Page 90

TEXTOS

Casandra (Dramaturgia de Eladio de Pablo sobre el relato de José María Merino Lejanías) NARRADOR. Como todos los días, tomo el metro al volver del trabajo y observo indiferente los rostros de los viajeros que hacen mi mismo trayecto, rostros también inexpresivos y ausentes, como apagados por la fatiga de la jornada. Hoy no hay demasiada gente en el metro y puedo ver con claridad a la mujer desde el mismo momento en que entra en el vagón. Hay algo raro en sus ropas y en su actitud. Se cubre la cabeza con una pañoleta oscura con las puntas atadas a la nuca, y los hombros con una toquilla parda. De no ser por el calzado deportivo, parecería una campesina de otra época. Lleva en una mano un vaso de plástico y en la otra un objeto que al principio no puedo identificar. Con voz trémula, y con aire de súplica, la mujer inicia una larga parrafada en un idioma extraño, en la que sólo se entienden dos palabras, una que se parece a “señores” y otra que habla de alguna parte de la Europa del sur Oriental. MUJER. (Exhibiendo una fotografía en una mano y con un vasito de plástico en la otra, que agita de vez en cuando produciendo un sonido metálico con las monedas que contiene). Señores..., buenas tardes... Siento la molestia... Pido una ayuda... Una ayuda si son tan generosos... ¿Alguien entiende mi idioma? (Presta atención por un instante, pero nadie responde. Con un suspiro de desaliento, vuelve a su súplica) Una pequeña ayuda para esta extranjera que no tiene medios para vivir... 90

(Agita el vasito ante los viajeros y acentúa el tono lastimero de sus palabras) Ayuda, señores, una ayuda, por favor... (Algunos viajeros depositan sin apenas mirar a la mujer alguna moneda en el vasito) Gracias... Muchas gracias... Apelo a su compasión... Soy extranjera aquí... No tengo a na-die... He perdido a todos mis seres queridos. Me los han... quitado... Sólo me queda alguna fotografía... y el recuerdo... Lo peor es el recuerdo... Yo vivía en Srebrenica... Sé que no me entienden pero esta palabra tiene que sonarles... ¡Srebrenica! ¿A nadie le dice nada esta palabra? ¡Srebrenica! (Otea con angustia por si alguien reacciona ante la palabra) ¡Srebrenica! ¡Srebrenica! Yo nací allí. Mi ciudad natal tuvo el triste privilegio de ver su nombre en todas las primeras planas de los periódicos del mundo... ¡Srebrenica! ¿Nadie recuerda?... Ocurrieron cosas terribles allí... ... Cosas imposibles y sin embargo sucedieron... Los cascos azules protegían Srebrenica, pero una ceguera negra les impidió ver lo que hicieron con nosotros... cómo nos diezmaban... cómo nos destruían... cómo... (Su voz parece que va a romperse, pero se repone) Pero ya sé que no me entienden, por eso tal vez les hablo desde la herida de mi corazón... que sangra por dentro... que recuerda y recuerda y quisiera detenerse para siempre.... Si no fuera por... porque aún me queda algo por hacer... Por eso necesito de ustedes una ayuda... Una pequeña ayuda... Estoy sola en este país extranjero... y tengo que seguir viviendo... a pesar mío... (Un viajero deposita unas monedas en el vasito) Gracias, señor, gracias por ayudarme a

Ars Dramatica n5 2012  
Ars Dramatica n5 2012  

Revistas de la Escuela Superior de Arte drámatico y Profesional de danza

Advertisement