado hacia la mujer y masculla unas palabras ininteligibles) ¿Qué? ¿Qué ha dicho?

MUJER. ¡No, no voy a callarme! ¡Llevo demasiado tiempo gritando por dentro! ¡Mi familia, toda mi familia asesinada! ¡Mi cuerpo utilizado por los soldados, uno tras otro, para vaciar en él su odio y su ponzoña! ¡Sus rostros para siempre en mis pesadillas, sus bocas repugnantes escupiendo insultos sobre mí...! ¡Mi vientre hinchándose de su negra simiente....! ¡La hija que parí envuelta en mi odio y mi asco...!

VIAJERA. ¡Apártese de mí! MUJER. ¡Usted es compatriota! VIAJERA. ¡Yo no soy nada suyo! ¡Haga el favor...! MUJER. ¡Usted es compatriota! VIAJERA. ¡Déjeme en paz! MUJER. ¡Hermana...! VIAJERA. ¿De usted? ¿Hermana de usted? ¡Nunca! MUJER. ¿De dónde es usted? VIAJERA. (Se pega a la puerta del vagón) ¡Déjeme! ¡O tendré que llamar...! MUJER. ¡No! ¡Usted es compatriota, la única compatriota en este vagón, la única que me rechaza! VIAJERA. ¡Qué quiere usted! ¿Unas monedas...? ¡Aquí tiene...! (Hace ademán de sacar su monedero) MUJER. ¡La única que me ha entendido desde el principio! No quiero su dinero. ¿No ha entendido qué quiero? ¿No ha entendido quién soy? VIAJERA. ¡No! ¡No sé quién es usted ni quiero saberlo! ¡El hecho de que hable su idioma no significa más que eso!...

VIAJERA. ¡Cállese! MUJER. ¡De nada sirve callar! ¡Sólo para engordar el silencio de piedra que nos rodea¡ ¡Mire a su alrededor! ¡Nadie quiere entender! ¡Nadie quiere oír! ¡Todos se dan por satisfechos si les dicen que se ha hecho justicia, que los culpables han sido condenados! Pero, ¿quiénes son los culpables? ¿Soy yo culpable? ¿Es usted culpable? ¿Cuándo se da por terminada una pesadilla? ¿Cuándo podemos despertar del dolor...? VIAJERA. ¡Está usted loca! MUJER. Y usted, ¿cómo ha podido soportar todos estos años sola, sin decirle a nadie...? VIAJERA. ¡Yo no tengo nada...! MUJER. ¡Entonces, mire el rostro de este hombre, mírelo bien, y dígame que no tiene nada que decirse a sí misma ni a los demás...! ¡Mírelo...! La mujer esgrime la fotografía ante los ojos de la viajera. Silencio. La viajera empieza a sollozar. La mujer llora también desconsoladamente. NARRADOR. El metro se ha detenido y, como si la parada marcase la culminación de una crisis, las mujeres se callan, se miran, y de repente echan ambas a llorar, una frente a la otra, mientras el resto de los pasajeros, sin comprender nada, sentimos pasar a nuestro lado el ángel de la desolación. 91

Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

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